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Full text of "Antología de Poetas Hispano-americanos Publicada Por la Real Academia Española"

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SAl.lob.'^ 




I^arbartr ColUBe litrars. 

I ' 

FROM THE * 

m 

SALES FUND; ' - 



Kstahlished under the will of Francis Sales, Instructor 
in Harvafld College, 1816^1854. This will* requires 
the income to be expended for books *' in the 
Spanish lan^^ge or for books il- 
lustrative of Spanish history 

and literature." * 



Received ^. ^ ,.9y(^ /S'^6'. 



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^ 



I 



ANTOLOGiA 



DE 



POETAS fflSPANO-AMERICANOS. 



ANTOLOGiA 

POETAS HISPANO-AMERICANC 

REAL ACADEMIA ESPANOLA 

TOMO III. 
COLOMBIA.— ECUADOR— PERU.— BOLIVIA. 






MADRID 

K»T. TIP. <SUCBSOSES DK KIVADKNEYHa> 



Faiao da Saa Viaaai 
1894 




t&j J-t.in,~C. 



INTRODUCCI6N. 



VI 1 1. 



COLOMBIA. 



La cultura literaria en Santa Fe de Bogota, destinada 
ser con el tiempo la Atenas de la America del Sur, es 
in antigua como la conquista misma (i). El mas antiguo 
e sus escritores es precisamente su fundador, el dulce 
humano cuanto rumboso y bizarro abogado cordobes 
ronzalo Jimenez de Quesada, conquistador y Adelan- 
ido del que llam6 Nuevo Reino de Granada. Como 
ombre de letras que era en sus principios, manej6 al- 
ernativamente la pluma yla lanza, y fruto de sus ocios 



(i) Don Josi Maria Vergara y Vergara, var6n digno de buena n 
ristiano y simpitico ingenio, prosista ameno h invesCigador diligente, 
jnque muy dado i la iinprovisacidn ligera en todas raaterias, public6 
a 1867 una Historia dt Li Literatura in Nucva Granada, desde la conquista 
asia la independencia (1538-1820), ohrita digna de aprecio como primer 
iisayo 7 punto de partida para investigaciones ulteriores. En sus paginas 
; encuentran abundantes noticias de casi todos los autores que florederon 
n el Nuevo Reino antes de 1820; pero es libro que ha de consultarse con 
lutela, porque abunda en errores de hecho. De todos modos, no habiendo 
dosustituldo hasta ahora por otroalguno, a sus noticias tenemosqueacu- 
ir para los primeros tiempos, ampliandolas y reciificandolas eon el fruto 
e nuestra propia indagaci6n. 



1 unas Memorias 6 compendio historial de sus 
listas, que llam6 Ratos de Suesca; libro que en 
3Staba para imprimirse, segiin consta por Real ca- 
libre que existi6 hasta nuestros dias en America y 
pafla, que quizd existe hoy, aunque no sepamos a 
fijo su paradero, y que parece haber servido de 
a las narraciones de otros cronistas, empezando 
1 mas antiguo de todos, Juan de Castellanos. Es- 
tambien e! piadoso Adelantado unos sennones 
festividades de Nuestra Seflora, para que se pre- 
tn los sabados de Cuaresma en la misa que orden6 
; dijera por las almas de los conquistadores, Don 
Bautista Mufioz vi6 ademas unos Apuntamientos 
recciones suyas sobre las historias de Paulo Jovio; 
entemente el Sr. Jimenez de la Espada, aventaja- 
-) entre nuestros americanistas, ha dado a conocer 
Htomedela Conquista del Nueva Reino, que es de 
ida, a lo menos en parte, y diverso de los Ratos 
esca. Una curiosfsima noticia de Juan de Caste- 
en el canto xiii de la 4/ parte de sus Elegias, 
itemente descubierta y dada a luz con el titulo de 
ria del Nuevo Reino de Granada (i), nos autoriza 
6n para poner al Adelantado en el catalogo de los 
i 6 versificadores, con la circunstancia de haber 
artidario de la escuela de Castillejo y de los me- 
ntiguos contra el endecasilabo italiano. Sobre esto 
grandes pendencias con Juan de Castellanos: 

Y esta dificultad hallaba siempre 
Jimenez de Quesada, licenciado. 
Que es el Adelantado deste Reino, 

omo I, paginas 366-67. 



Ill 

De quien puedo decir no ser ayuno 
Del poetico gusto y ejercicio; 

Y 61 porfi6 conmigo muchas veces 
Ser los metros antiguos castellanos 
Los propios y adaptados a su lengua, 
Por ser hijos nacidos de su vientre, 

Y estos advenedizos adoptivos, 
De diferente madre y extranjera; 
Mas no fund6 raz6n, porque sabia 
Haber versos latinos, que son varios 
£n la composicion y cantidades, 

Y aunque con diferentes pies se mueven, 
Son legitimos hijos de una madre^ 

Y en sus entranas propias engendrados; 
Como lo son tambien en nuestra lengua, 
Puesto que el uso dellos es moderno 

Al mismo parecer se inclinaba otro poeta improvisa- 
dor que andaba entre los conqiiistadores; de quien da 
Castellanos larga noticia. Llamabase el tal Lorenzo 
Martin 

aquel que di6 principlo 

Al pueblo hispano de Tamalameque. 



^ste fue valentisimo soldado, 
Y de grandes industrias en la guerra, 
£1 cual bebi6 tambidn en Hipocrene 
Aquel sacro licor que manar hizo 
La ufia del allgero Pegaso 
Con tan sonora y abundante vena, 
Que nunca yo vi cosa semejante, 
Segun antiguos modos de espafioles; 
Porque composici6n ital'iana, 
Hurtada de los metros que se dicen 
Endecasilabos, entre latinos, 
Aun no corrla por aquellas partes; 
Antes cuando leia los poemas 
Vestidos desta nueva compost ura, 
Dejaban tan mal son en sus oidos, 
Que juzgaba ser prosa que tenia 
Al benepldcito las consonancias, 



' Con ser tan puntQal esta medida 
Que se requiere para mayor gracia 
Huir las colisiones de vocales. 
T el Lorenzo Martin con se 
En la bcilidad al uso viejo, 
Al nuevo no le pudo dar alcance. 

rtamente que si todos los endecasilabos que pudo 
r el pobre Lorenzo Martin eran de la fuerza de 

otros tales de su compaOero Castellanos, no le 
raz6n para quejarse de que dejahan tnal son en 
w, y para renegar de la nueva compostura y vol- 

sus «coplas redondillas repentinas*, de las cua- 

manadero redundante, y con las que alentaba 
y distrafa el hambre de sus compafieros en los 

mas duros de la conquista. Castellanos nos da 
lestra de estas improvisaciones en el canto xvii: 

Sus, sus, hertnanos mfos; 
Trasto memos y busqueaios 
Algo asi que reformeraos 
Los est6niBgos vaclos. 
Sacad de flaqueui brlos, 
Aunque esC^is puestos de lodo, 
Si no quereis que del todo 
Nos quedemos paCifrios. 

Tenemos las camisetas 
Flojas,y anchos los jubones; 
Pretinas de los caliones 
Encogen las agujetas. 
Todos bailamos gambetas 
A! son de losestrompiexos, 
y tenemos los pescueios 
Mas deludes que garcetas. 

Quedan de los cerviguillos 
Solamente los holiejos; 
Los mis mancebos son viejos 
Eq rostros y colodrillos, 
Nuestros vientres tan sencillos, 
Que ternla cada uno 



Los pasos que dais oblicos, 
Flojos, remisos y tardos, 
Se volveran en gallardos 
£a cebando los hocicofi. 
Ea Mta serdis mds ricoa 
Que aquel Herodes Antipas, 
Y sosegadb las tripas 
* Que nos hacea villaocicos. 

(0 

Nada de esto es poesla ciertamente; pero jcudnto 
^ada encontrar en aquel pequeflo gnipo de heroicos 
ipafioles perdidos en las soledades de los Andes un 
;o de las contiendas literarias que en la Peninsula 
alan los petrarquistas enamorados del arte italiano, con 
s partidarios de la medida vieja! 
Eran los primeros pobladores del Nuevo Reino, se- 
\n. expresi6n del mismo Castellanos, 

Gente Uaaa, ftel, modesta, cUra , 
Leal, humilde, sana y obediente. 

A lo selecto de esta poblaci6n, que no habla manchado 
I conquista con ninguna de las ferocidades y excesos 
3 s6rdida codicia que anublaron la gloria de la del 
en^, correspondid desde el principio la paz inalterable 
1 que vivi6 aquella colonia, la moderaci6n de su go- 
iemo, la templanza de las costumbres y lo arraigado 
s las tradiciones dom^sticas, mds Bciles de conservar 
1 una poblaci6n agrlcola y sedentaria, aislada en las me- 
tas de los Andes y separada de la costa per inmensos 



[i) Tomo n, piginas so-ss. 



VI 



desiertos y rios caudalosfsimos, que en la muchedum- 
bre abigarrada y levantisca que acudia a los puertos 6 
d las grandes explotaciones mineras. 

A tal estado de cosas acompan6 desde muy pronto 
el celo por la comiin instrucci6n; y aunque es cierto que 
el virreinato de Santa Fe no particip6 de los beneficios 
de la imprenta hasta el siglo xviii, quedando en esto 
muy inferior a Mexico y Lima, tambi6n lo es que tuvo 
desde los primeros dfas establecimientos de ensefianza. 
Ya por Real c6dula de 27 de Abril de 1554 se mand6 a 
la Chancillerla del Nuevo R^ino proceder al estableci- 
miento de un colegio para indios. Otra cedula de 18 de 
Febrero de 1555 mand6 crear otro colegio para hu6r- 
fanos espafloles y mestizos. El Seminario de San Luis, 
fundado por el obispo D. Fr. Luis Zapata de Gdrde- 
nas, obtuvo organizaci6n definitiva en 1592, en tiempo 
de su sucesor D. Bartolom6 Lobo Guerrero, y de 61 se 
encargaron los jesultas, que le rigieron hasta su expul- 
si6n en 1765, con estudios de artes, gramdtica y teolo- 
gla y una catedra de lengua muisca. Los dominicos, 
primeros religiosos que habian penetrado en el Nuevo 
Reino con el Adelantado Ximenez de Quesada, de cuyo 
nombre es inseparable el de Fr. Domingo de las Casas, 
ensefiaban en su convento gramatica desde 1543, y artes 
y teologfa desde 1572. Estos estudios fueron la base de 
la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomas, que 
no lleg6 d existir definitivamente hasta 1627, despu6s 
de largo y reflido pleito ganado por los dominicos con* 
tra los jesuitas. i^stos, no obstante, continuaron Ua- 
mando a su colegio Universidad Xaveriana^ y sucesi- 
vamente establecieron otros en Honda, Pamplona, 
Tunja, Cartagena y Antioquia, hasta el ntimero de 13. 



VII 



Con ellos y los que tenian los dominicos y el de Saa 
Buenaventura y otros que fundaron los franciscanos, 
lleg6 i haber 23 en todo el Nuevo Reino, siendo de los 
mds importantes por su dotaci6n el del Rosario, fun- 
dado en 1653 por el arzobispo D. Fr. Crist6bal de 
Torres. 

De este modo, y a pesar de la enorme (Jificultad de 
tener que enviar a la Peninsula todo libro 6 papel para 
imprimirse, lo cual fu6 causii de que muchos quedasen. 
ineditos, pudo Nueva Granada dar a la bibliografla es- 
pafiola del siglo xvii un niimero de escritores bastante 
considerable, ya te61ogos, ya juristas, ya arbitristas, 
como Luis Brochero, ya autores de cr6nicas, corao Ro- 
driguez Fresle y el agustino Fr. Andr6s de San Nicolas, 
ya verdaderos bistoriadores, como el obispo Piedrahita, 
cuya obra, aunque impresa en los peores dias del si- 
glo XVII (1688), no se resiente mucho en el estilo de la 
corrupci6n literaria de aquel tiempo (i), ya gramaticos 
de lenguas indlgenas, como el dominico Fr. Bernardo 
de Lugo, los jesultas Jos6 Dadey y Francisco Varaix, 
alguno de los cuales lleg6 & versificar en el idioma de los 
chibchas 6 de los muiscas. 

Los monumentos de la poesla castellana en el virrei- 
nato de Nueva Granada son escaslsimos, y el mds im- 
portante, sin comparaci6n, entre todos ellos, es el mas 
antiguo, que aqui, por ser nacido en Espafla su autor, 
s6lo puede entrar como de soslayo. Facilmente se en- 
tenderd que me refiero al beneficiado de Tunja, Juan de 



(i) Historia General de las Conquisias del Nuevo Reino de Granada, Edi- 
cidn hecha sobre la de Amber es de 1688. Bogotd^ Imp, de Medardo Ritas, 1881. 
Con un excelente pr61ogo de D. Miguel A. Caro. 



1 



OS, infatigable rapsoda, que en iiids de 1 50.000 
abos, entre rimadosy sueltos, nos dej6 escritas 
entradas y conquistas de los espaColes en las 
en Costa Firme, en Nueva Granada y en la 
i6n de Popayan, con los nombres, proezas y 
[icos de todos los descubridores, capitanes y 
'OS. £5 el poema mis largo que existe en lengua 
I (aun incluldo el Templo Militante y Flos 
m, de Cairasco), squiz^ la obra de m^s mons- 
roporciones que en su g^nero posee cualquier 
. S6I0 alguna cr6nica rimada, francesa 6 ale- 
los tiempos medics, puede irle a los alcances 
e la extensi6n, con la diferencia de set ellas, 
imiin, mera compilacidn de textos anteriores 
6 en verso, al paso que la obra de Castella- 
: todo punto original, y en parte se refiere a ■ 
lie el mismo autor presenci6 6 que oy6 contar 
fidedignos. 

ia de este versificador irrestaflable, 4 quien no 
egarse algunas dotes de poeta, consta en el 
undo de su elegia vi, y se ha confirmado por 
o de su partida de bautismo: 

Y un hombre de AUnis, natural mio 



pues, en 1522, en Alanls, pueblo del Arzobis- 
^evilla, quedando asl deshecba la absurda opi- 
le suponia nacido en Tunja, ciudad que no se 
ita 1539. Su vida escasamente puede rastrearse 
idicaciones que aca y alia dej6 esparcidas en 
as, aunque, ya por modestia, ya por otras cau- 
de hablar de los otros mucho mis que de si 
o averiguado es que pas6 en edad temprana 




IX 



a Indias, que anduvo peregrinando por diversas partes 
de Costa Firme, que demor6 largo tiempo en las pes- 
querlas de perlas (y esclavos) de Cubagua y el golfo de 
Paria, que luego encontr6 una especie de Capua 6 pa- 
rafso de deleites en la isla Margarita, servido por fnes- 
tizas mozas diligentes^ 

Instruidas de mano castellana, 
, Lascivos ojos, levantadas frcDtes, 

De condici6n bendrola y hui^ana ; 

y que despues de haber gastado por alU su primavera^ 
extinguida ya la granjeria de las perlas, y cansado de la 
guerra cruel ^ feroz y airada^ determin6 enmendar su 
tnrbia y azarosa vida, haciendo como los malhechorcs 
gue suelen recogerse d sagrado^ y en 1559 cant6 misa 
en Cartagena de Indias. De alii pas6 en 1561 de benefi- 
ciado a Tunja, donde con mediania de sustento pas6 el 
resto de sus dias, que fueron largulsimos, puesto que 
en 1606, d los ochenta y cuatro alios de su edad, pudo 
otorgar testamento ol6grafo, que es de la mayor curio- 
sidad, sobre todo por el inventario de sus bienes, en que, 
al lado de un Agnus Dei y un crucifijo, aparecen una 
espada corta de camino y una rodela blanca de madera 
de higuerbn, curiosa mezcla de los hdbitos del viejo 
conquistador y del sacerdote (i). 



( I ) Las Elegtas de varones ilustres de Indias aparecieron en la Biblioteca 
de Rivadeneyra, limpias y escuetas de toda noticia acerca de su autor; pero 
despues se ha trabajado mucho para restaurar su biografia. Citaremos I0& 
principalss trabajos: 

Acosta (Coronel Jose Joaquin). Articulo en el tercer numero de la Anto- 
Jogia espahola, Madrid, 1848. 

Vergara. Lileratura en Nueva Granada^ cap. 11. Ley6 en las Elegtas la ver- 



lucho debfa dar de si el ocio de Tunja, y extraor- 
aria era, sin duda, la facilidad de Castellanos para 
sificar, cuando, ademas de su enorme poema, mandd 
Ispafla para impritnir «un libro en octavas rimas de 
nda, muerte y milagros de San Diego de Alcala», 
a cuya estampacidn dejd loo pesos de veinte quila- 
de que probable men te darian mala cuenta sus alba- 
s, puesto que el libro porninguna parte aparece. Aun 
JUS Elegias s6lo lleg6 S ver impresa la Primera parte 

ra patria de Castellanos; pero en su cooato biografico comete K^f"* 

rnAadez Espino. Curso Hhtirice-Critico de Lileratura tspaSala, t- I, pd- 

496. Descubrio y public<5 la partida de bautismo de su paisano Caste- 

101. 

-"rj (M. Antonio). Tres artlcuEos en el Ripertorw Cohinhiaao, 1879 y 

. Descubrii y e;ttract6 el testamento que so conserva en Tunja. 

z y Melia (D. A.). Primer editor de la cuarta parte de las Elegiai. En 

UToducciin resume hibilmente cuanto se sabe 6 conjetura sobre CasCe- 

'nentx dt la Espada (M.). fuan de Cailellanas y su Historia del Nuefo 
7 de Granada, Madrid, 1889. (Extracto de la Revista Conlempordnea.y 
ajo de ingeniosa crltica 7 peregrina erudici6n, en que se amengua 
10 el valor del testimonio hist6rico de Castellanos, aun en lo relativo i 

: aquf el Cilulo de la rarlsima edici6n de la Primera parte: 
imera parte de las Elegias de Varones lllustres de Indias , compueslas par 
dc Castellanos, Cl-'rigo, Seneficiado de Tunja en el JVun'a Riyno de Gra- 
En Madrid, en casa de la Viuda de Alonso Gomez, Impresor de S. M. Pifia 
4.', 102 paginas. Tieue una especie de retrato del autor, grabado con 
iquedad mas horrible. 

apartes a.* y j.' de las Elegias se imprimieron (juntamente con !a i.') 
tomo IV de la Biblioteca de A uteres Espaholes, por copias sacadaa de la 
cidn Mufloz. 

4.' y ultima parte, descubierta en estos liltimos aflos, ba sido dada a 
in mucho esmero 7 con un Indice muy iitil de todos los nombres pro- 
rnencionados en la obra entera de Castellanos , por D. Antonio Pazy 
1; Hhtaria del Nuevo Rcino de Granada, Madrid , 1887. Forma dos vo- 
nes de la Colecciin de Escritores Castellanos. 



bifindose salvado las otras tres como de mi- 
vla hoy no estSn reunidas las cuatro bajo un 
a. De todos modos, la capricbosa fortuna ha 
D cura de Tunja, corriendo los tiempos, el 
ateramente proporcionado & sus miritos, de 
I menos que un tomo integro de la Biblio- 
ires Espafioles, donde no pudieron meter la 
'. Alonso el Sabio, ni el Marqu6s de Santi- 
in de Mena, ni Boscdn, ni Juan de Vald^s, 
lime de SigOenza, ni el bachiller Francisco 

ni otros innumerables pr6ceres y raaestros 
I y de la prosa, que en ninguna colecci6n 
an ni debian faltar. Es de presumir que las 
mil octavas de Castellanos no hayan tenido 
:ores de buena voluntad que les hinquen el 
osigan hasta el fin, aun engolosinados con 

de las cosas que cuenta; pero no hay duda 
; azar de la suerte, mds feliz para Castellanos 
suscriptores de la Biblioteca de Rivadeney- 
as de Varones J/ustres son libro muy cono- 
:e trato, a lo menos de nombre y vista, aun 
OS versados en las cosas de Indias. 
ssdicha de este libro es estar en verso. Y no 
ido 4 trozos, no los tenga felices, y eplsodios 
mes variados y deleitables, y gran niimero 
lien hechas, que pueden entresacarse y lucir 
or la exorbitante caiitidad de ellas, por las 
!S que hay desmaOadas, rastreras y prosaicas, 
1 inarm6nica que comunican al metro tantos 
rbaros y ex6ticos, y per la obscuridad que 
es resulta del empeiio desacordado en que 
puso de versificarlo todo, hasta las fechas, 



>se para ello de los rodeos rods extravagantes. 
IS doloroso es que Castellanos habla empezado 
ribir su Crdnica en prosa, que hubiera sido tan 
gradable como lo es la de sus proemios, y luego, 
nsejado por amigos que habian leldo la Arau- 
le Cretan capaz de competir con Ercilla, gast6 
;nos que diez aQos en la estdril tarea de reducir 
k verso, <^ingiriendQ d sus tiempos muchas digre- 
oiticas y comparaciones y otros colores porticos 
elbuen orden que se reguiere*. Pdsimo consejo, 
ad, y malhadada condescendencia la suya, puesto 
en vez de un montdn de versos casi ilegibles 
ida, hubi^ranios tenido una de las mejores y mis 
sas cr6nicas de la conquista. 
6 4 su -poema. £/eg{as de Vdrones Ilustresdeln- 
ulo que nada tiene de impropio en el sentido en 
3 aplica, atendiendo k los casos desastrados y trd- 
jertes de la mayor parte de los conquistadoies, & 
o de los cuales suele dedicar un epitafio en latin 
lano; porque tambi^n versificaba, y no mal, en la 
;lasica. Dividi6 su obra, como dicho queda, en 
Dartes. Comprende la primera las navegaciones 
n y conquista de la isla EspafLola, las de Cuba, 
Rico, Trinidad, Paria, Margarita y Cubagua, con 
eras entradas por el Orinoco, y los rominticos 
de Pedro de Ursiia y el tirano Lope de Aguirre. 
inda parte abraza los sucesos de Venezuela y 
larta; la tercera la historia de Cartagena, Popa- 
Lntioquia; la cuarta, los sucesos de Tunja, Santa 
ras partes del Nuevo Reino de Granada, 
uicios distintos pueden recaer sobre el conjunto 
ira de Castellanos. Considerada como testimonio 




■^l — • 



XIII 



hist6rico, su valor es evidente, aunque no pueda admi- 
tirse sin algunas restricciones. Castellanos cuenta en 
gran parte lo que vi6 y lo que oy6 4 los conquistadores> 
y cuida siempre de mencionar los nombres de los que 
le informaron: disfrut6 tambi^n algunas relaciones ma- 
nuscritas, entre ellas el Compendto histortal dt Gonzalo 
Xim^nez de Quesada. Pero Castellanos escribi6 sus 
Elegias en edad avanzadfsima, cuando flaquea la me- 
moria mas firme y privilegiada; y aunque la suya fuese 
de las mds monstruosas, como lo prueba el inmenso nti- 
mero de sucesos y de personajes, muchos de ellos obs- 
curos, de que hace menci6n en su libro, no pudo menos 
de equivocarse muchas veces, ya en el orden de los 
acontecimientos, ya en su fecha exacta. De esto hay 
continuos ejemplos, que le hacen gula poco seguro en 
cuanto a la cronologia, como ya apunt6 el coronel 
Acosta y ha demostrado en gran niimero de casos el 
Sr. Jimenez de la Espada. Y aun esto por lo tocante d 
las cosas de su tiempo; que en otras mas remotas, como 
los viajes de Coldn, escribi6 por tradici6n vaga, consig- 
nando no pocas patraflas que andaban en boca de mari- 
neros y soldados, por lo cual su autoridad no puede ni 
debe ser invocada sin la prudente cautela que el mismo 
insiniia en aquellos dos tan conocidos versos: 

Y si, lector, dijerdes ser comento, 
Como me lo contaron te lo cuento. 

For lo que toca al valor literario de las Elegias^ hay 
juicios muy encontrados. Mientras unos las desdeflan 
como libro titil s6lo para el estudio de los americanistas, 
pero del cual debe huir toda persona de gusto, otros 
hacen de ellas tales encarecimientos, que obligarian k 



XIV 

tenerlas por joya de nuestro Parnaso. El prologuista 
an6nimo de la Biblioteca de Rivadeneyra, de quien es 
de presumir que las recorri6 muy pbr enciraa, puesto 
que ni siquiera acert6 a leer en ellas la patria del autor, 
pondera en t6rminos un tanto hiperb6licos «la facundia 
inagotable de Castellanos, la increible facilidad de su 
versificaci6n , la cual, generalmente correcta y fluida, 
aunque a veces demasiado trivial y desalifiada, no se 
detiene en los obstaculos que le ofrecian la exactitud 
numerica de las fechas, ni los extraordinarios nombres 
de los indios y de las regiones que habitaban.» «Las es- 
cenas terribles y las graciosas — aflade; — las batallas mas 
sangrientas y las caminatas mas dificiles; fiestas lucidas, 
cultos solemnes, paisajes floridos y voluptuosos, espec- 
taculos naturales llenos de horrorosa grandiosidad, todo 
se presta con igual holgura y ligereza al ritmo de este 
grande y fecundo versificador; para todo encuentra en 
su imaginaci6n fertil y variada ritmos sonoros, cortes de 
verso naturales, consonantes propios y escogidos, y fra- 
ses, si no eminentemente po6ticas, a lo menos elegantes, 
bien construidas y muy raras veces torcidas de su proso- 
dia para formar la cadencia legitima y Uenar el niimero 
requerido.» 

Menos entusiasta el coronel Acosta, afirma, sin em- 
bargo, que «en las descripciones de comarcas, en las de 
refriegas y encuentros con los indlgenas, y particular- 
mente en la pintura de las impresiones que causaban a 
aquellos animosos y duros conquistadores lo peregrino 
de la tierra y de las gentes que tenian que domeGar, y 
lo inaudito de sus propias andanzas y aventuras, no cono- 
cemos cronista que le aventaje». 

Vergara, que era la indulgencia personificada, Uega 



'astellanos «gran poeta», y hasta a darle la 
Ercilla, lo cual francamente nos parece una 
eraria. Pero apartada toda comparaci6n con 
a, que i pesar de sus defectos estd i den 
todos los poemas de asunto americano, no 
e Castellanos supera & los restantes, y que 
uria no se le puede comparar con los autores 
nno indiano 6 de \2l Argentina 6 del Purin 
u obra, mas monstruosa que ninguna en 
an, no es realmente un poema, ni siquiera 
sino un bosque de crtinicas rimadas, en que 
inguirse tantos poemas como personajes; 
tenga tiempo y valor para internarse en este 
dara por perdida la fatiga, cuando tropiece 
OS como el del naufragio del licenciado 
tremenda historia de Lope de Aguirre, 6 la 
■ipci6n de la isla Margarita. Hay que distin- 
1 entre las diversas partes de la obra: la pri- 
ticamente muy superior k las demds. Es evi- 
:onforme avanzaba la edad de Castellanos, 
IS fuerzas po^ticas, y el cronista drido y mo- 
ba sobreponiendo al abundantfsimo versifi- 
irte compuesta en octavas es agradable mu- 
pero los versos sueltos, que ya abundan 
a tercera parte y dominan en la cuarta, son 
to intolerabtes. Juan de Castellanos no tenia 
e peculiar de construirlos, y no es maravilla 
i^spaSa y aun en Italia casi todo el mundo lo 
isescogi6sencillamente porquele parecieron 
y resultaron tales que sin ning6n esfuerzo 
iducirlos a prosa los cronistas Fr. Pedro 
Lucas de Piedrahita, que nos dieron a leer 



parte de la obra de Castellanos en forma mucho 
agradable. Particip6, pues, en cierta manera el 

cl6rigo de Tunja, no por su genio, sino par su ve- 
lad, del privilegio de los genuinos poetas 6picos, 
>das primitivos y autores de cantares de gesta, cuyas 
iciones ban venido con el tiempo a ser material de 
ria y a transcribirse cuasi a la letra en compilacio- 
lel g^nero de nuestra Estoria d''Espanna. 
ro dejados aparte los versos sueltos, y tambi^n 

aquello que en las octavas es pura prosa (y serd 
aena cuenta mds de la mitad de tan tremendo li- 
s), todavia un espiritu curioso, y no excesiva- 
te rlgido, puede encontrar cierto placer en leer S 
IS las Elegias de Varones Ilustres de IndiaSy aun 
:indiendo del grande interns hist6rico,y a veces 
lesco, de su contenido. Encontrara en Castellanos 
ilo viveza de fantasia pintoresca, que es, sin duda, 
alidad que en 61 mas resplandece, sino arte progre- 

en ciertas narraciones; mucha franqueza realista 

ejecucidn, cuando este realismo no degenera en 
arreria trivial y soldadesca, mas propia de un ma- 
dor de la playa de Huelva que de un clerigo an- 
) y constitufdo en dignidad; sabrosa llaneza y cas- 
donaire, cierto decir candoroso y verfdico, que 
n simpatizar con el poeta: espiritu vulgar sin duda, 
:onciencia un tanto laxa y acomodaticia con las 
rlas y desmanes de los conquistadores, pero muy 
ierto y muy aleccionado por la vida; curioso de 
las cosas, sin excluir la historia natural ni las cos- 
>res de los indios; raenos cr^dulo y mdssocarrdn de 
le a primera vista parece; dado a cuentos y chismes 
mcherla mas de lo que d la gravedad de la historia 



'iene, pero por eso mismo mis interesante y diver- 
para nosotros; viejo girrulo y prolijo, cuya charla 

veces entretiene y otras ayuda a conciliar el suefio. 
lo versificador no se para en barras y rompe por 
le puede, pero su facilidad es realmente asombrosa. 
se repara que salid de Espafla cuando todavia es- 

muy lejos de haber triunfado la grande escuela del 
' XVI, no se alcanza bien c6mo en las selvas de Amfi- 
Ileg6 d adquirir el dominio de la octava toscana, que 
ces construye como maestro, con gran desenvoltura 
ntileza. El caso de D. Alonso de Ercilla, hombre 
3 y nutrido con el estudio de los poetas italianos, 
cialmente del Ariosto, es muy diverso. Castellanos 
iin aventurero de infima condici6n: hiibo de pasar a 
as de doce 6 catorce aflos, sin haber cursado en es- 
a alguna, que sepamos: lo que aprendid debi6 de 
nderlo solo, y esto no s6lo de poesfa y de humani- 
;s, stno de ndutica y cosmografla. Y, sin embargo, 
) decir de 61 historiador tan sesudo y respetable 
o Agustin de Zarate, en la censura que por comi- 

del Consejo de Indias hizo de las Elegias, que 
indo trata de materia de astrologia, en las atturas de 
lea y puntos del Norte y sol y estrellas, se muestra 
citado astrdlogo., y en las medidas de la tierra muy 
ado cosm6grafo y gedgrafo, y cursado marinero en 
[le toca a la navegaci6n , finalmente, que ninguna 

de la MatemStica le falta». Y si d esto se aflade que 
ibi6 de primera intenci6n la historia de una parte 
■ considerable del Nuevo Mundo, la cual s6lo Gon- 

Fernandez de Oviedo habia tocado en la parte in6- 
de su obra , que Castellanos no pudo conocer, no ha- 
raz6n para regatearle los servicios que realmente 



6 como priraero, y aun puede decirse como linico 
sta aotiguo del Nuevo Reino, puesto que Piedra- 
r 61 son en rigor una misma cosa. Bien considerado 
, hay que respetar & Castellanos con la carga de 
iento cincuenta mil versos, y reconocer que, como 
::fa, «no comi6 de balde el pan» de su beneficio de 
1. 

frente de las diversas partes de las Elegias se en- 
ran versos laudatorios de otros ingenios de la co- 
; epigramas latinos nada despreciables de los do- 
os Fr. Alberto Pedrero y Fr. Pedro Verdugo, del 
;ro eclesiSstico de Santa Fe, Miguel de Espejo, 
ircediano Francisco Mexla de.Porras, de Pedro 
Barroso y Miguel de Cea; sonetos castellanos del 
liado Cristdbal de Le6n, vecino de Santa Fe, de 
;tian Garcia, n a (ur a /de Tunja en el Nuevo Reino, 
Caspar de Villarroel y Corufia, de Francisco Soler 
go de Buitrago, vecinos tambi^n de Tunja, pueblo 
ces tan importante como venido hoy a menos, y 
; parece haberse formado en torno de Castellanos 
queno grupo po6tico. Otros ingenios le elogiaron 
6n, pero los omitimos porque no consta que fue- 
mericanos ni moradores en America. Si A estos 
5, que no son ni peores ni mejores que los que sue- 
icontrarse en principios de libros, se afladen los 
IS que Castellanos hace de varios poetas amigos 
en el contexto de sus Elegias, tendremos re- 
todo lo que hasta ahora se sabe del primer siglo 
poesla neo-granadina , que trat^ndose de estos 
OS no nos parece bieo llamar coiombiana (i). 

] principio de la Miikiay De$cripcUn de las Indias, del capilin Var- 



1 



XIX 



El siglo XVII fu6 en aquella colonia no s6lo de mal 
gusto, sino de grande esterilidad poetica. S6lo pueden 
citarse algunos versificadores gongorinos, pero aun 6s- 
tosfueron poco fecundos, 6 han dejado corto niimero 
de poesias impresas (i). Dejando, pues, a la piadosa di- 
ligencia de Ips eruditos bogotanos el apurar el catd- 
logo de aquellos cuyas obras se han perdido , 6 de quie- 



gas Machuca (Madrid, 1599), ^^y versos de dos poetas neo-granadinos: 
una Epistola persuasoria del Capitdn Alonso de Carvajal^ natural de la ciudad 
de Tunjay en el Nuevo Reino de Granada, al sabio y prudente lector (en verso 
saelto), 7 un soneto del licenciado Francisco de la Torre Escobar, natural 
de Santa Fe, del Nuevo Reino de Granada. 

(i) V^ase, ademds del libro de Vergara, el notable prdlogo de D. Jos6 
Rivas Grootal Parnaso Colombiano de D. Julio Afiez. Bogoti, 1886^ 2 tomos. 

Citar6mos dos papeles rarisimos que se describen en el cuarto tomo del 
Ensayo, de Gallardo: 

— ^Funehre pane^rico en la miurte de Pedro Fernandez de Valenzuela, y en 
la dulce memoria de su amable consorte Doha Jtiana Vazquez de Solis, vecinos de 
la tnuy noble y muy leal ciudad de Santa Fe de Bogota , en el Nuevo Peine de 
Granada J Indias Occidentales. Escrividlo su hijo el P. D, Bruno de Solisy Va- 
lenztula , Monje de la Real Cartuja de Santa Maria del Paular* Embiolo al 
Bachiller D, Pedro de Solisy Valenzuela, Presbtiero su hermano, y tambiin d 
sus amantisimas hermanas Feliciana de San Grcgorio y Maria Manuela de la 
CruZfMonJa de Santa Clara, yd sar Clara de San Bruno, Monja de Santa 
Inis^ (4.°, 12 pags. Sin lugar de impresi6n: la dedicatoria esta fechada en 
Jerez de la Frontera, & 10 de Marzo de 1862.) 

— < Victory festivo parahieny aplauso gratulatorio a la Emperatriz de los ^elos, 
Reina de los Angeles, Maria Santissima Senora Niustra^ en la victoria de su 
purissima Concepcidn, conseguida en Roma d ocho de Diciembrede 16 61. Yd 
Nuestro SS. P. Alty'androVII, Pontifice MdximOy y d nuestro muy Catholico Rey 
Felipe IV el Grande, Monarca de ambas Espahas, y Emperador del Nuevo 
Mundo^y d los demds que concurrieron en esta felicissima vitoria. En cientoy 
ocho redondillas espafiolas , glosando este antiguo verso: <Sin pecado originaJ"^, 
Escriuidlas un sacerdote, natural de la muy Noble y Leal Ciudad de Santa Fe 
de Bogoid, cuyo nombre va en las mismas> 

— 4.^ de 4 hojas, con grabados en madera, y sin sefias de impresidn. 

B,l presbilero declara sus dos apellidos, Solis y Valenzuela, en el contexto 
de las coplas, y debe de ser el Bachiller D. Pedro , hermano del monje car- 
tajo autor del papel anterior. 



XX 



nes s6lo se conserva algi!in soneto laudatorio 6 alguna 
otra composici6n de circunstancias , hablaremos sola- 
men te de Hernando Domfnguez Camargo, que pro- 
bablemente no fu6 el peor de todos, y que por lo menos 
tuvo la suerte de dejarnos bastantes muestras de su in- 
genio. Su Poema Heroico de San Ignacio de Loyola (i) 
es sin duda uno de los mds tenebrosos abortos del gon- 
gorismo, sin ningiin rasgo de ingenio que haga tolerables 
sus aberraciones. Pero en el Ramtllete de variasfiores 
poiticas que en 1675 formd con versos propios y ajenos 
el guayaquilefio Maestro Jacinto de Evia, hay algunas 
composiciones de Domlnguez Camargo menos malas, 
y que le acreditan siquiera de versificador robusto y 
valiente, aunque anulado como tantos otros por el mal 
gusto. En los romances, sobre todo, tiene algo de lo 
bueno de G6ngora mezclado con muchisimo de lo malo. 
No puede negarse bizarrfa al romance de La tnuerte 
de Adonis^ por ejemplo, que parece eco lejano del de 
Angilica y Medoro. 



(i) 5. Ignacio de Loyola ^fundador de la Compahta de Jesus, Poema heroyco, 
Escriviolo el Doctor D, Hernando Domxnguez Camargo^ natural de Santa Fe 
de Bogota del Nuevo Reino de Granada en las Indias Occidentales. Ohra pds- 

tuma, Dala d la estampa el Maestro D, Antonio Navarro Navarrete En 

Madrid^ por Joseph Ferndndezy Buendia^ AHode 1696, 4.® 

£1 Maestro Navarro, que era quiteflo, nos dice hablando de Camargo: 
<Fui siempre estimador de su ingenio y apreciador de sus versos; y aunque de- 
see comunicarle en inda, nunca pude por la distancia de tnuchas leguas que nos 

apartaban, hasta que supe de su tnuerte con harto dolor niio No acabo el poema, 

dcvotamente confiado en que el Santo ^ con su intercesion, le hab'ta de dilatarla 
vida , hasta que marcado con el sello del ultimo primor y elegancia lo sacrijicara 

en sus aras Pero en tan honrosa confianza lecogid la muerte; 6 fuese por ex- 

(usarle esta vanidad d su ingenio, 6 por dejar mds impresa con dolor esa ma- 
yor memoria suya, viendo que al mediodia del sol de su lucidc ngenio se habta 
anticipado cl funesto ocaso de su muerte> 



XXI 

Las formas predilectas de este desaforado versifica- 
dor, culterano a un tierapo y conceptista, son la meti- 
fora y la antltesis. Cuando describe el salto del arroyo 
de Chillo, unas veces le presenta como un toro, y otras 
como un potro que va d estrellarse en las peflas: 

Corre arrogante un arroyo 
Por entre pefias y riscos, 
Que enjaezado de perlas 
£s un potro cristalino. 

Batenle el ijar sudante 
L9S acicates de espinos, 
Y es 61 tan arrebatado 
Que da i cada paso brincos. 



Ciertos chispazos de talento que entre la lobreguez 
de sus poesias tiene Camargo, como decir de Cristo en 
la pasi6n, que mostraba 



Feo hermosamente el rostro. 



inducen d ponerle entre los ingenios malogrados por la 
educaci6n y el medio (i). 

Algo semejante puede decirse de otro poeta santafe- 
refio de principios del siglo xviii, D. Francisco Alvarez 
de Velasco y Zorrilla, gobernador y capitin general 
de las provincias de Neiva y la Plata, Vergara asegura 



(i) Las poesias de Camargo se leen en el RamilUte deEvia, piginas 235 
a 348, con el titulo de Otras ^res, aunque pocas, del culto ingenio yfloridls' 
simc Poeta el Doctor D, Hernando Dominguez Camargo.,,.. 

T dice el colector Evia: <E1 dolor que tengo es que sean tan pocas, siendo 

tan buenas mas las distancias de estas partes del Peril a aquellas del 

NucYO Reyno de Granada, donde floreci6 , nos iranque6 tan poco de estas 
riquezas > 



XXII 

haber visto, aunque de prisa, un tomo entero de obras 
suyas, impreso en Madrid, en 1703. Yo nunca he tro- 
pezado con 61, y lo siento, porque la linica poesia suya 
que trae Vergara (tomandola del Papel Periddtco^ de 
Bogota, de 1792), es a saber, una carta en endechas a 
sor Juana In6s de la Cruz, tiene soltura y gracejo de 
buena ley, familiar y culto i un tiempo: 

Paisanita querida 
(No te piques ni alteres, 
Que tambi^n son paisanos 
Los dngeles diyinos y los duendes) : 

Yo soy 6ste que trasgo, 
Amante inquieto, siempre 
En tu celda, invisible, 
Haciendo ruido estoy con tus papeles 



Ya antes de ahora he tenido ocasi6n de notar que, 
aun en los tiempos de mayor decadencia para nuestra 
literatura, se conserv6 no marchita, en los claustros de 
religiosas, la delicadisima flor de la poesfa er6tica d lo 
divino, conceptuosa y discreta, a la vez inocente y pro- 
funda; la cual, no s6lo en las postrimerlas del siglo xvii, 
sino en todo el xviii, y a despecho del general enti- 
biamiento de la devoci6n, derramaba todavia su exqui- 
sito perfume en los versos de algunas monjas, imita- 
doras de Santa Teresa. Tales fueron en Portugal Sor 
Maria de Ceo, en Mexico Sor Juana In6s de la Cruz 
(prescindiendo de sus meritos en la poesia profana y en 
otros estudios), en Sevilla Sor Gregoria de Santa Te- 
resa, en Granada Sor Ana de San Jer6nimo, y otras 
que, sin gran esfuerzo, podrian citarse. A estos nombres 
pide lajusticiaque se ailada el de Sor Francisca Josefa 
de la Concepci6n (conocida por la Madrc Castillo)^ re- 
ligiosa en el convento de Santa Clara de la ciudad de 



• 1742), que escribi6 en prosa digna del siglo xvi 
ci6n de su vida por mandate de sus confesores, 

de Sentimientos Espirituales, que viene d ser 
so mosaico de textos de las Sagradas Escritu- 
Dos romancillos intercala, no tan felices como 

pero de la misma tradici6n y escuela. 
tanto, los jesuftas hablan introducido la im- 
;n la colonia por los aflos de 1738, y precisa- 

1 serm6n, predicado en las honras de la Madre 
iat de las primeras cosas que se estamparon. 

a imprenta delColegio de Santaft tenia un ca- 
isi dom^stico, y apenas produjo mas que algunos 
IDS, novenas y otros libritos de devocidn. Des- 

con laexpulsi6n de laCompaaia; pero en 1783 
tulda por otra de mis recursos y mayor impor- 
illamada Imprenta Real, dirigida por el tip6- 
foviano D. Antonio Espinosa, que en 1 787 publi- 

trabajo de cierto empeOo y ejecuci6n bastante 
a, la Historia de Crista paciente, traducida por 
. Jos6 Luis de Azuola y Lozano. El mismo Es- 
16 quien hizo, en 1794, la edici6n clandestina de 
raci6n de los Derechos del Hombre, traducida 
ttriarca de la revoluci6n neo-granadina, D. An- 
iriflo. 
esia dormitaba de todo punto, y no hay para 



nimtos Espirituales di la VenerahU Madre Francisca Jostfa de la 
fe Casiilh, Religivsa en dconverilo de Santa Clara de la ciudad di 
Repuilica l7eo-Granadina del Sur- America. Escritas par ella misma 
ius confesores. Dados i luz por su sobrino A. M. de C. y A. En 
logota. Imp. de Bruno Espinosa por Benito Gaitan. Ano de 1843, 
r la Venerable Madre Francisca Josefa de la Concepeiin, escrilapor 
(Filadelfia, 18 17.) 




XXIV 



qu6 traer a cuento los insulsos versos laudatorios que se 
leen en la Floresta de la Santa Iglesia Catedral de 
Santa Marta^ que escribid en 1739 el alf^rez D. Jose 
Nicolas de la Rosa, ni menos un esperpento dramatico- 
aleg6rico que Vergara posey6 matiuscrito, sin nombre 
de autor, y cuya portada decfa d la letra: No se con- 
quistan las almas con violencias^ y un mtlagro es con- 
quistarlas: Triunfos de la Religion y prodigios del 
valor: los Godos encubiertos: los Chinos descubiertos- 
el Oriente en el Ocaso^ y la Amirica en la Europa: 
Poema ipico-dranidtico sonado en las costas del Da- 
rien: Poema cdmico, dividido en dos partes y cinco ac- 
tosj con Unas disputas alfin en prosa. 

Pero aunque esteril para la poesia, la segunda mitad 
del siglo XVIII fue en Bogota de gran movimiento y 
transformacibn intelectual, la cual puede decirse que se 
determina entre dos fechas memorables, la expedici6n 
botanica de D. Jos6 Celestino Mutis en 1760, y el viaje 
de Humboldt y Bonpland en 1801. El gaditano Mutis, 
de quien dijo Linneo <f>nomen immortale quod nulla 
aetas unquam delebit^j y a quien apellido Humboldt 
«ilustre patriarca de los botanicos del Nuevo Mundo», 
fue el verdadero iniciador de la vida cientlfica en el 
Ecuador y en Nueva Granada. En 1762 abri6 una cate- 
dra de Matematicas y Astronomia en el Colegio del 
Rosario, donde expuso el sistema copernicano, inaudito 
aiin en las escuelas de la America del Sur. Mutis form6 
y educ6 una generaci6n de flsicos, matematicos y natu- 
ralistas, entre los cuales brillan los nombres de D. Fran- 
cisco Antonio Zea, que andandoel tiempo.lleg6 a ser di- 
rector del Jardfn Botanico de Madrid; de D. Jos6 Do- 
mingo Duquesne, que escribi6 una disertaci6n sobre el 



Caiendario de los Mutscas; de D. Josd Manuel Res- 
trepo, autor del Ensayo sobre la geografia, produccio- 
neSf industria y pohlaci6n de la provincia de Antio- 
guia; de D. Francisco Ulloa, que lo fu6 del Ensayo 
sobre el influjo deldima en la educaciun ftstca y moral 
del hotnbre en el Nuevo Reino de Granada; de don 
Jorge Tadeo Lozano, D. Eloy Valenzuela, D. Joaquin 
Camacho y otros varies, y del mas ilustre que todos 
ellos, D. Francisco Jos6 de Caldas, victima nunca bas- 
tante deploradade la ignorante ferocidad de un soldado 
iquien en mal hora confi6 EspaHa la delicada empresa 
de la pacificaci6n de sus provincias ultramarinas. Cal- 
das, botanico, geodesta, fisico, astr6nomo, y a quien sin 
bip^rbole puede concederse genio cientifico de inven- 
ci6n, form6 un herbario de cinco a seis mil plantas y di6 
graode impulse a la geografia bot^nica de la America 
delSur, determinando los perfiles de las diversas rami- 
ficaciones de los Andes en la extensi6n de nueve grados 
de latitud, para dar k conocer la altura en que vegeta 
cada planta, el clima que necesita para vivir y el que 
mejor conviene d su desarrollo; invento un m^todo para 
medir alturas mediante la proporci6n entre el calor del 
aguahirviendoy lapresiinatmosf^rica; estrend en 1805 
el Observatorio astrondmico de Bogota, fundado por 
Mutis, y le dirigi6 con honra por espacio de cinco aflos; 
y como prosista didSctico, vigoroso, grandilocuente a 
veces, rico de savia y de imaginaci6n pintoresca, dej6 
admirables fragmentos en sus Memorias sobre la Geo- 
grafia del Virreinato y y sobre el inflitjo del clima en los 
seres organizados, donde hay paginas no indignas de Bu- 
ffon.de Cabanis, de Humboldt. Estos y otros estudios de 
vulgarizaci6n cientifica, animada y brillante, se impri- 



alan en el Semanario de la Nueva Granada, memo- 
able revista que desde 1808 a 1810 dirigii Caldas. AllI 
stdn las primicias de la cultura bogotana, que de un 
alto pareci6 ponerse al frente de la de todas las demas 
egiones americanas, sin excluir d Mexico, donde parale- 
amente habla comenzado A desarroUarse un movi- 
liento andlogo. Bogota, que tuvo el primer Observa- 
orio de America, como Mexico la primera Escuela 
lineraldgica y el primer Jardln Botinico, precedi6 
ambi^n a la mayor parte de las capitales del Nnevo 
dundo, si no d todas, en abrir una Biblioteca piiblica 
lesde 1777. Bajo el paternal gobierno del Arzobispo- 
^irrey D. Antonio Caballero y G6ngora y de D. Joa- 
uin de Ezpeleta, se ampliaron las dotaciones de los 
stablecimientos de enseflanza, se crearon otros nuevos 
,e Medicina y Ciencias, se reformaron los planes de es- 
udios en el sentido de la investigacidn experimental y 
e la libertad cientlfica, y una masa enorme de libros, 
itroducida, ya directamente, ya por medio del contra- 
ando, vulgariztS en la colonia todas las ideas, buenas y 
lalas, del siglo xviii. Si nuestros gobernantes no llega- 
on d prever con tiempo que el esplritu ardiente de 
DS criollos no habfa de contentarse mucho tiempo con 
\ ciencia pura, sino que habla de lanzarse rdpidamente 

las extremas consecuencias pollticas que en aquella 
ultura venian envueltas, aun esta misma generosa im- 
irevisi6n es para sus nombres un titulo de gloria. 

Si la prosa cientlfica aparecid adulta y perfecta, casi 
or instinto, en algunas piginas de Caldas y de sus co- 
iboradores del Semanario , no podia esperarse otro 
anto de la poesia entregada A copleros adocenados, que 
opiaban sin discernimiento lo mds prosaico de la poe- 



r 



sla peninsular. Ya, al tratar de Cuba, hicimosm^ritodel 
famoso mulato D. Manuel del Socorro Rodriguez, pri- 
mer bibliotecario y primer periodista de BogotS, hom- 
bre honrado, laboriosfsimo y por muchos conceptos be- 
nemirito, que desde 1791 hasta 1797 public6, bajo los 
auspicios del virrey Ezpeleta, el Paptl Peri6dico de 
Santa Pe, en 1806 Ei Redactor Americano, y mis ade- 
lante otros papeles. Escribi6 innumerables poeslas, 6 
mis bien prosas rimadas, de que tengo algunos cuader- 
nos manuscritos, y en Bogota existen muchos mis: todo 
ello frto, prosaico y arrastrado, como de quien se pro- 
ponfa por dnico modelo d Iriarte, remeddndole en la 
falta de fuego, pero no en la discreci6n ni en el buen 
gusto, ni en otras cualidades muy relevantes con que 
Iriarte la disimula. 

Casi al mismo tiempo que el periodismo, naci6 el tea- 
tro, que tuvo desde 1 794 local estable construido d expen- 
sas del comerciante espaflol D. Tomds Ramfrez. Existian 
con mas 6 menos actividad varios clrculos literarios. 
Don Antonio Nariflo, uno de los pocos que ya en 1793 
conspiraban de verdad contra la Metrdpoli, proyectd 
establecer uno, consagrado d /a jLiberiad, la Raz6ny 
la FiFosofia^ al divino Platdn y a Franklin; pero su 
persecuci6n y destierro d causa de baber impreso clan- 
destinamente el libro de los Derechos del kombre, hizo 
que naufragase el proyecto y quedasen con nota de sos- 
pechosos los afiliados, aunque por entonces no se pro- 
cediese rads que contra Nariflo y Zea, que fueron en- 
viados d Espafla bajo partida de registro. Contrastaba 
con el cardcter tenebroso y revolucionario de esta So- 
ciedad, la muy inofensiva Tertulia EutrapHica que se 
reunfa por las noches en casa del humilde y devotlsimo 



XXVIII 



bibliotecario Rodriguez, para leer 6 improvisar coplas 
festivas de lo mds candoroso que puede imaginarse. 
Otra tertulia por el estilo se reunla en casa de D.* Ma- 
nuela Santamaria de Manrique, con nombre de Aeade- 
mia del Buen Gusto ^ que ya habia tenido en Madrid 
otra muy faraosa y aristocrdtica en tiempo de Fernan- 
do VI. De los versificadores que pululaban en estos 
circulos de Bogota, Socorro Rodriguez era el mas fe- 
cundo; pero Vergara trae noticias, y a veces muestras, 
de otros varios. Ante todo, presenta un pequefio grupo 
de poetas nacidos en Popayan, extremo meridional del 
Virreinato: el improvisador D. Jos6 Maria Valdes, el 
satlrico D. Francisco Antonio Rodriguez, y el elegiaco 
D. Jos6 Maria Gruesso, d quien la repentina muerte de 
su amada dict6 unas Noches en romance endecasilabo, 
imitando d Young y 4 Cadahalso (i). Este trdgico desen- 
gafio le llev6 al sacerdocio, pero no le hizo abandonar 
el trato de las Musas durante toda su vida, que no fue 
corta, puesto que muri6 en 1835, de can6nigo de la Ca- 
tedral de Popaydn. Su inspiraci6n continu6 siendo lii- 
gubre, pero su gusto mejor6 algo: tradujo en verso Los 
Sepulcrosy de Harvey, y escribi6 un poema original en 
dos cantos, Lamentaciones de Pub6n. De ellos trans- 
cribe Vergara estos versos, que no son enteramente 
malos : 

i Oh bosquecillos de frondosos mayos, 
Romdnticos doquiera y hechicerosi 
iSombras amables del jardin silvestre 
Y de los altos robles corpulentos! 



(i) Las Noches de Zacarias Geussor (anagrama de Gruesso), soda de la 

Junta Privada del Buen Gtisto En la ciudadde Saniafi de Bogotd. (Ms. ci- 

tado por Vergara.) 



XXIX 

En donde el Payanis , i, quien natura 
Di6 un coraz6n sensible, dulce y tiemo, 
Iba d gemir de humanidad los males, 
O d pasear sus caros pensamientos. 

Do tantas veces con su dulce lira 
Cant6 Vald^s sus expresivos versos, 
6 el sabio Caldas, con pensar profiindOi 
En pos de Urania se subi6 a los cielos. 

Yo asi prefiero 

La pobreza y miseria, y las desdichas, 
Por pisar de Payan el triste suelo, 
Para ofrecerle mi sensible llanto, 
Para abrazar sus desdichados restos, 
Para hacer un sepulcro en sus rClinas 
Y mi vida acabar con sus recuerdos. 

Cltanse de ^1 tambi^n cuatro himnos para las escue- 
las, uno de ellos en estrofas sdficas. Goz6 fama de ora- 
dor sagrado,y los sermones suyos que andan impresos 
reflejan fielmente los cambios pollticos de su tiempo y 
los de sus propias opiniones, realistas primero, republi- 
canas despues: una de estas oraciones fu^ predicada en 
las exequias dela segunda mujer de Fernando VII, otra 
en la fiesta de acci6n de gracias por el triunfo de Aya- 
cucho. Contribuy6 mucho a que se fundase la Univer- 
sidad delCauca, donde ley6 en 1822 un discurso inau- 
gural sumamente celebrado, pero que hoy pasarla por 
trozo de ret6rica palabrera. 

Don Jos6 Maria de Salazar (i), que, andando el 



(i) Nacio en Rionegro (actual provincia de Antioquia) en 1785, y muri6 
en Paris en 1828, despu6s de haber desempefiado altos cargos diplomdticos. 
Ademds de varios opuscules en prosa, public6: 

El Placer publico de SantafL Poetna en que se celehra el arriho del Excelentt- 
simo Sr. D. Antonio Amar y Borhon^ Cahallero profeso del 6r den de Santiago^ 
Tenienlc General de los Reales Exircitos^ Virrey^ Gobtrnador y Capitan Gene- 
ral del Nuex'o Reyno de Granada^ por D, Jose Maria Salazar ^ colcgial de San 



XXX 



tiempo lleg6 d ser Magistrado en Venezuela y Ministro 
plenipotenciario de la Colombia de Bolivar, y autor del 
primitivo himno colombiano, era otro poeta prosaico, 
pero muy culto, que logr6 transitoria fama, debida en 
parte i. su importancia oficial. Siendo estudiante, com- 
puso £/ Soltloquio de Eneas y El Sacrificio de Idome- 
neoy dos de las primeras piezas originales que se repre- 
sentaron en el teatro de Bogota. Suyo es tambi^n el 
Placer publico de Santa Fe^ poema en que se conme- 
mora la Uegada del virrey Amar y Borbdn en 1804. 
En iSiohizo una traducci6n en romance endecasilabo 
de la Poittca^ de Boileau, traducci6n muy inferior d las 
de Arriaza y el P. Alegre, y casi tan desmayada y pro- 
saica como la de Madramany y Carbonell. En tiempo 



Bartolomi Con licencia. En Santafe de Bogotd. En la Imprenta Red, Pot 

D, Bruno Espinosa de los Monteros. AHo de 1804. 

Arte Poitica de Monsieur Boileau, traducida al verso casteUano por el doctor 
Josi Maria Salazar, quien la dedico al Sr. Josi Ignacio Pombo^ en el afko 
de 1^10, Bogotd. Impresapor Valentin Martinez, Aho de 1828. 

Empieza: 

Piensa en vano subir un mal poeta 
A la elevada cima del Parnaso, 
Cuando se empefia temerariamente 
En el arte de Apolo soberano: 
Si no siente del cielo la influencia, 
Si su estrella al nacer no lo ha formado, 
En aquella impotencia retenido, 
O de su propio genio siempre esclavo, 
Sordo le viene ^ ser el mismo Febo 
Y detardfas alas el Pegaso 

La Colombiada 6 Coldn, el Amor d la Patriay otras poestas Ptricas, Cara- 
cas, 1852. 



Empieza: 



No hazafias canto de inbumana gente, 
Mas la de aquel var6n esclarecido 
Que de Occidente i descubrir la tierra 
Atraves6 el AtUntico temido 



r 



de la Independencia public6 dos poemas: La Campa 
de Boyacd y La Colotnbiada; uno y otro yacen en 
olvido in^s pTofundo. 

A los Soliloquios trdgicos de Salazar hay que afiai 
El Zagalde Bogotd, de D. Josfi Miguel Montalvo, : 
presentado en 1806, otra de las primeras, aunque in 
lices tentativas del teatro neo-granadino, que nunca 
medrado mucho. Montalvo muri6 fusilado en 1816 c 
Caldas y otros patriotas. 

Coino poeta jocoso, de aquellos cuyos donaires, 
demasia trivialesy caseros,no resisten ^la dura prue 
de los afios, se cita al clerigo insurgente D. Jos6 An) 
Manrique, autor de dos poemas burlescos: La Toci 
mada y La Tunjanada, que andan manuscritos. Mas 
genio tuvo, aunque con frecuencia mal empleado, el d( 
tor D. Juian Manuel Garcia Tejada, a quien cuelgan ( 
neralmente la paternidad de cierto poemita en a 
grado ofensivo a la pnlcritud del olfato, y que sera » 
nocido de cualquier espafiol por estas sefias. Fu6 G; 
da de Tejada fidelisimo partidario de la causa realis 
redactor de la Gaceta de Santa Fe en tiempo del ger 
ral Morillo, llev6 su lealtad faasta aceptar los rigores 
la expatriacidn perpetua, y muri6 muy anciano en A! 
drid en 1845. Se perdi6 un largo poema que habia co 
puesto sobre la revolucidn de Nueva Granada. Vi 
gara le atribuye el siguiente soneto, que anda an6nii 
en algunos libros de devoci6n, y que si realmente 
suyo, basta para que le perdonemos aquel insufrible 1 
cado de mal olor y mala crianza a que principalmet 
va unido su nombre: 



A JESdS CRUCIFICADO. 

A vos corriendo Toy, brazos sagrados. 
En la Cruz sacrosanta descubiertos , 

Que para recibirme estdis abiertos 

Y por no castigarme estais clavados. 
A y03, ojos divinos, eclipsados, 

Dc tanta sangre 7 ligrimas cubiertos, 
Que para perdonarme estais despiertos, 

Y por no confundirme estdis cerrados. 
A vos, clarados pies para no huirme; 

A Tos, cabeza baja por llamarnie; 
A TOS, sangre verCida para ungirme; 

A TOS, COB tad o abierto, quiero unirme, 
A TOS, clavos preciosos, quiero atarme 
Con ligadura dulce,estable y firme. 

Otro soneto agradeciendo al arzobispo de Bogota, 
losquera, una cuantiosa limosna que envi6 al pobre y 
Dciano poeta, empieza con estos agradables versos: 

Escucha Dios en su eacumbrado cielo 
De humildcs golondrinas el gentido, 
Cuando, lejanas del paterno nido, 
Vagan desaroparadasen au Tuelo 

Poeta de festivo humor como Garcia Tejada, aunque 
ids limpio y comedido en sus gracias, y fidellsimo como 
1 i la corona de Espafla, fu^ el gaditano D. Francisco 
avier Caro, tronco de la familia mis ilustre en las letras 
olombianas, abuelo del vehemente y fiIos6fico poeta 
ose Eusebio Caro, y bisabuelo del grande humanista, 
■oetay critico i quien debemos la mejor traducci6n de 
'^irgilio que hay en nuestra lengua. Quedan de Caroj et 
buelo, muchas d^cimas satiricas y burlescas en que 
ampea la chispa andaluza mas que el arte ni el estudio, 
1 cual no era ajeno, sin embargo, puesto que dejo no- 
as manuscritas a la Poitica de Horacio, y sostuvo vie- 



r 



XXXIII 



toriosas polemicas con D. Manuel del Socorro Rodri- 
guez y su Papel Pertddtco. Tenia Caro especial inquina 
a la literatura de los criollos, pero envoi via esta des- 
aprobaci6n suya en form as tan chistosas y era de cardc- 
ter tan inofensivo y benevolo, aunque dado 4 chanzas y 
zumbas, que ninguna de sus vlctimas Hterarias llegaba a 
enojarse con Sl» ni sus golpes hacian nunca sangre. 

La familia de Caro vino a emparentar, andando el 
tiempo, con la de otro poeta, el Dr. D. Miguel de To- 
bar, natural de Tocaima, jurisconsulto insigne 6 inco- 
miptible magistrado , de quien hace honrosa inenci6n 
Groot en el tomo iii de su Historia Eclesidstica de 
Nueva Granada. Por los afios de 1814a 1818 compuso 
el Dn Tobar con ficil numen algunas odas horacianas, 
6 mis bi6n del g^nero y estilo de Fr. Diego Gonzalez y 
Mel6ndez cuando querlan imitar d Fr. Luis de Le6n. 
Conozco las dirigidas al Mufia^ al Tequendama^ y al- 
guna otra, in6ditas todavia en poder de su ilustre nieto 
D. Miguel Antonio Caro. 

Si a estos nombres se afiade el del presbltero de Po- 
payan D. Mariano del Campo Larrondo y Valencia, 
que en i8oc envi6 al Correo Curtoso de Santa Fe de 
Bogotd (peri6dico dirigido por D. Jos6 Tadeo Lozano, 
Marques de San Jorge, y D. Luis Eduardo Azuola) 
algunas odas de Horacio, traducidas con bastante Ila- 
neza y prosafsmo, pero acompafiadas de una excelente 
carta sobre el arte de traducir, que Larraondo entendfa 
tan bien y practicaba tan mal (i), tendremos casi ago- 






(i) Bn la Biblioteca de Bogotd se consenran dos cuademos manuscritos 

intitulados.* Rasgos morales, Jilosdficos, histdricos y politicos, en verso y prosa, 

compuestosy dedicados d lajtiventud de Popay&n, por el Dr. D. Mariano del 

Campo Larraondo y Valencia^ presbitero. De ellos me di6 noticia el Sr. Caro. 

TOMO m. e 




XXXIV 

tado el catalogo de los buenos y malosversificadoresde 
la escuela del siglo xviit que floreclan mis 6 menos obs- 
curamente en los liltimos dfas del virreinato de Nueva 
Granada, acompafiando, aunque muy de lejos, el movi- 
miento cientffico que dirigian Mutis, Caldas y sus amigos. 
La guerra de la Independencia no suscit6 en Nueva 
Granada ningiin Olmedo. D^bilmente esta representada 
la poesia de este perfodo por dos ingenios de la escuela 
clasica, Ferndndez Madrid y Vargas Tejada, que con- 
servan cierta celebridad por los azares de su vida mas 
que por el m6rito de sus versos, apenas leldos ya de na- 
die. El Dr. Ferndndez Madrid, m6dico de Cartagena de 
Indias, se habia dado d conocer como poeta en el Se- 
manario de Caldas, insertando una odaA /a Noche^ no- 
table s6lo por el artificio polimitrico con que, apartdn- 
dose del rigorismo cldsico y siguiendo las huellas de 
Arriaza (el poeta espafiol rtids leido entonces en las co- 
lonias), se atrevia d introducir en una sola composici6n 
sextillas endecasilabas, octavitas de final agudo, y alejan- 
drinos, preludiando en esto la libertad romdntica. El 
torbellino revolucionario envolvi6 d Ferndndez Madrid, 
lievdndole primero d la junta patriotica de Cartagena, 
luego al Congreso de las Provincias Unidas de Nueva 
Granada y Venezuela, en el cual se distmgui6 por su 
fdcil y ardorosa elocuencia, y finalmente, aunque por 
breve tiempo y en ciicunstancias enteramente desespe- 
radas, d la presidencia de la Republica, que sucumbi6 
en sus manos en 1816. Ferndndez Madrid, que no tenfa 
temple de h6roe ni vocaci6n de mdrtir, no s6lo se rindid 
al pacificador Morillo, sino que en humildisima repre- 
sentacidn fingid retractarse solemnemente de sus anti- 
guas ideas, y aun afirmd que s6lo por evitar mayores 



males y facilitar la sumist6n del pals babfa consentido eJ 
ponerse al frente de la insurrecci6n. Esta represents 
ci6n (segOn el dicho atroz del historiador Restrepo) (i 
«le salv6 la vida, pero no el honor*. El Dr. Madrid s 
quedo tranquilamente en la Habana ejerciendo su pre 
fesi6n y escribiendo versos, y cuando triunf6 laindepec 
dencia de Colombia, Bolivar no tuvo reparo en enviarl 
de ministro plenipotenciario d Londres, donde residi 
hasta su'miierte, acaecida en 1830. 

Con estos antecedentes cualquiera puede dar su just 
valor a las feroces diatribas contra Espafla, que son 1 
principal t6pico de las odas del Dr. Madrid. La firraei 
que en sus actos pOblicos le habia faltado quiso con 
pensarla desde el quieto y seguro asilo de Londres co 
alardes declainatorios de un miso-/ttspanismo {renitio 
creyendo que con esto tenia bastante para que los pi 
triotas de Colombia olvidasen su historia. Nadle abus 
lanto como 61 de los ires stylos de vil servidumbre, c 
la ferocidad castellana nunca saciada de sangre y vet 



(i) Viodicase U memoria del Dr. Madrid de las cargos pollticos que p 
su conducta en la Presidencia de la Repilblica se le hicieron, on la excelec 
Biografia <U D. Joii Femdndez Madrid, arreglada por D. Carlos Martin 
Silva sobre los documentos recogidos y clasificados por el eminente taoi 
bre publico D. Pedro Fernandez Madrid, hijo del poeU (Bogota, 1889). 1 
puede negarse que la vindicaclon es energica y vicConosa ta casi todos I 
pontos; pero para nosotros queda en pie siempre un cargo, que podra ! 
mcDOS grave, pero que atafie a la delicadeza artfstica del poeta, no men 
que i la moral del ciudidano: el haberse desatado desde Londres, y sot 
seguro, en injurias contra los espailoles, aquienes, de uq modo 6 de Ot: 
debia la salvacidn de su vida. 

