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Full text of "Anales"

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in 2009 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/analesmuseonat04mexi 



ANALES 



A ANALES 



DEL 



■ Museo Nacional de Arqueología 

Historia y Etnología ^t^ 



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TOMO IV 




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^'^:m^'^ 



MÉXICO 

MUSEO N. DE ARQUEOLOGÍA, HISTORIA Y ETNOLOGÍA 
1912 



S. 3. S^ 



JL 



TaU,KKRS DK IsiPKfcNXA. FOTOGRAKATtO V lC>"fl'A nEBNAClON DKL. EftXAMl.KiIMIKNTO. 



< 



APUNTES BIOGRÁFICOS 

DKt, EXMO. K ILMO. 



SU. iih'. II. m mi mi de mm y ii:í^p(i, 

or.lSl'O KI.KCTO DK LA SEDK DK I.EÓN DE NK'AKAliUA 
Y (K>r.EI!NAIK)l! r>E LA DE (UADALAJAKA EN LA Nl'EVA (¡ALICIA, 

l'Oi; 

J. IGNACIO DÁVILA GARIBI, 

Académico de número de las Academias 

de Literatura, Historia, Derecho Natural y Filosofía del Instituto San José 

de Guadalajara. 



^ 



A MI KXCKLEXTE AMKiO .JfAX B. líílÍNIZ DEDICO ESTE INSKINIFICAXTE 
TriAl'.A.KJ, EN" TESIIMDXKI DE AMISIAD V (IHATITUD. 

El. Autor. 



A.NAOJS.— Tomo IV. 



LÁM. 1. 




limo. Sr. Dr. D. Juan Cruz Kuiz de Cabanas. 



'4 

u 



Anai.ks.-T. IV. 



L.ím. 2. 





I. 

El Exmo. é limo. Sr. Doctor en Sagrada Teología, D.Juan Cruz Ruiz 
de Cabanas 3- Crespo, Oliispo electo de la Sede de León de Nicaragua y 
Gobernador de la de Guadalajara en la Nueva Galicia; del Consejo de 
su Majestad; Caballero Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Ame- 
ricana de Isabel la Católica; Gran Canciller 3- Gran-Cruz de la Imperial 
Orden de Guadalupe; Limosnero Ma_Yor del Emperador Agustín I de 
México, etc., etc., nació en la villa de Espronceda, Diócesi de Calaho- 
rra, Provincia de Navarra, E.spaña, el día 3 de Mayo del año de 1752, 
siendo sus progenitores D. Tomás Ruiz de Cabanas y D'^Manviela Cres- 
po; sus abuelos en la línea paterna, D. Bartolomé Ruiz de Cabanas y 
D" Beatriz Hernández; y en la línea materna, D. Juan Crespo y D' Flo- 
reana Desoxo. El día 8 del mismo mes y año, apadrinado porsutío D. 
José Ruiz de Galianas, filé regenerado con las aguas del liautismo por 
el Cura de la Parroquia de S. Vicente de aquella villa, Pbro. D. Manuel 
de Besga. l 

Empezó sus estudios en Viana, los siguió en Pamplona y Alcalá y 
los terminó en Salamanca, donde ingresó en el Colegio Ma3'or de San 



1 Véase el aiie.\o n'' 1. 



Anales. T. IV.— 2. 



10 

Bartolomé, sol ¡resaliendo entre sus eonipañeros por su eselareeido ta- 
lento 3' virtudes, y haciéndose acreedor á la confianza de uno de los 
más encumbrados jícrsonajes de la Corte, el Exmo. c limo. Sr. Dr. D. 
Agustín Rubín de Cevallos, c[uien le honró hasta el grado de hacerle su 
Consultor de Cámara. 

Recibió en la Universidad de Alcalá los grados menores y mayores 
en Sagrada Teología; fué opo.sitor á canongías de oficio en las catedra- 
les de Falencia, Vallad olid. Jaén, Badajoz, Cuenca y Burgos. En esta 
última obtuvo la Magistral, y además la dignidad de Abad en la Iglesia 
Colegial de Cervatos, i 

El Arzobispo de Burgos en aquella época, limo. Sr. Dr. D.José Ramírez 
de Arellano, comprendiendo que por su ancianidad y achaques se ha- 
bía descuidado algún tanto de su Seminario, quizo poner remedio á es- 
te mal, entregando el establecimiento á una persona que tuviera, ade- 
más de talento y virtud, suma laboriosidad. Y hallando reunidas todas 
estas cualidades en el joven capitular Cabanas, no vaciló en darle el 
Rectorado de dicho Seminario Conciliar. Honroso cargo que desempe- 
ñó dignamente nuestro biografiado hasta su promoción al Episcopado. 
En este tiempo empezó á dar pruebas palpables de su ardiente caridad, 
socorriendo, consolando y proporcionando franca hospitalidad á los 
sacerdotes franceses que emigrabíin á esa Provincia, víctimas de la re- 
volución de svi país. 

Nombrado Visitador Ajjostólico del Arzobispado de Burgos, en Sede 
vacante, recorrió todos los i)ueblos de la Ar(¡iñdiócesi, proporcionando 
á los fieles, no sólo auxilios espirituales, sino también pecuniarios, por- 
que su corazón bondadoso y caritativo estaba siempre ansioso de dar 
consuelo al afligido y limosna al necesitado. 

La pureza de costumbres, amor al retiro, piedad, ¡irudencia, lalx)- 
riosidad, talento y fama cjue le habían conquistado ki r¿\pida transfor- 
mación del Seminario, levantado del estado de abandono en c[vie se ha- 
llaba, al grado de prosperidad en que lo jjuso, reclamaban jjara nuestro 
sacerdote un campo más dilatado donde pudiera dedicarse con más 
fruto á los trabajos de su ajjostólica labor. Era preciso (¡ue una mitra 
ornara esa frente venerable, circinidada ya por una aureola de virtud y 
de saber, y que esas manos ([ue tan pródigamente habían socorrido al 
infeliz, empuñaran desde luego el ávireo báculo pastoral. Así lo com- 
prendía el Rey y, cuando en 179-4- quedó acéfala en la América Central 
la Sede de León de Nicaragua, no vaciló en ofrecérsela al limo. Sr. Ca- 
banas que sólo tenía 42 años de edad. 

1 Santoscoy en su «Báculo Pastoral de la Ijjlesia de Guadalajara.» dice que fué Ma- 
gistral Y Abad de Cervatos y Dignidad de Burgos, Lo mismo se lee en el Diccionario Uni- 
versal de Historia y Geografía, publicado en México, de 1853 á 56, tomo IV, pág. 380. 
Pero en la Corona Fúnebre del limo. Sr. Cabanas se ve claramente que no fué así. Ade- 
más, en el Libro de -A^ctas de la Catedral de Burgos, marcado con el n"? 12,sehaceconstar 
que dicho Prelado sólo fué Magistral de Burgos y .\1)ad de Cervatos. Véase el anexo n°2. 



11 

El y. Cabildo ^Ic'tr()i)()litan() recibió con stimo ajorado la acertada 
detci-miiiación de su Majestad, y se a])resuró á felicitar al lilecto y á 
tributarle el homenaje de costumbre. En segviida comisionó al fabri- 
(|iiero jjara fiue se encargase de ])re])arar un magnífico regalo (jue había 
de ofrecerse á S. S. I. como recuerdo de su consagración e])iscopal. Es- 
te regalo consistía en una mitra, mi liáculo y una reliquia de S. Juíin 
de Sahagvin. l 

Cuando el \'. I'rclado recibió sus Bulas, dirigió á sus antiguos com- 
pañeros de Cabildo una carta llena de agradecimientos, en la (|ue, 
entre otras cosas, les ¡jide perdón de sus defectos 3' les ruega continííen 
gtiardándole la hermandad. 

«Los embarazos de la Corte — dice Sánchez Resa — le impidieron sa- 
lir tan luego como ansiaba; y para calmar en algún modo los ardientes 
fervores de su zelo, dirigió á suObisjjado ima Pastoral llena de imción, 
tic amor v de sabiduría.» - 



II. 

Acá en la Nueva España lloralja la Iglesia de Guadalajara la pre- 
matura muerte de su Pastor el limo. Sr. Dr. D. Esteban Lorenzo de 
Tristán y Esmenota, acaecida en San Juan de los Lagos el 4 de Abril 
de 1794-, cuando este Prelado aun no se jDosesionaba personalmente del 
gobierno de la Diócesi. 

El Cabildo Sede \'acante haliía impetrado del Rey un nuevo Pastor. 
Su Alajestíul pensó luego en el Obisjjo electo de León de Nicaragua y 
dispuso se le trasladara á Guadalajara. Dicho limo. Sr., había sidoya 
consagrado el 19 de Abril de 1795 y preparaba su viaje al Nuevo Mun- 
do, cuando recibió la noticia de su traslación, por Bula fechada en Ro- 
ma el 18 de Diciembre del propio año. 

Nuevos obstáculos se presentaron entonces para retardar su mar- 
cha, mas supo vencerlos con facilidad y salió sin dilación rumbo á su 
Sede en uno de los primeros meses del año de 1796. 

«Los riesgos é incomodidades de una navegación dilatada: la conti- 
nua zozobra en el mar por la inesperada declaración de guerra de una 
potencia respetable: la desecha tempestad que sufre á la vista de Vera- 
cruz, en donde se vio sumergido en los abismos del Occeano: los temores 
del vómito en la costa: las duras impresiones del clima y sus mortíferos 
insectos: todo todo lo sufre con la ma3'or resignación, y aquel espíritu 
tan vivo para entender y obrar lo que cumple á sus obligaciones, pare- 
cía del todo insensible, por la paciencia y mansedumbre con que se su- 
jetaba á toda ])rivación y sufrimiento.» '^ 

1 Véase el anexo n"? 2. 

2 Elogio Fúnebre del linio. Sr. Cabanas, pá.tj. til. 

3 Sánchez Resa. Obra citada, pátr. 02. 



12 

El 19 de Julio de ese mismo año, el AI. I. Sr. Lie. D. Salvador An- 
tonio Roca y Guzmán, 21" Dean de esta Catedral, tomó posesión del 
Gobierno de la Diócesi, en nombre y por poder del limo. Sr. Obispo 
electo, el cual se presentó en la Sede cuatro meses despviés, verificándo- 
.se su entrada solemne en la ciudad episcopal, el día 3 de Diciembre del 
año de 1796, en medio de los atronadores aplausos y entusiastas acla- 
maciones del católico pueblo tapatío. 

Antes había visitado S. S. I. las ciudades de Zacatecas, Pinos. Jerez, 
Aguascalientes y otras muchas del Norte de la Diócesi, socorriendo pró- 
digamente á sus habitantes pobres, que desde luego cre3-eron encontrar 
en el limo. Sr. Cabanas un digno sucesor del inolvidable Obispo Al- 
calde. 



III. 

El día 5 de Agosto de 1798 consagró para la Diócesi de Sonora al 
limo. Sr. D, Fr. Francisco de Jesvis Rousset 3- Rosa, verificándose la 
ceremonia en la Catedral (entonces Parroquia) de Zacatecas, y asistien- 
do como obispos mitrados el Dr. D. Pedro Díaz de Escandón y el Lie. 
D. Juan José Moreno, capitulares de la Catedral de Guadalajara. El 5 
de Enero de 1799 bendijo en Aguascalientes el magnífico camarín de 
la Iglesia de S. Diego, el cual había empezado á construirse el año 
de 1792; celebró allí la primera misa 3' confirió órdenes. 1 

A fines de Ma^-o de ISOO mandó celebrar en su Catedral solemnísi- 
mas exequias en descanso del alma de S. S. Pío VI, fallecido en Valencia 
del Droma el 29 de Agosto de 1799. La noche del 26 se cantó la Vigi- 
lia en la que hizo de preste S. S. L, quien se dignó oficiar de pontifical 
en la ftmción religiosa del día siguiente. 2 

El año de 1802 había practicado ya la primera visita pastoral en 
todos los pueblos de su extenso Obispado, siendo incontables las per- 
sonas á quienes administró el sacramento de la confirmación. 

Cuando estuvo S. S. I. en Cocvila (1802) subió al cerro llamado de 
la Cruz, para ver la obra material del templo que en acjuel lugar se es- 
taba edificando á expensas del benemérito religioso franciscano espa- 
ñol, Fr. Juan Antonio de Galdín; y acompañado de dicho sacerdo- 
te, del Sr. Cura de aquella Parroquia D. Juan José de Ilaro, del R. 
P. Guardián del convento de S. Miguel; de otros varios religiosos y ve- 
cinos principales de la población, 3- de los indios más antiguos de cada 
uno de los barrios y congregaciones de Colimilla \- la Guitarrilla, se di- 
rigió al lugar donde está ahora el mirador, 3 y después de recitar algu- 
nas preces en latín, bendijo desde allí al pueblo, rogando al Cielo por su 

1 «Gazeta de México» del lunes 11 de Febrero de 17tl9. 

2 «Gazcta de Aléxico» de 6 de Agosto de 1800. 

3 Desde allí se divisa cómodamente la vista panorámica de la ¡loblación. 



13 

felicidad. Después diri<;ió á los presentes una breve plática, con tal un- 
ción, que muchos de ellos no pudieron contener las lá<;rimas. i 

Debido á la solicitud de tan celoso Pastor, S. S. Pío VII, por Breve 
de 15 de Noviembre de 1805, instituyó para la ciudad de Ouadalajara 
la (iliiduluencia de las cuarenta horas» vulgarmente llamada «Jubileo 
Circular.» - 



IV. 

No se habían cumplido todavía tres años del arribo del limo. Sr. 
Cabanas, á la capital de su Obispado, cuando ya este celosísimo Pas- 
tor había emprendido grandes obras que habrían de inmortalizar su 
nombre. Estaba convencido S. S. I. «de la importancia de un clero ins- 
truido y virtuoso, ciue ya tenía y que deseaba hacer aún más ejem- 
plar, 3 concibió el proyecto de transformar la antigua casa de Oblatos 
en un establecimiento donde los qixe se destinaban al ministerio sagra- 
do recibieran, con una sólida instrucción, una esmerada educación 
sacerdotal, y donde, seriamente examinada y aprobada su vocación, se 
prepararan por la práctica de la virtud , en el silencio y recogimiento, 
al más tremendo de los ministerios. En el mismo establecimiento debía 
vivir un competente número de misioneros diocesanos, bajo la obedien- 
cia del Ordinario. Habían de dar misiones en la ciudad y en los pue- 
blos de la Diócesi, oír confesiones, presidir los santos ejercicios, etc. 

Dos otras consideraciones movían al buen Prelado: quería poneres- 
ta casa á disposición de aquellos eclesiásticos que, olvidados del peso 
de sus obligaciones y de la santidad de su estado, habían caído en al- 

1 Así me lo han rt-feiido algunos ancianos de Cocida, entre otros, D. Ignacio Rodrí- 
guez Nijen, que trabajó como peón en la construcción de dicho templo, acarreando la- 
drillo; fué mozo del R. P. Galdín hasta el año de 1829, y más tarde sirviente del Conven- 
to de San ^Miguel durante muchos años. 

2 Carta Pastoral que el limo. Sr. Espinosa dirigió al V. Cabildo, Clero y pueblo de 
la Diócesi de Guadalajara con fecha 26 de Febrero de 1856, insertando el Breve de S. S. 
Pío IX, que hace extensivo el Jubileo Circular para todos los pueblos de la Diócesi. 

3 Efectivamente: varios de los sacerdotes ordenados por el limo. Sr. Cabanas reci- 
bieron más tarde la consagración episcopal y ocuparon un lugar muy distinguido en 
nuestro episcopado, ñgurando no sólo como prelados doctísimos, sino también como va- 
rones verdaderamente apostólicos. Tales fueron los limos. Sres. Aranda y Carpinteiro, 
Obispo de Guadalajara, Prelado Doméstico de S. S. y Asistente al Solio Pontificio, Caba- 
llero de la Orden del Santo Sepulcro, Presidente Honorario del Instituto de África, etc.; 
Espinosa y Dávalos, Obispo también de Guadalajara y su primer Metropolitano, Prela- 
do Doméstico de S. S. y Asistente al Solio Pontificio, Patricio Romano, Consejero de Es- 
tado, Comendador de la Orden de Guadalupe, etc ; Barajas y Moreno, primer Obispo 

de San Luis Potosí, Patricio Romano, Prelado Doméstico de S. S., Asistente al Solio 

Pontificio, Comendador de la Orden de Guadalupe y Caballero de la de S. Gregorio ; 

Portugal y Solís. Consejero de Estado, Miembro de varias Academias y el primero de 

los Prelados de .\niérica á quien se ofireció la púrpura Cardenalicia ; .\podaca y Lore- 

to. Obispo de Linares, y Garciadiego y Moreno, Obispo de las Californias. 



14 

guna de las muchas fragilidades que rodean nuestra vida, para que re- 
jjarasen sus faltas, y por santos ejercicios se dispusiesen á traliajarcon 
nuevas energías y sin perjuicio personal, para la gloria de Dios. Por 
fin, deseaba ofrecer allí un asilo á los eclesiásticos ancianos y enfermos. 

Sólo en corazones grandes nacen tan nobles proyectos. 

Por minuta del 17 de Septiembre de 1799 pidió, conforme á la legis- 
lación de entonces, la aprobación real, y la recibió á los cinco días del 
mes de Diciembre de 1800. 

La antigua casa de Oblatos fué reformada, ó mejor dicho, derri- 
bada hasta los cimientos; y á costa de grandes sumas y en medio de 
muchas dificultades que el enemigo de todo bien suscitaba, se levantó 
un edificio más grande y más hermoso, que se abrió el 1" de Diciembre 
de 1801 y desde luego fué llamado «Colegio Clerical.» i 

Treinta mil pesos se gastaron en la construcción de esta obra, ámás 
de los ochenta y cuatro mil que le fueron señalados de fondos y los mil 
anuales con que desde 1801 grabó la Mitra en favor de dicho estableci- 
miento. -' 



El hecho más notable del pontificado del limo. Sr. Cabanas es la 
fundación del renombrado Hospicio ó Casa de Misericordia para des- 
validos, ancianos, huérfanos y exjjósitos, uno de los más gigantescos 
edificios de Guadalajara. 

Este Hospicio — dice Gibbon — «es una {de tantas) de esas construc- 
ciones, orgullo de la ciudad y admiración de todo viajero inteligente;» 3 
es — dice Navarrete — «la gloria de Jalisco;» -^ «One of the most famous 
üf the institutions of Guadalajara is the Hospicio» ha dicho Marie Ro- 
binson Wright. 5 

Su longitud es de 185 metros y 170 su anchura. Tiene un pórtico 
de columnas estilo toscano que da muy bonita vista al edificio; un her- 
moso templo en forma de crviz griega con una cú])ula de 34- metros de 
altura, notable por su «hermosura y singular atrevimiento arquitectó- 
nico;» 23 patios con sus respectivos jardines, numerosos corredores, sa- 
lones-dormitorios, salas de estudio y de trabajo, etc., etc. 

Trescientos hombres trabajaron en su edificación y se gastaron dos- 
cientos treinta mil ochocientos sesenta y cuatro pesos, de los cuales el 

1 R. P. Juan M. ThiU, S. M.— Xtra. Sra. de la Soledad de Guadalajara. (Jal.)— 
Revista Mariana, tomo I, pág. 495. 

2 Diccionario Universal de Historia 3- Geografía, publicado en Méxic(>del853-isr)6. 
Tomo IV. Art. «Jalisco,» párrafo relativo á los prelados de Guadalajara. 

3 Vagancias y Recuerdos, etc., pág. S9. 

4 Compendio de la Historia de Jalisco. Parte II, pág. óO. 

5 Picturesque Mé.xico, pág. 275. 



15 

Sr. Cíibíiña.s (lió de su ijceulio ciento cuarciiUi y cíiicd mil novecien- 
tos treinta. Además, dicho limo. Sr. dotó al Establecimiento con va- 
rias fincas en la ciudad, tres haciendas y el rancho de Juanacastle, más 
treinta mil pesos impuestos á rédito. 

La guerra de Independencia no permitió á nuestro ()bis])o ver ter- 
minada su obra, pues en 1810 se sus]3cndieron los trabajos, faltando 
ai'm la Iglesia, la cual se concluyó el año de 18-10 Ijajo el pontificado del 
limo. Sr. Dr. D. Diego Aranda y Carijinteiro, y fué su costo úocc mil 
pesos. 1 



VI. 

Mas no se crea c(ue estas fueron las únicas obras cjue llevó á eal)o 
nuestro ilustre biografiado; no, su pontificado fué tan fecundo en (jbras 
buenas, que sería muy difícil formar una lista de todas ellas. 

De muchas ni siquiera noticia se tiene, porque, como es bien sabido, 
las personas caritativíis jírocuran ocultar siempre sus caridades. Lo 
ijue á nuestro conocimiento ha llegado, además de lo que acabamos de 
indicar, es lo siguiente: 

Favoreció con crecidas sumas al Seminario Conciliar; le dio nue- 
vas con.stituciones; le donó su biljlioteca; aumentó el niunero de cá- 
tedras; mejoró mucho la enseñanza y mantuvo seis becas hasta su 
fallecimiento. Institu^-ó en todas las parroquias las conferencias mo- 
rales y de rúbricas. 

Dio acertadas reglas para el buen gobierno de los curatos y mejora 
de costumbres del pueblo. 

Según afirma Santoscoy, prohibió los incendios ó altares del Vier- 
nes de Dolores, por edicto fechado en Tonalá el 23 de Marzo de 1803. 

Hizo la erección de la parroquia de Jesús. 

Socorrió generosamente los curatos escasos de fondos y, no conten- 
to con los frecuentes auxilios que les proporcionaba, repartió entre ellos 
su vajilla de plata, no dejando en su jjalacio más alhajas (pie sus pecto- 
rales y anillos. Después, con ciento ochenta mil pesos creó el fondo lla- 
mado de «parroquias pobres.» 

Sostuvo hasta su muerte algunos cstalilecimientos de primera ense- 
ñanza en diversos puntos de la Di()cesi; socorric) con generosidad los 
colegios de indias de Cuezcomatitán y Cajititlán; dotó á tres niñas 
huérfanas en S. Juan de los Lagos, donde se hallaba de tránsito el año 
de 1808; a3atdó con sus limosnas á la conclusión del aula mayor de la 
Universidad, y en varias ocasiones proijorcionó auxilios pecuniarios al 
citado establecimiento. 

1 Todos estos datos que he dado acerca del Hospicio, los he tomado de la preciosa 
obrita tilulada: Guadalajara. (La Florencia Mexicana.) — Vagancias y Recuerdos. — El 
Salto de Juanacatlán y el Mar Chapálico por Eduardo .\. Gibbon, págs. 90 á 117. 



16 

El Colegio de niñas de San Diego mereció su especial protección: 
«dotó con la suma de $12,000 la fundación de una escuela pública en 
el mismo Colegio; hizo desmontar y cultivar la huerta disponiéndola 
en cuadros; y adicionó las constituciones del Señor I'arada, en 9 de Di- 
ciembre de 1799, conformándolas algo más al espíritu de la época.» i 

Hizo venir á su Sede un profesor para la enseñanza de los principios 
de bellas artes; dio mil pesos anuales para líi dotación de una clase de 
arquitectura 3- dibujo en el Cole.gio de San Juan. 

Fomentó por diversos medios la propagación de la vacuna. 

Fundó en Agi:ascalientes el Convento de religiosas de la Enseñan- 
za. 2 

Trabajó con empeño en la fundación del Apostólico Colegio de Za- 
popan, favoreciéndolo con cantidades considerables; costeó el viaje de 
los religiosos que debían venir á fundar, y mientras la construcción 
de la finca se terminaba, les franqueó para habitación la casa que tenía 
en aquella villa. 

Dos años antes de su muerte i'egaló dos mil pesos al Hospital de 
Belén, fundado por su ilustre antecesor el limo. Sr. Alcalde. 

Mejoró el Santuario de Xtra. Sra. de San Juan, destinando capella- 
nes al culto de la Virgen Santísima, proveA'endo la inversión de sus ren- 
tas y la economía en su manejo. 

Donó á la Catedral la reliquia de San Juan de Sahagún que había 
traído de Burgos como recuerdo de sus viejos amigos los capitulares 
de aqiiella Metropolitana; dotó con seis mil pesos la función de dicho 
Santo 3' le mandó levantar un altar de mármol en la capilla interior 
del Convento del Carmen. El día 12 de Junio de 1812 se celebró por 
vez primera la función religiosa anual de este Santo. Con tal motivo, 
pontificó el limo. Sr. Cabanas \' predicó el Rector de la Universidad, 
Prebendado Dr. D. Toribio González, -i 

1 Santoscoy. Artículo titulado: «El Colojiio ilc Xiñas do San Diejío.» 

2 Allí se hallaba el limo. Sr. Cabanas en Octubre 26 de 1807. No se sabe si fué ex- 
presamente á recibir á las monjas de la Enseñanza y darles posesión de su nuevo Con- 
vento, cuyo acto se verificó el día citado. (Juan B. Iguíniz.) 

3 Los datos relativos á las donaciones hechas por el Ilnu). Sr. Cabanas, menciona- 
das hasta aquí, las he recogido de diversas obras, entre otras: Diccionario Universal de 
Historia y Geografía, publicado en México de 1853 á 56, tomo IV, artículo «Jalisco.» — 
.\lberto Santoscoy: Canon Cronológico de los Gobernantes de Jalisco, pág. 203; Báculo 
Pastoral de la Iglesia de Guadalajara. — Alfaro y Pina: Relación Descriptiva de la Fun- 
dación, Dedicación, etc. de las Iglesias y Conventos de México, pág. 298. — Navarrete: 
Compendio de la Historia de Jalisco. Parte 11, ])ág. 36. — Gazeta de México. — El Telé- 
grafo de Guadalaxara, etc. etc. 



17 



VIL 



Con fondos que para ello había dejado el limo. Sr. Maestro D. Fr. 
Antonio Alcalde y Barriga, de feliz memoria, dio principio nuestro ilus- 
tre biografiado á la obra del actual Sagrario Metropolitano, el cual 
quedó terminado bajo el pontificado del limo. Sr. Dr. D. Diego Aranda 
3' Carpinteiro el año de 1839. 

Acerca de la colocación de la primera piedra de dicho templo, toma- 
mos lo siguiente de la Gaceta de México del -i de Mayo de 1808: «El 
día de hoy (19 de Abril de 1808) vio el público de esta capital, con uni- 
versal regocijo dar principio á la fábrica de la iglesia del Sagrario de la 
Catedral, y })oner la primera piedni, precediendo la bendición de ella 
con la solemnidad 3^ decoro que corresponde á un acto pontifical como 
éste, que (juiso executar por sí mismo el Illmo. Sr. Obispo de esta dióce- 
sis ür. D.Juiin Cruz Riiiz de Cabanas, acompañado de su V. Cabildo y 
con asistencia del M. I. Sr. Presidente Vice Patrono Real, D. Roque 
Abarca, de muchas personas distinguidas, 3- de un numeroso concurso 
del pueblo. 

«Colocado en la parte del atrio de la Catedral, destinado para esta 
obra, el altar con los paramentos pontificales, el dosel de S. Illmá. ha- 
cia un lado, 3' el bufete, telliz 3' silla del Sr. Presidente hacia el otro, y 
asimismo las sillas de los Capitulares, se vistió el Prelado de Pontifi- 
cal, V respondiendo el coro, hizo la solemne líendición de la primera pie- 
dra que iba á colocarse en los cimientos de dicha iglesia, que estaban 
ya demarcados 3' en partes zanjados v abiertos con arreglo al plano 
que conforme á la mente de S. M. se pidió á la Real Academia de S. 
Carlos de México. En el mismo acto de la bendición, y á su debido 
tiempo, bajó personalmente el Sr. Presidente á la zanja del cimiento 
por una cómoda escalera tjue al intento se formó de cantería, 3^ se con- 
duxo la piedra que S. S. mismo a3-udó á poner 3' asegurar en su sitio, 
que filé en el centro del respaldo cjue corresponde al presbiterio de la 
nueva iglesia. 

«Esta piedra, que forma un cuadrilongo de más de vara, se labró cu- 
riosamente y en hueco, en figura de una arca, con su respectiva lápida, 
para colocar dentro de ella otra arca más curiosa de piedra de alabas- 
tro, conocida con el nombre de tecal, de media vara de extensión 3' de 
figura quadrilonga, para depositar en ella, lo que en iguales casos se 
acostumbra, y al intento presentó el Illmo. Sr. Obispo una colección c/e 
medallas de oro y plata de las Imágenes que se veneran en los santua- 
rios de su diócesi, como el de María SSma. del Patrocinio de la Bufa de 
Zacatecas, de los de Ntra. Sra. de San Juan, de Zapopan, de Talpa, 

Anales. T. IV.— 3. 



18 

de Mexicíiltzingo, y de el Corazón de Jesús de Mesticacan, las Guias de 
forasteros política y eclesiástica de Madrid del año próximo pasado 
por no tener la del actual, y la de México del corriente año y asimismo 
varias medallas de oro y plata de las acuñadas con motivo de la glo- 
riosa proclamación 3^ jura de nuestro augusto Soberano el Sr. D. Car- 
los IV (que Dios guarde), no sólo de las que en tan plausible ocasión 
acuñó y repartió el V. Cabildo eclesiástico y el Ilustre AA'untamiento 
de esta ciudad, sino también de las que con el mismo objeto acuñaron 
V dieron las ciudades de Aléxico, Yeracruz, Guanaxuato, S. Luis Poto- 
sí y el Real de los Catorce, ofreciendo también el Sr. Presidente poner 
en dicha arca un manuscrito en que se iludiese conservar hasta la más 
remota posteridad lo perteneciente á esta época, y lo más que S. S. te- 
nía por conveniente. 

«El mismo día dio el Illmó. Sr. Obispo, por efecto de su natural be- 
neficencia, quatro dotes de á 300 ps. cada uno á quatro niñas huérfa- 
nas y pobres de conocida virtud, honradez y buen nacimiento, haciendo 
también memoria de que en aquel mismo día se celebraba el aniversa- 
rio de su consagración.» 1 



VIII. 



La munificencia del limo. Sr. Cabanas parecía no tener límites: los 
caminos de Autlán 3' de Colima estaban en aquella época casi intransi- 
tables 3' necesitaban una pronta reparación. S. S. I. se apresuró á en- 
tregar al Gobierno civil la cantidad de cuatro mil pesos para que se 
compusieran dichos caminos. 2 

Impulsó notablemente la agricultura, proponiéndose que adelanta- 
se mucho en su Obispado el cultivo del añil 3- del cacao, y para que sus 
proyectos no fueran solamente teóricos, ofreció á los cultivadores pre- 
mios pecuniarios que puso á disposición del Consulado para que les 
aplicase el mérito. 3 Por este medio impulsó también eficazmente la 
siembra de semillas de primera necesidad. 

El documento que publicamosá continuación de esta biografía, mar- 
cado con el n"3,nos da á conocer los grandes proA-ectos del progresista 
Obispo de Guadalajara para conseguir el adelanto de la agricultura en 
los vastísimos terrenos de sti Diócesi, 3- sobre ttxlo, en los de la costa, 
desde Coahua3'ana hasta el Tviito, cpie, .según S. S. I., se hallaban en 

1 Gaceta de México. Tomo XV, pág. 299. 

2 .\lfaro y Pifia. Obra citada, pág. 299. 

3 Saiitoscoy. Báculo Pastoral, columna -i'' 



19 

esa fecha despoblados y sin cultivo, ápesar de ser los más feracesy, por 
consi.üuiente, losque con mayor segviridad podían proporcionar la sub- 
sistencia y la riqueza de sus cultivadores. 

En este mismo documento se nota el decidido empeño de S. S. I. en 
hacer que se construyeran presas y se multiplicaran los aguajes en las 
campiñas de Jerez, Matchuala y Mazapil á fin de que se fertilizaran 
esos terrenos y fuera más llevadera la vida de sus pobres moradores. 

Anhelaba aún el digno sucesor del limo. Sr. Alcalde, la apertura de 
caminos rectos desde la capital de su Diócesi hasta Zacatecas por el 
rumbo de Ixtlahuacán del Río y cañones de Juchipila y Tabasco; y des- 
de la misma capital para Autlán de la Grana y Cuauhtitlán, hasta los 
puertos de Navidad y Santiago. Y otros dos caminos que, partiendo 
también de Guadalajara, tuvieran por término las ciudades deSanBlas 
y de Colima, i 

Proporcionó oportunos auxilios á las víctimas del terremoto de 25 
de Ma^-o de 1S06 que llenó de luto tantos hogares enSa3-ula,Zapotlán 
y Colima. 

En el calamitoso año de 1807 proveyó de alimentos á los pobres 
más necesitados, del norte de la Diócesi. 

Envió á España un donativo de 300 pesos para auxilio de los va- 
lientes defensores de la ciudad de Zaragoza ct)ntra las huestes invaso- 
ras de Napoleón. 2 

En general, en tiemjDo de epidemia ó escasez de semillas siempre es- 
taba listo para socorrer al necesitado. Aun los veinticinco mi! pesos 
en que consistía su patrimonio, los testó á beneficio de los ])()bres. 



IX. 



A beneficio del real erario cedió S. S. I. casi todo lo (jue le corres- 
pondía en la masa decimal de la Sta. Iglesia de León de Nicaragua por 
el tiempo que había sido su Prelado (electo), lo cual se estimaba pru- 
dentemente en diez y seis mil pesos. De esta suma había que separar 
773/7 quinientos, que destinaba S. S. I. para otras atenciones píiblicas y 
piadosas de aquel Obispado. Además, en unión de su Cabildo, facilitó 
en la misma fecha al real erario la cantidad de cuarenta mil pesos. 3 
Posteriormente entregó á la Corona cincuenta mil pesos: treinta mil 
como regalo y veinte mil en calidad de préstamo. 'I- 

El año de 1808 que se hizo otra colecta de donativos píivn atender 

1 Véase el anexo n? 3. 

2 Bi1)lioteca Histórica Jalisciense, de Mayo 15 de 1910. 

3 Gaceta de Mé.xico del lunes 28 de Enero de 1799. 

4 Gaceta de México de Junio 4- de 1805. 



20 

á las exigencias de la Alonarquía española, el limo. Sr. Cabanas, en 
unión del Al. I. Sr. Deán v V. Cabildo de sti Iglesia, ofrecieron un dona- 
tivo de sesenta mil pesos, los cuales fueron enviados al puerto de Vera- 
cruz para embarcarlos en el primer buque que llevase caudales á Espa- 
ña, aun antes de qvie hubiese circulado la proclama del superior Go- 
bierno. 1 

Tal era la solicitud con que atendía S. S. I. á las necesidades de to- 
dos. 

Con motivo de la guerra de la Independencia, tuvo que despren- 
derse varias veces de cantidades considerables de dinero, y ya consu- 
mada ésta, dio algunos donativos para sostener el Imperio, y á su 
monarca Iturbide. 



X. 



Hasta aquí hemos descrito al limo. Sr. Cabanas como bienhechor 
insigne de la humanidad doliente, como hombre progresista y em- 
prendedor cjue fomenta la instrticción pública é impulsa el adelanto de 
las ciencias y como pastor celosísimo que procura la ilustración 3- pure- 
za de costumbres de su clero. Estudiémosle ahora en el mundo de la 
política, mezclándose íntimamente en los asuntos relativos á nuestra 
Independencia Nacional. 

Dado el primer grito de Independencia en el pueblo de Dolores (Gto.) 
el 15 de Septiembre de ISIO, por el ¡Dárroco de aquella feligresía, D. Mi- 
guel Hidalgo y Costilla, llega á Guadalajara la noticia de la insurrec- 
ción el 19 del mismo mes y año; y un día después, expide S. S. I. á los 
párrocos de la Diócesi una importante circular noticiándoles lo acaeci- 
do 3' ordenándoles exciten á sus respectivos feligreses á la «unión 3' con- 
cordia.» Después, el 4 de Octubre, ordena á todos los curas de la Diócesi 
que fijen en las puertas de los templos y lean desde el ]3Úlpito la procla- 
ma de la «Junta Superior auxiliar de Gobierno, Seguridad y Defensa de 
Guadalajara,» formada el 27 de Septiembre anterior. 

Y viendo la rapidez con que se propagaban los deseos de emancipar 
el territorio mexicano de la antigua metrópoli, y que millares de indi- 
viduos abandonaban sus hogares y marchaban gustosos á engrosar 
las filas de los insvirgentes, promulga un edicto (15deOctidiredel810) 
amenazando con la excomunión á todos los adictos á la causa de la 
Independencia. 

El Obispo electo de Michoacán y Gobernador de aquella Sagrada 
Mitra, D. Manuel Abad y Queipo, así como otros prelados, habían ful- 
minado anatemas contra los principales caudillos de la revolución. 

1 Gaceta Extraordinaria de México, de 11 de Noviembre de ISUS. 



21 

Nuestro l)io.<;rañado creyó un [lel)cr suyo excoraul^íir también por 
su parte á Ilidaljío y á sus partidarios a' con este fin expidió, el 24- de 
Octubre, luia carta pastoral jjor la cual, despuésdedcnunciará Hidalgo 
como SEDICIOSO, cisiiÁTico y hereje formal, 3' dará conocer las medi- 
das ])reventivas tomadas por la Inquisición en contra de dicho Cura, y 
recordar á sus diocesanos que el Arzol3Ís])o de México, Dr. D. Francisco 
Javier de Lizana y Beaumont, había fulminado cuatro veces la excomu- 
nión contra Hidalgo y sus partidarios, la lanza él también por su par- 
te contra todos los de su Diócesi que sean promotores ó adictos al le- 
vantamiento. 

Pero los principales jefes de la Insurrección hacían ver á los de su 
partido el bien tan grande que resultaría á la Religión y á la Patria 
con la Independencia, y evita1)an con sumo cuidado llegara á oídos de 
los combatientes todo lo que en edictos, decretos, pastorales y escritos 
sueltos se decía en contra del levantamiento. Adeinás, Hidalgo procu- 
raba defenderse de los principales cargos que le liacían los oljispos y la 
Inquisición, 3- fácilmente lo conseguía, pues el pueblo lo consideraba co- 
mo un gran sabio, y mejor seguía sus opiniones que las de cualquier 
individuo del partido contrario. Así es que las amenazas del limo. Sr. 
Cabanas no tuvieron el resultado favorable que el Prelado debió espe- 
rar. 

En cuanto á la cruzada de eclesiásticos, de que hal)lan varios histo- 
riadores siguiendo áBustamante, creemos conveniente hacer notar que 
no aparece en la actualidad documento justificativo, existiendo otros 
del mismo tiempo \- que se refieren á menudencias mucho menos impor- 
tantes \- trascendentales que la que nos ocupa; por lo cual, sin negar del 
todo que sea cierta la aseveración de Bustamante, creemos debe po- 
nerse en tela de juicio. 



XI. 



Los desastres cometidos por los insurgentes en Zacoalco v* en La 
Barca llenaron de temor á los españoles que había en Guadalajara, y 
al saber que Torres se apresuraba á tomar la ciudad, trataron de po- 
nerse en salvo. La Junta Auxiliar de Gobierno se disolvió, y el 6 de 
Noviembre del mismo año; el limo. Sr. Cabanas, en compañía de otros 
españoles, huv'ó á San Blas, donde permaneció varios días, hasta que, 
temeroso de que Laraj'cn entregara la villa al Cura Mercado, se retiró 
al puerto de Acapulco á bordo del bergantín San Carlos, el día 28 de 
Noviembre del año de 1810. 

Por ese tiempo el Gobernador de Nuevo León, D. Manuel Santa- 
María, se declaró por la revolución, y los españoles radicados en Mon- 



22 

terre3' entraron en grandísima alarma. «El obispo D. Primo Feliciano 
Marín — dice Alamán — se fugó y pudo embarcarse, y así caminaban 
hacia México por los dos mares opuestos, el de Giaadalajara por el del 
Sur, dirigiéndose A Acapulco, y el de Monterrey, por el golfo, navegan- 
do hacia Veracruz.» i 

No convenía á nuestro biografiado permanecer muchos días en Aca- 
]iulco, y así, en la primera oportunidad cjue tuvo, continuó su marcha 
hacia la cajjital de la entonces Nueva España, donde pensaba estable- 
cerse ]jor algún tiempo, en tanto mejoraba la situación ]iolítica del 
país. 



Xll. 



A fines de 1811, el limo. Sr. Cabanas se resolvió á regresar á su Se- 
de, aprovechando un viaje del Coronel .\ndrade á las Provincias del In- 
terior. 

Apenas salido de México, se vio varias veces atacado por numerosas 
partidas de enemigos que se atrevieron á hacer fuego muy cerca del co- 
che que conducía á Su Ilustrísima. - 

«Al paso por el peligroso punto de Calpulalpan, filé atacado el con- 
vov por todas las partidas reunidas del cura Correa (23 de Noviem- 
bre), los Villagranes y los AnaA-as, que componían el número de dos mil 
hombres. La larga extensión de seis leguas que el convoy ocupaba, con 
la escolta de cuatrocientos hombres, presentaba muchos puntos de fácil 
acceso, no obstante lo cual los insurgentes fueron rechazados 3- se les 
quitaron trescientas muías cargadas que habían tomado, aunque siem- 
pre quedaron en su poder algunas. La acción fué bastante empeñada 
para haber tomado parte en ella aun la escolta c[ue acompañaba el co- 
che del Obispo que se vio en peligro de ser cogido. Correa fué declarado 
excomulgado y fijado su nombre en tablilla en las puertas de las igle- 
sias de México.» 3 

Llegada á Guadalajara la noticia del próximo arribo del Prelado á 
la Capital de su Obispado, tomáronse grandes preparativos para ha- 
cerle una digna y entusiasta recepción, -t 

«Fué á recibirle á Querétaro vin cuerpo de caballería mandado por 
D. Ángel de Linares que lo escoltaba hasta Lagos, donde lo recibió el 
Coronel D. José Dávalos al frente de otra fuerza é hizo su entrada en 
la Capital el día 8 de Marzo (de 1812); el General Cruz fué temprano á 

1 Alamán. — Historia de México. Tomo II, pág. 96. 

2 Véase el anexo n*? 5. 

3 .\lanián. — Historia de México. Tomo II, pág. 4-08. 

4 Véase el anexo ii*? 5. 



23 

S. Pedro á recibirlo acompañado de las ¡¡rincipalcs autoritladcs y le 
condujo triuiifalinente hasta la Catedral i)or en medio de una valla for- 
mada por el Regimiento de riiehla, de Tolnca y los dragones de Esjja- 
ña Y de Querétaro, dándole escolta el Regimiento de Húsares ([ue esta- 
ba equipado con gran lujo.» i 



XIII. 



Por algún tiempo continuó nuestro biografiado oponiéndose tenaz- 
mente al movimiento de insurrección. En la carta pastoral que con mo- 
tivo de su regreso á Guadalajara dirigió á sus diocesanos el 4 de Abril 
de 1812, hablando de los insurgentes y de sus partidarios, les dice, entre 
otras cosas: «que los separará del gremio de la Iglesia como á miem- 
bros podridos, fijando sus nombres y apellidos en los parajes piiblicos 
que corresponda y convenga para notoria condenación, castigo 3- es- 
carmiento de su incorregible é imperdonable rebeldía y obstinación.» 

En vista de tantos servicios en pro de la España, se le condecoró con 
las insignias de Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Ca- 
tólica, 3' algún tiempo después la Cámara le presentó al Rey para la 
Sede Arquiepiscopal de Santiago 2 de cu^-o gobierno no llegó á tomar 
posesión porque el Alonarca español no tuvo á bien obsequiar los de- 
seos de la Cámara, en vista de c(ue el Prelado se había decidido por fin 
en favor de la Independencia 3- a3-udaba con su poderosa influencia á 
que se consumara. 



XIV. 



En efecto, S. S. I. se había convencido de cjue la voluntad general de 
la nación era la independencia, 3' que ésta llegaría á con.segviirse sin efu- 
sión de sangre, valiéndose de medios meramente diplomáticos, 3' bajo 
las banderas de la Religión. «No os pido otra cosa — decía Iturbide — que 
lo que vosotros mismos debéis pedir 3- apetecer: Unión, íraternidad, or- 
den, quietud interior, vigilancia, horror á cualquier movimiento turbu- 
lento Asombrad á las naciones de la culta Europa: vean que la 

América Septentrional se emancipó sin derramar una sola gota desan- 
gre. En el transporte de vtiestro júbilo, decid: ¡Viva la religión santa 

1 Pérez Verdía. — Historia Particular del Estado de Jalisco. Tomo II, pág. 102. 

2 Coroua Fiinebre, pág. 76. 



24 

que profesamos! ¡Viva la América Septentrional Independiente de to- 
das las naciones del globo! ¡Viva la unión que hizo nuestra felicidad.» 1 

Las cosas habían, pues, cambiado notablemente; el limo. Sr. Caba- 
nas no podría desaprobar estos planes i^orque él también amaba la paz 
y exhortaba constantemente á sus diocesanos ala unión y concordia. 2 

La oposición que al principio hizo á la insurrección, debió ser origi- 
nada por los innumerables desórdenes y atropellos c|ue cometían los 
insurgentes y porque creería que el levantamiento iniciado en Dolores 
no obtendría un resultad(j feliz, y sí acarrearía muchos males á la reli- 
gión, turbaría la ¡Daz de muchos pueblos, llenaría de luto muchos hoga- 
res y se regaría con sangre de hermanos una jjorción más ó menos ex- 
tensa de nuestro territorio. 

Iturbide, casi seguro de que contaría con la aprobación 3^ ayuda del 
limo. Sr. Cabanas, le comunicó su jjlan y se puso de acuerdo con él pa- 
ra lo cjue en adelante se había de hacer. El Prelado se adhirió gustoso 
á la causa de la Independencia prestando innumerables servicios y tra- 
bajando con empeño hasta la consumación de la misma. El 23 de Ju- 
nio de 1.S21 se solemnizó en Guadalajara la jura de la Independencia, 
y después de la festividad religiosa, el Obispo obsequió con un banqvie- 
te al Dr. San Martín, orador de la fiesta, el cual estuvo á la mesa 
al lado del General Cruz. 



XV. 



En las elecciones de diputados C|ue .se hicieron para las Cortes de los 
años de 1822 y 1823, el Obispo de Guadalajara iué electo por la 
Nueva Galicia. Va consumada la Independencia y perdida la espe- 
ranza de un príncipe español, se trató de exaltar al trono al libertador 
de México, D. Agustín de Iturbide; el Sr. Cabanas vio con gusto 
esta elección y procuró empeñosamente cjue se realizara. Igual em- 
peño mostraron el Obispo de Puebla, varios canónigos y muchos sacer- 
dotes 3- religiosos; pero al tratarse de la consagración y coronación del 
Emperador «no se notaba 3'a en el clero el empeño que antes había mos- 
trado al promover y auxiliar la Independencia: de los españoles sólo el 
ObisjDO de Guadalajara, Cabanas, se empeñaba en sostener el Imperio 
3- al nuevo monarca, 3- para esto, habiéndose trasladado á México pa- 
ra asistir á la coronación, puso á disposición del gobierno $35,000 to- 
mados de las obras pías de su Iglesia, en cuenta de la .segiinda cuota 
que le correspondía por el préstamo asigníido á las catedrales 3' cle- 
ro.» 3 

1 Plan de Iguala. (24 de Febrero de 1821.) 

2 Véase el anexo n? 4-. 

3 Zamacois. — Historia de México. Tomo XI, p&g. 338. 



25 

Creada la Imperial Orden de Guadalupe, para premiar el mérito mi- 
litar y los servicios hechos á la nación, se otorgó al limo. Sr. Cabanas 
la condecoración de Gran Cruz y filé después Gran Canciller de la Or- 
den. 

Al tratarse de la formación de la casa Imperial, se nombró á nuestro 
biografiado Limosnero Ma\'or del Emperador. Y llegado el memora- 
ble 22 de Julio de 1822, día designado para la consagración y corona- 
ción del Emperador y Emperatriz, tuvo nuestro Obispo la suerte de ser 
él el consagrante. 

El 13 de Agosto del mismo año era el día destinado para la inau- 
guración de la Orden de Guadalupe. Iturbide debía ser condecora- 
do con las insignias de Gran Maestre de la Orden, que recibiría de 
mano del limo. Sr. Cabanas. 

No quiero dejar de relatar esta suntuosa ceremonia que, sin duda, 
fué una de las fjue más gratos recuerdos dejaron á nuestro Obispo, pe- 
ro mejor (|ue relatado con mis propias palabras, transcribiré la hermo- 
sa narración que en el capítulo VII del tomo XI de su monumental 
Historia de México, hace el historiador Zamacois. 

i(Recil)ida la comitiva por el cabildo, á la puerta de la Colegiata, el 
Emperador fué conducido desde allí bajo de palio al presbiterio y he- 
cha una Ijreve oración ante la Santa Imagen, ])asó á colocarse en el 
trono que le estaba preparado. Cantóse el Te-Deum, y acabado éste, 
el Obispo de Guadalajara, c(ue hacía de gran Canciller, acompañó al 
Emperador desde el trono hasta el dosel, en el (jue estaba el Obispo de 
Puebla C[ue iba á celeljrar la misa, en cu3-as manos prestó el juramento 
prevenido por los estatutos de la Orden, por el cual los Caballeros se 
obligaban no sólo á defender las bases del jjlan de Iguala y la persona 
del Emijcrador, sino también á ol)edecer las disposiciones del gran 
maestre y cumplir todo lo prevenido en los mismos estatutos, en que 
se comprenderá la íntima devoción á su patrona. Entonces se le vistió 
el manto y demás insignias, y vuelto al trono se comenzó la misa. 

«Después del evangelio y sermón que predicó el Dr. D. Agustín Igle- 
sias, el secretario leyó en alta voz la fórmula del juramento que todos 
los Caballeros prestaron, y el obispo Gran Canciller, sentado en un si- 
llón y vuelto el rostro al pueblo, vistió las insignias al príncipe impe- 
rial, al de la Unión y á los jjríncipes mexicanos que le fueron presenta- 
dos por el canónigo de la Iglesia Metropolitana, Maniau, nombrado 
maestro de ceremonias de la Orden, y en seguida fueron á besar la ma- 
no al Emperador.» 



Anales. T. IV. 



26 



XVI. 



En el primer semestre del año de 1824 salió nuestro biografiado á 
practicarla visita pastoral i y sintiendo quebrantada su salud, tuvo 
que detenerse en el rancho de los Delgadillos, del curato de Xochistlán, 
donde se agravó 3' murió después de haber recibido los santos sacra- 
mentos de la Eucaristía y Extrema-Unción con humildad y fervor edi- 
ficantes. Eran las cinco y media de la tarde del 2S de Noviembre de 
1824 cuando exhalaba su último aliento el iDenemérito Obispo de Gua- 
dalajara, el Exmo. é limo. Dr. D. Juan Cruz Ruiz de Cabanas j' Crespo, 
á los 72 años, 6 meses y 25 días de edad; 29 años, 7 meses y 9 días de 
pontificado, y 28 años, 4 meses _v 9 días de haber tomado posesión del 
gobierno episcopal de esta Sede. 

Luego que llegó á Guadalajara la triste nueva de su fallecimiento, 
el V. Cabildo mandó dar el toque de Vacante y dobles siguientes en la 
Matriz y demás templos de la ciudad 3- comisionó á los Sres. Canónigo 
Doctoral Dr. D. Aliguel Ignacio Gárate 3- Preliendado Dr. D. Toribio 
González para qtie se encargasen de los funei-ales de su difunto Oljispo. 



XVII. 



«La noche del día 1° de Diciembre llegó el cadáver (á Guadalajara) 
acompañado de más de mil luces 3- entre las lágrimas y suspiros de nn 
pvieblo que amaba á su Prelado, y qvie con im elocuente, aunque mvido 
lenguaje, procuraba manifestar sus más tiernos afectos: en grupos co- 
rrían, aun los más infelices, á recibir á distancia el cadáver de su Pas- 
tor, ocurriendo antes á las cererías á comprar velas, cu3'o precio exce- 
día á sus miserables facultades; y anhelaban todos por conducir en sus 
hombros, ó á lo menos tocar en la parte que les fuese posible, el cajón 
en que venía depositado. Quedó en la casa que había sido de su mo- 
rada, 3' en los tres días siguientes se procuró que, de los cuatro altares 
qiie se habían puesto en la misma sala donde estaba, se ocupase uno 
en siete misas cantadas con Vigilia, cjue correspondían á cada hora, 
desde las cinco de la mañana hasta medio día, turnándose las Parro- 
quias, Comunidades de Religiosos, Capellanes de Monasterios 3' Cole- 

1 Probablemente fué á fines de Mayo ó principios de Junio, pues, según consta en el 
Archivo del Sagrario, la última vez cjue confirmó el Sr. Cabanas fué el 2+ de Mayo de 
ese año. 



27 

gios, Y quedando los tres altares restantes para las misas rezadas cine 
comenzaban también á las cinco hasta las once del día. 

«En estos días, á pesar del mal tiem[)o, concurría un numeroso pue- 
blo á todas horas, aun por la noche, atributar el oljsequio de sus lágri- 
mas y los últimos homenajes á quien había sido su Padre; y el día 5, á 
las siete de la mañana, se comenzó el funeral por el canto del Oficio de 
Difuntos, á cjue dieron principio los religiosos de la Merced, y siguieron 
los Carmelitas, Agustinos, Franciscanos y Dominicos, concluyendo el 
Cabildo; todos los que, bajo cruz y ciriales, así como las Parroquias, 
acompañaron el cadáver hasta la Santa Iglesia Catedral, y también 
las Cofradías, Colegios, la Universidad, el Muy Ilustre Aj'untamien- 
to, la Oficialidad y el Supremo Tribimal de Justicia. Los balcones 3^ 
ventanas de las casas del tránsito estaban adornadas con colgaduras 
negras 3' blancas. 

«Al llegar á Catedral se cantó vtna Misa solemne, después de tomar 
sus respectivos asientos los concurrentes, y haberse colocado el cadá- 
ver en un hermoso Catafalco.» l 

Posteriormente, en los días 19 y 20 de Mayo del siguiente año, vol- 
vieron á hacérsele solemnísimas exequias en la misma Catedral, ha- 
biendo pronunciado la oración latina el Dr. D. José Miguel Gordoa y 
Barrios, Canónigo Lectoral de la propia Catedral, y sucesor inmediato 
del limo. Sr. Cabanas en el gobierno de la Sede. La oración castellana 
estuvo á cargo del Dr. D. José Domingo Sánchez Resa, entonces Pre- 
bendado }' después Deán de la misma Iglesia 3' Obispo electo de Ma- 
cra I. P. I. 



XVIII. 



El General D. Guadalupe Victoria, Presidente de la República Mexi- 
cana, en carta fechada en la capital el 8 de Diciembre de 1824-, decía al 
V. Cabildo de Guadalajara, refiriéndose á su inolvidable Obispo el 
limo. Sr. Cabanas: «deja en pos de sí ejemplos mu3' ilustres y memoria 
toda de bendición.» 

El Ministro de Justicia y Negocios Eclesiásticos, D. Pablo de la 
Llave, en su inemoria presentada á las Cámaras, los días 5 3- 7 de Ene- 
ro de 1825, decía que el limo. Sr. Cabanas acababa de fallecer colma- 
do de años 3' merecimientos que era digno de nuestra gratitud 

que debía ocupar un lugar mu3' distinguido en el corazón de 

los mexicanos. 

1 Corona Fúnebre, págs. 77 y 78. 



28 



XIX. 

EPIGRAFÍA. 

El cuerpo del linio. Sr. Ruiz de Cabanas está sepultado en el templo 
de la Soledad de Guadalajara, á la derecha del presbiterio. (iSt)bre su 
tumba — dice Santoscoy — i se lee esta inscripción bien sencilla 3- trun- 
ca en su segunda línea, como se ve: 

COR STRENUE MAGNUN VERÉ PIUM 

EXMI ATQUE YLMI PASTORIS O. D JOANIS CRUCIS RUIZ DE CABAÑ 

HIC JURE DEPOSITUM 
PER MISERICORDIAM DEI REQUIESCAT IN PACE» ^ 

Al decir de algunas personas, en el altar de la Virgen de Guadalupe 
de la Capilla de San Javier, anexa al mismo templo, fueron depositados 
los ojos de este ilustre Obispo, inas no se encuentra actualmente en di- 
cho altar alguna inscripción ó señal que justifique esta creencia. 

Las entrañas del mitrado se conservan en la actualidad en una va- 
sija de cristal, dentro de un nicho cavado junto al altar principal de la 
capilla del rancho de los Delgadillos, perteneciente á la Parroquia de 
Nochistlán, en el Estado de Zacatecas. 3 

El Sr. SantoscoA', en su artículo «El Colegio de Niñas deSan Diego,» 
dice que en el coro bajo, al lado izquierdo del altar del fondo, existe in- 
crustada en la pared una plancha de mármol con ini resalto oval en el 
que está la inscripción que sigue: 

RUIZ DE CABANAS 

(J MISCREMINI MEA M 

w SALTEM NOS AMICI MEI "< 

D. D D. 

Últimamente el H. Ayuntamiento de esta capital, con motivo de la 
nueva nomenclatura de la ciudad, dedicó al limo. Sr. Callanas la calle 
del frente del Hospicio, cambiándole el nombre de «Calle del Pórtico» 
por el de «Calle de Cabanas.» 

1 Canon Cronológico de los Gobernantes de Jalisco, pág. 203. 

2 Él escribía en 1890. En la actualidad no se encuentra ya esa inscripción, que pro- 
bablemente fué borrada hace unos diez años, con motivo del nuevo decorado del templo. 

3 No hemos logrado averiguar si haj' allí alguna inscripción alusiva al Sr. Cabanas. 



29 



XX. 



iconografía. 

Se conservan actualmente varios retratos (pintura al óleo) del limo. 
Sr. Cabanas, tanto en Guadalajara como en algunas poblaciones de la 
Provincia Eclesiástica guadalajarense. 

He aquí la lista de los de que hemos podido tomar nota: 

1. Sala Capitular de la Catedral de Guadalajara. 

Retrato de cuerpo entero, tamaño natural. Tiene al pie la siguiente 
inscripción: 

«El Illmo Sor. Dr D Jvian Cruz Ruiz Cavañas Colegial del viejo y 
Maior de S Bartholomé de Salamanca, Canónigo Magistral y Abad de 
Cervatos Dignidad de la Santa Iglesia Aletropolitana de Burgos Obis- 
po de Nicaragua y de Guadalaxa. » 

2. Seminario Conciliar Mayor de Guadalajara. 

Retrato de medio cuerpo, tamaño natural. No tiene inscripción vi- 
sible. 

3. Capilla del Hospicio de Guadalajara. 

Retrato de cueqjo entero, tamaño natural. En una columna que 
aparece en el cuadro, se lee la siguiente inscripción: 

«El Hospicio de Guadalajara á su ilustre fundador, Dr. D. Juan 
Cruz Ruiz Cabanas.» 

4. Iglesia de la Soledad de Guadalajara. 

Retrato de tamaño natural, busto. No fué posible tomar nota de 
la inscripción. 

5. Templo de S. Felipe de Guadalajara. 

Retrato de cuerpo entero, tamaño natural. Tiene al pie la inscrip- 
ción siguiente: 

«El Illo Sor D.r Juan Cruz Ruiz d Cabanas di viejo 3- mallor d 
S.n Bartolomé d Salam.ca Canónigo Magistral 3' Abad de Cerbatos, 
Dignidad de Ui Sta Iglecia Metropolitana d Burgos Obpo d Nicaragua 
y d Guadalaxara e. y.nsigne byenechok de esta co.ngregacio.x. ad. 
1804.» 

6. Santuario de la Bufa de Zacatecas. 

Retrato de medio cuerpo, tamaño natural. Tiene al pie esta ins- 
cripción: 



30 

«El Illmo. Sr. Dr. D.Juan Cruz Ruiz d Cabanas Digmo Obispo de 
esta Diócesis Estuvo en este Santuario todo el día 4 de Octe d 96 y lo 
visitó la mañana del 7 d Septe de 1798, erigió canónicamente sus Ca- 
pellanías y proveyó se publicasen las gracias con que lo enriqueció la 
Silla Apostólica, año d 1800.» 

7. Santuario del Corazón de Jesiís. (Mexticacan, Jal.) 
Retrata de cuerpo entero, tamaño natural. 

(No ftié posible conseguir copia de la inscripción.) 

8. Santuario de Ntra. Sra. de San Juan de los Lagos, (Jal.) 
Retrato de ¿cuerpo entero? tamaño natural. Está colocado en la 

Sacristía, juntamente con los de otros trece prelados de la Iglesia de 
Guadalajara. Tiene al pie el nombre del mitrado 3- la fecha: 1797. 

9. Templo Parroquial de Lagos de Moreno. 

Retrato de medio cuerpo y tamaño natural. Tiene la siguiente ins- 
cripción: 

«Vro Rto del Illmo Sor. D.r D." Juan Cmz Ruiz de Cabanas Digno 
Obispo de Guadalajara, fecho en Lagos en Mayo de 1810 y á los cin- 
cuenta y ocho As de la edad de su Sria Illma.» 

Últimamente me encontré otro retrato del Sr. Cabanas en la Iglesia 
de San Diego de esta ciudad. Es de cuerjjo entero, tamaño natural (pin- 
tura al óleo). Tiene al pie esta inscripción: 

«El Illmó Sor D. D. Juan Cruz Ruiz Cabanas, Colegial di Viejo y 
Maior de S. Bartolomé d. Salamanca, Canónigo Magistral 3- Abad d 
Cervatos, Dignidad d. la S.ta Iglesia Metropolit.a d. Burg.s Obpó. d. 
Nicaragua 3- d. Guadalax.a » 

10. Parroquia de Jesús de Guadalajara. 

Retrato de cuerpo entero 3- tamaño natural. Tiene la siguiente ins- 
cripción: 

«R.o del Exnio. é Illmo. Sr Dr D. Juan Crviz Ruiz de Cabanas, Dig- 
nísimo Obpo de Guadalajara. A petición del Presb.» D. Juan M.a Co- 
rona concedió licencia para que se les dijese Misa á las gentes que 
fuera de murallas comensaron á formar este Curato de Jesús. Des- 
pués q.e aumentó la población se hizo a3'uda de Parroq.a del Santua- 
rio de Ntra Sra de Guadalupe, últimamente por decreto de l.o de 
Feb.o de 1815 lo segregó del Santuario 3- lo erigió en beneficio colado 
nombrando para primer Cura propio al Sr Presb.» D." José García 
Monasterio. Hizo confirmaciones en la Capilla de Jesús, en la casa lla- 
mada Mexiquito 3' fué bienhechor especial de esta Iglecia Este re- 
cuerdo de gratitud á su memoria Se mandó retratar por el Sr Presb. o 
Lie D." Antonio Gomes actual Cura interino de esta Parroquia de 
Jesús 3' se colocó en esta Sacristía hoi l.o de Julio de 1859.» 



31 



XXI. 



bibliografía. 

1. Carta Pastoral. 

Carta Pastoral | Oué el Ihistrísimo Señor | Don Jvian Rtiiz de Caba- 
nas, I Obispo de León de Nicaragua, | Dirige | A Todos los Fieles de su 
Diócesis I Madrid | En la Imprenta de Don Benito Cano | Año de 1795 
I Con las licencias necesarias. 

Subscrita con motivo de su promoción al Episcopado. En Madrid á 28 de Marzo de 
1795. 

B. Alemán. (Guadalajara, Jal.) 

2. Carta al Virrey Azanza. 

«Exmo Sor — Con fha de 28 de Agosto pró.xinio pasado .se sirve V. 
E. prevenirme el que este á la mira del porte y conducta del ex-Jesuita 

D. Lorenzo Joseph de Caljo, lo que executaré con toda exactitud, y se- 
gún Y. E. se sirva ordenarme; bien que, y á decir verdad nada temo del 
referido Sacerdote y aun espero con los más graves fundamentos, que 
lexos de dar lugar á la menor transgresión de las respetal^les disposi- 
ciones de la Iglesia 3^ del Estado, será siempre un digno exemplar de la 
vida más arreglada 3' verdaderamente sacerdotal. Dios guarde á V. 

E. ms as. Guadalaxa ySepte 1" de 1799 — Exmo Sor. ^Juan Cruz Ohpo 
de Guadalaxa — Exmo Sor Don Miguel Joseph de Azanza, Virrey y Capn 
Gral de N. E.» 

Santoscoy. «Nayarit,» pág. L.xxxvi. 

3. Decreto. 

Nos el Doctor D. Juan Cruz Ruiz de Cabanas | por la gracia de Dios 
3' de la Santa Sede Apostólica, Obisj)o de ¡ Guadalaxara del Consejo de 
su Magestad &c. 

En fol. — Sin portada ni pie de impr. — 11 págs. s. n., v. en bl. Decreto anunciando (jue 
cesan en la Diócesi los Aranceles parroquiales del -arzobispado de Mé.xico y publica el 
acordado por la Real Audiencia de Guadalajara. — Fechado en dicha ciudad el 9 de Octu- 
bre de 1809. 

B. Gordoa, León (Gto.) («La Imprenta en la Nueva Galicia. 1793-1821. Apuntes l)i- 
bliográficos» por Juan B. Iguíniz, n'? 92.) 

4. Carta Pastoral. 

Nos el Doctor D. Juan | Cruz Ruiz de Cabanas, por la gracia de | 
Dios y de la Santa Silla Apostólica | Obispo de Guadalaxara, del Con- 
sejo de S. M. &c. 

Fol. — Sin portada ni pie de imprenta. — 4-1 págs. n., v. en bl. ^Pastoral expedida en 
Guadalajara á 21 de Marzo de 1810, en la que transcribe varios decretos de la Santa Se- 



32 

de y del Patriarca de las Indias, acerca de la Jurisdicción ordinaria castrense en los do- 
minios españoles. 

B. Gordoa. («La Imprenta en la Nueva Galicia. 1793-1821. Apuntes bibliográficos» 
por Juan B. Iguíniz, n"? 102.) 

5. Carta Pastoral. 

Nos el Dr D. Juan Cruz Ruiz de Ca- | bañas por la gracia de Dios 3' 
de la Santa 1 Sede Apostólica Obispo de Guadalaxara. A 1 todo el Ve- 
nerable Clero Secular y regu- | lar, y á todos nuestros muy amados 
fieles: salud, paz y gracia en Ntiestro Señor Jesu- | cristo. 

En 4° Sin portada ni pie de imprenta. — Pastoral con motivo de los asuntos políticos 
de España, fechada en Guadalajara á 30 días de .\bril de 1810. 
B. Instituto «San José.» Guadalajara, (Jal.) 

6. Circular. 

El exemplar que acompaña á este es de la | proclama publicada por 
la Junta Auxiliar de | Gobierno instalada en esta Capital el 29 del | úl- 
timo septiembre: su tenor instruirá á V de \ los loables sentimientos 
que promueve, 3' de las | interesantes verdades que conviene inculcar | 
con la ma3-or viveza 3- poner en toda claridíid | á la vista del Pueblo 
para evitar su seducción, ¡ 3- los incalculables trastornos qtte le son 
con- I siguientes como lo espero del zelo, fidelidad 3- pa- | triotismo, que 
V ha acreditado siempre 3' exi- | gen las urgentes circunstancias del dia. 
A el I efecto publicará dicha proclama desde el Pul- | pito, 3- la fixará 
en la puerta principal de la | Iglesia para que pueda el pueblo comoda- 
I mente enterarse de su contenido | Dios guarde á V muchos años. 
Guada- | laxara octubre 4- de 1810 \ Juan Cruz Obpo de Giiadalax.a (rú- 
brica). 

Pérez Verdía. «Historia Particular del Estado de Jalisco.» Tomo II, pág. 35. 

7. Carta Pastoral. 

Nos el Dr D Juan Cruz Ruiz de Cabanas, ])or la gracia de Dios 3- de 
la Santa Silla Apostólica, Obispo de Guadalaxara, del Consejo de Su 
Alagestad &c. A nuestro Venerable Clero Secular 3- Regular 3- á todos 
los Fieles de nuestra Diócesis. 

Subscrita en Guadalajara á 15 de Octubre de 1810. — Se excita á los habitantes de la 
Diócesi á la reconciliación mutua. 

«Bol. Ecco. V Científico del Arzobispado de Guad.» Tomo VII, pág. 157. 

8. Edicto. 

Nos el Dr D Juan Cruz Ruiz de Cabanas, por la gracia de Dios 3- de 
la Santa Sede Apostólica Obispo de Guadalajara, nuevo Re3'no de Ga- 
licia, del Consejo de S. M. &c. &c. 

Edicto haciendo extensiva á su Diócesi la excomunión fulminada contra Hidalgo por 
el Obispo electo de Valladolid, Inquisición y Arzobispo de México. Fechado en Guadala- 
jara á 24 de Octubre de 1810. 

Hernández y Dávalos. Tomo II, pág. 182. 

9. Carta Pastoral. 

Nos el Doctor D Juan Cruz Ruiz | de Cavañas, por la gracia de Dios 



33 

3' de la | Santa Sede Apostólica Obispo de Guadalaxa- | ra en el Nuevo 
Re3'no de Galicia, del Con- | sejo de S. M &c. | A nuestros muy amados 
curas, y á todos los Eclesiás- \ ticos y Fieles de ambos sexos de nuestra 
cara Gre3-, sa- | lud paz y gracia en nuestro Señor Jesucristo. 

En 4-° — () hojas sin numerar. — Dada en Guadalajara el -í de Abril de 1812. Se lamen- 
ta de la forzada separación de su Diócesi, en que se había visto; condena la insurrección 
y ordena se preste la debida atención á sus edictos. 

B. del Autor. 

10. Edicto. 

Nos el Dür D. Juan Cruz Ruiz de Cava- | ñas por la gracia de Dios y 
de la Santa Sede Apostoli- | ca Obispo de Guadalaxara, Nuevo Reyno de 
Galicia, del | Consejo de Su Magestad &c 

Dado en la ciudad de Guadalaxara á quince de | septiembre de mil ocho- 
cientos y doce años, firmado ¡ sellado 3- refrendado según estilo=Juan 
Cruz, obispo de Guadalaxara=Por mandato de S S Illmá el \ Obispo 
mi señor=Dr. Toribio González, secretario. 

Edicto relativo al culto de la Santa Cruz. 

Tomado de «El Telégrafo de Guadalaxara» de 22 de Octubre de 1812. 

B. Pública de Guadalajara. 

11. Edicto. 

Nos el Dr D Juan Cruz Ruiz de Cavañas por la | gracia de Dios 3- de 
la Santa Sede Apostólica Obispo de Guadala- | xara Nuevo Re3-no 
de Galicia del Consejo de su Alagestad &c. 

En fol. 7 hojas sin port. ni pie de inipr. ni núm. Edicto dado en Guadalajara el 9 de 
Octubre de 1813, ordenando el cumplimiento del art. 12 de la Constitución. 
B. del Instituto «San José" (Guadala'ara). 

12. Edicto. 

Dado en Guadalajara á 15 de Abril de 1815. En ese edicto se inser- 
ta el Decreto relativo al restablecimiento de la Inquisición. 

B. del Instituto «San José» (Guadalajara). 

13. Carta Pastoral. 

Nos el Dr Don Juan Cruz Ruiz de Cabanas | por la gracia de Dios y 
de la Santa Sede Apostólica Obispo | de Guadalaxara Nuevo Re3-no de 
Galicia del Consejo de | su Magestad &c. | A nuestro Venerable Clero 
secular y regular y á todos los fieles de | nuestra Diócesi salud 3' gracia 
en nuestro Señor Jesucristo. 

Fol. 16 págs. Dada en Guadalajara á 3 de Septiembre de 1815, contra los revolu- 
cionarios. 

B. del Seminario Mayor (Guadalajara). 

14. Carta Pastoral. 

Nos el Dr D Juan Cruz Ruiz de | Cabanas, por la gracia de Dios y de 
la Santa Sede | Apostólica, Obispo de Guadalaxara, nuevo Re3'no 

An.vles. T. IV.— ó. 



34 

de Galicia del | Consejo de su Magestad, y Caballero Gran Cruz de la 
Real Orden | Americana de Isabel la Católica &c. 

Fol. 7 hojas sin portada, ni pie de imprenta. Pastoral dada en Guadalajara á 4- de 
Agosto de ,1820, transcribiendo los decretos de las Cortes que mandan suprimir el 
Tribunal de la Inquisición. 

B. del Instituto «San Joséi (Guadalajara). 

15. Circular. 

Señor | El Exnió. Sr, D. Antonio Porcel, | Ministro de la Goberna- 
ción de Ultra- | mar, me coinunica con fecha de -t de Ma- | yo de este 

año la Real orden que sigue 

Guadalajara Se- | tiembre 19 de 1820 ¡ Juan Cruz Oliispo de Guadala- 
jara. 

Fol. 2 hojas sin portada ni pie de impr., v. en bl. En esta circular se inserta el Real 
decreto que ordena se explique á los fieles la Constitución. 
B. del Instituto «San José» (Guadalajara). 

16. Edicto. 

Nos el Doctor Don [ Juan Cruz Kuiz de Cabanas por | la Gracia de 
Dios y de la Santa Sede Apos- | tólica Gbispo de Guadalajara, y Caba- 
llero I Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel ¡ la Católica &c. | 
A todos los fieles de ambos sexos de luiestra Dio- | cesis salud paz y 
gracia en nuestro Sr Jesucristo. 

En 4'?, sin port. 13 págs. Edicto relativo .al ayuno. Está dado en Guadalajara. á 2 
de Marzo de 1822. 

B. del Seminario Mayor (Guadalajara). 

17. Casos y Censuras. 

Nos el Dr. D. Juan Cruz Ruiz de | Cabanas jior la Gracia de Dios y 
de la Santa Sede Apos- | tolica. Obispo deGuadalajara, Limosnero Ma- 
yor de S M y I Caballero Gran Cruz de la (Jrden Imperial de Atni | Se- 
ñora de Guadalupe y Canciller de la Misma. 

Fol. Sin port. ni pie de impr. Sólo se conservan las 8 primeras páginas del ejem]5lar 
que conocemos. 

B. del Instituto «San José» (Guadalajara). 

1 S . Declaraciones y Prevenciones 

Dado en la Santa Visita de Teocaltiche á 2 de Noviem- 
bre de 182-1-. — ^Juan Cruz Obispo de Guadalax.a 

En folio. 

B. del Instituto «San José» (Guadalajara). 



ó) 



XXII. 



ADICIONES. 

Ya escrito lo anterior hemos tenido ocasión de reco<;eral<innos nue- 
vos datos, fiue vamos á dar á conocer en esta parte adicional, á fin de 
que el humilde trabajo (|ue estamos publicando cjuede lo más completo 

]3osiljlc: 

1. El limo. Sr. Cabanas contriljuyó con crecidas sumaspara la edi- 
ficación del c'ictual Santuario del Corazón de Jesús de Alexticacan. En 
la Sacristía de dicho Santuario se ha conservado hasta el jircsente un 
retrato del Prelado I)icnhcchor. 

2. Por mandato del limo. Sr. Cabanas, se construyó en la Bufa de 
Zacatecas, junto al Santuario de la X'iriicn i)atrona del luj;ar, la casa 
denominada «El Hospicio,» la cual comenzó á taliricarse en el mes de 
Mayo de 1SU5. 

Acerca de esto, nos dice el limo. Sr. Veres: ((SÍL;uieudo el ])lano (|ue 
S. S. 1. (Cabanas) ajiroljó en carta escrita al Presb. Don Martín .\ntonio 
de Azconobita, Ca})ellán de la Bufa, el día 1-í de Abril del expresado 
año de l!S05 se destinaron jjara la familia del sacristán las ]3Íezas ([ue 
para habitación del capellán había construido el P. Bezanilla al Norte 
de la cjue da entrada á la ante-S£icristía, y se cdií.có á continuación de 
ésta y de la sacristía un departamento independiente del del sacristán 
C|ue debería servir para Casa de Ejercicios, coni])uesto de cinco cuartos 
muA' amijlios y un patio con dos corredores, en comunicación con la 
ante-sacristía. Al (oriente de los anteriores y dando vista al Sur la fa- 
chada, se fabricó) otro dejiartan.ento de 02 varas de frente jxjr -ÍG^A de 
fondo, c(/n tres patios, algunas piezas jiara huéspedes, tres habitacio- 
nes para otros tantos capellanes, cada una con sala, alcolja, comedor 
y cocina y otros cuartos más para los sirvientes. En el patio ]3rincii)al 
que tiene 21 varas en cuadro, se hizo un corredor por cada lado, tle 4- 
varas de ancho, prolongando hacia el Poniente el del lado Norte hfista 
encontrar el cjue se levantó del mismo lado en el patio del departamen- 
to destinado ])ara los ejercitantes. En el sejíundo jjutio se construyó 
un al.^iljc de 12 varas de largo y QV2 de ancho cjue tuvo de costo cerca 
de dos mil pesos; y en la fachada del edificio im corredorde62 varas de 
largo ])or 5 de ancho con quince arcos. La fábrica se terminó en Octu- 
bre de ISIO y costó de veintidós mil á veintitrés mil pesos hal)iendo di- 
rigido las obras, D Francisco Ignacio de Minez, cpiien formó los dos 



3f> 

planos que se mandaron al limo Sr Cabanas en Febrero de 1805 pa- 
ra que S. S. 1. designara el cjue deliía ejecutarse si alguno de ellos mere- 
cía su aprobación.» i 

Este Prelado era tan devoto de la Virgen del Patrocinio en la Ima- 
gen venerada en el Santuario de la Bufa, (lue permaneció en él todo el 
día 4- de Octubre de 1796 y le visitó también la mañana del 7 de Sep- 
tiembre de 1798; erigió canónicamente sus capellanías y prove^-ó se 
publicasen las gracias con cjue lo enriqueció la Santa Sede el año de 
1800. 2 

Según dice el limo. Sr. Veres Acevedo, en la Visita Pastoral que 
practicó el Sr. Cabanas, en Septiembre de 1798, concedió se continuase 
celebrando misa en el Santuario, á condición de que el Capellán hicie- 
se «una breve explicación de la doctrina cristiana después del Evange- 
lio en los Domingos y días de fiesta entera, en estilo claro y acomoda- 
do á la capacidad de los asistentes, bajo la pena de diez pesos qtie esta- 
ría obligado A pagar por el mismo hecho defaltar á ella; 3' que, avisado 
Su Señoría Ilustrísima de la omisión por el Cura Vicario, A quien sobre 
esto hace particular encargo, se procedería á lo que hubiese lugar por 
derecho y se revocaría desde luego la licencia.» 3 

Los cinco primeros capellanes del Santuario, después de su restaura- 
ción en 1795, fueron nombrados por el limo. Sr. Cabanas. Los nom- 
bres de estos sacerdotes son: Br. Mariano de Bezanilla, Br. Martín An- 
tonio de Azconobieta, Cosme Hinojos, Donaciano Cayetano Rodríguez 
\' Martín Antonio de Azconobieta (seg^mda vez). 

3. Durante el pontificado del limo. Sr. Cabanas se concedió, por 
real cédula de 22 de Septiembre de 1807, la provisión de las tres canon- 
gías, dos raciones y dos medias raciones que faltaban en la Catedral 
guadalajarense para llegar al número de prebendas de su erección, ó 
sea, á 5 Dignidades, 10 Canongías, 6 Raciones y 6 Medias-raciones, -i- 

4. Del «Canon Cronológico razonado de los Gobernantes de Jalis- 
co» tomamos lo sigTiiente: 

«Residía en 1818 en el Palacio de los Presidentes de la Nueva Gali- 
cia, el que á la sazón tenía ese carácter y el de Jefe Superior Político de 
la Provincia, el General Don José de la Cruz; y frente á la habitación 
de este alto funcionario, en la casa situada en la esquina oriente de la 
cuadra del Palacio Municipal, vivía la viuda del español Rubín de Ce- 

1 Veres .\cevedo. — El Santuario de la Bufa, extramuros de la ciudad de Zacatecas. 
— Historia de la Sagrada Imagen de Nuestra Señora del Patrocinio pág. 221. 

2 Así lo dice la inscripción del retrato del Sr. Cabanas que se conserva en el Santua- 
rio de la Bufa. En la XX parte de esta Biografía puede verse la inscripción completa. 

3 Obra citada, págs. 260 á 262. 

4 Pueden verse los documentos relativos á este asunto en la Sección Histórica del 
Tomo VHI del «Boletín Eclesiástico y Científico del Arzobispado de Ou.-idalajara,» donde 
acaban de ser publicados por el Sr. I'bro. Lie. D. Francisco O. .\lemán. 



37 

lis, señora llena de encantadora belleza. El General Cruznopiido resis- 
tir á los atractivos que de continuo, se puede decir, tenía á la vista; 
requirió de amores á la dama y ella no se le mostró insensible; y por 
tanto de balcón á balcón, calle de ])or medio, cjue diría un notario, se 
entabló sabrosa y continuada jilática; tan sabrosa y continuada, (jue 
llegó á ser el palillo de dientes de las conversaciones de toda la <ícnte 
de la ciudad, y hasta lleiró á los oídos del ilustre obispo Don Juan Cruz 
Kuiz de Cabanas, que gobernaba en aquella época la diócesis. 

«Apenas este Prelado tuvo informes verídicos de lo que pasaba en- 
tre el Sr Crviz y la Sra Ortiz Viuda de Celis, se dirigió á la casa de la 
última, y desde allí mandó llamar con premura al Sr Jefe Político, con 
quien llevaba cordiales relíiciones de amistad. Acudió luego este señor 
al llamamiento llevando consigo á sus ayudantes; y apenas entró al 
salón en que el obispo le aguardaba, el Sr Cabanas le manifestó que 
siendo la primera avitoridad de ki Provincia, tenía que dar buen ejem- 
plo á todos sus habitantes; que era grave el escándalo que daba á toda 
la ciudad con sus amores, y que, por lo mismo, no le cabía más recurso 
para satisfacer tal escándalo, (|ue casarse inmediatamente con la bella 
viudita. 

«En vano Cruz objetó (jue no jjodía dar ese paso sin el real consen- 
timiento; el obispo le respondió c|ue él cargalia con toda la responsabi- 
lidad. En vano que el mismo General alegara que no se llenarían los 
requisitos que ]Dreceden al matrimonio; el obispo dijo qvie los dispensa- 
ba. En vano, por último, que el afligido Cruz opusiera fiue no había 
testigos; el obispo le señaló á los familiares y ayudantes C[ue esperaban 
en la antesala. No hubo remedio: el matrimonio se efectuó.» ^ 

Acerca de este asunto, el distinguido historiógrafo Juan B. Iguíniz, 
con fecha 14 de Junio de 1909 dio á conocer desde las columnas de «El 
Regional» un interesantísimo documento que encontró al revisar el 
Archivo del Sagrario Metropolitano de Guadalajara, en el librode Ma- 
trimonios marcado con el número 21. 

Dicho documento está concebido en estos términos: 

«Digo yo el Dr D Jacinto Martínez Cura Rector de esta Santa Igle- 
sia Catedral de Guadalajara, que en veinte de Julio de mil ochocientos 
diez y nueve recibí el siguiente Sviperior Despacho de mi Exmo é Ilustrí- 
simo Prelado con el certificado al calze del Sc^r, su Srio. de Cámara y 
Goviemo que en él se cita. 

«Nos el Dor Juan Cruz Ruiz de Cabanas, por la gracia de Dios y de 
la Santa Sede Apostólica, Obispo de Guada Nuevo Reyno de la Galicia 
del Consejo de su Magd. y Caballero Gran Cruz de la Real om Ameri- 
cana de Isabel la Católica etc. — Hacemos saver al Cura Rector del Sa- 
grario de Nuestra Santa Iglesia Catedral como con vista de las diligen- 
cias Matrimoniales practicadas ante nos mismo y en nuestra Secreta- 

1 SaiUnscDy. ( )l)i-;i citada, páu. '.il . 



38 

ría pnra el cine intentan contraher de la una parte el Exnio. Sor. D. 
Josef de la Crvtz natural de la Ciudad de Salamanea en España, hijo le- 
"iítinio de los Sres. D. Francisco de la Cruz 3- Doña María del Pilar 
Fernández, Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos, Caballero Gran 
Cruz de la Real om Americana de Isabel la Católica, Presidente de la 
Real Audiencia, Govemador y Comandante General de esta Provincia 
de N. G. etc., y de la otra la Sra. Doña Juana Ortiz de Rosas, natu- 
ral del Real Rosario en la Provincia y Obispado de Sonora é hija legíti- 
ma de D. Juan Francisco Ortiz de Rosas, Contador Oficial Real que fué 
de las Caxas Reales de esta Capital, 3- de Doña María del Carmen Iba- 
ñes de la Barrena ya difuntos proveímos un Decreto cuyo tenor es á la 
letra el siguiente — Guadalajara Julio cíitorce de mil ochocientos diez y 
nueve — Vistas estas diligencias practicadas en comprobación de la li- 
vertad y soltura del Exmo. Sor. D. Josef de la Cruz Presidente y Co- 
mandante General de esta Provincia y por lo mismo de nuestra Juris- 
dicción Eclesiástica Castrense y de la Sra. D' Juana Ortiz de Rosas c[ue 
lo es de nuestra Jurisdicción Eclesiástica ordinaria las aprovamos y 
declaramos laastantes para el matrimonio que en virtud de la Real li- 
cencia de veinte 3' dos del último Febrero comunicada por el Exmo Sor 
Virrej' de estos Dominios en oficio del diez y seis del próximo pasado 
Junio intentan contraer. En consecjuencia y en vis(ta)de las facultades 
cjue nos competen dispensamos al expresado Exmo Sor D Josef de la 
Cruz _v á la referida Sra. D" Juana la(s) moniciones conciliares para que 
ni antes ni después del matrimonio se publiquen Y mandamos t|ue jire- 
ccdiéndose por nos mismo á la celebración del Santo Sacramento del 
matrimonio en la forma dispuesta ]jor la Iglesia y librándose Despacho 
al Cura Rector de Nuestra Santa Iglesia Catedral con inserción de esta 
Providencia y con certificación á svi calce que se deberá extender por 
nuestra Secretaría con expreción del día, solemnidad 3- lugar 3- hora en 
que presenciíimos el matrimonio. Se guarde por dho Párroco el expre- 
sado Despacho en su respectibo Despacho digo Archivo y la partida de 
Matrimonio se siente como es debido en el Libro á donde corresponda 
á su Excelencia Ilustrísima lo decretó 3- firmó — El Obispo de Guadala- 
xara — Ante mí — Dor. Toribio González — Secretario — Y ¡lara que lo 
contenido en el citado Decreto tenga su debido 3- puntual cumplimiento 
mandamos dar 3- dimos el presente en la Ciudad de Guadalajara á ca- 
torce días del mes de Julio de mil ochocientos diez y nueve años— Juan 
Cruz Obispo de Guadalaxara — Por mandato de S. E. I. el obispo mi 
Sor — Dor Toribio González — Secretario» 

«El Dor. D Toribio (ionzález Prevendado de esta Santa Iglesia Ca- 
tedral 3' Secretario de Cámara y Goviemo del Exmo é limo Señor Dr 
Juan Cruz Ruiz de Cabanas Caballero Gran Cmz de la Real Orn Ame- 
ricana de Isabel la Católica del Consejo de S. M. dignísimo Obispo de 
esta Diócesi de N. G. etc — En cumplimiento de lo mandado en el Supe- 
rior Despacho que antecede Certifico: Que ho3' día de la fecha como á 



39 

los tres (juartos pt'ira las siete tle la mañana, píisú su Exceleneia Ilus- 
trísima jiersonalmcnte al Real Palacio de esta Capital y en imo de los 
])rinci])ales salones del mismo decorosamente jireparado y adorn.'ido 
casó _v dio las (sic) con arreglo á las disposiciones y Rito de hi Iglesia al 
Exmo. Sr. Presidente de esta Real Audiencia, Gobernador y Coman- 
dante General de esta Provincia D Josefde la Cruz y á la Sra D'' Juana 
Ürtiz de Rosas hija legítima del finado Contador de la Tcsorerúi de 
Real Hacienda de esta Capital D Juan ( )rtiz de Rosas y de D"' María 
del Carmen Ibáñez de la Barrena: One en el acto de celebrar el matri- 
monio asistieron á su Excelencia Ilustrísima revestidos de Capa los 
Sres Dean de esta Santa Iglesia Licenciado D. Pedro Dias Escandon y 
Tesorero de la misma Provisor y Vicario y gral de este Obispado Dor. 
D Juan Jüsef Alartínez de los Ríos y Ramos quienes también continua- 
ron la propia asistencia en el Santo Sacrificio de la Misa que inmedia- 
tamente después del Matrimonio celebró su Exceleneia Ilustrísima. 
yue á estos actos religiosos concurrieron y se hallaron los Sres Oj-do- 
res y Fiscales de esta Real Audiencia Dos Dignidades, Dos Canónigos 
y Dos Prevendados de esta Santa Iglesia Catedral, Los Ministrcis de 
Real Híicienda, Los Alcaldes, tres Regidores del Ihistrc Ayuntíimicnto, 
el Señor Prior y Cónsules del Real Tral. del Consulado todos los Xefes 
militares, y varios oficiales de los Cuerpos de Tropa, todos Xefes de 
oficinas de S. M 3'. varias personas principales y sujetos distinguidos 
de esta Capital. Y haviéndose concluido todo como á las ocho de la 
mañana repitió S. E. I. vervalmente la orden (|ue por Escrito tenía da- 
da en el presente Despacho para que ¡niesta esta, esta (sic) Certifica- 
ción en debida forma se pasase como está prevenido al Cura del Sagrario. 
En testimonio de lo cual doy la ])resente en la Ciudad de Guadídaxara 
á diez y nueve días del mes de Julio de mil ochocientos diez y nueve (jue 
firmé con su S. E. I. y de su orn de que doy fe. — El Obispo de Guadala- 
xara — Dor Toriljio González — Secretario Y en cumplimiento le inan- 
dé copiar en este Libro y lugar y original (jueda custodiado en este 
archivo de mi cargo en el lugar correspondiente.» 



TAMOANCHAN. 



ESTUDIO ARQUEOLÓGICO É HISTÓRICO, 
POR LOS SrES. 

Pablo Hennino, Arzoiíispo D. Francisco Plaxcarte, 
Lie. D. Cecilio A. Róbelo 

Y 

D. I'iíURo González. 



AXALES. T. I\'. — 0. 



^3 







La región misteriosa que lleva este nombre, y que se menciona tan- 
tas veces en códices y por historiadores, es uno de los problemas de la 
arqueología americana, cuya solución se ha ensayado sin que los resul- 
tados obtenidos pudieran llamarse satisfactorios. ElSr. Beyer cree f|ue 
esta región se puede identificar con la vía láctea; Preuss ve en ella el inte- 
rior déla tierra; y Lehmann opina c|vie esel globo terráqueo en su tota- 
lidad, i Hay, pues, vma diversidad de opiniones completa. La mejor so- 
lución, según nuestra opinión, es siempre la del Sr. Séler, que no pierde 
de vista que en la antigüedad el nombre Tamoanchan se aplicaba á va- 
rias localidades distintas y (|ue, por lo mismo, sería erróneo el querer li- 
mitar su significado á una sola. ~ En efecto, es posible distinguir tres 
regiones de este nombre; sin embargo, las aplicaciones de él, ó descansan 
en una idea fundamental, común á todas ellas, y parece que ésta predo- 
minó átal grado, que las circunstancias especiales que diferencialDanun 
Tamoanchan del otro, desaparecían; ó estas diferencias entre uno 3- 
otro Tamoanchan eran tan liien conocidas, que el simple contexto era 
suficiente para hacer ver de cuál de ellos se trataba. Por supuesto ([ue 
]jara nosotros el asunto no se jiresenta tan sencillo, puesto qtie precisa- 

1 Cf. Hermán Be\-er, Tamoanchan, das alt mcxikanisohc Paradies, .\nthropos, Wicn. 
190.S. Band 3, Heft 5, 6; pág. 870. 

2 Cf. Séler, Codex Borgia. Berlín. i;i0-l-1906. 



44 

mente los pormenores que se sobreentendían para poder solncionar es- 
te problema, necesitamos conocerlos. 

Como lo ha demostrado el Sr. Séler, Tamoanchan significa «casa de 
descenso» (del cielo), i y como en ésto los antiguos veían xma faz de la 
existencia htimana que precedía al nacimiento carnal en la tierra, ó lo 
fundamental para ver la luz en este mundo; esta frase llegó á ser para 
ellos xm equivalente de «nacer,» «ver la luz del mundo.» Pero aquel des- 
censo del cielo ó nacimiento espiritual, como nosotros lo llamaríamos, 
estaba en manos de Ometecuhtli y Omecihuatl, es decir, de los dioses 
de la generación por excelencia, los que residían en el más alto de los 
cielos; por consiguiente allí estaba también el primer Tamoanchan. A 
éste le podríamos llamar el Tamoanchan teológico. Pero á más de éste 
había otros dos que, á juzgar por los datos que acerca de ellos nospro- 
porcionan los historiadores, merecen el nombre de terrestres ó históri- 
cos, y parece que se colocó el primero de ellos al poniente de las Améri- 
cas, al otro ladodel mar, en Chiconauhapan ó Chiconauhtlan; el otro 
en el continente Sud— americano, en Xochitlauaca, AmiljjampanXotchi- 
tlalpan. Acerca del uno dicela tradición maya: - «Esta es la serie de los 
Katunes desde que fué la partida de la tierra, de la casa Nonoval, en 
donde estaban los cuatro Tutvil Xiuh, en Zuiva, en el Poniente. Vinie- 
ron ellos {los cuatro Tutul Xiuh) de la tierra Tulapan Chiconahthan 
(Chiconauhtlan= la tierra de los nueve ríos»). Y dice la tradición Cakchi- 
kel acerca del segundo: 3 «Cuatro hombres vinieron de Tulan. Donde se 
levanta el sol es un Tulan, y uno es en Xibalbay, y uno es donde se po- 
ne el sol, y uno donde se halla Dios. Por consiguiente hay cuatro (luga- 
res del nombre de) Tulan, dicen ellos, ó hijos miestros, y donde se pone 
el sol venimos de Tulan, del otro lado del mar, r á nuestra llegada en 
Tulan vimos la luz; viniendo de allá fuimos engendrados por nuestras 
madres y nuestros padres, como dicen ellos.» Se ve en estas descripcio- 
nes que el primer Tamoanchan histórico estaba en un lugar al otro la- 
do del mar, al poniente de las Américas; el otro, en este continente mis- 
mo, en el lugar de donde tomó origen la raza de estos Tutul Xiuh, Tula, 
nos ó Toltecos. 

Ahora bien, es este último Tamoanchan del cual pensamos ocupar- 
nos más detenidamente acjuí, siendo el pinito que respecto de él más nos 
debe preocupar, si cuanto de él se dice es mito, ó si debe considerársele 
como hecho histórico. La tradición cakchikel, como vimos, le da carác- 
ter completo de este último; pero si del punto de vista no indígena se 
le puede considerar como tal, es otra cuestión. Por desgracia, la ar- 
queología, que nos debía ayudar para cercioramos de punto tan inte- 
resante, está mu^- lejosde penetrar en los tiempos deeste Tamoanchan, 
tierra de nacimiento primordial americano; sin embargo, hay fjue conce- 

1 Cf. Séler, Codex Bor^ia. Berlín. 1904.. Tomo I, p. 184-. 

2 Maya Chronicles. Brinton, Phil. 18,S2, p. 100. 

3 Cakchikel-Aiinals. Brinton, Phil. lSsr>, p. (58. 



45 

der qvielos cuantos datos c|iic existen para elucidar el prohlenia de este 
Tamoanehan, tienen tendencia conijiletamente histórica. 

Según las dos tradiciones citadas, hay correlación con los d os Tamoan- 
chan terrestres entre cuatro lugares del nomlire de Tulan. estando dis- 
tribuídíís éstos de tal modo, (|ue dos de ellos, Tulan Tulajjan y Tulan 
Zuiva se hayan en terrenos del Tamoanehan Chiconauhtlan, es decir, 
del otro lado del mar, al jionicnte de las Américas. Tratando de deter- 
minarlos por medio de la tradición cakchikcl, obviamente, el Tulan Zui- 
via del Poniente de la tradición maya es idéntico al Tulan llamado 
en aquella, «de la puesta del sol;» el otro, Tulan Tulapan, cuyo nombre 
determinativo parece ser un paralelo al nombre Mazapán, cai)ital anti- 
gua de los Mayas en la península yucatecíi, fácilmente se llamó así por 
ser la capital antigua de los Tidanos ó Toltecos de ultramar; allí tam- 
bién habrá estado la casa ó templo llamado en la tradición maya Nono- 
val; pero si se hallaba allí el templo, estaría allí también el dios á quien 
este fué dedicado, y entonces Tulan Tulapan de la tradición maya no 
es otro que el de la tradición cakchikel llamado «donde está Dios.» En 
cuanto á los otros dos Tulan, estaban en el continente americano mis- 
mo, por las consideraciones siguientes: Corresponde el primero de ellos 
á la tierra natal, original de las tribus americanas, por la razón de que 
se llama Tulan «déla salida del sol.» Significa ésto, no como pudiera 
creerse que este Tulan estaba situado en Oriente, aunque por cierto los cua- 
troTutul Xiuh viniendo del Oeste, indefectiblemente tenían (jue abordar en 
vin lugar al Oriente del punto de su partida, sino como en el habla indi, 
gena «sol» y «era histórica» son sinónimos, el nombre de este Tulan, in- 
terpretado debidamente significa: «Lugar donde nació el solóla erahis- 
tórica, donde tuvo ésta su principio.» Tratándose ac[uí de Tíllanos ó 
Toltecas, la era mencionada no puede haber sido otra que la délos Tol- 
tecas primitivos en este continente, y como, en efecto, se les llama á és- 
tos los primeros jiobladores de la América, este Tulan «de la salida del 
tol» resxilta necesariamente idéntico con el Tamoanehan americano, la 
sierra natal, original de las tribus americanas. 

Yuxtapuesto al primer Tulan americano se encuentra otro llamado 
Tulan Xibalba}', el cual desde luego se distingue de su compañero por 
el hecho de que no puede haber sido la tierra natal, original de las tribus 
americanas, por haberlo sido aquél. Como, además, está determinado 
por vm nombre, Xibalbíiy, que resulta ser puramente geográfico, tam- 
poco estaba situado en la misma región que aquél; además, siendo Tu- 
lan «déla salida del sol» incuestionablemente el más antiguo de los dos, 
Tulan Xibalbay, en cuanto á tiempo, ha de ser más reciente. En efecto, 
se confirman todas estas teorías examinando el caso im poco más deta_ 
lladamente. Así porejemplo, llama Ixtlilxochitl i á los fimdad ores del im. 
perio tolteco, cu^'a capital fué la Tula, hoy día, del Estado de Hidalgo, 

1 Cr. IxtlilxiK-liitl. México. ISin. Tercera Relación, p. 29. 



46 



y cuyo reino confinaba con los Chichimecos en el Norte, «Huehuetlapa- 
laneca,» es decir, «los que habían venido del Norte;» como, además, su 
fundación cae en el siglo VIII de nuestra era y por consiiruente es muv 
reciente, sin duda alsruna es éste el Tulan Xiball)ay de la tradición cak- 
chikel. Pero resulta entonces que el autor de la tradición cakchikcl 
estaba iierfectamente orientado, saliendo sus declaraciones acerca dees- 
te Tulan, del todo exactas. Ahora bien, si esto lo era en imo de los dos 
casos, no hay motivo para creer que no lo haya sido también en el otro. 
Además, como, sin duda altíuna, cierto principio han de haber tenido 
las tribus americanas en este continente, es bien proljídile que la infor- 
mación que tuvo respecto de él sea del todo fidedicrna, óen otros térmi- 
nos, de carácter netamente histórico. Por consijíuiente, cada dato que 
resulte con respecto al Tulan «de la salida del sol,)) será aplicable desde 
luejío al TamoanchanXoehitlauaca, Amilpampan Xochitlalpan, jjroce- 
dimiento tanto más justificable, cuanto ([ue la identidad precitada está 
confirmada ])or toda una serie de datos adicionales c|ue en seguida jire- 
senta remos. 

Por ejemplo: el Tainoanchan 
americano en los códices se repre- 
senta frecuentemente por medio de 
un árbol, cuyo tronco, en la mayo- 
ría de los casos, está roto, eviden- 
temente, para dar á entender que 
ya no está en pie; que las institu- 
ciones ó la época que representa 
pertenecen á un pasado lejano. 
(Fi,ií. 1.) Extraña, sin endjar^o, 
por qué para simbolizar aquel le- 
jano Tamoanchan los indígenas se 
valían de un árbol; hay aquí pre- 
cisamente un problema que está 
todavía para solucionarse. Cree 
el Sr. Beyer C|ue como los antiguos 
veneraban los astros, este árbol de- 
bía identificarse con el árbol celes- 
tial de la vía láctea, l sin embargo, 
no es posible aducir á favor de semejante teoría declaración de historia- 
dor alguno que la justifique. Por lo contrario, la opinión de los cronistas 
indígenas, respecto de este árbol, es del todo distinta. Así dice, por ejem- 
plo, el \-a citado cronista maya: «Esta es la serie de los Katunos desde 
que sucedió la partida de la tierra, de la casa Nonoval, donde estaban 
los cuatro Tutu! Xiuh, en Zuiva, en el Poniente. Vinieron de la tierra 
Txdapan Chiconahthan.» Acjuí tenemos una explicación de este siml)o- 




Coi TeU»riancjRem«nc.í Pag . 1 9. 

Fio. 1. El .\rbol de Tamoancha.v. 



1 Cl. HeriDan lieyer, tibr.T cit.. p. 871. 



47 






lisuio, como luí'is clara no la podemos desear, siendo el termino ((ue la 
encierra el de Tutiil Xiiih, nombre de los cuatro individuos venidos de 
'rula])an de los nueve ríos á las costas de América. Su etimolo,i;ía es la 
si.siuiente: Tutul es reiterativo deTvd, maya, por estar lleno, rebosar, por 
estar repleto, ehorreíir, tíotcar. Xiuh significa árbol, mata, \- porconsi- 
.¡iuiente, Tutul Xiuh, árbol ([ue chorrea, (|ue .uotca. Lo que asociaban 
con este cuadro extraño los mayas á primera vista no se comprende; 
sin embarco, encontramos como variante cakchikel, j)or Tutul Xiuh 
Tutul Cu, con la interpretación «échese derrame,» l expresión (jue Pío 
Pérez, en su vocabulario maya, da 
como equivalente de los términos 
I)ertenecientes á este idioma «ixin- 
té 3' molixinté.n Estas dos palabras 
contienen la clave del problema, 
]iorque ixinté, ó también iximché, 
sifinifica «el árbol teta de mujer,» 
«árbol chichihua,» y «mt)lixinté,» 
«árbol nodrizot|ue alimenta.» A su 
vez tiene paralelo este último tér- 
mino entre los Nahoas encontrán- 
dose con ellos el así llamado chi. 
chihualquauitl,» «árbol nodrizo,» 
pintura del folio tres del Códice 
Ríos, el (|ue, como demuestra la 
ilustración, evidentemente fué lla- 
mado así porque de sus hojas, al- 
jíunas de las cviales tienen forma 
lie teta de mujer, estaba goteando leche, alimentando un número de 
criaturas sentadas alrededor de su tronco. (Fig. 2.) 

Siendo Tutul Xiuh sinónimo de Chichihual(|uauitl,yla función dees- 
te último la cjue expone el Códice Ríos, indudíiljlcmente tuvo la misma, 
entre los mayas, el Tutiil Xiuh, y efectivamente es otro nombre del ár- 
l)ol referido en aijuel idioma yaxché, «el árl)ol ])or excelencia,» «el árbol 
original, jirimero,» el mismo, en fin, que el autor del Isagoge Histórico 
describe diciendo que «era un árbol que en mitad de la siesta, por más 
que ardiese el sol, daba ima sombra muy fresca con im rocío delga- 
dot|uc ídegraba el corazón.» - Por otra parte, la idea decste árljolyde 
su función no era, según la tradición maya, de origen nctamenta ameri- 
cano, sino (|ue como los cuíitro hombres fun(huU)res de la raza tolteca 
llamados Tutul Xiuh vinieron del otro lado del mar, seguramente se 
quería decir (|ue eran sacerdotes del culto relacionado con este árbol 
y c|ue lo trajeron déla tierra, de la casa Nonoval «donde está Dios,))á es- 

1 Vocalnil.-irio Cakchikel de Sta. Lucía Cot^'uinalhuapa, Guatemala. Lib. inédito 
en posesión del rrof, I>r. Otto Sttoll, Zuricli; copia en la del autor. 

2 Madrid, ItSUl.', pp. 402, 403. 




FlG '2. líl. CniClllIUAl.nr.VlITL. 



48 

te continente para introducirlo en su nueva jjatria el Tulan «de la salida 
del sol.» Pero si era éste el lugar donde tomaron su origen las tribus 
americanas primitivas y ésta la religión á cuya sombra se desarrolla- 
ron, entonces era perfectamente natural asociar su tierra natal Ta- 
moanchan, como lo hacían con el árbol original ó de la vida; por con- 
sigTiiente, este simbolismo es una ]3rueba más de C[ue efectivamente es- 
te Tamoanchan \- el Tulan «de la salida del sol» son idénticos: tan his- 
tórico el uno como el otro. 

Hemos llamado natural que los americanos antiguos simbolizaran 
el Tamoanchan, la tierra natal común, por medio del árbol primero 
original Chichihualquauitl; entonces, para ser consecuentes, deben ha- 
berse considerado ellos mismos tanto hijos del uno como del otro. Y 
así sucede efectivamente. De los Tolteca nos dicen Sahagún é Ixtlilxo- 
chitl, que su nombre verdadero había sidoChichimeca, yquedetal nom- 
bre se preciaban; ^ querían con esto indudablemente indicar el verda- 
dero significado de Toltecatl, (jue sin i)üsibilidad de equivocación es 
mamón, criatura que se alimenta de leche, lo mismo que chichimeca, cu- 
ya íntima relación con chicliihualc|uauitl s;dta á la vista. Siendo el 
Chichihualquauitl, en maya, el Tutul Xiuh, claro está que entre Tolte- 
catl y Tutul Xiuh originalmente había la misma relación que en ná- 
huatl entre Chichimec y Chichihuakiuauitl; la idéntica interdependen- 
cia se nota, además, entre el árbol de la vida, el árbol primero, original, 
3^ los nombres de mtiehas otras de las naciones antiguas civilizadas. 

Consideraremos, por ejemplo, el origen y nombre de los Za])otcca. 
Respecto del primero, dice Burgoa - que algunos de ellos, para jactar- 
se de su valor, se decían hijos de leones y de diversos animales feroces; 
otros, señores de linaje antiguo, fueron producidos por los árboles de 
más tamaño y sombra; mientras (|ue otros, de carácter duro y obsti- 
nado, eran descendientes de las rocas, etc. Se ve qvie los señores de lina- 
je antigtio descendían de aquellos árboles primitivos, indudablemente 
los cuatro Tutul Xiuh de la tradición maya, 3- ese parentesco está ex- 
presado también en el nombre de este pueblo. Se deriva Zapoteeatl evi- 
dentemente del zapote, símbolo del árbol de la vida de esta tribu; aho- 
ra bien, zapote es una palabra de filiación ma^-a, debiendo leerse real- 
mente zaepohté, árbol que da una coagulación blanca, «el chicle.» Za- 
poteco, pues, como non^bre de tribu, no es otra cosa que un sinónimo de 
Tultecatl \' Chichimecatl. 

Otra tribu, que sin duda alguna pertenecía á los adoradores del ár- 
bol de la vida \- de él derivaba su origen, era la de los T'lmeca-Xicalan- 
ca. Así desde luego lo declara el primero de estos nombres, pues que el 
ulli no es otra cosa que leche de árbol coagulada. Pero también en 
el nombre de Xicalanca tenemos una alusión al mismo árbol, siendo, 

1 Sahagún, ed. Bustaniantc, tomo 3. pp. 113—147: Ixtlilxochitl, Relaciones, Méxi- 
co, 1S91, p. 16. 

2 Bancroft, Xatiac Races, tomo III, ]). 47. 



49 

según el Popol Vuh, el árbol de xíoara, el de «en medio del caminon (|ue 
tan luego como se colocó en sus ramas la cabeza de Hunhun Ahpu 
que había sido asesinado por los reyes de Xibalbay, Hun Carné y Yu- 
cnb Carné, se cubre de frutos xícaras qtie hasta el día llevan el nombre 
del dios asesinado, de la estirpe de los Ouetzalcoatl. l Es posible ver en 
esta dualidad del apellido de los Ulraeca-Xicalanca una alusión al agua 
y pan de la vida, y sacar de allí la consecuencia de que este pueblo ó 
tribu representa una fase del culto del árbol de la vida más antigua. 
Y efectivamente hace Ixtlilxochitl, respecto de ellos, la observación de 
que no solamente había sido una sola tribu, aunque de nombre doble, 
sino que los Tolteca habían sido los terceros pobladores de esta tie- 
rra, si se colocaba en primer término á los Gigantes y en segundo á los 
Ulmeca-Xicalanca.» - 

Otro nombre de tribu que es prueba evidente de que los que lo lleva- 
ban se consideraban hijos del árbol de la vida es el de los Itzaes. Pre- 
cursores de los MaA^as, no parecen existir tradiciones respecto de su ori- 
gen; pero es tan clara la relación de éste con el Itztahté, el árbol del 
liquidámbar, Itzamat, la ceiba, el árbol sagrado, por una parte, é Itz- 
tancil, trasudar de la goma de los árboles, Itz, la goma trasudada é 
Itzamna el dios de los Itzaes, que no se necesitan tradiciones especiales 
para aclarar el origen y filiación de esta tribu. 

Lo mismo se puede decir de los Quichés, cvtj'a descendencia de los 
cuatro Tutul Xiuh está, además, documentada. 3 Encontramos en el 
idioma de ellos el tema Yi, Yit, Yitz, equivalente del Itz ó Ytz ma^-a, 
significando 3'itz, en quiche, exprimir y también el jugo exprimido. Es, 
además, Quiche, originalmente Quitzé ó Yitzé como lo prueba el nombre 
que se da en el Popol Vuh al primero de los cuatro Tutul Xiuh y que es 
Balam Quitzé. 3 Ig-ualmente los Cakchikeles, parientes cercanos de los 
MaA'as, se dicen descendientes del árbol de la vida, jíor derivarse su 
nombre, según sus Anales, del caca-ché, árbol colorado ó de la saneare 
siendo ésta con todas las naciones civilizadasde la antigüedad america- 
na, el símbolo de la energía vital. Encontramos, además, este pueblo tt)- 
davía en posesión de la idea original del árbol de la vida, pues que se en- 
cuentra consignado en sus Anales, en un pasaje relativo ala creación del 
hombre, que cuando á éste se creó, «fué alimentado con madera, fué ali- 
mentado con hojas.» 4 Vimos que en la pintura del Códice Ríos son pre- 
cisamente las hojas del árbol de la vida las que destilan la leche con 
que se alimentan los chichimecos. La capital de esta tribu, antes de la 

1 Popol Vuh, p. 88. 

2 Ixtlilxochitl, Relaciones. Méx. 1891, pág. 28. 

.'! Estos son los nombres de los primeros hombres que fueron creados, que fueron he- 
chos. El primero fué Balam Quitzé, el segundo Balam Ak'ab, el tercero después Mahucu- 
tah, el cuarto Iqi Balam, y estos son los nombres de nuestras primeras madres (Tutul 
Xiuh) y padres. — Popol Vuh, p. 198. 

4 Cakchikel-Annals, Brinton, Phil. 1885, p. 78. 

An.\les. T. IV.— 7. 



50 



conquista, llevaba el nombre de Iximché, sinónimo del ixinté, antes dis- 
cutido, un nombre que después los tlaxcalteca que acompañaban á Al- 
varado tradujeron del todo correcto con QuavihtemoUan, Guatemala. 
También los Chiapanecos pertenecen á las tribus cu^-a tierra natal 
debe de haber sido el Tamoanchan americano, porque, dice Núñez de la 
Vega en sus Instituciones Diocesanas: ^ «y tienen por muy asertado 
que en las raíces de aquella ceiba son por donde viene su linaje.» Cosa 
parecida dice Burgoa de los Mixtéeos: 2 «La familia gobernante se decía 
descendiente de dos jóvenes nacidos de dos árboles magestxiosos qvie 
había en el barranco de Apoala.» Por lo general cuanto dato directo ó 
indirecto existe acerca del origen y filiación de las naciones civilizadas 
de América, compriieba que su tierra natal original fué aquel Tulan de 
la salida del sol ó principio de la era tolteca. 

Si la influencia de la antigua tierra natal y del culto que allí se prac- 
ticaba, originalmente fué tan grande que los principales de las naciones 
civilizadas de la antigüedad americana derivaron su nombre de él, ha}- 
que suponer que su influencia en otros sentidos no era menos grande, 
V que por ejemplo ha^-a dejado huellas bien proftmdas en su modo de 
¡jensar. Y cjue este efectivamente fué el caso, lo comprueba plenamente 
el sistema de escritura en boga entre los mayas. 

Examinaremos, por ejemplo, el primero 
de sus signos diurnos: Imix. (Fig. 3.) La 
palabra es un compuesto que analizado 
sigTiifica mujer (ix) de teta (im), es decir, 
chichihua, un concepto relacionado con 
tanta ma^-or probabilidad con el árbol 
primitivo, cuanto que imix es el signo pri- 
mero, el del origen, siendo aquel árbol 
igualmente el ]irimero, el original. Como vimos, se consideraban las ho- 
jas de este árbol, por ser los órganos ijue destilaban leche, las mamas 
de una madre amorosa, y, efectivamente, dice Núñez de la Vega acer- 
ca del primer signo diurno, imox, de los chiapanecos, que corresponde 

con el maya, imix: 3 Imox y su veneración 

se refieren á la ceiba, el árbol original de es- 
ta tribu. De acuerdo con su nombre, encon- 
tramos que la forma de este signo es la de un 
pecho femenino, indicando los puntos de co- 
pal alrededor del pezón y las rayas cib junto 
á la base, que se trata de un pecho de mujer 
en lactancia. 

En conceptos parecidos descansa la explica- 
ción del decimonono signo diurno de los ma- 



FiG. 3. El gofo Imix. 

a. Lauda, p. 242. 

b.-e. Seler, 163, 164, 16.-), 160. 




a. b. 

Fig. 4. El glifo C.\r.\c. 



a. Landa, p. 244. 

b. Cod. Tro., 14 b. 



1 Constituciones Diocesanas. Preámbulo, p. 9. 

2 Bancroft, Natioe Races. Tomo III, p. 73. 

3 Constituciones Diocesanas. Preámbulo, p. 9. 



51 



vas,cauac. (Fijí.4.) ElSr.Scler ojjina i que el significad o de esta palabra 
es «chubasco, agaucero, acompañado de rayos y truenos;» y de acuerdo 
con esto ve en el glifo de este signo, que se parece á una uva, un cvimidode 
nubes. Sin embargo, no parece la explicación dada por él, estar de! todo 
conforme con las ideas de los antiguos americanos, respecto de este 
signo, cuando menos, si tomamos en 
cuenta la figura N" 5, que es la repro- 
ducción de un detalle existente en la 
StelaJ de Copan. En el centro de él 
vemos como símbolo del chichiliual- 
cuauitl, el signo imix, por debajo 
del cual brota la savia de éste en go- 
tas hermosas 3' grandes, parecidas á 
piedras preciosas, chalchihuitl, produ- 
ciendo el signo cauac. Este proceso, 
en ma3-a, se llamaba mol, acumula- 
ción, y probablemente es esta la expli- 
cación que debemos preferir, puesto 
que generalizada no afecta en nada la 
del Sr. Seler, por ser el dios del ár- 
bol de la vida también el de los agua- 
ceros fertilizantes. (Fig. 6.) Pregun- 
tándosele á éste, Itzamna, cuál era el 
significado de su nombre, contestó cjue 
Itzen caan, itzen muj-al, id. est, «soy 
el rocío del cielo, la humedad de las 
nubes.» Si fué mu^- estimada la exu- 
dación del árbol chichihualquauitl, 
no lo era menos la humedad destila- 
da ]3or las nubes 




Fig. 5. De Maudslay, Biología Cen- 
trali— Americana, Tomo I, pl. 68. Copan, 
Stela J. West Face. 





Esta parece que fué en 
la mente indígena la interdependencia de 
estos dos conceptos. Por lo demás, la 
mayoría de los glifos cauac consi.ste en 
ima pequeña cruz que significa árbol, ma- 
dera, y, además, en indicaciones de un pe- 
zón rodeado de puntos de copal y de ra- 
jaos cib. Evidentemente por su carácter 
este signo está íntimamente relacionado 
con el árbol original. 
No menos interesante en este sentido es el signo diurno segundo 
de los maA-as, ik. (Figs. 7 y 8.) Significa la palabra «viento,» «exha- 
lación,» «espíritu» y por eso mismo tiene cierta filiación con el árbol 
aludido, pero más explícito aún es el glifo que consiste en su par- 



Fio. 6. 

Seler, 818. 
Id. 820. 



1 Seler, .\bhandlungen. Tomo I, p. 496. 



52 




w 



te esencial, de una uva cauac más ó menos grande, 
á veces reducida á una sola gota que pende de una 
línea curva de carácter 



FiG. 7. El glifo IK 
Seler, 200. 



©0 



a. 
FiG. S. 



1). 
El glifo IK. 



Landa, p. 2-t2. 
Cod. Dresd.. 2 b. 




especial, como también 
ocurre en el glifo kan. 
Con los Xahoas encon- 
tramos que el signo co- 
rrespondiente al maya ik, que es ehecatl, en 
los códices se interpreta por medio del 
coatí, signo de la fuerza vital 3' de la gene- 
ración, recordando á Quetzalcoatl, el dios 
de la generación y de la fertilidad por exce- 
lencia. 

Perfectamente obvia también es la relación con el chichihualquauitl 
del decimosexto signo diurno maya, cib. El significado de la palabra 
es copal, cera, resina, 3- á eso también alude el glifo, que en la ma3'oría 
de los casos es una gota de savia ó resina que por ser negra recuerda el 

ulli. (Fig. 10.) De esta gota pende un hi- 
lo recordando que es gota caída ó en el 
acto de caer, de substancia resinosa. 
Con frecuencia hay en el glifo cib una se- 
gunda línea paralela al contomo supe- 
rior de él, conectada con éste por medio 
de ra\-os de trasudación, ó también estos 
ra3'OS de trasudación conectan el signo 
cib propiamente con la línea de contomo. 
Una combinación de Cib y Cauac parece el decimoséptimo sig- 
no diurno de los ma3-as, Caban, porque al lado de una gota cib se en- 
cuentra otra parecida á la de cauac, como la lle- 
gamos á conocer en el glifo ik. (Fig. 11.) Fácil- 
mente este dualismo se refiere, por una parte, á la 
humedad fertilizadora de las nubes; por otra, á 
la capacidad de la tierra de producir, bajo la in- 
fluencia de acjuélla, la vegetación exuberante, con- p,g 
sid erándose esta última también bajo el simbolis- 
mo de la leche goteada del árbol, ó alimento. 1 
Alude á esto, indudablemente, el nombre de este 
glifo, caban, porque cab significa el cúmulo ó lo acumulado, amonto- 
nado; la cera, miel, etc. La relación que éste tenía con tierra por medio 
de caban, resulta tal vez de la circunstancia particular á la agri- 
cultura indígena, de circundar la planta alimenticia por excelen- 



b. c. 

FiG. 10. El glifo Cib. 

a. Cod. Dresd., 6 b. 

b. Id. 42 c. 

c. Cod. Tro., 101 d. 




.11. El glifo C.\ba.n. 

Cod. Dresd.. 15 b. 
Cod. Tro.. 71 a. 



1 « solía (la tierra) como padre \- madre criarnos y darnos leche con los mante- 
nimientos, j-erbas y frutos que en ella se criaban, y ahora todo esta perdido.» — Oración 
á Tlaloc. Sahagún, ed. Bustamante. Libro 6, cap. 8, p. 66. 



53 




el 



De la misma 
signo diurno 






b. 
FiG. 13. El glifo Kan. 

a. Cod. Dresd., 6 b. 

b. Cod. Tro., 104 c. 

c. Landa, p. 242. 



cia, el maíz, en cierta época de su desarrollo, con un cúmulo de 
tierra. Da esto por consecuencia la mejor con- 
servación de la humedad, así como la extirpación 
de 3'erbas nocivas, creciendo la mata así cuidada 
mucho más vigorosa, rindiendo fruto más abun- 
dante. Por consiguiente, cabe la suposición de 
que caban, tierra ó cúmulo de tierra, se refie- 
re más bien á la tierra productora de inilpas 
3' frutos que á la tierra, en sentido general. 

'(Fig. 12.) 

, ,, ,. ., Fig. 12. Glifo Caban. 

manera halla sti explicación 

maya, correspondiente al nú- '-°^- ^''"■' !''■ ^^■ 

mero cuatro llamado Kan. (Fig. 13.) 
Cabe la suposición de que su nom- 
l)re no sea sino una variante de 
caan, cielo: cuando menos parece 
aceptable esta teoría tomando en 
cuenta que en el glifo de Kan pa- 
rece estar contenido el nombre del 
dios Itzamna. El número cuatro, 
así como los días de este número 
entre los Nahoas, eran de Quetzal- 
coatí, dios de la fertilidad por excelencia, de esta nación, cuyo árbol sa- 
grado era el pochote. Ahora bien, es este dios idéntico al Itzamna 
de los Maj'as, cuj-o árbol sagrado es la ceiba. Se dice tanto de Quetzal- 
coatí como de Itzamna que, aunque dioses, habían andado en forma de 
hombres en la tierra; al uno como al otro se le atribuían muchos mila- 
gros, motivo por el cual recibieron los nombres idénticos de «huemac» 
y «cab-ul.» Como vimos, Itzamna, preguntado por el significado de su 
nombre, contestó: Itzen caan, itzen muyal, so}' el rocío del cielo, la hu- 
medad de las nubes, y en esta interpretación parece que se funda la 
conformación especial del glifo. Aunque existen de él toda una serie de 
variantes, sólo en detalles pequeños se alejan de la norma comprendida 
en las palabras citadas. Está este por regla general dividido en dos 
partes, viéndose en la de arriba, las mas veces, ó un pezón, ó dos gotas 
cauac, ó el glifo Muluc. Es probable que esta parte signifique el firma- 
mento, el cielo, ó más bien, el rocío del cielo ó del firmamento. La lí- 
nea divisoria referida tiene la particularidad de estardibujada con uníi 
curva, hacia abajo de la cual varias líneas de trasudación, ya derechas, 
ya inclinadas, pasan al contorno inferior del glifo. Con esta combina- 
ción parece que se quería indicar la forma de una nube muy cargada y 
muj' colgante, despidiendo lluvia, es decir, significaría esta partedel gli- 
fo la humedad de las nubes. Además, era Kan el glifo de los años del 
Oriente que eran consagrados al dios del maíz, representante de Itzam- 
na ó del mismo Itzamna rejuvenecido; por eso también se les conside- 





o 



54 

raba fértiles y felices. En efecto, había motivo sobrado para expresar 
en el glifo la relación que tenía con el dios mencionado. 

Ya que tuvimos ocasión de referirnos al glifo Muluc, discutiremos 
en seguida á éste, que taml3Íén, como lo indica su noml)re derivado de 
ol, ul, está relacionado con el árbol primitivo. No se sabe á punto fijo 
el significado de la palabra muluc, pero por entrar en su composición 

el tema mol, es seguro se trata de una varia- 
ción del significado de éste. (Fig. 14-.) El glifo 
nos ayuda para determinar en qué dirección se 
ha de buscar ésta 3- está precisamente su uso en 
^ conexión con Kan, el que resuelve la cuestión. 

FlG. 14-. El GLIFO .Ml-LCC. „ , 1 TI • 1 ,1 1 , ,•,- 1 

bstando dibujado Muluc en este gliio en la zo- 

a. Seler, 496. j-j,^ reservada al firmamento ó cielo, siendo por 

j ,' -' ■ otra parte, Muluc el glifo del Norte, es decir, de 

la región de la obscuridad, indudablemente se 
refiere en Kan, al cielo obscuro, nublado. Está la pala lira, además, indu- 
dablemente en íntimo parentesco con el cakchikel mulumic, que signifi- 
ca como nombre verbal, lomerío grande, colectividad de lomas, y como 
adjetivo, borrascoso. Temas afiliados como muh en cakchikel y muk 
significan la humedad obscura, tinta para teñir, los lugares húmedos y 
obscuros y el sepelio, entierro, el ce- 
menterio. Por otra parte, mulul sig- ájWffi 
nifica jicara y por eso también en- ^^ 
contramos ciertas variantes de Mu- ^ y^ ^ 

luc dibujadas en forma de un reci- ' p,^ ^. ^^ ^^^^^ ^^^^^^ 

piente lleno de líquido. (Fig. 15.) De 

1 , , '. , ^ ? . ' a-c. Seler, 507, 508, 509. 

todos modos, la idea predominante 

es la de la obscuridad, humedad, cielo borrascoso, característicos de la 

región del Norte, casa de los muertos. 

Otro signo diurno maya relacionado con el árbol de la vida, si bien 

no tan directamente como los C|ue acabamos de discutir, es el décimo- 
cuarto de la serie llamada hix, yiz, ó 
ix, ó más bien, ah-ix, ah-iz. (Fig. 16.) 
El Sr. Seler traduce este nombre co- 
rrectamente con (dorujo;» l no obs- 
tante, no da una explicación com- 
pleta del glifo. Las dos variantes 
principales de éste, ó representan un 
tigre cuyo nombre, halam, también 
servía para designar á los grandes 
Ijrujos, ó la cara de un ahan, dibvija- 
do de frente, viéndosele los ojos y la 

boca y á veces también algunas de las arrugas de la fisonomía. Esta 

1 Seler. .\bliandlunsíeii. Tomo I, p. 4-87. 



m&(¿Bwm 





b. 


c. 


d. 


Fig. 1(3. 


El glifo Ix 


a. 


Cod 


. Dresd, 


. 4 b. 


b. 




Id. 


52 b. 


c. 




Id. 


64 a. 


d. 




Id. 


44 b. 


e. 


Cod 


. Tro., 


82 a. 



55 




a. 


b. 


FlG. 


17. El glifo Mex 


a. 


Cod.Dresd.,30b. 


b. 


Id. 10 b. 


c. 


Id. 36 c. 



cara se halla, además, determinada por un si^no imix, el signo del co- 
Ijal, ó una línea cib, ó también ])or combinaciones de unos con otros, 
siendo indudablemente el objeto de estos infijos la alusión á itz, la savia 
del árbol. Por consiguiente, el glifo hix, se compone de una cara de hom- 
bre como indicación de tal é itz, el determinativo, resultando ah-itz. 

Una explicación parecida se puede 
aplicar al decimoquinto signo diurno 
maya llamado (ah-)men. (Fig. 17.) Se- 
gún explica el Sr. Seler, significa men, 
en niava, «hacerse, trabajo, obra,» i 
ah-nien, el que hace, el artesano, el pe- 
rito, el sabio ó brujo. Naturalmente 
que este nombre no se aplicaba á cual- 
quiera, sino que se le daba preferente- 
mente á personas de cierta madurez de intelecto, experiencia y talento. 
De conformidad con ésto, hallamos dibujados en el glifo, como alusión á 
la edad madura, la cara de un anciano. En cuanto al calificativo de sa- 
bio, lui término en ma^-a para expresar sabiduría es itzat, derivado del 
mismo itz, disentido antes. Para expresarlo en el glifo se inscribieron 
en la cara del anciano líneas cib ó también una serie de gotas partien- 
do del ojo hacia la derecha, serie cuyo primer miembro substituye á ve- 
ces el mismo ojo de la cara, indicando tal vez la sabiduría que emana 
de los intelectos de los ancianos sabios. Por consiguiente, el glifo men 
realmente hace alusión á un ah-itz ó ah-men. Muy interesante tam- 
bién en esta conexión es la manera como este mismo glifo en cakchikel 
recibió el nombre de Tziquin. Quiere decir esta palabra, pájaro, y muy 
propiamente el Sr. Seler llama la aten- 
ción al hecho de que esto debía corres- 
]jonder al mexicano cuauhtli, águila. Sin 
embargo, no tiene relación ni con pájaro 
ni con águila alguna el glifo referido, si- 
no nos debemos fijar en el hecho de que 
yuxtapuesta en algunas variantes del 
men á los rayos cib y la serie de gotas hay 
ima cara ahau. (Fig. 18.) Por supues- 
to que también en esta forma el glifo 
se puede leer ah-itz, ah-men; pero tam- 
bién puede invertirse el orden de los di- 
versos signos. Si para este caso subs- 
tituimos además el término ahau por el 
más completo de Kinich-Ahau, ó Kin, 
sol, recibimos la versión Kin-Itz ó tam- 
bién Itz-Kin, Tzi-Kin. También los va- 




P"!^/ 

G& 




FiGs. 18 V 19. El glifo Men. 



b. 



Seler, 694. 
Id. 695. 
Id. 698. 
Id. 699. 
Id. 700. 



I En combitiación con 
[ Ben y Laniat. 



1 Seler, Abhandlungen. Tomo I, p. 489. 



56 



riantes, N.OS698, 699 y700 (Fig. 19) se pueden leer del mismo modo;has- 
ta tenemos en ellos una plena confirmación de lo antes expuesto, por tener 
en ellos en lugar de la cara del Ahau otras características del dios Sol, 
como son el signo para lósanos del Oriente, Ben, que á él le pertenecían. 
3' al lado de éste el glifo Lamat, representando este último uno de los días 
de la serie de veinte en que caía el principio de un período de Venus. Por 
cierto que aqiií otra vez, como con el glifo men, se trata del dios Sol, 
Itzamna-Quetzalcoatl, dios del origen, de la fertilidad y de los buenos 
años, protector de los sabios y patrono del árbol primero. 

Estos son los más obvios de los casos en que se descubren relacio- 
nes entre los signos diurnos de los maj-as 3- el árbol de la vida, el árbol 
primitivo. Pero como estos signos no sólo se usaban para la designa- 
ción de los días, sino que entraban también en otras combinaciones, re- 
sultan relacionados con el árbol referido algunos glifos de las veinte- 
nas, sobre todo, los de aquellas que como mol, chan, 3'ax, zac 3- ceh co- 
rresponden á nuestros meses de Diciembre, Enero 3- Febrero, es decir, al 
tiempo más agradable del año A'ucateco. Sin embargo, nos ocupare- 
mos sólo del glifo de mol, por parecer el único que ofrece algo de nuevo. 
Mol significa, como ya dijimos, la acumulación ó lo acumulado, el 
montón, entendiéndose que como se refiere primordialmente al árbol 
de la vida, se trata de productos alimenticios, etc. De allí evidentemen- 
te el término de mole, nombre del famoso plato indígena, generalmente 

apreciado. Representa esta misma idea 
el .íílifo (Fig. 20), por estar el contomo 
de él circundado de puntos de copal ó 
por consistir de ellos en su totalidad. 
Además, es fácil ver que la apertura en la 
parte baja del glifo, circundada de un 
círculo, representa una boca, en relación 
con la cual están dos gotas cauac. Si 
interpretamos éstas como expresión del 
alimento, encontramos que por la rela- 
ción existente entre la boca 3- ellos, se trata indudablemente de «el ali- 
mento introducido por la boca,» siendo otra circunstancia que como 
prueba lo correcto de esta explica- 
ción el hecho de que esta boca deter- 
minada así, ft-ecuentemente se ha- 
lla combinada con el glifo Manik que 
consiste en una mano en el acto 
de cerrarse. (Fig. 21.) El Sr. Seler 
ve en esta mano el gesto que hasta 
el día acostumbran los indígenas de 
la Nueva España para expresar la 
idea de «comer.» Ahora bien, si es 
esto lo que significa, no puede sor- 



■SJ íS) 



Fig. 



b. 
20. 



El glifo Mol. 



Landa, p. 306. 
Cod.Dresd..49. 2. 14. 
Id. 4-7. 2. 22. 

Naranjo Stairnay 10, B. T. 




b. 
Fig. 21. 



c. 
El glifo M.\X!K. 



1). Templo de Inscripciones, Palenque, 
según Maudslay, pl. 62, H 1 3- G 11. 
Landa. p. 242. 
Cod. Dresd., 4 c. 



;)/ 




a. b. 

FiG. 22. GuFo DEL «Ciclo.» 



])rfii(lcr (.•iK'ontrar cu C()inl)iníición con él un signo (¡iie expresa la idea 
adicional (le hacer entrar comida jjor la boca. Por supuesto que ésta 
no habrá sido la única aplicación del glifo mol, sino que cuando lo en- 
contramos como glifo del mes del mismo nombre, se tratará de una va- 
riante de esta idea. En el caso mencionado, como el glifo está eireun 
dado de puntos de copal; como además, mol es el mes en que los agri- 
cultores yucatecos celebraban la fiesta á la deidad, fácil es C|ue en este 
glifo tengamos que ver un enjambre c[ue es, en efecto, nada más que una 
acumulación de cera y miel, introducida por una abertura ó boca. 

Por fin, otro glifo que nos merece al- 
guna atención es el del ciclo (Fig. 22) que 
está compuesto esencialmente de dos sig- 
nos ehen. (Fig. 23.) Chen significa ma- 
nantial, cisterna; su filiación con che, ár- 
bol, es evidente. Originalmente hay que 
ver tal vez en esta palabra una alusión á 
la ftiente de la vida, cual lo era, por ejem- 
plo, el árbol ixinchc. La duplicación de "• Templo de la Cruz, Palenque, B 3. 
„„+„„■ , . , b. Yaxchilan, Dintel 21, B 1. 

este signo en el caso presente es de supo- 
nerse que tiene por motivo una alusión á la dualidad de los dioses de 

la generación, qvie son precisamente los 
dispensadores de las fuentes de la vida. 
Así, por ejemplo, la Oniecihuatl de losNa- 
hoas no sólo la tiene expresada en su 
nombre, sino que en muchos casos lleva 
en las manos un par de mazorcas. (Fig. 
24.) Considerando la estrecha relación 
C|ue existía con los mayas entre el árbol 
de la vida y el maíz, iximehé 3^ ixim, v 
que aquel árlDol era el símbolo de la tie- 
rra natal original en este continente, se 
podía ver en esos dos signos chen, un paralelismo con las mazorcas de 
la Oniecihuatl, madre de los homl)res y de los dioses, cuyo papel en la 
mitología indígena, como tal, necesariamente la coloca al principio de 
toda historia, y por otra parte, al principio de cada ciclo ó era mayor, 
puesto que, según la creencia de los pueblos ma3'a-c|uichés, cada uno de 
éstos es caracterizado precisamente por el nacimiento de una raza nue- 
va, así como cada fin de era lo fué por la destrucción de una raza vieja, l 
Por supuesto que estas no serán las únicas huellas que haya dejado 
el árbol jjrimitivo en el sistema gráfico de los mayas; no obstante, se- 
rán suficientes los casos citados para hablar muy alto en favor de la 
influencia de aquel Tamoanchan cuyo símbolo es. Sol)re todo, si ésta 
tanto se nota en la glífiea ma\'a, no menos la habrá en el mismo idio- 

1 Para la litstoria de las creaciones ó eras mayores el". Popol Vuli, primera parte, 
e;ips. 1. 2, 3; tercera ijarle, caps. 1, 2. 

An.u.iís. T. IV.— s. 




a. b. 

Fig. 23. El glifo Chen. 

Templo de la Cruz, Paleni|ue, 

V 14-. 
Tem])lo de Inscripciones, id., 

Maudslav, pl.62, L 11. 
Ccipan, Stela N, B 17. 



58 

nía, una teoría tanto más justificable, cnanto (jne es fácil confirmarla. 
Por cierto que las derivaciones á (jue se presta la raíz vi, yitz, itz, no 
son tan numerosas ])or no jiermitirlo sn forma; ])ero no estaba en este 
caso la equivalente ol.ul, cjue ])or principiar por vocal invita ala varia- 
ción ad infinjíi/;;; por medio de ¡prefijos, circunstancia favorable que 
aprovecharon los antiguos mayas, hasta el «irado de ])oderse aseverar 
que no existe otra raíz, en su idioma, que presente un desarrollo más 
grande que ésta. 

En conclusión, será propio dar cíibida á algunas consideraciones 
acerca de la ubicación geográfica de aquella famosa tierra natal origi- 
nal. Ya dijimos que, según las indicaciones de los historiadores, debe de 
haber estado en la región Sur del Continente. En efecto, Sahagún, el 
que más precisa el rumbo que se seguía para llegar á ella, la coloca en 
tina parte al Sur de la hoy República de Guatemala. En el décimo libro 
de su obra, dice: 

«(Las tribus que habian abordado en Panuco) seguian la costa, 
miran las montañas, especialmente la Sierra Nevada y el Volcán, 
y siempre siguiendo la costa llegaron a Guatemala. 

«Desjíues vinieron 3- llegaron al lugar cjue se llama Tamoanchan 
y alli permanecieron mucho tiempo.» 1 
Con este dato está de acuerdo el hecho de que el árb(jl de la vida era 
una lactífera, especie de árboles <|ue sólo se dan en las regiones tro])i- 
cales. Por otra parte, la mayoría de las naciones civilizadas de la an- 
tigua América nunca han mostrado disposición alguna de alejarse mu- 
cho de las zonas asíacondicionadas, pues Chiapanecos, Zapotecos, -Mix- 
téeos, Ma^'as de Yucatán y Guatemala, en gran parte ocupan, aun 
hoy, regiones que representan la orilla Norte de aquel antiguo Ta- 
moanchan. Hasta el día, en la parte septentrional del Continente sud- 
americano abundan los nombres geográficos derivados de ol,ul, de mo- 
do que efectivamente todos los indicios concurren á darle la razón á 
Sahagtm cuando coloca el Tamoanchan primitivo americano, como lo 
hace en el ])asaje citado. 



Simultáneamente han visto la luz ])ública, ])ara bien de la Arqueo- 
logía Nacional, el opúsculo del Sr. Pablo Henning, que arriba inserta- 
mos y un libro del Sr. Obispo de Cuernavaca, D. Francisco Planearte y 
Navarrete, ambos con igual título: Tamoanchan. 

Los dos autores, persiguiendo idénticos fines, quieren dilucidar la 
cuestión histórica referente á cjue si existió Tamoanchan, dónde estuvo 
ubicada, por qué se le llamó así, quiénes la fundaron 3- si I103' día se 

1 Cr Sck'i', CuuiciUarid del Cod. I!()ru;ia. Toiiiu I. p. !>',). 



puede reconocer como patria riv ¡os dioses y cl paraíso terrenal en don- 
de fueron formados los primeros hombres de México y de la América 
Central. 

A fuer de bibliófilos, nunca jamás como críticos, ciucrcmos terciar 
en el asimt<j sólo i)ara ilustrar hmnildemcntc á los lectores délos «Ana- 
les,» porque como no han leído el li1)ro último del Sr. Planearte, de- 
seamos prepararlos con las sitíuientes ])romesas hechas ])or el mismo 
ex])resado Señor. 

Tratando con un «rrupo de sus amigos sobre el pro^'ccto de escribir 
acerca de Tamoanchan, y contestando á quien en nombre de losdemás 
hal)lal)a, el Sr. I'lancarte inserta en la Introducción de su novísimo 
libro, lo que sigue: 

— «Tendría curiosidad de saber, dijo cl amigo, cómo pruebas la tesis 
(jue acabas de enunciar. 

— «Tengo buenos argumentos i)ara hacerlo, i-ei)licó el interpelado, y 
])oderosas pruebas. 

«Todos tomaron parte en la discusión, ipie surgió viva y animada, 
]3ero amigable y cariñosa, en c|ue la crítica más fina iba del brazo con 
las expresiones más comedidas y amistosas. El fin de la disputa fué, 
que vo formalmente me comprometiera á probar lo dicho la ma- 
teria era fecunda \- no me salió un artículo sino un libro. 