Restrepo, en la segunda edici6n dc su obra histdrica (Besanzdn, 185! 
rectified la mayor parte de sus juicios adversos al Dr. Madrid, cuyo carac 
bondadoso 7 dulce, aunque falto de la firmeza necesaria para descender a 
arena polltica en ipocas turbulentas, ha dejado muchas simpatias entre 
bombres mas ilustres de Colombia. 



XXXVI 



ganzuy de la eterna ignominia del dispota ibero^ del fi- 
rreo cetro del Ledn quebrantado por la libertad. Releg6 
d Espafia a vivir en el rinc6n tenebroso^ incierto entre el 
Africa y la Europa; y para sus soldados, ante los cuales 
habia hufdo y se habfa humillado en i8i6| nunca tuvo 
mds blandas calificaciones que las de bandidos^ prdfugos^ 
salteadores inf antes de camtnos^ ctervos^ tigres y otras 
lindezas tales. Parece que en alguna ocasi6n ^1 mismo 
se avergiienza de su propio vilipendio, y exclama: 

Sangre espaiiola corre por mis venas ; 
Mlo es su hablar, su religi6ii la mia; 
Todo, menos su horrible tirania ; i 



pero d rengl6n seguido vuelve d renegar de su raza, y se 
extasfa con la esperanza de ver restaurado el trono de 
los Incas y las paternales leyes de los hijos del Sol: 

£n fuego divino los Andes se inflaman; 
De doce monarcas la voz paternal 
Repiten sus ecos, que al mundo proclaman 
De America el triunfo^ la gloria inmortal. 

iOh manes sagrados, 

Volved aplacados! 
Volved k las tumbas, familia imperial. 
No mas servidumbre; no, sombras augustas; 
Ceso la ignominia del yugo espafiol: 

Ya estamos vengados, 
Y reinan de nuevo, con leyes mas justas, 
Mas dignos del padre, los hijos del Sol 

La prisi6n y muerte de Atahualpa le arrancaban Id- 
grimas d cada momento, hacidndole prorrumpir en in- 
terminables eleglas, en que d su sabor vengaba en la 
sombra de Pizarro las tribulaciones que le habfa hecho 
pasar el general Morillo. 




XXXVII 



LaS odas pollticas de Madrid son de la mas intolera- 
ble y hueca patrioterla, una sarta de denuestos en es- 
'tilo de procl^ma. Los mismos criticos americanos ban 
llegadb a reconocerlo, y el yuicio de los hermanos 
Ahitinategui (i), por duro que parezca, es en esta parte 
inapelable, y ha hundido para siempre al poeta cartage- 
nero, astro de falsa luz, que s6lo pudo deslumbrar un 
momento a los que equivocaban la verdadera grandeza 
con el 6nfasis bomb^stico. En vano usa y abusa de toda 
la maquina ret6rica, y no se harta de personificar las 
provincias y las ciudades, y la discordia, y la traicidn, y 
la libertad, y la gloria, y la paz, y la victoria, y la tirania, 
y todo gSnero de abstracciones: ave de vuelo rastrero, 
jamis asciende a la regi6n tempestuosa d donde sube la 
canci6n triunfal de Quintana y de Olmedo. Todo el in- 
cienso que empalagosamente se tributa al Libertador en 
estas odas, declarandole superior d todos los grandes 
personajes hist6ricos, d Fabio en la prudencia, d Anl- 
bal en intrepidez, a C6sar en saber y elocuencia, d Pe- 
I6pidas, d Temlstocles, d Foci6n, d Camilo, d Gincinato, 

a Washington todo este pedantesco y ridicule catd- 

logo que el Dr. Madrid repite siempre que habla de su 
heroe, no puede dar ni aun remotamente la idea de Si- 
m6n Bolivar que dejan en la memoria aquellos solem- 
nes versos del gran poeta de Guayaquil : 

jQai^n es aqu6l que el paso lento maeve 
Sobre el collado que a Junin domina? 



(i) ^uicio crtitco de algunos poetas hispano-americanos, por Miguel Lui$ y 
Gregifrio Victor Amundiegui, Santiago (de Chile) , Imprenta del Ferroca- 
rtilj 1861. 



Considerado merameote como versificador, el doctor 
Madrid tiene cierto valor relativo de correcci6n y faci- 
lidad elegante, que contrasta con lo escabroso, desali- 
flado y malsonante de otros mucbos autores de himnos 
y poemas de la independencta americana, mucbos de Ids 
cuales (en Chile, por ejeraplo, y en Buenos Aires) pare- 
clan haberse rebelado, m^s que contra Espaila, contra 
las mis triviales nociones de nuestra prosodia. Por el 
contrario, la versificaci6n de Fernandez Madrid es ha- 
bitualmente limpia y muchas veces sonora y armo- 
niosa, combin^ndose bastante bien en su estilo los 
opuestos caracteres de la escuela de Quintana y de la 
de Arriaza. 

Sus condiciones nativas le llevaban mas bien a imitar 
al segundo que al primero; asf es que briUa mas y se 
deja leer con menos disgusto en la poesfa ligera que en 
los raptos de la oda pinddrica. En la Habana, donde no 
podia hacer versos contra EspaOa (aunque no dejd de 
cultivar la poes(a poHtica, aprovecbandose de la libertad 
constitucional de 1820), se dedic6 al cultivo de la ana- 
cre6ntica, y entonces compnso y dedic6 asu mujer las 
diez composiciones que llam6 Jiosas, llenas de erotismo 
tan sensual como candoroso. Por entonces compuso 
tambi6n Mt Banadera y La Hamaca, que se reoo- 
miendan por cierta languidez criolla bastante agradable. 
Estos dos juguetes son casi lo linico que sobrevive de sus 
versos. Tradujo gran parte del poeraa de Delille Los 
Tres Reinos de la Naturaleza, y el Ditirambo del 
mismo zntor sobre la inmortalidad del alma. Compuso 
dos tragedias originales: Atala y Guattmozin, que con- 
sideraba como principio de un teatro americano. Ni una 
ni otra se representaron ni eran representables, puesto 



XXXIX 

que el autor parecia haber prescindido hasta de las con- 
diciones mas elementales del dr^ma (i). 

Si el Dr. Madrid, que con candorosa satisfacci6n de 
si mismo exclamaba: 

iFeliz el que ha nacido 
Al mismo tiempo medico 7 poeta! 
Dos veces laureado 
Por Minerra y Apolo , 

dejo en sus escritos datos suficientes para juzgar lo que 

como poeta, y aun como m6dico, valla; el malogrado jo- 

ven Luis Vargas Tejada fu6 victima de hados tan adver- 

sos que escasamente puede decidirse si habfa en ^1 la 

esperanza de un poeta. A esto liltimo nos inclinamos, 

recordando entre sus versos llricos la delicada y armo- 

niosa silva Al Anochecer^ y algiin otro rasgo fugitivo de 

poesfa intima y dulce, y entre sus ensayos dramaticos la 

comedia, 6 mas bien largo entrem6s, de Las Convulsio- 

nesj picante y libre en demasfa, pero de chiste muy 

espontaneo y genial. Por entonces estaban muy en auge 

en Bogota las tragedias cldsicas, especialraente las de 

Voltaire, Alfieri y sus imitadores espafloles, prefiri6n- 

dose naturalmente las que contenian ardientes efusiones 

de liberalismo y ap6strofes contra la tiranla y la supers- 

tici6n. Vargas Tejada, que hubiera podido brillar en lo 

c6inico, se empefi6 infelizmente en calzar el coturno, es- 

cribiendo tres tragedias, Sugamuxt] Doramtnia y Agut- 



(0 La primera edici6n de las Poesias del Ciudadano Dr, Jose Ferndndtz 
^Madrid {con titulo de tomo pfimero aunque no sali6 el segundo)^ es dela 
Habana 1822, Imprenta FraUmaL Al fin del tomo esta la tragedia Atala. 
£n 1828 hizo en Londres otra edici6n mas coropleta y ailadio la tragedia 
(^uatimozin, que ya el aflo anterior se habJa impreso suelta en Paris. Dej6, 
^emas, algunas Memorias sobre asuntos de Medicina. 



1 



min, y dos mon6logos tragicos, Catdn en Utica y La 
Muerte de Pausamas. 

En Vargas Tejada es mas interesante la vida que los 
escritos. Era un tipo perfect'o de conspirador de buena 
fe, de tiranicida de colegio cldsico, admirador de Bruto 
y de Catdn, en cuya boca ponla interminables roman- 
zones endecasflabos contra el dictador y la dictadura. 
Fu^ de los Septembristas que en el afio 28 asaltaron la 
casa de BoKvar y estuvieron muy d punto de asesinar al 
que Uamaban tirano. De resultas, varios de los conspi- 
radores murieron en el patfbulo, y Vargas Tejada, pros- 
crico y fugitivo, escondido durante catorce meses en una 
caverna, acab6 por perder el juicio 6 poco menos, y se 
ahogd involuntariamente en un rio cuando intentaba 
refugiarse en la Guayana. Tenia el infeliz veintisiete 
afios; habfa demostrado talento precoclsimo compo- 
niendo versos, no s61o en castellano, sine en francos, 
aleman y latin; era, a despecho de su fanatismo poli- 
tico, dulce, afectuoso, sencillo, inclinado a la piedad 
y devotlsimo de su familia, sentimientos que se decla- 
ran bien en una carta mucho mas po^tica que sus ver- 
sos, escrita d su msdre desde la cueva en que vivia, el 8 
de Diciembre de 1829 (i). Estas cualidades, unidas ^ su 



(1) Vease la excelente Noticia biogrifica de Luis Vargas Tejada, escrita 
por D. Josi Cfticeda Rojas ea el Anuario de la Academia Cahmbiana, aHo 
ie 1874- 

Naci6 Vargas Tejada en BogoU, en 1S02, y murid, del modo que queda 
dicho, en 1819. Su principal maestro y consejero fu^ el poeta argentino Mi- 
ralla. Fu6 secretario de la Conrencidn de Ocafla, 7 alll Iigur6 entre loa mda 
irdientes dem6cratas. Disuelta aquella asamblea, se lanzd i. la C0Qspiraci6n 
de que fue victima. Sus Poesias fueron publicadas en 1855 por D. Jose Joa- 
quin Ortiz, juntamente con las de D. Jose Eusebio Caro. Faltan en esta 
Bdici6n las tragedias Doraminia y Aguimin, que se coaservan manuscritas. 



I h 



XLI 



trdgico destine, dejaron en el dnimo de cuantos le ha- 
bian conocido un melanc6lico recuerdo, y explican en 
parte la exagerada estimaci6n que en algiin tiempo se 
hizo de sus m6ritos literarios. Se le consider6 como un 
iniciador; se le llam6 el Chinier colombiano, «el ave 
que cant6 primero en la mafiana de Colombia, tras la 
obscura y tempestuosa noche que le precedi6». Trun- 
cada en flor aquella existencia, que parecla tan Uena de 
promesas, s6lo es licito hoy repetir, como epitafio del 
mfsero poeta, aquellos versos suyos que parecen un va- 
ticinio liigubre: 

A los rigores de una suerte acerba 
£1 hado me arroj6 desde la cuna, 
Cual flor ignota entre la humilde hierba. 

La muerte de Vargas Tejada abre un par6ntesis en la 
historia literaria de la Republica de Nueva Granada, 
desgarrada por las facciones y hundida en la anarquia 
durante muchos afios. Pero la cultura po6tica tiene all! 
tan hondas ralces, que no tard6 en volver d brotar mis 
pujante que nunca, acariciada por el mismo viento de la 
tempestad politica, que di6 al nuevo lirismo un vigor y 
una independencia formidables. El romanticismo pene- 
tr6 por Venezuela, mis abierta al trato y comercio con 
Europa; pero asl como en Caracas no pudo engendrar, 
con raras excepciones, mds que una poesfa efectista, 
relumbrante y chillona, llena de impropiedades de con- 
cepto y de forma, en Bogota y en Popayan arranc6 
magnificos acentos de amor y de ira a los espiritus ar- 
dientes 6 inddmitos de Jose Eusebio Caro y de Julio 
Arboleda, y en las montaflas antioquefias suspir6 con 
inefable melodfa en las dulces estrofas de Gregorio 



h'-'-^. 



XLII 

Gutierrez Gonzalez. Al mismo tiempo, la escuela lirica 
del siglo pasado, renovada y transformada en cuanto al 
espiritu, tuvo en D. Jose Joaquin Ortiz un excelso re- 
presentante. En estos cuatro poetas liricos, tan diversos 
entre si, se cifra lo mejor del tesoro portico colombiano, 
al cual la posteridad juntard las obras de algunos inge- 
nios vivos, de los cuales hay tres, por lo menos, que 
escasamente encuentran rivales en Amdrica. A nadie se 
hace ofensa con afirmar verdad tan notoria como que el 
Parnaso colombiano supera hoy en calidad, si no en 
• cantidad, al de cualquier otra regi6n del Nuevo Mundo. 
Pero circunscribamos nuestra tarea & los limites que 
voluntariamente nos hemos impuesto. 

Jos6 Eusebio Caro fu6 el mas llrico de todos los co- 
lombianos, por lo profundo 6 intenso de su vida afectiva, 
la cual expres6 con rara franqueza y viril arrojo en ver- 
sos de forma ins6lita, que bajo una corteza que puede 
parecer aspera y dura, esconden tesoros de cierta poesia 
intima y ardiente, a un tiempo apasionada y filosofica, 
medio inglesa y medio espafiola, que antes y despu6s de 
61 ha sido rarlsima en castellano. La extrafla y selvdtica 
grandeza de la poesia de Caro procede enteramente de 
la grandeza moral del hombre, que fu6 acabado tipo de 
valor y dignidad humana. 

Pocta fu6, y altlsimo poeta, 
No por poeta, empero, mas por grande 



ha dicho de 61 D. Rafael Pombo, uno de los espiritus 
mas dignos de comprenderle. El heroismo de su vida 
piiblica; la altisima noci6n que tuvo del deber, cumplido 
siempre por 61 sin vacilaci6n ni desmayo; la magndnima 
altivez de su cardcter, inflexible ante el ceflo de los d6s- 



r 



r* **" 



XLIII 



potas y el pufial de los demagogos; la austera indepen- 
dencia con que sacrificd patria, hacienda, reposo, y final- 
mente la vida misma, al culto de la ley hoUada y a la 
vindicaci6n de la justicia escarnecida, hicieron de su 
persona la encamaci6n del perfecto ciudadano, y dieron 
a su poesla aquella Integra y honrada sinceridad, que 
es su mayor precio. Y aqui prosigue Pombo: 

Serio, elevado, independiente, fiero, 
No supo hacer reir, ni hahlar mentira, 
Por ser gran coraz6n^ es gran poeta, 
Que hace creer» sentir cuanto nos dice 



Su estudio, el coraz6n; tunica fuente 
Del yerbo que arde y late y saca llanto, 
Que acera el verso, dardo de la frente, 
Y da su eterna resonancia al canto. 

Jamds, como no fuese en los dias de aprendizaje, 
escribi6 versos Caro por el solo placer de escribirlos, 
sine porque su alma grande , tempestuosa y bravla ne- 
cesitaba este medio de expansi6n, y tenia que trasla- 
darse entera a sus canciones. Huerfano, amante, esposo, 
padre, guerrillero, combatiente politico, su musa fu6 
siempre la pasi6n, grande, generosa, humana, desbor- 
dada 6 irresistible en su oleaje. El alma de Caro era un 
volcin que en breve tiempo debia consumirle. Todo lo 
sentia llricamente, es decir, en un grado maximo de 
exaltaci6n, concedido d pocos mortales. Su vida se com- 
penetra con sus versos, y sus versos son inseparables de 
su vida. Ora truene y fulmine contra el tirano en las es- 
trofas vengadoras de La Libertad y el Socialtsmo, ora 
exprese en versos divinos los 6xtasis del amor conyu- 
gal, ora acaricie su hacha esplindida y cortante^ ora 
quiera rasgar el velo del porvenir y adivinar los destinos 



1 



a primog6iiito aun no nacido, ora al presentarle en 
"uentes bautismales, entone un himno vigoroso A la 
6n civilizadora del cristianismo; Caro, no por odio 
tado d lo vulgar, sino por privilegio de su exquisita 
iraleza, nada siente y oada dice como el vulgo de los 
res. Recorre siempre una brbita excentrica, pero tan 
luena fe y con tanta sencillez como si anduviese por 
umbos de todo el mundo. Las fuentes de su poesfa 
ciertamente las de la poesia universal y eterna : Dios, 
nor, la Hbertad, la naturaleza; pero todo ello conce- 

y expresado de una manera tan individual y solita- 
que parece que el poeta es el primero que lo canta. 
tiay alU recuerdo, ni aun lejano, de otras armonias 
riores; se conoce que Caro habia leido mucho a los 
:as ingleses, y especialmente A Byron; pero delibera- 
ente no los imita nunca, como no sea en su manera 
.centuar los endecasilabos. Es imposible confundir 
rersos de Caro con los de ningiin otro poeta. Segiin 
.a disposici6n del lector y el temple de su alma, serin 
rsos los efectos: a uno parecerS estramb6tico lo que 
ro sublime; pero ni la extravagancia en el es delibe- 
, ni la sublimidad deja nunca de ser espontinea. No 
verso de Caro sin idea, y a veces las ideas se acumu- 
jn tan pequefio espacio, que el niolde portico resulta 
icho para contenerlas, y entonces, por uno 6 por 

lado, acaba por romperse. Asi y todo, i cuanto 
vale este poeta abrupto, escabroso, pero lleno de 
L, este poeta que hace sentir y pensar siempre, que 
:> versificador de inslpida elegancia, de cuyos cantos 

queda el f6til rumor que pronto se disipa en los 
i! La t6cnica de Caro agradara mas 6 menos; tiene 
■entajas y los defectos de toda innovaci6n radical 



y violenta; pero no hay quien al cerrar el libro de 
Caro, y hechas todas las salvedades que puede hacer el 
gusto mds escrupuloso y menos amigo de temeridades 
artlsticas, no diga con plena convicci6n: «Este poeta 
serla ud genio 6 un exc^ntrico; pero no hay duda que 
era un hombre, y uno de aquellos que honran y enno- 
blecea la especie humana.» 

Para nosotros era un genio lirico, 4 quien s61o faltd 
equilibrio en sus facultades, y cierta sobriedad en el 
mode de administrarlas. Su yisi6n de las cosas tenia 
algo de desproporcionado; su sensibiUdad rayaba en una 
especie de calentura moral un tanto fatigosa para espl- 
ritus mesnrados; su ardiente bondad le arrastraba & di- 
Tagaciones de una filantropfa nebulosa ; el tormento sutil 
de su raz6n se comunicaba & sus versos, y, finalmente, su 
seriedad ing^nita, el grave modo que tuvo siempre de 
considerar la vida, la pureza envidiable de su alma, ale- 
jaban de su mente hasta la mds remota idea de lo c6- 
mico, y le haclan de todo punto insensible & ciertas 
disonancias de gusto. Grande, bello y sublime es, por 
ejemplo, el pensamiento de la Bendicidn delfeto, y s6lo 
i censores torpes 6 mal6vo!os ha podido parecerles otra 
cosa; pero <qui£n duda que hay cierto candor heroico 
en abordar de frente tal asunto, y que no puede exi- 
girse d todos los lectores el temple de alma necesario 
para ponerse al nivel de tal poesla, cerrando los ojos al 
importuno recuerdo tocoldgicof 

El cardcter peculiar del estilo de Caro estd admira- 
blemente definido en los versos siguientes de Pombo: 

!^I del Albano desdead indole ote 
Lis tintu exquiiitas y gracious: 



» . r 



XL VI 

No era el raudal do muelle y blandamente 
Van resbalando lagrimas y rosas. 

Sus palabras, del Numen al tormento, 
Se enfrechocan tal vez y se atropellan, 
Como al rapto del Niagara violento 
Rocas, troncos y t^mpanos se estrellan. 

i.\ siempre piensa y dice. Tosco 6 bello, 
Cada verso de Caro es una idea. 

Mas bien rebosa atropellado acaso 
El raudo hervir de sangre y pensamiento; 
Circunda la figura un aire escaso, 
Y lo suple el lector tomando aliento. 

Que Caro es rudo, tosco, dspero, inarm6nico, dicen 
muchos. Pero es cierto que la dureza de Caro no pro- 
cede de ignorancia 6 desaliflo, ni mucho menos de falta 
de oido, sino de haber exagerado en la practica cierto 
sistema pros6dico que el juzgaba inseparable de la ma- 
yor profundidad del concepto y de la mayor intensidad 
del sentimiento, y de haber roto demasiado brusca- 
mente con ciertos habitos de versificaci6n rapida y dac- 
tllica que predominan en la moderna poesia castellana. 
Para comprender estas innovaciones de Caro, hay que 
distinguir en 61, como ha distinguido su hijo, tres y 
quiza cuatro distintas maneras. £n la mas antigua, en la 
de formaci6n y aprendizaje, Caro, lector asiduo y entu- 
siasta de Quintana, de Gallego, de Lista, de Reinoso, 
de Martinez de la Rosa, era un versificador rotundo y 
numeroso, con aquel mismo g6nero de niimero am- 
plio, libre y un tanto oratorio que domina en nuestros 
excelentes poetas de principios de siglo, los cuales, 
poco 6 nada afectos a las estrofas regulares ni a la 
disposici6n simetrica de los perfodos porticos, se en- 




XLVII 



contraban mds i, sus anchas en el molde holgadfsimo de 
la silva, 6 del verso suelto, 6 del romance endeqasllabo. 
De la canci6n italiana restaba s6lo el simulacro, puesto 
que ni ya las estancias tenlan el mismo niimero de ver- 
sos, ni se combinaban los consonantes conforme d la 
misma ley, y aun por afladidura muchos versos queda- 
ban sin rima. Esta libertad m6trica, en que no se ha re- 
parado bastante, fu6 sin duda ocasi6n de grandes belle- 
zas, y trajo consigo cierto gdnero de emancipaci6n 
literaria en cuanto al pensamiento; pero no puede du- 
darse que abri6 las puertas a la amplificaci6n y 4 la 
palabreria, 6 hizo que el ritmo oratorio, vago y no men- 
suradoy se sobrepusiese excesivamente al ritmo por- 
tico. Los primeros erisayos de Caro pertenecen a esta 
escuela noble y pomposa, y entre ellos sobresalen los 
fragmentos del poema Lara 6 los Bucaneros (1834), en 
los que no sin raz6n reconoce el ilustre editor de sus 
obras influencia directa del estilo y dialecto propios del 
autor de la Poitica^y del Edipo^ si bien debe afiadirse 
que en el titulo mismo del poema, en la elecci6n de un 
h6roe pirata, en la trigica historia de una venganza, y 
en las escenas de subterrdneo, algo se ve que delata la 
lectura fresca de los poemas cortos de Byron. Para el 
gusto todavia hoy dominante en la mayor parte de los 
lectores y juzgadores de versos, asl estos fragmentos 
como las composiciones tituladas El Cipris^ Desespe-, 
racidnj Mi ^uventudy resultan mas fluidas y en apa- 
riencia mds correctas que los versos posteriores de 
Caro. Pero ya en ellos comienza a verse algo de atre- 
vido y desusado, si no en la construcci6n material, 4 
lo menos en la elecci6n de las imagenes y en cierta 
grandiosidad sombrfa y vago sentimiento de lo infinito. 



|Nol En U callada etemtdad no Bopic 
Bl huracin del reino de log vivos; 
Sus dilatadas soledades nunca 
Barrii el dolor con fUnebres veBtidos..., 



'ara comprender a qai punto de perfecci<5n, pero con 
i tiDte de originalidad habia llegado Caro en el ma- 
o de la silva cldsica, en el arte de recoger con gallar- 
los ondulantes pliegues de la toga en que se envol- 
a Quintana y Olmedo, l^ase Integra esta descripcidn 
; tomamos del poema Lara, advirtiendo que todo 61 
i escrito con la misma firmeza: 

Asl el divino Ganges ve en su orilla 
A la gran fiera semejanto i un moote 
Luchar con el feroz rinoceronte: 
El animal del asta reCordda 
Am^jase furioso & su enemlgo/ 
Bajo il se pone, la cervii abaja, 

Y alzindOBe con Impetu del suelo, 
Abre su vientre, arrincale la vida, 

Y ufano ya de la victoria habida, 
Sobre eu frente lo levaata al cielo. 
Tremendo muge el monstnio trtspasado, 
En los aires snapenso; en breve, en breve, 
Lanza el postrer bramido prolongado. 
Con que el eco i lo lejos se conmuere: 
La sangre i mares llueve. 

Con las ondas se mezcla, el suelo riega, 

Y al matador, que en vano se reroueve, 
luunda la cerviz, los ojos ciega. 

La luz subito escjpasele de ellos, 

Cual rdfaga vivlsiroa: la carga 

Aun sobre el cuello pertinaz suslenta; 

Mas ya la muerte, silenciosa y lenta, 

Adeldnlase, llega, extiende el brazo, 

T6calo, y confundido, 

Rodaudo se derrumba 

El vencedor debajo del vencido. 




XLIX 



Al goipe el monte c6ncavo retumba; 
Gime el valle profundo, el bosque umbrio; 
Y lejos do su orilla profanada, 
Huye veloz el espantado rio. 

Pero el esplritu impaciente de Caro no podfa ence- 
rrarse largo tiempo en una forma cuya virtualidad pa- 
recia ya agotada por grandes poetas anteriores, y quiso 
abrirse nuevo camino, comenzando por ensayar la imi- 
taci6n pros6dica del hexdmetro clasico, ya solo, ya 
combinado con el endecasllabo. Los hexametros de 
Caro, mas parecidos a los ingleses que 4 los latinos, 
cumplen todavla menos que los de Villegas con la se- 
mejanza 6 aproximaci6n al tipo clAsico y con las condi- 
ciones de acentuaci6n que requiere todo verso para 
serlo. Asl es que no tuvieron exito, y el autor desisti6 
muy pronto de su tentativa. Pero buscaba su metrica 
propia, y no tard6 en encontrarla. Este poeta, tan audaz 
en el pensar, tan arrebatado en el sentir, gustaba hasta 
con exceso de la proporci6n matematica en la estrofa, y 
del ritmo preciso y musical en cada verso. De los esfuer- 
zos, no siempre victoriosos, que hacla para lograrlo, re- 
sulta la dureza, monotonia y falta de flexibilidad de que 
se le acusa. Era practica de Caro, por lograr mas perfecta 
cadencia, recargar de acentos en las sllabas pares sus en- 
decasilabos, como si oyera resonar constantemente en 
sus ofdos aquel famoso verso de una silva de Rioja: 

Que blandas ronipe j tiende el ponto en Chfo. 

De aqui resulta cierto amaneramiento de factura que, 
aun autorizado como est4 por el ejemplo de los poetas 
ingleses de la escuela clasica, especialmente de Pope, 
no puede ni debe recomendarse entre nosotros, so- 

Toxo m. 4 



bre todo para composiciones largas y no destinadaf 
canto. Tambifin se empefld en regularizar y dar caric 
mas musical y Ifrico al rkmo del octosilabo, quitandi 
la libertad con que nuestros poetas le ban manejado 
el teatro y en la narracidn 6pica. Y fue tan sistemdt: 
en esto, que lleg6 d refundir todos sus romances, coE 
solo fin de poner acentos en todas las sflabas impares 
cada verso, ddndoles asi un ritmo rigurosamente t: 
caico. Por ejemplo, habia dicho al principio; 

Soberbia estas, hacha mia, 
Ancha, alilada, brillante. 
Que puedes partir la frente 
Al toro que ose probarte. 

Y luego sustituy6: 

Fina brillas, hacha mia, 
Ancha, esplendtda, cortante, 
Que abriras la frente al toro 
Que probar tu filo osare 

Jiizguese como se quiera de este sistema, no bay du 
que lo es, y que esti seguido con entera regularidad 
la tercera y mas caracterlstlca manera de Caro, a la ci 
pertenecen sus mas bellas poeslas amatorias, filos6fi( 
y religiosas, si bien este rigor comienza a mitigarse 
la illtima, y para ml la mas arrogante y magnifica 
sus inspiraciones llricas, en la oda La Libertad y 
SocialtsmOj donde hay, si no mdsefusi6nyarranqueq 
en las piezas anteriores, por lo menos mas ambien 
Con ella parece que se inicia una cuarta y definiti 
manera que, por la muerte casi inmediata del poeta, 
Ueg6 a desarroUarse. 



r 



LI 



Lo que dej6 escrito, asl en verso como en prosa, basta 
para explicar la aureola de veneraci6n que rodeaen Co- 
lombia el nombre de Caro. Nadie ha expresado en 
America con tanta vehemencia como 61 la pasi6n indo- 
mable, reconcentrada y devoradora, aquel amor fogosoy 
exiraHo, inmensogue hacia bullir su sangre deespanol. 
Nadie ha afilado como 61 el hierro de la invectiva poli- 
tica, convirtiendole en altlsimo instrumento de justicia 
y de vindicta social. Ningiin poeta ha santificado con 
tan nobles acentos de filosofia religiosa los goces y do- 
lores del hogar, ni ha dicho palabras mas elocuentes 
sobre Dios y la eternidad, sin que el verbo inflamado de 
la poesia lirica perdiese nada de su calor al contacto de 
la materia filos6fica. Nadie podrd dividir en Caro el 
poeta, el fil6sofo y el hombre: hay que tomarle en su 
integridad, lo mismo cuando escribia versos que cuando 
refutaba las enseflanzas del utilitarismo, 6 cuando alzaba 
su voz en los parlamentos, 6 cuando fusil al hombro y 
sable y daga al cinto corrla los llanos y las sierras, 6 
cuando dormia entre cadenas^ en calabozos fittdos y 
frioSy 6 cuando desnudo^ hatnbriento y fugitivo vagaba 
de selva en selva^ afrontando las iras de la dictadura so- 
cialista. Tal fue este var6n egregio, pensador espiritua- 
lista y sansimoniano convertido, todavla mas grande 
hombre que gran poeta, y de quien puede decirse, por 
final elogio, que su mejor obra fue su hijo (i). 



(i) La vida de D. Jos6 Eusebio Caro ha sido magistralmente escrita por 
su hijo D. Miguel Antonio al frente de sus obras publicadas en 1873. Nacid 
el padre en Ocafta (de Nueva Granada) el 5 de Marzode 18 17. Quedo huer- 
fano en 1830, acontecimiento que influy6 mucho en la melancolia de su ca- 
ricter y en el tono de sus versos. La pobreza y el trabajo fueron asiduos 
compafleros de su juventud. Estudio filosofia y jurisprudencia en la Uni- 



Del nombre de Jos6 Eusebio Caro es inseparable 
de Julio Arboleda, otro hombre de coraz6n,otro poe 
rom^Dtico en la vida de la acci6n, no menos que en 1 
escritos. Su destino fu^ todavfa mds tr^gico 6 infau! 
que el de Caro, con quien tuvo estrecha amistad y gn 
des semejanzas de caracter, ademas de la comunidad 
doctrina politica, conservadora en ambos, aunque c 
matiz diverso. Julio Arboleda, D. yuh'o, como le I 
maban &. secas en toda la regi6n del Cauca, tierra vi 
canica y engendradora de tempestades politicas, fu6 
tipo mas caballeresco y aristocritico que en los sa 



versidad de San Bartolom^, educindose en las teorfas materia I istas j ut 
tarias, que luego fu6 abandonando por grados i impugno resueUamente 
el celeb re opiiaculo, publicado en 1840, sohre el principio ufiliturio enseA 
como Uoria usual en nueslms cBlegios,y sobre la relaeion que hay entre las a 
trinas y las costumirts. Sus aniores largos, y alprincipiocontrariados, con 
que Ilam6 Delina, son un episodic de su vida uiuy importante para la CO 
prensii!)n de sus poesi^is. Desde 1S40, Caro tomb parte muy activa en las 
chag politicas, militandoenlag campadas civiles de 1841 y 42, redactando 
Gra?mdino (en cuyo ultimo numero anuacid que dejaba la pluma para ton 
las armas), figurando como diputado en el Congreso de 1845, y deseoi| 
flando luego los cargos de director del Credito Nacional y de ministro 
Hacienda. Su vigorosa actitud en 1849, despues del allanamiento del C< 
greso por una turba armada, y del entronizamiento de la faccibn sociali 
acatidillada por el general J. Hilario Lopez, le oblig6 a emigrar k los Es 
dos Unidos, de donde no pudo regrcsar hasta 1853. Poco despuis de at 
bar al puerto de Santa Marta, el 29 de Enero, fa11eci6 de la fiebre amaril 
El Congreso granadino decret6 extra ordinaries honores i su memoria. 

Hay tres principales ediciones de sus poesias; la de 1855, publicada [ 
D. J. J. Ortiz, con las de Vargas Tejada; la de 1873 {Obras Escogidas 
prosay in verso, publicadas i inidiias de J'osi Eusebh Caro, ordenadas por '. 
redactores de £1 Tradicienalista , con una inlroducdon por los mismosy u 
peesia apohgetica por Rafael de Pomto. Bogoti , 1S73), y la de Madrid, 18 
en la CoUecion de Escrilores CasUllanos. Es la mds elegante y completa 
todas; pero falla en ella (7 es grave falta) la biografla del autor, aunque 
insertan dos recuerdos necroldgicos de D. Pedro Fernindez Madrid y d 
Jos^ Joaquin Ortiz. 



r 



UII 



grientos anales de la democracia americana puede en- 
contrarse. Descendiente de una de las mds nobles y an- 
tiguas familias de Popaydn, poseedor de cuantiosos bie- 
nes de fortuna, educado clasicamente en Inglaterra y 
en Italia, entrd en la vida piiblica en 1840, y ya como 
soldado voluntario , ya como periodista, ya como orador 
parlamentario no menos vigoroso y grandilocuente que 
hdbil en la ironia y en el sarcasmo, fu6 terror de los 
Ovandos, Mosqueras y L6pez y de cuantos con unoii 
otro disfraz ejercieron la tirania en Nueva Granada. 
Cuando por torpe imitaci6n del socialismo europeo, 
di6se en 1851 elraro caso de un gobierno que oficial- 
mente planteaba la anarqula, Arboleda ret6 d aquel go- 
bierno desde las columnas de El Misdforo^ acusdndole 
de prevaricaci6n y tiranfa; y encarcelado, vejado de 
mil modos, despojado de su hacienda y amenazado de 
muerte, pronuncid aquellas valientes palabras, que muy 
pronto habfan de tener tan fatidico cumplimiento: 

iOhl si pudiera yo tender el brazo, 
Saliendo de esta cdrcel triste y fria , 
Sobre el tirano de la patria mia, 
Y pecho a pecho batallar con 61 



iY ved! no meacech6is en los caminos 
Con ocultos y viles asesinos; 
jLa bala que de frente me sefiala 
Mata tan bien como cualquiera bala! 

Contra los Uaniados golgotas 6 radicales tom6 Arbo- 
leda las arraas en 185 1, con infeliz fortuna, que le obligd 
a emigrar al Perii: aliado. transitoriamente con los^d/- 
gotas contra otros fautores de la dictadura y adversarios 
delorden social, volvi6 a empufiarlas en 1854; general 



LIV 



improvisado en servicio de la legalidad constitucional 
en i860, demostr6 adrairables talentos estrat^gicos y 
singular denuedo personal en las campaflas de Santa 
Marta y del Cauca, resistiendo a un tieinpo al dictador 
Mosquera y al presidente del Ecuador, Garcia Moreno, 
que con frfvolos pretextos habia invadido el territorio 
de Colombia, y a quien derrot6 e hizo prisionero con 
todo su ejercito. La fama militar de Arboleda habfa 
Uegado a su apogeo: estaba electo para la presidencia 
de la Repiiblica: en 61 descansaban todas las esperanzas 
de los hombres de orden, cuando una bala alevosa, 
la misraa bala anunciada diez afios antes por el poeta, 
vino d cortar de siibito aquella brillante existencia, pa- 
recida en algo a las de los guerreros poetas de nuestro 
siglo de oro, salvo que a Arboleda no fu6 concedido, 
como a Garcilaso, morir con la muerte de los bravos, A 
laluz del sol, asaltando una plaza de armas, como a su 
valor cuadraba, sino que cay 6 en una emboscada noc- 
turna,bajo el plomo de vulgar asesino pagado,en una de 
las trochas de la sombrla montafia de Berruecos, casi en 
el mismo sitio donde en 1830 habia sucumbido, vlctima 
de un crimen anilogo, Sucre, e/ znmacu/ado, el Gran 
Mariscal de Ayacucho; que aslpag6 la revolucidn ame- 
ricana las deudas que habia contraldo con sus grandes 
hombres. 

Una vida no larga y gastada en tan azarosas contien- 
das, no podia dejar detras de si muchos frutos litera- 
rios. Pero si no fueron muchos, fueron a lo menos de 
sabor peregrino, dignos al fin de un espiritu de tan rara 
distinci6n y que no fu6 vulgar en nada. Cuando Arbo- 
leda volvi6 de Inglaterra, competian en 61 las dotes de 
scholar con las de gentleman; pero nunca pudo hacer 



LV 



del cultivo de las letras. su ocupaci6n principal, salvo en 
el periodo relativamente paclfico de 1842 a 1850 en que 
vivi6 en sus haciendas de Popayan. Las posteriores vi- 
cisitudes de su vida, los repetidos saqueos de su casa 
por las bandas enemigas, sus destierros y emigraciones, 
hicieron que se extraviase 6 pereciese gran parte de sus 
papeles. Asl es que de su obra literaria apenas tenemos 
mis que reliquias. Sus poesias sueltas son casi todas de 
amor 6 de polftica, impregnadas las unas de suavlsiraa 
ternura, de una como devoci6n petrarquesca y espiri- 
tualista; rebosando las otras fervida indignaci6n, entu- 
siasmo b6lico, odio y execraci6n & toda tirania. Las Bs- 
cenas democrdticas ^ Estoy en la cdrcel^ A I Congreso 
granadino^ son versos que huelen d p6lvora; parecen 
rugidos de le6n mds que obras de arte. 

Pero la gran reputaci6n de Arboleda no descansa 
tanto en sus versos liricos cuanto en los fragmentos de 
su poema Gonzalo de Oyduy que, incompleto y todo, 
es el mis notable ensayo de la poesia americana en la 
iwrraci6n 6pica, asl como los cuentos de Batres son el 
principal modelo en la narraci6n jocosa. En primores 
de dicci6n y de estilo vence a todos el Orlando Ena- 
moradoj de Bello; pero el Orlando es una traducci6n. 

Para apreciar rectamente el poema de Arboleda, hay 
que tener en cuenta, no s6lo que no le poseemos en- 
tero, sino que ni siquiera conocemos la ultima y defini- 
tiva forma que el autor habla dado a los 21 cantos que 
lleg6 i escribir, de los 24 que habia de tener la obra. 
Estos manuscritos se perdieron en i860, y lo que hoy 
conocemos es s6lo una parte de los borradores primiti- 
ves, salvados casi de milagro, y recogidos y ordenados 
con piadoso celo por la inteligente mano de D. Miguel 



1 



Antonio Caro, que los ha distribufdo en catorce cua- 
dros. 

Falta en estos fragmentos, no s61o la illtima lima que 
Arboleda seguraraente les habria dado, sino & veces ila- 
:i6n y consecuencia entre ellos, 6 por haberse perdido 
[□ucbos trozos intermedios, 6 por haber inodificado el 
autor su plan mientras iba componiendo. Las lineas ge- 
lerales del poema se destacan, sin embargo, con toda 
:laridad, y podemos formar cabal idea de los personajes 
y del argumento. 

Si se atiende & su acci6n, obscura en la bistoria y de 
,nter6s muy secundario en la conquista de America, el 
Gonzalo de Oydn mas bien merece el titulo de leyenda 
b de novela en verso, como algunas de Walter Scott, 
5ue el de poema 6pico en el sentido clasico. La cuestidn 
ie nombre importa poco, y no hubiera detenido ni por 
in momento a Arboleda, que era partidario de la liber- 
:ad romantica; pero es cierto que el Gonzalo de Oyon, 
mnque en algunas cosas se aparte del tipo de los poe- 
mas italianosy espaRoles del siglo xvi, en otras mucha* 
ios recuerda, y para leyenda resulta demasiado largo y 
iolemne. Tampoco puede decirse que carezca de aquel 
i^alor representativo y simb61ico que suelen tener las 
i^erdaderas epopeyas, aun fuera de la intenci6n de sus 
mtores. En Arboleda se ve intencidn deliberada de en- 
i^olver en su sencilla fabula {que no es mas que la rebe- 
Ii6n obscura de uno de los facciosos compafleros de 
jronzalo Pizarro, que quiso renovar en Popayan los tu- 
nultos del Peru) un pensamiento mucho mas alto, una 
sspecie de filosofia de la conquista espaflola en sus 
■elaciones con las razas barbaras y con el futuro deslino 
lelas sociedades americanas- En este sentido, el Gon- 



r 



LVII 



zalo de Oydn tiene mucho de 6pico, en la mas noble 
acepci6n de la palabra. Los dos hermanos, Alvaro y 
Gonzalo, personifican en 61 las dos opuestas tendencias 
que ban luchado y luchan en el nuevo continente, y cu- 
yos g6rmenes estaban ya en la 6poca colonial: uno, el 
espiritu anarquico, sin ley ni freno, representado en el 
siglo XVI por los llamados ttranos^ los Aguirres, Piza- 
rros, Carvajales y Girones, y en lo moderno por tantos 
demagogos y revolvedores de repiiblicas ; otro, el espf- 
ritu tradicional, espaiiol, religioso y caballeresco, por el ' 
cual combatia y muri6 Arboleda. La controversia entre 
los dos hermanos sostenida en el canto xiii no deja la 
menor duda sobre este prop6sito del autor, el cual, ade- 
mas, en otras partes procura engrandecer con notables 
consideraciones de religi6n y de filosoffa hist6rica su 
argumento, que, exteriormente considerado, podia no 
parecer mas que una anecdota de cr6nica antigua, un 
cuento de armas y amores, de una india, de un conquis- 
tador yde un rebelde. En el principal personaje, Gon- 
zalo, piiede decirse que Arboleda se retrat6 a si mismo, 
imprimiendo la huella de su espiritu hidalgo y generoso 
en todos los actos y palabras de su protagonista. Pero 
artisticamente mostr6 mayor fuerza (como casi siempre 
sucede) en la pintura del hermano foragido y rebelde, 
haci^ndole hombre de altos pensamientos, de ambici6n 
desmesurada, de satAnica grandeza. Arboleda, ni en el 
arte ni en la vida, podia tolerar lo ruin y lo pequeflo. 
Hay, pues, verdadera grandeza, no s6lo en Gonzalo de 
Oy6n, sino en el pirata Walter, cuando, sent ados junto 
al fuego, desarroUan sus planes de imperio maritirao y 
de dominacibn americana. 
Altisimas bellezas de todo g6nero contiene este in- 



H> ' •■^' . - ■>_ 



[• 



\ • 



LVIII 



complete poema. Lastieneprincipalmentedescriptivas: 
magnificos paisajes del Cauca, familiares al poeta y que 
dan a la obra color topografico miiy encendido; raucho 
vigor en la pintura de caballos y de batallas, con aque- 
Uos detalles que ignora el humanista de gabinete y sabe 
el soldado de profesidn 6 de afici6n, como las sabia Er- 
cilla, el gran maestro de la poesia castellana en esto de 
dar tajos y mandobles. Bellezas de sentimiento tambi6n, 
en el tipo ideal de Pubenza, en su misma carta, dema- 
siado byroniana para una india. Si a estos m^ritos se 
aflade lafervorosa elocuencia de los discursos y de las 
intercalaciones llricas, aunque demasiado extensas y 
demasiado frecuentes; y la elegante franqueza de la eje- 
cuci6n, que no por eso degenera en abandonada, sera 
justo decir con M. A. Caro que los fragmentos del 
poema de Arboleda ban de conservarse con la misma 
estimaci6n que «rescatado torso de gallarda escultura», 
como conservamos, por ejemplo, los fragmentos del 
poema de La Pintura de Cespedes 6 del Hermes de 
Andres Chenier. 

Hay en la parte lirica del Gonzalo de Oydn muestras 
de varios metros; pero en la narraci6n impera la octava 
en dos distintas formas: una, la clasica y tradicional, la 
octava italiana del Ariosto y del Tasso, que Arboleda 
maneja con singular gallardia (i); y otra octava roman- 



(i) V6anse estas dos para muestra; no las hubiera desdefiado Maury: 

Y m^s allcL, como inmortal gigante, 
Alza la frente el Pureed sublime; 
A vcces terso, cdndido, brill aate, 
Sus anchas basas en silencio oprime ; 
Otras envuelto en nubes, return bante , 




LIX 

tica, de origen obscuro, i lo menos para mf, compuesta 
de dos cuartetas, sin mds enlace que el de los finales 
agudos, octava que en America Uaman bermudina^ por 
haberla usado con mucha gala y muy a menudo nuestro 
D. Salvador Bermiidez de Castro, poeta injustamente 
olvidado en su patria, aunque fu6 de los mejores entre 
los llricos rominticos de segundo orden (i). Muestra sea 



Arroja el fuego que en bus antros g^ime, 

Y en sus esfuenos 6 estremece el suelo , 

O incendia en llamas la extensi6n del cielo. 
Al Surse encrespa en rocas y montafias , 
Yorase encumbra en desigual terreno, 
Ora se mecen las silvestres cafias 
De contrapuestos riscos en el seno; 

Y nacen del calor plan las extraftas 
Que guardan de la vibora el veneno, 
Cabe el torrente bramador y estrecho 
Que ha cavado por siglos su hondo lecho. 



(i) Si hay ejemplos de esta falsa octava antes de la epoca romantica, de- 
ben de ser muy raros. Recuerdo haberla visto en un poema manuscrito dela 
reina Maria Amalla de Sajonia (tercera mujer de Fernando VII), Vida de 
San Fernando J de que existen varias copias. Bermudez de Castro nunca se 
did por inventor de esta combinaci6n, pero fue mas constante y mas feliz 
que nadie en su uso; v. gr.: 

Hay consuelos y vida para el alma, 
Donde del aura al suspirar sonoro 
Se eleva un sol espMndido de oro 
Sobre un cielo de nicar y zafir. 
Hay un recuerdo alii donde los mares 
Besan las playas con amantes olas, 
Donde riza entre sauces y amapolas 
Su corriente de azul Guadalquivir 

Antes, 6 al mismo tiempo, las us6 Tassara en La Fiebre, en el Himno al 
Sol^ en La Nueva Musa^ y en otras muchas composiciones. Populanz6se 
luego en America, principal m en te por la colecci6n de Ochoa Apuntes para 
una bibliaieca de escritores espafloles contempordneos (1842), que ha sido muy 
leida alH. El ejemplo mas memorable es el de Bello en la Oracidn por todos. 



[ 



1 



a combinacidn la siguiente octava de Arboleda; 

Ambos se buscan 7 se evitan ambos 
Con la aguEada punia y dura hoja; 
Ora se aparta diestro, ora se arroja 
Este, y el otro prevenido esti- 
Ya los Kolpes mentidos sou, ya ciertos; 
Ya por los pomos quedanse trabadas 
En dngulos salientes las espadas, 
Y el pomo duro sobre el porno da. 

I pseudo-octava es, en realidad, una estrofa llrica, 
:aflosa facilidad y muy propensa al amaneramiento, 

cual juzgamos que en narraciones largas debe 
ibirse; pero si algtin ejemplopudieraredimirlase- 
rtamente el del Gonzalo de Oy6n (i). 
able contraste bace con los dos poetas hasta aqul 
ados elvate antioqueRo D. Gregorio Gutierrez 
lez, romantico tambien, pero de muy diversa ma- 
ue el pensador poeta de Ocafla y el caballeresco 
Ho, el de Popayan. Nacido en una regi6n aspera y 
osa, que por sus singularidades geograficas, no 
; que por la industria tenaz y el laborioso y em- 
;dar esfuerzo de sus naturales, hombres de recia 

voluntad entera, en lucha coauna naturaleza in- 
se distingue de las demas provincias colombia- 
utierrez Gonzalez, que empezd per ser un mell- 

id. Poesias de Julia Arholeda. CoUecion fonttada sobre los manuscriias 
;, con preliminares biogrdficosy criticos, par M. A . Caro, Nueva Yori, 
eton y Camp., 1883. (Contiene los versos llricos y los fragmentos 

Arboleda el 9 de Juiio de 1817 *en un desierto, en medio de las 
cultas que orlan el mar Paclfico> ; pero se le considera, y el se consi- 
:omo hijo dePopayin. Muridaseslnadoel 12 de Noviembre de 1861. 
.cipales sucesos de su vida van recordados sucintamente en el texto. 




4 ■ ■) I 



LXI 



fluo poeta romdntico, pero que habia conservado aun 
en sus imitaciones de Zorrilla, de Abigail Lozano y 
Maitin una ingenuidad y frescura de sentimiento que 
pudi6ramos Uamar primitivas, acab6 por ser poeta del 
trabajo humano, cantor de las mas humildes labores 
nisticas, inventor de una nueva especie de gedrgtcas 
realistas. Hay en el conjunto de las obras po6ticas de 
Gutierrez Gonzalez dos maneras igualmente deliciosas; 
una la del casto amor y la inefable ternura, la de los ver- 

Y como ruedan mansasi adormidas, 
Juntas las ondas en tranquila mar, 
Nuestras dos existencias siempre unidas 
Por el sendero de la vida van 



Son nuestras almas mistico rtiido 
De dos flautas lejanas, cuyo son 
En dulcisimo acorde llega unido 
De la noche callada entre el rumor; 

Cual dos suspiros que al nacer se unieron 
En un beso castisimo de amor; 
Como el grato perfume que esparcieron 
Flores distantes que la brisa uni6 



Intimas, suaves, cadenciosas son las composiciones 
de este grupo: la pura sencillez de los afectosy la md- 
sica melanc6lica que parece acompafiar d las gentiles es- 
trofas, las ban hecho popularlsimas en Colombia, donde 
no s6lo los literatos, sino el pueblo, saben de memoria 
granniimero de versos de Guti6rrez Gonzalez, especial- 
mente las dos composiciones A J^ulia y las tituladas 
AureSy iPor qui. no canto? ^ Una Idgrima y otras varias, 
cuyo efecto expresa el critico Camacho Rolddn con 
aquella frase de uno de los poemas ossidnicos: «Son 



'^' 



LXir 



i • 



como la memoria de las alegrias pasadaS; que es d un 
tiempo agradable y triste al alma> 

Pero aunque valga raucho Gutierrez Gonzalez como 
espontdneo y delicado poeta de sentiniiento, resulta 
mucho mds original en el extrafio poemaque titnld Me- 
moria sobre el cultivo delmaiz en Antioquia^ y que es, 
sin duda, lo mas americano que hasta ahora ha salido de 
las prensas. 

El autor no se propone aplicar a nueva naturaleza y 
d nueva materia po6tica el arte de Virgilio, como se lo 
propuso, y en parte lo consigui6, Andres Bello. Pero 
como apenas hay cosa que en los antiguos no estd, a lo 
menos en germen, viene d encontrarse, seguramente sin 
conocerlo, no con la aristocratica y refinada inspiraci6n 
de las GedrgtcaSf ultima perfecci6n del estilo poetico, 
sino con un vigoroso cuadro de genero, titulado More- 
ium, que anda, no se sabe con qu6 fundamento, entre los 
poemas menores atribuidos a Virgilio, y en el cual, con 
minuciosidad de detalle que pudieramos Uamar flamenca 
li holandesa, se describen las faenas con que el pobre 
labrador Simylo ^extgut cultor rusttcus agrti^ prepara 
su frugal almuerzo con ajo, apio, ruda y otras hierbas, 
raezclando queso, aceite y vinagre para componer un 
cierto almodrote. Dicen que el autor de este raro idilio 
le tradujo 6 imit6 de otro poemita griego de Parthenio, 
que hoy no se conserva; pero, sea como fuere, es ejem- 
plo solitario en las literaturas clasicas, y supera mucho 
en rusticidad d los pasajes menos pulidos de Te6crito. 
Er que haya leido y recuerde este poema, que Heyne 
caracteriz6 muy bien con estas palabras: ^argutnentum 
ex vita privata et tenut hotninutn humili loco natorutn 
petitumi^^ podra formarse idea aproximada de la poesla 



ista y confortante, pero de todo punto 
constituye el mayor hechizo de la Me- 
6rrez Gonzalez. Algunas pinturas de la 
insignes novelistas modernos, en nues- 
ejemplo, pueden servir tambi6n de tipo 
I muy aproximado. 

nal, 6 m^s bien ex6tico, en la Memoria 
del maiz, pero no todo es igualmente 
iza. Pase la humorada del tUulo y de la 
oria cientifica; pero no pueden pasar 
: versos prosaicos, compuestos adrede 
con la extravagancia. ni el abuso afec- 
de un vocabulario provincial, 6 mAs bien 
n parte por la novedad y extrafleza de la 
;1 cual hace el autor intemperante alarde, 
[uel dicho suyo: 
[10 escribo espaflol , sino antioquclio. 

to escribe, que si este poema no Uevara, 
clones lleva, un centenarde notas, seria 
^llezas una area cerrada, no s6lo para los 
ra los americanos de otras partes, sino 
s colombianos nacidos fuera del rinc6n 
el poeta. El lenguaje popular y riistico, 
sspecial de cada labor y de cada indus- 
ja, una de las fuentes mas caudalosas y 
e puede vigorizarse y rejuvenecerse la 
; pero la adaptacidn de este vocabulario 
asi, su compenetraci6n con la lengua 
singular talento y gusto niuy ejercitado, 
que Gutierrez Gonzdlez, poeta nativo, 
ocos estudios y dado i la ejecucidn ra- 



cuidada, traspas6 muchas veces el justo U- 

0. 

estos lunares, bien disculpables en tentativa 
., la Memoria sobre elculiivo delmaiz cum- 
jlemente con su objeto: es, corao ha dicho 
a idealizacidn, la transformaci6n en poesia 
humildes y litiles labores, por la simpatia de 
il asunto, y por la miisica del verso». Real- 
i6rrez Gonzalez posela el don divino de con- 
oesia la mas desdeflada y cotidiana prosa. 
poesia descriptiva directa, sin selecci6n, si 
jero no prosaica y ridicula como la del Oh' 
RUstico de Salas, sino de gran potencia de 
mucbo relieve; graciosa y viril S un tiempo. 
< describe todo, desde los terrenos propios 
tivo y la manera de hacer los barbechos 6 
I el m6todo de regar las sementeras y espan- 
lales que hacen dailo en los granos. Y es ad- 
fecundidad que ha sabido descubrir en un 
imera vista tan pobre, trazando cuadros tan 
y tan diversos como et de la quema, el de la 
el de las rogativas, el de la recolecci6n de 
de la cocina de la roza. Si poseyese muchas 
I este poema, la literatura colombiana seria 
mis nacional de America (l). 



e Grigorio Gutiirm GonziUx. Bogati , imprmta de Mtdardo 
°, con dos magnificos prdlogos, uno de D. Salvador Cama- 
Otro de D. Rafael Pombo, j un pr6IogO 7 notas sobre \\Mc- 

por D. Manuel Uribe Angel. 
nzSlei en la Ceja del Tambo (estado, hoy provincia, de An- 

sus estudios en el seminario de Bogotd y en el colegio de 
, graduandose de doctor en JurisprudencJa. Fuivarias veces 




LXV 



Los tres poetas hasta ahora analizados, aunque tan 
diversos en estilo y tendencias, concuerdan en perte- 
necer A la escuela romdntica, y aun puede decirse que 
Gutierrez Gonzalez sirve de puente entre el romanti- 
cismo y el realismo limpio y de buena casta. Por el con- 
trario, D. Jos6 Joaquin Ortiz, egregio poeta Urico y 
ardiente controversista cat6lico , que en edad muy avan- 
zada acaba de descender al sepulcro, represent6 con 
majestad, pompa y decoro la escuela de Quintana, no 
sin hacer repetidas concesiones al gusto moderno (i). 
Ortiz rechazaba tal filiaci6n por considerarla incompa- 
tible con sus principios religiosos; pero aqul no se trata 
del espiritu, que en Ortiz era ortodoxo y aun asc6tico, 
sino de su temperamento Urico y de la forma grandilo- 
cuente en que se vaciaron sus mejores inspiraciones. 
Cuando quiso apartarse de ella, como en muchas com- 
posiciones de sus liltimos tiempos, fue para caer en un 
piadoso pero muy desmafiado prosaismo. Los habitos 
vulgares y funestos del periodismo de propaganda, labor 
muy iltil y meritoria sin duda, pero en alto grado pe- 
destre, estropearon aquella mente soberana, le quitaron 
algo de su serenidad y vigor, le llenaron de escriipulos 



diputado y senador, y ocup6 cargos en la Magistratura. En los ultimos 
alios le fue muy contraria la fortuna y vino a suma pobreza. Mun6 en 6 de 
Julio de 1872. La primera edici6n, muy incompleta, de sus Poesias fu6 he- 
cha en 1867 por D. Jose Maria Vergara, y hay otras posteriores; pero Ja 
mis completa y esmerada es la que antes ci tamos de 1881, publicada por 
sus hijos. 

(i) No f\ih extrafio Ortiz a la influencia de Victor Hugo en su primera 
manera. La idea de la enumeracion de los pabellones nacionales en La Ban- 
dera ColomhiatLij esta evidentemente inspirada por la muy arrogante que 
hay en la Oriental 2.*, titulada Canaris, Pero si no me engafia el amor a 
nuestra lengua y poesfa, la imitaci6n de Ortiz resulta superior al original. 

Tovo lu. e 



mios, contagiaron su gusto poni^ndole al nivel de su 
iblico timorato y asustadizo; y recelando sm duda 
le la pureza clasica fuese una tentaci6n del demonio, 
ab6 por vestir sus versos de estaraeQa. Los hay que 
» raerecen salir de la coleccidn de El Correo de las 
Ideas, donde pueden servir de inocente recreo i las 
oiilias cristiaDas. Pero antes que el periodista se so- 
epusiese en Ortiz al poeta, £ste babia producido con 
perabundancia lo que necesitaba para su gloria: cinco 
seis odas desiguales, pero espl^ndidas, y trozos admi- 
bles en muchas otras. Fantasia poderosa ya que no 
uy variada, sentimiento ardiente yprofundo, elocuen- 
2l avasalladora, como que nacia de fntima conviccidn 
sincere entusiasmo, grandeza en el plan, desarrollo 
ogresivo y solemne, que tiene mucho de oratorio sin 
ijar de ser esencialmente portico, son las cualidades 
iminantes en Ortiz, realzadas por una versificacidn 
agnifica y robusta cuando el calor no le abandona. 
Drque ha de advertirse que es uno de los poetas m^ 
:siguales que pueden encontrarse: capaz de elevarse 
I sus buenos momentos al nivel de lo mejor de Quin- 
na, con animacidn no menos f£rvida y mds jugo de 
na; pero incapaz de sostenerse, por falta de gusto 6 
: atencidn , en la esfera de noble grandeza en que siem- 
e habita su maestro, hasta cuando parece menos ins- 
rado. Ortiz no sabia borrar, y aunque profesor toda 
vida, no puede decirse que fuera humanista como 
silo 6 como M. A. Caro. Escribla con abundancia de 
raz6n, dominado por su asunto, y ansioso de desarro- 
rle hasta los liltimos dpices, con efusi6n, con ^nfasis 
icero, en inmensos periodos porticos que se van en- 
achando como las ondas conc^ntricas que forma la 



Lxvn 



piedra arrojada d un estanque. No hay que pedirle con- 
cisi6ii y sobriedad liricasi que no eran propias de su 
temperamento ni de su escuela ; pero si hay que de- 
plorar, aun dentro de ella, el exceso de verbosidad 
con que recarga sus mejores pensamientos, la pompa 
instil con que abruma sus estancias, el afan de de- 
cirlo todo sin dejar campo libre d la imaginaci6n del 
lector. En La Bandera Colomhiana^ en Boyacd^ en 
laoda^/ Teguendama^ Ortiz deslumbra, pero fatiga 
por demasiado estr6pito y brillantez demasiado con- 
tinua. En la poesia de sentimiento, por el contrarioi 
quiere ser familiar, y resulta demasiado casero, como 
todos los Uamados poetas del faogar. En sus versos no 
hay medio: 6 son admirables de niimero y cadencia^ 6 
suenan como prosa. Parece imposible tener a un tiempo 
tan prosaica y tan po6tica dicci6n, estilo tan puro y tan 
abandonado, tan bueno y tan mal oldo. Y es que en Or- 
tiz, naturaleza algo contradictoria en todo, id6latra de 
BoUvar y enemigo del espfritu de la revoluci6n ameri- 
cana, poeta clasico y partidario de la absurda ojeriza del 
abate Gaume contra los estudios clasicos, paloma sin 
hiel en sus acciones y violentfsimo 6 intransigente en 
SQs pol^micas, ddbase tambidn el raro caso de trabajar 
en un g^nero ret6rico, siendo t\ la espontaneidad misma* 
Cuando tenia que decir algo grande, los versos nacian 
hechos en su cabeza: cuando el pensamiento era d^bil, 
obscuro, vulgar, 61 no conocia artificio alguno para di- 
simularlo, y escribia en estilo de peri6dico 6 de libro 
de educacidn infantil. Nunca hubo artista menos pre- 
ocupado de su arte, y por esto es mas de admirar que 
scan tantos y tan frecuentes sus aciertos. 
Escribi6 mucho, pero con cierta monotonia de asun- 



de imdgenes. De grandes poetas puede decirse 
into, y. quizA el sentimiento lirico implica algo 
oncentrado y exclusive. La patria, la natura- 
a muerte, fueron los tres babituales temas de 
tciones. No conozco versos suyos de amor: si en 
iempo los bizo, su extraordinaria severidad mo- 
levarla i ocultarlos 6 i destniirlos. En las com- 
nes patri6ticas fue felicfsitno: alii podia mover 
snte las alas de su numen, que, como el dguila, 
lacido para posarse en las cumbres, y que se aho- 
1 el estrecbo recinto de la poesfa domfistica, & la 
empeOaba en tributar un culto en general tan 
Cant6 la patria moderna, la patria colombiana, 
juien habfa visto pasar delante de sus asombra- 
>s de niDo la figura ya heroica, ya magnanima, 
gnada, del Libertador Sim6n Bolivar. Esta vi- 
a el gran recuerdo de su vida, y de tal mode le 
iba su recuerdo, que llegaba d exagerarle en t6r- 
barto disonantes con su piedad meticulosa: 

Y vi despu^s al triunfador volviendo 
Del suelo de los Incas deleitoso, 

No cual Camilo en el ebumeo carro 
Arraslrado par rdpidos corceles, 
Ni de purpurea climide cubierto 
Y la frente cenida de laureles 

Y vi despues al heroe, eniristecido 
Como un morir del sol, partir en busca 
De nuero hogar en extranjera tierra 

Quien hechos taa esplendiilos ha visto 
Es cual viajero que a sus lares torna 
Despues de haber cutnplido el pio voto 
<Y el gran sepulcro visilar de CristO». 
Se le escucha con inimo devoto, 
Porque puede decir: «Yo \\; yo estuve; 
Yo al Calvario subl; yo el mirmol sanCO 



V • 



Lxrx 

Que enoerr6 i mi Sefior empap6 en llanto»; 
Y el que at6nito lo oye, se imagina 
Envuelto con tern plarlo en una nube 
Que exhala los aromas 
De la remota tierra palestina. 



Cantd tambi^n otra patria mas antigua, rafz y funda- 
mento de la moderna, la patria colonial, y con ella el 
triunfo de la civilizaci6n cristiana en el Nuevo Mundo, 
jEspl^ndido canto este de Los Colonos, y salvo algunas 
cafdas de estilo, no muy frecuentes, la me]orcomposici6n 
de Ortiz y una de las mas finas joyas de la poesla ameri- 
cana! Poesla descriptivai un tiempo y llrica, con algu- 
nos rasgos del estilo de Virgilio y de Bello, ajenos A la 
habitual manera de Ortiz, pero que indican lo que en 
este genero hubiera podido hacer, aplicando d su estilo 
una labor mds severa y paciente, y buscando en sus des- 
cripciones la precisi6n mas que el lujo. Poesla, no obs- 
tante, que de la escuela de Quintana conserva el carac- 
ter de predicaci6n social, el entusiasmo por el progreso 
humano, aunque diversamente entendido, la considera- 
ci6n del hombre y de sus obras y de su misi6n hist6rica, 
sobreponi^ndose a la consideraci6n del mundo fisico, 
que el hombre doma y sujeta a cultivo y hace servir 
para los fines de su propia perfecci6n. Entre la oda A la 
Vacuna y Los Colonos media un abismo de ideas: Quin- 
tana, espafiol y patriota, pero hijo del siglo xviii, adepto 
de su filosofla, fildntropo y apenas delsta, execra la con- 
quista americana: Ortiz, americano, hijo de un insur- 
gente^ y ciudadano de una Repiiblica, pero cristiano 
hasta lo mds profundo de su alma, educado en la gran 
reacci6n espiritualista de nuestro siglo, bendice con mds 
clara comprensi6n de la historia la obra santa de los 



1 



;spaflo1es, que allanaron las selvas, que las des- 
de bestias feroces, que importaron los anima- 
al hombre: el geoeroso caballo, el toro bien- 
os cereales, sustento de la vida, el germen de 
, encanto de los ojos; de los que redimieron a 
inferiores, de las tinieblas de la idolatria y de 
ie; de los que levantaron el primer raolino, el 
alomar, la primera iglesia, el primer hospital, 
a imprenta. Y con ser tan distinto el rumbo de 
en Quintana y en Ortiz, todavia vienen A coin- 
un punto, que es la glorificaci6n del trabajo 
de las artes de la paz y de la ciencia, ya en 
en Guttenberg, ya en los humildes colonos es- 
lel Nuevo Reino. 

'rtiz pocas composiciones exclusivamente reli- 
:ro puede decirse que el espiritu religioso las 
todas, y no s61o de un modo general y vago, 
admirable firmeza y precisidn dogmatica, con 
nto que s6lo brota del alma que es cristiana 
anismo positive, el cual nunca se puede con- 
>n la vaga exaltaci6n sentimental del cristia- 
irario de Chateaubriand 6 de Lamartine. En 
3, Ortiz pertenece a la escuela de Manzoni, de 
r otra parte, presenta reminiscencias directas 
j4 Boyacd y en otras partes, aunque el estilo 
randilocuente en que las expresa, nada tenga 
on la divina condensaci6n llrica de las estro- 
oeta milan6s. Ortiz, como Manzoni, no s6lo 
:ristianismo, sino que cree en 61 con fe viva y 
sngendradora de buenas obras. Aun en com- 
5 muy desigualmente ejecutadas, se encuen- 
rables trozos de filosoffa religiosa, que brotan 



^( 



LXXI 

de lo m^s profundo y sustancial de la doctrina cristiana. 
Vease, por ejemplo, esta exposici6n del misterio del 
dolor: 

lEl dolor no es el crimen ! Es la herencia 
Del infelice genitor primero, 
Legada, no a sus hijos solamente, 
Sino tambien i su linaje entero 

{Ah! Si el hombre entre penas agoniza, 
Naciones hay que bajan i sentarse 
Sobre el estercolero 
Como el antiguo Job, roto el vestido 

Y la frente cubierta de ceniza 

{No es crimen el dolor! Es como el fuego 
Que purifica en el crisol el oro; 
Bs cual la tumba fria y silenciosa 
En que la humilde larva se sepulta, 

Y de donde triunfante saldra luego 
Con ala tinta en oro, azul y rosa 
A volar por el eter cristalino 
Transformada en festiva mariposa. 