«En la discusión se ]3ropusicron algunas bases que deberían servir 
de norma í'i mi trabajo. Ante todo, se debía prohibir en él la entrada 
á la fantasía. Lo C|ue dijera lo deliía probar científicamente y las de- 
ducciones C|ue sacara habían de tener por fundamento la tradición es- 
crita, la observación ajena ó jjropia y la autoridad de respetables escri- 
tores. No había de hacer ninguna suposición gratuita y arbitraria. 
Podía fundar alguna en ligeros motivos de credibilidad, siempre que de 
esa suposición no se dedujeran conclusiones importantes qi;e tuvieran 
])or único fundamento. La sustancia no había de sacrificarse á la for- 
ma, de manera que el artículo no había de tener las pretensiones de una 
obra literaria de puro entretenimiento: sería la fonna una cosa entera- 
mente secundaria para presentar la materia correcta y lo menos des- 
agradable posible. Estas bases estaban conformes con mi modo de 
pensar v fueron desde luego aceptadas de buena gana. 

« El trabajo está terminado, la promesa cumplida: ojalá y que 

haya logrado probar lo qne prometí y persuadir no sólo á mis amigos, 
sino á cuantos leyeren estas páginas, de que el E.stado de AI órelos fué 
en tiempos remotísimos un centro donde la civilización se diHindió 
por todo México y la América Central.» 

El Sr. Henning aduce por su parte como opiniones propias, los co- 
mentarios de Be^-er, quien dijo ciue Tamoanchan es una región de la vía 
láctea, la cual opinión pertenece al Sr. Chavero; de Preuss, que lo con- 
sidera un antro en el interior de la tierra; de Lehmann,que dice que Ta- 
moanchan es la totalidad de todo el globo terráíjueo, y de Seler, (juien 



60 

opina que es una palabra aplicada á varias localidades; es decir, los 
autores antedichos se han lanzado jjor las rcüiones etéreas, porque el 
Sr. Henning manifiesta que Tamoanchan se aplica á localidades distin- 
tas, llamadas: casa de descanso (el cielo); nacimiento espiritual ó Ta- 
moanchan teológico; Tulapan Chiconautlan, tierra de los nueve ríos, y 
Tidan, del otro lado del mar. Por fin, el mismo Sr. Henning', entrando 
en disquisiciones lingüísticas, concluye con Sahagún, nuestro positivo 
árbol de la vida etnográfica nacional, con lo que sigue: 

«(Las tribus que habían abordado en Panuco) seguían la costa, mi- 
ran las montañas, especialmente la Sierra Nevada y el Volcán, y siem- 
pre siguiendo la costa llegaron á Guatemala. — Después vinieron y lle- 
garon al lugar que se llama Tamoanchan y allí permanecieron mucho 
tiempo.» 

La palabra Tamoanchan no tiene todavía interjDretación efectiva 
por ser el producto de hibridismos cuyas radicales, sin emloargo, dicen 
lo suficiente para considerarla ya como la significación de un mito, ya 
como una región geográfica, ó ya como un suceso histórico averigua- 
do. Es interesante leer la opinión del Sr. Róbelo, jjeritísimo autor del 
«Diccionario de Mitología Xahoa.u i 

Por lo que hace á la ubicación real de Tann)anchan, el Sr. Orozco y 
Berra hace observar que los «términos de relación que preceden, condu- 

1 T.\MO.\.NCH.\.N. Xada ó muy poco se sabe de la significación de esta ¡lalalira, ])ues 
los cronistas é historiadores no están de acuerdo en lo que lian expuesto sobre ella; y 
ponjue uno de éstos dice t|ue es el Paraíso y que vinieron en Imsca de él al .\naluiac los 
primeros pobladores; nos ocupamos del Tamo.\.nch.\n en este diccionario, pues más bien 
parece un mito que un hecho ó lugar históricos. 

El P. Sahagún dice: «Según que afirman los viejos en cuyo poder estaban las pintu- 
ras y memorias de las cosas antiguas, las que primeramente vinieron á poblar á esta 
tierra de Nueva España, vinieron de acia el norte en demanda del paraíso terrenal: traian 
por apellido T.\mo.\nch.\, y es lo que ahora dicen Ticte.mo.\ch.\n, que (|uiere decir 
buscamos nuestra casa natural: por ventura inducidos de algún oráculo, que alguno de 
los muy estimados entre ellos habia recibido y divulgado, que el paraiso terrenal está 
acia el medio día, como es verdad según casi todos lo escriben, (|ue está debajo de la 
linea equinoccial, y poblaban cerca de los mas altos nnintes que hallaban por tener re- 
lación que es un monte altísimo, y es asi verdad.» Según Sahagún. estos primeros po- 
bladores fundaron á Ti'L.\ y á Ciiolvla y entre ellos vino QrKTZALCo.\Ti., las cuales 
aseveraciones son falsas, como lo han demostrado escritores posteriores. (Véase Qi'E- 

TZALCOATL.) 

Por la interpretación de la lámina XXlll del Códice Telleriíuio, se viene en conoci- 
miento de que Tamo.\.\ch.\.\, el paraíso, era el lugar de la residencia de la diosa de los 
amores, XocHioiETZALLi. y de que allí estalla el árbol Xochitlicac.\.\ (V.) cuyas flo- 
res cogidas ó sólo tocadas hacían fieles y dichosos enamorados. Tan guardada estaba 
por su corte, compuesta de genios femeninos y de enanos, que hombre alguno podía ver- 
la, lo cual no evitaba que valiéndose de sus servidores, mandara embajada á los dioses 
que codiciaba. En esta interpretación, T.\.mü.\.nch.\.n es un puro mito, como del paraíso 
bílilico. 

Según una de las mejores tradiciones, ha años sin cuenta, que los primeros poblado- 
res vinieron en na\-íos, por la mar, y desembarc.nron en la costa que se llamó Panutla ó 
Panoavan, conocida hoy por Panuco (del Estado de Tanmulii)as). caniin.-iron por la ri- 



c't'ii fácilmente á un error, ])ues ])uc(le creerse, y íilyunos lo han creído, 
(|ue Tanioanchan estal)a situado al Sur, más adelante de la Provincia 
de Guatemala, siendo así C(ue después se dice (|ue Taiuoanclian i'ué edi- 
ñcado á jjocíi distancia de Tcotihuacán, es decir, dentro ó no muy lejos 
del \'allc de México. Para no incurrir en im tal error, dice (|ue la ma- 
nera de entender el relato es: c[ue fundado Tamoanchan,deallí salieron 
los emisarios, por líis costas, hacia Guatemala.» 

¿Para qué seguir en sus jjruebas al muy intelitientc Sr. Planearte, si 
su libro es un haz de luz t|ue no consiente opacidades? Nos bastará, pa- 
ra cerrar este estudio, insertar á la letra los dos siyuientes párrafos, y 
declarar que se ha dilucidado ]3or fin, con acopio de razones, que Ta- 
nioanchan fué y es una región bien determinada. He aquí lo probado: 

«Ha sido muy discutida entre los escritores cpie tratan de a.suntos 
históricos ó arqueológicos de México, no sólo la ubicación, sino aun la 
existencia real de la Ciudad, ó más bien región, determinada con el 
nombre deTamoanchan, C|ue según la tradición indiana, coinunicada al 
cronista franciscano Saluigún, fué lugar donde primeramente tuvieron 
asiento fijo los ulmecas. 

«Si leemos con atención el párrafo de este insigne 3- diligente escritor 
(Sahagún), de él podemos deducir: 1" — Une estando en la región de Ta- 
nioanchan, Oxomoco, Cipactonal y sus otros dos compañeros, arre- 

l)era de la mar, guiados por un sacerdote que traía al dios, hasta la provincia de Guate- 
mala, y fueron á poblar en Tamoanchan. Vivieron a(|uí mucho tiempo con sus sabios ó 
adivinos awoxoaque. (V.) Estos sabios no permanecieron en Tamoanchan, |ities torna- 
ron á embarcarse llevándose al dios y las ])intiiras, haciendo promesa de volver cuando 
el mundo se acabase. 

En la colonia quedaron sólo cuatro de los .^..moxoaqce: Oxomoco, Cipactoxai,, 

Tl.ALTETlíCUI y XOCHICAHIA. (V.) 

T.^MO.wcHA.x estaba, sejjún esta tradición, cerca de Teotihitacán, pues los morado- 
res de aquél venían á hacer sacrificios á este segundo lugar, en dimde construyeron las 
dos grandes pirámides dedicadas después al sol y á la luna. Estos colonos de Ta.moax- 
chan inventaron hacer el pulque. (V. Mayahuel.) 

ürozco y Berra, refiriéndose á esta tradición, dice que esos primeros pobladores que 
desembarcaron en Panuco, fiíeron irlandeses de los que descubrieron la América en el si- 
glo X, (|ue traían por caudillo á un oliispo católico irlandés, (|uien figuró después en 
.\nahuac con el nombre de Qcktzalcoati,. Pero Chavero combatió esta opinión victo- 
riosamente, (V. QuETZAI-COATI,,) 

Orozco y Berra hace observar que los términos de la relación ((ue precede conducen 
fácilmente á un error, pues puede creerse, y algunos lo han creído, que Ta.moa.nchax es- 
taba situado al Sur, más adelante de la provincia de Guatemala, siendo así que después 
se dice que Tamoanchan fué edificado á poca distancia de Teotihuacán, es decir, dentro 
ó no mu_v lejos del Valle de México. Para no incurrir en tal error, dice que la verdadera 
manera de entender el relato es; que fundado Tamoa.nchax, de allí salieron los emigran- 
tes, por las costas, hacia Guatemala. 

Chavero, después de decir cómo se estalilecieron las civilizaciones en la región <|uiché 
y en la península maya, por las teocracias de Votan y de Zamna, agrega: La faja de tie- 
rra entre la mesa central y el Golfo llamábase primitivamente Tamo.\nch.\x. Conserva- 
han la tradición de la raza los habitantes de esa región, de haber venido en barcas, por 
elOrientc, v como esa tierra sirviese de paso al interii>r, llamáronla los mexicanos, P.'ino- 



62 

glaron el calendario ritual y los demás recuerdos de la tribu, con cu3'os 
libros é ídolo principal habían carsrado los otros jefes al separarse pa- 
ra seguir su viaje hasta Guatemala; 2" — Que Tamoachan no estaba 
muy lejos de Teotihuacán; 3" — Que para ir deTamoanchanáTeotihua- 
cán, pasaron por Xumiltepec; 4° — Que Tepuztecatl y sus compañeros 
descubrieron el jjulcjue en la región de Tamoanchan. Pero como to- 
dos estos hechos pasaron en Territorio que hoy comprende el Estado de 
Morelos, se sigue que Tamoanchan no es un país mitológico y fantás- 
tico, como pretenden algunos, sino real y verdadero, ríe! ciinl empero se 
apoderó más tarde la mitología.)) 

P. González. 



iaya, Paatlan ó Panuco; de Pantli, puente. (Esta etimología no es exacta. No llamaron 
á la tierra, Panuco, sino al río que conserva todavía el nonilire y está situado en Tamíli- 
co. V. PANUCO.) Da en sefjuida el mismo autor, en su concepto, que la probable 
etimoloofía de Ta.vio.\nchax estaba á lo largo de la costa del (íolfo, si bien la raza se ha- 
bía extendido á la rejíión quiche y á la península maya. 

El P. Ríos, interpretando la lámina XXIIl del Códice Tclleriano Kemen.se, de (|ue 
hemos hablado arriba, dice: «tamoancha oxuchitlicacan, quiere dezir en romance allí es 
su casa donde avaxaron y donde están sus rrosas levantadas. 

«Este lugar que se dice tamoancha y xuchitlicacan, es el lugar donde fueron criados 
estos dioses quellos tenian q. casi es tanto como dezir El paraíso terrenal y asy dizen (| 
estando estos dioses en aquel lugar se desmandavan en cortar rosas y ramas de los ;ir- 
voles, y (|ue por esto se enojo mucho el tonaceteuctli y la muger tonacaciuatl y (|. los 
echo de aipiel lugar y azi vinieron unos á la tierra y otros al infierno y estos son los (|ue 
á ellos ponen los temores.» En esta interpretación del fraile dominico se trasluce desde 
luego la tendencia de la época, de encontrar en las pinturas de los indios pasajes bíblicos. 
El P. Ríos, en la lámina que interpreta, nos da, aunque mu)- desfigurada, intencional- 
mente, la leyenda de .\dán y Eva en el Paraíso terrenal. Los dioses de los indios mere- 
cieron más la expulsión porque cortaban muchas flores y ramas, estropeaban el j.'irdín, 
mientras que nuestros primeros pretendidos padres sólo se comieron una manzana. 

Resulta de todo lo expuesto que el Tamoanchan más bien aparece como un mito 
ininteligible, que como un lugar geográfico fijo ó un suceso histórico averiguado; y nos 
confirma en esta opinión la divergencia de ellas en Chavero después de decir en «México 
á Través de los Siglos» que el Tamoanchan era la costa del Golfo, diez y seis años des- 
pués en su obra «Los Dioses -astronómicos de los Antiguos Mexicanos,» dice (|ue el Ta- 
moanchan estaba en la Vía Láctea y que era el Tlaloccan ó sea la morada de! dios 
Tlaloc; V se funda, para hacer esta aseveración, en que los dioses, según las teogonias, 
habían sido creados en la Vía Láctea, y diciendo el P. Ríos, .según hemos visto, tjue los 
dioses fueron creados en Tamoanchan, luego este lugar estaba en la Vía Láctea. 



LOS CUATRO SOLES. 

l'||^:\IA siiüiii; fiisMiiGONÍA ^aiiha 

POR 

EL Lie. CECILIO A. RÓBELO, 

Miembro honorario 

de la Sociedad de Geografía y Estadística y de número de la Academia 

Mexicana. 

de la Sociedad Científica -Antonio Álzate- y actual Director 

del Museo Nacional 

de Arqueología, Historia y Etnología. 




I. 



El Gran Ometecutli, en Omeyocan, 
Morada de placer y de riquezas, 
Con Otnecíhiiatl, su inmortal consorte, (1) 
Formó los cielos de la obscura nada, 
Para que moren los finitos Seres 
Que al mundo habrán de dar luz y la vida. 
Teotlatláubco, mansión del dios del fuego, 
Cielo esplendente de rojiza lumbre, 
Salió el primero de la mente increada 
Para alumbrar el anchuroso espacio; (2) 
El Teocozáuhco, el amarillo fuego. 
El cielo donde el sol su luz difunde 
Con que ilumina espléndida la esfera. 
Ardoroso surgió del alto empíreo: (3) 
\'éspero su mansión tiene en Teoíztac 
Do blanca luz difunde rutilante: (4) 
Estos tres cielos forman el Teteocan. (5) 



Anales. T. IV. 



66 



II. 



Regiones inferiores cjue se llaman 
Cielos también, salieron de su seno 
Cuando el Teteocan hubo terminado. 
Itzapan Nanazcayan, la terrible (6) 
Morada de los muertos, donde el cetro 
Mictlantecútli empuña majestuoso (7) 
Es la postrer mansión de los humanos; 
Allí mora la Luna, y á los muertos 
Melancólica fase los alumbra; 
Es la región do piedras de obsidiana 
Con gran rumor sobre las aguas crujen 

Y rechinan y truenan y se empujan 

Y forman tempestades pavorosas: (8) 

Y sigue otra región, Xoxóubco claro, (9) 
Ese es el cielo azul que todos vemos 
Mientras el sol alumbra esplendoroso: 
Viene después el cielo de la noche, 
Yaráubco triste de tiniebla densa: (10) 
El cielo que «se hiende ó se taladra,» 
Mamaloáco sin fin, del firmamento 
Ocupa alta región; y las estrellas 
Errantes, vagarosas ó veloces 

Lo cruzan por doquier, siempre brillando; 
Los ftinestos cometas se divisan 
En ese espacio de terrores lleno, 
Taladrando con cauda refulgente 
O crínitos, abismos insondables; (11) 
La «estrella tira saeta;» Citlahnína, (12) 
A menudo el pavor más grande infunde: 
El ardiente Huiztlán, el Mediodía, (13) 
Entre celajes de esmeralda 3- oro, 
A Ouetzalcoátl, el de plumero verde. 
Trasparente mansión siempre prepara: (14) 
Cabe la estrella vespertina alumbra 
Hermoso Tonatiúb, con ra^-os de oro. 
Claridad y calor siempre vertiendo: (15) 

Y abajo el Tetlalíloc, el «espacio,» (16) 
Do las estrellas sin cesar fulgTiran, 
Citlalco luminoso y coruscante; (17) 
De allí las aguas en menuda lluvia 

Se precipitan al Tlalocan Meztli, (18) 



67 



Donde se cuajan en espesas nubes 
Que bajan á refjar la tierra ardiente; 
Desde aquella región los vientos soplan, 

Y ó bien desciende cefirillo suave, 

O el violento huracán que todo arranca; (19) 

Y en medio de los vientos 3- las nubes 
Plácida Luna los espacios hiende. (2ü) 



III. 



Y luego que el Creador formó los cielos 

Y los astros que en ellos reverberan. 
Hizo la Tierra, 3^ sustentóla en hombros 
De ciertos dioses, que reposo buscan 
Cuando el vigor por el cansancio pierden, 

Y otros dioses soportan la fatiga; (21) 
Mas si vacilan en su dura faena. 

La tierra se estremece, 3' sobrevienen 
Los terremotos que el espanto causan; 
Las aguas que circundan á la tierra 
(El anchuroso mar), al cielo se inien, 
Formando casi idéntica substancia. (22) 



IV. 



Circundada la tierra por los mares 

Y sumergida en ellos mucho tiempo. 
Convirtióla Natura en «Vieja Rana» 

De fauces mil 3' ensangrentadas lenguas; 
Metamorfosis tal la diviniza, 

Y el raro nombre de Ilancueye toma: (23) 
Iztamixcóbuatl, la feroz «serpiente 

De ntibe blanca,» que en Citlálco vive, (24-) 
Con ella se une en contubernio dulce, 

Y seis tlacame con amor engendran; (25) 
Los seis hermanos en la tierra moran 

Y son el tronco de diversas razas: 

El primogénito, el gigante Xélbua, (26) 

De Itzocan y Epatlán y CuauhqiiechoUan (27) 

Las ciudades fundó; Tenoch, el grande (28) 

Caudillo azteca, en México detiene 

La marcha de su pueblo, 3' edifica 

La gran Tenochtitlán, ciudad lacustre; (29) 



68 

La fuerte Cuetlaxcoapan funda Ulmecatl; (30) 

A su indolente pueblo le da asiento 

En las costas del Golfo, Xicaláncatl; (31) 

El valiente Mixtécatl se guarece 

De Mixtecapan en las agrias sierras; (32) 

Otómitl, el xocóyotl, siempre vive (33) 

En montañas á México cercanas 

Y allí prospera en ricas poblaciones, 

Como eran ToUan, del saber emporio, 

Xilotepéc y Otompan, del trabajo. (34) 



Ha3' otro mito de belleza Heno, 
Sobre el origen de la raza humana: 



Del dios Cjue da el calor, del esplendente 
Tonacatéuctli de cabellos de oro, 
Bebe el amor Tonacacíbuatl bella (35) 
(La misma tierra cuando se halla enjuta), 
Y Oxomoco y Cipactli áe ellos nacen: (36) 
Aquélla la Noche es, 3- éste es el Día. 
Después de dar la vida á estos gemelos 
Transfórmase en mujer la diosa bella, 
La estrecha una serpiente en sus anillos, 
Y' 3-érg'uese terrible Cihuacóhuatl; (37) 
Del híbrido consorcio nacen fuertes 
El hombre y la mujer, primer pareja. 
De la especie, feliz progenitura. 



VI. 



Creció la humanidad, pobló la tierra; 
Las artes \' las ciencias florecieron; 
Ubérrima la tierra, con svis frutos 
La vida derramó; los animales 
En los espesos bosques discurrían; 
Y el hombre por doquier el gozo abarca. 
Muchos siglos felices transcurrieron; (38) 
Empero al fenecer un año infausto (39) 
Una deidad desciende del Empíreo, 



A.NALES. — Tcl.MO IV. 



LÁM. 4. 




Codex Ríos Pao. I/vuelta 

CHALCHIUTLICUEYE. 




Cod Rírf; pa^4 wpíta 



ATONATIUH. 



69 



Ln de «su falda azul,» Cbalcbiucueye ; (40) 

Y abrió los cielos; 3- torrentes de agua 
Anegaron la tierra; y sumergidos 
Fueron gigantes, hombres y animales. 
Una mujer y un hombre se salvaron 

En hueco tronco de ramoso abuéhuetl, (41) 

Sobrenadando en caudalosas aguas 

Que en proceloso mar cambian la tierra. 

Atonatiúh llamaron los nahoas (42) 

Al cataclismo ó destructor dikxvio 

Que en tlacamicbin convirtió á los hombres 

Y en moradores de la mar y lagos. (43) 



YII. 

Muchos siglos de nuevo transcurrieron, (44) 
De nuevo se pobló la tierra enjuta; 
A florecer las artes y las ciencias 
\'olvieron otra vez; tranquilo el hombre 
Gozaba de ventura, 3' no temía 
Que Tonatiúb airado se tomara. 
Llegó una primavera; mas los campos 
Con su verde esmeralda no se visten. 
Los árboles sus hojas no renuevan. 
La cu/fu/ízcaí/ alegre sus gorjeos (45) 
No viene á hacer oír, ni la builota (46) 
Gime en ácaí/ cimbrada por el viento, (47) 
Sino que aciago y triste llega un día; (48) 
Del frígido Mictlampa se alzan nubes (49) 
Precursoras de recias tempestades; 
Los vientos con furor soplan y zumban; 
El Tlalocan se cubre de tiniebla; 
Los aricóles doblegan su alta copa; 
Las aves hu^-en del espeso bosque 
En alas del terror más que en las su3'as: 
Desde lo alto del cielo pavoroso, 
Desciende un dios con cauda de culebra, 
De plumas mil vistosas adornada; 
Su diestra mano un báculo sostiene, 
Y la siniestra empuña de quetzalli 
Plumero verde, olímpica divisa; 
Es Quetzalcóatl, el numen de los vientos: (50) 
Con voz de trueno que el espacio llena, 
Implacable maldice á los humanos 



70 



Y á perecer condénalos terrible: 
Ebécatl. su ministro, presuroso (51 ) 
El mandato fatal luego obedece, 

Y al violento Huracán y al Cierzo helado 
Sobre la tierra con furor empuja: 




Destituidas las ciudades y los pueblos. 
En las cavernas se guarece el hombre, 
Pero se encuentra con hambrientas fieras, 
Y entre sus garras con terror perece: 
El océlotl feroz, innumerables (52) 
Víctimas hace de la especie humana. 
Los raros hombres que salvarse logran 
Vagando por los campos y los montes, 
En ozomatli (monas) se convierten. (53) 
Feliz una pareja en su caverna 
Salvarse pudo, y fiíé la destinada 
Por el Creador para poblar el mundo. 
Ehecatonatiúh, tal es el nombre (54-) 
Que azorados le dieron los nahoas 
Al cataclismo con que plugo al Cielo 
Del hombre castigar la vida insana. 



VIII. 

Vuelven los hombres á poblar la tierra 

Y ésta á brindar sus flores y sus frutos; 
La nueva humanidad goza de lleno 

De los placeres que la vida ofrece; 

Y pasa el tiempo, y se amontonan siglos, 

Y no haj' memoria del dolor pasado. (55) 
Empero el dios cjue rige á los mortales. 
Desde el Teteocan su mirada fija 

Sobre la tierra, v otra vez resuelve 



71 

Que el hombre muera y ajjurar el mundo, 

Xiubtecútletl, el dios de los volcanes, (55') 

Es el enviado del celeste empíreo 

Para cumplir la voluntad suprema: 

Amarillo se toma el claro cielo 

Por los vapores que el azufre exhala 

De los volcanes en el hondo abismo: 

Cuando el calor ya ahogaba á los mortales, 

Aparece en el cielo el dios terrible, 

\'istiendo cauda de amarilla lumbre 

Formada por relámpago perenne, 

Sañudo el rostro, con las manos llenas 

De íécpaí/ destructor que al viento arroja; (56) 

Y entre fragor de truenos y de rayos 
Se aleja de la tierra 3- vuelve al cielo. 
Apenas hubo el numen ascendido 

A su feliz mansión, ígneos torrentes 
De los volcanes por el cráter surgen 

Y ardiente lava por la falda corre; 
Del cielo caen raudales de ceniza, 
Lluvias de fuego y de caliente arena, 

Y en la tierra la dura roca hierve: 
Urgidos de terror huj-en los hombres 

Y con ellos también los animales; 
Mas la pálida muerte se apodera 

De todo el que respira aquel ambiente. 
Apiadados los dioses de infelices 
Que acaso, como Lot, fueron virtuosos, 
En aves voladoras los cambiaron, (57) 

Y huyeron de la muerte en raudo vuelo. 
La frígida intemperie de los siglos 

.\1 fin endureció la ardiente lava, 

Y quedaron tendidas las corrientes 
Desde los picos que rodean el Valle 
Hasta las hondas grietas de Atenquique, 
Y' desde allí, veloces serpenteando, 
Hasta la sierrfi hirviente en Guatemala: 
Entonces se formaron en el Valle 

Los negros pedregales que circundan 
A Tlalpan y Mixcoac, 3- por A\-otla 
Líis grandes masas de tezontli rojo: (58) 
El Popocatepétl, el Xinantécatl, 
El pedregoso Axochco, el Citlalté]3etl, (59) 
En los extensos valles que dominan 
Quedaron desde entonces de aXalaxa.. 



72 



También en esta vez una pareja, 
En subterránea cueva guarecida, 
Por milagro salvóse de la muerte. 

Y el Anáhuac pobló: la vida toma, 

Y brotan frutos de la fértil tierra. 
Tletonatiúb, ardiente «sol de fuego,» (60) 
Llamóse al espantoso cataclismo. 



IX. 



Citlaltónac, «lucero refulgente,» (61) 
Hermoso dios que mora en Omevócan, 
Con Citlalcuéitl. el «faldellín de estrellas,» (62) 
Se une en consorcio con amor fogoso, 

Y crea los dioses que en el cielo viven; 
Alas una vez al alumbrar la diosa 
Nació un tajante y relumbroso técpatl; 

Y al ver los dioses á tan raro hermano, 
Arrójanlo indignados de la altvira; 
Cuando á caer sobre la tierra llega 

El duro pedernal, mil y seiscientos 
Héroes ó dioses del lugar brotaron, 

Y el gran Cbicomoztóc, ó «siete cuevas,» (63) 
Albergue fué de aquellos celestiales. 
Viéndose solos en su nuevo mundo, 

Pues ya los hombres perecido habían 
Por el Tletonatiúb, y aun infecunda (64) 

Y desierta se hallaba el ancha tierra. 
Acordaron mandar una embajada 
Solicitando de su augusta madre 

El don precioso de crear vivientes, 
Para formar con ellos servidumbre. 
A Tlotli, gavilán, le confirieron 
De embajador el eminente cargo. 
La diosa respondió con voz severa, 
Que si abrigaran sentimientos nobles 

Y pensamientos de su origen dignos. 
Su afán constante, su único deseo 
Debieran ser vivir eternamente 

Con sus hermanos en el alto empíreo: 
Mas pues g-ustaban del terráqueo globo. 
Que acudieran al dios de los infiernos, 
Al jefe del Mictlán, y le pidieran 
Huesos de muerto, con su propia sangre 



-12- 



Anales.— Tomo IV. 



LÁ.M. 5. 



O OÓCQ 

Ü OQ'óO 




Códice I^iüs pao 6 

EHECA.TONA.TIUH. 




XIUTECUTLETL. 



A.N.vi.iis. — Tomo IV 




l'üSil'illli'í' 



Códice Ríos pac^. 6 vui 



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■^'^ 



H.b vuelta. 



TLEITONATIUH. 



íiríHíillMIilJMFlír'iT!-!!;.:»; '; 



»!fp»iiiiiiiiii>iíi(ií'ii«iiñi!fv"'ííSj""Mi'i;;;ri;;.|, :, 




TLALTONATIUH. 



73 



Regáranlos, que al fin ])rocliKMrííin 

Al hombro y la mujer, los procreadores 

De pueblos y comarcas del Anáhuac. 

Y le advirtió la diosa al emisario 

Que el que fuei-a al Mictlán mu}' cauto fuera, 
Porque el dios infernal arrepentirse 
Después i)udiera, y le (|nitaba el hueso. 
Al inti-épido Xólotl cupo en suerte 
Marchar á las regiones del infierno 
Para el hueso pedir, y en los umbrales 
Del antro apenas se posó su planta. 
Cuando al encuentro le salió el Tecútli: (65) 
En breve arenga la embajada expuso 
El numen terrenal, y el fiel custodio 
Del fúnebre Mictlán donóle un hueso: 
La dádiva en sus manos viendo Xólotl, 
De allí se ajjarta, y en veloz carrera 
Hacia la tierra con ardor retorna: 
Aunque el dios infernal, en pos del héroe 
Presuroso corrió, no le dio alcance, 

Y á su mansión volvióse enfurecido; 
Pero en su fuga el terrenal tropieza, 
Al svielo cae, y suelta su reliquia, 

Y el hueso se rompió, se hizo pedazos; 
Con cuidado recoge los fragmentos 

Y hacia la tierra su camino sigue 
Impávido Xolótl, y á sus hermanos 
Entrega los pedazos desiguales: 

En un tecáxitl áe bruñida piedra (66) 
Echaron las astillas con gran celo 

Y las regaron con su propia sangre; 
A la cuarta mañana salió un niño; 
Volvieron á regar, y á los tres días 
Una niña surgió del hondo cáxitl. 
Del mismo Xólotl bajo la custodia 
Los dos niños quedaron en su infancia, 

Y con leche C|ue extrajo de los cardos 
Alimento les dio mu}' saludable: 
Crecieron los infantes, y su raza 
Pronto pobló la solitaria tierra. 

De los hombres la altura es diferente. 
Porque también lo fueron los pedazos 
Del hueso C|ue rompió Xó/oí/ huyendo. 



Anales. T. IV.— 10. 



74 



X. 



Desptiés de invichos siglos de ventura; (67) 
Cuando la humanidad sobre la tierra 
Esparcida se hallaba cual los astros 
En el espacio inmenso de los cielos; 
Cuando comarcas, pueblos y ciudades 
Poderosas se alzaban en Anáhtiac, 
Como Palenque, Uxmal y Xochicalco; (68) 
Cuando el Wxtóíi en la feliz CholóUan (69) 
Altísima pirámide levanta; 

Y cuando el bronco y pertinaz tarasco 
Sus colosales yákatas erige; (70) 
Entonces ¡a^-! cual la oriental Palmira 
En ruinas se convierten las ciudades 

Y perecen también sus moradores. 
La Centeotl, la Cercs del nahoa, (71) 
La que el maíz produce en abvindancia, 
Vuelve airada la faz á los humanos, 

Y con fuego que brota de sus ojos 

Las mieses tuesta y quema las praderas. 
Apiztli asolad ora se propaga (72) 
Desde el Mictlampa, donde mora el Cierzo (73) 
Hasta el Huiztlán, del Ábrego guarida; (74) 

Y recorre también, llevando horrores, 
Desde el Tlalócan, donde el sol se asoma, (75) 
Hasta el umbroso 3- triste Cihuatlainpa: (76) 
Del hambre en pos camina la Miquiztli, (77) 
\' su gviadaña fiera, cortadora, 

Segando va la vida del anciano. 

Del niño y la mujer en su miseria: 

Los hombres quedan en tormento horrible 

Esperando exhalar su último aliento; 

Y cuando juzgan que su fin se acerca. 
Las iras de los dioses los azotan 
Con nuevo padecer que ya ni sienten: 
Fatigados los dioses que en sus hombros 
La gran mole soportan de la tierra, 

Sin fuerza y sin vigor, que ya les faltan, 
Vacilantes, apenas la sostienen, 

Y la sacuden grandes terremotos; 

Al hombre en su dolor no lo amedrenta 
La nueva plaga que sus males dobla. 



75 

Sino tranquilo y plácido se pone 
Cuando la tierra se abre y se lo traf^a. 

Apiadada la diosa de la gente 
Que sobrevive á tan terribles males, 
Vagando por los campos y los montes 
Y de la mar por solitarias playas. 
Desciende del empíreo, más serena; 
Es la Centeótl con otros atributos; 
Xochiquetzáia, la festiva diosa, (7!S) 
La del amor y grandes alegrías. 
Baja empuñando entretejidas ramas 
De yerbas y de flores, y la tierra 
Con su hálito sagrado fertiliza; 
En breve tiempo esmáltanse los prados 
Con flores brillantísimas y amenas; 
Del árbol cuelgan sazonados frutos. 
Se cuaja en el nopal la fresca tuna, 
Suave néctar destilan los magueyes, 
Las milpas se sazonan en los campos, 
Y de tlaoltzín rebosan los tzincólotl; (79) 
Los dioses fatigados que soportan 
De la tierra la inmensa pesadumbre. 
Por otros vigorosos se cambiaron: (8U) 
En otra Arcadia convirtióse Anáhuac. 
Tlaltonatiúh, terril)lc «sol de tierra,» (81) 
Tal fué el nombre que dieron los nahoas 
A la funesta edad en que murieron 
Acosados por hambre encrudecida, 
O agobiados por fuertes terremotos. 



El agua, el aire, el fuego y aun la tierra. 
Los elementos todos contra el hombre 
Pronúncianse á su vez, siempre conspiran 
Para que muera, y del terrestre mundo 
Se pierda ó se disipe su memoria. (82) 



76 



NOTAS DEL AUTOR. 

(1) El dios creador de todas las cosas se llama Omeíecuí/j; mora en la re- 
gión más alta de los cielos, en un lugar llamado Omeyocan. «Viendo los nahoas, 
dice el Sr. Chavero, que todo en la naturaleza se reproduce por un par, creyeron 
lógico hacer par á su primera divinidad; y por eso le dieron como esposa á la 
diosa O/neciAuaí/.» Pero ésta no era una persona distinta, sino la misma del 
Creador; y para significar esta Unidad y esta Dualidad simultáneas, se le dio 
el nombre de Owctecutli, «el señor ó el varón de los dos» y el de Omecihuatl, «la 
mujer ó hembra de los dos;» y como para insistir más en la idea, se le colocó en 
el Omeyocan, "Morada de la Dualidad» (omeyotl, dualidad; can, lugar). No son 
«dos cielos,» como ha creído el Sr. Chavero {México ¿i través de los sifflos. 
Tom. I, pág. 91), sino el «cielo de los dos,» «cielo de la dualidad.» Sólo la Trini- 
dad de los cristianos puede darnos una idea de esta Dvialidad. 

(2) Teotlathiuhco se compone de Tcotl, dios; tlatlaulujui, rojo, colora- 
do; co, en, donde: «donde el dios rojo;» pero perifraseando el concepto, significa: 
«mansión del dios rojo, del dios del fuego.» La creación del Teotlatlaubco equi- 
vale, en la cosmogonía nahoa, á la creación de la Luz en el Génesis de Moisés. 

(3) Teocozau/jco se compone de Teotl, dios; cozauhqui, amarillo; co, en, 
donde: «donde el dios amarillo;» pero, por perífrasis significa: «mansión del dios 
amarillo.» La creación del Teocozauhco es la creación de la nebulosa ígnea de 
que se formó el sol. 

(4) Teoiztac se compone de Teotl, dios; iztac, blanco; c, contracción de co, 
en, donde: «donde el dios blanco;» y, por perífrasis, significa: «mansión del dios 
blanco.» Aquí el dios es la estrella de la tarde. Como los nahoas no le dañen 
este caso nomljre especial, hemos empleado en el verso la palabra poética Vés- 
pero. 

(5) Teteocan se compone de teteo, dioses, plural de tcotl, dios, y de can, lu- 
gar: «morada de los dioses.» Equivale al Olimpo de los griegos, á la Gloria de 
los cristianos, ó al Paraíso de los musulmanes. 

(6) Itzapannanazcayan es un solo vocablo, pero lo hemos dividido en dos 
en el verso para facilitar su lectura. Se compone de itztli, obsidiana; atl, agua; 
pan, en; nanatzca, crujir, rechinar; yaii, lugar; y significa: «lugar donde cruje 6 



77 

rechina sobre el agua de piedra de obsidiana.» Era el cielo de las tempestades, 
la región donde se forma el granizo.» Comparaban los nahoas el ruido precur- 
sor de las tempestades de granizo con el sordo rumor que producirían los can- 
tos de obsidiana arrebatados por una impetuosa corriente. 

(7) Mictlantecutli se compone de mkth'in, el infierno; de teciitli, jefe ó señor: 
«el señor ó dios de los infiernos.» lira el Pintón de los nahoas. Mictlíin se com- 
pone de micqui, muerto, y de thiti, en: «mansión de los muertos.» Mictlantccu- 
tli tenía en el templo mayor de México una capilla llamada tlalxko, «el ombligo 
ó vientre de la tierra.» También el poeta de la teología católica creía que el in- 
fierno estaba en el centro de la tierra. 

(8) Véase la nota 6. 

(9) A'oAOu/2co se compone de xoxouliqiii, color azul, y de co, en, donde: 
«donde (está) lo azul,» el cielo que se ve de día. 

(10) rarauAco se compone de j'a_r/!íí/jí/V, ob.scuro, y de co, donde: «donde 
(está) lo obscuro,» el cielo que se ve de noche. 

(11) Jl/a/na/oaío se compone de mama/oa, inflexión del verbo mama/;, per- 
forar, atravesar, y de co, en, donde: «donde se taladra ó perfora.» Como los co- 
metas y las estrellas errantes se pierden de vista en el cielo á medida que se ale- 
jan, fingían los nahoas que hendían ó taladraban el firmamento para perderse. 

(12) Citlaliiiniina, que hemos visto en algunos autores, y citlnlintlnmina, 
como escribe el Sr. Chavero, son dos barbarismos en el idioma azteca, porque 
segiin las reglas de composición, por incorporación el primer vocablo pierde las 
letras finales in, y queda formada la palabra citlalwina, lo mismo que Citlalte- 
petl, nombre del volcán de Orizaba. 

Citlalmina se compone de citlalin, estrella, y de mina, tirar flechas ó saetas: 
«estrella tira saeta;» tal era el nombre que le daban los nahoas á los cometas 
que tenían cauda, á diferencia del crinito que llamaban xihuitl, yerba. Al come- 
ta en general le daban el nombre de citlalpopoca, estrella humeante. 

(13) Huitztlán, e\&ur. Véase la nota 74. 

(14) Quetzalcoatl se compone de qiietzalli, hermosa pluma verde, y de coatí, 
culebra ó serpiente. Los nahoas llamaban á Venus, cuando era matutina, ci- 
tlalpol, aumentativo de citlalin, estrella, y significa: «estrella grande;» y cuando 
era vespertina, huey citlalin, «grande estrella.» Parece que sólo le daban el nom- 
bre de Quetzalcoatl cuando aparecía en su elongación austral. Como Lucifer ó 
estrella matutina, la llamaban también Tlaliiiitzcalpantecutli , «el señor de la 
Aurora ó del Alba.» Véase la nota 50. 

(15) Tonatiuh. El Sr. Orozco y Berra dice que, aunque el sol tenía diversos 
nombres, por excelencia se le llamaba Tcotl (Dios), y cjue el apellido tonatiuh 
significa un accidente y quiere decir «el que va resplandeciendo.» No hemos po- 
dido averiguar el origen de esta significación, porque «resplandecer» es tla-ncx- 



78 

tía, y «resplandecer ó brillar el sol» es tonanieyotin, derivado de tonameyotl, 
rayo, luz, raj'o de sol; compuesto de tonatiuh, el sol, y de rnerotl, rayo. Cree- 
mos que tonatiuh se compone de tona, hacer calor, producir calor, y de tiub, 
desinencia de los verbos que se conjugan con el verbo ir, la cual toman en el in- 
dicativo, V. g.: nitlii-poa, yo cuento; nitla-poatiiih, yo voy á contar ó vov con- 
tando. Tonatiuh, bajo la forma substantiva, significa: «el que va calentando, 
produciendo calor.» 

(16) Tetlaliloc. Xo hemos podido averiguar la etimología de esta palabra. 
Todos los intérpretes de los Códices están conformes en que significa: «el Espa- 
cio.» 

(17) Citlalco se compone de citlalin, estrella, y de co, en, donde: «donde (es- 
tán) las estrellas;» el cielo estrellado. 

(18) Los nahoas llamaban al Oriente el Tlalocan (Véase la nota 75); y dis- 
tinguían el Oriente del sol del de la luna agregando el nombre de ésta, MeztU. 

(19) Los nahoas creían que el cielo de las estrellas era el cielo de las lluvias. 
En una pintura del Códice Vaticano se ven unas gotas de agua que cuelgan del 
ilhuicatl Tetlaliloc y que se unen al otro cielo ó ilhuicatl Tlalocan Meztli, donde 
empieza la región de las nubes. También el Génesis nos habla de las «aguas 
superiores. » 

(20) En la misma pintura de que hemos hecho mención en la nota anterior, 
se obser\-a que junto á la luna está el símbolo del aire, ebecatl; y esto induce á 
creer que los nahoas suponían que la luna estaba en el cielo de las nubes y en 
nuestra atmósfera. En los sistemas astronómicos de Ticho Brahe y de Ptolo- 
meo, que la culta Europa admitió como verdades científicas hasta que Galileo y 
Copémico demostraron su falsedad, se enseñaban mayores absurdos. 

(21) Otros pueblos tenían el mismo mito, aunque variado. Según los cali- 
fornios, la esfera se sostenía en las espaldas de siete gigantes. Los mayas de- 
cían, que cuando Dios creó el mundo puso á los cuatro hermanos Bacab hacia 
los cuatro extremos del cielo, para que lo sustentasen y no se cayese: estos her- 
manos se llamaban Kan, Muluc, Ix, Cahuac. Ambos pueblos creían que cuando 
los gigantes ó los genios flaqueaban, vacilaba la tierra y sobrevenían los terre- 
motos. 

(22) Dice el P. Sahagún (tomo III, pág. 309), « los antiguos habitantes 

de esta tierra pensaban que el cielo se juntaba con el agua en la mar, como si 

fuera una casa: que el agua son las paredes, 3' el cielo está sobre ellas; » En 

el MS. 154 de Muñoz Camargo, citado por Orozco y Berra, se dice: que la tierra 
era plana, terminaba en los países conocidos, y más allá de las costas se exten- 
día la mar, cuj-as aguas se unían con los cielos; que éstos y aquéllas eran de la 
misma materia, aunqiie los cielos más densos. 

(23) Ilancueye se compone de ilamatl ó ilantli, vieja, y de cueye, corrupción 
de cueyntl, rana: nrana vieja." El Sr. Orozco y Berra, siguiendo á Torquemada, 



79 



incide en el error de llamar á esta diosa Jlancucitl, que se compone de ilantli, 
vieja, y de cueitl, falda ó enagvias, y significa «enaguas de vieja.» Con esta sig- 
nificación queda enteramente desfigurado el mito, y se aparta el sabio historia- 
dor del común sentir de los escritores antiguos. El Sr. Chavero escrilic Ilancuey, 
y le da la significación de «Rana vicia.» 

(24) /zífjm/.vco/iííaí/ se compone de /zíac, blanco, niixtli, nube, y colmatl, 
culebra: «culebra de nube blanca.» Era el nombre que daban á la nebulosa que 
los griegos llamaban «Vía láctea» y los españoles «Carrera de Santiago.» 

(25) Tlacame, hombres, plui'al de tlucatl, homljre. 

(26) Los indios creían que nuestro territorio estuvo poblado primitivamen- 
te por gigantes, y lo acreditaban con los grandes huesos de paquidermos que 
encontraban fósiles en las excavaciones. Los llamaban quinametzin 6 huetla- 
came. 

(27) El primero y el último de estos nombres están hoy muy adulterados y 
son Izúcar (Matamoros) y Huaqucchula. Fundó además á Tcopantlán, Tehua- 
cán, Cozcatlán, Teotitlán y otros lugares. 

(28) Te/íocA se compone de teí/, piedra, y figuradamente, cosa dura, y de 
nochtli, tuna: «tuna de piedra, ó dura.» Este nombre le dan los indios á la tu- 
nita colorada. Entre los nahoas, los nombres de persona provenían, en muchos 
casos, de nombres de objetos, y entonces, para distinguirlos, .suprimían al nom- 
bre de persona la sílaba ó letras finales; así Te-nochtli, nombre de la fruta, se 
convierte en Te-noch, nombre de la persona. 

(29) Tenochtitlán se compone de Tenoch (Véase la nota anterior), de ti, li- 
gadura eufónica, y de í/an, cerca ó junto, y en general, lugar: «lugar de Tenoch,* 
esto es, fundado por él. 

(30) Cuet/aA-coapa/j era el lugar donde hoy está la ciudad de Puebla. (Ul- 
mécatl) fundó, además, á Totomihuacan y á Iluitzilapan. 

(31) Esta población se extendió hacia Coatzacoalco, y comprende á Xica- 
lanco cerca de Tabasco y al otro Xicalaneo cercano á Veraeruz. 

(32) Hoy se llama simplemente la Mixteca. 

(33) A'ocorot/ significa «el último hijo.» De esta palabra se ha formado el 
aztequismo «socoyote» con la misma significación. 

(34-) Estas poblaciones llevan hoy el nombre de Tula, Jilotepec y Otumba, 
y todas pertenecen al Estado de Hidalgo. 

(35) El Sr. A. Chavero, en su obra monumental México á través de los si- 
glos, t. I, pág. 94, dice: «Tonacatecuhtli, que es el nombre del sol cuando á su 
vez es creador de las otras creaturas, significa el señor de nuestra carne ó el se- 



80 

ñor que nos^ alimenta. Los nahoas comprendían los efectos benéficos del sol so- 
bre las sementeras }• sobre todos los seres de la tierra, y le atribuían con razón 
la virtud vivificadora que expresaban con su nombre. » 

«Para significar el sol como astro, de su nombre de Tonacatecuhtli formaron 
Tonatiuh. Lo representaban entonces por un círculo, porque el astro se mani- 
fiesta redondo á la vista, y hacia la circunferencia repartían simétricamente v 
alternados unos signos en figura de .\ y otros en forma de aspas. Tenemos ya 
el sol como creador con el nombre de Ometecuhtli, como vivificador con el de 

Tonacatecuhtli y como astro con el de Tonatiuh. « Lástima grande que 

no sea verdad tanta belleza. 

Veamos sobre la interpretación del Sr. Cha vero lo que dice el insigne nahua- 
tlato michoacano Macario Torres: 

«Cuando dos verbos están compuestos con la partícula ti. el primero se con- 
serva invariable y adquiere una significación gerundiva, y el segundo, de quien 
está regido, es el que se conjuga. Para verificar la unión, se coloca el verbo an- 
tecedente en el pretérito perfecto de indicativo, número singidar, sin el signo o y 

suprimiendo la c final, caso de que en ella termine 

El verbo del fin no se altera, excepto yaiih y onoc que siempre pierden las dos 
primeras letras, v. g.: tlacuatiuh, va comiendo; chocatiiih. va llorando: TONA- 
TIUH, va alumbrando » 

.\1 llegar á este punto pone la siguiente nota: 

« — Hé aquí demostrada con evidencia la etimología del nombre dado por los 
mexicanos al sol. In tonatiuh se traduce sin dificultad el que va alumbrando, y 
esa palabra está formada con toda sujeción á las reglas gramaticales, pues el 
pretérito perfecto de tona es tonac, y pierde la c final en la composición de que 
se viene tratando. 

«Xo sucede lo mismo con la voz tonacatecuhtli, de donde el Sr. Alfredo Cha- 
vero pretende derivar aquel nombre, siguiendo á otro autor más ó menos respe- 
table. (Dicción, geog. y estadíst. .\rt. «Calendario .\zteca,» párr. 8.) En primer 
lugar, tonacatecuhtli es un disparate, puesto que la palabra nacaí/esuna de las 
que en contposición con un pronombre posesivo no sólo pierden la ti sino tam- 
bién la vocal antecedente, y así se dice nonac, monac, tonac, mi carne, tu carne, 
nuestra carne. En segundo lugar, la misma palabra está muy mal empleada, 
porque tanto ella como omití, hueso, yeztli, sangre, etc., no sirven para desig- 
nar las partes integrantes del cuerpo: en su lugar se emplean los derivados na- 
cayotl, omivotl, yezotl, etc.: de manera que la expresión nuestra carne, esto es, 
la que compone nuestros cuerpos, no se traduce tonac. sino tonacayo. 

«Observaremos, por último, que el nombre Tonacayotecuhtli, ó Tonacatecu- 
tli, como quiere el Sr. Chavero, es un epíteto forzadísimo para dar á entender 
qne al sol debemos nuestro ser; y por otra parte es del todo inverisímil que ese 
epíteto se haya desfigurado tanto hasta convertirse en Tonatiuh.» 

ALFAXE vient dEQVVS, sans doute, 
Mais il faut avouer aussi 
Qu'en venant de lájusqu'ici, 
II a bien changé de route. 

Véase la nota 15. 



81 

(36) Las etimologías de Oxomncn y de Cipactli son desconocidas. EISr. Cha- 
vero creyó haber encontrado la de Cipactli {Méx. á través de los siglos, t. I, 
pág. 96); pero el Sr. Macario Torres (Estudios gramaticales sobre el uNa- 
huatl,i> págs. 81 á 91 ) ha demostrado que esa etimología es absurda. 

(37) Cihuacohiiatl se compone áe ciliitatl, mujer, hembra, y de coAuaí/, cu- 
lebra: la culebra mujer. Se llama también Coatlicue, la de la falda de culebras; 
Cihuateotl, el dios mujer. El ídolo de este dios tiene la cara de culebra, cuyo 
cuerpo se enreda en el de la mvijer, y su cola termina en la parte inferior; viste 
una falda ó enagua tejida de culebras y adornada de borlas y de plumas. 

(38) Desde la época en que los nahoas ponían la creación de la humanidad 
hasta el sol de agua, transcurrieron, según la opinión de casi todos los historia- 
dores, entre ellos Humboldt, 4008 años. 

(39) Los nahoas conservaron memoria del mes y aun del día en que se veri- 
ficó el cataclismo, fvié el día matlactli atl (diez aguas), y el mes Atcmoztli (caída 
ó fin de las aguas), que equivale al 31 de Diciembre. 

(40) Chalchiiitliciicye ó Chalchiuitlicuc se compone de Chalchihuitl, esmeral- 
da, piedra preciosa verde, /, su, cueitl, falda, enagua. Era la diosa del agua, 
coiTipañera del dios de la lluvia, Tlaloc. La pintaban con un traje v tocado azu- 
les, con gotas de agua; el rostro, las manos y los pies amarillos; calzado, cactli 
blancos; empuñando con la mano derecha un tzotzopaztli, instrumento para 
apretar los tejidos; y con la izquierda un malacatl, huso para hilar algodón. 
Era patrona de los navegantes y de los pescadores, y, usando de la graciosa 
frase de un fraile historiador, «de cuantos tenían granjerias en el líquido elemen- 
to.» El sabio arqueólogo D. Leopoldo Batres lia dado el nombre de esta diosa 
á un ídolo de Metztli que yacía abandonado en Teotihuacán. Aliquando dormi- 
tat Homerus. 

(41 ) Ahuebuetl se deriva de ahuehuetic, que no envejece; compviesto de a, no, 
y de huehuetic, envejecido; aludiendo á que esos árboles no envejecen, sino que 
durante siglos están lozanos. El Sr. M. Torres (Obra citada en la nota 36), 
que apunta esta etimología, ha ridiculizado la que dio el Sr. Payno diciendo que 
aAue/joet/ significa «tambor de agua.» 

(42) Atonatiuh se compone de atl, agua, y de tonatiuh, sol: «sol de agua.» 

(43) Tlacamichin se compone de tlacatl, hombre, persona, y de michin, pez: 
«hombre-pez.» Los nahoas creían que los hombres, al inundarse la tierra, se 
habían convertido en peces. 

(44) Entre el Atonatiuh y el segimdo cataclismo que se va á describir trans- 
currieron 4804 años. 

(45) Cüj'cíi/t^cat/ significa «golondrina,» onomatope^a tomada del gorgeo 
de esa ave. 

Anales. T. IV.— 11. 



82 

(•i6) HuHota es un azteiinismo introducido al castellano, tomado de huilotl. 
paloma. 

(47) .-lcaí7 significa «caña,» ó carrizo. 

(48^ El cataclismo que estamos describiendo se inició el día ce ocelotl (un 
tigre), del mes Pachtli (heno), que equivale á un día desconocido de Marzo. 

(49) V. la nota 51. 

(50) Oiietzíticoatl se compone de coatí ó cohuatl, culebra, y de qvetzalli, 
pluma larga, verde y rica, en sentido figurado «preciado, valioso:» «culebra 
depluma rica, culebra preciosa,» y metafóricamente, «persona de gran valía» por 
sus prendas y saber, ^ueíza/coaí/ es iin personaje misterioso que figura en la 
mitología y en la historia tolteca, unas veces como hombre v otras como dios. 
Su historia es muy complexa y no cabe en los estrechos límites de una nota. 

Entre los nahoas era el dios del aire y de los vientos. Iztamixcoatl en su se- 
gunda esposa CAima/íHa engendró á Quetzalcoatl. (Y. la nota 24.) Este hijo 
filé la estrella Venus, como vespertina. «Como á los helenos les llamó la aten- 
ción el lucero de la mañana, que brotaba de las ondas del mar que al Oriente te- 
nían, así les llamó á los nahoas habitadores del Pacífico el astro vespertino que 
flotaba en las olas del horizonte. Su luz, reflejando en el movedizo oleaje debió 
hacerlo aparecer como brillante culebra, y al deificarlo le llamaron Quetzal- 
coatí.* (A. Chavero, México á través ele los siglos, pág. 100.) V. la nota 14. 

(51) iJAécat/ significa «viento.» Lo representaban por una cabeza fantásti- 
ca. Al viento del Este lo llamaban Tlalocayotl, derivado de Tlalocan, el Orien- 
te, ó sea la residencia de Tlaloc (V. la nota 75); al del Norte, Mictlampa ehé- 
catl (Y. la nota 73); al del Oeste, Cihuatlampa ehécatl, (Y. la nota 76); al del 
Sur, Huitztlampa ehécatl (Y. la nota 74). 

(52) Oce/ot/ significa «tigre.» 

(53) Los nahoas creyeron cjue los hombres que habían perecido por el Ehe- 
catonatiuh se habían convertido en monas. Lo que probablemente sucedió fué 
que los monos, que habitaban los países cálidos, azotados por los vientos gla- 
ciales del Norte, abandonaron las regiones boreales buscando mejores climas, é 
hicieron su aparición por primera vez en las regiones tropicales del Anáhuac. 

^54) Ehecatonatiub se compone de ehécatl, viento, y de tonatiuh, sol, y sig- 
nifica «sol del viento,» ó terminado por los vientos. En opinión de los sabios, el 
Ehecatonativh era el recuerdo que conservaban los nahoas de la época glacial 
que conocemos hoy por la ciencia de la geología. 

(55) El período duró 4010 años. 

(55') Xiuhtecutletl se compone de xihuitl. año, de tecutli, señor, y de í/et/, 
niego, }• significa: «Fuego señor del año.» Los Sres. Orozco y Berra y Chavero 
escriben Xiuhtecutlitletl; pero esta escritura es errónea, porque, según las reglas 



63 

de composición por incorporación, la sílaba tli de tecutU se pierde por apócope. 
Xiiiteciitli era el señor del año y de la yerba. Como numen del fuego le daban 
también el nombre de Ixcozauqui (ixtli, cara; cozauhqui, amarillo: «rostro ama- 
rillo,» esto es, color de fuego). Los mexicanos le tributaban reverente culto y 
tenía consagrados muchos templos. En la comida le ofrecían el primer bocado 
de cada manjar y el primer sorbo de la bebida, arrojando uno y otro al fuego. 
En ciertas horas del día quemaban copnlli en su honor. 

(5G) Técpaí/ significa «pedernal.» 

(57) Así como en el jeroglífico que representa el /I íoi2aí/u/i se observan dos 
peces, y en el que representa el Ehecatonatiuh se observan tres monas, en la pin- 
tura del cataclismo que estamos describiendo se ven tres aves al rededor de la 
gruta en que se salva la pareja humana; y de ahí vino la tradición de que los 
hombres se habían convertido en pájaros. 

(58) Tetzontli se compone de tctl, piedra, y de tzontli, cabellos: «cabellos de 
piedra.» .\un cuando la roca ígnea que lleva este nombre se asemeja algunas 
veces á una maraña de cabellos solidificada ó petrificada, lo cual podría justifi- 
car la etimología que hemos dado, sin embargo, nosotros, fundados en la auto- 
ridad del P. Molina, creemos que la verdadera escritura de la palabra es tezon- 
tli (substituj-endo con la zeta la c cedilla que se empleaba en el sigloXVI); y en- 
tonces la etimología es la siguiente: tet!, piedra, y zontli, forma substantiva del 
adjetivo zonectic 6 zoiitic, cosa ligera ó liviana, y significará: «piedra ligera,» lo 
cual conviene perfectamente al basalto de que tratamos. 

(59) Popocatépeí/, Monte que humea; A'í'naníccaí/, Señor desnudo; Ajusco 
ó Axochco, Brote de agua; Cithiltépetl, Monte de la Estrella. 

(60) T/eío/jat/!//; se compone de í/eí/, fuego, y de foí¡aí/n/2, sol: «sol de fue- 
go,» ó terminado por el fuego. También se llama esta época Qiiiauhtonathih, 
«sol de lluvia,» de quiabiiitl, lluvia. Se aludía á la lluvia de fuego. 

(61) Citlaltonac se compone de citlalin, estrella, y de tonac, el que alumbra, 
refulgente, particip. de pres. de tona, alumbrar, calentar. 

Citlaltonac es el mismo OmetccutH de quien se ha hablado en la nota 1'* 

(62) Citlalcueitl se componí- (\l' citlalin, estrella, y de cíje/í/, falda, enagua. 
Se escribe también este nombre bajo la forma Citlalicue, y entonces significa «su 
falda de estrellas,» porque la / que precede á ciieitl es el pronombre posesivo 
«su,» y cucitl pierde las finales itl porque se incorpora con el referido pronombre. 

Citlalcueitl es la misma Omcciliiintl de que se ha hablado en la nota 1* 

(63) Chicumoztoc se compone de chicóme, siete, y de oztotl, cueva: «siete 
cuevas.» Estas siete cuevas representan siete grandes centros que constituj-en 
siete distintas nacionalidades que poblaron el Anáhuae. Las tradiciones están 
contestes en que el Chicomoztoc estaba en el Noroeste (hoy Estado de Sinaloa), 
y lo confirman las extensas ruinas que allí se encuentran. 



84 

(64-) Véase la nota 60. 

(65) Tecuí/i significa «señor, noble, jefe.» 

(66) Tecáxitl st compone de tetl. piedra, y de cáxitl, vasija: «vasija de pie- 
dra.» De cáxitl se ha formado en el castellano el aztequisino «cajete.» 

(67) El cataclismo del Tletonatiuh aconteció en el signo chiconahui ollin 
(nueve movimientos); y duró la edad 4804 años. 

(68) Las portentosas ruinas de Pa/enf/ue están situadas á 48 leguas de la 
isla del Carmen, en el Estado de Chiapas. Las rviinas de Uxmal se encuentran 
en una hacienda del mismo nombre, á 16 leguas de Mérida, en el Estado de Yu- 
catán. Las ruinas de Xochicalco están situadas á 6 leguas S. O. de Cuemavaca, 
en el Estado de Morelos. 

(69) Los vixtoti eran los descendientes de Xelhua, primogénito de Iztamix- 
cohuatl. Véase el verso que corresponde á la nota 26. 

CboloUan, hoy Cholula, en el Estado de Puebla, se reputa corrupción de un 
nombre de lengua extraña, probablemente maya, porque en el Sur de Yucatán 
se encuentra Chuhil. 

(70) Se da el nombre de yákatas á las ruinas de unos grandiosos monumen- 
tos que se encuentran en el Estado de Michoacán. 

( 71 ) Centeotl se compone de ccntli, mazorca de maíz, y de teotl, dios, divini- 
dad: la "diosa del maíz.» La «tierra,» tlalli, era xina divinidad. Negando sus 
frutos, presenciando la muerte de los animales y de los hombres y encerrando 
sus despojos en su seno, desnudo de su verdor durante el invierno, presenta una 
faz angustiosa y dura, y entonces se le considera como madrastra, como un nu- 
men hostil, y se le daba el nombre de Chicotnecohuatl, «siete culebras;» y es la 
diosa de la germinación de las plantas, y el numen de la esterilidad y del ham- 
bre. La fertilidad abimdosa de la tierra, el nacimiento constante de nuevos in- 
dividuos, la reaparición de las plantas en la primavera, la ofrecen como blanda 
V amorosa, y entonces se le considera como una madre, y se le da el nombre de 
Chalchiuhcíhvatl, «mujer preciosa;» y preside á la abundancia y al regocijo. Es- 
ta misma diosa presidía á la producción del maíz, base de la alimentíición de 
acjuellos pueblos, y recibía el nombre particular de Centeotl. 

( 72 ) Apiztli es el hambre. 

(73) Mící/awipa se compone de micqui, «muerto,» y de las posposiciones 
tlan \ pa, y significa: «lugar de los muertos, los infiernos.» Como los nahoas po- 
nían este lugar á la derecha de la salida del sol, los españoles tradujeron mic- 
tlampa, el Norte. 

(74) Huitztlán ó Huitztlampa, el Sur, residencia de las diosas Huitzaaoa, 
de donde tomó el nombre. 



85 

(75) Tlalocan, el Oriente, lugar de Tlnloc, «dios de las lluvias.» 

(76) Cihuatlampa, el Poniente, se compone de cihiíatl, mujer, y délas pos- 
posiciones tlan y pa: «lugar de las mujeres.» Estas mujeres eran las diosas Ci- 
hiiapipUtin «mujercitas:» eran las mujeres que morían en el primer parto, y cu- 
yas almas iban al cielo, al lado opuesto de donde sale el sol, al Occidente. De 
ahí salían armadas y en son de guerra á recibir al sol á su paso por el meridia- 
no, nepantlatonatiuh (sol en medio), lo ponían sobre unas ricas andas llamadas 
quetzalapancayotl (armadura brillante), y con danza guerrera lo llevaban has- 
ta el Ocaso, donde terminaba su tarea; entonces amanecía en el infierno, los re- 
probos se levantaban para llevar al sol al orto siguiente; mientras las cihuapi- 
piltin bajaban á la tierra, ya para poner espanto, ya para entregarse á labores 
femeniles. 

(77) Miquiztli es la Muerte. Su símbolo era un cráneo. 

(78) Xochiquetzalli se coinponc áe xochitl, flor, y quetzalli, pluma larga, 
verde y rica; en sentido figurado: «preciado, valioso, hermoso:» »Flor hermosa.* 
La Centeotl, considerada como productora de las flores y de los arbolados, es 
la diosa Xochiquetzalli. 

(79) Tlaoltzin se compone de tlaolli, maíz, y de tzin, apócope de tzintli, ex- 
presión de diminutivo afectuoso: «maicito.» Como el maíz era }' sigue siendo la 
base de la alimentación de los indios, siempre lo han considerado como una co- 
sa muy benéfica, y por eso emplean el vocablo en la forma diminutiva, pues todo 
lo que les causa bienestar, provecho, utilidad, etc., lo expresan en esa forma; así 
dicen aún en castellano: «mi casita,» «mi bucicito,» «ini siembrita.» 

Tír/;jco/oí/ significa «troje.» 

(80) Véase la nota 21 y el verso á que corresponde. 

(81) T/a/íoíJaÍJu/j se compone de tlalli, tierra, y de tonaí/íz/j, sol: «sol de 
tierra.» 

(82) Los mexicanos dieron por terminada la cuarta época ó cuarto sol, des- 
de el día en que fundaron Tenochtitlán y se constituyeron en un pueblo nuevo y 
tuvieron un dios nuevo también. Según el Sr. Orozco y Berra (Hist. ant., tora. I, 
pág. 17), el quinto sol de los mexicanos fué el 18028 del mundo, VIII tochtli, 
694- de Jesucristo, y se inició con la dedicación de las pirámides de San JuanTeo- 
tihuacán al sol y á la luna. Este quinto sol acabó en 1521, en que la ciudad de 
México quedó soinetida á los españoles. 

Si los sacerdotes mexicanos hubieran continuado su cronología durante la 
dominación española, habrían iniciado un sexto sol con la fecha de la Conquis- 
ta, y habría terminado en 1810 

«Al grito salvador del cura Hidalgo.» 



GUERRA 1)H INDEPENDENCIA 



Wl^ 



!& BPAiiliS DE Mil 



JESÚS M. ESCUDERO. 



%n 




Voila en gage nion é])ée: 
j'y vais la reprendre! 

F. FÉLIX. 



Entre todos los proceres de la libertad americana, entre los más es- 
forzados capitanes insurgentes de las dos vastas penínsulas que forman 
el Continente, entre los genios militares más extraordinarios, se eleva 
la más excelsa figura que admirar pudieran las naciones: ¡Morelos! Nin- 
guno le aventaja, ninguno como él, fué el prototipo más completo del 
mártir que, traspasando los humanos límites, invadiera el legendario 
olimpo de los semi-dioses, y con toda verdad conquistara gloriosa 
inmortalidad. Nadie como él ejerció más poderoso y eficaz influjo en 
la emancipación de las colonias españolas, todas, de aquende el Atlán- 
tico. 

Y estas afirmaciones no descansan en lej'endas más ó menos fantás- 
ticas, no, sino en hechos portentosos, real 3' verdaderamente ciertos, 
consignados imparcial y explícitamente en la Historia, aun por los no- 
toriamente apasionados detractores de la causa de la Independenci;i 
de México. 

Anales. T. IV.— 12. 



90 

Morelos fué el primer ^enio militar de su siglo en ambas Américas, 
y quizás en el mundo entero. Xo afirmo en lo absoluto lo último, por- 
que, desde luego, la índole y dimensiones del presente estudio no me 
permitirían probar mis asertos, no siéndome posible establecer compa- 
raciones entre el prohombre de que justamente se enorgullece México, 
y cada uno de los remarcables paladines de las otras partes mundia- 
les, en virtud de las disímbolas circunstancias de unos 3' otros. Limito, 
pues, mi modesta labor á lo que aun en el día se llama la América 
española, agitada por causas, miras é intereses de absoluta identidad, 
en los primeros albores del siglo XIX. 

No lo igualan, ni menos lo superan, los ilustres patriotas de la Ban- 
da Oriental del Plata, que se llaman Artigas, Benavides, López y Ron- 
deau; no, los altoperuanos Saavedra y Moreno; no, los generosos 
argentinos Belgrano, Balcarce, Castelli, Alvear, Ocampo, Puyrredón, 
Rivadavia, San Martín; tampoco el valiente chileno O'Higgins, ni Ala- 
riño; ni el mismo venolozano Aliranda, que antes había obtenido lau- 
ros en Francia al lado de Dumouriez y también había tenido el honor 
de luchar bajo las banderas de Washington, en las antiguas colonias 
inglesas del Xorte que hoy forman nuestra vecina república; ni siquie- 
ra el más distinguido campeón venezolano, Bolívar, el apellidado Li- 
bertador ! 

¿Por qué? — Abramos la biblia de la historia, y despojados de toda 
pasión, contemplemos los hechos de todos y cada uno: el laudo de este 
gran libro, arbitro imparcial \- justiciero, al dar á cada cual lo que me- 
rece, nos colocará en primera línea, y sobre toda la esplendente plé3'a- 
de de inmortales latino-americanos irradiarán las indeficientes y pode- 
rosas fulguraciones del almo sol de América, Morelos. 

Señalemos los acontecimientos históricos más notables de la época 
para comparar la trascendencia y utilidad de las campañas de todos 3- 
cada uno de los principales caudillos de todos los pueblos latino-ame- 
ricanos; desde Ocampo, San Martín, etc. 3' Bolívar, el más distinguido 
de los del Sur, hasta Morelos, el primero entre los más esclarecidos de 
la totalidad, no por el brillo de sus victorias, sino porque éstas y aun 
su misma muerte de águila que cae, noble 3" digna, fueron material y 
moralmente tan fecundas en bienes inmediatos para la causa común de 
la libertad, como fecundísimas fueron también en desastres de todo gé- 
nero para la opresión. 

Al mencionar ligeramente los sucesos de una 3- de otra región, hare- 
mos previamente notar las diferencias 3- semejanzas que guardaban 
entre sí las naciones que en los actuales momentos celebran el primer cen- 
tenario de su emancipación, para concluir en que á México corresponde 
la preeminencia por haber sido la primera, cronológicamente 3- en todo 
orden de ideas, que se lanzó á la rebelión 3- supo por sí sola recuperar 
su soberanía. 



91 



II. 



Al comienzo de la dominación española, en el Sur de nuestro Conti- 
nente, se estableció el Virreinato del Perú, y á éste siguió el de Nueva 
Gríinada, y las audiencias anexas á dichos virreinatos, así como las 
capitanías generales de Caracas y Chile. En 1559 se erigió la Real 
Audiencia de Charcas, con asiento en Chuquisaca, Alto Perú (hoy So- 
livia), y su jurisdicción se extendía á todo lo que hoy es el Departa- 
mento peruano del Puno, al Paragua3' y á la Provincia argentina del 
Tucumán. Los jesuítas, desde 1593, fueron fundando parroquias en 
el Paraguay- para convertir indios á la fé católica. Estas parroqviias, 
que se llamaron reducciones ó misiones, llegaron á sumar hasta 33, y 
los hijos de S. Ignacio, ([ue, en honor de la verdad sea dicho, contribu- 
yeron eficazmente á la civilización de aquellas comarcas, alcanzaron 
tal predominio sobre conquistadores y conquistados, que verdadera- 
mente reinó en todo el país la poderosa Sociedad de Jesús. En 1750 
España cedió al Reino de Portugal el territorio ocupado por las reduc- 
ciones; pero once años después se incautó del mismo, expulsando más 
tarde á los misioneros ó reductores. 

Por real cédula de 1" de agosto de 1776 fué creado otro Virreinato, 
el de Río de la Plata, que comprendía lo que hoy es República Argenti- 
na, Paraguay, Banda Oriental (Urugua}') y el Alto Perú (la cuarta 
parte de Sud América). El primer virre}- ftiéD. Pedro de Zeballos, que só- 
lo gobernó seis meses más ó menos, sucediéndole el que verdaderamen- 
te inauguró el régimen virreinal, tan felizmente liberal en Buenos Aires, 
D. Juan José de Vértiz, de grata memoria, mexicano de origen, 1 que 
debido precisamente á su nacionalidad, 2 gobernó dignamente la colo- 
nia más de quince años, haciéndola prosperar en todos sentidos, prin- 
cipalmente en el orden intelectual, pues que desde antes de la erección 
del Virreinato, siendo Gobernador de Buenos Aires, supo emplear 
los cuantiosos bienes de los jesuítas, expulsados por su antecesor el 
Gobernador D. Francisco Bucareli, en fomentar la educación3' beneficen- 
cia públicas; á su gobierno se deben las mej oras introducidas en la capital, 
fundación de paseos, hospitales, casas de correción y de expósitos, intro- 
ducción de alumbrado, construcción de fincas y muchas obras que lo 
acreditan de hábil y progresista. Llevó á cabo la exploración de la Pata- 
gonia, y á orillas del Río Negro fundó la ciudad del Carmen. 

Después de quince años de importantes servicios, Vértiz solicitó su 
retiro, el cual le fué concedido en términos honoríficos en 1784. 

No poca fortuna tuvo el pueblo argentino con c]ue su gobierno vi- 

1 C. M. Urien. — Hist. y Geografia Argentinas. — Págs. 22 y 23. 

2 Ibíd. — Págs. citadas. 



92 

rreinal principiara bajo tan felices auspicios, \' no es menor nuestra 
satisfacción al considerar que ciuien así lo educaba y sabiamente lo 
preparaba en cierto modo á la conquista de un envidiable destino, era 
un hijo de México, verdadera cuna de las libertades americanas. Dice 

Urien: « y á este origen se debe sin duda el progreso que imprimió 

su gobierno á estas regiones, porque Vértiz, inspirado en el espíritu 
nuevo, llegó á consumar ima revolución moral en las ideas y en las cos- 
tumbres de su época.» 

A Vértiz lo reemplazó D. Nicolás Cristóbal del Campo, Marqués 
de Loreto, tercer Virrej^ de Buenos Aires. Durante su administración 
nada ocurrió notable, ni se distinguió, como su antecesor, por un espíri- 
tu liberal y progresista (1784-1792). l 

Al Marqués de Loreto sucedió el Teniente General D. Nicolás de 
Arredondo (4" Virrey), cjue duró hasta 1795. En esa época se expor- 
taron algunos miles de pieles de caballo y se introdujeron en cambio, 
al país, esclavos negros en grande escala. Ya entonces empezó á figurar 
en la administración D. Manuel Belgrano, como primer secretario del 
recién establecido Tribunal del Consulado. 

De 1795 á 1797 gobernó el 5'^' Virrey D. Pedro Meló y Portugal, 
ciuien falleció en Montevideo el mes de abril de este tiltimo año, y no 
fué reemplazado sino hasta marzo de 1799, por el 6° Virrey, Marqués 
D.Gabriel Aviles y del Fierro, que promovido al año siguiente al Virrei- 
nato del Perú, fué substituido por el Mariscal del Pino y Rojas, en cuyo 
gobierno se inauguró el nuevo siglo con el primer periódico que túvola 
colonia, el «Telégrafo Mercantil,» c^ue fué suprimido en octubre de 1801 
por orden del Virrey, publicándose en cambio, desde diciembre del mis- 
mo año, «El Semanario de Agricultura, Indvistria y Comercio,» redac- 
tado por D. Hipólito Viej'tes. 

En el tiempo de del Pino se fundaron en Buenos Aires una Escuela 
de Pintura 3' otra de Francés, y cátedras de Química, Anatomía y Me- 
dicina (1801-1804). 

Al Mariscal del Pino sucedió el 8° Virrey, el Marqués de Sobremon- 
te. Durante su administración ttivieron lugar en ambos mundos su- 
cesos políticos que directa ó indirectamente influyeron en favor de los 
destinos de las posesiones españolas del Plata. 

En virtud de la conducta de España hacia Napoleón, la Gran Bre- 
taña, en guerra con Francia, cre3'ó conveniente apoderarse de cuatro 
fragatas españolas cjue llevaban caudales del Río de la Plata á la Pe- 
nínsula; este acto de piratería hizo que Carlos IV declarase la guerra 
al Gobierno Británico, y aliado con Francia empeñase el desastroso 
combate de Trafalgar, donde España sufrió el golpe decisivo de muer- 
te, como potencia naval, que la imposibilitó para la defensa marítima 
de sus colonias americanas. 

1 Ibídem.— Pág. 23. 



93 

Así fué fácil á Sir Guillermo Car Berresford, después de posesionar- 
se de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza, entrar al Rio 
de la Plata el 6 de julio de 1806, l y desembarcar en la costa de Quil- 
mes mil seiscientos treinta y cinco soldados que se apoderaron, por 
sorpresa, de Buenos Aires, dispersando á setecientos vecinos monta- 
dos, que fué la única fuerza que el Virrey- pudo oponer al invasor. Nó- 
tese la debilidad de España en el Mediodía, si se tiene en cuenta el for- 
midable ejército que entre nosotros y con nosotros sostenía en el 
Septentrión. 

El Alarqués de Sobremonte huyó vergonzosamente á Córdoba. (Sus 
defensores dicen que para reunir las tropas del Virreinato y recuperar 
la ciudad perdida.) 

El enemigo saqueó las cajas fiscales y extrajo de ellas $1.43S,4-14-.00^ 
que mandó á Londres, para dar una idea de las riquezas del Pla- 
ta, lo que produjo un efecto extraordinario y alentó al Gobierno inglés 
á enviar al año siguiente una nueva expedición, más poderosa, contra 
tan tentadoras y descuidadas regiones. 

No podemos dispensamos de copiar, en apoj^o nuestro, á uno de los 
dos autores antes citados, para realzar más el contraste que ofrecían 
los virreinatos de México y Buenos Aires al comenzar la centuria que 
hoy celebramos. 

Así cuenta este episodio: 

«Berresford expidió una proclama, procurando tranquilizar al pue- 
l)lo; ofreció garantías á las personas y propiedad particular, preconi- 
zando al mismo tiempo el derecho soberano adquirido por su rey en vir- 
tud de la victoria. 

"Alientras los servidores del re^^ abandonaban en manos del ene- 
migo la capital del virreinato, el pueblo, guiado por sus propios ins- 
tintos, no pensó más que en la reconquista, y decidió prepararse á la lu- 
cha para expulsar al invasor. 

«El nervio y el alma de este movimiento meinorable fueron don Mar- 
tín de Alzaga, Alcalde de primer voto y el Capitán de navio Santiago 
Liniers, marino francés al servicio de España, que, al mando de un bu- 
c(ue, se encontraba en la Ensenada de Barragán cuando se rindió la 
capital, y que pasó á Montevideo con el objeto de promover una expe- 
dición contra los invasores. 

«Organizado el ejército en Montevideo el día 23 de julio, salió Liniers 
déla Colonia con una fuerza de más de mil hombres, en una escuadri- 
lla de embarcaciones pequeñas. Favorecida poruña espesa niebla, llegó, 
sin ser vista por los buques ingleses, al Puerto del Tigre, estableciendo 
un cuartel general en el pueblo de San Femando. Mientras tanto, los 
alcaldes de la campaña de Buenos Aires, unidos á Juan Martín de Pui- 

1 Urien afirma que la acción tuvo lugar en la fecha indicada; pero Magariños Cer- 
vantes asienta que el desembarco de Quilmes, á 4 leguas de la ciudad, se efectuó el 15 de 
de junio, y que Berresford entró en Buenos Aires el día 27. 



94 

rredón l y Martín de Alza,s:a, reunieron algunas milicias y empeñaron 
una refriega con los ingleses (31 de julio) en la chacra de Pedriel, á 
cuatro leguas de la ciudad. Aunque los ingleses dispersaron fácilmen- 
te aquel grupo de vecinos, estas partidas se unieron á la división de Li- 
niers, engrosada por los vecinos de la costa y muchos jóvenes que ha- 
bían partido de la ciudad. 

«El 10 de agosto, Liniers, á la cabeza de un ejército de dos milhom- 
bres, ocupaba los arrabales del Oeste de Buenos Aires (Corrales de Ali- 
serere, hoy Plaza 11 de septiembre), y desde allí intimó rendición al 
General inglés, dándole 15 minutos de término para decidirse, siendo 
desechadas sus proposiciones. Entonces el ejército déla reconquista se 
dirigió á la plaza de toros, hoy San Martín, donde estaba el parque de 
artillería de la ciudad, defendido por una pequeña fuerza inglesa. 
Aquí tuvo lugar el primer encuentro, y el parque fué tomado á la bayo- 
neta. Berresford tuvo que reconcentrarse en el corazón de la ciudad, 
reduciendo la defensa al estrecho recinto de la plaza maj-or (ho^' Victo- 
ria) y á las calles vecinas. El 12 de agosto, Liniers, que había dividi- 
do su ejército en cuatro columnas, atacó casi simultáneamente por las 
calles del Norte y del Oeste que conducen á la plaza, donde las avanza- 
das inglesas habían tenido cjue replegarse, hostilizadas por el fuego que 
el vecindario hacía desde los balcones }' azoteas. Después de dos horas 
de sangrienta lucha , Berresford se vio obligado á encerrarse en el ftierte de 
San Juan de Austria (hoy casa delgobiemo nacional), desdedondele- 
vantó á los pocos momentos bandera de parlamento, convencido de 
la imposibilidad de sostenerse. Liniers le exigió se entregase á discre- 
ción, y el General inglés no tuvo otro medio que hacerlo, enarbolando 
el pabellón español, después de sostener dignamente el honor de sus ar- 
mas. Berresford quedó prisionero con todos sus soldados. 

«La victoria del 12 de agosto de 1806 reveló al pueblo de Buenos 
Aires su virilidad y le hizo presentir los destinos que le aguardaban. 

«La conducta del Virrey Sobremonte, durante estos sucesos, levan- 
tó un grito general de indignación, y como consecuencia de ella, el 14 
de agosto de 1806 el Cabildo convocó á los vecinos principales, y la 
Asamblea decidió la suspensión de Sobremonte 3- el nombramiento de Li- 
niers como jefe político y militar. (Adviértese aquí que el pueljlo de la 
capital del Virreinato, en fuerza de las circustancias excepcionales, 
es cierto, iba entrando ya de hecho en el goce pleno de sus derechos, pues 
que se le convocaba para que se reuniese á tomar parte en la dirección 
de los asuntos públicos, y en asamblea popular se destituía al más alto 
funcionario, lo que traducirían los anglo— americanos actuales con es- 
tas dos palabras unidas: «Self Gouvernment.» ¿Sucedería algo semejan- 
te en la Nueva España?) Mientras este sviceso acontecía, Sobremonte 
se había trasladado á Montevideo para hacerse cargo de la defensa de 
la plaza. 

1 ó Puirredón, que más tarde fijíuraría valienteiiiente entre los independientes. 



95 

«Entretanto, la conquista británica amenazaba ser renovada y era 
]ireciso prepararse para la defensa. A todo proveyó la Asamblea del 
Caljildo del 1-i de af^osto. La reconquista tuvo la virtud de despertar 
un espíritu guerrero en todas las clases y los peligros de la situación 
fueron causa de cjue las autoridades fomentasen el ardor militar, po- 
niéndose el Cabildo resueltamente á la cabeza del movimiento. Se dis- 
puso el alistamiento de todos los ciudadanos, sin distinción de clase. 
Los criollos formaron el Regimiento de Patricios y el Batallón de Arri- 
beños ó Provincianos; los españoles organizaron los batallones que se 
llamaron de Gallegos, Andaluces, Vizcaínos y otros, según la provincia 
á que pertenecían los qvie lo formaban. (Este hecho corrobora lo enun- 
ciado poco ha, y obliga á calcularcuán diferentes sistemas de gobierno 
hubo en una y otra colonias: los nueve virreyes de la del Sur concedían 
la calidad de ciudadanos á sus gobernados, sin distinción de clase: allí 
casi no había diversidad de castas; los 63 vicemajestades (hechas pocas 
honrosas excepciones) de la del Norte, veían en los oprimidos, si no bes- 
tias de carga , «siei-vos que nacieron para callar r obedecer. » Allá el go- 
bierno 3' el ejército estaban en manos de criollos casi por completo; aquí 
los hijos todos del país nunca pasaron de puestos inferiores. También 
confirma lo transcrito, nuestra opinión de la escasez de tropas regulares 
españolas ó realistas en las provincias de aquel virreino, un poco me- 
nos desprovisto de defensa que las otras posesiones españolas del Sur.) 

«En momentos que se festejaba en Londres la toma de Buenos Aires, 
\' se aceleraba la segimda invasión con el fin de consolidar la domina- 
ción Ijritánica, llegaba allí, casi simultáneamente, la noticia de la recon- 
quista, dando lugar con este hecho á que se aprontara con más veloci- 
dad la nueva expedición. Dos meses después de la rendición de Berres- 
ford, el General Sir Home Popham atacaba á Montevideo, ansioso de 
apoderarse de la llave del Plata, lo cual consiguió mediante un ataque 
desesperado: toda la Banda Oriental cayó en su poder. Alentados los 
ingleses por el buen éxito con que al parecer se empeñaba la fortuna en 
secundar sus planes de dominio, determinaron lavar la manchadesu pa- 
sada derrota, apoderándose de la capital del virreinato, teatro de su 
desdoro y humillación. El Teniente General Whitelocke, inteligente y 
esforzado guerrero, fué encargado de llevar á cabo tan alta empresa. 

«Lleno de confianza y protegido por 61 buques, salta con doce mil ve- 
teranos en las playas de Buenos Aires el 1' de julio de 1807 (Ensenada 
de Barragán). Acto continuo marcha el ejército inglés 3^ llega á esta- 
cionarse á la plaza 11 de septiembre, donde chocan los antagonistas, 
siendo desfavorable el lance para Liniers. El 4-, le intima rendición el 
jefe sitiador; pero Liniers le contesta que se defenderá. El 6, resolvie- 
ron los ingleses atacar la ciudad; para el efecto, sedividieron en tres co- 
lumnas cjue marcharon indistintamente por las calles de Defensa, una; 
por la de B. Mitre (de las Torres), otra, y la tercera por la hoy Char- 
cas, hasta el Retiro. La primera se apoderó de Santo Domingo; la se- 



96 

gunda de San Miguel; la tercera del Retiro, pasando en seguida á San- 
ta Catalina. Heroica fué la resistencia; A' á pesar de estos triunfos, á 
las cinco de la tarde caían vencidos los ingleses, los cuales, renovando 
el ataque al día siguiente con las tropas de reserva, lo fueron doblemen- 
te, dando por resultado definitivo, que, los que no se hallaban muertos, 
fuesen heridos ó prisioneros. Victoria tan espléndida del pueblo, obli- 
gó al invasor, no sólo á abandonar á Buenos Aires, sino también las 
plazas de la Banda Oriental, en el término de tres meses. 

«En las luchas contra los ingleses, los hijos del país adquirieron la 
conciencia de su valor y se dieron cuenta de lo que eran capaces. Pen- 
saron que, así como se hallaron con fuerza suficiente para rechazar un 
enemigo poderoso, bien podían independizarse de España. De las se- 
millas que sembraron los ingleses, germinó el 25 de mayo de 1810.» 



El objeto de trasladar aquí las palabras mismas de este fidedigno 
escritor, es no escatimar al noble pueblo argentino los aplausos que 
merecen sus más heroicas hazañas: mas como sería interminable esta 
labor, ya no nos será posible detenemos en detalles y continuaremos la 
narración histórica de la manera más sucinta. 



Durante la suspensión de Sobremonte, Liniers, D. Jaime ó D. San 
tiago (Jacques), permaneció en el gobierno lleno de legítimos ho- 
nores; ascendido á Mariscal, justa recompensa que á sus servicios le 
acordó la Corona, hasta que el noveno y último Virrey' del Ríodela Pla- 
ta, D. Baltasar Hidalgo de Cisneros,enl809, tomó posesión de su car- 
go. 1806-1809. 

Cisneros fué nombrado por la Junta de Sevilla, la que declaró la 
guerra á Napoleón cuando Femando VH estaba prisionero en Bayona. 

La primera dificultad que halló el Virrey D. Baltasar al llegar al 
poder, fué la escasez de numerario para atender á los pagos de los gas- 
tos más indispensables del gobierno; cierto que al sigiiiente año se tri- 
plicaron las rentas aduanales, debido á que á instancias de Moreno (el 
mismo primer secretario) permitió que se embarcaran en barcos ingle- 
ses pieles y lanas 3- se autorizó á los mismos buques desembarcar sus 
mercancías; pero ya estas ventajas no serían para la Corona, sino pa- 
ra sus futuros rebeldes. 

A la mitad de marzo de 1810 se supo que los franceses, acampados 
en Córdoba y Sevilla, España, habían dispersado las Juntas guberna- 
tivas, y el Virrey comunicó al pueblo, en una proclama expedida el 18 



Anales. — Tomh I\', 



LÁii. '!. 




Simón Bdlívar. 



97 

del mismo mes, la triste situación de la Metrópoli, i El Cabildo, con 
fecha 21 de maA'O, pasó un oficio al Virrey pidiéndole permiso upara 
convocar la principal y inás sana parte del vecindario, á fin de que, en 
un congreso público, expresase la voluntad general y acordase las me- 
didas más oportunas para evitar toda desgracia y asegurar su suerte 
venidera.» - 

Muy á su pesar accedió el Virrey, amilanado por los alarmantes sín- 
tomas y rumores siniestros que corrían entre el pueblo, cuya actitud le 
causó miedo, miedo que Castelli supo explotar audazmente exagerán- 
dole el peligro que le amenazaba. 3 

«Además, dice Unen, las tropas mandadas por D. Cornelio Saave- 
dra, particularmente los batallones patricios, estaban ganados por los 
revolucionarios.» -^ 

Impotente el Virre3' para luchar, consintió al fin en que se convocara 
la parte sana del vecindario para cjue expresase la voluntad del pueblo. 

La asamblea popular, que constaba de 600 notables del país 5 (un 
ejército), se reunió el día 22 de mayo en la galería superior del Cabildo, 
y se declaró en ella que no siendo compatibles la autoridad del Virrevy 
la tranquilidad pública, el Cabildo se abrogaba la facultad de nombrar 
una junta capaz de ejercer dicha autoridad. El partido europeo obtu- 
vo que Cisneros fuese nombrado Presidente de la Junta; pero el pueblo, 
que desde el 24 se había reunido en la plaza principal gritando que sa- 
liese al balcón el Caballero Síndico Procurador D. Julián de Le3'va, pro- 
testó contra la presidencia de Cisneros, y, aunque el Caballero Síndico 
salió, en efecto, al balcón, recomendándole que no perturbase el orden, 
que se retirase, cpie ellos (los cabildantes) estaban trabajando por el 
bien público, el pueblo gritó con más fuerza: 

«Lo que queremos es deponer al Virrey-. » 

Cisneros renunció entonces; los españoles se resignaron 3- LcA'va 
anunció á los bonaerenses su fácil triunfo. 

¡Qué btiena fe la del Virrey! ¡Qué afortunado Síndico! ¡Quédocilidad 
de europeos! ¡Qué majestad de pueblo soberano! 

¡Cuan distinto el cuadro si nos trasladamos en espíritu á nuestra 
colonia y repasamos los disímbolos nombres de Iturrigara 3-, de la blan- 
ca víctima de Verdad, de Azcárate, de los siniestros oidores Aguirre y 
Bataller, de Bravo el Inquisidor, de Gabriel J. de Yermo 3^ sus tenebro- 
sos esbirros, y sobre todo, si evocamos la postrada condición del me- 
droso rebaño cu3-o nombre santificó con su sangre el Protomártir del 
Continente! 

1 Autor anónimo (se firma A. de A.) dice: « informó á los habitantes de los suce- 
sos de la Península y de su incertidumbre sobre la legitimidad de su propia autoridad.» 

2 Magariños. — Estudios históricos sobre el Río de la Plata. — Págs. 102—3. 

3 Ibídem. — Página 116. 

4- Hist. y Geogr. argentinas. — Pág. 28. 

5 R. C— Hist. de la América del Sur.— Pág. 110. 

Anales. T. IV.— 13. 



98 

El día 25 de ma3^o de 1810, iiltimo de la dominación en la capital de 
aquel Virreinato, el Cabildo publicó una acta, estableciendo la Junta 
de Gobierno, formada así: 

Presidente, Vocal y Comandante general de armas, D. Comelio de 
Saavedra; Vocales: Dr. D. Juan José Castelli, Dr. D. Manuel Alberti, 
Lie. D. Alanuel Belgrano, D. Miguel de Azcuénega, D. Domingo Mateu 
y D. Juan de Larrea, y Secretarios, los Dres. D. Mariano Moreno y D. 
Juan José de Passo. 

En la tarde del mismo 25 todos los miembros de la Junta otorgaron 
el juramento respectivo, y, desde uno de los balcones el Presidente 
arengó al pueblo y le recomendó orden, circunspección y armonía. 



Triunfante la revolución en la capital, la Junta revolucionaria se 
erigió en Poder Ejecutivo, y se propuso llevarla revolución á las inten- 
dencias todas que habían integrado el Virreinato; pero algunos realis- 
tas influyentes como Liniers y el marino Juan Gutiérrez de la Concha, 
Gobernador de Córdoba, que de acuerdo con el Virrey, que se hallaba 
asilado en aquella ciudad y arrepentido tardíamente de su debilidad, 
pretendían contrarrestar el movimiento de los independientes y trata- 
ban de organizar un ejército que marchara sobre Buenos Aires. Sabe- 
dora la Junta de lo que se tramaba, envió una división, con el título de 
auxiliadora, fuerte de un mil doscientos hombres al mando de los co- 
roneles Ortiz de Campo y Antonio Balcarce, la cual dio alcance en Ca- 
beza de Tigre á los reaccionarios Liniers, Concha, Allende y Rodríguez, 
los que fueron pasados por las armas en el Monte de los Papaga^^os. 
El Virre3- y los miembros de la Audiencia, en castigo de su complicidad 
en la reacción, fueron expulsados á las Islas Canarias. 

Después de este acontecimiento, el ejército de Ocampo recibió refuer- 
zos y orden de marchar al Norte hacia el Alto Perú á batirá los realistas, 
generales Go^-oneche y Xieto y Coronel Córdoba. Córdoba fué derro- 
tado en Tupiza por Balcarce, á quien tocó la primera victoria sobre los 
realistas. Nieto y Goyoneche fueron derrotados también en Santiago y 
Gotagaita. Córdoba 3- Nieto fueron fusilados, lo que nos obliga á con- 
fesar que los primeros actores de la revolución argentina torpemente 
inauguraron con crueldades la campaña, y las represalias, consecuen- 
cia de tales actos de barbarie, si no pueden atribuirse á ellos, justo es 
decirlo, con menos razón á sus adversarios. 

D. Juan José Passo fué comisionado para participar al pueblo de 
Montevideo el nuevo régimen, al que se opusieron algunos partidos 
formados por europeos y fortalecidos con la llegada de tropas españo- 
las al mando del General Elio, quien tomó el título de Capitán General. 

Entre tanto, Belgrano, á la cabeza de novecientos hombres marchó 



99 

á someter al Paraguay-, que gobernaba el Intendente Velasco. Yedro, 
íjue conuindaba á los paragnaA-os, derrotó, en 29 de enero y 9 de mar- 
zo de 1811 sucesivamente, en Paraguari yTel)icuar¡, á Belgrano, quien 
se vio obligado á repasar el Paraná, después de haber convenido en un 
acuerdo ó capitulación que sancionaba la segregación de aquel ])aís, 
que, á pesar de caer bajo la influencia de su futuro tiranodictador José 
Gaspjir Rodríguez de Francia, aseguró definitivamente su Indepen- 
dencia. 

Después de las victorias de Ocampo y Balcarce en el Norte, cuando 
aumentado su ejército con cinco mil hombres se preparaba á invadir el 
Perú, gobernado ]Dor el \'irrey Abascal, Castelli, que los seguía como 
Gobernador del Alto Períi, celebró con GoA'oneche un armisticio propues- 
to por el Ayuntamiento de Lima y aceptado por la Junta de Buenos 
Aires. 

No teniendo los independientes á otro enemigo sino á Elio, que en 
nombre del Gobierno español bloqueaba al Puerto de Buenos Aires, 
marcharon contra él, en níimero de cuatro mil, mandados por el Coro- 
nel Martín Rodríguez en combinación con Belgrano, que regresaba de- 
rrotado del Paragua3% y auxiliados eficazmente por D. Venancio Bena- 
vides y por Artigas, rico propietario de la Banda Oriental, que en 
ese mismo año abandonó la casa real y recibió de los insurgentes ar- 
mas y mtmiciones para fomentar la rebelión en su país natal, formando 
guerrillas. 

Después de varios encuentros desfavorables á los españoles, princi- 
palmente el de San José de las Piedras, los patriotas llegaron hasta 
Montevideo y con nuevos refuerzos le pusieron sitio á fines de ma^'ode 
1811, dirigidos por D. José Rondeau. Elio, que no podía sostenerse, 
pidió ayuda á los portugueses del Brasil, y la Princesa Carlota, ven- 
diendo todas sus joyas, mandó en auxilio de los sitiados al General 
Sousa con cuatro mil homlires. Antes de que llegaran los portugueses, 
Elio y el Gobierno de Buenos Aires entablaron negociaciones de paz en 
noviembre del año citado, por las que .se estipuló que los portugueses 
habían de retirarse al Brasil y los argentinos evacuarían tamljién la 
Banda Oriental. 

Al mismo tiempo que se levantaba el sitio de Montevideo, el Gene- 
ralTristán derrotaba en el Río Nazareno al ejércitoauxiliadory seapo- 
deraba de la Provincia de Salta, haciendo crítica la situación de los 
independientes, en virtud de que los portugueses, en lugar de retirarse, 
cometían toda clase de excesos en el territorio de la Plata. No obstan- 
te ésto, se envió á Belgrano contra ellos con una división de cuatro 
mil soldados, lo qne intimidó á Sousa y lo hizo firmar la paz el 6 de ju- 
nio de 1812. 



100 



III. 



Suspendemos aquí la narración de las campañas que con éxito va- 
rio sostenían los patriotas de las provincias todas del Virreinato de 
Buenos Aires, para ocuparnos del resto de la América del Sur, y, como 
no sería posible consagrar á cada país especial capítulo, continuare- 
mos enumerando en globo los acontecimientos todos que en esa parte 
de la América se efectuaron, en el orden cronológico en que fueron suce- 
diéndose, sin omitir aquellos en los que, directa ó indirectamente ten- 
gan conexión con los insurgentes platenses. 

Ya se sabe que á México corresponde el honor de haber sido el pri- 
mero en pretender ser libre y que el gobierno residiese en el pueblo (9 
de julio de 1808), y que á los ecuatorianos toca el segundo lugar por 
su movimiento revolucionario iniciado en Quito el año de 1809, que 
aunque fué reprimido en esa época, surgió de nuevo al año siguiente 
(19 de agosto). 

El Consejo Municipal de Caracas, Capitanía General de este nom- 
bre, se erigió en Junta Suprema de Gobierno en 19 de abril de 1810, re- 
conociendo á Femando VII, 3- al mismo tiempo rebelándose contra los 
derechos de la Regencia de Cádiz, que, como se sabe, había substituido 
á la Junta Suprema que para el Gobierno de España é Indias se había 
constituido antes en aquel Puerto. 

A la vez cjue en Caracas se formaba la Junta 3-a citada, llegaban á 
la Colonia agentes europeos pretendiendo se jurase fidelidad en ella 
á José Bonaparte, y fueron rechazados al grito de ¡Viva Femando! En 
las colonias españolas eran Napoleón y sus partidarios, los afrancesa- 
dos, odiados generalmente como en la Aletrópoli. 

Las provincias de Nueva Granada se sublevaban simultáneamente, 
y el Virrey, acusado de haber consentido en entregar la América á los 
franceses, era desterrado á Cartagena. Constitu3'óse una Junta de Go- 
bierno en Santa Fé de Bogotá, que reconocía á Fernando VII é invita- 
ba á Caracas á que hiciese otro tanto, uniéndosele; pero el General Ali- 
randa no quiso acceder á lo propuesto, 3^ respondió á los representantes 
de la Junta Neo-Granadina que las provincias venezolanas, unidas, 
formarían un pueblo libre. 

Después de Quito se inició la revolución en Charcas y la Paz, Alto 
Perú, en ma3-o de 1809, y cuando Castelli y Balcarce penetraron hasta 
el Potosí, muchos caudillos secundarios se les unieron. Al año siguien- 
te se sublevó Chile, cu3-os indómitos hijos, dignos soldados del valiente 
O'Higgins, sufrieron con resignación por largos años las terri1)les per- 
secuciones del Comandante San Bruno, sostenidos con las esperanzas 
que les infundía su activa correspondencia con todos los jefes de las par- 



101 

tidas insurgentes del Alto y del Bajo Perú, así como con Pii;>Tredón, 
(jue desde Buenos Aires estaba en constante comunicación con (J'Hif;- 
gins y con Bolívar. 

Al llegar á este punto de mi relato, no solamente estoy dispensado 
de locídizarlo á cada pueblo, sino que es de forzosa obligación genera- 
lizarlo, puesto ([ue se advierte claramente que todos los patriotas sud- 
americanos hicieron causa común, 3' en el teatro de la guerra no se pre- 
sentaron más que dos partidos: realistas é independientes. Pero como 
el olíjeto de esta humilde jjroducción no es hacer la historia de América, 
sino únicamente un ligerísimo estudio psicológico de los principales hé- 
roes de la época á que nos referimos, basado en los hechos más culmi- 
nantes, debemos implorar se nos excuse de habernos detenido demasia- 
do en detalles, y continuaremos, para no ser difusos, ocupándonos sólo 
de tres de los principales capitanes del Sur, cuyas hazañas nos falta 
considerar: éstos son Bolívar, Miranda y San Martín. 

Los brillantes triunfos de este último pueden resumirse en muy po- 
cas palaliras, mas no por esto dejan de ser trascendentales. 



D. Gaspar de Vigodet substituyó á Elio en el Gobierno delUruguaj', 
y aprovechando las fuerzas navales de que disponía, intentó penetrar 
á Buenos Aires, y, al efecto, dejando la indispensable guarnición en Mon- 
tevideo, desembarcó el 13 de febrero de 1813 en las márgenes del Para- 
ná. Se envió contra él al Coronel San Martín, quien aprovechando una 
llanura, con sólo la caballería derrotó completamente á Vig )det, quien 
se jactaba de destruir por completo á la Junta de Buenos Aires. 



Pezuela, sucesor de Goyeneche en el mando del ejército realista del 
Perú, se encontró en Vilcapugio, más acá del Potosí, á Belgrano, cpiien, 
deshecho por completo, se replegó sobre Auyoma, al Norte de Chuqui- 
saca, donde fué nuevamente derrotado por el enemigo. En virtud de 
estas derrotas, Belgrano fué substituido por San Martín, qviien disci- 
plinó un ejército de tres mil quinientos hombres en unos cuantos días, 
con el que formó guerrillas, é interceptando las comunicaciones de los 
realistas, los privaba de toda clase de recursos. 

A petición de los insurgentes de Chile, después que la República Ar- 
gentina había proclamado en Tucumán su Independencia, San Martín, 
que era Gobernador de Mendoza, pasó á Chile con cuatro mil hombres, 
habiendo jurado previamente permanecer unidos en sentimientos 3' en 
esfuerzos para no consentir en adelante tirano alguno en América, y á 



102 

fuerza de buenos espartanos no soportar nunca las cadenas de la escla- 
vitud, «mientras brillaran estrellas en el cielo y corriese sangre por sus 
venas» i 3' atravesó los Andes por el paso de Los Platos, que hasta en- 
tonces se tenía por impracticable, y el 11 de febrero de 1817 libró ba- 
talla al ejército realista, que desde el día anterior había tomado posi- 
ciones en Chacabuco. Vencidos los españoles, San Alartín entró en 
Santiago el día 15 si.s:uiente. 

O'Higgins, previendo que los realistas reforzados por cinco mil hom- 
bres enviados del Perú lo atacarían, mientras se preparaba á resistir, 
proclamó la Independencia de Chile el 1° de enero de 1818. 

El General realista Osorio sostuvo contra San Alartín varios com- 
bates de poca importancia hasta que logró derrotarlo por completo en 
Caucha ó Concha Rayada; pero poco después, el 5 de abril, el mismo 
Osorio era aniquilado en la sangrienta batalla de Alaj'po, donde se 
consumó la emancipación de Chile. 

Los chilenos desde luego salieron de su territorio á librar del 3'ugo 
hispánico á sus hermanos de los demás pueblos, y así, unidos á los pe- 
ruanos, batieron á dos mil soldados que acababan de desembarcar pro- 
cedentes de España, 3- en seguida, la marina chilena, mandada por el 
oficial inglés Lord Cochrane, recorría los mares y desembarcaba cinco 
mil hombres en las costas del Perú, 3' San Martín 3- Lord Cochrane to- 
maban la ciudad de Lima el 28 de julio de 1821, día en que se proclamó 
la Independencia peruana. En 3 de agosto siguiente, San Martín era 
nombrado General en Jefe del ejército insurgente 3- se le confiaba el pro- 
tectorado de la libertad del Perú. 



De Miranda hablaremos al referimos á Bolívar, así como de Páez, 
Rivas 3' otros caudillos cjue necesariamente deben figurar en esta narra- 
ción. 



D. Juan Vicente Bolívar 3- Ponce, Coronel de las milicias en las lla- 
nuras de Aragua, donde tenía valiosas posesiones, era mu3- considerado, 
y no solamente estaba relacionado con la aristocracia castellana, sino 
que, además, estaba emparentado con la nobleza. Tuvo cuatro hijos, 
siendo el menor D. Simón, á cpiien se envió mu3- joven á Madrid, al la- 
do de su tío el Marqués de Palacios, á fin de que perfeccionara su edu- 
cación. Simón Bolívar nació en Caracas el año de 1785, 3' niU3^ joven 
aún, huéríano 3- dueño de una fortuna inmensa, después de viajar por 

1 América del Sur.^.\utor anónimo. — Páj;. 120. 



103 

varias partes de Europa, contando sólo 18 años, se unió en matrimo- 
nio á su prima, la hija del Marqués del Toro, con la que volvió á Cara- 
cas, donde á los cinco meses tvivo la pena de verla morir, víctima de la 
fiebre amarilla. Este triste acontecimiento lo impulsó á viajar de nue- 
vo por Europa y por los Estados l'nidos, teniendo oportunidad de co- 
nocer al Presidente Washington. 

Cuando regresó á sus posesiones de Aragua, los revolucionarios so- 
licitaron sus servicios y lo comisionaron para que fuera á implorar á 
Londres la protección de la Gran Bretaña: fué, en efecto, acompañado 
de D. Luis López y Méndez, y fué recibido fríamente en aquella capital, 
en virtud de estar ligado el Gobierno inglés con las Cortes españolas 
contra la invasión francesa. Regresó entonces trayendo algnnas ar- 
mas á América, 3' con Aíiranda, antiguo conspirador venezolano que 
recorría el extranjero para allegar recursos á la revolución de su patria, 
y á pesar de su avanzada edad, se unió á Bolívar para venir á ofrecer 
sus servicios á sus conciudadanos, quienes lo colocaron á la cabeza del 
movimiento. 

El General realista Monteverde logró recobrar á Venezuela estre- 
chando á Miranda á capitular, prometiéndole una amnistía en favor 
de los rebeldes, promesa que cumplió enviando á Miranda á un calabo- 
zo de Cádiz en el cual murió en 1816, sufriendo la decepción de contar 
á Bolívar entre sus enemigos. En vista de las críticas circunstancias 
de la causa revolucionaria, Bolívar se refugió en la Isla de Curazao y 
allí reunió á los insurgentes dispersos para llevarlos en número de tres- 
cientos á Cartagena, provincia libre de Nueva Granada, cuyo Congreso 
le facilitó armas, víveres y dinero para que salvase á un mismo tiempo 
de la opresión á Venezuela y á la misma Nueva Granada, confiriéndole 
el mando de quinientos hombres á las órdenes de Manuel Castillo, los 
que unidos á los venezolanos, formaron un ejército de ochocientos sol- 
dados que tuvieron por segundo jefe á Rivas. 

¡El genial Cura de Nucupétaro no exigió del Generalísimo ni dinero, 
ni armas, ni hombres: él solo regresó á su curato! 

La expedición salió de Cartagena á principios de 1813 y el Congre- 
so ordenó en seguida á Bolívar que ocupase Barrancas, villa al borde 
del Río Magdalena; pero el futuro Dictador desobedeció las órde- 
nes de aquel H. Cuerpo y se dirigió al pueblo de Tenerife. 

¡Morelos no sólo no desobedeció al Congreso, su propia hechura, si- 
no que, lleno de abnegación sublime, se supo sacrificar por escoltarlo! 

Habiéndose apoderado de la población últimamente citada, mar- 
chó sobre Monpox y Ocaña que tomó sucesivamente, venciendo la dé- 
bil resistencia del enemigo. 

Para que no se crea que inventamos, alteramos i'i oinitimos algo, ni 
que exageramos apasionadamente el número de tropa con que contó 
Bolívar, sin esfuerzo alguno, copiamos textualmente á tmo de los au- 
tores antes citados. 



104 

Dice en las páginas 115 v siguientes de sit Historia de la América 
del Sur: 

«Las crueldades de Alonteverde salvaron la revolución, obligando á 
los moderados á echarse en brazos de los patriotas. Los reclutas llega- 
ban de todas partes, y seguido ^-a de más de dos mil hombres, cuando 
Bolívar penetró en los Andes, vio unirse á sus banderas, en los alrede- 
dores de Pamplona, muchos miles de voluntarios desde que consiguió 
reunirse con Ribas en el territorio de Venezuela. Con Ribas habían ve- 
nido seiscientos granadinos, enviados por el Congreso de Tunja, al mis- 
mo tiempo que el coronel Briseño, destacado en Guadalito, llegaba con 
un cuerpo de caballería. Sin más retardo, Bolívar atacó á los realistas 
en la Grita 3- después en Mérida, acabando por hacerse dueño del dis- 
trito de este nombre: con la misma rapidez ocupó la provincia de Va- 
rinas. En tanto, Marino, ese joven estudiante que después de haber re- 
corrido en pocos meses todos los grados militares era 3'a citado como 
uno de los más firmes sostenes de la revolución, batía á Monteverde, 
se hacía dueño de las provincias de Cumaná y de Barcelona 3' tomaba 
el título de general en jefe y dictador de las provincias orientales de Ve- 
nezuela. Favorecido por estos sucesos, que por otra parte contraria- 
ban sus miras unitarias, Bolívar dividió su ejército en dos cuerpos, 
pues tomó el mando de uno de ellos, confió el otro á Ribas, y acosando 
siempre á los españoles los batió en Niquitas, Betioca, Caracha, Bar- 
qtiisimeto y Varinas, alcanzando por fin á Monteverde á quien destro- 
zó, marchando después sobre Caracas, en cu^'a capital hizo su entrada 
Bolívar (4- de agosto de 1813), en una carroza arrastrada por doce her- 
mosas jóvenes, siendo indescriptible el entusiasmo con que fué recibido el 
desde entonces saludado con el título de Libertador. En pocos meses 
había recorrido ciento cincuenta leguas, librado quince batallas y nu- 
merosas acciones de guerra. Su gloria habría sido completa, si en es- 
ta tan memorable campaña no hubiera respondido con sangrientas eje- 
cuciones á las horribles crueldades de Monteverde. C|ue nunca pueden 
justificar las suyas. 

«La liberación de \'enezuela parecía estar completamente aseglara- 
da, pues Bolívar ocupaba casi la mitad de la capitanía general y Mari- 
ño el resto. Los españoles ocupaban sólo algunos puntos sin impor- 
tancia, estando Monteverde bloqueado en Puerto Cabello: difícil era 
preveer que la fortuna volviese las espaldas á los americanos. 

«Bolívar, que había tomado el título de dictador de las provincias 
occidentales de Venezuela, no pensaba en restablecer el gobierno civil, 
único elemento en que pueden vivir sin peligro las democracias; pero los 
ecos de la opinión pública, llegando hasta él, diéronle á entender clara- 
mente el error que cometía, 3- se apresuró á convocar una Asamblea, 
ante la cual dio cuenta de sus ojjeraciones 3- de sus planes, y presentó 
su dimisión. Esta no le fué admitida, confiriéndosele la dictadura has- 
ta tanto que Venezuela pudiese reunirse á la Nueva-Granada. 



105 

«Los realistas, (juc no habían ijcrdido toda csi)cranza, armaron á 
los esclavos bajo promesa de libertarles, á los vagamundos y euantas 
gentes sin modo de vivir conocido pudieron encontrarse. A la cabeza 
de esas bandas santíuinarias fitíuralja el feroz Puy, el cual, después de 
haberse apoderado de Varinas, fusiló en ella á quinientos patriotas: 
Puy era un luf;arteniente de Bover, el más temible de los adversarios 
de Bolívar. Este Bover, castellano de orijien, había sido sucesivamen- 
te marino, «íuardacosta y buhonero, y reducido á prisión por sus fecho- 
rías, había llegado á América buscando un asilo contra la persecución 
de la justicia. Sin (|ue se sepa el motivo, se alistó en las filas realistas, 
en las que figuraba como capitán de milicias cuando las derrotas sufri- 
das por los españoles. Hizo un llamamiento á los vagos, á los perse- 
guidos por la justicia, á los negros, á los mulatos, y con esta gente or- 
ganizó una partida que mereció por su ferocidad el nombre de Legión 
infernal, en la cual figuraban muchos llaneros, bárbaros de la llanura, 
boyeros, á la vez que carniceros, aco.stumbrados á domar los más fero- 
ces caballos, y que como glnetes no tienen rival. Los llaneros despre- 
cian al montañés que se envilece caminando á pié, igualmente que al 
europeo que no puede resistir un galope continuado de diez v seis horas. 
Alontan en pelo y no usan más vestido que una especie de calzón corto 
ó calzoncillos. Tendidos sobre sus caballos, la lanza en ristre y el lazo 
en la otra mano, caen sobre el enemigo, lo hieren y destrozan con la ra- 
pidez del raj^o. No haj' caballería regular que pueda resistir el choque 
de estos cosacos de las estepas colombianas que siempre dejan tras sí 
huellas terribles. Se había excitado la codicia de estos nómadas, ofre- 
ciéndoles distri1)uir las tierras de los vencidos, y con esto consigviió nuiy 
pronto reunir un ejército de ocho mil hombres. 

«Desde el momento en que Bover aparece en el teatro de la guerra, 
revistió ésta tal carácter de ferocidad y barbarie, que de una parte y 
otra se rivalizó en cometer atrocidades. Justo es confesar, sin embar- 
go, que fué Bover quien la inició degollando en un solo día mil doscien- 
tos prisioneros. La enérgica actividad de Bover fué más de una vez pa- 
ralizada por la incuria de los generales españoles, y Bolívar consiguió 
liatirle varias veces al igtial que á sus lugartenientes el mukito Roseta 
y el jefe de guerrillas Yáñez. Cometió el dictador, sin embargo, la im- 
prudencia de aventurarse con todas sus fuerzas en las vastas llanuras, 
en donde fué sorprendido y destrozado por la caballería de Bover. Ma- 
rino, Ijatido casi al mismo tiempo, fué rechazado hacia Cumaná. El 
vencedor penetró en Caracas con tal precipitación, que el dictador tu- 
vo sólo el tiempo necesario para meterse en im Ijuíjuc confiando la sal- 
vación de la República á la discreción de los elementos. Ribas rehizo á 
las dispersas fuerzas americanas y continuó sosteniendo la campaña; 
pero en la batalla de Eriza fué batido definitivamente por Bover que, 
herido de una lanzada, espiró en el campo de batalla. Sus feroces sol- 
dados le hicieron unos funerales dignos de su persona; mujeres, niños, 

A.N.\LES. T. IV.— 14. 



106 

ancianos, todos fueron pasados á cuchillo; y Ribas, ijue había caíilo pri- 
sionero, filé fiísilado y su cabeza enviada á Caracas para ser expuesta 
públicamente (diciembre de lS14-).n 

Y más adelante asrrega el mismo autor: 

«Estando comprometida la paz interior de Colombiíi por las disen- 
siones de los partidos, Bolívar, encargado en acjuel entonces (1826) del 
gobierno dictatorial del Perú, vino íipresuradamente á su patria, y pa- 
ra salvarla de la anar([uía que la amenazaba, se apoderó de la dicta- 
dura. El ejército y la mayoría del país aplaudieron esta resolución; jiero 
una parte del elemento civil, entre el que figuraban sus más decididos 
adversarios, trataron de presentarlo á la nación como un hombre am- 
bicioso, que aspiraba, siguiendo las huellas de Napoleón, á i^roclamar- 
se emperador. Nunca fiíltaron enemigos que calumniaran á los gran- 
des hombres, y Bolívar no podría librarse de que los suyos le supusieran 
la ambición que no sentía, la de elevarse un trono solare las ruinas 
de la libertad de su patria. No podría desear una corona el hombre que 
prefería «el título de ciudadano al de libertador, porque éste trae su orí- 
gen de la guerra 3- ac¡uél de la ley,» segiin la noble y bella respuesta que 
dio al Congreso que le ofrecía la presidencia de la Kepiiblica colombia- 
na en Santo Tomás de la Angostura; no podría desearla tampoco el 
que, al resignar el poder en el ]iresidentedel Senado, le escribía en 1S24: 
«Deseo convencer á la Europa y á la América del horror que me inspira 
el poder supremo, bajo cualquier nombre C|ue se le designe: mi concien- 
cia está indignada por las atroces calumnias que contra mí acumulan 
los liberales de la América y los serviles de Europa;i>y porfin, nopodría 
aspirar á fundar un imperio para sí, el Cjuc en el mensaje que dirigió al 
Congreso de Bolivia, al acomjjañarlc un proyectt) de constitución, se 
expresaba en los siguientes términos: «La libertad es ya desde hoy in- 
destructible en América , etc 



«No es por eso menos cierto, sin embargo, que Bolívardeseó retener 
la dictadura durante toda su vida; pero ponjue la consideraba, (juizá 
sin ecpiivocarse, como el único medio de llevar á cabo la comjjleta inde- 
pendencia y el engrandecimiento de su jjatria. Deben perdonársele sus 
defectos, que los tuvo como hombre, y reconocer su incansable activi- 
dad, su bravura, su pasión por la gloria é independencia de su país, su 
desinterés v su generosidad. 



«Se pueden censurar algunos de sus actos, y especialmente su sed de 
mando, pero no se puede dudar de la purezadesus intenciones, etc » 

Y, finalmente, refiriéndose el repetido autor al Congreso paname- 
ricano de Panamá, convocado por Bolívar en 1S26, prosigue: 

« No falta quien aseg-vira cjue Bolívar abrigaba en secreto el 



107 

propósito de orofanizar con la Coloinl)ia, el Perú, la Bolivia, la Plata 
_V el Chile una jírandc é inmensa Ke]júl3lica, de la cual se proponía ser el 
iefe supremo, quedando así dividido el Continente americano en só- 
lo cuatro jirandes Estados: México, enjírandecido á expensíis de Gua- 
temala; los Estados-Unidosdcl Norte; el Brasil, y, por último, abajo, con 
el nombre de Estados-Unidos del Sur, el resto déla América meridion.al. 

«Sin que pretendamos afirmar ni negar el propósito atri])uído á Bo- 
lívar, es lo cierto que en esta época estaba casi ya realizada la unión de 
las tres Ke])úblicas de Bolivia, Perú y Colombia, bajo el título de Con- 
federación, con una capital, residencia de un jefe vitalicio 3^ hereditario. 
El sistema centralizad or, á que tan aficionado se mostraba el Libertador, 
contaba en el país con muchos adversarios, 3* el más importantede ellos 
era sin duda Páez, el antiguo compañero de armas de Bolívar, que re- 
presentaba en el Senado colombiano, á Venezuela, de cuyo país, que le 
había confiado el mando militar, reclamalia la autonomía absoluta». 

No es preciso continuar la intrincada historia de la Confederación 
colombiana, formada por Quito (hoy I\ci)úl)lica del Ecuador), Vene- 
zuela, Bolivia 3- Nueva Granada (hov República de Colomliia, desmem- 
brada con la pérdida de Panamá), ni fué ese nuestro primer intento; 
sin embargo, conviene seguir á Bolívar, á fin de no omitir nada que á 
sus hechos ]3ueda referirse: en su huida llegó á Cartagena, que con la 
Provincia de Santa Alarta se había constituido en República, cuyo Pre- 
sidente era Torrices, cuando todo el resto de Nueva Granada y \'cne- 
zuela se hallalia en completa anarcjuía. 

En septiembre de esc iiño, 1 814, se reunió un nuevo Congreso en Tun- 
ja, al cual el Libertador ofreció sus servicios 3', aceptándosele, recibe en- 
cargo de marchar contra el dictador Alvarez, de Bogotá; éste promete 
formalmente unirse á la confederación que anhelaba Bolívar, 3- al unirse 
los jefes venezolanos á los granadidos, el Libertador, nombrado Capi- 
tán General de Nueva Granada 3' Venezuela, se dirige con tres mil hom- 
l)respor la Provincia de Magdalena 3' sorprende á los realistas en Mon- 
pox, 3' allí fusila á cuatrocientos prisioneros. Como el Presidente To- 
rrices le negase los refuerzos que le exigía, Bolívar y Torrices iban á 
trabar una lucha fratricida; pero como ala sazón se acercaba un nuevo 3- 
formidable refuerzo al común enemigo, se evitó el lance, y Bolívar, dejan- 
do su tropa en Cartagena, unida á los independientes allí existentes, se 
embarcó rumbo á Jamaica en busca de socorros. 

El refuerzo al enemigo que temían los insurgentes, consistía en diez 
mil soldados que vendrían de la Península al mando del General Mori- 
llo, según Fernando VH, al volver á Madrid 3' ocupar su trono, hizo co- 
municar á todos los virreinatos para intimidar con esta sola noticia 
á los rebeldes. En efecto, se organizó la expedición de Morillo, jiero no 
consta exactamente el número de su gente. 

Bolívar supo en el extranjero que Morillo, después de reducir á cs- 
combrosla ciudad, entraba en Cartagena el G de dicieml)redc ISlf). La 



108 

toma de esta plaza significó á los españoles nada menos que la recon- 
quista detoda Nueva Granada, por lo que, ya se preparaban á pasar al 
territorio del Perú; pero Morillo, después de importantes victorias, fué 
batido el 16 de febrero de 181 6 por los independientes Torrices 3' Urda- 
neta, y vio pasarse quinientos soldados de sus filas á las de los patrio- 
tas, capturados sus convoA'es por los corsarios y volado uno de sus 
buques. Y no era esto todo: el Almirante holandés Brión conducía á 
Bolívar}- Marino con mil c[uinientos hombresde los más decid os, aumen- 
tados con mil negros que les projíorcionó Pétion, el Presidente de Haití. 
Este Almirante Brión, al servicio deVenezuela, costeó de su propio peculio 
casi todos los gastos de una expedición compuesta de dos buques de 
guerra 3' trece barcos de transporte, y el 2 de ina^-o de 1816 obtuvo una 
victoria sobre la flotilla española, á la que apresó dos embarcaciones. 
Al día siguiente desembarcó Bolívar en la Isla Margarita, de la que tu- 
vo que salir de nuevo por serle adversa la fortuna y refugiarse en Ja- 
maica para invadir después la GuaA-ana, que había permanecido fiel al 
gobierno español. Dirigió muy bien esta campaña, secimdado hábil- 
mente por Brión, y el 17 de julio del mismo año, entró triunfante en An- 
gostura, capital de la Provincia. Morillo, entretanto, fué á sitiar per- 
sonalmente á la Margarita y sufrió serios descalabros en mar \' tierra, 
por los que, la escuadra realista tuvo que alejarse, escapando como por 
milagro de ser destruida totalmente, y él mismo, derrotado dos veces 
por la caballería del intrépido Páez, dejó gran niimcro de armas 3' pri- 
sioneros en ])oder de los insurgentes. 

Bolívar, en vista de su triunfo en la Gua3-ana, hizo de Angostura la 
capital provisional de los republicanos, repartió las propiedades entre 
sus soldados 3' se ocupó en organizar la administración de la Provincia. 

La causa independiente iba por fin obteniendo inapreciables venta- 
jas: numerosos voluntarios acudían de Francia, Inglaterra 3' los Estados 
Unidos; los representantes de Venezuela, eran recibidos oficialmente en 
Washington 3- Londres, reconociéndose tácitamente á los beligerantes, 
3'' López Aléndez, encargado en Inglaterra de contratar empréstitos 3- 
reclutar hombres, los había visto afluir con dinero, armas 3' municio- 
nes, en tal número, que, además de los recursos necesarios para conti- 
nuar la guerra, «contaba la nueva Repxiblica, á finesdelSlS con nueve 
mil combatientes extranjeros.» 1 

Así, á pesar de que los españoles poseían tranquilamente desde hacía 
dos años la Nueva Granada, poco á poco fueron desalojados por los in- 
surgentes todos, 3' en 1° de julio de 1819 eran batidos en Sagamoso 3- 
Tanjíi por Bolívar y Santander, lo que impulsó á las autoridades de Bo- 
gotá á huir precipitadamente, quedando dicha ciudad abierta á los in- 
dependientes. Estos acontecimientos 3' la toma del fuerte 3' ciudad de 
Barcelona jjor Brión (18 de julio de 1819), aseguraron el triunfo délos 

1 K. C. Historia (le la América del Sur. Pág. 1125. 



109 

republicanos, y al reureso de Bolívar á Angostura, donde el 15 de 
febrero anterior había instalado el Conureso, esta Corj)oraeión rea- 
lizaba el 17 de diciembre el proyecto tan acariciado del Libertador, 
reuniendo dos naciones en una sola, que en honor del Descubridor del 
Nuevo Miuido lial)ía de llamarse Re])úl)lica de Coloml)in. 



» 

* * 

No termina con esto la l)rillante carrera del Libertador, sino con la 
victoria decisivamente favorable á su país, última de Bolívar, y obteni- 
da el24 de junio de 1821, en las llanuras de Carabobo, la cual tuvo co- 
mo consecuencias inmediatas, la sumisión de las ciudades de Valencia, 
Caracas y Guayaciviil, y la rendición de Cartaoena y Cumaná á los re- 
ptililicanos. 

Basta con lo anteriormente dicho, para que se pueda formar un jui- 
cio acerca del Liljcrtador de los países que le tributaron honores y le 
confirieron el mando supremo, vinas veces aislados y otras unidos, y le die- 
ron reiteradas muestras de gratitud: el Alto Peni, desde entonces se 
llama Bolivia, y la primitiva Colombia, cuando Bolívar anunció á su 
Congreso la intención de expatriarse, acordó, en ma^-o de 1830, asignar- 
le una pensión de $30,000 anuales, pagaderos en cualqviier punto del 
globodonde quisiera radicarse; pero en cambio, no le faltaron enemigos 
ni le faltaron desengaños, j- en el mismo año de 1830, ell7 de diciembre, 
ya próxima á disolverse la Confederación que tantos afanes le costara, 
en San Pedro, lugar inmediato á Santa Marta, murió lleno de amargu- 
ras 3- temores por la patria de sus ilusiones, á la que se había consagra- 
do por completo. Días antes de morir, escribió esta tierna despedida 
á su pueblo: 

«Digo con verdadero dolor que soy víctima de mis enemigos, ciue me 
han conducido al sepulcro; y sin embargo de esto, yo los perdono. — Co- 
lombianos, os dejo. En mis últimos momentos ruego á Dios por la tran- 
quilidad de la Colombia, 3' si mi muerte, desvaneciendo las animosida- 
des de los partidos y restableciendo entre vosotros la concordia, puede 
contribuir á este apetecido resultado, llevaré un sentimiento de satisfac- 
ción á la tumba C[ue para mi se abre.» 



Hemos dado una rápida ojeada á los principales acontecimientos 
de la América del Sur, desde la parte más meridional ocupada por las 
provincias del Plata, hasta el Panamá, límite con Centro-América; vea- 
mos ahora cómo se hallaba el campo de acción de los nuestros. 

Nada omití en lo ciue atañe á los sudamericanos, y en cuanto á lo 



lio 

que se refiere á la guerra en nuestro suelo, solóme ocuparé de lo concer- 
niente á Morelos, nobilísimo móvil de mi asunto. 

Novo3',pues, á narrar de los otros episodios de nuestra independen- 
cia, sino lo que indispensablemente debo mencionar para la mejor com- 
prensión de mi insignificante labor. 

«Al principiar el siglo XIX el virreinato de Nueva España era la por- 
ción más importante de los dominios que los reyes españoles poseían en 
el Continente Americano. Extendíase este vasto país por la costa del 
mar Pacífico desde los 16°, en los confines con la Capitanía General de 
Guatemala, hasta más allá del Cabo Mendocino, á los 42° de latitud 
septentrional. Por el lado del Oriente, una línea que partiendo del Gol- 
fo de Honduras continuaba por las costas de la península de Yucatán 
y seguía el contorno del Golfo Mexicano hasta la Luisiana, marcaba 
sus términos por ese rumbo. Desde el extremo oriental de la Provincia 
de Texas, en las orillas del seno ó Golfo de México, otra línea imagina- 
ria que se dirigía hacia el noroeste é iba á terminar en las playas del 
Grande Océano, bajo los 42° de latitud boreal, cerraba el jjerímetro de 
Nueva España, separándola por este lado, aunque de una manera incierta 
y vaga, de los Estíidos Unidos de la América. La vasta superficie com- 
prendida éntrelos límitesque hemos indicado, pudiera calcularse en cerca 
de doscientas rail leguas cviadradas. Una población que apenas ascendía 
á seis millones de habitantes ocupaba este inmenso territorio, » i 

Para defenderlo la Corona tenía en él lo mejor de su ejército, pues 
que con razón le daba mayor importancia que á las otras colonias. 

El gobierno virreinal contaba, pues, ordinariamente con cuarenta 
mil soldados perfectamente armados 3- equipados, y al tenerse en la Co- 
lonia noticias de los desgraciados y bochornosos acontecimientos déla 
Metrópoli, el Virrey Iturrigara^- aumentó este número con la creación de 
nuevas milicias y regimientos de voluntarios como el de Fernando VII: 
ya vemos que sin contar los diez inil hombres que constantemente se 
hallaban sobre las armas, guarneciendo los presidios del Norte y pvier- 
tos de ambos Océanos, próximas á la frontera de los Estados Unidos, 
los veteranos acantonados por el mismo \'irrey, en Xalapa, excedíande 
ciuince mil. 

En cuanto á elementos pecuniarios, ¡cjué diferencia tan enorme, com- 
parado este virreinato con el de Buenos Aires, por ejemplo! 

Mientras Cisneros allá, encontraba exhausto el erario, Iturrigaray 
acjuí, tenía considerable superávit. Las rentas de Nueva España enton- 
ces, se calculan en veinte ó veintidós miillones de pesos, que se distri- 
buían así: diez y medio se destinaban alas necesidades de la Colonia mis- 
ma; tres millones y medio, á otras colonias de América, Cuba, Sto. Do- 
mingo, Puerto Rico, etc., principalmente, y el resto á la Metrópoli. En 
1808 había en las cajas reales catorce millones de pesos, lil^res, de los 

1 «México á Través de los Sigilos». — Tomo 111, lil)rc) primero, pá.i;. 15, 



111 

ciuc se remitieron en ealidail de ;iuxili<). á la renínsula; dos á la Junta 
de Sevilla y medio á la de Oviedo, Asturias, y muy posible es ijue algo 
también á la de Cádiz: Iturrifíaray no reeonoeía á uintíuna de kis tres, 
l)erü auxiliaba á todas. 

Nadie ignora lo que aeonteció en Nueva España al reeibirse en ella 
(8 de junio de 1808) noticias de la prisión de la familia real, en Bavona; 
renuncia de la corona en favor de José Bonapíirte; etc., etc.; es inolvida- 
ble la Junta de México en 9 dejuliodelSOS, aurora C|ueanimciaba la re- 
dención de. América; la primera (|ue se reunió en el Continente, v en la c[ue 
resplandeció majestuoso el verbo creador de Verdad, el ilustre apóstol 
que con su sangre generosa daría testimonio, como los primeros márti- 
res del Cristianismo, de la fe en la validez y sol)eranía popidares. Ya 
se recordarán la astuta suspicacia de los oidores .\guirre y Bataller, las 
estultas anatematizaciones del inquisidor Bravo, la conducta incolora 
del .\rzobis]DO, la decisión delosado viejo D. Gabriel J. de Yermo, la ])ri- 
sión de Iturrigaray, la muerte misteriosa del Padre Talamantes, el nom- 
bramiento de Virrey á D. Pedro Garibay, su substitución por el Arzobi.s- 
l)o (D. Francisco Xavier de Lizana), la conspiración de los Michelena 
y el Padre Santa María, en \'allad(jlid, los conjurados de Ouerétaro, el 
advenimiento de Venegas, (|ue no tuvo cara de virrey, 3- sobre todo, 
el glorioso y onniipotente grito de Dolores y sus consecutivos sucesos. 



No pretendo el honor de ser en este trabajo biógrafo delSr. Morelos; 
pero así como he dado cuenta del ilvistre origen del libertador Bolívar 
y honradamente narré, á grandes rasgos todas sus hazañas, honrada- 
mente también quiero presentar desde su origen, al más ilustre liberta- 
dor, Morelos, y á grandes rasgos igualmente, por equidad, enunciaré 
los inimitables hechos de este maravilloso genio. 

D. José María Morelos y Pavón nació el 30 de septiembre de 1765 
en la ciudad de Yailadolid, Intendencia de este nombre (hoy Alorelia, 
capital del Estado de Michoacán). Sus progenitores fueron D. Manuel 
Morelos y Da. Juana Pavón. Por muerte de D. Manuel, su hijo tra- 
bajó desde muy tierna edad con su tío D. Felipe, de arriero, conducien- 
do recuas, de México á Acapulco y otros puntos, hasta que entró al Co- 
legio de San Nicolás, de su tierra natal, del cual era Rector el inmortal 
D. Miguel Hidalgo. Bajo la dirección de éste, Morelos hizo sus estudios 
siguiendo la carrera eclesiástica (|uc terminó con brillo, y recibió las sa- 
gradas órdenes, pasando á servir sucesivamente varios curatos, hasta 
el de Carácuaro y Necupétaro, en el que se hallaba cuando re])ercutió 
por aciuellos rumbos el prepotente grito de rebelión lanzado en Dolores. 

Morelos se presentó á Hidalgo en Indaparapeo, en octubre de 1810, 
cuando el Generalísimo niíirchaba á Yailadolid (Morelia), pidiéndole se 



112 

k- noinljrasc Capellán del ejército insurgente; pero su antiguo y perspi- 
caz maestro le contestó con el nombramiento de Teniente General, y 
llevándolo aparte, á unos cuantos pasos de la oficialidad (|ue los rodea- 
ba, en voz baja le explicó la nulidad de la excomunión fulminada contra 
los independientes, por Abad\'Queipo, ObispoelectodeMichoacán, dán- 
dole instrucciones especiales para que encendiera la tea revolucionaria- 
mente redentora en el Sur del Reino, y tomase el Puerto de Acapulco. 

El humilde Cura volvió luego á su pueblo de Carácuaro y allí armó 
veinticinco hombres con lanzas, y con ellos marchó á Churumuco; atrave- 
só el Alexcala, en la híicienda de lasBalsas, y entró en territorio del hoy Es- 
tado de Guerrero. En Coahua^-utla se le unieron algunos hombres ar- 
mados, almando de D. Rafael Yaldovinos,yavanzandohastalascostas 
del grande Océano, en Zacatula engrosó sus pequeñas filas con 50 sol- 
dados á las órdenes del Capitán de Alilicias de ese Puerto, D. Marcos 
Martínez. Se dirigió á Tecpan, donde el Capitán realista D.Juan Anto- 
nio Fuentes huyó á Acapulco y su gente se desertó, pasándose en su ma- 
3'or parte á Morelos. Este entró en Tecpan el 7 de noviembre de 1810 
con sus tropas considerablemente aumentadas. Este lugar de la co.sta 
le proporcionó, sin haber quemado un solo cartucho, abundantes recur- 
sos. Allí se le incorporó D. Hennenegildo Galeana que tanto había de 
distinguirse despviés. Al día siguiente también se le unieron en el Zanjón D. 
Juan y D. Fermín Galeana, hermanos de D. Hermenegildo l con sete- 
cientos hombres, sin armas casi todos. Allí comenzó Morelos á tener 
artillería; su primera pieza fué el «Niño,» pequeño cañón que servía en 
la Hacienda de San José, propiedad de los Galeana, para hacer salvas 
en las fiestas rehgiosas. El 9 de noviembre pasó por Coyu3'a y avanzó 
hasta el Aguacatillo, donde entró el día 13 con dos mil hombres arma- 
dos con fusiles, lanzas, espíidas y flechas. En este lugar se atrincheró 
con tercios de algodón. Previamente había destacado setecientos hom- 
iDres, con Yaldovinos á la cabeza, con orden de ocupar el Veladero, que 
es una posición ([ue domina el Puerto de Acapulco. Carreño, el Jefe de es- 
ta plaza, envió contra ellos cuatrocientos realistas, los que después 
de un ligero tiroteo se desbandaron, dejando tiradas muchas armas, y 
se pasaron muchos de ellos á los independientes. Morelos, adeinás del 
Aguacatillo, fortificó la Cuesta, el Marqués, las Cruces y el mismo Vela- 
dero. Actos prudentísimos, porque el Virrey ya había ordenado que 
una sección de la Brigada de Oaxaca, mil quinientos hombres, marchase á 
atacar á los insurgentesdelSur, al mando de D.Francisco París, Coman- 
dante de la cjuinta división de milicias. A éste se unió D. José Sánchez 
Pareja, Comandante de la sexta división de la costa, 3' así lograron dis- 
persar, el 1" de diciembre, á \'aldovinos, que comandaba una sección 
de las fuerzas de Morelos; pero otro de sus capitanes, en cambio, D. Mi- 

1 I). Pablo, que tan brillantemente se condujo en el sitio de Cuautla, era hiji) de D. 
José Antonio, hermano también de D. Hermenegildo. — García Cubas. — Historia de 
México. 



n^ 



An.M-KS. — TciMii 1\'. 



I.ÁM. 




D. José María Mokelos y Pavón. 



i 



fíuel (le Avila, rechazó cu Llano Grande, con seiscientos soldados, auna 
fuerza (jue de Acapulco salió mandada jjor D. Juan Antonio Fuentes y 
por Rodríguez, Subdelejiado de Tecpan. Este murió á resultas de las 
heridas c[ue recibió en la contienda, algunos días más tarde. 

El S del mismo mes, París atacó vigorosamente en íían Marcos y las 
Cruces, á los independientes, peleándose con bravura por ambas partes 
durantetodo el día, y suspendiéndose el combate en la noche, sin haber 
obtenido ventaja ni unos ni otros; tres ó cuatro días más tarde, el jefe 
realista atacó las posiciones de la Sabana que defendía el Coronel D. 
Julián de Avila, con solo seiscientos homlires, mientras que los asaltantes 
eran dos mil soldados con dos cañones. París había sido reforzado por 
tropas que de Acapulco salieron en su auxilio, y dividió su gente en tres co- 
lumnas, mandando él mismo la del centro; la de la derecha, Sánchez Pa- 
reja, }' D. Francisco Rionda la de la izquierda; mandando, además, una 
sección de cien hombres á flanquear la posición de Avila. Los queata- 
caban, rompieron sus fuegos de artillería, los cuales fueron eficaz y cer- 
teramente contestados por los disparos del «Niño.» Los realistas mos- 
traron arrojo y decisión, pero los independientes se mantuvieron firmes 
en sus puestos. Después de largas horasdelucha, París se retiró á Tres- 
palos, dejando varíos muertos y herídos en el campo. 

Después de este hecho de armas, Alorelos, á pesar de las ventajas que 
sus capitanes le habían procurado, quedó en muy difícil situación, pues 
que carecía de municiones y se hallaba entre dos fuegos: París, en Tres- 
palos y Acapulco con fuerte guarnición lo amenazaban. Afortunada- 
mente tuvo noticia de que en el campamento de París había un capitán, 
Mariano Tabares, resentido por haber recibido, poco hacía, injusto cas- 
tigo. No era Morelos quien desperdiciara la probable ocasión propicia 
y, entablando negociaciones con Tabares, logró combinar un plan con 
él. En consecuencia, mandó al mismo Coronel de Avila con seiscientos 
soldados contra los realistas, la noche del 4 de enero de 1811: á una 
señal de Tabares, Avila atacó impetuosamente y venció, tomando al 
enemigo ochocientos prisioneros, setecientos fusiles, cinco cañones, cin- 
cuenta y dos cajones de parque, varíos pertrechos, víveres, etc. 

Alg-unos historiadores pretenden que París fué fusilado sobre el cam- 
po, por Morelos; pero esto no es de admitirse por varías razones; pri- 
mera 3' principalísima: Paris figura en acciones posteriores, y no es proba- 
ble que no sea el mismo de Tres-pa/os, y, además, Morelos no estuvo per- 
sonalmente en el teatro de la acción; Zarate, en «México á Través de los 
Siglos,» no sólo afirma que Paris huyó en medio de la confusión, sino 
que transcribe el siguiente párrafo del mismísimo Alamán, deturpador 
de la Independencia y de sus héroes: «Morelos, — dice con este motivo 
Alamán — sin haberse presentado todavía él mismo en el campo de ba- 
talla, había logrado por medio de sus tenientes, los Avila, batir con 
fuerzas inferiores á las realistas; y en el corto espacio de dos meses, 
habiendo empezado la campaña con veinticinco hombres que sacó de 

Anales. T. IV.— 15. 



114 

su curato, había reunido más tic ilos mil fusiles, cinco cañones, ]iorción 
de víveres 3' municiones, todo tomado del enemigo, ti 



Después de la victoria sobre París, Al órelos marchó al cerro déla Z^^a- 
na, donde se situó el 8 de febrero, intentando tomar Acapulco, lo que 
no consiguió por carecer de gruesa artillería, municiones y tropas sufi- 
cientes. Este intento fué desastroso para las tropas de Morelos, pues á 
consecuencia de la traición del artillero español Gago, los insurgentes 
fueron acríbillados por la artillería de los baluartes, 3- siete barcos que se 
hallaban surtos en la bahía, salvándose de una completa derrota, sólo por 
la serenidad y admirable energía de su General, que para impedirles la hui- 
da, tendióse en tierra en la única estrecha salida de que disponían sus 
soldados, los cuales prefiríeron la muerte, á hollar con su planta el res- 
petable cuerpo de tan extraordinario Caudillo. El 19 del mismo mes, 
una vigorosa salida de la guarnición del Puerto obligó á los asaltantes 
á retirarse á sus antiguas posiciones de la Sabana, donde permanecie- 
ron por es])acio de un mes repartiéndose su fuerza, que constaba de 
dos mil doscientos hombres, en el Fe/ac/ero, las Cruces, Aguacatillo y la 
misma Sabana y rechazando denodadamente, mandados por el bravo 
Galeana, á las fuerzas de D. Juan Antonio Fuentes y del Oidor Recacho. 
Viendo Morelos que se agotaban rápidamente los víveres y escasos ele- 
mentos de guerra de que podía disponer, dejó á Avila bien fortificado en 
el Veladero, y, rompiendo las líneas de Fuentes, la noche del 3 de mayo 
se dirigió á Chilpancingo con sólo trescientos soldados, perseguido de 
cerca por los realistas, sobreponiéndose á las torturas del hambre, alas 
inclemencias de mortíferos climas, y, como el audaz cartaginés en su ca- 
mino á Roma, rompiendo las montañas para abrirse paso. Llegó por 
fin este guerrero excepcional á la hacienda de la jBrea,3-desde allí envió 
á Galeana á Chichihualco, finca de los señores Bravo, familia ó legión 
de bravos 3' acendrados patriotas: D. Leonardo, D. Aliguel, D. Víctor 3^ 
D. Máximo, hermanos, 3- D.Nicolás, hijo del primero, que entonces con- 
taba diez y nueve años y qvie pronto inmortalizaría su nombre, no sólo 
con sus meritísimos hechos de armas, sino aun más, por el acto sin igual en 
la historia del Universo, manifestación de la grandeza de su alma: indul- 
tando trescientas vidas (que podía segar impunemente 3' sin escrúpu- 
lo), como sublime represalia al inicuo asesinato de su padre. 



En aquel punto uniéronse estos héroes al que de entonces en más se- 
ría su digno jefe 3' hábil mentor en el doloroso 3' difícil camino de la in- 
mortalidad. Allí mi.smo hicieron su debut,3'capitaneadosporGaleana, 
desbarataron la división del Comandante Garrote, tomándole cien pri- 



115 

sioneros, trescientos fusiles y.srancantidafl de mtiniciones y pertrechos, 
todo lo cual sii]:)o aprovechar AIt)relos para reforzar y armar su <;ente 
y entrar triunfante á Chilpanciniío el 24 de mayo del memorable 1811. 

Después del descalabro sufrido por los realistas, Garrote se retiró á 
Tixtla á donde lo siguió Morelos y lo aniquiló por completo, tomándo- 
le más de seiscientos prisioneros, ocho cañones y doscientos fusiles. In- 
mediatamente después de tan lirillante triunfo, ordenó la fortificación de 
Tixtla para dejar allí al ínclito Galeana, dignamente secundado por D.Ni- 
colás Bravo, y regresó á Chilpancingo, ciudad en la que se celebraba la 
fiesta del 15 de agosto, con corridas de toros, lides de gallos, funciones de 
acrólDatas y otras, propias de las ferias. Con tal motivo, parte de la guar- 
nición de Tixtla se dirigió á la feria, en tanto que Fuentes, que había sus- 
pendido su atacjue al Veladero y se hallaba j'a en Chilapa, siendo infor- 
mado de la posición de los independientes, quiso aprovechar el propicio 
momento de atacará los de Tixtla, y así lo hizo el mismodía 15. Infor- 
mado á su vez Alorelos, destacó un correo para anunciar al impertérri- 
to Galeana qvie al día siguiente sería con él. Los americanos, no obs- 
tante su escasa fuerza y falta de municiones, se sostuvieron con entere- 
za, y al día siguiente, cuando se hallaban en lo más álgido del combate, 
los realistas no se dieron cuenta del avance del infalible Alorelos, y sí 
extrañaron inusitado alboroto, manifestado porlos independientes, con 
alegres rcpicjues 3' cohetes lanzados desde las torres de la parroquia, y al 
cjuerer incjuirir la causa, se hallaron entre dos fuegos, desconcertados 
por las certeras líalas del «Niño,» cañón que debe haberse regocijado al 
sentirse disparado ¡jcjr Alorelos en i)crsona. El Jefe realista ordenó des- 
de luego la formación de cuadro para resistir el ataque simultá.neo; pe- 
ro Bravo y Galeana no dieron tiempo á cjue se cumpliera esta orden, y 
cayendo con el ímpetu del alud, vencieron toda resistencia con el corte 
de sus bien tem])la(los aceros. Fuentes y Recacho fueron los primeros 
que apelaron á la fuga y, seguidos de su destrozada división, que presa 
de terror pánico tiralialasarmasenelcamijo, huyeron á Chilajia, donde 
entraron en confusión indescriptiljle, mezclados con sus perseguidores. 
Morelos entró tras de ellos á dicha plaza y les tomó cuatrocientos prisio- 
neros, otros tantos fusiles, cuatro cañones y gran cantidad de parque 
_v otros pertrechos. Gago, el traidor artillero, pagó allí cara su perfidiay 
el dinero en que había vendido la entrega de Acapulco, así como ac[uel 
Toriliio Navarro, que había recibido del ilustre vencedor recursos para 
reclutar gente, y se había pasado al eneníigo. Este par de traidores fué 
pasado por las armas: vínica ejecución de prisioneros, pues los otros, 
en parte engrosaron las filas insurgentes, y en parte fueron enviados á 
Tecpan y Zacatula. 

Dueño Morelos de Chilapa, población fabril ya desde entoces, hizo 
tejer toda la manta necesaria para qxie se vistiesen todas sus semides- 
nudas tropas; reorganizó su ejército, enviando al efecto emisarios á la 
costa á reclutar soldados, 3' se ocupó en disciplinar á los reclutas y en 



116 

reparar su armamento. Ya contando con algún respiro, se dedica á di- 
versos asuntos políticos y administrativos, dictando decretos y muy 
acertadas disposiciones, y sosteniendo muA' activa correspondencia con 
la Junta de Zitácuaro, escribiendo todo de su puño a' letra, dando tan 
raras pruebas de actividad y talento, que arranca elogios al íicérrimo 
defensor de la opresión, D. Lucas Alamán. 

Entre otras promulgaciones suA-as, no debe olvidarse la que tendía 
á la extinción del antipatriótico antagonismo llamado guerra de castas, 
que su clarÍA^idente y adelantado espíritu de sociólogo columbraba como 
hidra maléfica que sería perniciosa á la fraternidad nacional. 



Hasta aquí hemos puesto de relicA'e las sorprendentes dotes intelec- 
tuales del Sr. Morelos como capitán y como estadista; ])ero mucho 
nos falta que admirar desde este último punto de A-ista, si meditamos 
sus rcA-elantes manifestaciones advertidas en sus obras de más trascen- 
dencia, como son sus notas y opiniones acerca de las bases para el pro- 
A'ecto de Constitución cjue le sometiera Rayón; el decreto aboliendo la 
esclavitud, a' las reglas preliminares para la erección del Congreso l que 
había de inA-estirlo de l;i dignidad de Generalísimo y Jefe supremo del 
EjecutÍA-o, á la cual inA-estidura, el avig"usto Al órelos añadiría otro dic- 
tado, con una modestia encantadora, nombrándose á sí mismo siervo 
de la nación. 

Mucho tendríamos aún < [ue decir de sus insólitas hazañas de guerrero, 
únicas en su género y en circunstancias incomparables; pero no nos es 
posible seguirlas una á una, ni es necesario, dada la ikistración de c[uie- 
nes han de leemos, y como, por otra parte, cada acción efectuada por 
el insigne superhombre entraña en todo orden de ideas una epopeA'a de 
las más excelsas en los épicos anales de la humanidad, juzgamos un de- 
lirio intentar cantarlas, y sólo nos atrcA-eremos á enumerarlas cronoló- 
gicamente, pues para consignarlas todas, aun sin entrar en grandes de- 
talles, no bastaría este limitadontimerodepáginas; serían precisos grue- 
sos A'olúmenes. 

Antes de proseguir, séanos permitido exponer hechos que rcA'elan el 
envidiable carácter del magnánimo campeón, en el orden moral. 

Un Padre Ah-a le escribía desde esta capital, adA-irtiéndole que dos 
hombres habían de presentársele como armeros; pero que no eran tales, 
sino asesinos que llcA-aban el siniestro designio de envenenarlo. Efecti- 
A'amente, se presentaron dichos dos individuos al General victorioso, 
quien ordenó fueran arrestados; pero antes de que transcurrieran mu- 
chos días, los hizo poner en libertad, los perdonó y colmó de faA-ores 
como si le hubiesen prestado un gran servicio al atentarcontrasuvida. 
¿Nó se inspiraría BraA^o en esta lección práctica? ¿Nó germinaría en su 
corazón este bello ejemplo para fructificar muy pronto? 

1 Alamán dice que esto era sencillamente hacer la Constitución. 



117 



Tabares, aquel Capitán que vendió al realista París, y un norteame- 
ricano, David Faro, disgustados porque no se les concedían los ascen- 
sos á que injustificadamente as]5Íraban en el ejército independiente, tra- 
maron una contrarrevolución, pero siendo sofocada ésta, sus autores 
fueron aprehendidos y fusilados como traidores por orden del gran Jefe, 
justo y severo juez para con los iscariotes. 

El Obispo Campillo, de Puebla, envió tanto á Rayón como al inven- 
cible Adalid del Sur, un descosido manifiesto para convertirlos á la 
causa realista, \' ambos contestaron con dignidad, rechazando las pro- 
posiciones contenidas en aquel escrito, siendo notable por su alto y cir- 
cunspecto estilo la respuesta del Sr. Morelos. 



Terminaba 1811, y en su último mes, tan fecundo en éxitos para el 
invicto Caudillo, salía éste de Chilapa y se dirigía á Tlapa para mar- 
char infatigable contra Chiautla, donde derrotando al español Alusitti 
el día -i, le toma, como es lógico esperar, muchos prisioneros, municio- 
nes, víveres y cañones, entre los que se hallaba el que el arrogante rea- 
lista había bautizado con el jircsuntuoso nombre «Mata-Morelos. » Des- 
pués de esta jornada, pasa el egregio vencedor á Izúcar, en dondeentra 
el día 10 y hace la inapreciable adquisición de D. Mariano Matamoros, 
Cura de Jantctelco, que allí se le presenta, y antes de mucho infligiría 
tan rudos golpes á las armas es])añolas. El realista Soto-Alaceda sale 
de Puebla contra los independientes y es derrotado por completo el 17, 
])ara morir dos días después á causa de las heridas que recibiera en el 
combate. Salen los vencedores de Izúcar 3- se dirigen á Cuautla, llegan- 
do á dicha plaza el 24-. Galeana es enviado contra los realistas, á quie- 
nes deshace por completo, á fines del año, en Tepecuacuilco y en el im- 
portante mineral de Taxco. 

Al empezar 1812, en l-l, 16 y 20 de enero, desembarcan sucesiva- 
mente en Veracruz, ])roccdentes de España, el batallónde Asturias, el de 
Lovera y el regimiento de infantería «América.» 

Porlier, que tantos estragos causara á los patriotas del Bajío, sale 
de Toluca contra los del Sur, y el día 3 del mismo enero bate ¿í algunas 
partidas de éstos en Tecualo3-a. Allí es atacado por Galeana el día 17 
y sufre un descalabro que lo obliga á replegarse á Tenancingo, y forti- 
ficarse. El infatigable Afórelos lo persigue y derrota totalmente el 22 
del mismo enero. Porlier huye hasta Toluca, á cu3-a población causa 
compasión el lastimoso aspecto de los derrotados. Los triunfadores 
regresan á Cuautla, que los recibe con regocijo el día 9 de febrero, ocho 



118 

días antes de que empezara el renombrado y glorioso sitio, único en el 
mundo. 

S. E. el Virrey D. Francisco Xavier de Venegas se encargó de sinte- 
tizar la trascendental importancia de las campañas anteriores de aqxiel 
Morelos, cuyo mérito excepcional admiraba muy á pesar suyo, y á quien 
insultaba, y aparentando despreciarlo, temía y hacía en parte, exigua y 
mentecata justicia, cuando daba, en 8 de febrero, orden á Calleja para 
que atacara al principal Corifeo de la revolución: 

Leamos: 



«Los de Santa María Tixmadage y algi;nos otros pueblos de la di- 
rección de Valladolid, interceptan la correspondencia y giro de aquella 
con esta ciudad, }■ después de que el ejército se ha retirado de Toluca, 
vuelven á aparecer gavillas de Tenancingo 3- aquel rumbo, permanecien- 
do siempre en rebelión los ranchos ó sierras inmediatas A aquella ciudad, 
el Real de Temascaltepec, Sultepec y países confinantes. 

«Peor aspecto presenta todavía el camino viejo de Puelola y toda 
aquella provincia . Los rebeldes ocupan con ñierzas considerables los pue- 
blos de Teotihuacán, Otumba, Calpulalpan, Apan y todas las hacien- 
das del territorio, talando 3- destruyendo todo, é insultando incesante- 
mente á los infelices moradores adictos á la buena cansa (¡ue viven en 
la inquietud doméstica. 



«De este estado de trastorno público se sigue la dificultad ó absoluta 
imposibilidad de la precisa correspondencia con Oaxaca y su provincia, 
y lo que es más, con la plaza y Puerto de Veracruz, último golpe que se 
puede dar al comercio de este Reino 3' causa que ha de motivar un sen- 
sible desaliento en la Península 3- una opinión en toda la Europa, denues- 
tro estadodedecadencia; juzgando por la falta de noticias, quelos rebel- 
des ha3'an consegniido triunfar de las tropas reales, sufriéndose desde 
luego el estanco de capitales, habiendo en esta ciudad más de dos millo- 
nes de pesos en poder del conductor, para trasladarse á aquella plaza, 
sin que lo ha3-a podido verificar en el espacio de algninos meses, por la 
dificultad que ofrecen los caminos 3- la falta de tropas para superarla. 

«Todos estos males, el perjuicio de estar interceptado el comercio de 
Acapulco, imposibilitada la descarga de la Nao 3' la traslación de sus efec- 
tos á lo interior del Reino, privándose el real Erario, en medio de su pe- 
nuria, de un millón de pesos que debería reportar de los derechos de aquel 
cargamento, y la inminencia de que aquella plaza y su Puerto puedan 
sucumbir á las fuerzas de la insurrección, están apo3-ados por el cuer])o 
de Morelos, corifeo de la insurrección en la actualidad, 3- podemos de- 
cir que ha sido en ella el genio de ma3'or firmeza, de recursos 3' astucias, 
habiendo ciertas circunstancias favorables á sus designios, prestádole 



119 

mayor osadía y fontianza cu llevarlos á caho, principalineiitc el ataque 
ele Tixtla, en que derrota aquella división, (jue aunque debiera haber si- 
do respeta l)le por su número, ])erdió todas las ventajas en la disei])lina, en 
la relajación y en el desorden, y sobre todo, en la inca]jacida(l de su co- 
mandante para conducirla. 

«Es, pues, indispensable combinar un plan que asegure dar áMorelos 
3' á su fi'avilla un golpe de escarmiento C|ue los aterrorice, hasta el gra- 
do (le que abandonen á su infame caudillo, si no se logra aprehenderlo. 

«Sus principales puntos ocupados son Izúcar, Ouautla y Taxco, ha- 
biendodestacado en estos últimos días una vanguardia riue ocupó sucesi- 
vamente los pueblos de Totolapa, Buenavista, Xuchi, Tlalmanalco y 
Chalco, la cual se ha reijlegado posteriormente á Totolapa y Quautla, 
teniendo avanzadas en Buenavista. 

«El plan que dictan las referidas posesiones del enemigo es de un ata- 
que simultáneo en los puntos de Izúcar y Ouautla para no darle lugar 
á que reúna el todo de sus fuerzas en alguno de los dos; y aunqiie sería 
más completa la operación atacando con la misma simultaneidad al Real 
de Taxco, prestaría inconveniente la necesidad de subdividir las fuerzas, 
no siendo suficientes las que ha\' en Toluca, especialmente por la esca- 
sez (jue tienen de oficiales para desempeñar el ataque de acjuel punto, l 



México, 8 de Febrero de 1812. — Venegas.» 



D. Félix María Calleja del Rey (jue acababa de tomar á Zitácuaro, 
tan hábil y valientemente defendida por los Rayón, á urgentes y reite- 
rados llamamientos del Virrey vino á México adonde arribó é hizo su 
entrada triunfal el día 5 de lebrero. Todas las esperanzas del Gobier- 
no y aliados se cifraban en Calleja, de quien se esperaba todo; ese todo 
era el golpe decisivo á la revolución, en Cuantía, desde donde constante- 
mente se desprendían partidas de inde]iendientes que se aventuraban 
hasta San Agustín de las Cuevas (Tlalpan), á cuatro leguas de esta ciu- 
dad, y tenían en continuo sobresalto á los realistas, Venegas in capite, 
que, como se recordará, confesaba en su orden á Calleja que aquellas 
avanzadas llegahnn hasta Chalco. 

Este último, distinguido y terrible corifeo de la tiranía (devolvamos 
cortésraente á S. E. sus epítetos), al principio sintió repugnancia de ir con- 
tra los del Sur; quizá presentimientos de instinto le hacían entrever 
el éxito negativo de la malhadada expedición; jiero después, las mani- 

1 Colección de docuinentos dej. E. Hernández Dávalos. Tomu I\', págs. 31 y siguien- 
tes, que existe enelArchivo Gral. de la Nación, citadaporD.JulioZárateenelTomoIIIde 
«México á Través de los Siglos.» 



120 

testaciones de que fué objeto lo impulsaron á autosugerirse que cual 
otro César llegaría, vería y vencería, y así decidido, al llegar frente á 
las gavillas, como llamaba á los insignes C(ue habían de abatir su orgu- 
llo, dispuso todo, de manera qvie á la pviesta del sol ya estuviera des- 
cansando en su aristocrático hospedaje de México. ¡Y pensar que después 
de setenta y tres penosos días nada era lo que había ganado, y sí mucho 
é inestimable lo perdido! 

En virtud de las instrucciones de Venegas, Calleja, el General espa- 
ñol más prestigioso en América, marchaba contra el más temible ene- 
migo de la opresión á Cuantía de las Amilpas, hoy justamente Cuantía 
Morelos: Calleja, el vencedor de Acúleo, Calderón y Zitácuaro, manda- 
ba el ejército del centro, lo más granado de la gente de armas de que 
disponían kis dominadores, compuesto de veteranos de los más experi- 
mentados, pues desde el principio de la campaña habían sido conduci- 
dos con admirable disciplina, de triunfo en triunfo, porque justo es de- 
cirlo, Calleja, á pesar de sus bárbaras crueldades, no debe ser privado 
de su honra militar, ni de su valor, ni de su pericia, ni de su perspicacia, 
ni de sus enérgicas aptitudes de mando. Si era orgulloso y despótico 
hasta sobrepasar los límites de la peculiaridad de su raza, era un com- 
pleto soldado, el único digno de medir sus osadías con las de su invicto 
y superior adversario. 

Sus tropas, bien provistas de cuanto fuese necesario para todas las 
eventualidades de una larga lucha, salieron de esta capital el 11 del 
misino febrero, en número de siete mil hombres de las tres armas: mag- 
nífica caballería, gruesa y potente artillería, y valiente infantería, refor- 
zada, además, por los batallones de Lovera 3' Asturias, el cual, más tar- 
de debería dejar de existir todo entero, aniquilado por el bravo Ala- 
tamoros en el camino de Veraeruz. 

Por su parte los independientes solamente eran inferiores á sus con- 
trarios, en número y elementos materialesdedefensa; por lo demás, tam- 
bién halíían sido traídos triunfantes, por toda la extensa zona del Sur, 
desde el Océano Pacífico hasta San Agustín de las Cuevas, (Tlaljjan), 
y contaban con el inagotable genio de su idóneo General; pero se hallaban 
en circunstancias en todo favorables al enemigo, pues que, además de 
guarecerse ellos en una plaza de débiles casas de adobe, techadas con en- 
debles cañas, se hallaban también rodeados de ricas fincas de campo, 
pertenecientes á españoles, organizadas militarmente con servidores 
adictos á la causa real, y capaces, en un momento dado, de resistir y 
hasta aprehender á oficiales insurgentes, como lo hicieran los depen- 
dientes y servidumbre de aquel Yermo (el aprehensor de Iturrigara^-), 
con D. Leonardo Bravo 3^ compañeros, al terminar el cerco que vamos 
á mencionar. Y no fueron éstas las únicas ventajas de los realistas; 
A'a iremos señalando otras más, no despreciables. 



121 



lil l!S de feljrcro de 1812 se avistal)an las avanzadas encnníías y 
Cuautla ilja á ser teatro de acontecimientos estupendos. 

Iban á chocar dos enormes fuerzas, sólo comparables á las más impo- 
nentes de la naturaleza: una, Calleja, el titánico 3' colérico torbellino, osa- 
do é impetuoso, con la conciencia de sti valor, sus fuerzas y ventajas; 
la otra, Morelos, altiva é inconmovible montaña ciu'a serena cvispide se 
eleva hasta los cielos, consciente de su deber y de sus derechos, de su 
l)rivilegiíid o espíritu sin miedo y de su indómita constancia. El hura- 
cán arrancaría rocas para lanzarlas con furia contra la eminencia; la 
cumbre haría explosión como activísimo ígneo cráter, y resistiría im- 
pertérrita al irritado é impotente vendaval. 

El resultado de este formidable choque sería: de una parte, inútiles 
pérdidas de vidas, tiempo a- dinero para conquistar el desprestigio, y 
una humillante compasión de los suyos; de la otra, angustias infinitas, 
sacrificios sobrehumanos, durísimas penalidades, heroicidades legenda- 
rias, para cubrirse de legítima gloria y alcanzar un triunfo tan efectivo 
como si hubiera hecho polvo á su arrogante antagonista, á quien obli- 
gaba á rendirle tributos de respetuosa admiración, que habían de per- 
petuarse en las pósteras generaciones de ambos mundos. 

El ya vacilante solio del despotismo más oscilaba, mientras la na- 
ciente encina de la libertad, robustecida se alzaría más enhiesta y mul- 
tiplicaría sus raíces. 



No entra en nuestro plan la descripción del memorable sitio de Cuan- 
tía, cuva grandiosa epopeA'a por sí sola requiere una obra especialmen- 
te á ella consagrada, siendo, además, superfino nuestro intento, porque 
las heroicas hazañas de nuestros inmortales, aun cuando jamás serán 
ensalzadas lo suficiente, han sido A'acantadasporinspiradasliras.j', so- 
bre todo, nadie las ignora, ni los niños, ya que felizmente por loable 
disposición del doctísimo hombre de Estado que orienta los destinos in- 
telectuales del país, al difundir desde la escuela elemental el culto sacra- 
tísimo de la patria, presenta á las almas infantiles modelos de grande- 
za, heroísmo y abnegación sviblimes. 

Según el limitado plan de este trabajo, debía únicamente nombrar- 
se Cuantía, para abonar al gran Caudillo, en cu^-o honor se escribe, la 
más cuantiosa cifra de su incalculable haber; pero es de extricta jus- 
ticia honrar también la augustíi memoria de los lugartenientes que 
con él supieron merecer la gratitud de los redimidos, y á quienes él esco- 
gitó con tan admirable penetración. Séanos permitido señalar nada más 

An-.\les. T. IV.— 16. 



122 

los hechos concretos ijuc los honran, y que al efectuarse en Cuantía 
íigigantan el inmenso pedestal de imperecedera gloria en que se ostenta 
el excelso Morelos. 

Sabido es que Calleja se presentó ante la plaza c^ue había de sitiar, el 
18 del mes va citado, con más de siete mil hombres, que algunos auto- 
res hacen ascender á doce mil, lo cual no carece de verdad, pero sí de 
explicación. Las tropas cjue componían el ejército del centro fueron 
constantemente reforzadas sin tasa, en el concepto que ésto fué efec- 
tuándose á medida que avanzaba el tiempo, 3- no al iniciarse el jirímer 
ata([ue. Sea como fuere, la superioridad ninnerica de los realistas siem- 
pre fué abrumadora, acentuándose más á medida cjue transcurría el 
tiem])o,ycon él, la peste, el hambre y los combates reducían á los sitia- 
dos á la tercera parte. 

Recuérdese qvte Yenegas ordenó Cjue simultáneamente con Cuantía 
se atacara Izvicar, y que Llano con dos mil hombres se encargó del asal- 
to de dicha población, y que al ser rechazado por el invicto Guerrero y 
el Padre Sánchez, recibió orden de abandonar Izíicar y cooperar en 
Cuantía. De allí salió el insurgente urdiera con trescientos soldados, 
cuyo contingente no volvió á entrar á la heroica Ciudad, con orden de 
ocupar la barranca de Tla^-acac para impedir cpie Llano se reuniese con 
Calleja; pero éste, al darse cuenta de la salida de Urdiera, destacó contra 
él fuerzas considerables, que dispersaron fáeihnente á los insurgentes, y, 
ya se sabe, Calleja aumentaba su ejército con dos mil combatientes, 
mientras el General independiente perdía trescientos, más los cien dra- 
gones que á las órdenes de Alatamoros y Perdiz con intrepidez asombro- 
sa arrollaron las líneas sitiadoras para ir en busca de víveres que des- 
graciadamente no se logró introducir á la plaza. Si á estas bajas se 
agregan las naturalmente causadas por el primer combate, que fué uno 
de los más sangrientos, no es aventurada la hipótesis de que los insur- 
gentes antes de estar completamente circunvalados, apenas ascendían 
á dos mil, 3' es de todo punto sorprendente, y aun parece increíble, que 
estos denodados defensores, reducidos ámenos, día por día, tuvieran en 
jaque, diezmándolo, al cueipo de ejército que, por su gran número ho- 
mogéneo, disciplina, ecjuipo y elementos, fué el primero que se agrupara 
bajo el pendón de Castilla en el Nuevo Mundo desde que Colón lo brin- 
dara á los Re\-es Católicos. 

El General realista desde luego quiso reconocer las fortificaciones de 
Cuantía, que halló ejecutadas con inteligencia, no obstante c[ue el insig- 
ne Morelos apenas hacía unos cuantos días cjue se hallaba en aquella 
plaza. Si bien es cierto que D. Leonardo Bravo ya había empezado á 
fortificarla durante la expedición de su Jefe contra Porlier, ignoraba có- 
mo 3- por quién sería atacado, 3- con ma3'or razón, que .sería necesario re- 
sistir un sitio. 

Cuando el desdeñoso Jefe español, á tiro de cañón recorría las trin- 
cheras V se situaba en las colinas de Cuautlixco, á media legua de los 



123 

pntriotas, el activo General de éstos lo observaba desdeSaiiDicíío, yno 
piidieiulo contener la ardiente im])acicncia de hallarse ca.ra acara con el 
realista, salió temerario del períinetro fortificado, con algunos hombres 
desu escolta, ájiesardela opinión contraria del mismo impetuoso Galea- 
na, del andaz Matamoros y de los valientes Bravo, á inquietar á los 
contrarios. El General Calleja, con su peculiar asttieia, había embosca- 
do alíjunas trojias con cañones á ambos lados del camino que fundada- 
mente supuso recorrería Morelos, cuyo arrojo temerario no desconocía 
el Jefe realista. El ardid surtió en parte el efecto deseado, puesen unos 
cuantos minutos la escolta del atrevido General insurgente quedó diez- 
mada por los fuegos cruzados de las emboscadas, y este ilustre Jefe cer- 
cado de enemigos que intentaban aprisionarle, lo c|ue hubieran conse- 
guido si Galeana, rápido como el rayo, no hubiera caído sobre ellos, 
destrozando con su terrible espada cuanto se oponía á su paso y auxi- 
liando á su venerado General, ([uien sin perder im instante su habitual 
imperturl)able serenidad, había em])ezado á vender muy cara su liber- 
tad. Ambos regresaron á la ciudad en medio de las aclamaciones del 
ejército y de un pueblo delirante de entusiasmo, cjue había experimenta- 
do mortal angustia ante el inminente peligro del (pie justamente era 
su ídolo. 

Al día siguiente, 19, Calleja dispuso el asalto de aquel caserío, forma- 
do en su ma^'or parte de chozas de zacate y el resto de adobe, cjue nunca 
creyó necesitar sitiar en forma, y alas siete de la mañana destacó cuatro 
columnas de infantería, una batería y dos de sus mejores regimientos por 
el rumbo del Calvario, extremidad Norte, de donde una calle recta con- 
duce á la plazuela de San Diego, cuyas fortificaciones, iglesia y convento 
se confiaron á la defensa del indómito Galeana. Los asaltantes llegaron 
valientes hasta ponerse á tiro, sin que se les inquietara, pues esta era 
la orden superior dada á los indei)endientes, y se rompieron los fuegos 
por ambas partes: por una }' otra se luchó con decisión y bizarría, lle- 
gando los combatientes hasta golpearse con sus fusiles ya que no po- 
dían cargarlos de nuevo por estar confundidos luchando cuerpo A 
cuerpo. 

A estar bien provistos de bayonetas los insurgentes, quizá desde en- 
tonces este primer combate hubiera sido decisivo, qucdíindo el campo 
por el ilustre Morelos, vencedor en acjuella jornada de más de siete 
horas. 

Los actos de heroísmo se hicieron vulgares entre unos y otros ad- 
versarios: Galeana saltó las trincheras y peleó á pecho descubierto, 
disparando sin cesar su certera carabina. Distinguiólo el Coronel es- 
pañol Sagarra y se dirigió á él, empeñándose un combate singular en- 
tre ambos, cuyo resultado fué la muerte de Sagarra. El vencedor le 
quitó las armas, y tomándolo por un pie lo arrojó al campamento in- 
surgente, y los realistas quedaron atónitos ante aquel nuevo Acjuiles. 

Otros dos coroneles realistas, pundonorosos y esforzados, murieron 



124 

en esa sangrienta acción: el CondedeCasaRvily D.Juan N. Oviedo. Los 
soldados del Rey, al sufrir tan considerables pérdidas, se encolerizaron 
y arremetieron con más fuerza contra los imjjávidos independientes, 
que supieron oponerles una inexpugnable barrera humana. Se produjo 
un tremendo choque, y en el mismo instante doscientos indios que se ha- 
liían parapetado tras las bardas del convento, lanzaron con sus hon- 
das una terrible lluvia de piedras contra los asaltantes, desconcertán- 
dolos un tanto; pero repuestos, se dividieron, y entrando en las casas de 
una y otra líneas de la calle, las fueron horadando para abrirse cami- 
no hacia San Diego, abrigados contra los fuegos 3- piedras de los insur- 
gentes, á quienes impunemente empezaban á flanquear. Galeana desta- 
có á su sobrino D. Pablo á detenerlos, lo que hizo éste con empuje sor- 
prendente, arrojándoles granadas de mano al mismo tiempo que el 
«Niño,» enviado con toda oportunidad por el actívisimo Morelos, dis- 
paraba preciso. 

El intrépido D. Hermenegildo se multiplicaba, pero tenía c[ue dejar 
largo tiempo unos puntos, para acudir á los de mayor peligro, y así fué 
que en una de las baterías donde él no se hallaba, se oyó un grito trai- 
dor «Galeana está derrotado,» é intimidados los artilleros huyeron ha- 
cia el centro de la plaza dejando abandonado un cañón, al que una co- 
lumna enemiga se avalanzaba con presteza; pero la patria entre sus gi- 
gantes héroes contaba todavía con un defensor de doce años, Narciso 
Mendoza, que sin vacilar vuela al punto abandonado y dispara la pie- 
za causando gran estrago á los que iban á tomarla. Alorelos, Galeana 
y Bravo, D. Leonardo, augusta trinidad de semidioses, llegan opor- 
tunos, y con su sola presencia dan fin á la pelea. 

Más de mil quedaron fuera de combate entre muertos y heridos de 
ambos beligerantes. 

Este primer asalto significó á los independientes un raA-o de esperan- 
za y un brillante triunfo; y á los tiranos dura lección y descalabro de- 
sastroso. 

A las tres de la tarde se retiró derrotado Calleja á las lomas de 
Cuatlixco y hacienda de Santa Inés. Él, C[ue al comienzo de la l)ata]la 
seguía á sus tropas en coche, porque desde el coche creía vencer cómo- 
damente! Y, «comunicaba á Venegas el desastre que acababa de sufrir, 
aunque atenuando las pérdidas y afirmando que el nvimero de indepen- 
dientes encerrado en Cuantía excedía de doce mil, con treinta piezas de 
artillería. (Ya se sabe el verdadero total de sus defensores, 3' que su ar- 
tillería no excedía de quince cañones, ¡la mitad!); que este pueblo estaba 
fortificado con inteligencia; que no era posible tomarlo por asalto; 3- 
que para establecer un sitio en regla, necesitaba refuerzos de gente 3' ar- 
tillería. En esa misma noche del 19 reunió en junta de guerra á todos 
los jefes superiores de su ejército, 3' todos, sin excepción, opinaron que era 
menester diferir el ataque hasta que se recibiesen los medios necesarios 
para repetirlo con probabilidades de buen éxito. Al día siguiente, 20dc 



125 

febrero, envialia micvn comiinieación al \'irrey, asegurándole qnc el 
]juel)l() exigía un sitio tle seis ú ocho diíis, con tro])as suficientes j^ara 
dirigir tres ataques 3^ circunvalarle, pues íiunque su recinto ocu])al)a 
más de una legua, podía reducírsele á la tercera ]3arte. 

«Si Cuautlíi no quedase demolida como Zitácuaro, decía Calleja en 
esta comunicación, el enemigo mviltiplicaría sus fortificaciones en para- 
jes convenientes, y la insurrección, que se halla en su último término, 
cundiría rájjidamente y tomaría un nuevo y vigoroso aspecto.» 1 

Y perseverando en el propósito de demolerla, empezó desde luego á 
establecer su cuartel general, proveeduría, hospitales, depósito de par- 
que, etc. El infatigable Afórelos desplegó á su vez imponderable activi- 
dad, ampliando sus magistrales, pero improvisadas obras de defensa, 
principalmente por el rumbo de Bvienavista, el más próximo á las |30si- 
ciones realistas, avanzando un reducto en el platanar, para defender el 
río de aquel ¡junto; estableció una maestranza para la fabricación de 
municiones, y envió á todas las haciendas \' pueblos accesibles expedi- 
ciones en busca de víveres. Estas expediciones se repitieron con éxito 
vaiños día santes y después de establecido el asedio. Es injustificable que 
se acuse, como no ha faltado quien, á tan previsor guerrero, por lo 
que no pudo evitar y más lo enaltece, por el hambre que hubo en Cuan- 
tía, á la que se sobrepusieron con tan honorable entereza sus tropas y 
los habitantes á quienes se instó para que abandonasen en tiempo opor- 
tuno la población. Siempre continuó en esta diligente actitud el eximio 
General, no jugando á la malilla (como decían sus despechados detrac- 
tores, no sabiendo qué cargo inventar contra él, ya que lo contem¡)la- 
ban inmaculado como el que más, verdadero caballero sin tacha), sino 
multiplicándose portentosamente en la batalla, á la que jamás escati- 
mó su valiosísimo contingente personal; en la administración, gobier- 
no y dirección de todos los ramos indispensables en las circunstancias, 
y en todos los sitios en donde su aliento poderoso era necesario para 
levantar los espíritus; ora á la cabecera del doliente herido, ora cabe el 
sencillo tiimulo de los mártires, ora en la choza de los deudos de las víc- 
timas de la barbarie de los asaltantes (como los que habitaban las ca- 
sas horadadas por los realistas rechazados el 19), oraenlasjamaieas y 
sencillos bailes que para el pueblo organizaba bajo los disparos mis- 
mos de artillería sitiadora. Y en todas partes se adaptaba á todas las 
condiciones, prodigando palabras de consuelo y estímulo, tan confor- 
tadoras y eficaces, como que dimanaban de su verbo creador \- prodi- 
gioso que, como el plectro de Tirteo, convertía en invencibles adalides 
á los neófitos adeptos de la libertad. 

No faltaron diarios encuentros, escaramuzas continuas y reconoci- 
mientos mvituos durante todo febrero, que terminó con el ingreso de la 
fuerza de Llano á las líneas de Calleja, y á partir del 1" de marzo, los 

1 México á Través de los Siíjlos. — Tom. III, pao;. 2'.>U. 



126 

insignificantes tiroteos se tornaran en combates generales, en los que 
sobresalía Galeana, pues ni lui momento dejó de hostilizar á los realis- 
tas C[ue iban ]3rogTesando en los trabajos de zapa qvie habían de ter- 
minar el día 9. Concluida la instalación total de las baterías sitiado- 
ras, tronaron los cañones y morteros de todos los puntos, y las grana- 
das, bombas y metrallas llovieron sin interrupción, de día y de noche, so- 
bre el recinto de los estoicos indejiendientes. Calleja, lleno de estupor 
escribía el día 12 á S. E. Yenegas: i 

«Cuento lio^-, cuatro días de fuego que sufre el enemigo, como pu- 
diera una guarnición de las más bizarras, sin dar ningún indicio de 
abandonar la defensa. Todos los días amanecen reparadas las peque- 
ñas brechas que (ac|uí se apercibe á disculpar su impotencia) es capaz 
de abrir mi artillería de batalla: la escasés de agua la han suplido con 
(sangre, debía decir) pozos; la de víveres, con maíz que tienen en abun- 
dancia (y en la posterior penuria, con animales inmundos, cueros ele 
los arneses, yerbas, y si preciso fuera, con piedras que Afórelos sabría 
convertir en pan, debía añadirse) ; y todas las privaciones, con un fa- 
natismo difícil de comprender (por miopía obstinada que no permite 
columbrar lo excelso) y que haría necesariamente costoso un segundo 
asalto cjue sólo debe emprenderse en una oportunidad que no perderé 
si se presenta». Y poco después pedía «c|ue se hiciese venir artillería 
gruesa de Perote y todo cuanto pudiese necesitarse sin perder instante, 
prefiriendo acjuélla á todas las demás atenciones, á las que se podía 
después ocurrir; y si el Yirrey no estuviese conforme con estas ideas, pe- 
díale cjue previniese terminantemente lo que debía ejecutar, en circuns- 
tancias que, por cualquiera parte que se mirasen, ofrecían muchas difi- 
cultades para el acierto.» 

El 2 de abril el batallón de Lovera reciljió orden de desviar el curso 
del río Jxichitengo, para privar del agua á los sitiados, lo que ejecutó la 
misma noche; pero el persi)icaz Morelos inmediatamente ordenó al 
intrépido Galeana deshiciera la obra de los realistas, y construyera un 
pequeño fuerte para defender en lo sucesivo la toma de agua. Así se 
efectuó en pleno día bajo los fuegos enemigos, y al amanecer el día 3, 
estaba reconquistado el dominio del río, muy disputado durante todo 
el resto del sitio, pero cjue no perdieron ya los americanos. 

Yéase lo que Calleja dice á este respecto: «Al amanecer de ayer (día 
3), quedó cortada el agua de Juchitengo que entraba en Cuantía, y te- 
rraplenada la zanja cjiíe la conducía, y ordené al Señor Llano por ha- 
llarse próximo á su camjjo de que destinase el batallón de Lovera, con 
su comandante á sólo el objeto de impedir que el enemigo rompiese la 
toma; pero á pesar de todas mis precauciones, y enmedio del día, per- 
mitió, por descuido, cjue no sólo la asaltase el enemigo sino cjtie cons- 
truyese sobre la misma presa un caballero ó torreón cuadrado y cerra- 

1 Véanse Bustaniante y Alamán, citados en «México á Través de los Siglos.» — Tomo 
III, págs. 288 y siguientes. 



127 

do, y ailcinás un cs])al(lóii (|iic comunica el liosquc con el torreón, por 
cu_vas obras carnó un iíran número de traljajadores, sostenidos desde 
el bos(|ue. Y.ájjesarde su ventajtjsa situación, disijuse (|uc el mismo 
batallón de llovera, ciento cincuenta patriotas de San Luis y cien <;ra- 
naderos, todo al cargo del Sr. Coronel don José Antonio Andradc, ata- 
case el torreón ó parapeto á las once de la noche, lo que verificó sin 
efecto, y tuvimos cuatro heridos y un muerto. Sigue el enemigo con ex- 
traordinaria actividad reparando ruinns, construA-endo nuevas l)ate- 
rías y atacando alternativamente todos ¡os puntos de la línea.» Naáii 
tenemos que agregar á lo que asienta la parte contraria; pero debemos 
insistir acerca de la personalidad conspicua de Alorelos. 

Continuándose, como se ha dicho, la disputa desesperada de la po- 
sesión del río, los sitiados, siemjjre con su invicto General en primer 
término, dieron repetidas y envidiables pruebas de abnegación v bra- 
vura, estimulados siempre por los inenarrables ejemplos del denodado 
guerrero, que en más de una ocasión se halló en tan inminente peligro, que 
sus soldados lo obligaron á viva fuerza, tanto como era comijatible 
con el respeto profundo que le guardaban, á apartarse siquiera un pun- 
to de donde, inútilmente quizás, en aquellos momentos, estaba en ries- 
go su preciosa vida. 

Fuego nutrido seguían haciendo los contrarios, sin tregua, y á me- 
dida que avanzaba el tiempo, no obstante que los que no avanzaban 
eran ellos, tomaban ya imponderables proporciones las calamidades 
de aquella plaza, no 3'a con la incesante función de los cañones, sino 
aun con la escasez de víveres 3' con la peste, consecuencias inevitables 
del asedio y del pavoroso hacinamiento de insepultos cadáveres; pero 
nada abatía el irreducible valor de aquellos esclarecidos patriotas, dig- 
nos descendientes de aquél que sonreía, tres centurias antes, en la ho- 
guera, cual si se solazara «en un deleite ó baño.» 

Estimábase por los adversarios tan inconmensurable grandeza, 3' sin- 
ceramente la admiraban. Calleja no podía substraerse á esta justa ad- 
miración, 3', dice Zarate, «mezclando la verdad 3- la impostura,» escri- 
bía al Virre3- el 24 de abril: 

«Si la constancia 3' actividad de los defensores de Cuautla, fuese con 
moralidad 3' dirigida á una causa justa, merecería ídgún día un lugar 
distinguido en la historia. Estrechados por nuestras tropas 3- afligidos 
por la necesidad, manifiestan alegría en todos los sucesos: entierran 
sus cadáveres al son de rei)iques en celebridad de su muerte gloriosa, y 
festejan con algazara, bailes 3' borrachera el regreso de sus frecuentes 
salidas, cualquiera que hava sido el éxito, imponiendo pena de la vida 
al que hable de desgracias ó de rendición.» 

No necesita comentarios esta apología, en gran manera profétiea, 
la cual inconscientemente destinaba 3-a lugar distinguido en la historia 
á los activos defensores, en celebridad de su gloriosa muerte. 

En otro lugar, el mismo General castellano que preveía la aproxi- 



128 

iiuicióii de la temida estación de lluvias v estaba conveiieido de que no 
haijía más sohición al difícil aprieto en que se hallaba, que la de levan- 
tar el sitio, hace preciosas confesiones, resumiendo la historia de su pri- 
mer descalabro: «El 19 de febrero asalté por cuatro puntos diferentes 
á Cuautla, que no estaba ni de mucho fortificada como en el día; mi 
tropa acostumbrada á la victoria, no dudaba obtenerla. Tomé todas 
las disposiciones que creí convenientes, pero nada bastó, y tres veces 
fueron rechazados y vueltos á la carga, y en la última fué necesario cjue 

3'0 mismo condujese á los granaderos acobardados etc.» Decía 

lo anterior á fin de obtener la íinhelada orden de Yenegas (jue viniera á 
sacarlo del atolladero en que presentía fundadamente hundirse sin re- 
medio y sin excusa, al caer (¡qué coincidencia anfibológica!) los prime- 
ros aguaceros; pero sus rivalidades con S. E. y, por consiguiente, la obs- 
tinación dolosa de éste, ¡quién lo creyera! lejos de hundirlo, atenuaron 
su derrota, obligándolo á permanecer en el papel de héroe por fuerza, 
para que levantara un campo que no pudo tomar, y libraron á 1(js in- 
dependientes de un triunfo más efectivo (jue el muy cabal é indisjjuta- 
ble que moralmente obtuvieron. 

Si se hubiera levantado el sitio, como fatalmente sucedería, áser en- 
terados los de la plaza del lastimoso estado sanitario 3^ moral de los 
que los cercaljan, el acobardado ejército de D. Félix María no habría 
llegado sin novedad á sus cuarteles de México; Afórelos, reforzado por 
Matamoros y D. Aliguel Bravo, que no se hallaban muy lejos de Cuau- 
tla, habría batido sin dificultad á los «diez mil de la retirada.» Díga- 
lo si nó, el temerario valor 3- el empuje irresistible con que á principios de 
abril atacaron él, Galeana 3- Agua3'o el Fortín del Calvario, donde Ca- 
lleja tenía sus más formidables cañones 3- morteros, 3- era, además, pun- 
to de apo30 mutuo de su campíimento 3- el de Llano. 

Agua3'o llegó á penetrar al Fortín, cargando su gente á la bayoneta 
con la decisión que no conocían los realistas, á c[uienes desalojó tomán- 
doles la artillería, que no pudo llevarse por el escaso número de su tro- 
pa 3' por no haberle dado tiempo los dos comandantes citados, qtie 
unidos cargaron contra él el grueso de sus principales batallones. 

Pero lo escrito, escrito estaba, 3- el 27 de abril perdían los sitiados 
la última esperanza de ser socorridos con víveres, después de los meri- 
torios é infnictuosos esfuerzos de Bravo (D. Aíiguel) 3- del diligente Ma- 
tamoros para forzar las líneas sitiadoras 3' penetrar á la plaza. Alore- 
los no dejó de cooperar á este intento; pero aunque en éste su postrer 
combate, dentro del perímetro fortificado, hizo prodigios inefables de 
bizarría, no se logró el éxito deseado, aunque conquistó nuevos lauros. 

El día 30, Calleja 3'a juzgó oportuno pactar una honrosa capitula- 
ción con tan dignos antagonistas, y al efecto envió como preliminares, 
copias del Bando del Gobierno, relativo al indulto, ofreciéndolo espe- 
cialmente á los principales caudillos, Morelos, Galeana 3- Bravo (D. Leo- 
nardo). El primero, va sabemos con qué espartana inflexibilidad escri- 



129 

bió ni dorso del ])a]X'l del es])añol: (il<iual «íracia otorjio á Calleja y los 
SUYOS,» y esa misma noche escribió él mismo la orden de a(juella bri- 
llante salida que inmortalizó á sus actores é hizo célebre el nombre de 
Cuantía, destruyendo, con genial denuedo, el viejo apotegma: «plaza si- 
tiada, plaza tomada.» Y no se ignoran las proezas realizadas por aquel 
grupo de macilentos enfermos, que á las dos de la mañana del 1" de ma- 
yo de 1812, rompieron como nadie antes lo hubiese intentado, un fé- 
rreo estrecho círculo, formado con todas las reglas del arte de la guerra 
y con todos los elementos requeridos, en el amplísimo plazo de setenta y 
tres días. Ya no suman mil soldados aquellas reducidas tropas y, no 
obstante, después de que fueron sentidos por los centinelas y atacados 
por fuerzas infinitamente más numerosas (diez mil hombres lo menos), 
luchaban intrépidos, sin cañones ni parapetos, sostenidos por las po- 
tentes voces de sus bravos capitanes. 

Al llegar á la Hacienda de Guadalupita, fueron cercados por todo el 
ejército enemigo; el caballo en que iba Morelos cae herido, y el General 
está á ptmto de ser prisionero; pero los suyos no desmayan, levantan 
presurosos el alma de su santa causa y, al grito sencillamente tierno 
que aun conmueve los corazones de los buenos: ¡Viva la Virgen de Gua- 
dalupe! ¡Viva la América! ¡Viva la Independencia! arrollan potentes á 
los cjue les cierran el paso, y vencen, dejando enel campo sólo ciento cin- 
cuenta cadáveres, cuando parecía humanamente imposible que no mu- 
rieran todos. 

Calleja aseguraba cjue los muertos de esa memorable batalla fueron 
cuatro mil; pero no era raro en los generales españoles acrecer ó dismi- 
nuir, según conviniera, la cifra de los contrarios, y este despechado 
militar, desde sus primeros ]iartes aumentó á su antojo los tres mil de- 
fensores de Cuantía. Y no ignoraba el verdadero número: Alamán con- 
fiesa que el norteamericano Nicolás Colé, prisionero de los realistas, 
informó al sitiador detalladamente acerca de todas las condiciones de 
los heroicos sitiados, y que, á pesar de que tales informes fueron á Ca- 
lleja de gran importancia, ordenó la ejecución de Colé. 

Era natural que algo invocara en su favor el General c[uc nada po- 
día ya contra un enemigo que burlabasu vigilancia de cancerbero, 3- que 
por enfermedad ó decaimient'i moral no se había dado cuenta de su fra- 
caso, puesto que dos horas 3- media después de que el ilustre sitiado ha- 
bía roto las líneas de circvinvalación, él todavía escribía al Virre}', pi- 
diendo, sin ambajes ya, la venia de levantar el cerco, en estos términos: 
«Conviene mucho que el ejército salga de este infernal país lo más pron- 
to posible, y por lo que respecta á mi salud, se halla en tal estado de 
decadencia, que si no le acudo en el corto término que ella puede dar- 
me, llegarán tarde los auxilios. V. E. se servirá decirme en contesta- 
ción lo que deba hacer.» 

Le era sensible, y con razón, haber perdido tiempo, salud y fama en 
un asedio inútil que costaba un millón setecientos mil pesos, otro tan- 

Anales. T. IV.— 17. 



130 

to cu municiones y, cu cuanto á hombres, una cautidail mayor ([uc el 
doble de los que perdieron los insurgentes, sin contar ni los valientes 
jefes, antes mencionados, ni los heridos, ni los atacad os de las fiebres pa- 
lúdicas ([ue de aquel infernal país llevaba al Gobierno como fruto de su 
infeliz expedición; fruto amargo que saborearían los habitantes de Mé- 
xico, Puebla Y otras ciudades de las más popvdosas del reino. ¿Qué bo- 
tín le brindaba la población desocupada por su libre enemigo? Escom- 
bros y montones de muertos en las calles y casas; lamentos y maldicio- 
nes de heridos y enfermos en las iglesias, mitad hospitales, mitad 
inorgiies; en los déljiles parapetos, mudos é irrecusables testigos de in- 
sólitos valerosos actos de los defensores, y en todos los ámbitos, la ine- 
vitable convicción propia de que, trocados los papeles, Morelos habría 
vencido en tres horas (no tardaba en demostrarlo la tomadeOaxaca), 
y él, Calleja, habría sucumbido al primer embate, el del 19, aun cuan- 
do no hubiera sido tan terrible como debiera serlo, á dirigirlo Morelos 
ó Galeana. 

Y después, al volver á la capital, ¿qué esperaba de todos aquellos 
que entusiasmados á su vuelta de Zitácuaro, le arrojaban flores y cifra- 
ban en él tan risueñas esperanzas ya desvanecidas? La fría indiferencia 
V el irónico voto de gracias de S. E., satisfecho de poder quitar justi- 
ficadamente el mando á su rival, para confiarlo á otroGeneral, al Con- 
de de Alcaraz. 

Pero no se trata de presentar pequeño á Callejíi, no lo era tanto, ni 
Al órelos lo necesita para ser ensalzado, y, jDor otra parte, el valiente 
soldado español que tuvo la honra de combatir contra tan insigne ad- 
versario, posteriormente ftié justo hacia él. Dice Zarate, citando áBus- 
tamante: «El mismo Calleja, algunos años más tarde, y cuando retira- 
do á su patria podía juzgar con entera calma los sucesos en que tuvo 
tan jirineipal participio, se complacía en proclamar el mérito de los ilus- 
tres defensores de Cuantía, enalteciendo entre todos al denodado Mo- 
relos. 1 

Alamán, también citado por Zarate, se rinde ala evidencia, 3- escribe: 

«en cuanto á Morelos 

se volvió á 

presentar pronto en campaña, más pujante y temible que antes. Su re- 
pvitación había crecido con los últimos sucesos, y aunque en el resulta- 
do del sitio de Cuantía el triunfo quedase por ¡)arte de los realistas, la 
fama y la gloria fueron sin duda para Morelos.» - 

1 Il)id, Pág. 29S. 

2 Ibid. Pag. 298. 



131 



Cuantía es el ediiipendio de l;i <íloria y virtiifles del primer america- 
no del siiílo: si se le estudia eomo jíuerrero, nada hay ([ue agregar, le- 
yendo sus épicas acciones y los elogios aun de los cjue naturalmente 
le eran hostiles; si como hálDÍl gobernante, resjjonde la general alegría de 
una plaza agobiada por inconcebil)le aglomeración de cataclismos; si 
como filántropo, nótase la tierna compasión hacia los oprimidos, y su 
amor, a1)negación y cuidados paternales jiara con su jiueblo, demostra- 
dos durante el sitio y especialmente el !'■' de maj-o, su gran día de prue- 
ba, en el que resplandece más su magnanimidad incalculable, cuando 
])or no abandonará la barliarie de los chasc|ueados sitiadores la pobla- 
ción indefensa, carga con los habitantes de Cuantía como liuen pastor, 
comprometiendo, no ya la im])edinienta de su tropa, sino aun la ])ro- 
])ia existencia. 



Nos es penoso susjjcnder esta breve reseña histórica, pero es imposi- 
ble continuarla en razón de que se haría interminable, en el escaso tiem- 
po (|ue aun nos (pieda, este ya dituso trabajo. 

Sentimos no poder seguir las luminosas huellas del Generalísimo 
desde Ocuituco á Izx'icar, Chiautla, Córdoba, Orizaba, Aculcingo, ílua- 
juapan, Tehuacán y Etla hasta Oaxaca, sitios todos donde sus armas 
obtuvieron rápidas y brillantes victorias, útilísimas á la causa nacional. 

En todas y cada una conquistó personalmente y por medio de sus 
capitanes los Bravos, Matamoros, Trujano el devoto é invicto sitiado 
por más de cien días, inmarcesibles lauros, apoderándose de enormes 
cantidades de municiones, cañones 3- pertrechos, de miles de prisioneros, 
ricjuísimos convoyes como el del valiente Laljacjui, de gruesas sumasde 
numerario, de multitud de efectos valiosos y productos de aquellas co- 
marcas que significaban al Gobierno colonial muchos millones de pe- 
sos, 1 y, sobre todo, sustrayendo del dominiíj español la importante zo- 
na del Sur, la más rica y vasta de lo poblado del reino, interceptando 
las vitales comunicaciones de la capital misma. 

Quisiéramos hacer notar los contrastes cjue á primera vista resultan 
si se comparan los ataques y sus éxitos, condiciones y elementos de las dos 
plazas en que figura el gran Morelos como actor, ora defendiendo, ora 
asaltando, Cuantía y Oaxaca. 

La primera, débil villorrio de accesible topografía, es inexpugnaljle, 
únicamente por que él la defiende; la segunda, ciudad principal rodeada 

1 Sólo el depósito de tabaco (jiiemado en Orizaba por orden del Morelos, repre- 
sentaba un valor de más de catorce millones de pesos. 



132 

de escariDadas trincheras naturales, resistentes muros de soberbios edi- 
ficios, coronada de imponentes bocas de fuego (sesenta cañones, cua- 
tro veces el número de los de Cuautla), con víveres y municiones para 
resistir un año, y con una guarnición numerosamente igual si no es que 
superior á los asaltantes, es tomada en tres horas, sólo ])or que así lo 
prevenía á sus espartanas legiones, diciéndoles en esta sobria orden del 
día: «A acuartelarse en Oaxaca.» No por ser tan rápida esta célebre ac- 
ción dejó de entrañar episodios de esplendente y sublime patrotismo; 
allí se mostraron tal cual eran los Galeana, Bravo, Matamoros, Gue- 
rrero y el invicto denodado Victoria (antes Fernández), digno de figu- 
rar en Ilion: el que al oponérsele un ancho toso de agua y viendo vacilar 
á sus soldados, desprecia las balas y grita á los enemigos del lado 
optiesto, al mismo tiempo que les envía su propio acero: «Va mi 
espada en prenda, voy por ella,» y se lanza á nado á honrar su caballe- 
resca arrogancia. 

No nos es posible continuar reseñando tantos y tantos triinifos co- 
mo los de Acapidco, en el sitio y toma de la plaza y fortaleza, cpie con 
tanta constancia estuvo amagando Avila, mientras (¡uc su infatigable 
General no decidiera ir á ocuparlos. 

Oviisiéramos al continuar proclamando sus victorias acompañarlo 
en sus derrotas, que también las tuvo, ¿por qué nó? y en su proj)iaCar- 
thago por arcanos inescrutables, como el insigne vencido de Escipión; 
siendo en la derrota tan colosal como lo fué en la bonanza, pues (jue 
después de ser batido por Llano é Iturbide, escribe á un amigo: mTodn- 
vía queda mucho de Morelos, y Dios todo entero.» Y era verdad: mu- 
cho de Morelos lleva impreso la proclamación de la Independencia que 
desde un principio él se esforzó por desenmascarar, separando su cau- 
sa de la del pobre Fernando VII; mucho de su espíritu gigante que- 
dó impregnado en la abolición de la esclavitvid y en la primera car- 
ta constitucional de la Nación; mucho en S. M. el Congreso que le 
debió el ser, la unidad y las más felices ideas é inspiradas soluciones en 
los asuntos más arduos; pero somos impotentes para cantar las precla- 
ras cualidades del integérrimo Jefe del Poder Ejecutivo, del inmaculado 
«Siervo de la Nación,» del abnegado que, escoltando al Congreso en su 
éxodo heroicamente doloroso, cae en manos del sanguinario Concha, 
lleno de magestuosa serenidad, diciendo como el nazareno svdílime al 
que le aplicara inmundo beso: «Parece que nos conocemos, Sr. Carran- 
co,» lo que equivalía ó al menos substituía la frase sagrada: «A qué ve- 
nís, amigo mío?» 

No necesitamos tampoco consignar aquí las atrocidades de los dos 
odiosos tribunales que le formaron sendas causas y lo condenaron á de- 
gradación y muerte. Esta augusta tragedia merece especialísimo estu- 
dio y no queremos tratarla á la ligera en estas líneas inspiradas en los 
inimitables hechos militares del héroe por excelencia, y en los bienes con- 
secutivos de ellos para la causa de la libertad. Nadie ignora, por lo de- 



133 

más, qnc sit muerte fué como sn vida; concierto armonioso de valor he- 
roico y noble jicnerosidad; altivez 3' bondad: virtud, kiz, preexcelsa 
gloria!! 



Para concluir, permítasenos reca]Mtidar brevísimamente lo reseña- 
do, y rectificar algunos puntos en que nuestra humilde ojiinión diside ente- 
ramente de la de algunos escritores acerca de la preponderancia de ciertos 
países, con respecto á otros en nuestra América, en virtud de sus éxi- 
tos y de los méritos de sus respectivos hombres ilustres, protestando 
producimos con verdad y sin pasión, según lo han demostrado el princi- 
pio V secuela de lo (|ue va escrito. A las naciones todas las juzgamos, 
sin distinción de nombres, de iguales origen y destino, y á los héroes 
según su valer moral, para cuya apreciación no se toma en considera- 
ción el eficiente de sus triunfos, más bien la pureza de sus miras, la inte- 
gridad de su conducta 3' la magnitud de sus ideas, aunciue no siempre el 
éxito haya correspondido á sus afanes. Es, por otra parte, notoriamen- 
te cierto qvie tod os los esforzados campeones de que se ha hecho referencia , 
aun los más aptos, fueron, á excepción del invicto Vicente Guerrero, Ija- 
tidos en más de una ocasión por afortunados realistas. 



IV. 

El movimiento revolucionario más efectivo en la América del Sur fué 
el de los íirgcntinos y alto])eruanos, quienes, después de obtener señala- 
dos triunfos y sufrir también serias derrotas, lograron emanciparse de 
España y ayudaron á los chilenos y peruanos á sacudir el 3'ugo opre- 
sor. Belgrano, Saavedra, CastelH, Ocampo, Artigas y Benavidcs, Al- 
vear y San Alartín, fueron coronados por victorias sucesivas, pero tam- 
bién sufrieron desastrosos reveses, inevitables en toda lucha. 

El régimen virreinal cesó de hecho en Buenos Aires el 25 de mayo de 
1810; pero la Independencia de las provincias unidas del Plata no se 
proclamó sino hasta el 9 de julio de 1816, en Tucvimán, 1 y, aunque al 
principio de la revolución, los bonoarenses sin quemar un cartucho de- 

1 «Nc> habiendo aceptado las facciones (sic) del Reglamento (se refiere al bosquejo 
de Constitución Política), el pueblo se amotinó el día 22 de noviembre del año de 1811, 
sancionando el Estatuto Provisional del Gobierno del Río de la Plata á nombre del señor 
don Fernando Vll.n Debe advertirse que hasta la declaración de la Independencia por 
el Congreso de Tucumán, en 1816, la idea revolucionaria no se había escrito ostensible- 
mente en las banderas y proclamas, por cuanto se hacía de una manera indirecta, de te- 
mor de la acción con que podía y debía contrarrestarla España y sus aliados. — Urien. 
Hist. V Geog. Argentinas. Páji, 33. 



134 

pusieron fácilmente al Virre\' Cisneros y se erigieron en Junta de Go- 
bierno, ésta no ftié reconocida en adelante por todas las provincias del 
Virreinato, y después de ensayar distintas formas de administración, la 
anarquía se enseñoreó en aquel vasto territorio, y como consecuencia, 
la desmembración del mismo no se hizo esperar; el Paraguay, que por 
sugestiones del Dr. Francia, rechazó á las fuerzas auxiliadoras de la 
Junta que mandaba Belgrano, quedó para siempre segregado; la Ban- 
da Oriental (el Uruguay'), quedó también separada para siempre de la 
nación argentina, y el mismo Alto Períi, á donde primero enviaron sec- 
ciones auxiliadoras (que verdaderamente á quien auxiliaban era á la 
misma Argentina, puesto cjue no salían de sus límites), avixiliado y auxi- 
liador de argentinos y peruanos, se separó cuando consumó su Indepen- 
dencia, a^-udado también por Bolívar y Sucre. 

Los argentinos, que se dicen los primeros de América en aquella me- 
morable época 3" que llaman á Buenos Aires la cuna de la lilícrtad del 
Continente latino-americano, i no sólo no fueron los primeros, ni con- 
sumaron en rigor su Independencia antes que nosotros, - sino ([ueni si- 
quiera pudieron libertar todo su suelo. Aléxico, no salvó vínicamente 
sus 200,000 leguas cuadradas, sino que las aumentó con toda el área 
que ocupan los pueblos de Centro América, que aunque no todos per- 
manecieron en lo sucesivo bajo nuestra bandera, sí continuó Chiajjas. 
Desde 1821 hasta 182'i la inmaculada bandera tricolor ondeó desde el 
río Sabinas hasta el istmo de Panamá. 

Afirman cpic la influencia platense se hizo sentir entonces desde Bue- 
nos Aires hasta el mismo Panamá, que ellos generosamente derrama- 
ron su sangre y su oro para libertar á toda la América del Sur: hay al- 
go de cierto, pero hay cjue modificar tal aseveración, pues lo cjue puede 
asegurarse sin exagerar es cjue ellos hicieron causa común con los de- 
más, por convenir así á sus vitales intereses, y la ayuda que imjjartie- 
ron, recíprocamente la reciljieron de sus auxiliados: si coad^-uvaron á 
la liberación de Chile, éste y los granadinos les aj-udaron á vencerá los 
realistas del Perú, cjue impedían la emanci])ación del Alto I'erú, parte 
integrante de las Provincias del Plata, y si auxiliaron también á Co- 
lombia, Colombia entera los socorrió eficazmente y con Bolívar 3- Su- 
cre consumaron la redención del mismo Alto Perú (Bolivia). 

Su generosidad, no por ser obligada, deja de ser meritoria, pero era 
indispensable: sin atacar á los realistas de Chile y del Perú, é.stos hu- 
bieran marchado contra Buenos Aires 3- hubieran sido efímeras las fá- 
ciles V prematuras victorias de la Junta, Directorio y Triunvirato ar- 
gentinos. 

1 Magariños. Pá<í. 102. 

2 «El 28 de noviembre de 1815, en Sipe— Sipe, Pezuela derrotó de la manera más com- 
pleta á las tropas de Rondeau, que era el mejor ejército que hasta entonces organizó la 
Revolución.» Urién. Pág. 38. Y á este golpe mortal se debiéronlos desastres de las fuer- 
zas argentinas en Santa Fé (Montonera) en ISIG siguiente. 



135 

Eli cuanto á su iiillujo cu los destinos de los otros países hermanos, 
no lo negamos; lo ejercieron como mútuíimente lo ejercieron A su vez 
los demás en los mismos argentinos; pero \n influencia mexicana fué á 
todas luces la más poderosa y eficaz, no sólo en Centro-América, sino 
en todo el Continente. Ayuda moral y pecuniaria la impartió México 
á todos, puesto que todos defendían la misma causa. Véanse si no, los 
tratados de alianza con Colombia cuando todavía no se consumaba la 
Indei)endencia de toda la América Meridional, 3^ recuérdese que, no hace 
mucho (dos ó tres años), Venezuela declarabíi j^úblicíimente que la deu- 
da hasta entonces insoluta que contrajo con México, era sagrada, por- 
c|ue jirovenía de préstamo hecho en tiempo de la Independencia venezo- 
lana, l 

Además, apenas estalilccida la República, el Presidente D. Guadalu- 
pe Victoria prestaba toda clase de auxilios á los cubanos residentes en 
el país, que conspiraban contra la opresión de su Isla. El Congreso na- 
cional autorizó al Ejecutivo para que se hostilizase á los españoles fue- 
ra de nuestro territorio, y, al efecto, se ordenó que parte considerable del 
ejército se acantonase en Yucatán para que íuera embarcado con rum- 
bo á Cuba. Santa-Ana, Gobernador de la Penínsvila maya, embarcó 
quinientos hombres por su propia cuenta, destinados á tomar las for- 
talezas culjanas del Morro y la Cíibaña. 

Si la expedición no llegó á efectuarse, culpa fué de nuestras dificulta- 
des intestinas; pero no por ello dejó de impartirse ayuda pecuniaria, 
oficial y privada, á los patriotas antillanos; si las tentativas del go- 
bierno mexicano no los favorecieron como lo necesitaban, sí pusieron 
en jaque á las naves españolas del Atlántico y beneficiaron indirecta- 
mente á los sud-americanos, puesto que los ruidosos aprestos para la 
invasión de Cuba por nuestros soldados alarmaron á España y la obli- 
garon á concentrar gran parte de sus fuerzas para defender á lama3^or 
de las Antillas. ^ 



En cuanto al influjo moral de Aléxico en la emancipación de las cin- 
co repúblicas de Centro América, influjo feliz en el que no tuvieron sino 
principalísima parte el gran M órelos y su digno Teniente General Ma- 
tamoros, juzgúese de su superioridad sobre el que pudieron ejercer los 

1 En 1S26 D, Vicente Rocafuerte, representante de México en Londres, prestó á la 
Repiiblica de Colombia sesenta y tres mil libras esterlinas, sin réditos ni intereses de nin- 
guna clase. Colombia no pagó durante treinta años ni un solo penique á México, y en 
1S57 el Gobierno liberal de la República enagenó el crédito á muy bajo precio, á un co- 
merciante de esta plaza, 

2 Olavarría y Ferrari. «México á Través de los Siglos.» Tomo IV, cap. Xll, págs. 
152 V siguientes. 



136 

sudamericanos, jjor la lectura de los sijíuientes párrafos tomados de 
autores extranjeros, centro y sud-americanos, y de documentos irrefu- 
tables como lo son el manifiesto del Gobierno colonial (sic), ya conver- 
tido, de Guatemala al pueblo de Costa Rica, y el acta de Independencia 
del mismo pueblo: 

« Establecióse aquí como en Etiropa igual despotismo, 

cometiéronse las mismas depredaciones, púsose el mismo yugo sóbrela 
cerviz de los colonos. Mas la guadaña del tiempo había cortado las 
raíces del vetusto tronco en que se apoyaba la tiranía, y éste no pudo 
vivir más: lentamente fuese secando é inclinándose hacia el polvo de la 
tierra para confundirse con él. 

«Faltaba el empuje de un brazo para que se derrumbara con estré- 
pito, y ese brazo fué el de Jorge Washington, el de Miranda, el de Bolí- 
var, el de San Martín, el de Hidalgo y el de Morelos.» (Montero Ba- 
rrantes. — Historia de Costa Rica. Cap. XXXVI, págs. 163 y 164.) 

«Ya los síntomas se habían manifestado en Centro América. El 5 
de noviembre de ISll estalló en San Salvador una conspiración fra- 
guada por el Presbítero D. Alafias Delgado, D. Manuel José Arce, el 
Padre D. Nicolás de Aguilar, D. Juan Manuel Rodríguez 3- otros, con 
el objeto de apoderarse de tres mil fusiles y más de doscientos mil pesos 
depositados en las cajas reales, para sustentar con estos poderosos ele- 
mentos la proclamación de la independencia á que aspiraban; pero no 
existía un plan bien combinado, ni los recursos indispensables para una 
empresa que, por otra parte, no contaba todavía con la simpatía de 
todos los pueblos, y el intento fracasó.» (J. B. Calvo.) 

«Otras sublevaciones tuvieron lugar en León de Nicaragua en 13 y 
26 de diciembre del mismo año, y en Granada el 22. Todas fueron re- 
primidas. 

«En Guatemala, en 1811 y 1813, y de nuevo en San Salvador en 
1814, muchos patriotíis distinguidos fueron perseguidos y procesados 
porqixe conspiraban ó por sus benéficas manifestaciones en favor de la 
independencia.» (Ibid. Pág. 169.) 

«Gobernaba á la sazón en Guatemala el Brigadier D.GabinoGainza 
y en Costa Rica el Teniente Coronel D. Juan Alanuel Cañas. Las noti- 
cias recibidas en la primera, de los sucesos de México, produjeron una 
gran efervescencia en todos los ánimos y determinaron la corriente de 
la opinión pública en favor de la completa separación de la Madre Pa- 
tria. 

«Gainza no cpiiso ó no pudo oponerse al curso de los acontecimien- 
tos, y con fecha 14 de septiembre de 1821 dirigió la siguiente circular 
que precedió á la proclamación de la independencia. 

«Asuntos del mayor interés que pueden ocurrir á la felicidad y tran- 
quilidad públicas, han llamado en el día toda la atención de esta Supe- 
rioridad. — En su consecuencia he dispuesto que el limo. Sor. Arzobispo 
y los individuos del Ven. Cabildo Eclesiástico, j)or ausencia del Sr. Re- 



137 

gente, dos de los s.s. Ministrosdela Ávida, territorial, el primer Alel., dos 
Regidores y dos de los Síndieos del A\'iintamieiit() Constitueioníil, 
dos individuos de las Corporaciones, el primer Jefe ó Comandante de 
cada Cuerpo Militar de esta guarnición, el Sr. Auditor de Grra., el Pro- 
toniédico, un prelado de cada orden, los Padres Curas de la ciudad y 
los Secrets. de Govno. y Diputación Provl. se reunirán el día de maña- 
na 15 á las ocho de ella en el Salón de Palacio, por lo tanto espero (que 
U.) no taltarán á la hora señalada á fin de que auxilien con sus luces; 
y de quedar enterado U., espero el correspondiente aviso. — Dios Gue. á 
U.nis.as. — Palacio de Guatemala, 14deSetb.de 1821. — GabinoGainza.» 

«A consecuencia de la convocatoria que precede, se reunieron las per- 
sonas allí citadas estando presente una multitud de gente de todas 
condiciones que pedía la independencia. Después de haber hecho uso de 
la palal^ra varios de los comprendidos en la circular, se extendió la fa- 
mosa acta que contenía la declaratoria explícita de que Centro Améri- 
ca asumía la plenitud de sus derechos.» (Ibid., pág. citada y siguien- 
tes.) 

El rumor de los acontecimientos verificados en Guatemala había 
llegado á Costa Rica, y se esperaba ansiosamente tener conocimiento 
exacto de ellos. Había una agitación extraordinaria en todos los espí- 
ritus, que se sentían dilatados con las auras de la libertad, que á tra- 
vés del Océano y de las selvas llegaban á este rincón. Por fin llegó el 
momento. A las doce del día, sábado 13 de octubre del mismo año, se 
recibió la correspondencia que traía el correo mensual de Guatemala y 
León, entre la cual venía el Manifiesto del Sr. Gainza y un acuerdo de 
la Diputación Provincial de León, acompañado de un oficio del Jefe Po- 
lítico Superior de la misma ciudad. 

El primero de los documentos citados decía así: 

«El Gobierno de Guatemala os habla, ciudadanos, de lo que voso- 
tros mismos habéis proclamado.» 



«Resonó en la Nueva España la voz de la independencia y los ecos 
se oyeron al momento en Guatemala: se encendió entonces el deseo que 
jamás se había apagado; pero los Guatemaltecos, pacíficos siempre y 
tranquilos, esperaban que los de México llegasen á su último término. 
Duró meses esta espectativa; pero la energía de los sentimientos crece 
en progresión. Las noticias de N. España la aumentaban á cada co- 
rreo. Se movió Oaxaca; l el movimiento pasó á Chiapa, cjue está en 
contacto con ella.» 

1 Y después de tomarla gloriosamente el gran Morelos, su intrépido segundo, el 
Sr. Matamoros, dio elocuentísima lección en Tonalá á los realistas de Guatemala, que 
temerariamente habían traspasado las fronteras que entonces los separaban de los in- 
domables insurgentes. 

AXALES. T. IV.— 18. 



138 

«Era natural que se comunicase á todas las provincias ])on|ue cu 
todas ellas es una la voluntad, uno el deseo. Mantenerse indiferentes 
era quedarse aislados: exponerse á divisiones funestas; cortar relacio- 
nes y sufrir todos los riesgos.» (Manifiesto citado.) 

«Este discurso de los hijos de Guatemala produjo los efectos del ra- 
3-0. Abrasó los pechos: encendió los deseos, y el Gobierno, espectador 
de ellos, consultó al instante á la Exenia. Diputación Provincial, lle- 
vando á la vista los papeles oficiales de Chiapa.» (Montero Barrantes. 
Pág. 179.) 

«Cuando algunos funcionarios, sin resistir la independencia, decían 
solamente que se esperase el resultado final de México, un murmu- 
llo sordo, pero perceptible, indicaba la desesperación» etc. 

(Palacio de Guatemala, 15 de .septiembre de 1S21. — Gabino Gainza. 
—Rúbrica.) 

« En la ciudad de Cartago, á los veintinueve días del mes de 

Octubre de mil ochocientos veintiuno, con premisas de las plausibles 
noticias de haberse jurado la independencia en la capital de México y 
en la Provincia de Nicaragua, juntos en cabildo extraordinario j- abier- 
to el Al. N. y L. A. de esta ciudad, los señores Vic" y Cura Rector, el 
Ministro de Hacienda pbca., inumerables personas de distinción 3^ pue- 
blo, se le^'cron los oficios y bando del S. J. P. superior, don Miguel Gon- 
zález Saravia, de 11 y 18 del corriente en que conforme al voto de los 
partidos de Nicaragua se juró en León el día 11 del mismo la indepen- 
dencia absokita del Gbno. español y bajo el plan que adopte el imperio 
mexicano. — Habiéndose leído también el manifiesto de Guatemala so- 
bre el verdadero aspecto de su independencia, por unánime voto de to- 
dos los circunstantes se acordó: 1" Oue se publicjue, proclame 3' jure 
solemnemente el jvieves 1" de noviembre la Independencia absoluta del 
Gobierno español: 2" Que absolutamente se observarán la constitu- 
ción 3^ le3-es que promulgue el Imperio mexicano, en el finne concepto 
de que en la adopción de este plan consiste la felicidad 3- verdaderos in- 
tereses de estas Pro vs.; 3° Que se proceda inmediatamente á recibir el 
juramento correspondiente, etc » 

« El poderío del león ibero había terminado en Centro Amé- 
rica. Esta era libre, é iba á entrar en el concierto de las naciones, l 
guiada por el águila triunfadora del Anáhuac. 

Y nótese que todo esto se refiere á tiempo notoriamente anterior á 
las gestiones de Iturbide y, con ma3'or razón, á la impolítica incursión 
del impopular General Vicente Filisola. 

Por lo que atañe á lo que consientemente asentamos al principio, 
acerca de la eficaz cooperación de Morelos á la liberación del resto del 
Continente, creemos estar en lo justo: recuérdese la bonancible situa- 
ción del tesoro virreinal de Nueva España al iniciarse su glorioso le- 

1 M. Barrantes. Fiu del Cap. XXXVI, pág. 1S6. 



139 

vaiitamiento, así como el armi])otcnte estado r1cdefensaf|ue guardaba, 
Y meditando sin prejuicios de ninguna especie las victorias de Morelos> 
tan oportunas y preciosas para su causa, se convendrá en que, el me- 
nos versado en filosofía histórica desculjrirá fácilmente este fatal axio- 
ma: Sin los triunfos de Alorelos, el virrey no sólo hubiera j)odido paci- 
ficar su jurisdicción, sino que habría además acudido, con toda proba- 
bilidad, casi con la certeza de obtener com])leto éxito, en auxilio de los 
demás virreyes y goberníintes realistas del Sur. La razón es obvia y 
sencillamente lógica: tenía á su disposición antes de las campañas mo- 
rclianas, muchos millones de pesos en efectivo y valiosos productos que 
monopolizalja; muchos miles de soldados bien provistos de cuanto era 
entonces necesario para entrar en acción, y un militar superior á todos 
sus ])aisanos, el General Calleja del Rey, con cuya gloria sólo Morelos 
podía dar al traste; una población eviropea, naturalmente adicta á la 
corona, más rica y numerosa que la de todas las colonias españolas 
jvmtas; un alto clero inexorablemente disjjuesto al crimen, si ])rcciso 
fuese, j)ar;i martirizar al inficiente y lanzarlo á los infiern<js en último 
caso. Una Inquisición más temible y tenebrosa que la de la España de 
Felijje II, y una comunicación marítima con la Metrópoli más corta y 
directa que las de las otras posesiones. El Jefe supremo de la revolu- 
ción en México, el ilustre Raj'ón, no podía sostenerse por sí solo (sin 
Morelos) en el interior (Bajío) del país, y siendo batido más pronto de 
lo ([ue fué, hubiera dejado á lf)s realistas expeditos para unirse á los 
de Guatemala y el reñí, y estando como estaban Chile, Nueva Grana- 
da y Ecuador, ya pacificados entonces, y antes que Brown derrotara 
la flotilla de Romarate en el Plata, habrían con facilidad colocado de 
nuevo, si les placía, al mismísimo Cisneros en la capital argentina. 
Existiendo Morelos, no pudo coexistir la preponderancia española en 
América. Despose^-ó á los poderosos realistas de sus soldados criollos, 
de sus cañones y fortalezas, de su dinero, tabaco, añil, grana y vainilla 
oaxaqueños y guatemaltecos para convertirlos en fusiles, como escri- 
bía á Ra^-ón, dejando á la real Hacienda en tal penuria, (]ue para aten- 
der á las más urgentes é indispensables erogaciones hubo que recurrir, 
por la quincuagésima vez C[uizá, á los préstamos forzosos y aun á la 
venta y fundición de los ornatos 3' platería de los templos todos, excep- 
tuándose apenas los vasos sagrados, t Y no sólo le arrebató su fama á 
Calleja, si que también, con el heroísmo y generosidad sin precedentes 
de él y sus dignos capitanes (Bravo), trasladó el prestigio y añeja ve- 
neración de las oriflamas flordelisadas que proclamaban el derecho di- 
vino de las realezas, á las nobles é insurgentes banderas, eminentemente 

1 Véase la orden 3-a citada del Virrej- Venegas á Calleja para que atacara á Morelos 
— 8 de febrero de 1812 — y se verá que no privó al Real Erario de recursos por medio de 
actos vandálicos, sino en buena lid, aniquilando al enemigo é interceptándole sus princi- 
pales comunicaciones. 



140 

republicanas, en cuyo escudo campearía muy en breve el águila de Te- 
nocli, soberana y augusta, que ya protegía, no sólo á sus polluelos, 
sino también á los cachorros criollos, que como la indómita Leona Vi- 
cario se acogieron á la sombra de sus potentes alas. 



VI. 

Como se ha visto, los patriotas de las repúblicas hermanas del Sur 
heroicamente lucharon para obtener su Independencia; ¡)ero nosotros 
no les cedimos un punto en arrojo y bizarría: mientras ellos luchaban 
unidos contra un común enemigo menos fuerte que el nuestro, y que no 
pudiendo hacer frente á todos simultáneamente se debilitaba como por 
fatalismo más y más, l nuestros héroes luchaban desesperadamente 
sin ayuda extraña, contra un adversario infinitamente más poderoso. 
Aquéllos poseían desde el comienzo de la contienda toda clase de ele- 
mentos no tomados al enemigo, como lo hicieron los mexicanos, sino 
3^a en sus manos desde que servían á la corona castellana. Allá se pro- 
nunciaron en primera línea los militares y gobernadores; aquí humildes 
y pacíficos eclesiásticos. Aquéllos contaban con tropas disciplinadas j 
pertectamente armadas y equipadas; aquí improvisaban tropas con 
medrosas y desordenadas chusmas en su mayor parte, sin más armas 
que flechas y hondas inofensivas contra la metralla, las balas y las ba- 
A^onetas realistas. Los del Sur fueron preciosamente ayudados en el 
mar por escuadras ó flotillas mandadas hábilmente por valientes ma- 
rinos extranjeros 2 jr en tierra socorridos con dinero y un contingente 
no despreciable de más de nueve mil hombres también extranjeros; los 
de Nueva España, entregados á sus projjios esfuerzos, se emanciparon 
solos. En aquellas latitudes la ya caduca marina española, sin bases 
firmes de operaciones; en éstas, las naves realistas se abrigaban y re- 
forzaban en segurísimos asilos de uno y otro océanos, tales como Aca- 
pulco, San Blas, Veracruz y los puertos de Cuba y las Floridas. Y, sin 
embargo, México venció por su propio poder, y, como las demás nacio- 
nes latino-americanas, limpió los mares de los buques españoles que 
amenazaban nuestros litorales, ¡con sólo noveles marinos mexicanos! 

Ahora bien, si personalizamos estas rectificaciones, si nos referimos 
concretamente á los héroes, también tendremos que concluir sin jactan- 
cia, que los nuestros, Morelos por ejemplo, es el jirimero de su siglo, el 

1 «Son dignas de mención las victorias conseguidas por el gobierno (virreinal) de 
Lima, por más que no le fuesen de verdadero provecho, pues obligado á diseminar sus 
fuerzas para luchar con los sublevados de Quito. .\lto Perú y Chile, es fuerza reconocer 
que su situación era muy comprometida.» — R. C — Hist. de la .\mérica delSur. Pág. 111. 

2 El irlandés Brown, en Buenos .\ires; el holandés Brion en las playas de Nueva 
Granada, y el inglés Lord Cochr.ine en l.as costas chilenas. 



i 



141 

legendario, el más ii()tal)le é inmaeulado: San Martín, el máseelebrado 
de los argentinos, no jjuede eoniparársclc, no íuédesinteresado, niama- 
ba lo snñciente la libertad para dominar sus ambiciones monániuicas. 
El siguiente trozo de una obra de autoridad reconocida, al atestiguar 
lo asentado, coincide con las miras (|ue dejal)a traslucir Bolívar en el 
Congreso de Panamá. 

«Por ese tiempo (1827-1S2S) don \'icente Rocíifuerte, que se había 
mostrado celoso republicano, deseni]jeñaba en Londres el importante 
encargo de representar al gobierno de México, que le había nombrado 
ministro plenipotenciario. Hacia el mes de abril, Rocafuerte había des- 
cubierto algo de la trama política encaminada á cambiar la organiza- 
ción reptiblicana en América, y con fecha 20 del mismo mes dirigió una 
extensa nota al Ministro de Relaciones en Aléxico, en la cual avisaba: 
que un señor García del Río, monarquista decidido y hombre peligroso 
y de amaño, ajjareeía como agente propulsor del cambio para estable- 
cer monarquías en las repúblicíis hispano-americanas. 

(I De pronto García del Río se presentaría al gobierno de México ha- 
ciéndole grandes ofrecimientos de dinero, por vía de empréstito, apo- 
yados en cartas de recomendación del famoso banquero Laffite y otros 
mu}' acreditados; pero su objeto principal sería aumentar los elemen- 
tos de discordia, calcular la fuerza de los partidos y graduar las resis- 
tencias que los republicíinos pudieran oponer á los monarquistas. 

«El pensamiento era maquiavélico, y Rocafuerte aseguró que tan au- 
daz personaje pretendía realizar el vasto plan de formar, con avixilio 
del emperador del Brasil, una monarquía de Buenos Aires y Chile, co- 
locando en ella á un príncipe del agrado del emperador de Austria; ha- 
cer del Alto y del Bajo Perú otra monarcjuía para el General San Mar- 
tín; dejando á Bolívar de presidente perpetuo, de emperador ó rev, co- 
mo ciuisiera titidarse en Colombia. 

«Es de creer que el mismo General San Alartín era uno de los que 
más impulsaban la idea, aguijoneado por la ambición: no disimulaba 
sus opiniones, y Rocafuerte afirma que, hallándose en compañía deMi- 
chelena, le oyó decir: nqtie his instituciones repiihlicíinas no convenían 
á la América; que el país no estaba bastante adelantado para ese sis- 
tema de libertad; que la paz, primer bien de toda sociedad, no podría 
ñjarse entre nosotros sino bajo la monarquía.» 

«El hecho referido viene confirmando el concepto de que, si bien allá 
en Europa flotaba la idea de fundar monarquías en América, america- 
nos eran los que allí robustecían el pensamiento y le daban consisten- 
cia con sus frecuentes solicitudes.» l 

Aunc|ue esta transcripción indirectamente implica también cargos 
contra Bolívar, c[ueremos absolverlo y declararlo el único de los sud- 
americanos que por su fama pudo aspirar á ser comparado con More- 

1 Olavanía y Ferrari. — «México á través de los siglos.» Cap. XIV, páfl- 175. 



142 

los. Lo que hemos dicho antes que hava sido desfavorable á tan dis- 
tinguido patricio venezolano, no lo rebuscamos expresamente en su 
contra; sencillamente forma parte de una fiel narración, de cu^-o sereno 
tono no nos hemos despojado ni aun al tratar otros puntos, por vía 
de rectificación á lo expuesto por algunos autores apasionados. 



Las rectificaciones que acabamos de hacer no obedecen á un deseo 
de aparecer nosotros como el primer pueblo del Nuevo Mundo, sino á 
un espíritu de justicia, que no por empezar en nuestra propia casa, de- 
ja de ser la más extricta. Por otra parte, en América ningún pueblo es 
primero que otro ni ninguno inferior á los demás; todas las nacio- 
nes latino-americanas son igualmente nobles desde su origen, del mis- 
mo modo heroicas é igualmente hidalgas por atavismo. Todas son 
dignas de hermosa suerte, todas persiguen los mismos ideales y en to- 
das germinan idénticas ideas, grandiosas y elevadas. En este año una 
y otra porción de América celebran y conmemoran el más feliz y colo- 
sal acontecimiento en sus anales, 3- México fraternalmente las saluda. 
No pretendemos opacar la refulgente fama de aquellos héroes herma- 
nos nuestros, de hace un siglo; sino, al contrario, con devoción reme- 
moramos sus preclaros nombres y les ofrendamos nuestra entusias- 
ta admiración; pero el modesto trabajo que emi)rendimos, casi se li- 
mita á poner de relieve las excelsitudes del inmortal genio c|ue ]n 
inspirara, y, para terminar, haremos la síntesis del bello parangón es- 
tablecido: 



Bolívar, nació de familia ilustre, como Washington; como él, tuvo 
una fortuna que generoso puso al servicio de su patria; como él, la li- 
bertó y guió en la senda de los pueblos libres, y como él, murió retira- 
do á la vida privada. 

Luchó como Belgrano, Artigas y San Martín; venció, como ellos, 
y como ellos fué héroe y obtuvo por lauro ver coronados sus afanes, 
emancipando como ellos á cinco naciones, que como libertador lo acla- 
man. ¡Honor á él! 



Morelos nació pobre y humilde como Jesús, su divino Maestro; co- 
mo él, se dedicó desde su infancia á rudos trabajos; como él, abrazó 
gustoso una vida de sacrificios incesantes; como él, predicó el evange- 
lio, con el que consoló al proletario, al huérfano y á la viuda, y curó á 



I 



143 

las almas; como el, niarehó voluntarianiente á su Gól<íota v fué entrc- 
iíado j)or los suyos, inicuamente juzfíado por fariseos, 3' muerto en un 
])atíbulo. 

Como Mahoma tuvo su hégira, con elocuencia sobrehumana recitó 
su Corán á las multitudes y al golpe de la cimitarra suriana, implan- 
tó el islamismo de la libertad. 

En el Congreso fué tribuno como Cicerón, integérrimo en la admi- 
nistración como Trajano y Antonino, y en el combate, lacónico, espar- 
tano é intrépido como Leónidas; fué héroe como Aquiles, astuto como 
Aníbal, magno como Alejandro, vencedor como César, legiskidor co- 
mo Moisés, redentor como Hidalgo y mártir comoCristo! 

¡Sombras ilustres de los heroicos guerreros sudamericanos, 

LOS MÁS CONSPÍCUOS, QUE OS LLAMÁIS O'HlGGINS, BeLGRANO, ArTIGAS, 

Miranda, Páez, Bolívar y San AIartín: presentad las armas ante 
Morelos, el modelo más acabado y sublime de quien fuisteis dig- 
nos émulos! 

¡La luz ha eliminado ya las tinieblas de la noche: tocan á 



,1 



gloria! 

México, 1"^ de mayo de 1910. 



\4'5 



INFORME DEL DELEGADO DE MÉXICO 



m\\ 



EN EL 



iA\Tn¡) 



jü 



u\ 



iicMisns. 



ÜR. ALFONSO PRUNHÜA. 



Anales. T. IV.— lii. 




Tengo la honrarle elevaral superior conocimiento del señor Presiden- 
te de la República, por el digtiísimo conducto de usted, mi informe como 
Delegado de México al XVIII Congreso Internacional de Americanis- 
tas, qvie se celebró en Londres, del 27 de mayo último al 1° del actual. 



1 .—Antecedentes. 



Los Congresos Internacionales de Americanistas, según los Estatu- 
tos aprobados en París en 1900, tienen por objeto «el estudio histórico 
y científico de las dos Américas y de sus habitantes.» 

Hasta hoy se han celebrado 18 de esos congresos; habiéndose reu- 
nido el primero en Nancy, en 1875, bajo la presidencia del Barón de 
Dumas, y los demás en los lugares 3- fechas que .se indican: 

II. En Lvixemburgo (1877) . 

III. En Bruselas (1879). 

IV. En Madrid (1881). 

V. En Copenhague (1883). 

VI. EnTurín (1886). 
VIL En Berlín (1888). 

VIII. En París (1890). 

IX. En Huelva (1892).. 



148 

X. EnStockholm (1S94-). 

XI. En México (1895). 

XII. En París (1900), por setriinda vez. 

XIII. En Nueva York (1902). 

XIV. En Stuttgart (1904-). 

XV. EnQuebec (1906). 

XVI. En Viena (1908). 

XVII. Se dividió en dos sesiones: 

1."' En Buenos Aires (maj'o de 1910). 

2." En México (septiembre de 1910). ])or se<runda vez. 

XVIII. En Londres (1912). 



2. — Generalidades. 

Para el mejor éxito de las labores del XVIII Congreso, cjuedaron 
designados un Comité General 3- un Comité Organizador. El primero, 
compuesto de veinticuatro miembros, algunos de ellos pertenecientes á 
la alta nobleza inglesa, otros de elevada situación política y los demás, 
de reconocida competencia intelectual, como los Vicecancilleres de las 
Universidades de Oxford, Cambridge, Londres, Alanchester, Liverjjool 
y Edimburgo; el Presidente de la «Royal Society» y otros más. El Comi- 
té Organizador, formado por quince personas, de las cuales fué Presi- 
dente el Sr. Alfred P. Alaudslay, profesor honorario de nuestro Museo 
Nacional de Arqueología, Historia y Etnología. Se dignó aceptarel pa- 
tronato del Congreso S. A. R. el Ducjue de Connaught; fué Presidente 
Sir Clemens R. Markham, geógrafo 3- explorador muy disting^iido; Se- 
cretario, el Sr. F. C. A. Sarg; Ayudante del Secretario, la Srita. .\. C. 
Bretón, y Tesorero, el Sr. R. B. Martin. 

Las sesiones del Congreso se celebraron en el Imperial Institute, 
ocupado hoy en gran parte por la Universidad de Londres, quien cedió 
varios de sus departamentos para ese fin. 

Una de las particularidades más interesantes ftié, seguramente, la 
abstención absoluta del Gobierno Inglés, lo que no fué óbice, sin embar- 
go, para el éxito del Congreso. Debe hacerse notar, á este propósito, 
que la conducta de dicho Gobierno es la misma en todos los casos seme- 
jantes; nunca es él el que invita para los Congresos Internacionales ni 
toma bajo su cargo ninguno de los gastos de éstos, como pasa con otros 
Gobiernos, entre otros y muy particularmente el Mexicano; su inter- 
vención se limita sólo á transmitir por conducto de su Ministerio de Re- 
laciones Exteriores, las invitaciones dirigidas á los Gobiernos extranje- 
ros por los Comités organizadores respectivos. Estos, auxiliados por 
las diversas instituciones científicas interesadas y por distinguidas per- 
sonalidades políticas é intelectviales, son los que sacan avantes los Con- 
gresos. 



14M 

I.ííiialincnte intercsrinte fue la ausencia c<)mi)leta de esos individuos 
de la localidad (jue, en todos los Cous^resos, se inscriben en gran canti- 
dad, para ])articii)ar únicamente en los festejos; puede asegurarse eme en 
el Conji'reso de C[ue se ficnjja este informe, ninguno de sus miembros 
dejó de ser un individuo interesado en el Americanismo. 

Otro detalle digno de mencionarse es que, por no cumplirse exacta- 
mente con el reglamento interior del Congreso, algunos oradores se ex- 
cedieron considerablemente en sus lecturas ó conferencias, con detrimen- 
to de otros que no pudieron presentar sus trabajos ó tuvieron que ha- 
cerlo solamente en resumen. Igual cosa sucedió con las discusiones. Pe- 
ro tal vez una y otra cosa no sean defectos de este Congreso, sino en 
general de la organización de todas las asambleas de la misma índole. 

De esa causa dependió, sin dtida alguna, la complexidad y aparente 
incoherencia que se notó en el Congreso, en cuanto á la variedad de los 
trabajos emprendidos. Es cierto que, para evitarhasta cierto punto este 
mal, se dividieron las labores en VI secciones, como diré más adelante; pe- 
ro ni aun así se logró la homogeneidad <iue se deseaba, lo que redundó se- 
guramente en perjuicio del éxito del Congreso. El defecto es, sin embar- 
go (como antes hacía yo notar), de carácter general 3', aunque se va 
procurando corregirlo en las diversas asambleas científicas interna- 
cionales, no ha llegado á lograrse su desaparición. Todos los asisten- 
tes á esta clase de congresos están acordes en pensar que tal vez el re- 
medio consistiría en señalar algunos puntos, limitados, para el estudio; 
en confiar la redacción de las memorias relativas á competentes espe- 
cialistas y en someter éstas á la disciisión del Congreso. Sin embargo, 
todos creen igualmente que la supresión de las llamadas comunicacio- 
nes libres, tal vez traería la extinción de los Congresos, porque muchos 
se aljstendrían de tomar parte en ellos si no pudieran presentar sus tra- 
bajos. 

En todo caso, estos defectos de ninguna manera deben ser motivo 
para dicha extinción, porque son aún mayores las ventajas que resul- 
tan de los Congresos y, por ejemplo, si los de Americanistas no existie- 
ran, de seguro que no habría oportimidades para que las personas que 
se dedican con tanto desinterés al estudio del «Americanismo» se encon- 
traran periódicamente para cambiar ideas é impresiones, y de seguro 
también que los trabajos relativos se entorpecerían ó quedarían muchas 
veces sin publicarse. 



3. — Delegados y AIiemhros del Congreso. 

Diez gobiernos europeos estuvieron representados: Austria, Alema- 
nia, Bélgica, España, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Noruega y Sue- 
cia. Además, el «Board of Education» de Inglaterra delegó un represen- 
tante V otro tanto hizo Hambvirgo. 



150 

De los Gobiernos americanos, catorce enviaron delegaciones: Argenti- 
na, Solivia, Brasil, Chile, Colomliia, Costa Rica, Estados Unidos, Gua- 
temala, Honduras, México, Panamá, Perú, San Salvador y Venezuela. 

Por último, estuvieron igualmente representadas las siguientes co- 
lonias inglesas: Australia, Canadá, Guayana inglesa y Honduras bri- 
tánica. 

La Delegación Mexicana esttivo, finalmente, constituida por el Sr. D. 
A. Carneiro de Fontoura y por mí; el Sr. D. Francisco del Paso y Tron- 
coso, nombrado Presidente de la Delegación, nos escribió una atenta co- 
municación al Sr. Fontoura y á mí, anunciándonos que «fuerza ma- 
yor» le detenía en Madrid; y los Señores Dr. Nicolás León y Juan Mar- 
tínez Hernández no llegaron á venir al Congreso, como seguramente 
lo sabría oportunamente esa Secretaría al muy digno cargo de Ud. De- 
bo hacer notar, sin embargo, c(ue estuvo presente en el Congreso el Sr. 
D. Teoberto Alaler, residente en Mérida, quien me manifestó que esta- 
ba nombrado delegado en lugar del Sr. Martínez Hernández; pero no 
llegué atener noticia oficial de tal nombramiento y entiendo que tampo- 
co la hubo en la Secretaría del Congreso, pues no se reconoció al Sr. 
Maler con el carácter de delegado de México. 

57 instituciones científicas de diversos paí.ses europeos y americanos 
estuvieron igualmente representadas, contándose entre ellas Universida- 
des, Academias, Institutos, Museos y Sociedades. 

De México estuvieron representadas: la Escuela Internacional deAr- 
cjueología y Etnología Americanas, por el Dr. Franz Boas, Director deesa 
institución en el último año; y la Sociedad Científica «Antonio Álzate,» 
por mí, que tengo la honra de ser su Presidente en este año. La Univer- 
sidad Nacional de México nombró su representante al Sr. del Paso y 
Troncoso, quien, como llevo dicho, no pudo concurrir al Congreso. 

Según los datos aproximados que pude obtener, se inscribieron cerca 
de trescientos miembros (comprendiendo en esta cifra á las institucio- 
nes que tuvieran dicho carácter por haber pagado su cuota de inscrip- 
ción) y como cuarenta «asociados.» La asistencia real al Congreso fiíé 
alrededor de cien. 

El número de trabajos inscritos en el programa general, fué de 83, 
de los cuales sólo se leyeron poco más de la mitad, entre otros motivos 
por no estar presentes los autores. 

Los trabajos de miembros mexicanos, fueron los siguientes: 

1. «Dato Arciueológico,» por D. Leopoldo Batres. 

2. «Reconstrucción de los basamentos de los monumentos de Palen- 
que,» por D. Leopoldo Batres. 

3. «La Arqueología de Atzcapotzalco,» por D. Manuel Ganiio. 

4. «Relación maya de la creación del mundo,» por D. Juan Martínez 
Hernández. 

5 y 6. «División territorial de Nueva España en el año de 1536» y 
«El Códice Kingsborough,» por D. Francisco del Paso y Troncoso. 



151 

7. «La legislación mexicana sobre monumentos aniueolójíicos,» por 
D. Alfonso Pruneda, y 

8. «El Folklore de Milpa Alta. Valle de México,» por D^' Isabel Ra- 
mírez Castañeda, i 

Además, el Sr. del Paso y Troncóse presentó al Congreso un ejem- 
plar de la obra «Códice Kingsborongh. Memorial de los Indios de Te- 
petlaoztoc al Monarca Español contra los Encomenderos del Pueblo,» 
impresa á expensas de nuestro Gobierno, dedicada á la memoria de 
Lord Kingsborough, el célebre americanista, \'' en homenaje á dicho 
Congreso; y el Sr. Carneiro de Fontoura presentó igualmente impresa 
una memoria suya en francés, solare «México y la Actualidad.» 

Los trabajos del Sr. Batres y del Sr. Martínez Hernández, fueron 
también impresos por su respectiva cuenta y distribuidos entre los con- 
gresistas. 



4. — Sesiones del Congreso. 

Como dije anteriormente, las labores del Congreso se dividieron en 
seis secciones, siendo éstas las siguientes: 

I. Paleo-antropología; 

II. Antropología física; 

III. Lingüística; 

IV. Etnología y Arqueología; 

V. Etnología general, y 

VI. Historia colonial. 

Los trabajos correspondientes á la sección IV, se dividieron en tres 
grupos; a. Trabajos sobre Norte América, b. Trabajos sobre la Améri- 
ca Central, y c. Trabajos sobre Argentina, Brasil 3- Peni. 

Las secciones referidas tuvieron sesión en la mañana 3- tarde del día 
28 de ma^'o, en la mañana del 29, en la mañana y tarde del 30 y en la 
mañana del 1" del actual. Hubo, además, dos sesiones generales: la de 
apertura y la de clausura. 

La sesión de apertura se efectuó el 27demayoiiltimo, álas3.30dela 
tarde, en el Salón de Conferencias de la Universidad de Londres, bajo 
la presidencia de Sir Clemens R. Alarkham, Presidente del Congreso, á 
quien acompañaban en la plataforma los Señores Sarg, Secretario del 
mismo Congreso; Osler, Delegado del Board ofEducation; Gennadius, 
Ministro de Grecia en la Gran Bretaña y Delegado de su Gobierno; 
Maudslaj-, Presidente del Comité Organizador; Seler, Presidente del 
XVII Congreso; Heger, Delegado de Austria y Secretario General 
del XVI Congreso, 3' Lafone Quevedo,uno de los delegados argentinos. 

El Presidente principió anunciando á la asamblea que S. M. el Rey 

1 De estos ocho trabajos sólo fué leído el del subscrito, porque los demás autores no 
estuvieron presentes en el Congreso. 



152 

saludaba, por su conducto, al Congreso, deseando el mejor éxito en sus 
trabajos, y continuó dando la bienvenida á todos los delegados, hacien- 
do, á ese propósito, un sumario recuerdo de lo que los diferentes países 
ahí representados habían hecho por el Americanismo. 

En seguida, Sir William Osler dio la bienvenida en nombre del 
Board of Education, y el Sr. Maudslay hizo otro tanto en el del Comi- 
té Organizador; bienvenidas que contestó el Sr. Dr. S. A. Latbne Oueve- 
do, uno de los delegados de la República Argentina, en nombre de todos 
los delegados. 

A continuación pronunciaron cortas alocuciones los referidos Seño- 
res Seler y Heger, en su carácter, respectivamente, de Presidente y Se- 
cretario General de Congresos anteriores. 

Después el Secretario General, Sr. Sarg, dio lectura á la lista de vice- 
presidentes y secretarios electos f)or el Comité en la sesión preliminar 
que había celebrado en la mañana. El que este informe subscribe recibió 
el honor de ser designado como uno de los secretarios, cargo que des- 
empeñó en la sesión del jueves 30 por la tarde (Sección de Etnología 
General). 

Dicha lectura dio ñn á la sesión de apertura del Congreso, desptiés 
de la cual se sirvió unté á los asistentes. Terminado éste, el Dr. R. Piets- 
chmann dio una conferencia con numerosas pro^-ecciones sobre el ma- 
nuscrito peruano recientemente descubierto de Huaman Poma, en el 
que, además de encontrarse diversos retratos de incas y de sus es- 
posas, se hallan numerosas representaciones gráficas de costumbres y 
usos del antiguo Perú y se hacen variadas alusiones á la conducta de 
los primeros gobernantes españoles de esa que fué colonia española. 

La sesión de clausura se efectuó el sábado 1" del actual, á las 3 de la 
tarde, en el mismo Salón de Conferencias de la Universidad de Londres, 
bajo la presidencia de Sir Clemens R. Markham. 

En esta sesión se dio lectura á varias proposiciones cjue fueron so- 
metidas á la aprobación del Congreso. La primera de ellas, formula- 
da por el Dr. Boas, se refirió á que los Congresos de Americanistas se 
celebren cada 4 años y no cada 2, para dar más tiempo á las investiga- 
ciones. Esta proposición, de conformidad con lo pedido por el Dr. 
Hrdlicka, de Washington, (|uedó aplazada, para resolverse hasta el 
Congreso de 1914-, con el fin de que todos los congresistas tuvieran cal- 
ma y tiempo suficientes para meditar su conveniencia. 

La segunda proposición, hecha por el Sr. Heger, tendía á que los 
Gobiernos y las Instituciones científicas pudieran solamente nombrar 
dos delegados: fué rechazada por gran mayoría. 

La tercera, hecha también por el Sr. Heger, relativa á qiie el Secreta- 
rio General debe hacer una lista de los miembros supervivientes dej 
Consejo Permanente del Congreso, para entregarla á su sucesor, fué 
aprobada. 

Igualmente lo fué la moción hecha por el Dr. Boas, para que senom- 



I. 

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153 

brara un Comité de Biblio^^ratuí Americanista, {|ue (lel)erá infoniiaren 
cuanto á sus trabajos preliminares en el Con^íreso de 1914. 

Después de estas proposiciones, el Secretario General y el Dr. Hrd licka , 
sucesivamente, dieron lectura á las invitaciones del Instituto Smithso- 
niano de los Estados Unidos, de la Universidad Católica de Washing- 
ton, de la Georgetown University y de la Sociedad Arqueológica de 
Washington, i)ara que el próximo Congreso se celebre en 1914- en la ca- 
pital de los Estados Unidos, invitaciones que fueron aceptadas por acla- 
mación. 

En seguida, el Sr. D. Arturo I'onansky, Delegado de Bolivia, invitó 
al Congreso, en nombre del Gobierno de esa nación, para cjue una vez 
terminadas las sesiones en Washington, se trasladara á Bolivia, en 
donde podría efectuarse otra serie de sesiones y, sobre todo, estudiarse 
las ruinas arqueológicas de esa nación. Esta invitación fué igualmente 
aceptada. 

Se nombró, desjjués, al Comité de Publicaciones de la Alemoria del 
XVIII Congreso, y, en nombre de varios de los miembros no ingleses de 
la Asamblea, se hizo un obsequio á la Señorita A. C. Bretón, por sus 
servicios al Americanismo, y en particular, por sus trabajos para la or- 
ganización del Congreso. 

La reunión terminó con diversas alocuciones de despedida del Presi- 
dente y de otras personas, y con los votos de gracias que, á moción de 
varios congresistas, se dieron al mismo Presidente, al Secretario Gene- 
ral, al Comité organizador y á la Universidad de Londres, por su par- 
ticipación en el éxito del XVIII Congreso Internacional de America- 
nistas. 



5. — Trabajos del Congreso. 

En la imposibilidad de referirme á todos los trabajos presentados, 
lo que alargaría demasiado este Informe, voy á ocuparme sucintamen- 
te de los que, á mi modo de ver, fueron más importantes. 

Seccio.n I. — uEl Paleolítico en América,» por el Dr. Capitán (de Pa- 
rís). El autor dice que casi siempre es posible, en todo el Antiguo Mun- 
do, poder señalar una industria cuaternaria, estudiando minuciosa- 
mente los útiles cuíiternarios 3' teniendo el análisis estratigráfico cui- 
dadoso de las condiciones de 3acimiento de los diversos tipos caracte- 
rísticos de esos útiles; pregunta si los mismos métodos son aplicables 
en América; añade que algunos autores no han vacilado en responder 
por la afirmativa, en tanto que en la actualidad esta opinión se discu- 
te mucho y aun es rechazad;i, en lo absoluto, por eminentes etnógrafos 
americanos, y concluye diciendo que tal vez ambas opiniones son dema- 
siado absolutas y que la cuestión merece ser estudiada con todo deta- 

A.NAI.ES. T. I\'.— 20. 



154 

11c, nuevamente. Esta interesante nienioria estuvo ilustrada con luinie- 
rosas ijroyeeeiones. 

En esta misma Sección el Dr. Hrlicka (de Washintíton) hizo la crí- 
tica de los trabajos emjjrendidos en la Argentina jjor el finado Dr. Ame- 
ghino, según los cuales era indudable la existencia del hombre cuaterna- 
rio en Sudamériea. Según esa erítiea, hecha en eiertos momentos eon 
bastante severidad, no es posible admitir como ciertas las conclusiones 
del sabio argentino. 

Sección II. — vLu trejumnción en c¡ Perú,» jjor el Dr. Jidio C. Tello 
(de Lima). Este importantísimo trabajo, tjue honra á su joven autor 
(un ilustrado médico peruano, dedicado últimamente á estudios de an- 
tropología), se basó en una rica colección de cráneos trepanados, de su 
propiedad, que se guardan ho3' en el Aluseo «Warrem» de la Universidad 
de Harvard. Las numerosas proyecciones que ilustran la memoria del 
Dr. Tello, hicieron ver una serie de cráneos trepanados por los indios 
Yanyos del Perú, ki mayor parte de ellos con un fin terapéutico, jjor le- 
siones traumáticas ó inflamatorias (específicas ó nó) del cráneo. El au- 
tor dio á conocer sus ideas acerca del niodiis opernndi en esas trei)ana- 
ciones y llamó la atención acerca de que era indutlalile que muchos de 
los que las sufrían, sobrevivían á ellas. 

Seccio.n III. — «Fonética del idioma uiexicíiuo, » ])or el Dr. Franz Boas 
(de Nueva York). El autor hace un análisis muA- minucioso de la es- 
tructura fonética del mexicano, tal como se habla en el Yalle de Méxi- 
co, Morelos, Jalisco, parte de Yeracruz y Sur de Oaxaca, haciendo no- 
tar las diferencias que existen entre los diversos dialectos, especialmen- 
te entre los del Norte y los del Sur. Esta memoria es, sin duda alguna, 
una valiosa contribución al estudio de nuestras lenguas indígenas. 

uLos verbos en el lenguaje de los indios Cora, del Occidente de Mé- 
xico,'» por el Dr. K. T. Preuss (de Berlín). En esta memoria, igualmen- 
te muy importante para la lingüísticíi americana, el autor se refiere al 
verljo, el elemento más importante del hasta aquí no estudiado idioma 
Cora, (jue pertenece al grupo de Sonora y, por consecuencia, se relacio- 
na en su estructura al idiomíi náhuatl. 

«Cuatro palabras esquimales de Xewfoundland en el idioma Eiriks- 
saffa,« por el Sr. Guillermo Thalbitzer (de Copenhague). El autor, cjue 
ha pasado algún tiempo, en unión de su esposa, entre los esquimales, 
estudiando sus costumbres y siridioma, ha encontrado cuatro palabras 
de éste incrustadas en el idioma (jue se habla en Groenlandia, y, según 
sus interiJretaciones, se llega á l;i conclusión de que los esquimales ha- 
bitaron probablemente algunas partes de Xcwfoundland en el siglo XI 
y que las palabras en cuestión son las primeras señaladasde un lengua- 
je aborigen en América. El autor, además, ha encontrado relaciones 



15") 
importantes entre Ins diversos pueblos ríe los confines boreales de Amé- 



rica. 



SiíCCioN IY.—«E1 cubre prccnloinhiiio en Aiiiéricn,» ])or el Sr. Kow- 
laiul B. Orr (de Toronto). En esta memoria se habla de las localidades 
en que el cobre ha sido encontrado, su distribución, losmétodoscm])lea- 
dos i)ara temjilarlo vlosusos ornamentales ú otros, á quesedestinabíi. 

a Algunos problemas en el estudio de loa antiguos cliff-dwellers de Amé- 
rica,» porel Dr. J. O. Kinnaman. El autor estudia las condiciones etnoló- 
g'icas de esos pueblos, de il onde vinieron, cuál fué la dirección de su inmi- 
gración, y trata de exjjlicar por qué construyeron sus habitaciones en 
lufíares casi inaccesibles; después discute las relaciones cjue pueda ha- 
ber entre los actuales indios «Pueblo» y los «cHfF-dwellers,» y haciendo 
notar las dificultades cronológicas que se presentan, llega á la conclu- 
sión de que no es posible todavía tener una opinión exacta en cuanto á 
dichos (icliff— dwellers.» 

^.Trabajos de la Escuela Internacional de Arqueología v Etnología 
Americanas,» por el Dr. FranzBoas. En esta interesante memoria, ilu.s- 
trada con proyecciones, el autor relata las investigaciones llevadas á 
cabo por la institución referida, durante el año en que fué su Director: 
los trabajos sobre la alfarería de AtzcapotzalcoydeCulhuacán; el estu- 
dio de los dialectos mexicanos y de las relaciones entre ellos y las len- 
guas del Norte de Aléxico; la formación de un mapa lingüístico del Esta- 
do de Oaxaca, basado en el estudio de los vocabularios recogidos por el 
Dr. Peñíifiel; el estudio del tepecancj, (|ue resultó ser ini dialecto del Pi- 
ma, siendo los pueblos que lo hablan, muy semejantes á los Coras y 
Huicholes, y otras investigaciones relativas á antiguas tradiciones; todo 
lo cual demuestra lo importante de la obra cmjirendida por la Escuela 
Internacional de Arqueología y Etnología Americanas, en el último año. 

«Las prácticas mágicas de los indios Coras de Jalisco, México,» por 
el Dr. K. T. Preuss (de Berlín). El autor, que ha pasado algún tiempo 
entre esos indios, estudia los caracteres distintivos de stis prácticas de 
magia, especialmente de las cpie tienen jjor objeto el obtener de los dio- 
ses el cumplimiento de sus deseos. En estas prácticas, los pensamien- 
tos y las palabras son considerados por los Coras como la parte verda- 
deramente intrínseca de las ceremonias, y hacen admitir la idea, emiti- 
da 3-a por otros autores, de que en esos casos no son decisivos en sus 
efectos los actos mágicos mismos, sino el cqjoder» mágico del que los 
ejecuta. Parecen tan importantes las investigaciones del Dr. Preuss, so- 
bre los indios Coras, que tal vez sería conveniente, en opinión del que 
subscribe, que el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología 
adc|uiriera la obra de dicho señor: «La Expedición del Nayarit,» ]3ara 
hacerla traducir y darla á conocer por medio de sus Anales ó en publi- 
cación separada. 

«Sobre el signo del mono en los códices mexicanos y mayas,» jjor el 



156 

Sr. Hermán Be\-er (de Dresden). El autor sostiene la opinión de Fürs- 
temann, Schelllias y Brinton, de que el dios C (el dios ma^-a, con la ca- 
ra armamentada) tiene cabeza de mono, y refuta, después de un exa- 
men cuidadoso de los dioses bárbaros de los códices mayas, la teoría 
del Profesor Seler, de que la cara del dios C está formada ])or una cule- 
bra de dos cabezas. 

«Alffunos problemas del calendario centro— americano,» por el Dr. 
Walter Lehmann (de Munich). El autor, que avmque todavía joven, se 
distintíue ya por sus conocimientos ainericanistas, estudia en su memo- 
ria, con todo detalle, diferentes problemas del calendario mexicano y del 
calendario maya, haciendo notar su antigüedad respectiva y otros 
puntos de igual interés. 

«La creación del mundo según los mayas,» por el Sr. D.Juan Mar- 
tínez Hernández. Este trabajo, que fué distribuido impreso entre los con- 
gresistas, se refiere á las páginas del manuscrito maya de Chunmayel, 
que contienen la versión maya de la creación del mundo, y que el autor 
publica ahora por primera vez con su traducción al español. Según el 
autor, ((bajo el simbolismo usado puededistinguirseunaadmiral^lecon- 
«cepción cósmica, con el calendario como base; la religión de losma\'as 
((no es exclusivamente la adoración del Dios de la Luz ni tampoco pu- 
((ramente un culto de los números; ambos están incluidos, debido á las 
((relaciones íntimas entre las estrellas y las matemáticas; dicha religión 
((era un culto del calendario.» 

kEI medio-punto en la arquitectura maya,» por el Conde M. de Pe- 
rigny (de París). En esta memoria, su autor se refiere á un género es- 
pecial de ruinas de Nakcun, encontradas por él en el Peten, en 1905-06, 
y descubiertas completamente en 1909-1910. Ese edificio, al que ha lla- 
mado ((Casa de los Sacerdotes,» por su destino probable, presenta algu- 
nas bóvedas en forma de medio-punto, lo cual parece ser interesante 
desde el momento que no se le encuentra en las demás ruinas mayas co- 
nocidas. Algo parecido observó el autor en las ruinas del Río Beque, 
estudiadas por él en 1907-1908; concluyendo su estudio, que fué acom- 
pañado de proyecciones demostrativas, con la observación de que aun 
cuando los antiguos niaras edificaron sus ciudades en una época que con 
mucha razón se considera bastante antigua, conocían ya el medio- 
punto, sobre lo cual deseó llamar la atención del Congreso. 

KÁlgTinas características de la arquitectura maya,» por el Dr. Capi- 
tán (de París). Esta interesante memoria, acompañada igualmente de 
proyecciones, se refiere á dos particularidades curiosas que presenta, 
entre otras mvichas, la arquitectura maya: la construcción de todos 
los monumentos sobre elevaciones de tierra ó mampostería, á veces muj' 
altas, y el hecho de que las fachadas de sus edificios, con su complicada 
ornamentación, parecen ser la reproducción, en piedra, de fachadas he- 
chas primitivamente en madera. 

«Un dato arqueológico» y ^Reconstrucción de los basamentos de las 



Anales.— Tomo IV. 



LÁM. 11. 









Mosaicos mexicanos existentes en el Museo Británico. 



157 

riiinns de Palenque, i^ por D. Leopoldo Batres (de México). En estas 
inonofiratías, (listril)UKlas ini])resas entre los conurcsistas, el autor da 
á conocer su opinión sobre la venladera forma de los basamentos de 
las ruinas de Chichén-Itzá 3- de Palenque, no descritas antes de él, sej¡ún 
los resultados de las exploraciones que ha hecho en los últimos años. 

ti Las ruinas de Uxnial,» por el Dr. Eduardo Scler (de Berlín). Por 
medio de numerosas proyecciones, el autor dio cuenta de su visita á 
esas célebres ruinas, á principios de 1911, 3^ aprovechó la oportunidad 
para criticar á la Secretarííi de Instrucción Pública y Bellas Artes por 
sus determinaciones para trasladar al Mviseo Nacional algunos de los 
monumentos de Uxmal. 

Despviés del trabajo del Dr. Seler, el Dr. Beyer (de Dresden) dijo que 
tenía entendido que el Gobierno Mexicano había dispuesto esa trasla- 
ción para salvar piezas importantes, de exploradores ó touristas dema- 
siado activos, (jue pudieran sacarlas del país fraudulentamente, como 
por desgracia había 3'a acontecido en otras ocasiones; 3- que, por lo de- 
más, en el Museo dichas piezas estaban á disposicióndecuantosdesea- 
ran estudiarlas. 

El subscrito apoyó en todas sus partes lo dicho por el Dr. Be3'er. 

«Algrinos amuletos de Teotiliuacán,» por el Dr. Capitán (de París). 
El autor, por medio de diversas ]jroyccciones, llama la atención acerca 
de dos clases de amuletosde Teotiliuacán, bastante poco conocidos, que 
ha estudiado en el Museo de esas ruinas: unos de obsidiana 3' otros de 
esquisto. Entre los primeros hay dos grupf)s: uno formado ]3or alíjii- 
nas figuritas de cuadrúpedos y otro que corresponde á un pequeño in- 
dividuo, habiendo unos ejemplares que representan un dragón muy 
singular. Entre los amuletos de esquisto, el autor menciona iilaquitas 
planas ovales, que llevan huellas de ocre rojo, cu3'a interpretación pue- 
de ser mu3' interesante. 

<tAlgunas observaciones sobre las cabecitas de barro de Teotiliua- 
cán,» por la Sra. Barnet (de París). La autora, que es preparado- 
ra del curso de antigüedades americanas, profesado por el Dr. Cajjitan 
en el Colegio de Francia, después del estudio de centenares de dichas ca- 
becitas, llega á estas conclusiones: !■' — Las cabecitas de Teotihvuicán tie- 
nen orígenes y significados mu3' diversos; provienen de figuritas planas; 
de figuritas aplicadas y de figuritas con agujeros, destinadas á fijarse 
por medio de un lazo. 2" — Son á veces cabezas de verdaderas estatui- 
tas. 3*^ — Algunas son simples aplicaciones, sin agujeros, destinadas á 
fijarse sobre objetos de cerámica ó de otra clase, 3' 4-'' — Algunas cabeci- 
tas y algunas figuras de brazos ó de piernas, que se encuentran con aque- 
llas, pueden ser consideradas como ex-votos. El trabajo de la Sra. Bar- 
net estuvo igualmente ilustrado con proyecciones. 

«Los ñ-escos de Teotiliuacán,» por el Dr. Eduardo Seler (de Berlín). 
En esta memoria, acompañada también de numerosas é importantes 
proyecciones, el autor describe los interesantes frescos de Teotiliuacán, 



158 

descubiertos en distintas épocas por D. Leopoldo Batres, yhacenotarle 
sig^nificado que, en su concepto, puedan tener las fijíuras representadas 
y las semejanzas (|ue ha encontrado entre ellas y las cjue se ven en la al- 
farería de Teotihuacán. Presenta ijíualmente diversas proyecciones 
sobre las cabecitas de ese lugar, dando su ojiinión en cuanto á lo ciue 
pueden siijTiilicar. 

ttUna nota sobre la posición y extensión de los terrenos del Gran Tem- 
plo de Tenochtitlán, y la posición, estructura y orientación del Teoca- 
IH de Huitzilopochtli,» por el Sr. Alfredo P. Alaudslay. Esta memoria, 
distribuida, aunque en corto número de ejemplares, entre los congresis- 
tas, y magníficamente impresa, trata de las dimensiones asignadas por 
los diversos cronistas é historiadores del gran teocalli de Tent)xtitlán, 
haciendo el autor las críticas que juzga pertinentes. 

^Excavaciones en Ouiriguá, Guatemala, por el Instituto Arqueológico 
de América,» porel Sr. Eduardo R. Hewett (deSanta Fé). El autordees- 
tetrabajo, el distinguido y muy caballeroso Director de la Escuela de Ar- 
queología Americana de Santa Fé, rama del Instituto Arqueológico de 
América, da á conocer, acompañando su relato de proyecciones, los in- 
teresantes resultados obtenidos en las exploraciones hechas en Ouiri- 
guá, la antig^la ciudad maya. 

kLos antiguos monumentos de piedra de San Agustín, y las investi- 
gaciones arqueológicas en el Distrito del alto Río Magdalena,» porel 
Dr. K. Teodoro Stoepel (de Heidelberg). En esta memoria, ilustrada 
también con jiroyeccioncs, el autor da cuenta de las ex])loraciones he- 
chas en el Ecuador por encargo del Aluseo Real de Etnología de Berlín; 
dicho resultado ftié interesante, porque pudieron estudiarse bien las an- 
tiguas esculturas y templos de la región, C|ue denotan una civilización 
avanzada y que, sin embargo, pasaron inadvertidas á los cronistas es- 
pañoles, tal vez por estar ocultas esas ruinas por la maleza. Entre lo 
más importante de lo descubierto, se encuentran varios ataúdes de jiie- 
dra maciza, de más de dos varas de largo, en c|ue ese pueljlo enterraba 
á sus príncipes ó á sus grandes sacerdotes. 

^^Descubrimientos arqueológicos en Ecuador y en Colombia,» por el 
Dr. K. Teodoro Stoepel (de Heidelberg). El mismo autor de la memo- 
ria anterior, presentó otra sobre sus exploraciones hechas en los dos 
países indicados, y que dieron por resultado el descubrimiento de im- 
portantes monumentos prehistóricos, que mucha luz han de traer segu- 
ramente sobre el conocimiento de los pueblos antiguos de Sud- América. 

iiLos Ouimbayas,» por D. Ernesto Restrepo Tirado (de Bogotá). 
Este trabajo fué distribuid o impreso, entre los congresistas. En él se dan 
detalles muy interesantes, en g^ran parte desconocidos, acerca de los 
quimbayas, pequeña tribu que vivió en el río Cauca y sufrió mucho 
con la llegada de los españoles, bajo las órdenes de Robledo, en 1540, y 
que después de varias guerras con otras tribus, y de varias epidemias, 
algunas de ellas de viruela, se vio casi destruida, refugiándose los pocos 



I 



159 

supervivientes en las montañas, en donde fueron extenninados por los 
1 'ijaos. 

vLciíi iinttilacioncs en los vasos ¿intropoiuoribs del niitiífiío I'crt'i,» 
por el Dr. Lizardo Vélez Lójdcz (de Liniíi). 

«Fiffuras ¿uitrupoinorths inutilaclas del Perú,» porel Dr. Rieardo Pal- 
ma, jr. (de Lima). Estas dos memorias se refieren á las mutilaciones 
(|ue se observan en algunos de los vasos ó figuras de barro de las anti- 
guas tundjas peruanas. Según los dos autores mencionados, aunc|uccsas 
nuitilaciones pueden haber tenido, en ocasiones, alguna causa patológi- 
ca (sífilis, etc.), parece indudable C|ue en otros casos se debieron á cas- 
tigfJS, á riñas, á algunos fines rituales ó á otros motivos independien- 
tes de enfermedad. 

uPuntos de contacto entre las civilizaciones prehistóricas del Brasil 
y la Argentina y las de los países de la costa del Pacífíco,» por el Dr. 
Antonio Carlos Simoens de Silva (de Río de Janeiro). El autor hace no- 
tar las semejfinzas c|ue hay entre las piedras encontradas en las exca- 
vaciones de Perú, Solivia y Chile, 3' las halladas en Brasil y Argentina; 
observa C|ue la deformación del cráneo se practicaba en la Argentina lo 
mismo C|ue en el Perú y Bolivia, y (|ue los ídolos y alfarería nativa del 
Amazonas y del í'erú j)resentan gran semejanza. Además, las leyen- 
das de la región del Amazonas y las tradiciones peruanas, tienen mu- 
chos puntos de contacto, todo lo cual demuestra las relaciones tan es- 
trechas que hubo entre ambas civilizaciones: la del E. y la del O. de Sud- 
América. 

ttlnfornie sobre una colección de objetos encontrados en antiffvosse- 
pulcros de la civilización Diagiiita, en el Noroeste de la Argentina,» por 
el Sr. Franz Heger (de Viena). El autordescribe la rica colección de ob- 
jetos arqueológicos recogida por el Sr. Rodolfo Schreiter, de Tucumán, 
en los vallesde Santa María y de Calchac|viu (N. O. de la Argentina), en 
diversos cementerios y restos de ruinas de los antiguos habitantes de 
esa región, objetos que se conservan ahora en el departamento antro- 
pológico del Museo de Historia Natural de Viena. Algunos de los obje- 
tos de esa colección demuestran, en concepto del autor, la inflvienciade 
la antigua cultura peruana que penetró en la Argentina Noroccidental 
en la época de los antiguos emperadores de los incas, antes de la con- 
quista. 

Shcciox \'. — «Costunibres de los guayaki en el nacimiento de los ni- 
ños,» por el Sr. D. C. Mayntzhusen (del Alto Paraná). En esta curio- 
sa nota se relatan las costumbres de esos pueblos sudamericanos cuan- 
do nace una criatura, en cu^'O acto interviene de un modo particular el 
llamado «yoaré.D especie de partero, ayudado por una mujer ó «upia- 
ré.» Esta, desijués de alginias prácticas de aseo y de masaje, procede 
á la deformación de la cabeza del niño, apretándola fuertemente con 
ambas manos, una atrás y otra adelante, para llegará producir uncrá- 



160 

neoniesoccfalo; esta maniobra ((iie la criatura tolera sin llorar, es repe- 
tida por la madre tres días después. El padre, entretanto, huye á los 
bosques, en donde está tres días sin comer, hasta quetoma un baño, lo 
i|ue hace también la madre, para espantar al demonio. 

«La vida diaria de los indios kekchi de Guatemala,» por el Dr. Karl 
Sapper (de Estrasburtío). El sabio autor de esta memoria, á ({uien se 
deben importantes trabajos sobre etnología mexicana, causó la admi- 
ración del Congreso con la rica colección de importantes proyecciones 
en que hizo ver las ocupaciones diarias de los hombres, de las mujeres y 
de los niños kekchi, en el hogar y en el campo; sus festividades, sus ca- 
pacidades productoj-as, sus opiniones religiosas y algunas peculiarida- 
des de carácter, siendo esta conferencia un verdadero modelo de lo que 
la fotografía puede hacer para conservar documentos etnoló.<íicos. El 
Dr. Sapper llamó la atención de los congresistas, en cuanto á que la po- 
blación india de Centro-América presenta, desde la primera mitad del 
siglo XVII, un decidido y gradual proceso de mejoramiento, que secon- 
tinúa hasta la hora presente. 

nDescubriinientos recientes en la Guaraná Holandesa,» por el Sr. L. 
C. von Panhnys (de La Haya). El autorrelata los resultad os de la lla- 
mada expedición «Suriname,» la sexta de las organizadas por el Comi- 
té de investigaciones científicas del interior de la Guayana Holandesa, 
que trajo por consecuencia el estudio etnológico de los negros Bush que 
viven en las orillas del río Suriname, adonde fueron importados de Áfri- 
ca en otras épocas, llevando consigo el paludismo que está acabando 
con la población indígena de la región. Est£\ conclusión, descubierta por 
el teniente Flu, va á ser motivo, seguramente, de serias consideraciones 
del Gobierno Holandés, en bien de la conservación de la población in- 
dígena de la comarca, ya qixe en la Guayana británica, donde no hay ne- 
gros Bush, hay todavía trece mil indios. El teniente Flu descubrió igual- 
mente la existencia de líi filariosis en esa región, el modo como se trans- 
mite, y la acción maravillosa del salvarsán (606) sobre la «framboesía 
tropical,» pues en pocos días un hospital que contenía trescientos vein- 
tiocho pacientes atacados de esa enfermedad, tuvo cjue clausurarse por 
haber sanado todos con aquella droga. 

«.Nota sobre los salvajes del Canadá,» por el Sr. Alfonso Gagnon (de 
Quebec). En este trabajo el autor da cuenta del estado actual de la 
población de los aborígenes del Canadá, su condición económica, mo- 
ral é intelectual; refiere lo que el Gobierno hace para mejorar su suerte 
y los progresos realizados á este respecto. 

i' La protección de los aborígenes del Brasil,» por el Dr. M. de Olivei- 
ra Lima (de Río de Janeiro). El autor, después de referir lo que se ha 
hecho en el Brasil para proteger á la población aborigen desde los tiem- 
pos de la conquista, y los fracasos qvie han resultado de las prácticas 
establecidas, hace notar que recientemente se ha organizado un servicio 
regular, más racional y lógico, que consiste en la formación de grandes 



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LÁM. 13. 





B. 



ANTir.rmiADES Mexicanas existentks ex el MrsKO Bkitá.nico. 



A. — Cráneo de cristal de roca. 

B. — Vaso de alabastro provinieiite de la Isla de Sacrificios. 



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I 



161 

campamentos y vastas reservas, cons£if;rad()s exclusivamente á esos 
pueblos, que se encuentran ahora sometidos á una conducta propia. 
Uno de los primeros resultados benéficos de esta conducta, ha sido la 
pacificación de algunas de las tribus ijuerreras (dcaingang» en San Pa- 
blo, á lo largo del Ferrocarril del Noroeste. 

«Resultados científicos ele la Sección Etnológica de la Expedición 
Riahouschinsky de la Sociedad Geográfica Imperial de Rusia,» por el 
Sr. Waldemar Jochelson (de San Petersburgo). En 1808 la Sociedad 
Geográfica Imperial de Rusia organizó una expedición á Kamchatka, 
á expensasdelSr. F. ¡'.Riabouseliinsky, comprendiendo cinco secciones: 
zoológica, botánica, geológica, meteorológica y etnológica, la última 
de las cuales fué encabezada por el autor de esta memoria, habiendo 
incluido también en su programa el estudio de las Islas Aleucianas. En 
esta importante expedición, en que tomó pártela esposa del autor, mé- 
dica, como somatologista, se hicieron excavaciones en diversos lugares, 
encontrándose variados y valiosos implementos prehistóricos; se estu- 
dió el lenguaje aleuta, que es de origen esquimal, el folk-lore y el tipo 
físico de aciuel pueblo. En Kamchatka, se hicieron también excavacio- 
nes con resultados importantes; se encontraron varias relaciones entre 
el lenguíije de los nativos y algunos de los idiomas indios americanos y 
se descubrieron también muchas semejanzas, aun identidades, entre la 
mitología Kamchadal y la de los indios americanos del Noroeste. Esta 
interesante conferencia estuvo ilustrada con numerosas proyecciones 
fijas y con ocho cinematográficas, reprCvSentando estas últimas, diver- 
sas escenas típicas de las poblaciones indígenas de Kamchatka. Esta 
aplicación del cinematógrafo á la etnología, y en general á las expedi- 
ciones científicas, me parece particularmente interesante y me permito 
llamar la atención de esa Secretaría en cuanto á las ventajas induda- 
bles que resultarían de dicha aplicación para conservar en nviestro Mu- 
seo de Arqueología, Historia y Etnología documentos cinematográfi- 
cos en que se recogieríin muchas costumbres, danzas, prácticas religio- 
sas ó de la vida diaria, industrias, &, pertenecientes á nuestros pueblos 
aborígenes y que están desapareciendo de día en día. Tales documen- 
tos serían de un valor inestimable para los historiadores. 

En la Sección V, el subscrito Wó en la sesión efectuada la tarde del 
jueves 30 de mayo último, su trabajo sobre «La legislación mexicana 
sobre monumentos arqueológicos, \> del que me es honroso acompañar 
un ejemplar á este informe. El Sr. Dr. Boas, que presidía esa sesión, 
expresó, al terminar mi lectura, su gratitud al Gobierno Mexicano por 
todas las facilidades que siempre le había proporcionado al llevar á ca- 
bo sus investigaciones arqueológicas y etnológicas. 

Sección VI. — (tUna nueva serie de pinturas al óleo representando la 
mezcla de razas en México,» ])or el Sr. D. Franz Heger (de Viena). El 
autor habla de una quinta serie de pintviras, existente en el Departa- 

Anales. T. IV.— 21. 



162 

mentó Etnográfico del Aluseo de Historia Natural de Viena y provi- 
niente del antiguo Museo de Mirtimar, que puede añadirse á las cuatro 
que ya existían conocidas, en París, en el Museo Nacional de México y 
en el Museo Nacional de Historia Natural de Madrid. En la serie á que 
se refiere el Sr. Heger, hay diez pinturas, cada una de las cuales re- 
presenta á una familia, inclu^'endo los padres y su descendencia, cada 
uno desempeñando quehaceres diversos. Esta serie, desgraciadamente 
incompleta, presenta algunas variantes respecto de las anteriormen- 
te conocidas, en cuanto á las relaciones corresijondientes á las dife- 
rentes mezclas de razas. 

«Fray Diego de Landa, Inquisidor de los Indios en Yucatán, n por el 
Dr. D. José Toribio Medina (de Santiago de Chile). El erudito autor 
de esta memoria, á quien se deben importantes piiblicaciones, entre 
ellas «La Imprenta en México,» se ocupa en ella de la vida de Fr. Diego 
de Landa, aprovechando al efecto los datos que suministran los anti- 
guos cronistas, entre ellos López Cogolludo. Relata su modo de pro- 
ceder con los indios, las diligencias mandadas practicar á este respecto 
por el Consejo de Indias, los autos de fé celebrados por él, su proceso 
en España, su ascenso al episcopado, el amparo pedido ])or los indios 
ante la Audiencia de México y otros incidentes interesantes que termi- 
nan con la muerte del Inquisidor. 

«Un manuscrito español relativo á los Lacandones, en los Archivos 
de Indias de Sevilla,» por el Sr. Alfredo Marston Tozzer (de Harvard). 
En este trabajo se llama la atención acerca de la riqueza del Archivo 
de Indias en manuscritos interesantes, á pesar de lo cual poco se apro- 
vechan de ellos los países hispano-aniericanos. El autor presenta una 
traducción inglesa de una carta escrita en 1695, en Vera Paz, Guate- 
mala, en la que se puede uno dar cuenta, primero, de los métodos usa- 
dos por los españoles para inducir á los nativos á adoptar el cristia- 
nismo y, en segundo lugar, se conocen las antiguas costumbres del 
pueblo. El autor llama la atención especialmente sobre la gran seme- 
janza que existe entre la religión de los Chol-Lacandones de fines del 
siglo XVII y la de los Lacandones de habla maj-a de principios del XX. 

«El Gobierno de Don Manuel de Aniat, Virrey de Perú, 1 T61-1 776, v 
por el Sr. B. Glanvill (de Londres). En esta memoria se traza la bio- 
grafía de ese Virrey, cuya vida se dedicó á mejorar la situación del rico 
Virreinato que tuvo encomendado; sus medidas administrativas; sus 
expediciones organizadas para establecer puertos en islas, entre ellas 
las de Tahití, que, á pesar del interés del Gobierno Español, no pudie- 
ron ser colonizadas por descviido ó incapacidad de los siguientes virre- 
yes; sus actos caritativos, &., &., hasta su retiro y regreso á España, 
en donde acabó sus días, apartado de la vida pública, en Barcelona. 

«Apunte breve sobre algunas fuentes para la historia eclesiástica de 
Hispano-América en la primera época colonial,» por el Rev. Charles 
Warren Currier (de Washington). El autor da en su interesante me- 



163 

moría lina noticia de las ]irincipale.s fuentes en que puede hacerse la his- 
toría de la Ifílesia en la América Española en la primera época colonial: 
diversos escritores mexicanos (Mendieta, Torquemada, Dávila Padi- 
lla, Pérez de Rivas); un manuscrito orijíinal de la Biblioteca del Con- 
greso en Washington; «El Concilio Provincial de México en 1585;» la 
historia de Juan Díaz de la Calle, 3- otros muchos, de donde tal vez no 
muy tarde podrá salir esa historia, que tanto interés tiene en la de la 
colonización española en América. 



ü. — ExHIIilCION ARQUEOLÓGICA. 

Durante los días en cjuc se celebró el Congreso, estuvo abierta en 
uno de los salones de la Universidad de Londres una pequeña exhibi- 
ción arcjueológica no desprovista de interés. 