Esta es la eterna ley de nuestra raza, 
Este el destino irrevocable y justo: 
Por el dolor alzarse hasta la gloria, 
Por el placer bajar hasta el abismo 

4N0 se llamaba un Hombre de dolores 
El gran libertador del mundo mismo? 
Qulso nacer en un pesebre obscuro 

Y en el taller vivir de un artesano, 

Y escogi6 sus amigos 

Entre los Pescadores y mendigos. 
S6I0 una vez entr6, y esa en cadenas, 
De Herodes al palacio: 
Una vez y no mas subi6 al Pretorio, 

Y esa en manos de birbaros savones. 
Hijo de augustos Reyes, la corona 
Que sus sienes divinas 

Adom6, fue de abrojos y de espinas; 



Y el cetro de oro que empuflo su mano 
Una cafia marchita 
Del Jordin arrancada en la ribera. 
Cuando despu6s cual jefe valeroso, 



Al freote de las huesies que cejaban 

Se arT0J6 generoso 

Al pueote del dolor por Dios echado 

Desde la tierra al cielo, 

Sacudiendo la piedra de su tuniba, 

Aparecid de gloria circuldo, 

Mostrando i las naciones 

La cruz de su ignorainia y de su gloria, 

Y entoQUido su canto de victoria : 

<E1 inundo finalmente esti vencido 

iBello, 6 por mejor decir, sublime; y este 
sublimidad no es rare en Ortiz, derivindo! 
mSs de su fe ardorosa que de su talento po^l 
se sostiene de continue a igual altura; si por q 
modarse demasiado, aun en el estito, a la coi 
de los ignorantes y de los humildes, fraca; 
veces en sus poeslas religiosas, de Indole qu 
mos Itamar democr^tica y liana, y quitandole: 
teoldgico, declina en las puerilidades de la 
francesa, que ha infestado & America como 
no per eso deja de levantarse A la gran poesf; 
que encuentra en su camino estos sublimes ti 
dolor y de la muerte. Pint6 demasiados en 
pobres y demasiados cementerios de aldea, re] 
mucho; pero jque graduada y solemne aquella 
sol detrds de la tumba del poeta, con que te: 
Ultima Luz, poesia, por otra parte, muy inc 
que fu6 probablemente la postrera de las suyi 

Luego las negras sombras de los Andes 
Se Iran hacienda cada vez mas grandes; 
Del pueblo oiiise lejos el murmullo 
Cual voz de un rfo entre Us piedras sordas; 

Y mas lejos el liigubre lamento 

Con que ea la grey el padre coro muje; 

Y el chirrido del carro 

Que de puro repleto se desborda 



LXXIll 

itormeotadn con la carga cruje; 
:go el agudo son de la campaDa 
ar^ ai monte, al valle, a la alqueiia 
jdando i la Reina Soberaita; 
!go saldri ta luna difundieado 
secretes de gran metancoUa: 
>go so m bra y ailencio..... 
lespu^ morira por fin el dia. 

iia descriptiva Ortiz es muy brillante, pero 
'ista una de sus composiciones, por ejem- 
eras estancias de la oda A Vasco N^fiez de 
de decirse que se ban leido todas. La silva 
^ama, es buena; pero no creo, de ning6n 
bscurezca la de Heredia Ai Nidgara, ni si- 
;ompita con ella, y ademas la perjudica el 
!flo que parece puso el autor en que no 

de la memoria ^ Heredia, no s6lo en el 
10 en el Teocaili de Ckolula. 
;n, Ortiz, d pesar de todos los defectos que 
a la justicia van notados, es uno de los mds 
inceros y fervientes poetas Uricos que ha 

America espaflola; y aunque muy distante 
id y perfeccl(in del valenciano Querol, es, 
lespu6s de Querol, el que mejor ha conser- 
s liltimos tiempos las tradiciones de nuestra 
idaptindola & la expresi6n de sentimientos 

). 

fasi yoajuin Ortiz. Bogoii , Imp. de Echeverria , Htrinanos, 

ttcci6n dista mucho de ser completa; pero conCiene las me- 

lutor. 

is detallada que conozco de Ortiz es la que mi fraternal 

el Dr. Rubi6 y Lluch, catedratico de la Uoiveraidad de 

i) en La Defensa Catolica, de Bogota (n 



Estudiados los cuatro grandes poetas Ifricos de Co- 
lombia, anteriores & la brillante generaci6n actual, que- 
dan ai^n otros varies muy dignos de atencidn, aunque 
menos fecundos 6 menos geniales. Indicaremos algunos 
nombres, limitandonos casi i aquellos autores de quie- 
nes en esta Antologfa presentamos alguna muestra, y a 
quienes nattiralmente tenemos per los mejores. 

Joaquin Pablo Posada es digno del mayor encareci- 
miento, no por la pobre materia po^tica de sus compo- 



Naci6 Ortiz enTunja et lo de Julio de 1814, y murio en Bogota el 14 de 
Febrero de 1891. Dedic6 toda su vida d la enseflanza y al [wriodisnio. 
En 1851 fuad6 un colegio que, con el nombre de Instituto de Crista, obturo 
gran celebridad: despuds ensea6 en otros varios. Son innumerables los pe- 
riidicQs que dirigid 6 en que colaboro: La Esirella Nadonal, El Condor, El 
D'ta, El Conservador, El Porveitir, ElCalolicismo, La Cdridad, El Correo dt 
las Aldeas, etc. Public6 ademas gran niimero de libros, ya de controversia 
politics y religiosa, ya de ensefianza, entre los cuales recordamos: Cartas de 
un saeerdete catolico nl redactor de <El iVinyTff«iirfino>, Bogoti, 1857 (muy bue- 
nas: el mejor de sus escritos en prosa). — ins Sirenas, discurso contra la mo- 
ral sensualUta de Jeremias Bintham, Paris (sin feclia). — Tiitimonio de la Ms- 
toriay delafilosofm acircade la divinidad de jfesucristo, 1855. — Lectiiras stlec- 
tas en prosa y verso, 1880. — d todo 6 nada, 1880, — Lcccioncs de Lileralura 
Castellana, 1879. — El Parnaso Granadino , coleccidn tscogida de poesias nacio- 
naki (silo salio el t. l), 1848.— £■/ Liceo Granadino, coleccidn de los traiajos 
de esle Instituto (solo el t. i), i8;6. — La Guirnalda (otra antologia de poetas 
y prosisias ncogranadinos), — El Libra del Esludtanle (del cual se ban hecho 
haita siete ediciones). — El Lector Colombiano (libro de lectura para las es- 
cuelas). — Comfiendio de Hisloria Sograda,e\c. 

Pueden afladirse algunos ensayos de noveU: Maria Dolores o Hisloria de 

mi casamiento. El Oidor de Sanlafe, Huirfanos de madre ; y aigiin ensayo 

dramatico: El Hij'o PrSdip), proverbio; Sulma, tragedia: esta tragf^dia se 
imprimi6 juntamente cjti las poeslas juveniles de Oniz, en un tomo que no 
henios vistu,titulado Mis floras de descanso, Cartagena de Indias, 1834. Dej6 
inidilos tres poemas: Yopaiin, Colon y Los Cantos de la Patria; y una Hisloria 
de la Conguisla del Nuevo Keino de Granada. FuS diputado varias veces, y al 
tiempo de su muerle era senador. Pertenecid a una fraccidn politico -reli- 
giosa analoga a la que cd Cspafla se conoce con el nombre de integristiw. 




^^r 



LXXV 



siciones, sino por sus admirables dotes de versificador, 
en que pocos 6 ninguno de su tierra le ha igualado. Con- 
viene echar un velo sobre su vida piiblica y aun privada: 
demasiadas cosas confes6 el poeta festivo de inagotable 
donairei en cuyas manos era la lengua blanda cera; hu- 
biera podido ser 6mulo de Bret6n, 6 4 lo menos de Vi- 
Uergas, y s6lo consigui6 dejar las diatribas personales y 
odiosas de E/ Alacrdn^ una serie de camafeos 6 sem- 
blanzas satiricas, de cuyo parecido s6lo pueden juzgar 
sus paisanos, y un tomo de poeslas muy lindamente he- 
chas, cuyo tema principal y casi linico es pedir dinero 
i sus amigos en variedad de metros, y con alguna dife- 
rencia en las cantidades monetarias que solicitaba, desde 
cuatro a veinte duros. La indisciplina de su cardcter y 
el desapego a todo trabajo continuado y formal, le so- 
metieron desde muy temprano (como dice un escritor 
de Colombia) «a vivir una vida como prestada, en la 
que con talento se consolaba de sus escaseces, burlan- 
dose & menudo de la cruel necesidad». Vivi6 como Vi- 
llasandino 6 como cualquier otro de los poetas mendi- 
cantes del Cancionero de Baena^ componiendo 6 im- 
provisando cuantos versos se le encargaban, y siempre 
con amenidad de estilo, con elegante sencillez de ex- 
presi6n, con gracia natural y armoniosa, que es la prin- 
cipal dote de su estilo: 



Figiirate que le debo 
A todo el que en torno miro; 
Debo el aire que respiro 
Y debo el agua que bebo. 
Casi ni a salir me atrevo, 
Porque, si salir consigo. 
Mis acreedores, aniigo, 
Me atacan de llano en piano, 



Desde el primer ciudadano 
Huta el ultimo mendigo. 



Quiero acabar: necesito 
Diez y seis pesos cabales, 
Para conseguir los cualei 
Esias d^cimas he escrito; 
Miadamelos, que infinito 
Sera mi ngradecimiento, 
Como lo es el Srmamento 

Y cnmo el poder de Dios, 
Quien, aca para inter nos. 
Me tiene muy descontento. 

NJDguna promesa hari, 
Porque a ti no se te esconde 
Que c6ino, cuando 6 en ddnde 
He de pagarte, no si; 
Pero que te pagar^ 

Y que i pagarte me obligo, 
Poniendo a Dios por testigo, 
Es tan aeguro j- tan cicrto 
Coroo Id es que s6Io rauerto 
Dejar^ de ser tu amigo. 

Con Posada colabor6 en el malhadado Alacrdn otro 
poeta m^s desaliflado, pero que no carecia de numen: 
Germin Gutierrez de PiOeres, quien, al rev6s de Posada, 
solfa ser satirico en sus artfculos en prosa, y quejum- 
broso y melanc6Hco en sus versos, como quien habfa 
empezado en una de sus mas antiguas composiciones 
por despedirse de la vida en las inevitables octavas ber- 
mudinas: 



El puro sol de mis brillantes dias 
Va decllnando hacia su trtsCe ocaso, 
Y de mi vida adelanCando el paso, 
Mis ilusiones decayeudo van. 
Ya de mi se desprende marchitada 
MijuTeatud, mi juventud querida: 




LXXVll 



Queda el recuerdo al alma dolorida 
De las horas que nunca volverin 

. Poeta festive, pero de muy distinta cuerda que Po- 
sada, fu6 D. Ricardo Carrasquilla , benemdrito institu- 
tor y autor de libritos de propaganda cat6lica muy bien 
hechos. Su tomito de poeslas que el modestamente 
Uamd CoplaSj esti lleno de gracejo decoroso y fino: hizo 
excelentes letrillas, cuadros de costumbres como las 
Fiestas de Bogotd^ y acert6 a tratar con sentimiento y 
viveza, aun sin salir de su manera familiar y sencilla, 
asuntos mas elevados, ya de leyenda hist6rica como 
en El Ahrazo^ ya de naturaleza pintoresca como en 
Una visita al salto del Tequendama, 

El general Pinz6n Rico ha sido uno de los poetas mis 
celebrados de Colombia, y poeta de valiente inspiraci6n 
en ocasiones. No conozco mds composiciones suyas que 
las insertas en el Parnaso Colombianoy y 6stas no bas- 
tan para caracterizarle, aunque si para graduarle de ver- 
sificador gallardo. En su estilo palabrero y redundante, 
pero cadencioso, pareceun romantico mejicano 6 vene- 
zolano mas bien que colombiano. Su Despertar deAddn 
ha sido muy celebrado, pero prefiero la Eva^ de Flores, 
cnyo pensamiento erotico es el mismo. 

Entre los poligrafos mds fecundos hay que contar a 
D- Manuel Maria Madiedo, D. Felipe P6rez y D. Jos6 
Maria Samper. Madiedo era un publicista de talento 
brillante, pero desigual, que escribla medio en francos 
paginas elocuentes sobre cuestiones sociales. No se si 
pertenecia 6 no a la raza de color, pero sf s6 que odiaba 
de muerte d los hijos y nietosde espafloles, suponi6ndo- 
los culpables de todas las guerras civiles y de todos los 
escdndalos, crimenes y desgracias que afligen i los pue- 



J de la America espaOoia. Lo mis singular es que 
a militar en partidos conservadores, por donde re- 
aba en sus ideas una extrafla inconsecuencia, De su 
lo de Poesias (precedido de un tratado de M6trica), 
nds celebrado ha sido el romance endecasilabo Al 
gdalena , que Camacho Roldin , en el pr6logo d las 
sfas de Gutierrez Gonzalez , califica de «uno de los 
tos indlgenas de nuestro suelo», afladiendo que «vi- 
i mientras nuestro rio arrastre sus turbias ondas al 
i'^s de soledades cubiertas de ceibas y caracolies, y 
en medio de piayas 

que marcado habia 

De Us tortugas la penosa marclia, 

Y del caimiin la formidable cola, 

Y de los tigres la terrible garra. 

'^rez (D. Felipe) es mds conocido como gedgrafo 
!no 6 male que como poeta, y se la acusa de haberse 
ovechado con poco escriipulo de trabajos ajenos. 
lamper fu6 un improvisador fecundfsimo en todos gd- 
os: historiador, ge6grafo, estadista, orador politico, 
ritor de viajes, poeta llrico, dramaturgo, novelista, 
fesor de Derecho piiblico y fundador 6 redactor 
Qcipal de mas de veinte periddicos; el m&s fecundo de 
escritores modernos de Colombia, y uno de los mis 
locidos en Europa y de los que mas ban dado d co- 
:er el estado politico de su patria. Pero no parece 
; entre el inmenso ciimulo de sus libros, producidos 
no d destajo y con facilidad peligrosa, haya nada ca- 
ni de primer orden, De todos modos, sus bocetos 
grdficos y sus relaciones de viajes se leen con agrado 
jgran y merecen mds fama que sus poesias. 







LXXIX 



Jose Maria Vergara y Vergara, ya mencionado en 
estas pdginas, no fue grande escritor, pero si escritor 
muy ameno y simpatico. La bondad y la efusi6n de su 
caracter, su entusiasmo por la belleza moral, su fe viva 
y ardiente, su caridad inagotable, su patriotismo de 
buena ley, su gracejo natural 6 inofensivo, se reflejan 
fielmente en sus articulos de costumbres, novelitas 6 
impresiones de viaje, y en todos sus escritos fugitivos, 
en prosa 6 en verso, no muy correctos de lengua, pero 
muy sanos y muy espafioles en el fondo. Era hombre de 
devociones literarias ardentfsimas, y que perdia mucho 
de su propia originalidad por caminar demasiado servil- 
mente detr^s de las huellas de los maestros que sucesi- 
vamente adoptaba: primero Larra y Mesonero Roma- 
nos; despu6s Ferndn Caballero, Tiueba y Enrique 
Conscience, y ultimamente Selgas. Sus poeslas adolecen 
de este mismo prurito de imitaci6n exagerada, y cierta- 
mente que el Lihro de los Cantaresy con todo su m6 
rito relativo, que no negamos, no justificaba bastante el 
empefio con que Vergara se di6 a glosarle y a repetir 
sus temas, muchas veces mds vulgares que populares, y 
i veces ni vulgares siquiera, sino trivialmente sentimen- 
tales. La afectada llaneza de Trueba contagi6 a Ver- 
gara como a tantos otros, y es l^stima, porque algunas 
poesias humoristicas suyas prueban que hubiera podido 
distinguirse en este g6riero sin deber nada a nadie. Im- 
provisd demasiado, y el periodismo devor6 su ingenio, 
como el de tantos otros escritores de Colombia y de 
Espafia. 

Finalmente, mencionaremos los nombres de Arsenic 
Esguerra (muy delicado y pulcro), Jose David Guarin, 
Herm6genes Saravia, Jos6 Maria Rojas Garrido, Do- 



1 



aingo Dfaz Granados (amigo 6 imitador de Gutierrez 
jonzAlez), Arcesio Escobar (feliz traductor de poetas 
agteses), C6sar Conto, Joaqufn Gonzalez Caraargo (au- 
or del delicioso Viaje de la luz), Jos6 Joaqufn Borda, 
Jenjamln Pereira Gamba, y la dulce poetisa mlstica 
D.' Silveria Espinosa de Rend6n, de todos los cuales 
le leldo agradables poeslas en el Parnaso Colombiano, 
lero k quienes no me atrevo a caracterizar por falta de 
uficientes datos ( i ). 



(l) Joaquin Pablo Posada. Nacio en CarCaKcna (de Indias) en l8as, J 
lurid en iSSo. Sus Potsias se imprimieron en i8;7, con un prdlogo del doc- 
jr Felipe P^rez. En 1879, sus Camafios 6 Bosqiujos <U netabilidadts colom- 
'anas en palUica, mtlicia, camercio, cUncias, arUs, liieralura, Iripaias, maliu 
xaSasj atros eftctos, bajo su triple aipcclo ftsico, moral e intiUctual. (Barran- 
uilla, imp. de los Andes.) 

German Gutierrez de Pineres (1816-1872). Sus Poesias, prccedidas de un 
licto de D. Pedro Neira Aceredo, se imprimieron en Bogota, 1857. Fut 
utor tambien de El Oidor, drama hist6rico. 

Ricardo Carrasquilla. Naci6 en 1827 y ha fallecido recientemente. Copias. 
Bogota, por Focibn Mantilla, 1866. Hay tres ediciones pos teri ores au men - 
ulas ) — Sofismai anUcaloUcos vistas con micros^opio, 

Josi Maria PimSn Rica. Naci6 en 1834- Fu^ magistrado primero y mili- 
ir revolucionario despues. Residi6 algun tiempo en Venezuela, redactando 
'IPorvinir de Caracas. En Bogota fu6 colaborador de La D^miin, de El 
Tttevv Munifo y de La Pluma. No s6 que hayan sido coleccionados sus 

Manuel Maria Madiedo. Nact6 en Cartagena (de Indias) en 1815. Sus 
"oeslas prtcedidas de un trslado de Mitrica fueron impreaas en BogotS, 1859. 
[ay poeslas posteriores en la miscelinea titulada Ecos de la Noche (1870). 
ompuso en su primera juventud dos tragedjas, Coriolanoj Lucrecia 6 R«ma 
bre, y mas adelante el drama Una idea abismo (sic) y e! juguete c6mico 
'res diablas suelios. Entre sus escritos de malerias sociales y filosdficas se 
tan principal mente; Tratado de derecho de genles (1874), La Ciencia social i 
' Socialismo filosifieo: deriuacion di las graades armonias morales del Cristia- 
ismo (1863), Una gran revoluciin, d la razon del kombre Juigada por si misma 
fracas, 1876), El Dedo en la Uaga (Caracas, 1876), El Arte de probar 
Bogota, 1874), Tratado de Cr'Uica general, 6 Arte de dirigir el entendimienlit 
t la invesligaciiin de la vtrdad (1868), etc., etc. 



Ilfcv'^"-"-. • • ^ ' -sP^ 



LXXXI 

Felipe Pirez. Naci6 en 1834. La edici6n de sus Versos es de 1867. E«cri' 
bi6 ademas novelas {Atahtudpa, Los Pizarros^ Jilma, Los Gigantes, Imina, 

Carloia Corday ), y dramas {Gonzalo Pizarro ). Pero sus escritos mas 

conocidos son: Andlisis poliHca^ social y econamica de la Repiihlica del Ecua* 
dor.,,,, (1853), Geografta fisica y politica de los Estados Unidos de Cohmhia 
(1862-63), y otras andlogas. 

Jos^ Maria Samper. Naci6 en 1828. El solo catdlogo de sus obras ocupa 
cinco 6 seis pdginas en la Bibliografta Colombiana de Layerde Amaya. Sus 
primeras Poesias, con el titulo de Flores marchUas^ se publicaron coleccio- 
nadas en 1849; sus Piezas dramdticaSf en 1857; una nueva colecci6n lirica 
{Ecos de los Andes)y en i860; Un Vampiro^ poema satirico, en 1863; Martin 
FUrez, novela, en 1866; Un drama iniimo, novela, en 18 70; Ultimos Cantares 
(tercera colecci6n lirica), en 1874; Florencio Conde, novela, en i^j^^ElPoeta 
soldado^ idem, en 1881; Los Claveles de Julia , idem, en 1881. De sus restan- 
tes obras, las mds conocidas son Pensamientos sohre moral^ poittica, literatura^ 
religidny costumhres (1856); Ensayo sobre las reuoltuiones poltticas y la condi' 
cion social de las Repuhlicas hispano-americanas (Pads, 1861); Viajes de un 
cobmbiano en Europa (Paris, 1862); El Liber tador Simon Bolivar (Caracas, 
1878); Galeria Nacional de Hombres ilustres (Bogotd, 1879); Historia de una 
alma (1881), autobiografia muy interesante en que refiere su conversi6n al 
catolicismo. 

Jos6 Maria Vergaray Vergara (1831-1872). Incansable periodista y pro- 
motor de la buena literatura. Redacto La Siesta, El Mosaico, El Hogar, La 
Fe, la Reoista de Bogold y otros muchos peri6dicos. Sus principales obras 
son: Historia de la literatura en Nueva Granada (1866); Oliuos y aceitunos 
todos son unos (novela de costumbres politicas); Versos en borrador (1868); 
Articulos escogidos, coIecci6n selecta (Londres, 1881); Vida y escritos del ge- 
neral Narifio. Coleccion6 el Museo de cuadros de costumhres ^ de varios escri- 
tores colombianos; el Parnaso Colombiano, en tres pequefios volumenes, que 
contienen las obras de Gutierrez Gonzalez, Caicedo Rojas y Marroquin; 
La Lira granadina (i860). Hay dos biografias de Vergara, una de D. Jos6 
Manuel Marroquin en el Anuario de la Academia Colombiana (1874), y otra 
de D. Carlos Martinez Silva en el Repertorio Colombiano. 

Sobre los restantes poetas nos remitimos d las breves noticias que 
puedeh encontrarse en el Parnaso Colombiano de Aflez, y mejor en los 
Apuntes sobre bibliografta colombiana, con muestras escogidas en prosa y verso, 
por Isidoro Lover de Amaya, con un apindice que contiene la lista de las escrito- 
ras colombianos, las piezas dratndticas, novelas, libros de historia y de viajes es- 
critos por colombianos. (Bogota, 1882.) 

Es imposible omitir la lectura de las muy discretas y sabrosas Cartas Ame- 
ricanos de nuestro D. Juan Valera (primera serie, Madrid, 1889), que con- 
tienen un largo estudio sobre el Parnaso Colombiano. El Sr. Valera hubiera 
becho iniitil nuestro trabajo y nos habria dado con ventaja un juicio cabal 

TOMO III. / 



r 



LXXXII 



i>i 






^: 



sobre la poesia de Colombia, a haber podido disponer de fuentes mis copio- 
sas y seguras que el mencionado ParnasOf compilacion deficientisima por 
ana parte, y por otra llena de farrago y broza, como casi todas las de su gh- 
nero que se ban formado en America. 

Para el estudio de la mejor literatura moderna de Colombia es de itiapre- 
ciable auxilio la coIecci6n de los trece tomos del Repertorio Colomhiano^ ex* 
celente revista que dur6 desde 1878 hasta 1887, bajo la direcci6n de don 
Carlos Martinez Silva y la inspiraci6n de D. Miguel Antonio Caro. Es la 
m&s notable publicacion de su g^nero que hasta ahora ha aparecido en la 
America espafiola. 

Finalmente^ para el conocimiento de los poetas novisimos, puede acudirse 
d La Lira Ntuva^ de D. Jos6 Maria Rivas Groot. (Bogota, 1886.) 



tt. 












> -•. 



r^ 



LXXXtll 



IX. 



ECUADOR. 



En el JEnsayo sobre la literatura ecuatortana^ del 
Dr. D. Pablo Herrera (i), y en la Ojeada HtstdricO' 
critica sobre la poesia ecuatoriana^ de D. Juan Ledn 
Mera (2), puede verse cuan antiguo abolengo tiene la 
cultura literaria en la antigua Presidencia de Quito, que 
abarcaba la mayor parte del territorio de la actual Re- 
pfiblica del Ecuador (3). A las 6rdenes monisticas, y 
especialmente a la de San Francisco, se debi6 la pri- 
mera cultura dql pals y el establecimiento de las prime- 
ras escuelas, asi como a un franciscano, el P. Jodoco 
Rickle, se habia debido la introducci6n de la primera 
semilla de trigo. 

En noble emulaci6n pretenden las diversas reHgiones 
que dieron apostoles a la primitiva colonia, el lauro 
de haber establecido la primera casa de ensetianza; pero 
sin negar que los dominicos tuviesen estudios en su 
convento de San Pedro Martir, fundado en Quito por 
el Venerable Fr. Alonso de Montenegro i ralz de la 



(i) Publicado por primera vez en i860 y luego, con bastantes ampliacio- 
nes, en el primer tomo de la Revisia Ecuatdriana (1889), si bien esta se- 
gunda edicion no lleg6 d terminarse, que sepamos. 

(2) Quito, 1868. Iraprenta de J. Pablo Sanz. Anunciase como pr6zima 
i aparecer una segunda edici6n muy aumentada y corregida. 

(3) Guayaquil perteneci6 al Virreinato del Peru, hasta que Bolivar le 
anexion6 en 1824 k la primitiva Colombia. Quito y lo restante de la Repu- 
blica dependia del Virreinato de Santa Fe desde 1721; hasta entonces habia 
dependido tambi6n del Peru. 



>nquista de la ciudad por el adelantado 
elalcdzar, todavia es cierto que el prime 
lya formal organizaci6n se tiene noticia < 
ndr^s, establecido por los franciscaDos ei 
do en 1562, por Real cidula de Felipe 11 
s anuales. En dicha c6dula consta que al 
,n «las cosas pertenecientes 4 la salvac 
tctrina de los indies naturales, letras, bui 
es y habilidades, para que puedan vivir c 
icamente* (i). 

Pero la enseflanza para los hijos de espaf 
amente literaria 6 de humanidades, fue 
el Ecuador, como en otras partes de i 
I PP. de la Compaflla de Jestis, cuyo cole 
ntaba ya por los aflos de 1585 mis de ci( 
tudiantes, siguiendo cuarenta de ellos 
rtes. La emulacidn era grande, frecuente 
)nesy actos piibltcos, con asistencia del 
)rre^dor y vecinos principales, y tan gr 
:o que lograban los jesultas, que cuand 
■. Luis L6pez de Soils fund6, d fines del 
legio Seminario de San Luis, tambi6n 1 
direccidn, con parecer y acuerdo de la I 
I y del Cabildo. Emulando el celo de 1 
minicos y jesultas, los agustinos estableci 
rsidad de San Fulgencio, autorizaJa por 
a de Sixto V, en 20 de Agosto de 1586. 
:a la Universidad definitiva, la que obtu^ 

i) Vid. Varones Iiustns de la Otden SeriJUa in el Ecuat 
en de Quito hasia nuestros din.', por Ft. Fraruisce Afaru 
< ApostSlko y CronHogo del Colegia de Son DUgo de Quit 
186, J vols.)- 



ia, sino la establecida en 1620 con ti- 
trio Magno, bajo la direcci6n de los 

de los espaQoles de quien sabemos 
eino de Quito, compusiese algunos 
;nzo de Cepeda, bermano de Santa 

muy conocido de los lectores de la 
espondencia de la mistica Doctora, 
tdn dirigidas algiinas de las mejores 
rias familiares y espirituales- Estuvo 
izo oi^s de treinta y cuatro atlos: en 
si Cabildo de Quito, alcalde primero 
; tesorero de las Cajas Reales, hasta 
;ida su mujer, D.* Juana de Fuentes, 

en el Peril, abandond todo empleo, 
tla, y darse por entero & la vida con* 
sjercicios de piedad, bajo la direcci5n 
^rmana, a cuyas fundaciones contri- 
pso caudal que habfa granjeado en el 
lemas de una relaci6n de la vida y 
er, escribi6 algunos versos de devo- 
ha conservado la siguiente glosa so- 
la de que «Dios incluye en st todas 
! ninguna esti fueraxle El, y que, por 
smo Dios est^ en ellas mis que ellas 
centro del alma, y si la hubiere tan 
da esta admirable uni6n, hallarse ha 
3S en si, sin rodeo»: 

Sumo Bien en su alteza 
al alma enamorada 
Be busque en su grandeza, 
B d su inmensa bellesa 
ue en su pobre morada. 



LXXXVI 

De amor la suprema fueote. 
Sin bajar de sus alturas, 
Con su amor omnipotente, 
Hallase siempre presente 
" n si B 



Y el mismo 


amor que fu6 de ellas 


Su priacipio s 


n tenerle, 


Ama tanto es 


ar con ellas, 


Que esta mui 


mjsdentro enelhs, 


Que ellas mis 


mas sin quererle. 


Pues el alma limpia y pura 


Que am are en 


esto peasar. 


Se hallari con 


gran ternura 


En esa misma 


hermosura 


Yisf mismo 


sin rodear (i). 



:1 mismo lema de Buscate en mi, que es, 
nds profundo y sutil de la ralstica, escribie 
1 prosa , y como en certamen , San Juan di 
iin de Avila y Francisco de Salcedo, y so 
IS recay6 ei donairoso vejamen que, en vir 
;ncia al Obispo de Avila, di6 Santa Teresa 
iu parte tratd el mismo asunto en la glosa 



<Alina, buscarte has en Mi, 
Y d MI buscarme has en tl. ... 

e parece tan superior a la de su hermano co 
ender el docto colector de las obras de 

Cr6nicas monasticas de la provfncia de Qi 
itran bastantes nombres de escritores teoli 



6 por primera vez estas quintillaa D. Vicente de la FuenI 
edici6n de las Obras de Sanla Teresa ( B. de AA. £E. ) , Co 




s- - . I" r 



LXXXVII 

COS, de fil6sofos escolasticos, dfc gramaticos cultivadores 
delalengua quichua; pero no se encuentra poeta al- 
guno hasta el siglo xvii , lo cual no quiere decir que no 
los hubiera, sino que sus obras se perderlan por falta de 
imprenta, calamidad que tambien pes6 sobre la litera- 
tura colonial de Venezuela y Nueva Granada hasta muy 
entrado el siglo xvin. Si algiin escritor quiteflo lleg6 d 
ver publicadas sus obras, fu6 de los que por sus oficios 
eclesiAsticos 6 jurfdicos tuvieron ocasi6n de salir de su 
pals, como el obispo Fr. Gaspar de Villarroel, que no 
fu6 s6lo gran prelado en Santiago de Chile y en Are- 
quipa, y profundo canonista, como lo prueba su obra 
del Gobierno Eclesidstico (1656), tan magistral en su 11- 
nea como la Politica Indiana de Sol6rzano en la suya, 
sino tambi6n prosista no vulgar, de los mejores de Ame- 
rica en su tiempo. 

Es claro que si los libros voluminosos, y tocantes i 
las ciencias mas estimadas entonces, tropezaban con tal 
obstaculo para imprimirse, aun habia de ser mas preca- 
ria la suerte de poesias fugitivas, y que probablemente 
no tendrlan mas m6rito que el de priraeros ensayos. Lo 
cierto es que en 1630, cuando el Fenix de los Ingenios 
compuso El Laurel de Apoloy florecia en Quito una 
poetisa llamada D.* Jer6nima de Velasco , que era otra 
Safo, otra Erina, otra Pola Argentaria, al decir de 
Lope : 

Parece que se opone d competencia 
En Quito aquella Safo, aquella Erina, 
Que si doila Jer6nima divina 
Se mereci6 llamar por excelencia, 
^Que ingenioy que cultura, qu6 elocuencia, 
Podra oponerse a perfecciones tales , 
Que sustancias imiten celestiales. 



Puts jA sus manoi b«llas 
Estampan el VeUsco ea Us estrellas? 
( 

a esposo de la sefiora tan estrepi 
i UD D. Luis Ladr6n de Guevara; pi 
:, jugando galantemente del vocabl< 

iDichoso quieo hurt6 tan linda joya 
Sia el peligro de perderse Troyal 
Pero di6sela el cielo, aunque recelo 
Que puede la virtud robar el cielo. 

TO de D.' Jer6nima s6lo ha quedadc 
primer ingenio ecuatoriano que 
le el cuerpo fntegro de sus poesla: 
te tales son ellas que no hubiese im 
drdida) es el maestro Jacinto de E' 
paquil, que en 1675 pubHc6 en Ma( 
de vart'as flores poiticas recogidas 
rimeros ahriles de sus anos (l). La 
ici6n, ominosa para la poesla Hrica , 
lo que el libro puede ser, y es en 
ento de hinchaz6n y pedanteria, Nc 
contiene es de la propia cosecha de 
sus flores po6ticas van mezcladasalf 
lozanas y olorosas del bogotano I 
{o, y otras en mayor niimero del ]■ 
kutonio Bastidas, que habla sido r 
s y Ret6rica del poeta de Guayaqu: 
dores del Ramilhte eran gongori 

Madrid: en la impreiita de Nicolas de Xamares , 
! 1673. 4.°, 9 hs. prls. y 406 folios. 



LXXXIX 

los tres versificadores numerosos y entonados: prenda 
comun en la escuela a que pertenecfan. Apenas hay en 
el tomo composici6n que no sea un puro disparate; pero 
son disparates sonoros. De los tres poetas, quizd Evia, 
que es el que da nombre al Ramillete^ sea el de meno- 
res vuelos. Nada hay en el farrago de sus coraposiciones 
funebres (asf con toda propiedad denominadas), heroi" 
caSj sagradasy panegiricas^ amorosas y burlescas^ que 
compita con algunos rasgos de los romances de Domln- 
guez Camargo, ni con la gala y bizarrla que en medio de 
sus extravagancias tiene la parafrasis que el P. Bastida 
hizo del idilio de la Rosa , 

Ver erat et blando mordentia frigora sensu, 

atribufdo por algunos gramdticos a Virgilio 6 inserto 
entre sus poemas menores, pero que parece ser de Au- 
sonio. Es, sin disputa, la mejor poesia del Ramillete. 
V6ase alguna muestra: 

«De los tiempos del afio era el verano», 
EI de Mantua cant6 en su dulce lira, 

Y el dia alegre en rajos en que gira, 
Esmalta nu^es con que sale ufano. 

El Austro templa, porque su aire alien te, 

Y asi con blando diente 

Muerde la flor que, aun tierna, no se esquiya 
Si aun solicita alientes mas lasciva; 
Cuando abreviando sombras el aurora 
Precede bella a la carroza ardiente, 

Y en luces de esplendor, en luz canora, 
Despierta el sol, madrugale a su oriente. 
«Entonces (dice en dulce melodia 
Aqueste cisne) el campo discurria, 

Y cuando en sendas de este sitio ameno 
^ Buscaba abrigo en esa adult a llama 



Del sol que salimandra ja se inflama, 

En la. grama pender blaodo rocio. 
Que a breve globo aprisionaba el frio, 

Y en su lacio verdor me parecia 
Ligrimas que llor6 la noche frla 

A] nacer el lucero lumiooso 

Vi con primor y aliilo cuidadoso 

Del esmero Pestano 

t)el mejor hortelajio, 

Un rosal tan de gotas salpicado, 

Que sudor se ha juzgado. 

Que en la lucha valiente 

Por escala de sombras subi6 ardiente. 

Uno es todo el rocio de la roBa, 

Y el que suda la aurora luminosa 
En su estacidn primera; 

Un color entre ambas persevera. 

Alii una rosa infante 

Mece en su cuna el c^firo inconstante, 

Y en clauslro de esmcralda dctenida 
Virgen se oculla menos pretendida ; 
Otra al prado se asoma diligente 
Por celosfas de su verde oriente; 
Mas al mirarla trueca vergonzosa 
En carmin el candor su tez hermosa, 

Siendo cada hoja en que ella se dilata 
Gota de sangre que de si desata. 

Pero jay! que toda aquella pompa hermosa 
Del verjel, esta antorcha luminosa, 
Esta hoguera que roja al prado inflama, 
Siendo cada hoja suya ardiente llama; 
Este sol, que a sus rayos fomentaba 
Cuanto aseo al jardin le coronaba, 
Con desmayo fatal se descampone, 
Su luz se apaga al inconstante viento, 
Al Occidente el esplendor transpone, 

Y la llama ci 



>■• 



XCI 

lOh , qu6 breve esta flor tiene la vida, 
Pues edad fugitiva la arrebata 

De su beldad pirata 

Caduca y lacia cuanto mas florida , 
Siendo la cuna en que la mece el viento 
Su fatal pira y triste monumento 

I Oh tiempo, oh dias, oh naturaleza I 
Avara en cuanto ostentas mdsgrandeza 

Pero ^qu6 importa, oh rosa, que tu llama 
Tan temprana se apague, aun cuando ardiente, 

Si permanece fija en la memoria 

De tu belleza la pasada gloria? 

]Oh, qu^ ejemplo tan vivo al desengaflo 

De una grande belleza I 

Lograd, oh Virgen pura, 

Este cortes recuerdo en la pureza; 

Coged la rosa, pues, de la hermosura , 

Cuando a3ruda la edad, la edad florida, 

Y en vistosas guirnaldas recogida, 

Si intacto su verdor guarddis constante, 

Vuestra cabeza cefliran triunfante. 

No ajeis su lozania; 

Mirad que la beldad mis grata y bella, 

Como la flor, fenece con el dia 



No hay duda que las sombras del mal gusto empallan 
todoesto; pero tampoco faltan rasgos que recuerdan el 
tone de las silvas de Rioja, y el que de tal modo escri- 
bla y versificaba, merecla, segurainente , haber nacido 
en edad menos infeliz y tener discfpulos mas aprove- 
chados que el maestro Evia. Lo cierto es que en Gua- 
yaquil no se hicieron mejores versos antes de Olmedo. 

A falta de otro mas positivo merito, tiene el Rami^ 
llete el de ser uno de los tipos del gongorismo ameri- 
cano y un curioso documento para la historia de las cos- 
tnmbres de la colonia, por estar lleno de versos de 



rcunstancias, elogios fOnebres, sonetos, inset 
motes con que en Quito se solemnizaron la 
; la reina D.' Isabel de Borbbn , del principe 
sar Carlos y del rey Felipe IV; el Mausole 
rico de la venerable fundadora del convento ( 
lara, D.' Francisca de la Cueva; jerogllficos 
as y anagramas t virreyes y oidores; romaa 
licitar al General de la caballerla de Quito ei 
stoso alarde general, d jacaras para profesi 
onjas; loas sagradas y humanas ^ Nuestra S< 
ayta, d Nuestra Sefiora de Guapulo, A los dia 
)bispo de Quito, & la festividad de San Ignacii 
)la, i grados y funciones universitarias. Co 
Ramillete algunos opiisculos en prosa: una 
i novela con el titulo de El sueflo de Celio; 
'aciones de certamen, unas en latin y otras e 
mo; una invectiva apolog^tica en apoyo dt 
ance de Domfnguez Camargo: curiosa muesi 
le eran las pol^micas literarias en el infeliz 
; Turmequ6 por los afios de 1652. Si todo e 
ese escrito con mis Uaneza, seria interesante 
\o, aunque nada valiese po6ticamente; perc 
isto llega a tales excesos, que la lectura se t 
jsible. iC6mo hincar el diente a un cartel 
i^tica que empieza con este encabezamiento: ■ 
ilectro, canora cftara y resonante lyra: d cu; 
;ontacto provoca k las mejores plumas de los i 
ros Apolos, sonoros Orfeos y numerosos A 
:onvida a las mds dellcadas voces del coro de h 
lermanas, para que en armoniosa competenci 
lueve coros, soberanos ruiseOores, divinas Fi 
le la gloria, celebren, festejen y aplaudan co: 



»acentos la citara del encarnado Verbo, cuya dulce 
»lodla en el venturoso teatro de Bel^n gozosos escu 
»ron esos celestes globos: festivos los arroyos, las fl 
»y plantas, si antes quebraron grillos de cristal al eri: 
»Diciembre , agora gustosos aprisionan, de nuevo i 
»bertad al encanto dulce de sus divinas cuerdas.* 1 
este rdtulo para un opiisculo de ocho hojas mal cc 
das. iYqu^ diremos de este otro con que el ^mul 
Domlnguez Camargo preludia su invectiva, creye 
sin duda, lanzar mortlfero dardo contra el pobre p 
adversario suyo: « Lucifer en Romance de Romanc 
>Tinieblas, Paje de Hacha de una noche culta, y se I 
»pr6logo luciente 6 proemio rutilante, 6 babadero 
>ru5co, 6 delantal luminoso, este primer razonamii 
»al lector.» Y lo mis gracioso es que los que tal escri 
hacen alarde d cada momento de su amor d la pure 
sencillez del estilo, llegandod decir Jacinto Evia ei 
proemio d la j'uventud estudiosa, que «5us poem; 
>asemejan mucho d lo crtstalino de las fuentes, pc 
»suma claridad que hallards en todos ellos; porque 
»Io que soUa repetir mi maestro, que queria par 
>antes humilde en el estilo y concepto, que levani 
»por obscuro.» Si estas eran las aguas cristalinas 
tenia que beber la j'uventud estudiosa de Quito y ( 
yaquil, ^qu^ tales serian las lagunas turbias y cenagc 
Los chispazos de poesla en el maestro Evia son : 
simos; apenas puede leerse con tolerancia otra cosa 
el romance 

Sol purpijreo de este prado 

que bemos puesto en esta coleccidn, y algi^n rasgc 



s fugitivo, corao este final de 
[deroniaDo: 

Mas I ajl cuin en breves plazos 
Llegue mi dicha i gozar, 
Pues silo vino i estribar 
Del alma taa dulce empetio, 
£n breves sombras de un sueflo 
Que se acab6 al dispettar. 

villancicos tiene cierto sabor p 
por ejemplo, en el de la buer 
niflo Jesiis : 

Dame una limosnita, 

NiDo bendito. 
Dame las buenas pascuas 

En que has nacido; 

Niflo de rosas, 
DalealagiCanilla 

Pago de glorias. 

Si me das la mano, 
Infante divino. 
La buen a Ventura 
Veras que te digo. 
Miro aqui ]a ray a 
Que muestra que aun niilo 
Verteras tu sangre, 
Ballo i mis delitos. 
Saris de tres rejes 
Rty reconocido, 
Y i este mismo tiempo 
De un rey perscguido. 
En tu propia patria. 
Con ser el rey mismo, 
Viviras humilde, 
Viviras mendigo 

: que descansa el inimo cuand 
el Ramillete Pbiiico (y de fijo i 
jotrospoetasculteranos de quit 



xcv 

mos mas que el nombre, puesto que de alguno de ellos 
se dice por gran elogio que «escribia en lenguaje his- 
pano-latino») se pasa al pequeflo grupo de los jesultas 
poetas, no muy inspirados, pero si muy sensatos, que 
salieron de los colegios de Quito y Guayaquil, en el siglo 
xvni, y que victimas de la catastrofe de su orden, hon- 
raron el nombre de su patria en los centros de la cultura 
italiana. No hay entre ellos ninguno comparable & los 
Alegre, Abad, Landivar, Clavijero y Molina, que pro- 
cedfan de otras partes de America donde la cultura ha- 
bia echado mas ralces; pero como historiador y aun 
como naturalista tiene m6rito indisputable el P. Velasco, 
y los poetas, aunque por lo general de escaso uumen, 
prueban que habia Uegado bastante pronto d las regio- 
nes ecuatorianas el cambio de gusto. S6lo el P. Juan 
Bautista Aguirre, guayaquilefio, conserva resabios del 
conceptismo, 6 mis bien del equivoquismo de Gerardo 
Lobo y de Benegasi, y a juzgar por la linica poesia suya 
que hemos visto (las dScimas que compuso burlandose 
de Quito y elogiando d Guayaquil), mds bien debe ser 
puesto entre los copleros que entre los poetas formales, 
aunque no se le puede negar cierta gracia descriptiva, 
y 6sta no solamente en lo burlesco: 

Guayaquil, ciudad hermosa, 
De la America guirnalda, 
De tierra bella esmeralda, 
De la mar peria preciosa, 
Cuja costa poderosa 
Abriga tesoro tanto, 
Que con suavlsimo encanto, 
Entre ndcares divisa 
Congelado en bella risa, 
Lo que el alba vierte en llanto. 



XCVI 

TribiJtanIa con desvelo. 
Entre singula res modos, 
Lb tieira sas frutaa todos, 
Sub influencias el cielo: 
Hasta el mar, que con anhelo 
Soberbiamente levanta 
Su cristalina garginta 
Para tragarse esta perla, 
Deponiendo su ira al veria 
Le besa humilde ta planta. 

Los elementos dc intento 
Le miraa con Cal agrado, 
Que parece se ha formado 
De todos un elemenior 
Ni en rifagas brama elviento, 
Ni el fuego enciende calores, 
Ni en agua y tierra hay rigores; 

Y asi llega A dominar 

En tierra, aire, fuego y roar, 
Peces, avea, frutos, flores. 

Los rayos que al sol repasan 
AlU sus ardorea frustran, 
Pues son luces que la ilustran 

Y no incendios que la abrasan. 

Templados de esta man era 
Calor y fresco entre si, 
Hacen que floreica aill 
Una eterna primavera; 
Por lo cual, si la alta esfera 
Fuera capaz de desrelos, 
Tuviera, sin duda, celos 
De ver que en blasdn fecundo 
Abriga en su seno el mundo 
Este tro£o de los cielos. 



lyores alientos tuvo el P. Jos6 Or 
lamba, autor de un poema 6pico ei 
ctavas reales sobre La Conguista 
, que por primera vez di6 & luz el 
t ya citado sobre la poesla ecuato: 



erables 
:irse qi 
por su 
itrafalai 
>, que : 
el palac 
le corti. 
Menoi 

dispara 
6picos 
a a vec< 
jconoci 
)sde H 

dima dej 
:aciada pi 
o mis se 

a extranjc 

con ella 

nignaesti 

, que d< 
£.a Co 
) in^dit 
su librc 
semeja 
s expli 
I, que li 
De todi 
,va no ( 
IS p^sir 



Ill 

mano, 
:fa en 
r/amu 
■ que a 
iran mi 
filial a I 
>sas: 



ue quedai 

da, 

idida 

Tacidn 
lavida. 

de tod 
gusto 
Fraduji 
ro con 
ulcro a 
Ha de J 
prisioi 
quiera 
de ent 
en las i 
eneral 
escuid' 
•ece ha 
as y d 
ilidad, 1 



de Riobamba, el P. Ambrosio Larrea, 
etos no despreciables en castellano y 
res 6stos que aqiifiUos (l). Su herraano 
rrea versified i^nicamente en italiano. 
ill6n dej6 algunos versos latinos de 

mos apurado la Usta de esta brillante 
. Juan de Velasco hay que perdonarle 
iados e insulsos, 6 mds bien olvidarlos 
en consideraci6n a su veridica y noti- 
?/ reino de Quito , que es su verdadero 
miento de la posteridad. Basta citar al 
iS del P. Juan UUauri , del P. Jos6 Ga- 
dUs Crespo y el P. Juan Arteta , versi- 
y finalmente del P- Mariano Andrade, 
nee bastante sentido, despidi^ndose de 

a ciudad donde el cielo 
'> tod OS sus all A OS, 
>si plantase alii 

le transcribirse, sin embargo, un soneto castellano 



al sol la nube afea si le eocubre , 
I alba el llorar quita i las florei 
;rmoso8, vivfaimos co tores, 

mis agradibles loa descubre ; 

lluviae, mis frecuentea en Octubre, 
Dtan en el prado las verdores; 
tias el iaimiii crece en candotes 
osa de purpura se cubre; 
, oh Virgen belUsima, tu llanto, 

el Lieino locio de U aurora, 
tra solo el dolor, muestra el quebranto; 
o asf como el alba cuando Uora 

los ojos peregrino en canto, 



CI 

abe, pues, pairia mia, 
amantes suspiros. 
(ui^D te CDviara hasta el alma 
OS luspiros que envfol 
:lbelos, y si acaso 
leflo no bas conocido, 
endo turbado tu aire 
ceris que son mlos. 

cs mi dolor comoaquellOj 
le manda el albedrio, 
tan fonoso, que 
;l llanto sin arbitrio. 
s jqu^ mucho que asi sea, 

la causa por que gimo 
I lo inveacible llora 
ristes, mudos gemidos? 

I aquel eco preciso ' 
■epite el tronco 6 bronce 
gun duro goipe herido. 



persos una simpatica mezcla de mge- 
D que DOS hace lamentar la p^rdida de 
iiciones que sin duda escribirla el pa- 



debe la conservacion de todas las poeslas de jesuJtas 
el texto J de otras muchas de menos importancia 
recogidas por ^1 en una misceldnea en seis volume- 
ose El Ociosa de Ftunza. 

en 1819, ± la avanTadlsima edad de noventa y doi 
fiados i. un sobrino suyo, fueroa trasladados al Ecua- 
;to Larrea, en 1825. Despu^s de varias vicisitudes, 
)n deposilados en la Biblioteca Nacional de Quito, 
e Gaicia Moreno. Pero parece que en estos i!iltimos 
las tres liltimos volilmenea. Afortunadamente, las 
les hablan sido dadas i luz por el Sr. Mera en 1868. 
ntenidos en el ins. de Faenza son de jesuitas; hay 
tas seglares, entre los cuales se cilan un romance de 



Honda brecha abri6 la expulsidn de los j 
cultura literaria del Ecuador, que apenas te 
fesores de humanidades que aquellos Padr 
como en Nueva Granada, la influencia de 1; 
DCS de astr6nomos, geodestas y naturalisi 
vino ilevaotar el nivel de la cultura cie 
segunda mitad del siglo xviii, despertani 
tiempo cierta fermentaci6n del espfritu cri 
podia menos de ser precursora de otro g6n' 
dades. De 1735 a 1744, con objeto de d' 
verdadera magnitud y figura de la tierra, 
dida de algunos grades del meridiano tei 
taron las regiones equinocciales los sabi 
Godin, Bouguer, La Condamine y Jussieu 
Holes D. Jorge Juan y D. Antonio de Ull< 
signaron sus Observaciones astronomtcas 
un libro memorable. Quito di6 cinco dibujt 
pedici6n de Muds, y una especie de Mecer 
en la persona de D. Juan Pio Montiifar, 
SelvaAlegre, que habfa de ser, andando el 
de los principales miembros de la Junta re 
de 1809 y una de las primeras victimas de 
lias de los realistas. En i8or Humboldt y I 
gaban d Quito, ampliamente favorecidos poi 
de Carlos IV, para sus grandes estudios sol 
del globo y la Geografia de las plantas. P 
el inmortal neogranadino Caldas, a quien J 

un& Musa Quitense A las Sitle Palairas del Rtdentor en la 
ci6n burlesM A una dama de travieso gento, par u» ingenio 
Vid. en los Annies de la Univcrsidad Central del Ecuador ( 
un artlculo del Dr. D. Manuel M. P6Iit, sobre Poetas Ec 
glo .tvui. 



UD moQumento expiatorio, emprendfa un viajebotSnico 
al Ecuador, con ei principal objeto de estudiar en su 
terrene native las quinas de la provincia de Loja. «Se- 
bre este importante asunto (dice e! docto bi6grafe de 
Mutis) (i) escribi6 Caldas una Memoria llena de opor- 
tunas ebservacienes, y traz6 un piano geogrdfico para 
manifestar el estado de los montes donde crecen aquellos 
preciosos arbustos: comisionado per el presidente Ca- 
rondelet, recorri6 las mentafias de Malbucho, y delined 
y traz6 el camino que pretendia abrir desde la ciudad 
de Ibarra hasta el Paclfico aquel virtuoso magistrado. 
Rico en ciencia y abundanteinente provisto de un co- 
pioso herbario de plantas ecuatoriales, de pianos gee- 
gr4ficos y de preciosas observaciones, regres6 d Bogota, 
donde, a la muerte de Mutis, se le confid el cargo de 
director de la Expedicidn Botdnica.* 

No necesitaba mayores estfmules el ingenio vivo y 
agudo de los quitetios para dar brillante muestra de si, a 
pesar del embarazo de la falta de imprenta. En 1779 
empez6 A correr de mano en mano en la ciudad de 
Quito y luego en otras de America, no sin que algunas 
copias Uegaran 4 Espafia, un libro que agitd poderosa- 
mente la opinidn, con el tltulo de Nuevo Luciano 6 des- 
Pertador de ingenios. Su autor segufa resueltamente las 
huellas de Feijio y del famose arcediano de Evora 
Luis Antonio de Vernei, comunmente llamado el Bar- 
badinko, atacando de frente y sin contemplaciones ni 
miramiento alguno el vicioso m^todo de estudios que 



(i) Don Federico Gonzllez Suirei, Memoria HiUorica sebre Mutis y la 
uptdicUn iatanica de Bogoli en el siglo pasado {\-!%i-i%(ii) Quito, 1888, pi- 



ito 
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L 



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;icos, i 
1 Orat 
na lite 
atori Si 
"ugenit. 
'ciro m 

mala 
s jesuil 
to del 
as, aiii 

prefei 



1 



)tro poeta latino, y que no tenian en sus bibliotecas uir 
LonRino ni un Quintiliano. De aqui deduce que ignora- 
)an totalmente el alma de la Oratoria y de la Poesfa, 
:que consiste en la naturalidad, inoderacidtn y hermosura 
le imigenes vivas y afectos bien expresados*, y que, 
)or el contrario, prefeiian siempre lo brillante a lo s6- 
ido, lo metafisico a lo propio, lo faiperb61ico i lo natu- 
al, siendo sus autores favoritos en el Parnaso espafiol, 
/'illamediana y Bances Candamo, el portugues Antonio 
le Fonseca Soares (Fr. Antonio das Chagas) y un cierto 
). Luis Verdejo, autor de un poemagongorino sobre el 
mcrtficio de Ifigenia. Lo que asombra verdaderamente 

indica cuan d^bil era el sentido del arte en este refoi^ 
lador tan audaz, es que d rengl6n seguido de tales cen- 
uras, conceda la palma entre todos los poemas espafio- 
5S a la Farsalia de J^uregui (que ademds de ser una 
raducci6n, aunque parafrastica y valiente, es en el estilo 
an obscura, inex'ricable y culterana como el inismo 
^oli/emo), y 6 la Lima fundada del Dr. Peralta Bar- 
uevo, que fu6 sin duda un monstruo de erudici6n, pero 
ombre de muy escasas dotes po6ticas, y ademis con- 
eptista furibundo, grande amigo de sentencias siin^tri- 
as y de rebuscadas antltesis. 

El NuevQ Luciano, cualquiera que seasu valor intrin- 
eco, es (despues del Apologetico de Espinosa Medrano) 
\ mSs antigua obra de critica compuesta en la America 
spaflola. En tal concepto, y a titulo de cunosidad his- 
irica, era imposible omitirla (i). 

(i) Debo a mi amigo el eminente huraanista D. Miguel A.Caro copia de 
parte del Nutvo Luciano ref^rente d la Retorica y la Pocsla. El mismo se- 

or Caro me comunica las siguientes noticias acerca de una impugnacion 

lie se escrtbi6 en Lima: 



linico ni el principal hombre de 
xviri produjo en el Ecuador, El 
ya citado, hace patri6tica, aunque 
raci6n de algunos otros, y especial- 
aldonado, «una de esas almas raras 

jtorias para la impugnacUn del t-Nuaia Luciano 
Blancariio, y las dtdUa al Iltno. Sr. Dr. D. Bias 
iisfia de Quito, del Conseja de S. M. — En Lima, 

is bien que Memorias, debia haberse inlttulado 
r dividida en relate capitulos cortos. £1 autoi 
9 claro y sagaz Calcnto, pero imbuido en el es- 
plaba en Francia , atac6 en conjunCo J por su 
educacion, y en especial las metodos jesuiticos* 
que estaban poseidos los que se consideraban 
autor del Nuevo LuciaJio. En esta impugnacidn, 
a, hallamos algunos, aunque pocos, datos cu- 
autor impugnados. El Nuevo Luciano circuW 
junda publicaci6n (no impresiiSn) de aquella 
ires fingidos de »Dr. D. Javier de C(a, Ards- 
)iendo — afiade su impugnador^*en la Repii- 
to politico de Quito ningiin hombre honrado 
I. El Nuevo Luciano andaba en manos de todos. 
n — dice Blancardo — que se habia remttido a 
Hera impreso? ;Y acaso no hay quien diga que 
; la prensa, y que se le ha risto en los estudios 

mado la noticia de tal publicacidn que el an6- 

ada. Consti, si, por una carta de Espejo,que 

m obra A Madrid para que se imprimiese bajo 

impomanes. 

nacidn anuncia Blancardo una segunda parte, 

k escribirse. El Dr. Espejo respondi6 i la pri- 

ia blancardina, 6 conlestaciin d las Memorias de 

J el Ensayo de D. Pablo Herrera sobre la histo- 
ipaginas 8i-8fi, y 115-146. 
1888, se ban publicado, como follelin de El 
tses del Dr. Espejo y las Primteias de la eutlura 
ste periddico, un Dr. Antonio Marcos anuncia 



n^rito de estos homlw 
ede afladirse el del g 
Avila, fundador y orgj 
i N atural de Madrid, a 

colecciones adquirida 
; el grande agitador t 
im^rica fu6 el Dr. E: 
; en lo bueno y en lo 
tada generacibn, que 
& D. Jos6 Mejla, coir 
. Jos6 Joaquin de Olr 
faquil. Desde sus prii 
todos los diputados a 
uencia, y si su prem 
tantas esperanzas, seri 
le las glorias de nuesti 
ie nuestros diputados : 

ingenio y rica cultur 
rategia parlamentaria 
en medio de aquel con 

recuerdo de su pasi 
a que su iirma al pie 

aquel viaje no fn6 i: 
le su gusto ni para la 
es de hablar de ^1 y < 
reve par^ntesis para i 
ndependencia de i8o 
teninsulares y criollos 
en lo restante de Am 
Igo, dando ocasi6nd u 
IS de circunstancias, c 



aales ha formado interesante coleccibn el Sr. Mera 
or apeodice 4 la de Cantares del pueblo Ecuatoriano. 
^stos versos, como casi todos los de su clase, suelenser 
riviales, pedestres y chabacanos, asl en la forma como 
n el concepto; pero siempre lienen curiosidad hist6- 
ica como expresidn fiel de las opuestas pasiones que 
orainaron en ^pocas ya remotas. Abundan bastante las 
icimas y ovillejos de los realistas, y no es de suponer 
ue todos fuesen compuestos por espaOoles. La opini6n 
ubo de estar al principio rauy dividida, y sin la hirrida 
latanza del 2 de Agosto de 1810, quiza no hubiesen 
egado tan pronto las cosas al punto k que llegaron. Las 
oesias mas notables, entre las coleccionadas por el se- 
or Mera, son gritos de indignaciin despu^s de aquella 
atastrofe. Una de estas composiciones, con titulo de 
Zanto lUgubre, estl interpolada con textos de la Sa- 
rada Escritura, y no parece obra de poeta iliterato- 
["ampoco serian tales los que en otras composiciones 
mplean endecasflabos, y aun estrofas saficas. S6I0 en 
u condici6n de an6nimos pueden pasar por versifica- 
ores populares. Por sus iraprovlsaciones alcanzaron 
ima cuatro hermanos de Riobamba, D. Juan, D. Be- 
igno, D. Fortunato y D. Lucas Larrea;y algunas de las 
^cimas y letrillas satiricas que se les atribuyen, no ca- 
2cen de gracia y expresan el desencanto que se apo- 
er6 del animo de muchos patriotas en vista de las ca- 
iniidades que siguieron a la Independencia. 
Y con esto llegamos d la presencia del cantor de Jo- 
in, de quien no parece facil decir nada nuevo, despu^s 
e los excelentesy maduros fallos que sobre sus versos 
an formulado tantos y tan excelentes crfticos, entre 
js cuales merecen la palma D. Miguel Antonio Caro y 



CXI 



D. Manuel Cafiete. Olmedo es, sin contradicci6n , uno 
de los tres 6 cuatro grandes poetas del mundo araeri- 
cano: no falta quien le d6 la primacla sobre todos, y, 
dentro de cierto g6nero y estilo, no hay duda que la 
merece.Uello es mas perfecto y puro, mds acrisolado 
de diccidn, mayor humanista y de arte mds exquisito: 
Heredia mas apasionado y tambi6n mds espontaneo, 
pero Ueno de tropiezos y desigualdades cuando no acierta 
soberanamente. Si al cantor de la Zona Tdrrida fu6 con- 
cedida la ciencia profunda de la diccion y al poeta del 
Niagara la contemplaci6n melanc6lica y apasionada, Ol- 
medo tuvo, en mayor grado que ninguno de ellos, la 
grandilocuencia lirica, el verbo pindarico, la continua 
efervescencia del estro varonil y numeroso, el arte de 
las imigenes espl6ndidas y de los metros resonantes, 
que a la par hinchen el oldo y pueblan de visiones lu- 
minosas la fantasIajEl os magna sonaturum de Hora- 
cio parece inventado para poetas como Quintana y Ol- 
medo. 

Con decir que Olmedo es el Quintana americano, todo 
espaflol, aun sin haber leido los versos del vate del Gua- 
yas, puede formarse cabal idea de sus perfecciones y 
tambi^n de sus defectos. El enfasis oratorio, transpor- 
tado a los dominios de la poesfa Ifrica, puede dejarnos 
frios hoy d los que no participamos, sino tibiamente, de 
aquella explosidn de afectos que fu6 en su tiempo ener- 
gica y sincera; pero ic6mo negar que en aquella forma 
grande y majestuosa se alberga un numen poetico, 
digno habitador de tan solemne templo? Si no se leen 
los versos con los ojos de la historia, icuan pocos versos 
habrd que sobrevivan! Y no porque les falte belleza, 
sino porque son rarfsimas en arte aquellas bellezas evi* 



I 



no requii 
presencia 
el arte Ilr 
en algo y 
;n algo y 
de tiempo 
s de escu 
is 6 menc 
1 el desint 
la mis efi< 
[usto excli 
en las fori 
la educaci 
ias de po 
o general 
ilo y dand 
10 obstant 
aci6n deli1 
'eco-latina 
nente mot 
:orto revc 
3te g^nero 
ntida, teni 
Clones, ha 
ci6n viva, ■ 
esto que 1 
testimonio 
lict6 la od: 
to d ^unh 
ntos viera ■ 
rantes, la 
) hay siglc 




'] 



de poesf a, y el mismo siglo x viii , tan prosaico en apa- 
riencia, tuvo, ya pr6ximo a expirar en medio de la tor- 
menta revolucionaria, una explosi6n magnlfica de can* 
tores de su ideal filantrdpico, en Alemania, en Inglate* 
rra, en Italia, en Espafia. Limit^ndonos a nuestra len- 
gua, Mel^ndez, aunque timidamente, y Cienfuegos, si 
bien de un modo incorrecto y nebuloso, abrieron el ca- 
mino a la potente musa de Quintana y 4 la mas severa 
y disciplinada, si menos genial y fecunda, de D. Juan 
Nicasio Gallego. Equidistante de uno y otro, como ter- 
cer luminar de la escuela, hay que poner d Olmedo, aun 
mis avaro que Gallego en la producci6n, nimio 4 veces 
como 6\ en la cultura de los detalles si bien no Uega a 
su perfecci6n sostenida, 6mulo suyo en la variedad de 
tones y en el concierto de luces y sombras, ya impe- 
tuoso y arrebatado, ya apacible y ameno,pero sobre 
todo Ueno de fdrvida animaci6n en el conjunto. 

Recibi6 Olmedo en las aulas de San Marcos de Lima 
educaci6n enteramente clasica, que robusteci6 luego 
con el estudio privado, y seguramente con el trato de 
los principales poetas espafiole^ durante su residencia 
en Cidiz. Estaba penetrado, empapado, digamoslo asf, 
de la poesia antigua, y sin querer se le venlan a la mente 
y i la pluma recuerdos d6 sus lecturas favoritas. No los 
buscaba trabajosamente, sino que por si mismos Uega- 
ban d incrustarse en sus cantos^ y por eso todo lo que 
traduce 6 imita conserva en 61 tanta frescura y tanta ju- 
ventud. No esun centon, no es un mosaico el Canto de 
yunfn, aunque este lleno de reminiscencias antiguas 
que son como piedras arrancadas de los monumentos de 
Grecia y Roma para labrar con ellas el monumento de 
un h^roe moderno, 

tOHO XIX. h 






CXIV 



X \ 



Plndaro atnericano se ha llamado d Olmedo, como 
Pindar espanol a Quintana; pero conviene entenderse 
sobre esto. La poesfa pindarica, en sus caracteres for- 
males, enlazada con una indsica que casi desconocemos, 
ligada a juegos y fiestas cuyo sentido hemos perdido, 
escrita en un ritmo que a duras penas percibimos, Uena 
de digresiones mitol6gicas, geneal6gicas y arqueologi- 
cas muy interesantes para el triunfador de OHmpia 6 
de Nemea y para sus parientes y conciudadanos, pero 
que son para nosotros letra muerta sin el auxilio del co- 
mentario, es manjar de helenistas muy curtidos, pero no 
es imitable en lenguas modernas. Desde la infeliz tenta- 
tiva de Ronsard y ^xxpleyade francesa del siglo xvi, hasta 
el italiano Filicaia y el portugu6s Antonio Diniz^los 
fracasos ban sido tantos como los ensayos. Lo que hay 
que tomar de Plndaro no es lo material y exterior, no 
son las divagaciones ni el plan aparentemente desco- 
sido, no es la divisi6n en estrofas, antistrofas y 6podos 
(como lo hizo alguna vez nuestro inmortal Quevedo,de 
quien todavfa persiste en la Biblioteca Nacional el ejem- 
plar griego que le servia para tal estudio), sino el alma 
llrica, la solemne y religiosa elevaci6n del pensamiento 
que transforma la victoria de un dla, el caso humano 
particular y transitorio, el certamen del piigil 6 del con- 
ductor de carros, en materia ideal de altisima contem- 
placion sobre el destino humano (iniciaci6n la mas su- 
blime que los misterios eleusinos podlan transraitir d 
sus adeptos, y sin duda la mas pura que conoci6 lagen- 
tilidad); la cadena de oro con que el llrico tebano liga 
todas las cosas humanas y divinas, y, finalmente, la 
devoci6n patri^tica y dom6stica que en sus metros lo 
ennoblece y transfigura todo. La forma de Pindaro es 



cxv 

ya inasequible, su estudio pura materia de recdndita 
erudici6n, pero el esplritu de Pindaro .. continfia vo- 
lando sobre las frentes de todos los grandes liricos dig- 
nos de este nombre, y suelen encontrarle mds los que 
menos le buscan. Fr. Luis de Le6n, que en su hermosa 
traducci6n de la Olitnpiaca primera fij6 para siempre 
la Anica forma de adaptaci6n castellana en que Pindaro 
cabe, se guardd mucbo de imitarle en sus odas origina- 
les; y Herrera, que no acert6 i ser pindarico la linica 
vez que se le ocurrid ensayar la imitaci6n directa, re- 
sult6 poeta de la familia de Pindaro, y aun 6mulo suyo, 
en sus dos canciones bfblicas, en que la inspiraci6n y 
basta las palabras no bajan del Citherdn^ sino del Sinaf. 
Quintana tambidn (aunque por muy distinto rumbo 
como amamantado i, los pechos de la Enciclopedia, y 
no a los de la Biblia), fu^ pindarico en la sustancia ya 
que no en el modo, gran poeta social^ int6rprete de 
ideas y sentimientos trascendentales d su siglo y d su 
pueblo. Y si como poeta belico tiene mds afinidad con 
Tirteo, cuya lira 61 querfa desenterrar para lanzar por 
los campos castellanos los ecos de la gloria y de la gue- 
rrUy tampoco aparta nunca de su memoria, como ideal 
de altfsima poesia lirica, 

A ti, divino Pfndaro, que elevas 
En tu atrevido acento 
Con tu nombre clarisimo el de Tebas. 

Este mismo g6nero de pindarismo hay en Olmedo, 
del cual no sabemos que fuera helenista, pero que de to- 
das suertes acert6 d compendiar en una magnlfica estan- 
cia los caracteres mds brillantes, si no los mas profun- 



dos, de la musa pindarica, tal como 61 la ci 
aspiraba A emuiarla : 

Tal en los siglos de virtud j gloria, 
Cuando el guerrero s61o j el poeta 
Eran dignos de hoDor f de metnoria, 
La musa audaz de Plndaro divino, 
Cual iotripido alleta, 
En iamortal porlla 
Al griego ealadio concurrir solla, 
T en estro hirviendo y en amor de fama, 

Y del metroy del numero impaciente, 
Pulsa su lira de oro sonorosa, 

Y alto asiento concede entre los dioses 
Al que fuera en la lid tnia victorioso 
O al mas sfortunado; 

Pero luego, envidiosa 
De k inmortalidad que les ha dado, 
Ciega se Unia al circo polvoroso, 
Lag alai rapidlsimas agila, 

Y al carro vcncedor se prccipita, 
T desatando armboicos raudales, 
Pide, disputa, gana, 

O arrebata la pal ma d sus ri vales. 

Pero si en cuanto al vuelo y al tono general 
puede calificarse el Canto d Bolivar de pinda 
sentido en que apHcamos esta denominaciin 
de Herrera y de Quintana, para distinguirlas < 
racianas aclimatadas en nuestro parnaso poi 
he6n, en los detalles hay mucho mas de He 
Virgilio, y aun de otros poetas latinos, que de 
de Homero 6 de cualquier otro poeta griego, p 
que el poeta invoque el numen de la Iliada, 



e trompa que otro tiempo 
Cantaba al crudo Matte eatre los traces,' 
Bien animando las tcrribles haces, 
Bien los fieros caballos que la lumbre 
De la egida de Palas espantaba. 



. t 



rxvir 

; Es ciertd que no puede darse cosa mis lejana de la 
perviosa cohcis]6n de Horacio y de sus mis felices imi-* 
tadores, que el plan y estilo del Canto de J^untn. lA qu6 
poeta verdaderamente horaciano se le hubiera ocurrido 
hacer un canto lirico de tan colosales dimensiones? Pero 
en este poema, tan distante de la manera Ifrica de Ho- 
racio si se le mira en conjunto, abundan extraordinaria- 
mente los fragmentos de obras del poeta latino, comen-» 
zando por los primeros- versos y acabando por los 
ultimos. 

£1 trueno horrendo que en fragor revienta, 
Y sordo retumbando se dilata 
Por la inflamada esfera, ' 
Al Dios anuncia que en el cielo impera..... 

trae en seguida i la memoria el Ccelo Tonantem ere- 
dtdimus yovetn regnare (oda 5.', lib. in), y,d la. ver- 
dad resulta un trueno demasiado estrepitoso para Sim6n 
Bolivar, que con toda su innegable grandeza, no parece 
bastante personaje para compartir con Jove el imperio 
del mundo, como d los ojos de un poeta romano (acos- 
tumbrado, aderads, como gentil, i este gdnero de apo- 
teosis), podia parecerlo Augusto, duefio de todo el orbe 
entonces conocido. Hay, sin duda, exceso de hip6rbole 
y de ^nfasis, como le hay, aunque mis tolerable, en 11a- 
mar i Bolivar, copiando (sin duda por reminiscencia 
involuntaria) un verso de Quevedo, 

Arbitro de la paz 7 de la guerra. 

El bello final del Canto : 

Mas ^cual audacia te elev6 A los cielos, 

Humilde Musa mia? lOh! No reveles — - ' • 

A los seres mortales 

En d^il canto arcanos celestiales 



na & cosa conocida i quien guarda 
da 3> del libro iii de Horacio, alU h 

Non hsc jocoue coaveniunt lyne : 
Quo, Muu, tendis? Desine pervicax 
Referre aerinoDBi Deorum, et 
Magna modis teauare parris. 

>e la misDia manera, en el centro de 
parecen el Crescit occulio veiutarbor^ 
, el Serus in caelum redeasi 

Tarde a] Olimpo el vuelo arrebatarei..„ 

ella matribus detestata : 

.•~. las guerrassanguinosag 
Que miraacon horror madres y esposa 

nicat inter omnes: 

T i todos loi guerreroi 
Como el tol i. lot astro* ot»curece._.. 

lioHy Hion, fatalis incestusque judex ; 

Un iDsoloDteyvil aveDturero 
Y un iracundoiacerdote fueron 
De un poderoio rey lo> asesinos..... 

>daT{a podrla ampliarse el nAmero de 
tan obvias, y en su mayor parte adve 
manos Araunategui , por Caro y poi 
pectivos trabajos sobre Olmedo (i). 



) De la Iliada tomd Olmedo aqu«lla sublime resp 



rw-9 -■ ■— 



V 



cxiz 



Tarabien la segunda de las grandes composiciones ll- 
ricas de Ohnedo (y por la constante perfecci6n de la 
forma quiza la primera), la oda A I general Flores^ ven^ 
cedor en Mifiarica^ empieza con versos horacianos, 
como si fuera habito en Olmedo abrir su Horacio y ro- 
bar como en religioso sacrificio un rayo de aquella 
lumbre, siempre que emprendia algiin trabajo lirico. 
El aguila del Qualem ministrum fulminis alttem^ la 
que habia arrebatado en sus alas, subjim^ndole mucho 
sobre su nivel ordinario , al dulce Mel^ndez para que 
cantase la gloria de las artes, es la misma que se levanta 
con tan majestuoso vuelo enlasdosprimerasmagnificas 
estrofas del Canto de Minarica : 



Cual aguila inexperta que impelida 
Del regio instinto de su estirpe clara, 
Emprende el precoz vuelo, 
En atrevido ensayo, 

Y elevandose ufana, envanecida, 
Sobre las nubes que atormenta el rayo. 
No en el peligro de su ardor repara, 

Y & su ambicioso anhelo 
Estrecha viene la mitad del cielo; 
Mas de improviso deslumbrada, ciega, 
Sin saber d6nde va, pierde el aliento, 

Y d la merced del vie n to 

Ya su destino y su salud entrega, 
O, por su solo peso descendiendo, 
Se encuentra por acaso 
En medio de la selva conocida, 

Y alH, la luz huyendo, se guarece , 

Y de fatiga y de pavor v^ncida, 
Renunciando al imperio, desfallece 



nujor aguero es pelear por su tierra»^ para convertirla en estos dos versos 
puestos ea boca de Bolivar : 

Pues lidiar con valor y por la pttria 
£& el xnejor presagio de victoria. 



:on tal amplitud y t^ se 
ijeno, equivale ciertami 

jminiscepcias de Virgili 
el Canto d Bolivar, ni 



igtiH de miraria, 
L,ingcDiuitquerep«rU, 

lo en el Canto dc MiA 
pero quizi d trav^s de 
gicas tarabi^n, la descri 
:dieron d la batalla. 
;, en el coro de las Vfr 
Victoria de ^unin, un r 
i6n de Lucrecio, pero 
ediata en una oda de \i 
das y endebles de Quii 

1TANA. 

I em plea 
da; 

() y se hermosea. 
I auguato velo 
oncierto amigo, 



s quenotarisinadrej 
lecturade Horacio, todavla » 



lujetd el poitrero. 



CIXI, 

ixtiende su brilUnte vuelo. 
loi templos el incienso humea, 
lusai iti diviDO ^cento 
mto ear Ian, 
ito el mar rodea, 
) ilustra el sol y (jira el viento, 
su bientos pueblos fiaa. 



OLMEDO. 

:] jOh claro soil No desampares 
^jamils, ni estos altares. 

ardor todos las seres 
reproduce; por ti Tivcn 
salud, placer, beldad reciben, 

ioh Solltutierra 
es repara de la guerra. 
lestros campos fmtos abundosos, 
iegues el brilto i los metales: 
i los puertos, 
los destertos, 
as victoria, 
nio 7 i las musas gloria. 

1 es indudablemente superior al ori- 
a del todo sus huellas. «De la escuela 
:on raz6n Caro) aprendi6 Olmedo el 
y asociar las ideas, la selecta elocu- 
iros sinuosos y gallardo movimiento 
mis? Hasta el americanismo de 01- 
ciones contra la conquista, la filan- 

que informa todo el razonamiento 
prototipoen XzoAz A la fropagacidn 

el ap6strofe h la virgen America y 
sighs infelices de amarga expiacidn, 
aparece, lo mismo en las proclamas 
la JuDta central que en las de las 



1 



urrectas de America, porque QuintaDa, a des- 
su fervoroso patriotismo, fii6 inspirador y 
o s6lo literario, sino politico, de los america- 
puede decirse que coDtiniia si6ndoIo. 
didad hay en Olmedo que falta de todo punto 
a; el sentimiento y amor de la naturaleza. 
lo la sentia ni poco ni mucbo: testigo su oda 
ue no es sino un himno soberbio a la audacia 
e que le surca, 6 su tpistola A Cien/uegos, en 
onvidar a su amigo a gozar de los encantos 
campestre tiene que invocar la sombra de 
acordarse de sus idilios. No asi Olmedo, que 
do i su cuadro 6pico el espl6ndido paisaje de 
americanas, con toques muy sobrios, pero 
unos y muy felices, con cierta grandiosidad 
lue los bace tan imborrables de la memoria 
Taciosas miniaturas de Belle. iQui^nolvidara 
indo una vez ban pasado por delante de la 
iscitados por el arte mSgico del poeta, 



Que ven las tempestades i su pbnta 
Brillar, nigir, romperse, disiparse t 



quel rapidlsimo crepiisculo vespertine de la 



El Dios ola 
Los votos de su pueblo, y de su freote 
El cerco de diamaotes tlesceQla; 
En fugaz rayo el horizonte dora; 
£it mayor disco nt^nos luz ofreee, 
Y velo£ tras los Andes se obscurece? 






CXXIII 

£1 penultimo verso es admirable de verdad ffsica y de 
verdad po6tica. 

De esta virtud descriptiva suya se sirvid Olmedo con 
macha habilidad y mucho arte para suavizar el rudo 
empuje de su carro marcial, que en pieza tan larga como 
el Canto de yunin^ hubiera resultado fatigoso. Aquella 
pl^cida brisa 

de las risuefias playas 
Que manso lame el caudaloso Guayas 

yiene de vez £n cuando d atravesar el campo de batalla, 
oreando el vapor de la sangre; y por si sola era una no- 
vedad en la escuela & que Olmedo pertenecfa. Y no lo 
es menos <el bosque de naranjos y opacos tamarindos»y 
«el trono piramidal y alta corona de la pifla» , y otros 
rasgos de grato sabor local que lucen y se destacan mds, 
por lo mismo que est&n distribufdos con tan sabia par- 
simonia. 

Considerado como estilista y como versificador, Ol- 
medo tiene de todo, y dista mucho de la intachable pu- 
reza de Bello. Es cierto que no abusa ni de los arcais- 
mos ni de los neologismos, y habia en general una len- 
gua abundante y sana, pero no rehuye los epitetos 
gastados, la adjetivaci6n parisita, lo que pudidramos 
Uamar la ohrti tnturta del estilo portico. Hay mucho 
de lira sonorosa^ hondo valle^ negro averno^ inflamada 
esfera^ trueno horrendo^ dguila caudal^ cor eel impe- 
tuoso^ alazdn fogoso^ mar undoso^ y demds moneda de 
cobre con que saldaban sus cuentas los versificadores 
cl^sicos del siglo xviii y sus imitadores del presente. 
£n este punto flaco se parece tambidn a Quintana, que 
rara vez brilla por el genio de la invenci6n pintoresca, 



an, por ejemplo, Bello y 
ly que concedirsele en m 
aunque no le tuviera conti 
□que esta minuciosa labor i 
nera vista muy compatible ( 
itinuo, que es el alma de su 
citar, y que es, dmijuici 
(a de y^unin, aunque no si 
□ la larga corriente de ui 
magnlfico y admirablemet 
icuatro versos, un gran niii 
la vivacidad y por el atrei 

si el poeta hubiera querid 
le de sus fuerzas, aun en ac 
nos inclinado. Tildaban los 
eztiela y Colombia de blar 
lilicia peruana, que, sin em 
: si en Junin t las 6rdenes d 
, que como hijo de Guayaq 
jano, toma sobre sf la vin( 
tes delicados, 

Entre stday arcmas arniliados, 

as sflabas parece que res; 
para mostrar c6mo habiai 

Los dulces tazos de jazmin y rosa 
Con que amor j placer los eDredab 

1 asombrosa comparaci6n: 

Tal el joven Aquiles, 
Que en infame disfraz j en ocio bla 
De languidos suspiros. 




CX3^ 

Los d^tinos de Grecia dilatando, 
Vive cautivo en la beldad de Sciros; 
Los ojoi pace (i) en el vistoso alarde 
De arreos y d^ galas femeniles 
Que de, India y Tiro y Menfis opulenta 
Curhsos mercadfintes le encarecen : 
Mas a su vista apenas resplandecen 
Pav6s, espada y yelmo, que entre gasas 
£1 Ithacense astuto le presenta ; 

Pdsmase ^ se recobra, y con violenta 

Mano el templado acero arrebatando, 
Rasga y arroja las indignas tocas^ 
Parte, traspasa el mar, y en la troyana 
Arena, muerte, asolaci6n, espanto, 

Difiinde por doquier: todo le cede 

Aun H6ctor retrocede 

Y cae al fin; y en derredor tres veces 
Su sangriento cadaver profiuiado, 
Al veloz carro atado 
Del vencedor inexorable y duro, 
£1 polvo barre del sagrado muro. 

El que de este modo escribia, graduando y adaptando 
i los matices de la idea el movimiento de la frase po6- 
tica, acelerindola 6 retarddndola como artista consu- 
mado, merecia haber alcanzado la perfecci6n continua; 
pero es cierto que se qued6 muy lejos de ella. Olmedo 
adolece de la desigualdad propia de todos los poetas 
americanos, desigualdad de que ni el mismo Bello se 
libra en la infeliclsima parte segunda de su Alocuctdn d 
la poesia. No hay en La Victoria de J^unin versos mal 
construfdos; porque Olmedo tenfa excelente oldo; pero 
hay, sobre todo en el razonamiento del Inca, versos ^ 

prosaicosy desgarbados, pedestres, indignos del lenguaje 
de las MusaSi y son, por castigo providencial, todos 



(i) Ocidos pascit^ latinisipo que sonaria mal en otra parte, aqui natural!- 
timo y muy en laentonaci6n general de este cuadro virgilianOt 



que el autor se desata en iojurias contra los 
res espafloles: 

|Si ellos fueron eitApidoi, vicio»09, 
Ferocei, y, por fin, supersticiosos. 



Sangre, plomo Tetos, cadeoas fueron 
Los sacramentos sanlos que trajeronl..., 



ras miserables aleluyas (que prueban que lo 
• sale siempre mal dicho) estropean la obra 
Imedo, no menos que las frecuentes asonan- 
as y el abuso de las rimas verbales. Pero ubi 
no debe lacritica formal detenerse en tales 
que entregamos desde luego ^ la voracidad 
ites. Por otra parte, aunque en el Canto de 
I lasmayores bellezas po^ticas que produjo 
igualdad y correcci6n de estilole aventajan 
s suyas, sobre todo la traducci6n de la pri- 
■a de Pope y el Canto de Minarica. Olmedo 
uy despacio, con grandes descansos e inter- 
' mientras duraba el fervor de la composi- 
sus versos con todo el buen gusto que podia 
! un huinanista tan cabal; pero despu6s de 
Itimo verso, le entraba incurable pereza y 
sus poesfas sin retocarlas casi nunca. 
:do, por temperamento d porfalta de volun- 
mcia, sobremanera infecundo. No es volu- 
>lecci6n de Quintan'a ; pero de las poeslas 
itivamente reunid en 1813 no hay una sola 
echazarse, y hay por lo menos nueve 6 diez 
mundo calificara de obras maestras, dentro 
a y ginero: Padilla, La Vacuna, La Im- 
Pante6n del Escorial, Trafalgar, las dos 



r 



odas patri6ticas de 1808, La Hermosura, La Dan 
la epistola A jfovellanosy y aun convendria afiadir 
guna de las escritas posteriormente. El mismo D. Ji 
Nicasio, que con tan pcqueDo eqnipaje ha Uegado : 
posteridad, tiene, ademis de su tragedia y de sus ver 
ligeros, siete grandes composiciones entre odas y ( 
glas, que no pueden faltar en ninguna coleccidn sele( 
Bello compensa la escasez de poesfas originales cor 
niimero, variedad y primor de sus traducciones. De 
dos los poetas clisicos de nuestro siglo, Olmedo es qu 
el unico que k duras penas puede dar materia para 
pequefiisimo volumen. Entre buenas y malas, larga 
cortas (una de ellas tiene tres versos), traducidas y ( 
ginales, ensayos de la primera mocedad y tardlos co 
tos de la vejez, apenas llegan a veinte las composicioi 
suyas que ha podido recoger la diligencia de sus apa: 
nados, ni hay esperanza de encontrar mis, porque p 
bablemente no existieron nunca. Aun de 6stas hay ( 
descartar mis de la mitad por endebles 6 insignific 
tes: versos de album, unadesdichadaalocuci6nrecitJ 
per una actriz en el teatro de Guayaquil, el romai 
poco chistoso del Retrato, el Alfabeto moral para 
niDos, dos breves traducciones, una de La Nave, 
Horacio, y otra de un fragmento del Anti-Lucre 
la Canci6n Indiana, que estd sacada de Atala. 
soneto En la muerte de mi hermana no esta libre 
tachas, pero tiene este soberbio ap6strofe que no es p 
olvidado: 

Yo no te la pedt. Qu6, jes por veatura 
Crear por destruir, placer divino, 
6 es de tanta virtud indigno el sueloF 



Dime, jfaltabaeste iugel & tucielo? 



cartado todo lo secundano, viene & 
I repertorio portico de Olmedo d dc 
su juventud: la Elegia en la tnuerte ■ 
Marta Antonia de Borbdn (l8o 
08), y d cuatro magistrales poemas d 
a Siiva d un amigo en el nacimient 
(1817), La victoria de ^unin (182 
al Plores, y la traducci6n de las 
as del Ensayo de Pope sobre el h 
imente los versos no se estiman po 
el peso, y aun con el solo Canto & 
seria el mismo gran poeta que cot 
3esfas juveniles estan escritas cod 
id de estilo (especialmeote El At. 
tnservarse, no s61o por el curioso cc 
usiasmo mondrquico y espafiol qu 
irece sincero), y la posterior exalta< 
le su autor maldijo el nombre de Es 
ler llamado dioses y padres a sus re; 
)undan en hermosos versos y pres( 
T caracterizada la manera del poeta, 
; imagenes que aprovech6 y mejor6 



I iiitroducci6n de El Arbol pasd i ser parte de I 
Bolivar. Habia dicbo Olmedo en 1808: 

AquI mi alma desea 
Venir i meditai: de aqul mi miua, 
Desplegaado bus alas vagarosat, 
Por el aire lutil teiiderl el vuelo; 
Ya cual fugaz y bella mariposa 
Per 1> selva florida 

Iri CD po9 dc un cUvel A de una rasa; 
Ya, cual paloma blanda y laitimera, 
Iri i Chipre i, buscar su cotiip^Iiera; ' 
Ya, coal fprta. atrevida, 



CXXIX 



rev6s de lo que acontece con Bello, en cuyas primeras 
poesiaS} sobre todo en el canto gratulatorio i, Carlos IV, 
nadie podria adivinar al futuro autor de las Stlvas atne-r 
rtcanasj Olmedo tuvo desde el principio el 6nfasis so- 
lemne y la arrogancia lirica que le caracterizaron siem- 
pre. Cuando en 1807 decfa de Espafia: 



Traspasari los mares, 

Veri todos los reinos y lugares; 

O, cual iguila audaz, alzard e^ vuelo 

Hasta el remoto y estrellado cielo. 

T en 1824 escribi6, superandose incomparablemente k si mismo; quo 
tanto pueden el estudio y la lima: 

Siento unas veces la rebelde Musa 
Cual Bacante en furor vagar incierta 
Por medio de las plazas bulliciosaSi 
P sola por las selvas silenciosas, 
O las risuefias playas 
Que manso lame el caudaloso Guayas; 
Otras el vuelo arrebatado tiende 
Sobre los montes, y de alii desciende 
Al campo de Junln..... 

Puede decirse que Olmedo, como Bello, estaba continuamente asediado 
por las reminisceacias de sus propios versos y de los ajenos. Las tiene 
hasta de poetas obscuros y olvidados. Asi estos versos del Canto de Mifiarica: 

Asi cuando una nube repentina 
Enluta el cielo cuando el sol declina..... 

parecen un eco de aquellos otros de Sinchez Barbero en la bella EUgia d la 
muerU de la Dupiesa de Alba: 

Asi cuando una nube tormentosa 
En el Oriente cirdeno aparece..... 

Cot^jense ambas estancias, y se verd que la semejanza contini&a. Si Sinchez 
Barbero habla de 

Torrentes que d porffa 

Chozas, rebafios, v^as, arrebatan...,* 

Olmedo escribe, esta vez con menos numen: 

Y entre tantos horrores 

Vagan, tiemblan y caen confundidoB 

GanadoB y cabafias y pastor^..<^ 



ata^x 



Sfi SU8 d^biles hombros ya ni puede 
Sostener el cadaver de su gloria 

y liamaba a los males y dolores 

Soldados indolentes que militan 

Bajo el pend6n sombrk) de la muerte 

podfa perfeccionar sin duda su educacidn y estilo, pero 
habia encontrado ya su instrumento. 

El resplandor vivisimo del Canto dc yunin ha perju- 
dicado sin raz6n i otfas felices inspiraciones de Olmedo, 
dejandolas en la penumbra. No obstante, asf era forzoso 
que sucediese, porque el Canto y ademas de su valor in- 
trlnseco y de presentar reunidas en un solo alarde todas 
las fuerzas del poeta, participa de la celebridad hist6rica 
del grande acontecimiento que conmemora, y vivird 
cuanto viva en los fastos de America el nombre de 
Sim6n Bolivar, del cual fue la mas espl6ndida corona. 
Infinitos versos produjo el patriotismo americano de 
aquella era, pero apenas merecen vivir otros que los de 
este canto, y son los dnicos tambi^n que la madre Es- 
pafla puede perdonar, porque se escribieron en su tra- 
dicional y magnifica lengua podtica, aunque no se es- 
cribiesen con su espiritu. 

Harto hemos dicho de este famoso poeraa al apuntar 
los caracteres del genio lirico de Olmedo. Ahora pro* 
cede afiadir algo acerca de los primores y defectos de 
su plan y composici6n, respecto de lo cual ^quiin lo 
diria? el juez mas severo y no el menos atinado fu6 el 
mismo Libertador Bolfvar, en cuyo obsequio se escribi6 
el canto. 

Poseemos afortunadamente la correspondencia que 
medi6 entre Olmedo y su Aquiles, mientras el Canto de 




■w? 



CXXXI 



^fimin iba componi^ndose. Si conoci6semos de igual 
modo la genesis de cada una de las obras maestras, mu- 
cho adelantaria la critica historico-literaria. Publicados 
estos preciosos documeotos por el Sr. Caro y reprodu- 
cidos en su mayor parte par el Sr. Cafiete, nos es dado 
asistir dfa por dia a la elaboracidn del bimno triunfal, y 
ver c6mo el hierro al salir de la fragua iba depur^ndose 
de las escorias. Olmedo, fiel en todo a las procedimien- 
tos de la escuela de Quintana, empieza por trazar en 
prosa el plan de su Canto; los versos vienen despues; y 
sucesiva y lentamente va trabajando cada una de las 
partes; borra, rompe, enmienda, y s6lo al cabo de cinco 
meses da por terminada su obra, y remite una copia al 
Libertador. 

El Canto tenia m^s de 800 versos, y 6ste es quiza su 
defecto capital y la razdn de sus desigualdades. No fal- 
tara quien se niegue a Uamarle oda^ pero el norabre y la 
clasificaci6n tdcnica importan poco: mas larga es la 
Pitica IVde Pindaro, habida cuenta de la diferencia de 
concisi6n entre las lenguas clasicas y las modernas. El 
trabajo de Olmedo es propiamente lo que los italianos 
Ilaman un carme^ un poema corto, mixto aqui de Ifrico 
y 6pico, como las Silvas de Bello son mezcla de lo llrico 
y lo didactico. El tono que domina en el vate del Gua- 
yas es la efervescencia del rapto pinddrico, pero con 61 
alternan largas y precisas narraciones de los sangrientos 
cboques de Junin y Ayacucho, sin omitir rasgos de es- 
fuerzo individual, nombres de jefes y oficiales. No se 
tenga, sin embargo, por hibrida y monstruosa tal com- 
biiiaci6n de elementos llricos y narrativos, que es por el 
contrario frecuentisima en los mas cUsicos maestros; la 
ya citada Pitica /F'contiene un largo relato de la expe- 



s Argonautas; y aun Horac: 
Bstrecho de sus odas, encuei 
lente narrados en tono que 
Qticos pudifiramos decir de > 
y su llegada a Creta poteD 
parricidio de las hijas de D 
Jalamina y el razonamiento • 
^mpaQeros exhortandoles a 

se mostraba Olmedo tan fi< 
imente cl^sicos, tampoco se 
por la supuesta infraccidii d' 
. creldo notar muchos crlti 
cese & la aplicaci6n de un 
: Victoria de Junin, que n^ 
► el tema de la coraposicid 
■>livar, y nada habra que r 
□nente lo que allf se canta en 
ni Ayacucho ni otra ninguna 
I de ellas sea causa ocasiona 
el conjunto de todas las era 
n suprema en la epopeya am 
rmina con su entrada triunfa 
las Virgenes del Sol que ce! 
jaz y auguran todo g^nero d 
epilblica. Ni Junin ni Ayat 
staban al poeta para su inten 
a brillante carga de caball 
hizo el ejircito realista, y qi 
idido del £xito de la guerra 
ci6n decisiva, pero en Aya( 
bia prestado su rayo al j'ovt 



Olmedo. Pero aunque en Ayacucho 
de Sucre, lo que moralmente triunfd 
Bolivar, y esto ni & Olmedo ni A ningfin 
; su tiempo habia de oculUrsele. Sucre 
roe del canto, aunque fuese el triunfa- 
a. Habia que enlazar las dos victorias, 
le Olmedo realizd, con mds 6 menos 
edios, pero sin contravenir de modo 
i del pensamiento de su obra. 
amente podia ser mds nuevo & inge- 
lay que dar la raz6n d los criticos- Re- 
mina de las m^s gastadas en toda epo- 
y rodeada ademas de circunstancias 
aun risibles. En medio de la algazara 
; los vencedores de Junin celebran su 
ndo los dones de Ceres y de Baco, apa- 
la sombradel inca Huayna-Capac, que 
r de improperios d los espaOoles, vati- 
ictoria de Ayacucho y dirige & Bolivar 
: mds 6 menos embozados. Despu^s del 
so del Inca, comparecen las Virgenes 
in entonando un bellisimo coro. Todos 
la cosa no era para menos), hasta que de 
e toda esta fantasraagoria, tornando el 
de su caro Guayas. 

ejecuci6n, que es grande en algunas 
para velar lo que bay de frio y pueril 
)n. El empleo de lo sobrenatural en un 
irdneo es de las cosas mds arriesgadas 
itarse: s6lo como visi6n en sueOos 6 
ilucinaci6n podfa aparecer el tal Inca, 
educido su vaticinio a pocas palabras 



labor misterioso y prof^tlco, no poniendo en sus la- 
; una especie de parte de Gaceta, en que manifiesta- 
ite se olrida Olmedo de que no es 61 sino Huayna- 
ac quien va leyendo en las pSginas del libro del des- 
. Prescindiendo por abora de las mil cosas absurdas 
jntradictorias que el Inca revuelve en su prolija 
iga, es ridiculo que Bolivar y los suyos, por muy 
:urbada que tuviesen la cabeza con los dones de Baco 
in la embriaguer de la victoria, pudiesen ver y oir 
jiertos k semejante fantasma. Lo que parece natu- 
limo y es legltiino recurso portico tratandose de 
cas remotas en que lo divino andaba mezclado con 
uraano, resulta chillona discordancia aplicado k una 
jaica guerra moderna y escrito echo dias despufis 
suceso para que lo leyese el mismo capitdn vence- 

BoUvar, que segiln se trasluce por sus cartas era 
ibre de muy buen gusto y de no vulgar literatura, 
el primero en encontrar inc6moda la presencia del 
!nca, que le usurpaba la mitad del poema consagrado 

gloria, mostrdndose hablador y embrolldn, cuando 
'a set mdsleve que d iter yPuesto que viene del cielo. 
n los poetas de la escuela i que Olmedo p6rtenecla, 
ndan miquinas semejantes i la aparici6n del Inca, y 
indudablemente le sirvieron de raodelo; pero todas 
mis racionales que ella, y en ninguna hay espectro 

se aparezca d todo un ej6rcito acampado. Cuando 
lego, en la oda Ala defensa de Buenos Aires, hace 
ntarse, cual matrona augusta, la America del Sur y 
vocar d sus hijos i la resistencia y i la victoria, lave 

con los ojos de la fantasia Ifrica, y no pretende que 
erialmente la viese nadie, ni que se mezclase con 
;ombatientes. Cuando Quintana evoca y llama djui- 



P^E 



cxxxv 

cio las sombras del Pantedn de El Escorial^ invade 16s 
dominios de la fantasia romantica, pone el pie en regio- 
nes que no son las de este mundo, y ast produce el so- 
lemne y terrorffico efecto que se proponla. En el poema 
Zaragoza de Martinez de la Rosa, que Olmedo tenia 
muy estudiado como Caro largamente prueba, la som- 
bra de Rebolledo el Grande se aparece a Palafox en el 
silencio de la noche, y el poeta no dice claro si fu6 rea- 
lidad 6 suefio. 

Todas estas apariciones tuvo, a mi juicio, presentes 
Olmedo para I? suya; y aunque se trata de cosas harto 
conocidas, me parece raotivo de curiosa comparaci6n 
ponerlas juntas y en orden inverso de antigiiedad, para 
que se vea la identidad de procedimientos literarios, y 
quede mis y mas establecida la filiacidn del poeta: se 
veri este proceso geneal6gico hasta en el giro de la 
frase y en los epitetos. 

OLMEDO (1824). 

Cuando improviso venerabli somhra * 
En hz serena y ademan augusto 
Entre cdndidas nubes se Uvanta, 
Del hombro izquierdo nebuloso manto 
Pende, y su diestra aereo cetro rige; 
Su mirar noble, pero no safiudo; 
T nieblas figuraban a su planta 
Penacho, arco, carcaj, flechas y escudo; 
Una zona de estrellas 
Glorificaba en derredor su frente 
Y la boria imperial de ella pendiente. 

MARTiNBZ DB LA ROSA (1809). 

Cuando temblar sinti6 bajo su planta 
Los profundos cimientosdel palacio. 



CXXXVI 

Trea veces jay! con h6rrido estatnpido 

Ronco trueno sond , se abri6 la tierra. 

T sohre negra ttuit st levanta 

La venerable sambra 

De Rebolledo d Grande: en la tiniebia 

Se ve centellear lu fax divina 

Circaole en tomo insignias j trofeoi; 
Cilbrelo con su manto la victoria, 
T en el nohU ademan fiero j sombrlo 
Ostenta grave su valor j gloria. 

tiALLEGO (1S07). 

Ahase en tanto cual matrona augutla 
De un alto monte en la fragoaa cumbre 
La Amdrica del Sur; vese cercada 
De subito esplendoT de viva lumbre (i), 

Y en nt^h ceHo y majestad bafiada. 
Noya frivolas plumas, 

Si no bruflido yelmo rutilanie 

Oman au rostro fiero; 

Al Udo luce ponderoso escudo, 

Y en rez del hacha tosca 6 dardo rudo 
Arde en su diestra refulgente acero. 

QUINTAN A (1805). 

Cu'ando\as losas del sepulcro hendiendo 
Se vi6 un espectro augusto y venerable 
Que a \o9 derails en majestad vencfa. 
El iguila imperial sobre el tendla 
Para dosel sus alas esplenden'es, 

Y en arrog»iite ostentaciiin de gloria 
Entre sus garras fieras y valientea 
£1 rayo de la guerra arder se via, 

Y el lauro tremolar de la victoria. 
Un monte de armas rotas y banderas 
De b^licos blasonea 

Ante sus pies ind6mitos yacia, 
Despojos que a su esfuerzo las n 
Vencidas, derrotadas, le rindieron. 



[) Yen risea luz hahado resplandeee, dice Olmedo del Inca. 



de buen gusto negara la palma, entre 
iones, a la de Carlos V. En Quintana 
grandiose lo que en sus imitadores 
rtificio (]). 

raDo de la vision, sino la falsedad in- 
miento lo que ofende en el episodic 
■fu6 el primero en encontrar impro- 
apac alabase indirectamente la reli- 
destruy6 los templos de sus dioses, y 
pio que en vez de desear el restable- 
istia, diese la prefe-rencia d extranj'e- 
ungue vengadores de su sangre, son 
r que aniquilaron su imperio. El buen 
Doca de Bolivar, y nadie mis autori- 
echazar aquella ilusi6n local del pa- 
o, que en los versos de Olmedo lle- 
mo profundamente cimico de poner 
IS Incas d Fr. Bartolome de las Casas 
ico-Capac, y prometer el inismo g6- 
ad d Bolfvar en premio de haber res- 
portentoso de Pacha- Cdmac. 
5 lunares del canto fueron tambi^n 
lirable sagacidad por Bolfvar. La in- 
;i6 rtmbotnhante , como en efecto lo 
aicos y vulgares muchos versos que 
tes oratorios., y, finalmente, aunque 
dejd de reconocer, con loable mo- 

10 del Inca dejA alguna huella aquel ap6strofe de 

lis Incis esUn? ^A dAnd« «■ ido 
-io del Cuzco? jQuiin briow 



1 



mncipal flaco de toda la coinposicidn, es A 
biperbdiico y desmesurado de la alabanza: 
para donde no se ha disparado un tiro; listed 
erra con las ascuas del eje y de las ruedas de 
i Aquiles que no rodd jamis en Junfn; usted 
jfio de todos los personajes: de ml forma un 
Sucre un Marte, de Lamar un Agamen^n y 
3, de Cirdoba un Aquiles, de Necochea un 
un Ayax, de Miller un Uiomedes y de Lara 
... Usted nos hace & su mode portico y fan- 
)ara continuar en el pals de la poesia la fic- 
abula, usted nos eleva con su deidad menti- 
el aguila de Jiipiter levantd & los cielos A la 
■a dejarla caer sobre una roca que le rom- 
liembros rastreros. Usted, pueS) nos ha subli- 
I, que nos ha precipltado en el abismo de la 
endo con una inmensidad de luces el palido 
de nuestras opacas virtudes. Asl, amigo mio, 
la pulverizado con los rayos de su Jupiter, 
da de su Marte, con el cetro de su Agame- 
lanza de su Aquiles y con la sabiduria de su 
yo no fuese tan bueno y usted no fuese tan 
avanzaria & creer que usted kabia guerido 
^arodta de la *Tliada* con loshiroes de nues- 
arsa. Usted sabe bien que de lo heroico d lo 
hay mas que unpaso, y que Manolo y el Cid 
nos, aunque hijos de distintos padres. Un 
herd el poema de usted como un canto de 
un espaaol le leerd como un canto de <El 
le Boileau.'* 

X tan buen sentido despu6s de haberse becho 
un conLinente, vale casi tanto como haber 



CXXXIX 



triunfado en Boyacd, en Carabobo y en Junfn. iQui hu- 
biera dicho Bolfvar,que W^imbsi pobrc farsa a sus asom- 
brosas campaflas desde el Orinoco hasta el Potosf, si 
hubiera alcanzado a leer la magnlfica oda que Olmedo 
dedic6 en 1835 Al general Flores^ vencedor en Mifia- 
ricaf Y no porque la funci6n de guerra de Mifiarica hu- 
biese sido menos sangrienta que la de Junln, puesto 
que mis de mil cadaveres quedaron tendidos en el 
campo, sino porque en Junln, 6 mas bien en Ayacu- 
cho, de que Junln fu6 como preludio, qued6 definitiva- 
mente roto, para bien 6 para mal del Nuevo Mundo 
(que este es punto muy opinable, aunque ya no lo fuese 
para el sereno y desengaflado juicio de Bolivar en sus 
postreros dlas), el lazo que unfa las colonias con la me- 
tr6poli: asunto noble de suyo por su magnitud y sus 
consecuencias; al paso que Mifiarica fue una de tantas 
esteriles luchas civiles en que vencidos y vencedores 
se aplicaban mutuamente el dictado, tan de moda en 
America, de ttranos. A tanta distancia, y en cosa tan 
embroUada como la polltica interna de las republicas 
americanas, es diffcil y poco impottante averiguar qui6n 
tenia la raz6n de su parte: es probable que nadie la tu- 
viese del todo; pero lo linico que con certeza sabemos 
es que los resultados de aquella hecatombe se redujeron 
i, sustituir un presidente por otro. Para tan poca cosa 
resulta desproporc\onado aquel soberano ap6strofe, que 
s6lo d Pizarro 6 d Bolfvar podrfa hasta hoy dignamente 
aplicarse : 

iRey de los Andes! la ardua frente inclina, 
Que pasa el vencedor 

Los criticos americanos, y aun los que no lo son, como 
nuestro malogrado compafiero Cafiete, arman larga con- 



tienda sobre si Olraedo hizo 6 no hizo bien i 
g:eneral Flores, a quien unos pintan como u 
Tunesto para la tranquilidad de su patria, uiie: 
con mejor acuerdo, & lo que yo alcanzo, reco 
altas dotes de guerrero y de estadista, prend 
masde hombre privado, celo del bien piiblicc 
apacible y amena y aficiones cultas y literari 
cual parece que nada tiene que ver con los r 
cionales del grotesco personaje llamado tin 
tado por los ret6ricos antiguos ut pueris pla 
clamaiio fiat , yrealizado inuy al pie de la \t 
dicen, en algunas repiiblicas de Aindrica. P( 
ni puedo creer que fuese un soldado ambicic 
el que inspird tal canto y en alas de 61 pasar; 
ridad aun mis que por lamemoriade sushaz 
cuentro digno de censura a Olmedo por h 
tado; aunque despu^s contribuyese d su calda 
dngel exierminador, y estuviese d pique de si 
la presidencia del Ecuador. Para hacer bue 
siempre es ocasi6n oportuna, y d los poetas '. 
dirles mds cuenta de los versos que de los as 
victoria del general Flores tuvo virtud para ( 
numen de Olmedo, que parecia aletargado h 
diez aflos, y obligarle d prorrumpir en un 
salvo la inferioridad de la materia, no cede 
boato, sonoridad y nervio al Canto de yuM 
durez de estilo y buena distribuci6n de pai 
mente le vence, las Musas tienen que darle 
por su victoria y hasta por su tirania. 

Completan el niiraero de las obras de Olmi 
nen aparejada larga vida entre lo mis selei 
naso americano, la grave y melanc6lica Silva 



* 






CXLl 



en el nactmtento de su primoginito^ que sabe d Leopardi 
en algunos pasajes; y la traducci6n incompleta y algo 
parafrastica (como forzosamente ha de serlo toda ver- 
si6n de poesla inglesa) del Ensayo sobre el hombre de 
Pope. De las tres eplstolas que Olmedo alcanz6 a tradu- 
cir, sdlo la primera fu6 por 6l definitivamente corregida: 
las otras estan versificadas con mas negligencia, pero en 
todas ellas hay trozos de la mis bella poesla filos6fica 
que puede encontrarse en castellano (i). 



(i) Nac]6 D. Jose J. de Olmedo en Guayaquil el 20 de Mayo de 1780, de 
padre malagueflo y madre americana. Hizo sus estudios de grauiatica en 
Quito, y los de filosofla y derecho en el colegio de San Carlos y Universi- 
dad de San Marcos de Lima, recibiendo el grado de doctor en 1805. Des- 
empefi6 en aquella universidad catedras de derecho romano , y luego se 
dedic6 en Guayaquil al ejercicio de la abogacia. En 18 10 fue nombrado di- 
putado para las Cortes de Cadiz, en cuyas actas se encuentra algun breve 
discurso suyo , especialmente el que pronunci6 sobre la abolici6n de las mi- 
iaSf 6 senricio personal de los indios. Permaneci6 en Espafia hasta la vuelta 
de Fernando VII en 18 14. Vuelto a Am6nca, form6 parte de la yunta de 
Gobiemo de Guayaquil en 1820, y del Congreso Constituyente del Perii en 
1823 , asi como tambi6n de la diputaci6n peruana que fu6 a implorar el 
auxilio militar de Bolivar, con quien antes habia estado en desacuerdo poli- 
tico y de quien se convirti6 entonces en amigo y admirador entusiasta. Des- 
pu6s de Ayacucho, Bolivar le envi6 de ministro plenipotenciario a Lon- 
dres, donde contrajo estrecha amistad con D. Andr6s Bello. Permaneci6 en 
Buropa hasta 1828: en 1830 concurri6 a la convenci6n 6 asamblea constitu- 
yente de Riobamba , que separ6 definitivamente la republica del Ecuador 
de la de Colombia. Sucesivamente fu6 electo vicepresidente de la Repijblica 
y gobernador del departamento del Guayas. Presidi6 la convenci6n nacional 
de Ambatoen 1835, y desavini^ndose con el general Flores, sepuso en 1845 
al frente del Gobierno provisional en la revoluci6n que contra aquel general 
estall6 triunfonte en Guayaquil. Candidato para la presidencia de la Repu- 
blica, fue derrotado por D. Vicente Ram6n Roca, en las elecciones de aquel 
afio. Mun6 muy cristianamente en su ciudad natal en 19 de Febrerode 1847. 

La mayor parte de las poesias de Olmedo se fueron publicando sueltas, a 
raiz de los acontecimientos que las inspiraron. 

El Ensayo sobre el hombre (i.* epistola con el texto inglds) se imprimi6 
coa bastante esmero en Lima en 1823. La 2.^ y rarisima edici6n del Canto & 



■■"!!™ 



incho tiempo Olmedo fu6 el linko represen- 
la poesla del Ecuador, aunque en becho de 
1 bubiese nacido peruano. Es casi el ilnico que 
1 la Amirica poitica de 1846, puesto que el 
fabulists D. Rafael Garcia Goyena, que tara- 
L incluido alii, SQena indebidamente como gua- 
o, por lo cual suele pon6rsele tambi^n en las 
IS de Centro- America. Es cierto, sin embargo, 
6 en Guayaquil en 1766; pero desde la edad de 
)s residib en Guatemala, y alii escribi6 y publicd 
)gos, correctos pero insipidos. 
pues, un largo par6ntesis entre la deslnmbra- 
rici6n de Olmedo, hijo del regimen colonial, y 



e Guayaquil, 1815; pero yo no he vista otra nids aniigua que la 
:Ii, de Londres, del ailo s^iguiente. Casi todas las poeslas impor- 
.medo salieron juntas en la America Pail tea de Gutierrei (Valpa- 
, y el mismo Gutierrez las public6 aparte , algo aumentadas, en 
ambien de 1848, que liie reimpreso por Boix en Paris en 185}. 
]iciones afladen laa epistohs i.*y3.'de Pope, que Olmedo habla 
a 1840 en Ln Ealanza, peri6dico de Guayaquil. En 1S61, D. Ma- 
s Corpancho, lilerato peruano, acrecentA algo la coleceifin en un 
iblicado en Lima con el titulo de Poesias iniditas de Olnudo: 
'(•grijicos porn formar una tdkion mas eampleta que las eoneddas. 
lentes trabajos biograGcos y crfticos sobre Olmedo. Los princi- 

A.). Olmedo: tres articulos en el Rtperlorio Colomiiano, to- 
(Bogoli,i879). 

U Dr. D. Jasi Joaquin de Olmedo. (En su libra Escritoris Espa- 
\no-americanos, Madrid. 18S4). 

;D. Pablo). Apunteshiogrificosdt D.y.y. OTiwi-c/o. Quito, 1887. 
Juan Le6n}. Carta a! Sr. D. Manuel Cafiete (sobre varlos puntos 
e Olmedo). Quito, 1887. 

's inidilas de OJmedo, prtcedidas de un breve esludia sobre eltas, 
Estas cartas, que contienencuriososjuiciosdeOlmedosobreLu- 
ien admiraba njucho, y sobre Lucano, cuyo genio poitico esti- 
ior al de Virgilio, fueron dirigidas de 1813 i 1825 al doctor 
de Araujo. 




* v 



cxun 



los frutos mucho mds modestos de la nueva generacidn 
literaria, que luchando con diiicultades indecibles, naci- 
das de los trastornos politicos y del abandono casi total 
de los buenos estudios , fa6 levantando poco A poco la 
cabeza bacia la segunda mitad de nuestro siglo y empez6 
A dar muestra de si en la Lira Ecuatoriana que en 1 866 
compil6 el Dr. D. Vicente Emilio Molestina. En ella 
figaran versos dolientes y apasionados de una infeliz 
poetisa de Quito, D/ Dolores Veintemilla de Galindo, d 
quien pesares dom^sticos arrastraron al suicidio en 1857, 
d la temprana edad de veintisdis afios. Su composici6n 
Quejas es un ay desgarrador que debe recogerse, tanto 
mas cuanto que la sincera expresi6n del sentimiento no 
es lo que mds abunda en la poesia americanl. 

Entre los poetas de la primera Lira Ecuatoriana^ dos 
descuellan sobre todos : D. Juan Le6n Mera y D. Julio 
Zaldumbide. Mera vive y contintia escribiendo, no s6lo 
versos, sino exquisita prosa, de que su linda novela Cu- 
tnandd es buen ejemplo. Zaldumbide ha descendido no 
ha mucho a la tumba , y por consiguiente entra ya en 
nuestra colecci6n. En 1851 se di6 d conocer por su 
Canto d la Musica^ y en 1888 cerr6 su carrera po6tica 
con dos bellas traducciones, una del Lara de Byron, y 
otra de los Sepulcros de Pindemonte, honrandome con 
la dedicatoria de la segunda (i). El gdnero predilecto 
de Zaldumbide fu6 la meditaci6n po^tica ; sus cualida- 
des sobresalientes: gravedad en el pensar, mezclada con 
cierta amable languidez en el sentir ; elevaci6n moral 



(i) Hay sobre las poesias de Zaldumbide unas Ohservaciones muy apre- 
ciables del Dr. D. Luis Cordcro en las Memorias de la Academia Ecuatoriana, 
tomo I (Quito, 1889). 



ld,( 



de 
coll 
m& 
el 
me 



tui 
oten 
rdei 



CXL.V 

[ fin le visit6 la Gracia. En unos versos 
a escrito: 

[tnis al que te ruega desamparas 
lay suplica por ti desatendida; 
lor que pone en tus beuditas aras 
,ue te ofrenda, nunca va perdida 

oida, y Zaldumbide di6 en los i^ltimos 
/ ila hora de su muerle ejemplos de 
piedad, que por la importancia del su- 
^andfsima edi5caci6n para la sociedad 
le atravesaba entonces grave crisis re- 
bide, a diferencia de otros muchos poe- 
■:, s6lida educaci6n literaria, basada en 
to y reflexive de los modelos latinos, 
;es, y de los nuestros del siglo de oro, 
preferfa k Garcilaso y Fr. Luis de I.e6n. 
OS pocos versos rominticos que en su 
ISO, son relativamente correctos, y en 
lay, no s6lo decoro y pulcritud en la 
studio de la parte musical del idioma, 

y apacible en una versificaci6n gene- 
ible. A estas buenas partes de prosodia 

Zaldumbide condiciones descriptivas 
itimiento no fingido de la naturaleza, 
1 conjunto que en los detalles, mas en 
)ral que en la expresi6n flsica; y una 
I tristeza, que por ser tan suya ennoblece 

hasta los tdpicos mds vulgares de la 
5. La oda A la Soledad del Campo, La 

ide en Quito en 1833 y murio en 1887- 



Hana, El Mediodia, La Tarde, L, 
■de, donde se admiran estos delic 
son vaga reminiscencia de una elegii 

Despu^ til Tiste. estrella de los cielo 
Mas jquiin podra cantar lo que tit vii 

buenos fiadores de lo que digo. N 
: la fortuna de concentrar sus fuet 
ci6n inolvidable que deba ir perpt 
nombre; pero si por falla de ner 
ocasi6n no pudo ser contado enl 
ler orden de la America del Sur, i 
un puesto muy distinguido entre lo 
lo que lo obtiene entre los cuban 
■ parecidas de sentimiento y de j 
j^tico Mendive. 

tros poetas ya fallecidos figuran e 
atorianas (2); el general D. Franc: 



Lo que mis entre noa pasfl no e» dir 
Noche, de oir el Ausiro presuroso, 
Ni el viento de tus lechos mli vecino 
(Hehreha.— Elegia is 

Ara Ecuatoriana. CoUccion dt poesXas nccionalii 
Dr. Vicenti Emilia Malestina. Guayaquil, 1865 
no con injusticia por Mera, en su Ojeadj crilia 

'art>ttso Ecuatonano, con apuntamitnlos biogriJUoi 
■s de la RepuhlUa del Ecuador, desde el iigla XVII , 
el Gallegos Naranjo (Quito, 1879). Desdichadislm 
Mera, y Cafletc aflade que en il ahunda mucho 1 
Vueva Lira Ecuatoriana. CoUcciSn de poesias esc 
Abel Eckeverria (Latacunga, 1879). Puede cod 



CXLVU 

el Carvajal, D. Vicente Piedrahita, 
(autor de Nina, leyenda quichua), 
l^orral, D. Joaquin Ferndndez C6r- 
laamaflo de Vivero (que tradujo con 
rersos de Byron), el festivo improvi- 
p^elasco y el joven estudiante de Me- 
nardo Daste. En los versos que co- 
lutores hay cosas dignas de estima- 
i de m6rito muy relevante; y como, 
enemos d la vista mis que una peque- 
sus obras, nos expondrlamosr a dar 

] Dr. Molestina, porque no repite ntnguna compo- 

\.—Poclas. Quito, 1891. 

r la Acadeinia del Ecuador, correspodiente de 
ids copiosa y de mejor gusto que las anteriores, 
benevoleocia. Lleva un se^undo tomo de poesia 

[CUaloriano, Compilaciatt formada par Juan Ledn 
OS cantares nada hemoa dicho, como tampoco de 
ro se han publicado de otras region es de America, 
) especial y muy minuciuso el distinguir en ellos 
cano e indlgena de lo mucho que se encuentra 
: colecciones de copUs espaflolaa j singularmente 
^fuente Alcantara, Rodriguez Marin y otros. Hay 
. Mera atgunos versos politicos y varias compo- 
lengua de los indios llamada quichua, ^-ae aigue 
nente por yarios literatos del pais, diatinguiendose 
Cordero. 

in tercer tomo de prosistas que esti confiado a la 
lo Herrera y seni quiza el mis interesante, porque 
a del Ecuador ha hecho que el ingenio de sub hi- 
irinclpalmente en el campo de la polemica social 
de Espejo, Mejia, el P. Solano, Garcia Moreno y 
le aQadir ya, con las necesarias reservas de orto- 
ifisla agudo 6 ingenioslsimo , y brilliiate y castizo, 
I pedantesco prosista, Juan Montalvo, pueden dar 
ci6a. 



lo 
las 

QO! 

ibl 

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;ij1i 



ibe 
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itisi 
•nia 
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ici ; 
ircc 
suit 
lac 
sgi 
id. 



A p. 

xiAi 



en el metro italiano, sino en copla; 
•I metro de Juan de Mena. Titiilasi 
'je en prosa y en metro sobre la tnuer 
el Adelantado D. Diego de Almaf. 
apitdn General por sii Cath6lica y 
Emperador y Rey Nuestro Senor et 
Toledo llamado Peru, Descubridor 
tstentador desta rica provincia. 
a prosa se reduce d una corta intro 
ito snmario. EI metro A treinta y i 
las de arte mayor; la primera dice: 

Cathdlica, Sacra, Real Majestad, 
C^sar augusto, muy alio Monarca, 
Fuerte reparo de Roma y su barca 
En todo lo humano de mis potesiad; 
Rey que procura saber la rerdad, 
Crisol do se funde la reta justicia; 
Pastor que no obstante cualquier amick 
Conserva el gaoado por una igualdad. 

a Attima: 

Debiendo Pizarro haber de cumplir 
El pleito homenaje por ^1 oiorgado 
Venir S esta corte y d vuestro mandado 
Donde el jtlez le mandu remitir; 
No solamente no quiso venir, 
Mas quebrantarlo con otros tiranos, 
Y la venganza tomo por sus manos: 
Solo por esto se debe punir. 

1 obra es, pues, de un ferviente part 
y enemigo de los Pizarros, que en la 
ara testigo del suceso, y al propio 

loca habilidad para versificar : «■ 

icisco Pizarro y sus hermanos, los 



ro de su honra, vida y hacienda, 
te vereis, porque pas6 asf verda- 
6 mis en efeto, por el defeto de 
por darlo mds sabroso, aunque 
jara de amargaros.de lo que aqul 
cho mis lo sentirlades, si como lo 
'o como el que lo escribe, que se 

ema, i pesar del caricter arcaico 
er anterior a 1548, puesto que en 
; « Y despuis el Rey ha mandado 
Hzarro.i> Pero tampoco es impo- 
i6n se escribiera mucbo despues 
lautor pens6 en publicarle, segiin 
\ de Fr. F^lix de Le6n que acom- 
eza en el manuscrito del Arcbivo 
onserva. Hay de ella copia inco- 
de manuscritos de D. Martin Fer- 

;ez, aquel estrafalario aventurero 
era Desbcfralado, y cuyas diverti- 
tlo comparables con las de otro 
laya, D. Diego Duque de Estrada 
mi'smo), frisan tantas veces con la 
' con la picaresca, incluy6 en el 
:tthnbres(i) la o6ra anterior, des- 
la censura, afladiendo una copla 
:odo de este modo: « Obra en me- 
e fui dada al ilustre D. Diego de 

ifiHloi para la Hhtoria de Espana, torn. LXXXV, 



In, 
[qu 



los 



t6r 
obi 
at 
zae 

!r&. 
blii 
Ai 

•ft. 



n las crdnicas y relaciones histi- 
Igunas coplillas populares y and- 

de cardcter soldadesco, y todas 
le las mds curiosas la que canta- 
ampo real en la campafla contra 

Hernandez Gir6n por los aflos 
al Dr. Fr. Hier6nimo de Loaisa, 
1 Licdo> Hernando de Santill^n, 
incia , y despu^s presidente de ta 
>, obispo de los Charcas: 

:ar, y el otro dormir, 

itill 

apercibir, 

Itill 

ne y el otro juega; 

tillSn, el jugador (de ajedrez) el 

Ividada la de los mis cabellicos, 
i\ diab6lico Carvajal el dia de 

I lo ba ocoitumbrado, 

eodcnioniado. 

SOS se prueba que aiin vivia Aguirre cuando 
s que Zufliga redsctase la parte tercera que 
ario Vizcaino en Tieira FInne, por Agosto 

toi del Afckivo dt /«dltiis,tom. iv, piginasii; 

atTOcidndCB de Lope de Aguirre (cantadas 
)s), pero del Peril salio la expedicido de Pe- 
ite no huelga aqui esta noticia. 

primera vez el Sr. Espada, en la carta de- 
ams de antigutdadcs peruanas. 



. Otra copla sonaba en ( 
>r el aoo de 1537: 

Almagro pide la pas, 
Los PiiaiTOS jguerra, guerral 
Elloa todos moririn 
Y Dtro mandara la tierra. ... (i| 

[uista del Peru no tuvo 
la, no por esc falt6 quiei 

cantaria dentro del misi 
:eca Imperial de Viena 
e la Nueva Castilla, obi 
L que en 1848 un librero 
\ por deraas incorrecta 
s sefias del manuscrito ( 

por verdadero titulo: . 
descubritniento que hizo 
^izarro en demanda a 
hora llamamos Nueva C 
z primera vez quepartu 
m la prisidn de Atabah 

en dos partes: la prm 
tiempQ en que se hizo d l 
ia parte tiene este enca 
to la segxtnda parte, que 
I magnifico senor gohern 
ti6 de Panamd en dem< 
bez, kasta la prtsi6n de 
gran ciudad del Cuzco 
h el Gobernador.* 



Ledn , La guerra de las SaliTias. 
tunlo! iniditos para la Hiitoria de 



CO cantos 
icientas o 
1 modo c 
mere, cu: 

y el sex 
Derlos eni 
labas, 6 p 
) por igDC 
un conju] 
)dido esci 
a el mds i 
stante, la 
or consig 
[ultico, d' 
de asuntc 
jado. De ] 
azquez d( 
a, nuestr 
ftnimo po( 

usieron ei 
' de ellos 

1 ignoradc 
imero Lo 
Herndnd 
ion Diegc 
tda, envit 
■petuQ ser 



letna ktroico 
Paris y Ltin 



■ Pedro de la Cadena, que era 
s Alcaides en la provincia de 
oema, escribid y presentd al 
ro en prosa sobre el gobierno 
al inform6 el secretario de di- 
:o L6pez de Gamboa, en i6 de 
> que aunque escrito con m^- 
1, pero que atendida la buena 
'enia gratificarle y juntar su li- 
la en el Consejo y era de mds 
D. Juan de Matienzo, oidor de 
mbos en secreto por ser cosa 
los cuando conviniera. 

Diego de Aguilar y C6rdoba, 
les del siglo xvi. En 25 de Fe- 
ll la dedicatoria de su poema 

en 1578 y revisado despu6s 
[ suceso que en 61 se narra, que 
iado viaje de Pedro de Ursiia. 
ra nos dan raz6n de otros ver- 
uda, de los mds antiguos de la 
!nda, poeta poUgloto, que por 
eto en /ranees y otro en ita- 
Picado, probablemente de la 
aturalizada en Arequipa: Mi- 
, eclesiSstico muy erudito y 
viajes y exploraciones de los 
fdnea Austral, que es una es- 
6rica dividida en tres partes, 
lue anda traducida al franco 
;ontiene interesantes noticias 
igua de Quito y conquista del 



srnandez d 
:o PaniagUi 
nismo nom 
ios muy ai 
tiempo de 
[554 en lab 
gobernado 
Francisco 
igioso amig 
:ado el Sr. 
;s, sobre t( 



ita abeja en la I 
iirro sQave y bi 
laberinto artifi< 
IS flores el manj 
enos a la adelfa 
omero , .1 ca„ 
IqAq Io vuelfe 

te juzgo, cordo 
que renacid di 

ft<in, de sangre 

le su obscuridai 
vituperio Unti 

balsam o con vie 



). PEliRO PAMIJ 

re el mundo, o 
■as ondas y test 
iciendo la caud. 
ro Nilo y Gang 
el supremo tui 
guila sin par, d 



cux 

Sube al cielo tu nombre y clara fuente 
Do eternamente has de quedar glorioso. 

Mas tu entre las doradas aguas canta 
Con dulce son el suyo celebrando 
Deste tu insigne historiador tan grave; 

Que i tal grandeza otra grandeza tanta 
S61o basta a dar gloria, eternizando 
Lo que en ser de mortal hombre no cabe. 

DB D. DIEGO VACA DE LA VEGA. 

Si el lauro se le debe justamente 
Al que pretende con insigne historia 
Hacer firme y etema la memoria 
De algun valor heroico 6 eminente; 

Si con divino ingenio y llanaa ardiente 
Librandole del tiempo le da gloria, 
Haciendo de finita y transitoria 
Que sea infinita y dure eternamente; 

A vos se OS deben tres (sin otros ciento), 
Uno por este libro tan famoso, 
£1 otro porque a vuestra patria ha dado 

Inmortal nombre vuestro fundamento, 
Otro a vuestro discurso milagroso 
A quien el mundo esta tan obligado (i), 

Aunque del siglo xvi no tenemos ninguna justa 6 
certamen portico del Perii, ni relaci6n de fiesta en que 
se intercalen versos, desde muy temprano vemos aso- 
ciada la poesla a los grandes regocijos piiblicos. Asi 
nos refiere el palentino Diego Fernandez en su Histo- 
ria del Peru (parte i.% lib. 2.°, cap. lxliii), que cuando 
entr6 el presidente Gasca en la ciudad de los Reyes 
(Lima) el 27 de Septiembre de 1546, y fu6 recibido con 



(i) El ms. de El Marahdn (8 hojas de preliminares y 317 de texto, divi- 
dido en tres libros y dedicado a D. Andres Fernandez de C6rdoba, del Con- 
sejo Real), existe en Asturias en la libreria que fu6 del Sr. Soto Posadas, y 
file examinado en 1875 por el Sr. Jimenez de la Espada. 



des festejos, «sali 
lanzantes como 
, 7 cada uno diji 
representando lo 
labia hecho». Ye 
nalas se omiten £ 
isde mediados d( 
desde lines del it 
ly c6lebre de Sa 
lis concurrida, ] 
)ur, fundada por 
' y su raadre D.' 
iembre de 1555, 
in Pfo V en 25 d 
urisprudencia, T 
3rvd su cr6dito y 
de la guerra de 1 
o se fund6 en : 
)re, que logr6 al 
sertenecen much 
eminarios de Ar< 
dad de Huaman^ 
de humanidades 
[o en todos los i 
ido a doce sus c: 
imprenta fu6 mi 
uarenta afios des 
rdo elprt'mero im, 
titula en sus libr 
tra estampado s 
: y catkecismo pa 
'etnds personas q 



trio y-cira^^sas ne- 
... Compitesto por auc- 
gue se h^lebr6 en la 
83. Y par la misma 
•.rales de esie Reyno, 
4. S6I0 de diez obras 
I siglo XVI dan razdn 
i6gi'afos, ys6lo uoade 
AraucQ Domado, del 
tes son confesionarios 
) de la lengua quicbua, 
libro de reducciones 
:recho (i). 

, que, aun siendo es- 
lel Perii en el primer 
e no produjo ningiin 
sr orden, nacido en el 
3 mestizo, hijo de un 
idia principal, descen- 
irimer libro de autor 
e Europa fu6, segura- 
e los tres didlogos de 
'aliano en espafiol por 
lira! de la gran Ciu- 
mos y provinctas del 
impresa en Madrid, 



Amirica, co» una tibliografia 
\S^oi i(iOO,por elauiordtla 
lo J adicionado fnr M. Zarco 

'pitome (1584-1810). Santiago 



mtarios Reales, libro el mas ge- 
que en tiempo alguno se ha es- 
eii que verdaderamente ha que- 
. ._ la de las razas vencidas. Prescott 
ha dicho cod raz6n que los escritos de Garcilasso son 
una emanaci(5n del espfritu indio «a« emananation from 
the Indian mind*. Pero esto ha de entenderse con su 
cuenta y raz6n, 6 m^s bien ha de completarse, advirtiendo 
qne aunque la sangre de su madre, que era prima de 
Atahualpa (si hemos de creerle), hirviese tan alborota- 
damente en sus venas, el, al fin, no era indio de raza 
pura, y era, ademds, ne6fito cristiano y hombre de cul- 
tura clasica, por lo cual las tradiciones indigenas y los 
cuentos de su madre tenfan que experimentar una rara 
transformacibn al pasar por su mente semib^rbara, semi* 
educada. Asi se form6 en el espfritu de Garcilasso lo 
que pudi^ramos Uamar la novela peruana 6 la leyenda 
incasica, que ciertamente otros habian comenzado a 
inventar, pero que s6lo de sus manos recibid forma 
definitiva, logrando engafiar d la posteridad, porque 
habia empezado por engaCarse a si raismo, poniendo en 
el libro toda su alma cr6dula y supersticiosa. Los Co- 
mentarios Reales no son texto histdrico; son una nO' 
vela ut6pica como la de Tomas More, como la Ciudaa 
delSo/de Campanella, como la Ociana de Harrington: 
el sueflo de un imperio patriarcal y regido con rienda; 
de seda, de un siglo de oro gobernado.por una especie 

ie teocracia filos6fica. Garcilasso hizo aceptar esto; 

iueOos per el nlismo tone de candor con que los na^ 

:aba y la sinceridad con que acaso los crela, y a 6 
>mos deudores de aquella ilusi6n filantrdpica que en e 

iglo xviir dictaba d Voltaire la Alzira y a Marmonte 



gin 



:6i 
liT 
ho 
ine 
de 
le 
[ol 
po( 






lo, 

ntell 
iteh 



el Perij, hace menci6n Cervantes, ai 
qne Garc6s, de quien hareraos m^ri 
livia. Uno de estos poetas es D. JC 
antor de El Marandn: 

En todocuanto pedirael deaei 
Un Duge ilustre de Aguilar adm 
Un dguiia real que en *uelo tco 
Atzarse a do Ilegar ninguno aspi: 
Su pluma edtre cien mil gana tri 
Que ante ellala mis alta se retir 
Su estilo J su valor tan celebrad 
Guanuco lo diri, pues lo ha go£3 



De los citados en ' 
loticia alguna : 



Pues si he de dar la gloria a ti deb 
Gran Alansode Estrada, hoy «res din 
Que no se cante asi Can de corrida 
Tu Eer y entendimieuto peregrino; 
Contigoesti la tierra enriquecida. 
Que al Betis mil tesoros da contino, 



(i) De la Musa CalJope que habla en este a 



CLXVI 

I el cambio igual; qu 
ichosa deuda satis faj 
la rara desta tierra il 
■tan, te nos ba dado i 
loria J de Ribera lus 
ropio 7 del ajeno su 

I la dulce patrta eiti 
;iias de Li mar goza: 
ibera, el fresco Tieni 
inos versos alegrand 
reis por suma deste 
brio 7 discreciiSn mi: 
•ho,de Ribera, en todi 
ro 7 sin segundo Ma 

i& Fernindtz se me < 
n del escuadrdn de i 
Sotemayor ensoberh 
;on su nombre heroi 
Imira y en saber dor 
nira el uno 7 otro p 

s famoso por la esfu 
fo Fetnindez de Pirn 
n mortal, cuya eaceli 
idad, gran parte her 
:ro de la equina fuer 
1 quiere d^l no se le 
gloria goza en Occit 
liin aqui tan larga p: 
ecen ho7 su ingenio 
ina f^il y preciosa] 
puesta en el mayor c 
I la Tesalia se levanl 
n dichoso fruto ha < 
lo que la fama canta 
ion Pedra dtAharad 
1 ya no menos claro 
10 ingenio al mundo 

rlontesdoca, Ih 
nos algiJD dato 



3e Cervantes, que volvi6 & acor- 
a/e del Parnaso. Primero habfa 



oso insigne valle (i) 

usurpar solia 

, a quien podemos dalle 

^o f gallardla; 

iron i su tatle, 

lo mejor le enria: 

Taio conoscido, 

es su apellido. 

le recordaba de esta CariOosa ma- 
Viaj'e del Parnaso : 

artado, del remoto 
igo Montesdoca, 
^rauco el hllo roto (i). 

expresivo el elogio que Vicente 
< de ellos, le tributa en et canto 2." 
La Casa de la Memoria, impreso 
I : 



i y el caudal CL. 

raz6n negaste, 
in ingenio ardiente 
te celebraste, 
quien tan juslamente 
}re que ganaste, 
3ca, que no es Lima 
r pura liiAa. 

la interior carcoma 
iderribarte; 
D vence J- doma. 



la encubi'erta poetisa da de su 
lia, que no s61o nopuedodudar 
ida real y efectivamente desdt 
que me atrevo A sefialar , de ai 
I, el nombre probable de la ei 
bace de este modo su autobiogr 

Quiero, pues, coroenzar i darte ctie 
De mis padres y patria y de mi estadi 
Porquesepas quien te amay quien te 
Bien que ya la memoria me atormenti 
Renovando el dolor, que aunque llora 
Est4 presente y en el alma vive 

En este imperio ocuko que el sol b 
Mas de Baco piadoso que de Alcides, 
Entre un tropico frio y otro ardiente, 
A donde fuerzas inclitas de Espana, 
Con varios casos y continuas lides 
Fama inmortal ginaron A su gente: 
Donde N^eptuno engasta su tridente 
En nacaryoro fioo: 
Cuando PiKarro con su flola vino, 
Pundo ciudades y dej6 memorias. 
Que eternas quedaran en las historias 
A quien un valle ameno , 
De tantos bienes y delicias lleno. 
Que siempre es primavera, 
Merced del sueflo de la cuarta esfera. 
La ciudadde Li6n fu£ edificada, 
Ycon hado dichoso 
Quedb de heroes fortisimos ptoblada. 