Entre lo que ahí estuvo expuesto puede citarse una colección de ma- 
pas del Valle de México, que comprendía: una copia del mapa sobre pa- 
pel de maguey-, de parte de la ciudad de México, existente en nuestro 
Museo Nacional; una vista del Valle en 1910, y la copia de un mapa de 
Alonso de Santa Cruz (1550), cuyo original está en la Biblioteca de la 
Universidad de Upsala, Suecia. 

Diversas fotografías de mapas y manuscritos relativos á México, 
existentes en el Archivo General de la Nación. 

Fotografías de las ruinas de Copan, de Tikal, de Chichén Itzá, de 
Palenc|ue, de Ouiriguá y de San Agustín (Colombia). 

Algunos objetos arqueológicos y etnológicos del Perú y Bolivia, y 
otros de la Guaj-ana Británica, distinguiéndose entre estos últimos una 
hermosa hacha de cristal. 

Una colección de pinturas de los frescos de Cliichcn Itzá, hechas por 
Miss A. C. Bretón. 

Diversos libros antiguos relativos á América y algunos contempo- 
ráneos, entre los cuales debe citarse especialmente la traducción ingle- 
sa hecha por el Sr. Maudsla}^, y cuidadosamente impresa, de la Histo- 
ria de México por Bernal Díaz del Castillo, publicada por D. Genaro 
García. 



7. — La Memoria del XVII Congreso. 
(Sección de México.) 

A solicitud del Sr. Lie. D. José Romero, Secretario que fué del XVII 
Congreso Internacional de .\mericanistas, jiresenté al XVIII Congreso, 
por conducto de su Secretario General, un ejemplar de la jMemoria de 
los trabajos de aquella asamblea en .su sesión de México (Congreso del 



164 

Centenario); habiendo hecho esa presentación en nombre de la Comi- 
sión de Publicaciones respectiva y en el del Goliierno Mexicano, bajo 
CUYOS auspicios se efectuó dicho XVll Congreso 3' se ha publicado la 
Memoria. 

Es justo, con este motivo, hacer notar la eficacia y oportunidad del 
Sr. Lie. Romero, pues pudo darse así cumplimiento á una práctica es- 
tablecida en estos Congresos, de tener publicada ya la Memoria res- 
pectiva cuando se reúna el siguiente. Y esto es tanto más satisfactorio 
cuanto que la República Argentina no ha llegado todavía á publicar la 
Memoria correspondiente á la sesión celebrada por el mismo XYII 
Congreso, en Buenos Aires, en mayo de 1910. 



8. — La Escuela Internacional de ARorEOLOGLi. 
Y Etnología Aíieric.\nas. 

Por indicación del Sr. Dr. Franz Boas, Secretario de la Junta Direc- 
tiva de la Escuela Internacional de Arqueología 3- Etnología America- 
nas, se reunieron el Sr. Dr. Eduardo Seler, Representante del Gobierno 
de Prusia en esa Junta; el Sr. Byron Gordon, Representante de la Uni- 
versidad de Pennsylvania, 3- el mismo Sr. Boas, que representa en dicha 
Junta á la Universidad de Columbia, para tratar de algunos asuntos 
pertenecientes á la Escuela referida. El que subscribe asistió igualmente 
á esa reunión, invitado por los tres representantes antes mencionados, 
por su carácter de Delegado del Gobierno Mexicano en el Congreso de 
Americanistas y por estar al tanto de la marcha de la Escuela. 

El Sr. Dr. Boas informó que en el presente año de trabajos, corres- 
pondía, según los estatutos, al Gobierno Francés, nombmr al Director 
de la Escuela; pero que como dicho Gobierno no había nombrado has- 
ta la fecha su representante en la Junta Directiva ni ratificado formal- 
mente su adhesión, y tampoco la Universidad de Harvard podía en 
este año hacer tal nombramiento de Director, proponía (el Sr. Boas) 
que se dirigiera atenta nota al Gobierno Mexicano para que él, si no 
encontraba en ello inconveniente, se sirviera designar al repetido direc- 
tor. La proposición del Sr. Boas fué aprobada, 3^ en tal virtud, se diri- 
girá oficialmente á esa Secretaría. 

El propio Sr. Boas informó después que, deseoso de aumentar los 
recursos de la Escuela y de ampliar lo más que fuere posible su esfera 
de acción, había comenzado á tratar de C[ue la Academia deCienciasde 
San Petersburgo tomara parte en los trabajos, habiendo hablado \-a, 
al efecto, con el Dr. Sternberg, Director del Museo de dicha Academia, 
quien se ofreció á iniciar las negociaciones. Iguales pasos había dado 
cerca del Gobierno de Ba viera y del Museo de Leipzig; 3- era de esperar- 
se que estas gestiones tuvieran resultados satisfactorios. 

Por último, el repetido Sr. Boas informó cjue, en unión del subscrito, 



AXAI.KS. — ToMci IV. 



LÁM. 14. 











Piezas de aharería del antiguo Perú, existentes en el 
Museo Británico. 



165 

había hablado con el Sr. Atnbrossetti, Delcsíado de la República Ar<ien- 
tina en el Congreso, jiara tratar de cjuc el (jobierno de esa ini])ortante 
nación participara igualmente en los trabajos de la Escuela Interna- 
cional de Arf(ueología y Etnología Americanas, lo cual sería muy inte- 
resíinte desde todos puntos de vista; habiendo jjrometitlo el Sr. Am- 
brossetti tlar, en su oportunidad, los pasos necesarios cerca de su Go- 
bierno, pensando que tíd vez éste acogería favorablemente la ideíi. 



9. — Visitas y excursiones. 

El Comité Organizador arregló una visita al Museo Británico, que 
se llevó á cabo el miércoles 29 de ma3'0 por la tarde. 

En el imponente edificio ocupado por el Aluseo, esperaba á los con- 
gresistas S. A. R. el Duque de Connaught, patrono del Congreso y uno 
de los «trustees» de ac[uella célebre institución, quien dio la bienvenida 
en términos expresivos. En seguida se distribuyó entre los concurren- 
tes una pequeña guía impresa especialmente para el caso, con ilustracio- 
nes, del Departamento de Antigüedades Americanas, qtie está á cargo 
del Dr. C. H. Read. Después, guiados por este señor, fuimos conduci- 
dos al rico departamento de manuscritos, en donde se guardan algu- 
nos mexicanos, la ma^-or parte de los cuales han sido publicados ya 
por Lord Kingsborough y otros americanistas. 

De ahí pasamos al Departamento de Antigüedades Americanas, pe- 
queño pero mu}- rico. En él se conservan piezas de diferentes lugares 
de América; pero entre lo más notable se encuentran varias piezas be- 
llísimas, incrustadas de mosaico de malaquita, turcjuesa y otras pie- 
dras, de las que no haj' siquiera un ejemplar en nuestro Museo Nacio- 
nal, y que forman parte de la riquísima colección de objetos de arte 
indígena enviados por Cortés al Emperador Carlos V; varias piezas de 
obsidiana igualmente importantes; un cráneo de cristal de roca, de ta- 
maño natural, cuA-a autenticidad, sin embargo, fué puesta en duda por 
mu3^ distinguidos profesores; una rica colección de alfarería de la Isla 
de Sacrificios y dos hermosos vasos de alabastro de la misma proceden- 
cia; una colección, igualmente rica, de alfarería peruana y otros más 
objetos tampoco desprovistos de interés. 

Debo hacer mención especial, sin emijargo, de varias lápidas rica- 
mente esculpidas, provinientes de Menché Tinamut, Bancos del Usuma- 
cinta, 3' llevadas de ahí al Museo Británico por el Sr. Maudsla3'enl893. 

Después de la visita al Departamento Americano, en donde los con- 
gresistas tuvieron oportunidad de estudiar los ejemplares y de cambiar 
ideas en el particular, la mayor parte de a((viéllos, entre los cuales se 
contó el que esto escribe, siguió visitando el riquísimo Museo Británico, 
cu3-as colecciones son de las más valiosas del mundo. 

El mismo Comité Organizador arregló dos excursiones para los 



166 

miembros extranjeros 3- delegados, alas célebres Universidades de Cam- 
bridge y de Oxford, siendo por cuenta de aquéllos el importe de los pa- 
sajes respectivos. 

La excursión á Cambridge se llevó á cabo el viernes 31 á las doce 
del día; los congresistas visitaron el nuevo Museo Arqueológico Ameri- 
cano que se está organizando en la Universidad y del c[ue sf)n ejempla- 
res importantes los moldes de varios monumentos de Copan, donados 
por el Sr. Maudslay; en seguida, formando pequeños grvipos, recorri- 
mos los principales colegios que componen la Universidad, admirando 
la espléndida organización de ésta y la bellezadesusedificiosyparques; 
á las cuatro de la tarde fuimos obsccjuiados con un té en el hall del 
Chirist's College, y después emprendimos el regreso á Londres. 

La excursión á Oxford, tan concurrida ó más chuela anterior, se efec- 
tuó el lunes 3 del actual; habiendo salido de Londres á las 9.45 a. m. 
en un tren esj^ecial añadido al ordinario de pasajeros. Llegados á la 
ilustre Universidad, fuimos conducidos á la arcaica y muy rica Biblio- 
teca Bodleiana, en donde pudimos ver diversos manuscritos mexicanos, 
los cuales también han sido publicados ^-a por Lord Kingsborougli y 
otros. Ahí supe C|ue se guarda igualmente un códice maya, aún inédito, 
que conoció j^a D. Francisco del Paso y Troncoso, quien tal vez piense 
publicarlo entre los Documentos antiguos que está publicando bajólos 
auspicios de nuestro Gobierno. 

Formando pequeños grupos, guiados por alumnos de la Universi- 
dad, comenzamos á visitar las diver.sas partes com])oncntcs de ésta, 
hasta las 12.30 en que acudimos á la «Convocation IIousc,)! en donde 
pudimos presenciar una interesante ceremonia: la imposición del grado 
de doctor honoris causa de la Universidad de Oxford, hecha por el Vice- 
canciller de la Universidad en favor de los Señores Franz Boas y Alfred 
P. Maudslay, por sus servicios á la ciencia. 

A la 1 de la tarde se sirvió en el «New College Hall» un huich, con 
que la Universidad obsecjuió á sus huéspedes. 

Terminado, los asistentes volvieron á formar diversos grupos para 
continuar la visita de los diversos Colegios (Trinity College, Brassnoi- 
se College, Magdalen College, &.) y para conocer el Museo Ashmolea- 
no, en donde se guarda una interesante colección de pinturas, otra de 
antigüedades y otra de reproducciones y moldeados. 

A las 4 se efectuó un garden-party en los jardines del «Somerville 
College,» habiéndose representado algunos bailes típicos por campesi- 
nos de Oxford. El té con que ftiimos obseciuiados los concurrentes fué 
galantemente servido por las señoritas alumnas del Colegio. 

A las 7.30 p. m. salía el tren de la estación de Oxford para Londres. 

Ambas visitas á las célebres ciudades universitarias y á sus benemé- 
ritas é ilustres instituciones, á quienes tanto debe el alma inglesa y el 
alma humana en general, dejaron, sin duda, honda huella en los congre- 
sistas, como la dejaron en el que este informe escribe. 



167 



10. — FlíSTiyoS SOCIALUS. 

Los ccjnjírcsistas fuimos agasajados de diversas maneras durante 
nuestra permaneneia en Londres. 

Además del té efeetuado el día de la sesión inaugural, del (|ue ya he 
hablado, y además de las inolvidables cxeursiones á las Universidades 
de Cambridge y de Oxford, se efectuaron otras fiestas, marcadas todas 
con el sello especial de la cortesía inglesa. 

El jueves 30, el Presidente del Congreso y el Comité Organizador 
ofrecieron un suntuoso banquete á los Delegados extranjeros, en el 
gran salón del Hotel «Trocadero,» con asistencia de varios miembros 
del Cuerpo Di¡)lomático acreditado ante la Corte de S. \l. Británica. 
Después del banquete, en el que hubo detalles interesantes ligados con 
las refinadas costumbres inglesas, brindaron el Presidente, el Ministro 
de Noruega, el Sr. Dr. Lafone Quevedo, delegado de la Argentina, y el 
Sr. Dr. D. Rafael Altamira, delegado de España, que estuvo particular- 
mente elocuente. 

Por último, el 4- del actual, en la noche, el Hon. Embajador de los 
Estados Unidos de América y su muy distinguida esposa, dieron una bri- 
llante recepción en honor de los miembros del Congreso, en el palacio 
de Dorchester que ocupa la Embajada Americana. Este suntuoso edi- 
ficio, uno de los mejores de Londres, que guarda una rica colección de 
pinturas de Velázquez, Rembrandt, Van Dyck, Alurillo, Rubens y otros 
grandes maestros, se vio lleno de distinguidísima concurrencia, que com- 
prendía á casi todo el Cuerpo Diplomático acreditado en Londres, á 
elevados jjersonajes de la nobleza inglesa, á hombres de ciencia como 
Sir William Crookes a- Sir Ernest Shackleton, y á millonarios conocidí- 
simos como Mr. Andrew Carnegie y Mr. J. Pierpont Morgan. Esta re- 
cepción fué un dignísimo broche de oro del XVIII Congreso Internacio- 
nal de Americanistas. 



1 1 . — Conclusión. 

He terminado mi informe. Señor Ministro, y esjjero cpie el desempe- 
ño de mi comisión sea del agrado del Sr. Presidente de la República, (jue 
se dignó confiarme tan honroso encargo, y de usted, siquiera por la bue- 
na voluntad con que me propuse hacerme digno de la representación 
que llevé, 3^ por el celo y el cariño con que siempre procuré dejar bien pues- 
to el nombre de nuestra patria muv^ amada. 

El Congreso de Americanistas de Londres no produjo ninguna co- 
municación sensacional, de esas capaces de coninover un continente. 
Tal vez por los trabajos en él presentados no esté llamado á ocupar, 



168 

desde el jmnto de vista científico, un lugar muy importante en la serie 
de esas asambleas. Pero es indudalílc que fué una reunión brillante, y 
que á ese brillo contribuyó mucho el esfuerzo del Comité Organizador 
3' el alto ambiente de Londres, la gran metrópoli británica. 

En todo caso, el resumen de mis impresiones personales se condensa 
en estas cuantas palabras: hay muchas gentes, de todas nacionalida- 
des, que se preocupan mucho y mu^- desinteresadamente por los proble- 
mas del Americanismo, y que dedican buena parte de su vida al estudio 
de ellos, sin que sea un obstáculo para ello lasexpediciones lejanas, difí- 
ciles y en ocasiones peligrosas que tienen que hacer en muchos casos. 
Es indispensable que nosotros los mexicanos, más interesados que na- 
die en estas cosas, tomemos ejemplo de esos sabios, de esos beneméritos 
trabajadores y que, siguiendo sus huellas, nos consagremos á exhumar 
las reliquias de nuestro pasado, de ese pasad o de donde arrancan la ftter- 
za y la virilidad de nuestra raza. Y es indispensable también C[ue a bra- 
mos nuestros brazos á los investigadores de buena fé, á los que tenien- 
do la ciencia por bandera, vengan á nuestro territorio á estudiar ese 
pasado nuestro; y (jue les facilitemos en cuanto sea posible su benemé- 
rita labor. 

Reitero á usted, Señor Ministro, las seguridades de mi atenta y res- 
petuosa consideración. 

A bordo del «Ltisitania,» entre Liverpool y Nueva York, junio 
de 1912. 

Alfonso Pruneda. 



Señor Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. 

México. 



íl- 



amCTiüS ÍÍNiS i GENEIW 



M 



POR 



CARLOS MAGIAS. 



Anales. T. IV —22. 




INTRODUCCIÓN. 



El hombre forma un todo que existe por el concurso de cada una de 
sus partes, por ésto debe estudiarse en el desarrollo de sus órganos físi- 
cos Y en sus facultades intelectuales, llevando este estudio, como fin 
práctico, el perfeccionamiento físico 3' el perfeccionamiento intelectual. 
Todas las ciencias que ayudan á la persecución de este fin constituyen 
la Antropología general. 

Un hombre nacido roljusto, creado en condiciones salubres, con nu- 
trición sana y abundante, cuj'o espíritu no sea agitado por los cambios 
de suerte y la presencia de enemigos, adquiere una organización física 
que realiza el ideal del primer género de perfección. 

La hal^ilidad que el ejercicio puede dar á nuestros órganos, nos hace 
aptos para llenar diversas funciones, siendo la educación física la que pro- 
duce el perfeccionamiento. Pero á más de ésto, nosotros nacemos con 
disposiciones más ó menos marcadas ó aptitudes naturales para tal ó 
cual ocupación; pero en todo caso se ve que sólo el ejercicio hace al ar- 
tista. Así, pues, si la herencia, el clima }• la nutrición son las condicio- 
nes del perfeccionamiento físico, la voluntad libre del hombre es el prin- 
cipio. 

Las influencias físicas é intelectuales se neutralizan ó se dominan se- 



172 

gún los casos, no estando bien marcados los límites de estos dos órde- 
nes de influencias. 

El entendimiento es perfectible lo mismo que nuestros órganos, pero 
también nacemos más ó menos bien dotados de inteligencia y más ó me- 
nos susceptibles de diferentes grados de desarrollo, siendo el estudio para 
la inteligencia, como el ejercicio para el desarrollo de los órganos físicos. 

Dentro de la Antropología general hay una ciencia que se ocupa del 
conocimiento de los pueblos y á la que se ha llamado Etnología. 

La definición de la Etnología es un asunto en el cual ha^- diversas 
opiniones, confundiéndola algunos con la Etnografía ó ciencia descrip- 
tiva de los pueblos; otros con la Etno-psicología ó estudio de las facul- 
tades intelectuales de los mismos, y otros, en fin, con la Antropología 
general, que se ocupa de fijar las le^-es que rigen al hombre en todas sus 
relaciones con el medio que habita. 

Opiniones muy respetables son todas; pero dada la diversidad de con- 
ceptos, se hace necesario formar un criterio particular que le sir^aáuno 
de guía en los estudios é investigaciones de esta clase, por lo que me to- 
mo la libertad de manifestar en este trabajo el criterio que durante mis 
estudios he fonnado respecto al campo ó concepto de la Etnología. 

El presente estudio se divide en dos partes, que, como se ve por los 
ligeros apuntes anotados, se refieren :1a primera al estudio de los carac- 
teres físicos, 3" la segunda al de los caracteres intelectuales, haciendo 
antes un capítulo aparte, intitulado: 



CONCEPTO DE LA ETNOLOGÍA. 

La Etnología es una rama de la Antropología general, que se ocupa 
del conocimiento de los pueblos. (Etnos, pueblo y 7oo-os, conocimiento.) 

Como se ve, la etimología de la palabra indica que la Etnología se 
ocupa del conocimiento de los pueblos, sin expresar bajo qué punto de 
vista. 

Acabamos de decir que el conocimiento del hombre no se adquiere 
solamente por el estudio de sus caracteres físicos, sino que es también 
necesario atender á sus caracteres intelectuales; es decir, debe conocerse 
su cuerpo y sus tendencias psíquicas, para poderlo distinguir de la ma- 
nera más clara y completa posible. Bajo este concepto, parece á prime- 
ra vista que se confunde la Antropología general con la Etnología, mas 
es bien clara la diferencia que existe enere una y otra ciencia, como en 
seguida trataré de demostrarlo. 

Para demostrar que la Antropología general es distinta de la Etno- 
logía, son necesarias algunas consideraciones respecto al campo de va- 
rias ciencias, perfectamente establecido. 

La Historia Natural abarca el conocimiento de todos los seres natu- 
rales, encontrándose éstos divididos en minerales v orgánicos. 



Anai.ks. — Tomo IV. 



LÁM. 15. 





Fig. 1. 
Esqueleto ue Goril.\. 



Fig. 3. 
Esqueleto de Ho.müre Europeo. 




Fig. 2. 
C.vl.weka de Gokii.a. 



173 

La Biología (conocimiento de la vidíi) se ocupa de los seres orgáni- 
cos y se divide en general y especial, ocupándose la general, de los prin- 
cipios fundamentales de la vida, y la especial, de las plantas y de los 
animales (Zoología y Botánica). 

La Zoología ó estudio de los animales se divide también en general 
y especial, comprendiendo la primera todas aquellas cuestiones que afec- 
tan ala vida y organización de los seres zoológicos, tratando de adaptar 
los principios generales de la Biología á los organismos animales. 

La Zoología especial se ocupa de clasificar los seres, analizando su 
organización, su género de vida, sus formas; aplica los principios de la 
Zoología general á cada agrupación de animales y aun á cada animal, 
si tal extensión se quiere dar á este estudio. Como el estudio del hom- 
bre tiene importancia excepcional, con él se forma, dentro de la Zoolo- 
gía, una parte que recibe el nombre de 'Antropología. 

La Antropología, como lo indica su fundador B. Broca, «es la histo- 
ria natural del género humano,» abarcando, por consiguiente, al hom- 
bre bajo todos sus aspectos y bajo todas sus relaciones con el medio que 
habita. Se trata en ella de fijar las reglas generales ó leyes que rigen ala 
humanidad relacionada entre sí y con el medio ambiente. De la misma 
manera que la Biología general se ocupa de estudiar los fenómenos funda- 
mentales de la vida, la Antropología estudia estos mismos fenómenos, pe- 
ro relativos únicamente al hombre, en el sentido extensivo de la palabra. 

La Etnología es, dentro de la Antropología general, una ciencia de 
especialización, ocupándose de aplicar las leyes antropológicas al estu- 
dio de los pueblos, siendo éstos las agrupaciones accidentales del género 
humano. Por tanto, la Etnología es á la Antropología, como la Biolo- 
gía especial lo es á la Biología general; como la Zoología especial es á 
la Zoología general. 

No puede considerarse á la Zoología como una ciencia puramente de 
clasificación, puesto que las clasificaciones zoológicas solamente forman 
uno de los capítulos de la Zoología. 

En resumen, la Antropología se ocupa del estudio del género huma- 
no de un modo general, y la Etnología se ocupa del estudio de los ca- 
racteres distintivos de los pueblos, estudiando cada grupo en particu- 
lar y comparando unos con otros. Por ejemplo: la Antropología nos 
explica las causas que modifican la coloración de la piel en los seres hu- 
manos; las le3-es de la herencia que rigen los cruzamientos; las causas 
que modifican el estado social, pero sin referirse á una sola raza en par- 
ticular. Mientras que la Etnología nos dice que entre tales ó cuales ra- 
zas ha}- éstas ó aquellas semejanzas ó diferencias, deducidas del estudio 
de los caracteres físicos é intelectuales de cada raza en particvxlar. 

Los caracteres distintivos de los pueblos se dividen en dos catego- 
rías: caracteres físicos y caracteres intelectuales, formando ambos los 
dos grandes capítulos de la ciencia etnológica. 



174 

PRIMERA PARTE. 

Estudio de los caracteres físicos. 

Para el estudio de las razas humanas puede segnirse el mismo cami- 
no que sigue el zootecnista para el estudio de los animales domésticos. 

En Zootecnia, antes de dar á conocer las formas del cxierpo en una 
raza bovina, por ejemplo, se insiste sobre el desarrollo másemenos no- 
table de los sistemas huesoso y muscular; sobre la ma^-or ó menor ap- 
titud para la engorda; sobre las cualidades para producir leche; sobre la 
predisposición para contraer algunas enfermedades ó para resistir- 
las. Es decir, que al lado de los caracteres exteriores se colocan los ca- 
racteres físicos, deducidos de la anatomía, de la fisiología y de la pato- 
logía. 

Si se trata de una raza canina, se habla de sus instintos para la ca- 
za, de su habilidad para correr; del desarrollo de sus facultades de gra- 
titud 3' obediencia para con el amio; es decir, que á los caracteres físicos 
se agregan los intelectuales. 

M. Cuvier, en su doctrina de los caracteres dominantes, indica que 
debe atenderse en primer lugar á los caracteres intelectuales, cuando se 
trata del estudio del hombre, y por ésto se considera en primera catego- 
ría á las poblaciones en las cuales esta clase de manifestaciones han 
alcanzado el más alto grado de desarrollo. 

En Etnología, como en Zoología y Botánica, se recurre también al 
método natural, tomando en consideración los caracteres más genera- 
les y persistentes. 

Los caracteres físicos parecen ser menos variables que los intelectua- 
les, pues bien sabido es que un individuo puede en poco tiempo avanzar 
ó descender en la escala social, cambiar de lenguaje, de religión y de cos- 
tumbres, sin que los caracteres tomad os de su organismo físico se trans- 
formen. 

Los caracteres físicos presentan entre sí una cierta jerarquía, según 
sus grados de persistencia en los individuos. En algunas generaciones 
las aptitudes patológicas y las particularidades fisiológicas propias de 
una raza, se alteran ó transforman bajo la influencia del medio, lo mis- 
mo que los caracteres exteriores, como los rasgos de la fisonomía, la 
estatura, el color, etc. En cambio, las diferencias craneanas originales 
persisten ó reaparecen por fenómenos de atavismo, en un niimero más 
ó menos considerable de individuos, puesto ciue algunas calaveras, bien 
caracterizadas, mezcladas con otras de la misma procedencia, pero de 
un tipo diferente, muestran que es posible reconocerlas. 

Cuando se trata de razas, los caracteres más fijos y por consiguiente 



175 

más generales, no tienen el mismo valor que cuando se trata de espe- 
cies, siendo en algunos casos, aun los caracteres craneológicos, insu- 
ficientes para los estudios. 

El estudio de la evolución humana puede indicar las causas inmedia- 
tas productoras de las diferencias que distinguen nuestras razas, bajo 
el punto de vista físico. Esta evolución se lleva á efecto bajo la influen- 
cia del medio ambiente, siendo sobre este particular muy interesantes 
las experimentaciones llevadas á cabo por la escuela transformista, por 
lo (|ue estudiaremos á grandes rasgos lo relativo al 



Origen primario de la especie humana. 

Las teorías transformista s tienen de común que todas ellas hacen 
derivar las especies superiores de las inferiores, por medio de transmu- 
tación, admitiendo algunos autores la transformación brusca y otros 
la transformación lenta. 

En la primera hipótesis se admite que una madre perteneciente á una 
especie dada, en lugar de producir hijos que se le parezcan, da otro tipo 
que sirve de punto de partida para la formación de una especie nueva, 
de un género y aun de una clase distinta á aquella de la cual formó par- 
te. M. Geoffroy Saint Hilaire admitió que ima ave puede salir del huevo 
de un reptil. 

La transformación lenta requiere x\n número indefinido y considera- 
ble de generaciones, las que se van apartando poco á poco del tipo de 
origen ó tipo primitivo. Lamark fué en realidad el primero que abrió 
camino al transformismo, siendo después sus ideas completadas por 
Mr. Darwin, quien por no haber conservado en toda su pureza la doc- 
trina del maestro, dio lugar á la fonuación del llamado Darwinismo. 

El punto de partida para Mr. Darwin es un prototipo organizado 
que no es, propiamente hablando, ni animal ni vegetal. Sus descendien- 
tes son poco á poco caracterizados hasta que unos adquieren los caracte- 
res esenciales del animal y otros los del vegetal, siendo de esta manera 
constituidos los dos tipos fundamentales que, en virtud de la ley de ca- 
racterización permanente, el primero no tendrá por descendientes más 
que animales y el segundo vegetales solamente. 

El homljre actual, según la doctrina darwinista, es considerado co- 
mo un antiguo pitecoide, derivado de los monos catarrinianos. Cuan- 
do se comparan aisladamente y término á término los elementos anató- 
micos del hombre y de los monos superiores, se encuentran muchas se- 
mejanzas, pero también algunas diferencias considerables y muy signi- 
ficativas. En el hombre, los miembros inferiores y todas sus dependencias 
sobrepasan rauy notablemente á los miembros superiores ó torácicos, 
siendo ésto contrario á lo que pasa en los monos. Este contraste es tan- 
to más palpable, cuando que los tipos de monos son más elevados, co- 



176 

mo el gorila y orangután, por ejemplo. Cada hueso del gorila lleva una 
protuberancia por la cual pueden distinguirse de los huesos humanos 
correspondientes. Bajo el punto de vista de la teratología, resulta que 
los monos superiores no llegan al nivel de la microcefalía de las razas 
humanas, por lo que el hombre posee el desarrollo cerebral que lo sepa- 
ra de los monos. Todas estas diferencias tan marcadas 3- que pueden 
notarse fácilmente en los dibujos respectivos que ilustran el presente tra- 
bajo, han dado lugar á la investigación de una forma intermedia entre 
el hombre y los monos, siendo el descubrimiento de Dubois, de unos res- 
tos que no se han podido colocar de una manera segura en alguna de 
las dos categorías, los que iiltimamente más han llamado la atención. 
Sin embargo, parece que todavía no ha3' nada seguro sobre este parti- 
cular. 

Según Air. Darwin, un tipo específico, una vez constituido, da naci- 
miento á variedades que se propagan 3- se caracterizan cada vez más, 
siendo solamente después de siglos 3- por accidente, cuando se verifica 
la separación de las razas, constitu3-endo éstas, especies en vía de for- 
mación. 



Particularidades distintivas que resultan del estudio del organismo. 

Los caracteres físicos, distintivos de las razas, se dividen en: exterio- 
res, anatómicos, fisiológicos 3' patológicos. 

1. — Caracteres exteriores. — Entre estos caracteres se encuentran en 
primer lugar las particularidades que presenta el conjunto de los cabe- 
llos ó cabellera 3- los caracteres de los cabellos, considerados aislada- 
mente. Los cabellos no solamente suministran datos más ó menos se- 
guros para la caracterización de los grupos fundamentales de la huma- 
nidad, sino que dan ignalmente datos para distinguir las razas secun- 
darias. Humboldt observó en América la persistencia de la cabellera 
indígena, después de varias generaciones y á pesar del cruzamiento con 
los blancos. 

La cabellera puede ser: lisa, ondulada, bucleada, rizada 3- lanosa, 
siendo éstos los principales tipos. 

El estudio de los cabellos, considerados aisladamente, suministra 
diferencias microscópicas mu3- interesantes: la forma de la sección trans- 
versal puede ser redonda, elipsoide, triangular, etc., siendo mu3' persis- 
tente. La coloración de los cabellos debe también tomarse en cuenta 
entre los caracteres distintivos; esta coloración puede apreciarse por 
medio de las tablas crojnáticas de AI. Broca. 

El color de la piel ha tenido gran importancia desde hace mucho 
tiempo, según lo confirman los nombres generalmente dados alas razas 
ó tipos fundamentales de la humanidad: blanca, amarilla, cobriza 3' ne- 



Anales. — Tomh IV. 



LÁM. K). 




Fis. 4-. 

jiiviíN .\kka (.\i-iii(, a). I'I(;mi:ii. 

(Se ve tiuo liis iiiioiiiliriis Idráclcos siiii 

cnsi (k- iííual longitud (jiif los 

alKliiiiiiiialts.) 




Fig. r>. 

Tiro DE CABELLERA LISA. 




Fig. G. 
Tipo de cabellera o.ndilada. 




Fig, 7. 

Tiro DK CABELLERA [IICI.EADA. 




Fig. S. 

TlIM) DE CABELLER.V RIZADA. 



Anales.— Tomo IV. 



L.Í.M. 17. 




Fig. 9. 

Tll>0 HE CABELLERA LA.NOSA. 





Fig. 10. 

Cráneo Braquicéfalo. 



Fig. 11. 
Cráneo Dolicockfalo. 





Fig. 12. 



1. — Cráneo de Negro. 



2. — Cráneo di; Mongol. 



177 

gra. Sin cmbnruo, la coloración de la piel es muy variable, pues basta 
que un individuo cambie de clima para que su color se modirtque masó 
menos visiblemente. 

La expresión general de los ojos y el color del iris, son caracteres 
que se transmiten con gran persistencia. 

El conjunto de la cara ó fisonomía, constituyela distinción cjue cada 
uno estalilece instintivamente entre las diversas razas humanas. 

La estatura cambia no solamente por la edad y el sexo, sino que va- 
ría también según la influencia de los agentes exteriores, pero sin que 
estas variaciones pasen de ciertos límites impuestos por cada raza. Se 
admite, en general, que la estatura normal varía entre 125 y 199 centí- 
metros; abajo de 125 comienza un estado anormal que se llama enanis- 
mo y arriba de 199 es también un estado anormal llamado^/^o-ant/smo. 
La estatura varía en vm mismo individuo, aun cuando ha^'a llegado al 
límite del crecimiento, habiéndose observado que, en la mañana, en los 
momentos de levantarse, hay un aumento de uno á dos centímetros, 
siendo este aumento ficticio, según se puede ver verificando la medida 
en la noche, cuando los discos fibrocartilaginosos, situados entre las 
vértebras, han sido comprimidos por el peso del tronco. M. Tojjinard 
propone la división de la estatura en cuatro grupos, que son: 

Pequeña abajo de 160 cmts. 

Menor que la media entre 160 3' 165 cmts. 

Ma3'orque la media entre 165 y 167 cmts. 

Grande de 170 cmts. en adelante. 

En el sexo femenino se considera ellímite práctico del crecimiento en- 
tre los 17 y 23 años, a' en los hombres, de los 24 á los 29 años. Se ha 
observado, en casi todas las razas, que la estatura de la mujer es doce 
centímetros menor que la del hombre. 



2. — Caracteres anatómicos. 

Bajo el punto de vista anatómico, el esqueleto es el que suministra 
el mayor número de datos para distinguir las razas humanas, siendo 
los caracteres del cráneo los más importantes. 

Las partes blandas del organismo dan iónicamente datos dudosos 3- 
variables. Así, se sabe de una manera general, ((ue en el negro el siste- 
ma nervioso periférico, la porción venosa, el aparato circulatorio y 
el conducto de los órganos glandulares, son relativamente más desarro- 
llados que en el blanco. Pero, por una parte, estos caracteres no se pres- 
tan á una medida precisa y, por otra, no se ha hecho la comparación 
sino tomando como referencia las dos razas extremas. Solamente el en- 
céfalo indica variaciones persistentes respecto á peso, en las distintas 

A.NALES. T. IV —23. 



178 

razas, y se ha llegado á demostrar que este peso no está siempre en re- 
lación directa con el desarrollo de la intelitíencia. 

Los caracteres que pueden observarse sobre el cráneo, se dividen en 
descriptivos y craneométricos, refiriéndose los primeros á la conforma- 
ción y los segundos á las dimensiones. 

El cráneo es la parte del esqueleto que presenta en sus variedades la 
ma^'or persistencia, siendo las diferencias en la forma y en las dimen- 
siones, en correkición con las del cerebro y las de los órganos mastica- 
(lores, las que sirven para distinguir las razas y las especies, tanto en el 
hombre como en los otros vertebrados. Por el estudio del cráneo pue- 
de distinguirse el sexo, atendiendo á los siguientes datos: en la mujer el 
hueso frontal es casi paralelo al eje vertical de la cabeza, y de superficie 
ligeramente bombeada ó convexa; la cavidad craneana, más reducida 
que en el hombre; los bordes orbitarios más cortantes, las salientes 
muscvilares menos marcadas, y el peso del cráneo, en general, menor, 
comparado con otros masculinos de la misma edad y de la misma raza. 

La capacidad craneana normal varía entre 1100 y 2200 centíme- 
tros cúbicos, en todas las razas humanas. 

La forma general del cráneo es un ovoide, pero este ovoide puede ser 
más ó menos arredondado ó alargado, presentando dos formas extremas 
que se distinguen con los nombres de braquicefalía y dolicocefalía. La 
primera se refiere á los cráneos cortos en donde los diámetros transver- 
so y antero-posterior máximos, tienden al equilibrio, y la segunda se 
aplica cuando el diámetro antero-posterior es mayor cjue el diámetro 
transverso. (Figs. 10 3' 11.) 

La expresión numérica del cráneo se expresa en el llamado índice ce- 
fálico, el cual se obtiene multiplicando el diámetro transverso máximo, 
por 100, y dividiendo el residtado por el diámetro antero-posterior má- 
ximo. Según el índice obtenido, se clasifica al individuo valiéndose de 
la tabla formada por M. Topinard, en la que se encuentran subdivisio- 
nes de las dos formas extremas de la bóveda craneana, siendo éstas las 
siguientes: Ultradolicocéíalos, Dolicocéfalos verdaderos, Sub-dolicocé- 
falos, Mesaticéfalos, Sub-mesaticéfalos, Braquicéfalos, Sub-braquicéfa- 
los y Ultraljraquicéfalos. 



3. — Caracteres ñsiológicos. 

Como pertenecientes á la misma especie, todos los seres humanos 
poseen una naturaleza fundamentalmente idéntica. Pero las razas no 
han podido ser constituidas sin qtie este fondo común se modifique, y de 
estas modificaciones ha resultado para cada una lo que pudiera lla- 
marse naturaleza adquirida. 

La influencia déla temperatura se manifiesta sobre la mayor ó menor 
precocidad. Según M. Ouatregafes, cada grado de latitud abate un po- 



179 

co más de un mes líi edad á la eual, la mujer es púber, observándose el 
máximo de retardo (de 18 á 20 años) en algunas tribus de la América- 
boreal, }• el mínimo (de 10 á 12 años) en las regiones intertropicales de 
los dos continentes, siendo la duración de la gestación exactamente 
la misma en todas las razas humanas. La mayor ó menor rapidez del 
desarrollo, acusado por la edad de la jiubertad, parece no ejercer nin- 
guna influencia sobre la duración de la vida. 

El estudio de las funciones de la respiración, la circulación, digestión, 
etc., no suministra datos seguros ]iara las clasificaciones raciales, por- 
que estas funciones se encuentran expuestas á multitud de variaciones, 
según multitud de causas enteramente locales. 



4. — Caracteres patológicos. 

Como los agentes patógenos obran sobre lo (|ue tienen de común 
las distintas razas humanas, provocan en todas ellas necesariamente los 
mismos efectos; pero las aptitudes especiales de cada raza modifican su 
acción, atenuándolos ó exaltándolos. En suma, las diversas formas de 
enfermedades resultan de tres factores esenciales: la causa productora 
del mal; la naturaleza original de la raza y la naturaleza adquirida por 
la misma. Por esto se observa que los mismos agentes morbosos ejer- 
cen una acción más ó menos enérgica, según las razas. Así, por ejemplo, 
las fiebres palúdicas tienen mayor acción en los blancos C[ue en los ne- 
gros, siendo la mortalidad de los primeros de 36 por mil, y en los se- 
gundos solamente de cuatro por mil, según observaciones hechas en 
América por AI. Boudin. 

Cada raza tiene sti temperamento patológico propio, pudiendo éste 
modificarse bajo la acción de nuevas condiciones de existencia. Una ra- 
za transportada á un medio nuevo y al principio j^erjudicial para ella, 
con el transcurso del tiempo se aclimata, adquiriendo de esta manera 
las inmunidades que le faltaban. Los mestizos adquieren la inmunidad 
por herencia, según lo demuestra el hecho de que un cuarto de sangre 
negra, según la opinión del Dr. Nott, basta para ponerlos al abrigo de 
la fiebre amarilla. 

Las innnmidades patológicas lo mismo pueden ganarse que perder- 
se bajo la influencia del medio ambiente en que se encuentre colocado el 
individuo, por lo que los caracteres patológicos tampoco ]meden tomar- 
se como datos seguros en la clasificación de las razas. 



180 



SEGUNDA PARTE. 
Caracteres intelectuales. 

La suma de las facultades intelectuales de los pueblos, constituyen 
su grado de civilización. 

En los pueblos naturales ó salvajes, como les llaman algunos, se no- 
ta la falta de unión entre los coetáneos, siendo esta desunión un sig- 
no muy marcado de un grado bajo de cultura. En cambio, á medida 
que la civilización aumenta, se nota en relación directa el desenvolvi- 
miento de una cohesión íntima de las generaciones, por lo que se han 
dividido los pueblos en incivilizados, seinicivilizados y cultos, según el 
grado de cohesión que en ellos exista. Los caracteres principales que 
sirven para marcar el grado de civilización de un pueblo, son: el lengua- 
je, el estado social y las costumbres, debiéndose estudiar estas últimas, 
tomando siempre en cuenta los elementos naturales ó materias primas 
de que se disponga para observar el genio de los individuos, en los pro- 
cedimientos para utilizarlas, á fin de satisfacer sus necesidades. 



1 . — Lenguaje. 

Entre los caracteres intelectuales es al lenguaje al que se ha dado 
maj'or valor. El lenguaje articulado es una facultad especial que la na- 
turaleza ha dado al género humano; sin embargo, lo relativo á su ori- 
gen es todavía en la actualidad mu}' discutido. Pero desde luego los ór- 
ganos productores de la voz tienen la misma forma y composición en 
todos los hombres, variando únicamente en las combinaciones que se 
llevan á efecto con los sonidos, dando lugar á la formación de las diver- 
.sas lenguas, susceptibles de períecciona miento. 

Las lenguas más perfeccionadas serán aquellas que han alcanzado 
un mayor grado de evolución, contando, por lo tanto, con ma3'or nú- 
mero de palabras para la designación de los objetos. 

Siendo explicada la génesis del lenguaje como un don que la natura- 
leza ha dado al género humano, el perfeccionamiento será adquirido 
por medio de la observación y el estudio, originados por la necesidad 
que tenemos de comunicamos en nuestras impresiones y anudarnos pa- 
ra la satisfacción de nuestras necesidades. 

Se nota cierta armonía entre los resultados que se obtienen por el 
estudio de las lenguas para la determinación de un grupo étnico y los 
que se obtienen por el estudio de los caracteres físicos; pero es mejor to- 



Anales. — Tomo IV. 



t *~ 



LÁM. IS. 




Fig. 13. 
Cr.í.neo de Olmeca. 




Fig. 14. 
Cráneo de Yucateco. 



181 

mar el mayor número de cfiracteres distintivos, á fin tic (|ueladistinción 
sea completa. 

Los idiomas ó lenguas han sido clasificados en tres grupos: monosi- 
lábicos, aglutinantes y de fiexión. 

En las lenguas monosilábicas, las raíces de las palabras son invaria- 
bles, es decir, que no hay declinación ni conjugación, como por ejemplo, 
en la lengua China, que es monosilábica pura. 

En las lenguas aglutinantes las palabras son formadas por la unión 
de varios elementos que cada uno tiene su clasificación y que, en conjun- 
to, tienen im significad o puramente relativo. La lengua americana pue- 
de citarse como ejemplo de aglutinantes puras. 

Las lenguas de flexión difieren de las aglutinantes en que la raíz de 
las palabras puede ser modificada en su forma, para expresar sus rela- 
ciones con otra raíz. Las lenguas Grecolatinas son de flexión. 

Existen, además, lenguas de transición entre los grupos principales 
que acabamos de citar. 

La escritura, ó sea el conjunto de sigTios que sirven para fijar las pa- 
labras, no constituye un carácter etnológico, toda vez que, como se sa- 
be, son usados los mismos signos por multitud de razas diferentes. 



2. — Estado social. 

El hombre, aim en sus jirimeras épocas de existencia, nunca vivió 
completamente aislado, pues sin medios suficientes de combate para de- 
fenderse de los animales feroces, necesitaba la unión con sus semejantes, 
lo mismo que para cumplir con sus instintos genésicos tuvo cjue unirse 
con la mujer. 

La primera forma de la sociedad humana se presenta en la familia, 
que en su forma más simple es la unión de un hombre^- una mujer. Aun 
cuando en algunos pueblos la poligamia se halle muy extendida, por re- 
gia general la formación de la familia comienza por la admisión de una 
sola mujer en la casa del hombre. 

La vida en común de varias familias, da lugar á la formación de la 
Tribu, en la que se reconoce, por lo general, á un hombre como jefe, con 
lo que se inicia una organización social más avanzada. Después, la 
unión de varias tribus ó el gran desarrollo de una tribu sola da lugar á 
la formación de xin pueblo, siendo la reunión de varios pueblos la que cons- 
tituye una nación, cuyo organismo político, á primera vista tan compli- 
cado, es en esencia la forma original de asociación, puesto que se reco- 
noce también un jefe como principal. 

El estado social que se deriva evidentemente de las facultades inte- 
lectuales, no debe tomarse como carácter de raza, puesto que fácilmen- 
te se transforma más ó menos espontáneamente, ó bajo la inflviencia, ó 
por imitación de algún pueblo extraño. Las consideraciones que pue- 



182 

den sacarse del estado social, muestran en toda la humanidad que sus 
tendencias ó predisposiciones naturales son las mismas, cualquiera (|vie 
sea el pueblo que se considere, y solamente atendiendo á su grado de 
evolución, pueden dividirse los pueblos en cazadores, pescadores, pasto- 
res y agricultores. Las naciones más adelantadas seguramente han pa- 
sado por estas etapas de la civilización. 

La variedad en los diversos grados de la civilización, se revela prin- 
cipalmente por las instituciones y las costumbres, siendo estas últimas 
las que suministran los mayores datos para los estudios de Etnolo- 
gía. 

La Historia de los pueblos presta importantísima ayuda en todas 
las investigaciones etnológicas, constituyendo la guía más segura para 
aclarardudasj' relacionar unos hechos con otros. Pone de manifiesto los 
grandes movimientos de los pueblos; las emigraciones que han efectuad o; 
las guerras que los han aproximado y mezclado, haciendo comprender, 
de una manera clara, la naturaleza mixta ó meztisaje de la mayor par- 
te de las poblaciones actuales. 



3. — Las costumbres. 

Como acabamos de decir, el estudio de las costumlares suministra muy 
importantes datos para apreciar el grado de civilización de un pueblo, 
debido á que se encuentra en ellas la manifestación de la inteligencia, 
llevando como fin todas las ocupaciones del hombre, asegurar su sub- 
sistencia y procurarse el mayor número de comodidades. 

Para el estudio de las costumbres se ha intentado seguir un Cuestio- 
nario donde se encuentran numerados los datos que deben recogerse y 
la interpretación que debe dárseles. Los estudios que he visto formados 
bajo la dirección de dicho Cuestionario, resultan cansados en su lectu- 
ra y no se manifiesta en ellos el criterio del que escribe, cuyo criterio 
debe ser aplicado en cada caso en particular. 

En general, el estudio de las costumbres comprende nueve cuestiones, 
que son las siguientes: 

1 . — Alimentación. 

2. — Habitaciones. 

3. — Vestido 3' adornos. 

4. — Caza y pesca. 

5. — Agricultura y ganadería. 

6. — Industria 3- comercio. 

7. — Medicina. 

cS. — Religión y supersticiones. 

9. — Fiestas 3- placeres. 



183 

Con el estudio de estos nueve puntos, cu3'a apreciaeión debe hacer- 
se en cada caso particular, se obtienen los datos necesarios para la dis- 
tinción de los pueblos, según su Lirado de cultura. 



RESUMEN. 

La Etnología comprende el estudio de los caracteres distintivos de 
los pueblos, cuyos caracteres se dividen en Físicos é Ixtelecti".\i.es. 

La Etnología está basada en la Etnografía y la Antropología gene- 
ral, puesto que la primera da el conocimiento descriptivo de los pueblos, 
y la segunda indica las causas que intervienen en la formación de los 
caracteres raciales. 

México, Septiembre de 1909. 



IS^ 



MIGCEL Um y JOSÉ JIMIA AHilNTA, 

PRIMEROS MÁRTIRES DE LA INDEPENDENCIA EN OAXACA, 

POR K. AMADOR. 



Anales. T. IV— 24. 



\% ( 




En un pequeño trabajo C|ue con el título de: Los Caudillos de la In- 
dependencia ante el Patíbulo presenté en el Concurso Histórico á C|ue 
el Museo Nacional de Arqueología convocó el año de 1909, figuran 
unos breves apuntes relativos á los patriotas Miguel López y José Ma- 
ría Armenta, cuyos nombres de bautismo ignoraba yo entonces, á pe- 
sar de las empeñosas investigaciones que hice para conocerlos y para 
adquirir datos referentes al lugar de su nacimiento y á algunas otras 
circunstancias de la vida de dichos individuos. 

Después de publicado el referido trabajo en el tomo III de los Ana- 
les del Museo, ha venido á mis manos im interesante manuscrito que el 
Sr. Lie. D. Cecilio A. Róbelo, Director de dicho Museo.se sirvió propor- 
cionarme, y como ese documento, que lleva el título de Escarmiento y 
Desengaño de Insurgentes, contiene algunos datos importantes relati- 
vos á López y á Armenta, creo conveniente y necesario reconstruir ó 
ampliar, á instancias del Sr. Róbelo, el breve artículo que á esos infor- 
tunados patriotas consagré en el trabajo á que antes me refiero, y del 
que debo reproducir aquí la parte más esencial. 

En el manuscrito mencionado se dice lo siguiente; «Miguel López, 
arriero, 3' José Maria Armenta, Sargento sastre naturales del rancho 
del Cacalote junto á Puruandiro en la Provincia de Vallad olid, fue- 
ron destinados por el ajjostata tra^'dor y cabecilla de rebeldes Miguel 
Ydalgo y Costilla, cura que fue del Pueblo de los Dolores, para venir á 



188 

■sublevar y saquear la Provineia de Oaxaca. Al primero le dio en 23 de 
Octubre de 1810 en Acambaro el título de Coronel, quien trajo consigo 
en clase de su Seuundo á Amienta, en el camino cogvneron (sic) en cali- 
dad de mozo á Sebastian Pérez, arriero del mismo Parage.» l 

El historiador D. Carlos M. Bustamante refiere que un F. Calderón, 
guardacaminos en la Cuesta del Rey, fué (¡uien acompañó á López y á 
Armenta á Oaxaca, y que después perdió el juicio 3' murió lastimosa- 
mente en la cárcel. {Cuadro Histórico, tomo I, Carta 24, p. 5.) 

Fácil es comprender á primera vista, ciue el autor del citado manus- 
crito era algún enemigo de la Insurrección, á juzgar por el tono acre 
con c[ue trata al Cura Hidalgo, y hasta me inclino á suponer que dicho 
autor puede haber sido Fr. Ramón Casaus, á quien, como adelante se 
verá, encomendó el Obispo de Oaxaca el encargo de escribir un romance 
en nombre del Coronel López. 

«El Cura Hidalgo, deseando que la voz de la Independencia cundie- 
ra por todas partes, haciendo un llamamiento patriótico para crear 
partidarios y defensores de la libertad mexicana, había comisionado al 
Coronel López y á Armenta, á fin de que pasaran á revolucionar en la 
Provincia de Oajaca; pero desgraciadamente fueron poco cautos al pre- 
sentarse en aquella ciudad, pues como iban disfrazados de arrieros y 
vestidos con el traje que usaban los tierradentreños, se hicieron sospe- 
chosos y se les aprehendió. Registrados escrupulosamente, nada pudo 
descubrirse que llegara á comprometerlos, y por lo mismo, consiguie- 
ron que se les pvi.siera en libertad, jjasando como inocentes; pero la con- 
fianza que este caso les inspiró los hizo caer en un error funesto, crej^en- 
do que el Intendente de la Provincia, D. José María Lasso Nacarino, 
t|ue era criollo ó americano, podía ser un buen partidario de la Inde- 
pendencia. Así es que imprudentemente le hicieron saber, en lo confi- 
dencial, el objeto de la misión que los llevaba á Oajaca, mostrándole 
los nombramientos que les había expedido el mismo Cura Hidalgo y 
que ocultaban en lat suelas de los zapatos. 

«Don José María Lasso, obrando de una manera pérfida y nada ca- 
ballerosa, se apoderó de esos docvunentos, que le sirvieron como com- 
probantes de la culpabilidad de López y de Armenta, y por lo mis- 
mo, procedió contra ellos, formándoles la sumaria respectiva, en la que 
resultaron sentenciados á la pena de horca, castigo que fué aprobado 
por la Real Sala del Crimen, y que se ejecutó en la misma ciudad de 
Oajaca, con festinación 3^ solemnidad, habiéndoles cortado las cabezas, 
que fueron colgadas para espectáculo público, en un punto inmediato 
á dicha población.» {Cuadro Histórico de Bustamante, t. I, Carta 
24, p. 5. — Historia de Oaxaca por el Presh. José Antonio Gay, t. H, 
p. 381.) 2 

1 A efecto de facilitar la lectura del original, se han puesto completas las palabras 
que en abreviado contiene. 

2 Anales del .Museo, t. III, N? 7.— 1912. 



189 

Los restos humanos de López y Armenta permanecieron en la Cues- 
ta de San Juan del Rey hasta que el Cura Morolos mandó retirarlos de 
allí, para (jue fueran inhumados solemne y cristianamente. 

La relación anterior no contiene algunos puntos que están consifi- 
nados en la que hace el manuscrito Escarmiento y Desengaño de Insur- 
gentes, y por tanto, es oportuno insertarla en seguida. Dice así, refi- 
riéndose á López y á Armenta: 

«Entraron presos en esta Ciudad (Oaxaca)el dia 9 de Noviembre de 
dicho año; (1810) y formada la sumaria, y remitida á la Suj^erioridad 
fueron sentenciados por la Real Sala del Crimen en 15 de Diziembre los 
dichos López y Armenta á la pena de horca 3' ser desquartizados, po- 
niéndose en parajes Públicos sus cabezas y brazos. El 29 de Diziembre 
del mismo año fueron puestos en Capilla y el ultimo dia del año haor- 
cados (sic) y desquartizados como reos de la mas alta traycion contra 
Dios, contra el Rey y la Patria. Pérez fue sentenciado á la pena de 
200 azotes y 10 años de presidio, y á ser pasado por debajo de la orea 
como se verifico después de colgados los que lo trageron como á su sir- 
viente. Puestos en Capilla y reconociendo sus delirios, y enormes aten- 
tados, procuraron la salbacion de sus almas dando muestras de verda- 
dero arrepentimiento y conpuncion Cristiana, confesándose y comul- 
gando, y reconociendo en la sentencia de muerte la justicia }• misericor- 
dia de Dios, 3' la de sus Ministros 3- demostrando en sus defectos loque 
espone el siguiente romance con que ellos mismosdescubren su corazón, 
y desean reparar el escándalo, valiéndose de un Sacerdote para que asi 
lo haga saber al Pueblo Cristiano.» 

He aquí el mencionado romance: 

«¡Oh Eterno Dios! 3a tu piedad imploro. 
Aquí humilde confieso mis delitos 
Aquí a tus divinos pies postrado 
encontrar mi remedio haora confio? 
Infelis de mi alma si siguiera 
la carrera del crimen 3- delirio 
3' si tu, Jesús mió me dejares 
andar errante fuera de tu aprisco. 
¡Que crimenes, mi Dios, tan excecrables; 
en un tiempo tan corto he cometido 
contra ti, contra el Re3', contra la Patria 
firrastrado de pérfidos desigTiios! 
En mi privada vida (vida) Yo gozaba 
de dias aplacibles 3- tranquilos, 
con mi querida esposa que haora llora 
la infamia 3- traición de su marido, 
que de oprobio ki cubre 3- de vergüenza 
y mancha la memoria de sus hijos. 



190 

¡Desben turada Esposa! de tus Ijrazos 
me arrancaron los crueles asesinos 
haciendo que siguiera sus banderas 
quando acabas de dar á luz un hijo, 
y furiosos me priban del consuelo 
de saber si recibe ó nó el Bautismo. 
Perdona mi furor pues te abandono, 
siguiendo al fin el Bárbaro partido 
De un Cura excomulgado por herege 
y por rebelde al Re3' y Jesús Cristo. 
El corazón de pena se me parte 
al verte desolada y con siete hijos, 
que fueran de mi vida las delicias, 
y haora de la tu^-a son martirio. 
Sin mi apoyo y sudor, sin mi Trabajo 
perezeran de ambre los Chiquitos 
y tú lagrimas solo podras darles 
detestando mi nombre y mis delirios. 
Ah! que ciego y furioso boy corriendo 
la carrera del crimen, y he admitido 
de Coronel el nombre con ciue benga 
á sublebar al Pueblo mas trancjuilo. 
Perdonad Oaxaqueños á un malbado 
que há intentado venir á seduciros 
á talar vuestros campos, á robaros 
tratándoos como á viles enemigos, 
encendiendo la guerra en vuestro seno, 
vertiendo vuestra sangre en sacrificio, 
por complazer á un loco que intentaba 
derribar el altar y el Trono mismo, 
para que todo horror fuere y matanzas, 
y vosotros quedareis cautivos. 
Con ficciones y sueños me há engañado, 
con promesas y el grado me á perdido, 
con blasfemias 3' horribles heregías 
de Dios me haze olbidar los beneficios. 
Sin rastro de Cristiano, ni aun de homI)re 
de un abismo corriendo á otro abismo 
venia desbocado á que este suelo 
Padeciera desastres infinitos. 
Los templos del Señor fueron violados 
asesinados ftieran sus ministros 
las Virgenes mas puras ultrajadas, 
las esposas de Dios escarnio mió. 
Los Talamos v casas luto v Uantí > 



191 



muertos con crueldad los hombres ricos 
y en medio de la Plaza degollados 

sin compasión alguna los obispos 

\'ucstra Madre, mi Dios, que en esa Imagen 

de la soledad es tierno asilo 

del Pueblo Oaxciqueño, deribada 

ó escarnecida fuera por mí mismo. 

Este el Plan de la guerra 3- de la empresíi 

este el fin era el fin de mi destino 

si Dios apiadado no me hiciese 

pagar en una horca mis designios 

Sí, ¡Justo Juezl conozco mi locura 

mi crimen horroroso aqui Publico; 

y veo vuestra mano compasiba 

en conducirme luego há este suplisio. 

Ali alma se perdiera sin remedio 

y tal vez yá ardería en el abismo 

si continuado hubiera con las tropas 

que el bando siguen del hombre mas inic[U(). 

Perdón, mi Dios, pequé, mis culpas lloro, 

y os ofrezco mi vida en sacrificio; 

ni con otras mil vidas pagaría 

lo cjue os debe pagar mi desatino: 

\'os abriste mis ojos por que viera 

lo enorme, lo sacrílego, lo impio 

de aquesta traición tan detestable 

<iue ¡leba tantos crímenes consigo. 

Con lágrímas de sangre borrar quiero 

la memoría y la infamia del delito 

clamando que mi ahna no se pierda 

como merezco siendo tan indigno. 

Piedad, Jesús, piedad de este malbado, 

que emprendió la carrera de asesino, 

de ladrón, de traydor, y de blasfemo 

haciéndose el mas vil de los nacidos. 

\irgen Santa, mi amparo y mi remedio 

mi consuelo, mi vida, y dulce asilo 

¿á quién invocaré, sino ati. Madre, 

que al buen ladrón lograstes el auxilio, 

con que buelto á Jesús perdón alcanza 

y perdón le asegura Dios benigno? 

De Soledad, ó Madre, Yo te invoco, 
ati, á tí acudo y vuelo en mi conflicto, 
de tí espero, ¡oh mi Madre! que me ampjires, 
()ue presentes mi espirita á tu hijo, 



192 

cubre mis culpas con tu Santo \'elo, 
con tus lagrimas borra mis delitos, 
escúchame benigna Madre amada 

para que tu hijo escuche mis gemidos 

Oh Patria, ó Re^- Femando, ó Ciudadanos 

perdonad, perdonad á este hombre impio; 

mi escándalo olbidad, para que nunca 

os acordéis que fui vuestro enemigo, 

amigo quiero ser, é ir á el Cielo 

á pedir por vosotros de continuo 

para que el Cielo os compense con mil bienes 

los males con que Yo quise oprimiros 

Escarmentad en mí fieles Vasallos 
vuestro pecho cer(r)ad á hombres malignos, 
que intentan asolar el Rej-no todo, 
y asi perderos como me han perdido. 
Escarmentad en mi, mirad la suerte 
que por tra3'dor me cabe en un suplicio, 
A- pedid al Señor que asi me libre 
de las penas sin fin que hé merecido. 

¡Ay mi Jesús! ¡Ay mi Dios! ¡mi eterna vida! 
no desprecies mi animo contrito, 
hoA" con tu sangre, limpia mis maldades 
y mi alma hoy recive compasibo.» 

A este Romance se alude en la «Canción Elegiaca» qvie Fr. Tomás 
Blasco dedicó al jefe realista D. José de la Cruz y en la que hizo apare- 
cer al Coronel López derramando lágrimas de arrepentimiento. (Colec- 
ción de Documentos de Hernández Dáralos, t. III, p. 244.) 

El historiador D. Carlos Al. Bustamante refiere que á López y á Ar- 
menta se les hizo firmar retractaciones, y que el Obispo Fr. Ramón Ca- 
saus compuso un Acto de Contrición en «muy malas coplas que se reim- 
primieron en México.» Es muj- probable que las mencionadas coplas 
no fueron otra cosa que el «Romance endecasílabo» que se acaba de co- 
piar, pues hasta ahora no se conoce ó no ha sido publicada la composi- 
ción en verso á que alude Bustamante. 

Como quiera que sea, lo cierto es que los patriotas López y Armen- 
ta, víctimas de la inicua perfidia de D. José María Lasso Nacarino, ftie- 
ron atrozmente sacrificados en la ciudad de Oaxaca el día 31 de diciem- 
bre de 1810, y que los realistas, no conformes con haberles dado una 
muerte realmente inhumana y bárbara, quisieron arrojar sobre ellos la 
negra mancha de la ignominia, haciéndolos aparecer como infieles á 
la buena causa que acababan de abrazar, 3- como hombres débiles y tí- 
midos, que al primer gesto amenazadordel peligro, sedoblegaban sumi- 
sos y arrepentidos de una obra en que apenas estaban iniciados. 



193 

Es realmente dudoso el heeho de que esos primeros mártires de la In- 
dependeiieia hayan dado muestras de arrepentimiento ó firmado las re- 
traetaeiones que se les atribuyen, y aun cabe asegurar que ellas fueron 
supuestas ó falsas, como puede demostrarse por las siguientes razones. 

En primer lugar, es preciso advertir, que según lo expresa claramen- 
te el manuscrito ya citado, López y Amienta «descubrieron su corazón, 
y deseando reparar el escándalo, se valieron de un Sacerdote para que 
así lo hiciera saber al Pueblo Cristiano.» 

¿Oué certidumbre ha^' en ésto para creer ó para afirmar que dichos 
reos hayan dado muestras de verdadero arrepentimiento, cuando es 
bien sabido que los sacerdotes realistas lograban apoderarse de la con- 
ciencia de sus penitentes, para arrancarles retractaciones indecorosas, 
en las que no sólo se les hacía abjurar y aborrecer la causa de la liber- 
tad mexicana, sino también declararse culpables de errores que no 
habían propagado y de crímenes que no habían cometido? 

¿Qué crédito puede merecer Fr. Ramón Casaus, el autor del u Acto de 
Contrición» ó del «Romance Endecasílabo,» referente al arrepentimien- 
to del Coronel López, cuando ese sacerdote había dado evidentes prue- 
bas del horror y la animadversión que le ocasionaba todo lo que á la 
causa de la Independencia se refería, como lo demostró en el «Anti-Hi- 
dalgo,» esa monstruosa diatriba escrita con la emponzoñada pluma del 
encono y con el inmundo cieno de la vil calumnia? ¿Qué crédito puede 
merecer, repito, un sacerdote sugestionado ó dirigido por el Obispo 
de Oaxaca, D. Antonio Bergosa y Jordán, terrible enemigo de los insur- 
gentes, á quienes en estrafalarias y nada piadosas pastorales pintaba 
como á seres terribles y fantásticos, dotados de formas inverisímiles y 
extra-humanas? 

López y Armenta, según refiere el manuscrito tantas veces citado, 
tuvieron conocimiento de la terrible sentencia pronunciada contra ellos 
por la Real Sala del Crimen, hasta después del 15 de Diciembre; pero ni 
durante el tiempo en que se les estuvo tramitando la sumaria, ni al no- 
tificárseles dicha sentencia, habían dado muestras de verdadero arre- 
pentimiento, y no fué sino un día antes de su tremendo suplicio cuando 
«reconociendo sus delirios y enormes atentados, procuraron la salva- 
ción de sus almas dando muestras de verdadero arrepentimiento.» 

No se necesita mucha penetración para descubrir que ese intempesti- 
vo arrepentimiento, en lo que se refiere á los asuntos de la insurrección, 
no fué otra cosa que una burda y manifiesta superchería fraguada por 
Fr. Ramón Casaus, pues basta la lectura del «Romance Endecasílabo» 
para persuadirse de que él no fué obra del Coronel López, y de que las 
tremendas confesiones que se ponen en sus labios, son tan vergonzosas 3' 
repugnantes, que ni el criminal más empedernido, ni el facineroso más 
obsecado, ni el delincuente más convicto de atroces culpas, se habría 
atrevido á hacerlas, aun sobrecogido de un grande temor al cadalso ó 
á la condenación eterna. Y sin embargo, el Coronel López desciende á la 

Anales. T. IV.— 25. 



1^4 

triste categoría de un reo vulgar, de un hombredesprovisto de entereza, 
de un revolucionario tímido y débil, que se declara seducido y engaña- 
do por «un cura hereje y rebelde,» y que para reparar el escándalo no 
consumado todavía, de tantos y tan atroces crímenes, acaba por decla- 
rarse malvado, traidor, herege, asesino, ladrón, «sin rastro de cristia- 
no, ni aun de hombre,» dispuesto á violar templos, á asesinar sacerdo- 
tes, á ultrajar á las vírgenes y á las esposas de Dios, á degollar á los 
Obispos, á cubrir con llanto y luto los hogares y á cometer otros detes- 
tables delitos ! 

No; el sentido común y la lógica rechazan como apócrifas esas igno- 
miniosas confesiones, porque si bien es cierto que López y Armenta eran, 
como asienta Bustamante, hombres de poca cultura, en cambio, esta- 
ban dotados de buenas intenciones, y no es de creerse que hubieran cjue- 
rido tocar el extremo de la degradación y de la deshonra para legar á 
sus hijos una memoria manchada ú obscurecida por un arrepentimien- 
to cjue no sintieron y por confesiones que níaliciosamente se pregona- 
ron en sus nombres. 

Por otra parte, ¿es creíble que López y Armenta, homlires indoctos 
y humildes arrieros, se hubieran ocupado en formular su ai"repentimien- 
to, no haciendo uso de la forma acostumbrada para esos casos, sino 
prefiriendo el estilo poético y no el estilo más sencillo y más común en- 
tre la gente del pueblo, como las coplas, las décimas, las cuartetas, las 
quintillas, &, sino el verso endecasílabo, que por su estructura y carác- 
ter es de orden superior en el arte de la versificación. Pero aun conce- 
diendo que López y Armenta hubieran sido capaces de expresar sus pen- 
samientos en versos endecasílabos, ¿puede adinitirse que un día antes 
de ser conducidos al suplicio, se hubiesen ocupado en dar forma poética 
á su arrepentimiento? ¿Xo es más natural suponer qvie en aciuellas po- 
cas horas de inquieta 3- de tremenda angustia, y ante la aterradora es- 
pectativa de una muerte próxima, debieron haber ocupado esas horas 
en atender á las exhortaciones del sacerdote que los auxiliaba; en elevar 
sus ruegos al Supremo Juez de vivos y muertos; en pedirle perdón y for- 
taleza para emprender el viaje eterno, y no en confeccionar versos en 
que alterna el tierno amor del hogar con el odio y los terribles cargos 
al Caudillo seductor; en que las voces de una conciencia extraviada 3' re- 
pleta de iniquidades, se mezclan con el ardiente deseo de reparar el escán- 
dalo de crímenes imaginarios, 3- en que el arrepentimiento svirge de es- 
píritus cruelmente atormentados por los desengaños 3- los remordimien- 
tos, que en forma de espectros fatídicos aparecen al pie del cadalso? 

Se necesitaría una buena dosis de candor 3- de credulidad para con- 
vertir en autores de tan fantástica le3'enda á unos infelices jóvenes cu- 
3'os nombres fueron tomados para autorizar una repugnante superche- 
ría, que algún tiempo después se encargó de descubrir el sacerdote que 
prodigó los últimos constielos de la religión á esos primeros mártires 
de la libertad en Oaxaca. 



195 

Ese sacerdote fué el Canónigo D. José de San Martín, Cjiíien refirién- 
dose á este mismo asunto, dice lo siguiente: 

«El Obisjjo Auxiliar de Oaxaca, Don Fray Ramón Casaus, publicó 
una retractación á nombre de los Señores López j' Amienta, la que estu- 
vieron muy distantes de hacer, y lo aseguro, porque yo los disj)usc ])ara 
ir al suplicio.» {Documento en el Archivo General de la Nación.) 

Este solo testimonio bastaría para asegurar que López \' su com- 
pañero Amienta sucumbieron con dignidad y sin humillarse ante sus 
vengativos martirizadores, y también para prol)ar que desde entonces 
se recurrió alartificio y al engaño, con el fin de hacer públicas y ruido- 
sas las supuestas retractaciones de los principales insurgentes. 

Así terminó la breve carrera ]Datriótica de aquellos dignos hijos de 
México, sacrificados inhumana y cobardemente por los realistas, quie- 
nes no satisfechos con tan inicua venganza, levantaron el negro dedo 
de la calumnia para señalarlos como hombres de carácter tímido y 
flexible, que los hizo doblegarse ante la imponente espectativa del cas- 
tigo. 



\^1 



LAS ORDENES MILITARES EN MÉXICO, 



DON MANUEL ROMERO DE TERREROS Y VIXEN' 



Marqués de San Fuancisco. 




No es nuestro propósito escribir la historia de las Ordenes de Caba- 
llería ó ConJecorííCío/jes, como vulgarmente se les llama, sino solamen- 
te hacer una breve reseña de aquellas propiamente militares 1 que tvi- 
vieron afiliados en México durante la dominación española, por el inte- 
rés que i)uedan aportar tales datos al estiidio de nuestra historia colo- 
nial. Daremos por lo tanto una lista, la más completa que nos sea po- 
sible, de los caballeros originarios de lo que es hoy la República Mexicana, 
así como de los cjue, aimque nacidos fuera de la Nueva España, ejercie- 
ron cargos de importancia en ella. 

Debemos, pues, principiar por definir qué cosa es una orden militar. 
Llámanse así a([uellas instituciones que uniendo el carácter militar al reli- 
gioso, tuvieron su origen poco después de las Cruzadas como consecuen- 
cia de ellas. El objeto de rescatar de manos de los infieles el Sepulcro de 

1 Muchas personas cinifuiidcn las órdenes inüitares con las condecoraciones, porcl he- 
cho de que á ambas clases se les da el nombre común de órdenes de caballería, v de (¡ue 
las segundas tienen ó han tenido, como las primeras, ceremoniales para su imposición. 
Mientras las militares, como se verá en el presente artículo, son bien pocas, es muy cre- 
cido el número de las que pertenecen á la clase de condecoraciones, como las órdenes es- 
pañolas de Carlos III, Isabel laCatólicaydemás, 3' la mexicana de Guadalupe; de las que, 
como decimos, no es nuestro ánimo tratar. Quedan, pues, excluidos de nuestra reseña 
tanto el Toisón de Oro (no obstante ser la que ocupa el primer lugar de las órdenes espa- 
ñolas) como las Reales Maestranzas de Caballería. De la primera conviene recordar que 
se ha hallado siempre tan encumbrada, y requiere tan altos méritos, que solamente tres 
personajes en México fueron condecorados con ella durante la época colonial: los 
Yirrc^-es Duíjucs de N'eraguas y deAlburquerque y Conde de Fuenclara; y en cuanto á las 



200 

Nuestro Salvador, revmió en Tierra Santa tan distintas naciones, que na- 
tural fué que se agruparan los cruzados de cada país para orar y soco- 
rrerse mutuamente en sus penas y enfermedades. De estas asociaciones 
nacieron las órdenes militares, cuyos miembros, teniendo por principal 
objeto hacer la guerra á los infieles, se formaron en cuerpos monásti- 
cos á la vez que político-militares, recabando del Papado la suficiente 
autoridad para lo primero, y obteniendo para lo segundo varios privi- 
legios de tierra, señorío y jvirisdicción de parte de sus respectivos sobe- 
ranos. Adoptaron todos la insignia de la Cruz, pero variándola de for- 
ma y de color para distinguirse entre sí. Se recordará que la flor de la 
noljleza europea fué la cjue se alistó bajo estas insignias de la Cruz, y, 
por lo tanto, la mayor parte de los primeros miembros de las órdenes 
fueron de noble cuna, siendo esto, indudablemente, el origen de que pa- 
ra pertenecer á ellas en épocas posteriores, se exigiera, entre otras, la 
calidad de nobleza de sangre, requisito que se ha observado más ó me- 
nos hasta nuestros días. Componíanse, como hemos dicho, de dos cla- 
ses de individuos: los conventuales de ambos sexos, que vivían en comu- 
nidad y clausura bajo la regla de alguna orden religiosa, profesando 
votos de castidad, pobreza y obediencia, y los cruzados, que vivían en 
el siglo, dedicados á la guerra, casados ó solteros, segiui los estatutos 
de cada milicia. Atenuaban éstos los votos, substituyéndolos con los de 
continencia conyugal, subordinación y sujeción á los preceptos de su Je- 
fe y la obligación de no poseer bienes ni disponer de ellos sin licencia de 
ariuél. Solía llamárseles «freiles,» tanto á los unos como á los otros. 

Reconocían por Superior á uno de sus miembros, electos por los de- 
más, á quien se titulaba «Gran J\/aesíre,)) y se nombraban los caballeros 
de mayor importancia para ejercer distintos cargos, denominándoseles 
«Dignidades de la Orden.)) Además, como se componía de personajes de 
influencia y alcurnia, esparciéronse pronto por toda Europa y adqui- 
rieron grandes propiedades que producían pingües rentas, las que se 
adjudicaban como «encomiendas,)) á los caballeros que llenaban deter- 
minados requisitos. 

Como de1)e suponerse, adquirieron las órdenes militares gran poder 
é influencia en los países en donde se instituA'eron, y ocupan preferente 
lugar en las páginas de la historia medioeval. 

Maestranzas, instituciones i)eculiares á España, que tuvieron su origen en las con<íre>ía- 
ciones de la nobleza que erijfieron los reyes en ciertas ciudades con el objeto de que sus 
miembros se adiestraran en el manejo de la caballería, y que hasta la fecha existenconla 
denominación de Reales Maestranzas de Ronda, Sevilla, Granada, Valencia y Zaragoza, 
tampoco pueden considerarse como órdenes militares, aunque hayan gozado de casi tan 
grande estima como éstas. Tainpoco tratamos de las Ordenes de San Fernando y de 
San Hermenegildo, puesto que, si llevan el nombre de militares, se debe á que se otor- 
gan exclusivamente por méritos de guerra, y carecen de las condiciones esenciales de 
las órdenes capitulares ó de hábito. La llamada Orden Militar de la Merced, no pasa- 
ba de ser una especie de Cofradía para la redención decautivos, que estaba sujeta é incor- 
porada á la orden religiosa de su nombre. 



201 

Dol ])astaiitc crecido número de estas milicias, much;is han sido su- 
])riniidas, aljíunas secularizadas, y pocas subsisten hasta la fecha. En- 
tre las primeras puede señalarse la famosa de los Templarios ó nCaha- 
lleros del Templo de Salomón» (llamados así, porque su primera casa 
en Jerusalén estaba situada cerca del Templo), que fué instituida en 1118 
por algunos cruzados franceces, y la cual, después de haberse extendi- 
do por toda Europa y alcanzado gran poder en la edad media, degene- 
ró de manera tal, que mereció ser abolida en 1513 por el Papa Clemen- 
te V. 

En cuanto á las cjuc han sido secularizadas ó convertidas á la cla- 
se de condecoraciones, citaremos la de San Lázaro, ftmdada para com- 
batir la lepra 3' cuyo Gran Maestre era siempre un leproso; unida por 
Gregorio XIII en 1572 á la de San Maur/c/o, que fundara el Duque Ama- 
deo de Salxn-a, se confiere en la actualidad porel Reyde Italia. EnPor- 
tugal han sido reducidas á condecoraciones civiles, la de Cristo, que fun- 
dó el Re^' Dionis en 1318, l la de San Benito de ^Ifís, semejante 3' origi- 
naria de la española de Calatrava, y la de Santiago, que introdujo en 
aquel reino Don Alfonso I en 1177, mejor conocida por la de v^Santiago 
de la Espada.» 

Quedan algunas en pleno vigor, comolamuA- extendida de San Juan 
de Jerusalén (de la cual hablaremos á su debido tiempo) 3' la de Santa 
María de los Teutones, en Austria 3' Holanda; y otras que, aunque des- 
pojadas de sus antiguas posesiones y esplendor, son hasta la fecha con- 
feridas por sus Grandes Maestres, no obstante haber éstos perdido sus 
tronos. Nos referimos á las de San Jorge Constantiniano y San Esteban 
de Toscana; aquélla conferida por el Jefe de la Casa de Borbón-Sicilia, 
y ésta por el de la de Toscana. 

Si las circunstancias especiales en ijue se encontraba la Península Ibé- 
rica desde los primeros años de su historia, impidieron que proporciona- 
ra un contingente numeroso al rescate del Sepvdcro Santo, dieron, en 
cambio, origen á aquellas instituciones de Santiago, Calatrava, Alcán- 
tara y Moníesa, que, como dice el Mariiuésde Líiurencín, son gloria pu- 
rísima 3' hermosa tradición de la nacionalidad española que tanta y tan 
decisiva influencia tuvieron en la epopeya de la Reconquista, en el des- 
cubrimiento del Nuevo Mundo y en todos cuantos pasos de empeño y 

1 Los únicos caballeros del Hábito de Cristo que vivieron en Nueva España, fueron 
el Comendador Juan Baeza Herrera, uno de los primeros pobladores de México, según 
Dorantes de Carranza, y D. Antonio de Souza, hijo de un noble portugués, castellano 
de Acapulco. En el año de 1687 este caballero fué reducido á prisión en la ciudad de Mé- 
xico, y al saber las autoridades que muchas personas se estaban armando, con el propó- 
sito de atacar la cárcel de Corte y libertarlo, declararon que había muerto en la noche 
del 23 de Junio, víctima de fortísimo tabardillo. Diéronle á beber una substancia que lo 
privó de conocimiento por algunas horas y sacando su aparente cadáver de la prisión, 
condujéronlo á la Iglesia de Santo Domingo, diciendo que allí se verificaría su entierro á 
puerta cerrada, por lo contagioso de la enfermedad. Fué remitido en secreto á España, 
y allí vivió muchos años. (Diario de Robles.) 

A.NALiís. T. IV.— 2C>. 



202 

trances de honor V de fortuna registran las admirables páginas del li- 
bro inmortal de la historia de España. Invadida la Península por los 
musulmanes, encontraron los españoles amplio campo en donde pelear 
por su Dios, por su Re^- y por su Patria, sin necesidad de salir de su te- 
rritorio, estableciéndose así una continua cruzada, llena de empresas 3- 
heroicidades, por la leyenda idealizadas, que sólo terminó cuando la her- 
mosa ciudad de Granada abrió sus puertas á los conquistadores reyes 
católicos, Femando é Isabel. 

Fundada cada una de estas milicias, como más adelante veremos, 
por particulares, y aumentando rápidamente en poder y riqueza, por 
la calidad de sus individuos y la extensión de sus propiedades, ele- 
vábase á la alta categoría de un Estado dentro de otro Estado, y co- 
rrespondiendo á su Jefe la autoridad soberana, la jurisdicción civil 3- 
criminal, y, en suma, los atriljutos todos del poder supremo, llegó á ser 
cada Maestrazgo objeto de la codicia delosMagnatesdeCastilla. Alas 
de una vez los Grandes Maestres de las Ordenes Militares hicieron tem- 
blar á los reyes, razón por la cual todos los monarcas, desde D. Juan 
II, intentaron incorporará la Corona estas dignidades, para deshacer el 
poder que de continuo los amenazaba; pero esto no pudo lograrse has- 
ta que el político Rey Católico obtuvo el Gran Maestrazgo de Calatra- 
ra en 1487, por Bula de Inocencio VIII, y se adjudicaron éste y los de San- 
tiago Y Alcántara peqjetuamente á la Corona de Castilla, por Bvda de 
Adriano VI, expedida en 4- de Agosto de 1523. Agregóseles más tar- 
de el Alaestrazgo de Alontesa, por Bula de Sixto V, de 15 de Marzo de 
1587, y á petición de Felipe II. 

El establecimiento en la América española de gobiernos cuya cabeza 
representaba la persona del Monarca, hizo que en torno de cada virrey 
se congregasen cortesanos, grandes oficiales y militares, formando una 
corte que era como el reflejo de la que rodeaba á los Carlos y Felipes. 
Siendo la ma3'or parte de los virreyes miembros de las casas más ilus- 
tres de España y profesos casi todos en las órdenes militares, fué muy 
importante el papel que representaron tanto los títulos de nobleza, co- 
mo los caballeros calatravos, santiaguistas y demás, no sólo en los ac- 
tos sociales de la época virreinal, sino también en los oficiales y religio- 
sos, como puede colegirse, por ejemplo, de lo que dice Guijo refiriéndo- 
se á la procesión del Santo Oficio, verificada en México en 10 de Abril 
de 164-9: — «Sacó el estandarte el Conde de Calimaya, y llevaron las bor- 
las un sobrino del Señor Arzobispo, caballero del orden de Calatrava, 
3" Don Cristóbal de Bonilla, caballero del orden de Santiago. Acompa- 
ñaron al dicho Conde todos los caballeros de hábito 3- la nobleza del 
reino, con toda gala y bizarría.» l 

Y no se crea que estos honores se prodigaban. Si antes de conferirse 
un título de Castilla, se exigía casi siempre una información de nobleza 

1 Diario de Sucesos Notables. 



203 

por parte del interesado, In concesión de una orden no se hacía sinodes- 
pués de haber llenado ciertos requisitos, nada leves por cierto. Exigía- 
se al ]>retenclicnte c|ue acreditase su leffitiiukhid, limpieza de sangre é 
hidalguía, y (juc demostrase, además, tener los suficientes mediosde vi- 
da para poder llevar decorosamente las insignias de la orden, l Probá- 
base la legitimidad jjor medio de las partidas |3arro(iuiales de bautismo 
del pretendiente; sus padres }■ alíñelos, por ambaslíneas,asícomolasde 
matrimonio de éstos y de sus ocho bisabuelos, más los respectivos tes- 
tamentos. Esto no (juiere decir que hijos no legítimos estuvieran impo- 
sibilitados jiara ingresar en las órdenes, pues, como todas las reglas 
tienen sus excepciones, se encuentran casos como el de D. Martín Cor- 
tés, quien á pesar de haber sido hijo del Con([uista(lor y de D* Ma- 
rina, vistió el hábito de Santiago. Consistía la limpieza de sangre en 
profesar la religión católica, apostólica, romana, sin mezcla alguna de 
herejía; no descender ])or ninguna línea de raza mora ó judía, y no ha- 
ber sido, ni el interesado ni sus ascendientes, sentenciados por tribvmal 
alguno, ni religioso ni civil. La nobleza de sangre ó hidalguía se deri- 
vaba de la descendencia de los godos, tanto los llamados al ])rineipio 
ricos-honies, cjue Carlos Y reconoció como los primeros Grandes de Es- 
paña, cuanto los demás <ídeCasa y Solar conocidos,)) llamados así por 
poseer el tronco de su linaje una casa-palacio en el lugar de su origen, 
casas muchas de ellas que hasta hoy pueden admirarse, diseminadas 
por la Península y siempre coronadas sus puertas con los escudos de 
íirmas del fundador. Los hidalgos no pagaban pechos ni desempeña- 
lian t)ficios viles, entendidos por tales los mecánicos ó manuales y los 
de «mercaderes y cambiadores,» pudiendo seguir solamente tres carre- 
ras: la iglesia, las armas y la agricultura; de tal suerte que los grados 
superiores religiosos y militares sólo se concedían á los hidalgos. 

Cuando una persona deseaba ingresar en alguna de las órdenes, ele- 
vaba una petición al Monarca, quien si á bien lo tenía, concedía la 
merced de hábito para que en determinado plazo se presentaran las 
pruebas que arriba quedan indicadas. Si por algún motivo no podía 
el pretendiente satisfacer todos los requisitos, en debida forma, proce- 
díase mu3' á menudo á levantar una información de testigos, la cual 
constituía parte de las pruebas; pero como no pocos acudían á los Re- 
yes de Armas, para qvie les procurasen pruebas de nobleza que no te- 
nían, aconteció que fraguaban éstos historias y leyendas, de todo pun- 
to falsas, que en lugar de dar brillo á la familia de sus clientes, restá- 
banle el poco que pudiera tener, llegando á tal extremo las cosas, que 
hoy en día sólo se admiten documentos legalmente comprobados, y los 
despachos ó ((Ejecutorias de Nobleza,» dados por los Reyes de Armas y 
(jue carecen de dicha comprobación, son completamente inútiles. Las 
ejecutorias que eran causadas debidamente en ciertas Chancillerías, 
como la de Vallad olid, sí eran válidas para las pruebas indicadas. 

1 No hay constancia anterior al .año de 1500, de que se hicieran pruebas. 



204 

Como hemos dicho, hay excepciones á toda regla, y hubo casos en 
que el Monarca dispensó todas ó parte de las pruebas á algún indivi- 
duo á quien cjuiso favorecer de especial manera, ya fuera debido á los 
méritos de éste ó únicamente al real capricho. 

Aprobadas por el Consejo de las Ordenes (creado al principio del si- 
glo XVI) las pruebas que presentara el pretendiente, despachaba sele 
título ele Caballero y más tarde se verificaba el cruzamiento ó toma de 
hábito, según las ceremonias que más adelante describiremos. Estos 
cruzamientos constituían verdaderos acontecimientos sociales, verifi- 
cándose en algunas de las iglesias de la orden respectiva, ú otras que 
tuvieran ese privilegio, y en presencia de nuiuerosos invitados. Llamá- 
banse «tomas de hábito» porque era parte de la ceremonia que el nue- 
vo caballero vistiese un manto largo de tela blanca, que tenía en el pe- 
cho ó sobre el hombro izquierdo, y recortada de paño del color respec- 
tivo, la cruz de la orden, ceremonia que significaba que entraba á for- 
mar parte de la orden militar el neófito, de la misma manera que un 
individuo se hacía religioso. Estos mantos, llamados también capitu- 
lares, porque con ellos se asistía á los capítulos y funciones de la orden, 
podían lucirse en ocasiones de gala, como refiere Guijo en su «Diario de 
Sucesos Notables,)) describiendo la novena que se hizo en el Convento 
de San Francisco de México, en Octubre de 1653, en honor de la Inma- 
culada Concepción: « El miércoles celebraron los caballeros del 

orden de Santiago y asistieron veintiséis con sus mantos y en bancos 

rasos, excepto el Virrey, que aunque se le puso, estuvo en su sitial; 

el jueves celebraron los caballeros de Calatrava y asistieron siete; el 
viernes la celebró el orden de Alcántara.» Cuando morían los caballe- 
ros eran amortajados en sus mantos capitulares. 

Para el uso diario ó i'euniones sociales en que no podía usarse el 
manto, lucíase la cruz de la orden recortada en paño de su color 3' co- 
sida al lado izquierdo del pecho, sobre el traje ó capa; l ó pendiente de 
un ojal de la casaca una medalla con dicha cruz. Dábase á la primera 
el nombre de ubábito» y á la segunda el de «venera,» la cual, por cierto, 
constituía muy á menudo una alhaja de valor. Del inventario que se 
hizo de los bienes cjue quedaron por muerte del primer Conde de Regla, 
en 1781, extractamos lo siguiente: 

«It. — Una venera con ciento siete diamantes Rosas y tablas, monta- 
dos en plata, y en ellos la Cruz del Orden de Calatrava. 

(dt. — Una dicha con setenta diamantes Rosas, montados en pla- 
ta, y en ella la crviz en oro del Orden de Calatrava. 

1 Hasta hoj' se usa de esta manera el hábito en el traje de etiqueta, pero la indu- 
mentaria actual es tan poco apropiada al caso, que para las grandes ceremonias los ca- 
balleros de las órdenes españolas usan, desde 1S62, muA' vistoso uniforme militar que se 
compone de una levita de paño blanco, con la cruz del color respectivo, así como el pan- 
talón, bocamangas y cuello; casco con plumas, acicates, espada y demás. La levita de 
los Caballeros de Malta es roja y el pantalón azul. 



HABITD5 DE LA5. ORDENES 




CALATRAVA 



ALCÁNTARA 



M0NTE5A 




SAN JUAN ó MALTA. 



205 

«It. — Una dicha de Camino con su Cruz de Calatrava, por uno y 
otro lado, con siete dianiantitos en plata y cpiatro Rubíes en oro, el 
fondo de concha nácar.» 

Al.nún tieinjjo después de la toma de hábito, llen;iban los (|ue lo de- 
seaban ciertos requisitos que constituían la profesión, (¡uedando así 
«caballeros profesos de tal ó cual orden.» 

Aunque todas las órdenes eran consideradas de la misma categoría, 
la de Santiago era la preferida, por lo que el número de caballeros de 
ella, tanto en México como en España, resulta el doble de las otras, jun- 
tas. Quizás se haya debido esto á la devoción al Apóstol Santia<ío, 
Patrón de España, al mayor número de pinjíües encomiendas (|ue te- 
nía, ó al hecho de que, en cierta época, para Santiago nada más se ne- 
cesitaba probar la nobleza de los padres del pretendiente, y no la de 
sus cuatro costados, como para Calatrava y Alcántara. La qxie menos 
caballeros ha tenido es la de Alontesa, escogida generalmente por fa- 
milias oriundas de Aragón y Cataluña. 

De las antigtias órdenes militares que tuvieron su cuna en Jerusalén 
y que se extendieron por España, además de la extinguida de los Tem- 
plarios y de la de San Juan, cuéntase la del Santo Sepulcro, fundada, 
según se dice, en 1099, y llamada así por proceder de los Canónigos re- 
gulares que instituyó Godofredo de Bouillon para guardar el Sepulcro 
de Nuestro Señor. Mu^' extendida en la actualidad como condecora- 
ción pontificia, sólo conserva su carácter primitivo en España, en los 
Capítulos de Aladrid y Valencia, pero sin alcanzar ni con mucho el 
prestigio de que gozan las demás órdenes militares en el Reino. No he- 
mos tenido noticia de cjue hubiera caballeros sepiilcrinos en México, du- 
rante la época colonial, no obstante el hecho de encontrarse escvilpida 
en una ventana del antiguo Convento de San Francisco la cruz de la 
Orden (que es roja, potenzada y acantonada de cuatro más pequeñas) 
y en el basamento de la torre de la Iglesia de Santa Catarina, otra pa- 
triarcal, semejante á la que todavía usan en Zaragoza las Señoras Co- 
mendadoras del Santo Sepulcro. 

Podemos decir que las órdenes de que hemos hablado existen hasta 
la fecha en España, regidas por institutos, usos 3' ceremonias ()ue han 
variado poco de los antiguos. 



ORDEN DE SANTIAGO. 

Reinaba D. Fernando II en León y Galicia por los años de 1170, 
cuando trece de sus caballeros, arrepentidos de su pasada mala vida y 
encabezados por D. Pedro Fernández de Fuente Encalada, decidieron 
unirse con el doble objeto de pelear en contra de los musulmanes y de 
proteger de éstos á los numerosos peregrinos que acudían á visitar la 



206 

tumba del Apóstol Santiago en Compostela. Careciendo de ayuda es- 
piritual, determinaron unirse á los Canónigos regulares, que, bajo la re- 
gla de San Agustín, tenían su convento en el cercano lugar de Loyo; 
formulada su pretensión y aprobada por los Arzobis])os de Toledo y 
Santiago, dieron principio, el 29 de Julio de 1170, A los ejercicios y actos 
de la Orden, bajo la regla que observaban dichos Canónigos. Tomaron 
el nombre de Caballeros de Santiago, y acudió á Roma Pedro Fernán- 
dez de Fuente Encalada y allí obtuvo, por Bula del Sumo Pontífice Ale- 
jandro III, de Julio 5 de 1175, no sólo la confirmación de la Orden, sino 
también concesión de varios privilegios, como el de no pagar diezmos y 
el de que las iglesias de la Orden no estuviesen sujetas á los diocesanos, 
teniendo, en cambio de esta gracia, que juagar un censo anual á la San- 
ta Sede. 

Entre las reglas que se dieron á la institución, figuraba la de que los 
en ella recibidos, no podían tornar al siglo ni pasar á otra sin permiso 
de su Alaestre, y de que siempre había de haber un Consejo de trece (en 
memoria del Salvador y los doce Apóstoles), C[uienes ha1)ían de resolver 
los asuntos de la Orden. Los que querían casarse, podían hacerlo, pero 
se obligaban á guardar continencia conyugal. 

Llamóseles al principio «Frailes de Cáceres,» por haber sidoesta ciu- 
dad la primera donación que les hiciera el Rey leonés Fernando II. 

Su primitiva divisa fué una cruz cuadrada con las puntas ñorlisa- 
das, de color rojo, y el lema: Ruhet ensis sangiiine arahum, pero pron- 
to fué substituida por (da cruz de la espada,» llamada así por su forma. 
En cuanto al origen de ésta, hay quienes creen que se deriva de aque- 
llas cruces de los peregrinos que estaban afiladas en sus puntas inferio- 
res para poderlas clavar en el suelo mientras oraban, i Contando á 
Fernández de Fuente Encalada, tuvo la Orden de Santiago cuarenta 
Grandes Maestres y alcanzó rápidamente tan grandes honores, triun. 
fos y riquezas, que llegó á tener tres dignidades, once conventos, ochen- 
ta y siete encomiendas 3^ dos prioratos. 1 A la muerte del Gran Maes- 
tre D. Alonso de Cárdenas, en 14-93, se le dio esta di.gnidad en admi- 
nistración á D. Fernando el Católico, y adjudicóse en perpetviidad á 
la Corona de Castilla, como ya hemos visto, en 1523. 

Las Dignidades de la Orden son los Comendadores Mayores de Cas- 
tilla, de León y de Montalbán, y la insignia ó idiábito» la cruz degules 
(rojo), en forma de espada. 

1 Durante el reinado de la Casa de Austria, empezaron á enajenarse las propieda- 
des de las Ordenes, y en los años 1836 á 1847, se efectuó la total venta de sus posesio- 
nes, dejando, por lo tanto, de existir, de hecho, las encomiendas, aunque su nombre ha 
quedado como dictado honorífico. — Clil Dorregaray, José. — «Historia de las Ordenes de 
Caballería.»— Madrid, 1864. 



207 



VIRREYES DE NUEVA ESPAÑA QUE VLSTIERON 
EL HÁBITO DE SANTIAGO. 

1" D. Antonio de Mendoza, Comendador de Socuéllanos. 1535- 

1550. 
2'' D. Luis de Velasco y Alarcón. 1559-1504.. 
3"? D. Gastón de Peralta. 1566-156S. 

8'? y ll"? D. Luis de Velasco 3' Castilla, Marques de Salinas de Río 
Pisuerga. 1590-1595. 

10" D. Juan de Mendoza y Lvina, Marqués de Montesclaros. 1603- 
1607. 

IS" D. Diego Fernández de Córdoba, Marqués de Guadalcázar. 1612 
-1621. 

14° D. Diego Carrillo de Mendoza y Pimentel, Marqués de Gelves 3- 
Conde de Priego. 1621-1624. 

15'-' D. Rodrigo Pacheco Ossorio, Marcjués de Cerralvo. 1624-1635. 

16" D. Lope Díaz de Armendáriz, Alarqués deCadereita. 1635-1640. 

19" D. García Sarmiento de Sotomayor, Conde de Salvatierra, Alar- 
([ués de Sobroso. 1642-1648. 

22" D. Francisco Fernández de la Cueva, Duque de Alburquerque. 
1653-1660. 

23' D. Juan de Leiva y de la Cerda, Marqués de Leiva y de Ladra- 
da, Conde de Baños. 1660-1664. 

32' D. José Sarmiento de Valladares, Conde de Moctezuma y de Tu- 
la, Duque de Atlixco. 1696-1701. 

34" D. Francisco Fernández de la Cueva Enríquez, Duciue de Albur- 
querque. 1707-1711. 

35' D. Fernando de Alencastre, Noroña y Silva, Duque de Linares, 
Marqués de X'aldefuentes, Comendador Mayor de Portugal. 1711 
-1716. 

37' D. Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte. 1722-1734. 

39'-' D. Pedro de Castro y Figueroa, Duque de la Conquista y Alar- 
qués de Gracia Real. 1740-1741. 

43' D. Francisco Cagigal de la Vega. 1760. 

53' D. Migiiel de la Grúa, Talamanca 3- Branciíorte, Marqués de 
Branciforte, Comendador de Bienvenida. 1794-1798. 

54' D. Miguel José de Azanza. 1798-1800. 

56' D. José de Iturrigaray. 1803-1808. 



208 



CABALLEROS RESIDExNTES EN MÉXICO, i 

Abarca, Francisco; Corregridor de Aléxico. 1752. 

AcEVEDO Cosío, Estrada y Lugo; quinto Marqués de Uluapa, Procu- 
rador General de la Nueva España. 1799. 

Agesta, Alanuel de; Depositario General y Regidor de Aléxico. 1731. 

Agüero y González de Agüero, José Carlos de. 1739. 

Alarcón, Martín de. 1733. 

Albornoz, Muñoz y Legaspi, García de; Adelantado de Filipinas. 1615. 

Aldasoro y González Lucena, Aliguel de. 1784. 

Altamir.\no y Castilla, Juan. 1590. 

Altamiraxo y Yelasco, Fernando; primer Conde de Santiago. 16U9. 

Altamirano 3' Velasco, Juan; segundo Conde de Santiago. 1625. 

Alvarado, Gaspar. 1699. 

Alyarado, Pedro de; Conquistador. Dorantes de Carranza dice de él 
lo siguiente: 

«Consiguió el hábito de Santiago, aunque antes le había traído 
en las conquistas sin merced ni facultad, 3' debióse de aficionar á 
traelle con la ocasión de cjue siendo mo(,'o 3' pobre 3' pasando por 
Badaxós para venir á las Indias, un tío su3-o, caballero del hábito, 
le dio un vestido su3-o con las cruces, y poníasele, 3- de allí vino el 
error 3' engaño de que algunos le quieren hacer caballero deste há- 
bito antes que le tuviese por título y merced » - 

Alvarado 3- Villafañe, Jorge. 1687. 

Alvarez Campana, José. Veracruz, 1800. 

Alza 3^ de Garbiso, León de; Alcalde AIa3'or de San Luis Potosí 3' de 
Río Verde. 1642. 

Ansaldo de Peralta y Contreras, Juan Bautista de; el día 26 de Junio 

1 Hemos formado las listas de los caballeros mexicanos de las Ordenes Militares, en 
vista de los índices de pruebas de los caballeros que lian vestido los hábitos de Sa ntia. 
go, Calatrava. Alcántara _v Montesa. desde 1501, publicados en Madrid por D. Vicente 
Vignau V D. Francisco R. de l'hagón, en 1901 y 1903. Como estos señores asientan, no 
todos los expedientes existen hoy en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, pues mu- 
chos fiíeron destruidos antes de que se hiciera la traslación de los documentos de los an " 
tiguos archivos de cada Orden. Prueba de ello es, que no figuran allí los nombres de buen 
número de caballeros que hemos encontrado en los Diarios de Guijo, Robles y Castro 
Santa Ana y documentos análogos, así como en las Gacetas y otras publicaciones de la 
época, cjue sería prolijo enumerar. Algunos, aunque pocos, hemos tomado de la volumi- 
nosa obra que con el títiilo de «Historia Genealógica de las familias más antiguas de Mé- 
xico,» dio á la estampa, hace pocos años, nuestro finado amigo D. Ricardo Ortega y Pérez 
Gallardo, obra que si bien incurre en numerosos errores y da cabida en sus páginas á al- 
gunas familias que no tenían por qué aparecer en ella, faltandii, en cambio, otras que s' 
debían constar allí, tiene el gran mérito de ser la única de su género en México. 

2 Sumaria Relación de las Cosas de Nueva España. México. 1902. 



209 

de 16S3 recibió el hábito en la I;;lesia de la C()nce¡K'ión, en ¡¡resen- 
cia de diez 3' siete caballeros. 

Arizcún y de Iri.iíoyen, Francisco Javier de. Puebla de los Aiifíeles. 
1743.' 

Arroyo Sardaneta, Simón Eugenio de. Guanajuato. 1772. 

Baeza, Juan Luis de. 1640. 

Barre.\ y Jiménez Cobo, Fernando de la; Regidor de Mé.xico. 1642. 

Barrio y de Junco Espriella, Pedro del; Cajjitán de Infantería del Real 

, Palacio. 1729. 

Barrutia y de Acta Echenagusia, Ignacio Francisco de. 1719. 

Basarte, José de; Gobernador, Capitán General y Presidente de la Au- 
diencia de Guadalajara. Tomó el hábito de Santiago en la Parro- 
quia de Zacatecas en 19 de Marzo de 1753, fungiendo de Maestre 
D. Alonso de la Camjja. 

Bexavides y de la Cerda, Cristóbal. 1654. 

Bermeo y de Alcega, Diego. 1649. 

Berrio y Zaldívar, Miguel de; Conde de San Mateo de Valparaíso; 
Marcjués del Jaral de Berrio; del Consejo de Hacienda. 1773. 

Bonilla y Mañozca, Cristóbal de; Familiar del Santo Oficio. 1646. 

Bórica y Rétegui, Diego. 1785. 

Burgos, José de; Presidente de la Audiencia de Guadalajara. 1731. 

Bustillo, Juan Ignacio. Veracruz. 1789. 

Calderón y Valdés, Vicente Félix; Regidor perpetuo de Ouerétaro. 
1748. 

Camargo de Castejón, Alonso. 1639. 

Camargo y González de Legarda, Luis de. 1637. 

Cano Moctezuma y Contreras, Diego de. 1620. 

Carballido 3' Zurita, Diego Manuel; TenienteAIguacil Mayor de la San- 
ta Cruzadíi; Alcalde ordinario de México. 1670. 

Careaga Sanz y de Urrutia, Lucas de. 1707. 

Caso Ponce de León 3' Sainz, Baltasar Antonio. Chiapas. 1665. 

Castilla, Luis de; Regidor 3' Alférez Real de la Ciudad de México. 
1538. 

Castilla y Laeza, José; Capitán; Alcalde Ma3'or de San Luis Potosí. 
1784. " 

Castillo y Mújica, Manuel Francisco del. 1643. 

Castro, Gaspar de; Oidor de la Real Audiencia de México. 1621. Reci- 
bió el hábito en la Iglesia de Santo Domingo. 

Ceballos Gómez del Corro, José Manuel de; Coronel de Milicias Pro- 
vinciales de la Villa de Córdoba. 1781. 

Cervantes Casaus de Carvajal, Juan de. 1619. 

Cervantes, Leonel; Comendador, Conquistador. 1524. 

Cervantes y Cervantes, Juan de. 1670. 

Cerecedo, Juan de; Contador de Tributos. 1689. 

Colina, Antonio. 1808. 

A.NALEs. T. IV.— 27. 



210 

Cortés Altamirano, Hernando; GobernadorA- Capitán General de Nue- 
va España. 1525. 

Cortés de Arellano, Pedro. 1600. 

Cortés, Martín; hijo del Conquistador y de Da. Marina. 1329. 

CosuEL.\ 3' de Echávarri, Manuel. 1750. 

CoTER.\ y Rivascacho, José Alariano Antonio de la. 1760. 

Crespo de Monroy, Benito; Obispo de Puebla. 1734. 

Crespo y Alvarez, Francisco Antonio; Corregidor de México. Se cruzó 
en la Iglesia de San Agnistín, en 7 de Julio de 1785. 

Cruzat, Góngora y de Rada, Fausto; Sargento Mayor. 1593. 

Cuevas y el Barrio, Pedro de; Alcalde ordinario de México. 1731. 

Chacón y Mójica, Antonio Jerónimo de; Alcalde Mayor de Santa 'Ma- 
ría, de los Lagos. 1703. 

D.ÍVALOS y Bracamonte y Espinosa de los Monteros, Alonso Alejo. 
1699. Primer Conde de Miravalle. 

DÁVALOS 3' Bracamonte 3- Espinosa de los Monteros, José .\ntonio Dio- 
nisio. 1702. 

D.\VALOS 3" Bracamente 3' de Ulíbarri Guevara, Pedro Alonso; Conde 
de Aliravalle; Canciller 3- Alguíicil Ma3-or de Cruzada. 1699. 

D.ÍYiLA, Galindo y del Barrio, Juan. Puebla. 1683. 

Deza Ulloa y Murcia, Antonio. Huejotzingo. 1686. 

DoNGO 3' Martínez de la Serna, Carlos Manuel; Cadete de Reales Guar- 
dias de Infantería Espíiñola. 1760. 

EcHÁv.VRRi, Francisco Antonio; Asesor de Cruzada; Juez del Estado 3- 
Marquesado del Valle. 1753. Oidor de la Real Audiencia de México. 

Echavarría Valera 3' de Riofrío, Juan de; Patrón del Monasterio de 
Monjas de San Lorenzo de la Ciudad de México. Recibió el hábito 
en dicho Convento el 31 de Diciembre de 1652. En 11 de Septiembre 
de 1676, se declaró un fuerte incendio en la Iglesia de San Agustín, 
y habiendo quedado expuesto el Santísimo Sacramento, D. Juan 
extrajo la Custodia de entre las llamas, por cu3'o motivo mandó es- 
culpir una custodia en su casa, en la calle que ho3- lleva su nombre 1 

Escal.wte 3- Mendoza 3' Lainez, Juan de; del Consejo de S. M.; Oidor 
de la Real Audiencia de México; Fiscal del Crimen. Recibió el hábito 
en la Iglesia de San Agustín, el 30 de Junio de 1656. 

Esc.\XDÓx y de Llera, Alanuel Ignacio de; segundo Conde de Sierragor- 
da. Querétaro. 1787. 

EscANDÓx 3- la Helguera, José de; primer Conde de Sierragorda. 1749. 

EscoRZ.\ 3' Escalante, Pedro. 1706. 

Espejo Maldonado, Diego de. 1623. 

Espinar Alarting, Diego del; Capitán de Caballos Corazas. 1652. 

EsTR.^DA Valdés 3' Ramírez, Bartolomé de; Contador AIa3-or. 1665. 

F.\GO.\G.\ 3' delragorri, Francisco de; Apartador del oro de la plata. Se 

1 Véase «Mé.xico Viejo y .\necdótico,» por Luis González übregón. 



211 

cruzó en la Iglesia de Jesús María, el 8 de Abril de 1736, apadrinado 
por el Marc(ués de Castel-fuerte, ex-Virrey del Pcri^. 

Fajardo y Chacón, Diego. 1607. 

Fernández de Castro de la Moneda, Gaspar; Oidor de la Real Audien- 
cia de Mé.xico. 16+6. 

Fern.índez de Jáuregui y de \'illanueva, Antonio; Capitán del Kcginiien- 
to de Caballería Ligera, (¿uerétaro. 1779. 

Fernández de Villanucva, Echeverría y Vej^tia _v Delgado Carneros, 
Mariano. 174-2. 

Fernández de \'illaimeva y Linage y Veytia, José; Señor de la Casa 
de Veytia, Oidor de la Real Audiencia de México, y Superintenden- 
te de la Casa de Moneda. 1737. 

Fernández Molinillo 3' García del Moral, Francisco; Secretario del 
Virreinato. 1728. 

Fernández Molinillo 3- García del Aloral, Gabriel; Capitán de la Real 
Guardia de á caballo de México. 1734. 

Fernández Savaniego, Juan; Gobernador de Yucatán. 1715. 

FiGUEROA 3' Silva, Antonio; Gobernador de Yucatán. 1728. 

Flores de Valdés y Urrutia, Agustín Alfonso de. 1668. 

Galindo Quiñones y Barrientos, Francisco; Oidor decano de la Audien- 
cia de Guadalajara. 1759. 

Gallo 3- de Pardiñas, Juan Ensebio de; Castellano de Acapulco. 1719. 

García de Salcedo y García de Santa3-ana, Francisco. El Parral. 1695. 

García de Salcedo y García de Santayana, Manuel. El Parral. 1695. 

GÓMEZ de Cervantes Mejía Altamirano, Gonzalo. México. 1670. 

GÓMEZ de Cervantes 3' López, Gonzalo. 1640. 

GÓMEZ de Cervantes y López, Juan. 164-0. 

GÓMEZ de la Cortina, Joaquín; Marqués de Morante. 184-8. 1 

GÓMEZ de la Cortina, Pedro. 1818. 

GÓMEZ de la Cortina, Servando José; Conde de la Cortina. 1793. 

Gómez de la Cortina, Vicente; Conde de la Cortina. 1816. 

González de Echevarri y ligarte, Francisco Antonio. 1735. 

GoNZ.\LEZ de Mendoza 3- de Espejo Guznián, Diego; Gentilhombre dv 
Cámara. 1629. 

Guerrero y de Ángulo, Pedro. 1623. 

Guevara Altamirano, Fernando de. Puebla. 1660. 

Guevara Altamirano 3' Portocarrero, Iñigo de. Puebla. 1660. 

Gutiérrez Rubalcava, Antonio. 1744. Se ordenó en 1754. 

Gutiérrez Rubín de Celis y de los Ríos, José Nicolás. 1743. 

Gutiérrez Rubín de Celis y de los Ríos, Juan Ignacio. 1728. 

Hurtado de Mendoza, Lie. Pedro. 1697. 

Iglesias y Cotillo, Agustín de; Teniente Coronel del Regimiento de Mi- 
licias de México. 1768. 

1 Nació en Mé.xico durante la d(ini¡nación cspañiila, y de familia mexicana. 



212 

Iturbide, Juan Esteban de; Gobernador del Estado del Valle. 1729. 

Jayakes, Lorenzo; Teniente Coronel de Artillería. 1755. 

Jiménez de los Cobos y del Sen, Manuel José; Capitán; Correo Mayor. 
1708. 

Labastida y Yedros, Pedro de; Oidor. 1686. 

Larrea y Diez Ibáñez, Leandro José de. 1768. 

Larrea y Palomino, Juan Bautista de. 1689. 

Laso de la Vega 3' Brito, Miguel; Capitán del Regimiento de España. 
Vera cruz. 1771. 

Laso de la Vega y Brito, Pedro. Veracruz. 1771. 

León y Luna, Francisco de. 1694. Fué despojado del hábito en 
1725. 

León y Luna, Gabriel. 1694-. 

Lexarr-AZ y de Monroy, José Antonio; Corregidor de Querétaro. 1695. 

López Adán 3- González, Francisco; Oidor; del Consejo de S. M. 1739. 

Manrique, Jerónimo; Castellano de Acapulco. 1648. 

Martínez de Lejarza y Vizcaya, Juan José; Capitán de Infantería de 
Valladolid de Alichoacán. Se cruzó en la Iglesia de San Agustín de Va- 
Uadolid, en 12 de Junio de 1785. 

Meaye y de Castillobeitia, Ambrosio de; Capitán de Milicias de Mé- 
xico. 1768. 

^Medina y Picazo, Francisco Antonio de; Tesorero de la Real Casa de Mo- 
neda. 1680. 

Mejía Altamirano Núñez, Rodrigo de. 1688. 

Mendinueta y de Garro, Pedro Fermín de; Teniente Coronel. Se cruzó 
en el ConYcnto del Carmen de San Ángel, en 10 de Agosto de 1756, 
ñmgiendo de Gran Maestre D. Domingo de Trespalacios, 3' de pa- 
drinos D. Francisco de CháYarri, D. Manuel Cosuela 3- D. José Va- 
lenciano. 

Meneses Monro3- 3- Mendoza Bracamonte y Zapata, Bernardino; 
Conde dePeñalba; Alcalde Ordinario déla Ciudad de México. 1701. 

Molino de Lérida, Francisco. 1561. 

M0LLINED0 3- VillaYÍcencio, Tomás de; Alcalde Ma3-or de Tehuantepec. 
1782. 

MONTEMAYOR Y Prado, Felipe de. 1689. 

Mota y Portugal, Antonio de la. 1619. 

Nogales 3' de Aranda, Miguel Ramón de. Veracruz. 1687. 

XoRiEGA y de Cobielles, Melchor de; Comisario de Guerra. 1780. 

NÚÑEZ Morquecho, Diego; Oidor de la Real Audiencia de México; Pre- 
sidente de la de Guadalajara. 

Ordaz, Diego de; Conquistador. Dorantes de Carranza dice de él lo si- 
guiente: « Segundo Procurador General que fué á Castilla 

Después fué por Gobernador al Río Marañón, 3- consiguió por sus 
serYÍcios y calidad el hábito de Santiago, 3- este caballero, como ani- 
moso, fué uno de los que subieron á la cumbre del Yolcán de la Pue- 



213 

bla (Popocatepetl).» Más tarde se le concedió (|iie diclio volcán figu- 
rara en su escudo de armas. 

Orejón y de Socis, Diego; Corregidor de México. 1642. 

Ortega y de Tapia, Juan de. 1671. 

Ortiz de Cazqueta y Ballesteros, Bartolomé; Marqués de Altamira. 
1687. 

Ortiz de Largacha y Gómez, Diego. Veracruz. 1668. 

OssoRio Barra y de Valcárcel, Lorenzo. 1694-. 

OzT.v y Múzquiz, Juan Casimiro de. 1782. 

P.\CHECO de Córdoba Bocanegra, Carlos de; Marqués de Yillamayor; 
Adelantado del Nuevo Reino de Galicia. 1631. 

P.\iiPLON.\ y Bitrián, Martín de. 1726. 

P.\Rini\.\s Villar de Franco y Fernández Franco, Juan Isidro. 1680. 

P.VRDO de Figvieroa y de Lujan, Sigonci y Recalde, José; Capitán de las 
Guardias del Real Palacio de Aléxico. 1734. 

P.\RDO de Nájera, Isidro; Contador del Tribunal de Cuentas. 1728. 

PÉREZ Gálvez, Crespo y Gómez, Antonio; Conde de Pérez Gálvez. Reci- 
bió el hábito en la Iglesia de San Agustín, en el año de 1801, de ma- 
nos de D. Juan José Martínez de Lexarza, siendo padrinos de espue- 
las D. Antonio de Septién y D. Juan de Jáuregui, y de espada el Mar- 
cjués de San Juan de Rayas. 

PoNCE de León 3' Cueto, Tomás; Veinticuatro de Sevilla. Puebla. 1677. 

Puente y Peña, Castejón 3- Salcines, José de la; Marqués de Villapuen- 
te. 1696. 

RÁBAGO y Roiz, José de; Contador Mayor de la Real Casa de Moneda 
de México. 1756. 

R.\BAGO y Terán 3' Roiz, Felipe de; Capitán Comandante del Real Pre- 
sidio de San Sabá de las Amarillas. 1768. 

Rengel de Alcaraz Paez Nieto de Villegas y González de Vargas; pri- 
mer Conde de Alcaraz. 1779. 

Retes \' Largacha, José de; Apartador del oro de la plata. 1681. 

Rincón Gallardo, Manuel; primer Marqués de Guadalupe. 1804. 

Río DE Loz.v y Gordejuela, Rodrigo del; Conquistador de los indios 
chichimecas; Gobernador 3' Capitán General de Nueva Vizca3^a. 1588. 

RiVADENEYRA de Oñatc, Francisco. 1609. 

Rodríguez de Alliuerne 3- Miranda de Albuerne, Juan; Marqués de Al- 
tamira; del Consejo de S. M.; Oidor de la Real Audiencia de México 
3^ Consultor del Santo Oficio. 1751. 

Rodríguez de Pedroso y Soria, Antonio; segundo Condede Jala; Maes- 
trante de Sevilla. 1769. Al quedar viudo, se ordenó de sacerdote en 
el Convento de Santa Isabel, el 5 de Junio de 1784. 

Rodríguez de Vargas 3- Guerra, Tomás; Familiar del Santo Oficio de 
la Inquisición. 1720. 

Rodríguez, Saenz de Pedroso, Manuel; primer Conde de Jala; Capitán 
de Granaderos; Regidor peqjetuo de México. 1754. 



214 

Rodríguez y García de Are llano, José Julián; Capitán de Granaderos. 
México. "l769. 

Rodríguez y de Madrid, Isidro. 1713. 

Rodríguez y de Madrid, Sebastián. 1713. 

Romero de Terreros, Trebuesto }• Dávalos, José María Antonino; 
primer Marqués de San Cristóbal. Se cruzó en la Iglesia de San Agus- 
tín del Puerto de Cádiz, en 1802. 

Romero de Terreros v López de Peralta de Villar Villamil; cuarto 
Conde y primer Duque de Regla; Marqués de San Cristóbal; de San 
Francisco y de Yillaherraosa de Alfaro; Conde de San Bartolomé de 
Jala; Maestrante de Sevilla; Gran Cruz de la Orden de Carlos III. 
Se cruzó en la Iglesia de las Comendadoras de Santiago en Madrid, á 
31 de Diciembre de 1851, y profesó el 22 de Enero de 1853 en la Igle- 
sia de San Jorge de Valencia, i' 

Rubí.v de Celis, Juan Ignacio; Cura de Santa María la Redonda. 1753. 

Ruiz de Morales y de Molina, Antonio; Obispo de Puebla. 1572. 

Saa yedra a- Giráldez; Teniente de Fragata. Se cruzó en la Iglesia de 
Monterrey el 17 de Septiembre de 1796, á manos de D. Diego 
de Bórica y Rétegui. 

SÁEXZ de Santa María 3' Sáenz Rico, Ignacio José. Veracruz. 1748. 

S.\ENZ de Santa María y Sáenz Rico, Pedro José Ignacio. \'eracruz. 

Sáez Izquierdo, Francisco; Corregidor de México; Gobernador de Yu- 
catán. 1664. 

Salced.\ y Mejía, Jerónimo Magdaleno de. Valladolid de Michoacán. 
1652. 

SÁNCHEZ de Tagle y de la Campa, Manuel; Capitán del Regimiento 
Provincial de México. 1783. 

S.ÍXCHEZ de Tagle y González de Llano, Francisco Antonio. 1729. 

San Martín de Echeverri, Martín; Corregidor de México. 1659. 

Serrano Rosales y González Dávila, Francisco. 1635. 

Silva Enríquez 3' Ochoa de .Yvila, Francisco de. 1630. 

SoLÍs Mendoza 3' Cantero, Femando; Castellano de San Juan de Ulúa. 
1668. 

Su-ÍREZ de Sousa, Femando. 1664. 

Taboada, Antonio de; Alcalde Ma3-or de Soconusco. 1674. 

Ter.ín de los Ríos. Tomás; Coronel de los Reales Ejércitos: Capitán 
General de la Nueva Galicia; Presidente déla Real Audiencia de Gua- 
dalajara. 1728. 

Trebuesto Alvarado, Pedro de. 1728 

Trespalacios y Escandón, Domingo de; Oidor de la Real Audiencia de 
México. 1753. 

Ubill.í 3' Se,guera. Miguel de. 1676. 

1 Nació en .\Ié.\ici> durante la dominación española. 



215 

Ukiiíe, Castejóu}- Medrano, José Joaquín de; Oidor. 1702. 

ITkibe 3^ Castro, José de. Tomó el hábito en la Iglesia de San Cosme, el 
21 de Noviembre de 1703. Fueron sus padrinos Fray Dietío de Ifi 
Cadena, Provincial de San Agustín, y el Tesorero Francisco de Me- 
dina Picazo: asistieron doce caballeros. 

Urki'ti.\ de Vergara y Flores de Valdés, Antonio de. 1668. 

Urrutia, Retes y de Inoriza, Juan de; primer Marqués de la Villa de^ 
Villar del Águila. 1687. 

Ursúa Arizmendi, Martín de; Conde de Lizárraga; Gobernador de Yu- 
catán. 1621. 

Ursúa y de Elizalde, Francisco Jerónimo; Conde del Fresno de Ui Fuen- 
te; Regidor decano de México. 1704-. 

Valc.írcel y Formento, Domingo; Alcalde del Crimen. Se cruzó en la 
Iglesia de Jesús María, el 18 de Octubre de 1734-. 

Valdés y Beltrán, Fernando. 1651. 

Valdés y Beltrán, García de; Conde de Mecel de Peñalba; Alcalde Ma- 
yor de Puebla; Gobernador de Yucatán. 1658. 

Yaldiyielso y Azlor, Pedro; Conde de San Pedro del Álamo. 1752. 

Valdivielso y Villa, José Domingo de; Capitán del Presidio del Pasaje. 
1768. 

V.\LENCiANo y Aguirre, José Manuel. 1752. 

Valenzuela y Enciso, Fernando de; Marqués de Villasierra. Vino á Mé- 
xico por haber caído en desgracia en la Corte, en donde había sido 
favorecido por la Reina Madre de Calos II. Se le decía: «El Duende.» 
1672. 

Velasco Altamirano, Nicolás de. 1613. 

Velasco y de Ircio, Antonio. 1598. 

Velasco y de Ircio, Francisco. 1576. 

Velasco y Tejada, Manuel. 1694. 

Velázquez de la Cadena y Caballero, Pedro. 1672. 

YeláZQUEZ de la Cadena y de Orduña, Diego; Señor de la Villa de Ye- 
cla. 1696. 

VÉLEZ de Escalante y Pérez de Ortegón, Felipe. Tomó el hábito en el 
Oratorio de San Felipe Neri, el 29 de Noviembre de 1692. 

VÉLEZ de Medrano y Manso de Zúñiga, Pedro. 1621. « Llegó á Ve- 

racruz un navio y trajo por nuevas que había llegado la flota 

que despachó el Señor Obispo Gobernador, libre de las manos del 
enemigo holandés y portugués, en que venía por General D. Pedro 
Vélez Medrano, del hábito de Santiago, General que fué de la arma- 
da real de barlovento de este reino, año de 1646, persona que estuvo 
en este reino en tiempo del Conde de Salvatierra, y su mujer é hijos 
dejó en la Villa de Atlixco, jurisdicción de la Puebla; que habiendo 
pretendido la plaza de castellano en Acapulco, no se la dieron y se 
pasó al portugués y se C[uitó el hábito de Santiago \' se puso el de 
Cristo. Y así vino cédula de S. M. para qtie trajese á su mujer é hi- 



216 

jos á esta Ciudad 3- se remitiese á los reinos de Castilla con toda co- 
modidad.» — Guijo. Diario de Sucesos Notables. 

Vera Aceves 3' Mejía, Juan de; Capitán 3' Sargento Mayor; Tesorero 
de la Real Casa de Moneda. 164-6. 

Verdugo Guardiola, Guzmán y de Santa Cruz, Luis de; Conde de la 
Moraleda. 1682. 

Vergara Urrutia 3' García de Espinaredos, Antonio de; Sargento Ma- 
3-or del Reino. 1644. 

VÉRTiz 3' Ontañón, Juan José de; Gobernador de Nueva Vizca3-a. 170S. 

ViLLALBA y de AngT.do, Juan de; Teniente General de los Reales Ejérci- 
tos. 1756. 

Villa viCENCio y Villavicencio, Agustín de; Oidor de la Real Audiencia 
de México. 1641. 

Villegas 3- de Sandoval, Diego. Pátzcuaro. 1629. 

Vivero y Velasco de Luna, Luis. Cholula. 1624. 

Yandiola 3" del Campo, Juan José; Capitán de Milicias; Comandante 
del Cuerpo de Dragones de San Juan Bautista. Durango. 1800. 

Yriarte 3- de Hualde, Manuel de; Sargento AIa3-or de la Frontera del 
Parral. 1706. 

Zaldívar 3- Diez de Mendoza, Vicente de; Maestre de Campo. Zacate- 
cas. 1626. 

Zapata Alaldonado, Francisco. Guadalajara. 1615. 

Zavala 3' Zavala, Agustín de. Zacatecas. 1625. 

Zurita 3- de Heredia, Pedro de. 1675. 



ORDEN DE CALATRAVA. 

La Villa de Calatrava, situada sobre la margen izquierda del río 
Guadiana y el castillo de su nombre, fueron ganados á los moros, des- 
pués de reñidas luchas, por D. Alfonso III en 114-7, quien encomendó su 
defensa á los Caballeros Templarios. A pesar de tan aguerridos defenso- 
res, difícil era para la plaza resistir al enemigo musulmán que en gran- 
des números acudía á asediarla, y temiendo un desastre, presentáronse 
los Templarios al Re3' Don Sancho III, renunciando el cargo C|ue les ha- 
bía sido conferido. Hallándose el Monarca en grande conflicto, decidió 
mandar publicar por tod os sus dominios que el que acudiese á defender la 
plaza 3' castillo de Calatrava, los obtendría en propiedad para sí 3' sus 
sucesores. Los únicos que respondieron al llamamiento fueron dos mon- 
jes cistercienses, Fra3' Raimundo Serra, Abad de Fitero 3- Fra3' Diego 
Velázquez, hidalgo 3- antiguo soldado del Emperador. Tanto disgustó 
al Re3-que sólo acudieran estos dos eclesiásticos, que al principio se des- 
entendió de la propuesta, pero insistiendo los monjes, otorgó la escritu- 
ra de donación en Almazán, á 1" de Enero de 1158. Retiñidos al- 



217 

jíuiios miles (le hombres (muelu>s de los eualcs profesaron en la orden 
del Cister), marcharon bajo el mando del Abad de Fitcro 3- de Fray 
Die.Lio; tomaron posesión del castillo 3' pusiéronle en tan buen estado 
de defensa, que nada pudieron en contra de él los musulmanes, bastando 
los guerreros no sólo para guarnecer la plaza, sino aun para extender 
sus conquistas á las poblaciones cercanas. 

Quiso el abad establecer una orden militar, y consiguió del re^' el 
permiso necesario, instituyéndola en 1158, bajo la reglade San Benito 
y con el laudable fin de hacer la guerra á los moros y defender la Fe de 
Cristo. Tomó el nombre de Calatrava, y en 26 de Septiembre de 1164, 
expidió el Papa Alejandro III una Bula, aprobándola, l 

Fué su jjrimer jefe el mismo Fra^- Raimundo, conservando el dicta- 
do de abad hasta su muerte, cuando fué cambiado al de Gran Maestre, 
invistiéndosele á Don García. Tuvo esta orden siete dignidades: el iWaes- 
íre, el Lugarteniente General, el Comendador Mayor de Aragón (ó de 
Alcañiz),iil Clavero, el Prior del Convento de Calatrava, el Sacristán 
Mayor y el Obrero; ciento treinta encomiendas, diecisiete prioratos y 
cinco conventos. Desde su primer Gran Maestre gobernaron treinta, 
hasta Don Garci López de Padilla, á cuA^a muerte pasó la Jefatura de 
la Orden á la Corona de Carlos V. 

La Cruz de Calatrava es ñoreteada de gules, pero la primitiva fué 
de sable (negro). 



VIRREYES DE NUEVA ESPAÑA QUE VISTIERON 
EL HÁBITO DE CALATRAVA. 

4-2" D. Agustín de Ahumada y Villalón, Marqués de las Amarillas. 
Comendador de la Reina. 1755-1760. 

45" D. Carlos Francisco de Croix, Marqés deCroix, Comendador de 
Molinos y Lagunarota. 1766-1771. 

49" D. Bernardo de Gálvez, Conde Gálvez. Comendador de Bola- 
ños. 1785-1786. 

51" D. Manuel Antonio Flores, Comendador de Molinos 3' Laguna- 
rota. 1787-1789. 

52" D. Juan Vicente de Güemes Pacheco de Padilla, 2° Conde de Re- 
villagigedo. Comendador de Peña de Martos. 1789—1794. 

53" D. Migviel de la GrúaTalamanca y Branciforte, Marqués de Bran- 
ciforte. Grande de España, Comendador de Torres y Cancna. 1794— 
1798. 

59" D. Francisco Javier Venegas de Saavedra. 1810-1813. 

61" D. Juan Ruiz de Apodaca, Conde del Venadito, Comendador de 

Ballaga y Alganga. 1816-1821. 

1 En 1540 conmutó Paulo III el voto de castidad absoluta porel de castidad conyu- 
gal. 

AxAi-Ks. T. IV.— 28. 



218 



CABALLEROS. 

Aguirke Negro 3- Estrada Martínez deMaturana \' Estrada, José Fran- 
cisco de; Oidor de la Real Audiencia de Aléxico. 1734. 

Aller Díaz Ingnanzo, Pedro Alonso; ^Marqués de Santa Cruz de In- 
guanzo. 1800. 

Arandia y Santiesteban, Ibáñez Echeverría y Alberro, Pedro Manuel 
de. 1750. 

ArÍstegui, Pedro Ignacio de. 17SS. 

Arredondo y Mioño, Pelegrín y Bustamante, Joaciuín. 1796. 

Alvarez Serrano y Bernardo de Ouirós Blasmontc yRasjel, Fernando. 
1651. 

Azoca, Femandode. Recibió el hábito el 20 de Enero de 1653, en el Con. 
vento de San Francisco. 1675. 

Becerra, Francisco. 1675. 

Bena vides Ponce de León Alanrique de Artcaga y Salvago, Luis de. 
1624. 

BÉRTiz 3' Salcedo, Juan José de. Alérida. 1760. 

Biempica, Salvador; Obispo de Puebla. 

Brexa V Negrete Cano de la Peña, Manuel Francisco de la. 1799. 

Bruna, Bartolomé; Alcalde del Crimen. 1756. 

Busto 3^ Mo\'a, Jerez y Ocampo, Francisco Matías de; Mangues de San 
Clemente. Guanajuato. 1738. 

Campa, Juan Alonso de la. 1752. 

Canal, Manuel Tomás de la. San Miguel el Grande. 1731. 

Canales Gacio Barbera 3- Cabestan3-, Francisco. Tomó el háljito en la 
Iglesia de Monserrate el 13 de Noviembre de 1692. 

Canseco Ponce de León, Manrique de Arteaga 3- Salvago, Francisco. 
1618. Entró en la Compañía de Jesús antes de despachársele el há- 
bito 3' murió en ella. 

Ceballos Villegas Bustamante y Sais, Diego de. 1698. 

Cortés Hermosilla Pizarro3- Pizarro, Luis, hijo natural del Conquista- 
dor. 1545. 

Cossío, Toribio de; Marqués de Torre de Campo. 1714. 

Diez de la Mora, Aligucl; Corregidor de México. 1728 

Estrada 3- Xiño de Castro, Ramírez Jove 3- Córdoba, Felipe de. 1702. 

Fernández de Jáuregui 3" Urrutia, Sebastián. Ouerétaro. 1755. 

Fern.vndez de la Madrid, Luis Manuel; Gentilhombre de Boca; Oi- 
dor de la Real Audiencia de Aléxico. 1724. 

Fernández de Otañes 3- Otañes Cuesta 3- Pucheta, Fre3- Andrés. Pue- 
bla. 1765. Como, según las definiciones de la Orden, los caballeros 
profesos podían anteponer á sus nombres el dictado de ((Fre3',)) elevó 
un escrito al Rey Carlos III, de quien obtuvo Cédula fechada en Aran- 
juez á 3 de Mavo de 1783, confirmándolo en el uso de dicho dictado 



2t9 

que no abandonójamás. Publicó un formulario de las ceremonias pa- 
ra la toma de Hábito de Calatrava. i 

Frrxáxdkz de Santa Cruz y de Cantabrán, Guión de Colmenares 3' 
Sáenz de Yillanueva, Joaquín Manuel; Alarqués de Buenavista. To- 
mó el hábito en el Oratorio de San Felipe Neri el 2 de Octubre de... 
1700. 

Flores de \'íildcs, Antonio Alonso; Capitán del Batallón de Méxi- 
co. 1G46. 

GoNZ.vLiíZ del Campillo y Alvarez Rubín de Noriega y Bear, Agustín; 
Capitán del Keginiiento fijo de Guanajuíito. Tomó el hábito en la 
Iglesia de Monserrate de México, fungiendo de Gran Maestre D. 
Joaquín de Arredondo, de Freile el Prior de San Benito, Fray Miguel 
Ruiz, y de padrino D. Manuel Francisco déla Breña y Negrete; 27 
de Junio de 1804. 

GoNZ.ÍLEZ de Cossío 3- de la Herrán, Gómez de Linares y de la Herrán, 
Juan Manuel; primer Conde de Torre Cossío. 1767. 

GoRRÁEZ Beaumont yBuitrago, Liñán y Benedi, Francisco de. 1649. 

Hoyo y Azoca y Serrano de Rosales y de Avila, Francisco de. 1000. 

JÁUREGUi, José de. Se cruzó en la Iglesia de Monserrate en Abril de 
1754. 

Jiménez de Bohorquez y Dávila, Velázquez y Gaviria, Juan. Mérida. 
1662. 

Lanzagorta y Landeta Urtusaústegui y Saravia, Francisco Anto- 
nio de. 

Lanzac.orta y Landeta, l'rancisco de. En ()ctul)re de 1752 recibió el 
hábitcj junto con el anterior, su padre, en la Parroquia de San Mi- 
guel el Grande, fungiendo de Maestre D. Juan Alonso de la Campa, 
y de padrinos el Alférez Real D. Francisco de Landeta y D. José de 
la Campa. 

Lr.N.v y Arias, Mariscal 3' Corleto, Francisco Mateo de; Contador del 
Real Tribunal de Cuentas. Guadalajara. 1710. 

LuY.\NDO y Camacho Jania 3^ Arroniaquirós, Luis Miguel de; Regidor 
perpetuo de la ciudad de México. 169S. 

Llano, José Alariano; Corregidor de Oaxaca. 1784. 

Madrazo Escalera, Rueda y González Valdivielso, Diego. 1689. 

Malo de Villavicencio Salas 3- Arias, Pedro; Oidor decano de la Real 
Audiencia de Aléxico. 1709. 

1 Formulario | Manual | de las Ceremonias | que se practican para recibir el Aljito de | 
la Ínclita Militar Orden | de Calatrava, | aprobada y confirmada | Por la Santidad de 
Alejandro tercero, | en veinte y cinco de Septiembre de | mil ciento sesenta y cuatro, | ba- 
xo la re^la del Patriarca | Señor San Benito, I Y las que corresponden á su Pofesión. | 
Sacadas | del Libro de las Definiciones | de dicha Orden, | Conforme al Capítulo General 
celebrado | en Madrid el año de mil seiscientos | cincuenta y dos. | Impreso en la Puebla 
de losAnu;eles, | en la Oficina de Don Pedro de la Rosa. I Año de 1783. | — Un volumen en 
8vo. con XX páginas preliminares y 119 de texto, y una lámina con el retrato de Car- 
los III. 



220 

Manrique de Lara y Manrique de Aguayo y Bazán, Sabiniano; Caste- 
llano de Acapulco. 1631. 

Martínez de Aguirre, Munárriz y Fuentes, Jwaii Jacinto. Recibió el 
hábito el 20 de Julio de 175-i, en el Santuario de Guadalupe, de ma- 
nos del Prior de Monserrate, Fray Ramiro González. Fungió de Gran 
Maestre D. José Rodríguez del Toro, y fueron padrinos D. Juan Vi- 
cente Güenies, hijo del Virrey, y los Marqueses de Torres de Rada y 
San Miguel de Aguayo. 

MiCHAUS y Aspíroz, López de Cestoa y Ecliarri, Martín Ángel de; Sar- 
gento Mayor del Regimiento de Infantería del Comercio de México. 
1819. 

MoNSALYE y Monsalve, Córdoba y Bazán de Albornoz, Francisco An- 
tonio de. 1655. 

MoNTEiRDE y Antillón, Luis de. 1720. 

Moscoso y Cortés, Córdova y Vela.sco y Bravo de Saravia, Jaeintode; 
Alcalde de México. 1670. 

Pablo Fernández y Arteaga, Fernández y Mexía de Vera, Francisco 
Marcelo; primer Marqués de Prado Alegre. 1768. 

Padilla 3' Estrada Gómez de Arratia y Niño de Castro, José Gregorio 
de; tercer Marqués de Santa Fe de Guardiola. 174-1. 

Padilla, Gómez de Arratia Guardiola y Guzmán Meira y Cisneros, 
Juan Ildefonso de; segundo Marqués de Guardiola. 1691. 

Padilla y Guardiola, Castrejón y Guzmán, Juan de; primer Marqués 
de Guardiola. 1682. 

Pardo de Lago y Medrano, Altamirano 3- Correa de Silva, Jeróninu) 
Andrés. 1718. 

Patino, José. 1728. 

Peña y Salcines Tazón y San Cipriano, Francisco de la. 1688. 

Porras, José de. 1790. 

Rad.\, José de; Marqués de las Torres de Rada, Gran Canciller de Nue- 
va España. 1753. 

R1AÑ0 y Barcena de los Cuetos y Velarde, Juan Antonio de; Intendente 
de Guanajuato. 1797. 

Rivaguda 3" Encío Ojeda 3' San Vicente, Alvaro de; Alcalde Mayor de 
San Miguel el Grande; Gobernador de Campeche. 1690. 

Rodríguez de Medina 3- Monel, Estrada y Sandier, Alonso Ignacio. 
1666. 

Rodríguez del Toro é Isturiz Heredia 3' Guerra, José; Oidor de la Real 
Audiencia de México. Tomó el hábito el 8 de Febi'ero de 1753, en la 
Iglesia de las Capuchinas, fungiendo de Gran Maestre el Marqués 
de las Torres de Rada. 

Rojas 3- Mejía de Sandoval, Vírues 3- Morquecho, Juan de. 1667. 

Romero de Terreros, I'edro; ])rimer Conde de Regla; fundador del 
Monte de Piedad. 1752. 

Ruiz de Zavala y Gordejuela, Sáez de Alalia 3' Lois, Juan. 1680. 



221 

SÁENZ (le Santa María _v (tÍI, Prudencio y Sáenz de Santa María, An- 
tonio, Jalajia. 1798. 

Samanikc.o del Castillo Tazóny IJanta, Manuel de; Conde de Sama- 
niejio del Castillo; Cajjitán de Dra.Líones de Sierra Li'ord a. 1819. 

Samanieoo 3" Pacheco de Foumeau y de Rivera, Carlos de; Alcalde de 
México en 1703. 

S.í.NCHKZ de Tagle y Pérez de Bustamante de la Rasa y Pérez de Cas- 
tro, Pedro. 1695. 

Sandoyal y Castro, Garcitello; .Mealde Mayor de Chalco. 165-1. 

Septiéx y Castillo, Antonio; Capitán de Caballería provincial de üuc- 
rétaró. 1784. 

SoLÍs Barrasa y Quiñones Ulloa Ordvn'ia y Vázquez de Ulloa, Francisco 
de. 1619. 

SuÁREZ Muñoz, Manuel; Alcalde de Corte. 1695. 

Valc.\rcel y Altamirano Baquerizo y Gorráez, Antonio. 1762. 

Yaldiyielso y de Echeverz, Azlor 3- Mier, José Francisco de. 1745. 

Valdiyielso y Tagle, Pedro Hermenegildo de. 1734. 

Villar Villamil Trelles Omaña y Villademoros, Fernando Antonio 
de; Teniente de Capitán Genei-al y Gobernador de las Costas del 
Mar del Sur. 1713. 

Villar Villamil 3- Primo, Alvarado y Villanueva, José; Teniente de 
Granaderos. Tomó el hábito en la Parroquia de Tacuba, el 10 
de Agostodel802; fungió de Freile el Abad de Monserrate, de Gran 
Maestre el Marqxiés de Santa Ci-uz de Inguanzo, 3' de padrinos: D. 
Agvistín de Breña, D. Pedro Ignacio Arístegui, D. Joaquín Benito de 
Medina y Torres y D. Esteban González de Cossío. 



ORDEN DE ALCÁNTARA. 

Don Suero 3- Don Gómez Fernández Barrientos, hermanos nobles de 
Salamanca, instigados por un anciano ermitaño, decidieron, junto con 
otros caballeros, construir una fortaleza en el lugar de San Julián de 
Pereiro, sobre las márgenes del río Coa 3' á diez millas de distíincia 
de Ciudad Rodrigo, con el objeto de defender aquel territorio de las co- 
rrerías de los moros. Quisieron, para tal efecto, constituirse en Orden Mi- 
litar, 3' Don Ordoño, Obispo de Salamanca, á quien acudieron para que 
los aprobase, les envió alg"unos monjes del Cister para que los instru- 
3'esen y cuidasen en sus necesidades espirituales. Adoptaron la mencio- 
nada regla, 3- observándolos tres votos, de castidad, pobreza y obedien- 
cia, mortificábanse con a3-unos y otras penitencias. Aprobada la orden 
por Alfonso IX de León, y valiéndose del mencionado obispo, obtuvie- 
ron los Caballeros de San Julián ele Pereiro (pues así se les llamaba) la 
confirmación de ella, por Bula de Alejandro III, en 29 de Diciembre 
de 1177. 