Es froDtera de barbaros, y ha sido 
Terror de los tiranos, que intentaron 
Contra su rey enarbolar bandera: 
Al que en Jauja por ellos fu6 rendido 
Su atrevido est an darte It 
Y Tolvieron el reino k cuyo ei 
Bien pudiera, Belardo, si quis 
En graciade los cielos, 

Niuva biografia, pdg. 19. 



cucxt 

IS de mis dos abuelos , 
nueve mundo eonquUtaron 
i tambiin edificaron , 
iurieran 

su vida y sangre dieron ; 
irso largo, 

ha tornado j-a i su cargo, 
lesgracia desta tierra, 
n este tiempo, 
res m^ritos no entierrm. 
nobles dos hermanas fuimos, 
iron con temprana muerle, 
mdas de pueriles paflos. 
la tia que tuvimos 
edad de suestra suerte : 

que el cielo aca reparte 
igiin dicen, mucha parte, 
uchas prendas : 
bastantes las haciendas 
sustento ; 

untas, con tan gran contento, 
II a entrambas rige y nos gobierna, 
I tuyo y mio, 
orosa, dulce y tierna. 
li Beiisa celebrada, 
lu nombre, y Amartiis mIo, 
le afici6n favorecidas : 
I dulces musas indinada; 
auoquemenor, tiene tni.9 brio, 
r quien es, muy conocidas ; 
ban sido merecidas 
imeneo 

yenturoso, que en trofeo 
y vencedora palma , 
dii5 prendas del alma. 
) OtTO trato, 
■oen limpio celibate, 
estado, 

[ran afecto consagrado, 
su bond ad y su grand eza 

maculada mi pureza. 



discreci6n, con tan insinuante 
:acto tan femenino y delicado, 
> de quedar lisonjeado con la 
coo las nubes del inoportuno 
irse p1at6nicamente enamorada 
tan larga distancia, pero iinico 
su noble naturaleza: 

lor sin esperanza, 

[ue quisiera 

icho se ha hallado; 

' dichoso estado 

;s, 

}n m^ imposibles. 

ir mi alma osada, 

a fue criada 

lo easeOa; 



rela mi reposo, 
I veo, y me lastima: 

^ontrarios, 

indoy deotroclima! 

ide el Sur me esconde 

aceptos bellos, 

milagroso, 

;enio portentoso, 

i , y d ml danarme. 

lo; mas iqvi diga? 
ro ban de Ilamarte : 
el cielo te le ba dado; 
. tuvo paz conmigo, 
arte por parte, 
IS fuerzas confiado. 
nprecamas oiado, 

a 7 ei oficio. 



Otras pueitaR del alma quebraa 
No por los ojo* mios , que velai 
Esldn con gran pureza; 
Mat por oidos, cuya foitaleza 
Ha sido j es tan fuerte, 
Que por elloi no entr6 sombra 
Que tales son palabras desinaii< 
Si Tirgenes las ojen , 
Que a Dios han sido 7 sou saci 
Con gran Taz6a i tu valor inmi 
Consagran roil deidades sui lat 
Cuando manijan perlas en sus I 
Todo ese roundo all! te paga cc 

Y iste de aci, mediante tus fa' 
Crece en riqueza de ore y earn 
Potosi, que sustenta en sus esi 
Entre el inrierno crudo 
Aquel peso, que AtlanCe ya no 
Confiesa que su tima te la deb 

Y quien del claro Lima el agua 
Sus primicias te ofrece, 
Despues que con bus dones te 
Acrecentando ofrendas 

A tus excelsas y admtrables pr 
Yo que aquestas grandezas vO} 
Entretenida en ellas, 
Las Toy en mis entraOas celeb) 

Qu6 galano y qu6 exquisito t 
rabies panegiristas espafloles 
pe, cuyos versos llenan voliio 
mismo Fulvio Testi, en la he 
30 a su niuerte, alcanz6 A est 
)funda y concentrada. Pero : 
s sigue; Lope habia escrito £1 
a docta poetisa le exhorta a b 
1 en el cielo, donde ella espe 
ito e imperecedero: 

En tu patria, Belardo, mas n{ 



mucbo verte peregrino... 



rigen tuviEte mas diviao 
ia mayor, si la bu scares. 
} acertards, si imaginares 
ia tuya el cieto , 
peregrino aci en el suelol 

jrino mlo, 

I natural: p6ngaQte brio, 
alias, que elev6 lu canto 
DgaQosas, 

mas, que te importan tanto. 
en santo amor gozarte, 
imposible poder verte, 
peligros 7 mis faltas: 
el naufragio, y escaparte 
;lla de la etema muerte, 
Mgil al divino saltas; 
res gracias con que esroaltas 
lat obras, 

na inroortal continuo cobras, 
de ho J mas en versos lindos, 
OS J dirinos Pindos: 



nis dulces 7 perfetos; 
ido i quien le sigue, 
jremio al bienhechor persigue, 
virtud apresta el arco 
iosas flechas 
na aljaba de Aristarco. 



:andor se declara Amarilis inexperta 
}s, como quien emplea su tiempo en 
n el cielo^ y termina pidiendo d Lope 



e tu alma y mi consuelo. 

le escriba en verso la vida y martirio 



CLXXVII 

Aloe precio^o Sarnaos y Cam panes, 
Rubles Pegugamba, v Nubia algalia , 
Ametistes Rarsinga, 

Y pr6speros sucesos Acid alia. 

Ya veo que tendrds por cosa nueva, 

No que te ofrezca censo un mundo nuevo, 

Que a ti cien mil que hubiese te le dieran; 

Mas que mi musa rustica se atreva 

A emprender el asunto a que me arrojo, 

Hazafla que cien Tassos no emprendieran: 

Kilos al fin son hombres, y temieran; 

Mas la mujer, que es fuerte, 

No teme alguna vez la misma muerte. 

Pero si he pareddote atrevida, 

A lo menos par^zcate rendida; 

Que fines desiguales 

Amor los hace con su fuerza iguales; 

Y quedote debiendo, 

No que me sufras, mas que est^s oyendo 
Con singular paciencia mis simpiezas, 
Ocupado contino 
En tantas excelencias y grandezas. 

Versos cansados, ^que furor os Ileva 
A ser sujeto de sJmpleza indiana, 

Y a poneros en mano de Belardo? 

Al fin, aunque amargu6is, por fruta nueva 
Os vendran a probar, aunque sin gana, 

Y verdn vuestro gusto bronco y tardo: 
£1 ingenio gallardo. 

En cuya mesa habdis de ser honrados, 
Hara vuestros intentos disculpados: 
Navegad: buen viaje: haced la vela: 
Guiad un alma que sin alas vuela. 

Lope de Vega contest6 con la epistola de Belardo d 
AmartliSy que tiene buenos trozos y curiosas noticias de 
su persona y de su vida, pero que dista mucho de ser la 
mejor de las suyas. Por esta vez perdone Lope: la hu- 
milde poetisa ultramarina Ileva la palma. EI, que tanto 
pecaba por el lado de la galanterla, fdcilmente hubiera 

TOXO tIX« / 



(Cusa al fin de la eplstola de no es- 
anta Dorotea, dejandole a la devo- 
^tisa: 

lis el alma coasagrado 
itor de Dorotea , 
cabeza en su cayado, 
ida vos, pues que se emplea 
en casto pensimiento, 
jndo sus grandezis vea (i). 



la misma poetisa celebrada en el 
ao fdnix rara de Santa Fe de Bo- 
tnil que de Huanuco pasara d esta- 
;ino de Granada, pero no me atrevo 

icarla, porque dlferencias de estilo 
;regia poetisa peruana, disclpula del 
la, cuyo Parnaso Antdrtico honr6 
ioor de la Poesia, que Integro va 
s6lo como precioso documento de 
las noticias radsimas que contiene 
einato, sino como un curioso en- 
lo un bello trozo de inspiraddn di- 
icho, no sin razdn, el ilustre colora- 
rara vez en verso castellano se ha 
po^ticamente sobre la poesfa» (2). 



imarilis k Belardo y de Belardo 4 Amarilis le 
hras sutltas dc Lope de Vega, edicidn de San. 

tsias dc Doiia AuripinaMonta del Kfl/&CBogOti, 



irese,por ejemplo, con el Ej 
le la Cueva, que es del mist 
escuela y hasta del mismo 
mas excelsa concepci6n de 
; andntma, y qui forma tan e 
i a dar d sus nociones est^tii 
IS de pedantismo que empafl 
queza de versifici6n que se ad 
in fuera ella, parece hoy im 
DOS la presenta como *una si 
eino, muy versada en la lengui 
por cuyo mandamiento y per 
ibe su nombre, con el qual c 
jroica dama) fud justo dar p 
as epistolas*. Ni era ella sola la 
;es las letras en el Peril, puestc 
anque sin nombrarlas: 

Y aun yo conozco en el Pirii tres di 
Que ban dado en poesia heroicas m 

e ellas seria probablemente \i 
4 Lope; otra, quiza, la U." Ji 
tonces se consideraba como ; 
4 Ids poetas, fu6 la anonima 
como el Laurel de Apolo 6 e 
olonia. Hasta diez y siete cita 
enidos de Espafia, otros natur 
cas. Irapreso el Elogio pocas 
para qu^ repetirlos aquf, pue 
hablado ya; otros son totalm 
an dejado mas memoria que 
) 6 composici6n de certamen; 



■pasamos d dar breve razon, conforme a lo que de 
obras resulta. 

Tuvo el Peru, de igual suerte que Mexico, la forti 
de ser visitado en el siglo de oro por muy preclaros 
genios espafioles, que dejaron alii una tradici6n casl 
y de tuen gusto. Casi todos estos poetas eran andalu 
y los mas perteneclan a la escuela sevillana, de la c 
la primitiva poesla de la America espaflola puede c 
siderarse coLia una rama 6 continuaci6n. Fu6 de 
primeros el ya citado Diego Mexfa, el mas feliz trad 
tor de las Heroidas de Ovidio que hasta ahora ha 
grado nuestra lengua, traductor fiel no tanto a la le 
como al espfritu po6tico Unguido ymuelledel origii 
hibil en la expresi6n de los afectos y ternezas de am 
versificador desigual y negligente, en quien no 
raros los adertos exquisitos contrapesados por gran 
mero de prosalsnios y locuciones forzadas. La foi 
dura y estrecha del terceto que en toda su vers 
-adopt6, no es molde adecuado para el dlstico latim 
hubo de arrastrarle muchas veces d desleir los per 
mientos en larga y soflolienta parafrasis. La Eplsioh 
Safo d Faon descuella entre todas por el mayor num 
de bellezas: no sin raz6n la eligib Quintana para mi 
tra en su Coieccidn de Poesias Seiectas, bonra qu 
poqufsimas traducciones quiso dispensar su severe 
cio. <E1 tono elegiaco (dice aquel gran maestro) < 
bastante sostenido en toda la obra, y son pocas la; 
su clase que presenten trozos tan naturales, tan l 
sentidos y tan felizmente expresados, como la pini 
que Safo hace de si misma cuando le dan la noticii 
la fuga de su amante, la del bosque donde entra d ve 
&■ meditar en su tristeza y a recordar sus pasadas c 



y la de su ilusi6n en que se figura qui 
ando los mares i bu5carla» (i). 
. trabajo de Diego Mexia, aunque poi 
jtor no sea americano, lo es por la tiei 
rendi6 y termin6, como largatnente di 
m su curioslsimo pr6togo: «Navegandc 
de noventa y seis, desde las riquissimj 
i*iru A los Reinos de la Nueva Espafia ( 
dad de verlos que per el interns que 
s pretendfa), mi navio padesci6 tai grs 
1 golfo Itamado comiinmente del Papz 
a mis. compafieros nos fud represent* 
bora de la muerte. Pues demas de s 
s los arboles (vfspera del gran Patr6n 
S las doze boras de la noche, con espa 
ue vela ni astilla de arbol quedasse en 
•te arrebatada de un bombre), el com 
tan temerarios balances, con m^s de c 
de azogue que por carga infernal lle\ 
vino y plata y otras mercaderfas de qi 
itemente cargado, que cada momento 
hundidos en las soberbias ondas. Per 
adoso padre) milagrosamente y fuera d 
I humana (habi^ndonos desahuciado e 
ombas en la mano y dos bandolas, nos ; 
ansfiguracidn en Acaxu, puerto de Son 
[nbarqu6 la persona y plata, y no quer 
3S en desaparejado navio, determind ii 
an ciudad de Mdxico, cabeza (y con 



Celeeciin de Paes'ias Sclcctas CaiUUanas, t. Ill (ed, de 



CLXXXIII 



Nueva Espafia. Fu6me dificultosfsimo el camino, por 
ser de trescientas leguas; las aguas eran grandes por ser 
tiempo de iviemo; el camino aspero, los lodos y para- 
mos muchos, los rfos peligrosos y los pueblos mal pro- 
veidos, por el cocoliste y pestilencia general que en los 
Indios habia. Demas desto, y del fastidio y molimiento 
que el prolijo caminar trae consigo, me martirizd una 
continua melancolla por la infeliclsima nueva de Cadiz 
y quema de la flota mexicana, de que fui sabidor en el 
principio deste mi largo viaje. Estas razones y caminar 
i passo fastidioso de requa (que no es la menor en se- 
mejantes calamidades), me obligaron (por engaflar a 
mis propios trabajos) a leer algunos ratos en un libro 
de las Eplstolas del verdaderamente poeta Ovidio Na- 
s6n, el cual, para matalotaje del espiritu, por no hallar 
otro libro, compr6 a un estudiante en Sonsonate. De 
leerlo vino el aficionarme 4 el , y la afici6n me oblig6 i 
repassarlo, y lo uno y lo otro y la ociosidad me dieron 
animo & traducir, con mi tosco y totalmente riistico 
estilo y lenguaje, algunas eplstolas de las que mas me 
deleitaron. Tanto dur6 el camino y tanta fu6 mi cons- 
tancia, que cuando llegu6 d la gran ciudad de Mexico 
Tenustlitan, hall6 traduzidas, en tres meses, de veinte 

y una eplstolas las catorce Y considerando que mi 

entrada en la Nueva Espafia (respecto de la grande falta 
de ropa y mercaderlas que en ella habia) se dilataba por 
un afio, me pareci6 que no era justo desistir desta im- 
presa; y mas animado de los pareceres de algunos hom- 
bres doctos: y asl mediante la perse verancia le dl el fin 
que pretendfa.3> 

Conste , pues , que el lauro po6tico de Diego Mexia 
ha de repartirse entre Mexico y el Perii, y que esta tra- 



;i6n no iu6 obra de pacifico humanista, labrada y 
3a en quieto y estudioso retire, sino diversion y ali- 
ie iaterminables jornadas por tierras barbaras y re- 
is, tras de tormentas, huracanes y naufragios. «El 
nio (dice el autor) y talento que Dios fu6 servido 
arme, si es alguno, es bien poco, y esse ocupado y 
aydo en negocios de familia y en buscar los ali- 
tos necesarios d la vida; la inquietud del espiritu es 
^ande como la del cuerpo, pues ha veinte atlosque 
!go mares y camino tierras por diferentes climas, 
■as y teinperamentos, barbarizando entre birbaros, 
iierte que me admiro c6mo la lengua materna no se 

la olvidado La comunicaci6n con hombres dotos 

que en estas partes hay muchos) es tan poca, cuan 
I es el tiempo que donde ellos estan habito, demis 
en estas partes se platica poco desta materia, digo 
1 verdadera poesia y artificioso metrificar; que de 
r coplas a bulto, antes no hay quien no lo profese. 
lue los sabios que desto podrian tratar, s6lo tratan 
iter^s y ganancias, que es & lo que acS los trajo su 
ntad, y es de tal modo que el que mas doto viene se 

ve mAsperulero jOh, dichosos (y otra vez dicho- 

los que gozan de la quietud de Espafta, pues con 
1 facilidad y con tantas ayudas de costa pueden 
)arse en ejercicios virtuosos y darse a los estudios 
IS letras! y joh, mil veces dinos de ser alabados los 
d cualquier g^nero de virtud se aplican en las In- 
, pues demis de no haber premio para ella, rom- 
por tantos monies de dificultades para conse- 
.a!»(i). 

Prtmera parte del Parnaso Antirtico de obras antalarioi. Con las otim- 



CLXXXV 



Mucho mas que del culto ingenio de Mexiapuede glo- 
riarse Lima de haber dado hospitalidad en su convento 
de Predicadores, como regente de Estudios y maestro 
y Lector de Teologia, al que sin empacho podemos Ua- 
mar el primero de nuestros 6picos sagrados, emulo vie- 
torioso del obispo Jer6nimo Vida y digno de emparejar 
a veces con Milton y Klopstock. Fue 6ste el dominico 
sevillano Fr. Diego de Ojeda, grande entre los raros 
poetas de su orden, y de primera nota entre los de Es- 
patia, por mas que tanto tiempo pesara sobre 61 injustf- 
simo olvido, de que por fin vino a redimirle la alta y se- 
rena crftica de Quintana. No hay en la Crtsiiada^m cua- 
draba al sublime y tremendo asunto <iue el religioso 



iiuna Epistolas de Ovidio y el <In Ibinvi^ en U rcetos. Dirigidas d don luan de 
Villela, Oydor en la ChancilUria de los Reyes. Por Diego Alexia^ natural de la 
cilidad de Sevilla, i residente en la de los Reyes^ en los riqu'issimos Reinos del 
Piru. AHo 1608. Con privilegio; en Sevilla. Por Alonso Rodriguez Gama- 
rra, 4.* 

Las Heroidas se reimprimieron en el t. xix de la Coleccidn Ferndndez, y 
recientemente en la Bihlioteca Cldsica; pero en una y otra edici6n hubo el 
mal acuerdo de suprimir la mayor parte de los preciosos preliminares del 
libro, y con ellos la carta de la sefiora peruana. Tampoco esta en las reim- 
presiones modernas la traducci6n del Ibis, De modo que el Parnaso Antdr- 
tico s61o puede ser conocido integramente consultandole en la primera edi- 
ci6n. Ex6manla sonetos laudatorios del Licenciado Pedro de Ofia, en nomhre 
de la Antdrtica Academia de la ciudad de Lima en el Peru, del Dr. Pedro de 
Soto, catedrdtico de Filosofia en M6xico, en nombre de su claustro, y de Luis 
P6rez Angel, natural, 6 a lo menos vecino, de Arica, segun se infiere del 
elogio de la inc6gnita poetisa : 

Con gran recelo & tu esplendor me Uego, 
Luis P^rez Angel, norma de discretos , 
Porque soy mariposa y temo el fuego. 

Fabrican tus romances y sonetos , 
Como los de Anfibn un tiemp6 a Tebas, 
Muros i. Arica, d fuerza de concetos. 



eta eligi6, la fantasia intern perante y deslutn 

oriental 6 tropical del Bernardo, nitamp 
dad de materia y color que realzan laArauc 
sin disputa, el mejor compuesto de nuestros 
,s racional en su traza y distribucion de pari 
letra en esferas mas altas del sentimiento i 
,s Ueno de calor, de elocuencia pat^tica, de s 
,nos, de viva y penetrante efusibn, que en cii 
, como el cuadro de los azotes, es capaz de a 
mas al lector menos pio. La ardlente elo( 
sstrosasceticos, la del venerable Granada, s 
sus Meditaciones sobre la Pasi6n, nadie la h 
:re nuestros poetas, salvo el P. Ojeda. Si en! 
uviera el gusto tan rematadamente estn 
3aria la Cristiada confundida y olvidada 

1 de la Bihlioteca de Autores EspaHoles, s 
iltiplicarian sus edlciones para deleite de 
ratas, no menos que de los hombres de bi 
intana harto hizo con sacarla de la obscur: 
nendarla, venciendo su genial antipatfa 
;sia religiosa. «La pompa y brillantez de la 
nes (dice), la belleza general de los versos 
I corresponden casi siempre d la grandeza d 

n y de los pensamientos El lenguaje d 

da es propio, puro, natural, ajeno enteram 
ctacidn, pedanteria, conceptos y falsas flor 
mpieron despuds la elocuencia y la poe 

la No se hallaran en Ojeda imitaciones 

;tas antiguos ni modernos: el lenguaje deia 
e los libros asc6ticos son las fuentes de s 
: hierve toda de expresiones sublimes a ve 

tiernas y dulces, y frecuentemente tambi6 



■P" ..■ 



en familiares y ))ajas por su extremada naturalid 
sencillez» (i). 

A esta familiaridad , que a veces degenera en 
saismo y bajeza; & ciertos resabios escolisticos i 
controversia teoligica (que no serfa diflcil encoi 
tambi^n en Dante y en Milton); & la falta de plenit 
cadencia en algunos versos y de esmerada construe 
en rauchas octavas; & la falta de energfa con que e 
preseatados los caracteres ; atribuye principalm 
Quintana el que la Cristiada, con valer todo lo 
vale y ser, bajo rauchos respectos, superior a todo: 
productos de nuestra musa 6pica, no pueda ciasific 
sin reserva entre las obras inaestras de su g^nero, 
que, rairada ^ trozos, llegue a confundirse con ellas 
creo que lo que principalmente la daOa es cierto g6i 
de ejecucidn menuda y algo candorosa, cierto abanc 
infantil, mas propio de libro de devoci6n que de po 
6pico, y una verbosidad desatada que roba nervio 
diccidn y energla A las situaciones, y deja ver con 
cuencia detrds del poeta al orador sagrado. Pero cue 
Ojeda acierta, iquifin de nuestros 6picos acierta c 
^1? La vestidura que lleva el Salvador al Huerto, < 
cual estaban representados los pecados del mundc 
Oracidn personificada que sube al cielo A pedir d ] 
por su Hijo; el hermoso movimiento Ifrico con qu 
poeta interviene en el cuadro de los azotes Yo pegui 

SeAor, y tti padeces ; los consuelos del arcingel 

briel k la Virgen Maria vaticindndole la resurrecci6 
su hijo; el cuadro todo de la Crucifixidn, y espe 
mente el roomento del eclipse : estas y otras innu 



(0 Prtlogo de la Musa P.pica (t.i, edic.de 1833), pag. 48. 



CLXXXVIII 



que hay en el poema de nuestro dominico 

ifica y soberana poesia, y todo hombre de 

ira como dijo Quintana del ultimo de los tro- 

dos: «Yo no conozco cosa que se aventaje 

i este pedazo de poesta, y puede ir a la par 

ra de las ideas sublimes que se admiran en 

inte, Miguel Angel, Milton y los demas 

ores de esta fuerza.* 

irivilegio del suelo americano, el que en 6l 

ampuestas las tres principales epopeyas de 

) de oro: la hist6rica en Chile, la sagrada 

I novelesca y fantastica en M6jico, Jamaica 

:o!(i). 

e con el P. Ojeda daba culto a las musas 

:o sevillano, Fr. Juan Gdlvez, residente en 

de Trujillo cuando la poetisa an6nima es- 

nos raz6n de su patria: 

I una esta Truxillo enriqueciendo ; 

. Lima el otro, y ambos a Sevilla 

A esUis con vuestra musa ennobleciendo. 

'ii, del P. Maatro Fr. Diego ife Hejeda, Rigente de hi tiludios 
'■ de Lima; que trata de la viday miterUde Crislo nuestro SaJ- 
j{ Excina. Sr. D. J. de Mtndoza y Luna , Marquis de 

rrey del Peru Impreio en Sevilla en la imprettia de Dirgt 

'e Calalaaes, aiSo de 1611, 4.° Las aprobaciones estan fecha- 
f versos laudatorios de Lope de Vega, Mira de Amescua, 
el Licdo. D. Gabriel G6mez. 

as reimpresidn completa de este raro y precioso libro que 
I 1. 1 de los Paemas Epieos de la BibUoteca de Rivadeneyra. 
. Manuel de Berriozibal, public6 ea 1848 en Paris uiia re- 
bien compendto del poema, y tengo idea de que esta re- 
i imprimirse en Barcelona. 

nico, de quien espera inucho la historia literaria de su or- 
>s hace a la Facultad de Letras de la Uaiversidtd de Ma- 
)ctoral acerca del P. Ojeda, con datos biograficos que do 
inguna otra parte. 



1 



3S y Fr. Diego de Ojeda,uno en su 
otro en su Cristiada, bien osarin 
5 del rio Lima, que bafla la ciudad 
nvidiar&n jamas a las de Beocia», 
niidez y Alfaro en el pr6logo de la 
! Belmonte- Nada sabemos de este 
Cortes, y si su autor merecia reat- 
en corapafifa de tal poeta como 
[isolaremos de su p^rdida. 
do tarabiiSn, pero bastante conser- 
entes obras de Luis de Belmonte 
a la memoria de los curiosos ape- 
cosa que su comedia de El Dia- 
an atrevida y fantastica invencibn 
tan intenso y picante donaire en 
cual sirvi6 de remote ejemplar d 
(dicas del incomparable Don Al- 
torio dramAtico de Belmonte, ya 
en coIaboraci6n , es mucbo mas 
is notables entre los de segundc 

uyo de doce novelas muy celebrado 
ci6n y agudeza de su prosa, en que 
! por reanudar el bilo de la postrera 
: Cervantes, haciendo la vida del 
:1 manco sano habia escrito la de 
ijras po6ticas, aun permanece ma- 
les, uno de la Colombina y otro de 
de todas; es decir, La Ilispdlica, 
uista de Sevilla, rico de valientes 
extremo superior d la Bittca de 
m ser tan varia la fecundidad lite- 



le Belmonte, aun fu6 mayor la varie 
e los sucesos de su vida, desde qu< 
3n6 las orillas del patrio Betis, <gast3 
>s de su vida en peregrinaciones : 
ado Bermiidez y Alfaro, amigo, y, 
suyo, nos refiere sus andanzas en el 

1 frente de La Hispdlica (i): 

i6d Nueva Espada en sus primeros a 
inaci6n le guiase k ver nuevas provir 
el Pirii el aflo siguiente (2), donde, i 
'idos ingenios de Lima, voIvi6 al es 
musas, alcanzando gran parte de la 

obras descubre Escribi6 Luis de ] 

vario en la invenci6n, porque lo pei 
;esos de aquellas provincias, con la 
reyes suyos; que otro lo tuviera por 
•^ el apenas se acuerda de haberlo he 
icido con la fuerza del trabajo, 
ecidse d la saz6n salir una armada d 
tstro, y como semejantes armadas tii 

2 cronistas, que asf lo encarga S. 

, busc6 el general Pedro Fernande 
a que hiciese este oficio, y asimismo 
secretario, que no siendo menester 
dir a nuestro autor, por su inclinai 
' la plaza, halldndose en ^l las parte 
nbos oficios, porque en raz6n de letr 



ipreso en el Ensayo de Gallardo, t. ii, pigioas 62- 
^taba ya en Lima el ado 1605, scgiin 61 propio ad' 
.a oomedia Algunns hazafias de D. Garcia Hm 




CXCI 



mos en Espafla quien le exceda , y no sin dificultad se 
podrd hallar quien le iguale, si bien estima en poco un 
don tan excelente, siendo, como es, con el extremo que 
en 61 se conoce. 

»Hizo su peregrino viaje, descubriendo en tres baje- 
les la armada incultasy no domadas regiones, costeando 
la Nueva Guinea y las islas que llaman de Salom6n, y 
parte de las dds Javas, Mayor y Menor, engolfdndose 
despu6s en el extendido archipi^lago de San Ldzaro, y, 
en fin, poniendo (como 61 mismo dice en una estancia) 
nombres a los mares, puertos y rios; y mds copiosa- 
mente en los liltimos capitulos de un libro suyo en prosa, 
que saldra entre las demas obras, guardando en silencio 
lahistoria de su Jornada, que escribi6 en versos heroi- 
cos, hast a darle la ultima lima, por lo poco que se 
agrada de sus mismas obras. 

>Gast6 en la mar once meses y veinte dlas, que en 
golfos jamas descubiertos , con hambre y sed, tanto de 
la tierra como del sustento, claro es que serlan los peli- 
gros grandes y los trabajos inmensos. Su almirante y 
lancha arribaron a las Malucas, a la saz6n que acababa 
de ganarlas D. Pedro de Acufla, gobernador de Filipi- 
nas; y la capitana en que venla Luis de Belmonte, des- 
trozada y perdida con la fuerza de los vientos, que pa- 
reci6 milagro, cobr6 a los seis meses liltimos la costa de 
la Nueva Espafla, prolongandola ochocientas lenguas 
por la banda del Sur. Al fin, por varios casos, lleg6 d 
seguro puerto; pas6 d Mexico segunda vez, donde, no 
pudiendo olvidar el manjar sagrado de las Musas, escri- 
bi6, entre muchas comedias, que algunas hay impresas, 
la Vtda del pairiarca Ignacio de Loyola^ en versos 
castellanos, que de su g6nero dudo que alguno se le 



taje. Harase en Espafia \asegunda impresi6n (i), y 
jncederan el lugar que ha tenido en todas las pro- 
as de Indias. 

,leg6 a Madrid Luis de Belmonte queriendo con su 
;ral volver a la conquista de las regiones que deja- 
lescubiertas; pero causas legitimas, bien contra su 
iaci6n y gusto, le forzaron a no proseguir la em-^ 
I, si bien ha gastado el tieinpo aprovechadamente 
•s estudios que sigue, no dejando por ver las mejo- 
iudades de Espafla, s6Io t fin de comunicar Ids in- 
}s dellas.» 

mismo aventurero poeta alude bizarramente a sus 
abrimientos y peregrinaciones navales en una di- 
6n de La Hispdlica : 

Yo, apenas conocidoen nuestro Polo, 
(Cdmo padre sonar en la sujeta 
Region del Austro, de fiereza. armado. 
Si bien la visite como soldado? 

Penetra el mundo, sin moverse el dueflo. 
La fama de la pluma y de la espada. 
Yen tanto que reposa en blando sueflo, 
Llega su nombre i la regidn helada. 
Plies yo que, alegre, la persona empefto 
Por la regidn del sol mas abrasada , 
No quisiera mas fama que en aquetlas 
Provincias que med! con propias bucllas. 

Mas ondas nuevas penetr^ que vieron 
Coldn, Cortes, Pizarro y Magallanes, 
Pues tocando las que ellos descubrieron , 
Pase con los criizados tafetanes. 
Un capitdnsegui de qulen temieron, 
Midiendo estreJIas y afijando imanes. 
Las no domadas ondas de AntitriCe, 
Que ya no tiene el orbe quien le imite. 



Nunca he Tisto la primers ni la segunda. 




CXCIII 

El pecho puse i la mayor Jornada, 
Llegando al sol los peosamientos mios, 
Y tocando en la tierra, en vano armada, 
Nombre dimos al mar, nombre d los rlos, 
Como de Arauco en la jamas domada 
Regi6n, notaba los soberbios brios 
Ercilla, de los barbaros chilenos : 
Si bien yo anduve mis y escribl menos. 
« 

No toca i nuestro prop6sito la controversia en estos 
ultimos aflos suscitada acerca del autor probable de la 
Relacion del descubrimiento de las regiones australes^ 
que su editor atribuyd d Luis de Belmonte, contra- 
riando tal opini6n el malogrado cronista de nuestra ma- 
rina D. Francisco Javier de Salas (i). Lo cierto es que 
gran parte de esta relaci6n pas6 a la letra al libro de los 
Hechos de D. Garcia Hurtado de Mendoza^ marquis 
de Cafiete^ que compuso en 1613 el Dr. Crist6bal Sua- 
rez de Figueroa, asl como la galana prosa de este libro, 
en la parte que se refiere d la sumisi6n del valle de 
Arauco por D. Garcfa, sirvi6 de base a la desatinadf- 
sima comedia que, Belmonte, asistido de otros ocho in- 
genios, entre los cuales los habla tan insignes como 
Alarc6n, Guillen de Castro, Mira de Amescua y Luis 
V6lez, dieron a los teatros en 1622 con el titulo de Al- 
gunas hazanas de las muchas de D. Garcia Hurtado 
de Mendoza^ Marques de Cahete (2). 



(i) Vid. Historia del descubrimiento de las regiones austraUs hecho por el 
general Pedro Fernandez de Quiros, puhHcada por D. Justo Zaragoza. Ma- 
drid, 1876, 3 vol.; y Bolettn dela Academia de la Historia^ 1. 1 (1878). 

(2) En Madrid, por Diego Flamenco, afio 1622. Reimpresa al fin de las 
Comtdias de Alarcdn en la Biblioteca de Rivadeneyra. Los poetas colabora- 
dores, am6n de los citados, fueron el Conde del Basto (nieto de Antonio de 
Leiva), D. Fernando de Ludefla, D. Jacinto de Herrera y D. Diego de Ville- 
i;as. Puede conjeturarse, con el Sr. Ferndndez-Guerra (D, yuan Ruiz de 

TOMO in. // 



No sabemos que ninguna de las obras de Belmonte 
iaiiese de las prensas de Lima- No asi las de D. Diego 
Je Avalos y Figueroa y D. Rodrigo de Carvajal y Ro- 
iles, que por este tiempo se contaban entre los mas lu- 
:idos ingenios de la colonia. Es curiosisimo y entrete- 
lido Hbro, cuanto apreciable por su rareza bibliografica, 
;1 de la Misceldnea Austral que en 1603 estampaba el 
jatriarca de la iinprenta peruana, Antonio Ricardo. Di- 
^idi61e su autor, D. Diego de Avalos, en cuarenta y 
;uatro coloquios, de que son interlocutores Delio y Ci- 
ena, y en los cuales, sin orden alguno, se trata de las 
naterias mas diversas: del amor y de las cualidades que 
]ebe tener el amante, de los celos, de la miisica, de las 
:atidades de los caballos, de la verdad, de la vergiienza, 
le la perfecci6n de las dainas, del ortgen de las sortijas 
"i anillos, de la conversacidn, de las im^genes y templos 
ie Venus, de los sueflos y del suefio, de las ventajas de 
a lengua toscana para la musica, del uso de las estampas 
f dafios de la ociosidad, delave F6nix, delpelfcano, del 
:isne y del aguila, de los minerales, animales y vegeta- 
es del Perii, de las propiedades de la piedra bezoar, de 
OS edificios antiguos del Perii, del origen de los Incas 
J de sus leyes y ritos, de los sacrificios que los indios 
isaban, de la antigua riqueza de EspaCa en oro yplata, 
:Iogio de la ciudad de Ecija, de donde era oriundo 
ft,valos, etc. Es, pues, una Silva de varia leccidn, harto 



\larcSn, pag. 359), que todos estos ingenios andaban por aquella fecha ros~ 
rituertos con Lope de Vega, puesto que se atreven a decir de si mismos 
lar boca de Belmonte que 4$on los que en EspaQa tieoeQ mejor lugar , i 
lespecho de la envidia*. (3 esta comedia se escribi6 para rivalizar con el 
irauca damade de Lope, 6 al contrario: poco importa ponerlo en claro, por- 
|ue eotrambas son 4 coal mis iufelicei. 



semejante a la de Pero Mexfa en lo inconexo y abiga- 
rrado de las materias. Intercilanse en ella muchos y no 
despreciables versos, de los cuales merecen citarse un 
fragmento de traducci6n en verso de las Ldgnmas de 
San Pedro de Tansillo, y un largo poema en octava 
rima y en seis cantos, que viene d ser como la se- 
gunda parte del libro, y lleva por titulo Defensa de Da- 
mas..... donde se alegan memorables historias, y donde 
florecen algunas sentencias, refutando lo que algunos 
phiUsophos decretaron contra las mu/eres, y firovando 
ser /a/so, con casos verdaderos , en dtversos tiempos suc- 
cedtdos (i). 



(i) Primera parte de la Miscilinea Austral de D. Diego d Avahsy Figueroa, 

en Dtries coiofia'os Can la deftma de Damns. Diripda al Exeetlenlissimo se- 

^»r Don Luys de Velasco, Caoalltro de la Orden de Santiago, Visorey y Capitati 
Gtnerai de Its Reynos delPifu, Chile y Tierra Firme. Con licencia de su ixci' 
' lattia. Impreso en Liviapor Antonio Ricardo. Aho 1601, 4.° El autor firmi la 

I dedicatoria en la ciudad de la Paz eo 6 de Septlembre de 1601. 

Lleva gran oiimero de versos Jaudatorioa del general D. Fernando de Cdr- 
I dobay Figueroa, D. Diego de Carvajal, D. Lorenzo Fernandez de Heredia, 

; Dr. D. Fraocisco de Sossa, Dr. Hnrmero, Dr. Francisco do Figueroa, Li- 

I cendado Bartolomi de AcuBa, Ldo. Pedro de Ofla, Ldo. Francisco NiiQez 

de Bonilla, Ldo. Crist6bal Garcia de Rivadeneyra, Uo. Antonio Maldonado 
de Silva , Juan de Salcedo Villandrando, I-eonardo Ramirez, Un religtoso 
' grave y Francisco Moreno de Almaraz. Al principio de la Defensa de Datnas, 

i nueras composiciones laudatorias de Pedro de Ofla, Ldo. Bartolome de 

i AcuOa Olivers, D. Sancho de Marafl6n, Ldo. D. Francisco Ferndndez ds 

C6rdobB, capitin Gabriel d'Oria y Rut L6pez de Frias Coello. 

Eata Miscelinea Austral impresa no ha de confundirse con la otra Misce- 
linta Aniirtica in£dita de Miguel Cabello de Balboa, natural de Archidona, 
autor tambi^a de otras obras mencionadas por la poetisa andnima : 

La Vokiiea horrlfica terrible, 
V el Mitilar Elcgio, j la famoea 
Atiiceldnea t^uK i.\ Inga cs ipacible : 

La tnlrada de lot Moioi milagrosa, 
La comedia de El Ciace y VasqHtrana, 
Tunto verso elegantey tanta prota 



lo ha conseguido nuestra diligencia haber A las ma- 
ejemplar alguno del poema La conquista de An- 
lera, obra del capitan D. Rodrigo de Carvajal y 
t)les, que Nicolas Antonio cita corao impreso en 
la en 1627 , haciendo merito ademas de otro poeraa 
iito del mismo autor sobre La hatalla de Toro. S6I0 
lemos juzgarle, pues, per un poema de circunstan- 
I donde no es de celebrar otra cosa que la habitual 
infa de la versificacidn, en que no desmiente Carva- 
f Robles el caracter disdntivo de aquel floridlsimo 
po de poetas antequeranos que t\ fu6 A representar 
;1 Nuevo Mundo: los Tejadas, Espinosas, Marlines 
ristobalinas. Lope de Vega canto de 61 en la silva2.* 
Laurel de Apolo : 

Aqui con alta pluina doa Rodrigo 
De Carvajal y Robles, describiendo 
La famosa conquista de Antequera, 
Hallo la fama, y la llev6 consigo; 
Tantas regiooes penetrando y viendo , 
Que del Betis le trajo a la ribera, 

Y baciendo f>or su bijo 
Festivo regocijo, 

Laa bellas ninfas el laurel partieroa, 

Y como ya sus dulces musas vieron 
Restituldas a su patria amada, 

Tom6 la pluma Amor, Marte la espada. 

s autor Carvajal de la descripci6n en quince silvas 
as J^tesias que celebrd Lima al nacimiento del prin- 
! D. Baltasar Carlos; Hbro de la mayor rareza, im- 
io en aquella ciudad el aflo 1632, cuando el poeta se 



Nombre te dan y gloria soberana , 
Miguel Cabello, y *ala redundindo 
Por Hesperia, Archidona quedaulana. 



hallaba de Corregidor y Justicia Mayor de la pro 
de Colesuyo por Su Majestad. Ocurri6 duran 
fiestas un terremoto, y el trozo en que se describt 
los mis valientes del poema. Elogi^ronle en tfir 
cultos y ampulosos, conforme al gusto crespo y en 
tiado que comenzaba & prevalecer en nuestras let 
aquende y allende, el maestro Fr. Lucas de Mei 
agustino, catedritico de Escritura en la Universic 
Lima, y el chantre de Arequipa Fr. D. Fulgencio 
donado. «Grandes fueron las fiestas (dice el prii 
mas nunca tan del todo grandes, como en la relac: 
D. Rodrigo de Carvajal y Robles; que son por ex 
dichosos en crecer los asuntos que este caballero 
calor de sus manos. Antequera, su patria, debe la i 
talidad a su poema con mas verdad que & sus i 
Yestas fiestas que ya por humanas pasaron prest( 
dran de divinas la duraci6n, perpetudndose en este 
en quien he hallado inucho que admirar y nada q 
iTegir.» «Erab6squese en estas silvas (pondera el 
tre arequipeflo) el que quisiere sentir como Lf 
hallardse una vez y otra y mil veces cogido de si 
si6n, causada, ya de lo dulce de sus descripciones, 
la hermosura y pompa de las voces; y los que en 
mis adentro, hallarin mas rigurosas observacion 
arte.» Un poeta an6nimo que escribe un soneto ( 
banza del autor, se atreve a decir, jugando con si 
llido, que con la publicacidn de tal poema 

Ya vuelve el siglo de oro; ya los rciles 
Sudando miel, como en la edad primera. 
El reino de Saturao pronostican. 

Tan desaforadas hip6rboles no deben prevenimc 



nente contra el libro de las Fiestas, que es 
;s 6 mis tolerables de su g6nero (i). No 
'elaci6n en verso que el franciscano Fr. Juan 
public6 en 1630 de las que se celebraron en 
motivo del octavario de los XXIII martires 
; pero el Sr. Palma afinna que en ella campean 
:travagantes retruecanos y las mds enigmdticas 
2). 

ubo de major estilo: la Reladin de las exe- 
la reina D.* Margarita de Austria, siendo 
Marquis de Montes-Claros (1613), contiene 
'SOS que deben de ser de la vena del misrao 
istino Fr. Martin de Le6n, A quien pertenecen 
'- de honras y la Relaci6n en prosa (3). 



gue ciUbro la ciudad dt los Reyes de! Piru, al tiacimiealo del Sere- 

'pe D. Ballasar Carlos de Austria nuestra seilor. A D. Franeisc 

tdez de Cabrera y liobadilla , niHe dt dos aiios y pritru'ginito del 

ande de Chiackon , Virrey del Peru. Per el capitin D. Rodrigo dt 

bles, Corregidor y JusHeia mnyor de la provincia de Colesuyo, per 

Tmpreso en Lima {d casta de la ciudad)por Geronimo de Centre- 

'32. 4-° 

io leldo en la maugaraci6a de la Academia Peruana, corret- 

la EspaAola, el 30 de Agosto de 1S87. 

n de las exequias que el Excino. Sr. D. Juande Mendozay Lima, 

f antes- Clares, Virrey del Piru, hizo en la muerle de la Reina nues- 

fla Margarita Par el Presenlado Fr. Martin de Lima, de la Or- 

pistin. En Lima, por Pedro de Merchan j Calder^n, aQo 1613, 
la grande estampaque cootiene el diseflo del tilinulo real, di- 
na por J. Martinez de Arrona, y grabado pwr el P. Ledn. Versos 
s Bernardo Montoya, Pedro de Ofla, el almtranie D, P. Oroico, 
Mendoia, el Dr. Cristdbal de Rivadeneyra, Fr. Bias de Acosta, 
mdndez de C6rdoba, Fr. J. de Zirate. 

lerlaa visto, ignoro si contienen versos la RelacUn de las /iestasi 
: Cortcrpcidn de la Virgen, de Antonio Rodriguez deLe6n (t6l8); 
e las fiestas al nuevo reynada de D, Felipe IV, &^ Fr. Fernando 
la); las Fiestas de Lima en Ut (aneniiocUn de San Pedre NoUsce, 



de I 
he I 



■F' 



CXCIX 

Pero la dominaci6n del buen gusto fu6 tan eflmera en 
el Peru como en Mexico. Puede decirse que el liltimo 
rayo de pura luz literaria que en el siglo xvii atravesd 
las tinieblas que comenzaban a espesarse sobre las 
escuelas de Lima fu6 el virreinato del Principe de Es- 
quilacbe D. Francisco de Borja, verdadero prIncipe d la 
italiana y verdadero poeta, aunque distase bastante de 
ser prfncipe de la poesia, como le llam6 la adulaci6n de 
sus contemporaneoS. Pero de esto al injustificado olvido 
en que desde fines del siglo pasado yacen sus obras, hay 
mucha distancia. Es de los poetas de segundo orden 
que vienen inmediatamente despu6s de los grandes; y 
entre los Ifricos del siglo xvii, pocos son los que raere- 
cen mas que 61 una rehabilitaci6n cumplida, que algiin 
dia ha de serle otorgada. No tuvo fuerzas ni nervio para 
el cultivo de los g6neros superiores de la poesia. Su 
Ndpoles recuperada es una inslpida y amanerada imita- 



de Fr. BartoIom6 Vadillo (1632); la Pompa funehre en la muerte de dofta 
Isabel de Borbon, de Gonzilo Astete de Ulloa (1645); la P(mipa funeral y exe- 
guias d la muerte de Doha Angela de Guztndn (1654); la Pompa funehre en la 
muerie del Conde de Salvatierra, de Gabriel Barreda Ceballos (1663); la Cele- 
bridad y fiestas con que Lima celehro la beaHficacidn de SaniaRosa, de don 
Diego de Le6n Pinelo (1670); la Triunfal encomidsHca aclamacidn del Conde 
del Castellar^ de Andres de Paredes y Solier (1674); el Acto glorioso: fiestas 
en la cananizacidn de San Luis Beltrdn (1674); ^^ Parnaso del Real CoUgio de 
San Marcos , postrado a los pies del Conde de la Monclova (1694); las Exequias 
de la reina Doha Mariana de Austria (1697). Pero seguramentelos hay en el 
Certamen panegyrico historial poiiico por la reedificacidn de la ciudad de los 
Reyes (1673). 

Esta reedificacidn es la que siguio al espantable terremoto de 20 de Oc« 
tubre de 1687, de que hay relaci6n en verso, muy rara y curiosa: Relacidn 
poeOca de la fatal ruina de la gran ciudad de los Reyes, Lima, con los espantosos 
temblores de tierra sucedidos d 30 de Octubre de 1688. Va a I fin un romance al 
nunca vista aUwroio de la misma ciudad en la noche del lunes i." de Diciembre 
del mismo aho, ocasionado del rumor f also de la salida del mar^ por un ingenio 
desta corte. Con Ucencia en Lima, aho de 1687. 



il Tasso, sin jugo, sin interns, sin grandeza y basta 
so alguno que se grabe en la memoria, porque 
son iguales en su fria y mondtona correccidn- 
in las epistolas morales y en los sonetos, como 
lie al fin de Bartolora6 Leonardo de Argensola, 
v6 una tradicidn de gusto maduro y severoi 
a a los extravlos reinantes; y en los romances 
inos y amorosos, en las letrillas y en todo g^nero 
SOS cortos, que eran el legiCiino campo de su 
, rivaliz6 A veces con Lope de Vega en gracia y 
a. Harla buen servicio quien del enorme tomo 
■man sus obras po6ticas en las dos ediciones de 
as, entresacase en un pequeDo volumen todo lo 
irece vivir, condenando al olvido lo restante. 
615 a 1622 tuvo Esquilache el mando supremo 
reinos del Peru, con honra suya y prove cho de 
6n. Bajo su gobierno fueron rechazados los piratas 
steros que infestaban aquellas costas, fortificado 
to del Callao, erigido el Tribunal del Consulado; 
ie sabias ordenanzas para los establecimientos 
■s de Potosi y Huencavelica; se fundi el Real 
torio de San Bernardo para la educaci6n de los 
e los conquistadores, y el colegio de San Fran- 
e Asis, para los bijos de indios nobles; se hizo la 
sta de la comarca de los Maynas en el Marafidn, 
[id6 la ciudad de San Francisco de Borja, sinti6n- 
1 ^sta como en todas las demds provldencias del 
el prepotente influjo que en su animo ejercian 
iltas. Ks maravilla que en ninguna de sus obras, 
'tantas,baga Esquilache la menor alusidn (que 
lerde) al Perii, ni & America, de tal modo que per 
idie inferiria que bubiera pisado siquiera las tie- 



m^ 



CCI 



rras antarticas. El picante y donosisimo cronista de la 
vida colonial de Lima, le atribuye la fundaci6n de una 
academia literaria en su palacio, y hasta da los nombres 
de los que a ella concurrian; pero como no encontramos 
rastro de tal academia en ninguna parte, nos inclinamos 
i pensar que esta es una de tantas ingeniosas travesuras 
del autor de las Tradtciones peruanas^ que ni pretenden 
ser libro de historia, ni pierden nada por no serlo. Aca- 
demia en el palacio virreinal no hallamos hasta el tiempo 
del Marqu6s de Castell-dos-Rius; aunque hubiese virre- 
yes muy cultos y literatos, como lo fu6, ademas de Es- 
quilache, el Conde de Santisteban del Puerto D. Diego 
de Benavides y de la Cueva (1661-1666), autor de un 
tomo de versos latinos que Ueva por titulo Horce Sue- 
cisivce (i). 

Fu6 lastima que el perlodo de mayor paz, abundancia 
y prosperidad de la colonia coincidiese con el periodo 
mas fatal de nuestra decadencia literaria. Lima, que era 
el principal centre de cultura de la America del Sur; 
Lima, que se honraba con universidad tan floreciente y 
tan bien dotada como la de San Marcos (2); Lima, 
donde la imprenta tom6 tantas alas en el siglo xvii, 
puesto que pasan de cuatrocientas las publicaciones de 
aquel siglo que ban llegado a catalogar los mas diligen- 
tes bibli6grafos, raras todas y de alto precio en el mer- 



(i) Hora Succisiva D. Didaci Benaxndii Cofnitis S. Stephanie studiosa cur a 
D. D, Francisci Marchumis Navarum et Z>. Emmanueiis Benavidii filiorum 

umgesta. Nova editio a mendis expurgala Lugduni^ sumptibus yoannis de 

Argaray hibliopcla pampilofunsis , 1664, 12.^ 

(2) Sobre el estado de la Universidad en el siglo xvii debe consultarse 
especialmente el libro de D. Diego de Le6n Pinelo Hypomnema Apologeticum 

Wo Rigali Academia Limensi Ad Limensem Regium Senatum Limaet 

Of^ina Juliani de los Santos et Saldaha, Anno Domini 1648. 



1 



que muchas scan breves opiisculos, sermones, 
es en derecho, vidas de santos, exequiasy fies- 
, que en 1602 tenia ya teatro publico, el que 
se Uamo de la Comedia Vieja; Lima, la pri- 
dad del Nuevo Mundo donde se conoci6 la 
riddica en forma muy pr6xima d la presente, 
ocas ciudades de Europa podian jactarse de 
[i); Lima, que podfa envanecerse con un poli- 
docto y tan juiciosocomo Le6n Pinelo, litil boy 
OS biblidgrafos y a los ilustradores del Dere- 
idias; ofrece, a pesar de tantas ventajas, muy 
ntingente a la literatura po^tica del siglo xvri, 
3ndo de los ingenios que le prest6 la metr6- 
e por su educaci6n mas bien pertenecen al si- 
aunque escribiesen en los primeros aflos del 
Algunps infelices ensayos 6picos, ya de tema 
como las Armas Antdriicas 6 conquista del 
D. Juan de Miramontes y Zuazola, que ni si- 
garon 4 imprimirse, a pesar de baberse eoco- 
el autor al patrocinio del Virrey, Marqu6s de 
aros (1607-1616); yade materia piadosa, como 
It'co, compuesto en alabanza de Santo Tomis 



lido que las Cartas que en peri6dicos bastante Rjos y reguUm, 
laceta, publicaba en Madrid Andres de Almansa y Mendoza, 
i6i6,sobre navedadcs de cstacorU y avisos rtcibidoi de otraspar- 
imlan en Lima en llegando, aunque de estas rei m p res i ones 
s. (Vid. CoUcciia de Libras EspaHolcs raros y cun'esos, t. xvn.) 
glo habiaya Gaccta» especiales de Lima, v.gr.; Relaciin dt todo 
'. Europa kasla iunts i I de Septiembre ife 1671. — Natvdades en 
le la rtlacidn desde i% de Agoste de 1679.— Diarto de las noticias 
jue se hace saber de una tragedia laslimosa que sobrevino del eteh 
r. — Naticias del Sur, conlimiadas desde 6 de Nvviembrt de 1685. — 
iasdelSur i688. 



^^<^r 



CCIII 

por el dominico Fr. Adriano de Alecio, £i Santuarto 
dt Nuestra Sefiora de Copavacana^ del maestro fray 
Fernando de Valverde; ya de indole encomidstica y 
descriptiva, como el Poema heroyco hispano-lattnoy pa- 
ntgirico de la fundacidn y grandezas de la tnuy Noble 
y Leal ciudad de Lima^ del jesulta Rodrigo de Vald6s, 
el cual tiene la gracia de poderse leer a un tiempo en 
latin y en castellano, lo cual quiere decir que no esta 
escrito en ninguno de ambos idiomas, sino en una jeri- 
gonza bdrbara: si a esto se agrega alguna rarlsima poe- 
sia lirica que se imprimi6 suelta, como la correcta y 
bien sentida elegia de un cierto Sanabria d la muerte de 
su hija, tendremos reunida casi toda la cosecha, ni muy 
abundante ni muy conocida (i). Pero el libro que mas 

(i) Armas Atitdrticas, hechos de l^s famosos Capilanes espaholes que se ha- 
Baron en la Conquista del Peru: su autor D. Juan de Miramontes y Zuazola^ 
dedicadas al Excmo. Sr. D.Juan de Mendozay Luna^ Marquis de Montescla- 
roSf Virrey del Peru. Ms. citado por D. Bartoloro6 Jose Gallardo como exis- 
tenteen la biblloteca del infante D. Luis. Es un poema de veinte cantos, en 
octaras, y por lo que conocemos de 61 no parece de los peores de su clase, 
7, por de contado, superior a la Lima Fundada de Peralta. 
Eropieza el poema de Miramontes: 

Las armas y proezas mil! tares 

De espafioles catolicos valientes 

Que por ignotos y soberbios mares 

Fueron i dominar remotas gentes, 

Poniendo al Verbo Eterno en los altares 

Que otro tiempo con voces insolentes 

De oriculos gentllicos, espanto 

Eran del indio, ahora mudas, canto. 



Termina: 



Huye, argentando el mar de espuma cara; 
Lleva dolor y ddjanos con pena ; 
Pues si estuviera surto otra mafiana 
No levantara el ferro de la arena, 
Porque al puerto lleg6 Pedro de Aran a 
Al risuefio apuntar de alba serena, 
Y al punto por su rastro se derrota, 
Mas no deja en el mar rastro de flota. 



1 



ente indica el principio de la depravacidn del gusto, 
egar todavla d los extreraos de delirio que hallare- 
211 el siglo xviii, es la Sohmnidad Funebre y Ext- 
f de Felipe IV, celebradas en 1 666 por la Real Au- 
;ia de Lima, en su Iglesia Metro politana, h impre- 
[ raismo afio. Fud colector de este libro y autor de 
aci6n de las honras D. Diego de Le6n Pinelo, no 
inferior d su hermano en dotes de erudici6n y va- 
teratura; pero en la relacidn misma abundan los 



' Angelico. Escriielo cen rstih de pacta lirico el Padre Pray Adriano de 
del Orden de Prtdicadoris , natural de Lima. Ofricelo eon afecto de obe- 
nueslro Reverendhimo Padre Maesiro Fray Tamis Turea, General del 

ie nuestro Padre Santo Domingo Impreso en Murciapor Eslehan Li- 

inode 1645, 4.° 

' Santuario de Nueitra SeHora dc Copahaeana, en diet y echo sHvas , 

Rda. P. Maestro Fr. Fernando detValverde Lima, por Luis de Lira, 

ema heroyco hispano-latino de lafimdaciSn y grandezas de la tnuy nohle 
Zitidad de Lima. Obra p6itiima del M. R. P. M. Rodriga de Valdes^ dt 
(raila de J'esus, CathedrMico de Prima jubilado, y Prejecto Regmte de 
IS en el Colegio Mii.timo de San Pablo. Sica!e i lux el Doctor D. Fran- 
arabilo de Leon y Messia, Ciira Rector de la Iglesia Metropolitana de 
Visitador y Examinitdor general en xu ArskiStspado, etc. Sobrinoy prima 
'o del autor En Madrid, en la imprenta de Antonio Romin, aHa 1687. 

ReviUa de Lima, t. 111, i860, public<i un estudio sobre este poema 
L. de Lavalle.) 

•grimas numerosas en la muerte de Doha Maria de Sanabriay Salas, Ho- 
ar mpadre y dirigidas a su esposo. Impreso en Lima por Bernardino de 
n, aho 1633. Se encuentra en la Biblioteca Nacional, en el t. xxvm 
raa coleccion de poeaias varias, la mayor parte maauscritis, conocida 

tllulo de Pamaso. ■•Es escritor castizo y elegaote este Sanabria, 
1 no de mucho brio» (dice Galhrdo). 

Ya que tu muerte, oh care preada mla, 
Mis ujos embaraza con el llinto 
Y los huria su ofido nocbe y dla, 

Permite que eu alivio del quebranto 
Que Ic ocaaiooa, suspirarle pueda 
Quien en ti de su vida perdiA tanto. 




•^-1^«- 



ccv 



rasgos de mal gusto, y son, por de contado, mucho ma- 
yores en las inscripciones y hieroglyphicos del ttimulo, 
en el indigesto serm6n del Dr. Juan Santoyo de Palma, 
digno de Fr. Gerundio de Campazas, y en las poesias 
latinas y castellanas con que se adorn6 el p6rtico de la 
iglesia. Hay acr6sticos y centones, dlsticos retr6grados, 
emblemas, sonetos que son a un tiempo latinos y caste- 
llanos, laberintos cuyas letras se pueden leer de innu- 
merables maneras, diciendo sierapre lo mismo; en suma, 
todos los primores registrados en Caramuel y en Ren- 
gifo. La mayor parte de los poetas latinos (que no son 
los peores, sin duda porque la imitaci6n directa y aun 
servil de buenos modelos los contiene) son an6nimos: 
s6lo constan los nombres de D. Juan Ram6n, Tomis 
Santiago Concha y Pedro Santiago Concha: las restan- 
tes figuran como obras colectivas del colegio de San 
Pablo de la Compaflia de Jesiis, del colegio de San II- 
defanso de la orden de San Agustin, y de los estudian- 
tes religiosos del convento grande de Predicadores. Los 
castellanos son D. Luis de Figueroa Bustamante, el 
mismo D. Uiego de Le6n Pinelo, el Licdo. Pedro Es- 
pinosa de los Monteros, el presbitero D. Juan de Ville- 
gas, mercenario Fr. Luis Galindo de San Ram6n, don 
Pedro de Leon Gir6n, D. Jer6nimo Vazquez de He- 
rrera corregidor del Cercado, el agustino Fr. Jos6 de 
la Cruz, el Licdo. D. Francisco Cano Moral y Peralta, el 
bachiller Lucas de Tapia, el cura rector del puerto de 
Arica D. Bernardino de Cervantes y Lugo, D. Diego de 
Velasco, Bernardo Gutierrez y Torices, el bachiller Bal- 
tasar de Cu^Uar, el oficial real de la Caja de Lima don 
Francisco Colmenares de Lara, el capitan Bartolom6 de 
Le6n Atienza, D. Francisco Reinoso, D. Antonio de 



1 



Espinel, D. Juan de Buendfa y Pastrana colegial de 
San Martin, D. Juan de Urdaide, el maestro Evia, gua- 
yaquileflo, d quien ya conocemos, 3os6 Antonio Ddvila, 

D. Jos6 de Castro Isagaga Todosestos obscuros poe- 

tastros, que deblan de ser por entonces lo mSs florido 
del Pamaso limeDo, compiten entre si en bincbaz6n y 
conceptisino; pero algunos, especialmente DSvila, Fi- 
gueroa Bustamante y el P. Galindo, versifican con ro- 
bustez y quizi fueran dignos de baber nacido en 6poca 
menos infeliz (i). 

La pnieba de que no faltaban estudios ni ingenio, sino 
acertada direcci6n en los unos y recta aplicaci6n en el 
otro, nos la da el hecbo de baber salido precisamente 
del Perti la mejor ymds ingeniosa po6tica culterana, tan 
docta y tan aguda que, d no ser la causa p^sima y de- 
testable, pudieramos decir de su defensor con palabras 
de Virgilio: 

Si Pergama dextra 
De/ittdi poss£nL tliam hoc dtfiasa fuhttni. 

Me refiero al Apologitico del limefio Dr. Juan de Espi- 
nosa Medrano: obrilla estampada en la capital del Peru 
en 1694, y uno de los fnitos mds sabrosos de la primi- 
tiva literatura criolla (1). Lo que parecerla increible, 



(l) SoUmtddad Funebre y Exequias i la muerlt del CathoUco y Augui- 
tissitno Rei Nutstro SefUr D. Felipe IV el Grande, que celtbri en la IglesiaMe- 

tropolitana la Real Audiencia de Lima, gue ai (^ic) gaiierna en vacante,y man- 
di imprimir tt Real Acuerdo de Gohierno. Con licencia.En la Imprenia de yuan 
de Quevedo. AAo de 1666 (Portada grabada), 4.° Posee ejemplar de este 
raro libro mi amigo D. Jos6 Sancho Riydn. 

(1) ApalogHico en favor de D.Luis de Gdngora, Principe de las Pottos Lyri- 
eas deEspaha, conlra Manuel de Fariay Sousa, Cavallert poriuguis, que dedica 
alExemw. Sr. D. Luis Miitdez de Hara, tie Su auior el Dr. Juan de Bipi- 



CCVII 



si no supiiramos de sobralo mucho que ciega & los hom- 
bres el espiritu de su tiempo, es que el Dr. Espinosa 
Medrano, que conocia tan bien la literatura clasica, que 
escribia por lo general con tanta claridad y Uaneza, y 
mostraba tan buen sentido en la critica de las aberra- 
ciones en que incutrid Manuel de Faria y Sousa en su 
comentario & Camoens, gastase miseramente tales dotes 
en componer un Apologitico del Polifemo y de Las So- 
ledades de G6ngora. 

Con mucho donaire y faz6n se burlaba el doctor li- 
mefio de las lucubraciones aleg6ricas en que tanto su- 
daba el comentador portugu6s para obscurecer el clarl- 
simo texto de Los Lusiadas: «iQui6n le dixo a Manuel 
de Faria que los poetas habian de tener misterios? id 
cu&ndo los hall6 en Camoens? Debe de querer que una 
Octava Rima tenga los sentidos de la Escritura, 6 que 
en la corteza de la letra esconda como cUusula can6- 
nica otros arcanos recbnditos, sacramentos abstrusosy 
mysterios inephables.* Pero en vez de detenerse aquf, 
como la prudencia pedla, se arrojaba al extremo opuesto 
y no menos temerario de mirar en la poesia solamente 
el aspecto exterior y retdrico, la pompa de palabras, el 
aliflo de locuci6n, entendiendo torpemente el concepto 
de la forma: «Alma po6tica pide Faria en Gdngora..... 



nasa Medrano^ CoUgialReai en el insigne Seminario de San Antonio el Magno, 
CaUdrdtico de Aries y Sagrada Theologia, en el: Cur a Rector de la Santa Igle^ 
sia Cathedral de la ciudad del Cuzco, cabeza de los reinos del Peru en el Nueuo 
Mundo, Con licencia. En Lima, en la imprenta de Juan de Quevedo y Zdrate. 
Ano de 1694, 8.° Con versos laudatorios de D. Francisco de Valverde Mai- 
donado y Xaraba, de D. Diego de Loaysa y Zdrate, del Licdo. D. Bemab6 
Gasc6n Riquelme, del maestro Juan de Lyra y del maestro Francisco L6pez 
Mexla. 



llamd las centellas del ardor intelectivo, mil al- 
le cada verso suyo, cada concepto mil vivezas.» 
defensa tetiian los seiscientos y mas ejemplos de 
ton latinizado que el comentador de Camoens 
antado en G6ngora; pero Espinosa Medrano, to- 
la cuestiin muy de rafz, emprendi6 probar que 
vimiento insigne y muy digno de alabanza el en- 
r nuestra lengua con los despojos de su madre; 
itro modo que Horacio, curiosamente feliz, se- 
:xpresi6n de Petronio, remedid la pobreza de la 
n los tesoros del Atica. «Y amaneci6 entonces 
poesia, de tan divino taller, grande , sublime, 
trica, majestuosay bellfsima, digna de mayores 

, de pompas mayores y quedaron comunes los 

indiferentes las galas. Adornironla entonces con 
a los aureos coUares que antes la abrumaban con 
e.» Y si no acert6 Juan de Mena en la misma em- 
id por haberla intentado en un siglo en que estaba 
a castellana «descefiida, inculta, riisticay humil- 

a risa quereria cargar de los arreos de la latina 

s de oro que sirvieron de adorno & robusta ma- 
;olgdrselas k musa pueril, mas es prenderla que 
a.» Buscaba Espinosa en la literatura romana 
lerio los precedentes de la altisonancia y pompa 
lo gongdrico, y reconoci6, antes que otro al- 
I parentesco estrecho de sangre y temperamento 
entre los cordobeses del primer siglo, y el cor- 
le ahora: «Aquel hablar brioso, galante, sonoro 
inte es quitarselo al ingenio espafiol, quitarle el 
y la naturaleza. Luego que las Musas latinas co- 
n a los espafioles, se dexaron la femenina deli- 
de los italianos, y se pasaron a remedar la bra- 



.1 




•• t 



CCIX 



veza hispana Y esto no es tan nuevo que no haga 

urea de dtez y siete stglos que los espafioles hablan 

cotno espafioles Y es tnuy del genio espafiol nadar 

sobre las on das de la poesia latina con la super tor idad 
deloleo sobre las aguas.i^ 

He dicho en otra parte, y no me arrepiento de ello, 
que el Apologitico de Espinosa es una perla caida en el 
muladar de la po^tica culterana. ^Y qui6n era este in- 
genioso, aunque extraviado, preceptista? Conociasele 
en su tiempo por el vulgar apodo de El Lunarejo^ 4 
causa de tener, no uno, sino varios lunares en el ros- 
tro (i). En el colegio de San Antonio del Cuzco curs6 
todas las artes y ciencias que allf se ensefiaban «desde 
la infima de Gramatica hasta la soberanade Theologian. 
A los doce alios tallfa con habilidad y despejo diversos 
instnimentos musicales: a los catorce componia autos y 
comedias, de las cuales sdlo ha quedado un titulo: El 
robo de Proserpina. A los diez y seis desempefiaba una 
catedra de Artes, y en la ensefianza pasd toda su vida, 
sin que fuesen obstaculo las dignidades eclesidsticas que 
obtuvo de magistral, tesorero, chantre, y, finalmente, 
arcediano de la catedral del Cuzco. Andan impresos 
sermones suyos y otros optisculos teol6gicos, en que 
campean su mucha doctrina y depravado gusto. Parece 
que escribid tambi6n un curso de Philosophia Tho- 



(i) Hay articulo biogrdfico de Espinosa Medrano en el excelente Die- 
cumario HiUorico del Peru , del general Mendiburu , obra la mas apreciable 
de su g^nero que posee ninguna repdblica de America, aunque mas atiende 
A la parte politica y militar que i, la literaria, y adolece del defecto de no 
indicar con precisidn sus fuentes bibliogrdficas. {Diccionario Histdrico y Bio^ 
irifico del Peru, formado y redactado por Manuel de Mendiburu, Lima, 1874 
1 sig. 9 vols.) 

TOico iifc m 



Sus contemporaneos le veneraron como un 
en vida suya se escribi6 un Ubro entero de pa- 
J a su nombre con el titulo, que entonces no pa- 
nico , de Gloria enigmdtica del Dr. jfuan de 
J Medrano. En suma; este sabio y piadoso cuz- 
16, por decirlo asl, como el ensayo 6 primera 
lei farooso Peralta Barnuevo, con quien pronto 
hacer conocimiento. 

lo poeta peruano de fines del siglo xvil Iogr6, 
i lo humilde de su condici6n y al gdnero en que 
Imente bubo de ejercitar su travieso ingenio, 
de la plaga del gongorismo, pero no del con- 
», 6 mas bien del equivoquismo rastrero y de la 
retru6canos y juegos de palabras. Llamdse este 
oeta D. Juan del Valle y Caviedes, por apodo 
; de la Ribera. Sobre t\ dejamos la palabra i 
bridor y ferviente panegirista el Sr, Palma, que 
di6 d la estampa la colecci6n de los versos de 
i, picantes como guindillas (i). 
i59 tuvimos la fortuna de que viniera a nuestro 
1 manuscrito de enredada y antigua escritura. 
copia hecha en 1693 de los versos que, bajo el 
)r titulo de Diente del Parnaso^ escribid , por 
de 1683 k 1691, un limefio nombrado D. Juan 
s y Caviedes. 

ides fu6 hijo de un acaudalado comerciante es- 
basta la edad de veinte aflos lo mantuvo el pa- 
lado, emple^ndolo en ocupaciones mercantiles. 
:lad envi61o k Espafia; pero k los tres atlos de 



tonio T de la muy impartante CeUcciin dt Documenl9s Liltra- 
:, del coronel Odriozola. 



1 

un I 




CCXI 

residencia en la metr6poli regresd el joven 4 Lima, 
obligado por el fallecimiento del autor de sus dias. 

»A los veinticuatro afios se encontr6 Caviedes posee- 
dor de modesta fortuna, y ech6se a triunfar y darse 
vida de calavera, con gran detrimento de la herencia y 
no poco de la salud. Hasta entonces no se le habia ocu- 
rrido nunca escribir versos; y fu6 en 1681 cuando vino 
A darse cuenta de que en su cerebro ardia el fuego de 
la inspiraci6n. 

»Convaleciente de una grave enfermedad, fruto de 
sus excesos, resolvi6 reformar su conducta. Cas6se, y 
con los restos de su fortuna puso, en una de las cova- 
chuelas 6 tenduchos vecinos al palacio de los Virreyes, 
lo que en esos tiempos se llamaba un cajon de xihera^ 
especie de area de N06, donde se vendfan al raenudeo 
mil baratijas. 

»Pocos afios despues qued6 viudo; y el poeta de la 
ribera (apodo con que era generalmente conocido), por 
consolar su pena, se di6 al abuso de las bebidas alcohd- 
licas, que remataron con 61 en 1692, antes de cumplir 
los cuarenta aflos, como 61 mismo lo presentia en uno 
de sus mas galanos romances. 

»Por entonces era costoslsima la impresi6n de un 
libro, y los versos de Caviedes volaban manuscritos de 
mano en mano, dando justa reputaci6n al poeta. Des- 
pues de su muerte fueron infinitas las copias que se sa- 
caron de los dos libros que escribi6, titulados Diente 
del Parnaso y Poeslas Varzas. En Lima, ademas del 
manuscrito que posefamos, y que nos fu6 sustraldo con 
otros papeles curiosos, hemos visto en bibliotecas par- 
ticulares tres copias de estas obras, y en Valparaiso, 
en 1862, tuvimos ocasi6n de examinar otra en la colec- 



anuscntos amencanos que pose 
io JBeeche. 

es ha sido un poeta bien desgrac 
OS encontrado versos suyos en i 
1 extranjero, an6nimos 6 suscri 
. En vida fu6 Gaviedes victima 
cos, y en muerte vino a serlo < 
)oleccionar hoy sus obras es pra 

a reivindicaci6n 

liotecario de Lima D. Manuel 
ilmente sirve & la historia y d la 
.0 i. la estampa documentos po< 
s poseedor de una copia de los 

;ha en 1694 

es no se contamind con las ext 
ito de su epoca, en que no hul 
: no pagase tribute al gongoris 
lusa de nuestro compatriota no 
3 culterano, esa mania de lucir 
le afea tanto las producciones c 
el siglo XVII. A Caviedes lo sab 
1 osario de las vulgaridades la ; 
Je sus versos y la ninguna prete 
le sabio. D^cimas y romances ti 
i, tan castizos, que parecen esc 
.. En el g^nero festivo y epigra 
hasta hoy la America espaQola 
Caviedes. Tal es nuestra concit 
IS espinelas a un medico corco 
dob/ado que capa de pohre cuan 

Mas torcidoque una ley 
Cuando no quieren que sirva; 



HPPV*'^^' 



; f 
I 



ccxm 

el sabroso coloquio entre la Muerte y un doctor mori- 
bundo; el repiqueteado romance a la bella Anarda, y 
otras mucbas de sus composiciones, no serlan desdefia- 
das per el inmortal vate de la satira contra el matri- 
monio.» 

Reconoce Palma que los romances de Caviedes estdn 
afeados por gran niimero de expresiones groseras y mal- 
sonantes y de imagenes feas y nauseabundas: conse- 
cuencia, en parte, de los temas que, con predilecci6n, 
cultiv6 el poeta, ac6rrimo fustigador de la pedanterfa 
de los medicastros que infestaban la colonia. Pero con 
todos sus defectos de pulcritudy de gusto, con todos 
sus resabios de poeta callejero y desmandado, Caviedes 
no debe ser confundido entre la turbamulta de los imi- 
tadores de Quevedo que pululaban en Espafia y sus co- 
lonias d fines del siglo xvii y principios del xviii, y si 
es hip6rbole notoria compararle con su modelo, de quien 
no tiene ni la penetrante intenci6n, ni la intensa y 
amarga ironia, ni la varia y copiosa doctrina, ni la vasta 
concepci6n c6mico-fantastica del mundo, ni el raudal 
inagotable de lengua, ni las portentosas invenciones de 
estilo, todavia se le debe un puesto honroso entre los 
poetas picarescos y provocantes i risa, en el coro de 
Camargo y Zirate, Fr. Damidn Cornejo, Gerardo Lobo 
y D. Diego de Torres. 

Lazo entre la literatura peruana del siglo xvii y la 
del XVIII fue la tertulia 6 academia que en su palacio 
reunia por los afios de 1709 y 17 10 el Virrey Marques 
de Castell-dos-Rius (D. Manuel Oms de Santa Pau de 
Sentmanat y Lanuza), antiguo embajador en Paris y 
en Lisboa, y aunque Catalan, ardiente partidario de la 
causa de Felipe V. Cons6rvanse las actas de estas re- 



1 



rarias en un c6dice titulado Flor de Acade- 
posee D. Pascual de Gayangos, y del cual 

peregrinas noticias el diligentisimo histo- 
luestra poesia del siglo xviii D. Leopoldo 
; Cueto, marques de Valmar. Los principa- 
s que concurrian a leer versos en esta aca- 
: el presbftero D. Miguel Saenz Cascante; el 
stro Fr. Agustin Sanz, Vicario de los Mini- 
lador del Santo Oficio, confesor y consultor 
; el Marques de Brenes (D. Juan Eustaquio 
^' Toledo), que habia sido gobernador y ca- 
al de Tierra Firme; el Alguacil mayor de la 
sncia de Lima, D. Pedro Jose Bermiidez de 

1 Secretario del Virrey, D. Juan Manuel de 
jldrzano, caballero de Santiago; el celeb6- 
Peralta Barnuevo, catedratico de prima de 
as en la Universidad, cosmdgrafo 6 ingeniero 
los reinos del Penl; el festivo entremesista, 
lo de Monforte; el Marques del Villar del 
ral de la mar del Sur; el Conde de la Granja 
itonio de Oviedo y Herrera, gobernador de 
a del Potosf. 

gusto de la epoca (dice el Sr. Cueto) rebosa 
indante colecci6n de versos artificiales y con- 
... Pero acaso por el aislamiento en que vi- 
jetas en aquellas apartadas regiones^ el cul- 
ibi6 alll d las nebulosas alturas de los G6n- 
escendid a la ruin y repugnante esfera de los 
Los asuntos acad6micos son unas veces no- 
irales, como, por ejemplo, a la victoria alcan- 
E^elipe V en la batalla de Luzzara; otras, las 
e aquellos que ponen en prensa el ingenio y 



provocan los juegos de metro y de palabra, los re 
canos y los conceptos. Ya expresan el rendimient 
amor d una dama, en redondillas, con la obligaci(3 
acabar cada una de ellas con un tltulo de comedi 
discuiren sobre lo que bordaba Penelope en su fai 
tela, 6 sobre cual es defecto mas tolerable en la ti 
propia, lanecedad 6 lafealdad; ya pintan d una ( 
en un romance con la precisidn de haber de co 
cada copla de un tltulo de comedia, de otro de un 1 
del nombre de una calle de Madrid 6 Lima y d 
refrdn; ya, en fin, escriben romances que son al m 
tiempo latinos y espafioles. En medio de estas y 
extravagancias semejantes, asoma d roenudo la fan 
viva y fecunda de aquellos ingenios extraviados. E 
rrey tenia en su palacio un sal6n dispuesto para n 
sentaciones dramiticas. En algunas ocasiones se in 
visaban comedias. Las reuniones empezaban con 
sica, y el magnate mismo no se desdefiaba de toe 
guitarra delante de aquellos poetas, amigos suyos 
dilectos, que si bien libres, traviesos y conceptuosc 
son en sus versos ni licenciosos ni chocarreros» (i' 
A esta pintura, trazada de mano maestra, coni 
aOadir algunos rasgos individuales de los princi 
poetas. El Marqu6s de Castell-dos-Rius did culto 
musas dramdticas, y ademAs de varias loas insert 
elc6dice, sibese que compuso 6 hizo representi 
su teatro privado una tragedia, 6 mSs bien 6pera 
Perseo, de la cual dice Peralta Barnuevo, en ur 
las notas de su poema Lima Fundadaj que <ten; 



(l) HUtorU CrUica di la Peesia Castellana m el siglo XVIII..,.. 
tdidiit,t»rreg{da y aummlada. Tenu> I..... JUadridiRinderieyia, iS93(t 
it la dUteiin <b Eicritorts CasUl/anas), p^nas S3'91. 



moniosa mfisica, preciosos trajes y he 
ciones, y que en ella mostr6 el Virrey, 
gancia de su genio portico, sino la grant: 
y el celo de su anior». 

«Tenfa el Marqu6s perverse gusto p 
el Sr. Cueto). El es quien ponfa a los a 
cos, en sus tertulias literarias, tantas pi 
des metricas, indignas de la verdadera \ 
luce en la NoHcia proemial de la Moi 
que el culto y elegante Virrey blasona 
suya «se hablan hecho usuales los prin; 
»Ies» y «que continuamente se compoi 
»ya retrdgradas, ya con ecos, parano 
»delicadas ariponlas y artificiosas eiegai 



(i) Ampliando las noticias cootenidas en su libro, 
tro ilustre compaflero el Sr. de Cueto las nuy interc 
blicamosd coiittnuac:6n: 

— Castell-doi-Rius (D. Manuel de Oms y de Sao 
Natural de Catalulla; Grande de Eapada; Virrey del re 
bajador en Portugal y en Francis. Murid en Lima, iL I 
edad, el dia 14 de Abril de 1710, siendo virrey, gob( 
neral de los reinos del Peni, Tierra-Firme y Chile. 

Flor de Academias, que contiene las que secelebraron 
esta carle de Lima, en elgahineU del Excmo. Sr. D. Mm 
Pau, Olint de Sentmanat y de Lanuza, Marques de Caste 
lunesil dt SepUetitbre dtl aRo de 1709 kasiael i^de Aii 
dice de 306 hojas, perteneciente i la preciosa colecci< 
Sr. D, Pascual de Gayangos. 

En este codice hay poeslas de varies ingenios, yal] 
das conceptuosas, como de aquel tienpo. Para dar al 
tertulias poeticas, copiaremos algunas palabras de la 
Florde Academias: 

«Deterniin<i (el Virrey) celebr»r en su gabinete 
nocbe una academia, compuesta de aquellos caballera 
y estimados, y que mis inmedialamente y con mayo 
El orden que observ6 S. £. en las primeras academii 
ingenios un mismo asunto, i que compusiesen de 



ie Monforte y Vera, poeta aragon6s, 
jcialraente en la improvisaci6n bur- 
, c6dice J^/or dt Academias muchas 
jvial ingenio. En el prdlogo se dice, 
Muy favorecido de las musas festivas, 



i hablan de escribir , y ua breve espacio de tiempo 
su desenpeflo. 

licion po^tica la dulce armanla. Musica formada de 
y varios sonoros instrumentos. Ostentaba el regio 
lagnlGco de su opulencia, los precioflos adomos que 
curiosidad dilataban los Animos en el gusto ylaad- 

delas obrasquesecoinponIanderepente,aaadi<Ssu 
bicieaen juntamente otras de pensado para traerlas 

I cultivado la claridad de su enteodimiento con el 
las las letras que ilustran el inimo de un generoso 
X) manejo de sus altos empleoa. Ninguna lengua de 

academias se escribid es lo que contiene este libro. 
]uese decia extemporaneamente a diferentes asun- 
reclan la conversacidn , el acaso 6 la controversia 
acultades 7 noticias , con admirable propiedad en la 
1, J matematicas, jurispnidencia, teologia, htstoria, 
: usando en todo de rara novedad, sin que jamds 

dinaria 6 comiin S. E. 7 los demds ingenios ha- 

rinores mis dillciles En algunas ocasiones se vi6 

lem&s concurrentes una reprcsentaci6n c6niica en 

;ptos del arte 

iro ofre/co dla diacreci6n una joya muy rica, com- 
eciosidades, rcservando para otro torn o las demaa 
y para otro las que se escribieron en los festejos c6- 

de todas las Reales fiestas, y aiios de Sus Majesta- 
stro Principe ; y en ese tomo o&ezco todas las loas 
amente S. E, y el Dr. D. Pedro Jose Bermudez.* 
-qute de Castell-dos Rius, llorada sinceramente en 
? varios ingenios del Peru, En el manuscrito Fhr de 
;iones consagradas a su gloriosa memoria, de D. Pe- 
irre, del Ldo, D. Miguel Cascante, del Marquis de 

Granja, de D. Juan Jos£ Berm^dez, de D. Mateo 



tn inspirado las agradables poeslas con que se 
I acreditados sus desvelos en los mas plausibles 
e la Europa y en los mds celebres Liceos de la 
.» Residid muchos afios en Lima. Con el tftulo 
nor duende, escribi6 un sainete que fu6 repre- 



rmiidez, de D. Pedro de Peralta, de D. Francisco Santos de la 
Jerbnimo de Monforte y del capitin D. Diego Rodriguez de 

estra de esta poesia ingeniosa , pero desjgual , enredada j con- 
mdremos aqui un soneto del Conde de la Granja : 

BRTE DEL MARgU£S DE CASTELL-DOS-RIVS, VIRKEV DEL PEM. 

Canto; bien qu« no ti si caoto ti Itoro, 
Aun CD Bambrai, la muerte escUrecida 
De UD htfroe que dii) vida con su vida 
A cienciai y artei, y al casta! io coro. 

Varda de un siglo en que volviil el de oro, 
Pue* gobernd con rienda tan medida. 
Que en U mdn i la justicia unida 
Cirr6 del mando el principal decoTO. 

DiKretofuisin preauocidn de sabio: 
Supo bermanar con *u saber lu luerte, 
Supo lo que en mortal junto do cupo. 

IgualO al de Demditenes tu labio; 
(Qnj no supo ^1?.._ ^1 lupo baita en la muerte 
Lo mil que hay que laber, pue* morir lupo. 

V Sol6rzano (D. Juan Manuel de). Caballero de U Orden de 
scretario del Virrey del Peru. 

ingenio de los que tomaban mayor parte en lasicademias po6ti- 
:elebraban eo Lima en el palacio del Marqu^ de Castell-dos- 
y 1710). En cl codice Flor de Acadtmias bay mucbas poeslas 
>. vii-a fantasia, y es tal vez uno de los poetas malogrados por el 
■to de la ^poca. Creemos oportuno dar aqul una muestra do 

de Diciembre de 1709. La acadeniia habia de ser aquella nocbe 
e y espl^ndida que de ordinario. Estaba consagrada a celebrar 
rey Felipe V. Di6se principio a la funcidn con una oraciin oca- 
aricter (ant^tico, que fu^ recitada por D. Juan de Rojas, al bod 
ica luare. Aal empieza esta 0Taci6n poitica: 



CCXIX 



sentado en el Callao, en 1725, por la familia del Virrey 
Marques de Castel-Fuerte, para celebrar la proclama- 
ci6n del rey Luis I. En la Fama pdstuma^ de Sor Juana 
In6s de la Cruz (1700), hay una elegia de Monforte, y 
son casi los tinicos versos series suyos que conocemos. 



(Ah de la sacra mansi6o! 
jAh del celeste peosil! 

Mi acento escuchad , 

Mi voz Old, 

Y al obsequio plausible concurra 
De alados ingenios la turba sutil. 

Mirad, advertid 
Que hoy el voto y el culto promete 
A osadoe alientos el premio feliz 

Hoy la noche se goce triunfante, 
Pues vagas sus sombras pudieron unir 
En mejor firmamento los astros 
Que eu ella brillantes se miran lucir. 
Del aplauso las voces sonoras 
Escuche suspenso el celeste confin, 

Y del tiempo sus ecos heroicos 

En bronces eternos estampe el buril. 



Despues pide el poeta d Apolo su favorable influjo en varias estrofas. He 
aqui algunas de ellas : 



Ya que mi torpe diestra herir no sabe 
Plectro armoDioso, cltara elocuente, 
Permitele pulsar hoy la cadente 

Lira sUave. 
Haz que el monte en mi voz glorias blasone, 
Triunfando del empefio victoriosa, 

Y que mi tosca si en la desdeflosa 

Dafne corone. 
Haz que mi helado espfritu se influya 
Del rayo que i. tu espfritu merezca , 

Y brille en ^I de suerte que parezca 

Didiva tuya. 



<•• > 



ccxx 



El Conde de la Granja, D. Luis Antonio de Oviedo y 
Herrera, fue natural de Madrid, y Alvarez Baena le in- 
cluye entre sus hijos ilustres; pero por afecto y larga 
residencia pertenece al Perii, donde se avecindd defi- 
nitivamente despu6s de haber sido gobernador de la 
provincia del Potosi. Nos quedan, como principales 
muestras de su numen , el Poema sacro de la Passion 
de N. S. yesucrtsiOj que es un largulsimo romance, 
quizd el mas largo que existe en castellano, a excepci6n 
de la Vtda de la Virgen, de D. Antonio de Mendoza; 



I>espuds canta en octavas reales algunas aventuras de Apolo, y, al referir 
la fuga de Dafne, proclama la excelencia del amor del corazdn en esta no- 
table octava : 

jOh vil pasidD del apetito humano , 
Grosera adulaci6n de los sentidos, 
Que igualas lo vulgar y soberano 
Cuando formas dichosos de atrevidos! 
Vuelve los ojos, y ver^ que ufano 
Burla el desddn arrojos fementidos; 
Que amor, si un alma en conquistar se esfuerza. 
La vence por constancia, no por fuerza. 

— Bkrmtjdez de la Torre y Solter (D. Pedro Jos6). Doctor enambos 
derechos; Alguacil Mayor de la Real Audiencia de Lima. 

Uno de los poetas mis abundantes ^ ingeniosos de aquellos que consti- 
tuian la tertulia poetica del Virrey del Peru en los aflos de 1709 y 1710. El 
codice Flor de Academias dice del Dr. D. Pedro Bermddez estas palabras: 
<Sus obraS) estimadas aun en distantes climas, excusan mi alabanza.» 

Nada impreso hemos visto de este poeta^a excepci6n de estas tresobras: 
Soneto destinado d ensalzar un mal poema de D. Francisco Santos de la Paz 
en elogio del Obispo de Quito, Virrey del Peru , D. Diego Ladr<3n de Gue- 
vara; 

Aclamacion afectuosaf en aplauso de la heroica accionque ejecuto el Serenisimo 
sefior Principe de Asturias matando d un toro en un hosgue poco distante de la 
ciudad de Sevilla en defensa de la Princesa nuestrasehorat el oho pasado 1729.— 
Es un romance endecasilabo, impreso en Lima en 1730; 

Un soneto al mismo asunto. 

Escribi6 varias loas. 



7 * 



CCXXI 



y otro poema, mucho mis conocido y celebrado, en 
octavas reales, que tiene por asunto la Vida de Santa 
Rosa de Lima^ patrona del Peru (i). En calidad de tal 
poema, sin ser una maravilla, no es de las peores y mas 
monstruosas obras de su genero y de su tiempo, y serla 
grave ofensa compararle con la Hernandia^ con La do- 
cuencia delsilencio y aun con Lima Pundada, El Conde 
de la Granja tiene mds fantasia y versifica mejor que 
Peralta Barnuevo: la parte descriptiva es amena y se lee 
con gusto. Pero su m6rito literario, al fin mediocre, no 
salvarla el libro del olvido, si no fuese de gran curio - 
sidad hist6rica, no s61o porque se refiere a la vida de 
la Santa mis popular del mundo americano, sino por lo 
mucho que incluye de topografla e historia general del 
Perti. En este sentido tiene un valor local inapreciable. 



(i) Pffema sacra de la Passidn de N, S. Jesuchristo ^ que en un romance cas- 
tellanOj dwt'didd en siete Estaciones^ escribia D. Luis Antonio de Oviedo Herrera 
y Rueda. Lima, Francisco Sobrino, 1717; 4-° 

Vida de Santa Rosa de Santa Mariti^ natural de Lima y patrona del Peru , 
poema heroyco^ por D. Luis Antonio de Oviedo y Herrera, Caballero del Or den 

de Santiago y Conde dc la Granja En Madrid, por Juan Garcia Infanz6n, 

afio de 171 1 ; 4.° El poema tiene doce cantos. Las aprobaciones del libro son 
oxtensas k interesantes. Los versos laudatorios, latinos 7 castellanos, perte- 
necen al P. Jos6 Francisco de la Reguera, prefecto de los Estudios Reales 
de Latinldad en el Colegio Imperial de Madrid; al Marqu6s de Miana, con- 
sejero de Indias; a los dos famosos poetas dramaticos Zamora 7 Cafiizares, 
al P. jesuita Jos6 Rodriguez, k D. Pedro de Urquiza 7 a un hijo del autor 
llamado como su padre. 

En la segunda edicidn de este poema, hecha en Lima en 1867 por el pres- 
bitero M. T. Gonzdlez La Rosa, se cometi6 el desacierto de suprimir las 82 
paginas de preliminares. 

Para hacerse cargo de la copiosa literatura antigua 7 moderna relatiya a 
Santa Rosa de Lima, v^ase el esmerado Estudio Bibliogrifico de D. F6lix 
Cipriano C. Zegarra, publicado en 1886 con motivo deltercer centenario de 
la Santa. A 276 llegan las obras, de diversos paises 7 lenguas, que directa 6 
incidentalmente tratan de la Santa, con ser ^ta tan moderna. 



scripci6u que en el primer canto se hace de las 
IS de la ciudad de Lima y fertilidad de sus valles; 
;nte pintura de una erupciin del Pichincha en el 
jexto; el relate de las expediciones piriticas de los 
ios ingleses y holandeses, el Draque, los dos Aqui- 
Espilberghen; el catalogo rimado de los principa- 
sllidos de la colonia, y otras muchas curiosidades 

libro contiene , le hacen digno de ser registrado 
do americanista ; y hasta el mero aficionado & la 

le hojea sin fastidio, recreado per la viva imagi- 

del autor, que le inspira maquinas 6 invenciones 
icter bastante original y romantico, como la his- 
el migico Bilcadma y del Inca Yupangui, enca- 
j per fatidico decreto a un risco de los Andes, 
rior al Conde de la Granja como poeta, pero muy 
jr a todos los peruanos y a la mayor parte de los 
lies de su tiempo por las muestras de su saber en- 
5dico y el numero y variedad de sus escritos, se 
esenta el famoso pollgrafo D. Pedro de Peralta 
2VO, monstruo de erudici6n, de quien sus contem- 
;os escribieron las cosas mis extraordinarias. 

por muchos el testimonio de! P. Feijoo en su 
;o sobre Espafioles americanos (tomo rv, dis- 
i." del Teatro critico): «En Lima reside D. Pedro 
jralta y Bamuevo, catedratico de prima de Mate- 
as, ingeniero y cosm6grafo mayor de aquel reino: 
> de quien no se puede hablar sin admiraci6n, pues 
ipenas (ni aun apenas) se hallari en toda Europa 
ire alguno de superiores tatentos y erudiciin. Sabe 
ierfecci6n ocho lenguas, y en todas ocho versifica 
lotable elegancia. Tengo un Hbrito que poco ha 
uso, describiendo las honras del seflor Duque de 




T* I 



CCXXIII , 

»Panna, que se hicieron en Lima. Estd bellamente es- 
»crito, y hay en 61 varies versos suyos harto buenos, en 
»latln, italiano y espaflol. Es profundo matemdtico, en 
»cuya facultad 6 facultades logra altos cr6ditos entre los 
»eruditos de otras naciones, pues ha merecido que la 
^Academia Real de las Ciencias de Paris estampase en 
»su historia algunas observaciones de eclipses, que ha re- 
»initido. Es historiador consumado, tanto en lo antiguo 
>como en lo moderno, de modo que sin recurrir A mas 
>libros de los que tiene impresos en la bibliotheca de su 
>memoria, satisface prontamente & cuantas preguntas se 
>le hacen en materia de historia; sabe con perfecci6n 
»(aquella de que el presente estado de estas Facultades 
»es capaz) la Filosofla, la Quimica, la Botanica, la Ana- 
»tomIa y la Medicina. Tiene hoy (es decir, en 1730 en 
>que Feijoo escribla esto) sesenta y ocho aflos 6 algo 
»mas. En esta edad ejerce con sumo acierto, no s6lo los 
»empleos que hemos dicho arriba, mas tambi^n el de 
»contador de Cuentas y particiones de la Real Audien- 
»cia y demds tribunales de la ciudad, i que aflade la 
»presidencia de una Academia de Matem^ticas y Elo- 
»cuencia que form6 d sus expensas. Una erudici6n tan 
»vasta es acompafiada de una crftica exquisita, de un 
»]uicio exactlsimo, de una agilidad y claridad en conce- 
»bir y explicarse admirables. Todo este ciimulo de dotes 
>excelentes resplandecen y tienen perfecto uso en la 
>edad casi septuagenaria de este esclarecido criollo.» 

iQn6 es lo que la posteridad ha dejado en pie de la 
fama cuasi mitoldgica de Feralta Barnuevo, atestiguada 
per hombre de tan independiente y severo juicio como 
el P. Feijoo, tan mal avenido con los errores de la opi- 
ni6n vulgar? Cuesta trabajo decirio: poco m4s que un 



1 



mbre que no despierta ya eco ninguno de gloria lite- 
'ia. Sus obras no se leen ni en America ni en EspaQa, 
:omo muchas son raras, y no creo que ninguna biblio- 
:a las posea todas ni nadie las haya visto juntas, es 
sible que en algunas de ellas, especialmente en las de 
lole cientifica, que ban sido hastaahora las menoses- 
iiadas, se contenga algo muy importante y que deje 
;n parado ei entusiasmo del P. Feijoo. Desgraciada- 
:nte, como bistoriador y como poeta, sus obras son 
stante conocidas para que pueda ser juzgado sin remi- 
n. Su erudici6n era estupenda sin duda, pero indigesta 
le mal gusto: su criterio hist6rico de los mds inciertos 
ixtravagantes: su estilo en prosa y en verso enfitico, 
;spo y campanudo, con todos los vicios de la decaden- 
, literaria, que despu^s del advenimiento de LuzAn y 
Feijoo no eran ya tolerables, ni aun en una remota 
Ionia, de parte de un hombre que estaba en coires- 
odencia con las principales academias de Europa. Sus 
ras, entre grandes y pequefias, suman el niimero de 48 
il 6 sus panegiristas tuvieron la extravagante idea de 
nerlas por el orden de las letras de su nombre y ape- 
los, de modo que reuniendo las priraeras letras de 
la titulo lee uno de corrido: Ei doctor Don Pedro de 
ralta Barnuevo Rocha y Benavides. Hay entre ellas 
bservaciones astron6micas, Regulacidn del tiempo en 
intay ctnco efemirides, Observaciones nduticas, un 
4ema astroUgico demostrativo, una Aritmltica es- 
•■ulattva^ un plan de fortificaciones para Buenos Aires 
>tro para Lima, hasta convertirla en inexpugnable; y 
'OS tratados de MatemSticas, ingenieria y arte militar; 
o de metalurgia, Nuevo heneficio de metalcs; otro Z)ei 
igen de los monstruos; varios informes jurldicos, un 



ccxxv 

Arte de ortografiay numerosas oraciones universitarias 

que pronunci6 siendo Rector, relaciones del gobierno 

de los virreyes Castel Fuerte y Conde de la Monclova, 

y, finalmente (y citaremos casi Integra la fastidiosa por- 

tada, porque da cabal raz6n del contenido), la Historia 

de EspaHa vindicada^ en que se hace su tnds exacta 

dtscripcidn y la de sus excelencias y antiguas riquezas: 

se prueba su poblacidn , lengua y reyes verdaderos prt- 

mittvoSf su conquista y gobierno par los carthagineses y 

romanos: se describe la verdadera Cantabria: se fijan 

las tnds ciertas ipocas 6 raices del Nacitniento y Muerte 

de Nuestro Salvador: se defiende irrefragablemente la 

venida del Apdsto I Santiago ^ la aparicidn de Nuestra 

Senora al Santo en el Pilar de Zaragoza^ y las trans- 

laciones de su sagrado cuerpo: se vindica su historia 

primitiva eclesidstica ^ la de San Saturnino^ San Fer- 

minj Osio y otros sucessos: se refieren las persecuciones^ 

los mdrtyres y demds santosy los Concilios y Progressos 

de su Religidn hasta elsiglo sexto: la historia de los em- 

per adores y de los grandes varones: el origen i imperio 

de los Go£/(9^ (Lima, 1730). Libro es este de mas aparato 

que sustancia, y del cual puede prescindir sin gran tra- 

bajo el estudioso investigador de las cosas de la Espafla 

Antigua, pues si bien es cierto que Peralta aplica y 

maneja con desembarazo los textos clisicos, y acierta 

en algunas cuestiones geogrdficas, como la del sitio de 

Cantabria, y combate con vigor los falsos cronicones; 

tambidn lo es que en muchas otras cosas se muestra 

cr6dulo en demasfa, acepta todo genero de patraflas so- 

bre los reyes fabulosos, y pasa d6cilmente por todas las 

tradiciones de nuestra primitiva historia eclesiastica, a 

las cuales ya Ferreras y otros habian puesto tantos repa- 

voiio HI. n 




:iui el olvido en que cay6 muy pronto el libro, 
I que se le cita y consutta. En visperas de la 
^agrada era ya un producto anacrdnico. 

1 poetica mis considerable de Peralta Barnue- 
nica que todavia tiene algi^o lector, no a tftulo 
,, sino de libro de historia americana, es Lima 

6 Conguista del PerA: Poema heroico en que 

2 toda la historia del descuhrimiento y suje- 
'■s provincias por D. Francisco Pizarro, y se 
a serie de los Reyes, la historia de los Vim- 
zobispos que ha tenido, y la memoria de las 
Varones ilustres que la Ciudad y Reyno han 

(i). Y, hablando con entera propiedad, no 
;irse que se lea el poema, que es una mezcla 
s gongorismo y de prosafsmo, reuniendo en si 
atrarias aberraciones del siglo xvii y del xvin, 
ningiin rasgo de mal gusto le falte. Lo que se 
s copiosas notas hist6ricas y geneal6gicas que 
las mdrgenes. 

nbi^n Peralta Barnuevo poeta dramdtico, y 
D&s feliz que en lo 6pico. Tenemos a la vista 
de sus obras teatrales, perteneciente k la rica 
de nuestro amigo D. Jos6 Sancho Raydn. 
mpia y esmerada copia, que en el tejuelo se 
medias del Finix Americano, son tres las pie- 
Jas: Triunfos de amor y poder, comedia mi- 
cuyo asunto son las transformaciones de la 



por Francisco Sobriao y Dados, 1731. Dos vols. *.' Versoi 
J Angel Ventura Calder6n, Antonio Sancho Ddvila B«rmiklex 
Miguel Mudarra de la Serna Roldan, Francisco de Roblesy 
JosS Bernal. Este poema ha sido reimpreso en el tomo I de 
r doctimenlas littTarioi del Coronel Odriozola. 



r« *. 



ccxxvii • 

ninfa lo y de Argos el vigilante, entremezcladas con 
los amores de Hipomenes y Atalanta; Afectos vencen 
finezaSy comedia calderoniana por el gusto de la de 
Afectos de odto y atnor^ 6 la de Duelos de amor y leal- 
tad; Rodoguna^ que es la tragedia de Corneille aco- 
modada 4 las condiciones del teatro espaflol con bas- 
tante destreza, harto mayor que la que mostr<5 Cafli- 
zares en su imitaci6n de la Ifigenia de Racine. Cada una 
de estas piezas Ueva su loa, constando en la primera de 
ellas que la comedia Trtunfos de amor y poder fu6 re- 
presentada por orden del Excmo. Sr. D. Diego Ladrdn 
de Guevara, obispo de Quito y virrey del Perfi, en ce- 
lebraci6n de la victoria obtenida por las armas de Fe- 
lipe V en los campos de Villaviciosa el aflo de 1710, y 
que, Afectos vencen finezas sirvid para festejar los aflos 
de otro Virrey, el Arzobispo de la Plata D. Diego 
Morcillo Rubio de Aufi6n. Completan el ramillete dos 
fines de fiesta y un entrem^s, con imitaciones visibles 
de Moli^re en Le Mldicin malgre lui y en Les Fern- 
mes Savantes (i). Este tomo debla publicarse Integro, no 
s6lo porque los versos c6micos y trdgicos de Peralta 
Bamuevo valen harto mas que sus octavas epicas, sino 
por ser sus obras de las mas antiguas que en nuestro 
teatro iniciaron la imitacibn del teatro francos, y la Ro- 
doguna probablemente anterior al Ctnna del Marques 
de San Juan, que se imprimi6 en 1713, y que de seguro 
no fu6 destinada ^ las tablas, 'al paso que de la Rodo- 



(i) Por el mismo tiempo, un desconocido poeta de Lima, llamado Vi- 
llalta, tennin6 la comedia Amor es arte de amar, de la cual D. Antonio de 
Soils habia dejado tinicamente escrita parte de la primera Jornada. Tambi^n 
posee esta continuacion in^dita el Sr. Sancho Ray6n. 



n 



: sabemos que se represent6 en Lima, y tenia todas 
jndiciones necesarias para la escena. 
celebridad literaria de Peralta Barnuevo, el cargo 
'arias veces tuvo de Rector de la Universidad de 
Marcos y su propia aficJ6n d todo lo aparatoso y 
Dmbante, le convirtieron en obligado cronista de 
J los festejos y fiinebres soleinnidades de su tiem- 
proveedor incansable y poligloto de versos 6 ins- 
iones para ellos. En este lamentable ginero de 
tura compil6 sucesivamente los raros libros que 
1 per titulos: Lima triunfante; Glorias de la 
rica,juegos pythios y jubilos dela Minerva perua- 
n la entrada solemne del Marques de Castell-dos- 
(1708); el Panegirico y poestas con que se celebro 
ustafeliz accidn del recibtmienio en las Escuelas 
Hrrey Principe de Santo Buono (1716); El Tetn- 
! la Fama vindicado, y unas estancias panegiricas 
iliano al Cardenal Alberoni (1720); los jFUbiios de 
I y fiestas reales en los casamientos del Principe 
uis (despuis Luis I) y de la Princesa de Orleans 
); la Funebre pompa en las exequias del Duque 
arma {i"]!^)] El Cielo en el Parnaso, certamen 
:o con que la Universidad de Lima festej6 al Vi- 
VIarqu6s de Villagarcia en ly^b; La Galeria de 
mnipotencia, con motivo de la canonizacidn de 
> Toribio Alfonso de Mogrovejo; la Relacion de ia 

festiva poynpa en accion de gracias pot la exal- 
i d la cardenalicia diguidad de D. Gaspar de 
la (1739), y seguraraente otras de que no tenemos 
a. 
. el poeta laureado de los Virreyes y no se daba 

de reposo para hilvanar versos de circunstancias 



CCXXIX 

no s6lo en castellano, sino en latin, en italiano y en 
francos: su vena adulatoria y estrafalaria lleg6 d un 
extremo casi de demencia cuando compuso el elogio 
del Virrey Armendariz, Marqu6s de Castel-Fuerte , sin 
emplear en todo su discurso mds letra vocal que la A. 
iLastima de estudios tan torpemente malogrados! (i). 
El ejemplo de Peralta Barnuevo, doblemente deplo- 
rable por los s6lidos m6ritos de su varia doctrina, con- 
tagid d todos los poetas de certamen, que en niimero 
prodigioso hicieron rechinar las prensas de Lima con 
sus abortos durante todo el siglo pasado. No bubo su- 
ceso pr6spero 6 infeliz que no se solemnizase con ri- 
dfculos versos. La colecci6n de estas antologlas es 
manjar regalado para los bibli6filos; y el breve catd- 
logo que de algunas de ellas presentamos en nota bas* 
tara A indicar, por la sola extravagancia de los tltulos, 
lo depravado y absurdo de su contenido. Figuran en 
estos centones bastantes poetisas: Dofia Violante de 
Cisneros,monja definidora en el monasterio de la Con- 
cepci6n; Dofia Maria Manuela Carrillo de Andrade y 
Sotomayor, Uamada en su tiempo /a Limana Musa ; 
Sor Rosa Corvaldn; Dofia Rosalia de Astudillo y He- 
rrera; Dofia Josefa Bravo de Lagunas, abadesa de Santa 
Clara, autora de un soneto, no malo, a la muerte de 
la reina Barbara, del cual son estos tercetos: 

Descansa en paz, pues tu virtud me twisa 
La corona mejor que te declara 
El que alld en las estrellas te eterniza\ 

Que a mi para seguirte me prepara 
£1 relTgioso saco en su ceniza 
Del fin postrero la verdad mas clara. 



(i) Sobre Peralta Barnuevo publico un importante estudio en la Rex^ista 
del Plata (tomos viii, ix y x) D. Juan Maria Gutierrez. 



ro es maravilla encontrar et 
la cosa racional: hay octavas 
IS empiezan con la letra C: 

iCielos! C6nio canciones 
Con corazones casi consur 

OS en met^ora de mtisica y en 
hace, sobre todo, grande ost^ 
iversidad de lenguas: en la P 
•ina Maria Amalia de Sajot. 
Mo el latin, italiano y francos 
, el hiingaro, el portugu^s, el 
lichua y el dialecto de los ind 
s se enseiiaban en la Univers 
)s colegios de la Compatlia 6 
e enseOaba era el buen gus 



Pareniacion Real al SiAtraitu nomhrt e 
tlas E^aHasy Empcrador de las Indias.. 
y sunUioso mausska qui en sut reeks exe> 
na eotisagrd a sits piadosas manes tl E. 

arrtra Xj^so de la Vega Virrey, Gobert 

y pravincias del Peru, Tierra Firme y C 

meia el R. P. M. Fr. Jos^ de Biundia, d, 

nia Real del Santa OJicio y de la Santa O 

1 aue represanta el tiimulo). 

r veraos de veintiocho 6 treinta poetas, 

le Peralta Bamuevo. 

\plauso Tei'erente y afectuoio de la Unirerst 

n de Guevara, 1711. 

U S»l en el Zodiaco. Certainen ptitieo en 1 

Carmine Nicol&s Caracholo, Principe de . 
'artel del certamen. El Theatro hercico. C 
' recihbniento de D. Diego Morcillo Riihio 
'.artel del certamen. El Jupiter ORmpico. 
! la Universidadi MorcUh Rubio de Aufl 
'ilisio peruana. Solemnidades htraicas y f 



CCXXXI 



po^ticas son, por decirlo asi, las postreras heces del cul- 
teranismoy que en las colonias mantuvo su dominacidn 
medio siglo mas que en la penfnsula. 

Fu6 de los liltiraos y mis disparatados poetas de oca- 
sion un mozo andaluz, de bastante chispa, pero todavia 



quese han logrado eft la muy Noble y muy Leal Ciudad de los Reyes f Lima, en 
la aclamacidn de D* Luis Primero^ N. S. Las resume D. Geronimo Fern&ndez 
de Castro y Bocdngel. Lima, por^ Francisco Sobrino, 1725. Tuvieron estas 
fiestas la rara condicidn de ser pdstumas, puesto que Luis Primero habia 
fallecido en 31 de Agosto de 1724, y todavia en el Callao le estaban feste- 
jandoi principios de Febrero de 1725. Se representaron con esta ocasi6n 
ire& com^i^si Los yuegos Olimpicos, de Salazar y Torres; El Poder de la 
i4ms/!a<f, de Moreto ; Pa,r a veneer amor querer x^encerle , de Calder6n. Para 
esta ultima compuso Peralta Barnuevo una loa, Monforte un sainete y Fer- 
nindez de Castro una introducci6n, zarzuela, baile y fin de fiesta para el Sa- 
rao de los Planetas. Todo viene inserto en el Elisie Peruano, 

^Parentacwn Real, seniimiento publico^ luctuosa pompa,funebre solemnidad, 
en las reales exequias de.,.,, D. Luis /, Catolico rey de las EspaHas y Empera^ 
dor de las Indias. Sunluoso mausoleo que a su augusto nombre e inmortal me- 
moria erigid en la iglesia de Lima el Excmo. Sr, D, Josi de Arnunddriz, Mar- 
quis de CasUl'Fuerte, Virrey, etc. Escribelo de orden de su Excelencia el R. P. 

Fr. Tomds de Torre/on, de la Comp. de Jesus Lima, imp, de la calle de Pa- 

lacio, por Ignacio de Lunay Bohorquez, 1725, 4.°. 

—Funebre, religiosa pompa de nuestro Saniisimo Padre Benedicio XI 11^ por 
Fr. Alonso del Rio, 173 1. 

— Magnifica parentacidn y fimebre pompa, en la ocasidn d^ irasladarse la 

sepuUura del cuerpo de D, Diego Morcillo Rubio de AuHon. Sdcala d luz 

... .el Dr. D.Alfonso Carrion y Morcillo. Lima^ Anionio Gutiirrez de Ceballos. 
AOo de 1744. 

— Hercules Aclamado de Minerva. Cer lumen poHico de la Universidad al re- 
cibimiento del virrey Manso, I745- 

— Parentaciofi Real, Itutuosa pompa y suntuoso cenotafio que al augusto nom- 
bre y realmemoria de D. Felipe F, Rey delas EspaHasy Emperador de las In- 
dias mandd erigir el Exmo* Sr. D. Jose Manso de VelascOj Virrey, etc 

Cuya relacidn escribe de orden de su Exceleyicia el Sr. D. Miguel Sainz de Vol- 
divielso Torrejon^ abogado de esta Real Audiencia. Afio de 1747. (Con una gran 
lamina, que representa el catafalco.) 

— El Dm de Lima. Proclamacion Real de Fernando F/, 1748. No contiene 
mas versos que una loa de D. Felix de Alarc6n. 

— Plausibles fiestas que en la protincia de Guaylas consagro al Catholico Rey 



lyor notoriedad por sus travesuras y picara vida, 
L fin dieron con 61 en elasilo de los Padres Betleini- 
laltrecho de cuerpo y agriado de voluntad. Llama- 
;1 tal D. Esteban de Terralla y Landa: habfa sido 
ro aulico del virrey D. Tefcdoro de la Croix, y 



spahas, el SeHor D. Fernandu tl Sexto, el atgor y Uallad del general dan 
ne de Silva. Par D. Francisco Xam'er de ViUalla y NuHez. Lima, im- 
'e la calle de Palacio, 1749. 

'acUn dc las extquias y fimtbre pompa que i la memeria del muy alto 
so SeHor D. Juan V-..-- Rry de Portugal y de las Algartes mando eri- 
la capital delos Reyes el d'ta 8 de Fehrero de \Ti%tlExemo. Sr.D. Josi 

te Velasco , Conde de Superurtda. , Virr^, etc. De cuya orden laes- 

R. P. M. Fr. Jose Bria-o de Rivera, de la Comp. de Jesus...- AM de 

vlual descripcion , funebre lamente y suntHoso tunatlo di la regia, da- 
m,pa con que en la Iglesia Metropolitana de la ciudad de los Reyes, carte 
nirica Austral, mando solemnizar las reales exequias de la Sina. St- 
'So Mariana Jo^e/adt Austria, reyna fideHsiutade Portugal y hs Algar- 
■a IS de Marto de 1756, el actit<o eelo del..... Conde de Superuada, Vi- 

...... de cuyo superior mandato la escribe el R. P, Fr. Alejo de Alvites, 

■n Serd^co. AHo de 1756. 

'acian funehre de las realts exequias que d la Iriste t/iemoria de la Sere- 

Va/estad de la muy aha y muy paderosa Sra. Doha Maria Barbara de 

I, Caidlica Reina de las Espattus mandd celehrar el virref D. Jose 

fe Velasco, Conde de Super-unda , de cuya orden la escribid el R. P. 

I Fr. Mariano Lujin AHo de 1760. 

npa funeral en las exequias del Catalico Rey de EspaHa . D. Fenum- 

Vuestro SeUor, que mandO hacer en esta Iglesia Melropolitana de Lima, 

Julio de 1760, el..-.. Virrey Conde de Super-unda. Describela poror- 

m Exceleneia el P. Juan Antonio Rivera, de la CompaSia de Jesus..... 

760. 

M Gozosa. Descripcion de la proelainatian de Carlos Til, 1760. No ha- 

■entacian soUmne que al namire augiisto y real memoria de la CatoHca 

. Doha Maria Amalia de Sa/onia manddhaceren esta Santa Iglesia 

' de Lima el dia 2-j de Junio dc 1716, el..... Conde de Super-Unda, 

etc r la escribe por orden dc su Exceleneia el P. Vicloriano dc 

de la Comp. de Jcsiis Alio de 1761. 

'mem hirot de la famit. Certainen pietico con que la Univenidad de Lima 




ccxxxm 



le llamaban el poeta de las adivinanzas^ por ser grande 
improvisador de acertijos para damas y galanes en las 
tertulias. Como obligado cantor de todo festejo 6 duelo 
publico, di6 & la estampa sucesivamente el Lamento mi- 
trico generaly llanto funesto y getnido tristepor el nunca 
bien sentido dolorosa ocaso de nuestro augusto monarca 



cekbro el redbimiento del virrey D. Manuel de Aniat. Escribiole el Marquh 
de Casaconcka, Lima, imp. de los Nifios Huirfanos, 1763. 

— Funehrepompa d la memoria de D, yuan de Castafieda por Isidro JFosi Or' 
t^ay PimenUly 1763. No la he visto, 6 ignoro, por tanto, sicontiene versos. 

— Romarue en la fiesta con que los Ballones de Lima celebraron la imagen 
de Ntra, Sra. de Monserrat^ 1766. 

— Romance a la entrada y ejercicio de fuego que Itizo la tropa que vobno de 
Quito, 1768. 

— Relacidn de las reales exequias que a la memoria de la Reina Madre doha 

Isabel Famesio mando hacer el Exctno, Sr. D. Manuel de Amat y Juniet,.,.^ 

Virrey^ etc De cuya orden la escribid D. Josi Antonio Borda y Orozco, Co- 

renel del Regimiento de dragones de Carabayllo AAo de 1768. £sta relaci6n, 

ya de mejor gusto que las anteriores, no contiene mas que algunos disticos 
latinoSi que se pusieron en el tiimulo. 

— L&grinias de Lima en las exequias de D, Pedro A . de Barroeta, por Joseph 
Pdtau^ 1776. 

— Cartel del Cert amen, Templo del honor y la virtud* En el plausible triun- 
fd recibimiento del Excmo. Sr, D, Agustin de J&uregui y Aldecoa, en la Real 
Universidad de San Marcos ds Lima 1783. 

— Reales exequias que por el fallecimien to del Sehor don Carlos I If,.,,, mando 
celebrar el Excfno, Sr. D. Teodoro de la Croix^ del Orden teutonico , Vi- 
rrey, etc Describelas D. yuan Risco, Pbro. de la Congregacion de San FeHpe 

Neri. En la imprenta de NiAos Expositos. Afiode 1789. No contiene poesias; 
pero el P. Risco asegura que pasaron de mil las que cubrian el tumulo, es- 
tatuas, pilares y muros de la iglesia. iQue desasti'osa fecundidad! Por las 
de Teiralla, uoicas que se imprimieron , podrd juzgarse lo que valdrian las 
restantes. 

— Convite me trico general en la proclamacion de Carlos IV y 1789. 

— Descripcion de las fiestas que celebro Lima d la exallacion de Carlos IV, 
1790. 

Hay otras sin fecha, pero baste con las referidas. De algunas de ellas seda 
noticia en un ameno artlculo del Sr. Palma {Tradicioncs Peruanas, 3.* serie, 
Lima, 1883), con el titulo de Los plahideros del siglo pasado. 



D. Carlos 111 {\-3%*fi (centdn de si 
tales, que, atendida la indole picar 
poeta, quiza deban estimarse como 
de las relaciones de fiestas, al mod< 
hecho el P. Islaen su Dia grandea 
gria Universal^ Lima Festiva y e\ 
cibimiento del virrey Glide Lemus 
Mediodia: anofeliz yj'iibilo partic. 

cion Indica solemniz6 la exaltac 

/oj/F (1790), poema descriptivo e 
reados, con una introducci6n y on 
muchas poesias llricas y cuatro loc 
parto de su numen irrestaQable. Pe: 
versos de circunstancias, ni las po 
costumbres, algunos bastante chisto; 
del currutaco de Limoy que hacla ii 
Erudito, le dieron la notoriedad q 
Lima por dentro yfuera, que por la 
bi6 con el seud6niino de Sim6n Ay 
contra la sociedad limefla en una se 
lo mas pedestre, chabacano y grose 
llenos de alusiones sucias y nauseal 
sin duda, per m6viles de venganza 
como si el autor hubiese querido 
solo libro del inclenso que tan fasttdi 
mado en los tres anteriores. 

El Cabildo 6 Ayuntamiento de I 
vemente de este librejo, y hasta inte 
ceder judicialmente contra el autor 
la murmuraci6n aplace a la raisera 
los mismos peruanos contribuyeron 
pasqufn que con tan feos coloreslo! 



idi de su ejecuci6n literaria, Lima par 
fu6 reimpreso muchas veces en Cidiz, 
y Lima, y todavia en 1854 se hizo una 
;n Paris con graciosas ilustraciones de 
silo, rauy superiores al texto. En cuanto 
atenerse al parecer de D. Felipe Par- 
I no eraescritor, nisatlrico, ni poeta, 
ue se puso a decir en mal castellano y 
siguales cuanta torpeza le vino a las 
Ids linicos versos suyos dignos de re- 
inos del romance en que hizo su testa- 

astase la epidemia de los certamenes, 
IS reales para dar Hbre curso al furor 
mumerables poetastros que infestaban 
las orillas del Rimac, empezaron a es- 

basta los carteles de tores, y lo que es 
mero la esttipida lidia de gallos en el ge- 

de Escandon, que en 1762 celebrd en 
1 el estrafalarlo r6tulo de Apoca Gait- 
■lea, la apertura de la primera casa pii- 

aquella bdrbara diversi6a en la capital 

is raanifestaciones escritas de la poesia 
U tan infelices por el circulo estrecho 
B malograba su cultivo, no dejaba Lima 
fecunda en buenos ingenios que cele- 



e El Espfjo (& mi ticrra. 

irrifico de Terralla en la 3.' serie de las Traiicionn 

Palma. 

c4, ademis, un Auma en ctkbridad del virrty D. Ma- 



itemente el P. Vanifere en el libro vi de su 
Rusttcum: 

Fertilibus gens diveaagris aurique metallo, 
Ditior ingeniis bominun 

alguno de sus hijos, saliendo de la monotonia 
criolla, daba muestras de si en las cortes de 
>Ha llevarse detrds de si la admiraci6n y los 
de los doctos, porque, como ya he dicho y 
loolvidar.loquefaltaba en M^jico yen Lima 
IS del siglo xviir no era caudal de ciencia, 
a y gusto. Tal se mostr6 en Paris aquel estu- 
^ligloto joven D. Jose Pardo de Figueroa, so- 
Marquis de Castel-Fuerte, de quien dice el 
Vanifere que se hacia entender sin int^rprete 
as lenguas de Europa, y en ninguna ciudad 
sider^rsele como peregrine: 

si cuncti recte discantur ab uno; 

Linguarum morumque sciens interprete nullo, 
Europie vanas gentes qui nuper obibat, 
Hospes ubique dovus, nulla peregriaus in urbe. 

bi^n se hizo famoso en Espatla y en Francia^ 
por sus talentos que por sus desgracias, don 
Olavide, en quien, por decirlo asl, se encarn6 
I innovador en tiempo de Carlos III. Sus 
inseparables de su vida, y por eso conviene 
:o acerca de los sucesos capitales de su aza- 
;ncia(i). 



tjor y mas completa biografia que existe de Olavide es la del 
A, deLavalle (ZJ. Pablo de Olavidt; Apuxtes sobre su iddaysui 
I tdicion, Lima, 18S5). El capltulo que en 1881 le dediqui en 
■as Espailalcs (t. 111) requiere ser adicioaado con presencil de 
ublicaciones. 



" / 



CCXXXVII 



Olavide, nacido en Lima en 1725, discipulo aventaja- 
do de la Universidad de San Marcos, donde recibid el 
grado de doctor en Canones a los diez y siete afios de 
edad, opositor a catedras, oidor de aquella Real Au- 
diencia y auditor general de Guerra del virreinato del 
Peru, hubiera envejecido tranquilamente en su carrera 
de hombre de toga, si de repente no viniera d sacarle 
de la obscuridad el horrible terremoto de 1746. Cuan- 
do se trat6 de reparar los efectos de aquel desastre 
mostrd serenidad, aplomo y desinter6s no vulgares, 
y por su mano pasaron los caudales de los mayores ne- 
gociantes de la plaza, dejandole con mucha reputacidn 
de Integro. Pero no falt6 quien murmurase de 61, sobre 
todo por haber aplicado a la construccidn de un nuevo 
teatro el fondo remanente despu^s de aquella calami- 
dad. Se le mand6 venir a Madrid a rendir cuentas. Pro- 
picia se le mostr6 la fortuna en Espafia. Gallardo de 
aspectOy cort6s, elegante y atildado en sus modales, li- 
gero y brillante en su conversaci6n, cay6 en gracia a 
una viuda riqulsima, heredera de dos capitalistas, y lo- 
grd facilmente su mano. Desde entonces la casa de Ola- 
vide, en Leganes y en Madrid, fu6 una especie de salon^ 
de los primeros que se conocieron en Espafia. Olavide, 
agradable, insinuante , culto a la francesa, con aficiones 
filos6ficas y artisticas, que alimentaba en sus frecuentes 
viajes a Paris, ostentosoy esplendido, corresponsal de 
los enciclopedistas y gran lector de sus libros, comenz6 
a hacer ruidoso alarde de sus tendencias innovadoras, 
que frisaban con la impiedad declarada. El Conde de 
Aranda se entusiasm6 con 61 y le protegi6 mucho , ha- 
ci6ndole slndico personero de la villa de Madrid y di- 
rector del Hospicio de San Fernando. Los ratos de ocio 



.•/••'■'»■ 




CCXXXVIII 

los dedicaba A las bellas letras: puso en su casa un tea- 
tro de aficionados, como era moda en Francia, y como le 
tenia el mismo Voltaire en Ferney, y para 61 tradujo 
algunas tragedias y coraedias francesas. Moratin (i) le 
atribuye s6lo la Zelmira (traducci6n de Du Belloy),la 
Hipermenestra (de Lemierre) y El desertor francis 
(de Sedaine); pero D. Antonio Alcald Galiano (2) aflade 
aellas una que corri6 an6nima de la -2afV/a{«Zayre»)de 
Voltaire, tan ajustada al original, que de ella se valid 
como texto D. Vicente Garcia de la Huerta para su fa- 
mosa J-airay convirtiendo los desmayados y rastreros 
versos de Olavide en rotundo y bizarro romance ende- 
casllabo. Realmente Olavide poco tenia de poeta, ni en 
lo profano, ni en lo sagrado, que despu6s cultiv6 tanto: 
sus versos suelen ser mala prosa rimada, sin nervio ni 
calor ni viveza de fantasia. Aunque dotado de cualida- 
des brillantes, era de instruccidn flaca y superficial, y 
sin resistencia se dejd arrastrar por el torrente de la 
filosoffa del siglo xviii, no al modo cauteloso que Cam- 
pomanes y otros graves varones, sino con todo el fogoso 
atropellamiento de los pocos afios, de las vagas lecturas 
y de la imaginaci6n americana. Olavide cautivd, arre- 



(i) Catdlogo depiezas dramdticas del siglo XVII, pig. 329 del tomo de sus 
Obras , edicion de Rivadenejra. 

(2) Leccioncs de literatura del siglo XVIII., Madrid, Imprenta de la Socie- 
dad Liter aria y Tipogrdfica^ 1843, pdg. 243. La traducci6n de Olavide se im- 
primi6 dos veces en Barcelona , la primera sin afio, la segunda en 1783 , par 
Carlos Gibert y Tud6 (Vid. Sempere y Guarinos, Escritores del reinado de 
Carlos III, art. de Huerta) . Cltanse tambi^n, como traducciones de Olavi- 
de, la Mcrope^ de Voltaire, y las 6peras c6micas Nineta en la corte (de Fa- 
vart) y El pintor enamorado de su modelo, de Anseaume, y es probable que 
haya otras entre el farrago de traducciones dramaticas an6nin]as del siglo 
pasado. 




bat6, despertb admiracido, simpatia y envidia, y acab6 
por dar tristisima y memorable caida- 

Pero antes la protecci6n de Aranda le ensalz6 & la 
cumbre, y en 1 767 era ya asistente de Sevilla 6 inten- 
deme de los cuatro reinos de Andalucfa. De aquel 
tiempo data su famoso plan de reforma de aquella Uni- 
rersidad, el mSs radicalmente revolucionario que se 
formulase por entonces, respirando todo 61 rabioso 
centralismo y odio encarnizado A las libertades uni- 
rersitariasi no menos que & los estudios de Teologfa y 
Filosofla, «cuestiones frlvolas 6 imltiles, pues 6 son su- 
periores al ingenio de loshombres, 6 incapaces de traer 

utilidad, aun cuando fuese posible demostrarlas » Al 

lado de esto, el plan contenla muy sanas advertencias 
para la reforma de los estudios de Matemdticas y Fisica, 
de Lenguas i Historia, las cuales, puestas en prSctica, 
fueron elevando aquella c6lebre escuela al grade de 
prosperidad que alcanzaba a fines del siglo xviii. En 
todas las reformas de aquel reinado hay que distinguir 
la parte verdaderamente litil y positiva, de los muchos 
sueflos y temeridades infecundas que se mezclaron con 
eUa. 

Olavide era un iluso de filantropla, pero con Candida 
y buena fe, queiratos le hace simpdtico. En Sevilla 
protegid & su modo las Letras y todavia mds la Econo- 
mla Polftica, y tuvo la gloria de alentar y guiar los pri- 
meros pasos de Jove-llanos. Delatertulia de Olavide, y 
con ocasi6n de una disputa sobre las innovaciones dra- 
mSticas de la Chaus^e y Diderot, sali6 la comedia de 
El -Delincuente honrado, tierna y bien escrita, aunque 
algo Unguida y declamatoria; como que su ilustre autor 
se propuso por principal fin en ella «inspirar aquel dul- 



CCXL 



ce horror con que responden las almas senstbles al que 
defiende los derechos de la humanidad^. Rasgos tan 
candorosos como este, y mas cuando tienen de tan 
grande hombre como Jove-llanos, no deben perderse 
ni olvidarse, porque pintan la 6poca mejor que lo ha- 
rian largas disertaciones. La yulia y el Tratado de los 
delttosy de laspenas entusiasmaban por igual a aquellos 
hombres; y para que la afectaci6n Uegase a su colmo, 
juntaban la mascarada pastoril de la Arcadia con la 
filantropfa de los discipulos de Rousseau, Uamandose 
entre ellos ^el mayoral y^ovtnoi^ y ^el facundo Elpino'»* 
Este ultimo era Olavide, de quien Jove-llanos conserve 
siempre muy buen recuerdo, bastando la amistad de tal 
var6n para hacer indulgente con i\ al mas ispero cen- 
sor. Ni en pr6spera ni en adversa fortuna le flaque6 el 
carifio de Jovino, que aun en 1778 describia en la epis- 
tola d sus amigos de Sevtllai 

Mil pueblos que del seno enmarafiado 
De los Marianos montes, patria un tiempo 
De fieras alimaflas , de repente 
Nacieron cultivados, do a despecho 
De la rabiosa envidia, la esperanza 
De mil generaciones se alimenta: 
Lugares algiin dia venturosos, 
Del gozo y la inocencia frecuentados , 

Y con la triste y vacilante sombra 
Del sin ventura Elpino ya infamados 

Y a su primer horror restituidos. 

Entre los mil proyectos, mas 6 menos razonables 6 
utdpicos, que en aquella epoca de furor econ6mico se 
propalaban para remediar la despoblaci6n de Espafla 
y abrir al cultivo las tierras eriales y baldias, era uno 
de los mas favorecidos por la opini6n de los gobernan- 
tes el de las colonias agrlcolas. Ya Ensenada habia pen- 



■BIH- ■'" 



sado establecerlas, y en tiempo de Aranda volvid & agi- 
tarse la idea con ocasi6n de un Memorial de cierto 
arbitrista prusiano, D. Juan Gaspar Thurriegel. Campo- 
manes entrd en sus designios, redacts una consulta 
fevorable en 27 de Febrero de 1767, y sin di!aci6n co- 
menz6 & tratarse de poblar los yermos de Sierra More- 
na, albergue hasta entonces de foragidos, c^lebres en 
los romances de ciegos, y terror de los hombres de bien. 
Thurriegel se comprometi6 a traer, en ocho meses, seis 
mil alemanes y flamencos cat6Iicos, y la concesidn se 
firmd el 2 de Abril de 1767, el mismo dia que la prag- 
mitica de expulsi6n de los jesuftas. 

Para establecer la colonia fu6 designado, con tltulo 
de Superintendente, Olavide, como el mas A propisito 
por lo vasto y emprendedor de su indole. No se descni- 
d6 un punto, y con el ardor propio de su condicidn no- 
velera y con ampHos auxilios oficiales, fundi en breve 
plazo hasta trece poblaciones, muchas de las cuales sub- 
sisteo para gloria imperecedera de su nombre. Por des- 
gracia propia, el Superintendente no se detuvo en la 
poesfa bucdlica, y pronto empezaron las murmuraciones 
contra 61 entre los mismos colonos. Un suizo, D. Jos6 
Antonio Yauch, se queji, en un memorial de 14 de 
Marzo de 1769, de la falta de pasto espiritual que se 
advertia en las colonias, & la vez que de malversaciones, 
abandono y malos tratamientos a los nuevos pobladores. 
Confirm6 algo de estas acusaciones el Obispo de Ja6n: 
envi6se de visitadores al Consejero Valiente, d D. Ri- 
cardo Wall y al Marques de la Corona, y tampoco fue- 
ron del todo favorables & Olavide sus informes. Entre 
los colonos hablan venido disimuladaraente algunos pro- 
testantes, y en cambio faltaban cl6rigos cat61icos de su 



i6n y lengua. De conventos no se hable: Aranda los 
la prohibido para entonces y para en adelante, en 
ninos expresos, en el pliego de condiciones que 
it6 con Thurriegel. Al cabo vinieron de Suiza capu- 
los , y por superior de ellos Fr. Romualdo de Fri- 
ge, que escandalizado de la libertad de los discursos 
colonizador, hizo causa comun con los muchos ene- 
:os que 6ste tenia dentro del Consejo y entre los 
ilos de Aranda. Las imprudencias, temeridades y ti- 
'fas de Olavide iban comprometi^ndole mas a cada 
nento. Ponderaba con hip6rboles asidticas el pro- 
so de las colonias, y sus emulos lo negaban todo. £1 
[uejaba de que los capuchinos le alborotaban la co- 
la, y ellos de que pervertfa a los colonos con su irre- 
!>n manifiesta. Al cabo, Fr. Romualdo de Friburgo 
it6 en forma A Olavide, en Septiembre de 1775, por 
eje, ateo y materialista, 6 a lo menos naturalista y 
ador de lo sobrenatural, de la Revelaci6n, de la Pro- 
sncia y de los railagros, de la eficacia de la oracidn 
lenas obras;asiduo lector de Voltaire y de Rousseau, 
quienes tenia frecuente correspondencia; poseedor 
magenes y figuras desnudas y libidinosas; inobser- 
te de los ayunosy abstinencias eclesi^sticas y distin- 
1 de manjares; profanador de los dlas de fiesta, y, 
Imente, hombre de mal ejemplo y piedra de escdn- 
) para sus colonos. A estos graves cargos se afiadian 
IS enteramente risibles, como el de defender el mo- 
iento de la tierra y oponerse al toque de las cainpa- 
en dias de nublado. 