222 

No conviniendo á los caballeros de Calatrava seguir custodiando 
el castillo 3' lugar de Alcántara, que algún tiempo antes ganaran ba- 
jo el gobierno del Gran Maestre D. Martín Fernández de Quintana, 
ofrecieron la plaza en 1218 á los Caballeros de San Jvilián, teniendo en 
cuenta la identidad de regla y objeto de ambas instituciones. Aceptá- 
ronla éstos de bvien grado 3- cambiaron su nombre primitivo porel de 
Alcántara, pero por el convenio que para esto se hizo, quedaron en cier- 
to modo sujetos á los caballeros de Calatrava. 

Tuvo treinta y siete Grandes Maestres, siendo el último D. Juan 
de Zúñiga. 

Dos son sus dignidades: Comendador Mayor y Clavero; y su cruz 
(en lo antiguo llana de sable) es floreteada de sinoplc (verde), de igual 
forma r|ue la de Calatrava. 



VIRREYES DE NUEVA ESPAÑA QUE VISTIERON 
EL HÁBITO DE ALCÁNTARA. 

21° D. Luis Enríquez de Guzmán, Conde de Alba de Liste, Mar- 
qués de Villaflor. 1650—1653. 

25'=' D. Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera. 1664 
-1673. 

29" D. Melchor Portocarrero, Lasso de la Vega, Conde de la Mon- 
clova. 1686-1688. 

30° D. Gaspar de Sandoval, Silva y Mendoza, Conde de Galve. 
1688-1696. 

37" D. Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte, Comendador de 
Adelfa. 1722-1734. 

40" D. Pedro Cebrián 3^^ Agustín, Conde de Fuenclara, Comendador 
de las Pueblas. 1742-1746. 

47"^ D. Martín de Mayorga. 1779-1783. 



CABALLEROS. 

Alcega, Ibargoen 3- Alcega, Alza3'aga 3- Alquiza, Luis de. 16U4. 

Altamirano 3' Castilla, Altamirano y Sosa, José. 1626. 

Azoca, Francisco de. 1650. 

Bañuelos, Carrillo 3- Peñalosa, de la Cerda 3- Vivero Tarsis, Jerónimo; 

Regidor de México. 1648. 
Bonayía y Zapata, Bernardo; Comendador de Betundeira. Durango. 

1800. ' 
Campa Cos y Cos Sánchez de Cos 3' Sánchez de la Garzada, Femando 

de; Coronel; primer Conde de San Mateo de Valparaíso. 1725. 



223 

CoNTKicuAS y Torres, Gucrnici Ayala y E,u'ninc), Juan de; Oidor de la 

Real Audiencia de México. 1666. 
Cortés y Arellaiio, Zúñij^a y Arellano, Jerónimo. 1590. 
Fekn.índkz de Careaba y Rodríguez García y Fernández de la Mata, 

Manuel; Capitán de Caballería. Tomó el hábito el 29 de Junio de 

1804, en la Iglesia de Monserrate, fungiendo de Gran Maestre D. 

Benito de Medina y Torres, y siendo sus padrinos D. Esteban 

González de Cosío y D. Francisco de la Breña. 
FoNCEKKAüA y Ulíbarri, Montano y Hurtado de Mendoza, José Ber- 
nardo de; Capitán de Milicias 3' Alférez del Ayuntamiento de \'a- 

Uadolid de Alichoacán. 1791. 
FoNSECA, Juan de. 1659. 
Gil y Sáenz de Santa María López Sáenz Rico y Monterdede Antillón, 

Juan José; Alférez del Regimiento de Reales Guardias de Infantería 

Española. Yeracruz. 1798. 
González de Cosío, Esteban. 1788. 
Hoyuela y Cabrera González Serna y Ayala, José Julián de la; Capitán 

del Regimiento de Infantería del Príncipe. 1775. 
Larrea, Juan de. 1692. 

Larrea, Luis de. Este y el anterior tomaron el hábito el día 3 de No- 
viembre de 1692 en la Capilla de Aranzazu del Convento de San 

Francisco, apadrinándolos el Virrey Conde de Galve. 
Lobo y García de Campos, Candiani y Arraido, Manuel; Teniente de 

Navio de la Real Armada. Jalapa. 1802. 
Luna y Arellano, Tristán de; Mariscal de Castilla; Señor de Siria y Bo- 

robia. Fué nombrado Gobernador de la Jamaica, pero no habiendo 

aceptado, se le desterró. Puebla. 16-42. 
LuYANDü Bermeo 3' Camaeho Jania, Camachojania y Arroniaquirós, 

Juan Bautista de; primer Marqués de Salvatierra. 1679. 
Medina y Torres de la Cruz Saravia 3- Maldonado, Joac[uín Benito de; 

Capitán del Regimiento de Infantería Provincial de México. Tomó 

el hábito en 30 de Agosto de 1786, en la Iglesia de Monserrate. 
Medina y Torres de la Cruz Saravia y Maldonado, Francisco Antonio 

de. México. 1761. 
Medina 3' Torres de la Cruz Saravia 3' Maldonado. Juan María de. 

1761. 
MoNSALYE 3' Bazán de Albornoz, Armendáriz 3^ Alljornoz, Francisco 

de. México. 1639. 
MoNTE.vc.UDO y \'aliente Cros y Escribano, López Ortiz Jiménez de \'i- 

llarreal, Nicolás de; Capitán del Regimiento ñjo de México. 1792. 
Nogales Dávila, Pedro; Obispo de Puebla. 1708. 
Pedreguera 3' Morales, Obregón 3' A3'ala, Manuel José de la; Guardia 

de Corps de la Compañía Americana; Marqués consorte de San 

Francisco. Jalapa. 1804. 
Peña 3' Rueda Salcines y Esquivel, Andrés de la. 1693. 



224 

Ramírez 3- Vaklés Menéndez y Valdés, Alonso; Corregidor de México; 
Alcalde Mayor de Soconusco. 1663. 

Retes 3' Largacha Salazar Largacha 3' Salazar, Domingo de; Mar- 
qués de San Jorge. 1690. 

SÁNCHEZ de Tagle 3^ Valdivielso, Pérez de Bustamante 3^ Mier, Fran- 
cisco. 1745. 

Tello de Guzmán 3- Valdés, Alaldonado 3- Cervantes, Francisco. 1632. 

Trebuesto, Alvarado 3^ Velasco, Pedro de; Conde de Miravalle. 1713. 

Ursúa Monarres, Francisco; Conde del Fresno de la Fuente. Diólc el 
hábito el Yirre3' Conde de Galve en la Iglesia de San José de Gracia, 
á 19 de Octubre de 1689. 

Urrutia 3' Arana Pérez de Inoriza 3- Chávarri, Juan Antonio de; Mar- 
qués de la Villa del Villar del Águila. 1698. 

Valdivielso 3' Sánchez de Tagle, Mier 3' Pérez de Bustamante, Fran- 
cisco Manuel de. 174-5. 



ORDEN DE MONTESA. 

Al extinguirse la orden de los Templarios por Clemente V, ordenóse 
que sus propiedades pasaran á poder de la de San Juande Jerusalén, 3- 
dicha medida empezaba á cumplirse en España, cuando Jaime II de 
Aragón pretendió que los bienes 3' rentas de los primeros le fueran ce- 
didos para una orden que deseaba fundar, con el objeto de defender á 
sus vasallos de las correrías de los moros. No quiso acceder el Papa 
Clemente, pero sí su sucesor Juan XXII, 3- en seguida reunió el Monar- 
ca aragonés á lo más florido de su reino 3' cjuedó instituida la orden, 
cjiíe aunque había de seguir la regla de Calatrava 3- gozar de las pro- 
piedades que ésta tenía en Aragón, adoptó el nombre de Santa María de 
Mantesa, por llamarse así la villa en donde quedó establecida su ca- 
becera. 

Tropezó con algunas dificultades debido á la demora del Maestre 
de Calatrava en armar á los neófitos caballeros Montesanos, pero al 
fin quedó instituida 3' nombróse á D. Guillen de Eril como su primer 
Gran Maestre. 

Aprobáronse sus constituciones por Clemente VII, 3^ en 24 de Abril 
de 1400 se unió á la orden de San Jorge de AJíama, cu3-o origen fué el 
siguiente: 

En 21 de Septiembre de 1201, el Re3' D. Pedro II de Aragón hizo 
donación de la fortaleza 3^ monasterio de Alfama, situada á cinco le- 
guas de Tortosa, en el Principado de Cataluña, á D. Juan de Almena- 
ra 3^ otros caballeros para que, además de hacer la guerra á los infie- 
les, se rindiese culto á San Jorge. Profesaron los caballeros la regla de 
San Agustín, con algunas modificaciones, 3- aprobáronse los estatutos 
respectivos por Gregorio I, en 15 de Ma3'o de 1373. El que primero 



225 

ejerció el Gran Maestrazjío fué el citado Almenara, caballero catalán, 
y después de él hubo nueve hasta D. Fr. Francisco Kipollés, en cuyo 
tiempo yá instancias del Re^- Martín, quien veíamu}- próxima la ruina 
de la orden por lo relajado de sus costumbres, unióse á la de Montesa 
por Bula de Benedicto III. 

No se incorporó la Orden de Montesa á la Corona hasta el reinjido 
de Felipe II, ciuien obtuvo parfi ello Bula de Sixto V, dada en Roma á 
15 de Marzo de 1587. 

Sus divinidades son: el Comendador Mayor de Peñíscola, el Obrero 
V los Albaceas, á quienes antiguamente correspondíala administración 
de los bienes de los freires difuntos. 

Usaban en un principio los caballeros de Montesa la cruz primitiva 
deCalatrava, es áecir, fíordelisada de sable; pero al efectuarse la unión 
con la Orden de San Jorge de Alfama, adoptaron, con autorización apos- 
tólica, la de este Santo, ]lana y de ffules. 



VIRREY DE NUEVA ESPAÑA QUE VISTIÓ 
EL HÁBITO DE MONTESA. 

44" D. Joaquín de Monserrat, Marqués de Cruillas; Comendador 
de Monrov v Burriano v Bailío de Sueca. 1760-1766. 



CABALLEROS. 

GÓMEZ de la Cortina 3- Gómez de la Cortina, José Justo; Ser. Con- 
de de la Cortina; Marqués de Moncalvo; Conde de Castro; Barón de 
Preol y Balbere. 1828. 

Gutiérrez de Terán 3- González, Tomás; Guardia de Corps de la Com- 
pañía Americana. 1802 

JiME.N'o 3- Cantalapiedra, Francisco de Paula; .\lcalde Ma3-or de Teo- 
titlán del Camino. Oaxaca. 1779. 

Lobo y García de Campos, Jerónimo; Capitán del Regimiento de Ma- 
ría Luisa. Jalapa. 1804. 

Mo.\'SERR.\T 3' Acuña, D. Manuel. Fué armado por su padre el Mar- 
qués de Cruillas, Virre3', en el Real Palacio de México, el 22 de 
Marzo de 1761. 

Vidal, Abarca 3- Balda, Antonio; Gobernador, Capitán General 3' Pre- 
sidente de la Audiencia de Guadalajara. 



.\.SALES. T. IV.— 29. 



22Ó 



ORDEN DE SAN JUAX DE JERUSALÉX, Ó DE MALTA. 

Corría el año de 1048, cuando unos mercaderes de Amalfi, estableci- 
dos en la Ciudad Santa, obtuvieron permiso del Califa de Egipto para 
erigir una capilla 3- hospital con el objeto de auxiliar á los peregrinos 
enfermos ó necesitados. Escogieron por patrón á San Juan Bautista 
y encomendaron la naciente institución al cuidado deunosmonjes, quie- 
nes pronto concjuistaron el honroso nombre de hospitalarios, y presta- 
ron tan buenos servicios, que al subir Godofredo de Bouillon al trono de 
Jerusalén, obsequió con largueza ásu Prior Fray Fierre Gerard deTung. 

Habiendo decidido, además de observar los tres votos ordinarios, 
cuidar á los peregrinos y acudir en defensa de la Iglesia combatiendo 
á los infieles, asumió la institución el carácter de orden religioso— mili- 
tar, bajo la regla de San Agustín, y fué aprobada por el Fapa Pascual 
II en 1113 y confirmada, cinco años más tarde, por Calixto 11. 

Adoptaron por bandera una cruz blanca en camporojo,y hasta hoy 
la acuartela el Gran Maestre con sus armas de familia. 

Aunque Gerard sólo se denominara Rector, su sucesor Raimundo de 
Podio adoptó el dictado de Maestre, y bajo su gobierno se inició aque- 
lla serie de eminentes servicios de los hospitalarios, que tanto contribu- 
veron al engrandecimiento de los cristianos en Oriente, y que fueron re- 
compensados por príncipes y reyes con valiosísimos dones y mercedes 
de tierras. Al caer Jerusalén en poder de Solimán, en 1188, trasladóse 
el Gran Maestrazgo (pues Rogelio des Moulins adoptara el título de 
Gran Maestre del Santo Hospital de San Juan de Jerusalén) á San Juan 
de Acre, que á su vez ca^'ó en 1295, viéndose los caballeros obligados á 
refugiarse en Limisol, en Chipre; pero no habiendo podido ponerse de 
acuerdo con el Rey de aquella Isla, emprendieron y efectuaron la con- 
quista de Rodas, bajo el mando del Gran Maestre Villaret en 1308. Allí 
permanecieron más de dos siglos, y contuvieron repetidas veces el em- 
puje de los turcos y sarracenos, resistiendo el memorable sitio de 1480, 
\- haciendo el nombre de los «Caballeros de Rodas)) universalmente res- 
petado. Cayó, por fin, la heroica Isla en poder de Solimán en 1523 y 
se refugió el Gran Maestrazgo en Candía y otros puntos de Italia, has- 
ta el año de 1530, cuando el Emperador Carlos V les cedió la Isla de 
Malta, con la condición de que habían de hacer la guerra á los musul- 
manes, y, en caso de recuperar Rodas, devolverla á él ó á sus sucesores. 
Desde entonces fueron conocidos los Caballeros de San Juan con el alias 
vde Malta. ^i que substitu^-eron al «de Rodas.» y continuaron sus glorio- 
sos hechos de armas contra los infieles, descollando entre ellos la heroi- 
ca resistencia al sitio de los turcos en 1565, que opusieron bajo el Gran 
Alaestre La Valette, en cuvo honor fué fundada la ciudad de ese nombre. 



227 

De paso para Egipto, apoderóse de Alalta Napoleón en 10 de Junio 
de 1798, y tres días después celebró un convenio con el Gran Maestre 
Hompesch, por el cual la soberanía de la Isla pasó á la República Fran- 
cesa. 

Trasladóse el Gran Maestrazgo sucesivamente á Cortona, Mesina, 
Cataniíi y Roma, en donde reside hasta la fecha. 

Extendida la Orden por toda Europa, dividíase en ocho naciones ó 
lenguas, entre ellas Aragón y Castilla, y componíase de Grandes Prio- 
ratos, Bailiatos y Encomiendas. 

Las propiedades de la Orden en Aragón tuvieron peregrino origen. 
Al morir D. Alfonso I, dejó por herederos de su Reino á la Orden de 
San Juan, junto con las del Templo y Santo Sepulcro, mas cuando acu- 
dió Raimundo de Podio á tomar posesión de la herencia, encontró al 
Príncipe de Aragón y al Conde de Barcelona de ella adueñados, pero con- 
cediéronle éstos algunas tierras. D. Jaime I dio ciertas propiedades 
á los caballeros de San Juan de Mallorca, como recompensa de lo mu- 
cho que lo ayudaron en la concjuista de la Isla, y la lengua de Castilla 
se formó, como otras, por los donativos de soberanos y particula- 
res. ' 

Los Caballeros de San Juan se dividían en varias clases, que, con li- 
geras modificaciones, hasta hoy se conservan; el nombre genérico de 
caballeros se daba á los nobles, 3' su oficio, ademásde la guerra, era asis- 
tir á los heridos; los capellanes se dedicaban al servicio religioso y los 
sirvientes y donados eran como aspirantes, éstos y aquéllos como escu- 
deros de los caballeros. 

El voto de castidad absoluta fué modificado al de continencia con- 
yugal, excepto en el caso de los Comendadores, quienes, á diferencia de 
las órdenes españolas, aún disfrutan de sus respectivas rentas. 

La insignia de la Orden de San Juan ha sido siempre la conocidísima 
«Cruz de Malta,» blanca, de ocho jjuntas, que antaño lucían los caba- 
lleros en una sobrevesta de paño encarnado, 3' hasta ho}' en el negro 
manto capitular. 

Los donados y sirvientes sólo tienen derecho á media cruz, es decir, 
sin el brazo superior. 

1 En 17 Je Abril de 1802 declaró Carlos IV incorporadas á la Corona las lenguas 
de Aragón y de Castilla, pero por el Concordato de 1851 se dispuso que se reunieran los 
territorios de la Orden de San Juan á sus respectivas diócesis. Los revés de España si- 
guieron nombrando Caballeros de San Juan hasta el -i de Septiembre de 1885, cuando 
volvieron á unirse las /en^uas citadas al Gran .Maestrazgo, residente en Roma. 



228 



VIRREYES DE NUEVA ESPAÑA QUE VISTIERON 
EL HÁBITO DE SAN JUAN. 

4-6° Frey Don Antonio María de Bucareli y l'rsíia, Baylío. 1771- 
1779. 

En la preciosa placa de Ijronce de su sepulcro en la Basílicíi de Gua- 
dalupe, leemos que allí yacen los despojos mortales del «Excmo. Señor 
Baylío Fre3' Don Antonio Alaría Bucareli y Ursúa, Henestrosa Laso de 
la Vega Villacís y Córdova, Caballero Gran Cruz y Comendador de la 
de Tocina en el Orden de Malta, Gentilhombre de Cámara de S. M. con 
entrada, Teniente General de los Reales Exércitos. Virrey, Gobernador 
y Capitán General desta Nueva España," — \- que habiendo nacido en Se- 
villaá24-de Enero de 1717, falleció en Méxicoen9de Alírilde 1779. — En 
los retratos que de él existen en el Museo Nacional y otros lugares, apare- 
ce como «Comendador de la Bóveda de Toro,» por lo que inferimos 
c|ue posteriormente disfrutó la de Tocina. Conviene recordar que en la 
orden de Malta se daba el nombre de Grandes Cruces á los Caballeros 
de Justicia, porque en ellos recaían los grandes cargos, como eran los de 
Bailíos, Priores y Gran Maestre. 

53° D. Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, Marqués de 
Branciforte. 1794-1798. 



CABALLEROS. 

DÍAZ de Meoqui, Francisco. 

MoNCAD.\ y Branciforte, Pedro de; Marqués de Villafont; Brigadier de 

los Reales Exércitos. 1760. 
Ruiz, Joaquín. 
Vellerixo \'illal()1jos, Baltasar. 1605. 



229 



CEREMONIAL. 

Sefííin las Definiciones de las órdenes, las tornas de hábito debían 
efectuarse en las cabeceras respectivas, pero teniendo el re3' facultad de 
dispensarla, por «niu}' justas causas,» resultó que, después de la incor- 
poración de los Maestrazgos á la Corona, aquella disposición se con- 
virtió en la excepción á la regla. 

Debía poner el hábito un caballero de la misma orden que el preten- 
diente; pero, también con real dispensa, podía hacerlo uno de cualquie- 
ra otra. 

He aquí el ceremonial: i 

De la forma de dar el Abito, y armar Caballero. 

El Caballero que ha de recibir el Abito, se debe confesar primera- 
mente con Religioso de la Orden, porque toma estado de Religión; 3^ 
vestido de sus ropas seglares venga al Capítulo ó Iglesia, donde estará 
aderezado para darle el Abito, 3- estarán el Comendador ó Caballero á 
quien es mandado le arme Caballero, 3- el Religioso que le ha de dar el 
Abito, 3' otras personas de la Orden capitularmente con sus Mantos, 3- 
traiga porPadrino á un Comendador ó Caballero profeso: y hecha re- 
verencia al dicho Comendador ó Caballero que le ha de armar Caballe- 
ro, estando sentado, 3- él en pie, le presentará la Comisión: la qualleída 
en alta voz, de manera que .se oiga, se levantará el dicho Comendador ó 
Caballero, 3- la tomará en su mano, y la obedecerá con todo acatamien- 
to, besándola \' poniéndola sobre su cabeza. 

El Comendador ó Caballero que le hubiere de armar Caballero, 
le apercibirá y dirá de esta manera. 

Sabed, que en nuestra Orden ha3- una definición, que dispone que 
ninguna Persona pueda ser admitida por Caballero de ella, si no fuere 
noble Hijo-dalgo de Sangre, de todas partes, limpio de toda mala ra- 
za; 3' que si después de dado el Abito se hallare v pareciere tener algún 
defecto de los contenidos en la dicha Definición, le será quitado el dicho 
Abito 3' la Encomienda, si la tuviere: Por tanto, ved si con esta condi- 
ción 3- protestación le queréis recibir. Responda: Señor, con tal con- 
dición y protestación le recibo. 

Luego traerán una Espada dorada en una fuente, delante del Sa- 
cerdote, el qual puesta la Estola sobre el manto, teniendo delante una 

1 Lo tiimamiis del "Formulario Manual" de Frcv .Andrés Fernández de Otañes. 



230 

Cruz, Agua bendita y la vela encendida (como se hace en la Bendición 
de los Vestidos), la bendecirá en la forma siguiente: 



BENDICIÓN DE LA ESPADA. 

X'. Adjutorium nostrum in nomine Domine. 

Tj¿. Qui fecit Coelum & terram. 

^. Salvnm fac servum tuum. 

R. Deus meus sperantem in te. 

^^. Esto ei Domine turris fortitnrlinis. 

R. A facie inimici mei. 

T. Nihil proficiat inimicus in eo. 

R. Et filius iniquitatis non apponat nocere ei. 

S. Domine exaudí orationem meam. 

R. Ei clamor meus ad te veniat. 

Y. Dominus vobiscum. 

R. Et cum spiritu tuo. 



OREMUS. 

Domine Sánete, Pater Omnipotens, .-Eterne Deus, que ad tuendam 
justitiam, atque malitiam improborum coercendam usuní .líl^idij homi- 
nibus permisisti, & hunc Sacrum Ordinem Militarem al Christiani po- 
puli Ecclesiarum viduarum, atcjue orphanorum protectionem, contra 
saevitiam paganorum, 4: inimicos Sanctíe EcclesÍ£e institui voluisti, pro- 
pitiare qua?sumus, supplicationibus nostris, & hunc Ensem, quo hodie 
famulus tuus príecingi desiderat, per invocationem sancti tui nominis, 
& per Adventum Jesu-Christi Filij tui Domine nostri, & per menta Bea- 
torum Patrum nostrorum Benedicti &Bernardi, benedicere »J« digneris: 
ut hic famulus tuiís, qui hodierna die eo tua contendente largitateprít- 
cingitur hostium suorum visibilium & invisibilium elidat superbiam, & 
eorum contumatiam déxteríE tute virtute prosternat. Per eumdem Do- 
minum nostrum Jesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit & reg- 
nat.inunitateSpiritus Sancti Deus peromnia sa'culasa;culorum. Amén. 

Hecho esto, ceñirá el Padrino la Espada bendita al Caballero que 
ha de recibir el Ahito, y el Comendador ó Caballeros de la Orden le cal- 
zarán unas espuelas doradas: y luego se ponga de rodillas el novicio, 
y la persona que le tiene de armar Caballero sacará la Espada de la 
vayna, y tocarle ha con ella en la cabeza y en el hombro, tres veces, y 
dirá cada vez: 



231 

Dios Todopoderoso os haiía buen Caballero; y Señor San Benito _v 
Señor San Bernardo sean vuestros abogados, l 

Y él y todos los presentes dirán: Amén. 

Hecho esto, le quitarán la Espada y las Espuelas, y luego el Caba- 
llero que ha de recibir el Abito, hará venia ante el Religioso que se loba 
de dar {que estará sentado con su Manto) , elqual le preguntará: ;Quéde- 
inandáis? El responderá: La misericordia de Dios y del Rej- nuestro 
Señor, Administrador perpetuo de esta Santa Orden, y vuestra en su 
nombre, y de vuestra Orden. 

Y luego enderezará el cuerpo, y quedando puesto de rodillas, le di- 
rá el Religioso estas siguientes palabras: 

Amigo, esta misericordia que demandáis, es sana y santa para la 
ánima, 3- muy áspera y fuerte para el cuerpo, por muchas cosas que 
habéis de guardar y cumplir. Que algunas veces querréis comer, y ha- 
ceros han aj'unar; 3^ otras veces querréis dormir, y haceros han velar; 3' 
habréis menester vestir, 3- otras cosas, 3- no os las darán. Y por el con- 
trario, algunas veces, quando no queráis comer, os lo darán; 3' quando 
querráis velar, os mandarán dormir, y otras cosas contra vuestra 
voluntad os darán 3' mandarán: 3- conveniros ha á todo ser obediente, 
3- hacer lo que os mandaren. Esto ved si lo podréis hacer y cumplir. 

Responda: Sí, con la ayuda de Dios y de S. M. y de vuestra Orden. 

Y dígale más: Pues allende de esto, conviene que renunciéis todo lo 
propio que tuviéredes, 3' seáis pobre de espíritu, no teniendo cosa algu- 
na por vuestra, sin licencia de S. M., como Administrador perpetuo de 
esta Santa Orden, 3- de sus Sucesores en la Dignidad Maestral. Asi- 
mismo habéis de ser obediente toda vuestra vida á S. M. 3' á ellos, y 
habéis de renunciar vuestra propia volimtad, sujetándola á la del Se- 
ñor Maestre y de sus sucesores en la Dignidad Maestral de esta Santa 
Orden, en todo y por todo. Esto ved si lo renunciáis y prometéis 
así. 

Responda: Señor, así lo renuncio 3- prometo, permaneciendo en es- 
ta Santa Religión. 

Dígasele más: Pues habéis de decir verdad y de desengañar á S. M. 
y á nuestra Orden, 3' á mí en su nombre, demás de esto, de estas dos 
cosas. 

La primera, si fuisteis prometido á otrfi Orden antes que á ésta, 
IKjrque en tal caso no podéis ser admitido en nuestra Orden: y puesto 
([ue vos lo negásedes 3- encubriésedes, sabiéndose 3- demandándolo os 
entregarán 3' darán. 

La segundíi, si tenéis alguna enfermedad incurable, así como lepra 
ó gota caduca, por razón de la cual fuésedes inútil para la Orden, que 
I)or cualescjuiera de estas dos cosas no podéis ser recibido en esta Or- 
den; y aunque os recibamos encubriéndolo vos, 3- sabiéndose después, 

1 ü. en su caso, San .Agustín. 



232 

os echarán de ella, y só tíil condición 3- protestación os recibimos y da- 
remos el Abito: por ende decid la verdad. 

Responda: Só tal condición 3' protestación lo quiero recibir. 

Dígasele más: También conviene que sepáis, cómo permaneciendo 
en esta Santa Orden habéis de guardar \' cumplir tres cosas. 

La primera, que (como dicho es) habéis de ser obediente á S. M. 3- 
á susSucesores en la Dig:nidad Maestral, toda vuestra vida, en todo lo 
que os mandaren. 

La segunda, que habéis de ser casto y continente, guardando casti- 
dad con3'ugal toda vuestra vida. 

La tercera, que habéis de ser pobre de espíritu, y no habéis de tener 
cosa alguna sin licencia de S. M. 3' de sus Sucesores dichos. 

Por ende ved también si aquesto podréis guardar 3' cumplir. 

Responda: Sí, con la a3-uda de Dios 3' de S. M. 3' de vuestra Orden. 

Y luego se le tome Juramento en un Misal {si el que recibe el Abito 
tiene edad para hacerle) y dígasele: Pues conviene juréis á Dios, á San- 
ta María y á los Santos Evangelios, que de aquí adelante, bien 3' fiel- 
mente á todo vuestro poder, llegaréis todo el provecho, honra 3- bien 
que justamente pudiéredes á S. M. 3' á sus Sucesores en la Dignidad 
Alaestral, 3- á nuestra Santa Orden 3- Caballería, y apartaréis de S. M. 
3' de toda ella, todo el daño, mal 3' deshonra que supiéredes y pudiére- 
des, con todas vuestras fuerzas. ¿Esto, vos, juráislo así? 

Responda : Sí j u r o . 

Dígale el Sacerdote: También conviene que sepáis, cómo ¡permane- 
ciendo en esta Santa Orden habéis de hacer al tiempo de la Profesión 
quarto Voto, de defender y afirmar que la Virgen María, Madre de Dios 
3' Señora Nuestra, fué concebida sin pecado original. Por ende ved tam- 
bién si estáis presto de lo cumplir. 

Responderá: Sí, con la a3^uda de Dios 3- de la Santísima Virgen. 

Luego le volverá á preguntar: Pues habéis de saber, que para este 
Voto no es necesario que preceda el año de la aprobación, como para 
los tres esenciales de la Religión: Por tanto, ved si queréis desde luego 
hacer Voto de defender este purísimo Misterio. 

Responderá: Sí, Señor, r hágalo de esta manera. 

Yo (N. N.) hago Voto á Dios, 3' al Señor Maestre, y á vos, ([ue estáis 
en su nombre, que ahora '3' siempre defenderé 3- afirmaré C|ue la Virgen 
MARÍA, Madre de Dios 3- Señora nuestra, fué concebida sin pecado ori- 
ginal; 3' que nunca ca3-óen ella esta mancha, sinoqueenel instantede su 
Concepción dichosa 3- de la unión de su Alma y Cuerpo fué prevenida 
de la Divina Gracia 3- preservada de la culpa original: v esto por los 
méritos de la Pasión 3- Muerte de CHRISTO nuestro Redentor, que ha- 
bía de ser su Hijo, previstos 3'a en el Divino Consistorio; por lo qual 
fué verdaderamente redimida 3' con más noble género de redención que 
todos los otros hijos de Adán: 3' que en esta verdad, 3- por honra de la 
Santísima Virgen, con la a3-uda de Dios Omnipotente, viviré y moriré. 



233 

Dirá luego el Sncerdotc: Dios Todojxxleroso os lo dcxc cumplir á 
salvación de vuestra Anima, y honra vuestra y de la Orden. 

Responda él y todos: Amén. 

El Prior: ó Freyle que le ha de dar el Ahito, puesta la Estola como 
dicho es. bendecirá el Manto, Ropilla, Capa y Escapulario con sus Cru- 
ces, con la Bendición siguiente: 



BENEDICTIO VESTIAIENTORUAI. 

)í'. Adjutorium nostrum in nomine Domine. 

I^. Oui fecit Coelum et terram. 

"\¡^. Sit nomen Domine benedictum. 

It. E.\ hoc, nunc, & uscjue in sa;culum. 

X . Dominus vobiscum. 

Ji. Et cum spiritu tuo. 

OREMUS. 

Domine Jesu—Christe, (|ni tegimen nostne mortalitatis induere diji- 
natus est: obsecramus inmensa^ tua- largitatis abundantiam, ut hoc 
genus Vestimentorum,quod Sancti Patresadinnocentia-, v el humilitíi- 
tis indicium,ab renuntiantibus síecuIo ferré sanxerunt: tuita »í«benedi- 
cere digneris, ut his famulus tuus, q\ú hoc usus fuerit, te induere me- 
reatur. Qui vivis &: regnas cum Deo Patre, in unitate Spiritus Sancti 
Deus, per omnia Sfecula síeculorum. Amen. 

Le echará Agua bendita sobre las l'cstiduras. 

Dada la Bendición le desnudarán la Capa y la Ropilla, diciendo: 
Exuat te Domimis veterem hominem, cum actibtis suis. 

Después le pondrá el escapulario encima del jubón, diciendo: Induat 
te Dominus novum hominem, Cjui secundum Deum creatus est, in justi- 
tia, & sanctitate, & veritate. 

Lo mismo se dirá al vestir de la Ropilla, Capa y Manteo. 

Hecho esto, se dirá la Misadel Espíritu Santo, á la qual el nuevo Ca- 
ballero ofrecerá y comulgará: y acabada, así el Comendador ó Caba- 
llero que le ha dado el Abito, como todos los de la Orden que estuvie- 
ren presentes, le darán la Paz y besarán la Cruz, en señal de amor y 
hermand¿¡d. 

Un escribano tomaba razón de la ceremonia en el reverso de la Cé- 
dula y daba fe del acto con todos sus pormenores, expidiendo testimo- 
nio, autorizado por otros tres escribanos, al interesado, Cjuien lo pre- 
sentaba al Consejo dekis Ordenes, y en vista de él, se le despachaba Cé- 
dula para la Profesión, la cual se hacía de la siguiente manera: 

A.N.vLEs. T. IV.— 30. 



234 



De la forma de híicer la Profesión. 

Qualqnier Caljallero de la Orden, antes C[ue haga su Profesión, 
en la forma que luego se dirá, será obligado á confesarse y eomulgar en 
cjualquier lugar, Convento ó Iglesia, en que con licencia del Señor Maes- 
tre hiciere la dicha Profesión; _y el Prior, Capellán ó Religioso que la hu- 
biere de dar, no la dará sin que primero le conste híiber cumplido con 
esta obligación. 

El que hubiere de hacer Profesión, cumplido el tiempo ele la aproba- 
ción, venga al Capítulo ó Iglesia donde estuviere el Señor Maestre ca- 
])itularmente, ó la Persona que por él hubiere de toniíir la Profesión, 
con ima Persona ó dos de la Orden, vestidos con sus Mantos blancos, 
V haga la venia y presente la Cédula de S. M., y si hubiere alguna dis- 
pensación, ni más ni menos, las quales seentregíirán al Cantor ó Secre- 
tario, el qual las leerá en voz que todos la entiendan, 3' leídas, tomará 
las dichas Cédulas el que hubiere de recibir la Profesión, y las besará y 
l^ondrá sobre su cabeza; 3' ante todas cosas apercibirá al Novicio, y le 
dirá lo siguiente: 

Ya sabéis cómo en nuestra Orden hay una Definición que manda que 
los Caballeros c[ue haA'an de profesar en ella, se obliguen antes de ])rofe- 
sar á nombraren su finy muerte Disponedores, Personas de Orden, que 
cumplan las obligaciones que tienen en razón de la dicha Orden. Y así 
mismo que obliguen sus Bienes habidos \' por haber, que no sean de Ma- 
3-orazgo, aunciue después se vinculen y hagan Ma\'orazgo, sometiéndo- 
los á los Jueces y Tribunales de la Orden, paní que de ellos los dichos 
Disponedores cumplan en primer lugar, prefiriendo estas deudas á to- 
das lasdemás, todas las cosas que el que profesa quando muere tuviere 
obligación de pagar á la Orden. Por tanto, ved si así os obligáis de lo 
hacer y cumplir, y renunciáis todas las leyes que contra esto, en favor 
vuestro, pueda ser. 

Responda: Señor, así me obligo, y lo renuncio. 

Luego se postrará en el suelo delante del que le hubiere de tomar la 
Profesión, el qual preguntará al Novicio: ¿Qué prometéis? 

El Novicio responderá: Estabilidad y firmeza. 

El que se la da diga: Dios os dé perseverancia. 

Y responderán todos: Amén. 

Levántese el Novicio, y puesto de rodillas delante del que le recibe 
la Profesión, y puestas las manos entre las suyas, diga: 

Señor, \-o (N. N.) hago Profesión á Dios, \-al Señor Maestre, \' á vos 
([ue estáis en su nombre, y prometo Obediencia 3' Castidad conyugal, 
v vivir sin propio, según la Regla del Señor San Benito, l Estatutos 3- 

1 O San Agustín. 



235 

Privile-jios de la Orden y Caballería de Calatrava, de la Orden del Cis- 
ter. 1 

Y asimismo hago voto que ahora y siempre defenderé y afirmaré que 
la Virgen MARÍA, Madre de Dios y Señora nuestra, fué concebida sin 
pecado original, y cjue nunca cayó en ella esta mancha, sino que en el 
instante de su Concepción dichosa y de la unión de su Alma y Cuerpo, 
fué prevenida de la Divina Gracia 3- preservada de la culpa original: 3- 
esto por los méritos de la Pasión 3- MuertedeCHRISTO nuestro Reden- 
tor, que había de ser su Hijo, previstos ya en el Divino Consistorio; por 
lo C[uefué verdaderamente redimida, 3- con más noble género de Reden- 
ción ([ue todos los otros hijos de Adán: y que en esta verdad y por 
honra de la Santísima Virgen, con la a3'^uda de Dios Omnipotente, vivi- 
ré 3' moriré. 

Y el Señor Maestre ó el que estuviere en su lugar, diga: Dios os dé 
vida perdurable. 

Y él y todos respondan: Amén. 

Y darle ha el Sei'ior Maestre, ó el que tuviere sus veces, Paz en el ca- 
rrillo, V él le besará la mano v levantarse ha. - 



1 O «de Alcántara.» «de Montesa,» ó «de Santiago.» 

2 Estas ceremonias se observan hasta la fecha en España, con ligeras modificacio- 
nes. 



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CUADROS DE MESTIZOS 



MUSEO DE MÉXICO. 



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El ilustre Profesor R. Blanehard.cle la Facultad de Medicina de Pa- 
rís y miembro de la Academia de Aledicina de Francia, visitó todo el 
Norte de la República Mexicana, desde Ciudad Juárez hasta Veracruz, en 
1907, haciendo, durante su larga expedición, profundosy grandes estu- 
dios sobre las diferentes especies mestizas c[ue ]jviel:)lan el vasto territorio 
de México. 

En 1907 publicó el Profesor Blanchard, en Le Journal de la Société 
des Amerícanistes de París, un hermoso trabajo sobre dichos interesan- 
tes estudios, que llamaron poderosamente la atención de las ilustracio- 
nes euro])eas, sóbrela materia, y cuj'o trabajo fué nuevamente publica- 
do en un elegante folleto, soberbiamente ilustrado, en el mismo año, da- 
da la gran aceptación que había tenido la primera publicación. 

El Profesor R. Blanchard, ])ara llevar á cabo su meritorio y alaba- 
do trabajo, hizo un profundo y detenido estudio sobre los cuadros de 
mestizos que se conservan en el Museo de México, y que por decirlo así, 
son un gráfico de las diferentes especies mestizas C|ue jmeblan aún hoy 
la gran República Mexicana. 

Para dar á conocer estas especies con toda exactitud, sólo tenemos 
(|ue seguirpaso á paso al Profesor R. Blanchard en sus interesantes estu- 
dios, pues ellos, por svi veracidad, claridad \- método, excusan á quien 
quiera conocer las especies mestizas mexicanas, de toda nueva investi- 
gación y trabajo. 



240 

Siguiéndolo paso á paso, llegaremos á un conocimiento perfecto de 
la materia. 

La población mexicana está compuesta de los mismos elementos que 
ofrecen las demás naciones que fueron colonias americanas españolas. 
En ella se distinguen las siguientes siete razas: 

I. — Los individuos nacidos en Europa, vulgarmente conocidos con el 
nombre de Gachupines. 

II. — Los españoles criollos, ó los blancos de raza europea, nacidosen 
América. 

III. — Los mestizos, descendientes de blancos y de indios. 
IV. — Los mulatos, descendientes de blancos y de negros. 
V. — Los zambos, descendientes de negros y de indios. 
VI. — Los indios, ó raza cobriza indígena, y 

Vil. — Los negros africanos. 

Haciendo abstracción de subdivisiones, resultan cuatro castas: los 
blancos, comprendidos baj o la denominación general de españoles; los ne- 
gros, los indios y los hombres de raza mixta, mezcla de europeos, de 
africanos, de indios americanos y malayos, pues á causa de la comuni- 
cación frecuente que existe entre .\capulco y las Islas Filipinas, muchos 
individuos de origen asiático, sean chinos, sean malayos, han ido á es- 
tablecerse á la antigua Xueva España. 

Concretando más el origen de las antiguas poblaciones hispano- 
americanas, y particvdarmente la de México, nos encontramos en pre- 
sencia de tres elementos étnicos, bien diferentes: los indios ó raza indí- 
gena, los blancos que fueron de Europa y los negros procedentes de 
África. 

Del contacto de estas tres razas, resultaron inuchas y diversas espe- 
cies. 

El mestizo fué, durante mucho tiempo, considerado como un ser hu- 
mano, sin duda, pero fuera de toda jerarquía social. El blanco, á pesar 
de haber contribuido á su producción, no lo admitió como igual suyo, 
y él mismo se negaba á asimilarse al indio y al negro de pura raza. Se 
hizo, pues, necesario establecer categorías y castas basadas en el gra- 
do de mezcla de sangre, ó sea de mesticidad. 

En las ciudades, el clero, encargado del registro civil por las parti- 
das de bautismo que se levantaban inmediatamente á cada nacimiento. 
Bastaba que el origen de la madre fuese conocido y que la paternidad 
fuese presunta, para clasificar al mestizo más ó menos exactamente. 
En los campos se verificaban numerosos nacimientos que no eran ins- 
criptos en la parroquia, 3- cin-as paternidades era imposible de deter- 
minar. 

«El orgullo castellano, dice el ProfesorR. Blanchard, no podía correr 
el peligro de promiscuidades, para él inaceptables, en ima sociedad tan 
jerárquica como era entonces la sociedad española, y precisaba poder 
designar por vni término técnico estos diversos grados de mesticidad. 



AXALF.S. — To.Mll I\', 



LÁM. l'J. 




1. — He español é india, mestizo. 




K\X\.^ 



'2. — l>e lucstizo y española, castizo. 



A.NAI.IÍS.-TdMil IW 



LÁM. 20. 




3. — Di- castizíL y es|)añoI, t-spafiol. 




4.— De (.'siiafidla y iic,un>, imiIaU 



Anales.— Tomo IV. 



LÁM. 21. 




5. — De cspaiiiil V mulata, iniirisco 




6. — De español _v iiii>risL'n, all)iiu). 



Anales, — Tomci I\'. 



LÁM. 22. 




7. — De es])añi>l y albina, torna atrás. 




8. — De inilid v turna atrás, lolio. 



A.NAi.ics.-To.Md 1\-. 



LÁ.M. 2;í. 




!l. — lie lc:li(i é ¡lulia. saiiibavo. 




10. — De saniliayo é india, canil Hij( 



^> 



I.ÁM. 1.' + . 




11. — De c'inibují) _v mulata, alliarazado. 




12. — He alliarazado v iimlaLa. liarcino. 



Anales.— ToM. I IV. 



L.ÍM. 2,1 




13. — I)c l)arcinii v nuilata, L'i>vote. 




14. — De Cdvdta é indin, c-h 



¿u. 



Anales. — Tomh I\'. 



LÁM. 26. 




15. — De chamizo v mestiza, ci>V(ite-meslizi 




16. — De coyote v mestizo, ahí te estás. 



241 

para los casos en que se Imliicse de detínir á un mestizo, ateniéndose á 
una regla segura é indiseutilile." 

Esta necesidad de establecer una base ])ara conocer y definir á los 
mestizos, fué causa de (|ue las autoridades antiguas de Nueva España 
ordenasen la pintura délos cuadros de mestizos que aún se conservan en 
el Museo de México, y los ctuiles debían servir de norma en todos los 
asuntos en que hubiese que conocer la jjrocedencia de raza de cualquier 
individuo mestizo, ó fuese su grado de mesticidad. 

La primera mención de estos cuadros, en Franciíi, fué hecha por el 
I'rofesor E. T. Hamy, quien descubrió en París, en la casa de un lilircro 
ó comerciante de libros y estampas, nueve pinturas en cobre, la última 
de las cuales llevaba la firma de Ignacio de Castro, pintor español, que 
ejerció su arte en Méxicoen el siglo XVIII. Hamy hizo la descripción de 
estos cuadros, cuya procedenciíi mexicana no es discutible. Estos cua- 
dros ftjrman Ikm- parte del Museo de París. 

Los que mandaron pintar las autoridades de Nueva España para 
C|ue sirvieran como códigos, á los cuales tenían que someterse todas las 
cuestiones en que se ventilasen orígenes mestizos ó grados de mestici- 
dad, se encuentran en la sección etnográfica del Museo Nacional de Méxi- 
co. ConstitU3-en dos series de pinturas del más alto interés. A pesar 
del inmenso histórico valor de estos cuadros, su importancia excepcio- 
nal parece haber sido totalmente desconocida dvu-ante mucho tiempo. 
Nadie ha hecho mención de ellos antes del Profesor K. Blanchard, niaun 
siquiera los conservadores de dicho Museo, señores Herrera y Cicero, 
fjuienes escribieron una obra en la que trataban de los mestizos. 

Las pinturas existentes en el Museo de México son de dos cla.ses: 

L — Diezyseiscuadros representando «las ca.stas de México, é])oca co- 
lonial.» Cada uno de ellos nos representa al padre, á la madre, íil hijo, 
con su color de piel respectivo, 3' entregados á su ocupación favorita. 
Todos tienen una corta leyenda 3' un número de orden. No tienen ni fe- 
cha ni firma. 

H. — Una gran tela pintada, dividida en diez 3- seis compartimientos, 
cada uno de los ctiales tiene casi las mismas dimensiones que los cua- 
dros anteriores 3- casi igual á la de los cuadros del Museo de París. Ca- 
da uno de estos compartimientos representa un grupo de tres personas 
igualmente: el padre, la madre 3' el hijo, cada cual de color de su piel. 
También están representados en sus ocupaciones habituales, pero bajo 
diferentes aspectos que los diez 3' seis cuadros precedentes. Cada 
compartimiento tiene su inscripción, pero tampoco se advierte en ellos 
fecha ni firma. 

Son conocidas, pues, al presente, tres series de pinturas, representan- 
do los diversos grados de mesticidad que se observaban en México en el 
siglo XVIIL Estos documentos, como se comprenderá bien, tienen un 

Anales. T. IV.— 31 . 



242 

alto valor etnográfico, por darse á conocer trajes, oficios, herramientas, 
habitaciones y demás particularidades que en ellos se observan. Tam- 
bién tienen un gran valor social, pues nos enseñan los nombres de las 
diferentes especies de mestizos, entonces más conocidas, con pinturas ó 
demostraciones gráficas. Desgraciadamente, tienen menor valor ari- 
tropológico; el tipo anatómico de los diversos personajes es puramen- 
te fantástico, siendo su único punto débil; hasta como obras de arte 
son notables, pues su ejecución es bastante buena, y, además, nos dan 
informaciones mviy preciosas, por lo cual su mérito histórico es muy no- 
table. 

Los cuadros existentes en el Museo de París son de Ignacio de Cas- 
tro. Es probable cjue los diez y seis cuadros del Museo de México tam- 
bién sean suyos, dada la similitud del dibujo, ó por lo menos, que hayan 
salido de su taller. 

Elgrancuadrodivididoendiezy seis compartimientos, existente en él 
Museo de México, difiere notablemente de las otras d os series de cuadros; 
es la obra, seguramente, de otro artista, mas recuerda á aquéllos por el 
número de sus compartimientos, por las dimensiones y hasta por las 
inscripciones. Esto también permite suponer que haA'a salido del mis- 
mo taller que aquéllos. Es permitido pensar que diversos artistas se 
ocuparon á la vez del mismo asunto, bajo la dirección de Ignacio dé 
Castro, por encargo de los centros administrativos de la antigua Nue- 
va España. La cifra de diez y seis empleada en los tres ejemplos que se han 
presentado, prueba bien que ha^- algo de definido y de oficial, que no es 
propio en el artista. 

He aquí las inscripciones de los diez 3- seis cuadros del Aluseo de Mé- 
xico, las de los diez y seis compartimientos del gran cuadro del mismo 
Museo, y las de los nueve cuadros del Aluseo de París, que llevan los nú- 
meros del 8 al 16, faltando los siete primeros. 

Los diez y seis cuadros del Museo de México tienen 4-0 centímetros 
de altura por 50 de ancho. Estas son sus inscripciones: 

1. — De español é india, mestizo. 

2. — De mestizo y española, castizo. 

3. — De castiza y español, español. 

4. — De española y negro, mulato. 

5. — De español y mulata, morisco. 

6. — De español y morisca, albino. 

7. — De español y albina, torna atrás. 

8. — De indio y toma atrás, lobo. 

9. — De lobo é india, sambavo. 
10. — De sambayo é india, cambujo. 
11. — De cambujo y mulata, alvarazado. 
12. — De alvarazado y mulata, barcino. 
13. — De barcino y mulata, coyote. 



243 

14. — De coyota é indio, chamizo. 

15. — De ehamizo y mestiza, coyote mestizo. 

16. — De co3'ote 3- mestizo, ahí te estás. 

El gran cuadro del Museo de México tiene un metro cincuenta cen- 
tímetros de altura por un metro seis centímetros de ancho. Sus diez y 
seiscompartimientüs son iguales, midiendo cada uno, inclusa la inscrip- 
ción, 37 centímetros y medio de alto por 26 3- medio de ancho. Sus tí- 
tulos son los siguientes: 

1. — De español con india, mestizo. 

2. — De mestizo con española, castizo. 

3. — De castizo con española, español. 

4. — De español con negra, mulato. 

5. — De mulato con española, morisco. 

6. — De morisco con española, chino. 

7. — De chino con india, salta atrás. 

8. — De salta atrás con mulata, lobo. 

9. — De lobo con china, j7£iaro. 
10. — De jíbaro con mulata, alrarazado. 
11. — De alvarazado con negra, cambujo. 
12. — De cambujo con india, sambayo. 
13. — De samba3'o con loba, calpamulato. 
14. — De calpamidato con cambuja, tente en el aire. 
15. — De tente en el aire con mulata, no te entiendo. 
16. — De no te entiendo con india, torna atrás. 

En ñn, los nueve cuadros del Museo de París, tienen las inscripciones 
sigviientes: 

8. — De indio con negra nace lobo. 

9. — De lobo y negra nace chino. 
10. — De chino é india nace cambujo. 
11. — De cambujo é india nace tente en el aire. 
, 12. — De tente en el aire 3' mulata nace alvarazado. 
13. — De alvarazado é india nace barcino. 
14. — De barcino é india nace calpamulato. 
15.— De indio y mestiza nace coyote. 
16. — Indios mecos nombrados apaches. '-' 

Estudiando estos títulos, se observa que especies del mismo origen 
reciben nombres diferentes, y que un mismo nombre puede ser dado á 
diferentes especies. Mas, además de las especies determinadas en los cua- 
dros 3' títulos expresados, ha3' que agregar otras infinitas. Estas varia- 
ciones pueden consignarse de dos maneras: por cuadros de cifras ó por 
gráficos. 



244 

Representemos por 100 la masa de sangre de un individuo de jjura 
raza blanca, negra ó india. Un mestizo de español y de india tendrá 50 
por 100 de sangre blanca 3- 50 por 100 de sangre india. De la misma 
manera, un mestizo de español y de negra tendrá el 50 por 100 de san- 
gre blanca y el 50 por 100 de sangre negra. Esto puede ser anotado 
bien por cifras ó bien por una columna de una altura determinada, que 
se divide en dos mitades de colores diferentes. Admitido este sistema, 
nada más fácil que representar por alturas y colores diversos las canti- 
dades de sangres diferentes que pueden hallarse en un mestizo. Así son 
obtenidos los cuadros y gráficos que representan nuestras ilustraciones. 

Dice el Profesor R. Blanchard que en sus estudios no pudo descubrir 
la menor información sobre las castas de México, en los tiempos en que 
este país era colonia española, no sabiéndose de ellas otra cosa sino 
que estaban basadas en el color de la piel 3- sobre el grado de mezcla de 
las tres razas, blanca, negra é india. Es indudable que existirán en los 
archivos de España \' de México documentos administrativos que apor- 
tarán mucha luz á estos estudios. Así, pues, las pinturas antes indica- 
das, son los únicos documentos auténticos conocidos hasta hov. 

Aunciue la administración española en Aléxico en el siglo XVIII só- 
lo hubiese admitido diez y seis combinaciones ó especies de mestizajes, 
es indudable que éstas eran infinitas, si bien las comprendidas en aquel 
número fuesen las principales. Esta afirmación encuentra su confirma- 
ción en las diferentes obras publicadas después de la Independencia de 
México, es decir, en la época en que las castas 3' distinciones sociales no 
tenían ya la importancia que en los tiempos de la dominación española. 

Vire3', en su obra Historia natural del género bitmano, consagra un 
largo é importante capítulo á los mulatos 3' á los mestizos en general. 
Distingue en los mestizos americanos, ajusto título, muchas catego- 
rías ó mezclas de sangres, según esta mezcla sea entre individuos de ra- 
zas puras ó mestizas, entre mestizos en primer grado, etc. Esta distin- 
ción filé seguida después por la mayor parte de los autores. Se hace 
igual uso de la indicación numérica para determinar la mezcla de san- 
gre, mas este sistema es expviesto á algunos errores en el cálculo. El 
sistema decimal, generalmente adoptado, es el más seguro, al mismo 
tiempo que tiene la ventaja de convertir en gráfica una comparación 
sinóptica. 

El resultado del cruzamiento de la raza blanca con la negra, produ- 
ce la mulata, y la de la blanca con la india, la mestiza. Estos son los 
productos de la primera generación ó el cruzamiento en primer grado. 
La segunda generación comprende el producto de la mezcla precedente 
con sangre primitiva. Así, en estas segundas líneas, la sangre pura es- 
tá en proporción de tres cuartos por un cuarto de sangre india ó ne- 
gra. En las terceras generaciones, los productos se purifican, no que- 
dando apenas ninguna mezcla en las cuartas generaciones. 

Todas estas mezclas se complican más, cuando castas 3a mu3' mez- 



Anales.— Tomo IV. 



I.ÁM. 27, 




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^ 









Cuadros de Mestizos del Museo X. de Méxici 



245 

ciadas se unen entre sí. Así, un tercerón y una mulata ])roflucirán un 
tipo denominado snltn atrás, pues, volviendo hacia el nc.iíro, salta 
atrás, como indica el nombre. En general, todas las razas que pro<lu- 
cen mi hijo de color más subido (jue el de los padres, son dcnomina<las 
.Sc'í/íc'í atrás. 

Hay productos que tienen siete ú ocho sangres diferentes. — Es de 
notarse que los caracteres de todas las castas son claramente distin- 
guidos antes de volverse, por la mezcla de pura sangre á una raza pu- 
ra en que desajiarezcan los signos de todas las mezclas. La cuarta mez- 
cla, ó sea la del cuarterón, tmida al blanco, produce el quinterón, en 
la (¡ne apenas son advertidos signos de mezcla. Después ya no se ad- 
vierte distinción alguna. 

Dice Armin, que la población de México continúa estando dividida 
en dos grupos: Una, la gente de razón, es decir, de raza española, y de 
otra parte, la gente sin razón, es decir, las personas de color. El quinte- 
rón entra aún en esta categoría, mas el producto de la mezcla de nn 
(luinterón con un blanco, entra ya en la categoría de blanco, teniendo 
,su sangre una proporción de 96,88 por 100 de sangre blanca por 3,12 
de sangre negra. 

Todavía hoy, en los Estados Unidos, se clasifican de mulatos á los 
ciiarterones que sólo tienen un octavo de sangre negra. El quinterón, 
que sólo tiene una dieciseisava parte, es ya bien difícil de distinguir del 
blanco de raza pura, tanto el color de su piel es claro, pero persisten en 
él caracteres que permiten recontjcerlo; por ejemplo, el color de sus 
uñas, que son azviladas y no rosadas. Se cvienta en los Estados Unidos 
la trágica historia de un oficial de la Marina americana, á quien sus 
camaradas creían de pura raza blanca. Unas fiestas fiíeron dadas con 
motivo de la llegada de una escuadra extranjera. Uno de los oficiales 
extranjeros dijo al americano, á cuyo lado estaba sentado en un ban- 
(|uete, .sin dar ninguna importancia á sus palabras: "¡Cómo! ¡Tiene Ttd. 
las uñas azuladas! ¿Uuc es eso?" A la mañana siguiente, el oficial se 
había suicidado. 

Las mezclas de mestizos con mestizos, mvdatos con mulatos, tercero- 
nes con tercerones, etc., se denominan generalmente tente en el aire, 
IJuesto que continúan con su mismo color, sin aproximarse á ninguna 
de las razas puras. 

Si im mestizo ó un mulato se une á una mujer blanca, si un cuarte- 
rón casa con una (juinterona, los productos se llaman sa/ío airas, por- 
(juc en lugar de aproximar.se á la raza blanca, se inclinan á las gentes 
de color. Los descendientes de negros cruzados con indios, llevan el 
nombre de zambos. 

En la obra de Herrera y Cicero se encuentra el capítulo siguiente, que 
es mu3' interesante: 

«Mestizos de México. 

«Se encuentran en diferentes o))nis las denominaciones por las cua- 



246 

le^ eran designados los individuos de las diversas castas que seforma- 
rop durante la época colonial, por la mezcla de las tres razas madres: 
española, india y negra, que constituían en aquel tiempo la población 
de] país, conocido hoy con el nombre de República Mexicana. La rique- 
za bibliográfica á la cual nos referimos, es bien pequeña en verdad, mas 
su importancia disminuye aún más por el hecho de la confusión naci- 
da :por designarse á estas castas con nombres idénticos, de lo cual pro- 
cede que muchos autores designen ciertas castas con nombres que no 
les corresponden, y sobre todo, porque ningún autor describe los carac- 
teres propios de cada una de estas castas. 

. «Los nombres correspondientes á muchas de éstas son, no obstan- 
te, bastante expresivos y demuestran que, en la época en que fueron 
inventados, correspondían á diferencias fáciles de apreciar. De la iden- 
Ijidad de ciertos nombres, se puede deducir que había un cierto pareci- 
do con. las castas á las cuales se daban dichos nombres; el examen de 
dichos cuadros gráficos, relativos á ellas, autorizan aún más esta hipó- 
tesis. 

; «A medida que aumentaba la población de la colonia, los cruza- 
mientos eran cada vez más numerosos y más complicados; las denomi- 
naciones de que acabamos de hablar, perdieron mucho de su valor y 
su .aplicación se hizo cada vez más confusa, hasta el punto de que las 
p.ersQnas sensatas se vieron obligadas á simplificar mucho la clasifica- 
ción, reduciéndola á seis nombres solamente. No se tuvo ya en cuenta, 
pues esto no fué entonces fácil, la generación de la cual procedía la cas- 
ta, Sedesignó con el nombre de criollo, á todo descendiente de español y de 
española; de mestizo, a\ que procedía de español y de india; de 7í2u/aío,á 
aquél cuya sangre era una mezcla de española 3- de negra; de zambos, 
á Jos. que eran descendientes de negros mezclados á los indios; de tente 
en el aire, á los que tenían en su sangre mezcla de las tres razas y se 
míintenían por sus uniones sucesivas á la misma distancia del tronco 
africano; y en fin, salta atrás, eran aquéllos que retrocedían hacia el 
expresado tronco. Las denominaciones de mestizo, mulato, zambo y 
salta atrás, son hoy las más generalmente usadas; en la actualidad se 
emplea muy rara vez la voz criollo, así como la de tente en el aire, que 
era una metáfora mu\' expresiva y comprensible. 

«Examinemos los cruzamientos de la población mexicana, siguien- 
do un cierto orden y haciendo algunas observaciones que juzgamos 
vitiles. 

. «Comenzando por el cruzamiento de las razas española é india, ve- 
mos el primer producto. Lleva el nombre de mestizo. Algunos autores 
dan también á este producto el nombre de coyote, mas otros designan 
cpn este nombre el producto del indio con la mestiza. 

«El producto del mestizo con la española se llama castizo; también 
se le da el nombre de cuarterón, que pronto veremos aplicado á un 
producto bien distinto. 



247 

«La mezcla de un castizo con uníi española hace desaparecer' la 
influencia atávica india; su producto no es ^-a mestizo, sino espa- 
ñol. 

«Tomemos ahora las mezclas de las razas española, 3' negra; vemos 
al mestizo de primera sangre, designado con el nombre de mulato, que 
no se presta á ninguna confusión. Esta comienza con el mestizo de se- 
gundo grado, designado con la denominación de morisco, en tanto (yue 
llevan el de cuarterones los mismos que anteshan sido denominados 
castizos. Esta última voz ha sido muy poco aplicada en México, pero 
en las Antillas y en los Estados Unidos, no habiendo sido efectuada la 
mezcla más que entre negros y blancos, sus productos son denomina- 
dos tercerones, cuarterones, etc., según que en la tercera ó en la cuarta 
generación los mulatos se hayan mezclado con los blancos. 

«La confusión es mayor aún al llegar á la tercera sangre. Las tres 
obras principales qvie hemos consultado, difieren en este punto. 

«Los mestizos derivados de negro y de india, son denominados za;j2- 
bos; y los zambos prietos son en esta categoría los mestizos de tercera 
sangre; teniendo en cuenta que la influencia atávica es inuy poderosa 
en la raza negra y casi nula en la india, hay razones para pensar ciue 
el mestizo de tercera sangre representa el retomo á la raza primitiva 
(negra en este caso). 

«El predominio de poder de la raza negra, se oljserva aun en los 
mestizos que hemos denominado secundarios. Todos son derivados de 
zambos, ó salta atrás, es decir, de mestizos que poseen una gran canti- 
dad de sangre negra. Es idéntica la fórmula de ca/pa-mu/ato, producto 
de zambo y de mulata, y de no te entiendo, producto de tente en el aire 
y de mulata. Esta analogía es la justificación de los f|ue dan el no te 
entiendo como sinónimo de salta atrás. 

«En cuanto al chino, diremos, que no pensamos que haya tenido 
nunca el menor parecido entre el mestizo de este nombre v el habitan- 
te de China. En México es mu^' frecuente llamar chino á los que tienen 
los cabellos rizados, carácter, como se sabe, muy general en la raza ne- 
gra, y que también tienen los mestizos derivados de esta raza. 

«No podemos acertar cuál fué el origen de las palabras lobo, tente 
en el aire, ahí te estás, jíbaro, alrarazado y cambujo, aplicadas á 
otros mestizos mexicanos.» 

El Profesor R. Blanchard, antes de concluir su trabajo, dice que la 
Nueva España no fué la única colonia española que hizo uso de la pin- 
tura para representar los diferentes grados de mesticidad. Añade qvie, 
en sus relaciones profesionales con médicos de la América Central, de 
Colombia, de Venezuela y del Perú, á los cuales mostró las fotografías 
de los cuadros del Museo de México, preguntándoles si habían visto en 
sus países pinturas análogas, la respuesta fué siempre negativa. Esto 
no quiere decir que no existan. El Dr. Blanchard cree que, á excepción 
de los países en los que el elemento negro no ha penetrado (Argentina, 



248 

Clñle, Paraguay y Urug'uay), se podrán encontrar documentos de esta 
naturaleza en las antiguas colonias españolas de América. 

El Profesor Blanchard dirigió entonces á España sus investigacio- 
nes. Escribió al doctor Bolívar, director del Museo de Historia Natu- 
ral de Madrid. La contestación no se hizo esperar. En dicho Museo 
había cuadros análogos á los de los Museos de México y de París, y 
por ellos, el Dr. Bolívar le enviaba unos gráficos y un cuadro de inscri]}- 
ciones de las mezclas de las castas en las antiguas colonias españo- 
las. 

He aquí el cuadro de inscripciones formado por el director del Mu- 
seo de Historia Natural de Madrid. 

1. — Indios infieles de la Montaña, Misionarios. 

2. — Indios serranos tributarios civilizados. 

3. — Español é india serrana ó civilizada, produce mestizo. 

4-. — Mestizo y mestiza, produce mestizo. 

5. — Español y mestiza, produce cuarterón. 

6. — Cuarterona de mestizo y español, produce quinterón. 

7. — Español con quinterona de mestizo, produce español. 

8. — Negros bozales de Guinea, ídem. 

9. — Negra y espíiñol, producen mulato. 
10. — Mulatos, Ídem. 

11. — Mulata con español, cuarterón de mulato. 

12. — Español y cuarterona de mnlato. ]:)roduce quinterón de mu- 
lato. 
13. — Quinterón y requinterona de mulato, español. 
14. — Español y requinterona de mulato, produce gente lilanca. 
15. — Español y gente blanca, produce casi limpios en su origen. 
16. — India con mulato, produce chino. 

AZTECA. 



En el «MUXDU.L Magazine.» París, Yol. II, iiúni. TI, de Marzo de 1912. 



-2.^^ 



XVIII CONGRESO INTERNACIONAL DE AMERICANISTAS. 
HISTORIA COLONIAL. 

DIVISIÓN TERRITORIAL DE NUEVA ESPAÑA EN EL AÑO 1636. 

MEMORIA 

rOR F. Dl'L PASO Y TROXCÜSO. 



Anales. T. IV.— 32. 



»a r c^^^x^2^ <^^:'>^ ^cj3^>;^c^]j^r !^H^ y ^CE^' 






No entraba en mis intenciones escribir este artículo, porque la idea 
primitiva del asunto no es inía, sino ajena, y me fué sugerida por suje- 
to establecidoen Italia, quien, colaborando, según medice, con otra per- 
sona en obra importante que ambos escriben acerca de México, me hi- 
zo, en carta de recientedata, estas dos preguntas: «¿Podría Ud. decirme 
«cuál era la división exacta del territorio de Nueva España en 1636? 
« ¿Eran las provincias: Nuevo Reino de Galicia, Nueva Vizcaya, Guate- 
«mala, Yucatán, Soconusco, Nuevo Santander, con varias islas?» Plan- 
teadíi la cuestión en talestérminos,á ella respondo por capítulos, y, co- 
mo al hablar de aquel vastísimo territorio, que llamaban Nueva Espa- 
ña, tendré que referirme á las diversas partes que lo integraban, y á la 
cohesión ó dependencia ó simples relaciones de buena vecindad que ha- 
bía entre todas ellas, téngase presente, para disculpar las deficiencias 
de mi trabajo, que la máquina de gobierno y administración de los do- 
minios españoles en ambas Américas — hasta que se creó la división por 
Intendencias afines del siglo XVIII — fué complicadísima y funcionó em- 
brolladamente por cerca de tres siglos. Hoy tenemos dificultad para 
entenderla, )' para mí pienso que muchos de aquellos tiempos tampoco 
la entendían. 



ORIGEN Y EXTENSIÓN DEL NOMBRE NUEVA ESPAÑA. 

El nombre Nueva España era muA^ elástico, ya que se aplicaba no 
solamente al Reino así llamado, sino también á territorios que con él 
colindaban, ó que á él se avecindaban, ó que de él dependían á cortas ó 



252 

á largas distancias, y que caían, por decirlo así, dentro de su zona de 
influencia. Impúsole Hernán Cortés á las costas que antes habían des- 
cubierto Hernández de Córdoba y Grijalba; 3' cuando D. Hernando y 
sus compañeros, después de conquistadas aquéllas, fueron descubriendo 
y dominando nuevos territorios, el nombre Nueva España extendióse 
á todas las tierras nuevas por donde aquellos aventureros iban pene- 
trando; así es que lo explorado entre los años 1521 y 1525 por Cor- 
tés en la Huasteca; Olid en Michoacán;SandovalenCoatzacoalco y Za- 
catilla; Francisco Cortés y Alonso de Avalos en Colima y cantones del 
Sur de Xalixco; Diego de Godoy en Chiapa; Orozco y Rangel en Oaxa- 
ca; Pedro de Alvarado en Tecuantepec, Soconusco, Guatemala y el Sal- 
vador; Olid, Francisco de las Casas, y luego el mismo Hernán Cortés 
en Tabasco, el Peten, la Verapaz y Honduras; todo aquello nombróse 
Nueva España, como quiera que de orden de D.Hernando y con elemen- 
tos que de México salieron, se habían descubierto, conquistado y pobla- 
do en parte, ó explorado por lo menos, todas aquellas provincias. En 
mapas antiguos arranca el nombre Nueva España desde Centro-Amé- 
rica, 3- en informaciones de méritos hechas por sujetos que no habían 
conquistado, no en México ni en otro de sus territorios actuales, sino 
en Guatemala exclusivamente, llámanse ellos á sí mismos «Conquista- 
dores de Nueva España.» 

El Real Consejo de Indias dio todavía ma3-or extensión al nombre 
Nueva España cuando, hecha la demarcación general de las comarcas 
del Nuevo Mundo pertenecientes á la madre patria, ideó subdividir 
aquel continente vastísimo en dos grandes fracciones, para cada una 
de las cuales creóse — dentro del Consejo y á fin de facilitar el despa- 
cho de los negocios — una Secretaría especial que, por el título de los 
dos únicos ViiTe3-es que había en América entonces, tomaron los nom- 
bres de Secretaría de Nueva España 3- Secretaría del Peni. Las regiones 
comprendidas en cada una de a(|uellas vastas demarcaciones, designá- 
banse respectivamente bajo el nombre de Indias Occidentales de Nueva 
España ó Indias Occidentales del Perú. 

Las Indias de Nueva España, en 1636, comprendían todo lo domi- 
nadopor la madre patria en aquel tiempo, desde Costa Rica (inclusive) 
para el Norte; así es que sus territorios correspondían casi todosá Nor- 
te-América, salvo el de Venezuela en Sud-América, incor]oorado en la 
Secretaría de Nueva España por depender de la Real .\udiencia de la Is- 
la Española ó Santo Domingo, 3- exceptuand o también el territorio de las 
Islas Filipinas, que no caía 3-a dentro del Continente americano, pero 
que de él dependía políticamente. Las Indias de Nueva España esta- 
ban subdivididas en cinco grandes regiones, con sendas Audiencias, cu- 
3'as metrópolis, eran respectivamente: 1"' Santo Domingo, en la Isla 
homónima; 2* Guatemala, en el Reino del mismo nombre (ho3' Centro- 
América), 3* Guadalajara, en Nueva Galicia; 4-'' México, en Nueva Espa- 
ña; 5* Manila, en las Islas Filipinas. 



253 



l'-í REGIÓN: AUDIENCIA DE SANTO DOMINGO. 

La Audiencia de Santo Domingo tenía bajo su jurisdicción, el año 
1636, á las cuatro Antillas mayores (pues Jamaica no fué conquista- 
da por Inglaterra sino vuios veinte años más tarde), á la península de 
Florida (en la cual tenían los españoles la ciudad de San Agustín, con al- 
gtmos fuertes), Y á toda la Costa Firme, desde Maracaibo inclusive has- 
ta la Guaj-ana española, más allá del Orinoco; las cuales comarcas de 
Sud-América estaban sujetas, no sólo política sino eclesiásticamente, á 
las Antillas, pues el Obispo de Venezuela era sufragáneo del Arzobispo 
de Santo Domingo, y las provincias de Cumaná 3' Guayana, con las is- 
las de Trinidad y Margarita, dependían de la mitra de Puerto Rico. 
Las Antillas menores (de Sotavento, de Barlovento, Vírgenes y Lucayas) 
salvo las dos de Sotavento, ya nomljradas ( Margarita y Trinidad ) , nun- 
ca las pobló España, y por ese tiempo estaban, unas despobladas, y 
otras, las que demoran más al Sur, habitadas por indios caribes, ca- 
níbales, gentiles é independientes. En las despobladas hacían escala, 
por tiempos, aventureros europeos (franceses, holandeses é ingleses) 
que venían á piratear, y los cuales, en fuerza de visitarlas, fueron que- 
dándose de asiento, saliendo á saltear, desde allí, las posesiones espa- 
ñolas y los buques de cabotaje que hacían el pequeño comercio entre 
todas ellas. Primero D. Fadrique de Toledo, con la gran armada que 
llamaban del Océano, y algunos años después el Marqués de Cadere^-ta 
— luego Virrey de Nueva España — con la flota de Indias, desalojaron á 
los piratas de las pequeñas Antillas y destruyeron sus establecimientos 
en las islas de San Martín y de San Bartolomé, quedando al finalizar el 
primer tercio del siglo XVII, presidiadas las dos por soldados españo- 
les. Mas no cesó por esto la plaga de piratas: echados de una isla, ve- 
nían otros nuevos á tomar asiento en islas más lejanas, dentro del mis- 
mo archipiélago, para continuar sus depredaciones, tanto, que fué ne- 
cesario abandonar con el tiempo los presidios de San Bartolomé y San 
Martín para llevar los soldados á otros puntos de maj'or importancia 
y donde había más crecidos intereses que defender; quedando, por tan- 
to, las Antillas menores á discreción de aquellos aventureros, que sin 
obstáculo, fueron ocupándolas todas. La navegación por el mar Anti- 
llano era muy difícil, y penosísima la vida en todas aquellas posesiones 
españolas, que poco á poco iban despoblándolas; de modo que sus ren- 
tas no bastaban á cubrir los fuertes gastos que, para su defensa y con- 
servación, era necesario hacer. Como Nueva España era colonia riquí- 
sima, se ordenó al Virrey que cubriera ese déficit, y aquel funcionario, 
periódicamente situaba las cantidades en metálico, y aun á veces en vi- 
tuallas, que las Antillas mayores, los fuertes de la Florida, y el castillo 



254 

de Araya en Cnnamá (quedefendía las salinas hümónimas) necesitaban 
para completar sus gastos ó provisiones, y hacía el Virrey la situación 
por medio de barcos artillados que favorecían así la comunicación en- 
tre aquellas desoladas colonias. Nueva España servíales, pues, de am- 
paro, y ya se comprende por qué se hallaban dentro de su zona de in- 
fluencia. 



2' REGIÓN: AUDIENCIA DE GUATEMALA. 

La Audiencia de Guatemala extendía su jurisdicción á todo Centro- 
América, y además, á Soconusco y Chiapa, que hoy pertenecen á Aléxi- 
co. Fué creada poco antes de mediar el siglo XVI, }• llamóse primero 
«Audiencia de los Confines de Guatemala y Nicaragua» solamente; pe- 
ro se formó con provincias que habían estado en tres jurisdicciones dis- 
tintas: Chiapa y Guatemala, que habían correspondido siempre al 
distrito de la AudienciadeNuevaEspaña; Honduras, que había pertene- 
cido en cierto tiempo á la Audiencia de Santo Domingo; y Nicaragua y 
Costa Rica, primitivamente comprendidas en la jurisdicción del Darién. 
Advierto, sin embargo, que todas las provincias de Centro- América en- 
traban ya en el distrito de la Audiencia de Nueva España cuando se 
creó la de los Confines, pues desde que se instaló en México, el año 
1528,1a 1* Audiencia, trajo Cédula para que la obedeciesen lasprovincias 
comarcanas, citándose allí expresamente á Guatemala, y en confirma- 
ción de tal derecho, se ordenó, seis años después, que un Oidor de Méxi- 
co visitase á Guatemala. Extendióse más lejos aún la jurisdicción de 
Nueva España con la real Cédula comunicada el año 1533 al Gober- 
nador de Honduras para que informase á la Audiencia de Nueva Es- 
paña de lo que conviniese proveer para su gobernación; 3' más íntima 
dependencia resultó de otra Cédula, expedida el año 1537, ordenando 
cjue las justicias de la provincia de Nicaragua obedeciesen á la Audien- 
cia de Nueva España. Todo lo que hoj- es Centro-América, estuvo, por 
tanto, sujeto, desde aquel tiempo y liasta 1544, al Virrey de ^México. 

Por otra parte, la Avidiencia de los Confines, durante cierto tiempo, 
ni tuvo asiento estable, ni límites precisos ó fijos, ni jurisdicción cierta, 
siendo tan mudable su distrito cuanto lo fué su cabecera, pues cuando 
en 1544 comenzó á funcionar, entraron en su jurisdicción —juntamente 
con todas las provincias de Centro-América — Chiapa y Yucatán, en- 
tonces gobernadas por D. Francisco de Montejo, y que también fueron 
quitadas á la Audiencia de México; pero pasado algún tiempo se dio 
Cédula para la devolución de Yucatán á México, por la dificultad que 
había para visitar la península desde Gracias á Dios, primer asiento de 
la Audiencia de los Confines, 3- aun desde Guatemala, donde se trasladó 
á los cinco años; en cuj^o nuevo asiento, con varias vicisitudes, perma- 
neció hasta el año 1563 próximamente, y en esa época, no sólo se qui- 



255 

tó la Audiencia de allí para ponerla en Panamá, sino cjue sus antiguos 
territorios fueron divididos en dos fracciones, tirando la línea divisoriíi 
desde la bahía de Fonseca en el mar del Sur, al río de Ulúa (jue desem- 
boca en el mar de las Antillas; de modo que todo lo situado al Ponien- 
te y Norte de la dicha línea, quedase dentro del distrito de la Audiencia 
de México, y lo sitviado al Oriente y Sur corresjjondiese á la Audien- 
cia de Panamá ó de los Confines, ala cual se dio por límite al Sur híistacl 
río del Darién por un mar, y hasta la costa de Buenaventura por el otro. 
Volvió, pues, álajurisdicciónde Nueva España casi todo lo que se habííi 
conquistado en tiempo de Cortés, ó poco más tarde, con elementos lle- 
vados de México, es decir: Chiapa, Soconusco, la Verapaz, Guatemala, 
el Salvador y tma parte de Honduras, incluyendo la villa de Gracias á 
Dios y el puerto de San Gil de Buenavista, c[uedando Guatemala y sus 
distritos, reducidos á la condición de simple gobierno de provincia, con 
lo cual, en cierto modo, asistíase al descjuite de las pretensiones corte- 
sianas contra la emancipación de D. Pedro de Alvarado. 

Esta nueva distribución de territorios no i)re\'aleció, sin embargo, 
porquecinco años después, en 156(S, el Consejo de Indias ordenó que se 
pusiera nuevamente Audiencia en Guatemala, y volvieran á su jurisdic- 
ción los territorios que formaban el distrito de la Audiencia de los Con- 
fines en 1563, menos Yucatán, que antes por Cédula se había ordenado 
fuese devuelto á México. Ambas datas marcandos épocas de resonan- 
cia histórica, pues en el año 1563, había vuelto con gran aparato á 
Nueva España el 2° IVIarqués del Valle, D. Martín Cortés, quien estuvo 
á punto de realizar la emancipación de aquel Reino; y en 1568, los jue- 
ces pesquisidores, enviados con este motivo á México por Felipe II, vol- 
vían á España dejando sólidamente afiíTnado el prestigio de la Corona. 
Pero el peligro había sido muy serio, porque si la conjuración del Mar- 
qués del Valle hubiera triunfado en México, siendo Guatemala simple 
provincia, en imión más íntima con aquel Reino hubiera perdido Espa- 
ña simultáneamente las dos regiones; de modo que, á mi manera de ver, 
la conjuración fué una de las causas determinantes del restablecimiento 
de la Audiencia en Guatemala, y este acto, la consecuencia lógica y na- 
tural de aquel fracaso de los criollos, ávidos de independerse antesde 
tiempo. La sentencia dice bien: «Divide y dominarás.» Eso fué lo c|vie 
hizo España en este caso. 

En cuanto á Chiapa y Soconusco, no les tocó, al correr de los tiem- 
pos, la misma suerte simultáneamente. Chiapa, en gran parte, fué con- 
quistado por los años 1523 y 24, gobernando Cortés en México, y sus 
pueblos, encomendados á la Villa del Espíritu Santo, en Coatzacoalco; 
posteriormente rebeláronse los indios, 3^ á su pacificación envió en 1527 
Alonso de Estrada, que gobernaba entonces en México, á Diego de Ma- 
zariegos, quien fundó la 1' puebla española con el nombre de Villa Real, 
cambiado sucesivamente por los de Villa Viciosa, San Cristóbal de los 
Llanos y Ciudad Real de Chiapa. La 1" Audiencia de México reempla- 



256 

zó á Mazariegos por D. Juan Enríquez de Guzmán el año 1529; 3' en 
tiempo de la 2' Audiencia de Nueva España, que comenzó á gobernar 
en 1531, se concertó poner la jirovincia bajoel gobierno de D. Pedrode 
Alvarado, quien hizo nuevo concierto, años después de ceder Chiapa, re- 
cibiendo en cambio á Honduras, gobernado entonces por D. Francisco 
de Montejo, y este último tuvo quieta posesión de la provincia por al- 
gunos años más, hasta que, instalada el de 15-t4 la Audiencia de los 
Confines, ésta le quitó la gobernación de Chiapa. Hasta ese tiempo es- 
tuvo la provincia, constantemente, bajo la jurisdicción de ^México, ala 
cual volvió en 1563, y definitivamente salió de ella seis años después pa- 
ra quedar bajo la de Guatemala, cuando allí se puso Audiencia de nue- 
vo. La provincia de Soconusco, en el siglo XVI, comprendía toda la 
costa, desde los límites de Tecuantepec hasta el río Tilapa ó tal vez 
más adelante, y, á raíz de su conquista, D. Hernando Cortés, goberna- 
dor entonces de Nueva España, la puso en su cabeza, ó, para más claro 
hablar, encomendó la provincia en sí mismo, y la poseyó como enco- 
mendero, 3'a material, 3'a virtualmente, hasta que, por la Cédula de los 
veintitrés mil vasallos que debía comprender su Marquesado, salió Soco- 
nu.sco de su dominio, y se puso en corregimiento por el Rey. Como aque- 
lla renta era pingüe, quedaba el territorio junto á Tecuantepec poseído 
por el Marqués, y á éste le convenía no cejaren su pretensión sobre Soco- 
nusco; al fin obtuvo que se le concediera el residuo del tributo, como si 
dijéramos, la renta líquida, restados los gastos de administración ó de 
corregimiento; así es que Soconusco, siendo de la Corona políticamente, 
aumentaba los haberes de Cortés con sus rentas. Es de creer que cesa- 
ra esta combinación al morirel conquistador: lo cierto es que la provin- 
cia (formada entonces por los departamentos de Tonalá y Soconusco, 
en Chiapa) continuó, aún después de creada la Audiencia de los Confi- 
nes en 1544, incorporada á Nueva España por varios años aún, estan- 
do regida por un Corregidor ó Alcalde mayor, nombrado por el Virrey, 
quien hacía visitar aquélla cuando convenía. En 1556 se mandó incor- 
porar á la Audiencia de los Confines; volvió al dominio de México en 
1563, y de nuevo se ordenó en 1569 quedase bajo la jurisdicción de la 
Audiencia restablecida en Guatemala. Desde 1561 se puso en Soconus- 
co gobernador popio, el cual era nombrado por el Rey directamente. 

Con lo expuesto en los párrafos anteriores, queda explicado que la 
Audiencia restablecida en Guatemala fuera pretorial, ejerciendo juris- 
dicción plena en todas sus provincias. Era, pues, independiente, política 
3' administrativamente, como asimismo lo era en ramos de guerra 3' 
hacienda, pues económicamente bastábase así misma, por ser niU3- rica 
la tierra en producciones, 3- bien poblada de indios que pagaban tribu- 
to; pero en lo eclesiástico dependía aún en 1636, de Nueva España, por- 
que no había sido creado entonces el Arzobispado de Guatemala, erec- 
ción que se hizo hasta 1742; asíesque todavía por más de un siglo, sus 
obispados (con excepción del de Honduras, dependiente del Arzobispo 



257 

de Santo Doniintio) fueron suíratiáneos del Afzobis]3ado de Mcxieo. De 
eonsiguiente, si la dependeneia polítiea cesó, había Cjuedado sienij^re Gua- 
temala dentro de la zona de influencia de Aléxico, no sólo por su depen- 
dencia eclesiástica, sino por otros dos concejDtos: las relaciones de co- 
mercio }• las relaciones de cultura. 

En ]5unto á comercio, adviértase que, por ser mticho más poljlada 
la costa del Pacífico, y quedar bien distante la del mtir de las Antillas 
— adonde anualmente venían naos de España con mercancías, — 3- estar 
este mar infestado de piratas, v ser difíciles y costosas las comunicacio- 
nes con aquella costa, dependía el comercio de Guatemala, en parte del 
de Nueva España y en parte del de Panamá, desde donde iban algunas 
embarcaciones al puerto de Realejo en Nicaragua; pero mu}- activo era 
también su comercio con Nueva España, 3'a terrestre por la vía de Oa- 
xaca 3' aun Tabasco, ya marítima por embarcaciones que de nuestras 
costas del Pacífico iban al puerto de Acaxutla. En cuanto al comercio 
directo con España por lasnaos de Honduras, había decaído en aquellos 
tiempos, porque los piratas extendieron á tal grado sus depredaciones, 
que ocuparon é impusieron rescate á Trujillo, quemaron á Puerto Ca- 
ballos, é incesantemente capturaban las embarcaciones que de Golfo 
Dulce iban á los otros puertos; pretendiendo la Audiencia de Guatema- 
la, con tal motivo, por los años 1626 á 28, pasar su comercio direc- 
to con España del mar de las Antillas al Seno Mexicano, para cu3-o efec- 
to pidió que se anexase á su distrito la provincia de Tabasco, depen- 
diente de la Audiencia de México, mas como la Cédula de erección de 
ésta, dábale como jurisdicción costera todo el Seno Mexicano, las pre- 
tensiones de Guatemala fracasaron, 3- su comercio siguió dependiente en 
parte del de Nueva España. 

En cuanto alas relaciones de cultura, crecieron después de 1568 más 
bien que decaer. Dije ya que Guatemala seguía dependiendo eclesiásti- 
camente de Aléxico, 3', por la unión estrecha que Iglesia 3' Estado man- 
tenían entonces, la instrucción era eclesiástica principalmente, 3' Guate- 
mala bebía en las fuentes de cultura de México, de cuya floreciente Uni- 
versidad salían criollos eminentes mexicanos — como Zapata Sando- 
val, González Soltero, Sáenz Mañozca, Gómez de Cervantes, Gómez 
de Parada — que iban de Obispos después á Guatemala, difundían allí la 
cultura de Nueva España, estrechaban los lazosde unión entre criollos, 
y robustecían por ese camino la zona de influencia del Reino de Nue\'a 
España en el de Guatemala. Por lo demás, la independencia política 
del último Reino tenía más de apariencia que de realidad. No era raro 
que Oidores de Nueva España — como Alonso Maldonado, Antonio Ro- 
dríguez de Quesada, Pedro de Villalobos— fueran á Guatemala de Visi- 
tadores 3- aun de Presidentes de Audiencia. A ma3'or abundamiento, el 
prestigio del Virre3- de México en las Indias de Nueva España, era incon- 
trastable, como único Presidente de Audiencia que ostentaba la repre- 
sentación directa de la persona del Rev: la Corte misma cuidaba de no 

AN.A.LES. T. IV.— 33. 



258 

restarle influencias: toda pretensión, de las otras Audiencias, que podía 
menoscaliar ese ascendiente, pasábase á consulta del Virrey mismo: 
Así fué rechazada la pretensión de Guatemala de anexarse TalDasco: así 
también fracasó la erección de Arzobispado en Guatemala, solicitada 
por la Audiencia de aquel Reino desde principios del siglo XVII. Y es 
que auxiliaba poderosamente al brazo político el eclesiástico, 3' entra- 
ba en el interés de la Corte que siguiera ejerciendo el Virrey de México, 
por tales medios, influencia en Guatemala. 



3^ REGIÓN: AUDIENCIA DE GUADALAJARA. 

Gobernaba el Reino de Nueva Galicia, políticamente, y ejercía juris- 
dicción para las apelaciones, en el Reino de Nueva Vizcaya, por lo cual 
se la consideraba como Audiencia no pretorial, 3- así se la llamaba; dan- 
do á entender con esto, que no ejercía jurisdicción plena en todas sus 
comarcas; de modo que los territorios que caían dentro del distrito de 
la Audiencia dcGuadalajara, unos eran administrados por ésta 3- otros 
no; así es que conviene tratar de losdos Reinos de Nueva Galicia y Nue- 
va Vizca^'a, en sendos párrafos, con la separación debida, como en se- 
guida lo hago: 



1>— REINO DE NUEVA GALICIA. 

Estaba enclavado por completo en el territorio actual de nuestra 
República, 3' su jurisdicción comprendía, en 1636, lo siguiente: (1") 
El Estado de Xalixco, menos tres Cantones (La Barca, Sayula, Zapo- 
tlán), parte del de Autlán y algo del de Tequila (Etzatlán), que todo 
esto dependía de Nueva España. (2") El Territorio de Tepic, salvo los 
indios Coras de la sierra del Xa3'arit, gentiles ó independientes enton- 
ces, pues no se les redujo y cristianizó sino un siglo más tarde, por ma- 
no de los Jesuítas. (3°) Una parte del Estado de Sinaloa ó sea la pro- 
vincia de Culiacán, cu3'o distrito, al Sur, comenzaba en el río Elota 3- 
terminaba unas 28 leguas al Norte de Culiacán; gobernábala un Alcal- 
de ma3'or, puesto por el Presidente de la Audiencia de Guadalajara, 3- 
era la única región del Estado de Sinaloa que dependía de Nueva Gali- 
cia, con cu3'os territorios no tenían continuidad, pues toda la parte 
comprendida entre los ríos Elota 3- Cañas, era del di.strito de Nueva 
Vizca3'a. (4-°) Los Estados de Aguascalientes 3' Zacatecas, por entero. 
(5') Los tres Partidos actuales de Catorce, Moctezuma 3' Salinas, del 
Estado de San Luis Potosí, en cu3'a región estaban 3-a fundadas las po- 
blaciones de Cedros ó Cedral, Charcas 3- Venado, que gubemativamen- 



259 

te dependían de Nueva Galicia; el resto de lo que hoy es Estado de San 
Luis caía en la jurisdicción de la Audiencia de Nueva Esi)aña, y estaba 
repartido entre las diócesis de Michoacán 3- México. 

Los territorios de que hablo aquí, fueron explorados en gran parte 
por la expedición que salió de México el año 1529, á las órdenes de 
Ñuño de Guzmán, émulo y enemigo de Cortés; en odio al cual impuso 
Guzmán á las tierras nuevas otro nombre, para que constara no haber- 
las descubierto D. Hernando, y borrar así en todo aquéllo el nombre 
Nueva España, creado por Cortés 3- que se iba generalizando; pero no 
prosperó su malintento, pues en el Consejode Indias resolvieron que lo 
descubierto se llamara simplemente Nueva Galicia, y á mayor abunda- 
miento, una Real Cédula expedida el año 1533, dirígese á Ñuño de Guz- 
mán como «Gobernador de la Galicia de Nueva España,» lo que parece 
bastante significativo sobre la conservación del nombre geográfico ge- 
neral creado por Cortés, 3^ que aquel otro inquieto gobernante había 
querido prescribir. En esa misma cédula, 3- en otra del año 1537, de- 
clárase la supremacía de Nueva España, pues la primera Cédula impone 
al Gobernador de Nueva Galicia la obligación de informar sobre sus co- 
sas á la Audiencia de México, 3' la 2'' Cédula ordena que obedezcan las 
justicias de Xalixco ala misma Audiencia. 

Todo esto cesó, naturalmente, al ser creada en 1548 la Audiencia 
de Nueva Galicia, que comenzó á gobernar por sí misma, primero en 
Compostela, de donde se tlasladó dos años después á Guadalajara, 3- 
cuyo Presidente provéela de autoridades subalternas átodo su distrito; 
pero, con todo, en los ramos de Hacienda 3'Guerra, dependía Nueva Ga- 
licia del Yirre3-de Aléxico; así, por ejemplo, quedaban las salinas de Pe- 
ñón Blanco en la jurisdicción de la Audiencia de Nueva Galicia, pero las 
administraba el Virre3' de Nueva España, 3- éste mismo hacía los nom- 
bramientosde administradores de azogues, 3- de soldados 3' capitanes á 
guerra, como entonces decían. Llegó á tal grado la cosa, que se trató 
alguna vez de suprimir la Audiencia de Nueva Galicia, y entiendo no se 
hizo, más bien por consideraciones judiciales, que políticas. Esta de- 
pendencia económica y militar se comprende bien, recordando que Nue- 
va Galicia, por el hecho de no tener costa sino en el Pacífico, debía pro- 
veerse de mercancías europeas en los mercados de Nueva España, v de 
este último Reino procedía todo su comercio con el exterior. Además, 
por su misma situación geográfica, era déliil Nueva Galicia para de- 
fenderse con sus propios elementos, y ocurría en casos de peligro al Vi- 
rre3- de Nueva España, quien proveía lo necesario por estar el otro Rei- 
no dentro de su zona de influencia. 

La Cédula de erección de la Audiencia de Nueva Galicia, dábale co- 
mo jurisdicción «las provincias de Nueva Galicia y Culiacán, con las de 
Cópala, Colima, Zacatula 3- los pueblos de Ávalos» (ho3' Cantón de Sa- 
yula en Xalixco); pero no entró en posesión de todo aquéllo la nueva 
Audiencia, porque lo contradijo la de México, según quedará explica- 



260 

do más adelante. Las competeneias de jurisdiocióii entre Xneva Galicia 
y Nueva España, estuvieron á punto de causar un rompimiento en 
tiempo del Virrey Villamanriqíie, pero resolvióse la cuestión en favor 
de México y quedaron las cosas como van apuntadas arriba. Só- 
lo después de mucho tiempo entró en el distrito de la Audiencia deGua- 
dalajara todo lo que I103' comprende Xalixco 3- aun Colima; Cópala, 
en 1636, era de Nvieva Vizcaya; en ciianto á Zacatula, con las costas 
de Michoacán ó provincia de Motines, jamás obtuvo Nueva Galicia 
que se le adjudicaran, y fueron siempre de Nueva España. 



2'?— REINO DE NUEVA VIZCAYA. 

El Reino de Nueva Vizcaya entraba en el distrito de la Audiencia de 
Nueva Galicia, virtualmente, para las apelaciones judiciales; pero regíase 
por sí mismo, siendo su autoridad suprema un Gobernador, que al mismo 
tiempo era Capitán General y tenía facultad para nombrar las autorida- 
des subalternas de la provincia, de modo que no estaba subordinado en 
lo político al Presidente de Guadalajara, y, como él, dependía, en los ra- 
mos de Hacienda y Guerra, del Virrc}- de Nueva España, quien nombra- 
ba los militares que guarnecían los presidios fronterizos del Reino, y 
aun tenía bajo su inspección á los misioneros que hacían entradas por 
las tierras nuevas para catequizar á los indios infieles, y luego los con- 
gregaban en pueblos. La supremacía del Virrey- de México en Nueva 
Vizcaya, llegaba al extremo de que, si vacaba el gobierno por muerte del 
titular, ú otras causas, el Virrey tenía facultad para proveer la plaza 
de Gobernador y Capitán General, interinamente, mientras el Conse- 
jo de Indias proveía la vacante. 

Cabeza del Reino de Nueva Vizca3-a era la ciudad de Durango, sede 
3-a de una diócesis creada en 1621 con el título de Obispado de Gua- 
diana, por haberse llamado así también, al principio, aquel distrito. 
La jurisdicción de Nueva Vizcaya, en 1636, comprendía lo que sigue: 
(1") El Estado actual de Durango, salvo la villa de Nombre de Dios, 
cuyo territorio estuvo primeramente comprendido en la Audiencia de 
Nueva Galicia; pero, á causa de la guerra con los Chichimecos, se suje- 
tó entonces, 3- por algún tiempo lo estuvo, al Virre3- de Nueva España, 
de quien dependía el Alcalde ma3'or de la Villa, no obstante que la Au- 
diencia de Guadalajara lo contradijo, hasta que se devolvió á Nueva 
Galicia más tarde, y finalmente se agregó, con el curso de los años, á 
Nueva Vizca3'a. (2°) Los tres distritos meridionales del Estado de Coa- 
huila, donde no había, en el tiempo dicho, sino dos poblaciones dignas 
de mención: la villa del Saltillo, de labradores españoles, y el pueblo de 
Parras, de indios regnícolas de varias naciones (Irritilas principalmen- 



261 

te), congregados por los PP. de la Compañía. (3") Todo el Estado ac- 
tual de Sinaloa, menos la provincia de Ciiliacán, cuyos límites apunté 
al tratar de Nueva Galicia; los territorios (jue allí pertenecían á Nueva 
Vizca^'a estaban, unos al Norte y otros al Sur de Culiacán. Al Sur que- 
daban dos provincias, comprendidas entre los ríos Elota por el Norte, 
y Cañas por el Sur: la más septentrional llamábase Provincia de Có- 
pala, cuj'a cabecera era la villa de San Sebastián, y la más meridional 
era la Provincia de Chiametla, que más tarde se llamó del Rosario. 
Al Norte de Culiacán dependía de Nueva Vizcaya una sola comarca, y 
era la Provincia de Sinaloa, siendo su cabecera la Villa homónima de 
San Felipe y Santiago; estaba dividida la provincia en dos fracciones 
por el río del Fuerte, de modo que su antiguo territorio corresponde 
actualmente á dos Estados de nuestra Repúljlica. (4") EnelEstadoac- 
tual de Sonora entraba la parte septentrional de dicha Provincia de Si- 
naloa, en la otra banda del río del Fuerte, y que llegaba por el Norte 
hasta el río Mayo, donde los PP. de la Compañía tenían ya misiones, 
que poco á poco fueron estableciendo más y más al Norte del río Ma- 
yo, en el territorio que más tarde se llamó Provincia de Ostimuri. Ha- 
bitaban el resto de Sonora indios gentiles, no reducidos atin; aquella 
región y también la Baja California, pertenecían, sin embargo, virtual- 
mente á España, que había exjilorado sus territorios é intentado algu- 
nos establecimientos coloniales desde la primera mitad del siglo XVI, 
pero sin perseverar en ellos. (5') En el Estado de Chihuahua pertene- 
cían entonces á Nueva Vizcaya los distritos del Sur, donde ya estaban 
fundadas estas poblaciones: la villa de Santa Bárbara, el valle de 
San Bartolomé (hoy Allende), el Real de minas de Todos Santos (hov 
Jiménez), y por último, San José del Parral (actualmente Hidalgo del 
Parral), que tomó forma de pueblo en el año 1632. Alientras que los 
franciscanos del convento de Santa Bárbara doctrinaban á Tepehua- 
nes y Conchos, los PP. Jesuítas habían descubierto j-a, por ese tiempo, 
á los serranos Tarahumares, comenzaban á convertirlos, y sus misio- 
nes, como siempre, dependían del Virrey de México. El resto de Chi- 
huahvia estaba sólo habitado por indios infieles, y en mucha parte sin 
habitantes, pues papeles de la época dicen que para ir á Nuevo Aléxico, 
desde la última población de Nueva Vizcaya, pasábanse unos llanos des- 
poblad os de trescientas leguas de extensión. 



3'— REINO DE NUEVO MÉXICO. 

En ese tiempo llamaban provincia interna, con toda propiedad, á 
la que no tenía costas, y el nombre aplicábase muj' bien á la Provincia 
de Nuevo México, el rincón más remoto 3' septentrional puesto bajo el 
amparo del Virrey de México en las Indias de Nueva España. Bien con- 
sideradas las cosas, no debía figurar en esta reseña Nuevo México, po- - 



262 

que ocurrió su levantamiento y se.ííregación de la comunidad cristiana, 
unos años apenas después de 1636, 3-, además, porque no dependía su 
gobierno de Nueva Galicia ni de Nueva Yizca3'a en aquel tiempo, sino 
directamente del Virrey- de Nueva España: pero considerando que, des- 
pués de ocurrida su recuperación, quedó en la zona de Nueva Galicia 
para las apelaciones, 3' para lo eclesiástico en Nueva Vizca3'a, por cer- 
canía; considerando también que, para ir allá, era forzoso el paso por 
Nueva Vizca3'a, pongo en este lugar lo referente á esa remota región, 
que será bien poco. La provincia ó Reino de Nuevo México, en 1636, 
podía compararse, idealmente, á una isla cristiana perdida en medio de 
un mar pagano, 3'a que por Occidente, Norte 3- Oriente cercábanla tie- 
rras muy dilatadas, recorridas á tiempos por indios cazadores 3' salva- 
jes; mientras ciue, por la banda del Sur, la tierra cristiana más próxi- 
ma, distaba, como dije, centenares de leguas, con escasos habitantes en 
el intermedio, gentiles también. Aquel reducido núcleo de cristianos es- 
pañoles é indios agricultores, recién convertidos (pues no tenían 4-0 
años de conquistados), habitaba el alto valle del Río Grande del Nor- 
te, cerca de su nacimiento, 3^ estaba regido por un Gobernador que te- 
nía las mismas facultades del de Nueva Vizca3-a; pero, como su provin- 
cia estaba cercada de indios de guerra, quedaba subordinado, por ese 
concepto, al Virre3" de Nueva España, quien tenía bajo su inspección á 
los misioneros franciscanos de la Custodia de Nuevo ¡México, íinicos 
doctrineros de ac^uel apartado territorio. 



4* REGIÓN: AUDIENCIA DE MÉXICO. 

La Audiencia de México era la segunda en antigüedad de las cinco 
que se crearon en las Indias de Nueva España, precediéndola en data, 
solamente la de Santo Domingo, pues la de México entró en funciones 
á fines de 1528. Su jurisdicción era la más extensa, rica é importante 
de todas, pues tenía costas en ambos mares, 3- un autor demárcalas 
como sigue: «Desde el cabo de Honduras hasta el de la Florida, por el 
mar del Norte, 3' por la del Sur desde donde acaba la Audiencia deGua- 
temala, hasta donde comienza la de la Galicia.» 

La demarcación por el mar del Norte resulta clara. Comenzando 
por el cabo de Honduras, hasta el cabo de la Florida, comprendía to- 
da la costa del Seno Mexicano, 3- la costa oriental de Yucatán en el 
mar de las Antillas. Esta es la demarcación que fijaron á la dicha Au- 
diencia al tiempo de crearla en 1527, y la razón que para ello hubo 
fué, que por esa época, poco más ó menos, capitulóse con Montej o la con- 
quista de Yucatán, con Panfilo de Narváez la de la Florida; se confió el 
gobierno de Panuco á Ñuño de Guzmán, 3- se dio la Cédula, xa por mí 
citada, para que obedecieran á la Audiencia de México todas las pro- 
vincias comarcanas, cre3-endo que la expedición de Narváez no fracasa- 



263 

ría, 3- por tanto, t|ue toda la costa del Seno Mexicano, desde Yucatán 
hasta el cabo de Florida, (luedaría conquistada y poblada. Entiendo 
((ue para tal señalamiento se tuvo á la vista en Esjjaña un mapa del 
Seno Mexicano, de aquel tiempo, que publicó Navarrete, algo cambia- 
do, y que publicaré yo de nuevo en facsímile, para conservarle su origi- 
naliilad. La Cédula que hal)la de las provincias comarcanas, bañadas 
])or el mar del Xorte, dállalas como pobladas en 1527, porque, dividi- 
vlo ese litoral en cuatro zonas, una de ellas ocupada ya, contábase con 
(juc las otras tres c|ucdarían ocu]5adas también sin dificultad. Ln I'' 
zona, que comprendía la costa entre Cabo Hibueras y Laguna de Tér- 
minos, tocó á Montejo 3^ él había 3'a emprendido su conquista. La 2'' 
zona, desde Tabasco á los límites de la Huasteca, estaba A-a poblada 
por los conquistadores de México. La 3* zona, entre la Huasteca 3- el 
Río Bravo, se dio, con la gobernación de Panuco, á Ñuño de Guzmán; 
él halló poblada 3-a la co-sta de Huasteca veracruzana, é hizo explorar 
])or su teniente Sancho de Caniego la otra costa que va de Río Panuco 
á Río Bravo, pero no la pobló ni se pensó en poblarla después. En 
cuanto á la 4-' zona, entre Río Bravo 3- Cabo de Florida, fué campo de 
acción de Panfilo de Narváez, cu3-a expedición fracasó, 3' por tanto, que- 
dó esa costa despoblada. Y todavía un siglo después, en 1636, seguían 
las cosas en el mismo estado casi, porque la costa poblada, de la cual 
estaba Nueva España en posesión real, era solamente la que corre 
al Sudeste, desde la boca del Panuco (cerca de la cual demoraba la vi- 
lla de Tampico) hasta la bahía de Chetemal, en cu3-a cercanía estaba 
la villa de Salamanca de Bacalar. De allí al Cabo de Higueras, la cos- 
ta no tenía pobladores españoles, ni tampoco los había desde la boca 
del Pántxco al Cabo de la Florida; pero España se creía con legítimo de- 
recho á todo aquéllo, por halier tomado posesión Caniego de la costa, 
entre los ríos Panuco 3- Bravo; 3- haber explorado 3' tomado posesión 
de una parte de la costa entre Río Bravo, 3^ el Cabo de la Florida, pri- 
mero Panfilo de Narváez, que de España fué allá; luego Hernando de 
Soto 3'- sus compañeros, que fueron desde Cuba, 3- por último, D. Tris- 
tán de Arellano, c|ue salió de Nueva España; por más que fracasaran 
esas tres expediciones, hechas de 1527 á 1559; pero se creía en Espa- 
ña tener aún pleno derecho á la posesión de aquellas costas, porc(ue la 
•i' expedición, que fué con Pedro Menéndez de Aviles en el último tercio 
del siglo XYL logró permanecer en la costa oriental de Florida, 3- algo 
en la costa occidental, aunque de modo precario. 

La costa correspondiente al Reino de Nueva España en el mar del 
Sur, sí estaba enteramente poljlada, pero sus lindes resviltan vagos tal 
como los traen los autores, pues escriben éstos, como dije arriba, 
que comienza esta costa donde acaba la de Guatemala, 3^ acaba donde 
comienza la de Nueva Galicia, lo cual es indicio de que no había límites 
fijos entre las tres Audiencias, por la parte de la costa, sino variables, 
inciertos y litigiosos, como era la verdad; pues por la banda de Gvia- 



264 

témala, cixando se creó su Audiencia, ésta no poseía la costa de Soco- 
nusco, que no se le dio definitivamente sino hasta el año 1569, restán- 
dola de Nueva España; y así, el año 1636, lajurisdicción costanera de la 
Audiencia de México empezaba, por ese lado, en la línea fronteriza en- 
tre Soconusco y Tecuantepec. Más vaga todavía era lajurisdicción cos- 
tanera de la Audiencia de México por la banda de Nueva Galicia, pues, 
ateniéndonos á la Cédula de creación de esta última Audiencia, debían 
entrar en su jurisdicción «las provincias de la Nueva Galicia 3' Culia- 
cán, con las de Cópala, Colima y Zacatula, y los pueblos de Avalos.» 
Ahora bien, Nueva España 3' sus gobernantes nunca se avinieron á los 
límites cjue por el Sur eran concedidos á Nueva Galicia, porqr.e los pue- 
blos de Avalos (ho3' Cantón de Sa3'ula en Xalixco) 3' Colima 3' Zacatu- 
la, fueron desculjiertos 3' sometidos 3- cristianizados por los conquista- 
dores de México, y la Audiencia de Nueva España, defendiendo su buen 
derecho, supo conservarlos hasta la época de que hablo. Ha3'más aún: 
tengo á la vista una Memoria escrita en Guadalajara por el año 1610, 
3' en ella declara su autor que, auncjue las provincias de Avalos, Autla, 
Amula, Tenamaztlan 3' Euzatlan eran del Obispado de Nueva Galicia, 
en lo político dependían del VirTe3- de Nueva España, quien nombraba 
todos los ministros de justicia que en ellas ejercían: de Zacatula, Coli- 
ma, Zapotlán y La Barca no habla esa Memoria, porque tocaban al 
Obispado de Michoacán, 3' por tanto, á Nueva España. Presumo que 
las incursiones de corsarios ingleses 3' holandeses por el mar del Sur, 
habrán sido inotivo para que conservara Nueva España la costa que 
ho3' es del Cantón de Autlán en Xalixco, á fin de proteger así el puerto 
de Salagua, en la costa de Colima, que 3-a era de Nueva España, ejer- 
ciendo acción combinada 3- uniforme para salvar aquellos puertos de 
una incursión; y lo cierto es que unos cuarenta años después de haber 
sido escrita la Alemoria citada, se conservaba todavía esa costa bajo 
el amparo del Virre3^ de México, dado que los amagos de aquellos ene- 
migos aun no cesaban. Digo, pues, que, poraqueltiempo, la jurisdicción 
costanera de la Audiencia de México, por el mar del Sur, acababa en la 
provincia de Autlán, comprendiendo el puerto de la Navidad, 3-, como 
comenzaba en Tecuantepec, extendíase á los litorales de los Estados de 
Oaxaca, Guerrero, ¡Michoacán 3- Colima, 3- á una parte del de Xalixco. 
Tal era lajurisdicción costanera, completa, de Nueva España, en am- 
bos mares, 3' según ella, podemos decir qué provincias gobernaba di- 
rectamente, 3- cjué otras regiones tenían gobiernos especiales, pero siem- 
pre dependientes del Yirre3' de Aléxico 3- comprendidos en el distrito de 
su Audiencia. La costa del mar del Sur, 3-a señalada, salvo la de Au- 
tlán 3- puerto de Navidad, en litigio con Nueva Galicia, entraba por en- 
tero en el Reino de Nueva España propiamente dicho; mas no así la del 
Seno Mexicano, en cjue Nueva España gobernaba solamente desde la 
boca del Panuco hasta la costa de Tabasco, empezando allí el gobierno 
de Yucatán, que, siguiendo la costa, remataba en el Cabo de Honduras. 



265 

A su vez las costas, entonces despobladas, cjue hoy son de Tamauli- 
pas, y aun las de Texas en gran parte, podían atribuirse al Nuevo Rei- 
no de León, dada la vaguedad con que se fijó su extensión al ser crea- 
do en el último cuarto del siglo XYI. Hablaré, pues, en sendos párra- 
fos, primero del Reino de Nueva España, luego del Nuevo Reino de León 
y finalmente de la Provincia de Yucatán; advirtiendo que, si una sola 
de esas tres comarcas constituía el Reino de Nueva España propiamen- 
te dicho, y las tres reunidas formaban el distrito de su Audiencia, la es- 
fera de acción del Virrey extendíase mucho más lejos aún, que la de la 
Audiencia por él presidida, ya que tutelaba ese funcionario, en cierto 
inodo, á la Audiencia de Nueva Galicia, al gobierno de Niieva Vizcaya, 
al de Nuevo Aléxico 3- á todos los territorios en general, que con el tiem- 
po llamáronse Provincias Internas; que á todo el conjunto de regiones 
enumeradas llegaba la autoridad del Virrey', y todas ellas, de consi- 
guiente, desde Yucatán á Californias, constituían el vasto Reino de 
Nueva España. 



I"?— REINO DE NUEVA ESPAÑA, PROPIAMENTE DICHO. 

La subdivisión del Reino de Nueva España en provincias, no existía, 
si nos colocamos en el punto de vista civil, pues antes de la creación 
de Intendencias, á fines del siglo XVIII, no se pensó en agrupar peque- 
ñas comarcas para formar, con cierto número de ellas, regiones que 
fueran centros secundarios de gobierno y administración: el Reino está 
subdividido en pequeñas jurisdicciones, llamadas Alcaldías mayores y 
Corregimientos, que no tenían cohesión unas con otras, por más veci- 
nas que fueran; ni menos obedecían á un centro regional que fiscaliza- 
ra constantemente y de cerca, su administración, sino que directamen- 
te dependían todas 3' cada una del centro común, ó sea de México mis- 
mo, por grande que fuera su distancia. La idea de subdividir aquel Rei- 
no vastísimo en centros regionales diversos, estuvo, sin embargo, en ger- 
men desde los primeros tiempos del poder colonial, pues pasados ape- 
nas trece años de la Conc[uista, expidióse Real Cédula subdividiendo el 
Reino en cuatro provincias: Aléxico, Michoacán, las Mistecas 3^ Coa- 
tzacoalco, de las cuales fijábanse los linderos, pero simplemente llevá- 
base la mira de instituir en cada una de ellas un Prelado que las admi- 
nistrara espiritualmente, de modo que aquellas cuatro regiones no eran 
sino provincias eclesiásticas con sendos Obispos, 3' por cierto que, no 
habiendo hallado práctica la institución del Obispado de Coatzacoalco, 
se suprimió esa provincia, 3^ su pro3^ectada jurisdicción, dividida en frac- 
ciones, fué pasando con el tiempo á otros tres Obispados, uno de los 
cuales, el de las Mistecas figuraba en la Cédula, 3- los otros dos: Chia- 
pa y Yucatán, fueron creados posteriormente. 

An.\les. T. IV.— 34. 



266 

La jurisdicción de la sede proyectada en Coatzacoalco, es curiosa y 
merece tig"urar en la Historia, bien que sus linderos no sean claros: atri- 
buíasele toda la costa del mar del Norte, desde la boca del río Alvarado 
hasta la punta de Xicalanco y Puerto de Términos. Por el Oriente su 
lindero es vago, pero claro resulta que abrazaba parte del distrito del 
Carmen (Campeche); todo Tabasco; gran parte de Chiapa, compren- 
diendo la jurisdicción de la Yillaviciosa (que así se llamó jirimero en 
Chiapa la que después fué Ciudad Real), y de allí por las sien-as hasta 
dar en Soconusco. Por el Sur, toda la costa de Soconusco, advirtien- 
do que antiguamente se daba este nombre á los dos departamentos de 
Soconusco 3" Tonalá en Chiapa. Finalmente, por el Oeste y Sudoeste 
los límites actuales entre Tecuantepec 3- Chiapa, luego la Sierra de Oa- 
xaca y el cauce del Río Alvarado hasta su boca, de modo quedentrode 
la provincia de Coatzacoalco entrasen Xaltepecy Tuchtepec. En suma, 
los territorios comprendidos dentro de los linderos, vienen á ser los tér- 
minos antig~uos de la Villa del Espíritu Santo, antes que se fundaran las 
villas de la \'ictoria en Tabasco, la Yillaviciosa (luego Ciudad Real) en 
Chiapa, y la Villa de San Ildefonso (después Villa Alta) en Oaxaca; es 
decir, tenemos reproducidas en ese amojonamiento, las pretensiones de 
los vecinos de la Villa del Espíritu Santo en Coatzacoalco, segtin quedan 
expuestas en la Historia de Bemal Díaz, por lo que habían ellos con- 
quistado en Chiapa, Tabasco y Oaxaca con antelación al establecimien- 
to de las otras tres villas, 3- aun lo que ellas, por su parte, habían con- 
quistado más tarde; pretensiones que no tuvieron efecto en cuanto á la 
diócesis pro3-ectada, pues con el distrito de la Villaviciosa se formó el 
Obispado de Chiapa; el distrito de la Villa de la Victoria se dio más tar- 
de al Obispado de Yucatán, 3' la diócesis de Oaxaca ó Antequera quedó 
ensanchada desde la sierra de la Villa de San Ildefonso hasta la costa que 
corre de la boca del Río Alvarado en Veracruz á la barra de Santa Ana 
ó tal vez á la de Chiltepec en Tabasco. 

El ntunero de Obispados, creados porla Cédula, debió reducirse á tres 
por la supresión del de Coatzacoalco; pero se manttivo el número de 
cuatro por un acuerdo de la Audiencia de Nueva España, con data 
de 1535, distribu3endo los territorios adjudicados á la Mitra de Méxi- 
co, entre ésta 3- la de Tlaxcala, cu3-o Prelado administraba 3-a las flore- 
cientes poblaciones del valle de Puebla de los Ángeles. 

Las cuatro provincias eclesiásticas fueron entonces, Aléxico, Tlax- 
cala, Michoacán 3- las Mistecas. No existiendo, de consiguiente, otra 
grandivisióndelReino, que diré cuál era el estado que guardaba, en 1636, 
cada vina de las cuatro sedes nombradas. 

Diócesi de México. — Erigida primero en Obispado, pasó á me- 
diados del siglo XVI á ser Arzobispado, del cual eran sufragáneos los 
demás Obispos, 3-a en Nueva España, 3'a en Nueva Galicia, ya en 
Centro - América (salvo el de Honduras). El Arzobispado de Mé- 
xico pasaba de mar á mar, teniendo la costa de la Huasteca en el 



2ft7 

mar (U-l Norte ó Seno Alexieaiio, y la de Acapulco en el Océano I'aeífico, 
llamado antes mar del Sur. Comprendía lo siuniente: (1") El Distrito 
Federal y los tres Estados actuales de México, Morelos é Hidalgo. (2°) 
El Estado de Querétaro, con excepción de la sierra entonces habitada 
por indios Pames, gentiles é inde])en(lientes, pues no se redujeron si- 
no un siglo después por mano de misioneros franciscanos. (3") La Huas- 
teca potosina, ó sean los tres Partidos de Tancanhuitz, Valles y Tama- 
zunchale,del Estado de San Luis. (4-'-') La Huasteca veracruzana, ó sean 
los Cantones de Ozuluania y Tanto^'uca en el Estado de Veracruz. (5'') 
Dos distritos del Estado actual de Guanajuato, á saber: Iturbide (Ca- 
sas Viejas) y Victoria (Xichú). (6'') Cincodistritos del Estado actual de 
Guerrero, á saber: Alarcón (Taxco), Aldama (Teloloapan), Bravos(Chil- 
pancingo), Hidalgo (Iguala) 3- Tavares (Acapulco). 

Obispado de Tlaxcala. — Con asiento en Puebla, por lo cual fué lla- 
mado más tarde Obispado de Puebla de los Angeles. También pasaba 
de mar á mar, teniendo en el del Norte la costa veracruzana desde Alva- 
rado á Tamiahua, y en el mar del Sur la costade Ayutla óde la provin- 
cia marítima que antiguamente llamaban «de Xalapa.Cintlaj- Acatlán 
de la Costa,» en el actual Estado de Guerrero. Comprendía lo siguien- 
te: (V-) Los Estados actuales de Tlaxcala y Puebla. (2°) Casi todo el 
Estado de Veracruz, menosdos Cantones septentrionales: Tanto^'uca v 
Ozuluama, pertenecientes á la Mitra de México; tres Cantones del Sud- 
este, completos: los Tuxtlas, Acayúcan, Minatitlán, y además, imapar- 
te del Cantón de Cosamaloápan, administrado todo ello por la Mitre 
de Oaxaca. (3'-') Los tres distritos de Huaxuápan, Tzilacayoápan v 
Xiuixtlaliuácan (hoy Justlahuaca) del EstadodeOaxaca. (4") Los cin- 
co distritos de Aliénele (Ayutla), Álvarez (Chilapa), Guerrero (Tixtla), 
Morelos (Tlapa), y Zaragoza (Cuamuchtitlán) en el Estado de Gue- 
rrero. 

Obispado de Michoacán. — La Cédula erigiendo la provincia en 1534 
declaraba capital á Tzintzimtzan; pero el primer Obispo trasladó la 
sede á Pátzcuaro, y más tarde se pasó á \'alladolid de Guaj-angareo, 
donde ya estábil en el viltimo cuarto del siglo XVL Sólo tenía costas 
en el mar del Sur, y eran las de Colima, las de la provincia de Motines 
(hoy distrito de Coalcomán) en el Estado de Michoacán, y las de la 
antigua provincia de Zíicatula, en el actual Estado de (Guerrero, hasta 
Técpan. El mapa coetáneo del Obispado, que publicó el cronista Gon- 
zález Dávila en el siglo XVIL da muy buena idea de los extensos terri- 
torios que administraba. El Obispado comprendía, en 1636, lo si- 
guiente: (l°)Los Estados actuales de Michoacán y Colima, por entero. 
(2') Casi todo el Estado de Guanajuato, salvo los distritos de Xichú v 
Casas Viejas (hoy Victoria é Iturbide), que pertenecían á la Mitra de 
México. (3") Dos Cantones del Estado de Xalixco: Zapotlán y La Bar- 
ca, de modo que la laguna de Chápala estaba por mitad comprendida 
en el Obispado. (4") Tres distritos del Estado deGuerrero, á saber: Ga- 



268 

leana (Técpan), La Unión (Coahuavutla y Zacatilla), y Mina (CoA'uca 
de Catalán y Ciizamala). (5") Una gran parte del Estado de SanLnis 
Potosí, salvo los tres distritos de Catorce, Moctezuma y Salinas, que 
pertenecían al Ol3Íspado de Guadalajara, y otros tres distritos de la 
Huasteca potosina (Tancanhuitz, Valles y Tamazunchale), qvie corres- 
pondían al Arzobispado de México. 

Obispado de Anteqiiera de Oaxaca. — La región llamada «Provincia 
de las Mistecas» en la Cédula, cambió su nombre por este otro, en ra- 
zón de haberse declarado asiento del Obispo la ciudad de Oaxaca. Te- 
nía costas el Obispado en los dos mares: en el Sur la que corre desde 
Tecuantepec hasta el distrito de Abasólo en Guerrero (inclusive); por 
el mar del Norte ó Seno Mexicano le correspondían las costas de los Es- 
tados de Veracrtiz y Tabasco, desde el río de Alvarado hasta los Agua- 
lulcos ó algo más al Oriente. Su jurisdicción extendíase á lo siguiente: 
(1°) Casi todo el Estado actual de Oaxaca, menos los tres distritos de 
Huaxuápan, Xiuixtlahuácan y Tzilaca3'oápan, pertenecientes á la Mi- 
tra de Puebla. (2") El distrito de Abasólo (antes de Ometepec) en el 
actual Estado de Guerrero. (3°) Tres Cantones y parte de otro en el Es- 
tado de Veracruz, á saber: los de los Tuxtlas, Acayúcan y Minatitlán, 
completos, y una parte del Cantón de Cosamaloápan comprendiendo 
los pueblos de Chacaltiánquiz, Tesechoacan, Otatitlán, Tlacoxálpan, 
el famoso y antigaio pueblo de Cuauhcuezpaltepec, hoy arruinado, y 
extensas llanuras hasta la sierra. (4") El Partido de Huimanguillo 
(antes de los Ahualulcos) en el actual Estado de Tabasco. En papeles 
antigtxos he visto inscritos también, como del Obispado de Oaxaca, 
pueblos que ho3' pertenecen al Partido de Cunduacán en Tabasco. 

Estas cuatro provincias eclesiásticas constituían la Nueva España, 
propiamente dicha; pero había otras comarcas que caían dentro de su 
jurisdicción y que integraban el distrito que gobernaba y administraba 
su Audiencia. Esos territorios hallábanse, unos en el Obispado de Nue- 
va Galicia y otros en el Obispado de Yucatán, sujetos á la Audiencia de 
México, y eran éstos: 

En el Obispado de Nueva Galici.\ la Audiencia de Nueva España 
gobernaba los Cantones de Autlán,Sayula y el distrito de Etzatlán, cu- 
yas justicias eran nombradas por el Virrey' de México y de él dependían 
directamente, habiendo un Alcalde Mayor en Atitlán, que tambiénloera 
del Puerto de Navidad; otro Alcalde Mayor de los pueblos de Avalos 
en Saj'ula, 3- otro Alcalde Ma^-or del Real de minas de Etzatlán, pues- 
tos los tres por el Virre3'. Atrás expuse las razones de tal dependencia. 

En el Obispado de Yucatán estaba sujeta la provincia de Tabasco 
á la Audiencia de México y gobernaba esa provincia un Alcalde MaA-or; 
la cabecera, fundada pocos años después de la Conquista, se llamó pri- 
mero Villa de la Victoria, pero ha ido cambiando nombres, pues en 

1636 llamábanla San Juan de Villa Hermosa; en el siglo XVHI Villa 
Hermosa de la Victoria 3' ho3'es la Ciudad de San Juan Bautista de Ta- 



269 

basco; era residencia del Alcalde Mayor, pero éste ])ara mayor seguri- 
dad contra los piratas del Golfo, pasábase por tiempos unas veces á 
Xalapa, otras á Tacotalpa, dejando en la cabecera un simple Teniente. 
Tabíisco anduvo por mucho tiempo unido A Yucatán, porque lo dio en 
gobernación á Montejo la Audiencia de México, en virtud de Real Pro- 
visión, para que de allí reorganizara la reconquista de la Península; en 
1636, sin duda por las pretensiones de Guatemala, se declaró de nuevo 
que Tabasco estaba sujeto ala Audiencia de México, tal como á raíz de 
su fundación lo estuvo. 



2"? NUEVO REINO DE LEÓN. 

Capituló su descubrimiento y población el capitán Luis de Carva- 
jal en 1579, con título de Gobernadorpordos vidas, dándole á la tierra 
nueva 200 leguas de latitud jotras tantas de longitud y poniéndole su 
jurisdicción hasta la boca del Panuco, donde Carvajal debía construir 
un fuerte. Según parece, poco se hizo, hasta que se mandó continuar la 
empresa en 1583. La 1* exploración se hizo partiendo de la Huasteca 
para ir á Mazapil, desde donde se pasó á la tierra nueva. La primera 
puebla fundada se llamó Santa Lucía, y la tierra descubierta el Nuevo 
Reino de León. Pasado algún tiempo, el Conde de Monterrey; pero to- 
davía en 1610 persistía el nombre de Santa Lucía, según el autor de la 
Memoria escrita en Guadalajara, de que hablé atrás, quien dice que 
Monterrej- era en acjuel tiempo un lugar miserable de 20 vecinos esca- 
sos, labradores españoles muy pobres, quienes ni aun casas de adobes 
tenían, sino de palizadas embarradas, 3' agrega, que aquel Nuevo Reino 
se podía llamar con razón Reino de Anillo, por no contar con otro po- 
blado sino aquel pobre lugar á pesar de lo cual tenía la tierra nueva lí- 
mites oficiales y muy dilatados, colindando con la Nueva España por 
la Huasteca y río Panuco, y siendo su lindero por el Oriente la costa 
del Seno Mexicano, en la extensión A-a dicha. Gobernando el Marqués 
de Guadalcázar, y muerto 3'a el descubridor, nombró el Virrej- Gober- 
nador y Teniente de Capitán General al capitán Agustín de Zavala, 
quien gozó de los empleos doce años. 

Cuando comenzó á gobernar el Alarqués de Cerralvo, aun no había 
en todo el Nuevo Reino de León más poblado español que la Villa de 
Monterrey, pobre siempre; al grado de que se daba ración á los vecinos 
por cuenta del Re_v, sosteniendo allí Justicia Mayor y una escuadra de 
soldados con su capitán, que ocasionaban crecidos gastos, para que la 
villa no se despoblase. Lucieron por aquel tiem]jo mejores días para 
ese rincón del mundo, pues el hijo del capitán Zavala, llamado D. Alar- 
tín, capituló en Madrid el año 1625 la fundación allí de dos nuevas vi- 
llas, obteniendo para sí título de Gobernador y Teniente de Capitán Ge- 



270 

neral, con facultad de nonabrarlos ministros de justicia, como la tenían 
ya los gobernadores de Nueva Vizca^-a y Nuevo México. Pasó primero á 
la villa de Nuestra Señora de Monterrey, duplicó el número de sus ve- 
cinos, la hermoseó, 3' de allí fué á fundar la Nueva Villa de San Gregorio 
de Cerralvo, cu^-o sitio era rico en minas, con lo cual prospero la villa 
recién fundada, que Zavala señaló para cabecera del Nuevo Reino. A es- 
ta fundación que tuvo higar el año 1627, sucedió diez años después la de 
la villa de San Juan Cadereyta, situándola en camino para el puerto 
de Tampico y la Huasteca, tal vez con la mira de que no prescribieran 
los límites señalados al Nuevo Reino hasta la costa del Seno Mexicano, 
á raíz de su primera fundación, pues exploró Zavala el territorio por el 
Sur, descubrió salinas por ese rumbo, se puso en contacto con los in- 
dios del tránsito y llegó hasta la Huasteca. La nvieva villa se pobló 
con agricultores 3- ganaderos 3- abrió camino más tarde, bien que mu3' 
lentamente, para la exploración en zonas limitadas de los despoblados 
que hasta la costa existían. 

Tal era el estado (jue guardaba el Nuevo Reino de León por el año 
1636, ó poco después. Había tres villas de españoles fundadas: el terri- 
torio, espiritualmente administrado por la^Mitra de Guadalajara, esta- 
ba en el distrito de la Audiencia de México, 3' sus autoridades por el Vi- 
rre3- de Nueva España; se había concertado la paz con los indios vagos, 
3" prosperaban por tanta agricultura, minería 3- sobre todo ganadería; 
pero aun estaba en mantillas aquel Nuevo Reino despoblado; ni bien 
andado ni trillado de españoles como decía un autor de la época; sin 
linderos determinados por la parte del Norte, 3- separado aún de los lí- 
mites fijos que se le habían dado al Sur 3- Oriente (Río Panuco y la cos- 
ta del Golfo) por el desierto de Jaumave, como entonces decían, 3- la 
sierra de Tamaolipa ó Tamaolipan, según escribían, también con más 
propiedad que ho3\ Por más de un siglo, aquella zona quedó inexplo- 
rada casi, por lo menos de un modo general y metódico, 3- á ello contri- 
bu3-ó el nuevo estado de vagancia en que se pusieron los indios; pero 
exploraciones limitadas fueron haciéndose por varias partes 3- con el 
curso de los tiempos, á medida que fueron aumentando las crías de ga- 
nado, pues los pastores de las haciendasllevaban los ganados á los des- 
poblados en busca de nuevos pastos, 3- se les protegía contra las depre- 
daciones de los indios con partidas cortas de soldados, que llamaban 
«escolteros,» porque daban escolta; pero esto no bastaba para orga- 
nizar en forma el avance de la cultura, y la vasta zona, entre las costas 
3' el Nuevo Reino, seguía despoblada de cristianos, y sólo recorrida por 
partidas de indios infieles. 

El nombre de Nuevo Santander todavía no se creaba en 1636, ni se 
creó y empleó sino cuando había pasado 3-a más de un siglo, 3- esto res- 
ponde á una de las preguntas cjue se me dirigieron y puse al principio 
del opúsculo. Ese nombre que se impuso á la zona despoblada que ha- 
bía entre la costa y el Nuevo Reino de León, se aplicó al .ser aprobado 



271 

el proveció ¡¡rescntado ])oi' el Cui-oiiel I). José de Eseaiidóii, más tarde 
Conde de Sierra Gorda, ])ara fundar en la zona inhabitada ])or cristia- 
nos, varias i)oblaciones, desde la sierra de Tamaolijjan hasta la costa. 
Previamente se habían hecho cuíitroexi)k)raciones, alguna de ellas por 
la parte del Norte, cruzando el río Bravo desde Texas, ya en parte habi- 
tada jjor cristianos; otra por la parte del Sur, viniendo de la Huasteca, 
y que hizo Escandón mismo el año 1 74-4-, jjoco más ó menos, en la cual ex- 
ploración se impuso á la barra de Soto la Marina el nombre de barra 
de Santander, que hasta hoy conserva y cjue llevó toda ki provincia de- 
finitivamente. Aprobado, pues, el provecto del Coronel Escandón, con 
dictamen favorabledel Oidor Mai"qués de Altamira, en tiempo del Virrey 
Güemes y Horcasitas, Conde de Revillagigedo (casado con Da. María 
de Padilla), que goljernódelT-tBá 1755, tomáronse los apellidos del Vi- 
rrey, desu esposa, y el título nobiliario paradar nombre á cuatro pobla- 
ciones; Güemes, Horcasitas (hoy Maxixcátzin), Padilla y Revillagigedo 
(ho\' Guerrero); otrosdos nombres de pueblas: Llera 3- Escandón, salie- 
ron de apellidos de la familia del Coronel fundador; otros tres tomáronse 
de poblaciones de la provincia montañesa en España: Santander (íioa' 
Jiménez), Reinosa^-Laredo, quedando jjara toda la provincia nueva, el 
nombre de Nuevo Santander, que conservó por tres cuartos de siglo, 
mientras duró el período colonial, y que se cambió por el de Tainauli- 
pas, consumada la Inde¡)endencia. 

Resumiendo: el Nuevo Reino de León, en 1636, tenía por demarca- 
ción los territorios de los dos Estados actuales de Nuevo León y Ta- 
mauli])as. Cuando en 1579 se determinó su creación, se le atribu^'óima 
extensión de 200 leguas Norte-Sur y otras tantas Oriente-Poniente; pe- 
ro sus límites eran indeterminados al Norte y Poniente, porque aun no 
se fimdaba la provincia de Nueva Extremadura (ho\'Coahuila), no la de 
Nuevas Filipinas (después Texas), fundaciones que se iniciaron: la 1* 
medio siglo después, en tiempo del Conde de la Monclova, y la 2" más 
tarde aún. Por el Oriente y Sur sí tenía límites fijos, pero virtuales: la 
costa del Seno Mexicano y la provincia déla Huasteca, perteneciente al 
Arzobispado de México, de las cuales quedaba separado el Nuevo Rei- 
no por desiertos, montañas y despoblados que no ha1)ían sido bien 
explorados aún en 1636; por el Poniente y Sur tenía contacto con te- 
rritorios habitados ya y pertenecientes á Nueva Vizcaya (Saltillo), á 
Nueva Galicia (Cedral), y al Obispado deMichoaeán en Nueva España 
(Guadalcázar). Por ese mismo tiempo, el Nuevo Reino de León no te- 
nía sino tres villas fundadas: Monterrey, Cadereyta y Cerralvo, siendo 
ésta última la cabecera. Dependía del Obispo de Nueva Galicia en lo ecle- 
siástico, de la Audiencia de México para las apelaciones, del Virrey de 
Nueva España en asuntos de Guerra y Hacienda, y de su Gobernador 
propio en los de administración interior. 



272 



3" — PROVINCIA DE YUCATÁN. 

Anduvo mucho tiempo unida con Tabasco por los motivos que di en 
el 1°, al fin, cuando traté del Reino de Nueva España, propiamente di- 
cho. La península exclusivamente, forma hoy los dos Estadosde Cam- 
peche al Poniente, Yvicatán al Norte, y el territorio de Quintana Roo al 
Oriente. Fué dos veces conquistada, primero por Montejo y Alonso de 
Avila en 1526 y 27; pero subleváronse los indio3 y tuvieron que aban- 
donar el país aquellos primeros conquistadores. Para organizar el des- 
quite, Montejo obtuvo de la Audiencia de México, y en virtud de Real 
Provisión, el Gobierno de Tabasco, y hecha ya la reconquista en 15403' 
41, quedaron unidas las dos provincias, que formaron juntas el Obispa- 
do de Yucatán, cuando éste fué creado. Su Gobernador era Capitán Ge- 
neral también; nombraba las autoridades menores, los guardas 3' vigi- 
lantes de las costas, los Capitanes á guerra, 3' tenía otra facultad de 
que sólo gozaban él 3^ el Presidente de Guatemala: encomendar indios, 
pues los encomenderos eran necesarios en aquella provincia, á fin de te- 
nerla poblada con gente castellana que servía para organizar la defen- 
sa del país contra los constantes amagos de piratas 3^ corsarios. 

La provincia caía dentro del distrito de la Audiencia de México y 
dependía de aqviel centro, no sólo en las causas de apelación, sinoporla 
facultad especial que tenía el Virrey de Nueva EsiDaña, cuando vacaba 
el gobierno de Yucatán por muerte del titular ú otras causas, de nom- 
brar Gobernador 3- Capitán General interinamente, mientras venía el 
cargo, proveído en propiedad por el Consejo de Indias, que á tanto equi- 
valía esta facultad, cuanto á mantener la provincia en tutela del Virre3% 
como también lo estaba la Nueva Vizca3-a, según quedó atrás decla- 
rado. Yucatán, por otra parte, se mantuvo casi siempre comprendido en 
la jurisdicción de la Audiencia de México, desde que ésta se creó, salvo 
unos cuantos años, de mediados del siglo XVI, que se puso bajo la 
dependencia de la Audiencia de los Confines, pero volvió pronto á ser de 
Nueva España, según quedó explicado al tratar de la Audiencia de Gua- 
temala. La primera Cédula para devolver Y'ucatán á México, fué del 
año 1548, pero en otros papeles he leído que, por desavenencias entre 
un visitador que fué de México 3^ los franciscanos de Yucatán, volvió 
este gobierno á la Audiencia de los Confines poco después, hasta que se 
dio 2*' Cédula en 1560 para que Yucatán y Tabasco fueran del distrito 
de la Audiencia de Nueva España. 



273 



5=' KEÍÍIOX: ArDIEXCIA DE MANILA. 

La Secretaría de Nueva España en el Consejo de Indias despachaba 
tamT)ién los nejíocios de otra región con Avuliencia propia, y era la 
5^, comprendida en la zoníi de influencia del \'irreY de México; pero esa 
región, constituida por un grande archipiélago, no formaba parte del 
Continente Americano, del cual hablábase á gran distancia, v de consi- 
guiente, no quedaba comprendida en las Indias Occidentíiles, bien que, 
por estar al Occidente de México, se dio á la región, al principio, el nom- 
bre de «Islas del Poniente,» que más tarde se cambió por el de Islas Fi- 
lipinas. En la exploración de ellas, á raíz de su descubrimiento por Ma- 
gallanes, tuvo Nueva España intervención directa y exclusiva, desde... 
1527 que las exploró AlvarodeSaavedra. enviado antes de mediar el si- 
glo por el Virrey Mendoza, y al fin, conquistándokis López de Legíizpi en 
1565, con expedición que de un puerto de Nueva España salió también, 
como las dos anteriores. Sin embargo, por el conjunto de circunstan- 
cias expuesto antes, el nombre Nueva España no se híicía extensivo á 
ellas, materialmente, aunque á decir verdad, de las cinco Audiencias que 
dependían de la Secretarííi de Nueva España en el Consejo de Indias, la 
de Filipinas ó de Manila era, después de la de Nueva Galicia, la que tenía 
más íntima relación con Nueva España, porque todas sus transacciones 
con la Península Ibérica .se hacían forzosamente á través del territorio 
mexicano; sus funcionarios civiles, militares ó eclesiásticos, para llegar 
á Filipinas, yendo de la madre patria, pasaban necesariamente por Mé- 
.xico y hacían allí escala; tanto, que los misioneros que doctrinaban á 
los filipinos tenían hospicios fundados en México, donde se albergaban 
y descansaban y se reformaban, antes de ir á ejercer allá sus ministe- 
rios; el comercio filipino con España se hacía exclusivamente á través 
del Reino de Aléxico (cuyo Virrey nombraba los capitanes de mar que 
hacían ese comercio), 3- había, finalmente, migraciones mutuas, de filipi- 
nos á México, donde formaron la casta llamada «de los chinos,» y de 
mexicíinos á Filipinas, bien que la última era muchas veces forzada, por 
leva militar ó por deportación, pues la gente maleante, á Filipinas era 
enviada por castigo; en suma, las IsUis Filipinas, en la data de 1636, 
podían considerarse como una sub-colonia del Reino de México, á la 
cual, sin embargo, no alcanzaba el nombre común de Nueva España, bien 
que se hallara dentro de su zona de influencia, va que, al ocurrir la va- 
cante del más alto funcionario de aquel archipiélago — que llevaba el tí- 
tulode Gobernador, Capitán General 3' Presidente de su Audiencia, — te- 
nía facultad el Virre\'de México para nombrar al sucesor, interinamen- 
te, mientras iba de nuevo provisto el cargo, por el Consejo de Indias, 3- 
asimismo proveía el Virre3- un pliego cerrado, que se llamaba de «mor- 

Anales. T. IV.— 35. 



274 

taja,» para designar por escala cierto níimero de personas, ininediata- 
mente después de la vacante, hasta que llegaba el nombrado ad interim. 
por el mismo Virrey. En suma, no estaban las Filipinas en la Nueva 
España continental, pero integraban los territorios en ese tiemi)o lla- 
mados «Indias de Nueva España.» 



RESUMEN. 