1 Santo Oficio impetrd licencia del Rey para proce- 
i Olavide, aproyechando la cafda y ausencia de 
nda. Se le mand6 venir & Madrid para tratar de 




F75r*^ '. "^- 



CCXLIII 



asuntos relatives a las colonias. El temio el nublado que 
se le venia encima, y escribi6 a su amigo Roda pidi6n- 
Ao\t consejo. En la carta, que es de 7 de Febrero 
de 1776, le decia: «Cargado de muchos des6rdenes de 
mi juventud, de que pido a Uios perd6n, no hallo en ml 
ninguno contra la religi6n. Nacido y criado en un pais 
donde no se conoce otra que la que profesamos, no me 
ha dejado hasta ahora Dios de su mano por haber falta- 
do nunca a ella: he hecho gloria de la que, por gracia 
del Seflor, tengo; y derramarfa por ella hasta la ultima 

gota de mi sangre Yo no soy te61ogo, ni en estas 

materias alcanzo mas que lo que mis padres y maestros 

me enseflaron conforme d la doctrina de la Iglesia , 

Y estoy persuadido de que en las cosas de la fe de nada 

sirve la raz6n, porque nada alcanza , siendo la docil 

obediencia el mejor sacrificio de un cristiano » 

Que Olavide ocultaba 6 desfiguraba aqui una parte de 
la verdad parece claro, no s6lo por las resultas del pro- 
ceso, sino por el valor autobiogrifico que undnimemente 
^onceden sus bi6grafos a las confesiones de El Evan- 
gelio en TriunfOj donde se leen pasajes como este: «La 
lectura de los libros filos6ficos habfa pervertido entera- 
mente mis ideas. Yo habia concebido, no s6lo el mas 
alto desprecio, sino tambien la aversi6n mas activa con- 
tra todo lo que pertenecfa a la Iglesia. Creyendo que 
el cristianismo era una invenci6n humana, como todas 
las religiones, no podia mirar la Iglesia sino como el ho- 
:gar 6 centro de sus principales ministros, que abusaban 
de la credulidad en favor de sus intereses. Todas sus so- 
ciedades me parecian cavernas de impostores, sus creen- 
cias ridlculas, sus ritos irrisorios » (Carta segunda). 

Roda, que tenia en el fondo tan poca religi6n como 



, pero que A toda costa ev 
3., le dejd en inanos del Sant 
1 recomendar la mayor lenic 
neral. Erato entonces el ant 

D. Felipe Beltrin, var6n \ 
la parte de regalismo, 6 inc 
ia con los innovadores, ai 
ostrd mucho. De grade 6 i 
ir 4 Olavide; pero le excus 
ptiblico, reduciendo la lecti 
'/o a puerta cerrada, al cual : 
a solemnidad. Verific6se i 
e Noviembre de 1778, con 

de EspaOa, consejeros de 
1 y Guerra, oficiales de guar 
entes religiones. Aquel act) 
[0: la Inqtiisici6n, aunque h 
r liltiraa vez muestra de su p 
te, abatiendo en el Asistent 
de la corte y convidando al 
>s. 

le sali6 i la ceremonia sin el 
. orden era caballero), con e 
I y conducido por dos famil 
I con grandes muestras de 
icia, y al fin exclam6: «Yo n 
ique Id diga el fiscal.* Y tra 
.do. Tres boras habla dura 

los cargos eran sesenta y s( 
r ocho testigos. Se le declar 
, miembro podrido de la r€ 
;uarenta leguas de la corte y 



m^-:: 



."\- 



CCXLV 

der volver tampoco a Am6rica, ni d las colonias de Sie- 
rra- Morena, ni a Se villa; se le recluia en un convento por 
ocho a&os para que aprendiese la doctrina cristiana y 
ayunase todos los viernes; se le degradaba y exoneraba 
de todos sus cargos, sin que pudiese en adelante Uevar 
espada, ni vestir oro, plata, seda ni patios de lujo, ni 
montar i, caballo; quedaban confiscados sus bienes 6 in- 
babilitados sus descendientes bastala quinta generacidn« 
Cuando yolvi6 en si hizo la profesi6n de fe, con vela 
verde en la mano, pero sin coroza, porque le dispens6 
de ello el Inquisidor, lo mismo que de la fustigaci6n con 
varillas. 

Los enemigos de Olavide (que tenia muchos por su 
r&pido encumbramiento y por el asunto de las colonias) 
se desataron contra el indignamente despu6s de su des- 
gracia. Corre manuscrita entre los curiosos una sdtira 
insulsa y chabacana, cuyo r6tulo dice: JSl Sigh Jlus^ 
trado^ vida de D. Gutndo Cerezo^ nacido^ educado^ ins- 
truldoy muerto segHn las luces del presente stglo^ dadad 
luz para seguro modelo de las costumbres^ por D. ^usto 
Vera de la Ventosa (i). £s un ciimulo de injurias san* 
dias, despreciables y sin chiste. Por no servir, ni para la 
biografia de Olavide sirve^ porque el an6niino maldi* 
ciente estaba muy poco enterado de los hechos y aven- 
turas del personaje contra quien muestra tan ciego en- 
satlamiento. 

Olavide era una cabeza ligera, menos perverso de in- 
dole que largo de lengua, y sobre 61 descargd la tempes- 
tady mientras que por mas disimulados 6 mds poderosos 
seguian impunes sus antiguos protectores los Arandas y 



(i) Tres distintas copias de esta sitira ban Uegado i. nuestras manos. 



C^CXLVI 

los Rodas, enemigos mucho mas peligrosos de la Igksia. 
Comenz6 por abatirse y anonadarse bajo el peso de 
aquella condenaci6n infamante; pero luego vino 4 mejo- 
res pensamientos, y la fe volvid a su alma. Retraldo en 
el monasterio de Sahagiin, sin mas libros que los de 
Fr. Luis de Granada y el P. Segneri, tornd d cultivar 
con esplritu cristiano la poesia, que habia sido recrea- 
ci<in de sus primeros afios, y compuso los linicos versos- 
suyos que no son enteraraente prosaicos. Llimanse en 
las copias manuscritas Ecos de OlaDide^ y vienen a ser 
una parafrasis del Miserere^ que luego incluyb retocada 
en su traducci6n completa de los Salmos del Real Pro- 
fieta. 

El arrepentimiento de Olavide ya entonces parece 
sincero, pero aun no habIa echado ralces bastante pro- 
fundas. Burlando la confianza del Inquisidor general, no- 
sin connivencia secreta de la corte, huy6 & Francia, y 
alii vivi6 algunos afios con el supuesto titulo de Condc 
del PilOi trabando amistad con varies literatos france- 
ses, especialmente con el caballero Florian, ingenia 
amanerado, discreto fabulista y uno de los que acabaron 
de enterrar la novela pastoril. Olavide le ayud6 d re- 
fundir la Galatea de Cervantes, mereciendo que en re^ 
compensa le Uamase «espaflol tan celebre por sus talen- 
tos como por sus desgracias*. 

Los enciclopedistas recibieron con palmas a Olavide* 
Diderot escribi6 una noticia de su vida (i). Marmontel 
le salud6 en sesi6n piiblica de la Academia Francesa con 
aquellos enfaticos versos: 



(i) Vid. en las obras de Diderot, ed.Assezat (1875), tomovi, pp. 467-472. 
D, Pablo Olavides (sic), prkcis historiqiu ridigk sur des memoires fournis a 
M< Diderot par un ami. 



s 



(CXLVIl 

Le citoyen fletri par V absurde fureur 
D'un z61e mille fois plus affreux que Tert-eur 
Au pied d'un tribunal que la lumidre offense, 
Accuse sans t6moins, condamne sans defense, 
Pour avoir m6pris6 d'infdmes ddlateurs, 
En peuplant les deserts d'heureux cultivateurs ; 
Qu'il regarde ces monts oil fleurit Tindustrie , 
£t, tier de ses bienfaits, qu'il plaigne sa patrie. 
Le temps la changera, comm'il a tout chang6 : 
D'une indigne prison Galilee est veng^. 

Estas injurias en acto solemne exasperaron al Gobierno 
espafiol, y Floridablanca reclam6 la extradici6n de Ola- 
vide en 1 781; pero el Obispo de Rhodez, en cuya di6- 
cesis se habia refugiado, le did medios para huir 4 
Ginebra. El Cardenal de Brienne volvid a abrirle poco 
despu^s las puertas de Francia, y la Convenci6n le 
llamd a la barra para decretarle una corona civica y el 
titulo de ciudadano adoptivo de la Repiiblica una 6 
indivisible. Dicen (aunque no he podido comprobarlo) 
que entonces, volviendo d hacer alarde de sus antiguas 
ideas, escribi6 contra las 6rdenes monisticas, y com- 
prd gran cantidad de bienes nacionales. La conciencia 
no le remordia aiin y esperaba vivir tranquilo en cd- 
modo, aunque inhonesto retiro, lejos del tumulto de 
Paris, en una casa de campo de Meung-sur-Loire que 
habla pertenecido a los obispos de Orleans. Pero no le 
sucedi6 como pensaba. Dej6mosle hablar A el en mal 
castellano, pero con mucha sinceridad : 

«La Francia estaba entonces cubierta de terror yllena 
de prisiones. En ellas se amontonaban millares de infe- 
lices, y los preferidos para esta violencia eran los mas 
nobles, los m4s sabios 6 los hombres mds virtuosos del 
reino. Yo no tenia ninguno de estos titulos, y, por otra 
parte, esperaba que el silencio de mi soledad y la obs- 



:uridad de mi retiro me esconderlan 
iecucidn. Pero ao fu6 asl. En la noc 
i^ 1794) la casa de mi babitaci6n s 
:ercada de soldados, y por orden de 
lad general, fuf conducido & la prisi 
nento. En aquel tiempo la persecu 
;)aso para el suplicio. Procure somett 

3e la divina Providencia Pero ii 

;>odrIa yo hacer? Viejo, secular, sin n 
.a muy precisa para mi mismo, y enc 
:el con pocos libros que me guiasen, 
lue me dirigiesen» (i). 

Y m^s adelante Olavide se retrata 
iquel «fildsofo que no dejaba de ten< 
lue nacid con muchos bienes de forti 
ecibido en su nifiez la educacidnord: 
lido superficialmente su religidn; no 
lespu^s, y en su edad adulta casi no 
nejor decir, s61o la conocia con el i 
lemblante con que la pinta la iniquit 
nfortunio lo condujo & donde puc 
jFuebas que persuaden su verdad; y i 
;i6n natural y, lo que es m&s, de sus 
:ostumbreS| no pudo resistir A su ev: 
le quedar convencido, tuvo valor, c< 
;ielo, para mudar sus ideas y reformj 

Dudar de la bueua fe de estas pal 
I interns 6 & miedo, serfa calumnia: 



(i) El EvoMgtHo em Triumphs iffistortadeUH^fi- 
MnJu..... En Vtlencia, en U imprenU de Orgi 
[ituvm. 



locer A Olavide, alma buena en el fondo y 
:ristianas, por mucho que hubiese pecado 
imido y locuaz. 

ues (aunque lo negasen los viejos por la 
eputacidn de Olavide), que su conversiin 
cumplida, y no una aflagaza para volver 
SspaQa. L^ase el libro que entonces escri- 
g'elio en triunfo 6 historia de un fiUsofo 
donde St la ejecucidn no satisface, el 
menos, es intachable, sin vislumbres, ni 
le doblez 6 de hipocresla. 
hoy este libro, pero conserva nombradla 
ir circunstancias no dependientes de su 
:or era impfo convertido,penitenciado por 
o. espectador y victima de la Revoluci6n 
extrafias fortunas hacfan que unos le mira- 
iro, otros con recelo, achacando el extraor- 
to cambio de sus ideas, 6stos d propio inte- 
mundanos, aqu^llos ^ la dura lecci6n del 
Acertaban estos 6ltimos, como luego lo 
la austera y penitente de Olavide y su 
nisima. Dios habfa visitado terriblemente 
que no hubiera podido levantarse sin un 
also de la gracia divina. Todas las paginas 
'.Ho en triunfo, libro, por otra parte , me- 
no alcauzaba k mds el talento de su autor, 
iccidn y fe. Fu£, sin duda, obra grata a los 
expiaci6n de anteriores extravfos, y buen 
por lo ruidoso de quien le daba hizo honda 
:1 Snimo de muchos, y trajo d puerto de 
ros infelices como el autor. Asi debe juz- 
ngelio en triunfo, mis como acto piadoso 







CCL 



que como libro. Fu6 la abjuracion, la retractacion bri- 
Uante de un implo, la reparaci6n solemne de un pecado 
de escandalo. Imaglnese el poder de tal ejemplo a fines 
del siglo XVIII, y cuan hondamente debi6 de resonar en 
las almas aquella vozque salla de las cdrceles del Terror, 
adorando y bendiciendo lo que toda su vida habfa tra- 
bajado por destruir. El 6xito fu6 inmenso : en un solo 
aflo se hicieron tres ediciones de los cuatro voluminosos 
tomos de El Evangelio en triunfo. 

Con todo eso, la malicia de algunos esplritus suspica- 
ces no dej6 de cebafse en las intenciones delautor. De- 
cian que exponia con mucha fuerza los argumentos de 
los incr6dulos contra la divinidad de Jesucristo y la au- 
tenticidad de los libros santos^ y que se mostraba frio y 
d6bil en la refutaci6n. Algo de verdad puede haber en 
esto, pero por una raz6n que facilmente se alcanza: Ola- 
vide habia vuelto sinceramente i la fe, pero con la fe no 
habia adquirido la ciencia teol6gica ni el genio de escri- 
tor que nunca tuvo. Su lectura predilecta y continua 
durante la mayor parte de su vida habian sido las obras 
de Voltaire y de los enciclopedistas : aquello lo conocla 
bien, y estaba muy al tanto de todas las objeciones. Pero 
en teologfa cat6lica y en filosofla cristiana claudicaba, 
porque jamas las habia estudiado (como 61 mismo con- 
fiesa), ni leldo apenas libro alguno que tratase de ellas. 
Asi es que su instrucci6n dogmatica, a pesar de las 
buenas lecturas en que se empefi6 despues de su con- 
versi6n, no pasaba de un nivel vulgarlsimo , bueno para 
el simple creyente, pero no para el apologista de la reli- 
gi6n contra los incr6dulos. Ademas, como su talento, 
aunque liicido y despierto , no se alzaba mucho de la 
mediania, tampoco pudo suplir con el lo que de ciencia 



■P<i'-'i ' ; 



dCLI 



le faltaba; asf es que resultaron flojas algunas partes de 
su apologia, si bien, a fuerza de sinceridad y de iirmeza, 
y de ser tan burda la crltica religiosa de los volterianos, 
facilmente suele lograr la victoria. 

Literariamente, el libro de Olavide vale poco, y estd 
escrito medio en francos (como era de recelar, dadas sus 
lecturas favoritas y su larga residencia en Paris); no s6lo 
atestado de galicismos de palabras y de giros, sino de 
rasgos enfaticos y declamatorios de la peor escuela de 
entonces. Pero tambien tiene en muchos pasajes unci6n 
y fervor, y aunque siempre sea peligrosa la excesiva 
intervenci6n del sentimiento en tesis dogmaticas, no 
hay duda que lo que en el libro interesa principalmente 
es el drama psicol6gico de la conversi6n del implo, 
la bistoria de los combates de su propia alma, de la 
Cttal el autor levanta todos los velos, Es eierto que d 
la fuerza teol6gica de los argumentos del libro dafia 
esta especie de novela lacrimosa, en que estan como 
ahogadas la preparaci6n y la demostraci6n evangelicas. 
Quizi Olavide debi6 escoger entre escribir una defensa 
de la religidn, 6 escribir sus propias Confesiones. Prefi- 
ri6 mezclar ambas cosas, y resultd una producci6n hi- 
brida; pero que tal como estS, fu6 de las primeras en que 
el espiritu de restauraci6n religiosa invoco los auxilios 
de la imaginaci6n y del sentimiento, uno de los pre- 
cedentes indudables de El Genio del Cristianismo: ra- 
z6n bastante poderosa para que no se la pueda olvidar 
en la cronologia literaria. 

Del 6xito inmediato tampoco puede dudarse. Publi- 
cada en Valencia en 1798, sin nombre de autor, lleg6 
hasta el liltimo rincdn de Espafia, provocando una reac- 
ci6n favorable i, Olavide. Aquel mismo afio se le per- 






• ■ 



CCLII 



mitid volver a la Peninsula, despuds de diez y ocho de 
expatriaci6n , y no s6lo se le reintegr6 en todos sus ho- 
nores, sino que lleg6 la munificencia de Carlos IV hasta 
conferirle una pensi6n anual de 90.000 reales extraordi- 
naria para aquellos tiempos, y aun para 6stos, pero que 
se consider6 sin duda como indemnizaci6n de anteriores 
quebrantos y confiscaciones. Para la mayor parte de los 
espafloles, su nombre y sus fortunas eran objeto de ad- 
iniraci6n y de estupor. Los vientos empezaban a correr 
favorables a sus antiguas ideas; pero Dios habia tocado 
en su almai y le Uamaba d penitencia. Desengafiado de 
las pompas y halagos del mundo, rechaz6 todas las ofer* 
tas del ministro Urquijo y de Godoy, y se retir6 d una 
soledad de Andalucia , donde vivi6 como fildsofo cris* 
tiano , pensando en los dias antiguos y en los afios eter* 
noSy hasta que le ;visit6 amigablemente la muerte en 
Baeza el alio 1804, dejando con el buen olor de sus vir- 
tudes edificados d los mismos que habian sido testigos6 
c6mplices de sus escandalosas mocedades, que 61 quiza 
con demasiada severidad llamaba in/ames. 

Ademas de El Evangelio en triunfoy publicd Olavide 
una traducci6n de los Salmos, estudio predilecto de los 
impios convertidos, como por aquellos dias lo mostraba 
La Harpe, haciendo en una carcel no muy distante de 
la de Olavide el mismo trabajo. Pero en verdad que si 
La Harpe y Olavide trabajaron para justificaci6n pro- 
pia y para buen ejemplo de sus pr6jimos, ni las letras 
francesas ni las espafiolas ganaron mucho con su piadosa 
tarea. Ni uno ni otro sablan hebreo, y traduj^ron muy d 
tientas sobre el latin de la Vulgata , intachable en lo 
esencial de la doctrina, pero no en cuanto d los dpices 
literarios. De aquf que sus traducciones carezcan en ab- 



'.p 



CCLIII 



soluto de sabor oriental y profetico, y nada conserven 
de la exuberante imaginativa, de la obscuridad solemne, 
de la majestad sumisa, y de aquel volar ins6lito que le- 
vanta el alma entre tierra y cielo, y le hace percibir un 
como dejo de los sagrados arcanos, cuando se leen los 
Saltnos originales. For otra parte, Olavide no pasaba de 
medianlsimo versificador : i veces acentiia mal, y siem- 
pre huye de las imdgenes y de cuanto puede dar color 
al estilo : absurdo empefio cuando se traduce una poesfa 
colorista por excelencia como la hebrea, en que las mas 
altas ideas se revisten siempre de figura sensible. El me- 
tro que eligid con mon6tona uniformidad (romance en- 
decasflabo) contribuye d la prolijidad y desleimiento del 
conjunto, ademas de ser poco apto para la poesla Ifrica. 
No s6lo resulta inferior Olavide i aquellos grandes 6 ins- 
pirados traductores nuestros del siglo xvi, especialmente 
a Fr. Luis de Le6n, alma hebrea, y tan impetuosamente 
llrica cuando traduce a David, como serena y cUsica 
cuando interpreta a Horacio ; no s6lo cede la palma 4 
David Abenatar Melo y a otros judlos, crudos y des- 
iguales en el decir, pero vigorosos i trechos; sino que 
dentro de su raisma 6poca y escuela de Uaneza prosaica 
queda a larga distancia del sevillano Gonzalez Carvajal, 
no muy poeta, pero sf grande hablista , amamantado a 
los pechos de la magnlfica poesla de Fr. Luis de Le6n, 
que le nutre y vigoriza y le levanta mucho cuando pen- 
samientos ajenos le sostienen. A Olavide ni siquiera 
llega a inflamarle el calor de los libros santos, ni el 
carb6n que toed y purific6 los labios de Isalas. 

Tradujo Olavide, ademas de los »S'a/;;^05 , todos los 
Cdnticos esparcidos en la Escritura, desde los dos de 
Aloises hasta el de Sime6n, y tambi6n varios himnos de 



1 



. gr., el Ave Man's Stella., el Stabat Mater, 
^, el Te Deum, el Pange lingua y el Veni 
>do ello con bien escaso numen. Y ojata que 
iraitado a traducir tan excelentes originales; 
iciadamente le di6 por ser poeta original, y 
iguidos y rastreros versos pareados El Fin 
, El AlmOy L.a Inmortalidad del alma, La 
a. El Amor del mundo, La Peniiencia y 
iiicos asuntos hasta diez y seis, coleccionados 
el titulo de Poemas Christianas. Olavide 
fen todo el libro: valgale por disculpa que 
obra de devoci6n y no de literatura: para 
a en el pr61ogo que ba desterrado de sus 
imdgenes y los colores. Asl salieron ellos 
s y prosaicos. El desengaflo le bizo creyente, 
:6 a hacerle poeta. Increible parece que quien 
to per tan raias viciiitudes y sentido tal tor- 
mcontrados afectos, no hallase en el fondo 
alguna cbispa del fuego sagrado, ni se levau' 
inca de la triste insipidez que caracteriza sus 



Espaiol, 6 VtrsioH parafrdslica de hs Salmos de David, de hi 
sis, de ofros Cinlicos, y algunas oracionis de la IgUsia , en versf 
de que se putdan cantar. Para asa delas guenosaien latin. For 
•tgtlio en Triunfo. En Madrid en la imprenta de D. Jeseph Da- 

I ha sido muy popular asl en Espai^a como en America. 
nprimio en Lima. Haf una reimpresion de ella, hecha en 
rerla de Rosa y Bouret), y de los salmos Miserere y De Pro- 
lemSs una edici6n suelta; VersUn parafrdslica delsalmo 50™ 
auior del Evangelio eit triunfo, reimpresopor un devota. (V, Vera 
Jelas versianes poiHcas del salmo Miserere (Madrid, Fuentene- 
. 198 i. m). 
ristiangs, en que se exponen con sencillet las verdades mis itnpor- 



»7^- 



CCLV 



Mientras Olavide Uenaba a Europa con el ruido de 
sus andanzas y fortunas, continuaba en el Perii el movi- 
miento literario, promovido eficazmente por la Sociedad 
de Amigos 6 Amantes del Pais^ de la cual fu6 pre- 
sidente Baquijano y Carrillo, 6 individuos Unanue, 
Rodriguez de Mendoza, Arrese, Morales y Duares, 
el oidor Cerddn , Egafia, Calero y Moreira,el obispo 
P6rez Calama, los can6nigos Bermiidez y Millan de 
Aguirre, el Jeronimiano Fr. Diego de Cisneros, gran 
propagador de los libros de los enciclopedistas, el Mer- 
cenario Calatayud, y otros varios ecksiisticos, tales 
como Laguna, Romero, Girval y Sobreviela. Bajo sus 
auspicios comenz6 a publicarse en 1791 el Mer curio 
PeruanOjTevista, importante que lleg6 a constar de doce 
tomos, y que Humboldt parece haber estimado en 
mucho. Por el mismo tiempo apareci6 el Diario Eru- 
diio, Economico y Qotnercial de Lttnaj que s6lo dur6 
tres afios. 

Con estos papeles se educ6 la generaci6n de la guerra 
de la Independencia, a la cual en rigor pertenece Ol- 
medo, que naci6 peruano, aunque muriese ciudadano 
del Ecuador; y d la cual pertenecid tambien el desgra- 
ciado poeta arequipefio D. Mariano Melgar, fusilado por 
losrealistas despu^s de la batalla de Humachiri en 18 14, 
4 los veintitres afios de su edad. Este trdgico y prema- 
turo fin ha salvado del olvido el nombre del poeta, mucho 
mis que el m6rito de sus versos, que no pasan de ensayos 
de estudiante aprovechado. Algunas traducciones, como 
la de los Retnedios de Amoty de Ovidio, que 61 llamd 



tanUs de la Religidn, por el autcr del Evangelio en triunfo, Publicados por un 
amigo del autor, Segunda edicidn, en Madrid^ en la imprenta de Joseph Doblado. 



Arte de olvidar, acreditan sus bui 
pero sus odas y eleglas pertenecen i. 
del siglo XVIII, y aun con la mejor vol 
encontrar en ellas nada que anuncie 
de orden superior. La titulada Al At 
duda, la mejor de todas; pero esti v( 
desaliAo y tan poco nervio, que casi 
nes Hricas que realmente tiene result 
gar es conocido generalmente per ( 
de los yaravies, per haber cultiva 
cierto g^nero de poesia popular ace 
sica indlgena. Nuestra ignorancia d( 
y de las costumbres de los indios df 
determinar si en estos cantos hay 6 
cional. £1 prologuista de las poesias < 
que «el yaravt es una composici6n i 
se con acompatlamiento de vihuela i. 
mtlsica no tiene mds que un tema fi 
riaci6n; y esta monotonia del cant 

golpe muchas veces repetido ; asl;l; 

llevan poco d poco el alma d la mel 
yaravi la cancidn que debemos a li 
indfgenas lo enseflaron a los espanol 
ces se ha hecho de 61 una composicit 
cional en la miisica, y una canci6n en 

en nuestra literatura Siendo el yi 

mitiva de los indlgenas, las mejores 
este g^nero se encuentran en quichi 
hecho en espaOol son traducciones 
aqu^llas, y el verso que se ha adopti 
taciones es, por lo comiin, de ocho si 
6 quintillas. Se emplea tambi6n el v< 



CCLVII 



bas; y es muy usada la interpolaci6n de versos de cinco 
sllabas entre los de ocho, y 4 este yaravi se le llama de 
pit quebradoT^. 

Prescindiendo de la cuesti6n de origen, en que nos 
reconocemos de todo punto incompetentes , no habien- 
do oldo cantar nunca yaravies ni entendiendo una 
palabra de la lengua en que, segiin dicen, estdn cora- 
puestos los mejores, s6lo diremos que los diez yaravies 
aut6nticos de Melgar (d quien por su popularidad se ban 
atribldo otros muchos) nada tienen en la letra de indio 
ni de peruano, y son meramente cancioncitas amorosas 
bastante delicadas y sentidas, que ganaran mucho con 
el prestigio de la miisica, si 6sta es tan blanda, insinuante 
ymelanc61ica como dicen. Son, sin duda, los versos 
mis agradables de Melgar: naturales y sencillos, puros 
de todo rastro de afectacidn ; pero creemos que el ge- 
neral Miller, que no tenia mucha obligaci6n de enten- 
der de poesfa castellana, se aventur6 demasiado cuando 
Uegd a compararlos nada menos que con las Melodias 
Irlandesas de Tomas Moore (i). 

Continu6 todavia en los primeros aflos de nuestro 
siglo la publicaci6n de fiestas y certamenes porticos, 
aunque por lo comiin con mejor gusto que en el ante- 
rior. De 1 802 es la Fama Postuma del arzobispo Don 
Domingo Gonzdlez de la Reguera, y de 181 6 la muy 
curiosa coleccion de obras de elocuencia y poesfa con 
que la Universidad de San Marcos celebr6 el recibi- 



(l) Poesias de D. Mariano Melgar, Publicaias D. Manuel Moscoso Melgar ^ 
dedic&fublas d la Jwueniud Arequipeha, Nancy, 1878. Con un pr6Iogo de 
D. F. Garcia Calderdn, y una noticia biogrdfica del autor, cuyas bellas con- 
diciones personates, novelescos amores y trdgica muerte interesan mds que 
BUS obras. 

TOMO III 



ito del Virrey D. Joaquin de la Pezuela, vencedor 
''Uuuia , e.n Ayohuma y Vilcapujio. Constan los auto- 
le las dos piezas en prosa, que fueron el Dr. D. Jos^ 
sro y Salazar, Rector de aquella escuela, y el doctor 

Jose Joaquin de Larriva y Ruiz, catedratico de 
,a de Filosofia. Los versos estdn firmados con las 
ales J. P. de V. y F. LI. La mayor parte son lati- 
acompafiados de la traducclbn castellana: no care- 
de mdrito, dentro de su g^nero artificial, y prueban 
la Universidad, hasta el ultimo dia de la domtna- 

espaflola, que fu6 casi el liltimo dia de su propia 
>ria como organismo tradicional 6 independiente, 
ej6 de producir humanistas, ya que no era su misidn 
lar poetas (i). 

. exaltado realismo de que hacen gala los Doctores 
J Universidad peruana en esta especie de corona 
cida al insigne caudillo espaflol, no ha de atribuirse 
imente a entusiasmo oficial ni & impulse de adula- 
. Las opiniones andaban muy divididas en el Peril, 
juraraente prevaleclan en nfimero los partidarios de 
etrdpoli. Hasta el liltimo momento la causa espa- 
tuvo alll mis secuaces que en ninguna otra parte 
\merica: las tradiciones coloniales estaban muy 
gadas, merced a un largo regimen de prosperidad 
5uila: Lima era copia fiel de las risueQas ciudades 
VIediodia de Espafla; y el facil y alegre vivir de sus 
tantes, justamente enamorados de su suelo, de su 



Celtccida de las camposicieitis de Ehquenda y Poena con que la Real 
ra'dad de San Marcos de Lima cehbro en Ics dias Joy ii de Noviemirt 
6 el recibifnienlo de su isclarecido vice-patTono el E-xcme. Sr. D. jfoagtum 

Pezuela y Sinchez Virrey, Go&ernador y Capildn general del ReuiM 

ru . Lima, iSi6, porD. Bernardino Rui£. 



\* 



CCLIX 

cielo y de la hermosura de sus mujeres, les hacla muy 
Uevadera la ausencia de libertades politicas, que los mds 
de ellos ni entendlan ni solicitaban. Sin la conspiraci6n 
militar que dividid el ej6rcito espafiol y arranc6 el 
mando a Pezuela, y sin el auxilio, nada desinteresado^ 
de Bolivar y sus colombianos, sabe Dios cuando y c6mo 
se hubiese consumado la emancipaci6n de aquella parte 
del continente americano, aunque fuese inevitable para 
un plazo mds 6 menos largo. Pudieron contar, pues, 
Abascal y Pezuela con panegiristas ardientes y no s6lo 
con mercenarios cantores. 

Verdad es que con la inconstancia propia del gremio 
poetico pasaron casi todos ellos al partido vencedor al 
dfa siguiente de la batalla de Ayacucho, y el primero 
de todos aquel mismo doctor Larriva que habia escrito 
en 1807 el elogio universitario de Abascal, en 181 2 el 
discurso contra los insurgentes del Alto Peru, en 1816 
el serm6n en alabanza de Pezuela, y en 18 19 la oraci6n 
fiinebre de los prisioneros realistas fusilados por los in- 
surrectos en la Punta de San Luis; pasando luego, y sin 
esfuerzo ni transici6n alguna, a pronunciar en 18241a 
oraci6n fiinebre de los patriotas muertos en Junin, en 
1826 el elogio academico de Bolivar, contra quien se 
desatd luego en sdtiras 6 invectivas, pocos meses des- 
pu6s de haberle puesto entre los semidioses: 

Mudamos de condici6n, 
Pero fu6 s6Io pasando 
Del poder de Don Fernando 
Al poder de Don Sim6n. 

Era el tal Larriva (segiin refiere el Sr. Palma) un cl6- 
rigo de costumbres nada ejemplares, poeta chistoso 
6 improvisador de caf6, gran latino y hombre de muy 



-^ 



' agudo ingenio, corao lo prueban susfibu- 
ma burlesco de La Angulada y otras pro- 
iuyas, que desgraciadaraeote por ser de in- 
lal y effmera, ban padecido la suerte comAo 
I clase , que es no sobrevivir d los aconteci- 
5ue aluden y perseverar s61o en las pdginas 
:urioso libro de Historia (i). Poetas muy 
estilo y manera fueron otros dos improvisa- 
>i^n eclesidsticos y de costumbres no menos 
1 presbitero Echegaray, que repard con los 
nplos de sus 6ltimos alios los escindalos de 
I, y el franciscano Fr. Mateo Chuecas y Es- 
a vida se dilat6 hasta 1868, dandole tiempo 
-a enmendar sus desconcertadas costumbres, 
to de fe con la mayor parte de sus versos pro- 
ribir algunas composiciones asc^ticas de me- 
todos 6stos habia precedido el Ciego de la 
. Francisco del Castillo, que falleci6 i fines 
sado, gran repentista, sobre todo en ddcimas 



mo II de la CoUcddit de docutiuntos de Odriowla esUn las 
posiciones de Larriva. 

alma (TradUionei peruanas, sexta serie), transcribe COtno 
que se la comunico aut6grara, la siguieote glosa de una re- 

opular en los libros de devocido ; 

;Qu4 se hicieron de Sanidn 
Lal fuerzas que en af m; 
Y la bellcia que tuvo 
Aquel Boberbio AtnaldDJ 



jLa ctenda de Saloman 



labada? 
" da? 

vida prestada. 
De AriBtdteles la cienda, 
Del f^an Plaidci el iiber, 
tQu# cs lo que ban venido i sei 



;D6nde esti depos 
Luego nada permi 




CCLXI 



de pie forzado. El Sn Palma ha publicado algunas de sus 
picantes improvisaciones, dejando in^ditas por lo licen- 
cioso y desvergonzado de la expresidn otras muchas 
que tradicionalmente corren de boca en boca , y entre 
las cuales habr^ seguramente algunas que sin raz6n se 
le achaquen: castigo providencial de todo el que alguna 
vez ha envilecido su musa con la obscenidad y el ci- 
nismo (i). 

Dejando aparte estos rezagados del siglo xviii, la lite- 
ratura peruana del siglo xix empieza propiamente con 
el medico D. Jos6 Manuel ValdSs y el diplomdtico don 
Jos6 Maria de Pando. El Dr. Valdds, protom6dico del 
Peru y director del Colegio de Medicina y Cirugla de 
Lima, ocup6 honesta y piadosamente sus ocios en una 
traducci6n de los SalmoSj muy notable por la pureza 



I Pura apariencia I ; Apariencia I 

S6lo en Dios hay suficiencia; 

Solo Dios todo lo sabe; 

Nadie en el mundo se alabe 

I^norante de su fin. 

Asi lo dice Ag^stln , 

Qu€ es tU la ciencia la llavi. 

Todos los sabios quisieron 
Ser grandes en el saoer; 
Que lo fueron no hay que hacer, 
Se^tlin que ellos lo creyeron. 
Quizi muchos se perdieron 
For no ir en segura nave ; 
Camino insej^ro y grave, 
Si en Dios no fundan su ciencia, 
Pues me dice la experiencia: 
Quun sabt saharst. sabe. 

Si no se apoya el saber 
£n la tranquila conciencia, 
De nada sirve la ciencia 
Condenada i perecer. 
Sdlo el que sabe obtener, 
Por una vida arreglada, 
Un asiento en la morada 
De la celestial Si6n, 
Sabe mis que Salom6n , 
Y el que no, no sabe nada, 

{i) Tradiciones peruanas^ primera serie. 



y por la sencillez y dulzura del estilo, que 
Luis de Le6n en mucbos trozos. Como ha- 
i muchas semejanzas con Gonzalez Carrajal; 
ficador le lleva innegable veotaja en variedad 
Dpn Jos6 Joaquin de Mora celebr6 bella- 
una oda esta noble y decorosa versi6n del 
ue es, sin duda, la mejor que ha salido de 
f una de las mejores que tenemos en caste- 

i Maria Pando es mas c^lebre por las vicisi- 
I carrera politica y por sus trabajos de publi- 
orsus versos. Nacido en Lima en 1787, pero 
n Madrid, en el Seminario de Nobles^ co- 
servir & Espafia en varios puestos diplomi- 
ndo A ministro de Estado en las postrimerias 
n constitu clonal de 1823. Ciudadano del Peru 
\, fu6 ministro de Hacienda con Bolivar y 
ciario para el Congreso de Panami. Sucesos 
s le movieron & emigrar de su pais y volver 
Espafia, donde tomd parte activa en nuestra 
sta su muerte, acaecida en 184a Era hombre 
la lectura, muy conocedor de las ciencias so- 
: la historia moderna, y escribia en prosa con 
nervio. Sus obras la&s conocidas son: Mercu- 
tto, peri6dico publicado en 1827; Pensamien- 
ntes sabre moral y politica (Cadiz, 1 837), y 
i de Derecko tnternacional Q/lTids'iA., 1843), si 
iltima, que ha tenido mucha boga, apenas me- 
iderarse mds que como un plagio de la exce- 

nen edicidn se hizo en Lima, 1833; la segunda en Paris, 1836, 



ccLxin 

^^tito obra de Andres Bello, 4 quien sigue paso a paso, 

^^piando textualmente sus mismas palabras en casi to- 

*^s los capitulos. Hizo tambi6n elegantes poeslas, aun- 

^^^ en escaso niimero; algunas traducciones de odas de 

*loracio y una Epistola politica d Prospero^ 6 sea 4 Bo- 

^War, mis elocuente que po6tica, pero bien escrita y 

Uena de calor en algunos pasajes, de majestad en otros. 

iLastima que el autor no hiciese el menor esfuerzo para 

evitar tantas y tantas asonancias indebidas como afean 

aquella larga tirada de versos sueltosi Sin duda Pando 

tenia habituado el oldo d la poesia italiana, en que las 

asonancias no se reparan (i). 

En 1 83 1, por losdias en que Pando figuraba al frente 
del-partido conservador del Peru, lleg6 a Lima, expul- 
sado de Chile por D. Diego Portales, el ingenioso gadi- 
tano D. Jos6 Joaquin de Mora, 4 quien de aqui en ade- 
lante vamos a encontrar en casi todas las repiiblicas 
americanas como maestro 6 como periodista: brillanti- 
simo y 4 la postre bendfico aventurero literario, gut 
mores multorum hominum vidit et urbes. 

Asociado en Lima con los hombres mas distinguidos 
del pals, tales como Pando, D. Felipe Pardo, D. Manuel 
Lorenzo Vidaurre, D. Jose CaveroySalazar, D. Andres 
Martinez, el medico D, Hip6lito Unanue, etc., fundd el 
Ateneodel Peru^ donde did la enseflanzadederecho na- 
tural y publico; imprimi6 unos Cursos de Logica y Jattca^ 
segtin los principios de la escuela de Edimburgo] y co- 
menz6 su extrafio poema de Don J^uan^ imitaci6n de 
Byron, del cual nunca llegd a escribir mas que los cinco 



(i) La Epistola d PrJspfrose impnmi6 en Lima en 1826, y esta reprodu- 
cida en la America Poitica de Gutierrez. 



CCLXIV 



primeros cantos (i). Era Mora, mas bien que poeta ins- 
pirado, admirable versificador; en sus composiciones li- 
ricas resulta flojo y aun prosaico, pero en la narraci6n 
joco-seria, en la fabula y en la sdtira, su estilo es unrau- 
dal de chiste, de amenidad y desembarazo descriptivo, 
de felices ocurrencias y genial humorismo , calificativo 
que cuadra bien & quien principalmente se habia formado 
en la escuela de los humoristas ingleses. Su ejemplo y 
su doctrina literaria fueron de gran provecho en Lima, 
hasta por lo mucho que armonizaban con ciertas ten- 
dencias del ingenio peruano: puede decirse que fu6 el 
segundo maestro de D. Felipe Pardo, despu6s de Lista* 
Las dos epistolas que Mora dirigi6 a Pardo (2) estan 
Uenas de sabios consejos literarios 6 informadas por un 
templado eclecticismo, de sentido comtin 6 de escuela 
escocesa, que fu6 siempre el sello de la critica de 
Mora (3). 

Don Felipe Pardo y Aliaga, uno de los discfpulos 
predilectos de Lista, es el verdadero representante de 
nuestra escuela cldsica enelantiguo virreinato del Peru, 
y sin duda el mds notable de los escritores limefios de 
nuestro siglo, d lo menos de los que ya ban pagado a 
la muerte el comtin tributo. Como hablista en verso, 
s6]o d Bello cede la palma, y en la sdtira politica va 
delante de todos los americanos, si bien no respetase 
siempre los limites que separan toda composici6n po6- 



(i) Se publicaron an6nimos en Madrid en 18441 7 son casi descooocidos, 
aunque tienen octavas muy notables. 

(2) Poesias iU D, Jose J, de Mora, Madrid, 1853 , pags. 241 k 257. 

(3) Sobre la estancia de Mora en diversas republicas americaDas y la in- 
fluencia politica y literaria que alii ejerci6, es libro capital el de D. Miguel 

Luis Amundtegui. — D.Josk Joaquin de Mora Apuntes biogr&ficos, Santiago 

de Chile, 1888. 






CCLXV 



tica (por reflexiva y didactica que quiera ser) de un fo- 
lleto 6 artlculo deperi6dico. La Epistola d Delto^ la pa- 
lodia de Constituci6n y otras piezas por elmismo estilo, 
que son, sin duda, las mds geniales y las mds curiosas 
del poeta, adolecen a menudo de esa continua preocu- 
paci6n de los negocios del dia, con lo cual, sin ganar en 
ardor y animacidn, pierden algo de aquel desinter^s 
po6uco, de aquel puro culto del arte, que en Horacio y 
en los verdaderos satlricos horacianos, tales como Pa- 
riniyD. Leandro Moratln, brilla siempre y se sobre- 
pone d toda otra consideraci6n de utilidad social inme- 
djata. Aun con este lunar, que quizd no lo sea a los ojos 
dd todos, Pardo debe ser respetado siempre, no sdlo 
como escritor pulcro y atildado, sino como ingenioso ob- 
servador de costumbres, y algunas de sus letrillas pue- 
den figurar sin desventaja al lado de las de Bret6n. 

La educaci6n de Pardo habia sido severamente cla- 
sica, y clasicos fueron siempre sus modelos. Su poesfa es 
fruto legftimo de la escuela culta y severa de fines del 
siglopasado, especialmente de la de Moratln, pero con 
mis animacidn y alegria, con viveza crioUa, con un ge- 
nero de chiste peculiarmente limefLo, aunque de especie 
may fina y aristocritica. Cultiv6 Pardo varios g6neros 
y ninguno sin habilidad y fortuna: su oda A Oltnedo y 
su magnffica traducci6n de la oda de Victor Hugo A /a 
columna de Vendome^ prueban que no le faltaba numen 
Ifrico: sus versos de amor son faciles y graciosos; en 
las octavas de El Peru hay primores descriptivos que pa- 
recen robados a Bello, de quien Pardo fu6 muy amigo y 
en cierto modo discipulo durante su destierro en Chile: el 
unico canto que Uegd a escribir del poema Istdora es lo 
mejor que en este g6nero de narraciones domesticas 6 



1 



tumbres tiene laliteratura americana, a excepcida 
cuentos de Batres; y, finalmente, la fantasia en 
ad de metros, que titul6 La Ldrnpara^ es un en- 
jmdntico, excepcional en sus obras, pero nada in- 
omo lo prueban estos versos: 

Lampara solitaria ard( en el templo, 
Y, aunque con luz escasa, ardi conRiante, 
Y por siete aAos que bramd incesante. 
No me afiagd una vez el huracin. 

lunque fuese capaz de salir con lucimiento de 
ier empresa, porque para ello tenia caudal sufi- 
de doctrina y gusto, yprendas de versificador 
'ulgares, su verdadera vocaci6n fu6 la de poeta 
3, ya festivo y suavemente epigramdtico, como 
letriUas, ya caustico censor y austero moralista, 
en las dos satiras citadas, en las cuales se ve de 
> entero, no s61o al poeta, sine al politico conser- 
naturalezas que en 61 habfan Uegado d ser inse- 
es. Su aversi6n i la anarquia, al desenfreno, al 
tanismo politico, k las constituciones escritas en 
si y no en la conciencia de los pueblos, le llevaba 
;1 chistoso extremo de invocar d cada momento 
versos, no ya el sable del dictador, sino el garrote 
anca, que consideraba como unico remedio eficaz 
I indisciplina de su pals. 

lo fu6, no solamente poeta llrico, sino tambien 
draradtico, aunque en pocas obras y todas de su 
ud. Es, despu6s de Gorostiza, el mds notable repre- 
te del teatro cimico en America, con la ventaja 
ser sus comedias purameute espailolas en las cos- 
es que retratan, como lo son las de Gorostiza, en 
nada aiuericano hay mds que la patria de su autor; 






CCLXVII 



sino pensadas y escritas para un auditorio liraefio, con 
tipos y escenas propias del pais. Son tres estas come- 
dias: Frutbs de la educacidn^ Don LeocadtOy 6 el ani- 

• 

versario de Ayacucho^ Una huirfana en Chorrillos. La 
segunda es un juguete muy graciosamente versificado, 
con imitacidn visible del estilo de Bret6n, pero cuya 
idea fundamental esta tomada de un vaudeville francos. 
Las otras dos son enteramente originales, y verdaderas 
y muy apreciables comedias de costumbres del g^nero 
de Moratln y Gorostiza, sin ningiin rasgo que pueda 
decirse peculiarmente bretoniano. En su propdsito mo- 
ral, que no es otro que poner de manifiesto los vicios de 
la mala educacidn, reproducen el tema de las dos come- 
dias de Iriarte El Senorito mimado y La Senorita tnal 
criaday pero no adolecen de su frialdad pedag6gica, y 
la pintura de las costumbres es viva y chistosa. El escrii- 
pulo en la observancia de las unidades clasicas llega 
hasta el extremo de reducir la acci6n d plazo menor que 
el de veinticuatro boras. Las comedias de Pardo, aun- 
que puedan tacharse de tfmidas y acompasadas, son los 
productos mds nobles y decorosos que hasta ahora ha 
dado la musa cdmica del Peru, y valen tanto, por lo me- 
nos, como otras espafiolas muy celebradas del mismo 
g6nero y escuela, por ejemplo, La Nina en casa^ de 
Martinez de la Rosa. 

No obstante, ha de confesarse que Pardo, mds bien 
que poeta c6mico espontaneo y original, es un satirico 
y moralista en forma dramdtica. Su genio era ese, y 
sus comedias ganan mucho si se las considera como sa- 
tiras dialogadas ; asf como los amenos cuadros de cos- 
tumbres que publicd en 1840 con el titulo de El Espejo 
de mi tierra^ profesando seguir las huellas de Larra y 



CCLXVIII 

Mesonero RomanoSi recuerdan m^s la punzante manera 
del primero, aunque sin su dejo amargo y misantrbpico, 
que la inofensiva y bonachona del segundo. En prosa, 
lo mismo que en verso, fue Pardo correctlsimo escritor, 
y hasta sus alegatos juridicos y los documentos cancille- 
rescos que suscribi6 estdn redactados con buena litera- 
tura , rarisima en tal g6nero de escritos , que pocos se 
atreverian d coleccionar como el lo hizo, sin detrimento 
alguno de su fama (i). 



(i) No dedicamos mas espacio al estudio de este recomendable escritor, 
por haber sido ya apreciado con recto criterio en el discurso que en sesi6n 
piiblica inaugural de nuestra Academia ley6 en 1870 el Sr. D. Patricio dela 
Escosura sobre Trespoetas conUmpordneos: Pardo^ Vegay Espronccda, Pardo 
yali6 mucho, peroresulta un poco achicado por la compafiia; sin que el ha- 
ber sido discipulo de Lista (lugar comun de nuestras biografias literarias de 
estesiglo) baste para justificarlo, porque todo maestro tiene discipulos bue- 
nos , medianos 7 malos. No fu6 ciertamente Pardo de estos ultimos ; pero 
comparado con los autores de ElHombre dt Mundo y de £1 Esttuiianie de 
Salamanca f sin escrupulo se le puede poner entre los segundos. 

Don Felipe Pardo y Aliaganaci6 en Lima el 11 de Junio de 1806. Su pa- 
dre, regente de la Audiencia del Cuzco, se traslad6 i la Peninsula en 1821, 
y Pardo hizo sus estudios en el colegio de San Mateo, y luego privada- 
mente en casa de D. Alberto Lista. Su maestro le conserv6 siempre extra- 
ordinario afecto, y todavia en 1838, d los sesenta y tres afios de su edad, le 
dirigia aquellos elegantes versos : 

No temas, mi Felipe, los furores 
Del vulgo vil, alboroiado y leve, 
Si roto el freno, en trigicos horrores 
La coml^n patria i sepultar se atreve. 

Ni su ignorante aplauso te envanezca 
Cuando mimosa la falaz fortUDa 
Ficil a tus deseos aparezca 
Y te el eve hasta el cerco de la luna. 

Que el var6n justo y grave, el ciudadaoo 
Veraz, que tiene la yirtud por gufa, 
Ni al dogal se amedrenta del tirano, 
Ni al aura popular su pecho fia. 



» ; 



CCLXIX 



Heredd la ven^ satirica de Pardo, aunque no su ati- 
cismo ni su ciiltura ni su delicado gusto, D. Manuel As- 
censio Segura, tambi^n poeta festivo y articulista de 
costumbres, pero sobre todo, poeta dramdtico. El Peni 
le debe un repertorio c6mico, superior en cantidad y en 
calidad al que puede ofrecer ninguna otra seccidn de 
America. Hasta once comedias suyas estdn colecciona- 
das, y di6 a las tablas otras dos, cuyos manuscritos no 



Yo recuerdo ; ay de mf ! los belios dias 
De tu primera juventud dichosa, 
Cuando por mf adestrado le pedfas 
A Horacio y Newton su laurel y rosa* 

Pero del mando hollar la instable senda 
Al alumno de Erato no desdice : 
El valor y virtud de ti se aprenda , 
Y la iortuna de otro m^s felice 

Pardo regres6 al Peru en 1828, y empezo por dedicarse al ejercicio de la 
ibogada; pero muy pronto tom6 parte activa en las contiendas politicas, 
oomo redzctOT del Mercurio Peruana y de Ei Conciliador, En 1829 y 1833 ^^^ 
i las tablas dos de sus comedias. El general Salaveny le confid en 1835 una 
misi6n diplomitica para Chile, y despu^s de la caida y muerte de aquel per- 
soaaje pemianecio en aquella republica solicitando la intervenci6n de los 
chilenos contra el general Santa Cruz, die tad or del Peru y Bolivia. Para ello 
fund6 un peri6dico titulado El InUrprete, Seria largo y de poco interns para 
el lector europeo dar cuenta de los esfuerzos de Pardo y de la parte que 
tnvo en la caida del Protector Santa Cruz, y de c6mo vino d ser proscrito 
por el mismo Gobiemo que 61 habia contribuido d fundar. S6I0 en 1840 pudo 
volver i. Lima, y se le nombr6 magistrado del Tribunal Supremo (llamado 
a la francesa Corte Superior), Nuevos trastornos poHticos le obligaron a 
nuevas expatriadones, y de resultas de tanta felicidad democrdtica como 
disfrutan aquellos bienayenturados paises, su salud acab6 por quebran- 
tarse gravemente, quedandose paralitico y ciego en lo mejor de su yida. 
Antes habia sido en dos ocasiones distintas Ministro de Relaciones Exterio- 
res. Fallecid en 24 de Diciembre de 1868. Al afio siguiente fueron coleccio- 
iiadas BUS obras en un lujoso yolumen publicado en Paris con el titulo de 
Pbesiasy Escritos en prosa de D. Felipe Pardo (Paris, A. Chaix y C, 1869). 
iSs, en conjunto, uno de los Hbros'que mas honran la literatura americana* 



.1-:*;^ 




CCLXX 



han parecido. Las comedias de Segura lindan muchas 
veces con la farsa : aun las compuestas en tres 6 mas ac- 
tos son sainetes largos, excepto Na Catita^ que es ge- 
nuina comedia de caracter, y estudio bien hecho de un 
caracter de beata maldiciente y embroUona, que por 
ciertos rasgos locales se salva del amaneramiento inhe- 
rente a la repetici6n de tipo tan conocido en las tablas. 
Doraina en los cuadros de Segura cierto mal tono que, 
segiin creemos, debe acbacarse al poeta mas bien que a 
la sociedad que describe. En Lances de Amancaes^ por 
ejemplo, los personajes, que quieren ser caballeros y da- 
mas de la mejor sociedad limefia, pasangran parte de la 
accion bebiendo /^'^co , y hablan y proceden en conso- 
nancia con tal refresco. Pero no hay duda que Segura 
hace reir con risa inextinguible; que sus piezas abundan 
en saladas ocurrencias del mas puro crioUismo; que des- 
punta en ellas la vena aguda y jovial que hace de lospe- 
ruanos los andaluces de la America del Sur; que la ver- 
sificacion abundantisima y desenfadada, aunque muy 
incorrecta, recuerda la maravillosa espontaneidad de 
Narciso Serra, con quien tiene Segura mas puntos de 
analogia que con Bret6n ni con D. Ram6n de la Cruz, 
por mas que con uno y otro se le haya comparado; y 
finalmente, que su autor tiene el merito indisputable de 
haber reproducido con fidelidad y gracia los principales 
aspectos c6micos de la vida limefia, asl en sus piezas de 
costumbres dom6sticas, como en las de costumbres po- 
liticas, V. gr., Un yuguete y El Resignado^ y aun en las 
farsas populares, como El Sargento Canuto. 

El ingenio c6mico de Segura ha dejado tambi6n al- 
gunos chispazos en sus letrillas, en sus satiras politicas y 
en los artlculos de costumbres que public6 en La Bolsa 



1 



CCLXXI 



y en El CometUy pero no aparece completo mas que en 
sus obras esc6nicas (i). 

Pertenecio 4 la misma generacion literaria que D, Fe- 
lipe Pardo y que Segura , aunque de menor edad que 
alios, un hermano del primero, D. Jose Pardo y Aliaga, 
de excelente educaci6n cldsica, como lo prueba su oda 
Ala independencia de Amirica^ laureada en un certa- 
men de Chile ; y de estro satirico no inferior al de su 
hermano, en algunas letrillas, 

A estos nombres, a los cuales pueden afladirse, con 
algun otro mas obscuro, lo^ de D. Jose Maria Seguin, 
D. Manuel Ferreyros, D. Ignacio Novoa, D. Miguel del 
Carpio, magistrado y estadista, que no por el m^rito de 
sus versos, sino por su tertulia literaria y por la generosa 



(i) Naci6 D. Manuel Ascensio Segura en Lima en 1805, y muri6 en 1871. 
Sim6 al principio en el ejercito, llegando d sargento mayor, y luegofue co- 
misariode Guerra y Marina, secretario de gobiernos civiles(que en el Peru 
llaman prefecturas), vista y administrador en varias aduanas, y en i860 di- 
potado d Cortes. Fund6 en 1839 El Conurcio de Lima , decano de la prensa 
peruana; en 1841 La Bolsa, y despu^s El Cometa^ del cual solo aparecieron 
tfoce niimeros escritos enteramente por 61, d imitaci6n de las Capilladas de 
Fr. Gerundio, que lograban entonces tanto aplauso. 

En 1849 public6 en la ciudad de Piura otro peri6dico, El Moscon^ todo de 
satira personal y politica, hoy muerta y casi inioteligible. En este g^nero in- 
feliz derroch6 Segura mucho tiempo y mucho ingenio. Nadie lee hoy, y 
hasta ha sido excluido de la colecci6n de sus obras , el poema satirico La 
PeU-muertada , en variedad de metros y en mds de mil doscientos versos^ 
distribuidos en veinticuatro cantos. 

Su primera comedia fu^ El Sargento Canute , representada en 1839. Las 
restantes piezas de su repertorio son: La Moza Mala, La Say a y Manto^ El 
Resignado^ Na Catita {Jia es diminutivo peruano de doha), Unjuguete^ Lan- 
ces de Amancaes, Nadie me la pega^ La Espia, El Cacharpan^ El Santo de 
Panchila (en colaboraci6n con D. Ricardo Palma), Percances de un remitido, 
Las Ires viudas. Estas dos son las unicas que faltan en la colecci6n de Ar- 
ticulos, poesias y comedias de Manuel Ascensio Segura (Lima^ por Carlos 
Prince, 1886). 






-»V, 




CCLXXII 



proteccidn que concedla 4 los literates noveles, ha con- 
seguido pasar d la historia, estaba reducido el grupo cla- 
sico de Lima por los alios de 1 848. Entonces entro en 
escena una nueva geiieraci6n literaria, sobre la cual nos 
ha dado los mas interesantes pormenores el ameno 6 in- 
genioso escritor D. Ricardo Palma, que fu6 y continiia 
siendo uno de los principales ornamentos de ella (i). 

«De 1848 a i860 (escribe Palma ") se desarroll6 en el 

Perii pasi6n febril por la literatura. Al largo i)eriodo 

de revoluciones y motines, consecuencta Idgica de lopre- 
maturo de nuestra independencia , habla sucedido una 
era de paz, orden y garantias. Funddbanse planteles de 
educaci6n : la Escuela de Medicina adquirfa prestigiot 
impulsada por su ilustre decano D. Cayetano Heredia; 
y el Convictorio de San Carlos, bajo la sabia direcci6n 
de D. Bartolom^ Herrera, reconquistaba su antiguo es- 
plendor. Por entonces llegaba de Espafia D. Sebastian 
Lorente , era nombrado rector del Colegio de Guada- 
lupe, y ante un crecido concurso daba lecciones orales 
de historia y literatura. Lorente era un innovador de 
gran talento, y la victoria fu6 suya en la lucha con los 
rutinarios. La nueva generaci6n le segula y escuchaba 
como d un ap6stol.» 

Efectivamente , aquella juventud literaria se entreg6 
en cuerpo y alma al romanticismo espafiol, como la de 
la Reptiblica Argentina se habla entregado al romanti- 
cismo francos. Espronceda, Zorrilla, Arolas y Enrique 
Gil contaron desde luego gran niimero de fervientes 
imitadores; pero quien fascin6 y arrastr6 con su ejemplo 



(1) Vid., al frente de las Poesias de Ricardo Palma (1887), el estudio titu- 
lado La Bohemia limeila de 1848 d i860: confidencies ^iUrarias, 



''if 



CCLXXUI 



& todos los principiaptes fu6 el inspirado aunque inco- 
rrectlsimo poeta montafl^s Fernando Velarde, de quien 
ya heraos hablado al tratar de Guatemala, y cuyo gusto 
y estilo dejaron profunda huella en casi todas las repii- 
blicas de America. Talento original, pero inculto y bra- 
vio; imaginaci6n poderosa cuanto desequilibrada ; un 
mal gusto que parecia ing6nito 6 indomable, puesto que 
resisti6 a toda disciplina y fu6 creciendo monstruosa- 
mente con los afios; alma vehemente, apasionada y 
triste, con dejos de candor infantil y visiones de ilumi- 
nado; una potencia de versificador capaz de le van tar en 
peso las moles de los Andes, pero de la cual usaba y abu- 
saba sin tino ni juicio, convirti6ndose muchas veces en 
retumbante zurcidor de alejandrinos huecos ; un senti- 
miento profundo y casi mistico de la naturaleza; ele- 
vadas aunque confusas aspiraciones de ultratumba ; un 
idealismo mds germanico que espaflol, ataviado con el 
sombrero de jipijapa y el lujo charro del indiano de 
nuestra costa cantabrica : todas estas cualidades, & pri- 
mera vista inconciliables, concurrfan en el fecundo y 
exc6ntrico vate de Hinojedo, i quien nuestra historia 
literaria ha olvidado malamente, porque en condiciones 
nativas fu6 superior a muchos, y en influencia fuera de 
su tierra s6lo Zorrilla, Espronceda y Tassara pueden 
aventajarle entre nuestros romanticos. 

Cuando Velarde lleg6 al Perii despu6s de haber resi- 
dido algiin tiempo en la isla de Cuba, ya habfa escrito 
algunos de sus mejores versos: la Despedida d Santan- 
der^ El Pico de Teide^ la Medttactdn en la isla de 
PinoSy todos los cuales coleccion6 en un tomo publica- 
do en Lima en 1848, con el tftulo de Mores del Desier- 
to. Redact6, ademas, durante dos ailos, un semanario de 



TOMO in. 



iteratura, El Talismdn, y se hizo tan notorio porlos 
ciertos y esplendores de su musa, cuanto por el gene- 
oso ardoi patri6tico con que defendi6 el nombre de 
j)spafla, y por las rarezas de su irascible condici6n, que 
e atrajeron pesados lances, obligandole por fin d emi- 
Tar en 1855 i otras republicas, primero al Ecuador, 
lespu^s d Bolivia y d Chile, y finalmente S Guatemala, 
iempre con la frente erguida y el canto varonil en Ids 
ibios: dejando por donde quiera admiradores y disci- 
ulos (i), halagado unas veces por la fortuna, reducido 
tras d la indigencia: rare personaje, sin duda, pero 
unca vulgar ni indigno de su raza que taota sangrey 
into sudor ba vertido en la America espaflola. De su 
stancia en el Peru y republicas limltrofes datan las 
rincipales composiciones de Velarde : las valientes 
ctavas con que en 1851 saludd al pahell6n espafiol 
n medio de los insultos y agresiones de la plebe de 
,ima, el canto descriptivo de Los Andes del Ecuador^ 
\ otro canto en alejandrinos A la cordtllera de los 
Indes, donde hay muestras de lo mejor y de lo peorde 
J estilo, y La Ultima Meladia Romdntica, que por 
: sola bastarfa para acreditarle de gran poeta. 
En el Perfi tuvo Velarde dmulos, pero tuvo en mayor 
tlmero apasionados fandticos, sobre todo en la grey 
ivenil. Son los que Palma llama bokemios y cuyas 
lemorias biograficas harecogido con piadoso celo. Al- 



(i) Muri6 Velarde en Londres en 1881. La co1ecci6n miscompletiqDe 
inozco de sus versos e< la titulada Cintkos del Nuev» Munda, impreu en 
uera York en i860. Si que en Londres public6 un Duevo tomo en 1S71, 
tro no he llegado a verle. Serin probablemente de extreina deodencii, 
mo loi que en Torrelavega coIeccioniS despuAi con el titnlo de La Pattta 
la JIfantaSa. 



r^.-» 



CCLXXV 

gunos de ellos, como el ilustre guayaquilefio Numa 
Pompilio Llona, el mismo Palma, D. Pedro Paz-Solddn 
y Unanue {^uan de Arona), D. Luis Benjarafn Cisne- 
ros, D. Arnaldo Mdrquez (traductor de Shakespeare) y 
otros varies, viven. De los que han muerto diremos 
^hOf guiandonos principalmente por las noticias del 
Sr. Palma, puesto que no de todos hemos logrado ver 
las obras completas, y otros ni siquiera las han colec- 
cionado. 

D. Manuel del Castillo (f 1871), «vate tan incorrecto 
como sentimental*, era arequipefio como Melgar, y, 
& imitaci6n suya, compuso yaravies^ de los cuales puede 
servir como muestra el siguiente, que tiene reminis- 
cencias de uno de nuestros mds bellos romances viejos: 

Ya que para mi no vives, 
^Por qu6 te vas y me dejas? 

Prendaquerida: 
Vivir6 como la viuda 
Tortolica que ha perdido 

Su compafiia. 
Como la nave agitada 
Por los vientos, que resiste 

Del mar ks iras, 
Es juguete de las olas, 

Y sin arribar al puerto 

Se hunde y abisma. 
Como paloma que el nido 
Vi6 en la selva, por el rayo 

Hecho cenizas , 

Y cuando huia gimiendo, 
£1 cazador la acechaba 

Con saila impia. 
Como Arbol de fruto osado 
Que sefioreaba los prados 

Su lozania, 
Mir6 secarse su savia 
Porque el agua le falt6, 

Que era su vida: 



yi 



CCLXXVI 

Asl 70 , querida prenda, 
Ser6 tortolica viuda, 

Nave perdida. 
Sei^ paloma sin oido, 
Ser^ irbol de seco troni 

Si te retiras (i). 



D. Manuel Nicolis Corpancho (1830-1863), autorde 
ios dramas romanticos, El Poeta Cruzado y El Tem- 
ilart'o, que nada tienen digno de alabanza mis que la 
rersificaci6n, y de unos Ensayos Poiticos dados aluz 
;n Paris en 1854, no tuvo tiempo para eraanciparse de 
a imitaci6n demasiado directa de Zorrilla, y s6lo dejd 
'ersos armoniosos, pero sin cardcter personal. Su pre- 
natura y horrible muerte, d bordo de un buque que se 
ncendii en altamar, frustrdlas muchas esperanzas que 
;n £l se fundaban. 

D. Clemente Althaus (1835-1881) aspir6 i la pureza 
ilasica, sin conseguirla mas que de lejos. Es bastante 
lorrecto en la forma y, en concepto de Palma, «el mis 
icad6mico de Ios poetas peruanos*. «Como individuo 
prosigue el mismo critico), Allhaus rayaba en exc6ntri- 
;o, y su pulcritud en afeminaciin... Se habia creado para 
inn raundo ideal, fantastico, y, naturalmente, mortifi- 
libanlo infinito las realidades de este mundo sensual y 
Qaterializado.» Althaus muri6 en Paris completamente 
oco. Hay dos colecciones de sus poesfas, una de 1863 
' otra de 1872. Son versos atildados, limpios y cultos, 
lero frios y secos. La Eplstola de Safo dPaon me pare- 
e la mSs acabada de sus producciones. Escribi6 tam- 



(0 I-a coteccidn de Castillo, dada i Inz «□ itf>9, llevs el tltulo de Canba Sad- 



r 



ccLxxvn 



bi6n una tragedia cUsica, Anttoco^ 4cmds para leida que 
para representada*. 

El mismo desastroso fin que Althaus tuvo otro nota- 
ble llrico, D. Adolfo Garcia (i 830-1883), que muri6 en 
la locura y en la miseria, y fue enterrado de limosna. 
Han sido muy celebradas sus quintillas A Bolivar^ 
composici6n efectista del g^nero de las d^cimas de 
nuestro L6pez Garcia Al Dos de Mayo ; pero 4 mi 
juicio, los versos suyos que deben sobrevivirle son 
los de la elegante y delicada oda Mis recuerdos. 