Lo haré, concretándome á las preguntas que han motivado esta re- 
seña Y que se han puesto al principio de la Memoria; para decir, según 

ellas, cuál era la división exacta del territorio de Nueva España en 

1636: tenemos que considerar la cuestión colocados en tres puntos de 
vista diferentes: (1°) El distrito de gobierno de la .\udiencia de Mé- 
xico, es decir, lo que directamente gobernaba ésta. Entonces Nueva 
España estaba dividida en cuatro provincias eclesiásticas: México, Pue- 
bla, Michoacán, Oaxaca, y gobernaba parte de otros dos Obispados: 
Nueva Galicia y Yucatán, como se puede ver en las secciones res])ectivas 
pormenorizadamente. (2") La esfera de acción directa del Virrey de 
México; entonces el gran Reino de Nueva España comprendía todo lo 
que directamente gobernaba su Audiencia, expresado en el níimero an- 
terior, y además, los Reinos de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Nuevo 
México, Nuevo León y Provincia de Yucatán, según queda por menor 
expuesto en los capítidos de referencia. (3°) La zona de influencia del 
Virrey de México, que abarcaba la zona geográfica vastísima, llama- 
da entonces «Las Indias de Nueva España,» y comprendía todos los te- 
rritorios expresados en losdosniímeros anteriores, y además, los distri- 
tos de las Audiencias de Santo Domingo, Guatemala y Filipinas, con 
regiones, unas continentales y otras insulares, como atrás queda tam- 
bién explicado. 

Madrid, Mayo de 1912. 



MATAMOROS. 

APUNTKS RIOCrAfICOS 

POR EL DR. J. M. DE LA FUENTE. 



PREÁMBULO. 



Cuanto más admiralia la honorabilidad, honradez y enertíía de Ma- 
tamoros, sus dotes administrativas, su actividad y acierto para orga- 
nizar, instruir y disciplinar sus tropas, cual ningún otro insurgente 
supo hacerlo, así como su valor sereno 3' sus hechos heroicos, tanto más 
aumentaban mis deseos de conocer algunos antecedentes de ese ilustre 
mártir de nuestra Independencia, que entre todas sus glorias tuvo la de 
haber sido segundo en jefe del gran General Don José María Morelos; 
pero ningún historiador da luz alguna sobre el nacimiento, patria y 
prosapia del héroe, y todosellos, copiando áAlamán, comienzan su bio- 
grafía desde el 16 de Diciembre de 1811, en que Matamoros se le pre- 
sentó á Morelos en Izúcar. Aun han sido pocos los C[ue, saliendo de ese 
cartabón, han copiado la noticia que nos daBustamante deque Mata- 
moros hizo sus estudios en el colegio de Tlatelolco. Sus mismos biógra- 
fos, que podían estar mejor informados, nada nuevo nos dicen y ellos 
mismos se lamentan de cjue las tinieblas que envuelven los antecedentes 
del héroe, no les hayan permitido siquiera descubrir cjué Estado, qué 
ciudad ó qué lugar puede gloriarse de haber sido la patria del heroico 
cura de Jantetelco, 3* tan sólo en algunos artículos de periódicos es en 
donde he leído algunas veces que Matamoros, según unos, fué michoa- 
cano, según otros, poblano, y otros handicho C[ue nació en Tlaxcala.y 
hasta han señalado im pueblo de aquel Estado en donde, según dicen, 
se meció su cuna. 

En vista de esta falta de noticias serias \' fidedignas, emprendí inda- 
gaciones por mi propia cuenta 3- registré algunos archivos, entre otros, 
los de Puebla, pero sin ningún resultado; mas no por esto me di por 
vencido: lejos de esto, seguí mis investigaciones con todo empeño 3- con 



278 

la esperanza, aunque remota, de encontrar algún día las noticias del 
héroe que perseguía. 

A la vez que yo hacía estas indagaciones, emprendía trabajos aná- 
logos el conocido erudito y sabio arqueólogo Sr. Lie. D. Cecilio A. Ró- 
belo, actual Director del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Et- 
nología, quien también, como 3-0, registró los archivos de Puebla y 
otros varios; pero todas sus pesquisas fueron infructuosas, 3' entonces, 
siendo como es, justo apreciador de los méintos del héroe, 3- entusiasta 
admirador de sus renombradas hazañas, siendo Magistrado del Tribu- 
nal Superior inició ante el Congreso del Estado de Mótelos, un pro3-ec- 
todeW por el queel Estado deMorelosadoptaracomohijobenemérito 
al heroico caudillo de la Independencia, D. Mariano Matamoros, cu3-o 
pro3-ecto fué aprobado por la Legislatura, 3' elevado á la categoría de 
ley, se promulgó el 9 de Ma3'o de 1888, á la vez que se le erigía un mo- 
numento en Jantetelco al ilustre caudillo, el que se inauguró el .ó de Ene- 
ro del siguiente año de 18S9, 3- el cual se debió también á iniciativa del 
señor Róbelo, segTÍn se desprende del telegrama que le dirigió el Sr. Go- 
bernador Preciado el día de la inauguración, el que á la letra dice: 
nSr. Lie. Cecilio A. Róbelo. — En medio del mayor entusiasmo, se des- 
«cubrió solemnemente á las 10 de la mañana, el monumento consagra- 
ndo á Matamoros. — Con positiva satisfacción lo felicito por este suceso, 
nque la iniciativa de Ud. preparó y que el Gobierno de mi cargo ha 
«realizado con la Patriótica y distinguida colaboración de Ud. — Je- 
1.1 sus H. Preciado. « 

Entretanto que el señor Róllelo satisfacííi sus patrióticos deseos, 
honrando la memoria de Alatamoros, 3-0, por mi parte, é ignorante de 
sus trabajos, seguía mis investigaciones; pero éstas fueron por mucho 
tiempo completamente infructuosas, hasta que al ñn vinoá ocurrírseme 
una idea, que debió haber sido la primera que se me ocurriera, 3- ésta fué 
C|ue, habiendo sido sacerdote Matamoros, era de rigor, según las le3-es 
de su época, el que hubiera recibido algún grado universitario, aunque 
sólo hubiera sido el de bachiller en Artes, y por lo mismo, era en los li- 
bros de la extinguida Universidad en donde podría encontrar algún ra3-o 
de luz que alumbrara el camino de mis investigaciones, 3- con esa con- 
vicción, registré los libros en que se asentaban los grados de bachilleres 
en Artes, 3- en el correspondiente álos añosde 1770á 1794, me encontré 
un asiento por el que consta que Matamoros recibió el grado de Bachi- 
lleren Artes en26 de Agosto de 1786, y que presentó fe de bautismo, con 
la quecomprobó ser hijo legítimo de español 3- naturalde México, 3- en el 
libro de bachilleres en Teología, que comprende del año de 1776 al de 
1810, encontré otro asiento que comprueba que Matamoros recibió el 
grado de Bachiller en Teología el 26 de Octubredel789,y que presentó 
sus certificados de ser natural de México 3- colegial de Tlatelolco. ' 

1 Véanse adelante las copias ínte^as de estos asientos. 



279 

En ])osesión ya de estos datos jirincipales, fácil me fué encauzar mis 
investigaciones sol)re una senda firme y segura, puesto que sabiendo 
que Matamoros había sido originario de México, en los archivos exis- 
tentes en esta ciudad era en donde podía encontrar, probalilemente, 
las noticias cpie buscaba, y aun concebí la esperanza de poder encontrar- 
me con algún descendiente de la familia Matamoros, que pudiera con- 
servar algunas tradiciones ó documentos de familia, con los cuales pu- 
diera aclararse el misterio que durante un siglo híi envuelto la patria y 
la prosapia del héroe. 

Todo era ya cuestión de constancia, paciencia y tiem])o. 

En efecto, pasó algún tiempo, y un día me encontré con la Sra. Jose- 
fina Salazar y Aranda Matamoros, bisnieta de Matamoros, y ella me 
proporcionó algunos datos interesantes de la familia y se prestó gusto- 
sa á ayudarme en mis trabajos, y al efecto, me presentó con sus primas 
hermanaslasSras. Luz y Concepción Aranda y Matamoros, quienes me 
I)usieron al corriente de muchos datos genealógicos de la familia; me fa- 
cilitaron retratos, un árbol genealógico de la familia Aranda Matamo- 
ros y cdgunos otros documentos. 

Luego me presentó Josefina con su tía la Srita. Angela Salazar y 
Kujano, sobrina segunda de Matamoros por la línea materna y la más 
anciana de los supervivientes de la familia, pues cuenta actualmente 
noventa años de edad, los que cumplióel 3 de Agosto último de este año 
de 1911, 3' es también sobrina carnaldeDa. Catalina, la que fué aman- 
te de Matamoros y en quien éste tuvo á su hija Benita, de la qvie á su 
tiempo hablíiré. 

Da. Angela, como la más anciana y más allegada á Matamoros, es 
la que conserva mayores datos y tradiciones de familia, y por herencia 
conserva también varios objetos que pertenecieron á Matamoros y á 
su hija Da. Benita, perocostó un verdadero triunfo hacerla hablar: á to- 
do contestaba «no me acuerdo,» y por último, dijo que nada diría por- 
C(ue eran secretos de familia que había ofrecido guardar, \^ sólo tras de 
muchas instancias y con la a^-uda de su sobrina Josefina, pude obtener 
que me comunicara algunos datos, los que paulatinamente fué amplian- 
do en los días subsecuentes, hasta que al fin terminaron por completo 
sus reservas y no tuvo ya inconveniente en comunicarme todo cuan- 
to ella sabía relativo á la familia Matamoros, y terminó por enseñarnos 
lasreliquias de Matamoros y de su hija Benita, queella conservaba como 
sagrados recuerdos de familia, entre las que figuran una Divina Infanti- 
ta, que ella tiene en la cabecera de su cama y dice que quiere conservar- 
la hasta su muerte, y un Niño Dios que es el que utilizaba Matamoros 
en las posadas que hacía anualmente; esta imagen se encuentra hoy en 
la parrocjuia de San Pablo, adonde la regaló Da. Dolores, hermana ma- 
yor de Da. Angela, que era quien conservaba todas esas reliquias de fa- 
milia, las que á su muerte quedaron en poder de su hermana Angela, 
quien á mis instancias, las vendió al Museo Nacional, en donde 



280 

ho3' se encuentran, exoe])t() las dos imásíenes de Cjue he hecho refe- 
rencia. 

Como era natural, deseando que esta biografía fueselomás comple- 
ta posible, no quedé del todo satisfecho con los datos que hasta allí ha- 
bía adquirido y con los que me proporcionaron los supervivientes de la 
familia Matamoros, sino que seguí mis investigaciones en los archivos, 
Y mis trabajos no fueron del todo inútiles, puesto que en el Archivo Ge- 
neral de la Nación me encontré un autógrafo de Matamoros, que es el 
¡irimero y único hasta hoy que se ha conocido de este caudillo, y el cual 
])ublico aquí en el lugar que le corresponde; además me encontré copias 
de importantes cartas de Matamorosy otros varios documentos, entre 
los cuales los hay que aclaran algunos hechos históricos y otros que 
evidencian los errores en C|ue híin incurrido algunos historiadores en lo 
muy poco que liablan de Alatamoros. 

En el archivo del Arzobispado me encontré los datos completos de 
la carrera eclesiástica de Matamoros, desde las primeras licencias que 
se le concedieron para celebrar, al recibir las sagradas órdenes, y la no- 
ticia de las parroquias que sirvió, como vicario y como cura, hasta 
la de Jantetelco, de donde se lanzó á la revolución. 

En el archivo del extinguido Convento de San Francisco, el que, en 
parte, existe hoy en la Biblioteca del Museo Nacional, en la carpeta R. 
me encontré el informe c|ue rindieron en 5 de Febrero de 1773, los R. R. 
P. P. Fr. Francisco Villerías, vicario del Convento de religiosas de San 
Juan de la Penitencia y Fr. Pedro Priego, predicador y morador de la 
Recolección de San Cosme de la ciudad de México, y que fueron comisio- 
nados para investigíir las cosas notables que hubiere en el archivo del 
Convento grande de San Francisco, y en ese curioso informe me encon- 
tré dos asientos, por los que se ve claramente que los antepasados de 
Matamoros fueron también originarios de la ciudad de México y que 
eran poseedores de algunos bienes de fortuna, según lo que se lee en los 
asientos referidos; el primero de ellos, que se encuentra en el folio 4 del 
informe, dice textualmente: «D. Nicolás Matamoros dexo mil pesos en 
« un sitio ó Chinampa para vna fiesta á S. S. Miguel, no produce lo que de- 
« hiera por lo que ya no alcanza para sermón, deberá reducirse solamen- 
i< te á la misa cantada por ser mui poco lo que produce la Chinampa. « 

Y el segundo de estos asientos se encuentra en el folio 2, vuelta, del 
«Resumen de las obras pías,» anexo al mismo informe, y á la letra dice: 
«Z^.'T Francisca Díaz y Matamoros r su marido instituyeron 212 misas 
« las 52 cantadas, y las 160 rezadas, con el capital de 20,000 ps. sobre 
« un ingenio de azucaren Xalapa ó su jurisdicción.)) 

«Se perdió esto enteramente, y quedó el convento declarado por ab- 
« suelto por N. P. Soto, bajo la compensación que se dice en la tablilla 
i( del Choro.» 

En el archivo del Ministerio de Guerra y Marina, existe un volumi- 
noso expediente relativo á los servicios que prestó á la causa de la In- 



Anales. — Tomo IV. 



L.ÍM. 28. 



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i>. .\Iiuiano Matamoros. 



A.NAM-S.— TdMii I\'. 



I,ÁM, 20. 




Objetos que pertenecieron á Matamoros. 

La camisa es de niño, de cambray de lino, adornada con randas, y es tradición de familia 

c|uc esta camisa fué la c|ue le pusieron á Matamoros jiara bautizarlo. 




( )bJctos (.¡ne pertenecieron á .Míitanioros. 
La mascada es de camliray de seda, adornada con randas, deshilados y liordados 

de seda, todo blanco. 



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Sra. Concejjción Araiida Matamoros é Ibellez y sus hijos Enrique, Alfredo y Arturo; 
bisnieta y tataranietos de Matamoros, respectivamente. 




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AxAi.ES. — Tomo IV. 



LÁM. 32. 




Niño Dios (¡ue perteneció á Matamoros. 



281 

depeiulencia el Teniente Ci)ronel,,!j;ríulua(lode Coronel, D. Mariano Ma- 
tamoros, de quien la historia no habla tina sola palabra, 3- de quien por 
tratarse de vm homónimo y tal vez pariente del eaudillo insursíente, 
eonsignaré aquí, aunque sólo sea ágríindes rasgos 3- á título de euriosi- 
dad, los más culminantes datos que nos i^roporciona, sobre su carrera 
militar, el expediente á que me refiero. 

A princijjios de Enero de 1809 sentó plaza como soldado raso en el 
regimiento de Dragones del Comercio, provinciales de Puebla, en el que 
sirvió hasta 1S12, en que se fué á presentaral señor Matamoros en Izú- 
car, quien lonombró alférez y lodestinó al regimiento de San Pedro, en 
donde sirvió hasta la derrota de Puruarán, en la cjue, desbaratadosu re- 
gimiento, se reunió á Morelos, C|uien lo destinó con el empleo de capitán 
al regimiento de la Libertad, cjuc mandaba Rosains. 

En el ejército trigarante sirvió como ayudante del General D. Nico- 
lás Bravo, y después de consumada la Independencia, sirvió sucesiva- 
mente en los regimientos de Dragones núm. 8, San Fernando3'Granade- 
ros á Caballo, habiendo ascendido durante ese tiempo hasta Teniente 
Coronel efectivo 3' Coronel graduado, y hal)ientlo pedido su retiro, se le 
concedió, pero se le confirió una comisión en Oaxaca, en donde, á conse- 
cuencia de una diarrea, falleció el 28 de Abril de 1849, después de haber 
prestado sus servicios 4-7 años, 11 meses, 27 días, dejando viuda v con 
cinco hijos pequeños á María Trinidad García. 

He consultado también dos importantes documentos: uno de ellos 
es la (^Historia del Sitio de Cunutla.n escrita por el capitán D. Felipe 
Venancio Montero, quien fué testigo presencial de los hechos, pues mi- 
litó á las órdenes de Morelos, lo acompañó en toda la campaña 3- fun- 
gía como su escribiente cuando Morelos fué hecho prisionero en la des- 
graciada acción de Texmalaca. 

Dice Morelos en su declaración, contestando á la vigésima primera 
preguntíi: que Montero, que fué su último escril:)iente, fué pasado por 
kis armas después de su prisión en Texmalaca; ' pero lo dijo jjrobable- 
mente por algún falso informe que tuvo, pues Montero vivió muchos 
añosaún, se radicó en Cuantía, endonde desempeñó el importante pues- 
to de alcalde 3- murió en a(|uella poljlación, en la que existe su se])ulcro, 
y en ella radican sus descendientes, que son de los más distinguidos ve- 
cinos de aquella histórica ciudad. 

Ese interesante manuscrito, cu3-o original rae enseñó en Cuantía 

1 y uc Joaquín Salinas, su primer Sticretario, murió en Ti.xtla; Félix ürtiz que lo acom- 
pañaba ahora con el cargo de Contador, tué el segundo. El Lie. Sotero Castañeda, que 
también lo acompañaba con el título de Vocal, filé el tercero. Que Juan Neponniceno Ro- 
sains, que según ha oído decir ^-a está indultado en esta ciudad, fué el cuarto, v que últi- 
mamente ya no tenía Secretario, pero sí escribiente. Estos fueron, un tal Samaniego, que 
está con Serrano; Juan Nepomuceno Marroquín, que se quedó en la Junta Subalterna de 
la provincia de Valladolid, y Felipe Montero, que fué pasado por las armas después de su 
prisión en Texmalaca. — Hernández Dávalos, Documentos. Tomo VI, pág. 35. 

A.N.^LE.s. T. IV,— 36. 



282 

D. Lucio Montero, permaneció inédito muchos años, y á esto se debe el 
que hayan sido mu3r excepcionales los historiadores cjue lo havan con- 
sultado, jjues sólo filé hasta iiltimamente cuando lo publicó el Dr. D. 
Antonio Peñafiel en las páginas 170 y siguientes del tomo correspon- 
diente al Estado deMorelos, de sus «Ciudades Coloniales.)) 

El otro documento á que me refiero, y que es aiin mucho más desco- 
nocido que el anterior, es una comedia que escribieron los caracteriza- 
dos vecinos de Jantetelco, D. Carmen Tajonar, D. José Catarino Esca- 
zán, D. Primo Alusitu y D. Zenón Montenegro, quienes la intitularon: 

(iCoilEDIA HISTÓRICA DEL BENEMÉRITO MATAMOROS, CuRA PÁRROCO DE 

Jaxtetelco,» X en ella consignan las tradiciones que se conservan en 
aquella polslación, de los hechos históricos que allí tuvieron lugar el 13 
de Diciembre de 1811, en que Matamoros abandonó su curato para ir á 
presentársele á Morelos en Izúcar, así como las que se verificaron en los 
días subsecuentes á su salida \' las que tuvieron lugar cuando regresó á 
Jantetelco á levantar gente, cuj-as tradiciones son las que forman la 
trama del argumento de la referida comedia. 

Debido á la amabilidad del señor cura actual de Jantetelco, Presbíte- 
ro D. Valeriano García Martín, y á la de algunos otros amigos, he lo- 
grado obtener copias de las constancias y documentos relativos á Ma- 
tamoros, que existen en los libros de la parroquia y en los archivos de 
la población, y cometería una falta in]ierdonable si no aprovechara es- 
ta oportunidad para hacer presente mi gratitud, tanto al Sr. Cura 
García Martín, como á las demás personas que tan bondadosamente 
me han ministrado tan importantes como valiosos datos. 

Por último, teniendo noticias de que en el archivodel Arzobispado de 
Morelia se encontraba la causa original que se formó á Matamoros 
por la jurisdicción eclesiástica, hice ini viaje á acjuella ciudad con el fin 
de obtener una copia de ese importante documento, que hasta hoy ha 
permanecido inédito y aun se consideraba perdido; la que pude obtener 
debido á la proverbial caballerosidad del ilustrado prelado que feliz- 
mente gobierna aquella arquidiócesis, limo. Sr. Dr. D. Leopoldo Ruiz,á 
quien viviré siempre reconocido por las inmerecidas atenciones cjue me 
dispensó 3- por la franca 3- buena voluntad con que dio sus órdenes pa- 
ra que pudiera yo buscar _v copiar los documentos que quisiera, tanto 
en el archivo del Arzobispado como en los demás archivos eclesiásticos 
de la ciudad, 3- aprovechándome de tan amplio permiso, busqué la par- 
tida de defunción de Matamoros en el archivo del Sagrario, 3' no la en- 
contré, no obstante que los libros se encuentran completos 3- bien con- 
servados, lo que prueba que sepultaron el cadáver sin haber asentado 
la partida. Con la esperanza de encontrar algunos datos sobre este 
asunto en el archivo de los hermanos del Tercer Orden de San Francis- 
co, fui en busca de ese archivo 3- me encontré con que no existe ni un so- 
lo libro anterior al año de 1857: todos se perdieron; pero en cambio, en 
el a.chivo de San Agustín encontréun asiento relativo á Matamoros, el 



283 

(|ue copiíiré en su o])()rtuni(líi(l, y en el archivo del Ayuntamiento en: 
contré también algo que se relaciona con Matamoros. Investigando 
entre particulares, conseguí una relación del teniente de granaderos D. 
Manuel Montano, que fué testigo ]5resencialde la ejecución de Matamo- 
ros y de la exhumación de sus restos el año de 1823, c[ue los trajeron á 
la catedral de México. Esa relación es muy iteresante por las noticias 
muy pormenorizadas que contiene de la muerte de Matamoros. 

Sólo me apena no haber podido encontrar la ptirtida úc bautismo 
de Matamoros, á pesar de haberla buscado con todo em]3eño. 

En el archivo de la parroquia del Sagrario de México, sólo ])ude en- 
contrar las píirtidas de bíiutismo de Da. Benita, hija de Matíimoros, v 
la de Da. Luz Aranda y Matamoros, hija de Da. Benita; pero no encon- 
tré laspartidas de matrimonio de estas señoras, por pie faltan en el ar- 
chivo los lil)ros de matrimonios correspondientes á los años en cjtic éstos 
deben haberse verificado. 

En el archivo de la ])arro(ju¡ade San Pablo, faltan los libros de bau- 
tismos del año de 1770 al de 177-i, que son precisaiiientelos de los años 
en que debería encontrarse la partida de batitismo de Matamoros. 

En la parroquia de la Palma sólo existen libros desde fines de 1772; 
los anteriores á esta fecha, según vma razón que existe en uno de les li- 
bros, «se mandaron á la parroquia del Sagrario por temor de (¡uc ye per- 
dieran con motivo de la revolución;)) pero en el Sagrario no existen ta- 
les lil:)ros, ni tampoco en la Secretaría de la Alitra. 

El archivo de la ]jarroc|uia deS;int:i Ana está inservible é incapaz de 
poderse registrar: todos los libros antiguos están podridos y borrados 
con la humedad, y muchos de ellos tienen las hojas unidas y con sólo 
tocarlas se desmoronan; me dijo el señor cura actual que cuando él 
recibió la parroquia encontró esos libros tirados dentro del agua, de don- 
de él los sacó. 

En la parroquiíi de Santa Catarina no existe líi partida de bautis- 
mo de Matamoros ni tampoco pude encontrarla en las parrocpiias de 
la Soledad, San Aliguel, la Santa Veracruz, ni Santa Alaría la Redon- 
da: en esta última y en la Soledad faltan los libros corres¡)ondientes á 
los años en que debería encontrarse la partida. 

Todavía después de esta infructuosa labor, en la cpie emplié víirios 
meses, no perdí la esperanza de encontrar la partida que buscaba, la 
que forzosamente tenía C|ue encontrarse en el expediente de órdenes, v 
fui á buscarla en los archivos; pero desgraciadamente sólo encontré una 
nueva decepción, pues tanto el archivo del Arzobispado como el del 
Seminario, están truncos: todos los libros y expedientes antiguos se per- 
dieron coninotivodel cambio de locales, cuando se verificó la expropia- 
ción de bienes eclesiásticos, y ho}' se conservan solamente unos cuantos 
libros antiguos; pero en ninguno de ellos está el expediente de órdenes 
de Matamoros. 

Me quedaba como último recurso el expediente que se formaba para 



284 

probar la leptimidad y limpieza desangre de todo aquel que pretendía 
ingresar como alumno á algún colegio, 3' sin cuyo requisito no eran ad- 
mitidos, y como ese expediente, en caso de existir, debería encontrarse 
en el archivo del extinguido colegio de Santa Cruz, el cual, con los de- 
más archivos que fueron de los franciscanos, aunque no completos, se 
encuentran hoy en la Biblioteca del Museo Nacional; fui en su busca 
y allí fueron mis apuros: ese archivo, por mil títulos interesantísimo, 
qi^e consta de 2S9 tomos con pasta holandesa, es un verdadero mnre 
mágnum; el bibliotecario que mandó empastarlos en tan descomunal 
desorden, merece un premio por su laboriosidad: todos esos volúme- 
nes tienen impresa en el lomo esta única inscripción: «Asuntos de Co- 
legios Y Conventos,» v un núinero de orden; pero ni tienen el año á 
que pertenecen los documentos que contienen, ni tamjjoco tienen índi- 
ce, de lo que resulta que para buscar algo en ese interesante archivo, 
ha^- la necesidad deregistrarlibroporlibroyhojaporhoja,y vienetoda- 
vííi áíiumentar las dificultades el hecho de que ni en la numeración de los 
tomos, ni en la colocación de los documentos se siguió el orden crono- 
lógico, sino que todo se hizo á la ligera, sin seguir orden ni método al- 
guno. Por fortuna el señor Lie. Róbelo, actual Director del Museo, ya 
se dio cuenta del desbarajuste en que se encuentra ese importante archi- 
vo y ha dado sus órdenes para que se remedie ese mal, y dada la com- 
petencia y laljoriosidad del actual Bibliotecario, D. Vicente A. Galicia, 
ese mal se remediará, aunque no tan pronto como sería de desearse, 
pues ese trabajo, por su misma naturaleza, tiene necesariamente que 
ser nniy dilatado. 

Sin embargo de todas esas dificultades, he registrado 17S tomos de 
ese archivo, además de otros 21 que afortunadamente se escaparon de ha- 
Ijcr sido empastados á la moderna y permanecen aún con sus forros 
de badana y pergamino, pero en ellos tienen escrito el año á que pertene- 
cen y el asunto de que tratan, y en ninguno encontré el expediente de 
limpieza de sangre de Matamoros, aunque encontré los de varios co- 
ristas del convento de San Francisco, por lo que he perdido ya la últi- 
ma esperanza que me quedaba de haber podido encontrar la partida 
de baxitismo de Alatamoros; pero me consuela al menos que esto no ha 
sido por falta de diligencia para Ijuscarla, sino porque es un hecho cjue 
ella se perdió con el libro que la contenía, el cual se extravió con los otros 
muchos que faltan en losarchivos,y (|ue no parece sino que la fatalidad 
se empeñó deliberadamente en cjue éstos fueran precisamente los corres- 
pondientes á los años en que la partida debería haberse encontrado. 

Los documentos y tradiciones que dejo mencionados, los que no 
con pocos trabajos he podido coleccionar, son los que servirán de base 
á este humilde trabajo, 3' si él resulta deficiente, no será por cierto por 
falta de material, sino más bien á que, debido á mi insuficiencia é inca- 
pacidad, no sepa 3-0 utilizarlo debidamente. 



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Anales.— Tomo IV. 



Lam. 34-. 




Ciirmiel I.'. Luis Salazar. 




Casa lu'uii. 12 í\i¿ la calle de- la .Mhúluli.ua, (loiulu vivió V. Mamicl .MaLanioros 



JS5 



CAPITULO I. 
La casa dei. PrEni.o. — Las familias Salazar y Matamoros. 

La casa número 22 de la primera calle de la Merced de la ciudad de 
México, conocida por «La Casa del Pueblo)) allá por la época de los Vi- 
rreyes, no era de vecindad como ahora lo es; era entonces una casa 
particular haljitada por sus projjios dueños, los que solamente arrenda- 
ban las dos accesorias que tiene la casa á los lados del zaguán, accesorias 
que, andando el tiempo, vinieron á hacerse célebresen el último tercio del 
siglo que acaba de pasar, porque en una de ellas estuvo por muchos 
años la antigua y afamada guitarrería de D. Macedonio Granados, co- 
nocido por vCbolón,» ven la otra, estaba el expendio del no menos afa- 
mado arroz de leche de Da. Guadalupe Ramírez, á la que siempre se 
le veía risueña y afanosa expendiendo su mercancía, la Cjue exhibía en 
sendos casos de cobre estañado, en la puerta de su comercio. 

Por el año de 1720 «La Casa del Pueblo,» hoy número 14S de la 
8' de Captichinas, era de la familia Salazar, la C|ue conservó la propie- 
dad de ella hasta por el año de 1820. 

La familia Salazar estaba íntimamente unida, por enlaces matri- 
moniales, con la familia Matamoros, á tal grado, qvie las dos familias 
formaban una sola, que era la que habitaba en aquella época la casa 
referida. 

Los jefes de dichas familias eríin entonces D. Ca^^etano Salazar 3- 
su primo hermano y cuñado D. Manuel Matamoros y Salazar. D. Ca- 
yetano estaba casado con su prima hermana Da. María Guadalupe 
Matamoros y Salazar. hermana de D. Manuel, de cuyo matrimonio tu- 
vo cuatro hijos, que fueron: Manuel, Alargarita, José 3- Catalina. 

Manuel, el hijo maj-or, casó con Da. Mariana Rujano y tuvo por 
hijos á Merced, Joaquín 1° 3' Joaquín 2", Manuel, María Dolores 3' Án- 
gela, que vive aún 3- es la que me ha comunicado estas genealogías. 

D. Manuel Matamoros casó con Da. Gertrudis Orive, hija de D. 
Eduardo Orive 3- Da. María de los Dolores Martínez, y de svi matri- 
monio tuvo los hijos siguientes, según el orden de su nacimiento: Cata- 
lina; Mariano Antonio, ilustre general insurgente, Benemérito de la 
Patria en heroico grado; ^ María Soledad; Herminia; Rafael; Antonio 
José; María del Refugio; Guillermo; Nicolás 3- Lauro. 

Imposible sería, además de cansado é innecesario, el ocuparme, aun- 
que sólo fuese mu3' ala ligera, de escribir algunos rasgos biográficos de 

1 .Airtículo 13 del decreto cíe 19 de Julio de 1823, dado por el Soberano Congreso 
Constituyente, 



286 

cada uno de los miemljros de tan numerosas familias, 3' tan sólo me 
ocuparé, 3^ esto mu3^ someramente, de D. Manuel Matamoros, padre del 
héroe D. Mariano, 3' de aqiiellos individuos de la familia que, por cir- 
cunstancias especiales, fuere necesario híicerlo. 



Don Mam'EL Matamoros y Salazak. 

D. Manuel Alatamoros nació en la ciudad de Aléxico, de donde eran 
originarios sus padres, á fines del año de 1758; fué hijo legítimo de 
D. Ricardo Matamoros 3- de Da. Sara Salazar. 

El padre de Alatamoros era de estatura pequeña 3- mu3' delgado, 
color blanco, pelo 3^ barba rubios 3^ ojos garzos; usaba toda la barba, 
pero se la recortaba para no llevarla mu3' crecida; usaba el pelo largo 
hasta cubrirle el cuello; era de carácter franco y afable v tenía tan 
arraigado el vicio de fumar puro, quenunca selo quitaba de la boca, 3- 
siendo 3-a decrépito se quedaba dormido con el puro en la boca 3' á esto 
se debió el que una noche se le quemaran las ropas de su cama\' sufrie- 
ra varias quemaduras en el brazo y pierna derechos. 

Cuando, después de la caída del Imperio de Iturljide, se estalíleció 
la República, en recompensa de los meritorios servicios que prestó á la 
patria su hijo D. A'Iariano, á ijuien el Congreso Constituyente había 
declarado benemérito de la patria en grado heroico, el Gobierno nombró 
conserje de la Presidencia de la República, á D. Manuel, 3- fué el prime- 
ro que desempeñó ese empleo. 

Por aquella época D. Alanuel tenía 3^-1 muchos años de viudo; sus 
hijos é hijas se habían muerto los más, 3' los que quedaban estaban ca- 
sados, 3- por consiguiente, no le quedaba 3^a más familia que su nieta Be- 
nita, la hijíi de Alatamoros, con la cual vivía en la casa del Pueblo, en 
la calle de la Alerced, cuando recibió el nombramiento de conserje, 3- 
entonces se fué á vivir á Palacio, llevándose consigo á Da. Benita, la 
que contalja entonces diez y seis años de edad 3- no se había casado 
aún. 

Casi dos años hacía que vivían en Palacio, cuando se casó Da. Be- 
nita con D. Alariano Aranda; pero siguió viviendo con D. Manuel, el 
que nunca la abandonó, cumpliendo así con el encargo C[ue le hizo su 
hijo el curíi D. Mariano en una carta que le escribió desde Vallad olid, po- 
co antes de ser fusilado, en la cual le decía el triste fin que le esperaba: 
se despedía de él 3- le encíirgaba que no abandonara á su hija Benita, 
con cu3^o encargo cumplió fielmente D. Manviel, teniéndola siempre á su 
lado, con su esposo 3- sus hijos, hasta que la vio morir3-le dio sepultura. 

Esa última carta que Alatamoros escribió á su padre, después de la 
muerte de éste, la recogió el Coronel D. Luis Salazar, v á la muerte de 
él se quedó con ella su nuera. Da. Alariana Purrúa, esposa de su hijo el 



287 

General D. Carlos Salazar, fusilado ])or Méndez en Urua]3an, y como 
■esta señora murió sin haber dejado sucesión, se perdió esa preciosa re- 
liquia histórica. 

Permaneció D. Manuel 28 ¿iños desempeñando la conserjería, y no 
siéndole ya posible atenderla por su avanzada edad,lojul)iló el Gobier- 
no, siendo Presidente de la República el General D. Mariano Arista; ])e- 
ro sin duda, teniendo presentes los brillantes antecedentesdel Cura Ala- 
tamoros, quiso el Gobierno que ese empleo fuese una herencia de la fa- 
milia de Matamoros, }■ así fué como, para substituirá D. Manuel en la 
conserjeiúa, fué nombrado su l^isnieto D. José María Aranda, hijo de 
Da. Benita, que apenas contaba entonces poco más del9años de edad. 

Al terminar D. Manuel su misión en Pfdacio, se fué á vivir á su anti- 
gua Cítsa de la calledela Alerced, adonde se llevóá Da. Benita, que iba 
ya grave de una enfermedad de las llamadas de la cintura, que venía 
padeciendo, yde ella murió pocos meses después de haberse separado de 
Palacio. 

Despviés déla muerte de Da. Benita, se fué D. Alanuel á vivirá la 
calledela Albóndiga, núm. (3, en la casa desu sobrino segundo el Coronel 
D. Luis Salazar, cuya familia la formaban: el Coronel, su esposa Da. 
Guadalupe Silva, sus hijos Concepción, Manuel 3- Carlos y las huérfa- 
nas Dolores é Isabel Iljelles, á qviienes el Coronel crió desde muj' chicíis; 
estas dos hermanas, que llevan el apellido de Salazar, viven aún y á 
ellas debo estas noticias. 

El Coronel D. Luis Salazar fué hijo de D. José Salazar, hermano de 
Da. Catalina, la madre de Da. Benita, por consiguiente, fué primo herma- 
no de Da. Benita, sobrino segundo deD. Manuel Matamoros y sobrino 
tercero del Cura Matamoros. 

Vivieron en la Albóndiga unos tres aiíos y se cambiaron á la calle 
de Jesús, n". 2, en donde permanecieron como dos años 3- se cambiaron á 
la calle de Ortega, n''3, que fué donde murió el padre del ilustre caudillo 
insurgente D. Mariano Matamoros, debido á un accidente que vamos 
á relatar. 

Vivían en la calle de Jesús, y un día que era de pago fué D. Alanuel 
á cobrar su pensión, y como era muj' goloso, tenía la costumljre deque 
cada vez que recibía dinero, compraba dulces, fruta, pasteles y cuanta 
golosina encontraba, \' llegaba ala casa cargado con ellas: repartía una 
parte ala familia 3^ la otra la guardaba paraél;eldíaá que nos referimos, 
después de recibir su dinero, se fué á los portales á comprar sus golosi- 
nas de costumbre, y luego se dirigió á su casa por las calles de la Mon- 
terilla; en esos momentos se desató un fuerte huracán que azotaba con 
furia la ciudad, y como él era 3-atan viejo, queandaba trabajosamente, 
ap03'ándose en grueso bastón, al voltear la esquina de los Bajos de 
San Agustín 3' Jesús, lo tiró el aire 3' se causó una herida en la parte iz- 
quierda de la frente 3- otra en la rodilla del mismo lado, de cu3'as heridas 
estuvo padeciendo cerca de dos años, 3^ de sus consecuencias falleció al 



288 

ñn del mes de Junio de 1858, álos 99 años, 7 meses de edad, 3- su cadáver 
fué sepultado en el panteón de Sta. Paula. 

Con motivo de haber tomado participio en la revolución el Cura Ma- 
tamoros, fueron víctimas de la persecución del Gobierno y la Inquisi- 
ción varios individuos de su fainilia, según las tradiciones que conservan 
sus descendientes, las que he podido comprobar con documentos ofi- 
ciales que existen en el Archivo General de la Nación, en donde en los 
libros que pertenecieron al Archivo de la Inquisición ' se encuentra ori- 
ginal una acusación que hizo ante la Inquisición Da. Leonarda Neira, 
española, de veinte años y doncella, según ella lo asegura, en contra de 
D.Antonio Matamoros, casado con Da. María Villegas y sobrino del 
Cura Matamoros, el cual, segvín afirma la denunciante, se expresaba 
mal del Gobierno y decía que se había de ir con los insurgentes para 
vengar la muerte de su tío el Cura. - 

Y anteriormente á este individuo fueron también denunciados como 
amigos de los insurgentes cdgunos otros miembros de la familia Mata- 
moros, siendo uno de ellos su hermano menor D. Rafael, quien, temero- 
so de caer en las temibles garras de la Inquisición, se fugó de México y 
se dirigió á Oaxaca en busca de su hermano el Cura, que entonces se en- 
contraba en aquella provincia; pero cuando el llegó, j^a Matamoros 
había marchado á incorporarse con Morelos, y á D. Rafael no le quedó 
otro recurso que internarse á Chiapas, que entonces pertenecía á Gua- 
temala, y fué á radicarse á Comitán, en donde, algún tiempo después, 
contrajo matrimonio con la señorita Juana Flores, de cuyo matrimo- 
nio tuvo por hijos á Juana, Dolores y Francisca, ésta última murió cé- 
libe. 

Juana casó con el agrimensor D. Manuel Carrascosa y tuvo, de su 
matrimonio á Romualdo, Dominga, Rita y Rosa. 

Dolores contrajo matrimonio con D. José Ma. Castellanos, y de ese 
matrimonio nacieron:José María, Matías, Manuel, Isidoro, Alaría, Isa- 
bel y Sebastiana. ' 

De estos dos troncos descienden las familias Carrascosa y Castella- 
nos, de Comitán, las que tanto han figurado en la política y en la mili- 
cia de Chiapas, distinguiéndose siempre por sus ideas liberales. 

1 Inquisición.— 462.— Tomo 1.— 1811 á 1818.— Siglo XIX, flo. 2, fte. 

2 Véase este curioso documento en el .apéndice, donde lo publicamos íntegro. 

3 Estos datos, relativos al matrimonio y descendencia de D. Rafael Matamoros, los 
he obtenido de su bisnieto, mi apreciable amigo el Coronel P. Manuel Carrascosa, ex-go- 
bernador de Chiapas y actualmente Diputado del Congreso de la Tnión. 



289 



DESCENDENCIA DEL CURA D. MARIANO MATAMOROS. 

Matamoros tuvo dos hijos, un hombre y una mujer: el primero lo tu- 
vo, antes de ordenarse, en una señora del iDarrio de Tlatelolco, cuj-o nom- 
bre no nos ha conservado la tradición, y sólo sabemos que murió lase- 
ñora cuando el niño contaba unos dos ó tres años de edad, y que Matíi- 
moros lo recogió y lo acabó de criar y educar, 3- nunca se separó de él; 
en todos los curatos en donde estuvo lo tuvo en su compañía, hacién- 
dole pasar como su hijo adoptivo, y cuando se pronunció en Jantetelco, 
el 13 de Diciemijre de 1811, lo acompañó su hijo, el que figura con el 
nombre de Apolonio Matamoros en la lista de los cuarenta y siete p;i- 
triotas de Jantetelco que formaron el pie del ejército de Matamoros. 

No habrán olvidado nuestros lectores que entre los hijosdeD. Caye- 
tano Salazar y Da. María Guadalupe Matamoros, figura en cuarto lu- 
gar Da. Catalina, la cual era prima hermana de Matamoros, pero vi- 
viendo en familia y en la misma casa, estrecharon sus relaciones é inti- 
midades de parentesco, á tíd grado, que las convirtieron en amorosas, 
\' como fruto de ellas, Catalina dio á luz una niña el día 3 de Abril de 
1807, época en que Matamoros era Cura de la misión de San José 
de Bucareli. 

Tal acontecimiento, como era de esperarse, ocasionó la consiguien- 
te sori:)resa y consternación en las familias Alíitamoros y Salazar, las 
que se pusieron de acuerdo para ocultar aquel hecho, y al efecto, come- 
tieron el fraude de hacer pasará aquella niña como hija de su abuelo D. 
Manuel Matamoros y Catalina Salazar, y para que el secreto no tras- 
pasara los muros de la nCasa de] Pueblo,» donde nació Benita, fueron 
sus padrinos los hermanos de Catalina, José y Margarita. 

Estas tradiciones se comprueban perfectamente con la partida de 
bautismo, que no con pocos trabajos pude encontrar en los libros déla 
Parroquia del Sagrario, cu^-a copia dice textualmente: 

a Una estampilla de cincuenta centavos, legahnente amortizada con 
« un sello de tinta azul que dice: Parroqii.^ del S.\grario Metropoli- 

«TAXO DE MÉXICO.» 

vEl que suscribe. Cura más antiguo de la Parroquia del Sagrario 
« Metropolitano de México.» 

«Certiñca: que en el libro de bautismos marcado con el número diez 
uy siett, á fojas cuarenta y dos frente, liar una partida que á la letra 
« dice : » 

«Al margen: Benita Ricarda Matamoros.» — Dentro. — «En quatro 
« de Abril del año del Señor de mil ochocientos siete, con lie." del Sr. D. 
«Juan Doming.^ Cura Decano de esta Santa Iglesia, Yo el B.'^ D. José 

A.N.iLES. T. IV. — .')7. 



290 

(i María del Castillo, bautisé una infanta que nació ayer, pusela por 
« nombres Benita, Mariana, Ricarda ' hija legma. de legmo. niatriwo- 
i^nio de D. Manuel Alatamoros y D.^ Catalina Salazar, naturales de es- 
lí ta ciudad, fueron sus padrinos D.José Salazar y subermana D." Mar- 
«ffarita, advertidos de su obligación.)) — Juan Francisco Domínguez, rú- 
«brica, á José María del Castillo, rúbrica.» 

^íY para constancia legal se expide la presente en la ciudad de Méxi- 
« co. Parroquia del Sagrario Metropolitano, á veinticinco del mes de 
« Octubre de mil novecientos once. — Vicente F. Díaz. — Rúbrica.» 

Desde que encontré los descendientes de Matamoros, supe por ellos es- 
ta misteriosa historia del nacimiento de Da. Benita, y ([ue ésta vivió y 
murió en la creencia de que su abuelo D. Manuel había sido su padre; 
que sólo hasta que ella murió fué cuando sus tías y D. Manuel comu- 
nicaron el secreto á sus hijos; pero recomendándoles que lo guardaran 
como un secreto de familia, el que sólo á la hora de su muerte deberían co- 
municar á sus hijos, encargándoles la misma reserva; pero yo consideré 
estas noticias algo exageradas y solamente creí, que para cubrir la fal- 
ta del cura ante la sociedad, era solamente á Da. Benita á quien se ha- 
bía hecho creer que su abuelo había sido su padre, 3' para aclarar todo 
este asunto, fué por lo que busqué con mayorempeño la partida de bau- 
tismo de Da. Benita, y sólo cuando la encontré, vine á convencerme de 
Cjue el engaño se hizo hasta á la misma parroquia en donde ella recibió 
las aguas liautismales, inscribiéndola como hija legítima de legitimo 
matrimonio de su abuelo D. Manuel, el cjue nunca llegó á casarse con 
su sobrina Catalina ni con ninguna otra, pues después de muerta Da. 
Gertrudis (^rive, perniíineció viudo hasta su muerte; pero se explica ese 
doble engaño cuando consideramos que, debido á él, se consiguieron 
dos cosas, tan importante lá una como la otra: la primera, ocultar la 
falta del sacerdote, cometida con la agravante de ser primo hermano 
de su cómplice, y la segunda, el que Benita no apareciera como hija na- 
tural, lo que en aquel tiempo era una nota de infamia, la que no sólo la 
privaría de las consideraciones sociales, sino que privaría á sushijosde 
hacer carrera alguna, puesto que no podrían comprobar su legitimidad 
y limpieza de sangre, requisitos qvie, en aquel tiempo, se les exigía para 
que pudieran ser admitid os en algún colegio; mas no se conformaron con 
esto solainente las familias Matamoros y Salazar, sino que pusieron en 
juego cuantos medios tuvieron á su alcance para separar á los dos pri- 
mos, á fin de impedir el c¡ue repitieran su falta \- que esto los pusiera en un 
nuevo aprieto para ocultarla, y al efecto, ya haya sido que se valieran 
de algunas influencias, ó que, con las debidas reservas, hayan comuni- 
cado el caso al señor Arzobisjjo para que les impartiera su ayuda para 

1 Benita, por el día en que nació, Mariana, por el nombre de su padre, y Ricarda, 
por el nombre de su bisabuelo, y por coincidencia también por el día en que nació. 



291 

conseguir su objeto, el hecho fué que consiguieron cjue se le diera á Mata- 
moros un curato distante de la capital para alejarlo de su prima Ca- 
talina. Esto lo colijo del hecho de que hal)iendo nacido Benita el 3 de 
Abril de 1807, á los ocho meses y diez días después, el 10 de Diciembre 
del mismo año, tomó posesión Matamoros del curato de Jantetelco. Es- 
to pudiera ciertamente ser considerado como una simple coincidencia 
por quienes no estén al tanto de los antecedentes; pero nosotros, que es- 
tamos al corrientedeellos, no podemos considerarlo como tal, sino como 
un corolario de los acontecimientos primordiales, tanto más cuanto que 
tenemos documentos oficiales por los que se deduce que Matamoros, 
por los amores de su prima, probablemente, abandonaba la adminis- 
tración de las parro<|uias Cjue el Arzobispo le confiaba en lugares poco 
distantes de México: así lo comprueba el asiento que existe en los libros 
de Licencias del Archivo del Arzobispado, el que textualmente dice: 

Al margen. — v.Matamoros.n — Dentro. — vEn 4 de Diciembre de 1806, 
« se dieron licencias de celebrar, predicar y confesar hombres y mujeres 
(I administrando en hi misión de Bucareli, al Prho. D. Mariano Mata- 
« moros por el tiempo de dos años, y suspenso de tod.\s en el punto 

«QUE DEJE LA ADMLNISTR.VCION.)) 

Esta amenaza de quedar suspenso en el ])unto cjue dejara la admi- 
nistración, la cual no se le hace en ninguna de las licencias que se le die- 
ron anteriormente, ni tampoco consta en los libros que consulté, (jue se 
haya hecho á ningún otro sacerdote de los que allí consta cjue se les die- 
ron licencias, demuestra lo ((ue dejo dicho, esto es, que Matamoros 
abandonaba la administración de las parroquias que tenía á su cargo, 
y esto era, nnn- ])robableniente, por venirt-e á la capital á ver á su pri- 
ma; así (|ue, cuando con el nacimiento de Benita, se puso en claro la 
causa porque abandonaba la administración de las parroquias (|ue te- 
nía á su cargo, se le mandó á Jantetelco, parrocjuia bastante a]jarta- 
da de la capital, no sólo por la distancia, sino jjor los malos caminos 
de la tierra caliente, que en aquella época estaban en peores condiciones 
que lo están hoy, y es probable que al mandársele allá, se le haj-a im- 
puesto una especie de destierro, prohibiéndi^le viniera á la capital, pues 
existe en la familia la tradición que desde que se fué á Jantetelco, no vol- 
vió ya jamás á México, y murió sin que su familia lo hubiera vuelto á 
ver. 

Da. Benita contrajo matrimonio en la parroquia del Sagrario con 
D. Mariano Aranda á fines del año de 1824, ó al principiar el de 1825, 
á juzgar por lo que dicen sus nietas y por el hecho de cjue su primer hi- 
jo nació en Septiembre de 1825; pero yo no encontré en el archivo del 
Sagrario su partida de matrimonio, porque faltan los libros de este 
ramo desde el añi) de 1823 hasta el final de 1825, que son precisamen- 
te en los que la partida debió haber estado. 

Da. Benita tuvo cuatro hijos de su matrimonio: el primero de ellos 
fué Jesús, que nació en Septiembre de 1825; la segunda fué María de la 



292 

Luz, que nació el 11 de Sejjticnibre de 1828; ' la tercera, Ana, que na- 
ció en 1831 y murió en la infancia, y el cuarto, José María, que nació en 
27 de Agosto de 1833. 

D. Jesiis casó en ])rimeras nupcias con Ma. Dolores Núñez, y tuvo de 
ese matrimonio á Rafael, Carolina, Concepción y Enriciue, y de su se- 
gundo matrimonio, que contrajo con Soledad Carbajal, tuvo á Elisa, 
Carmen, Miguel y Mariana. 

D. Jesús fué Capitán de Granaderos á Cal^allo, en tiempo de Santa- 
na; tomó parte en la defensa de la patria contra la invasión americana, 
asistiendo á todas las acciones de guerra en que tomó participio su re- 
gimiento, y algún tiempo después de haber terminado aquella guerra, 
pidió su licencia absoluta, la que le fué concedida, y le dieron una colo- 
cación en Palacio como aj'udante de su hermano José María, que des- 
empeñaba la conserjería de la Presidencia de la República, en donde du- 
ró con su hermano muchos años, hasta el regreso de Juárez, de Paso del 
Xorte, quien los destituyó por haber seguido desempeñando sus pues- 
tos durante el Imperio de Maximiliano. 

Después de separado de Palacio, obtuvo un empleo en la Dirección 
de Obras Públicas y en él permaneció hasta el 27 de Agostodel897,en 
el que falleció de congestión cerebral, en la casa número 4 del Puente de 
Carretones, á la edad de 72 años, según consta de su partida de defun- 
ción, la que á la letra dice: «N'^ 519. — «En nombre de la República Me- 
«xicana, y como Juez del Estado Civil de este lugar, hago saber á los 
« que la presente vieren, y certifico ser cierto que en el libro núm. 437 
«del Registro Civil que es á mi cargo, á la foja 71 fte. se encuentra asen- 
« tada una Acta del tenor siguiente:» 

«1555. — Mil quinientos cincuenta y cinco. — En la Ciudad de México, 
«á las 11 once de la mañana del día 27 veintisiete de Agosto de 1,897 
«mil ochocientos noventa y siete, ante mí, Enrique Valle, Juez del Esta- 
ndo Civil, compareció el Ciudadano Arturo Bonnet, de México, casado, 
«empleado; vive en la calle de la Maríscala, núm. 3 tres, y dijo: que hoy 



1 El que suscrilje. Cura mas :intiguii de la Parroquia del Sagrario Metropolitano de 
.México. 

Certifica: i|ue en el libro de bautismos marcado con el número once, á fojas docientas 
veinte, vuelta, liay una partida (|ue á la letra dice: al margen. 1081. — María de la Luz 
Guad.^ Alariana Macedonia Aranday Matamoros.» — Dentro. — «En catorce de septiembre 
de mil ochocientos veinte y ocho, con licencia del D."' y Mtro. D. Joaquín Koman, segun- 
do Cura interino de esta santa iglesia, Yo el Presbj'tero D. José Mariano Dávila, bauti- 
cé á una niña que nació el día once del presente, púsela por nombres María de la Luz, 
Guadalupe. Mariana, Macedonia, hija legitima de legitimo matrimonio del Ciudadano 
Mariano .\randa y de Benita Matamoros, nieta por línea paterna del Ciud.° José Ma- 
riano Aranda y María Clara Cervantes y por la materna del Ciud." Manuel Matamo- 
ros y Catalina Salazar, fué su madrina D? María de la Asumpción Coronel advertida de 
su obligación. ^oaq." Román, rúbrica.» — V para constancia legal se expide el presente 
en la ciudad de México, Parroquia del Sagrario Metropolitano á veintiocho de Septiem- 
bre de mil novecientos once. — Vicente F. Díaz, rúbrica. 



Anales.— ToxK I I\'. 



LÁM. 35. 




Ha. licniía Matamoros y Salazar, liija del Cura 
I). Mariano Matamoros. 



-2^' 



Anales, — To.md I\'. 



LÁM. 36. 




V.\ Capilñii D.Jesús .\r;inil;i y MatiinKiro 




I). Jii.sé María .^rancla v MataiiKims. 



293 

«á líis 4. 14 cuatro y cuarto de la mañana, en el Puente de Carretones, 
«número 4 cuatro bajos, falleció de Conjjestión cerebral, el Ciudadano 
(Jesús Aranda, de México, de 72 setenta y dos años, empleado, viudo 
«de María Dolores Nuñez, hijo de los finados Rafael Aranda y Benita 
«Matamoros. Se dio boleta para 6" sexta clase en el Panteón de Dolo- 
«res. Son testigos Crescencio Jiménez 3' Francisco Cabrera, de las ge- 
nnerales y domicilio del compárente. Leída esta acta la ractifiearon y 
«firmaron; agregando que el finado no era pensionista del Erario Fede- 
«ral. E. Valle. — A. Bonet. — C. Jiménez. — Franco. Cabrera, rúbricas.» 

«Y para los usos legales expido la presente copia en México, á los 7 
«siete días del mes de Septiembre de 1911 mil novecientos once. — W. 
«Briseño, rúbrica. 

Da. Ma. de la Luz casó con D. Manuel Salazar, hijo del Coronel D. 
Luis Salazar y Da. Guadalupe Silva, y tuvo de su matrimonio los si- 
guientes hijos: Ricardo, que fué teniente de caballería, )' que murió sin 
sucesión; Juan, que vive en la frontera del Norte y está empleado en la 
Gendarmería Fiscal; Concepción, que murió célibe; los gemelos Miguel 
y Carlos, este último murió en la infancia y Miguel vive y está emplea- 
do en la Subdirección de Rentas del Distrito Federal; Soledad, ([ue mu- 
rió y Josefina que vive, l 

Da. María de la Luz falleció de tuberculosis pulmonar, en la casa 
número 10 de la 1" calle de la Amargura, á la edad de 61 años, el día 
(5 de Abril de 1888. 2 

Y el último hijo de Da. Benita, D. José María, contrajo matrimonio 
con Da. Elena Ibellez, de cuyo matrimonio tuvo ocho hijos que, por 

1 Un sello que dice: «Parroquia de la Santa \'eracruz. — México. — El i|ue suscribe. Pá- 
rroco de la Santa Veracruz de esta ciudad, Certifica en la forma debida f|ue en el libro de 
bautismos n? 91 que obra en el archivo de esta Parroquia que es á mi cargo hay una 
partida n° 186 que fielmente así dice: 

«En veintisiete de Marzo de mil ochocientos setenta. Yo el Lie. José María Gonzá- 
lez, Cura de esta Parroquia de la Santa Veracruz, bauticé solemnemente á una niña que 
nació el diez y ocho de este raes, á la que puse por nombre María Josefina, hija lejítinia 
de Míinuel Salazar y de Luz Aranda, Abuelos paternos, coronel Luis Salazar y Guadalu- 
l)e Téllez de Salazar; abuelos maternos, Mariano Aranda y Benita Matamoros, fué la 
madrina Luz Alegría á la que advertí su obligación y parentesco espiritual. V para que 
conste, lo firmé. José M* González, una rúbrica. Doy fé. Manuel P. Tejada: una rúbrica. 

y para los fines C|ue convengan extiendo el presente en México, el día 11 de SeiJtiem- 
brede 1911. 

Manuel P. Tejada, rúbrica. 

2 Un sello que dice: Para las Actas del Registro Civil. 
800 ochocientos. — Aranda Luz. 

En la ciudad de México á las 12 y Vt doce y cuarto del día 7 siete de Abril de 1889 
mil ochocientos ochenta y nueve, ante mí, Enrique Valle, Juez del Estado Civil, compa- 
reció el Ciudadano Cipriano Cázales, de México, soltero, empleado, vive en la calle de la 
Maríscala número 10 diez, bajos, y expresó que falleció la Señora Luz Aranda, de Méxi- 
co, de 61 sesenta y un años, viuda de Manuel Salazar, hija de los finados Mariano Aran- 
da y de la Señora Benita Matamoros. Se le dio boleta de 5^ quinta clase en el Panteón 



294 

orden de su nacimiento fueron los sigaiientes: Alaría de la Luz, Manuel 
1' y Alanuel 2°, Ángel, Eduardo, Fernando, Concepción y José. D. Jo- 
sé María fué empleado de la Imprenta del Gobierno, 3- cuando el Gobier- 
no jubiló á su bisabuelo D. Manuel Matamoros, que como dejo dicho, 
desempeñaba el empleo de Conserje de la Presidencia de la República, 
fué nombrado él para substituirlo, y poco tiempo después se nombró 
como su a3'udante á su hermano don Jesús y los dos hermanos, que por 
varios años vivieron en Palacio, eran conocidos allí por Alatamoros 
grande (Jesús) y Matamoros chico (José María). 

El 30 de Mayo de 1863, día en cjue el Presidente D. Benito Juárez, 
con motivo de haber tomado Puebla los franceses, abadonó la capital 
y se trasladó con su gobierno á San Luis Potosí, los hermanos Ma- 
tamoros fueron los únicos que quedaron en Palacio encargados de su 
cuidado, pero D. José María tvivo miedo 3- se escondió, dejando solo á 
su hermano Jesús, quien estuvo al cuidado de todo hasta que el General 
Salas se encargó provisionalmente del gobierno, y éste dejó en sus em- 
pleos á los hermanos Aranda, los que permanecieron en ellos durante el 
Imperio de Maximiliano, 3- cuando Juárez regresó á México, después del 
triunfo del ejército repul:)licano en Ouerétaro, los encontró en los mismos 
empleos en que él los había dejado; pero pocos días después de su llegada 
los destituyó por haber servido al Imperio. 

D. Jesús consiguió un empleo en la Dirección de Obras Públicas, el 
que conservó hasta su muerte, como dejo dicho, 3- D. José María se co- 
locó como jefe del obrador de la entonces afamada cerería de Nuestra 
Señora de Guadalupe, que tenía su despacho en el número 5 de las Re- 
jas de Balvanera 3- era de la propiedad de D. Ca3-etano Salazar, su pa- 
riente cercano, quien en aquella época había vendido 3a su casa nú- 
mero 22 de la 1' de la Merced y se había comprad o otra en la calle con- 
tigoia de las Cruces, que era la que entonces habitaba. 

D. José María falleció de 53 años de edad, el día 3 de Agosto de 
1886, 3' de sus ocho hijos sólo viven actualmente, M'dela Luz, Feman- 
do, Concepción 3- José. 

M* de la Luz casó con D. Manuel Sánchez en la parroquia del Sa- 
grario Metropolitano, el día 27 de Noviembre de 1878, 1 de cu3-o ma- 

de Dolores. Son testigos los Ciudadanos José Liñan y Adolfo Cerecero, de las generales 
del compareciente, con que el viven. 

Leída esta acta la ratificaron y fimió el que supo. — E. Valle. — Cipriano Cázales. — 
Rúbricas. 

Y para los usos legales expido la presente en la ciudad de México, á 21 veintiuno de 
Agosto de 1911, mil novecientos once. — .\nto. Crespo, rúbrica. 

.\1 margen un sello que dice: «Departamento de Archivo y Supervivencias.— Regis- 
tro del Estado civil. — México.» 

Confrontado. — Carlos Guzmán. rúbrica. 

1 En la Ciudad de México, á las cuatro y media de la mañana del día veintisiete de 
Noviembre de mil ochocientos setenta y ocho y en la Parroquia del Sagrario Metrópoli- 



295 

trinionio tuvo á Miguel, Sara, Gonzalo y Augvisto; el ])riinero está em- 
pleado en el Instituto Médico, el tercero, en la Administración de Co- 
rreos, y el cuarto cursa sus estudios en la Escuela Preparatoria. 

Cocepción, que nació el 17 de Junio de 1877 y se bautizó el día 23 
del mismo mes en la parroqtiia de la Santa Veracruz, ha tenido tres hi- 
jos, que son: Enrique, Alfredo 3' Arturo. 

Resumiendo: los parientes y descendientes del Benemérito de la Pa- 
tria, Teniente General D. Mariano Antonio Matamoros y Oribe, que 
actualmente viven en esta capital y fuera de ella, son los sig"uientes: 

Una sobrina segunda: señorita Angela Estevan Salazar y Rujano, na- 
cida el 3 de Agosto de 1821, y bavitizada en la parroquia de Santo To- 
más de la Palma el 4 del mismo mes y año. 

BiiNiETOS: María de la Luz Aranda Matamoros é Ibellez, y .sus her- 
manos Fernando, Concepción y José. 

Josefina Salazar, Aranda y Matamoros y sus hemanos Juan y Mi- 
guel. 

Elisa, hija de D. Jesús Aranda 3' Matamoros, de su segundo matri- 
monio con Soledad Carbajal. 

Tatara.metos. Hijos de María de la Luz: Miguel, Gonzalo 3- Augus- 
to. 

Hijos de Concepción: Enrique, Alfredo 3' Artviro. 

Hijo de Josefina, Gabriel. 

Hijos de Rafael, hijo de D. Jesús: Rafael, Alberto, María Luisa, Gm- 
llermo, Carlos 3- José. 



CAPITULO II. 

El Cura dk Ja.ntetelco. 

D. Mariano Antonio Matamoros y Orive nació en la ciudad de Mé- 
xico, capital, entonces, de la Nueva España, en la casa número 22 de la 

taño de México, contrajeron matrimonio el Sr. D, ¡Manuel Sánchez y la Srta. Luz Aran- 
da, hijo el primero del Sr. D. Luis Sánchez y D" Dolores Escudero; y la segunda, de los 
señores D. José M. Aranda y W Elena Ibellez: el primero de veinticinco años de edad y la 
segunda de diez y ocho; fueron sus padrinos los Sres. D.Ricardo .Martínez y su esposa 
D* Agustina Preciado de Martínez. 

Precedieron las amonestaciones prevenidas por el rito católico, conforme al cual se 
celebró dicho matrimonio; y cuyas amonestaciones se lejeron en el Sagrario y en la Pa- 
rroquia de la Santa Veracruz, también de esta Ciudad, los días diez, diez y siete y vein- 
ticuatro del mismo Noviembre, habiéndose hecho la correspondiente presentación el día 
nueve del propio mes en la repetida Parroquia del Sagrario, fueron testigos jjor parte de 
D. Manuel Sánchez D. Febronio Lucio López y D. José Pérez y por la ])artc de D* Luz 
.\randa D. Gabriel Moreno y D. Jesús .Matamoros. 

Y para constancia firmaron la acta dichoscontrayentes y testigos. — Kscopia simple. 
-Mé-xico, 11 de Noviembre de 1878, 



296 

primera calle de la Merced (ho^' 8* de Capuchinas, nvimero 148), por 
los años de 1769 á 1770. Fueron sus padres D. Manuel Matamoros 3- 
Salazar y Da. Gertrudis Orive y Martínez, originarios de la ciudad de 
México; fueron sus aijuelos paternos, D. Ricardo Matamoros y Da. Sara 
Salazar, 3' los maternos, D. Eduardo Orive y Da. María de los Dolores 
Martínez. 

Da. Angela Salazar, sobrina segunda de Matamoros, y todos los 
bisnietos de éste, á cjuienes he interrogado, individual y separadamente, 
sobre el lugar en donde nació Matamoros, están contestes en que éste 
fué la casa conocida por «Casa del Pueblo,» sita en la primera calle de la 
Merced, que es la misma quedejo señalada, y están conformes también 
en la genealogía del héroe, que dej o expuesta, por lo que considero esos dos 
puntos como incuestionablemente verídicos y fuera de toda duda; pero 
ninguno de la familia sabe la fecha en que nació el caudillo: sólo Da. An- 
gela dice que la oyó decir allá, en sus mocedades, pero que no la recuer- 
da. En vista de la carencia de datos sobre este importante asunto, 
puesto que hasta la partida de bautismo de Alatamoros se perdió, to- 
mando por base los años en que se graduó de bachiller en Filosofía 3- 
Teología, así como en el que se ordenó, que fué el de 1796, es como he 
calculado que ki fecha de su nacimiento fué por los añosdel769 á 1770, 
como dejo dicho. 

Matamoros aprendió las primeras letras en una escuela de su ba- 
rrio, 3' luego ingresó al colegio de Santa Cruz, que tenían los francisca- 
nos contiguo á su convento de Santiago Tlatelolco, cu3'o edificio exis- 
te aún, 3' ho3' está destinado á prisión militar, y allí hizo todos sus es- 
tudios hasta recibir las órdenes sagradas. 

Creo pertinente el que nos detengamos un momento aquí para ha- 
cer una ligera reseña histórica del célebre colegio de Sta. Cruz, en donde 
Matamoros hizo sus estudios. 

En 1535 erigieron los franciscanos la provincia del Sto. Evangelio 
en México y ftmdaron el convento grande, la recolección de San Cosme, 
el convento de Santiago, en Tlatelolco, 3- los curatos de Toluca 3' Tex- 
coco. 1 

Felipe II, en cédula fechada en Barcelona el 1° de Agosto de 1543, 
concedió al convento de Santiago Tlatelolco la administración parro- 
quial, la que ejercieron los franciscanos hasta el año de 1770, en que por 
real orden se secularizó la parroquia 3' pasó á la iglesia de Sra. Sta. 
Ana, pero por orden del Sr. Obispo de Nicaragua, Dr. D. Juan de la To- 
rre, quedó el colegio de Sta. Cruz bajo la dirección de los francisca- 
nos. - 

Esto es, á grandes rasgos, en lo cjue concierne al convento, veamos 
ahora lo relativo al colegio. 

1 limo, señor \ era. Catecismo Histórico, Geoirráfico y Estadístico de la Ij;lesia Me- 
.xicana. Pá";. 23. 

2 Alfaro Peña. pág. 68. 



¿,í>'~* 



Anales. — Tomo IV. 



L.\M. 37. 




D. Miguel Sánchez y Aranda Matamoros, tataranieto de Matamoros, 
y su esposa la Sra. Antonia Europa de Sánchez. 



-^^ 










'f. C 



o 





■■/. 2 



I 




Anales, — Tomo IV. 



Lam. -tO. 




Fachada de «La Casa del Pueblo.» donde nació Matamoros. 




Inicrior de la iiii.'inia ea.-a. 



297 

El Virrey D. Antonio de Mendoza eoneiliió la idea de fundar un co- 
legio para (¡ue en él se educaran los hijos de los indios nobles, y al efec- 
to, mandó construir un edificio, de su ])ro]3Ío peculio, contiguo al con- 
vento de franciscanos de Santiago Tlatelolco, con el fin de (jue el cole- 
gio quedase bajo la dirección _v administración de aíjuellos religiosos, y 
para formar el fondo del colegio, le donó, el mismo Virrey-, unas hacien- 
das y estancias de su propiedad, que formaban un total de ocho fincas 
con un valor de $78,800. 

Se terminó el edificio afines del año de 1536, y desde luego comenza- 
ron á hacerse los preparativos para la inauguración del colegio, comen- 
zándose por los estatutos, los que rezaban que los colegiales deberííin 
ser niños indios, de 10 á 12 años, hijos de los caciques ó señores de los 
pueblos principales de los alrededores de México; que su traje para sa- 
lir debería ser manto azul y becas blancas, y el ¡programa de enseñanza 
se reduciría á enseñarles á hablar el español, lectura, escritura, las cua- 
tro reglasfundamentalesde aritmética y la doctrina cristiana; peropo- 
co tiempo después fué aumentado este programa por el Obispo Ramí- 
rez de Fuenleal, quien para probar (dos ingeniosyi de los indios, según 
dicen los autores, i dispuso que á los niños que A^a hubiesen aprendido 
á leer, se les enseñara gramática latina y por añadiduríi filosofía y ló- 
gica, quedando el programa de enseñanza aumentado con estas tres 
asignaturas más, y siendo el colegio de Sta. Cruz de Tlatelolco el pri- 
mer colegio de la Nueva España en donde se enseñaron estas materias. 

Terminados estos preliminares, se procedió á reunir los futuros co- 
legiales, tra^-éndose dos ó tres niños, de diez á doce años, de cada ])ue- 
blo de los principales, que eran cabeceras, y reunieron sesenta niños, con 
los que se inauguró el colegio el día 6 de Enero de 1536, con gran so- 
lemnidad. En la mañana de ese día se reunieron en el convento de San 
Francisco de México, el Virrey D. Antonio de Mendoza, el Arzobispo Fr. 
Juan de Zumárraga, el Obispo de Sto. Domingo, D. Sebastián Ramírez 
de Fuenleal, Presidente que había sido de la Real Audiencia, el Ayunta- 
miento, los vecinos principales y una multitud de gente de todas las cla- 
ses sociales, con cuyos elementos se organizó una solemne procesión, en 
la que inarchaban los futuros colegiales, luciendo sus trajes talares con 
sus mantos azules y sus becas blancas; esta procesión, recorriendo las 
calles principales de México, se dirigió á Tlatelolco y al llegar al cole- 
gio se procedió, con toda solemnidad, al acto de la inauguración en el 
que se predicaron tres sermones, siendo el más notable de ellos el que 
predicó el Dr. D. Francisco de Cervantes Salazar, y terminó la ceremo- 
nia con la apertura de las clases. 

Fué el primer Rector de este colegio Fra^^ García de Cisneros, que fué 
también el primer Provincial de los franciscanos en México. 

Fué notable este colegio, tanto por los sabios que en él figuraron 

1 Cavo. «Los tres siglos,» libro 3?, pág. 113. — Torquemada. — Monarquía Indiana. 
T. I, pág. 607. 

A.NALES. T. IV.— 38. 



298 

como maestros, como por los hombres ilustres que hicieron allí sus es- 
tudios. Entre los primeros figuran: Fra^- Andrésde Olmos, distinguido 
poliglota; FrayJuandeGama, déla Universidad de París; Fray Francis- 
co de Bustamante, notable sabio é insigne predicador; Fray Juan Fo- 
cher, francés, Doctor de la Universidad de París; los bien conocidos lite- 
ratos é historiadores Frav BernardinodeSahagúnA^ Fra^' Juan de Tor- 
quemada,y otros varios, que sería largo enumerar, \- éntrelos segundos, 
que fueron muchos, figura el ilustre y notable indio de Azcapuzalco, D. 
Antonio Valeriano, de la sangre real de Moctehozoma, del que hace Tor- 
quemada grandes elogios y dice que fué su maestro de mexicano, y el 
egregio general D. Mariano Matamoros. 

Con el tiempo fué decayendo el colegio hasta dejar que se derribara 
el edificio, del que sólo quedó una sala con una escuela primaria, y así 
permaneció hasta el año de 1728, en queel Oidor y Juez de Colegios Rea- 
les, Dr. D. Juan Olivares Rebolledo, en vista de los fondos existentes y 
los derechos y acciones del colegio, y en atención á su venerable antigüe- 
dad y á los hombres ilustres por su saber, que allí habían estudiado, 
mandó reconstruir el edificio y se verificó su reapertura el día 19 de No- 
viembre de 1728, con un acto solemne al que concurrieron los nuevos 
colegiales con sus mantos azules 3^ sus becas blancas, los cuales no eran 
3'a solamente los hijos de indios nobles, sino que también eran recibidos 
criollos y españoles, según los nuevos estatutos. 

Tal es, á grandes rasgos, la historia del colegio de Sta. Cruz, endon- 
de Matamoros hizo sus estudios, los que comenzó allí el año de 1781, se- 
gim se deduce de la fecha en que se graduó de bachiller en artes, cuya 
fecha, así como en la que se graduó de bachiller en Teología, están bien 
comprobadas con los asientos que enconté en el archivo de la extingui- 
da universidad, los que á la letra dicen: 

nLibro en que se asientan los grados de Bachilleres en Artes, 1770 á 
«1794.n 

En la foja 307 vta., ha}- un asiento que dice: 

«■Mariano Antonio Matamoros y Orive.— probados fas Curios reci- 
libio el Grdo de Br. en Artes, por examen, aprobación v suñciencla, pa- 
ara cualesquiera facultad, de mano del Dr. y Mro. qe eñe firma, en vein- 
atiseis de Agosto de mil setecientos ochenta y seis. — argüyeron los Doc- 
lítores qe en el inmediato, l de qe doy feé.^presentó fé de Baptismo de 
{(legitimo y Español, esnatural de México. — Dr. y Mro. Pina, Rúbrica 
« — Ante mi. — Diego Posada. — Serio, rúbrica.)^ 

Y en la foja 147 vta. del Libro en que se asientan los grados de Ba- 
chilleres en todas facultades, que comprende del año de 1776 al de 1810, 
existe otro asiento del tenor siguiente: 

nEl Br. Dn. Mariano Antonio Matamoros y Orive, recibió el grado 
ii.de Br. en Theologia en veintiséis de Octubre de mil setecientos ochentay 

1 Fueron éstos: N. M. R. P. Fy Joph. Rafael Olmedo, Dr. D.Juan AntoinoAndonegui 
y Dr. D. Joachin .\ntonio Eguia Muro. 



299 

{(nueve de mano de! Dr. r/e esta firma.— Probó fus curfos y las diez lec- 
mciones con puntos y termino de veintiquatro : tuvo su actillo en el que 
^argüyeron los Brs. Dn. Domingo ligarte, Dn. Mariano Hamaña y Dr. 
(iün.Juan Ignacio Vicuña de r/e. doy feé. — Presentó sus certificados, en 
«México. — Dr. Ignacio Ilsarhe, rubrica. — Ante mi. — Diego Posada. Serio, 
(.(.rubrica. — AI margen:» t(TlateloIco.n 

Matamoros era delgado, de estatiira pequeña, color blanco amari- 
llento, ligeramente picado de viruelas; pelo y barba rubios, ojos garzos, 
algo más pequeño el izquierdo que el derecho, debido ala caída del pár- 
pado, 1 lo ([ue es característico de la familia; pues lo mismo tuvo los ojos 
su padre D. Manuel, su hija Da. Benita, los hijos de ésta, D. José Ma- 
ría 3' D. Jesiis y su nieta María de la Luz, que aún vive, lo que po- 
drá observarse en sus respectivos retratos, que aquí publicamos. Incli- 
naba Matamoros la cabeza sobre el hombro izquierdo y su voz era 
gruesa y hueca; tenía tan arraigado el vicio de fumar puro, que nunca 
se lo quitaba de la boca, y en la silla donde se sentaba había hecho un 
agujero en la vaqueta, aun lado tlel asiento, el que le servía para clavar 
su puro cuando tenía que entrar á la iglesia ó hacer algo en que éste le 
estorbaba. 

La diminuta estatura de Matamoros, de quenos habla la tradición, 
ha venido á ([uedar comprobada con las pequeñas dimensiones de los 
huesos de su esqueleto y con las suelas de sus zapatos que nos encontra- 
mos con sus restos, los que miden solamente 25 centímetros, y el pie 
solamente 24. 

Era Alatamoros mu^' devoto de la Virgen de Guadalupe, de cuva 
imagen colocó un cuadro en el corredor de la casa donde vivió, 3- al pie 
de él puso una lámpara de aceite, laque ardía continuamente; este cvia- 
dro existe aún en el corredor del entresuelo de la Casa del Pueblo, en el 
mismo lugar donde Matamoros lo colocó. 

Cada año celebraba con gran pompa y entusiasmo el día 12 de Di- 
ciembre y la Noche Buena; convertía en teatro el patio de la casa y 
allí se representaban coloquios y pastorelas, en las ([ue él tomaba par- 
te como director 3' como actor, antes de ordenarse, y después de orde- 
nado de subdiácono, sólo figuraba como director. 

Hacía también unas «posadas» muv solemnes 3' concurridas, como lo 
eran también sus ftmciones de teatro, pues unas y otras se habían he- 
cho famosas en el barrio de la Merced. 

El niño Dios, que servía á Matamoros para sus «posadas,» existe hov 
en la parroquia de San Pablo, á donde, como dejo dicho, lo regaló 
Da. Dolores Salazar, 3- allí se le tiene en gran veneración; continuamente 
lo traen en las casas de los vecinos católicos del barrio, á donde lo llevan 
para festejarlo 3' hacerle novenas, especialmente á las casas en donde 
ha3- algún enfermo. 

1 Ptosis ó blefaropasino, incompleto, cono;énito, atá\'ico. 



300 

Matamoros hizo una buena carrera literaria y tenía una vasta ins- 
trucción, y debido á esto seguramente, es por lo que Llano le da el título 
deLicenciado, i yen vista de esto consulté los libros de la ex-Universidad 
y no existe en ellos ninguna constancia que compruebe que haya reci- 
bido el grado de Licenciado en alguna facultad; tampoco en las cons- 
tancias que existen en los librosdel Arzobispado, seledaese título, sino 
solamente el de Bachiller. 

Nuestro biografiado recibió las órdenes de presbítero de manos del 
limo, y Rmo. Arzobispo de Aléxico, Sr. Dr. D. Alonso Núñez de Haro 
y Peralta, el aña de 1796, y se le expidieron por el mismo prelado las 
primeras licencias, sólo para decir Alisa, en las parroquias de Sra. Sta. 
Ana, Sta. Catarina Mártir y el Sagrario, el día 26 de Marzo del mismo 
año de 1796, por el término de dos años. 2 

No consta en los libros del Arzobispado la fecha en que se ordenó, 
pero es un hecho que eso tuvo verificativo en las témporas últimas, an- 
teriores al día en que se le expidieron las licencias, y éstas cayeron en- 
aquel año en los días miércoles 23 y sábado 26 de Febrero, por conse- 
cuencia, fué en uno de esos dos días cuando Matamoros se ordenó. 

Permaneció en Méxicodisfrutando de sus licencias para celebrar en 
las tres parroquias mencionadas, un año, cuatro meses, }• el 13 de Julio 
de 1797 se le ampliaron las licencias por dos años más, dándoselas tam- 
bién para confesar hombres y mujeres, y predicar en la jurisdicción de 
la parrocjuia de Tepetitlán, á donde fué como vicario 3' permaneció allí 
dos años, cinco meses, hasta el 3 de Enero de 1800, que pasó con el mismo 
carácter de vicario á la parroquia de Pachuca, en donde permaneció 
hasta el 3 de Enero de 1803, en que fué nombrado cura encargado 
de Escancia, cuya parroquia administró durante frésanos, hasta el4de 
Diciembre de 1806, en que, con el mismo carácter de cura encargado, pasó 
á la Alisión de Bucareli 3 y allí solamente permaneció un año, pues en 
Diciembre de 1807, lo mandaron ájantetelcoá substituir al cura encar- 
gado y Juez Eclesiástico Br. D. Diego Martínez, durante una licencia 
que se le concedió; pero como el señor Martínez, no sabemos por qué 
causa, ya no volvió á Jantetelco, quedó Matamoros al frente déla pa- 
rroquia hasta ellSde Diciembredel811,en que se lanzó ala revolución, 
dejando encargado de la parroquia á su vicario el Br. D. Matías Za- 
bala;pero como éste, pocos días después de que Matamoros se fuéá reu- 
nir con Morelos, levantó gente 3- se fué en su seguimiento, quedó la parro- 

1 Carta original de Llano al Virrey. Archivo Gral. Operaciones de «íuerra. T. 18, fo- 
lio 4 vta., y el mismo título le da en todas sus comunicaciones y también se le da el mis- 
mo título de Licenciado en la causa que se le formó por la jurisdicción eclesiástica. 

2 Archivo del Arzobispado, «Libro quinto de Licencias de celebrar, confesar y predi- 
car, que da principio el 25 de Julio de 1795,» fio. 48 vta. 

3 Esta parroquia y la de Escancia se segregaron del Arzobispado de México el 1° de 
Marzo de 1862, en que se erigió el Obispado de Querétaro para formar parte de aquel 
Obispado. 



'i'- 



Analks. — Tomo IV. 



Lam. 41. 




KxLcnor (le la I'risióii Militar ile Saiitia.iío, antifíiio Colegio de Sta. Cruz. 
Tlatclolco, Mc.\¡co. 




Interior de la Prisión Militar de Santia.ao. aiiti.mio Cole.ijio de Sta. Cruz. 
Tlatclolco, Míxico. 



50<^ 




Anales. — To.mu IV. 



LÁ.M. 47 




Parroquia de Santa Ana. — México. D. F. 



3oo 



Anales.— Tomo IV. 



LÁM. ■4-2. 




Cura Ii. jcpsé María Morelos v Pavón. 



301 

qiiia acéfala hasta el 4- de Octubre de 1812, en que tomó posesión de ella 
el Br. D. lynacio Alvarez Hernández, según consta de una nota que 
existe en el libro de entierros, inmediatamente después de la última 
partida firmada ])or Matamoros, laque textualmente dice: iiEnqiiíitro 
«de Octubre de uiil ochocientos doce el Br. D. Ignacio Alvarez Hernán- 
íidez, cura encargad o y Juez Ecco., tomó posesión de la parroquia del 
«.pueblo de Xantetelco y sus Anexos, y en este libro comienza las parti- 
«das de entierros de indios por no haber libros útiles donde escribir las 
^referidas partidas y encontrar todo el archivo perdido y desordenado 
«r siguen las partidas de mi quenta en la fecha qe comienza. >^ 

La villa de Jantetelco de Matamoros, l está situada al pie del cerro 
conocido conel nombre de «Peñón de Jantetelco» _v la barranca de Ama- 
tzinac, que se surte de las aguas que bajan de los ventisqueros del Popo- 
catepetl; es la que proporciona el agua á la población y riega la fértil y 
hermosa campiña donde ésta se asienta. 

Jantetelco es cabecera de la Municipalidad de su nombre, la cuíü per- 
tenece al Distrito de JonacatepecdelEstadode Morelos, de cuya capital, 
Cuernavaca, dista 18 leguas hacia el S. E. y 2 leguas al N. de Jon icate- 
pec, y cuenta con una población de 4,468 habitantes. 2 

«Jantetelco. — Xantetelco. — En el montón de adobes: comp. de xa- 
umitl, adobe; tetelli ó tetella, montón alto, y co, en, lugar. 

«Algunos creen que puede significar «en el arenal pedregoso;» pero en- 
«tonces debería decirse Xaltetelco,áe xali, arena y tetl, pedregoso, mu- 
«cha piedra (porque se duplican las primeras dos letras de tetl piedra) 
y co, en.» 

Tal es la etimología de Jantetelco, que nos da el señor Lie. Róbelo, .3 
la cual está conteste con la que se lee en la «Onomatología Geográfica» 
del señor Reyes, sólo que este autor agrega, que esta etimología dima- 
na de que el templo gentílico de Jantetelco estaba construido sobre una 
pirámide formada de adobes, semejante á la de Cholula. 

La parroquia de Jantetelco fué fundada por los Agustinos en el siglo 
XYI y se secularizó el 16 de Ma3'o del771, en que por muerte del último 
cura religioso Fray Francisco Gallo, tomó posesión de ella el primer cura 
seglar, Br. D. Antonio Eguiluz. 4 

Lo que es hoy el curato, era el convento de Agustinos, cua-o edificio 
era de dos pisos, techados de bóveda; pero deliido ala acción destructo- 
ra de los siglos, por una parte, y por otra ala incuria y al abandono, se 
derribaron el segundo piso y las bóvedas, no quedando masque las pa- 
redes del piso bajo, las q-ae se aprovecharon para el actual curato, te- 

1 Con este nombre se erigió en villa por el decreto N° 29, de 12 de Enero de 1874, del 
Congreso del Estado. 

2 García Cubas. Diccionario Geográfico, T. 3, pág. 300. 

3 Nombres geográficos del Estado de Morelos, pág. 37. 

4 limo. Sr. Vera. «Erecciones Parroquiales,» pág.l2. 



302 

chándolas de madera y ladrillo, que es como actualmente se encuentra. 

En el tiempo en que Matamoros fuécuradejantetelco, y aun muchos 
años después, perteneció la parroquia al Arzobispado de México, y en 
cuanto á la jurisdicción civil, pertenecía á la Intendencia de México, la 
que después de la Independencia tomó el noml^re de Estado, pero con- 
servando sus mismos límites, hasta que posteriormente se fraccionó, y 
de él se formaron: el Distrito Federal, el Estado de México actual y los 
Estadosde Guerrero, Morelosé Hidalgo, ala vez que también el Arzobis- 
pado quedó dividido, en el Arzobispado de Aléxico y los Obi-spados de 
Ouerétaro, Tenancingo, Chilapay Cuernavaca, 3' en virtud de estos frac- 
cionamientos, pertenece hoy Jantetelco á la Mitra de Cuernavaca y al 
Estado de Morelos. 

Matamoros tomó posesión del curato de Jantetelco el 19 de Diciem- 
bre de 1807, según se colige délos librosde la parroquia, cuyas partidas 
están firmadas por su antecesor el cura D. Diego Martínez, hasta el día 
18, y ya el 19 aparece firmada por Matamoros y escrita de su letra la 
primera partida de bautismo que él celebró, la que textualmente dice: 

nEl 19 de Diciembre de 1807, enesta iglesia parroquial de Jantetelco, 
v^yo elBr. Dn. Mariano Matamoros, por a usencia legítima del encargado 
«de cura, el Br. Dn. Diego Martínez, bapticé solemnemente á una cria- 
ntura de cinco dias de nacida á la qe. puse por nombre José Mariano, 
«dicen español de calidad hijo legmo. de Pascual Antonio Aragón y 
«Gertrudis Sandoval del Rancho de Amazongo: fueron sus padrinos 
•iVictoriano Nicolás Cerezo y Narcisa Josefa Gavilán, á quienes advertí 
«el parentesco qe. contraxeron y para qe. conste lo firmé. — Mariano 
«Matamoros,» rúbrica. 

La familia que llevó Matamoros á Jantetelco, se componía únicamen- 
te de su hijo Apolonio, el que él hacía pasar por su hijo adoptivo, y 
su servidumbre, que la constituían una negra esclava, llamada Gregoria 
Cordero, y su mozo Ignacio Noguera. 

Vivió Matamoros cuatro años tranciuilamente en su curato de Jante- 
telco, en donde bien pronto se captó las simpatías y el aprecio de sus feli- 
greses, por su trato amable, su carácter bondadoso 3- tolerante y su 
acendrado amor á los indios 3^ á los pobres, por lo que sus feligreses no 
sólo veían en él al solícito pastor, sino al amigo sincero con quien con- 
sultaban todos sus asuntos, 3' al amoroso padre que los consolaba ca- 
riñoso en sus aflicciones 3' los socorría con mano pródiga en sus necesi- 
dades. 

Matamoros, educad o por los franciscanos, no sólo tenía mu3' arraiga- 
das las ideas religiosas de aquella época, sino que era, hasta cierto pun- 
to, un cre3^ente escrupuloso 3' timorato, 3' ese temor á las censuras déla 
Iglesia 3* al infierno, con que se le había aterrorizado desde su niñez, 
obraban en él como los anillosconstrictores de una boa 3' no le permitían 
determinarse á realizar sus nobles aspiraciones de libertar á su patria 
de la esclavitud en que España la tenía, y así es como se explica que sien- 



303 

do, como era, un gran patriota y convencido liberal, permaneciera por 
tanto tiempo vacilante \' sin decidirse á tomar una parte activa en la 
lucha que Hidalgo había iniciado en Dolores y Alorclos continuaba tan 
heroicamente en el Sur, y sin embargo de que su noble corazón exterio- 
rizaba los sentimientos de su alma y los ponía de relieve, ya con su ma- 
nera de proceder, tratando á todos con amor é igualdad, sin distinción 
de clases ni condiciones sociales, ó ya no haciendo un misterio de sus 
simpatías por los insurgentes, las que manifestaba siempre calurosa- 
mente en las conversaciones que tenía con sus amigos; cuando se le pre- 
sentaba la oportunidad de lanzarse á luchar por sus ideales, veía delante 
de sus ojos el terrorífico fantasma de las excomuniones y el infierno, y 
retrocedía espantado; tal sucedió cuando en Agosto de 1S13 tuvo noti- 
cia de que Alorelos había llegado á Chilapa: temió sin duda no poder 
resistir á la tentación de incorporársele, y para conjurar ese peligro, es- 
cribió al Cabildo eclesiástico de México, sede vacante, dándole aviso de 
la proximidad de Alorelos 3- pidfendo permiso para «retirarse á /a cap/ía/ 
para no Terse complicado en mil compromisos que se le presentaban en 
la imaginación)) 1 pero la Providencia, que en sus inescrutables fines te- 
nía 3'a escrito el nombre de Alatamoros en el rol de los héroes inmorta- 
les, no permitió que el Cabildo eclesiástico le contestara 3^ sí permitió un 
incidente que vino á obligar á Alatamoros á que se lanzara á la revolu- 
ción, pasando por encima de sus escrúpulos 3^ sus terrores. 

Un sujeto de Jantetelco, por un resentimiento ridículo que tenía con 
Matamoros, lo denunció como simpatizador de los insurgentes ante el 
Administrador de Rentas de Cuantía de Amilpas, D. Anselmo Rivera, 
encargado de justicia en aquel tiempo 2 y de ahí dimanó la persecución 
que se le hizo, 3' que en seguida relatamos, la cual lo obligó áabandonar 
su curato é irse á poner á las órdenes de Alorelos. 

A fines de 1811, era comandante militar de Cuautla, ácuA-a jurisdic- 
ción pertenecía Jantetelco, el capitán Garcilazo, 3'á éste fué á quien se di- 
rigió Rivera para darle aviso de que Alatamoros tramaba una cons- 
piración en Jantetelco, lo cual era vina solemne mentira, pues si bien no 
hacía Alatamoros un misterio de sus simpatías por la causa de los in- 
surgentes, como hemos dicho, no por esto había iniciado trabajo alg"uno 
para pronunciarse; pero Garcilazo, á quien siempre le sobró miedo y le 
faltó prudencia, no se metió en averiguar si la denuncia tenía ó no algún 
fundamento, si no que, sin más, mandó inmediatamente que fuera á 
aprehenderá Alatamoros, obrando conla mayor reserva y cautela, una 
fuerza compuesta de campesinos de las haciendas y ranchos délas inme- 
diaciones de Cuautla, la que puso alas órdenes de algunos españoles, ve- 
cinos principales de la población, éntrelos que figuraban en primer lugar 
D. Casto García y D. Isidoro Nodal; llegó esta fuerza ájantetelcoenla 

1 Dejlaración de Matamoros en su causa eclesiástica, que existe original en el archivo 
del Arzobispado de Michoacán. 

2 Declaración de Matamoros en su causa eclesiástica, acallada de citar. 



304 

mañana del 12 de Diciembre de 1811, y algunos vecinos de las orillasde 
la población, que se dieron cuenta de ello, sabiendo que no había por 
allí pronunciados ni cosa alguna que justificara la presencia de aquella 
tropa, temieron que fuerana aprehenderá Matamoros, cu3-as ideas libe- 
rales eran bien conocidas, y corrieron al curato á darle aviso para que 
se escondiera. í 

Matamoros había celebrado aquella mañana una función solemne en 
honor de la Virgen de Guadalupe, y después de ella había verificado un 
bautismo, cu^-a partida estaba escribiendo cuando llegaron los vecinos 
que iban á darle aviso de la llegada de la tropa, y tan luego como oyó 
tal noticia, se levantó y salió violentamente del curato, dejando sin fir- 
mar la partida, la que en ese estado se encuentra en el libro respectivo, 
hasta ho3'. 

Cuando la tropa llegó al curato, pusieron centinelas para cubrir las 
salidas, aunque de una manera disimulada, y preguntaron por Alata- 
nioros, á lo que los semaneros les contestaron que había salido fuera á 
una confesión; los jefes déla fuerza, siempre con elmav-or disimulo, bus- 
caron al cura portodas partes, y no habiéndolo encontrado, después de 
permanecer algún tiempo en el curato, regresaron á Cuantía. Entretan- 
to, Matamoros estuvo observando todos los movimientos de la tropa 
desde una casa en ruinas que se hallaba á poca distancia del curato - 
en donde permaneció hasta que le avisaron que la tropa había salido de 
la población con rumbo á Cuantía; regresó entonces al curato, en don- 
de encontró reunidos los vecinos más caracterizados de la población v 
otros muchos que, sabedores deacjuella inusitada novedad, haljían ido 
á tomar informes y á ofrecer sus servicios. 

La primera providencia cjue dictó Matamoros á su regreso al curato, 
fué la de disponer que se pusiera un vigilante en la torre para que obser- 
vara los movimientos de la tropa de Cuantía, y en caso de que los viera 
que regresaran, diera inmediato aviso, y una vez cjue hubo dispuesto to- 
do aquello c^ue consideró más oportuno para evitar una sorpresa, hizo 
pasar á la sala del curato á los vecinos que se habían reunido, y allí co- 
menzaron á deliberar sobre loque sería más conveniente hacer en el ca- 
so de que volvieran los de Cuantía: iinos opinaban porque se ocultara el 
señor Cura en la sierra y permaneciera allí hasta que pasara el peligro, 
y los más opinaban que permaneciera en la población, y que cuando los 
vigilantes avistaran la tropa, tocaran la campana para que se reuniera 
el pueblo y cjue todos se dejarían hacer trizas antes que permitir que se 
llevaran al señor Cura. Entretanto los más reposados procuraban cal- 
mar los ánimos, diciéndoles, que todas aquellas opiniones eran prema- 
turas y sin fundamento, puesto que no se sabía con certeza cuál había 
sido la misión que llevara aquella tropa,yciuelomás prudente sería in- 

1 Historia del Sitio de Cuautla poreltestig;!) presencial, Capitán O.Felipe Venancio 
Montero. 

2 La misma Historia de Cuantía, acabada de citar. 



305 

formarse con cautela (\\ié olijeto lialiían llevarlo, y caso de que fuese el 
que sosjjechaban, entonces se determinaría lo (|ue fuera más con- 
veniente. En estas discusiones estaban, cuando se presentó el Padre 
D. Matías Zavala, Vicario fijo de Tlayacac, perteneciente á la mis- 
ma parroquia de Jantetelco, quien les dijo: (¡ue estando él en su 
vicaría vio pasar la tropa de Cuantía y se supuso que irían á Sta. 
Clara ó Jonacatepec; i)ero cjue cuando regresaron entraron unos 
soldados á comprar algo en una tienda _v que uno de ellos les dijo 
á los otros: aá que Cura, cómo se nos escondió, si no, lo Hevar»- 
mos aquí amarrarlo,» y que un individuo cjue estaba en la tienda 
y oyó lo que dijo el soldado, se fíié inmediatamente á decírselo, y él, 
al oír aquéllo, sospechando que se trataría tal vez del señor Ma- 
tamoros, mandó ensillar su caballo y sídió violentamente para Jan- 
tetelco á darle el aviso á su compañero, por si de él se tratara. Apenas 
había terminado su relato el Padre Vicario, cuando se presentaron dos 
individuos vecinos de la población, manifestando: que cuando la tropa 
regresaba para Cuantía, estaban ellos trepados en un árbol, á in- 
mediaciones del camino, y comi^ vieron que se desjjrendió de la fuer- 
za un grupo de soldados, se apearon violeaitamente del árbol v 
echaron á correr, metiéndose á una barranca, hasta donde los si- 
guieron los soldados, disparándoles algunos tiros y los anduvieron 
buscando en la barranca; pero que ellos estaban bien ocultos en 
la maleza y no pudiendo encontrarlos, se fueron á reunir con la de- 
más tropa. 

Estas noticias vinieron á aclarar, sin dejar ya ninguna duda, que la 
tropa de Cuantía había ido á aprehender á Matíimoros, y se reanudaron 
las discusiones, y viendo Matamoros el aspecto que iban tomando aque- 
llas exaltadas opiniones de sus feligreses, y previendo (|ue de aceptarse 
el parecerdelos vecinos allí reunidos, le ¡jodrían venir incalculables niíi- 
les á la población, puesto queno contaba con elementos ningunos para 
su defensa, tomó la palabra y expuso: que él creía que lo más acertado, 
en aquellas circunstancias, sería el cjue él fuera á presentarse á Morelos, 
que estaba en Izúcar, y dieiéndole lo que pasaba, ponerse á su disposición 
para que utilizara sus servicios como quisiera: ya como .sacerdote, ad- 
m nistrando alguna parroquia de kis comjjrendidíisenel territorio con- 
quistado por Morelos, ó bien destinándolo al servicio de las armas, con 
lo que él estaría más conforme; pero que se sujetaría con gusto á lo que 
el generalísimo dispusiera. Pareció bien á sus feligreses lo cjue su cura 
había resuelto y sólo manifestaron el gran pesar que sentían por su au- 
sencia; pero él los consoló ofreciéndoles que les escribiría con frecuencia 
de donde cjuiera que estuviese. Adoptada esta resolución, encargó el cu- 
rato á su vicario el Presbítero D. Matías Zavala y le ordenó que á esa 
misma hora, que serían las nueve y media de la noche, se regresara á su 
vicaría de Tlavacac y dispusiera que estuviera siempre listo un hombre 
á caballo para que,casodeque volviera la tropa, partieraáescapeádar 

Anales. T, IV.— 39. 



306 

el aviso á Jantetelco, para que se pusieran en salvo las personas de su 
amistad, pvies él ya no estaría allí. 1 

Amaneció el día 13 de Diciembre, y como Matamoros no recibiera el 
aviso convenido con su vicario, pasó el día haciendo los preparativos 
de su marcha, y por la noche mandó llamar al preceptor D. Joaquín Ca- 
macho j' á D. Ignacio Chavarría y los invitó á que lo acompañaran pa- 
ra ir á ponerse alas órdenes de Morelos y lanzarse ala revolución en de- 
fensa de la independencia nacional. Sus dos amigos aceptaron con entu- 
siasmóla invitación, y en vista de ello, dispuso Matamoros que fueran 
á proveerse de caballos, armas y lo más que creyesen necesario para la 
expedición y fueran á esperarlo ala orilla del río, á donde iría á reunirse 
con ellos; y poco tiempo después. Matamoros, acompañado de su hijo 
Apolonio y su mozo Ignacio Noguera, se reunió con Camacho y Chava- 
rría en la orilla del río y se pusieron en marcha en busca de Morelos. 2 



CAPITULO III. 
El General Insurge.nte D. M.\riano Matamoros v Orive. 

El gran Morelos, el genio de la guerra, que sin más elementos para 
su magna empresa que su nombramiento de Lugar Teniente que Hidal- 
go le dio en Indaparapeo y veinticinco de sus feligreses armados de 
lanzas, había salido de su curato de Nucupétaro para insurreccionar la 
costa del Sur y tomar Acapulco; en menos de un año había realizado, 
en gran parte, su temeraria empresa; en pocos meses había reunido 3- 
armado un considerable ejército, á cuyo frente se cubrió de gloria en las 
memorables batallas tpie libró á inmediaciones de Acapulco contra los 
jefes realistas Calataj'ud, Páris, Sánchez Pareja, Cacio, Regules y Fuen- 
tes; y su nombre, hasta entonces ignorado y obscuro, voló en alas de la 
celebridad por los ámbitosde la nación mexicana, sembrando la inquie- 
tud 3' el pavor entre los realistas, sin que de ella se librara el mismo Vi- 
rre3- de la Nueva España. 

Y luego, después de esos brillantes triunfos 3' de haber intentado un 
asalto al castillo de San Diego, el que fracasó debido á la traición de 
Pepe Gago, dejó todas sus fuerzas al denodado Avila, para que tuviera 
en jaque á Acapulco, 3- él, con sólo trescientos hombres, marchó á Chil- 
pancingo insurreccionando todas las pol:)laciones, haciendas 3' ranche- 
rías del tránsito; atrayéndose á sus filas á los (pie fueron sus más deno- 
dados y valiosos colaboradores, como lo fueron los Bravo 3- los Galea- 
na; haciéndose de grandes elementos y aumentando cada día más su 

1 Montero. Historia de! sitio de Cuautla. 

2 Tradiciones de Jantetelco, conservadas en una comedia titulada «Comedia histórica 
del Benemérito Matamoros, Cura párroco de Jantetelco.» 



307 

renombre y prestigio militar con la derrota cinc infirió á Fuentes y Ga- 
rrote, después de las cuales se dirigió á Chiautla.en donde derrotó á P. 
Mateo Musito, á pesar de que estaba fortificado en el inexpugnable 
convento de San Agustín; lo hizo prisionero 3' lo fusiló, y continuó s'.i 
marcha á Izúcar, á cuya población entró el 10 de Diciembre y el día 12 
predicó en la función de Nuestra Señora de Guadalupe. 

En Iziicar Morelos tuvo noticia deque un desertor de su fuerza había 
ido á informar á D. Ciríaco de Llano, Comandante militarde la provin- 
cia de Puebla, del escaso número de fuerza con que él contaba, y que 
Llano, queriendo aprovecharse de esa favorable circunstancia, había 
ordenado á D. Miguel Soto Macedo que, con seiscientos hombres (|ue 
tenía á sus órdenes en los Llanos de Apam, marchara á atacarlo, y Mo- 
relos se propuso esperarlo en Izúcar, á cuyo fin, con la actividad qiic le 
era característica, comenzó desde luego á fortificar la población, diri- 
giendo personalmente los trabajos. En estas faenas y en las de organi- 
zar su tropa se hallaba ocupado, cuando, el 16 de Diciembre de 1811, 
se le presentó Matamoros con sus cuatro acompañantes, refiriéndole 
mu^- pormenorizadamente todo lo cjue le había pasado, v Morelos, con 
su natural penetración, adixñnó desde luego que aquella estatura di- 
minuta y raquítica, aquella actitud humilde y aquella mirada tímida 
que siempre se dirigía al suelo, ocultaban el alma de un héroe, admi- 
tió con gusto sus servicios, ordenando que Matamoros, con el grado 
de Coronel, formara parte de su Estado Mayor, para de esta manera 
tenerlo á su lado y darle la conveniente instrucción y poderle encomen- 
dar más tarde el mando de algún regimiento. 1 

Matamoros, en su primera entrevista que tuvo con Morelos, le hizo 
ver lo expuestas que estaban Jantetelco y todas las poblaciones de 
aquel rumbo con las fuerzas que estaban en Cuantía yChalco, cuvos je- 
fes los tenían entre ojos, y sólo esperaban el auxilio que les habían ofre- 
cido de México, el cpie llegaría pronto, para hostilizarlos.- Con este in- 
forme corroboró Morelos el que le había dado D. Francisco Aj-ala, que 
acababa tambiénde presentársele, huyendo de la persecución de que ha- 
bía sido víctima en Mapaxtlán.y lotenía también en su Estado Mayor 
para instruirlo en la milicia. 

Con estos informes, Morelos cambió de jiarecer, y en vez de ir á ata- 
car á Puebla, como lo tenía pensado, se determinó á marchar sobre 
Cuantía, después de desembarazarse de Soto, que estaba yaá las puer- 
tas de la población, para desbaratar las fuerzas de Garcilazo y dejar 
af|uel rumbo libre de enemigos; 2 quedar así con el dominio absoluto de 
toda la tierra caliente, 'i lo (¡ue le sería de fácil logro, puesto cjue las po- 
cas poblaciones de toda aquella zona, que estaban guarnecidas, lo esta- 
ban por fuerzas insignificantes 3^ sumamente desmoralizadas 3- temero- 

1 Montero. Historia del sitio de Cuautla. 

2 Montero, Historia del sitio de Cuautla. 

3 Castillo Xegrete. T. IV.pág. 354-. 



308 

sas de ser atacadas por Morelos, cu^-o prestigio militar era cada día 
maj'or. 

Entretíinto, Matamoros, de acuerdo con Morelos, escribió á su vi- 
cario el Br. D. Matías Zavala\'á sus amigos dema^-or confianza, D. Jo- 
sé Perdiz, subdelegado de Jantetelco, D. José de Jesús Alcocer, D. Pepe 
Pinto, D. José Figueroa, D. Miguel Paredes y D. Mariano Ramírez ^ 
para cjue levantaran gente en Jantetelco. 2 

El 17 de Diciembre se presentó frente á Izúcareljefe realista Soto 
Macedo que, cumpliendo con las órdenesde Llano, ibaá atacará More- 
los; pero para la narración de esta memorable batalla cederemos la 
jjalabra al erudito D. Lucas Alamán, quien, en la página 328 del tomo 
2 de su «Historia de México,» se expresa así: 

«Soto se acercó á la plaza el 17 de Diciembre con el objeto de hacer 
«un reconocimiento; pero instruido de que habían de llegar pronto á 
"reforzar á Morelos los Bravo (D. Leonardo y D. Nicolás), que cones- 
"te objeto se habían separado deGaleanaenTepecuacuilco, resolvió dar 
«el ataque sin demora. En consecuencia, hizo que el teniente de navio 
"D. Pedro Micheo, con parte de la fuerza, ocupase el cerro del Calvario 
«ciue domina la entrada del pueblo, y que bajando de aquel punto, ata- 
«case por la derecha, mientras el mismo Soto lo hacía de frente. 

«Ambos penetraron fácilmente en las calles, pero llegando á la pla- 
"za, encontraron en las entradas de ésta formados parapetos de piedra 
«defendidos por artillería y fusilería, 3- las casas circunvecinas corona- 
"das de multitud de gente, armada de piedras, hondas y flechas. Enva- 
«no por cinco horas empeñaron el atacpie, hasta que habiendo Soto re- 
"cibido dos heridas mortales de bala, la una en la cabeza y la otra en 
«el vientre, tuvo que dejar el mando al capitán D. Mariano Ortiz, quien 
"dispuso la retirada. Esta no fué sin dificultad, y no haloiendo lugar 
«ninguno inmediato en que pasar la noche con seguridad, resolvió Or- 
«tiz llegar á la altura de la Galarza. Detenida la artillería en la subida 
«l)or el cansanciode las mulasde tiro, sobrevino la noche yaprovechán- 
«dose de la obscuridad, se presentaron los insurgentes á la retaguardia 
«Cjue viéndose ésta envuelta, los soldados en dispersión, sin oiría voz 
«de susjefes, se precipitaron á subir la cuesta, abantlonando el obús y el 
«cañón de á 6, pues el otro por su corto peso había ya subido. Ortiz lo- 
«gró rehacer su tropa en la altura, y habiendo procurado reanimarla, 
«intentó recobrar los cañones perdidos, saliendo al frente de la compa- 
«ñía de granaderos del batallón de Santo Domingo; pero cayó muerto 
«de un balazo á corta distancia, con lo que la tropa se replegó á la al- 

1 Ramírez llegó á general, tuvo fama de hoiiradi), pundonoroso y valiente; pero muy 
tolerante y complaciente con sus subalternos, y con este motivo se le atribuyeron infini- 
dad de cuentos por el estilo de los que se achacaban alGral. Santibáñez;rué muy popular 
y bien (|uendo entre los militares, quienes lo designaban con el apodo de "Ouijíiáotas;» 
prestó importantes servicios á su patria v murió muchos años después de consumada la 
Independencia. 

2 Montero, obra citada, pág. 173. 



309 

«tura y se mantuvo en ella haciendo tuejio hasta las diez de la noche. 
«A esa hora se retiraron los independientes, y á las once salió la divi- 
cisión bajo el mando de Micheo, en l)uen orden, llevando por delante sus 
cibajíajes, y marchando sin detenerse toda la noche, entraron á las siete 
«de la mañana en Atlixco unos doscientos hombres, habiendo sido los 
«demás, muertos, heridos, dispersos ó prisioneros. Después de un corto 
«rato de descanso, siguieron los restos de la división á Cholula,en d(jn- 
«de murió StJto el 19, y su cadáver fué enterrado en la catedral de Pue- 
«bla, con mucha solemnidad, con asistencia del Obispo Cainjiillo y del 
«cabildo eclesiástico. La división entró en Puebla el mismo día 19. 

«Alorelos tomó en esta acción, además del obús y el cañón, sesenta 
«y siete armas de fuego y otros tantos prisioneros, los más de los cua- 
«les, por empeño de los eclesiásticos, fueron puestosen libertad; algunos 
«pocos fvieron remitidos al ¡jresidio deZacatula,y otros, en corto núme- 
«ro, se agregaron á los insurgentes.» 

Bustamante dice que en esa acción se mostró Morelos con extraor- 
dinaria bizarría y serenidad, tanto C|ue, habiendo muerto cerca de él un 
oficial de artillería español, se llegó á él y lo absolvió para morir, y en 
seguida agrega: «Soto Macedo murió á los dos días en el convento 
«de franciscanos de Huaquichula, alo perro, pues poco antesde expirar, 
«un fraile le exhortó á que se confesase y lo echó al tal; sin embargo 
«se le enterró en catedral. Pusiéronlo en el féretro con botas, y notando 
«con su lente el canónigo Olmedo desde el coro, que tenía herraduras, di- 
ajo donosamente: «Hé aquí la primera bestia herrada que se entierra 
«en este santo templo.» l 

Tal fué la brillante jornada en que Alatamoros hizo su debut, hecho 
que todos los autores callan, pero que la razón 3- la lógica nos revelan, 
puesto que no es de creerse que habiéndose incorporado Matamoros á 
Alorelos el día 16, víspera de la batalla, no ha^^a tomado participio en 
ella, pues habiéndolo destinado Morelos á su Estado Mayor desdeel mo- 
mento en C|ue se le presentó, es un hecho que tanto él como Ayala, es- 
tuvieron siempre al lado de su General, ocupando, como éste, los puntos 
de maj'or peligro, ])ues no parece sino que en aquel día se propuso Mo- 
relos darles la primem lección á sus dos bisónos discípulos, portándose 
con un valor temerario, hasta el grado de batirse cuerpo á cuerpo con 
sus enemigos, á la vez que demostraba su serenidad y sangre fría, ab- 
solviendo con toda calma á los moribundos, con la misma tranquili- 
dad con que quince meses antes absolvía á sus feligreses, sentado en el 
confesonario de su pacífica parroquia de Nucupétaro. 

Después de esta memorable victoria, permaneció Morelos en Izúcar 
tres días, 3* dejando allí una guarnición de doscientos hombres al man- 
do de D. Vicente Sánchez, salió el día 21 con sólo doscientos hombres 3' 
los cien que formaban su escolta, rumbo á Taxco, con el fin de reunirse 

1 Cuadro Histórico. Toiiio 2, páj;. 26. 



310 

con Galeana, y de paso jjor Cuantía batir á Garcilazo; pero éste no lo 
esperó y huyó áChalco, abandonando un cañón y algunos retacos que 
Morelos recogió el día 25 en que llegó á Cuautla, en donde permaneció 
hasta el día 28, y dejando allí unos doscientos hombres al mando de D. 
Leonardo Bravo, marchó, el 29, con sólo su escolta, á Taxco, en donde 
se reunió con Galeana y el Padre Benavente, que habían tomado aque- 
lla plaza, haciendo prisionera su guarnición y al jefe de ella el Coman- 
dante García de los Ríos. 

En el camino de Izúcar á Cuautla se separó Matamoros de Morelos 
3' se dirigió á Jantetelco con el fin de reunir gente é írsele á incorporar 
nuevamente. 

La llegada de Matam oros á su curato fué motivo de gran regocijo para 
sus feligreses, quienes lo recibieron cariñosamente y rebosantes de j úbilo. 

Tan luego como llegó al curato se le presentó el subdelegado D. Jo- 
sé Perdiz para darle cuenta del resultado del reclutamiento que había 
emprendido por su encargo, y al efecto le presentó una lista que conte- 
nía los nombres de cuarenta patriotas que gustosos se habían inscripto 
como soldados del ejército insurgente. ¡Matamoros manifestó á Perdiz 
su satisfacción y agradecimiento, y le entregó un despacho de Coronel, 
á nombre de Morelos, encargándole que á la ma3'or brevedad reuniera 
el mayor ni^mero de gente cjue le fuera posible y con ella se le fuera á reu- 
nir, pues él tenía que salir luego con la poca gente que se había yii alis- 
tado á incorporarse con Morelos, 3- que al efecto, fuera á reunir la gen- 
te y la hiciera formar en la plaza, dándole parte cuando estuviera 3-a 
lista para emprender la marcha. 

Apenas hubo salido Perdiz á cumplimentar las órdenes recibidas, 
cuando se le presentaron á AlatamorosD. IgiuicioDíaz 3' su esposa Da. 
Mariana N. de Díaz, llevando consigo á sus dos únicos hijos Cristóbal 
y José María, y tomando la palabra D. Ignacio, después de felicitar á 
Alatamoros por haber empuñado las armas en defensa de la indepen- 
dencia de su patria, le expuso, que él por su avanzada edad no podía 
acompañarlo en su gloriosa empresa, como vehementemente lo desea- 
ba, pero que de común acuerdo con su esposa iba á ofrecerle á su patria 
lo que en ma3-or estima ^tenían, que eran sus dos hijos Cristóbal v José 
María, los cuales eran el único amparo con cjue contaban en su senec- 
tud; pero que, antes que ellos, estaban los intereses nacionales, 3- por 
esta consideración suplicaba á Matamoros aceptara á sus hijos como 
soldados de la justa 3' gloriosa causa que se había propuesto defender, 
pues creía llegado el caso de cjue sus hijos se ofrecieran en holocausto 
por la independencia 3- libertad de su patria, como en remotos tiempos 
se ofrecían en holocausto por tan sagrados principios las vírgenes ga- 
las sobre los dólmenes ó piedras sagradas de los druidas. 1 

1 Este hecho jílorioso, del que de1)en justamente mostrarse orgullosos los hijos de 
Jantetelco, lo tomo de las tradiciones de atiuclla población, conservadas en la comedia 
de Matamoros. 



311 

Este acto de tan sublime patriotisnu), del (|ue la misma Esparta se 
mostrara satisfecha y orj^ullosa, si le hubiera cabido en suerte regis- 
trarlo en las páginas de su inmortal historia, conmovió profundamen- 
te á Matamoros y á cuantos con él lo presenciaron, 3- mayor fué el 
asombro de todos ellos cuando los dos jóvenes, rebosantes de patrió- 
tico entusiasmo suplicaron á Míitamoros que ordenara se inscribieran 
sus nombres, como últimos soldíidos, en la lista de sus hermanos de la 
población, que formaban ya el pie de la división que ilja á coadyuvar 
con el ejército libertador que comandaba el Generalísimo D. José María 
Morelos, á derrocar el gobierno colonial é independer á su patria del 
dominio ibero. 

Matamoros, profundamente conmovido, dio las gracias á D. Igna- 
cio j^á su esposa, elogiándoles calurosamente su abnegación y patriotis- 
mo, y ofreciéndoles que él cuidaría á sus hijos como si de él lo fueran, 
y que para tenerlos siempre á su lado, los nombraba desde luego sus 
a^'udantes; en seguida abrazó á los dos jóvenes y ordenó se les inscri- 
biera en la lista de los patriotas voluntarios de Jantetelco. 

Llamó en seguida al preceptor D. Joaquín Camacho 3' lo nombró 
capitán abanderado, haciéndole, con toda solemnidad, la entrega déla 
bandera de la naciente división, la cual tenía por escudo una imagen de 
la Virgen de Guadalujje. 

En aquellos momentos se presentó el Padre Vicario D. Matías Za va- 
la, quien al tener noticia de la llegada de Matamoros á Jantetelco, em- 
prendió el viaje desde su vicaría de Tlayacac para ir á saludar al Cu- 
ra 3- darle cuenta de la gente que, por su encargo, había reclutado en- 
tre los vecinos de su vicaría, 3' á la vez suplicarle íiceptarasus servicios 
como capellán de su división; pero Alatamoros le dijo que le parecía 
más conveniente utilizar sus servicios como soldado 3- no como sacer- 
dote, lo que Zavala aceptó gustoso, y entonces le ordenó Matamoros 
que regresara con él á Tla3acac, para donde luego iba á salir con su 
tropa 3' que allí reuniera su gente, 3- juntos marcharían á reunirse con 
Morelos. En estas pláticas estaban cuando se presentó Perdiz dando 
parte de que la gente estaba ya lista 3- formada en la plaza, 3' Matamo- 
ros le ordenó que mandara pasar lista 3' en seguida ordenara que em- 
prendieran la marcha para Tla3"icac. 

Matamoros, desjiués de haber terminado elarreglodetodoslosasun- 
tos que tenía pendientes en Jantetelco, 3- después de haber dado am- 
plias instrucciones á Perdiz, acompañadodel Padre Zavala, su hijo Apo- 
lonio, sus ayudantes 3- su fiel sirviente Ignacio Noguera, salió de su cu- 
rato y tomó el camino de Tlavacacpara ir á reunirse con los patriotas 
vecinos de Jantetelco (|ue formaban la pequeña fuerza con que dio prin- 
cipio á su brillante y gloriosa carrera militar. 

La Historia, en esta vez, como en otras muchas, se ha olvidado de 
escribir en sus páginas inmortales los cuarenta y siete nombres de los 
ilustres patricios que formaron el pie del ejército de Matamoros, de 



312 

aquel ejército que dio honra _v .tíloria á su patria é inmortalizó su nom- 
bre en las memorables batallas de Oaxaca, Tonalá, el Palmar y otras 
muchas; pero nosotros honraremos estas humildes pátrinas, consitrnan- 
do en ellas esos nombres por mil títulos respetables y c|ueridos, que has- 
ta hoy sólo han sido conocidos en Jantetelco, en donde se conserva la 
lista que los contiene, la que en seguida copiamos textualmente: 

Lista de los patriotas hijos de Jantetelco que formaron el pie de Ejérci- 
to de Matamoros. 

1 Pbro. Matías Zavala, Vicario de Tlayacac. 

2 Joaquín Camacho, preceptor de la escuela de niños. 

3 Joaquín Ariza. 
■i José Torres. 

5 Francisco Sandoval. 

6 José Pliego. 

7 Mateo Cerezo. 

8 Mariano Rojas. 

9 Pablo Rojas. 

10 Vicente Rojas. 

11 Bernardo Rojas. 

12 José Escoto. 

13 Andrés Ariza. 

14 José Camacho. 

15 Apolonio Matamoros, hijo del Cura .Matamoros. 

16 Francisco Alcázar. 

17 Ignacio Chavarría. 

18 Ignacio Noguera, mozo de Matamoros. 

19 Claudio Ramírez. 

20 Toribio Hernández. 

21 Antonio Hernández. 

22 Cristóbal Díaz. 

23 José Ma. Díaz. 

24 José Beatriz Sedeño. 

25 Rafael Sedeño. 

26 Crisanto Sedeño. 

27 José Mauricio Sedeño. 

28 Ru]3erto Sedeño. 

29 Vicente Zedillo. 

30 Francisco Vara. 

31 Agustín Vara. 

32 Antonio Vara. 

33 Mariano Ursúa. 

34 Francisco Aragón. 

35 Pedro Ursúa. 

36 Pablo Aragón. 



313 

37 Ramón Alcázar. 

38 José Alcázar. 

39 Martín Muñoz. 

40 Silverio Muñoz. 

41 Juan Muñoz. 

42 Dionisio Ursúa. 

43 Juan Vivas. 

44 Zacarías \'ivas. 

45 José Ma. Vivas. 

46 Manuel Ursúa. 

47 Mariano Olivares. 

Total 47 

El día que salió Matamoros de Jantetelco pernoctó en Tla3'acac con 
su pequeña tropa, la que aumentó con la que el Padre Vicario había re- 
clutado allí, 3- con toda esa fuerza salió el día siguiente para Cuautla, 
en donde A'a no encontró á Morelos, que sólo había permanecido allí 
tres días; siguió al día siguiente á Taxco, en donde se reunió con él. 

Incorporado Matamoros al ejército de Morelos, marchó con él á 
Tecualo3'a,en unión dcGaleana y Bravo, 3' tomó participio en los com- 
bates de Tecualo3'a el 17 de Enero y en el de Tenancingo el 22 del mis- 
rao mes (1812), en el que fué derrotado Porlier 3' obligado á retirarse 
á Toluca con la poc<-i gente cjue le quedó, dejando toda su artillería en 
poder de Morelos. 

Después de estos triunfos, regresó Matamoros con Morelos á Cuau- 
tla, á donde llegaron el 9 de Febrero de 1812 con tres mil hombres, 3- 
como Morelos supiera que Calleja se disi^onía á salir de México con su 
división para batirlo, dispuso esperarlo en Cuautla, y al efecto, tan lue- 
go como llegó á la población, con la actividad que en todo acostum- 
braba, hizo continuarlas fortificaciones f|ue había comenzado á formar 
D. Leonardo Bravo, que había c|viedíido allí de guarnición durante la 
expedición de Morelos al Valle de Toluca. 

Poco antes de que llegaran á Cuautla, se incorporó á la fuerza de Ma- 
tamoros D. José Perdiz, con 700 hombres que había reunido en Jante- 
telco 3- con él iba D. Alariano Ramírez, con el grado de sargento ma3H)r. 

El 18 de Febrero hizo Calleja su primer intento de ataque sobre 
Cuautla, 3' dio principio el memorable sitio de aquella plaza, (jue eterni- 
zó el nomljre de Morelos 3- de los valientes jefes qiielo secundaban, y C|ue 
cubrió de gloria las armas mexicanas. 

Matamoros 3- D. Víctor Bravo estuvieron encargados de la defensa 
de las fortificaciones de la hacienda de Buenavista. 

Estrechado el sitio, todos los esfuerzos de Morelos se dirigieron á 
romper la línea de circunvalación, y ponerse en comunicación con sus 
partidas de fuera para proporcionarse víveres, con cvn'O objeto, en la 

Anales. T, IV.— 40. 



314 

noche del 30 de Marzo intentó apoderarse del reducto del Calvario, qne 
estaba á cargo del Comandante de granaderos D. Agustín de la Viña. 
Amenazando diversos puntos y generalizando el fuego en toda la línea, 
D. José Ma. Aguayo, con v?rios piquetes de costeños, cargó con vigor 
al reducto; siguióle Galeana,3'elataque fué tan vivo, que algunos asal- 
tantes lograron entrarporlas mismas troneras, agarrándose de lasbo- 
cas de los cañones, habiendo muerto al ladode Viña el capitán gradua- 
do D. Gil Riaño, hijo del Intendente de Guanajuato. El batallón de 
aquella ciudad, que marchó del cuartel general en auxilio del reducto 
atacado, y la tropa que con el mismo objeto mandó Llano de su cam- 
po, hicieron retirar á los insurgentes, l 

Frustrado este primer intento 3' estrechando másymásla necesidad, 
Alorelos trató de hacer el último esfuerzo para introducir un convoy de 
víveres y procurarse auxilios de fuera. En la noche del 21 de Al^ril hizo 
salir á Matamoros y al Coronel Perdiz, con cien hombres, forzando la 
línea por el camino de Santa Inés. D. José Perdiz fué muerto, así como 
D. Joaquín Camacho, con muchos de los que lo acompañaban, pero 
Matamoros logró salir á salvo. - 

Este hecho, que los autores dejan pasar casi desapercibido, habla 
muy alto en favor del valor}' pericia militar de Matamoros, pues mien- 
tras que jefes de reconocido mérito y acreditado valor, como Galeanay 
Aguayo, llevando una considerable parte del ejército, no pudieron rom- 
per la línea enemiga en el heroico ataqtie que dieron al Calvario, él, con 
sólo cien dragones, dando una vigorosa carga de caballería, pudo rom- 
per la línea enemiga é ir á ponerse de acuerdo con D. Miguel Bravo, en 
Tla3acac, para introducir á la plaza el considerable convoy de víveres 
y municiones que Bravo tenía dispuesto con ese fin, en cuya empresa 
fracasó, porque habiendo interceptado Calleja la carta en que le daba 
aviso á JMorelos del plan que se había formado para introducir ala pla- 
za el convoy, 3- que esto debía hacerlo por la Barranca Hedionda, apro- 
vechando Calleja esas noticias, le preparó una emboscada en la que per- 
dió el convoy- por el aplastante número de enemigos inesperados que 
cargó sobre él; pero no obstante esto y la sorjiresa, se batió con heroís- 
mo, desordenando el batallón de Lobera 3' causando innumerables ba- 
jas á los realistas. Pero habiendo Calleja mandado fuerzas de refresco 
en gran número, tuvo que retirarse para salvar su tropa, lo que hizo 
con honor, no en precipitada 3' vergonzosa fuga, sino batiéndose con 
denuedo en retirada, contra las fuerzas del Coronel Andrade, que lo per- 
siguieron hasta entrar en sus fortificaciones de Tla3-acac, donde se vio 
3-a libre de la persecución de Andrade, que no atreviéndose á atacarlo 
en el pueblo, regresó á su campamento. 

Después de que Morelos rompió el sitio de Cuantía, se reunió con él 
Alatamoros en Chiautla y allí recibió orden de Morelos deque se situa- 

1 .\lamán. T. II, págs. 391 y 392. 

2 .\lainán. T. 11, pág. 392. 



315 

ra en la hacienda de Santa Clara y C[ue aumentara sii fuerza y la or- 
ganizara. Santa Clara está inmediata á Jantetelco, á cuya Parroquia 
pertenece, así, ([ue situado en aquella finca Matamoros, estaba entre 
sus feligreses, y aprovechando el influjo cjue sobre ellos qercía y el afec- 
to que éstos le tenían, pudo aumentar su tropa consideniblemente; pe- 
ro buscando un lugar de maj'ores elementospara organizar su división, 
equi¡)arla y mimicionarla, cambió su cuartel general á Izúcar, en prin- 
cipios dejunio de 181 2, lo que Armij o comunicó al Virre\' desde Yautepec, 
en carta fechada el 13 de Junio de 1812, en la que le dice que Matamo- 
ros se ha fugado de Santa Clara y ha tomado el rumbo de Izilcar. ^ 

En Izúcar estableció Matamoros una fábrica de pólvora, para lo 
que se jjrovcía de muy buen salitre de los pueblos de Huacayan y To- 
chimilco, i)or lo que Armijo le propuso al Virre\- que se pusiera un des- 
tacamento de voltxntarios al pie del volcán, para quitarles á los rebel- 
des aquel recurso. 2 

Para defensa del pueblo, fortificó Matamoros el cerro (¡ue está in- 
mediato á la población, y todos los días daba instrvicción á la tropa el 
Mayor de Plaza D. Ignacio Vilchis. 

Los soldados de su escolta los uniformó Matamoros con chaquetas 
azules con vueltas amarillas. '■'> 

Todas las noches daba serenata una buena música que tenía. 

La Plana Mayor de Matamoros la componían los Coroneles: Peña, 
Cura de Huamuxtitlán; D. Antonio Sesma, Tesorero que fué de Pueljla 
3' Marqués de Sierra Nevada; Sargento Mayor, D. Mariano Ramírez; 
Capellán, el Bachiller Matías Zavala y otros cuatro Padres del mismo 
pueblo. 

Su fuerza se componía de veintisiete compañías, con su correspon- 
diente dotación de oficiales; algunas compañías tenían 150 jilazas, v su 
artillería se componía de nueve cañones de diversos calibres, -l- 

Según esta noticia de Armijo, la fuerza de Matamoros era de muv 
cerca de 3,000 hombres, porque 27 compañías de 100 hombres cada 
una, nos dan 2,700 plazas; míis como, según Armijo, tenían 150 hom- 
bres algunas compañías, la fuerza ascendía á 3,000 aproximadamente. 

Esta fuerza la componían: el regimiento de infantería del Carmen, 
con 800 plazas, al mando del Coronel D. Mariano Ramírez; los regi- 
mientos de caballería de San Ignacio y de San Luis 3' el famoso regimien- 
to de dragones de San Pedro, con su estandarte negro 3- ima cruz roja en 
el centro, con esta le3'enda: «Inmunidad eclesiástica,» lo que significa- 
ba que estaba dispuesto á defender ese fuero de que privaba á los ecle- 
siásticos insurgentes el bando del Virre3', de 25 de Junio de 1812. 

1 .\rchivo General de la Xación. Operaciones de Guerra. — .\rniii(j. Tomo I, fol. 39. 

2 ídem., ídem.— Carta de 28 de Junio de 1812. 

3 Tomo estas noticias de la noticia privada que dio .\rmijo al \inev sobre las fuer- 
zas de Matamoros, la que existe (jriifinal en el Archivo General. 

4 El mismo informe privado de .\rmijo, j-a citado. 



316 

La artillería, compviesta de ocho cañones y un obús, estaba al man- 
do de D. Manuel Mier v Terán. 

Es fama que en todo el ejército insurgente no hubo una división tan 
bien organizada, tan bien instrtiída, moralizada, disciplinada, unifor- 
mada V equipada, como la de Matamoros. 

Matamoros no sólo no consentía que sus soldados roldaran, sino 
f|ue perseguía con tenacidad álos bandidos que tomaban el nombre de 
insurgentes para cometer, bajo su amparo, sus depredaciones, 3' así fué 
como, teniendo noticias de los robos que cometía el Padre Tárelo, que 
capitaneaba una gavilla, diz que de insurgentes, comisionó á Rosains 
para que lo persiguiera y éste lo fusiló por haber encontrado en su po- 
der el ganado robado en la hacienda de Alzayanga. 

La señora Ignacia Ruiz,rica propietaria de Izúcar, quese distinguió 
por su patriotismo y amor á la Independencia mexicana, prestó á Ma- 
tamoros importantes servicios en Izúcar, auxiliándolo con dinero, ce- 
reales, forrajes y de cuantas maneras pudo hacerlo, y Matamoros, en 
compensación á su patriotismo y buenos servicios, le extendió el siguien- 
te documento: 

«Don Alariano ^Matamoros, Mariscal de Campo y 2." General en Je- 
(ife por nombramiento del Señor Capitán General Don José María Mo- 
lí reíos, &., &.» 

«En atención al buen patriotismo, fidelidad y derechos que goza Do- 
«ña Ignacia Ruiz en nviestra justa causa, mando á todos los Oficiales, 
«Capitanes y avanzadas de América así de mi mando como de otra Di- 
«vición, no la perjudicjuen por ninguna manera, ni á ella, ni á sus bie- 
«nes 3' fincas, como así lo encargo á los Gobernadores, para cu^'a cons- 
«tancia le doy la presente en esta Comandancia de Izúcar, á 13 de Octu- 
«bre de 1812. — Mariano Matamoros.» 

Permaneció Matamoros en Izúcar hasta fines de Octubre, en que fué 
llamado por Morelos, que se encontraba en Tehuacán, á donde fué á 
reunirse con él; pero antes de abandonar á Iziicar, mandó destruir las 
fortificaciones que había construido allí para su defensa. 

Morelos quedó muA' complacido déla brillante división cjue había 
organizado Alatamoros en tan poco tiempo, y con ésta, cjue se compo- 
nía de 2,500 hombres de las tres armas; 2,000 hombres con que se le 
incorporó D. Nicolás Bravo, 3' 800 que Morelos tenía en Tehuacán, se 
formó un ejército de 5,000 hombres, con el que marchó Alorelos sobre 
Oaxaca, emprendiendo su salida de Tehuacán el díal°de Noviembre de 
1812, 3' el2411egó á una hacienda que sólo dista tres leguasdeOaxaca. 

El siguiente día, 25 de Noviembre, por la mañana, intimó Morelos 
la rendición de la plaza en término de tres horas, mas como no recibió 
contestación alguna, dejó pasar doshorasmásdelplazo fijado, seacercó 
á la ciudad V se dispuso á atacarla, dividiendo su ejército en seis partes; 
de éstas, dos se situaron en el camino de Guatemala, para cortar la re- 
tirada á los defensores de la plaza; otra á retaguardia, para cubrirla 3- 



3''- 



Anales. — Tomo IV. 



LÁM. +3. 




Cuantía. 







Plaza de Cuantía. 



-+ 



I 



< 




6<j 



O 



317 

custodiar los bagajes, 3' de las otras tres, i)uso una al mando de 
Sesma, D. Ramón hijo de D. Antonio, con orden de atacar el for- 
tín y convento de la Soledad; otra á las órdenes de Matamoros y 
Galeana, ordenándoles que entraran á la ciudad por la calle del Mar- 
cjuesado, y la otra columna quedó de reserva, á las órdenes del mismo 
Morelos. 

A las once de la mañana dio Morelos la orden de ataque, y mientras 
líi columna de Sesma atacaba vigorosamente la Soledad, destruyendo 
los fortines con los certeros tiros de su artillería, la que dirigía D. Ma- 
nuel Mier y Terán, y ponía en vergonzosa fuga á Regules, que era el je- 
fe de aquel piinto, Matamoros y Galeana penetraban á la ciudad por 
la calle del Marquesíido, dispersando á los realistas y abriéndose paso 
á la ba3'oneta. 

No quedaban yn más puntos ocupados por los españoles, que los 
conventos de Santo Domingo y el Carmen; al primero se dirigió Galea- 
na, 3' tras un vigoroso ataque, hizo que se rindiera la guarnición de 
aquel punto, la cual se componía de 300 hombres con tres cañones, y 
Matamoros se dirigió al Carmen, en donde hasta los frailes hacían fue- 
go desde la azotea, y en poco tiempo logró apoderarse del convento á 
viva fuerza, 3- allí aprehendió al cobarde Regules, quien, cuando hu3^ó 
(le la Soledad, se fué á ocultar al Carmen dentro de una caja de muer- 
to, de donde lo sacó Matamoros. 

Entretanto, Sarabia, que era el jefe de la plaza, se había puesto á la 
cabeza de la caballería, pretendiendo contener el avance de los insur- 
gentes, pero sus soldados lo fueron abandonando hasta dejarlo solo, 3' 
tuvo que ocultarse en una casa; pero fué aprehendido tres días después 
y en el acto lo fusilaron por orden de Morelos, quien ordenó también las 
ejecuciones de Regules, Bonavia, Aristi y vni muchacho guatemalteco, 
criado de Sarabia. 

En sólo dos horas fué tomada Oaxaca por las denodadas huestes de 
Morelos, ([uien para celel^rar el triunfo, dispuso (jue se verificaran dos 
funciones religiosas en acción de gracias: una, en la iglesia de Betlemi- 
tas, á la Virgen de Guadalupe, y la otra en Catedral, á la qvie asistió 
él con todo su Estado Ma3"or. 

Mandó tamljién que se celebrara con gran pompa el juramento de 
obediencia á la Junta de Zitácuaro, 3' como ésta lo había ascendido á 
Capitán General, asistió á esa solemnidad vistiendo el uniforme bor- 
dado, correspondiente á ese alto grado militar, CU30 uniforme le fué re- 
galado por Matamoros. Este célebre uniforme ca3'ó en poder de Con- 
cha, con el equipaje de Morelos, el 5 de Noviembre de 1815, día en que 
hizo prisionero á Morelos en la desgraciada acción de Tesraalaca, 3' Con- 
cha entregó el unilorme al Virrey, quien lo remitió á España y perma- 
neció en el Museo de Artillería de Madrid hasta el año de 1910, en que 
el Re3- D. Alfonso XIII dispuso devolverlo á México, con motivo de la 
celebración del primer centenario de la proclamación de la Independen- 



318 

cia, y lo remitió con su enviado esjiccial el Marqués de Pola vieja, quien 
hizo solemne entrega de él al Presidente de la República, en el Palacio 
Nacional, 3- ho3' se encuentra el referido uniforme en el Museo de Artille- 
ría de México. 

Lo más curioso de la historia de este uniforme, es que fué bordado 
por una india que mandaron de México con la misión de ir á envene- 
•naráMorelos. Oigamos cómo refiere el mismo Morelos ese suceso, en la 
declaración que rindió en su causa: «Ig-ualmente declara que estando 
«enTehuacan le presentó su segundo Matamoros auna muger cuyoas- 
«pecto era de india ó de un nacimiento vulgar diciéndole Cjue esta habia 
« salido de la Capital de México con el objeto de darle al que responde 
«un veneno segiin ella misma le habia manifestado en una prolixa dela- 
«cion á Matamoros quien no obstante esta circunstancia la tenia ocvi- 
«pada en bordar un uniforme que después le regaló al exponente: igno- 
« ra este si fué ó no cierta la comisión de la citada muger, porque ha- 
«biendola visto de una clase inferior la miró con el desprecio que era 
«consiguiente, y la reputó según las expreciones de Matamoros por útil 
«en su gavilla, respecto á su oficio el cual sirvió para que bordase á al- 
«gunos de su comitiva los uniformes que después usaron, con cuya co- 
« misión siguió hasta Oaxaca la referida muger.» 

El 9 de Enero de 1813, salió Morelos de Oaxaca para Acapulco por 
el camino de la Mixteca, y ordenó á Matamoros que quedase de guar- 
nición en Yaliuitlán, con mil quinientos hombres, para seguridad de las 
Mixtecas. 

Situado Matamoros en Yahuitlán, con sus mil quinientos hombres, 
con la actividad que le caracterizaba 3- su genio organizador, de (lue ya 
había dado pruebas, en sólo dos meses aumentó su división á más de 
seis mil hombres, bien armados, equipados y disciplinados, como tuvo 
siempre toda su tropa. 

A fines de Marzo de 1813, habiendo tenido noticia Matamoros de 
cjue había arribado á Huatulco un bergantín, comisionó al Coronel D. 
Antonio Sesma para cjue fuera á tratar con el capitán del buque, quien 
partió al desempeño de su comisión, llevando sólo unos doce hombres 
de escolta, pero no llegó á Huatulco, pues en el camino recibió orden de 
Matamoros para que hiciera gente y fuera á reunirse con él en Tehuan- 
tepec. Sesma abandonó el camino que llevaba y tomó el de Tehuante- 
pec, y despviés de catorce días de marcha, se reunió con Matamoros cer- 
ca de aquella población, con setecientos hombres que había reunido de 
los pueblos y rancherías por donde pasó, l 

El motivo de esa contraorden y la expedición de Alatamoros á Te- 
huantepec, fueron motivadas por las noticias que recibió de que el Ca- 
pitán general de Guatemala, D. José de Bustamante y Guerra, había 
puesto alas órdenes del Coronel D. Manuel Junquito, Gobernador de 
ciudad y la Provincia de Tabasco, una división del ejército guatemal- 

1 Carta de Sesma á sii .■¡nbrina Micaela Frontán. — .\rchivo General. 



319 

teco, á las órdenes del itídiano Teniente Coronel D. Manuel Servando 
Dambrini, l con el fin de (jue recuperara Oaxaca, lo que parecía muy fá- 
cil por haber marchado Morelos para Acapulco. Dambrini pasó la fron- 
tera con su gente, y el 25 de Febrero de 1813, derrotó en Aliltcpec á una 
]Dequeña partida de insurgentes C(ue mandaba D. Julián Suárez.á quien 
hizo prisionero y lomando fusilar con otros veinticinco más. Estos he- 
chos cjue llegaron á conocimiento de Matamoros, fueron los que deter-' 
miníiron su marcha á Tehuantepec, para ir al encuentro de Dambrini, 
que se encontraba en aquella población. 

Como dejamos dicho, cerca de Tehuantepec se reunieron Sesma 3' 
Matamoros, éste último con mil doscientos hombres de infantería j' ca- 
ballería, habiendo dejado atrás otros cinco mil hombres de las tres ar- 
mas, para cubrir su retirada. Avanzaron ambos jefes con su tropa hasta 
una legua de distancia de Tehuantepec, donde acamparon para dispo- 
ner el ataque de la plaza, que debían verificar al día siguiente. 

A media noche, seguidos de una escolta. Matamoros 3' Sesma hicie- 
ron un reconocimiento de la población, penetrando hasta los barrios, sin 
ser molestados por el enemigo, 3- luego dispuso Matamoros que el ata- 
que fuera al amanecer, dividiendo sus fuerzas en dos columnas: una, que 
debería atacar por el puente, 3- la otra se colocaría convenientemente 
para cortar la retirada al enemigo. 

Al amanecer emprendieron el movimiento que se había acordado 
para el ataque de la plaza, 3- Sesmíi.cjue mandaba la descubierta, pene- 
tró hasta la plaza de la población, sin encontrar al enemigo, pues éste 
había huido durante la noche, cargando cuanto pudo, - lo que se veri- 
ficó el Martes Santo de 1S13. 

Matamoros, por consideración ano derramar sangre en los días san- 
tos, se detuvo en la población hasta el Sábado de Gloria, día en que 
salió al alcance de Dambrini; 3 pero éste iba tan de carrera, que fué 
preciso que los insurgentes hicieran jornadas de diez 3^ ocho leguas, para 
jíoder darle alcance, lo c|ue efectuó el lunes 19 de Abril, á inmediaciones 
de Tonalá. -t 

Dambrini, viendo ya que era imposible evitar un combate, se situó 
sobre un elevado cerro, rodeado de un espeso bosque. 

A las tres de la tarde se presentó la vanguardia de los insurgentes, 
c[ue constaba de ciento noventa 3- tres hombres, de los cuales eran: cien 
dragones del famoso regimiento de San Pedro, treinta granaderos 3- se- 
senta 3' tres infantes del regimiento de infantería del Carmen. 

1 .\lamán dice que eran setecientos hombres; pero Sesma, testigo presencial, dice en 
su carta que eran más de mil; Matamoros dice que eran dos mil quinientos, y Junquito 
dice en su parte al Virrey, que eran en número suficiente para haber castigado á los ven- 
cedores. 

2 Carta de Sesma, ya citada. 

3 Parte de Matamoros á Morelos. 
+ Carta de Sesma. 



320 

Mientras llegaba el grueso del ejército se intentó hacer un reconoci- 
miento de la fuerte posición que ocupaba el enemigo, pero los soldados 
insurgentes imprudentemente rompieron el fuego, el que fué contestado 
por Dambrini,y se trabó el combate en condiciones muy desventajosas 
para los asaltantes, pues el boscaje y lo escabroso del terreno no les 
permitía hacer uso de la artillería, ni aun siquiera evolucionar, 3^ así no 
tenían más remedio que aguantar el fuego del enemigo; pero esto no los 
desalentó: haciendo un supremo esfuerzo, lograron que los granade- 
ros flanquearan la derecha del enemigo, 3* ííI toque de «degüello» empren- 
dieron el asalto, poniendo á Dambrini en vergonzosa fuga, 3' sus solda- 
dos, en su rápida carrera, sólo gritaban: abí están ya los judíos del go- 
rro amarillo, l 

Toda la artillería, cargas, equipajes 3- muchas armas de Dambrini, 
quedaron en poder de Matamoros, qtiien con menos de doscientos hom- 
bres que cargaron á la ba3-oneta 3' sin disparar un solo cañonazo, lu- 
chando en terreno desventajoso para ellos, derrotó 3- puso en vergon- 
zosa fuga á dos mil doscientos hombres que Dambrini tenía á sus ór- 
denes. 2 

D. Manuel Junquito, Comandante Militar de Tabasco, en el parte 
que, con fecha 12 de Ma3'o de 1813 da al Virre3', dice así: -^ «La Divi- 
«cion (de Dambrini) se mantubo en Tehuantepeque hasta el dia 13 de 
«Abril en q.e impuesto el Comandante del desagrado con q.e aquellos 
«habitantes miraban á la tropa, y de q.e los cabecillas Matamoros 3- 
«Sesma trataron de atacarlo, se replegó con su fuerza q.e3'a había prin- 
«cipiado á desertarse, 3' continuó hasta llegar á la frontera. En el in- 
« termedio se puso el enemigo sobre las Tropas q.e le presentaron bata- 
«11a 3' jamas quisieron entrar en acción en campo raso q.e fue donde se 
«les presentó; mas el 19 del citado Abril estando la División en mifron- 
«tera fue amenazada por el enemigo 3- la Cavalleria sostubo un fuego 
«vivo hasta q.e conociendo la superioridad del enemigo se replegó so- 
«bre la Infantería, arrolló parte de ella y principiando el desorden se 
«dispersó la División q.e con la fuerza cj.e á cada instante se le iba dis- 
« minu3-end o sostuvo el fuego cerca de quatro horas. Toda la Artillería 
«se perdió y lo mismo las cargas 3- equipajes.» 

Y más adelante agrega: «Todo esto lo ha originado la insubordina- 
«cion de la tropa cu3^ü número era suficiente para haber escarmentado 
«al vencedor; mas como era una fuerza vizoña, sin disiplina,3- poco dis- 
« puesta á otra cosa í\.e á revmirse á sus familias, de aqui se debe el ha- 
« ber experimentado tal desgracia.» + 

Matamoros mandó una fuerza de caballería en persecución de Dam- 
brini, pero éste traspasó la línea divisoria de Guatemala, antes que los 

1 Carta de Sesma, ya citada. 

2 Carta de Matamoros al señor Obispo de Ciudad Keal. — .\rchivo General. 

3 Archivo General. Tomo 49. 

4 Véase este parte íntegro en el .apéndice de esta obra. 



321 

insurgentes pudiesen alcanzarlo, tal era la prisa que llevaba; pero esto 
ha de haljer sido por el vivo deseo que tenían sus soldados de reunirse 
á sus familias, según lo que afirma Junquito. 

Matamoros, después de levantar el campo, en lo que tardó algún 
tiempo, por lo cuantioso del botín, acampó á extramuros deTonalá,en 
donde permaneció más de un mes; pero durante ese tiempo no estuvo 
ocioso, sino trabajando activamente por insurreccionar la provincia de 
Tabasco, á cuyo fin procuró relacionarse, él y sus subordinados, con 
los habitantes de los pueblos y rancherías de aquella provincia, para 
desimpresionarlos del mal efecto que produjeron en su ánimo las calum- 
nias propaladas por Dambrini y los su3-os, que por donde quiera iban 
aconsejando á las gentes que abandonaran sus casas y se escondieran, 
porque los insurgentes eran judíos, que saqueaban, forzaban alas muje- 
res, les cortaban los pechos, mataban á los niños y después de muertos 
los cargaban ensartados en las bayonetas; i y tanto para que por su 
correcto comportamiento y buen trato se convencieran aquellas gen- 
tes de que todas esas especies propaladas por los españoles no eran 
otra cosa que cahimnias empleadas como armas de mala \ey para des- 
conceptuarlos, como para hacer propaganda délos principios que la re- 
volución proclamaba, prolongó su estancia en aquella provincia; mas 
como no era posible ponerse personalmente en contacto con todos los 
pueblos de aquella comarca, expidió una circular á los gobernadores 
y repúblicas de naturales, la que á la letra dice: 

«Al Gobernador y República de Naturales del Pueljlo de Ocosocoutla. 

«Queridos hij osmios: Con harto dolor de mi corazón conozco los tra- 
« bajos q.e estáis pasando por el engaño con q.e os tratan vuestros Cu- 
« ras, vuestros Jueses y todos los que os engañan, diciendoos q.e los 
« Americanos y sus Tropas somos una gavilla de ladrones, q.e mata- 
«mos, q.e somos Judíos, 3' q.e hacemos mil perjuicios. 

«No, hijos mios, os engañan, somos más cristianos q.e los gachupi- 
« nes y q.e los q.e abrazan sugovierno, áninugno q.e no nos hace daño 
« lo perjudicamos: Defendérnosla \ey de Dios, nuestras tierras, nuestros 
«bienes y á nuestros hermanos los criollos. Sólo venimos contra los ga- 
« chupines y el Govno., por q.e quieren á mas de pensionarnos como nos 
« han pensionado, entregarnos por sus fines particulares á los franceses 
« ó á los ingleses. Por esto es la guerra, queridos hijos mios, defende- 
« mos ser libres en nuestras tierras, govemamos nosotros y no ser es- 
« clavos de nadie. En este supuesto os desengañamos, os prevenimos 
«qto. pasa p.a q.e os unáis, si queréis ser felices gozando de otra liber- 
«tad y comercio con todos nuestros Reynos, q.e no tenemos otra pen- 
«sión, q.e pagar los diezmos á la Iglesia de Dios 3' quatro por ciento de 
«alcabala p.a mantener el Estado contra nuestros enemigos. 

1 Carta de Sesma, va citada. 

Anales. T. IV.— ti. 



322 

«Ya habéis sabido cómo hemos derrotado el Exercito de Guatema- 
«la q.e enviaron contra nosotros, y así acabaremos con quantos se nos 
« opongan. En esta intehgencia no tengan miedo en quererse unir con 
«nosotros 3- defenderos, os ayudamos con soldados valerosos hechos á 
« vencer los Exercitos del Govierno Español, y así espero vuestra con- 
« testación para facilitaros cuantos auxilios necesitéis. 

((S03' el segundo del Oral, de los Exercitos del Sur autorizado, por la 
«Suprema Junta Nacional ci.e nos gobierna, y así os hablo en nombre 
«del Exmo. Sor. Capitán Gral. Dn. José María Morelos. 

«Dios os gu.e m.s a.s en la libertad 3' felicidad q.e os deseamos. 

«Quartel pral. de Tonalá á veinte j uno de Abril de mil ochocientos 
« trece. » 

«Mañano Matamoros.» l 

Esta misma carta fué enviada á otros varios goliernadores de repú- 
blicas de indígenas de diversos pueblos de aquella provincia. 

Y no fué solamente á los indios 3' al pueblo á quienes Matamoros tra- 
tó de atraerse á su partido, sino también á los personajes más promi- 
nentes de aquella provincia, como lo demuestra la carta que, con fecha 
24 de Abril, escribió al señor Obispo de aquella diócesis, la que textual- 
mente dice: 

«Remo. Sor. Obispo de ciudad Rl. 2 

«Como segundo Gral. de los Extos. del Sur, representando en esta 
«parte los derechos de la Nación, á nombi-e del Exmo. Sr. Capitán Gral. 
«Dn. José María Morelos, en quien recidelasoveranía, me veo en lapre- 
« cisión de exhortar á V. R. Illma. suplicándole encarecidamente, en cum- 
«plimiento de mis deveres, mi representación 3' mi carácter sacerdotal, 
«vuelva en sí V. R. Illma. abra los ojos, 3' llene las obligaciones de buen 
« Pastor, no sea el destructor de sus obejas, no se heche sobre sí este car- 
«go á la faz de la Nación, de todo el orbe 3' á los ojos del todo Pode- 
«roso. 

«He venido con mi Exto. por el corto territorio qe. he pisado de V. 
n R. I. 3- no ha3' un Ministro en todo él q.e cumpla con su ministerio. Las 
«gentes están muriendo sin sacramentos. A Dios no se le da culto, 3- 
«por ultimo, inis Capellanes han tenido que exercer por necesidad las 
«funciones que se han ofrecido de Misa, entierros y sacramentos. ¡Oh 
«q.e dolor! ¡q.e responsabilidad! ¡q.e cargo ante el Altísimo! No creoq.e 
«V. R. I. sea capaz de padecer estas preocupaciones, de sostenerlas, y de 
«fomentar este abismo. El Exto. Americano para nada se metía con los 
«cobardes Guatemaltecos; si hubiera querido cuando rendimos á Oaxa- 
« ca nuestra hubiera sido hasta esta Prov.a pues sabíamos qe. estaba des- 

1 Archivo General. Operaciones de Guerra. — Realistas. — Tomo 49 F. y K., fol. 120 
vta. á 121 fte. 

2 El mismo tomo 49 acabado de citar, fol. 121 \-ta. 



323 

«armada, espantada y q.e no teníamos mas q.e mandar unas cortas 
«tropas ]3ara cj.e se hubieran rendido. 

«Ahora pudiera hacer lo mismo; tengo tropas valerosas, equipadas 
«de quanto necesitan, y me piden va3'aá hacer una visita á V. R. I. Es- 
«toj' satisfecho q.e todív la Prov.a no puede resistir, q.e no tienen dis- 
« posición para ello y mucho menos con la derrota q.e he dado al Ita- 
«liano Dambrini, Comandante de esos infelices Pueblos. 

«No han llegado á docientos hombres mios los q.e entraron en fun- 
«cion contra el E.xto Guatemalteco q.e se hallaba situado en una emi- 
« nenciíi con disposición de sostenerse, como lo procuró hacer emboscan- 
«do mi tropa 3' cubriendo su retirada por otro espeso bosque. 

«No he tirado un cañonazo, todo lo han hecho las pocas tropas mías 
«q.e entraron en acción á la baj-oneta y al fusil. Dos mil docientos 
«hombres de Y. R. I. q.e se batían fueron derrotados y puestos en fuga 
«por sólo docientos de America q.e se hallaban en punto mu^^ inferior. 

«La Artillería de Dambrini, todos sus pertrechos, armamento, equi- 
« pajes, los intereses de los q.e le acompañaban, todo está en mi poder, 
« todo es de la Nación Americana y hasta sus propias posesiones. 

«No, R. I. S., la Nación Americana es muA' católica, no defiende otra 
«cosa q.e los derechos é inmunidad déla Iglesia, la libertad de su G.ovo^ 
« q.e el español no quiera subj'ugarla á dominación francesa ó inglesa, 
« según debe ser por el deplorable estado de la Monarquía Española, 
«todo lo q.e dicen á Y. R. I. y los demás papeles puljlicos del G.ovo Es- 
« pañol es falso para alucinar 3' seducir los infelices Pueblos: Lo q.e 
«expongo á Y. R. L es la verdad, 3' por lo tanto creo q.e persuadido de 
«ella hablará á sus ovejas, las conducirá á la felicidad espiritual 3- tem- 
« poral y abrirá la correspondencia con nosotros, y se adherirá á una 
«causa tan justa como la q.e defendemos, p.a evitar deeste modo laefu- 
« sion de sangre, la destrucción universal de esta Prov.a q.e siempre se- 
« rá nuestra el día q.e queramos. 

«Sepa Y. R. L q.e el G.ovo Español no tiene un palmo de tierra en el 
«Sur, q.e en la costa del Norte es poco lo q.e le queda, 3- la capital de Alé- 
«xico pronto rendirá la cabeza, q.e en las Prov.as de Guadalajara, Ya- 
«lladolid y demás tierras á dentro le quedan mu3- pocos rincones, pues 
«todos se están uniend o á nuestra Suprema Junta; tenemos todo elNor- 
« te de América q.e nos presta auxilios, en las Prov.as de tierra á dentro 
« ha3- veinte mil guerreros anglo americanos p.a dar la ultima mano. 

«En ningún tiempo se llamará á engaño Y. R. I., no dirá q.e ha sido 
« sacrificada su diócesis con ignorancia y sólo le quedará el arbitrio de 
« sufrir la pena del arrepentimiento, y á nosotros la satisfacción como 
« una Nación generosa q.e brinda con la paz 3' prodiga su felicidad. Es- 
«pero la contestación de Y. R. L para cubrir los deberes de mi obliga- 
«cion, teniendo el honor de ofrecerme á Y. R. L 3^ le acreditaré q.e seré 
« siempre su ma3'or servidor. 

«Dios gu.e á Y. R. I. m.s a.s 



324 

«Campo de Tonalá del Rno. de Guatemala, Abril veinte y quatro 
« de mil ochocientos trece. 

«I. S. S. 
«Mariano Matamoros.)) 

Esta carta, las circulares á los gobernadores de las repúblicas indí- 
genas 3' la carta de Sesma á su sobrina Micaela Frontán, son á las que 
alude Junquito en su comunicación al Virrey-, de fecha 12 de Mayo de 
1813, y de las que le dice que le acompaña testimonio de ellas, que no 
circularon á causa de la actividad y exactitud con que sus tenientes 
cumplen las órdenes cjue les comunica, i 

Después de estos trabajos de propaganda, Matamoros se dirigió á 
Oaxaca con su división, llevando consigo la artillería, cargas, equipa- 
jes, armas y municiones que había quitado á Dambrini, é hizo una pom- 
posa entrada triunfal á aquella ciudad el 28 de Ma^'o de 1813. Mata- 
moros, vistiendo su uniforme de Mariscal de Campo, iba al frente de su 
ejército vencedor, y los habitantes de Oaxaca lo recibieron con entusias- 
tas manifestaciones de regocijo. 

Morelos, cuando recibió el parte de la derrota de Dambrini, premió 
á Matamoros con el ascenso á Teniente General. 

A principios del mes de Octubre del mismo año de 1813, estando 
acampado Matamoros en Tehuicingo, se le presentó el cura de Cosco- 
matepec, manifestándole que D. Nicolás Bravo se encontraba sitiado 
por Águila en aquella población, escaso de víveres y municiones, lo que 
agravaba su situación. Con tal motivo, Matamoros salió inmediata- 
mente con su ejército á auxiliar á Bravo, pero como supo en el camino 
que Bravo, burlando á sus sitiados, había salido de Coscomatepec la 
noche del -í de Octubre, dispviso regresarse á sus posiciones; pero el 13 
de Octubre, estando en la hacienda de San Francisco, tuvo aviso de que 
había salido de Orizaba un considerable convo}^ de tabaco, custodiado 
por el batallón de Asturias, al mando de su jefe Cándano 3- una consi- 
derable fuerza de caballería á las órdenes de Moran, cuj'O convoy debía 
pernoctar esa noche en San Agustín del Palmar. Con tal noticia, dispu- 
so Matamoros que fueran á obser^-ar el movimiento 3' le dieran aviso 
de ello, para disponer lo más conveniente. El Ma3'^or del regimiento de 
San Pedro, D. Rafael Pozos, Arro3-o, Sánchez v D. Vicente Gómez y él, 
fueron á situarse con sus tropas á la hacienda de San Pedro, 3' allí dio 
una orden inponiendo la pena de muerte al que volviera la espalda al ene- 
migo, 3' tres carreras de baquetas por doscientos hombres, al que se en- 
tretuviera en coger alguna muía cargada, ó en otra cosa que lo distra- 
jese del combate. 2 

Alamán, tomándolo del parte que rindió el mismo Matamoros, fe- 
chado en Tepecuacuilco el 12 de Diciembre, hace el relato de este me- 

1 Archivo General. 

2 Alamán. Tomo III, pág. -KIS. 



325 

morable combate, de feliz remembranza, (|uc cubrió de gloria las armas 
mexicanas, en los siguientes términos: i 

«Desde el lugar conocido con el nombre de la Agua de Quechula, por 
«una fuente que allí hay, se extiende por cosa de seis leguas un dilatado 
«valle hasta San Agustín del Pahnar, estrechándose más ó menos, por 
«medio del cual va el camino que conduce de aquel lugar á Puebla. Elcon- 
«voy se puso en marcha el 14 de Octubre, al amanecer, llevando á van- 
«guardia la cahallería, tras de la cual seguían las muías de carga, y la 
«retaguardia la custodiaba Cándano con su batallón. Esta disposición 
«del terreno y de la marcha del convoy, hizo que Matamoros se arre- 
«glase á ellas en sus providencias; viendo al amanecer del día 14 el con- 
«voj' extendido en todo el camino, dio orden al Mayor Pozos para que 
«con la caballería del regimiento de San Pedro, dividida en tres partidas, 
«atacara su retaguardia, y al Teniente Coronel del mismo, D. José Rodri- 
«guez, para que con el resto del cuerpo, pie atierra, unido á la infante- 
ana del Carmen, formando cinco guerrillas, atacase portodo el costado 
«derecho la línea del convoy. Este siguió su marcha, y el Comandante 
«Martínez, sin tratar de auxiliará la retaguardia, vivamente atacada, 
«previno al Coronel Moran, que mandaba la vanguardia, que acelerase 
«lo posible el paso, con lo que el cargamento de tabaco llegó con sólo 
«la pérdida de 75 cargas á Tepeaca. Matamoros no se empeñó en se- 
«guirlo y dirigió todas sus fuerzas contra el batallón de Asturias, que 
«cubría la retaguardia; el Comandante Cándano, habiendo hecho for- 
«mar un cuadro, marchó con éste, defendiéndose por espacio de más de 
«dos leguas, casi hasta desembocar del valle al llano de la Agua de Que- 
«chtila. 

«Hizo entonces Matamoros situardos cañones, cargados á metralla, 
«á la retaguardia de la caballería, cubiertos por ésta, la que hizo una 
«retirada falsa, y seguida por las guerrillas que destacó Cándano á su 
«alcance, creyendo segura la victoria, abrió claros para descubrir laar- 
«tillería, que hizo en aquéllas tremendo estrago; las guerrillas en desor- 
«den volvieron sobre el cuadro, que se desordenó también y acabó por 
«dispersarse, siendo cargad o por la caballería de Matamoros; los solda- 
«dos españoles, arrojando sus armas se rindieron, gritando: ¡¡viva la 
«América!! para moverla piedad del vencedor, pero fueron hechos prisio- 
«neros. La pérdida de los realistas fué: 215 muertos, 368 prisioneros, en- 
«tre éstos el Comandante Cándano; dos capitanes, trece subalternos, 
«treinta 3- dos sargentos y nueve cornetas y tambores, con 521 fusiles; 
«la de los insurgentes fué mucho menor. 

«Matamoros hizo conducir los prisioneros á San Andrés Chalchico- 
«mula, en donde celebró su victoria con solemne Misa de gracias, «Te 
«Deum » y salvas de artillería y de infantería, estando formadas en el atrio 
«de la iglesia las compañías de granaderos del Carmen. 

«En seguida mandó pasar por las armas al Comandante Cándano 

1 Alamán. Tomo III, págs. 408 y 409. 



326 

«y á otro oficial mexicano, pues aunque había condenado ala misma pe- 
«na al Capitán D. Bartolomé Longoria, estando apunto de ser ejecuta- 
«da, le concedió la vida aniego del cura y vecinos de San Andrés, quie- 
«nes aunque se interesaron por todos, no pudieron obtener el perdón 
«más que de éste.» 

No tomó el pueblo ningún participio en este asunto, como errónea- 
mente asienta Alamán, pvies la petición que se le hizo á Matamoros pi- 
diéndole la vida de los prisioneros, cua^o original encontré en el Archivo 
General de la Nación i está subscripto solamente por el cura 3' su clero 3- 
no se hace en él ninguna alusión de la intervención que en ello hubiese 
tenido el pueblo; pero esa humanitaria y noble petición tampoco fué 
obra del cura de San Andrés y su clero, sino del mismo Alatamoros, á 
cuya alma noble y generosa repugnaba el derramamiento de sangre; pe- 
ro que teniendo que cumplir como soldado con las órdenes de sujete 
Morelos, de pasar por las armas á todos losjefes y oficiales realistas que 
cayeran prisioneros, no le quedaba otro recurso para satisfacer sus hu- 
manitarios sentimientos y á la vez poner á salvo su responsabilidad, 
que valerse de algún subterfugio, 3- así fué como «convino secretamente 
con el cura de San Andrés que le presentara un escrito demandando la 
vida de los oñciales prisioneros :ii así lo diceelmismo Matamoros en su 
declaración, 3' en ese documento, sugerido por él mismo, puso de su pro- 
pia letra el proveído correspondiente, el que escribió en el margen 3' lo 
autorizó con su media firma, siendo éste el único autógrafo de Mata- 
moros que 3'o sepa cjue existe 3- el cual había dormido ignorado, duran- 
te un siglo, entre los 1,025 volúmenes que constitu3'en el ramo de Histo- 
ria en el Archivo General, de donde lo he tomado para publicarlo, por 
vez primera, en estas páginas, 3- dice textualmente: 
(nExmo. Sor.» 

((El Párroco de esta Feligresía, consuclero: noticioso que los prisio- 
«neros tomados encampana en el ataque del camino del Palmar, están 
«.sentenciados al último suplicio, penetrado de los sentimientos de urna- 
anidad, á la superioridad de V. E. rendidamente ruega y suplica, que 
«aquella parte de gracia que pueda tenerla Justicia, espera del piadoso 
ncorazon de V. E. seles aplique por medio del indulto, perdonándoles la 
«vida, cuia gracia remunerará el Dios délos Exercitos» 
«Dios gue. á V. E. m.s a.s» 

«San Andrés, Octubre 18 de 1813.)) 

«José López de León, rúbrica.» 

«^7 Sor. Tente. Gral. 
«Dn. Mariano Matamoros.)) 2 

1 Historia. — Operaciones de Guerra.— Díaz de Ortega R.— Tomo 3, fio. 135 frente. 

2 Este documento, que se encuentra original en el Archivo General de la Nación, lo re- 
cogió en San Andrés el Coronel de Saboya D. Melchor Álvarez, quien lo remitió al Co- 
mandante militar de la provincia de Puebla, D. Ramón Díaz de Ortega, el que á su vez lo 
remitió al Virrey D. Félix M* Calleja, en 30 de Enero de 1814. 




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327 

Al mareen de esta solicitud escj-ibió Matamoros el siguiente proveído: 

aQuartel Gral. en San Andrés, Octe. 18, 1813.)) 

ítNo pende absolutamente de mis facultades la absolución de ningu- 
víno de los reos hechos prisioneros en el ataque del Palmar; pero usando 
<ide la piedad conque mi corazón mira á estos infelices, sólo trato de po- 
aner en Capilla á los tres Cabecillas más criminosos, y para acreditar 
ȇ todo el clero, qe. quiero servirlo, aun sin embargo de la responsiva en 
uque quedo con mi Generalísimo, el Serenísimo Sor. D. José Alaría Mo- 
nrelos, doy orden al Fiscal de las declaraciones para qe. absuelva al ci- 
vtado Capitán Bartolomé González Longoria, de la pena capital, y mar- 
Hcbo con los demás en la cuerda qe. ha á salir.» 
^Matamoros, rubrica.» 

Publicamos aquí un facsímile de este curioso é importante documen- 
to, el cual tomamos del original que existe en el Archivo General de la 
Nación. 

«La toma de Acapulco por Alorelos, la resistencia gloriosa de Bra- 
«vo en Cosconiatepec, y la victoria de Alatamoros en el Palmar, lle- 
«naron de entusiasmo á los insurgentes, en especial á los que favore- 
«cían este partido en México y otras ciudades principales, y la circuns- 
«tancia de haber sido europeas casi todas las tropas empleadas en elsi- 
(ctio de Coscoraatepec, y serlo también el batallón de Asturias que ha- 
«bía rendido sus armas en el Palmar, lisonjealía extremadamente elor- 
«gullo nacional, no dejando de comparar, en el exceso de entusiasmo, el 
«último de estos sucesos, á la batalla de Saratoga en los Estados Uni- 
«dos, en que el General inglés Burgoine rindió las armas y quedó prisio- 
«nero de los norte-americanos, con todo el ejército que mandaba.» l 

Los prisioneros del Palmar los mandó Matamoros al presidio de 
Zacatula y él volvió á ocupar suposición de Tehuicingo, en donde, con 
su actividad acostumbrada, se ocupó de reorganizar é instruir á su tro- 
pa, hasta el mes de Noviembre del mismo año de 1813, en que fué lla- 
mado por Morelos, y dejando de guarnición en Tehuicingo áD. Maria- 
no Ramírez, con el batallón del Carmen, 2 fué á reunirse con D. Nicolás 
Bravo, á quien también había llamado Morelos, y ambos marcharon 
juntos á incorporarse con él en Cutzamala, desalojando á su paso por 
Tepecuacuilcü las fuerzas de Moreno Daoiz, quien al saber que se aproxi- 
maban, se retiró hasta Cuemavaca. 

Reunidas las fuerzas de Matamoros y Bravo con las que Morelos te- 
nía en Cutzamala, se formó un ejército de cinco mil setecientos hombres 
de las tres armas, con treinta cañones de todos calibres y una gran can- 
tidad de municiones. 

1 Alamán. Tomo III, pág. 410. 

2 Llano, en una carta que escribió al Virrey, fechada en Valladolid el 17 de Enero de 
181-t, le dice, que le ha dicho el Lie. Matamoros que no quedan ningfunas fuerzas insur- 
gentes en Oaxaca, más que una pequeña gavilla que dejaron á las órdenes de Ramírez. 
—Archivo Gral. Operaciones de Guerra. Tomo 18. Llano Ciríaco, fols. 4 y 5. 



328 

Una vez que M órelos hubo concentrado en Cutzamala la maj'or par- 
te de sus fuerzas, marchó con ellas sobre Valladolid, por el camino de 
Huetamo, 3' pasando por su antiguo Curato de Carácuaro, celebró allí 
la fiesta de la Virgen de Guadalupe el 12 de Diciembre, y continuó su 
marcha por Tacámbaro, Acuitzio y Tiripitío, hasta Valladohd, en don- 
desepresentó con todassusfuerzasenlaslomasde Santa María, el 22 de 
Diciembre, y el 23 mandó al Comandante Landázuri una intimación 
para que lindiera la plaza en término de tres horas, y al mismo tiempo 
mandó al Obispo Abad y Queipo una carta en la que le pedía que influ- 
yera para que la ciudad se entregase á discreción, en el término de tres 
horas, y mandó otra carta al Ayuntamiento, en iguales términos: el 
Aj'untamiento, queriendo hacer alarde de su fidelidad al Rey, mandó 
quemar la carta de Morelos, por mano del verdugo, en la plaza princi- 
pal, y para dar ma3-or solemnidad al acto, dispuso que éste ñiera prece- 
dido de la publicación de un bando, en que se daba cuenta al pueblo del 
acto que se iba á ejecutar. 

Alamán 3' los demás autores que he consultado hablan solamente 
de la intimación qiie Morelos dirigió á Landázuri 3- al Obispo Abad y 
Queipo, pero nada dicen de la que dirigió al A3'untamiento, 3' por consi- 
guiente, tampoco dicen ni una palabra del acuerdo que éste dictó, man- 
dándola quemar pilblicamente por mano del verdugo; pero todo esto 
está bien comprobado en la comunicación que dirige Calleja al Ayunta- 
miento, la que me encontré original en el Archivo del A3'untamiento de 
Morelia, l 3- á la letra dice: 

«iis muy propio de la acreditada ñdelidad de v.s el desprecio con q.e 
viniró el ridículo papel que le dirigió el rebelde Morelos cuando sitiaba esa 
«■ciudad, pretendiendo q.e ese cuerpo cooperase á la rendición de ella, y 
ido es igualmente el acuerdo q.e v.s tomaron de hacer que dicho papel se 
v-quemase por mano del verdugo en la Plaza Constitucional, para dar 
n-un testimonio público de sus sentimientos patrióticos y su adhesión á 
úa justa causa, precediendo un Bando para instruir al pueblo, como 
iiF.s me participan en oñcio de 3 del corriente. 

«Dios gu.<: á -v.s muchos años. 

üMéxico, Febrero 14 de 1814. 
aCalleja. — (Rúbrica).» 

Morelos, sin esperar la contestación del comandante de la plaza, co- 
menzó á dar sus disposiciones para el ataque de la ciudad, la que sólo 
tenía unos ochocientos hombres de guarnición 3- no tenía otra esperan- 
za para salvarse de caer en ¡joder de Alorelos que la de que llegaran 
con oportunidad Llano é Iturbide, que venían en su auxilio. 

No habiendo recibido ninguna contestación Morelos, emprendió el 
ataque de la ciudad á las nueve de la mañana del día 23, rompiendo 
el fuego sobre las fortificaciones de la loma del Zapote, mientras otra 

1 Legajo lu'nu. 17-1-. — .A.ño de 1S14. — E.xpecliente núm. 8. 



Anales. — Tomd IV. 



LÁM. 45. 



33. 







41;..-- _,^;^^ij;e!u!iitoi#^ 



j. >i-i.t 



;;íi;i.- 




ds^^ 



MoiTÜn. — Cntcdrnl. 




Hacienda de l'uruaián, Histntd de Taeáiiiliani. Mielioaeá)i. (Mur.) 



339 

parte de insurgentes atacaba por el llano de Santa Catarina, para lla- 
mar la atención del enemigo. Galcana y Bravo tomaron el fortín de la 
garita del Zapote y mientras Galeana (juedaba allí, custodiando el for- 
tín, Bravo se adelantó con su fuerza por el camino de Charo, que era el 
que debían traer Llano é Iturbide, que sabía venían en auxilio de la 
plaza; en esos momentos Landázuri cargó toda su reserva sobre Galea- 
na Y lo despojó del fortín del Zapote; mas habiendo regresado Bravo, 
tomaron él y Galeana nuevamente el fortín; pero en esos momentos se 
presentó Llano por el frente, atacándolos con dos cañones y el 2° ba- 
tallón de la Corona, á la vez que Iturbide se presentaba con la caballe- 
ría, por la izquierda, y la guarnición de la plaza volvía ala carga por la 
retaguardia; en tal situación, Galeana se retiró en dispersión 3- Bravo, 
que quiso retirarse en buen orden, atacado por todos lados, ]ierdió ca- 
si toda su infantería, tres cañones, banderas, parque y doscientos trein- 
ta y tres prisioneros, de los cuales la mayor parte eran desertores de 
las tropas del Rey, y muchos de ellos españoles: todos fueron fusilados 
al borde de las sepulturas que debían cubrir sus cadáveres. 

El día 24 entraron á Valladolid las divisiones de Llano é Iturbide, 
mientras los insurgentes permanecían quietos en su campamento de 
Santa Alaría, hasta en la tarde, en que Matamoros mandó pasar lista, 
para lo cual hizo formar toda la infantería en una débil línea de dos en 
fondo, en la llanura que media entre la ciudad y la loma de Santa Ala- 
ría, teniendo á la cabeza todos sus batallones su música respectiva, 
mientras la caballería quedaba formada en el mismo orden sobre la 
loma. 

Llano, que observó ese movimiento, no sabiendo á qué atribuirlo y 
crej'endo que sería un preparativo para atacar la ciudad en la noche, 
mandó á Iturbide que hiciera un reconocimiento llevando consigo cien- 
to cincuenta infantes de la Corona, Fijo de Aléxicoy Compañía de Ma- 
rina, y ciento noventa caballos de Fieles del Potosí, dragones de San 
Luis y San Carlos }• lanceros de Orrantia. Iturbide emprendió su mar- 
cha sobre el enemigo llevando los infantes á la grupa de los caballos, 3- 
en vez de un reconocimiento emprendió un ataque, y fácilmente pudo 
romper la línea, que no estaba formada para resistir un ataque que no 
se esperaba, sino simplemente para pasar lista y así fué como piado 
Iturbide, mediante una brusca é inesperada carga, desbaratar la línea 
formada por la infantería, y sin detenerse, trepar la loma para irá ata- 
car á Morelos en su mismo campamento, en lo que fué favorecido por 
la alarma 3'- la sorpresa producidas en el campamento insurgente, de- 
bidas á aquel inesperado ataque del enemigo; las tinieblas de la noche 
que envolvían el campo, 3- la llegada inoportuna del Padre Xavarre- 
te, que venía á reunirse á Morelos con su fuerza, á quien los insur- 
gentes tomaron por realistas que los flanqueaban, rompieron el fuego 
sobre ellos trabándose un encarnizado combate entre los mismos in- 
surgentes 3' produciéndose un espantoso desorden que aprovechó Itur- 

Ax.\LES. T. IV.— 4-2. 



340 

bidé, apoderándose de algnnas banderas y cuatro cañones, con los C|ue 
regresó á Valladolid á las ocho de la noche; mientras que los insur- 
gentes, cuatro horas después, todavía seguííin batiéndose en retirada 
unos con otros. 

Los españoles no se dieron cuenta de su triunfo sino hasta el día si- 
gxiiente, en que Llano salió con todas sus fuerzas á atacar el campa- 
mento de Alorelos, en el que sólo encontró al Padre Gómez, que estaba 
herido de gravedad, y lo hizo conducir á Valladolid, donde lo mandó 
fusilar. 

Morelos, en su retirada, se detuvo en la hacienda Cupio y de allí se 
dirigió á la hacienda de Pviruarán, en donde se le reunió D. Ramón Ra- 
yón con setecientos hombres, con los que reunió unos tres mil hombres 
con veintitrés cañones, 3- sabiendo que Llano había salido de Vallado- 
lid á perseguirlo, dispuso fortificarse allí para esperarlo. Alatamoros, 
RaA'ón y todos los jefes que lo acompañaban se opusieron á esa deter- 
minación, tanto porque en el estado de desmoralización en que se en- 
contraba la tropa era una temeridad esperar al enemigo, como porque 
Puruarán no era un punto á propósito para la defensa; pero Morelos 
insistió en llevar adelante su decerminación, mandó que se hicieran al- 
gunas obras de defensa y dispuso que Matamoros tomara el mando de 
las fuerzas, y él con su escolta se retiró á la hacienda de Santa Lucía, 
distante dos leguas de Puruarán. 

Luego que Morelos salió para Santa Lucía, Rayón trató de con- 
vencer á ^Matamaros que no cometiera la temeridad de esperar á Lla- 
no en aquel kigar, donde la derrota era segura, pues todo estaba en 
contra de ellos; aun las mismas cercas de piedra de la hacienda, las que 
tan luego como el enemigo pusiera en juego su artillería, converti- 
ría las piedras en proyectiles, en vez de servirles de resguardo; pero 
Matamoros, aunque estaba convencido de que la resistencia allí era 
imposible v que la derrota era segura, dijo que tenía que obedecer las 
órdenes de Morelos, porque la disciplina estaba sobre todo, 3' dando 
las órdenes que consideró más oportunas, esperó tranquilamente al 
enemigo, que bien sabía que lo iba á aniquilar. 

Llano salió de Valladolid con su división, en persecución de More- 
los, el 30 de Diciembre, 3' no obstante su empeño en darle alcance, has- 
ta el 3 de Enero logró saber que Morelos se estaba fortificando en Pu- 
ruarán (22 leguas al S. O. de Valladolid), 3- allá se dirigió á atacarlo; 
el día 4 en la tarde acampó á dos leguas de distancia de aquella hacien- 
da, en d onde supo por sus espías que efectivamente lo esperaban los insur- 
gentes, quienes habían puesto unas emboscadas en unas barrancas que 
están á la izquierda del camino. El día 5 dispuso Llano que el sargen- 
to mayor D. Domingo Claverino, con un batallón de 3- su cuerpo, el regi- 
miento de Nueva España, pasara las barrancas para sorprender las 
emboscadas, mientras él con todas sus fuerzas se aproximaba al enemi- 
go, y al llegar á Puruarán desde una altura observó con el anteojo el 



341 

campo enemigo, y determinó ocupar una altura desde donde el alcance 
del cañón dominaba el campo de los insurgentes; mandó colocar allí 
un obús y dos cañones de á cuatro, al mando del Teniente Coronel de 
artillería D. Nicolás Pinzón, y en el acto en que la artillería romjjió el 
fuego, se vio á los insurgentes ocupar sus puestos en las fortiñcaciones 
3' en la línea de defensa, cubiertos por la cerca de piedra suelta de la ha- 
cienda; pero no iludiendo ai'in Llano, darse cuenta del número del ene- 
migo, dispuso que el Teniente Coronel graduado D. Francisco Orran- 
tia fuera á hacer un reconocimiento, llevando á sus órdenes el batallón 
segundo de la Corona, el batallón Fijo de México, doscientos caballos y 
un cañón. Este movimiento tenía el doble objeto de hacer que el ene- 
migo descubriera todas sus fuerzas, y si se presentaba un momento fa- 
vorable, se atacase la línea fortificada del enemigo, y al efecto, mandó 
ásu A^'udante de campo, Cajsitán D. Alejandro Arana, que reconociera 
bien la línea para el ataque que pensaba hacer en la noche, i 

La ajjroximación de las fuerzas de Orrantia no intimidó á los insur- 
gentes, (¡ue se mantuvieron serenos en sus puestos, esperando el mo- 
mento oportuno de romper el fuego, lo que verificaron con denuedo, 
tan pronto como los españoles estuvieron á su alcance; pero éstos ata- 
caron simultáneamente por todos lados, emprendiendo el asalto mien- 
tras que las balas de su artillería hacían volar en mil fragmentos las 
piedras sueltas de las cercas, las que producían el desastroso efecto de 
la metralla en los insurgentes, sembrando en sus filas la muerte y el es- 
panto, lo que facilitó que los deOrantia tomaran por asalto las fortifi- 
caciones que los insurgentes abandonaban al huir en desorden para pa- 
sar el río por un estrecho puente que tenía. 

Matamoros, vestido de paisano con chaqueta de indianilla y mon- 
tando un caballo tordillo, después de haber arengado á su tropa y de 
haber formado su línea de defensa y dado sus órdenes á los jefes de los 
cuerpos, se situó debajo de uno de los arcos del acueducto que conduce 
el agua á la hacienda, desde donde tenía á la vista todo su campo y 
podía dirigir la acción; pero repentinamente vio que los españoles esta- 
ban dentro de las cercas y parapetos, C[ue svis soldados corrían en des- 
orden á ganar el puente para escaparse, y entonces, viéndose solo, se 
determinó á huir; pero, como no conocía el terreno, en vez de tomar el 
camino del puente bajó al lecho del río, en donde perdió algún tiempo 
buscando el puente ó vado para pasarlo, 3' cuando logró llegar al puen- 
te vio que en el camino adelante, había caballería española, 3- entonces 
regresó, se apeó de su caballo y se metió á un jacal de los peones de la 
hacienda, en donde se ocultó tras un petate con ánimo de entregarse 
cuando hubiera pasado la efervescencia y estuviesen más calmados los 
ánimos, para que no lo mataran, «pues aunque tenía la convicción de 

1 Tomo toda esta relación del parte original de Llano, que se encuentra en el Archivo 
General.— T. 18, fol. 2.— Operaciones de Guerra.— Llano, Ciríaco, Brigadier. 



342 

(¡ue no le habían de perdonar la vida, no quería que lo mataran allí 
de improviso, sino morir como cristiano ;i» l pero después de un rato de 
estar allí escondido, vio que entraron unos soldados y se entregó á 
ellos, diciéndoles que no lo mataran por amor de Dios, que eni sacer- 
dote, y les enseñó la corona entregándoles su espada envainada; los 
soldados lo llevaron al puente 3- allí se lo entregaron al Comandante 
D. Pío M' Ruiz, quien lo entregó para su custodia al Teniente D. José 
Guiral, y éste lo llevó, en la noche, á un cuarto de la hacienda, en don- 
de estuvo preso hasta que se lo llevaron para Valladolid. 

Todo lo relativo á la prisión de Matamoros, que difiere completa- 
mente de lo que dicen Alamán y demás íiutores que hablan de este asun- 
to, lo he tomado de lo que el mismo Matamoros refirió á los Capita- 
nes D. Vicente Filisola, D. Alejandro Arana, D. Bernardo del Camino 3- 
al Teniente D. José Guiral, en conversaciones que tuvo con ellos en su 
prisión. A' éstos lo relatan en el informe que dieron á Llano, cuyos ofi- 
cios existen originales en el Archivo General de la Nación, 3' constitu- 
3^en el expediente que se formó con motivo del informe que pidió á Lla- 
no el Virre3- Calleja, sobre si era cierto que el dragón José Eusebio Ro- 
dríguez había sido el aprehensor de Matamoros, como lo aseguraba 
Iturbide en su oficio de 1° de Ma3'o, dirigido al Yirre3- desde la Villa de 
San Felipe, en el ciue pedía una recompensa para Rodríguez, por su he- 
roica acción de haber aprehendido á Alatamoros. Ese expediente, en- 
cabezado con el informe de Llano, demuestra plenamente que ni Rodrí- 
guez ni ningún otro aprehendió á Alatamoros, sino que él mismo se en- 
tregó. Por ser desconocido hasta ho3-, lo publico en el Apéndice. 

Esa misma relación, hecha por boca de Matamoros, desmiente lo que 
cuenta Bustamante respecto á la manera como se verificó su aprehen- 
sión, pues este autor la refiere así: «Pasaron de seiscientos los muertos 
«3^ de setecientos los prisioneros, entre los que lo fué igualmente el Gene- 
eral Matamoros que se halló sin caballo, pues se lo tomó su herma- 
«no D. Nicolás 3- lo dejó en la pelazga. En vano quiso huir en uno ma- 
ído de un dragón 3- pasar el río, pues no pudo superar los obstáculos 
«que se le presentaron, estando el puente completamente embarazado 
«con tercios 3' cargas que hacían casi imposible su tránsito; entróse en 
«una casilla inmediata, 3- uno de sus oficiales lo denunció, entregándolo 
«traidoramente; según he podido averiguar, también fiíé pasad o por las 
«armas al siguiente día en premio de su bajeza. Su aprehensor fué el sol- 
idado de Frontera, Eusebio Rodríguez.» 

No es cierto cjue su hermano Nicolás se llevara su caballo 3- lo dejara 
en la pelazga, pues de ser eso cierto, así lo habría dicho Matamoros, pe- 
ro lejos de esto, dice que estuvo montado á caballo durante la acción, 
bajo uno de los arcos del acueducto, 3- cjue cuando vio que 3'a el enemi- 
go estaba dentro de las cercas de piedra 3- que la caballería insurgente 

1 Palabras del mismo Matamoros: véase en el Apéndice el informe del Capitán D. 
Vicente Filisola. 



343 

huía á escape por el jiuente, cjuiso él escapar, ])ero cuando llegó al puen- 
te, vio cjue los dragones de Orrantia ya estaban delante en el camino y 
entonces se volvió, se apeó r/e su caballo tordillo y se metió en un jacal 
de los peones. 

No es tampoco cierto que el puente estuviese embarazado con tercios 
y carga, pues de haber sido así, no habrían podido pasar por allí, á es- 
cape, todo el grueso déla caballería insurgente ni la caballería de Orran- 
tia é Iturbide, que iban en su persecución. 

Tampoco es cierto que haya habido ningún oficial delator, puesto 
que Matamoros se entregó él mismo á un granadero de la Corona y á 
un soldado del Fijo de Aléxico, 3' de aquí que tampoco sea exacto que 
Rodríguez hubiese sido su aprehensor, y si bien es cierto que el Virrey 
Calleja premió á Rodríguez con doscientos pesos por la supuesta apre- 
hensión de Mat;imoros,estofuédebido á la ligereza con que obró Calle- 
ja dejándose sorprender por el oficio que le dirigió Iturbide desde San 
Felipe, y tan esto fué así, qixe Calleja, avergonzado de su ligereza y que- 
riendo evitar que el público se diese cuenta de ella, mandó archivar el 
informe de Llano y no lo mandó publicar en la Gaceta, no obstante de 
que Llano le pidió en su mismo informe que así lo hiciera, el cual está 
fechado en Acámbaro el 24 de Julio de 1814, en el que se expresa así: 
vEn la Gaceta de esa Capital, de 30 de Junio, he visto impreso lo conte- 
«nido en el superior oficio de V. B. de 19 de Junio sobre este asunto, y 
vpara que el público no viva engañado en creer que el dragón hizo una 
vacción heroica, espero de la equidad de V. E. estampará en la misma 
«Gaceta este mi oficio y los que originales acompaño con los números 
al, 2, 3 y 4. 

Y el hecho mismo de no haber mandado Calleja que se publicara el 
informe de Llano, para no ponerse en ridículo, es lo que ha dado lugar 
á los errores en que han incurrido todos los autores al referirla mane- 
ra como fué capturado Matamoros. 

Los insurgentes dejaron en el campo de Puruarán más de seiscien- 
tos muertos, entre los que se encontraban varios jefes y oficiales y tres 
sacerdotes de quienes sólo pudo reconocerse al Br. D. Matías Zavala, 
á quien Alamán llama Juan; pero fué el mismo vicario de Matamo- 
ros que lo había acompañado desde Jantetelco. También dejaron sete- 
cientos prisioneros, entre los que se encontraban varios frailes de diver- 
sas órdenes religiosas y diez y ocho jefes entre coroneles, tenientes co- 
roneles y otros de menor graduación, y todos ellos fueron fusilados en 
el acto, reservándose solamente á Matamoros para llevarlo á Vallado- 
lid como trofeo de guerra y hacer más ostentosa su ejecución; recogie- 
ron también los realistas, como botín de guerra, 23 cañones y 300 car- 
gas de toda clase de municiones, l 

1 Parte de Llano, fechado en Puruarán á las 10 de la noche del 7 de Enero de 1814, 
cuyo original existe en el Archivo General de la Nación. — Operaciones de Guerra. — Lla- 
no, Ciríaco. — Tomo 18, fol. 2 fte. 



344 

Llano nombró Juez instructor de la causa de Matamoros á su Ayu- 
dante el Capitán D. Alejandro Arana, cjuien en la misma noche del día 
5, le tomó su primera declaración en una pieza de la hacienda, que le ser- 
vía de prisión. 

Los días 6 A' 7 se ocupó Llano en levantar el campo 3- arreglar lo ne- 
cesario para la conducción de la artillería 3' municiones quitadas á Ma- 
tamoros, pero no habiendo podido consegruir las muías suficientes, man- 
dó destruir gran parte de ellas. 

Calculando Llano que lo penoso del camino j lo escabroso de la 
cuesta que tenía que subir para salir de Puruarán eran un tropiezo pa- 
ra la marcha del ejército, á fin de facilitar ésta dispuso cjue el día 7 á 
las tres de la tarde saliera la tercera sección con toda la artillería hasta 
el rancho de los Sauces, que sólo dista media luega de Puruarán, y no 
obstante de ser tan corta la distancia y de cjue los prisioneros ayuda- 
ban á las muías á subir la artillería, con mil trabajos pudieron llegará 
los Sauces á las diez de la noche. 

El día 8 salió todo el ejército, llevando á Matamoros en una muía 
aparejada y bien asegurado con esposas 3^ grillos, 3' pernoctaron esa 
noche en los ranchos de los Hacheros; el 9, en otro rancho de los mis- 
mos; el 10, en el rancho de Zatñó; el 11, en el pueblode Santa Clara y el 
12, llegaron á Pátzcuaro, en donde se detuvo Llanodosdíasporelfiíer- 
te temporal de aguas que se había desatado, 3- durante esos dos días, 
aprovechando los ratos en que dejaba de llover, mandó exponer á 
Matamoros á la expectación piiblica en la plaza principal de la pobla- 
ción, 3' el día 15, salió de Pátzcuaro 3- llegó á Valladolid. 1 

En Vallad olid, como en Pátzcuaro, filé expuesto Matamoros á la 
expectación pública en la plaza principal de la ciudad y se le destinó 
por prisión la Cárcel Correccional clerical, cu3-o edificio existe hasta 
hoy en el mismo estado y está destinado á colegio católico. Esta cár- 
cel eclesiástica la mandó construir, anexa al Obispado, el señor Obispo 
Elizacoechea, á mediados del siglo XYIIL 

Tan luego como llegaron á Valladolid, continuó el Capitán Arana 
el simulacro de proceso cjue estaba encargado de fi>rmará Matamoros, 
y con tal actividad anduvo, que el 16 lo terminó 3- el 17 dirigió Llano 
al Obispo electo Abad 3^ Queipo, el siguiente oficio: 
«Illmo. Sor.» 

«En el ataque dado en 5 de Enero á las Fuerzas de los rebeldes en 
«la Hacienda de Puruarán, fortificada por ellos, fiíé hecho prisionero el 
«Lie. Mariano Matamoros, Ciira encargado q.e fué de Xantetelco, 
«Tente. Gral. de los rebeldes \' segundo del iniquoM órelos. Sostuvoman- 



1 El itinerario que siguió Llano de Puruarán á Valladolid, llevando prisionero á Ma- 
tamoros, lo he tomado de su parte que rindió al Virrey, fechado en Valladolid el 21 de 
Enero de 1814. — Archivo General.— Operaciones de Guerra. — Llano, Ciríaco. — Tomo 18, 
fol. 22 V siguientes. 



345 

«dando en xefe, los puestos de dicha Hacienda, hasta q.e nuestras va- 
«Uentes tropas la tomaron por asalto.» 

«La notoriedad de q.e este rebelde ha sido el principal cabecilla, 3' los 
«daños incalculables q.e ha causado ala Nación Española, lo sabe V. S. I. 
«lo mismo q.e 3-0; debiendo sufrir la pena de muerte, p.a escarmiento del 
«Público, he determinado dar á Y. S. I. este aviso p.a las medidas q.e 
«V. S. I. tenga á bien tomar por lo respectivo á las Censuras, y demás 
«trámites de su Jurisdicion.» 

« Vallad olid, Enero 17 de 1814.» 

«Ciríaco de Llano,» rtibrica. l 

Y el obispo de Michoacán, en vista del anterior oficio de Llano, en su 
decreto de 18 de Enero, que en seguida copiamos, decretó la 



Degradación de Matamoros. 

«Valladolid, Enero 18 de 1814.» 
«Yisto el oficio q.e antecede del Sr. Brigadier D. Ciriaco de Llano, Co- 
«mandante General del Exercito del Norte: siendo público y notorio 
«cuanto en dicho Oficio se expone, esto es, q.e el Lie. Alariano Alatamo- 
«ros. Cura encargado q.e fiíé de Xantetelco del Arzobispado de México, 
«filé preso en el ataque de Puruarán el día cinco del corriente, siendo el Xefe 
«como Tente. Gral. de los rebeldes, y segundo de Morelos: q.e no sóloes 
«reo deApostasia, de lesaMagestad \' alta traición, sino q.e por la opi- 
«nion q.e habia adquirido con los infamadores q.e siguen y protejen la 
«insurrección, habia venido á ser su principal apo\-o, y ha sido en efecto 
«la causa eficiente 3^ moral de una serie de males incalculables q.e hanafli- 
«gido al Reyno:q.e por consiguiente se halla innodado con las Censuras 
«eccas. fulminadas por los sagrados Cánones contra este género de per- 
« turbad ores públicos, publicadas pornuestros Edictos, 3- por los Edictos 
«de los otros Ihistrísimos Señores Diocesanos, 3- en los del Santo Oficio de 
«la Inquisición, expedido últimamente, los quales violó, delinquiendo en 
«los mismos territorios con tanto escándalo 3^ desprecio de la Iglesia. Por 
«tanto declaramos q.e dicho Lie. Mariano Alatamoros, perdió por sus 
«crímenes notorios el privilegio del Fuero y el privilegio del Canon, v 
«lo declaramos lisa y llanamente entregado ala Potestad militar, q.e lo 
«aprehendió 3' conoce de su causa: y q.e no puede ser absuelto de otras 
«Censuras eccas. sin q.e antes satisfaga á la Iglesia por medio de una 
«desaprovación pública de los escándalos con q.e le ha ofendido, 3' abju- 
«re los errores de Impiedad y Heregía en q.e parece ha incurrido, en el 
«hecho de sostener en sus escritos, 3' con la espada, q.e la actual reve- 
«lion de la Nueva España es justa 3' legítima, siendo notoriamente 
«lo contrario, 3' reprobada por el Derecho natural, por el Derecho di- 

1 Causa original de Matamoros, fol. 1, fte. 



346 

«vino, por el Derecho de gentes y por el Derecho público de todas las so- 
(iciedades humanas; ó se compurgue de la veemente sospecha q.e contra 
«él resulta en esta razón, v por su ensordescencia en las Censuras: y sa- 
«tisfaga los daños causados á la Sociedad en el modo posible, esto es, 
«absolviendo con verdad, y buena fe todas las questiones, q.e legitima- 
«mente le hiciere el Tribunal militar q.e conoce de su causa, y q.e pue- 
«dan conducir á la pacificación general y á detener el fuego de la insu- 
«rreccion q.e todo lo devora y destruye. Y para q.e pueda meditar, y 
«comprender la necesidad en q.e se halla de hacer estas re])araciones, 
«suplicamos al Sor. General, q.e luego q.e el Sor. Provisor (áquienseco- 
«mete) notifique al reo este Decreto, se sirx'-a S. Sría. mandar, q.e no se 
«le perturbe con ninguna diligencia judicial ni esta tarde, ni mañana, 
«ni pasado mañana, esto es, miércoles y jueves: previniendo al Oficial 
«de Guardia, dexe entrar á dicho Sr. Provisor, y al confesor q.e ha ele- 
agido todas las veces q.e el reolopidiere, á fin de q.e le faciliten losauxi- 
«lios convenientes, en el concepto de q.e el viernes á las ocho de la ma- 
«ñana el mismo Sr. Provisor pasará á poner en diligencia judicial lo 
«q.e resultare de estas medidas, 3- sedará quenta con testimonio al mis- 
«mo Sor. General, para los procedimientos ulteriores. Acompáñesele 
«ahora testimonio de este Decreto en contestación de su citado oficio. 
«El Illmo. Sor. Dr. Dn. AlanuelAbad y Oueipo, Canónigo Penit." de es- 
ata Santa Iglesia, Obispo Electo, y Gobernador de esteObispado, asilo 
«decretó y firmó.» 

«Ahacl, Obpo. Electo. Rubrica.» 
«•Santiago Camina, Serio. Rubrica.» 

El mismo día líS le fiíé notificado á Matamoros el anterior decreto, 
3" desde ese momento debe haber comenzado una lucha terrible entre el 
Provisor, á quien ha de haber a^-udado mu^' eficazmente el confesor de 
Matamoros; el jDrimero, tratando de convencerlo de Cjue para librarse 
de las penas del infierno debía de cumplir con lo mandado por el Prela- 
do, esto es, que para absolverlo de las censuras en que había incurrido 
y que pudiera recibir los sacramentos, era condición precisa que satis- 
faciese á la Iglesia <ipor medio de una desaprobación pública de los es- 
cándalos con que la ba ofendido, )> y durante esos tres días de lucha no 
se pudo conseguir otra cosa, sino fué el que firmara una declaración re- 
dactada por el mismo Provisor, quien para no hacerla sospechosa, in- 
trodujo en ella algunos hechos que Matamoros le había referido en sus 
conversaciones, y algunos pequeños párrafos qtie redactó el mismo 
Matamoros y en los que se reconoce perfectamente su estilo, muA- seme- 
jante al que se ve en su carta al Obispo deTabasco 3- en su proclama de 
Tonalá, 3- el cual contrasta notablemente con el estilo en que está escri- 
to el resto de la declaración que se le obligó á firmar, amedrentándolo 
con no absolverlo de las censuras, para que pudiese recibir los sacra- 
mentos que él anhelalja tan vivamente para salvar su aliña de las pe- 



347 

ñas del infierno. Así nos lo (Icniuestra niu\- claramente este ])árrafo de 
su declaración, redactado ¡jor Matamoros, el cuíd dice así: nY concluye 
«.pidiendo al Illnio. Sor. Obispo Electo, Gobernador de esta Diócesis, 
vq.e si S. S. I. discurre algún otro medio de reparar estos daños y sa- 
«tisíacer á la Iglesia nuestra Madre, á sus Prelados y al Gobierno ofen- 
vididos, se sirva sugerírselo, para ponerlo prontamente en execucion, 
^.suplicándole así mismo, y con el mayor rendimiento, mande absolver- 
ido de todas las censuras con q.e se halla ligado, para tener el consuelo 
«de recibir los Santos Sacramentos, y fortalecer con ellos su alma para 
«e/ último trancen 

Cubierto con la capa de la humildad y el arrepentimiento, no se 
ve otra cosa en la primera parte del párrafo que acabamos de copiar, 
que un amargo despecho, cuando le dice al Obispo que si no queda con- 
forme con que firme aquella inicua declaración, discurra cuanto más 
quiera j'se lo sugiera para ejecutarlo; pero que lo absuelva délas censu- 
ras para recibir los sacramentos, y en el fondo se trasluce ima velada 
protesta contra aquel acto indecoroso que se le obliga á ejecutar, á la 
vez que una explicación á la posteridad de los motivos que lo obligaron 
á firmar aquella declaración que está en abierta pugTia con lo asentado 
por él diez meses antes en la carta que escribió en Tonalá al Obispo de 
Tabasco; pero no obstante su oferta de hacer cuanto le ordenara el 
obispo para desagraviar á la Iglesia y al Gobierno, no consintió en ha- 
cer la manifestación pública que se le exigía, condenando como errores 
los principios Scigradüs de libertad é independencia de su patria, por los 
que iba á derramar su sangre en un cadalso, \- esto se encarga de con- 
firmarlo el mismo Obispo Abad y Queipo en su auto de 21 de Enero de 
ISl-i, en el cjue se expresa así: «Visto este Expediente, saqúese testimo- 
«nio del Decreto y diligencia q.e precede, en q.c se acredite q.e el reo Ma- 
lí tamoros ha cumplido ex parte con el tenor de Nuestro Decreto de diez 
«3- ocho del corriente, y parece dispuesto á darle cumplimiento en el 
fUodo.» 

Y en ese mismo decreto, del que se le mandó una copia á Llano, se le 
suplica conceda á Matamoros los ocho días francos que solicita para 
disponer su alma, á lo que contestó Llano, que «en vista de las críticas 
circunstancias del día, no podía darle más que el tiempo necesario de 
tres días para la disposición de su alma, puesto que tenía adelantado 
el tener confesor á su satisfacción desde ocho días antes.» 

En vista de ese oficio de Llano, el Obispo Abad y Queipo decretó el 
siguiente proveído: 

« Vallad olid, Enero 27 de 1814.» 

«Agregúese al expediente del asunto, y pase al Señor Provisor para 

«q.e proceda á la absolución del reo Mariano Matamoros por anteNo- 

«tario.y con arreglo al Ritual Romano, omitiendo solamente la percu- 

«sion con vara; lo que pondrá por diligencia. El Illmo. Sr. Dr. Dn. Ma- 

AxALEs. T. IV.— 4.3. 



348 

«nuel Abad y Queipo, Obispo Electo 3' Gobernó. r de esta Diócesis asi lo 
«decretó y firmó.» 

vAbad, Obispo Electo.)) Rubrica. 
«Santiag'o Camina, Serio.» Rubrica. 

Y en cumplimiento del auto que precede, al siguiente día procedió el 
Provisor á la absolución de Matamoros, según lo testifica el certifica- 
do del notario que dio fe del acto, el cual dice textualmente. 

«El infrascripto Notario majnir, y Público certifico en cuanto pue- 
«do, debo y el derecho me permite q.e hoy día de la fecha á las diez de 
«la mañana pasó el Sor. Licenciado D. Francisco de la Concha Casta- 
«ñeda. Provisor y Vicario general de este Obispado, á la Cárcel episco- 
«pal de esta Ciudad donde se halla preso Mariano Matamoros, y ha- 
«biéndose revestido de Sobrepelliz, bonete y estola morada, nos introduxo 
«el Oficial de guardia á la bartolina del citado reo, y puesto este de ro- 
«dillas ante el expresado Sr. Provisor, recibió la absolución de las Cen- 
«suras en q.e ha incurrido por sus delitos públicos, conforme á lo pre- 
« venid o en el Ritual Romano, esepto la percusión con vara, excluida en 
«el superior decreto de su comisión, y p.¡^ q.e conste donde convenga, 
«en virtud de lo mandado, siento la presente en esta Ciudad de Valla- 
«dolid á veinte y ocho de Enero de mil ochocientos catorce.» 

«En testimonio de Verdad.» 

viRamon Franco de Aguilar.)) Rubrica. 

«Nt.o Mao.r y Publico.» 

No obstante de que, según la determinación de Llano, solóse le con- 
cederían á Alatamoros tres días para disponer sti alma, se dejaron 
transcurrir seis días, después de haberlo absuelto de las censuras, para 
haberlo ftisilado, lo que sólo se explica por la contumacia de Alatamo- 
ros en negarse á dar la pública condenación de sus errores, que con 
tanto empeño se le exigía, y sólo cuando llegaron á convencerse de que 
les era imposible domar aquella inquebrantable voluntad de hierro, 
fué cuando procedieron á ejecutarlo, sin haber logrado al fin el que el 
denodado caudillo insvirgente condenara públicamente como errores 
aquellos mismos principios que había defendido como justos y legíti- 
mos, según lo asentó bajo su firma, en su carta al Obispo de Tabasco y 
en su proclama que expidió en Tonalá; pues es un hecho incuestionable 
que tanto el oficio que dizque subscripto por Matamoros media hora 
antes de morir, segtin dice Llano en su oficio de 3 de Febrero de 1814, 
con el que remite ese documento y el manifiesto, dizque de Matamoros, 
son apócrifos, pues ni en el oficio ni en el manifiesto se ve el estilo que 
Matamoros usaba en sus escritos. En Morelia me contó un anciano ca- 
racterizado, que él supo por su padre que el famoso manifiesto atribuí- 
do á Matamoros, y publicado en el núm. 516 de la Gaceta de 12 de Fe- 
brero de 1814, fué confabulado por Llano y el Obispo Abad y Queipo, 



349 

que fué quien lo escribió, y en efecto, si comparamos cuidadosamente 
ese documento con los escritos del obispo electo de Valladolid, encon- 
tramos una notoria semejanza en el estilo, lo que me induce á conside- 
rar como verídica esa versión, tanto más cuanto cjue ella está de acuer- 
do con el juicio que todos los autores han emitido respecto á ese docu- 
mento, pues ni el mismo Alamán, tan dispuesto siempre á creer todo 
cuanto fuere degradante para los insurgentes, pudo tragar semejante 
pildora, como lo demuestra muy claramente en una nota, en la página 
17 del tomo IV de su Historia de México, en la que se expresa así, refi- 
riéndose al apócrifo manifiesto tle Matamoros: 

«Llano, en el oficio de 3 de Febrero, día de la ejecución, con que re- 
«mitió al virrey el manifiesto de Matamoros, publicado en la Gaceta de 
«12 del mismo mes, número 516; con todo lo demás relativo, dice que lo 
«manda original, loque no habría hecho si fuese supuesto;l sin embargo, 
«habiéndolo buscado en el Archivo general no se ha encontrado. 2 Por el 
«estilo pedante de este documento, parece cosa que escribió algún otro 
«V ñnnó Matamoros, porque no escribe así quien va á morir dentro de 
«media hora. Véanse, por el contrario, en el apéndice del tomo 2°, do- 
«cumentos núm.s 1-i 3- 15, las manifestaciones de Hidalgo 3- deD. Juan 
«Aldama, que tienen, por el contrario, todo el carácter de origina- 
(des 3' propias de las circunstancias.» 

Es probable t[ue si Llano no hubiera recibido la orden apremiante 
del Virrev para que fusilara inmediatamente á Matamoros, habría dila- 
tado otros días más su ejecución, con el fin de hacerlo que escribiera ó 
al menos firmara acjuel anhelado manifiesto, que tan útil creía para 
minar y extinguir la revolución; pero en vista de la orden terminante 
del Virre3', tuvo c^ue proceder á fusilar á Matamoros 3' conformarse con 
publicar, para los fines que se proponía, un manifiesto apócrifo, á falta 
del original, que no pudo obtener. 

De la orden del Virrey, á que me refiero, existe la minuta en el Ar- 
chivo General, 3 3' dice así: 

«Teniendo noticia p.r el Com.te militar de Valladolid, Tente. Coel. 
«D. Domingo Landúzuri q.e en una de las acciones q.e el Exercito al 
«mando de V. S. sostuvo contra los rebeldes en esa Provincia aprehen- 
«dió al Sacriligo clerico Matamoros y otros cabecillas, prevengo á V. 
«S. q.e disponiendo se forme á dichos rebeldes una brebe sumaria de 
«sus horribles crímenes los haga ¡jasar por las armas en cualquiera nri- 
«mero q.e sean sin inas dilación q.e la necesaria p.a q.e se dispongan 

1 ¿Y por qué no, si el Virrey y todos ellos tenían interés en el asunto? 

2 Yo también lo busqué, y no existe ni en el Archivo ni agregado á la causa de Ma- 
tamoros, en donde, de haber sido auténtico, podía haberse mandado agregar para memo- 
ria; pero como no lo fué, se hizo necesario destruir el original para que no se descubriera 
el fraude, y esto prueba que ni siquiera tenía la firma de Matamoros, como supone 
Alamán. 

3 Operaciones de Guerra. — Llano, Ciriaco. — Tomo 18, fol. 21. 



350 

«cristianamente, y p.r niiigíin caso remita V. S. á esta Capital nin- 
«guno de esos individuos, pues si conviniere ampliar la Sumaria ó 
«formar por separado una información sobre los planes v proyectos 
«de los facciosos, y sobre la relación y comunicaciones q.e tengan con 
«individuos de esta Capital ú otros lugares del Reyno, todo debe eba- 
«cuarse en ese Exercito, procurando V. S. q.e se reserve cuidadosamen- 
«te lo q.e exigiere secreto, \- dándome cuenta oportunamente con sus 
«resultas.» 

«D.— México. Enero 20 de 1814-.» 
«S. D. Ciríaco de Llano.» 

El día 24' de Enero fué admitido Matamoros como hermano de la 
cofradía de Ntra. Sra. de la Consolación, según consta del asiento que 
existeenla página20del «Libro en q.e se asientan los Coírades deNtra. 
»Sra.de la Consolación ó del Cinto de Sn. Ag-ustin de Valladolid,» exis- 
tente en el archivo del extinguido convento de San Agustín de Morelia, 
cuyo asiento dice: «En 24 de Enero de 1814 asenté por herni.o á D." 
uMariano Xlatanioros, clérigo reo q.e está en la cárcel de Palacio i y le 
nenihié el cinto. « 

Es probable que también se haya inscripto Matamoros como herma- 
no del tercer orden de San Francisco, puesto que esa hermandad fué la 
que recogió y dio sepultura en su capilla á su cadáver, y mientras se 
verificaba su ejecución, se celebraban en el mismo templo unas honras 
fúnebres por el alma del caudillo insurgente; pero esto no lo pude com- 
probar por el hecho de haberse perdido el archivo antiguo de los fran- 
ciscanos, como lo dejo ya referido en el Preámbulo. 



MUERTE DE .M.\TAMOROS. -^ 

El martes 1" de Febrero de 1814, fué puesto en capilla Matamoros 
y fué fusilado el jueves 3 del mismo mes. 

En la mañana de ese día la caballería realista cubrió las entradas 
de la ciudad, colocando retenes en las garitas, 3' avanzadas en los cami- 
nos, en previsión de que los insurgentes quisieran hacer alguna inten- 
tona para salvar á Matamoros, á la vez que la infantería formaba el 
cuadro en la plaza principal, donde debía verificarse la ejecución, y la 
artillería cubría las bocacalles que daban acceso á la plaza, colocando 
en cada una de ellas un ctiñón cargado con metralla y los artilleros 
con la mecha encendida, listos para hacer fuego á la primera manifesta- 



1 Palacio episcopal. 

2 Los datos relativos á la muerte de Matamoros, los tomé de la relación del Tenien- 
te D. Manuel Montano, que fué testigo presencial. 



AnAI.KS.— TclMcl IV. 



LÁiM. +0. 




Miirclin, — Cñrccl cleri<1al en donde esUivn ]ires<> Matanionis. 



Analics. T. IV. 



I.ÁM. +S. 




^[orelia, Portal del Santo Ecce-Homo, hov Portal de Matf 



351 

ción de sinij^atía qtie el pueblo hiciera á favor del reo. La tuerza que 
custodiaba la plaza, se componía de más de tres mil hombres, inclusa 
la artillería y una compañía de cien infantes que al mando del fiscal 
de la causa. Capitán D. Alejandro Arana, formó el cuadro para la eje- 
cución. 

Sirvió de patíbulo un tablado improvisado, de seis varas en cua- 
dro, que se levantó junto á una de las columnas del portal del Santo 
Ecce Homo i El cadalso estaba totalmente cubierto por paños negros 
y en el centro, pegado á la pilastra del portíd, estaba el pie de gallo 
que debía ocupar el reo para recibir la muerte. 

Poco antes de las diez de la mañana, las campanas de Catedral co- 
menzaron á tocar agonías, cuyo lúgubre toque fué secundado por las 
campanas de todas las iglesias de la ciudad, y como si esto hubiese sido 
una señal convenida, dieron principio, en esos mismos momentos, unas 
honras fúnebres en la iglesia del Tercer Orden de San Francisco, las que, 
según dice Alamán, 2 fueron costeadas por los afectos á la revolución; 
pero 3'0 creo que las celebraron los mismos terceros por el alma de su 
cofrade, que estaba próximo á morir, pues no es de creerse que los afec- 
tos á la revolución, anonadados, como han de haber estado, por los te- 
rribles golpes que ésta acababa de sufrir, hayan querido exponerse á 
sufrir el castigo que de fado se les habría im])uesto por haber manifes- 
tado tan públicamente su condolencia por un insurgente condenado al 
último suplicio. 

Al comenzar el toque de agonía, en las iglesias, el Capitán Arana, 
fiscal de la causa de Alatamoros, y el Teniente de la Corona, D. Anto- 
nio Esnaurrízar, al frente de una fuerte escolta, se dirigieron á la Cárcel 
Correccional para condvicir al reo al lugar del suplicio. 

Pocos momentos después de haber llegado á la prisión el Capitán 
Arana y el Teniente Esnaurrízar con su escolta, apareció Matamoros 
en la puerta, acompañado de su confesor el Br. D. Santos Villa 3' de 
otro sacerdote, y tan luego como pisó la calle, se quitó los zapatos y 
marchó descalzo al patíbulo; pero en lugar de que sus verdugos lo con- 
dujeran calle recta al lugar del cadalso, del que sólo dista la Cárcel Co- 
rreccional unas dos cuadras hacia el Sur, lo hicieron caminar rumbo al 
Este, por las calles de la Amargura y el Reloj, siguiendo por las del Es- 
tudiante y la Aduana, y doblando á la derecha, pasó por el frente del 
portal de la Nevería, 3 dejando á su izquierda el atrio de Catedral; pe- 
netró á la plaza y la atravesó para llegar al lugar del suplicio. 

Matamoros, desde que salió de la prisión, marchó con paso seguro 
y continente altivo, rezando en voz alta y serena el Miserere. En el tra- 
yecto de las calles de la Amargura y el Reloj, se reconcilió tres veces, 
para lo cual se arrimaba contra la pared con su confesor, y los solda- 

1 Hoy portal de Matamoros. 

2 Nota del Tomo IV, pág. 17. 

3 Hov Portal de Iturbide. 



352 

dos retiraban la gente. Al llegar al cadalso, subió con pie firme y fué á 
colocarse en el pie de gallo, sin dejar, ni por un momento, de recitar el 
Miserere. Cuando llegó al pie de gallo, le ordenaron que se arrodillara, 
pero se negó á ello con dignidad y permaneció de pie; lo ataron al ma- 
dero del respaldo del pie de gallo, con xm cordel, por debajo délas arcas, 
y le vendaron los ojos con un pañuelo; en seguida, á una señal del Te- 
niente Esnaurrízar, los soldados que formaban el pelotón encargado de 
la ejecución, hicieron la descarga fatal, pero con pésima puntería, pues 
Matamoros, aunque mal herido, quedó con vida, y con voz agonizante, 
pero fuerte y serena, siguió recitando el Miserere, mientras los soldados 
se disponían nuevamente para hacer una segunda descarga, la que aca- 
bó con su existencia á las once de la mañana del jueves 3 de Febrero 
de 1814. 

El cadáver quedó expuesto á la espectación pública en el mismo lu- 
gar del suplicio, hasta las tres de la tarde que lo recogieron los herma- 
nosdel Tercer Orden y lo llevaron á sepultar en su capilla, la queestaba 
contigua á la iglesia del convento de S. Francisco, la que todavía exis- 
te; pero de la capilla donde estuvo sepultado Alatamoros, no quedaron 
ni vestigios: hace muchos años que la derribaron sin motivo alguno, y 
no queda más memoria de ella que una vista que pintó al óleo mi muy 
querido amigo el Sr. Lie. D. Mariano de Jesús Torres, que es de la que 
tomé la fotografía que aquí publico. 

Los restos de Matamoros permanecieron sepultados en la capilla 
del Tercer Orden hasta Septiembre de 1823, que fueron trasladados ala 
Catedral de México, donde hoj- se encuentran. 

Cuando supo Morelos la prisión de Matamoros, propuso al VirrcA^, 
desde Coyuca, el canje de Matamoros por doscientos prisioneros del 
batallón de Asturias y otros cuerpos expedicionarios que tenía en sus 
prisiones; esa proposición la mandó con uno de los prisioneros europeos 
que tenía en su poder, á quien puso en libertad y lo hizo conducir has- 
ta Toluca; pero éste llegó á México hasta el 5 de Febrero, dos días des- 
pués de la muerte de Matamoros, y aunque el Virrey no tenía aún noti- 
cias de ese suceso, pues la comunicación de Llano, en que le noticiaba 
la ejecución de Matamoros, la recibió hasta el día 10 en la tarde, i na- 
da había resuelto en ese tiempo ni resolvió al fin sobre la proposición 
de Morelos. 

Morelos esperó en vano larespuestcidelVirrej-, y cuando supo el trá- 
gico fin de Matamoros, exclamó: ¡Me han cortado mi brazo izquierdo! 

1 Gaceta del 12 de Febrero de 1814-, Tomo V, pág. 169. 



353 



CONCLUSIÓN. 

Si 3'o me propusiera hacer aquí el elogió de Matamoros, seguramen- 
te que no faltaría quien lo tachara de parcial, por eso prefiero ceder la 
palabra á sus mismos enemigos, y ellos serán quienes se encarguen de 
esa tarea, sin despertar sospechas; oigámoslos: 

El Obispo electo de Michoacán, D. Manuel Abad 3' Qtieipo, bien co- 
nocido como uno de los más recalcitrantes realistas, en el informe c¿ue 
mandó á Ferntindo Vil, el cual está fechado en México el 20 de Juliode 
1S15, se expresa así: «Se perdió Onzava, se perdió Oaxaca, se destrosó 
«el invicto \^ glorioso batallón de Asturias l y los insurgentes se hicie- 
«ron de armas y recursos infinitos: MoRELOS y Matamoros vinieron 

«ÁSERELOIiJETO DE LA ADMIRACIÓN V DEL AMOR DEL PARTIDO INSURGEN- 

«TE oculto 3' manifiesto, el cual engrosó prodigiosamente desde aquella 
«fecha.» 

Y el mismo Prelado, en su decreto de 18 de Enero de 1814, por el que 
degradó á Matamoros de su fuero eclesiástico, dice; «Esto es, que el 
«Lie. o Mariano Matamoros Cura encargado q.e fue de xantetelco del 
«Arzobispado de México, fue preso en el ataque de Puruaran de cinco 
«del corriente siendo el xefe como Tent.e Gra.l de los rebeldes, y segun- 
«do de Morelos: qs no solo es reo de apostasia, de lesa Magestady al- 
afa traición, sino q.e por la opinión q.e bahia adquirido con los infa- 
«niadores que siguen y protejen la insurrección, había venido á ser su 
«PRINCIPAL APOYO, v ¿a sido en electo la causa enciente y moral de una 
«serie de males incalculables que han añigido al Rey no.» 

Y Alamán, que jamás desperdició la más insignificante oportunidad 
para incriminar á los insurgentes, refiriéndose á Matamoros se expre- 
sa en estos términos: ^ «Matamoros fué el auxiliar mas útil q.e Atóre- 
nlos tuvo, 3- el jefe mas activo 3' feliz cpie habia habido en la revolución: 
«ninguno de los que en ella tomaron parte ganó acciones tales como la 
«de Tonalá contra las fuerzas de Guatemala 3' la del Palmar en c^ue fue 
«derrotado 3- hecho prisionero el batallón de Asturias; en el sitio de 
«Cuantía, lo hemos visto salir á viva fuerza de aquel pueblo para pro- 

1 Ese cuerpo, con su coronel, jefes y oficiales, fué el que hizo prisionero Matamoros 
en la batalla del Palmar. 

2 Tomo IV, págs. 17 y 18. 



354 

«curar introducir viveres á él, 3- en la toma de Oaxaca tuvo una parte 
«muj' principal, habiendo sido constantes sus esfuerzos para organizar 
«tropas y establecer el orden y la disciplina militar entre los insurgen- 
(ítes, por todo lo cual Morelos lo crej'ó digno de rápidos ascensos, los 
«que sin embargo excitaron no poca rivalidad entre sus compañeros. 
«La pérdida de Matamoros fue por todos estos motivos muy sentida, 
«considerándola irreparable en el estado en que habia quedado larevo- 
«lucion después de tantos reveses.» 



Honores que se han tributado á la memoria de AIatamoros. 

El Soberano Congreso Constituyente, en el artículo 13 de su decre- 
to de 19 de Julio de 1823, declaró Benemérito de la Patria, en heroico 
grado, á Matamoros, lo mismo que á Hidalgo, Allende, D. Juan Alda- 
ma. Abasólo, Jiménez, Morelos, D. Leonardo \- D. Miguel Bravo, Galea- 
na, AIina,Moreno y Rosales, considerándolos como los más jjrominentes, 
ameritados é ilustres caudillos insurgentes, y es de notarse que de estos 
trece conspicuos mexicanos, Matamoros fué el único que nació en la 
ciudad de México, y su ciudad natal es la cine menos se ha preocupado 
de honrar su memoria, pues apenas haliautizado con su nombre una de 
las calles más insignificantes de un apartado barrio de la ciudad. 

El puerto del Refugio, en el Estado deTamaulijjas, lleva hov el nom- 
l)re de Matfimoros, y el mismo nombre llevan: una imjiortante pobla- 
ción del Estado de Coahuila;el portal del Santo Ecce Homo, en donde 
fué fusilado, en Morelia; Izúcar de Matamoros, en donde se revmió con 
Morelos; pero el Estado que más se ha distinguido en honrarla memo- 
ria de Míitamoros, ha sido el de Alorelos: allí .se le declaró hijo adopti- 
vo del Estado, 3- se ordenó por la Legislatura, que el 3 de Febrero, 
día de su muerte, se enarbole el pabellón nacional á media asta, en se- 
ñal de duelo; se declaró villa el pueblo de donde fué Cura, con el nombre 
de Jantetelco de Matamoros; se le mandó erigir en la misma población 
un monumento, 3- se declaró monumento jjúblico del Estado la pieza 
tiue sirvió de recámara á Matamoros, y en ella se formó un pequeño 
museo, con varios objetos que allí existían, ¡ícrtenecientes al caudillo 
insurgente. 



FL\. 



Anales — T. IV. 



LÁM. 52. 



í^^ítáL 





Morelia, Capilla del Tercer Orden, donde se sepultó el cadáver de Matamoros. 



^4- 



355 



EPILOGO. 



Los RESTOS DE MATAMOROS. 

Los restos de Matamoros, como los de los demás caudillos insur- 
gentes, lo mismo que sus gloriosos nombres, permanecieron olvidados 
hasta el 19 de Julio de 1823, en que el Soberano Congreso Constituí-en- 
te expidió su memorable decreto, cu\-os artículos conducentes dicen: 

«Art. 13. El Congreso declara Beneméritos de la Patria en Heroico 
«Grado, á los Señores Dn. Miguel Hidalgo, Dn. Ignacio Allende, Dn. 
«Juan Aldama, Dn. Mariano Abasólo, Dn. José María Morelos, D.\. AIa- 
«RiANO AIatamoros, Dn. Leonardo 3- Dn. Miguel Bravo, Dn. Hermene- 
(igildo Galeana, Dn. José Mariano Jiménez, Dn. Francisco Javier Mina, 
«Dn. Pedro Aloreno y Dn. Víctor Rosales: sus Padres, Mujeres é hijos}- 
«así mismo las hermanas de los Señores Allende, Morelos, Hidalgo 
«Y AIatamoros, gozarán de la pensión que les señale el Supremo Poder 
«Ejecutivo, conforme á los extraordinarios servicios C|ue prestaron, 
«guardándose el orden de preferencia que previene el artículo 10.» 

«Art. 14. Y respecto c[ue al honor mismo de la Patria reclama el 
«desagravio de las cenizas de los Héroes consagrados á su defensa, se 
«exhumarán las de los Beneméritos en Grado Heroico, que señala el ar- 
«tículo anterior, 3' se depositarán en una caja que se conducirá á esta 
«Cíipital, cu3'a llave se custodiará en el archivo del Congreso.» 

«Art. 15. El terreno donde estas víctimas fueron sacrificadas, se ce- 
«rrará con verjas, se adornará con árboles, 3- en su centro se levantará 
«una sencilla Pirámide, que recuerde á la posteridad el nombre de sus 
«primeros Libertadores.» 

«Art. 16. Los A3'untamientos respectivos cuidarán bajo la inspec- 
«ción de sus Diputaciones Provinciales del cumplimiento del artículo 
«anterior, pudiendo sacar sus gastos de sus fondos de propios 3' ar- 
«bitrios.» 

Tales son los artículos principales del decretodel9 de Julio de 1823, 
que previenen los honores que debían trÜDutarse á los caudillos insur- 
gentes, á quienes el mismo decreto declaró Beneméritos de la Patria en 
Grado Heroico. 

A.XALES. T. IV.— 14. 



356 

Dice Alanián l (jue délos nionumciitos mandados levantar en los lu- 
jíares en que se verificaron las ejecuciones, sólo se eriüieron en Puebla, 
en el paseo, en el luyar en que fué fusilado D. Miguel Bravo, y en More- 
lia, en el sitio en ([ue murió Alatamoros. 

Esta última afirmación de Alamán es errónea; no se levantó en Mo- 
relia ningún nuinumento en el sitio donde murió Matamoros, por no 
prestarse acpiel lugar para tal fin, por lo que el Apuntamiento acordó, 
en su sesión de 27 de Agosto de 1823, consultar al Gobierno construir 
el monumento en el cementerio de la Iglesia de San Francisco, lo que se 
demuestra con el acta respectiva, la (jue en lo conducente dice: 2 

«Cabildo de 27 de Agosto de 1823.» 
«Se leyó el Soberano Decreto de 19 de Julio sobre premiar á los Be- 
líneinéritos de la Patria y hacer los honores corresponte.^ á los gran- 
¥.des Héroes que menciona, y se acordó consultar al Gob.o sobre la in- 
uconiodidad que presta el lugar en que fué victima el Sor. Matamoros, 
«para cumplir con lo que previene el artículo 15, y que en su lugar po- 
ndrá hacerse en el cementerio del Convento de Sn. Francisco por haber 
«sido sepultado en la Iglesia de la tercera orden de esta religión.» 

No pude averiguar cuál fué la resolución que el Gobierno dio á la 
consulta del Ayuntamiento, porque ni en el archivo déla Prefectura ni en 
el del Gobierno pude encontrar ningunos docvunentos de aquella época; 
pero sí es un hecho que el monumento no se erigió en ninguna parte, 3- 
fué hasta el año de 1860 (siete años después de la muerte de Alamán), 
cuando la Junta Patriótica que funcionó aquel año colocó una lápida 
conmemorativa en la columna del portal del Santo Ecce-Homo donde 
fusilaron á Matamoros, cuya inscripción dice textvialmente: 

Por haber defexd.o 

LA Independencia de México 

fué fusilado en este lugar 

el día 3 de febrero de 1814, 

por orden del gobierno español 

el benemérito ciudadano 

Mariano Matamoros. 

La Junta Papriótica 

DE 1860. 

Mas si no pudo cumplimentarse en Alorelia, el año de 1823, lo pre- 
venido en el íirtículo 15 del decreto de 19 de Julio, sí se cumplimentó lo 

1 Tomo V, pág. ÓS3. 

2 Archivo del .\yuntamiento de .Morelia, «Liljro de actas que coiiiprcndc los años de 
1823, 1824- y 1S25. fol. 37, vuelta. 



357 

que ordena el artículo 14 del mismo decreto, á cuj'oefecto, á las cuatro 
de la tarde de uno de los primeros días del mes de Sc[)tiembre de 1.S23, 
en presencia de las autoridades y gran multitud del puel)lo C|ue había 
concurrido á presenciar aquel acto, se abrió la fosa que guardaba los 
restos de Matamoros, la que estaba junto al altar mayor de la Iglesia 
del Tercer Orden de San Francisco, y abierta la caja se encontró el es- 
queleto completo, el cual fué colocado en una urna y ésta conducida 
con gran solemnidad al templo de San Diego, saliendo el cortejo fúne- 
bre de la Iglesia del Tercer Orden á las seis y media de a(|uella tarde. 
Hizo los honores de ordenanza el 6'' Batallón permanente, y la escolta 
de htjnor estuvo á las órdenes del Teniente de Cazadores D. Manuel 
Montano: toda la tropa marchó llevando las armas á la funerala. En 
el templo de San Diego c[uedaron depositados los restos, con su corres- 
pondiente guardia de honor, hasta la mañana del siguiente día, que fue- 
ron conducidos á México, convenientemente escoltados, y en todas las 
])oblaciones del tránsito fueron recibidos con los honores correspon- 
dientes, hasta llegar á la Villa de Guadalupe el día 14- de Septiembre y 
allí se reunieron con los delosdemás caudillos insurgentes, que llegaron 
ese día y el siguiente de distintos lugares de la República, y fueron éstos los 
de Hidalgo, Allende, D.Juan Aldama, Jiménez, Morelos, Moreno, Rosales 
3- Mina, los que el martes 16 fueron conducidos por el Alcalde de la Villa 
hasta la garita de Mé-vieo, en donde fueron recibidos á las cuatro de 
la tarde, por el Presidente de la Repúljlica, General Guerrero; la Audien- 
cia, el Congreso, el Ayuntamiento, todas las autoridades, las corpo- 
raciones civiles y eclesiásticas y el Ejército que guarnecía la Plaza, y en 
procesión solemne fueron conducidos al templo de Santo Domingo, á 
donde entraron á las seis de la tarde por la puerta del costado. 

A las seis de la mañana del día siguiente se cantó una misa de vigi- 
lia en Santo Domingo, y á las ocho se presentó el General Guerrero, acom- 
pañado de las autoridades y toda la comitiva del día anterior; fueron 
colocadas las urnas que contenían los restos en un carro conveniente- 
mente adornado y conducidos en procesión por las calles de Santo Do- 
mingo, Tacuba, San José el Real, Espíritu Santo, Portal de Agustinos 
y Diputación, y de allí siguió á Catedral, á donde llegó jiocos minu- 
tos antes de las doce, penetnindo por la puertíi principal; en seguida 
se celebró una solemne función religiosa, en la que predicó un sermón 
(|ue duró una hora y nueve minutos, el Dr. D. Francisco Argándar, y ter- 
minada la ceremonia se depositaron los huesos en la cripta de los vi- 
rreyes, que está debajo del altarde los Santos Ke\^es, en donde se coloca- 
ron en el orden que demuestra el plano adjunto, el cual tomé del cartón 
número 43 de la colección de cartones históricos de Hernández y Dava- 
les, que se conserva en la Biblioteca del Museo Nacional. 

Setenta y dos años permanecieron los restos de los caudillos insur- 
gentes en la bóveda de los virre3'es, ocupando los mismos lugares en que 
fueron colocados el año de 1823, hasta el de 1895, en que, á iniciativa 



358 

de la sociedad «Gran Familia Modelo,» apo3-ada por el Ajuntamiento, 
se trasladaron, con gran solemnidad, á la capilla de Señor San José, 
en la misma Catedral, donde actualmente se encuentran. 

Pero fué el caso que el 27 de Julio de 1895 la Comisión del Ayunta- 
miento que trasladó los restos de los héroes á la capilla de San José, de- 
jó olvidados losde Matamoros, los que permanecieron en la criptadelos 
virre3-es hasta el sábado 30 de Diciembre de 1911, en que, tras vina lar- 
ga y afanosa labor, logré que se trasladaran á la capilla de San José, 
donde hoA' se encuentran. 

Relataré esos hechos. 

Con el fin de ilustrar esta Ijiografía con mía fotografía del cráneo 
de Matamoros, y á la vez aprovechar esa oportunidad para trasladar 
sus restos á la capilla de San José, en carta fechada el 17 de Octubre de 
1911, supliqué al señor Director del Museo Nacional, que si le parecía 
bien mi idease sirviera ordenar se recabara el permiso correspondiente, y 
con la misma fecha dictó el señor Director el siguiente acuerdo: «Se concede 
«como lo pide, librándose las órdenes respectivas.rt — «Róbelo. — Rúbrica.» 

Dos meses transcurrieron en la tramitación de este asunto, que por 
final se resolvió favorablemente, y entonces me ocurrióla idea de que el 
Dr. D. Nicolás León, Profesor de Antropología del Museo Nacional, hi- 
ciera un estudio antropológico del cráneo de ^Matamoros, cuya idea 
comuniqué al Sr. Lie. Róbelo, quien se sirvió aprobarla, y con fecha 19 
de Diciembre nombró á los Profesores de Historia y Antropometría, 
Sres. Ing. Galindo y Villa y Dr. León, y al autor de estas líneas, así co- 
mo al fotógrafo y á im empleado del Fotograbado del Aluseo, para que 
procediéramos á sacar las fotografías de los restos de Matamoros y 
demás trabajos ciue había yo iniciado, 3- para cumplir con nuestro co- 
metido nos reunimos en la Catedral á las diez 3- media déla mañana del 
sábado 30 de Diciembre, 3' desde luego se procedió á levantar la pesada 
losa que cubre la entrada de la cripta; pero para la narración de ese 
suceso, cedo la palabra al Sr. D. Antonio Rivera de la Torre, quien en 
la crónica que publicó en Nueva Era el domingo 31 de Dicieml^re de 
1911, en lo condvicente á este acto, se expresa así: 



E.\ L.\ CRIPT.\ DEL Altar de los Reyes. 

«A3-er, á las once 3- media de la mañana, bajaron á la cri])ta del Al- 
tar de los Re3'es, en Catedral, las siguientes personas: 

«Dr. D. José Alaría de la Fuente, Dr. D. Nicolás León, Profesor de 
Paleontología del Museo Nacional; Ing. D. Jesús Galindo 3- Villa, Pro- 
fesor de Historia en el mismo Museo; Dr. D. Emilio Várela, A3'udante 
del Departamento de Antropología en el mismo Aluseo; Dr. D. Everar- 
do Landa, A3'udante del Departamento de Antropometría; D. Virgilio 
Enrícjuez Toledo, ,\yudante de la Secretaría del Aluseo; Antonio Rive- 



A.NAi.Ks.— T. IV. 



4-S 

LÁM. «. 




Morelia. Pilastra del Portal del Santo Ecce-Homo: ' lucrar donde 
fué fusilado Matamoros. 



1 Hov, Portal de Matamoros. 



A.NAl.KS— T. IV. 



I.ÁM. 



yo 



Orden cmi ^iie fnewn coíocaU 

los hius,s J, krjrmewAs /. /^ /^,^,¿ ,„ ,,„^ 

H'^'i, con hunwo .y SjJ^mnf^d}jivmario juc se/fs X^ 
eftatílw diá fu/'/iuSmu J^lí/ia Catedral Metn>/¿í>/ttAtui^ {)i-) 

Altar maynr ^ 

A 






I ort.-i ín iiosainejí 
(rene raí Dúff 

"¡LAVIER 



Jaem (íeí Si 
^. VÍCTOR 



la del EtitTo. Sr. 

I'RANCÍSCÜ 
MINA. 



ortanJi'ei- 
ROSALES. 



CalcLiLe.ia solo del L^n j>e<íazo (i- cas 

Ejnño. Sr.Ten.** '"^ £Í« ca?auej-a^^ 

^^ ;f ■ ^'l^MNO Brynod'-D. PEDRO 

JCIMEHKZ . .\ú>njiHO . 



f{e ciernan "<•' 5ensn' 

Simo S. CrerMirsL^íSt - 

HUÍ íJ/»Zn& A-rrrias ^ . 

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México ád Afola J^ 2p cíe ^:^fie/n ¿re íLJS^'Í-^Z. Q° 



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359 

ra de la Torre, representante de Nuera Era; E. Chagoya Ortega, repre- 
sentante de El Heraldo Mexicano; Prof. José J. Aléndez, José Urilie, Je- 
te de la Sección de Cementerios, en la Dirección de Obras l'fiblicas; An- 
tonio Carrillo, fotógrafo del Museo y los mozos Ignacio Ortiz, Juan 
Soto, Herón Esquivel y Felipe Cárdenas. 

«A fuerza de brazo fué levantada la pesada tapa de la cripta, 3' ba- 
jamos por una escalinata estrecha de un metro de abertura y siete pel- 
daños de piedra bruñida. 

«La cripta es abovedada en forma de cruz, figurando como un octá- 
gono central. La tccinunbre es una estrella de la más perfecta construc- 
ción. 

«Observamos un gran tlesorden en el interior: un ataúd negro con 
cordeles, una urna, también negra, vacía; otra urna del lado derechode 
la entrada, correspondiendo á la oquedad marcada por el brazo de la 
cruz, con unos tablones ó restos de otra urna cercana; una gran capíi 
de tierra en el pavimento, almacenada jjor los años y trozos de caliche 
dispersos. 

«El Dr. León y el Ingeniero Galindo y Villa dirigieron la explora- 
ción. 

«Abrieron la urna que se hallaba hacia la izcpiierda y la encontra- 
ron vacía. Se fijaron después en una urna del laclo opuesto, y al regis- 
trarla, vieron restos humanos, que fueron examinados, pieza ]Dor pieza, 
con el ma\'or escrúpulo. 



Se resuelven l.\s dudas. 

«La Historia nos dice que los restos del Cura Matamoros quedaron 
fuera de la urna grande que sirvió para los restos de otros héroes, y un 
plano que existe en el Museo Nacional, formando parte de los cartones 
de Hernández y Dávalos, señala el lado de la Epístola al «baulito enlu- 
tado» que contenía atjuellos restos. 

«Nuestro compañero Rivera de la Torre proporcionó vma calca de 
este plano, llevada al sitio con toda intención, y el Dr. León indicó cpie 
no había duda en que aquéllos eran los restos de Matamoros. 

«La circunstancia de que la urna encontrada tuviera los ángulos en 
corte diagonal, como el plano lo señala, fué otro indicio importante. 

«Los restos de una urna vacía, colocados cerca de la cjue se buscaba, 
hicieron cavilar á los profesores. ¿Cómo puede explicarse esta duali- 
dad? ¿Una urna vacía junto á la otra cjue contiene restos humanos? 
Cotejando ambas, midiéndolas, reuniéndolas, superponiéndolas, vinoá 
comprender cjue la Urna de mayor tamaño fué la de enipaciue de la que 
contenía los restos, y se explica esto, porque á las urnas de lujo, envia- 
das á grandes distancias, se les da una envoltura resistente ó se les em- 
paca en otra caja maj-or, por regla general. 



360 

«El Dr. León y sus a3'udantes procedieron con el ma\'ür cuida- 
do á recoger un plato de peltre usado que estaba sobre la urna y los 
caliches que rodeaban á ésta. Después fueron extraídos los restos 
mortales y depositados en una caja envidriada provisional que lleva- 
ron del Museos' quedaron recogidos en el plato unos restos de género 
que parecían haber sido de paño, unos fragmentos de ataduras 3- dos 
plantillas de zapatos, que se conservaban perfectamente. 

«Fuera de la cripta, despaldas del Altar Ma^'or ó sea el Ciprés de la 
Catedral, fueron tomadas distintas fotografías, al formarse sobre una 
mesa, parte del esqueleto. 



PlEZ.\S E.NCO.NTRADAS. 

«Falta el cráneo de Alatamoros, (luizás por haberlo destruid o la ma- 
no del tiempo. De la cabeza no queda niás C(ue un fragmento del maxi- 
lar inferior izquierdo. 

«Las otras piezas del esqueleto son: una tibia; los dos huesos pero- 
nés, un calcáneo, un metatarsiano, dos astrágalos, una rótula, ocho 
costillas, los dos ilíacos, el sacro y catorce vértebras de la columna 
dorsal. 

«Estos restos quedaron depositados provisionalmente en la capilla 
deSanJosé,dondesehallandesdel895 losdelos otros héroes de la Inde- 
pendencia. 

«El S'r. Dr. León va á hacer un estudio antropológico especial, ol)- 
servando también los cráneos de Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y 
parte del de M órelos, que son los cjue existen.» 

Los datos que, según el Sr. Rivera de la Torre, sirvieron para identi- 
ficar los restos de Matamoros, no son los únicos que existen, hay to- 
davía otros tan importantes como aquéllos, y son: las pequeñas dimen- 
siones de los huesos, cjue coinciden con la diminuta estatura que tenía 
Matamoros, según la tradición que conserva su familia y el testimonio 
de D. Carlos Bustamante, quien lo conoció y trató personalmente; el 
hecho comprobado de que en la bóveda donde estaba este escjueleto no 
existían más restos que los de Matamoros, que se quedaron allí olvida- 
dos el año de 1895 enc|ue fueron trasladados á la capilla deSanJosélos 
de los demás héroes insurgentes que se encontraban allí, y la pre- 
sencia de fragmentos de cordel con los restos, lo que sería inexplicable 
tratándose de algún otro muerto, pero no así tratándose de Matamo- 
ros, quien, según testifica en su relación el Teniente Montano, que fué 
testigo presencial, lo ataron al pie de gallo por debajo de las arcas con 
un cordel, jjara ejecutarlo, y este cúmulo de pruebas es lo que nos trae 
la convicción íntima de que los restos de que tratamos son los de Ma- 
tamoros. 

Por haberse interpuesto dos días festivos, no ]nide ocuparme de bus- 



361 

car el cráneo de Matamoros, que no encontramos con sus restos; pero 
el día 2 de Enero fui á la Catedral con ese objeto, para lo que llevé á 
uno de los mozos del Museo, y me dirigí al Padre Sacristán el Sr. Pbro. 
D. Eduardo Paredes, en solicitud de la llave de la cripta y el ijermisorcspec- 
tivopara buscar el cráneo, v al enterarse de mi solicitud medijoelSr. Pa- 
redes C|ue él tenía el cráneo que yo buscaba; que se lo había dado á guar- 
dar el Ingeniero director de las obras dealbíiñilería, c|ue se habíanprac- 
ticado en Catedral, quien lo recogió para evitar que lo fuesen á profanar 
los albañiles, y acto continuo me lo entregó. En vista del dicho del 
Padre Sacristán y de que las dimensiones del cráneo que me entregó 
convienen con las de los huesos de Matamoros, no me quedó duda al- 
guna de que éste era el cráneo que buscaba y lo llevé al Museo, donde 
lo entregué al señor Director, Lie. D. Cecilio A. Róbelo, quien ordenó se 
me entregara el recibo correspondiente, el cual obra en mi poder. 

Me resta contestar algunas objeciones que se han hecho sobre los 
restos de Matamoros, las Cjue tienden á sembrar la duda sobre su avi- 
tenticidad, y por lo mismo, no puedo dejarlas pasar desapercibidas. 

Comenzaremos por la de las suelas de los zapatos. De éstas se híi 
dicho cjue por su tamaño y por ser sencillas y no dobles como las que 
se usan en el calzado de hombre, demuestran ser más bien las de los 
zapatos de una mujer. 

En cuanto al primer punto, ó sea al pequeño tamaño de las suelas 
en cuestión, es precisamente una prueba de que pertenecieron al calza- 
do de Matamoros, pues habiendo sido éste de pequeña talla, tienen ne- 
cesariamente que haber estado las dimensiones de su pie en relación 
con ella, así es que este argumento les resulta contraproducente á los 
objetantes, y en cuanto á que las suelas que encontramos con los res- 
tos sean sencillas, no prueban otra cosa sino que Matamoros llevaba 
zapatos de una suela cuando estuvo preso, lo que nada tiene de extra- 
ño, j)ues en aquella época y muchos años después estaban muy de mo- 
da en los hombres los zapatos de una suela sin tacón ó con tacón muj- 
1)ajo, de dos ó tres tapas de suela solamente: llamaban á estos zapatos 
morunos, y á los de dos suelas y tacón les llamaban cíe punto. Toda- 
vía muchos años despiiés de la época de Matamoros, cuando era yo 
muchacho, se usaba mucho en mi tierra esa clase de calzado, j' siempre 
(|ue me mandaba hacer zapatos, me preguntaba el zapatero si los que- 
ría ¡nortinos ó de punto; así es que ese argumento se desmorona como 
alfeñique, sin más esfuerzo que recordar las modas y las costumbres de 
aquella época. 

Pasaremos ahora á contestar las otras objeciones que se han hecho, 
tratando de sostener el mismo tema, pero aduciendo argumentos al 
parecer más sólidos. Dicen que por lo pequeño de los huesos de que 
tratamos, pertenecen probablemente al escjueleto de una mujer ó de un ni- 
ño, y aquí nuestro ya repetido argumento de la pequeña talla de Ma- 
tamoros, no tienen gran valor, puesto que lo que íihora se trata de 



362 

dilucidar es si los huesos pertenecieron á una mujer, á ini niño ó á un 
adtilto, como era Matamoros, y esta cuestión, que parece tan intrinca- 
da como difícil de resolver, es de lo más fácil de contestarse satisfacto- 
riamente, y para ello no tenemos más trabajo que interrogar á la Ana- 
tomía 3^ ésta nos contestará inmediatamente: que los agujeros svib- 
pubianos de la jjelvis del hombre, son de forma oval y grandes, mientras 
que los de la pelvis de la nmjer, son de forma triangular 3- pequeños, y 
como la pelvis del esqueleto en cuestión tiene los agujeros sub-pubianos 
de forma oval y grandes dimensiones, queda plenamente demostrado, 
sin cjue ha^-a lugar á la menor duda, que esos huesos pertenecieron á 
un hombre y no á una mujer. 

Interrogiiemos nuevamente á la Anatomía para que nos resuelva la 
duda de si esos huesos pertenecieron á una jiersona adulta ó á un ni- 
ño, como se sospecha, esto es, á tm muchacho menor de 17 años, 3- en 
seguida oigamos con toda atención lo que la ciencia nos contesta: Los 
huesos de la pelvis se desarrollan por tres puntos de osificación primi- 
tivos: uno por la fosa ilíaca, otro por el cueqjo del pubis 3' otro por la 
tuberosidad isquiática. Estos tres huesos se reúnen hacia la edad de 
quince á diez 3- seis años en la cavidad cotiloidea, y antes de completar 
su perfecta osificación forman tres líneas cartilaginosas en forma de una 
Y. Nos dice también la «Embriología y desarrollo del hombre:» que la 
soldadura de las vértebras sacras se hace de abajo á arriba, comenzan- 
do á los diez 3' ocho años de edad, no terminándose sino después de los 
veinticinco, 3- si siguiéramos estudiando las demás piezas del esque- 
leto, mucho más nos dirían; pero para ntiestro intento con esto bas- 
ta y sobra. Ahora bien, examínese con toda la atención y el detenimien- 
to que el caso recjuiere, la pelvis del esqueleto, origen de estas dudas, 
3'desde luego podremos notar la completa ausencia de cartílagos ó ves- 
tigios de ellos en los huesos ilíacos 3* la perfecta 3- completa osificación 
3' soldadura de tres huesos de que éstos se coiuponen, así como la per- 
fecta soldadura de las vértebras sacras, todo lo que demuestra, de una 
manera clara, terminante 3' sin dejar lugar á dudas ni disputas, que los 
huesos en cuestión no pertenecieron á un niño ni á una mujer, sino aun 
hombre adulto 3' de mucho más de veinticinco años de edad, 1 3- éste no pu- 
do haber sido otro que Matamoros, pues la Historia y la tradición es- 
tán contestes en que sus restos eran los únicos que se encontraban en 
la cripta de los virre3-es, 3% por lo mismo, desprendiéndonos de toda pa- 
sión, tendremos necesariamente que convenir en (|ue su autenticidad es 
real é indiscutible. 

1 Ci>ntalja Matamoros unos 4-1- ó 4-5 años cuantío murió. 



Anales. — T. IV. 



LÁM. .^1. 




Restos de Matamoros. 
1, 1. Suelas de los zapatos; 2. plato que contiene 
fragmentos del cordel con que lo ataron para ejecutarlo. 




Cráneo de Matamoros. 



363 



ANKXOS 



liocuiiicntii m'nii. 1. 



DECRETOS EXPEDIDOS POR LA LEGISLATURA DEL ESTADO DE JIORELOS 
EN HONOR DE MATAMOROS. 

Francisco Leyva, Gobernador del Estado Libre y Soberano de Mo- 
relos, á sus habitantes, sabed: 

Que el Congreso ha decretado lo siguiente: 

Decreto número 29. 

El Congreso del Estado de Morelos decreta: 

Art. 1" — Se erige en Villa el pueblo de Jantetelco, perteneciente al 
Distrito político de Jonacatepec. 

Art. 2'' — En lo sucesivo se denominará 

«Jantetelco de Matamoros.» 

Lo tendrá entendido el Gobernador del Estado, haciéndolo impri- 
mir, publicar, circular y ejecutar. 

Dado en Cuernavaca á nueve de Enero de mil ochocientos setenta 3- 
cuatro.— /osé Fandiño, Diputado presidente.— /osé Nicolás Arce, Dipu- 
tado secretario. 

Imprímase, i^ublíquese, circúlese y obsérvese. 

Cuernavaca, Enero 12 de 1874. — F. Leiva.— Pedro Ruam, Secreta- 
rio general. 

Jesús H. Preciado, Gobernador del Estíido de Morelos, á sus habi- 
tantes, sabed: 

Que el Congreso ha decretado lo siguiente: 
El Congreso de Morelos, decreta: 

.\.N.\i.Es, T. IV, — 4-5. 



364 



Número 43. 

Art. 1*' — Se declara monumento público del Estado la habitación 
que fué del caudillo de la Independencia Nacional, Don Mariano Mata- 
moros, en el pueblo de Jantetelco, del Distrito de Jonacatepec. 

Art. 2° — Para la conservación de dicho monumento y de los obje- 
tos que fueron de la pertenencia del expresado caudillo, se crea una pla- 
za de conserje, cu^^o nombramiento será de las facultades del Ejecutivo. 

Art. 3° — El conserje disfrutará por sueldo la suma de ciento ochen- 
ta pesos anuales, quedando por ahora adicionado con esa partida el 
presupuesto de egresos del año fiscal de 1886. 

Al Gobernador del Estado para su promulgación y cumplimiento. 

Luis G. de la Piedra, Diputado presidente. — Manuel Rivera, Diputa- 
rlo secretario. 

Por tanto, queda promulgado para su observancia. 

Cuemavaca, Diciembre 30 de 1885.— /esús H. Preciado. — Francisco 
S. Segura, Secretario. 



Jesús H. Preciado, Gobernador del Estado de Morelos, á sus habi- 
tantes, sabed: 

Que el Congreso ha decretado lo siguiente: 
El Congreso de Morelos decreta: 

Número 29. 
Art. 1° — El Estado de Morelos adopta como hijo benemérito ;ü he- 
roico caudillo de la Independencia 

Mariano Matamoros. 

Art. 2" — El día 3 de Febrero, fecha de su nuierte, se izará el Pabe- 
llón Nacional á media asta, en señal de duelo. 

Al Gobernador del Estado para su promulgíición y cumplimiento. 

José Casarín, Diputado presidente. — Luis G. de la Piedra, Diputado 
secretario. 

Por tanto, queda prt)nuilgado para su observancia. 

Cuemavaca, Ma^-o 9 de 1888. 

Jesiís H. Preciado. — Francisco S. Seguirá, Secretario. 



365 



nocumento níini. 2. 



nOCl'MEXTOS RELATIVOS A LA ERECCIÓN DEL MONUMENTO Olí MATAMO- 
ROS EN LA VILLA DE JANTETELCO. 

El nioiiumento foéinaufíurado con ,!¿ran solemnidad por el Goberna- 
dor del Estado de Alorelos, General D. Jesús H. Preeiado, á las diez 
de la mañana del día 5 de Enero de 1889. 

Constituyen el monumento, la estatua de Matamoros y el jx'destal 
sobre C|ue esta descansa. 

En las cuatro caras del pedestal se leen las siguientes iiiscri])ciones: 

1* 

Se erigió este monumento 

en el gobierno 

del C. Gral. Jesús H. Preciado. 

Enero 5 de 1889. 

2* 

Nació (?) 

proclamó la Independencia 

en este pueblo 

el 13 de Diciembre de 1811. 

3* 

Fué sacrificado en Vallad olid 

(hoy Morelia) 

el 3 de Febrero de 1814-. 

4? 

Fué el brazo izquierdo de M órelos, 

como Galeana era el derecho. 

Ninguno antes de él 

supo dar batallas á campo raso 

V salir vencedor. 



366 



ALOCUCIÓN DEL C. Gobernador del Estado, leída el 5 de enero 

DE 1889, EN EL ACTO DE DESCUBRIR EL MONUMENTO ELEVADO EN JaN- 

tetelco, á la memorlv del Cura D. Marl\no Matamoros. 



Señores: 

Pocas veces he experimentado, en mi vida pública, una satisfacción 
tan legítima, como la que he disfrutado al descubrir, en presencia del 
patriota pueblo de Jantetelco, el monumento que consa.uramosála ve- 
nerable memoria del gran Alatamoros. 

Aquí, en donde parece que traen todavía las auras el eco de su a'Oz; 
cerca del templo en donde ejerció su ministerio de paz; aquí mismo es 
preciso confesar que la gloria material cjue venimos á triijutarle, no ha 
nacidodela vanidad, sino que es el resultado de nuestra convicción pro- 
funda hacia las virtudes del valeroso insurgente que no vaciló en sacri- 
ficar su vida en aras de la libertad mexicana. 

Yo he tenido singnilar veneración por aquellos héroes de la guerra de 
Independencia, que como el indómito Morelos, no desvirtuaron jamás 
el mérito de sus acciones. Por eso, desde que me honró por primera vez 
este pueblo con su voto, para regir sus destinos, supe bien que sería 
ayudado en mi difícil misión por ese mismo pueblo, que ha seguido sin 
hipocresía la senda de honor y de trabajo qwe le trazaron aquellos 
apóstoles de la libertad. 

Así he visto coronadas mis esperanzas en el mayor grado que ambi- 
cioné, y poseído de tal confianza, no engañé al pueblo de Jantetelco 
cuando ofrecí á la memoria de Matamoros un recuerdo permanente, 
sencillo, pero inspirado en legítimo sentimiento de admiración. 

Lo hemos realizado al fin, y me complace el honroso entusiasmo 
con que los buenos hijos de Jantetelco han acogido y celebrado la idea 
(|ue .se ha consumado hoy. 

Básteme, para expresar mi deseo en esta ocasión solemne, con deci- 
ros: que así como viviré seguro de que el recuerdo del gran Matamoros 
os inspirará siempre respeto ala ley 3- el amor á la patria, así también 
yo la invocaré con toda sinceridad para que todos mis actos como go- 
bernante, se normen á las nobles aspiraciones del pueblo de Morelos y 
puedan causarme la dicha que anhelo, de ver que el Estado alcanzará 
su verdadero progreso por el camino de la paz y del trabajo. 

Después de esta alocución escribió el señor Gobernador, en el Álbum 
de Matamoros, el siguiente 



367 



Pensamiento. 

«El día 30 de Juliode 1885 ofrecí elevar un mcmumento á tu inmortal 
«mieniorin: 

«Mipromesa está cumpHdayrecordaré siempre esta fecha — 5 de Ene- 
(irt) de 1889, — en la que pude dar una forma sencilla, pero sagrada, al 
«pensamiento de mi veneración y cariño hacia tí.» 



xMATAMOROS. 

No cabe duda, en la guerra de nuestra emancipación política. Mata- 
moros es una interesante figura histórica. 

El genio y el valor las más veces no se muestran ni se desarrollan 
en las épocas de quietud y de paz, como no se muestra la ciencia del pi- 
loto cuando el mar está sereno y el viento sopla bonancible; pero cuan- 
do se opera un cambio en el modo de ser de las sociedades; cuando los 
pueblos son sacudidos por esos terribles cataclismos que se llaman re- 
voluciones, entonces aparecen los hombres de genio, brillan con clari- 
dad extraordinaria, atraen hacia á ellos todas las miradas \' se van 
elevando sobre el nivel de sus contemporáneos hasta escalar las regio- 
nes de la inmortalidad. 

En Atenas, conmoviihi por Darío, aparece Alilcíades é ilustra la his- 
toria de su patria con la victoria de Maratón; en Esparta, conmovida 
también ante los persas, aparece Leónidas é inmortaliza el paso de las 
Termopilas; Koma, pró.ximaá sucumbir ante los Galos, produceá Man- 
ilo 3' á Camilo; y durante la lucha trabajosa cjue precedió á las nacio- 
nalidades americanas, aparecen: Washington y Bolívar, Hidalgo y Mo- 
relos, y la pléj-ade de sus colaboradores, entre los cuales Ijrilla con luz 
propia Matamoros. 

Pertenece á una época muy cercana, cuyos hechos han sido bien es- 
tudiados y son conocidos en sus más nimios detalles, y sin embargo, los 
padres de Matamoros, su nacimiento, su infancia y su educación, son pa- 
ra nosotros un misterio. Y mientras las investigaciones históricas no 
arrojen luz soljre estos puntos, la biografía de nuestro héroe tiene que 
comenzar el 13 de Diciembre de 1811, día en que proclamó la Indepen- 
dencia en Jantetelco, de donde era cura, y marchó con cuarenta y seis 
jantetelciuenses á unirse á las huestes de Morelos. 

Su carrera histórica, que comenzó entonces, terminó dos años más 
tarde en el patíbulo de Valladolid. ¡Corta carrera! Pero cuan fecunda 
en hechos heroicos 3' grandes enseñanzas. Cuantía, Izúcar, Oaxaca, To- 
naláy el Palmar, son los puntos culminantes de su vida, donde se os- 
tentan la grandeza de alma del patriota, el valor y pericia del soldado 
y la abnegación del apóstol de la libertad. Allí sus manos ungidas, mu- 



368 

chas veces santificadas con la presencia del Altísimo, tremolaron dig- 
namente el lábaro santo de la justicia y del derecho. 

Aquella serie de triunfos, sin embargo, no debía continuar, porque 
Dios quiso que la vida de Matamoros tuviera digno remate en el mar- 
tirio. Su muerte, como la de todos los hombres de su talla, fué dignia 
de su vida. ¡Qué hermoso es el destino de esos hombres! Viven luchan- 
do, pero mueren triunfando; porque la muerte, que para el común de 
los mortales es hundirse en las simas del olvido, para ellos es llegar al 
fin de la escala misteriosa de Jacob y vivir perdurablemente en el cielo 
de la inmortalidad. 

El recuerdo de las virtudes y de los hechos gloriosos de Matamoros, 
nomorirájamás entre nosotros, aunque muera la nacionalidad mexica- 
na, como no murió con Grecia la memoria de Arístides, ni con Cartago 
la memoria de Aníbal. La posteridad, casi siempre justa, conservará 
esos hechos y los grabará en mármoles y Isronces. 

¡Dichoso pensamiento y justo tributo el de levantar monumentos á 
los grandes hombresl Porque si bien es cierto que la Divinidad recoge 
sus obras, las guarda y conserva, y C]ue reciben en la otra vida su más 
precioso galardón, también lo es que los monumentos atestiguan la 
gratitud de un pueblo; le recuerdan constantemente las virtudes de 
sus héroes; le inspiran altos y generosos pensamientos, y presentan á 
las generaciones futuras el ejemplo de los que vivieron antes. 

Las grandes naciones de la Tierra se muestran orgullosas cuando 
erigen estatuas á sus libertadores, á sus sabios, á sus poetas ó á los 
bienhechores de la humanidad; nuestro Estado debe también de estar 
orgulloso y satisfecho, porque ha cumplido con lo que es para los pue- 
blos cultos un deber sagrado ineludible. Matamoros tiene ya en Jan- 
tetelco un monumento recientemente inaugurado. Es muy honroso pa- 
ra el pueblo y el Gobierno haber rendido tal homenaje al segundo de 
Morelos. Que pronto rindamos á éste un homenaje semejante, alzando 
en Cuautla, á su memoria, un monumento grandioso, digno de la fama 
y merecimientos de aquella figura conspicua! 

Miguel Salinas. 



369 



SONETO. 

En ignorado pue1)lo residía, 
Haciendo sólo el Ijien, sin íimbiciones; 
Dando calma á los tristes corazones 
Que el dolor de tres siglos consumía. 

Y él mismo en su retiro no sabía 

Que el honor de este suelo, hecho girones 
Por la feroz codicia y las traiciones, 
Muy pronto sus servicios pediría 

Y llegó la ocasión 3- el manso cura, 

Obedeciendo al Hado Soberano, 

A la lid se lanzó con su fe pura, 

Y arrancando mil lauros al tirano. 
Los puso presviroso, con ternura, 

A his plantíts del ¡)ueblo mexicano. 

J. Flores Valvercle. 



A MATAMOROS. 

Con razón el Estado de Alorelos 
elevó un monumento á tu memoria: 
exiguo pedestal de tu gran gloria, 
conquistada con l)élicos desvelos. 

Una página Ijella de la Historia, 
C|ue despierta en los héroes vivos celos, 
refiere Matamoros, las hazañas 
con C|ue hiciste temlílar á las Españas. 

E. de Arccharala. 



370 



Documento iiúm. 3. 



EXTRACTO DEL ÁLBUM QUE EXISTE EX LA CASA DE MATAMOROS, EN JAN- 

TETELCO. 

El Presidente de la República pone, con grata satisfacción, el princi- 
pio de las inscripciones de este álbum, que le ha presentado con tal ob- 
jeto el ciudadano Carmen Tajonar, para honrar la memoria del bene- 
mérito de la patria, Mariano Matamoros, uno de los primeros ilustres 
caudillos de la Independencia Nacional. 
México, Febrero 5 de 1874. 



S. Lerdo de Tejada, rúbrica. 



Eterna gratitud 3' veneración á la memoria del ilustre mexicano que 
nos dio patria. 

Joaquín O. Pérez, 
Gobernador del Distrito Federal. 



Loor eterno á los CC. del municipio de Jantetelco por el honroso 
título de ese pueblo, con el nombre de uno de los hombres más ilustres, 
valiente y patriota que nos dio libertad en la primera guerra de nues- 
tra Independencia, Mariano Alatamoros. Así como mi gratitud á la 
«Sociedad Matamoros de Jantetelco,» por la honra que me hicieron 
nombrándome padrino de este memorable é imperecedero álbum. 
México, Febrero 8 de 1874. 

Feliciano Echevarría. 



Por la gratitud y respeto que debo á uno de los ])rimeros héroes 
de mi patria, me honro en firmar el presente álbum. 

M. Rira Palacio. 



371 

A la memoria de uno de nuestros primeros héroes de la primera In- 
dependencia, el más humilde de los mexicanos, pero su mejtjr admira- 
dor. 

M. Escohedo. 



Deseo c|ue la República tenga muchos imitadores de las virtudes del 
benemérito ¡Mariano Matamoros. 
México, Febrero 7 de 1874. 

Ramón Corona. 



Recuerdo al 2" General en Jefe del Ejército de Morelos, al valiente 
caudillo Mariano Matamoros. 

México, Febrero 9 de 1874. 

M. Par no. 



Ha}- frentes que ni en la tumba se convierten en polvo, porque las 
baña el sol inmortal de la gloria. Matamoros tiene la imperecedera de 
habernos dado patria. 

México, 6 de Febrero de 1874. 

Hilarión Frías v Soto. 



Tu nombre venerado ¡oh Matamoros! honra los íinales de la prime- 
ra Independencia de mi patria. Tu sangre derramada por la Libertad, 
inscribió tu noml)re en el martirologio de Aléxico, y el último de los hi- 
jos de la República cumple con el santo deber de firmar este álbum, co- 
mo un monumento de gratitud. 

Cuerna vaca. Febrero 11 de 1874. 

Francisco Clavería. 



Es irresistible el tributo (jue los libertos deben consagrar á los hé- 
roes de su patria, y siendo uno de éstos el benemérito General C. Ma- 
riano Matamoros, me honro en tributarle este homenaje de justa 
admiración, que, aunque pequeño, significa la expresión del más pro- 
fundo respeto al insigne caudillo de nuestra primera Independencia; 
deseando c^ue el presente álbum sea subscrito por todos los mexicanos 
\- que la gloria del indicado héroe, se abra paso hasta el último confín 
del Universo. 

Morelos, Febrero 12 de 1874. 

Lie. Vicente Peláez. 

.\NALES, T. IV.— 16. 



372 

El Estado de Tainanli])as ha honrado hi inemoria del inicifidor de 
hi Independencia, ])oniendo el nombre de Matamoros á una de sus 
principales ciudades. En su nondjre svdjseribe este álbum histórico. 

D. Balandrann. 
Redactor en jefe del Diario Oficial. 



Alatamoros, el Cura de Jantetelco, sij^uió las doctrinas de Cristo, 
el Redentor de los homljres. Soldado, si_uuió las banderas de Morelos, 
jjrocurando la redención de su ptitria. Veneración al sacerdote; íidmi- 
ración al héroe; respeto al jnieblo que tan tierna y cariñosamente 
conserva su memoria. 

Joaq. M. Alcalde. 



El deber del hondjreesamar y defender á su ¡)atria: tal deberlo llenó 
el benemérito Presbítero Don Mariano Matamoros, en 13 de Diciem- 
bre de 1811, proclamando la Independencia y Libertad de México. 
¡Página íiloriosa! En este álbum que se consagra á su memoria, con 
la más grata satisfacción le consagro mi gratitud profunda 3- mi res- 
petuosa admiración á tan admirable héroe, y hago votos paní que mis 
comijatriotas de la villa de Jantetelco, admiren, veneren é imiten lano- 
Ijilísima conducta de tan gran Patriota. 
Cuernavaca, F'cbrero 11 de 1874-. 

F. Leiva. 

Gobernador de .Morelos y miembro honorario de la «Soeiedad Malaiiioros.» 

Astro brillante en el cielo de mi querida patria, aparece el heroi- 
co caudillo C. Mariano Matamoros, encarnación de las glorias nacio- 
nales. Bendigo y venero su memoria, teniéndome por feliz al poner 
mi humilde firma en este álbum, recuerdo tierno de los hijos de Jante- 
telco. 

Cuernavaca. Febrero 11 de LST-t. 

Miinacl S. Moran. 



El Presbítero C. Rafael Rann'rez, actual Cura de esta villa, al fir- 
mar este álbum, manifiesto la honra y satisfacción que tengo de haber 
sido feligrés del Benemérito de la Patria, Mariscal de Campo C. Ma- 
riano Matamoros; de haberlo acomjiañado desde el campamento de 
Santa Clara hasta el Valle de Izúcar, ahora ciudad de Matamoros, 
desde el día 2 de Junio del año de 1812, hasta el día sábado 28 de 
Agosto de dicho año. Tensio también la honrosa satisfacción de ser 



373 

Cui"a, (le donde él lo fué cuando se ciñó la espada para consciíuimos 
la libertad de que hoy disfrutamos, y de haber usado los jiaranientos, 
vasos sagrados y ornamentos que él usó, y haber entregado algu- 
nos de ellos al C. Carmen Tajonar, jiara que los ponga ala expectación 
del público, para (|ue les tributen el homenaje, acatamiento 3- venera- 
ción debida, así como los libros donde con su puño y letra asentó las 
])artidas de bíiutismos, casamientos y entierros. 

Villa de Jantetelco de Matamoros, Febrero 20 de 1874. 

Ríifíicl Rriinírez. 



Como mexicano te venero, como soldado te admiro, como Gober- 
nador del Estado ofrezco erigirte un monumento para perpetuar tu 
memoria. 

Jantetelco, Julio 30 de 1S85. 

Jesús H. Preciado. 



El 30 de Julio de 1885 ofrecí elevar un monumento á tu inmortal 
memoria y grabé mi oferta en tu álbum. Mi promesa está cunqjlida 
y recordaré siempre esta fecha: «5 de Enero de 1889,» en la que logré 
dar una forma material, sencilla, pero sagrada, al pensamiento de vene- 
ración y cariño (|ue siemjirc me has ins]iira(lo. 
Enero 5 de 1889. 

Jesús H. Preciado. 



El año de 1910, con motivo de la celebración del primer centenario 
de la proclamación de la Inde])endcncia, los patriotas hijos de Jante- 
telco, que en su noble corazón conservan imperecedera la memoria glo- 
riosa del que fué su Cura, D. Mariano Antonio Matamoros y Orive 3- 
de los hijos de la ])oblación cjue con él se jironunciaron por el ])lan de 
Hidalgo el 13 de Diciemljre de 1811, para perpetuar, á la vez que paní 
glorificar la memoria del benemérito Cura y sus heroicos feligreses, 
inauguraron las siguientes obras: 

En la puerta de la entrada de la habitación que ocupó Matamoros, 
se colocó una lápida ovalada con esta inscripción: 

«Esta pieza fué dormitorio del Benemérito de la Patria Mariano 
Matamoros.» 

El Dr. D. José M. Carvajal, Presidente del Comité del Centenario, 
de Jonacatc])ee, donó inia lájiida (¡ue se colocará abajo de la anterior, 
la cual contiene la siguiente leyendji: 

«Homenaje de admiración á la heroica señora Mariana de Díaz, 
"quien con estoica abnegación entregó sus dos hijos Cristóbal y José 



374 

«María al invicto Caudillo Mariano Matamoros para que le ayuda- 
(tran á luchar por la Independencia de la Patria. )> 
ajantetelco. Diciembre 13 de 1910. 

nDr. José M. Carvajal.» 

Y á ambos lados de la puerta de la pieza que fué dormitorio de Ma- 
tamoros, se colocaron unas lápidas que contienen los nombres de los 
47 hijos de Jantetelco que formaron el pie del ejército insurgente de 
Matamoros y con los cuales se unió á Morelos en Izúcar el 16 de Di- 
ciembre de 1811. 1 



1 Esto es un error: cuando Matamoros se presentó á Morelos en Izúcar. el 16 de Di- 
ciembre de 1811 , sólo llevaba cuatro hombres en su compañía: los 47 hijos de Jantetelco 
que formaron su pie de ejército, se le incorporaron á su regreso de Izúcar, y con ellos fué 
á incorporarse con Morelos en Tasco. Véanse las páginas .34 y 39 que anteceden. — 
X. del A. 



375 



Documento núni. 4. 



ACUSACIÓN CONTRA UN SOBRINO DE MATAMOROS. 1 

«Leonarda Xeira: Española, Doncella de veinte años, vecina de esta 
Corte en la calle de Zuleta N° 9, cuarto cinco abajo, viviendo arriba 
una Señora viuda nombrada Da. María de la Luz. En cumplimiento 
<á lo mandado comparece ante V. S. lUma. y denuncia en toda forma á 
un Reo de estado q.f ha producido las proposiciones siguientes, 3^ es 
Dn. Antonio Matamoros, casado con Doña Francisca Villegas, Plate- 
ro deoficioexercitado por á hora en hacer varios juguetillos p.<i Niños, 
vecino de esta Corte en la calle del Refugio, casa del Molino de Ace3-te 
arriba en la última vivienda á mano izquierda: Cuyas producciones 
son mu3^ repetidas sin mirar calidad de personas, 3' q.e le contienen en 
estos como principios de sus Conversaciones. 

«Que estaba determinado á irse con su tío el cabecilla Matamoros 
antes q.e le hubieran quitado la vida. 

«Que el Gobierno de nada sirve. 

«Que no ha3^ Re3' q.e nos mande. 

«Maldice al Gobierno pj q.e persigue á los Insurgentes hasta qui- 
tarles la vida. 

«Que se ha de ir con ellos siempre q.e tenga proporción, para vengar 
lo q.e hicieron con su tío Matamoros. 

«Que si huviera podido librar á Morelos q.e estuvo prisionero en la 
Cindadela lo huviera hecho. 

«Que el Gobierno no es por el Re3' de España 3-a Muerto. 

«Todo lo cual, como testigo de ovdo en varias ocaciones i(.e haliló 
delante de mi 3' de otras Gentes, estoy pronta á confirmar la verdad de 
estas proposiciones bajo la Sagrada Religión del Juramento. 
«México, 24 de JuHo de 1816. 

«No sabe firmar, u 



1 Archivo General. — Inquisición. Tomo I. lol. 2 fte. 



376 



Documento níím. 5 



CARTA DKL CORONEL D. ANTONIO SESMA A SI' SOHRINA MICAELA 

FRONTÁN. 1 

«Mi f|uerida Micaela: 

«La suerte me arrastra á no se cj.e y así cada día repito á la Sta. 
Providencia nuevas gracias, y me ofrezco á q.c el Sor. disponga de mi 
lo q.e sea su Sta. voluntad. 

«Me comisionó el Gral. á tratar con un bergantín (|.e había arriba- 
do al Pto.de Guatulco, y estando \-a en el caminóme previene q.t haga 
gente, y me dirigí sobre Tehuantepeque á atacar al bárbaro de Dam- 
brini, q.e sin conocimientos, tropas valerosas, y otras circunstancias 
militares se había posesionado de esta villa. 

«Considérame en Guatulco: con doce hombres (|.f únicamente te- 
nia de escolta emprendo esta expedición y en catorce dias, mediante 
Dios, apronté setecientos, alarmé las Provincias por donde transité 
hta. incorporarme serca de Tehuantepeque con el Sor. Mariscal de 
Campo, Gral. en Gefe D. Mariano Matamoros, q.e á marchas dobles 
y con mil docientos infantes y dragones escogidos de su divicion venia 
á socorrer á Sierra, dejando así este Sr. Gral. como yo resguarda- 
das las espaldas con el resto hta. cinco mil de tropa q.e vcnian siguién- 
donos por cualesquiera acaso de la guerra. 

«Nos situamos á una legua de Tehuantejicfiuc j)ara atacar uno ])or 
el ¡juente y otro por la retirada del enemigo. 

«A media noche salimos á reconocer la plaza y sus puntos, llegan- 
do así nuestra avanzada como nosotros hasta los barrios de la Villa, 
sin otra novedad que la de estar oyendo correr la palabra enemiga. 
En fin, antes de amanecer huyó Dambrini y su divicion cargando 
quanto pudo en términos q.e con la descubierta tomé posesión de la 
Plaza y el Sr. Matamoros se regresó á recoger el grueso del Exercito. 
Seguimos al alcance de Dambrini cj.e volaba aniquilando los Pueblos 
y parages por donde pasaba, aterrorizando alas pobres gentes, dicien- 
doles q.e abandonasen sus hogares, y se pusieran en salvo por q.e nos- 

1 Archivo Gral.— Realistas, — Tomo 49, fol. 132 y siftuieutes. 



377 

otros lloramos Judíos, forzábamos íi las nuitícrcs, k-s cortábamos los 
pechos, iiiataljaiiios á sus hijos y los cargábamos después de muertos 
en las l)ayonetas, y otras especies hijas de la falcedad, y cobardia, con 
cuyo motivo se encolerizó la tro])a, y deseosa de vengar tales impostu- 
ras, no recusó en el alcance de Dambrini hacer jornadas de diez y (jcho 
leguas. Tal es el valor y entusiasmo del Exercito del Sr. Matamoros, 
pues sin solicitar descanzo, ni comer en algunos dias, solo apetecia .al- 
canzar al ponderado Exercito Guatemalteco. 

«Se cumplió por fin este deseo en la ra3-a de Tonalá, lugar en (|.*; por 
auxilio de un cerro escogió Dambrini para esperarnos, cubriendo nues- 
tra entrada (j.t devia ser por tm espeso bosque, y asegurandtj por otro 
su retirada ¡Infeliz Gral.! ¡Pobre Exerto.! No reconoce quando ntra. 
vanguardia á las tres de la tarde del segundo dia de Pascua indiscre- 
tamente comenzó la acción q.<^ se sostuvo con dos compañías del dis- 
tinguido regimiento de Dragones de San Pedro, compuestas de cin- 
quenta hombres cada una, treinta granaderos y una com]:)añia dividi- 
da en varios picpietes del Regto. de Infantería del Carmen; de suerte 
q.e toda la tropa con q.e se dio principio á la campaña apenas llegó 
al corto número de ciento noventa y tres hombres, teniendo q.e resistir 
porq.i; el terreno no nos permitía ni evolucionar con la tropa, ni hacer 
usode la Artillería, á la fuerza de más de mil hombres q.e constituía el 
Exerto. enemigo; pero a((uel solo metiéndose por debajo de los fuegos, 
de este, consiguió con sólo los granaderos y toque de degüello, flan- 
quearle la derecha, y poner á Dambrini en vergonzosa fuga conten- 
tándose los Guatemaltecos solamente con decir á gritos en su carrera: 
haí están ya los Judios del gorro amarillo. 

«Este choque, si Dios no me hubiese favorecido, pudo haber sido 
para mi el último, por q.e estando sobre el cerro dando mis ordenes, 
vino de rechazo de un palo una bala, y me infirió vm golpe contuso de 
q.e adolezco. 

«Esto es pvmtualmente todo lo q.e aconteció en el ataque q.e dimos 
á Dambrini, y este cobarde intruso perdió toda su artilleria, todo su 
pertrecho, mucha parte de su armamento, y por ultimo toda la carga, 
de modo q.e el botin hecho hasta aqui es de bastante consideración. 

«Por ahora estamos entendiendo, y tratando de evitar la destruc- 
ción de este Reyno, de no trastornar la publica tranquilidad, y de ci.e 
conozcan sus habitantes q.e somos cristianos, q.e somos cavalleros, y 
cj.e no deseamos otra cosa q.e el bien y felicidad de ambos emisferios. 

((Tt)do el Sur está por nosotros, la costa del Norte muy poco ó na- 
da tiene ya cj.e conquistar, y México sera dentro de breve atacado por 
mas de cien mil hombres. 

«La correspondencia con el angloamericano está abierta: me dice el 
Sr. Gral. q.e ha^- sobre Salcedo veinte mil de estos, y qe las avanzadas 
de ese cabecilla han sido ya derrotadas por ellos. 

«El Virrey se marcha para España: Calleja quedíi en su lugar para 



378 

q.e le truene el eohete en la mano: mira como esta el Govierno. Esta 
noticia tan exacta q.e te doy comunicala á nuestros Arzobispos ami- 
gos y al Pre.sdte. Bustamante q.e es hombre prudente, y sabe lo (j.e es 
revolución, 3' encárgales no quieran ser cómplices en la devastación de 
tantos infelices Pueblos. Da dolor ver q.e estos no han dejado los Cu- 
ras alucinados, Dambrini y otros, con sus imposturas y engaños, un 
sacerdote q.e administre los santos Sacramentos. Svis feligreses se es- 
tan muriendo como perros, y para obiar estos males, por necesidad 
nuestros Capellanes han tenido qs suplir la falta de Ministros q.e tie- 
nen obligación de cuidar á sus ovejas. Sin cmbíirgo de q.e podriainos 
adelantar nuestra conquista hasta Ciudad Real, y aun mas adelante, 
no queremos, por q.e esperamos q.e este Reino, penetrado de nues- 
tra causa tome el mismo partido, y por q.e nuestro animo no es el de 
destruirlo; á menos q.e ellos como ha sucedido con Dambrini, por me- 
dio de intrusos y cobardes nos provoquen; con cuya mira aguardamos 
c|.e repuesto del golpe q.e á hora ha sufrido, habilitado nuevamente 
de armas, 3- tropas, vuelva en si, y conozcan cj.e en ningún tiempo po- 
dran con los crecidos Exercitos del Re\mo Alexicano. 

«Espero me contestes con la cinseridad y claridad q.e \'o lo hago, 
pues deseo saber de Izquierdo y de la familia, \' de todos los amigos; y 
con esto a Dios, tiuien te guarde como desea tu amante tio. 

n Antonio Sesma.» 



379 



Oocuiiicnlo núiii. (j. 



Parte di; la Batalla oe Tonalá, qve da al Virrey el Coronel D. 
Manuel JuxQuiTo, Comandante Militar déla Provincia de Ta- 
ba se o. 1 

«Exmo. Sor: 

«El dia 21 del mes p"p", tuve la satisfacción de comunicar á V. E. el 
buen éxito de la Divicion q.e tenia de tropas para la defenza de esta 
Provincia de mi mando, al cargo del Tente. Coel. D. Manuel Servando 
Dambrini (|.i; no contento con haber escarmentado á los insurgentes 
en el Pueblo de Xiltepecjue avanzó hasta Tehuante])cque, á cuyo pro- 
greso se referia el último párrafo del citado oficio. 

«La Divicion se mantuvo en Tehuantcpc(|uc hasta el dia 13 de Abril 
en L[s impuesto el Comandante del desagrado con que aquellos habi- 
tantes miraban á la tropa, y de q.e los Cabecillas Matamoros y Sesma 
trataron de atacarlo, se replegó con su fuerza, q.e ya habia principia- 
do á desertarse, y continuó hasta llegar á la frontera. En el intermedio 
se puso el enemigo sobre las Tropas q.f le presentaron batalla y jamas 
quisieron entrar en acción en campo raso q.e fué donde se les presen- 
tó; - mas el 19 del citado Abril estando la Divicion en mi frontera fué 
amenazada por el enemigo y la Cavalleria sostvivo un fuego vivo has- 
ta q.e conociendo superioridad se replegó á escape sobre la Infantería, 
arroyó parte de ella 3- principió el desorden y se dispersó la Divicion 
ci.e con la fuerza q.e á cada instante se le iba disminuyendo sostubo el 
fuego serca de cuatro horas. Toda la Artillería se perdió y lo mismo 
las cargas y equipajes. No hubo muerto alguno y de heridos no tengo 
noticia de otro q.e del Capitán D. Agustin Cea cj.^' á ftierza de traba- 

1 .-VrchivoC.ral. — Operaciones de guerra. 1810álS21. — Realistas. — F. v K. — Fol. 116 
duplicado. 

2 Por respeto á los días santos, Matamoros no persiguió á Dambrini en su fuga de 
Tehuíintcpec, sino hasta el Sábado de Gloria, de modo cjue le llevaba tres días de ven- 
taja, por lo (|ue tuvo que hacer marchas dobles para poderlo alcanzar el día 19, en tjue 
nmediatameule lo liatió en su inexpugnable posición, y esto prueb.n ser falso lo tpie dice 

Junquito. — N. del A. 

A.N.VLiis. T. 1\'.— 17. 



380 

jos esta aliviado. El enemigo se situó en el Pueblo de Tonalá sujeto A 
la comprensión de mi mando, y en él v su jurisdieion hizo quantas co- 
rrerlas quiso, robó la cíiballada y ganado q.e se le presentó, taló los 
campos y saqueó las casas hasta de los mas despreciables, rompiendo 
lo q.e no pudo cargar. ^ Todo esto lo ha originado la insubordinación 
de la Tropa, cuyo numero era suñciente para haber escarmentado al 
vencedor, mas como era una fuerza visoña, sin disciplina, y poco dis- 
puesta á otra cosa c|ue á reunirse con sus familias, de aqui se debe el 
hal^erse experimentado tal desgracia. 

«Matamoros y Sesma pensaron hacer de su partido estos habitan- 
tes para lo cual escribieron las cartas q.c en Testimonio acompaño á V. 
E. para su conocimiento, y fines (|.e convengan, las cuales no han circu- 
lado á causa de la actividad y exactitud con q.c mis Tenientes cum- 
plen las ordenes q.^lcs comunico. - 

«El día ])rimero del actual íibandonó el lllmo. Sor. Obispo esta Ca- 
pital, con motivo de los recelos q.c le asistieron, pero se mantiene en su 
Diócesis donde ha dado principio á su visita por la parte confinante con 
las Provincias de Tavasco y Yucatán. 

«El 26 de Abril último comunicjué al Sor. Gobor. de Vera Cruz esta 
desgraciada ocurrencia, y le supliqué q.e si le ftiese dable me remitiese 
por Villahermosa quinientos hombres veteranos con sus respectivos 
oficiales de los q.e llegaron de la Península; nos servirían no sólo para 
la dcfcnza de esta Provincia, la de \'illahermosa 3- Yucatán, sino jja- 
ra q.t permitiéndolo las circunstancias se dirijiesen al j)initü cj.e m;is in- 
teresaseenesteReyno, sobrcloq.e esperodis]>ondrá V. E. lo q.<-* crea mas 
conforme en beneficio de este Reyno. 

«Dios gue. á V. E. m.s a.s Ciudad Real, Mayo 12 de 1813. 

«Exmo. Sor. 
«Manuel Ja iiquito. — Rubrica. 

«Exmo. Sor. \'irrcy, Gobor.y Cap.t;»" Gral. de X. E. D. Félix M" Ca- 
lleja. «1 



1 Esta es una calumnia que hace Junquito á Matamoros con el fin de desprestij;iar- 
lo, pues es bien sabido que Matamoros jamás admitió bandidos en sus filas, y que su 
tropa se distinsiuió siempre por su corrección, su honrado comportamiento y su discipH- 
na; por consiiruiente. no es de creerse que hayan cometido esos robos y saqueos que .gra- 
tuitamente les atribuye Junquito. — X. del A. 

2 Las cartas á que se refiere, son lascircuhires que dirigió Matamoros á los pueblos; 
la carta del mismo al Obispo de Chiapas, y la carta del Coronel Sesma á su sobrina Mi. 
cáela Frontán.las cuales ya publicamos aquí en el lugar que á cada una les corresponde. 



381 



It(ic'iiiiK-iiti) núiii. 



I'artk dk Matamoros á Morelos acerca dií i, a derrota á Damiíri- 
Ni, Pi'iiUCADO en ee «Correo Americano dee Ser," en Teiieante- 
im:c, dií 17 DE Ji'Eio DI-: ISl.'i. 

«¥A Sr. Mariscal de caní]») I). Mariano Matamoros al Excnio. Sr. 
general del Sur. 

«Exmo. Sr. — La valiente división, ((ue teníío el honor de mandar, ha 
triunfado completamente del enemigo, sin embarco de (|ue éste ha rcu- 
sado el choc|ue en todas ocasiones; de suerte C|uc hemos tenido (|uc ca- 
minar muchas le.iiuas para efectuar el combate. Creia batirlo en Tc- 
huantepec, y axin esperaba yo que él me atacase antes, según los deseos 
que me dixeron teniíi Manuel Dambrine, oa])ataz de la C)ua<lrilla, de co- 
nocer á V. E., pues preguntaba á menudo por su |)ersona;mas como el 
brio y valor de estos malvados consiste solo en las ¡lalabras, todo ha 
sido huir de nosotros. 

«Hallábame acam]iado en Xalapa, punto inmediato áTchuantepec, 
esperando que latrojja se repusiese de la fatiga anterior correspondien- 
te á tanlarga caminata, y Cjue pasasen los dias de jueves y viernes santo, 
(¡ue crei no debíamos emplear en derramar sangre, f|uando el martes 
por la noche tuve noticia segura de que Dambrine levantaba <-'i toda 
prisa el cantón, sin duda para fugarse á Guatemala. En el momento 
dispuse mis soldados para impedir acjuella marcha; de manera cpie á 
las cinco de la mañana siguiente llegué áTehuantepec en compañia del 
Sr. intendente de exército D. Antonio Sesma y Alencaster, cpie se me 
acababa de reunir. Encontré la villa despoljlada, porcjue desde Ifi no- 
che precedente habian desamparado la plaza los bandidos con tal ])rc- 
cipitacion, cjue ni las cargas de ma^-or importancia, objeto común de 
sus desvelos, pudieron llevarse consigo. 

«Con todo, procuré asegurarme de que aquella salida no fuese algún 
ardid: registré los puntos que inc parecieron peligrosos; observé si se 
haljian alojado (lor las inmediaciones ó refugiado en ídgun ])ueblo veci- 
no, y descubrí riue no habian tenido otro motivo ])ara salir, (jue un 



382 

miedo inexplicable al ruido solo de nviestras armas. Alli me informé de 
que aquellos fanáticos venian tan presuntuosos, porque estaban creí- 
dos en que Y. E.habia sido derrotado completamente por loscobardes 
Paris y Rionda; y en que Oaxaca se hallaba amenazada ]5or diversos 
puntos de un número considerable de tropas: va se ve. tal es el éxito 
que tienen los miserables por sus credulidades. 

«Por la religiosa consideración de que hablé antes, no salí hasta el 
sábado inmediato en su persecución, resuelto á desbaratarlos donde 
quiera f|ue los alcanzase. Ya podra considerar Y. E.la ventaja que nos 
habian sacado, como que estaban descansados, iban en cal^allos de re- 
fresco, y llevaban tres dias de camino, mas sin embargo emprendimos 
la marcha. Hubo jomada de diez 3- seis leguas, de suerte que quando 
nuestra descubierta llegó á divisar álos fauos, 3'a mis soldad os estaban 
fatigadisimos; pero siempre ardiendo en deseos de vengar los agravios 
hechos á su nación. 

«El Domingo de pasqua, cjuando yo ya desconfialia de alcanzarlos, 
recibí parte del capitán D. Rafael Buenbrazo á cuyo cargo iba la avan- 
zada, de que habia conseguido ficcrcarsc á la enemiga, la qual después 
de haber hecho algunas escaramuzas de poco interés, habia vuelto á 
continuar su fuga. El dia siguiente, como á las dos de la tarde, recibí 
otro parte del capitán de avanzada D. Manuel Zavala, puesto cerca de 
la raya que llaman de Tonalá, en que me participaba haber alcanzado 
un trozo del enemigo como de doscientos hombres, v' que por hallarse en 
punto desproporcionado y sin orden expresa al efecto, no rompía el 
fuego; pero que los .sesenta hombres que llevaba estaban deseosísimos 
de romperlo. 

«Noticia tan placentera me hizo comunicar las ordenes correspon- 
dientes para acelerar la marcha. Dispuse que solo trescientos hombres 
de caballeria, algunos infantes y tres cañones se adelantaran para poder 
llegar pronto á las manos con los perversos, y entretenerlos, mientras 
cjue el resto de la división .se acercaba á exterminar tan pestífera raza: 
así fué, con la circunstancia de que de momento en momento se adelanta- 
l)an algunos soldados por las ganas que tenían de devorar á los minis- 
tros del tirano; de manera que su artillería 3' con aquellos pocos comenzó 
la acción de la ra\'a de Tonalá. Conforme iban llegando los demás, 
les destinaba \-o el lugar quedebian tomar, hasta que tuve la desgracia 
de que una bala de fusil me rozara el muslo izquierdo, sin haberme cau- 
sado más daño que romper el pantalón y quemarme el pellejo. Por lo 
pronto creí qvie fuese grave la herida, y me retiré un instante á vendar 
la pierna; pero mirando que no era cosa de cuidado, volví á continuar 
mis disposiciones. 

«El punto que el enemigo eligió para resistir, fué un cerro que tendría 
de alto como cíen varas, 3' de circunferencia como quinientas, corona- 
do de peñas mu3- gruesas al derredor; de forma que estaba en la mejor 
disposición para defenderse de un exército entero. Tenia colocada su 



383 

artillería del modo mas cómodo, y parapetado con los peñascos diritria 
los fuefíos con acierto. 

«A jioco de comenzada la refriega llegó el brioso Sr. Intendente de 
exércitocon un trozo de tropa que colocó en un l)osc|Uccillo, desde don- 
de pudo o1)rar con provecho. El choc|ue empezó a las tres de ki tarde, 
y eran mas de las cinco sin ((uc ])or ninguna parte seadvirtiese ventaja, 
íi pesar de (|uc el luego era vivisimo jjor ambas: ansioso yo entoncesde 
que tomase asjíccto favorable el combate, ordené que Don José Anto- 
nio Rodríguez, teniente coronel del regimiento de S. Pedro, con treinta 
dragones de su cuerjx) y alguna infantería del de la virgen del Carmen, 
y el teniente D. Joaquín Miranda con diez granaderos del mismo, avan- 
zasen j3or el frente, principal entrada al cerro, con el designio de que 
divertido el enemigo por este punto mirando nuestros conatos por allí, 
flestínase mayor niimero de gente por aquel paraje, desatendiendo un 
algo los demás, y mientras un trozo de americanos pudiese sorprender- 
lo en la eminencia. Entre tanto se executaba por tal punto esta dispo- 
sición, ya D. Mariano Rodrigviez, capitán de la primera compañía de 
granaderos del Carmen con quarenta de ellos, el de fusileros D. Fran- 
cisco Quíroz, el de igual clase Fr. Pasqual Ximenez, el teniente de dra- 
gones de S. Pedro, D. Mariano Serrano, y vni sargento con quatro hom- 
bres de este regimiento marchaban con serenidad por el lugar que se 
les habia señalado para flanquear al enemigo, y trepar á la cima del 
cerro. 

«Casi al mismo tiempo que los perversos abandonaron el punto por 
donde el teniente coronel Rodríguez los atacaba, dexíindo allí seis ca- 
ñones, se presentaron sobre ellos el capitán Rodríguez y sus compañe- 
ros, arrojando el fuego mas horroroso: aturdidos entonces los malva- 
dos, y azorados al ver casia suspechos las bayonetas de los granaderos, 
dieron la estampida mas vergonzosa, desamparando quanto habia y 
gritando «ahí están los judíos de las gorras amarillas.» Era ya de 
noche ciuando se terminó la obra, y como los facciosos se fugaron por 
entre un bosípie muy espeso, apenas pudo perseguirlos im trozo que 
destiné al efecto: ni era prudencia empeñarse mucho en el alcance, por- 
que en aquel lugar montuoso seria fácil que nos causasen algún daño. 

«Les hicimos presa de quantos cañones y pertrechos traían, de diez 
y seis armadas, de muchas armas de fuego y de distintos renglones 
de comercio, todo lo qual consta mas círcimstanciadamentc en los tres 
estados C[ue acompaño á V. E. Otras muchas armas perdió Dambrine, 
que nosotros no pudimos aprovechar porque las estrellaban los fugiti- 
vos en las peñas, reduciéndolas á menudos fragmentos, con el intento 
de que no nos sirviesen. 

«La perdida enemiga no se pudo averiguar apunto fixo; pero de al- 
guna consideración, pues auncjue en el cerro hallamos pocos muertos y he- 
ridos, al día siguiente se encontraron por los montes y breñales mas de 
catorce cadáveres. La dispersión fué tal que no quedaron diez hom- 



384 

bres reunidos, ca\'endo algunos prisioneros. Por nuestra parte perecie- 
ron cinco, y uno ú otro herido. Consistía la fuerza en setecientos hom- 
bres de fusil, doscientos de lanza y trescientos de caballería. 

«Las circunstancias solas de la expedición están recomendando el 
valor y constancia de la tropa, que en esta ocasión me ha parecido in- 
imitable, y aunque no mas los oficiales de fpie hehabladocxi)licaron su 
denuedo, arrojándose sobre el enemigo en los términos que lo hicieron, 
no les faltó deseo á otros muchos; sino que fué preciso contenerlos, pa- 
ra que no desamparasen sus compañias y los puntos de (|ue estaban 
encargados. Puede descansar Y. E. en la valentia de esta división, ase- 
gurando que no desmentirá el grado de repvitacion que justamente se 
ha granjeado el exército del sur. Ale ha parecido conveniente dexar en 
la raya un destacamento de doscientos hombres, para evitar nueva 
ocupación de nuestros territorios. 

«Es inconcebible el punto de ferocidad á que han llegado estos bar- 
baros. Luego que se vieron perdidos, no tuvieron otro deshaogo que 
disparar sus fusiles contra los prisioneros quesin delito alguno, habian 
cogido en Tehuantcjx'c; de manera que unos murieron, otros resultaron 
mu}- mal heridos \- algunos tuvieron la fortuna de escapar. 

«No se á que atribuir el j^rocedimiento de estos perversos, executad o 
enTequisistlan; lo cierto es que encontré allí enterrad os entre la basura 
un crucifixo del Sr.de Esquipulas y una imagen de la Purísima Concej)- 
cion. He mandado f[ue am1)as se conduzcan á Oaxaca ]3ara colocarlos 
en alguna iglesia ó convento con la debida venenacion. 

«De Tehuantcpec en adelante tenian estos malévolos tan infatuada;! 
la gente con sus patrañas, que no habia ¡jueblo que no encontrásemos 
vacio; pero en el dia han vuelto ya muchos de sus vecinos, 3- están lle- 
gando continuamente, en virtud de las proclamas que he dirigido por 
todos rumbos, desengañándolos del concepto que de nuestros exércitos 
les habian hecho formar esos idiotas desgraciados. No asi los Tehuan- 
tepecanos, cuyo porte me ha dexado lleno de satisfacción, y creodeber- 
lo recomendar á V. E. para que sepa que en esta villa puede contar con 
muy buenos jjatriotas. Tuve que celebrar el cjue las inditas del pais 
iban diariamente á esperar que abriesen las puertas de los hospitales, 
]3ara alimentar, medicinar y socorrer á los enfermos insurgentes. 

«Remito á V. E. copia del manifiesto que he enviado al Sr. Obis])o de 
ciudad Real, á su Iltre. Ayuntamiento y á las repúblicas de afjuellas 
demarcaciones para que abriesen los ojos. 

«No (jueda que desear: todo se ha concluido felizmente. Los pueblos 
se hallan en la mayor tranquilidad, y yo con la confianza de cjue no 
volverá el gobierno de Guatemala, sino con temeridad, á disponer otra 
expedición que nos moleste. Dambrine va azorado y lleno de escarmien- 
to. En quanto acabe de arreglar las cosas por estos paises marcho á 
Oaxaca, á esperar las ordenes que V. E. tenga á bien imponerme. 

«Dios guárdela muy imjiortantc vida de V. E. muchos y felices años. 



o85 

— Telilla ntcjícc, mayo (S de ISl.'!. — Exino. Sr. Maiiaiu) Matamoros. — 
Exmo. Sr. D.José Alaria M órelos, eapitun general délos exéreitosame- 
rieanos.» 



Los estados (¡iic ¿icomp.iñuhnn ú este parte, contienen lo siguiente: 

AkWI.VS V IMÍUTKECHOS. 

«Cañones de artillería de varios ealibres, 9. — Fusiles, 136. — E.seojje- 
tas, 57. — Armadas de G eañones cachi una, 16. — Lanzas, 84-. — Pólvora 
en granel, 19 eaxones. — Saquetes, 422. — Metralla, 8 eaxones. — Saque- 
tes, 204-, — Estopines, 1 ,600. — Balas de cañón, 6. — Cartuchos embalados 
de fusil, 8,720. — Bala suelta de id., 14- arrobas. — Cureñas inútiles, 5. — 
Hachas vizcaínas, 13. — Llantas de fierro, 14. — Machetes cortos, 34. 
— Fierro platina, 5 arrobas. — Id. viejo, 6 y media arrobas. — Azadones, 
13.— Pieos, 2.— Martillos, 5.— Hoces, 16.— Pujabantes, 2.— Pares de te- 
nazas, 2. — Coas, 3. — Barretas, 10. S. C. 

«En l.\ imprenta nacion.vl del sur.» 



386 



Hocmiicnti) No. S. 



EXERCITO DEL NORTE. 



Relación déla Artillería cogida á los Insurgentes en los dias 23, 24 y 25 
de! mes de la lecha en r/.f .se acanton."" en esta Ciudad. 



«Culebrinas de á 4 3 

«Cañones de á 4 1 

Idni. dea 31/2 1 

Idni. dea 1/2 3 

Idni. de á V* 1 

«Cañón de á 9 1 

]dni. de á 4 2 

Idni. de á 3 5 

Idni. dea 21/2 3 

Idni. de á 2 2 

Idni, de á IV2 3 

Idni. de á 314, delgados. ...2 



Fabriea del Kev. 



Fabriea InsursTeiitc. 



«Algunas de estas piezas están montadas en eureñas inútiles, y las mejores ne- 
eesitan eomposieion. Valladolid, 27 de Dieiembre de IHIS.— José M." Ccvilla.— 
Y" B"—Behifcr. 



«Es copia. 
«Arana. — Rúbrica.» 



387 



ESTADO gral. de his Municiones, Pertrechos de Guerra y dcnias cogi- 
dos A los Insurgentes en la derrota r/.e padecieron el dia 25 de Di- 
ciembre de 1813 q.e atacaron esta Ciudad, bajo las ordenes del Ex- 
Cura de Caráquaro José Ai.-' Morelos titulado General.'"'^ de los 
Exercitos Nacionales del Sud. 



Municiones. 

Cartuchos de calibre de á 6... 
Idm. itlm. de á 4-... 

Idm. idm. de á 3... 

Idm. iilm. de á 2V'2 

Idm. idm. de á 2... 

Total. 



Bala rasa. 


Metralla. 


26 


20 


390 


136 


153 


22S 


16 


no 


91 


73 


676 


4-,') 7 



Balas ensalexadas. 



Del calibre de á 5 2i 

Idm. dea 4- 200 

Idm. dea 8 380 

Idm. de á 27 39 

Idm. de á 2 51 

Total 697 

Kazimos de Metralla. 

Del calibre de á lo loo 

Idm. de á -1- 536 

Idm. dea 3 178 

Idm. dea 2 275 

Total 1,089 

Balas sueltas. 

Calibre de á 6 30 

Idm. de á 4- 404 

Idm. de á 3 136 

Idm. de á 2 100 

Total 670 

A.NALKS. T. IV 



388 



«Diversos. 



Cartuchos de onza p." fusil 20,300 

Idm. cle% p." carabina y pis- 
tola 4,780 

Cartuchos p." escopeta 2,250 

Cartuchos de varios calibres p.-' 

salva 24-5 

Manos de cañuela de pólvora.. 60 

Estopines de varios calibres 3,700 

Cajas de pólvora suelta 6 

Libras de Yesca 6 

Docenas de buscapiez grandes 

con bomba 22 

Docenas de buscapiez chicos con 

bomba 17(> 

Docenas de buscapiez cortos en 

vara ; 123 

Piedras de chispa p.* fusil y pis- 
tola 3, 4-00 

Cargas de guangoche p." trin- 
cheras 30 

Granadas de mano cargadas... 106 

Bombas incendiarias 112 

Balas sueltas p." fusil, carabina 

y pistola 31,G.S(I 



Ollas de campaña de cobre 

Peroles de cobre p.^» mixto 

Tiendas de campaña 

Baquetas p.'' cubrir los armo- 
nes 

Aparejos viejos desavilitados... 

Fustes de sillas vaqueras, idm. 

Azbalexos y platillos de á -í p.-* 
Metralla 

-Azbalexos y platillos de á 3 

Idm. de á 2 

Sorteros de á 4 

Idm. de á 3 1.... 

Idm. de á 2 

Fusiles sin cañón desavilitados. 

Cajas de Guerra servibles 

Idm. inservibles 

Muías de silla y carga 

Caballos madrineros 

Saquillos de manta para cartu- 
chos de á 2 

Guarniciones de tiro muy mal- 
tratadas 



1 

23 

2 

147 

382 

248 

346 

471 

227 

3 

3 

2 

63 

1 

120 

34 



«Nota. 

«Xo hace exprccion este estado del numero de piezas de .\rtilleria y sus cali- 
bres por estar ya dada cuenta por separado de las q.'^ son, al Sr. D." Domingo 
Landuzuri, y p.'' consiguiente al Sor. Subinspector del cuerpo nacional de Arti- 
llería. — Valladolid, 28 de Diciembre de 1813.— ^uan Francisco de la Torre. — V° 
B"— Bo/u/er. 



• Es copia. 
t Arana. — Rúbrica.» 



389 



Documento núm. 9. 



Parte de ea batalla de Pitkuarán, ole da Llano al Virkf:y. 

«Exmo. Sor.: 

ttEii mi ultimo oficio á mi salida de Valladolid,dixe á Y. E. qs salia 
con parte de mi Exercito á perseguir á Morelos, Matamoros, Muñiz y 
todos los Cíibeciilas q.e se estaban reuniendo en Tacámbaro, la Hacien- 
da de la Loma y otros puntos. Desde el 30 p.r la mañana q.e me puse 
en marcha, no pude alcanzar á ver el enemigo hasta el cinco á las doce 
del (lia. Desde el tres sabia 3-0 por un confidente, q.e Morelos se estaba 
fortificando en la Hacienda de Puruaran (22 leguas al S. O. de Valla- 
dolid) y el cuatro á la tarde, habiendo yo acampado á dos leguas de 
dicha Hacienda, me confirmé en q.e los rebeldes me esperaban con todas 
sus fuerzas y ademas tenian dos fuertes emboscadas en las Barrancas 
laterales de mi izquierda del camino. 

«Para trastornar el plan de Morelos dispuse q.e ima División de In- 
fantería al mando del Sargt." mo.r D. Domingo Claverino, atravesase 
las penosas Barrancas de nuestra izquierda para sorprender á los em- 
boscados, c[S no podian ni siquiera recelar el movimiento de Clave- 
rino. 

"En el Ínterin, yo, con todo el resto del Exercito, seguia mi nuirclia 
á a]jroximarme al enemigo. Desde tnia altura inmediata á Puruaran 
observé con elanteojo la posecion del enemigo, y determiné ocuparuna 
altura q.e al alcance del cañón dominaba los puntos fortificados de 
los reincides. 

«Haljiendocolocado un obusy dos eañonesde á cuatro, mandé rom- 
l)er el fuego, y las granadas, dirigida su puntería por el Tent.e Coronel 
graduado del primer Regimiento de Artillería D." Nicolaz Pinzón, cave- 
ron en los puntos mas inmediatos q.e ocupábanlos enemigos en reduc- 
to y trincheras. Los rebeldes se colocaron al momento en todas sus li- 
neas de defenza. 

1 .archivo (k-iicnil. — OpL-rncioiiL-s de Guerra. — Llano Ciríaco, Bri>;adier. — Tomo 
XVIII, f,)l. 2. 



390 

«No imclieiido aun ver con claridad el numero de gente, dispuse q>' 
el Tent.e Coe.l graduado D. Francisco Orrantia, con el Batallón se- 
gundo de la Corona 3- el Batallón Fixo de México, con 200 caballos y 
vina pieza, hiciese un reconocimiento sobre la linea enemiga, con el do- 
ble objeto de asi descubrir todas sus fuerzas, y si hubiese un momen- 
to favorable se atácasela linea fortificada del enemigo, pues al intento 
mandé á mi Ayudante, Cap." D. Alexandro de Arana reconociese bien 
la linea p.a el ataque q.e pensaba por la noche. 

«La aproximasion de Orrantia con sus cuerpos á las cercas y para- 
])ctos, no intimidó á los reincides, pues se mantuvieron con serenidad 
en los puestos de defenza; pero al acercarse rompieron el fuego los ene- 
migos, y empeñado por los nuestros, habiendo hecho parte de la Ca- 
ballería un movimiento sobre la izquierda y avanzando en orden de 
ataque los cuerpos de Infantería de México y la Corona, se tomáronlos 
parapetos por asalto, casi á un tiempo por todos los puntos. 

«Desordenado el enemigo iba huyendo su Infantería en dispersión 
y la nuestra al alcance. Visto por mi desde mi primera posición de es- 
tar decidida la acción, hice q.e saliese toda la Caballería á la persecu- 
ción, y empezó á baxarse toda la Artillería y Parcjue p.a la Hacienda. 
El resto de la Caballería al mando del S.r Coe.' D. Agustín Iturbíde, 
los persiguió dos leguas. 

«Los rebeldes han perdido mas de 600 muertos con muchos xefes: 
700 prísioneros, 23 piezas, 300 cargas de toda clase de municiones. Es- 
tá prisionero el Tent.e Gra.l Mariano Matamoros, segundo de Alore- 
los, de cuya causa sumaria está encargado mi Ayudante el Cap." D. 
.\lexandro de Arana. 

«Entre los muertos hay dos ó tres sacerdotes, pero solo se ha podi- 
do conocer al B.r D. Juan Zavala, y ademas hay prísioneros varios 
Frayles de diferentes religiones. 

«Nuestra perdida consiste en 5 muertos y 36 heridos. 

«El detal circunstanciado, lo remitiré á V. E. en la primera ocacion 
segtira, v en el ínterin le adelanto este parte, p.a q.e Y. E. tenga la no- 
ticia déla derrota ydispersion completa de todas las fuerzas q.e More- 
los y sus prale.s cavecillas habían introducido á esta Provincia. 

«Dios gud.e á V. E. m.s a.» 

«Hacienda dePuruaran, 7 de Enero de iSl-t, á las 10 de la noche. 

«Exmo. Sor. 
(iCirinco de Llano, rúl^rica. 

«Exmo. Sor.Virrev D." Félix María Calleja del Rey.» 



391 



Documento núiii. 10. 



Oficio de Llano al Vikkey, en el que le da parte pormenorizado 

DE su MARCHA DE PURUARÁN Á VaLLADOLID. 



«Exnio. Sor. 

«Nadie inejor q.e V. E. conoce la necesidad q.e las tropas tienen de 
alfíun descíinsü, después de marchas p.i' paises malísimos, y después 
de una acción tan desidida como la del 5 de Enero en Fumaran. 

«Los dias 6 3- 7 se mantuvo el Exercito en dicha Hacienda recogien- 
do los despojos y habilitándose p.a su conducción la Artillería enemiga, 
y municiones, aunque mucha parte de esta fue inutilizada p.r falta de 
muías para conducirla. 

«Lo penoso del camino á mi venida, apesar de ser baxada, me hizo 
conocerla gran dificultad q.e habia p.a subirla Artillería, p.r lo cj.e dis- 
])use el 7 á la tarde, saliese la tercera sección con toda ella, á inedia le- 
gua de distancia al rancho de los sauces, apesar de este corto espacio, 
no pudo llegar hasta las diez de la noche, apesar de haber salido á las 
tres de la tarde a^-udada de los Prisioneros. El ocho salió todo el resto 
del Exercito, y el doce llegó sin novedad á Paztcuaro, habiendo hecho 
noche en los ranchos de los Acheros, Zatñó y pueblo de St.a Clara. El 
temjjoral de aguas tan fuerte, me hizo detenerme en Paztcuaro dos dias, 
y el 15 llegué á esta Capital. 

«En todo el camino ninguna noticia ])ude adcjuirir del paradero de 
M órelos, pero no deviendo jjermanecer en inacción, parte de este Exer- 
cito, hice salir el 19 al Sargt." AIo.i' de X. E: D." Domingo Claveríno, 
con una fuerte Divicion, compuesta del le.r Batallón de la Corona, el 
1" de N. E., 4- piezas de montaña y 361 Caballos. 

1 Archivo General. — Operaciones de Guerra. — Llano Ciriaco. — Tomo W'III, t'ol. 22 
y siguientes. 



392 

«El obgeto de su expedición se reduce á ir directamente á Tíicamba- 
ro, pues aunque no hay noticia de ninguna reunión, destruirá las Mas- 
tranzas de Aluñiz, q.e tengo noticia están en las Barrancas de Acoco- 
rin, 3' ademas quantos hornillos, frag"uas y fundiciones de cañones 
encuentre por aquellas Haciendas. Quemará también todas las cañas 
q.e haya en las Haciendas, sin perjudicar estas, pues de su laborío de- 
pende la conservación de la canalla. Dará una vuelta por el pueblo de 
Ario, y retomará á esta Ciudad. Instrucciones en general han sido es- 
tas, pero le he encargado particularmente q.e averigüe el ¡varadero 
de ^klorelos, y me de aviso. Ademas, le he encargado q.e el primitivo 
obgeto es no comprometer jamas las armas del Rey, y q.e si tuviese 
noticia de alguna gran reunión, se acerque á esta Ciudad de donde se 
dispondrá batirlos con fuerzas competentes, p.a aumentar las glorias 
de las tropas del Re^-. El Sor. Claverino es sugeto de instrucción y co- 
nocimientos militares, 3- no dudo adelante algo á mis instrucciones. 

«El 19 salió el Sor. Iturbide con la Divicion del Yagio á reconocer 
la Provincia de Guanajuato, y á donde sus conocimientos y mucha ac- 
tividad q.e V. E. conoce mejor q.e a'o, no dudo q.e nada nos dejará q.e 
desear. He acordado con este Gefe q.e en caso de necesidad le daré avi- 
so oportuno p.:i nuestra reunión. 

«He escrito al Sor. Enriquez q.e averigüe p.r medio de confidentes el 
estado en q.e se hallan de enemigos por las cercanias de Tlalpu.xahua, 
Zitacuaro y Laureles; pues por estos rumbos á la menor novedad, des- 
pacharé Divicion en la maA'or fuerza q.e me sea posible p.;^ no compro- 
meterlas 3' escarmentar al enemigo. 

«Ninguna noticia tengo del paradero de Morelos, ni de sus pro3-ec- 
tos; pero tengo determinado q.e si aun no han salido de la Provincia, 
en reunir mis Exercitos é irlos á vuscar, pues no dudo un momento en 
q.e mis valientes Tropas losvatiran en cualquiera numero q.e sean. En 
esta parte, creo puede V. E. confiar en lo q.e digo, pues no perderé mo- 
mento en aprovechar cualquiera lance. 

«Mi Ayudante, el Capitán D. .\lexandro Arana, está encargado p. alas 
declaraciones secretas del rebelde Matamoros. Confio en sus conoci- 
mientos, sacará el mejor partido 3' mas noticias p.a pasarlas á V. E.: 3- 
(le su ho.r conocido me he fiado p.a asuntos de tanta importancia. 

«El 22 estará todo concluido 3- succesivaraente será pasado p.r las 
armas publicamente con todas las formalidades posibles. 

«Ahora q.e son las 7 de la noche acabo de tener las noticias siguien- 
tes q.e me dá una persona de carácter. 

«Hasta Canario llegó el mozo cj.e embié á tierra caliente sin poder 
«pasar adelante p.r la revolución de los insurgentes q.e han hecho mil 
«destrosos p.r alia. En el mismo Canario hicieron dos muertes: allí se 
«aseguró ha d os dias q.e Morelos está en Xecupétaro: q.e su gavilla grue- 
«za estaba 3'a deste lado del Rio mas acade Axuchitan. Esto lo dixeron 
«en la misma Hacienda de Canario, 3- cj.e decia llórelos á los de su ga- 



393 

«villn, q.*; aunciuc habia venido á la .i;uerra no había dispuesto cosa al- 
«nuna: esta y otras disculpas las da sin duda p.a ((.<; no le dcsiuriven; 
«pero yo se q.f están confundidos. 

«Dios gu.c á V. E. ni.í* a.s \'alladolid, 21 de Enero de 1.S14-. 

«Exmo. Sor. 
«Cirílico de Llano. — Kuljriea. 

«Exnio. Sor. \'irrey D. Féli.K M" Calleja.» 



394 



Documento núm. 11. 



EXERCITO DEL NORTE, i 



Estado q.e maniñesta los muertos, heridos y contusos qs tuvo la Divi- 
cion q.e atacó á los Rebeldes en Fumarán el cinco de este mes. 







MUERTOS. 


HERIDOS. 


CONTUSOS. 

1 




Oficia- 
les. 


Tropa 


Total. 


Oficia- 
les. 


Tropa 


Total. 


Oficia- 
les. 


Tropa 


Total. 




'2o Ríitallon rlp la Corona 










9 
16 


9 

17 






i 


Infantería 1 

i. lo Batallón Fixo de México... 




o 

1 
1 


2 

1 
1 


1 


1 


2 


3 


Cabalk-ría 














1 

.2 
2 
2 

o 


1 
2 

2 
3 






j 












i 




















1 




1 








1 


Id. de Sn. Fernando dcCe- 




1 




















i 




Total . 


1 


4 


;") 


2 


34: 


36 


1 


o 


3 









Nota. 

El oficial muerto fué el Capitán D. Estevan Rosas; los heridos: elSul> 
teniente D. Luis Pullado y el Teniente D. Juan Arro3-o; contuso, el Sar- 
gento Alayor D. Pío María Ruiz. 

Vallad olid, 17 de Enero de líSl-i-. 



de Llano. — Rúbrica. 



José M.!' Calderón. — Rúbrica. 



1 .\rchivo General. — Operaciones de guerra. — Llano Ciríaco, Brigadier. — T. XVIII. 
fol. 62. 



s Enemisros en la Hacienda ele Pnrnarán 



Cañones 
mas. ,^ Total, 

sueltos. 



5 252 



803 



Balas de Piedras de Galápagos 



fusil. 



chispa. de plomo. 



Id. de cobre, i 



, Lanzafuegos 



estopines. 



Caxo 

Tercie O 

Tota 



t 
O 



00 
12 



00 
25 



2 
O 



12 



25 



170 
83 



253 



2* 



muías que la cargíiran. 
ites al tiempo de su fuga. 



José M." Ca/derflii.—\iv\hr\ca. 



1 Archi 



Documento N*^ 11?. 



EXERCITO DEL NORTE. ^ 

Estado (|ii(.- m.-mififsta las Piezas de Artillería, Armas, Municiones y demás efeetos coo^idos á los Enemigos en la Haeienda de ruruarán 

el dia cineo del jjresente mes. 



Cañones. 


Calibre de { ídem de 
ki. á 3. 


ídem de 
í-2. 


ídem de 
á 1, 


ídem de 4 
onzas. 


Total. 




Fusiles. 


Carabinas. 


Cañones 
sueltos. 


Total. 


1 


5 


12 


4 


1 


23 




226 


325 


252 803 



MUNICIONES. 



Caxones. 
Tercios... 

Total... 


Cartuchos 

de bala raza 

dea 4. 


Metralla 
idcm. 


Cartuchos 

de bala raza 

deán. 


.Metralla 
ídem. 


Cartuchos 

de bala raza 

de á 2%. 


Cartuchos 

de bala raza 

de 4 2. 


Metralla ' Cartuchos 

Ídem. de canon 

sin bala. 


Cartuchos 

de fusil con 

bala. 


Pólvora 
suelta. 


Granadas 

de 
8 pulgadas. 


1 1 

, , , Balas de , Piedras de 
Id. de mano. 1 , ., 

fusil. chispa. 


Galápagos 
de plomo. 


Id. de cobre. 


Lanza fuegos 

y Total, 
estopines. 


22 
00 


11 

00 


2 

46 


2 



1 




9 



1 I 24 
00 


56 
00 


17 
00 


13 
00 


12 7 
00 


00 
12 


00 
25 


O 




170 
83 


22 


11 


48 


2 


1 


9 


1 


24 


56 


17 


13 i 1 ' 2 ' 7 

1 


12 


25 


2 


253 



NOTAS. 

V' De las expresadas imiiiieiones i'ue necesario inutilizar algunas, principalmente de la pólvora suelta, por falta de muías que la cargaran. 
2'-' Los 252 cañones sueltos tpie aijarecen en este Est;ido, fueron de carabinas y fusiles q.e inutilizaron los Insurgentes al tiempo de su fupi 

Valladolid, Enero 17 de 1814. 



\-" li" 
tic A/íC//().— Rúlirien. 



José M." Cal dci'oii .—\<«^irK-A 



1 .\rcllivci C.ciicral.— Opcrai-iuiK-s ilc .micrr.-i.— Llaim Cirincn, Krifradier.— Toinii 18, ídI. Q¡'A. 



395 



Pocumento míni. 13. ' 



«Exmo. Sor. 

«En el ataque de la Hacienda de Puruaran, se cogieron á los rebel- 
des, novecientas cincuenta y una armas de fuego, entre fusiles, carabi- 
nas y retacos; ademas, docicntos cincuenta y dos cañones de fusiles 
sueltos. 

«Con el Estado adjunto, q.c dirijo á V. E. se ve la distribución q.ede 
ellos se ha hecho, tanto al Sor. Iturbide, como á los demás cuerpos 
de este Exército, q.e en él se expresan. 

«Dios guíirde á V. E. muchos años. 

«Valladolid, 28 de Enero de 1814-. 

«Exmo. Sor. 
((Ciríaco de Llano. Rúbrica. 



«Exmo. Sor. Virrev Don Félix M'-' Calleja. 



1 -Vrchivolícncral. — Operaciones de Guerra. — Llano Ciriaco. — Tomo XV III. — Fol. 35 



Anales. T. IV.— 49. 



396 



EXERCITO DEL NORTE, i 



Noticia qs manifiesta el destino dado á mil docientas tres armas de 
fuego g.c se tomaron álos Insurgentes el 5 del corriente en la acción 
de la Hacienda de Puruaran. 





Fusiles. 


Cañones 
sueltos. 


Total. 


377 

48 

19 

38 

269 


119 
2 

(K) 

7 

124 


696 
50 

19 

45 

393 


El Tente. CorL D. Matías Aguirre, para el Ba- 
tnllon de Mévico v su Esouadron 


El Sargento Maj-or D. Domingo Clavcrino, pa- 
ra el Batallón de K. E. y el Esquadron de S. 
Carlos 


El Capitán U. Marcos Rodríguez, recibió p.=» el 


Existentes en el Parque de Artillería de esta 
Ciudad 




1,203 



Valladolid, 28 de Enero de 1814. 



de Llano. — R ti b rica. 



José M.''' Calderón. — Rúbrica. 



1 El mismo tomo, acabado de citar, fol. :)6, fte. 



397 



1 iiKimicntii m'mi. 11. 



Expediente que se formó e\ averiguación de si el dragón de 
Frontera José Eusebio Rodríguez, fué el aprehensor de Ma- 
tamoros. 

«Exilio. Sr. 

«Con el snjjcrior oficiodc\'. E.de 19 de Junio de 181-t, qs recibí con 
mucho atraso el 12 de Julio, es en mi poder la copia del oficio q.e puso 
á V. E. el Sor. Coel. Dn. Asíustin Iturbide, relativo al apresamiento del 
rebelde Matamoros en la Hacienda de Puruaran el dia 5 de Enero de 
1814.. 

«Nada es mas interesante que la .sabia disposición de V. E. á efecto 
de premiar en los Soldados las acciones distinguidas, al q.e justamente 
lo merece. 

«Para hacer las averiguaciones con lacircvmspeccion q.*^ exije la ma- 
teria, oficié con fecha 22 del corriente á los Capitanes D. Vicente Filiso- 
la, D. Alexandro Arana, D. Bernardo del Camino v Tente. D. José Gui- 
ral. 

«Acompaño á Y. E. sus quatro oficios en respuesta originales. Por 
ellas verá V. E. q.e en ninguna manera está aclarado, q.e el Dragón de 
Frontera José Eusebio Rodríguez, fuera el q.f hizo pri.sionero al rebel- 
de Alariano Matamoros, pues aseguran contestes los quatro oficiales 
haberles dicho Matamoros q.e él se entregó á unos Soldados en el xa- 
cal donde se refugió por temor de f(.e en el acto le diesen muerte. 

«Sin profundizar mas la averiguación, de si el aprehensor fue el ex- 
presado Dragón José Eusebio Rodríguez, manifestaré á V. E., q.e aun- 
que el fuese no hubo meríto de ninguna cla.se, y q.e el Sr. Iturbide se 
equivoca en su oficio de 1" de Ma\'0 en asegurar q.e fiw acción distin- 
guida y q.e la conducta es recomendabilisima. 

«Nada hay cierto de ninguna de las dos cosas afirmadas. V. E. cono- 
ce mejor q.e a-o lo q.e es acción distinguida, y de ninguna manera entien- 
do yo q.e lo sea el coger á un homlire dentro de vui xacal, en donde es- 
tá refugiado; y q.e no solamente no hace defensa para no ser cogido, si- 
no q.e se presenta suplicando no lo matasen. La conducta jamás será 
recomendabilisima, por q.e el Dragón debió estar montado en su caba- 



398 

lio, 3- en persecución de los enemigos, y no pie á tierra entrando en un 
xacal, á donde no pudo llevarle el objeto glorioso de lidiar con los ene- 
migos, sino el de ver q.e habia en la casilla, incurriendo en esto en una 
falta de diciplina conocida, por alejarse del jiarage donde estaban sus 
compañeros. 

«Me podia alargar sobre esto, haciendo ver á V. E. hasta la eviden- 
cia los torcidos pasos q.e ha llevado este asunto. 

«El 5 de Enero fue el pasageq.fsecita: ni en este dia ni en la marcha 
á Valladolid, ni en la mansión en acjuella ciudad, se presentó ningún 
Soldado reclamando esto por mérito. 

«Creo c^.e V. E. jusgará como yo q.e no era asunto tan indiferente, ni 
para un soldado ni para un oficial, si el apresamiento de Matamoros 
hubiera sido defendiéndose el prisionero, v no metido en el xacal pidien- 
do la gracia q.e no lo matasen. Pero esta petición residta á los quatro 
meses, y desde la villa de San Felipe. 

«En su copia asegura el Sor. Iturbide, q.e la averiguación hecha por 
D. Francisco Orrantia fue de mi orden. Yo no he dado semejante orden 
ni al Sr. Iturbide ni á Orrantia, y aunque asi hubiera sido, creo de la 
obligación del Sr. Iturbide, el haberme pasado todo lo actuado; esto es, 
si me considera el conducto regular como Comte. Gral. del Exército y 
Provincias en donde él opera con una de las Diviciones. 

«En la Gaceta de esa Capital de 30 de Junio, he visto impreso lo con- 
tenidoen el superior oficio de V. E. de 19 de Junio, sobre este asunto, y 
para cj.e el público no viva engañado en creer q.e el Dragón hizo una ac- 
ción heroica, espero de la equidad de V. E. se estampará en la misma 
Gaceta este mi oficio y los q.e originales acompaño con los números 1, 
2, 3 y 4. 

«Constante 3- sabido es á todos los individuos de este Exército, to- 
do lo q.e llevo referido, he suspendido hasta la superior determinación 
de V. E. el dar la orden ])or q.e recala sobre informe equivocado. 

«Dios Guarde á V. E. muchos años. 
«Acámbaro, 24 de Julio de 1814. 

«Exilio. Señor. 




«Exmo. Sor. Virrey Dn. Félix Alaría Calleja.» 



399 



A'." 1. 



«En cumplimiento á la orden ((.f V. S. me eomimica en su olieio le- 
cha de hoy, p.^' q.e diga lo q.é sepa á cerca de la prisión de Matamoros 
hecha, según dice el Sr. Coel. Itvirbide por el Dragón de Fronteras José 
Eusebio Rodriguez, debo decir á V. S. que ignoro hasta la fcha. el q.f el 
citado Rodriguez hubiera sido el q.*-' cogió al expresado Cabecilla; por 
q.f lo único que supe á cerca de esto fue, q.e un Granadero del 2" Bata- 
llón de la Corona y un Soldado del 3" Bta.o" Fixo de México, lo encon- 
traron en un jacalucho 3' al disparar uno de ellos le dixo se contuviera 
q.e era sacerdote, enseñándole al mismo tiempo la corona; esto se con- 
cilla muy bien con lo q.e el mismo Padre me dixo cuando 3'a preso, pre- 
guntándole como lo hablan aprehendido, dixo q.e cuando quizo huirse 
ya nuestras Tropas hablan pasado el Riachuelo del otro lado de la 
Had.a y q.e viendo q.e era imposible escaparse, se le ocurrió el entraren 
un xacal para evitar el q.e le dieran muerte en aquel acto, y luego pre- 
sentarse después de rato á q.e lo cogieran cuando el espíritu de los Sol- 
dados estviviera menos irritado, y mas capaces de razón: q.e el siemijre 
juzgó inevitable la muerte, pero le pareció (|.e asi lograrla morir como 
cristiano. 

«Es quanto puedo decir sobre el particular. 

«Dios gue. á V. S. m.s a.s 

«Acámbaro, 22 de Julio de 1.S14. 




«Sor. Comt.e Gral. del Exército del Norte Brigadier D." Ciríaco de 
Llano. )> 



A^." 2. 



«Al oficio de V. S. de ayer en q.e manda diga lo q.e sé acerca del 
aprehensor del Revelde Mariano Matamoros, digo: üue tomada por 



400 

asalto la cerca de Piedra que servia de defenza á los reveldes en la 
Had.a de Piiruaraii el 5 de Enero de 1814, se abrió un pequeño porti- 
llo para el Pasaye q.e fue el Batallón Fixo de México 3- habiendo pa- 
sado ídgunos Cavallos se emprendió la persecución de los enemigos: 
hallándome yo mas adelante de las casitas de los operarios de la 
Had.-i camino á Turicato me dijo un soldado q.o Alatamoros estaba 
preso. 

«Fui al momento á ver y hallé entre ocho ó diez soldados de Infante- 
ría á un hombre con chaqueta de Indianilla á quien conoci y era Mata- 
moros. En aquel momento habiendo prendido fuego la Bagacera de la 
caña molida fui á dar las disposisiones de apagarla y estando á mi la- 
do el Teniente del Fixo de México D. José Guiral le encargué la custodia 
segura de Matamoros. 

«Hasta entonces no pude saver quien lo habia hecho prisionero, pe- 
ro habiéndome comisionado Y. S. jj.i'sus declaraciones secretas, en con- 
versación jjarticular le pregunté quien lo baldía hecho prisionero, y me 
dijo: Que tratando de fugarse por el camino de Turicatcj vio q.e no po- 
día pasar por hal^er algunos Dragones delante y se apeó del Cavallo y 
se metió en una de las casillas de la Quadrilla p.i' el temor de q.e si lo 
encontraba algún soldado lo matase: q.e apoco rato de estar en ella 
pasaban unos soldados q.e 3'endo á entrar en la casita donde él estaba 
se presentó á ellos diciendo q.e no lo mataran poramordeDios, y q.e á 
uno de ellos le entregó la espada enbainada. Que luego lo llevaron ha- 
cia el Puente en cuyo })arage lo encontré. Ale dijo f|.e ignoraba el nom- 
bre de los Soldados, 3^ cj.e fue en la manera dicha, sin hacer resisten- 
cia ni señales de ella pues todo su temor era c|ue lo matasen al punto. 
Creo q.e á varios oficiales del exército dijo lo mismo acerca de su pri- 
sión. 

«Esto parece lo mas sencillo según el parage en donde fue apresado, 
pues Matamoros, según su relación, se hallaba á Cavallo bajo vino de 
los Arcos de la Cañería c[.e l)a al Trajjiche de dicha Hacienda, cuando 
3'a vio sobre el parapeto los soldados del Fixo de Alexico y la Bandera 
del Batallón. 

«En este tiempo q.e la Cavalleria enemiga huia por el Puente, Ma- 
tamoros tomó el lado de la Izquierda de dicho Rio y habiéndolo equibo- 
cado se retardó hasta subir por la pecjueña cuesta q.e forma el cauce. 
Va á este tiempo el Teniente Coel. D." Fran.eo Orrantia q.e halíia en- 
trado por la Bagacera y subido por la derecha del Puente hacia el ca- 
mino de Turicato tomó la delantera p.r lo q.e no pudo pasar Matamo- 
ros. Se apeó de su Cavallo tordillo en que iba montado 3' entró en la 
casita en donde se presentó á los Soldados. 

«Es quanto puedo decir á V. S. sobre su aprehensión sin saber el 
nombre de los Soldados á quienes se presentó 3- qs tampoco durante la 
mansión en Fumaran y Viage á Vallad olid se presentó ningún Dragón 



401 

(lando por incrito el liahcrlo cocido lmi cuyo ticiii]») liuliicra sido fasilí- 
sima la aclaración en presencia del mismo reo. 
«Dios Gud.e á V. S. m.s a.s 

«Acambaro, Julio 23 de 1814. 



o^lMoMcUiP diMrm. 




«Sor. Comte. Gral. del Exército del Norte Brigadier Dii. Ciríaco de 



Llano.» 



X» 3. 



«En contestación al oficio de V. S. de aA-er dirixido á q.e exprese 
cuanto sepa sobre la prisión del Rebelde Mariano Matamoros acaecida 
el 5 de henero último en la Hacienda de PuruaranjJor el Exto. del Nor- 
te al mando de V. S. Digo: q.c en la noche del mismo dia entré en la pri- 
sión de este cabecilla á comunicar una orden de V. S. al oficial q.e lo 
custodiaba, \ entre otras cosas le pregunté quien lo habia hecho prisio- 
nero? Y me respondió lo siguiente: á mi no ine hicieron prisionero 3'ome 
presenté á unos soldados y les dije: no me maten yo soy el Cura Mata- 
moros; el Capitán Dn. Alexandro Arana podra informar con más ex- 
tensión en este particular, mediante á q.e tuvo varias sesiones con el 
expresado Alatamoros. 

«Dios gud.e á V. S. m.s a.s 

«Acambaro, 23 de Julio de 1814. 



d'm 





«Sor. Comte. Gral. del Exto. del Norte Brigadier Dn. Ciríaco de 
Llano.» 



402 



N." 4. 



«En la tarde del cinco de Enero próximo pasado entregaron los sol- 
dados Terrasas y otro del Regimiento de la Corona á mi Comandante 
Dn. Pió iVI" Ruiz al cabecilla Matamoros, y a3^andome yo junto á mi 
xefe en el instante me ordenó asegurar al expresado cabecilla hasta la 
llegada de V. S. A pocos momentos me encontró el Capitán D. Alexan- 
dro Arana (juien de nuevo me lo rencargó como lo verifiqué hasta el 
anochecer, en cuya hora mandó V. S. continuase la custodia particular 
del expresado. 

«Conducido Matamoros á un quarto de la Had.a de Puruaran le 
pregunté como habia sido su prisión, y me contestó: q.e habiéndose en- 
trado en un xacal y escondido debajo de vin petate entraron im Dragón 
y algunos Infantes á registrar la casa en la q.e ayandolo á poco, entre- 
gó al Dragón el sable y se vino con los infantes q.e lo conduxeron 
preso. 

«Que en aquel rato no fue conocido por nadie pero sí al llegar á la 
Capilla, por uno del Fixo de México á qien no pudo negarse. 

«Es cuanto puedo decir á V. S. en contestación á su oficio de ayer. 

«Dios Gud.e á V. S. muchos años. 

«Acambaro, 23 de Julio de 1814. 




«Sor. Comte. Gral. del Exto. del Norte Brigadier D. Ciriaco de 
Llano.» 



403 



Documento mím. 16. 



Causa de Matamoros, que se le formó por la jurisdicción eclesiástica, 
copiada textualmente de la original que existe en Morelia en el ar- 
chivo del Arzobispado. 



Valladolid.— Año de 1814. 

tOficio del Sr. Brillad ier y Comandante General del Exercito del norte. D. Ciríaco Llano, 
participando la resuelta execucion del Licd." Mariano Matamoros, cura encargado 
q.^ fue de Xantetelco. Teniente General de los rebeldes, r segundo de Morelos: y 
provid.^ consiguiente de S. Sria. Illma. en q.^ lo declaró desaforado del Fuero y pri- 
vilegio del Canon y entregado lisa y llanamente á la Potestad Militar q.^ lo aprehen- 
dió y conoce de su causa; y comisión q.^ S. Sria. Illma. confirió al Sr. Provisor, noti- 
ficación, y demás Disposiciones que contiene la misma providencia. 

«limo. Sor. 

«En el atacjue dado en 5 de Enero á las Fuerzas de los rebeldes, reti- 
ñidas en la Hacienda de Puruarán, fortificada p.r ellos, lúe hecho jjri- 
sionero el Lie. Mariano Matamoros, Cura encargado q.e íue de Xan- 
tetelco. Tent.e Gra.l de los rebeldes y segundo del iniquo Morelos. Sos- 
tuvo mandando enxefe lospuestosde dh.-i Hacienda hasta q.»-' nuestras 
valientes tropas la tomaron por asalto. 

«La notoriedad de q.e este rebelde ha sido el pinncipal cabecilla y 
los daños incalculables c[.e ha causado á la Nación Espaiíola, lo sabe 
S. S. L lo mismo q.e yo; debiendo sufrir la pena de muerte, p.a escar- 
miento Publico, he determinado dar á V. S. L este aviso p.a las medidas 
q.e V. S. L tenga á bien tomar por lo respectivo á las Censuras }■ de- 
mas tramites de su Jttrisdicion. 

«Valladolid, Enero 17 de 1814-. 

«Ciríaco de Llano. — Rúbrica, 
«limo. Sr. Obispo electo D. Manuel Abad y Queipo.» 

A.x.iLES. T. IV. — 50. 



404 



«Yalladolid, Enero IcS de 1814. 
«Visto el oficio q.e antecede del Sr. Brigadier D. Ciríaco Llano, Co- 
mandante General del Exército del norte: siendo publico y notorio 
quanto en dicho oficio se expone, esto es, q.e el Licd.<> Mariano Mata- 
moros, Cura encargado q.e fue de Xantetelco del Arzobispado de Mé- 
xico, filé preso en el ataque de Puruarán de cinco del corriente siendo 
el xefe como Tent.e Gra.l de los rebeldes, y segundo de Morelos: q.e no 
solo es reo de apostasia, de lesa Magestad y alta traición, sino q.e por 
la opinión q.e habia adquirido con los infamadores, q.e sigen y prote- 
jen la insurrección, habia venido á ser su principal apoyo, y ha sido en 
efecto la causa eficiente 3' moral de una serie de males incalculables qs 
han afligido al Reyno: q.e por consigTiiente se halla innodado con las 
Censuras eccas. fulminadas por los sagrados Cánones contra este géne- 
ro de perturbadores piiblicos, publicadas por nuestros Edictos, y por 
los Edictos de los otros Ilustrisimos Señores Diocesanos, y en los del 
Santo Oficio de la Incjuisicion expedido últimamente, los cuales violó, 
delinquiendo en los mismos territorios con tanto escándalo y desprecio 
de la Iglesia. Por tanto declaramos que dicho Licd." Mariano Alata- 
moros perdió por sus crímenes notoríos el privilegio del Fuero y el pri- 
vilegio del Canon y lo declaramos lisa 3- llanamente entregado á la Po- 
testad militar q.e lo aprehendió 3^ conoce de su causa: 3' q.e no puede 
ser absuelto de otras Censuras eccas, sin q.e antes satisfaga á la Igle- 
sia por medio de una desaprobación pública de los escándalos con q.e 
le ha ofendido, 3- abjure los errores de Impiedad y Hereg"ía en q.e pare- 
ce ha incurrido, en el hecho de sostener en sus escrítos 3' con la espada, 
q.e la actual revelion de la Nueva España es justa 3' legitima, siendo 
notoríamente contraria 3- reprobada por el Derecho natural, por el De- 
recho divino, por el Derecho de gentes 3' por el Derecho público de todas 
las sociedades humanas; ó se compurgue de la veemente sospecha q.e 
contra él resulta en esta razón, 3- por su ensordescencia en las Censu- 
ras: 3' satisfaga los daños causados á la Sociedad en el modo posible, 
esto es, absolviendo con verdad 3' buena fé todas las cuestiones, q.e le- 
gítimamente le hiciere el Tribunal militar cj.e conoce de su causa y q.e 
puedan conducir á la pacificación general y á detener el fuego de la in- 
surrección q.e todo lo debora 3- destruvc. Y para q.e pueda meditar, y 
comprender la necesida en ((.e se halla de hacer estas reparaciones, su- 
Ijlicamos al Sr. General q.e tan luego como el Sr. Provisor (á quien se 
comete) notifique al reo este Decreto, se sirva S. Sria. mandar, q.e no 
se le perturbe con ninguna diligencia judicial ni esta tarde, ni mañana, 
ni pasado mañana, esto es, miércoles 3' jueves: previniendo al Oficial de 
Guardia dexe entrar á dicho Sr. Provisor, y al confesor q.e ha elegido, 
todas las veces q.e el reo lo pidiere, á fin de c|.e le faciliten los auxilios 



405 

convenientes, en el concepto de c|.<^ el viernes á las ocho de la mañana 
el mismo Sr. Provisor pasará á i)oner en diligencia judicial lo t|A- resul- 
tare de estas medidas, y se dará tinenta con testimonio al mismo Sor. 
General, para los procedimientos ulteriores. Acompáñesele á hora tes- 
timonio de este Decreto en contestación de su citado oficio. El Illmo. 
Sor. Dr. D. Manuel Abad y Queipo, Canónigo Penit.o de esta Santa 
Iglesia, Obispo Electo, y Gobernador de este Obispado así lo decretó y 
firmó. 

«Abad, Obispo Electo. — Rúbrica. 

uSantiago Camina, Serio. — Rúbrica. 

«M. T. — Con la misma fecha se paso al Sor. General el testimonio 
prevenido.» 



«En la Ciudad de Valladolid, á veintiuno de Enero de mil ochocien- 
tos catorce: Estando en la Cárcel Episcopal y en la Bartolina donde se 
halla preso el Presbitero Mariano Matamoros, Cura encargado de Jan- 
tetelco del Arzobispado de México, el Sor. Provisor Vic.o gra.l de este 
Obispado, Licd.o D. Francisco de la Concha Castañeda le notificó de 
nuebo el Supo.r Decreto q.e antecede q.e ya se le habia intimado el dia 
diez y ocho del corrt.e 3- habiendo usado el expresado Presbitero de 
los dias q.e le concedió el Illmo. Sor. Obispo, de acuerdo con el Sr. Bri- 
gadier D. Ciriaco Llano, Comandt.e Gra.l de Exert.o del Norte, en el ci- 
tado Decreto, p.a q.e meditase con espacio el contenido y contestase con 
toda la circunspección q.e corresponde á la gravedad del asunto de q.e 
se trata después de haberlo hecho asi según ha insinuado en este acto, 3- 
después de habérsele leido otra vez. — Dixo: q.e lo 03-e. 3^ se conforma ente- 
ramente con la sentencia del Illmo. Sor. Obispo, en q.e lo declara privado 
de los privilegios del Fuero 3- del Canon 3' entregad o lisa 3- llanamente á 
la jurisdicion militar, reconociendo q.e lo tiene bien merecido porsusde- 
litos. Que asi mismo reconoce q.e la insurrección es inicua, injusta, con- 
traria al derecho natural, divino3-de gentes, protestando con toda ver- 
dad, 3'noporvia dedefensa suva, q.e aunque quando entró en ella q.efue 
puntualmente el diez 3- seis de Diciembre del año pasado de mil ochocientos 
once, se alucinó con la razón de q.e el mismo derecho q.e tenia España 
p.a nombrar Juntas q.e gobernasen en la ausencia 3' cautividad de ntr.<> 
Soberano, tenia también este Reyno y qualquiera otra parte de la Mo- 
nartiuia, 3- con otras q.e han extendido los Insurgentes; pero q.e pos- 
teriormente, esto es, desde Noviembre último áesta parte ha estado va 
desengañado, 3- aun habló con uno q.e otro del Exercito de Morelos 
q.e eran de su confianza sobre el intento de separarse del Partido Re- 
belde, lo q.e no pudo verificar por q.e su mismo empleo lo hacia muv 



406 

visible, y lo tenían rodeado continviamente de Soldados: q.e igualmen- 
te protesta, y con la misma verdad, q.e antes de la fecha citada opinó 
como fiel vasallo y como ecc.<> arreglado acerca de lo injusto de la Re- 
volución, como lo prueloa su notoria conducta en aquel tiempo, y la 
consulta q.e hizo luego luego q.e Alorelos llegó á Chilai)a, distante solo 
diez y ocho leguas del Pueblo de su cargo, al V.e Cabildo Sede vacante 
de México sobre el modo de manexarse en circunstancias tan angustio- 
sas, ó si les parecería q.c se retirase á atjuella Capital p.'-^ q.e no se viera 
conplicado en mil compromisos q.e se le presentaban á la imaginación, 
capaces ya q.e no de seducirlo, si de desacreditarlo, y poner en duda el 
honor q.e siempre habia tenido, ó de causarle algún peligro por parte 
de los rebeldes; pero q.e la imprudente y falsa denuncia q.e por vn re- 
sentimiento ridículo, hizo cierto Sugeto, á q." le perdona de todo cora- 
zón, de q.e él era uno de ellos, á D." Anselmo de Ribera, Admo.'" de Ren- 
tas de Cuautla de Amilpas, encargado de justicia en aquel tiempo, y la 
persecución de su persona q.e se siguió á dicha denuncia, sirvió de Oca- 
.sion á su miseria y fragilidad para huir de su Pueblo, y presentarse en 
Izucar á Alorelos en la fecha enunciada: todo lo cual refiere no por via 
de defensa ó de disculpa como ha dicho, sino por un efecto de sinceri- 
dad y deseo de manifestar su Corazón. Que asimismo confiesa q.e sin 
embargo de la alusinacion q.e lleba manifestada, se consideró y se ha 
considerado incurso en las Censuras de Dr.o las del extinguido Santo 
Oficio, y las q.e han promulgado los Illmos. Seres. Diocesanos, con la 
Sinodal de todos los Obispados de este Re^-no, sobre salir los Clérigos 
de su propio domicilio sin licencia del Prelado, y quizá otras de q.e no 
tiene conocimiento: q.e también se ha considerado irregular desde q.e 
abrazó el Partido insurgente, de manera q.e no ha exercido acto algu- 
no, si no es absolver á algún moribundo en caso de extrema necesidad, 
asi por q.e ha mandado combates en q.e ha habido efucion de sangre 
como por q.e siendo Insurgente ha sido un cooperador de toda la q.e se 
ha derramado, como igualmente por q.e se vio en presicion de mandar 
fusilar al Comt.e Cándano y á otro Oficial Americano del Batallón de 
Asturias y á otro Capitán del mismo Batallón, q.e se vio en presicion, 
por q.e conforme á las ordenes de Morelos debían haberse fusilado to- 
dos los prisioneros q.e se cogieron en el combate de Huaquechvda, q.e 
eran cerca de quatrocientos, la ma^-or parte Europeos, y asi se lo pedia 
con insistencia un Oficial Insurgente; pero q.e escogió á solo tres por 
410 parecer c|.e faltaba á su obligación de xefe, entre ellos al comandan- 
te Cándano, á otro oficial americano y al capitán Longorio, de los 
r|uales á este ultimo lo libertó conviniendo secretamente con el Cura de 
S." Andrés q.e le presentase un Escrito demandando la vida de ellos, 3-- 
á los otros dos todavía les permitió q.e fuesen á comtdgar á la Parro- 
quia con el fin de q.e se acogieran al asilo de la Iglesia y se le pidiese 
causion p.:' extraerlos y se librasen de esta manera la vida; pero q.e no 
lo executaron, y el numero de tres q.e ha insinuado se fusilaron de su 



407 

orden lo completa un Capitán de los mismos ])risioneros (po por haber- 
se fugado habiéndolo puesto en libertad y agregado á las armas fue 
menester executarlo en el Pueblo de Qüesala á instancias de los Oficia- 
les Insurgentes. Que repite q.e no manifiesta esto por disculparse; pues 
conoce la gravedad \' multitud de sus delitos, como son haber apostatado 
de su Estado Santo no solo con los hechos, sino aun desnudándose de 
los vestidos clericales conservando únicamente la corona y su Brebia- 
rio p.;i rezar el Oficio Divino como lo ha executado indefectiblemente 
todos los dias á pesar de los embarazos de la inicua carrera q.e abra- 
zó, haljcr tomado las armas contra el Rey 3^ contra la Patria, siendo 
causa de innumerables males, y desastres, 3' escandalizando á todo el 
Re\no con su depravada conducta; haber avandonado su feligresía dan- 
do un pésimo exemplo á lasObejas q."-' tenia á su cargo en vez delibrar- 
las de los lobos q.e las rodeaban; 3- otros muchos de q.<-' le acusa su 
conciencia, 3' pide perdón á Dios, á los Prelados ecco.s 3' al Gobierno 
legni.o, protestando en esteacto q.e aunq.*^ efectivamente ha desprecia- 
do las Censuras, las Le3'cs y todos los respetos humanos q.e debia ha- 
Ijcr tenido presentes, no ha sido á la verdad por efecto de impiedad de 
corazón relativa á algún error en laFée ó acerca déla legitimidad de las. 
Autoridades y Potestades Espirituales 3' Temporales de este Ke3-no, y 
de todíi la Monarquía, sino arrastrado únicamente de la fuerza de sus 
pasiones; pues reconoce á estas mismas potestades, 3- ha obrado contra 
el dictamen de su conciencia, como lo prueba el q.e no se ha atrevido 
á celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, ni á exercer otro acto de sus 
ordenes fuera del caso de extrema necesidad como ha insinuado: Que 
por tanto desaprueba con todo su corazón la insurrección 3- todos los 
delitos ci.e son consiguientes á ella, especialmente los peculiares suyos, 
]3rotestando su obediencia 3- sumisión á las Leyes canónicas v civiles, 3- 
á las potestades tanto ecca.s como seculares de este Re3'no, debiendo 
añadir q.e jamas por escrito ni en conversación privada ha manifesta- 
do lo contrario, sinosolamente con sus hechos; pues una sola proclama 
q.e salió en Oaxacti bajo su nombre no trataba de estas materias sino 
de alentar al Pueblo para q.e no extrañase el retiro de la tropa Insur- 
gente: Que por lo mismo protesta C{S con verdad 3- buena fée, ocupado 
como está por la misericordia de Dios, de un cinsero interés 3' deseo de 
la pacificación de este Re3'no, ha declarado 3^a 3- está pronto á declarar 
á potestad militar q.e lo jusga cuanto sea conducente aun fin tanapre- 
ciable siendo su ánimo reparar con est03' conlasprotestas3'declaracio- 
nes q.e ha executado en el acto los males q.e ha causado tanto en lo 
moral como en lo temporal; 3' conclu3-e pidiendo al Illmo. Sor. Obispo 
Electo Gobernador de esta Diócesis, q.e si S. S. I. discurre algún otro me- 
dio de reparar otros daños 3^ satisfacer á la Iglesia nuestra Madre, á 
sus Prelados, 3' al Gobierno ofendidos se sirva sugerírselo jjara poner- 
lo prontamente en execucion, suplicándole asimismo, 3' con el ma3'or 
rendimiento, mande absolverlo de todas las Censuras con q.e se halla 



408 

ligado para tener el consuelo de recibir los Santos Sacramentos, y for- 
talecer con ellos su alma p.a el ultimo trance; y q.e por efecto de su ca- 
ridad paternal tome el mayor interés en q.e el Sor. Comt.e general, des- 
pués de evaquadas las declaraciones q.e sean convenientes tomarle, le 
conceda ocho dias francos p.a dedicarse á disponer su alma con vnos 
exercicios Espirituales dirigidos por el confesor q.c ha elegido, cuia gra- 
cia no duda q.e se conseguirá de la piedad del mismo Sor. Comandan- 
te. Esto respondió y firmó con el expresado Señor Provisor por ante 
mi el infrascripto Notario mayor y Público de q.e do3' fée. 

uLic.o Concha. — ^Rúlirica. Mariano Matamoros. — Rúbrica. 

uRanion Franc." de Aguilar. — Rúbrica. 

Xot.o Mo.r Y Pub.o» 



«Valladolid, Enero 21 de 1814. 
«Dése quenta con estas diligencias al Illmo. Sor. Obispo Electo 
Gobo.r de esta Diócesis. El Sr. Licd.» Franco de la Concha Castañe- 
da, Provo.r y Yic.o gra.l de este Obisp.o asi lo determinó y firmó. 

«Lic.o Concha. — Rúbrica. 

«Ramón Franco de Agnilar. — Rúbrica. 
dXot." Alo.!" V I'ub.o» 



«Valladolid, Enero 21 de 1814. 
«Visto este Expediente, saqúese testimonio del Decreto y dilig.íi q.e pre- 
cede, en q.e se acredita q.e el reo Alatamoros ha cumplido en parte con 
el tenor de nuestro Decreto del diez y ocho del corriente, y parece dis- 
puesto á darle cumplimiento en el todo; y remítase con el Oficio al Sor. 
General q.e conoce de la causa, para q.e en su vista mande evaquarlas 
diligencias judiciales q.e estimare convenientes; 3- evaquadas q.e sean 
se sirva darnos aviso oportuno, á fin de disponer la absolución del reo 
dé las censuras ecca.s en q.e se halla incurso. Y le suplicamos encare- 
cidamente se digne conceder al reo los ocho dias francos q.e solicita p.a 
prepararse mejor al trance terrible q.e le espera, por la gracia de Dios 
y con los auxilios de su Confesor. El Illmo. Señor D.r D." Manuel 
Abad 3' Oueipo, Canónigo Penitenciario de esta Santa Iglesia, Oliispo 
Electo, y Gobernador de este Obispado, asi lo decretó 3- firmó. 

«Abad, Obispo Electo. — Rúl)rica. 
«Santiag^o Camina. Serio. — Riibrica. 

(iM. J. — Se pasó el testimonio y oficio prevenidos al Sr. Comt.e Gra.l 
con la misma fecha del At.'^ anterior.» 



409 

«Illmo. Sor. 

«Con el oficio de S. S. I. de 21 del corriente recibí el testimonio de la 
diliííencia ])racticada por el Sor. Provisor 3' Vicario General de este 
( )bispado, con el reo de Infidencia, Mariano Matamoros, Teniente Ge- 
neral de l(js Insurgentes. 

«Concluido por mi Ayudante de Campo, D. Alexandro Arana, el in- 
terrogatorio, de q.e está encargado, con dicho reo, puede V. S. I. pro- 
videnciar la absolución de las censuras; pues habiendo prometido como 
Christiano, decir verdad, á lo q.e se interrogara, no hallo motivo p.a 
dudar cj.e halla faltado á ella. 

«Las críticas circunstancias del dia, no me permiten darle mas q.<; 
el tiempo necesario de tres dias, para la dis])osicion de su alma; pues 
tiene adelantado el tener Confesor á su satisfacción, hace ocho dias. 
«Valladolid, Enero 27 de ISl-i. 

ttCiríaco de Llano. — Rúbrica. 
«Illmo Sr. Obispo Electo D." Manuel Abad y Queipo.» 



«Valladolid, Enero 27 de 1814. 
«Agregúese al exjiediente del asunto, y pase al Sr. Provisor p.a q.e 
3' con arreglo al Ritual Romano, proceda ala absolución del reo Maria- 
no Matamoros por ante Notario, omitiendo solamente la percusión con 
vara, lo q.e pondrá por diligencia. El Illmo. Sr. Dr. D. Manuel Abad 
3- Queipo, Obispo Electo \' Gobernador de esta Diócesis, asi lo decretó 3- 
firmó. 

víAbad, Obp." Electo. — Rúbrica.» 
«Santiae'o Camina, Serio. — Rúbrica.» 



«Valladolid. Enero 27 de 1814. 
«Cúmplase lo prevenido en el Su])erior Decreto antecedente con asis- 
tencia del jjresente Notario, fiuien certificará el acto, 3' verificado dése 
quenta al Illmo. S.'' Obispo Electo, Gobernador de esta Diócesis, de q." 
procede la comisión. El Provisor Lie." D." Francisco de la Concha Cas- 
tañeda, Vicario Gríi.l de este Obispado, así lo decretó y firmó. 

«Lie." Conclia. — Kúbricíi. 
nRaiiioii Fraile." de Agiülar, Xot." Mo.'' v Puljc." — Rúbricíi.» 



«Yo, el infrascrii)to Notari(j mayor y Púl)lico, certifico en cjuanto 
¡)ued(), debo y el dr." me ])ermitc q.e hov dia de la fecha á las diez de la 



410 

mañana pasó el S.r L¡c.<> D. Francisco de la Concluí Castañeda, Provi- 
sor y Vicario General de éste Obispado, á la Cárcel episcopal de esta 
Ciudad donde se halla preso Mariano Matamoros, y habiéndose reves- 
tido de Sobrepelliz, bonete y estola morada, nos introduxo el Oficial de 
iíuardia á la bartolina del citado reo, y puesto éste de rodillas ante el 
expresado Sr. Provisor, recibió la absolución de las Censuras en q.e ha 
incurrido por sus delitos públicos, conforme á lo prevenido jjor el Ri- 
tual Romano, esepto la percusión con vara, escluida en el superior de- 
creto de su comisión, y p." q.e asi conste donde convenga, en virtud de 
lo mandado siento la presente en esta Ciudad de Vallad olid á veinte y 
ocho de Enero de mil ochocientos catorce. 

«En testimonio de verdad. 
uRamoii Franc." de Aguilar, Not-<> Mo.i' v Pubc.'> — Rúbrica.» 



411 



NOTA DEL AUTOR. 

La ileclíiración de Alataiuoros que eonsta en estíi eausa, se pulilicó 
trunea en el Tomo V, página 169, de la Gaceta número 525, correspon- 
diente al sábado 12 de Febrero de 181-t, en cuyo periódico se publicó 
también, el mismo día, el famoso manifiesto apócrifo conocido por «La 
Retractación de Matamoros,» el cual dejo ya refutado en las anterio- 
res páginas y por lo mismo no me ocuparé aquí de ella, y tan sólo lo 
haré de la declaración á que me refiero, la que, por los términos en que 
está concebida, se ha considerado también como una retractación del 
cíiudillo insurgente; pero esto es un error bien manifiesto, aunque por 
otra i)arte es disculpable, puesto que sólo se conocía la declaración 
trunca publicada en la Gaceta, 3- se desconocían en lo absoluto los an- 
tecedentes que constan en la causa, los que fueron el motivo, ]jcrfecta- 
mentejustificado, de que Matamoros firmara ese documento, el que no fué 
redactado por él, según lo he demostrado ya; ])ero sí me consta, en vis- 
ta del original, f[ue está autorizado con su firma auténtica; mas no por 
esto deja de ser nulo, jjucstoque es un principi(j legal, bien conocido, que 
todo documento (jue se le obliga á firmar á un individuo por medio de 
engaños ó ameníiztis, es nulo y de ningún valor, y no podría ser de otra 
manera, jjues nci sería ni lógico ni legal el considerar como válida una fir- 
ma (|uc no ha dimanado de la deliberada 3^ espontánea voluntad del 
firmante, sino que se ha obtenido por medio de hechos criminosos como 
1') son el engaño y las amenazas que infunden en el ánimo el temor de 
sufrir ma3-ores males: y este es precisamente el caso que aqvií se nos 
presenta con esta supuesta retractación de Matamoros, cpie aparece 
en su declaración. El Obispo electo de Alichoacán, D. Alanucl Abad y 
yueipo, en su decreto de 18 de Enero de 1814, el cual consta en la cau- 
sa qvie comentamos, después de degradar á ALitamoros de sus fueros 
eclesiásticos 3' decretar que loentrega lisa y llanamente á la jurisdicción 
militai; agrega: «Y qe. no puede ser absuelto de otkas Censuras 
sin (je. antes satisfaga á ea lüeesia por medio de una desaproba- 
ción pública de los escándalos con qe. la ha ofendido, y abjure 
los errores en qe. parece ha incurrido en el hecho de sostener 
en sus escritos y con la espada qe. la actual revolución de la 
Nueva España es justa v legítima, siendo notoriamente lo contra- 
rio, &.» 

A.NALKS T. IV.— ,")1. 



412 

Y ante tan terminante intimación ((iiedó Matamoros irremisible- 
mente en idéntica sitnaeión que el pla.Liiado íicjuien seencierra, se le pri- 
va (le alimentos y se le amenaza con darle muerte si en el perentorio 
jilazü qne se le designa, noentrega la cantidad de dinero que se le exige, 
y no le queda más remedio que entregarla ó soportar las consecuen- 
cias, y aun 3-0 creo que la situación de Matamoros era todavía mucho 
más grave y angustiosa que la del plagiado, en el hecho de que el de- 
creto del Obispo no le amagaba con la muerte temporal del cuerpo, si- 
ncj con la muerte eterna del alma, la que para un cre\-ente como Mata- 
moros es mucho más terrible y espantosa, y ésta era inevitable, según 
su criterio religioso, si se presentaba ante el Tribunal Divino agobiada 
con el peso de las censuras y sin haber podido recibir, ])or causa de 
ellas, la absolución de sus pecados y demás sacramentos indispensa- 
l)les para su salvación, y ante tan terrible disyuntiva de condenar su al- 
ma á las eternas penas, negándose á firmar, ó salvarla deellas, firman- 
do aquella declaración, optó por firmarla para que se le absolviera de 
las censuras y poder así recibir la absolución de sus pecados y t|ue se 
le ijudiesen ministrar los sacramentos; pero aun esto no lo hizo sino des- 
pués de una larga resistencia y como último recurso, y díindo todavía 
desjjués de ello, un sublime ejemplo de valory viiñl energia, negándose 
rotundamente á expedir la retractación pública que se le exigííi, cuyos 
honrosos hechos se deducen muy claramente de las constancias que 
obran en la causa, las cuales hemos comentado ya en las jíáginascjue an- 
teceden. 

Todas estas consideraciones nos traen hi convicción íntima de que 
Matamoros no sólo no se retractó, sino que murió grande, admirable 
y digno, sosteniendo coino justos y legítimos sus patrióticos principios, 
c|ue defendió siempre con valor y denuedo en el campo de batalla, y se- 
lló con su heroica sangre en el cadalso de Valladolid. 



FIN. 



413 



Doi-uincntii Xci. 17. 

COMEDIA HISTÓRICA DEL BENEMÉRITO MATAMOROS, 

CriiA I'ÁKUdCii lili janti;tki.cii, 

Compuesta por Carmen Tajonar. José Catarino Escasán, Primo Musitii y Zenón Montenegro. 
Quienes la dedican ai C. Gobernador del Estado Libre y Soberano de Morelos. 

i'Kiíso.N.\|iís: 

Hl Sr. Cur;i H. .Mari.-mn MMtanionis. A'> años. 
D. Joa(|inii Caiiiaclid. 50 
D. Ifíiíaciii Cliavanía. 'J2 
Apolonio, hijo a(lc)])tiv<) (Itl Sr. Cura Mala- 
moros. 23 
I<;nncio Xoniicra, doiiií^stico. 50 

Líi t'scciiít i>íis¿i, en 1;\ nftclic del 7.V tic Dicit'iiihre ¡le IS 1 1, en el ¡mehhi fie /ítinetclco, 
en iinn de las ¡ilezas de las eusns enrnles que servin de ilnrmiton'n ;tl Benemérito Mata- 
moros. 

Apnreee Míitíimoros sentado ¡unto á una mesa, apovaito en ella v en actitud de me- 
dit ación. 

ACTO PRIMERO. 

Esc K. NA I. 

Matamoros. — \oy á entraren un camino desconocido jiara mí; es ne- 
cesario .i>uai"dar el corazón en lo más profundo del pecho y no obrar 
bajo la impi-esión de sus arranques: obedeceré al pensamiento, él 

será mi consejero \'oy á atravesar una vía sangrienta y 

dolorosa; cada pasode avance dejará un abismo tras de mí, pronto 
á devorarme si retrocedo \'a á estallar la revolución déla hu- 
manidad, (|ue será el ])rimer sacudimiento que la des]3Íerte de su 

Ictarsío ; nada podrá detenerme; yo mismo seré impotente, 

l)or(|ue seguiré envuelto en las olas de ese torrente que atravesará 

los valles y las montañas Yo tenía el presentimiento de esta 

hora 3' la buscaba con latidos demi corazón ;Diosine impul- 
sa á obedecer su mandato (se acerca ala ventana.) La noehe 



414 

está obscura como el fondo del océano; en su senoha^- un pueblo en- 
cadenado que gime; romperé esas cadenas, ¡sí! las romperé, porque 

ha llegado el díade la resurrección ¡Pueblo, levántate 3- anda... 

.... cjue YO haré dos mil pedazos los eslabones de esa pesada cadena 
y dejarás de humedecer con tu llanto el mendrugo de pan que el vil 
tirano te arroja con el más alto desprecio, en cambio de tus rif]uc- 
zas, y entonces serás libre 3- volverás á poseer pacíficamente este 

vasto continente! 

(Sacando el reloj). Ya es la hora cumplida en que deben llegar 
los vecinos con quienes debo contar para llevar á efecto ese sublime 
pensamiento de Hidalgo, que quiso levantar las armas de sus ma- 
yores: aquellas armas Cjue se comjionían de hondas, flechas y los 
instrumentos de labranza, ostentadas por Guatimotzin entre las lla- 
mas del tormento, y ametralladas por Hernán Cortés en el inolvi- 
dable sitio de México, a' que 3'acen á la faz del pueblo conquistado, 
abolladas por el caballo del tirano europeo Parece que oigo pa- 
sos: seguramente serán losciue han secundado mis mismos pensa- 
mientos, según creo. 

Escena ii. 
Matamoros y Apolonio. 

Apolonio. — Señor; el preceptor D. Joaquín Camacho desea hablar 

con Ud. 
Matamoros. — Dile que pase adentro. (Vase Apolonio.) 

Escena iii. 

M a T a M o ROS. 

¡Oh Virgen de Guadahipe; apoA-o de la Independencia! aA'uda á 
mi pensamiento, para que con el auxilio y entusiasmo de estos com- 
pañeros, pueda yo empuñar las armas para dar patria á esta na- 
ción mexicana. 

Escena iy. 

Matamoros y Camacho. 

Camacho. — Buenasnoches, señor Cura; aquí estoj- alas órdenes de Ud. 

Matamoros. — Bien venido, querido Camacho; 3'a esperaba con impa- 
ciencia tu llegada 3' la de Ignacio Chavarría. Siéntate, que no delíc 
dilatar. 

Camacho. — Señor Cura, Ud. sabe que siempre le he profesado vm since- 
ro cariño, 3" por lo mismo me ha sido sumamente satisfactorio el ha- 
ber recibido su atento recado, porque me es mu3' grata su conver- 
sación, 3' como su más adicto feligrés esto3- dispuesto á servirlo á 
Ud. en lo que tenga á bien ordenarme. 



415 

Matamoros. — Gracias, hijo. 

C.\M.\CHO. — Puede Ud. con entera iVanciueza mandar á su inútil servi- 
dor, que está pronto á obedecerlo. 

Mat.\moros. — Sabrás mu\- pronto, hijo mío, el motivo de esta entre- 
vista, en la que debemos tener una conferencia de amibos, de muchí- 
simo interés. 

C.\M.vcHO. — Señor Cura, sea de una manera ó de otra, estoy á las órde- 
nes de Ud. 

M.VT.wiOROS. — No debe dilatar un momento en que demos principio 
á nuestra interesante conversación, y ])ara ello sólo esperamos á 
otros amiuos. 

Camacho. — Tanta bondad me honra 3- me admira. 

Esc E. NA V. 

Dichos v Apolomo (desde la puerta del fondo). 

Apoloxio. — Acaba de llegar el Sr. D. Ignacio Chavarría, que trae un 

negocio interesante, según dice. 
Matamoros. — Queentre, yllíimaá Ignacio Xogviera. Camacho, mi caro 

amigo, ha llegado el momento de poner en planta cnanto hemos 

acordado en nuestras juntas. 
Cam.\cho. — Estoy de acuerdo en todo cuanto hemos tratado. 

Escena vi. 
Dichos y Chavarría. 

Ch.\v.\rría. — Buenas noches, señores. 

Mat.\moros. — Buenas noches, Chavarría. 

NoGUER.\. — Mande Ud., señor Cura. Buenas noches, señores. 

Matamoros. — Siéntense. 

Apolonio, cierra la puerta y dile al semanero que sólo que me 
busquen para alguna confesión, que te lo avise. 
Apolonio. — Muv bien, señor Cura. (Mutis por la ])tierta del foro.) 

Escena vii. 

Dichos y AIatamoros. 

Matamoros. — He querido hablar con Uds. por última vez, para hacer- 
les presente todo el riesgo de la empresa y todos los peligros que 
vamos á afrontar una vez lanzados á la revolución: vamos á com- 
batir contra un tirano que cuenta con los elementos necesarios; 
pero yo sé que los emprendedores de una grande obra, nunca ven el 
fruto de sus trabajos Esa sentencia jamás ha dejado de reali- 
zarse pero nosotros dejaremos la semilla sobre el campo de la 

patria entre este día y el de .sti conclusión, media un abismo que 



416 

ck'bc llenarse acaso con nuestra sanare pero cuando veo azotar 

á los ]K)bres indios por mandato de los (iobernadores, jjoruna leve 

falta cuando veo á los criollos arrastrados á las cárceles de la 

esclavitud, cargados de cadenas cuando veo en las haciendas 

tratar á los negros peor que á los animales, teniendo que sufrir la- 
tigazos Y arrastrar unos trozos de madera, pendientes de los pies, 
y traficando con su venta como si fueran los más viles efectos del 
comercio cuando veo que para despojar á los hombres honra- 
dos de todos sus intereses, basta una simple denuncia, apo^-ada por 
esa maldita Inquisición, que en nombre de la religión del Crucifica- 
do sella las puertas de sus casas para que nadie las toque y que- 
dando en medio de la calle aquellas desgraciadas familias, hacién- 
dose dueños absolutos de todos sus bienes y por fin, cuando veo 

al pueblo entero en la esclavitud; porque nosotros no somos más 
que unos simples esclavos de los españoles, pienso cjue del^emos le- 
vantarnos contra ese europeo tirano, y no tener por señores sinoá 
nuestros amigos y paisanos: llamarnos libres é independientes y 
13oder decir al pueblo: ¡ya no eres esclavo! ¡estas tierras son tuyas! 
¡estas minas te pertenecen! ¡estos sembrados que riegas con el sudor 
de tu frente, vuelven á tu dominio! ¡te los habían usurpado: tú eres 
su legítimo dueño! 

Camacho. — Xo me halile l'd. así, señor Cura, por(|ue me siento enlo- 
quecer. 

Chavarría. — Yo soy de opinión Cjuc todo tiene su hora vcreo infalible- 
mente que ésta ha llegado. 

Noguera. — Yo, á pesar de no tener ninguna instrucción y no ser más 
que un simple doméstico de nuestro señor Cura, secundólos buenos 
sentimientos de Uds., no sólo por el respeto que le profeso, como mi 
amo, sino porque me entusiasma su patriotismo, y ojalá que todos 
los que tomamos parte, concluyamos primero con nuestra existencia 
antes que faltar á nuestros deberes. 

AIatamoros. — Y no lo desmentiremos: hasta hoy estamos humillados 
por los jefes que nos vienen de España: no nos hemos batido, pero 
va á llegar el momento y verán esos gachupines si somos ó no ca- 
paces de luchar con todos ellos. 

La hora ha sonado en el reloj del porvenir 3- no haj^ más que 
afrontar los peligros: j-a no podemos sufrir por más tiempo la bár- 
bara opresión que nos han impuesto los conquistadores; Uds. aca- 
so pudieran resignarse ¿pero ésta es la herencia que preparan á sus 
hijos? 

Todos. — ¡Xo, mil veces no; juramos por la patria y en níjmbre de nues- 
tra bandera derramar la sangre de nuestras venas en defensa de la 
libertad de México! 

Matamoros. — ¡Bien, así lo quiero! Su sangre se enciende en el fuego del 
patriotismo; nada los acobarda: impetuosos, valientes 3- denodados, 



417 

desafían al ])t'li,L:i'o; yo los aconi])añaré y mipccho serviríi de mura- 
lla ])ara guardarlos délos ])riiiieros tiros Nada vale mi sangre, 

natía mi existencia, ])ero toda es de la patria, toda délas genera- 
ciones, cuyos destinos tijamos en esta memoríible noche del 1^5 de 
Diciembre de 1811. 

Camacho. — La independencia ó la muerte. 

CiiAV.VKKÍA. — Yo secundo la opinión de nuestro compañero Cíiniacho. 

No(írKUA. — Yo seguiré á mi amo _v señor Cura hasta el último mo- 
mento. 

M.\TAMoK<)S. — Supuesto(|UC Vil (piedamosconvcnidos, vayan enel acto 
mismo íi ijroveensc de armas, caballos y cuanto crean conveniente 
l)ara ponernosen marcha y buscar al General Morelos hasta donde 
lo p(Klamos encontrar y ponernos bajo sus órdenes; la reunión nvies- 
tra será en la orilla del río, dentro de media hora á más tardar; la 
suerte de América está echadarjuguemos el todo porel todo: j^olos 
conjuro en nombre de nuestros antepasados que nuirieron por la 
lil)ertad y que expiraron en las llamas del tormento antes que do- 
blegar su cuello al yugo de la conquista; los conjuro en nombre del 
porvenir y de la emancii)ación de este pueblo. 

Todos. — ¡Yiva la IndeiKiidencia de México! 



ACTO SEGUNDO. 

(LcT escvna p;ian en Jnntetclco, en ¡n ensn del Siilnlcleííntlo, Sr. Ü.José I'crdís. Apa- 
rece en Sí' despneho como meditando, y entra el vicario de Tlayacae, Sr. U. Matías Za- 
vala.) 

Escena i. 

I'HKDÍS y K1. VICAKIO QUK EXTKA COX PRKCIPITACIÓ.X. 

X'iCAUío. — ¿Cómo está Ud., señor Subdelegado? Disimule Ud. que me 
introduzca sin anuciarme, pero la urgencia del caso así lo permite. 

Perdís. — ¡Oh, señor Yicario; beso á l'd. la mano! Deseando estaba el 
verlo para saber si Ud. tenía noticia de nuestro párroco el Sr. Ma- 
tamoros, que hace tres días que ha desaparecido y no sabemos el 
rumbo que ha tomado. 

Vicario. — Puntualmente traigo una carta para Ud., pero con la condi- 
ción precisa de que, bajo de juramento, me diga que si no acejjta 
esta invitación, no la descubra, porcpie así me lo ordena el mismo 
Cura Alatamoros. 

PerdÍs. — Estoy dispuesto á cumi)lir c(ni su mandato. 



418 

\'iCAKio. — Pues bien: ponjia Ud. la señal de la cruz. ¿Jura l'ú. á Dios v 
ala vSanta Cruz nodeseubriresta invitación encasodenoadniitirla? 

Perdís. — ¡Sí, juro! 

Vicario. — Pues aquí está la carta: infórmese Ud. de ella. (Se la entrega.) 

Perdís. — (Después de leerla, dice:) Es muy justa la invitación y me lle- 
na de entusiasmo. 

Vicario. — Supuesto que está aceptada, Ud. que está bien informado de 
los ánimos de los jantetelcjuenses y de los que considere que secun- 
darán el sublime pensamiento, queda Ud. al encargo para formar 
la tropa que pueda reunir: entre tanto, 3-0 haré en mi vicaría de 
Tlavacac cuanto esté de mi parte para aumentar la fuei-za que po- 
damos presentarle cuando llegue. Ahora lo que se necesita es la ac- 
tividad y vigilancia, por lo que pueda sobrevenir. Ale retiro muy 
satisfecho y hasta la vista, señor Sul)delegado. 

Perdís. — Hasta la vista, señor vicario. (Toca la campanilla.) 

E.SCENA II. 
I'liKDÍS Y el mozo. 

AI020. — Mande su merced. 
Perdís. — Llámame al Secretario al momento. 
Mozo. — ¿No manda su merced otra cosa? 
Perdís. — No. (Vase el mozo.) 

Escena iii. 
Perdís y el Secretario. 

Perdís. — Es necesario no descubrir este encargo si no es hasta i|ue estén 
presentes todos los que en lista voy á poner. 

Secre:tario. — ¿Ud. me ha mandado llamar? Aquí estoA- á sus órdenes. 

Perdís. — Tome Ud. papel y escriba los nombres que le vo3- á decir. 

Secretario. — (Sentándose iy tomando la pkmia.) Estoy dispuesto á 
servir á Ud. 

Perdís. — Beatriz Ariza, Juan Ramos, Andrés García, Laiux'ano Cama- 
cho, Miguel Acatitla, Martín Muñoz, Mateo Cerezo, Pablo Rojas, 
José Mariano Rojas, Franci.sco Sandoval 3- Joatjuín Ariza. Mánde- 
me Ud. llamar á todos estos buenos vecinos 3- (jue se me ])resen- 

ten en el acto. 

Secretario. — \'<>3- al momento.... (Mutis.) 

Escena iv. 
Perdís solo y después ei. Secretario. 

Perdís. — Esta i^esolución sublime de heroísmo, cuadro grandioso de 
donde se destaca la figura gigantesca de un pueblo en la lucha de su 



419 

Inflc]icn(lencia, será una lección palpitante, una enseñanza histórica 
á los pueblos subyugados. 

La palabra Independencia no será en adelante una frase sin sen- 
tido, repetida al acaso, como la inscripción puesta en esa bandera que 
lleva el tirano español como enseña en los combates, sino que se 
elevará terrible en el j)orvenir, como las erupciones del Vesubio 

Secretario. — La casualidad ha obrado tan bien, que ya están todos 
reunidos; sólo faltan dos ó tres que no deben dilatar. 

Perdís. — Haced que pasen adentro. (Se asoma el Secretario ala puerta 
del foro v hace ima seña v entran los citados.) 



Escena v. 
Perdís, el Secretario, Cerezo, Rojas, Sandoval, Beatriz v 

JOAQUÍ.X. 

Todos. — Señcjr Subdelegado, á las órdenes de Ud. 

Perdís. — Bien venidos, señores. Siéntense. 

Pues señores: los he mandado llamar para tratar de un asunto 
sumamente serio 3' reservado; en la inteligencia de que, penetrado 
de los Ijuenos sentimientos que abrigan todos los jantetelquenses, 
como buenos mexicanosy amantes de su patria, no tengo embarazo 
para manifestarles una proclama que nuestro Cura D. Mariano Ma- 
tamoros me dirige, 3- es la siguiente: (La lee.) 

«Jantetelquenses: En la noche del día quince de Septiembre de 
mil ochocientos diez, se o\'ó por primera vez el grito de Libertad é 
Independencia en el pueblo de Dolores, dado por el esclarecido Cura 
D. Miguel Hidalgo _v Costilla, 3- desde ese día de patriótico recuer- 
do, mi corazón ofreció secundar los grandes sentimientos, 3- ho3- 

quiero cumplir con el deljer (|ue me impuse Precisoes que ahora 

todos los hijos leales de México, apo3-en, cada cual en su esfera, la 
grande obra de la regeneración sociíil. De esta manera mi tarea no 
será infructuosa, 3- 3-0 seguiré con ánimo enteróla senda que hasta 
aquí se ha recorrido trabajosamente. Ojalá me ayude vuestra con- 
fianza y vuestra voluntad ])ara que nos sea dable jjoder gozar 
el anhelado fruto de nuestra lÜDertad. Yo permaneceré firme en el 
puesto á que me llamó mi ]jatriotismo y conciencia tranquila, 3- á 
pesar de todas las dificultades, no vacilaré en el cumplimiento de 
mis deberes, porque un verdadero hijo de México no abandonará 
el campo de batalla en el momento del peligro. El Generalísimo Cura 
D. José María Morelos, me ha elegido General de su división, pa- 
ra que haga valer sus derechos contra los enemigos de la verdadera 
Independencia. Protejamos, ])ues, este pensamiento, queridos Jan- 
tetelquenses, puesto cjue es una sacrosanta verdad v la voz de un 
pueblo abatido. 

A.NALES. T. IV.— 52. 



420 

Jantetelquenses: ¡Viv;i la Independencia y la sant;i memoria de 
nuestros mártires! 

«Izúcar, Diciembre 15 de 1811. — Mariano Matamoros. » 
Ya qxiedan entendidos de su contenido, y ahora espero que, con 
toda la franc[ueza qvie los caracteriza y ese valor con que se distin- 
guen, j- reanimadosdelpatriotismodenuestro padre Cura, digan su 
opinión, y si todos la secvindan, llegará día en que todas las cadenas 
se roinpan, jjorque Dios no permite cjue los ])ueblos sufran eternamen- 
te: nosotros moriremos, sí, pero sabemos que la Libertad pronto 
encontrará asilo en las generaciones futuras; yo tengo fé en el por- 
venir, porque los crímenes que comete ese poder tirano son la sen- 
tencia quelo condena á desaparecer para siemprede entre nosotros; 
veo que los pueblos tienden á sacudir el yugo que los oprime y so- 
foca, y con la constancia se verán libres, aunque todos estamos pre- 
destinados al martirio 3' lo sufriremos con resignación Esas 

cadenas se quebrantarán en las piedras nuestras 3' las del pueblo: se 
romperán en la frente de sus opresores: esos monstruos que nos han 
impuesto un A'Ugo tan oprobioso, tarde ó temprano expiarán sus 
crímenes, porque ellos morirán entre el fuego del remordimiento de 
la ambición, 3' nosotros trancjuilos con la vista á los que sufren vía 
esperanza en Dios. 

Cerezo. — Llegó 3'a el tiempo, .señor Subdelegado, 3' yo estoy indignado 
al presenciar los atentados de ese hombre que se hace llainar Virre3-, 
y no es más que un fenómeno con forma humana. 

Perdís. — ¡Oh, amigo mío D. Mateo Cerezo! me siento sumamente agra- 
decido por las grandes muestras de valor y patriotismo con que se 
distingue. (Lo abraza.) 

P.VBLO Rojas. — Señor Subdelegado, esto3' dispuesto á seguir á nuestro 
señor Cura Matamoros hasta donde termine mi existencia ó vea- 
mos á los pueblos libres del 3^ugo extranjero. 

I'krdís. — Será reconocimiento, Sr. D. I'al)lo Rojas, deque le viviré agra- 
decido. 

Mariano Rojas. — Yo secundo el pensamiento y esto3' dispuesto á em- 
])uñar las armas en defensa de mi ])atria. 

í'erdís. — Sr. D. Mariano Rojas: la Providencia Divina permita que hi 
generación de Rojas nunca desmienta de su grande patriotismo. 

Sandoval. — En este mismo momento estoy dispuesto3- secundo la opi- 
nión, señor Subdelegado. 

Perdís. — Con tan valientes compañeros triunfará la Independencia, 
Sr. Sandoval. 

Los DOS Arizas. — Nosotros, llenos de entusiasmo, sólo esperamos la 
hora de marchar. 

Perdís. — Pues ésta dilatará ínter llegue nuestro Cura, Sres. D. Beatriz 
y D. Joaquín Ariza. 

Parece que todos estamos convenidos, 3' como es preciso que en 



421 

este momento salga elcorreocon nuestra resolución, pueden decir á 
una voz si abrazan el partido que les he comunicado. 

Todos. — El señor Cura tiene sobrada razón y nosotros estamos dis- 
puestos á dar el grito de alarma. 

Pekdís. — Mi entusiasmo crece á medida Cjue veo su animación, porque 
considero que las generaciones venideras y nuestros descendientes 
se llenarán de orgullo al recordar que Jantetelco fué un pueblo que 
regó con su sangre el árbol plantado por la obra sublime de Hidal- 
go, y para lo cual firmamos el acta que, original, remitiremos al 
Sr. Cura D. Mariano Matamoros, hasta el punto donde se halle. 
Señor Secretario, lea Ud. el acta, según de lo que se ha tratado. 

Secretario. — (Leyendo.) «En el pueblo de Jantetelco, á los diez y seis 
días del mes de Diciendjredel año de mil ochocientos once, reunidos 
los que subscribimos en la casa del señor Subdelegado, por invitación 
de éste, después de leída la proclama c|ue nos remitió el señor Cura 
párroco de este pueblo, D. Mariano Matamoros, fecha quince del 
presente mes, y vistoal mismo tiempo por la referida proclama, tan 
loable sentimiento de patriotismo y abnegación, secundamos desde 
luego sus mismos pensamientos y sólo aguardamos la señal para 
ponernos en movimiento; así como también nos proveeremos délas 
armas que nos fuere dable conseguir. Y en prueba de lo acordado, 
de nuestra libre y espontánea voluntíid, levantamos esta acta, que 
firmamos: José Perdis. — Mateo Cerezo. — Pablo Rojas. — José Ma- 
riano Rojas. — Beatriz Ariza. — Francisco Sandoval. — Joaquín 
A riza. 

Todos. — \Luy bien nos parece y firmamos. 

Perdís. — No olviden que llegará día en que, llenos de entusiasmo y re- 
gocijo, gritemos en presencia de nuestros opresores: ¡Viva la Liber- 
tad! ¡Viva la Independencia! 

Todos. — ¡Viva! (Se abrazan \' se despiden, (juedando solo Perdís, el cjue 
después de pasearse, se sienta.) 

ESCE.N.V VI. 

Perdís. — La suerte está echada 3110 me acobarda el peligro, no; moriré 
con honra, como un buen hijo de México, luchando sin cesar, y de- 
rramaré hasta la última gota de mi sangre; después de haber dado 
el ejemplo ámis camaradas, no importa sucumbir, porque por cada 
uno de los insurrectos se levantarán mil, y entonces, trono de Cas- 
tilla, ¡tiembla! porque experimentarás el fuerte y rudo choque del 
azteca y perderás este vasto continente que te has usurpado, sin 
tener jamás la esperanza de volver á emprender nueva conquis- 
ta, porque desde nuestras tu:nbas gritaremos con enérgica voz á 
nuestros hermanos, diciéndoles: ¡Compatriotas, defended con denue- 
do la herencia que os legaron los qvie sucumbieron en la lucha! v 



422 

ellos pelearán con entusiasmo, sin temer á la muerte (Queda 

pensativo.) 

Escena vii. 
Perdís y Ramos, que entra apresurado. 

Ramos. — El vi^ía de la torre da aviso de que por el camino de Amayuca 

se aproxima una fuerza á esta población. (Vase.) 
Perdís. — Pues esperemos con calma. 

Escena viii. 

Perdís, Basilio Sanjaco, Coronel español, y un Ayudante 
CÁSTULO Bodieris. 

Coronel. — Dios guarde al señor Subdelegado. 

Perdís. — A las órdenes de Ud., señor Coronel. 

Coronel. — Señor Subdelegado: Su Excelencia el Virrey ((lue Dios guar- 
de) me ha dado orden expresa de que pasea este pueblo rebelde 3- diez- 
me á sus habitantes por haber conspirado contra el gobierno de 
Su Majestad católica. 

Perdís. — Señor Coronel: los vecinos de este i)uebloson inocentes, sumi- 
sos y obedientes: acatan 3- respetan á su soberano; pues culpa de 
ellos no ha sido cjue su jiárroco el Sr. Matamoros, con dos vecinos 
y dos de su servidumbi-e se hayan lanzado ala revolución. (Aparte.) 
Mala bomba lo estrelle. 

Coronel. — Noobstante á k) qvie decísdela obediencia ciegaycariñocjuc 
profesan vuestros habitantes á Su Majestad católica, es preciso ha- 
cer un ejemplar para escarmiento de esos malvados conspiradores. 

Perdís. — No siendo culpables, no pueden recibir, no, un castigo que no 
merecen, pues se encuentran en el seno de sus familias, viviendo pa- 
cíficamente, ocupándose en siis quehaceres domésticos para adquirir 
la subsistencia. 

Coronel. — La ordende Su Excelencia está terminante y debo cumplirla 
al pie de la letra, y por lo mismo os prevengo, de orden de Su Majes- 
tad católica, que sin pérdida de momento reunáis á vuestro vecin- 
dario en la plaza de este pueblo, porque es mu\- justo que los habi- 
tantes de Jantetelco reciban el condigno castigo, siendo igualmente 
preciso que los infames conspiradores tengan una lección que no se 
les olvide nunca. 

Perdís. — Pero, señor 

Coronel. — Sin pérdida de tiempo. 

Perdís. — Voy á dar las órdenes para cumplir con la prevención que á 
nombre de Su Majestad me hacéis. 



423 

Coronel. — Sin tardanza espero el cumplimiento de vuestro celo y ac- 
tividad. 

Perdís. — Hasta después. (Saludando vase y al dar el medio mutis dice 
aparte.) El Demonio cargue contigo 3' tu raza. 

Escena ix. 
El Coronel v el Ayudante. 

Coronel. — Señor Ayudante, la hora ha sonado del castigo: no podéis 
imaginaros el regocijo que mi pecho siente en verter sangre de los 
criollos, pues deseo con vehemencia extinguir de un solo soplo á la 
raza fizteca, porque de ellos sólo apetezco sus riquezas. 

Ayud.\nte. — Señor Coronel, mi íinhelo es el mismo, j-de esa manera ca- 
da español conquistará más gloria, ciñénd ose ellaurel déla victoria. 

Coronel. — No dvidéis que la victoria está de nuestra parte, porque esos 
insurrectos no cuentan con los recursos necesarios, y además 
están desprovistos de armas y municiones, á pesar de queesos con- 
denados arrojan las piedras en esas malditas hondas con una cer- 
teza que al ginete más valiente y gallardo que le toca un golpe de 
esos furiosos, lo hace vacilar por fuerza perdiendo los estribos. 

.\vrD.\NTE. — Xo obstante la muchedumbre de ellos, que es asombrosa, 
y la vergüenza que hemos sufrido á consecuencia de la derrota que 
tuvimos en el monte de «Las Cruces,» (y otras que no es del caso 
referir) donde ese sacerdote sacrilego, Miguel Hidalgo y Costilla, nos 
batió con heroico denuedo, tengo fe, por esa luz que nos alumbra y 
]3or el Dios de las batallas, cjue hemos de salir felizmente con nues- 
tra empresa 3' que algún día llegaré á recibir por mis interesantes 
servici(js las condecoraciones que merezco por haber luchado con va- 
lor contra esa canalla de Lucifer. 

Coronel. — Si no triunfamos, me quito el nombre de Basilio Sanjaco. 

Avi"D.\.\TE. — Y 3'o dejaría de llamarme Cástulo Bodieris. 

Escena x. 

Dichos v Perdís, qi'e entra violentamente. 

Perdís. — Los tojiiles ciue están á mis órdenes han salido en todas di- 
recciones convocando al pueblo ])ara que se reúna en junta. 

Escena xi. 
Dichos v Ramos. 
K.VMOS. — Señor Subdelegado, señor, señor; un correo que en este momea- 



424 

to acaba de llegar de la Hacienda de Santa Clara, viene casi sin 
aliento y auguro (como su merced dice) que trae malas noticias. 

Perdis. — Que pase. 

Ramos. — (A la puerta.) Adelante, amigo. 

escen.\ xii. 
Dichos y el correo. 

Correo. — Este pliego cerrado explicará á su merced el motivo demi ve- 
nida y de la novedad que ocurre: sólo podré decir que he visto que 
ha llegado á la Hacienda de Santa Clara el Sr. Cura Morelos, con 
muchísima gente. 

Perdís. — Trae acá el pliego.... (Lo recibe y lee con rapidez, jiasándolo en 
seguida al Coronel; éste lo toma, después de leerlo con señales de 
inquietud, dice al Aj-udante y sigue hablando en voz baja.) 

Coronel. — ¡Caracoles! estos criollos malditos creo que se levantan de 
sus tumbas para ser nuestra pesadilla, ¡cinco mil! ¡cinco mil! ¡cin- 
co mil hombres! es un número considerable, y habérselas con est;i 
turba de demonios! ¡Cáspita! el casoesarduo: esto pasa de cas- 
taño obscuro. 

Perdís. — (Aparte al correo.) ¿Qué dicen nuestros amigos? ¿vienen bien 
equipados? 

Correo. — Señor, estancóme Dios los haprovisto; pero á falta de armas, 
tienen nuestros generosos amigos un valor inaudito, como que i)e- 
leanpor la justa causa }■ la fortuna los favorece proporcionándoles, 
y con bastante abundancia, las metrallas que la misma natura- 
leza produce; además de esto, traen regulares lanzas, machetes, fle- 
chas y una que otra carabina. 

Perdís. — Ese gachupín sanguinario que ves allí y que tiene cara de perro 
dogo, 3'a me acaba la paciencia, pero Dios es clemente y justo y es- 
pero de su bondad que nos protegerá. 

Correo — (Aparte.) Ciertamente que se parece al Demonio. 

Escena xiii. 

Perdis. — (Interrumpiendo la plática del Coronel 3- del Ayudante.) En 
servicio de Su Alajestad católica me retiro con vuestro permiso, con 
el objeto de poner la vigilancia y exploradores correspondientes, 
para que observen el nKivimiento del enemigo. 

Coronel. — Ya, y no tardéis. (Vase, acompañad o del corretJ y de Ramos.) 

Escena xiv. 

El Coronel y el Ayidante. 

Coronel. — La crítica situación en cpie nos encontramos, es bastante se- 



425 

ria y debemos al nioinento evacuar esta plaza, por(|ue es un núme- 
ro considerable el de los insurrectos, v por lo mismo os ordeno, se- 
ñor A3'udante, que inmediatamente dispongáis la partida, aunque 
siento en el alma nojjoder cumjilir con las órdenesdeSu Excelencia. 

Ayudante. — Al instante, con el permiso de Usía me retiro para dispo- 
ner la marcha. (Medio mutis.) 

Coronel.— Dispensad: es preciso la precaución: lo determinaréis todo 
sin que se dé el toque de botasilla. 

ESCEN.\ XY. 

El Coronel y Perdís. 

Perdís. — Toda clase de precaución he dispuesto. 

Coronel. — Todo lo que os comuniquen vuestros exploradores, me da- 
réis aviso violento al pueblo de Tlayacac, donde pernoctaré, porque 
me retiro en este instante mismo y niu}- pronto regresaré á cumplir 
fielmente con las órdenes que se me han comunicado, porque es fuer- 
za que se aplique el castigo á los culpables y la vindicta pública 
quede satisfecha, y por ahora, quedad con Dios. 

Perdís. — Él os guíe. 

Escena xvl 

Perdis solo, después de una pequeña pausa se pasea y dice: 

Perdís. — Qué hombre sin religión y sin conciencia, pero lo juro por 
Dios omnipotente, Cjue antesdeque efectúe su intento, le traspasaré 
sin clemencia los hígados de una estocada. (Se pasea.) Cree que el 
azteca es un hombre que carece de valor suficiente para sacudir 
el ominoso yugo, rompiendo para siempre esa gruesa cadena que 
tiene unidos á los dos mundos, América y Europa, y se ha equivo- 
cado, porque el pueblo es soberano y el árbol de la Libertad, plan- 
tado por el Sr. Cura Hidalgo, será regado con nuestra sangre, y el 
estandarte nacional tremolará en el antiguo alcázar de Aloctezuma. 
(Se asoma á la ventana.) 

Ya desfila ese malvado con esa canalla de satanás y Dios nos 
libre de ese sangriento mostruo. 

Escena xvii. 
Perdis y K a m o s . 

K.\MOS. — Mi corazón de regocijo en mi pecho no cabe, pues que libres 
nos vemos de ese oropeo. 



426 

Perdís. — ¡Animal! se dice: e-u-ro-peo, europeo. 

Ramos. — Eropeo, oropeo; así sí sale bien, por eso quiero á su merced, 
porque me da lecciones para enseñarme, y prometo á su merced que 
ya no se me olvida la lección. E-u-ro-peo, oropeo, oropeo. 

Perdis. — Dale con la misma cosa: europeo, europeo. 

Ramos. — Dispense su merced, que muy pronto me sabré explicar, por- 
que triunfando nuestro párroco el Sr. Matamoros, que Dios conser- 
ve y libre de mal, habrá escuelas para nosotros los criollos y pro- 
curaré adelantar. 

Perdís. — La suerte nos favorece y alcanzaremos el sagrado fin que nos 
hemos propuesto: sabiendo conservar ileso este vasto Continente, 
por doquiera que volvamos la vista respiraremos el ambiente puro 
déla Libertad. 

Ramos. — ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Independencia! (Tirando el som- 
brero á lo alto repite tres veces la misma frase. 

Perdís. — Es necesario ser prudente, porque las paredes tienen oídos y 
las hierbas ojos, 3- así es preciso obrarcon precaución, porque es fá- 
cil que nuestras buenas intenciones 

Ramos. — Punto en boca y paciencia. 

Perdis. — Anda al momento, mi fiel amigo, á la Hacienda de Santa Cla- 
ra, donde encontrarás alSr. Cura Matamoros y le darás un atento 
recado, manifestándole lo que ha pasado y que deseo con ansia su 
arribo á esta población, que todo está dispuesto. 

Ramos. — Está muy bien. (Medio mutis.) 

Perdís. — De paso di á Vicente Sedeño que ensille los caballos y que tengíi 
listas las armas: que saque las que tenemos ocultas, para distri- 
buirlas á los muchachos que nos han de acompañar. 

Ramos. — Al instante vo\-. (Vase.) 

Perdís. — ¡Jantetelquenses! mientras Perdísexista no sufriréis el diezmo, 
y morirá, os lo juro, por la patria y para daros libertad. 



ACTO TERCERO. 

Personajes. 

Matamoros. Ignacio Díaz. 

Vicario Zavala. Mariana (su esposa). 

Perdís. Cristóbal Dí.\.z. 

Camacho. José María Díaz. 

Chaa'arría. Gregoria Cordero (negra 
Noguera. esclava de Matamoros). 

La escena pasa en las casas aírales tic Jantctelco. en la noche del 16 de Diciembre de 
1811. 



427 



Escena i. 

Matamoros, í'kkdís ^■ Ciiavakkía á i,a derecha, v Camacho 

á la izoiierda. 

Matamoros. — No pueden ñj^urarse Uds. el regocijo (jue me causó al ver 
en el acta que me remitieron, la animación y entusiasmo con (|uc 
han secundado mi proclama mis amados feligreses de este ¡¡ucblo, 
pues han sabido recordar que son los descendientes ilcl intrcjiido 
Cuauhtemoctzin. 

Perdis. — Yo no sé haljlar para ])odcr decir \- explicar lo (|ue pasa ])or 
mi corazón; pero las palabras de Ud. son la expresión de lo que pa- 
sa en mi pecho y en mi cerebro; ya sabeUd. que he aceptado cuanto 
pudiera salji'evenirme; ya os puedo dar cuenta de mis trabajos. 

He reclutadotreinta voluntarios, nativos de este pueblo, y como 
quince de los pueblos circunvecinos; el Sr. Vicario Zavala creo que 
habrá hecho otro tanto en su vicaría, según (piedamos en nuestra 
última entrevista; he fabricado mil cartuchos y estoy mediana- 
mente satisfecho; tengo unas treinta carabinas que he tratado de 
l>oner en el mejor estado que me ha sido posible; tengo (|uince lan- 
zas con sus astas respectivas; algunas espadas y hondas para lo 
que se nos pueda ofrecer, de lo que podrá Ud. disponer á su satis- 
facción, empezando por mi vida. 

Matamoros. — Quedo plenamente satisfecho, y este abrazo es la señal 
de mi sincero reconocimiento por su actividad 3^ lealtad, y en pre- 
mio de los interesantes servicios que ha prestado á la justa cíiusa, 
desde este día cjueda Ud. condecorado con esta Ijanda de Coronel. 
(Se la pone.) 

Perdís. — Yo acepto el empleo cpte confía Ud. á mi persona; aunque 
no tengo los méritos suñcientes para merecerlo, lo acepto en testi- 
monio de la amistad que profeso á Ud. y como un recuerdo de f(uc 
he recibido esta condecoración de la patria, de manos de una persona 
de mi niaj^or estimación y respeto: la acepto coino lazo de unión 
entre nosotros, y en virtud de este mando con que me reviste Ikl., 
designo, en nombre del pue))lo cjue compone nuestra compañía, al 
alférez D. Joaquín Camacho para que empuñe el estandarte, sím- 
bolo de la nacionalidad mexicana, en la brigada del Sr. General 
Matamoros. 

Capitán Chavarría, entregue Vd. á nuestro compañero Camacho 
la enseña venerada de nuestra sacrosanta Independencia. 

Chavarría. — -Compañero Camacho: esta bandera que entrego á Ud.en 
nombre de la Nación Mexicana, la clavaréis triunfante en los reduc- 
tos del poder tirano, y será como una herencia para los hijos de este 
]iueblo histórico, que conservará como una tradición religiosa, la 
memoria de esta noche de esperanzas y recuerdos. 

Anales. T. 1\".— 5:í. 



428 

Ca.m.vcho. — Yo recibo con yusto Ui enseña (jue nos servirá de _<;uííi en 
los combates, y me conornitiilo porcjue considero que por donde 
quiera que pasemos el suelo estará alfombrado de rosas y adoniíi- 
do con arcos triunfales: así lo merece la abnegación de nuestro Ge- 
neral Matamoros. 

Matamoros. — Coronel Perdis, puede usted pasar revista de toda la fuer- 
za, armas y municiones con C|ue se cuenta, pjira orgíinizarnos á la 
posible brevedad. 

I'ekdís. — Me retiro á dar cumplimiento con la orden. 

Escena n. 

Dichos, menos Perdís. 

Matamoros. — Yo no sé nada en materia de guerra, pero mi patria me 
manda sacrificarme jjor ella y cumpliré como mexicano. 

Escena ni. 
Dichos v Xooiera. 

XoGiER-x.. — El Sr. Yicario D. Matías Zavala acaba de llegaren este mo- 
mento, y con urgencia desea hablar con Ud. 
Matamoros. — Dile que espero con ansia su llegada. (Yase Noguera). 

Escena iv. 
Dichos v el Yicakio, .menos Noguera. 

Yic.vRio. — Señor compañero Matamoros, al saljer la llegada de Ud., 
emprendí violentamente mi marcha paratenerel honor de felicitar- 
lo y para ponerme bajo sus órdenes, porque quiero ser algo que 
abarque todo su ejército: seré el Cai)ellán de todos sus soldados. 

M.VTAMOROS. — ¿.Y qué engañarnos, señor Yicario? Hace tres años que es- 
taraos en perfecta armonía; he reconocido á Ud. desde los primeros 
días que me recibí de este Curato de Jantetelco: conozco su capaci- 
dad y alcanzo hasta dónde llega el claro talento que lo distingue. 

Yicario. — Mucho me favorece la opinión de Ud., Sr. Matamoros. 

Matamoros. — Ud. no ha nacido para servir de Capellán de mi ejército, 
sino que su genio lo llama á una posición más elevada, cual es la 
re]3resentación de mi persona, en caso preciso. 

\'iCAKio. — Señor Cura, yo quiero ser su soldado \- seguir militando bajo 
su bíindera; mi espíritu se agita inspirado por sus palabras: meco- 
munica l'd. la fe de sus pensamientos y me lleva más adelante aún 
que mi misma imaginación. 



429 

Matamokos. — X'icario, Vú. no del )c confundirse en el mar incjuieto de 
ese ejército; eso sería oljscurecerlo: sefiíiircnios juntos en el camino 

que el ji'enio abre delante de miestro destino Sea l'd. soldado, 

pero soldíulo de la ])atria: combatiremos juntos v nonos scjjara re- 
mos sino hasta (|ue esa mano invisible de la Fatalidad nos marijue 
«el hasta aqvií.» 

Vicario. — Sea de una vez, señor Cura: tengo positivosdeseosde ijue me 
diya Ud. lo que lo im[)ulsó tan repentinamente á empuñar las ar- 
mas para tan delicada em¡)resa; porque de lo ([ue estamos hablan- 
do depende el porvenir de una nación entera. 

Matamoros. — Dormía tranquilo en el silencio de mi Curato, en esa cal- 
ma terrible que hace tres siglos pesa como la losa de la tumba so- 
bre nuestra existencia, cuando me recordó la memoria el grito 
solemne dado en el pueblo de Dolores, en la noche del día 15 de Sep- 
tiembre de 1810, por el benemérito Cura D. Miguel Hidalgo y Costi- 
lla, y al punto creí sentir bajo mis pies moverse las cenizas de 
nuestros mayores como lavas de un volcán, cuya erupción comen- 
zaba en aquellos momentos; creí ver alzarse los templos, subir las 
deidades á las aras de donde fueron arrancadas por las manos bru- 
tales de los concjuistadores; me parecía tjue la hora de la venganza 
había sonado; ((ue la vindicación de la raza azteca era señalada 
por el Destino, y (]ue kis cadenas que nos ataban con el mundo an- 
tiguo, crujían azotadas jjor el Océano \- estaban prontas á rom- 
perse Que la América quemaba á su vez las naves como Hernán 

Cortés. Mi corazón se sintió conmovido en una palpitación de fie- 
bre y entusiasmo, y entregado á la contemplación de mis j)ensa- 
mientos, delante de mi conciencia que se erige en tribunal imjjlaca- 

ble de mis acciones oí la voz de mi destino; sentí algo que me 

impulsaba desde lo más íntimo de mi alma: entonces abandoné 
aquellas vestiduras del culto cristiano, evoqué mis memorias juve- 
niles, cuando en las expansiones de mis esperanzas me soñaba sol- 
dado guerrillero, porque yo he soñado en las horas ardientes de mi 
edad, cuando veía los hechos de nuestros primeros padres, esas tra- 
diciones guerreras elevadas á la fábula y trasmitidas á nosotros 
en los campos inmortales de la guerra, que mi pecho .se ceñía una 
coraza; que mis sienes sostenían un casco y mi diestra el acero de 
los independientes, y oía el grito délos combatientes, el redoble 
de los tambores y el clamoreo de la victoria ¡todas ac[uellas ilusio- 
nes se apagaron en las sombras de la iglesia y desaparecieron ante 
lo místico déla tribuna religiosa, para reproducirse candentes en la 
hora de la revolución. Sí, aquí estoy: el hombre de la juventud re- 
nace: el vigor de mis años me devuelve el ardor de los jirimeros 
días: quiero pelear, combatir: llevar ejércitos al camjjo del honor 
y atravesar el suelo de América en la conquista de sus libertades, y 
morir como los héroes. 



430 

Vicario. — Ud. ha despertado á una raza entregada al sueño de la escla- 
vitud; en su persona se encuentra el ííeniodela idea; yo nic siento sa- 
tisfecho porque tenemos en nuestro estandarte el pensamiento de 
la Independencia. 

Matamoros. — Pues bien, Sr. Zavala: supuesto que 3'a (juedamos con- 
venidos, puede Ud. disponer lo f|ue crea conveniente, para cjuc cuan- 
to antes esté retmida su fuerza y sigamos el movimiento. 

Vicario. — Con el permiso de Ud., y ardiente de entusiasmo, me vo\' en 
este momento, y sólo aguardo sus órdenes para jionernos en mar- 
clia. (\'ase.) 

Escena v. 
Matamoros y Perdís, que extra .al salir el Vicario Zavala. 

Perdís. — Mi general: tengo el honor de presentar A Ud. la lista de revis- 
ta 3' el estado de armas y municiones con que cuenta nuestra fuerza. 

Matamoros. — Principio quieren las cosas: son sumaiuente escasos los 
elementos con que contamos, pero contamos también con nuestra 
abnegación, y esto nos basta; Coronel, puede Ud. ordenar que en el 
acto se preparen para marchar. 

Escena vi. 

Matamoros, Noguera, Ignacio Díaz, su esposa Mariana v sus dos 
hijos, Cristóral y José María. 

Noguera. — D. Ignacio Díaz y su esposa, suplican á Ud. se digne reciljir- 
los. 

Matamoros. — Diles que ]jasen. 

Noguera. — (A la puerta.) Mi general concede permiso para (¡ue pasen 
adentro. 

DÍAZ Y Mariana. — ¿Cómo está Ud., señor Cura? (Le besan la mano.) 

Matamoros. — Hijos míos, tengo grande regocijo de veros en mi ]iresen- 
cia: digan en qué puedo servirlos. 

DÍAZ. — Señor Cura: ha sido grande el regocijo que me causa ver á Ud. em- 
puñando la espada de la reparación; pero más grande sería toda- 
vía el que yo me encontrara con vigor para partir con Ud. los peli- 
gros que son consiguientes en la guerra; pero 3-a mis fuerzas no me 
lo permiten: esto\' en el último período de mi vida; pero, en cambio, 
vengo á suplicarle se digne recibir en el número de sus soldados á 
estos dos hijos que el Supremo Hacedor del hombre me ha dado, los 
cjue ofrezco como un holocaiisto en las aras de la patria. 

AÍARiANA. — Sí, señor Cura: mi esposo y yo hemos tenido un mismo ])cn- 
samiento, teniendo cuidado de infundir á nuestros amados hijos 



431 

los sentimientos (jue nuestros i)nnieros i)adres tuvieron ;il presen- 
tarse el invasor español; estos hijos son los únicos á f|uienes consa- 
gramos todo el cariño de padres ])ero hoy la madre patria nos 

reclama sus brazos y C|uerenios cumplir con el sagrado deber de hi- 
jos de Jantetelco. 

Ellos también al saber que üd. se ha pviesto á la cabeza del mo- 
vimiento, nos han dicho llenos de entusiasmo: cjue su]3uesto que la 
patria es su segunda madre, ciuieren defenderla de sus tiranos, pa- 
ra que si sobreviven después de la lucha, sean libres é independien- 
tes. 

Matamoros. — Impuesto de la presencia espontánea de l'ds., mi cora- 
zón se desborda como una corriente para demostrarles que su ver- 
dadero amor á la patria me anima más a- más para afrontar el pe- 
ligro que nos presenta la situación. ¿Están l'ds. conformes para 
seguirme y acomptiñarme y llevar á cabo el pensamiento de la In- 
dependencia? 

Cristóbal. — Sí, señor Cura; nuestros padres que están acjuí presentes y 
que aunque somos los únicos cjue les podemos ministrar los auxilios 
necesarios para su subsistencia, se conforman con quedar solos y 
entregados á la voluntad del tiempo, confiados en que la Divina 
Providencia nunca desampara á sus hijos. 

José M.\ría. — Además de que deseamos servirá la sacrosíinta causa, he- 
mos creído hacer carrera: tenemos valor y deseamos distinguirnos, 
muriendo con honor, como buenos mexicanos. 

Cristóbal. — Sobre todo, queremos demostrar nuestra olx'diencia á 
nuestros muy amados padres y manifestarles el reconocimiento de 
los sacrificios que han hecho por nosotros en nuestra tierna edad. 

Matamoros. — Muy bien, hijos míos: no se entristezcan l'ds.: los nom- 
bro mis ayudantes: yo los cuidaré mucho y sacaré unos hombres de 
provecho; tengan Uds. este obsequio que disfrutarán en nomljre 
de Mariano Matamoros, no creyéndose ofendidos por esto, pues es- 
toy satisfecho de su grande patriotismo; jjero también estoy con- 
vencido de la exigencia. 

Vuelvan Uds. á su casa, C|ue yo en estos momentos me marcho, 
y tan luego como se presente un conducto .seguro, les remitiré la mi- 
tad del sueldo. 

Den el abrazo de despedida á sus queridos padres. 

Cristóbal v José Marí.\. — (Abrazándolos.) Adiós, queridos ]jadresl... 

Díaz. — ¡Adiós, mis queridos hijos! En estos momentos de suprema tri- 
bulación para mí, mi corazón se oprime dolorosamente ante nues- 
tra separación, y en medio de mi dolor mecjvieda el consuelo de que 
Uds. cumplirán con el deber de ser unos hombres que no empañarán 
la memoria de nuestros antepasados, manchándose con el crimen 3- 
el asesinato 

Mari.v.n.v. — Si quieren (|ue yo liaje trancjuila á la tunih;i, cumplan con 



432 

el encaríjo de su píidre; esta es mi voluntad y la de <|uicii les ha da- 

doelser y que les eonsatíra todo su amor Adiós, hijos míos! 

(Los abraza.) El cielo se encargue de protegerlos. 

Cristóbai^. — Marcharemos serenos á nuestro destino, con la esperanza 
de que se cumplan las profecías que Uds. nos han dicho y que nos- 
otros guardaremos en el arca de nuestra fe, que es el corazón. (Van- 
se Díaz y Mariana, después de besar la mano á Matamoros.) 

Matamoros. — Cristóbal, llámame al Coronel Perdis. 

Ckistób.vl. — Voy al momento. (Medio mutis.) 

Escena vii. 

Matamoros, Cristóbal, Josk M' v Perdis. 

Perdís. — Estoy á las órdenes de l'd. 

AIatamoros. — Dé Ud. de alta en la fuerza á estos dos jóvenes, y en líi 

orden del día los dará l'd. á reconocer como niis ayudantes. 
Perdis. — Asilo ordena mi general 3' daré el debido cunq^limiento. (\'an- 

se los tres. ) 
Matamoros. — Cómo no tiene mil imitadores el ejemplo cjue acabo de 

presenciar? No ha dejado de conmover mi sensiliilidad este rasgo 

de verdadero ])atriotisnio. 

Escena viii. 
Matamoros v Ckistókal. 

Cristób.vl. — Señor General, dice mi Coronel que ya está la fuerza foi-- 

mada. 
Matamoros. — Dile que pase lista de todas las plazas que componen la 

compañía de Jantetelco, y concluida que sea, C|ue desfile rumbo á 

Tlayacac. 
Cristóbal. — Está mviy bien. (Mutis.) 

Escena ix. 

m.vtamoros solo, y al pasar list.v se aso.ma .\ la ventan.\. 

Matamoros. — ¡Qué bello espectáculo el de tm pueblo que camina en ma- 
sa á defender sus libertades! ¡Qué sublime espectáculo el de un ejér- 
cito en que se confunden los viejos, los jóvenes y aun hasta las mu- 
jeres, todos saludando á un mismo estandarte; todos invocantlo al 

Dios de las batallas! 

¡Gran Dios! Seguiré el camino del Calvario, en donde encarnará 
la libertad de esta grande América. 



433 

¡Adiós, ])uchlo (le Janlctelco! No te dejo ninnún recuerdo de (jtie 
])ucda.s (juejarte de mí, y ([uién sal)e si mi mano ya no volverá á es- 
trechar las de mis amados felijíreses Sí; se necesitará nna nrie- 

va generación que ])ronuncie los acontecimientos de (jue hoy eres el 
t'-'atro, y quién sabe si se olvidarán híista de nuestras tumbas, tal 
vez cavadas en suelo extraño! ¡Cuántos de estos hombi-es cjue hcn- 
me acompañan, desaparecerán en medio de la tormenta que se nos 
prepara! ¡Cuántas generaciones pasarán sin c|ue hagan un so- 
lo recuerdo de los hijos de este puelílo que ofrecieron gustosos de- 
rramar su sangre paríi regar ese árbol queel anciano Hidalgo ¡jlan- 

tó! ¡Quién sabe, si la segunda y tercera generaciones olviden 

que por sus venas circula la sangre de éstos que á la voz del Cura 

caminan serenos al Gólgota de hi encarnación de la patria! Pero 

no; cómo comentar ideas tan ilusorias? ¿Come) abrigar una ilu- 
sión para ofenderá los jantetelquenses? Preciso es que nunca se 

denigren, porc[ue tan afrentoso egoísmo no merece el sacrificio que 
presentan hov ante la faz del mundo Salve, salve tres veces, pue- 
blo de Jantetelco, que sirves de algún modo de cuna á la Libertad y 
al herf)ísm()! ¡Que el sol de los recuerdos ilumine tu frente en un día 
inmortal! ¡Que la sombra de nuestros mayores que vaga indecisa 
sobre tus muros, vele tu sueño, y el genio te cul)ra con sus alas, co- 
mo el sagrario quecontiene las hostias de nuestras esperanzas y de 
nuestras creencias! ¡¡Adiós, Jantetelco!! ¡¡Adiós!! 



A C T O C I' A K T () . 

Personajes. 
Matamoros. Okicial. , 

OmSPO. SlíCRETAKIOS. 

Fiscal. Familiares. 

Ordexa.nza. 

E s c E .\ A I . 

M.\TAMOROs. — Vo sufro demasiado! Creí que un llamamient(j generoso 

sería escuchado por nuestros implacables enemigos pero no se 

han olvidado de su crueldad antigua: el tiempo ])resente los encuen- 
tra lo mismo que cuando llegó Hernán Cortes 

Yo he llamado álos coml)ates á la generación desheredada, pa- 
ra cuyo fin me valí de mi prestigio y hcn- me miro al pie del ca- 
dalso, jjronto á cebar la ira de mis jurados enemigos Bus(|ué 

la paz y ]jor eso aliracé el estandarte ([ue en días felices tremoló el 



434 

fuerte brazo del yrandc eavulillo de D()lt)res Yo no tenu) ]jor 

el fin que me espera, jiorque la muerte es el porvenir de los que se- 
cundamos esta grande oljra; á mí nunca me desanimaron las vici- 
situdes Quisiera servo la última víctima 

Yo he visto subir al cadalso á mis hernumos _v correr su sangre 
por los campos de batalla: cada gota de esa síingre ])arece destilar 

de mi corazón Veo ante mí á los huérfanos y siento un dolor 

espantoso Necesito recordar ala patria, estaren vigilias con 

esa idea, ])ara acallar mis sufrimientos y discid])arme ante mi con- 
ciencia Todcjs los mártires c[ue han sucumbido en pos de la Li- 

bertatl y han muerto en esa gran lucha, es jjijrfiue Dios ha dispues- 
to que ese árbol sacrosanto lleve ¡¡or ramas y por rocío la sangre 
de los hombres y de hjs pueblos 

EsCEiNA n. 

Dichos v el Ordenanza. 

Ordenanza. — Aquí tiene Ud. este pliego que remite el Sr. Brigadier Lla- 
no. (Lo entrega y mutis.) 

Escena ui. 

Los MISMOS, MENOS EL ORDENANZA. 

Fiscal. — (Abre el pliego y lee.) «Haga Ud. que cuanto antes sea con- 
cluida la causa que se sigue contra la persona de Mariano Mata- 
naoros. 

«He recibido ima comunicación particular de su excelencia el Vi- 
rrej-, en donde me ordena diga v'O al Fiscal que está encargado de 
la referida causa, cjue la sentencia sea de una manera que a])arezca, 
que tanto por el Estad o como por la Iglesia 3' hi Santa Inquisición, se 
decreta para quesea pasado perlas armas en el lugar más público. 
Por tanto, espero (pie así obre Ud., por exigirlo la obediencia de su 
excelencia el Virrey. Dios guarde á Ud. muchos años. Valladolid, 
Febrero 2 de 1814.— El Brigadier, Llano." 

En esto debemos fundarnos ¡)ara concluirel ]jroceso. (Sigue ha- 
blando en voz baja con los Secretarios, los que se ponen á escribir.) 

Matamoros. — Adiós, pueblo de Jantetelco Damedesdeallá el último 

abrazo de la muerte Yo sigo el ejemplo sublime del anciano Hi- 
dalgo 

¡Pero qué soledad tan espantosa! ¿Me estaba reservado el 

morir de esta manera? ¿Cómo no llegó esta hora en el campo de ba- 
talla y caí atravesado por tina de esas balas traidoras al frente de 
mis scjldadüs? Pero la Patria Patria nn'al portívo3' á sacri- 



435 

ficar «íiistoso mi existencia pero tú quedas Mañana hablaré 

con las sombras de mis antepasados y allá nos abrazaremos en el 

cielo Perdona si alguna vez pero no; Dios está delante de mí 

y ve el fondo demi conciencia j-a vuela hasta la Eternidad 

Escena iy. 
Dichos y el Obispo. 

Obispo. — Señor Fiscal, paso á ver el estado que guarda la causa del re- 
voltoso Matamoros. 

Fisc.\L. — Sólo ag-uardo que se ejecute la degradación para terminar 
con la sentencia. 

Obispo. — Con ese objeto vengo y voy á proceder en el acto: mandad 
que saquen al reo. (El Fiscal toca la campanilla y se present.-i el 
Ordenanza en la puerta.) 

Fiscal. — .\1 oficial de guardia. 

Escena v. 

Los mismos V EL Oficial. 

Oficlvl. — Alande vuestra señoría. 

Fisc.VL. — Que el reo Matamoros sea conducido ante este Tribunal. 

Oficial. — Con vuestro permiso me retiro á obsequiar la orden. ( Yase.) 

Escena vi. 
Los mismos y después Matamoros que es conducido. 

Fiscal. — La captura del revoltoso Matamoros es de mucho mérito, 
pues con ella se consolida la paz del reino de Nueva Es])ana. 

Obispo. — Ciertamente que es tni hombre perverso. 

Fiscal. — Efectivamente es de costumbres relajadas (Entran con el 

reo, y los familiaresdel Obispo lo revisten con los ornamentos .sacer- 
dotales 3' le ponen el cáliz cu la mano.) 

Obispo. — Oviítenle las cadenas. 

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. 

Familiares. — Amén. 

Obispo. — Porcjue Nos, delegadodel .\rzobispo, porla gracia de Dios vile 
la Sede Apostólica, conociendo del crimen de alta traición contra 
el presbítero Mariano Matamoros, Cura de Jantetelco, hemos en- 
contrado por su misma confesión y por legítimas pruebas, que ha co- 
metido dicho crimen, y que no sólo es grande, sino también con- 
denable y dañoso, y de tal manera enorme, que no sólo ofende á 
la Majestíid de Dios, sino cjue también ha conmovido al públi- 
co; por lo cual se ha hecho indigno del oficio y beneficio eclesiástico. 
Por tanto, Xos, jjor la autoridad de Dios Omniíjotente, del Padre, 

A.nai.hs. T. IV.— 54. 



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del Hijo y del Espíritu Santo, y por la nuestra, sentenciosamente 
juzgando, perpetuamente privamos en estos escritos al mismo Cura 
Matamoros, de todo oficio de esta clase y de todo beneficio, y de 
palabra lo deponemos de ellosy pronunciamos que se debe deponer 
y degradar, real _v actualmente, según la tradición de los cánones: 
Quitamos de tí, ó más bien manifestamos que se te quita toda po- 
testad de ofrecer á Dios el sacrificio divino de celebrar misa, tanto 
por los vivos como por los difuntos. Con esta rasura te quitamos 
. la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste en la 
unción de tus manos y pulgares. Con razón te desjKyamos del ves- 
tido sacerdotal, que significa caridad; pues la perdiste, así como to- 
da tu inocencia. Torpemente desechaste la señal del Señor por esta 
estola, y por lo mismo te la quitamos y te volvemos inhábil para 
ejercer todo oficio. (Los familiares le quitan lo demás, y tan luego 
como concluyen, el Obispo sigue diciendo): 

Declaramos ciue la curia secular reciba á éste en su foro, desti- 
tuido de toda orden y jjrivilegio clerical. 

Seño