Dtamantes y perlas y Destellos y albores se titulan 
las dos colecciones poeticas de D. Carlos Augusto Sa- 
laverry, hijo del infortunado General y Presidente de la 
Repiiblica, que fue fusilado en Arequipa por el Pyotec- 
tor Santa Cruz. No afirmar6 que sean dtamantes y 
perlas todo lo que contiene la colecci6n de Salaverry, 
pero si que en aquellos versos alborea y destella un 
numen llrico mas vigoroso que el de Althaus, y mds se- 
guro de sus fuerzas que el de Garcia. Tiene buenos 
sonetos. Di6 culto tambien a las musas del teatro, pero 
ninguno de sus dramas, incluso Atahualpa^ que es el 
mas conocido, ha tenido gran 6xito. 

Mucho mas joven que los hasta aqul citados era don 
Constantino Carrasco (1841 1 1877), partidario del ame- 
ricanismo en poesla, autor de una silva muy celebrada 
AlArbolde la quina^ conocedor de la lengua quichua, 
y traductor en verso castellano del famoso Ollantai^ 
que se ha querido dar por antiqulsimo texto dramitico 
de dicha literatura, pero que, leldo desapasionadamen- 
te, no parece, d lo menos en las traducciones, mas que 
una imitacidn de las comedias espafiolas, hecha por 
algun ingenioso misionero del siglo xvii, y quiza de 



ipo muy posterior. Si en estoerramos, nuestraigno- 
ia nos disculpe, pero no somos los linicos en opinar 
y en el Perii misrao no falta quien nos acompafie en 
reencia(i). 

[ estudio detenido de las colecciones, muy raras en 
spa (si es que alguna completa existe), de la Rcvista 
.ima y del Correo del Per A, podria acrecentar con 
antes nombres esle catSIogo. Pero no hay duda que 
eratura del Perti independiente no conserva ya en- 
as de la America del Sur el puesto de primacfa que 
durante la 6poca colonial. A par con la decadencia 
tea ha ido la decadencia literaria: las brillantes ex- 
iones de Pardo, Segura, Palma y ^uan de Arona 
acen mAsque confirmar la regla. Lima no es hoy la 
za y el coraz6n de la America del Sur, como lo fu6 
)s tiempos del Virreinato. No parece sino que un 
; presentimiento hizo andar a los peruanos tan reha- 

Las poeslas de Carrasco fueron publicadas en coleccidn poco des- 
!e su muerte , por D. Eugenio Larrabure j Unanue. 
la Lira Americantt, eoltccidn di potsias dtl Peru, Chile y Botivia, recopi- 
•or D. RUarda Palma (Paris, Rosa y Bourel, 1865)1 J 6" '^ America 
', de Cortfe, pueden encontrarse muesiras de los po«tas peruanos 
lores i 1848. 

jano fu6, aunque vivi6 y escribiA casi siempre en Europa, D. Juan 
;1 Berriozibal, marquis de Casa Jara, fecundo autor de libros de devo- 
1 prosa y rerso. Kn 1839 pub1lc6 un tomo de Poesias Escogidas de 
line {El Crucifijo, El Hombre i Lord Byron, el Himno del A ngel afcj- 
< la dtstriucion del Globo, etc.); en 1841, una refundicibndeZa Cristia- 
P. Hojeda; en 1845 La Reina de los Cielas, colecci6n de poesias i Ift 
I, Unas orlginales y otras tradiicidasde Silvio Pel ilco, AnReloMazza. y 
)oetai italianos, con varias dtsertaciones en prosa; en 1850 Observa- 
jobre las betlezas liUrarias, hisliricns, profftieo-poelUas y religiosas de la 
fa Biilia; en 1851, Poesias Sagradas; en 1858, Poesias religiosas. Todos 
ibros acreditan mas su piedad que su literatura, p>ero tos mas intiguos 
iron la alta honra de ser elogiados par Balmes en un exCenso articulo 
evisla La Sociedad (^iSi^). 



r 



CCLXXIX 



cios en asociarse al movimiento de emancipaci6n, cuyos 
beneficios han sido para ellos tan caramente compra- 
dos. Bolivar empezd por despojarles del hermoso puerto 
de Guayaquil, y por crear definitivamente con las pro- 
vincias del Alto Perti una nueva repiiblica. Chile rom- 
pi6 todos sus antiguos lazos de dependencia y se levantd 
con la heguemonia polltica del Sur, afirmandola despu6s 
con guerras y anexiones, siempre desastrosas para sus 
vecinos. Pueblos que en la historia colonial habian sido 
secundarios y olvidados, como Venezuela y Nueva Gra- 
nada, levantaron su cabeza cefiida con los laureles de la 
guerra de la Independencia, y se repartieron la herencia 
de Bolivar, asumiendo ante Europa la representaci6n 
de la causa americana. La Argentina se engrandeci6 
como por encanto con la inmigraci6n europea y con la 
conquista del desierto. Entretanto, el Peru, material- 
mente enriquecido por el guano y el salitre , pero devo- 
rado por las facciones, iba descendiendo ripidamente 
en la escala polltica, a despecho de sus inmensos recur- 
sos naturales y del talento vivo y despierto de sus hijos. 
Pero quien tuvo retuvo, como dice el proverbio vulgar; 
y aunque Lima no sea ya la Atenas del Sur, y aunque 
Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotd y Caracas 
hayan sido centros mas activos de cultura moderna, 
nadie podra negar a aquella hermosa y desventurada 
ciudad, ni el prestigio de su tradici6n gloriosa, ni el 
haber conservado en lengua y costumbres el sello espa- 
fiol, que suele ser en America el linico y verdadero 
americanismo: aquel especial matizde ingenio castizoy 
de chiste indigena que avalora todas las producciones 
festivas de la musa peruana, desde las letrillas y satiras 
de D. Felipe Pardo hasta las comedias de Segura, las 



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Tradiciones de Palma y las humorls 
Paz-Soldin: un no s6 qu6 indefinible i 
vuelta y no pensada, que a cualquier es] 
con carino y simpatia a aquellos que, bi 
gimen, fueron, entre todos los criollos, 
dos de Espafia, tan espaOoles en todo, 
de sus defectos y flaquezas. 



XI. 

BOLIVIA, 

Esta repiiblica, creada por la volum 
de Sim6n Bolivar en obsequio al equili 
saba establecer entre los estados de la . 
no tiene historia independiente en la 6] 
mucho menos tradiciones literarias. E 
las comarcas del Alto Peril (antiguas 
La Paz, Potosf, Chuquisaca, Cocbabam 
de la Sierra, con el desierto de Atacf 
despu6s de haber formado parte intei 
rio de Ids Incas, dependieron del vir 
hasta 1778, en que se cre6 el de Bu( 
tado por el Brasil y la Patagonia, los 
lantico. Este cardcter hfbrido domina 
historia de Bolivia, que, segiin las circ 
rece come un apindice de la del Perii 
de la Plata, sin haber podido afirmar to 
ni su polltica propia dentro de la vari 
Por otra parte, la poblaci6n europea es 
tnmorfa: s61o una sexta parte, contra c 



de poblaci6n negra: en tan in- 
la de 54.ocx:i leguas cuadradas no 
illones de hombres, es declr, unos 
a cuadrada (i). 

es centres de poblaci6n y la falta 
1, hacen de esta repiiblica una de 
^m^rica al trato y comunicaci6n 
raOos. No creemos, en vista de 
ncias, unidas al continuo estado 
iviles en que ha vivido esta repti- 
i6n literaria sea grande; pero lo 
- es que & Europa apenas han lie- 
in autor boliviano. 
regi6n, & primera vista tan ilite- 
e ser visitada en el siglo xvi nada 
de Cervantes, que en memorial 
I & Felipe II que «le hiciese mer- 
Indias de los tres 6 cuatro que al 
que es el uno la contaduria del 
ida, 6 la gobernaci6n de la pro- 
n Guatemala, 6 contador de las 
6 corregidor de la ciudad de la 
\% bubiese conseguido esta vara, 
podria ufanarse hoy con ser la 
dalgo? 

nenos cuenca sin duda, pero de 
, tierapo, visitaron el argentifero 



'anual d« Geografia y BstadhsUcii itl All* Peru 
86o, por mi tlo D. Baldomero MenSndez. Es 
>y deban rectiScarse, pero no he encontnido 
aes sobre Bolivia son rarisimas en Europa. 
anSes, pag. 313. 



:erro del Potosf, a cuyas rafces se hj 
3obIaci6n que d priocipios del siglo x\ 
[50.000 habitantes, y hoy (si no exting 
i menos la labor de las minas), es 
1 15.000, segiin dicen (i). Entre los av 
cristas que, atrafdos por la codicia del 
10s de conociraientos metalurgicos, a 
"abuloso venero de riqueza pocos aQc 
Jescubrimiento, hubo de contarse el i 
■ique Garc6s, natural de Oporto, que 
nuchos contemporaneos suyos de la 
lexta, nunca us6 en sus obras mas len 
lana. Declase Garc6s inventor de cier 
jara beneficiar la plata por medio del a 
10 poca parte de vida y hacienda (( 
Felipe II) en descubrir y entablar en 1 
r beneficio de plata con 61. Di despu' 
m materias diferentes, como fu6 lo de '. 
lue allf pasaba por moneda de ley coi 
}or vuestra Christiana clemencia fuiste 
ie proveer de reraedio, mandando n 
;on plata ensayada 6 con moneda ac 
)or ello ful notablemente molestado, 
)ara que dexe de proseguir en lo que 1 
Jebe.» 



(i) Sobre el PotosI en la epoca colonial yiase el I 
iro de D. Vicente G. Quesada Crdnicas Pi>losinas. Co 
'itval Hispano-Atnericana (Paris, rSgo). 

(2) Vid. MafTei y Rua Figueroa, ApunUs para u 
Minirahgia, t. I, pag. 177, y aobre Garcis como poe 
liogrificoy Biblwgrifico de los Autores Partuguaes qut 
lor D. Domingo Garcia P^rez (Madrid, 1890}, pig. i 



li sus avisos de buen gobierno ni sus ad- 
rgicas enriqueciesen i Garc^s, puesto 
iudado se hizopresbItero,yfu6imorir 
catedral de M^xicor dedicando sus lil- 
vo de las letras. Hay de 61 dos traduc- 
de Los Lusiadas de Camoens y del 
itrarca, y una enprosa del libro de Fran- 
Ireyno y de la instituci6n del que ha de 
I deve averse con los subdilos y ellos con 
1, vertidos respectivamente del portu- 
fu,aparecenimpresosenelmismo aRo, 
utor, sin duda, los mdndb simultdnea- 
Sntre los versos laudatorios que la tra- 
irca lleva, loshaydelfamosonavegante 
de Gamboa, bien infelices por cierto. 
a los preliminares del libro los nombres 
;ra, poeta arequipeOo, del Licdo. Villa- 
6 de Quito?), de Fr. Jer6nimo Valen- 
el de Montalvo, del Licdo. Emanuel 
cierto Adildn, y de varios an6nimos 
sedan todos americanos 6 residentes 
de estos panegiristas alude d la inven- 
de Garces en estos t^rminos: 

:, que at Ocaso enriqueciste 
nstable azogue que has hallado 



I divulgaci6n, si es que realmente fu6 
erla, honra & Enrique Garcds mis que 
ctos, desabridos, mal acentuados mu- 
is de italianismos y de lusitanisinos, 
servilmente, en vez de traducir de un 
Lacidndose cargo de la diferencia de las 



i ^ste consta que era natural de 
uy bien ser el Licdo. Enrique 
logo que antecede i las Rimas 
'.ra en la edici6n de Francisco 

imente enriquecid aquel cerro 
s preciosas que la plata de sus 
> Luis de Ribera, uno de los mds 
ngenios de nuestro siglo de oro, 
ie 1612 firmaba enPotosl la de- 
as Poesias & su hermana dofla 
lera, monja profesa del hdbito de 
■o precioso y de lo mejor que se 
ice con raz6n D. Bartolom6 J. 
tizo y elegante poeta; su dicci6n 
glo XVI que al xvir; sus versos 
suave de los del M. Le6n y la 
era y demds de la escuela sevi- 
r es muy severo y clasico : nada 
i: ore macizo. Sdlo me disuena 
elegfa sexta (De la entrada y 
tela el dla de su gloriosa ascen- 

s paganas con los serafines , 

; gran pompa y boato po6tico.» 
as forasteros, tuvo la villa impe- 
ficador local, llamado Juan So- 



isde Rivtra, dirigidas i la SefUra Camlimxa 

'onj'a profesa en el hibtto de la ConcecUn 

Clemente Hidalge, 4.° 

de este torao, que es muj raro, ban rido 
Cantiomre Sagrados de D. Justo de Sancha 
esE^afialis, pags. 56-67 y 277-J89). 



0, de quiec el historiador D. Bart 

1, en sus Anales in^ditos de ac 
1, transcribe algunasd^cimasyotro 
i6n en donde el oro y la plata co: 
usto y la ostentacidn hablan Uega 
rio, no podia carecer de fiestas esc 
facto, muy desde el principio, a1 
IS y pasos de armas, con las proi 
tlgatas, mascaras, torneos, costos3 
, saraos y banquetes soberbios, df 
Potosf, que parecen cuentos fantdi 
d cada momento. La raza vencida 
sfestejos, yhabia representacione 
3 y quichua, segOn apunta con mu; 
!S Martinez Vela (i): 

^ieron principio con ocho comedi 
as representaron con singular apU 
. Fu6 la una el origen de los mo 
A; en que muy al vivo se represen 
1 con que los seQores y sabios del 
al felicisimo Manco-Capac i." d la 
recibido por Inga (que es lo mis 
eroso monarca) de las diez provii 
as sujet6 a su dominio; y la gran 
en agradecimiento d sus victorias 
:riunfos de Huaina Capac, und^cii 
:uale5 consiguid de las tres nacione 



Citado por Queuda, Crdnieas Patosinas, 1. 1, ; 
Quesada oroitiera dato tan importante como 
s dramaticaa. 



cios, Montafleses y del seflor de los Collas; A quien una 
piedra despedida del brazo poderoso de este monarca, 
por la violencia de una bonda, metida en las sienes, le 
quit6 la corona, el reino y la vida; batallaque se di6 de 
poder & poder, en los campos de Hatun Colla, estando 
el laga Huaina Capac encima de unasandas de oro fine, 
desde las cuales le hizo el tiro. Fu6 la tercera las trage- 
dias de Cusihuascar, duodecimo Inga del PeriS ; repre- 
sent^ndose en ella las fiestas de su coronaci6n; la gran 
cadena de oro que en su tiempo se acabd de obrar , y de 
que toin6 este monarca el nombre ; porque guascar es 
lo mismo en castellano que soga del contento; el levan- 
tamiento de Atahuallpa, hermano suyo, aunque bas- 
tardo; la memorable batalla que estos dos hermanos se 
dieron en Quipayp^n; en la cual, y de ambas partes, 
murieron ciento y cincuenta mil hombres; prisi6n 6 in- 
dignos tratamientos que al infeliz Cusibuascar le htcie- 
ron; tiranlas que el usurpador hizo en el Cuzco, quitando 
la vida k cuarenta y tres hermanos que alii tenia, y 
tnuerte lastimosa que hizo dar d Cusibuascar, en su pri- 
si6a : represent6se en ella la entrada de los espafloles 
en el Perii; prisi6n iiyusta que hicieron de Atahuallpa, 
d^cimotercio Inga de esta monarquia; los presagios y 
admirables seftales que en el cielo y aire se vieron antes 
qne le quitasen la vida; tiranlas y Idstimas que ejecuta- 
roQ los espafloles con los indios; la maquina de oioy 
plata que ofreci6 porque no le quitasen la vida, y muerte 
que le djeron en Cajamarca. Fueron estas comedias (i 
quienes el capit^n Pedro M6ndez y Bartolom^ de Due- 
flasles dan titulo de s61o representaciones) muy espe- 
ciales y famosas ; no s6lo por lo costoso de sus tramo- 
yas, propiedad de trajes y novedad de historias, sino 



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CCLXXXIX 



doradas , sentados en aquellas sillas que usaban , de una 
pieza, con espaldar levantado y sin brazos, que llamaban 

tianasy y eran de finlsimo oro Los indios que acom- 

pafiaban d cada Inca iban vestidos con ricas camisetas, 
mantas y llaytus en sus cabezas, trayendo cada uno los 
instrumentos y obras que dieron fama a sus monarcas. 
En el acompafiamiento del Inca Huascar trala el re* 
cuerdo de aquella gran cadena de oro que se acabd |en su 
tiempo d costa de sus tesoros, la cual salia d ser vista; 
rodeaban con ella las andas y persona real, levantada en 
los hombros de los caballeros que llamaban orejones; y 
era tan grande, que de trecho en trecho la sustentaban 
trescientos hombres ; y cuando doblaban el acompafia- 
miento (que era en dla sefialado) acortaban los trechos 
y entraban seiscientos hombres, unos en pos de otros. 
Pero quien mas se sefialaba entre los Ingas de este pa- 
seo era el soberbio Atahuallpa (que hasta en estos tiem- 
pos as tenido en mucho de los indios, como lo demues- 
tran cuando ven su retrato), el cual venfa en unas andas 
de forma piramidal , vestido de una riqulsima camiseta 
toda cuajada de perlas y piedras preciosas.» 

Viene luego una minuciosa descripci6n del traje de 
Atahualpa, «que por ser muy semejante, sin quitar ni 
afiadir cosa alguna, lo cuentan en sus historias el capi- 
tin Pedro Niifiez y Bartolom6 de Dueflas». 

Las especiales condiciones de vida social en que se 
encontraban los territorios del Alto Peru , sin mds po- 
blaci6n espafiola que la atrafda por la devoradora fiebre 
de las riquezas y por la explotaci6n de los grandes yaci- 
mientos metaliferos, impidid que alii floreciese durante 
el perlodo colonial ningiin escritor de monta, si se ex- 
ception al crbnista de la orden de San Agustfn en el 



TOKO 111. 






1 



li, Fr. Antonio de Calancha, que era natural de Chu- 
aca (i). 

Ill existfa una universidad, queen elsiglo xviii llego 
r de las mas fainosas del Nuevo Mundo. Un hisloria- 
argentino (2} dice de ella lo siguiente: <La IJniver- 
d de Cbarcas irradiaba su esplendor sobre las pro- 
-■ias de abajo hasta las orillas del Plata, y era per lo 
no el foco del saber y de la grande enseflanza; no de 
enseflanza circunscrita d la letra de Ids textos, sino 
ma enseflanza iniciadora, que sin eslar en el claustro 
no, habia penetrado en el espfritu de los estudiantes 
: habia apoderado de la juventud que tomaba sus 
los doctorales en ella, corao lo prueban un sinnii- 
o de hombres, Moreno, Monleagudo, Agrelo, Mo- 
, Medina, Perez, Terrazas, Serrano, Gorriti, Castelli, 
so, L6pez, Patr6n y muchlsimos otros hijos de las 
I'incias del Alto Per6 que brillaron en la revoluci6n 
sus luces y por sus ideas adelantadas. Charcas fu6 en 
Itimo siglo de la colonia un centro de elevada y tras- 
jental iniciacidn, que di6 a la educaci6n literaria el 
ritu revolucionario y los g6rmenes de una nueva 

quella generaci6n, sin embargo, tan fecunda en ju- 
?nsultos, estadtstas y hombres de acci*5n, no produjo 
Bolivia ningi!in poeta. El mds antiguo que conozca- 
de este siglo, apenas puede ser caliBcado de boli- 



En America ha habido, y no se si aiin dura, la mania de alterar, prin- 
nente por molivos politico^, los nombres de las ciudades 7 aun de los 
OS, como en Espafla los de las calles. Para un lector europeo no seri 

saber que Chuquisaca, Charcas, La Plata j Sucre son nonibresde una 
a ciudad, capital hoy de la republica de Boliria. 

Don Vicente Fidel L6pe£. 



ccxcr 

viano m&s que por la casiialidad del nacimiento, puesto 
que por educaci6n fti6 espaflol, y por prigen de familia 
y por residencia definitiva, chileno. Me refiero i D. Ven- 
tura Blanco Encalada, que nacid en la ciudad de la Plata 
el 14 de Julio de 1782, por hallarse sii padre de magis- 
trado en aquella Audiencia, de donde pas6 ihuy pronto 
a la de Buenos Aires. Educado en Espafia D. Ventura, 
y Guardia de Corps en sus mocedades, se afrances6 du- 
rante la guerra de la Independencia, y en 1820 entr6 al 
servicio de la repiiblica de Chile, que le confi6 impor- 
tantes cargos, entre ellos el de ministro de Hacienda. 
Fu6 Intimo amigo de D. Jos6 Joaquin de Mora, d quien 
se parecfa mucho en sus aficiones literarias y en el hu- 
mor jovial y festiyo, si bien con mucho menos estro. En 
la colecci6n definitiva de los versos de Mora (que dista 
mucho de ser completa) hay una eplstola y una elegia 
dedicadas & Blanco Encalada. Otra mucho mas notable 
ha dado d conocer D. Miguel Luis Amunategui en uno 
de sus curioslsimos libros sobre la Histpria literaria de 
Chile (i). No fu6 fecundo Blanco Encalada: una traduc- 
ci6n de la Mir ope de Voltaire, representada en el tea- 
tro de Santiago de Chile en 1828, y muy elogiada por 
Mora, pero no impresa nunca, y al parecer perdida; una 
epistola en verso suelto al mismo Mora^ correcta y ali- 
fiada si se prescinde de las inoportunas asonancias que 



wm ••■ • 



(i) La Alborada Poitica en Chile despuH del iS de SepHembre de 1810. 
Santiago de Chile^ 1892. 

Colabor6 Blanco Encalada en £1 Mercuric Chileno, revista fundada por 
Mora. 

Tradujo e hizo representar en Santiago en 1852 La Marquesa de Senne- 
ierre, comedia de M^lesville y Dpveyrier. Falleci6 en 15 de Junio de i856» 

4 • 



CCXCII 

ningAn poeta americano de entonces esquivaba^ ni si* 
quiera Olmedo, ni siquiera Bello; alguna oda frigidi- 
sima en saficos 6 en estrofas de Francisco de la Torre; 
algunas fdbulasi letrillas y sdtiras polfticas, es todo su 
matalotaje literario, no muy notable ni por la abundan- 
cia ni por la calidad, aunque digno de tenerse en caenta 
por ser tan escaso todavia el caudal portico de Chile en 
su tiempo. Tuvo buen gusto, am6 el arte y alentd i los 
principiantes: no se le puede conceder mis elogio que 
este. 

Alguna parte cabe A D. Jos^ Joaquin de Mora en la 
cultura po^tica de Bolivia, puesto que en su vida errante 
d travSs de las repAblicas del Sur, residi6 all! tres aflos, 
de 1834 i, 1837, A la sorabra del famoso presidente don 
Andres Santa Cruz, que intent6 dar i, su pais la hegue- 
monia en el Sur, mediante el establecimiento de la Con- 
federaci6n Peni-Boliviana. Fu6 Mora gran secuaz de 
este proyecto, y como secretario del General redacto, 
porencargo suyo, El Eco del Protector ado ^ peri6dico 
oficial de la Confederaci6n, y la Exposicidn de los moti- 
vos que asisten al Gobterno protectoral para hacer la 
guerra al de Chile , en contestaci6n al Manifiesto de 
Chile ^ que habia escrito D. Felipe Fardo, emigrado d 
la saz6n en Valparaiso. Adem&s, Mora di6 algunas en- 
seflanzas de humanidades en la Universidad Mayor de 
San Andr6s de la Paz de Ayacucho, y lo que es mds, 
compuso en Bolivia una parte muy considerable de sus 
Leyendas Espafiolas. ]^1 mismo apunta en una nota de 
la leyenda titulada Una Madre^ que la escribi6 ea la 

hacienda de Cotafla situada en el valle del mismo 

nombre , en el departamento de La Paz , repAblica de 
Bolivia, d las faldas del Nevado de Illimani, «la mas alta 



CCXCIII 



montafia de todo el Nuevo Mundo despu6s del pico de 
Sorata» (i). 

Y como sin disputa algunsi son las Leyendas EspaHo- 
las lo mejor de Mora, y lo que conserva en pie su fama 
de poeta , introductor en nuestro Parnaso de un nuevo 
g6Dero de narraciones romanticas entremezcladas de 
digresiones humorfsticas al modo del Beppo y del Don 
Juan de Byron, siempre dard honra d Bolivia el haber 
side cuna de uno de los mejores libros de versos caste* 
llanos de nuestro siglo. 

Pero no parece que Mora dejase muchos discfpulos 
en Bolivia. La Amirica Poitica^ de Gutierrez, impresa 
CD 1846, s61o da entrada & dos ingenlos de aquella repA- 
blica, D. Mariano Ramallo y D. Ricardo Bustamante. 

Del Dr. Ramallo (n. 1 8 1 7), natural de Oruro, graduado 
per la Universidad de Chuquisaca, Rector del Colegio 
Bolivar y profesor de Derecho y Ciencias politicas en 
la Universidad de la Paz de Ayacucho, s6lo se insertan 
Unas octavillas tituladas Inspiracidn^ y una composicidn, 
tambi^n romintica, en varied ad de metros, que lleva 
per nombre Una tmpresidn al pie del Illimanu Son 
ensayos harto triviales; pero el poeta fu6 adelantando 
algo, d lo menos en correcci6n, en otras piezas suyas 
que he leldo en La Lira Americana de Palma (1865), 
y en la Amirica Poltica de Cort6s. El Epitalamio de 
los Bar dos y los versos A mihija Natalia me parecen 
las misaceptables, pero en ellas, como en lasdemas, es 
visible la penuria de ideas y de estilo; y si este poeta no 
hizo otra cosa mejor, bien puede quedar en olvido. 



(i) Leymdas Espaholas^ por D. Josi J^oaquin de Mora, Londres j Paris, 
1840, pig. 591- 



1 



No asl D. Ricardo J. Bustamante, que era todavia | 
muy joven cuando se public6 la primitiva Amirica Pol- ■ 
tica, donde s6lo aparece de 61 la inevitable Oda d Bo- \ 
livar, ensayo de toda musa americana inexperta. Bus- i 
tamaote (n. 1821), que recibid su educaci6n en Buenos I 
Aires y en Paris, y A quien las tormentas politicas obli- | 
garon a vivir alejado de su patria casi siempre, es hasta 1 
abora el principal bombre de letras' que ba pioducido 1 
Bolivia. En 1879 decla de 61 el Repcrtorio Colombiano, 
probable mente per la pluma de su egregio director Don ' 
Miguel A. Caro : «BHStaniante se hace siempre notar por 
la delicadeza de sus sentimientds, per su inspiracidn 

feliz y por la gatanura de su estilo Ha cultivado con 

exito casi todos los g^neros literarios; pero habi^ndose 
consagrado especialinente d ta poesfa lirica, su reputa- 
ci6n estriba en las pocas composiciones suyas que algiln 
amigo ha publicado, y que la prensa americana se ha 
apresurado & reproducir. A esas producciones y i la es- 
ttmaci6n que de i\ hicieron siempre Ochoa, Escosura y 
otros literates espafioles, debe la merecida distinciAn, 
que en Bolivia s6lo h\ ba obtenido, de ser nombrado 
individuo correspondieute de la Real Academia de la 
Lengua, Tiene in^ditos casi todos sus trabajos, porque 
Qunca ha escrito para el publico, ni por afdn de gloria 
literaria, sino para dar libre vuelo d su imaginaci6n, 
atormentada por terribles sufrimientos, 6 para inculcar 
en sus hijos el amor d Dios y a la virtud» (i). Dos deli- 
cadas poesias de !os ultimos aDos de Bustamante, la 
Bendici6n paternal d mi kij'a Angitica y la PUgariat 
bastan para acreditar la pureza de su gusto y et tesoro 



(i) ReptrUria Cahmbiane, vol. ill, pig. 115. 



r 



de hoorados y cristianos sentimientos que se albergaban 
en su pecho. Pero aun los versos romdnticos de su moce- 
dad, con ser de pura iniitaci6n, las orientales y baladas, 
la Despedtda del drabe d la judia despuis de la con- 
quistade Granada, El ^udio Errante y su caballo, se 
recomiendan per una sobriedad y un buen gusto, raros 
en principiantes de entonces; la Oda d la Lt'derlad tiene 
el m^rito de apartarse bastante de las vulgaridades que 
parecen inexcusables en tal tema; y en el Preludio al 
Mamore lucen brillantes condiciones de poeta descrip- 
tivo. Es de suponer que si las poesias de Bustamante se 
coleccionasen, habrfa en ellasotras inuchas cosas dignas 
de alabanza, aunque probablemente ninguna de primer 
orden. 

Inferiores, i juzgar por las pocas muestras que de sus 
poesias conozco, me parecen D. Manuel Jos6 Cortes, 
(i8i 1-1865} y D. Nestor Galindo (1830- 1865). Lo menos 
endeble que he visto de Cortes es el Canto d la natu- 
raleza del Oriente de Bolivia-, pero su reputaci6n no 
la debe k la poesia, sino a su Ensayo sobre la historia 
de Bolivia, y 4 sus trabajos de codiScador y estadista. 

D. Nestor Galindo, vate sentimental y funebre cuanto 
incorrecto en la lengua y en larima, publicd en Cocha- 
bamba, el aOo 1856, un tomo de jeremiadas al cual di6 
el titulo bien apropiado de Ldgrimas, porque realmen- 
te es una inundaci6n de ellas. De este tomo hicieron se- 
vera disecci6n los hermanos Amunitegui en su yuicio 
CriticQ (i), y no hay para qu6 volver sobre su fallo. 



(i) Juicio crifice dt aigunos paetai hiipano-americanos.por Miguel Lutty 
Gregorio Victor Atitundlegui. Oira firemiadaen el cerlamiH abierte per la Fa- 
euUadde Filoiojid y Humanidades de la Uiiivtrsidad de Chile il afu> de 1859. 
Sutiago, imprenta del Ferrocarril, 1S61, pigs. 317-313 



De Galindo son estos cuatro dispara 
eemos oportuno citar, no s6lo com 
itilo, sine para restituirle en justicia 
metafora que en ellos se contiene, y 
tenci6n se ba achacado i otros inge 
lelo: 

Cansados ya los palpitxntes mieml 
Muerta del alma la ilusidn dichou 
Sus alas de criUal, deoreyiU rasa 
DesplUga la tsptraaza cual picela. 

El inagistrado D. Manuel Jos^ Toi 
>ema lirico-descriptivo, La Creacii 
(69. No conocemos su poema, pero 
lyos, generalmente verbosos 6 insu 
s mejores sean los que dedic6 d la po 
>sefa Mujla: 

Canta, palonia escondida; 
No llores, no, la amargura ; 
Que El no ves la hermosura 
Ni puedes un muodo ver, 
Mil mundos resplandecientea 
Te ofrece la fantasia.... 
Atll tienes claro un dia 
Y iniras un lol nacer. 

Tienes un ancho horizonte 
Pan ti lolo extendidOf 
De noche un mar oncendido, 
Astros que el mundo no re; 
Praderas inmensurables 
Que tu vista interna halagan, 
Perfumes que te embriagan 
De las montaDas al pie 



Aderoas de sui Ligrimai compuso Galindo un p( 
ilo (contra la administracion de! general Belzii), 
cial, Z(i Afu/tr. 



ccxcvn 



De esta infeliz seflora, a quien no hemos incluldo en 
la coleccidn por no constarnos que haya pasado de esta 
vida, pero a quien su inmenso infortunio presta de todos 
modos la majestad solemne de la muerte, hay unos sen- 
cillos 6 inspirados versos, que quiero poner aqul, porque 
en su forma casi infantil tienen in^s intimidad de senti- 
miento llrico que todo lo que he visto del Parnaso bo- 
liviano: 



EL ARBOL DE LA ESPERANZA. 



Arbol de esperanza hermoso. 
En copa y ramas frondoso 

Y elevado yo te vi: 
Ora en el suelo ten dido, 
Destrozado y abatido 
Te miro, itriste de mil 

Sin hojas y sin ramaje, 
Marchito y seco el ropaje 
De tu frescura y verdor; 
iCuan corta tu vida ha sidol 
Contigo todo he perdido 
De la fortuna al rigor. 

En tu tronco yo apoyaba 
Mi porvenir, y esperaba 
Recoger tu fruto y flor; 
Bajo tu sombra solia 
Recrear mi fantasia 

Y adormecer mi dolor. 
Siendo de edad aun temprana, 

£n tu corteza yo ufona 
Catorce letras grab^; 
No eran dichas ilusorias, 
Ni de amores ni de glorias 
Las palabras que trace. 

Contigo se ha derribado 
Todo el bien imaginado 
Que el pensamiento cre6; 
Cual exhalaci6n ligera 
Toda ilusi6n hechicera 



in. 



Contigo y> se extioguU. 

Era liema tu coiteza, 
Tus nlces sin firmeza , 
IMbil tu tronco tambi^o; 
Y asi resistir ao pudo 
Del fuerte huracan safludo 
El recio sopio y vaivia. 

Muerta mi dulce eiperaaza, 
Todo ha sido ya mudanza 
De la dicha i la aflicci6n; 
S61o Tiven la amargura. 
El pesar y desventura 
Dentro de mi coraziiii. 

ran, ademas, en las antologfas americanas de 
Cort6sy Lagomaggiore([), comopoetasde Bo- 
K Daniel Calvo, D. F^lix Reyes Ortiz, D. Luis 
Rosquellas (miisico y poeta brasileno, pero que 
;u infancia reside en Bolivia y ha escrito siempre 
ellano), D.' Mercedes Belzii de Dorado, Don 
illes, D. Tomas 0'C6nnor d'Arlacb yD. Benja- 
:ns. Fero no teniendo dato acerca de la muerte 
ts autores, y no conociendo sine muy pequeQa 
e sus obras, no me aventuro a formular juicio 
sobre este pequeQo grupo portico (2). Quiza 



ttirica Literaria. ProduceioHts ielectas en prcsa y versa, atlecciofiMdai 
par Francisco Lagomaggiore. Buenoi Aires, 1883. — Hasta el pre- 

be podldo proporcionarme la seguada edici6n, que al parecer es 

>letamente nueva y riquiaima de datos. 
Daniel Calvo , ministro que fu£ de Instrucci6n publica en Bolivia, 

e dos tomos de poeslas {MelancoRas, iSSi — Rimas, 1S71) 7 de una 

na Dorset {i%S9)- 

: Reyes Ortiz, ademii de sus poeslas, ha pubiicado variOK librot 

snlre ellos uno de OrlalogU, Presadta y Milrica, j una introduc- 

tudio del Direcho. 

[ercedes Belzii de Dorado, hija del deagraciado general Belzii, 

) de Bolivia, y de la afiunada novelista argentina Dofia Juana Ma- 



LOMBIA. 



OMBIA. 



RE ?RM 



VENERABLE MADRE FRANGISCA JOSEFA 

DE CASTILLO Y GUEVARA. 



DELIQUIOS DEL DIVINO AMOR 

EN EL CORAz6n DE LA- CRIATURA Y EM LAS AGONIAS DEL HUERTO. 

El habla delicada 
Del amante que estimo, 
Miel y leche destila 
Entre rosas y lirios. 

Su melfflua palabra 
Corta como rocio , 
Y con el la florece 
El coraz6n march i to. 



Tan suave se introduce 
Su delicado silbo. 
Que duda el corazon 
Si es el coraz6n mismo. 

Tan eiicaz persuade 
Que, cual fuego encendido, 
Derrite como cera 
Los montes y los riscos. 

Tan fuerte y tan sonoro 
Es su aliento divino, 
Que resucita muertos 
Y despierta dormidos. 



e y tan si 
a.\ otdo, 
de los hu 
I escondid 

E de la mi 
r mi cam: 



Dio3 1 qui 
ia descen 
wl de mil 
>r mis pr 



s de Eng: 
ha cogid 

beza el pf 
a es oro f 
te baja 
un abisn 

de la DOC 
ilor sombi 
su hielo 
le roc(o. 

>udo hacf 
li querido 
eI aliento 
-tal deliqi 

s azucena: 
OS divino 
rga destil 
r marchit 



quili5n; ven, austro: 
:1 hueitomfo: 
e las flores 
)r escogido. 

ids favorable, 
entecillo ; 
}r los aromas , 
y los lirios. 

t que si sus luces 
/ llamas hizo , 
- su aliento 
1 herido. 



.OMBIA. 



,NCISCA JOSEFA 

EVARA. 



— 12 — 

£ Qu6 importa la grandeza 
De tus vastos palacios suntuosos ? 
Plaga (fevoradora tu nobleza , 
Miseria general tus poderosos. 
^ Y tus reyes? [ Europa esclavizadal 
iTodo tus reyes, y tus pueblos nadal 
Mas tu en el trono reinas dignamente, 
Monarca de Albi6n ; tu , que el tridente 
Riges en la extensidn del Oceano; 
Tu, que i la liga inicua y tenebrosa 
No extendiste la mano, 
La noble mano, fuerte y generosa . 

Vosotros, que postrados 
Os visteis i, los pies de Bonaparte ; 
Que su carro tirasteis degradados, 
De la fe tremolando el estandarte , 
Hip6critas marchdis, jefes traidores, ^ 
£ Y OS llamiis de los pueblos defensores ? 
Vosotros, que humillabais vuestras frentes 
Ante el conquistador, i i los valientes 
Osdis encadenar , i. los que os dieron 
Libertad y poder? Pero ^qu6 digo? 
^Cudndo, cudndc tuvieron 
Los tiranos piedad , ni fe , ni amigo ? 

i Oh pueblos I ya lo veo: 
Viene del Septentri6n y ha superado 
La barrera del alto Pirineo: 
En una mano el cetro ensangrentado , 
En otra lleva la homicida lanza. 
I Oh cudnto es formidable su venganza ! 
Mas no , que est! su cuerpo giganteo 
En pies de barro frigil apoyado ; 
No perddis la esperanza, 
] Oh pueblos, i las armas , d la guerra ! 
Y caeri por tierra 
Ese coloso enorme destrozado. 



ife 



— 13 — 

I Y podrd la ignorancia 
Triunfar de la razon ? Si al mundo todo 
G)n torrentes de luz llenaste, ; oh Francia ! 
^Como te unes al V^ndalo y al Godo, 
Que en honda obscuridad y noche umbria 
Intentan sumergir el Mediodia ? 
Abranse al ocio muelle los conventos ; 
Erijanse de nuevo los tormentos 
Del feroz tribunal, y sus hogueras 
Siendo la unica luz que alumbre al mundo , 
Ciencias y artes extingan sus lumbreras ; 
Sepultense del hombre los derechos 
En olv'ido profundo, 
Y quedar^is, tiranos, satisfechos. 



iQn6 haces? jEspafia, Espafia! 
^ En vez de unirse con estrechos lazos , 
Tus propios hijos, en su horrible safia, 
Al enemigo prestarin sus brazos ? 
jOh ignorancia, execrable fanatismo! 
En el sangriento altar del despotismo 
La patria de Lanuza y de Padilla, 
Victima voluntaria, d la cuchilla 
Extiende la garganta : ; oh mengua , oh crimen I 

Y ante el fdolo atroz de los tiranos 
Se prosternan y gimen 

Los altivos y fieros castellanos ! 

No; i brote combatientes 
El suelo de la antigua Carpetania, 

Y de Gama los dignos descendientes 
Vuelvan su honor perdido a Lusitania ! 
jAbrdcense los pueblos como hermanos; 
Unanse como se unen sus tiranos; 

Y regada con sangre generosa, 
Reverdezca la palma victoriosa 

Que ha de orlar A los libres algun dfa! 
Al escuchar sus c^nticos triunfales 



'm 



— IS — 

Si el alba llora perlas. 
Si la aurora es rosada, 
Si murmura el arroyo, 
Si el lago duerme y calla. 
« I Salud, salud dos veces 
Al que invent6 la hamaca I » 

i Qu6 me importan los cetros 
De los grandes monarcas, 
De los conquistadores 
Las sangrientas espadas ? 
Me asusto cuando escucho 
La trompa de la &ma, 
Y prefiero la oliva 
Al laurel y las palmas. 
« i Salud , salud dos veces 
Al que invent6 la hamaca I » 

Al modo que en sus nidos, 
Que cuelgan de las ramas , 
Las tiernas avecillas 
Se mecen y balanzan ; 
Con movimiento blando, 
En apacible calma , 
Asf yo voy y vengo 
Sobre mi dulce hamaca ; 
« I Salud , salud dos veces 
Al que invent6 la hamaca I » 

Suspendida entre puertas, 
En medio de la sala, 
I Qu6 cama tan suave 
Tan fresca y regalada ! 
Cuando el sol con sus rayos 
Ardientes nos abrasa , 
i De qu6 sirven las plumas 
Ni las mullidas camas ? 
«[ Salud, salud dos veces 
Al que invent6 la hamaca ! > 



— i6 — 

Meci^ndose en el aire, 
Sobre mi cuerpo pasa 
La brisa del Oriente, 
Que rae tefresca el alma; 
De aqui descubro el campo, 
La b6veda azulada, 

Y la ciudad inquieu, 

Y el mar que fiero brama: 
cjSalud, salud dos veces 
Al que inventd la hamaca 1 : 

A nadie tengo envidia : 
Como un sultin del Asia, 
Reposo blandamente 
Tendido aqui i. mis anchas: 
Es verdad que soy pobre, 
Mas con poco me basta : 
Mi mesa ao es muy rica, 
Pero es buena rai gana. 
«j Salud, salud dos veces 
Al que invent6 la hamaca!: 

Los primeros, sin duda, 
Que inventaron la hamaca 
Fueron los indios, gente 
Dulce , benigna y niansa: 
La hamaca agradecida 
Consuela sus desgracias, 
Los recibe en su seno, 
Los duerme y los halaga. 
«j Salud, salud dos veces 
Al que inventd la hamaca ! i 

Pobres los descendientes 
Del grande Huayna-Cilpac, 

Y de los opulentos 

Monarcas del Ancihuac, 
Hoy miserables gimen , 
Todo, todo les falta, 



— 17 ~ 

s6]o an bien les queda, 
pcreza y su haroaca. 

Salud, salud dos veces 
que inventd la hamaica ! » 

Hace muy bien el indio 
le, en su choza de paja, 

sus Avidos amos 
igaAa la esperanza : 
ra que 69tos no cojan 
fruto de sus ansias, 

su hamaca tendido, 
ocupa en no hacer oada. 
Salud, salud dos veces 
que inveatd la hamaca ! » 

!di hamaca es un tesoro, 
mi mejor alhaja ; 
la dudad, al campo, 
mpre ella me acompafia. 
h prodigio de industria 1 
ando DO encuentro casa, 
cuelgo de dos troncos, 
lIH esti mi posada. 
ialud , salud dos veces 
que inventd la hamaca ! > 

>f ; venga el ciudadano 
e dos mi) pesos gasta 

ricas colgaduras 
ra vestir su cama: 
nga, venga y envidie 

magnifica hamaca, 
3 c6moda y vistosa, 
I que me cueste nada. 
lalud, salud dos veces 
que inventd la hamaca! 

^s copas elegantes 



I). LUIS VARGAS TEJADA. 



VARGAS TEJADA. 



L ANOCHECER. 

laro dfa 

empinada de los cerros, 
lonia 

;ndor que se deapide 
stores, 
rros 

lado i la majada; 
que la tierra mide, 
sscura, 
brisa 

alir ya se apresura. 
losura, 

honado firmameoto, 
srera 
.0 asiento 
nte 

ce la encendida esfera. 
refulgente 
na 
na! 

En su belleza mira 
echizo lisonjero 
^e inspira ! 
uspira 



.CI 
inqi 



I. JOSfi EUSEBIO CARO. 



EUSEBIO CARO. 



SL CIPR^S. 



, que la obscura frente, 

ISO, 

humilde y silencioso 

1 cielo tristemente ! 

ite 

se duerme el rey del niundo 

tanas de occidente, 

ndo 

jtnbas , 

ito humedecidos, 

eria 1 amenta ado. 

apacible luna 

tu verdor se acoge, 
jcha mis gemidos, 
;ri[nas recoge. 

iempo en que feliz y ufano 
le abandonaba ; 
1 mano 

^rtmas secaba..... 

, del mundo deseehado, 



Lplo acongojado 



— 26 — 

Sobre los techos de mi hogar prit 
El humo bUnquear del extranjer< 
Entre el bullicio de los pueblos b 
Mis tiernos padres para ml perdit 

i Vanamente ! Los rostros de h 

Me son desconocidos. 

Y sus manes, empero, noche y dl 
Preseotes i mis ojos afligidos 
Contino esUn; contino sus acentc 
Vienen i resonar en mis ofdos. 

i Si, funeral cipr^ ! Cuando la 
Con su callada sombra te rodea, 
Cuando escondido el solitario bu' 
En tus obscuros ramos aletea ; 
La sombra de mi padre por tus h 
Vagando me parece , 
Que & velar por los dias de su hiji 
Del reino de los muertos se apar« 

Y si el viento sacude impetuoso 
Tu elevada cabeza , 

Y Asu furor con susurrar medros 
Respondes pavoroso ; 

En los tristes silbidos 

Que en torno de ti giran, 

A los paternos manes 

Escucho, que dulcisimos suspiran 

{Arbol augusto de la muerte! 
Tus verdores abata el b6reas rom 
[Nunca enemiga, venenosa sierpc 
Se enrosque en torno de tu pardc 
j JamSs el rayo ardiente 
Abrase tu aha frente! 
[Siempre inmoble y sereno 
Por las c6ncavas nubes 
Oigas rodar el impotente trueno! 
Vive, s( , vive ; y cuando ya mis < 
Cerrar el dedo de la muerte quiei 



1 * 



— 27 — 

Cuando esconderse mire en occidenle 

Al sol por vez postrera, 

Morir^ sosegado 

A tu tronco abrazado. 

Tu mi sepulcro amparards piadoso 

De las roncas tormentas; 

Y mi ceniza entonce agradecida , 

En restaurantes jugos convertida, 

Por tus delgadas venas penetrando, 

Te hard reverdecer, te dari vida. 

Qu'izi. sabiendo el infeliz destino 
Que oprimi6 mi existencia desdichada, 
Sobre mi pobre tumba abandonada 
Una ligrima vierta el peregrino. 



DOLOR Y VIRTUD. 

AL DOCTOR NINIANO RICARDO CHEYNE^ 
INSIGNE MEDICO Y CIRUJANO ESCOC^S. 



I. 



; Oh I dqui^n no llorard sobre tu suerte, 
Cheyne , dngel de bondad , sabio infeliz ^ 
Que sabes del dolor y de la muerte 
Salvar 4 los demds, pero no d ti ? 

— Cuando, en un dia tropical de Enero, 
Tendido el cielo de brillante azul, 
Desde el cenit al universo entero 
Derrama el sol calor , y vida , y luz ; 

Hacia ese cielo espl^ndido, encantado, 
Levanta entonce alegre el corazon 
Tanta victima humana que has salvado, 
Bendici^ndote A ti despu^s de Dios. 



— 28 — 

i Y ti!i la diestra, pdlido , entretan 
Al pecho Uevas con intenso afen, 
Para contar, coo gozo 6 con espaatt 
De tus arterias el latir mortal) 

El rko no te paga con el oro, 
Que con la vida le conservas t6: 
M&s rico ai^n el pobre, con el lloro 
Te paga de su santa gratitud. 

Mas {ah I ni la opulencia generos: 
Ni el poder, ni el amor, ni la amist 
i Ay, ni tu misma ciencia prodigios: 
Be tu destino te podrdn salvarl 

Mis que la griega, firme y atrevit 
A los cielos pasmados arrancd 
Tu inglesa mano el fuego de la vida 
jY un buitre te devora el coraz6nI 

[Oh ! iqui^n no IlorarS sobre tu s 
Cheyne, ^ngel de bondad, sabio infe 
Que sabes del dolor y de la muerte 
Salvar A los demis , pero no a ti ? 



]0h| no te enojes, no, con el poet 
Si €l no puede el decreto revocar. 
Si 61 no puede arrancarte la saeta, 
Tampoco viene i emponzonaria mis 

Su misiiSii, cual la tuya, es de con 
£1 sabe que en el valle del dolor, 
Ni todo gozo es bendicion de! cielo, 
Ni toda pena es maldicidn de Dios. 



o— simple yo — los dos cristianos, 
)emo3 que ante el Sumo Ser 
m su balanza & los humaoos, 
el mal y tentacidn el bien. 

[o cesa aquf, si noche eterna 
D y malvado el porvenir; 
umbas en la hierba tierna 
: entero se ha de transfundir; 

:nlooce el malvado, y necio el juato! 
ti, que con tan loco afiin, 
oiuerte en tncesante susto, 
baces el bien sin esperarl 

si nunca tu escalpelo ha hallado, 
1 cadiver fdtido rompi6, 
imina del cerebro helado 
a inmortal que la anim6 ; 



irebro pesa cual pesaba, 
ta el pensamiento en €[, 
e pensamiento aquf no acaba... 
spera en tus dolores, Cheyn'! 



) te enojes, no, con el poeta! 
uede el decreto revocar, 
uede arrancarte la aaeta, 
viene & emponzoilaTla mis. 



ran dfa en que de Dios la glori: 
ente en su verdad y luz, 

dngel, al abrir tu historia, 

dolor una vlnud. 



— 3° — 

Entre el justo y el malo hay un abismc 
El placer y el dolor, el bien y el mal , 
Para el malo son fuentes de egoismo, 
Para el justo son fuentes de bondad. 

S( : cuando el malo en su carrera corta 
Halla salud, prosperidad, honor, 
Triunfa y dice en s! mii^mo : / Qu^ me im^ 
Que oiros padexcan mientias gnzo yo! 

Y cuando al fin sobre su frente pesa 
Con todo su rigor la adversidad, 

Cae diciendo entre sf: j Qui me inieresa, 
Siyo su/ro, aliviar d los demds! 

De Caledonia bajo el turbio delo, 
De esos monies rominticos al pie 
De do ha tornado libertad su vuelo, 
Bello tu madre te admird al nacer. 

Con un germen de muerte all! naciste, 
Y con un germen de bondad en ti : 
Los teaoros de ciencias que adquiriste 
AquE te vemos prodigar sin fin. 

Sabio, puedes vivir para ti mismo; 
Justo, quieres servir d los demds: 
La ciencia que degrada el egotsmo. 
La santifica en ti la caridad. 

Y hoy vives pobre, enfermo jy envi 

Mas bendito serSs en tu dolor. 

Que el don del desgraciado al desgraciadc 
Es el mis aceptable para Dios. 

En el gran dia en que de Dios la glorii 
Se te presente en su verdad y luz, 
Hallari el Sngel, al abrir tu historia, 
Bajo cada dolor una virtud. 









— 31 — 



EN BOCA DEL ULTIMO INCA 



Ya de los blancos el cafl6n huyendo^ 
Hoy i, la falda del Pichincha vine , 
Como el sol vago, como el sol ardiente, 
Como el sol libre. 

i Padre Sol, oye ! Por el polvo yace 
De Manco el trono ; profanadas gimen 
Tus santas aras; yo te ensalzo solo, 
[Solo, mas libre! 

J Padre Sol , oye ! Sobre mf la marca 
De los esclavos sefialar no quise 
A las naciones ; i matarme vengo, 
i A morir libre ! 

Hoy podrls verme desde el mar lejano, 
Cuando comiences en ocaso i. hundirte , 
Sobre la cima del volcin tus himnos 
Cantando libre. 

■ 

Mafliana s6lo , cuando ya de nuevo 
Por el Oriente tu corona brille, 
Tu primer rayo dorari mi tumba, 
{ Mi tumba libre 1 

Sobre ella el condor bajard del cielo; 
Sobre ella el condor, que en las cumbres vive, 
Pondri sus huevos y armard su nido 
Ignoto y libre. 



HECTOR. 

Al sol naciente los lejanos muros 
De la divina Troya resplandecen ; . 



— 33 — 

Y va, con dulce voz y dulces ojos, 
Del hu^rfkno y la viuda los despojos 
Hipdcrita 4 usurpar? 

III. 

I Oh, siglos ha que el punto estd juzgadol 
Mas falta aun que aprenda el mundo d ver 
Con menos odio al rey que, rey criado, 
Mira 4 su especie cual servil ganado 
Nacido k obedecer. 



IV. 



Que al demagogo que, en traidor arcano 
Celando su venganza y ambici6n , 
Hace la corte al pueblo soberano, 
Sube al poder, y ejerce d salva mano 
RapiAa y proscripci6n. 



V. 



Que esa ambiciosa, inquieta hipocresia 
No es menos vil que la falaz piedad : 
; Ni hay opresi6n cual esa tiranfa 
Que usurpa con sacrilega ironfa 
Tu nombre , Libertad ! 



VI. 



I Oh Libertad, tres veces santo nombre, 
Del alma la m^ bella aspiraci6n ! 
I Tiempo vendri que al porvenir asombre 
Te haya insultado alguna vez el hombre 
Con tal profanacion I 



TOXO III. 



I Oh Libertad ! Yo puedo alzar h 
Y bendedrte 2I son de mi laiid ; 
Que desde niflo amaba en ti mi m( 
Erl bien mayor que did i la human 
El Dios de la Virtud. 



vni. 

Con la Virtud en mf te confund 

Con la Justicia , con la dulce Paz: 

I Jam^, cuando ante mf resplandec 

Manchadas con el crimen me trafa 

Tus manos ni tu fuzl 

IX. 

A amarte pura me qued6 ensefia 
Por tu pureza te conozco bien ; 
Mi corazdn me anuncia tu reinado 
Como la imagen del glorioso estadc 
Del hombre en el Ed£n. 



— Los hombres todos por su ser 
Ante una ley de universal amor, 
Y sdlo por sua obras, desiguales, 
Como lo son sus almas inmortales 
Delante del Seflor 

XI. 

Todos seguros en los varios mod' 
Con que i su bien, sin dafio ajeno, 



responsables todos, 
titulos ni apodos 
ullo y odio dan 



CO 6 negro, hermoso 6 feo, 
Qto en su vivir , 

sutta, hebreo 

inofensivoateo, 
[o en paz dormir ! 

XIU. 

por la ley herido, 
;ho — ]por lo quees, jamis! 
jr, y garantido 

juez; juez sometido 
ez mayor detris ! 



xrv. 

jnca al hombre degradando, 

y de sus cosas rej ! 

re el fin de Dios Uenando I 

re santa reflejando 

la santa ley I 

XV. 

Ttad : la que he previsto 
ie mi ardiente edad : 
ra de Franklin he visto ; 
en sus promesas Cristo ; 
I Libertad I 



XVL 

Y esa la misma que en la patria 

Joven sns fuerzas ensayando vi 

Hasta que [ oh Ldpez ] en adago i 
La biri6 con su puilal la turba im 
Que te aclamaba i ti. 

xvn. 

i A ti? iNo s6Io i ti! No le 1 

Tu indignidad i su nefendo amor, 
J Ah, tnis que indignidad necesita 
A tu infernal amigo procLamaba ; 
De Sucre al matador I 

XVIII. 

[ Yo los of cuando, su pufto a 

Del hierro vil, salfan en tropel 
Del teruplo donde habfan ya viola 
La majestad iuerme del Senado 
En nombre tuyo y de £1 

XIX. 

|Yo los of Su canto de victoi 

Viene i amargar mi triste prosgrii 
Cual eco del abismo, esa meraoria 
Atravesando nuestra negra histori 
Seri nuestro bald6n 1 

XX. 

El nuestro iSI, de todos! [C 

A la obra de tinieblas ayud6 : 



— 37 — 

Cudl d6bil — cull traidor — digno ninguno 
Ni el Cuerpo que i. la paz, sin fruto alguno, 
Su honor sacriGc6! 



XXL 

La esposa del romano Colatino, 
Al verse impura, prefiri6 morir. 
I Los hombres del Congreso granadino 
Bes^onle la mano al asesino 
A trueque de vivir I 

xxn. 



Hoy viven jC6mo? Pudo su bajeza 

Quizd esperar de gratitud el don..,.. 
Con negro insulto, vejaci6n, pobreza, 
Ya d demostrarles el tirano empieza 
Cu^ es su galard6n. 



i*«««« 



xxm. 

Hoy viven como vive en el serrallo 

El triste eunuco de africano Dey ; 
Cual vive en el corral lo que fu^ gallo; 
Cual vive, el cuello al fin haciendo callo, 
Bajo su yugo, el buey. 

XXIV. 



I Son todo, menos hombres I — | Han perdido 
Lo que da al hombre ser — su dignidad ; 
Que i, la vlctima el crimen consentido 
Mandlla mis que al vioiador bandido 
Su misma atroz maldad ! 



XXV. 

{Oh, mds dichosos, harto mis, aque 
Que afrontaron, ya tarde, al Dictadorl 
Y hoy, de extranjero sol & los destellos, 
La patria lloraa , y sus campos bellos, 
Sn hogar y dulce amor; 

XXVI. 

i O amenazados en su propio suelo 
Con el despojo, azotes y prisifin, 
For todos vela su leal desvelo , 
Per todos lucha con beroico anhelo 
,.Su libre coraztSn ! 

XXVII. 

jEsfuerzo generoso— mas tardlol 
Lo que en su origen era vil raudal, 
Que pudo en tiempo haber cegado el bi 
De la virtud, hoy es inmeaso rfo 
Pc irreparable mal. 

xxvni. 

i Ah, sf , de mal irreparable ! Nada 
Tan h6rrtdo se puede concebir ; 
I Ver de la ley con la tremenda espada , 
Que s61o contra el malo fu6 forjada , 
El malo al justo herir I 

XXIX. 

Pnedes contarlo t6, modesto amigo. 
En quien. un monstruo se ensafid brutal 



oy comes del destierro el pan conmigo... 
;, por reparacidn , i nuevo castigo 
Te impuso un juez venal ! 

XXX. 

od^ts bablar, vosotros, asimismo, 
Dildes misioneros de la Cruz, 
tra los cuales, del reabieito abismo, 
ace del Borbdn el despotismo 
En esta edad de luz. 



XXXI. 

31 mismo espectro horrendo resucita ! 
misma escena ! ; El mismo ardor fernz, 
: eotre la noche A la inocencia excita 
pobre lecho al ostracismo, y quita 
A la piedad su voz! 



XXXII. 

al son de libertad, qae desde el foro 
oso eleva el proscriptor motfn, 
jefes corren al comun tesoro, 
el pan del pobre, do del rico el oro 
Les prepara el botfn. . . 

xxxiri. 

1 oro asf del rico , el pan del pobre, 
s61o pagan it la audaz maldad 
nal ya obrado , sino el mal que aun obre, 
1 impedir que en la nacii^D recobre 
Su imperio la verdad. 



XXXIV. 

[ Del orden inversidn abominable: 

Por guardia de la hacienda el mis lai 

Por jue2 de la iaoceacia el mis culpal 

Por paz la esclavitud ; por ley el sabl 

La fuerza por raz6n ! 

XXXV. 

jEso es el Socialismol jel Socialism 
Que, su fealdad queriendo disfrazar, 
£1, hijo de ambicic^n y de atelsmo, 
De libertad se atreve y cristianismo 
La estirpe i reclamar ! 

XXXVI, 

lEseesel Socialismol Hoy atavta 
Con falsos nombres su genial horror. 
Su nombre Galia supo darle un dfa ; 
Su nombre dice mis que tiranfa; 
jSu nombre es el terror! 

xxxvir. 

— I Modelos de virtud y de hermo: 
Madres cristianas, prez de Bogotil 
I Llorad I — de vuestro llanto la amar, 
Cuil es la libertad nos asegura 
Que el Socialismo da. 

xxxvin. 

j Llorad I En vuestras Ugrimas espi 
Con fe mi desolado corazdn : 






— 41 — 

{Ellas, en esta degradada era 
De libertad futura y verdadera 
La noble prenda son I 



XXXIX. 

Que la mirada hdmida que lanza 
Al cielo la virtud de una mujer 
£s tan sublimei que i, expiar alcanza 
La paz del vil, del malo la venganza, 
Ante el Supremo Ser. 

XL. 

Mas Dio8 es justo. La naci6n suicida 

Podri regenerarse y ser feliz 

I Mas en las carnes de su nueva vida 
Conservari de la salvaje herida 
La eterna cicatriz I 



DESPEDIDA DE LA PATRIA 



..... temoque urbsaque recedanc. 
ViSGiuo, Snetda 



Lejos I ay ! del sacro techo 
Que mecer mi cuna vi6, 
Yoy infeliz proscrito^ arrastro 
Mi miseria y mi dolor. 
Reclinado en la alta popa 
Del bajel que huye veloz, 
Nuestros montes irse miro 
Alumbrados por el sol. 
lAdi6s, patrial {Patria mfa, 
Aun no puedo odiarte ; adi6s ! 



A tu maato , c 
Me agarraba en i 
Mas col^rica tu i 
Oe mis manos lo 

Y ea tu saila desi 
Mi soUozo y mi i 
Mis alii del mar 
De gigante me la 
i Adids , patria ! [ 
Ami no puedo oc 

De hoy ya mis 
Por antipoda reg 
Con mi Uanto al 
Pedirfi el pan del 
De una en otra p 
Sonari de mi ba: 
[Ay, en baldel ,1 
Qui6n conoceri i 
I Adids, patria! ; 
Aun no puedo oc 

I Ah, de ti sdlo 
Demandaba hum 
Cada tarde la exc 
Al postrer rayo d 
«iVe4pedirla al 
Fu£ tu replica fei 

Y lleaindola de \ 
Tu planta la dest 
I Adids patria ! \ ] 
Aun no puedo od 

En un vaso un 
Llevo de un nara 
jEl perfume de !a 
Aun aspiro en su 
£l mi huesa con : 
Cubriri ; y enton 



— 43 — 

iir£ mi dltimo suefio 
IS hojas al rumor. 
5s , patria 1 | Patria mfa , 
ao puedo odtarte ; adi6s I 



AMACA DEL DESTIERRO. 

uela, vuela, hamaca mla: 

rutdo de tus alas, 

mece al deaterrado 

iuspira por su patria! 

ba vaela ; y , cuando el sueAo 

i rdpido la estanda, 

los aires revolando 

'emeza con su planta, 

i mis labios baje, dile, 

lirar me di la blanca 

pola del olvido, 

romas empapada. 

lei alma echar ya quiero 

uemorias despiadadas 

IS sitios que sonaroa 

los pasos de mi infancia; 

, madre carifiosa 

il bajar la noche parda, 

ios besos, mis dos ojos , 

ici^ndome, cerraba ; 

logal que levantando 

irdor sobre mi casa, 

» fuegos de la siesta 

I sombra me prestaba. 

mdida de sus ramos, 

Eucenas coronada , 

a y leve te mecla 

ipulso de las auras. 

I ay Dios 1 partiendo el rayo 

itre Idbrega borrasca, 



Abnsd el querido tronco, 
Destroz6 aus bellas ramas. 

Y t&, hija de los aires, 
Hoy peadieDte A mis espald 
Fugitiva vas conmigo 

Sin parar de playa en playa. 
Sf, conmigo del desierto 
Los torrentes roncos pasas, 

Y en laa calles silenciosas 
De los bosques me acompafl 
Sin dejarme , de los hombre 
Atraviesas las moradas , 

Y conmigo de los mares 
Ves las ondas solitarias. 

Y despugs que en Occidente 
Hunde el sol su inmensa Ita 

Y los Altimos fulgores 
Del crepiisculo se apagao. 
Con su triste luz la luna 
Nos alumbra : — ti, colgada 
De algun irbol extraujero; 

1 Yo , sofiando con la patria I 
jVuela, vuela, haroaca mla: 

Y al ruido de tus alas, 
Adormece al desterrado 
Que ba perdido cuanto ama 



EL HACHA DEL PROS( 



|Fina brillas, hacba mia, 
Ancha, esplgndida, cortanb 
Que abrir&s la frente al toro 
Que probar tu filo osare I 
Ed los bosques para slempn 




— 45 — 

Voy contigo i, sepultarme ; 
Que los hombres ya me niegan 
Una tumba en sus ciudades. 
En mi patria me expulsaron 
De la casa de mis padres ; 
I Y hoy tambi6n el extranjero 
Me ha cerrado sus hogares I 
I Vamos , pues , que yz, estoy listo ! 
I Oh! salgamos de estas calles 
Do el dolor del desterrado 
Nadie entiende ni comparte : 
I Ay ! tii me entretenias 

En mi nifiez: 
I Yen , sfgueme en los dfas 

De mi vejez ! 

Yo, durante nuestra fuga, 
Tengo al hombro de Uevarte , 

Y un bord6n en ti y apoyo 
Hallar^ cuando me canse. 
De trav6s sobre el torrente 
Que mi planta en vano ataje, 
Tu echaris del borde el irbol 
Por el cual descalzo pase. 

Si del Norte al viento frio 
Mis quijadas tiritaren , 
Tii derribaris los ramos, 

Y herirds los pedernales. 
Tu preparar^ mi lumbre, 
Tu preparards mi carne, 

La caverna en que .me acoja, 

Y hasta el lecho en que descanse! 

I Ay ! tii me entretenias 

En mi nifiez : 
I Ayudame en los dfas 

De mi vejez ! 

A mi alcance y i mi diestra, 
Muda, inm6vil, formidable, 



— 47 — 

, consuelo del proscrito ! 

jatnis aqui le &Ites ! 

;de cuanto el triste llora, 

jMsible, veces hazle ! 

. , amigos , madre , hermanos , 

3S hijos , dulce amante ; 

ito am^, cuanto me amaba 

i sdlo A recordarme ! 

1, nunca, pues, me dejes: 

me i mis soledades I 

bandones al proscrito 

le al fin su tumba excaves! 

H mango hundida en tierra, 

ja se alzari en los aires, 

i picos de los buitres 

3iendo mi cadSverl 

f^y ! tii me entretenfas 

En mi niflez : 
Sepultame en los dfas 

De mi vejez ! 



jtGRIMA DE FELICIDAD. 



', sentados en el lecho 
a coron6 mi amor , 
. hundida entre mi pecho, 
ndo con abrazo estrecho 
lie encantador ; 

tii dormfas, yo velaba. 
perfumes del jardfn 
a por la reja entraba, 
oba toda embalsamaba 
la y de jazmln, 

e los irboles tendla 
I horizontal el sol,' 



Desde el remoto ocaso do se hundfs 

I Inmenso, en tomo de 61, respland 

Un delo de airebol I 

Del sol siguiendo la postrera huel 

Dispersas al aca30 , aquf y allf , 

Asomaban, coa luz tr^mula y bella 

Hacia el Oriente alguna 11 otra estr 

Sobre un fondo turquf. 

Niagun rumor, 6 voz, 6 movimii 
Turbaba aquella dulce soledad ; 
|S61o se ofa susurrar el viento, 

Y oscilar, cual un p^ndulo, su aliei 

Con pUcida igualdad ! 

I Oh I [ yo me estremecl ! i SI ; 1 

Me estremecf, sintiendo en mi redo 
Aquella eterna, fiilgida natura I 
] En mis brazos vencida tu hermosu 
j En mi pecho el amor I 

Y cual si alaa siibito adquiriera, 
U en las suyas me alzara un serattn 
Mi alma rompid la corporal barrera 

Y buyd contigo, de una en otra esfe 

j Con un vuelo sin fin I 

Buscando all& con incansable anh 
Para ti, para ml, para los dos, 
Del tierapo y de la came tras el vel 
Ese misterio que Uaraamos cielo. — 
j La eternidad de Dios I 

Para fijar allf, seguro y fuerte, 

Libre de todo mundanal vaiv^n , 

Libre de los engailos de la suerte, 

Libre de la inconstancia y de la mu 

: De nuestro amor el bien ! 



— 49 — 

n un rapto de gloria, de improviso, 
e mi alma buscaba hallar cref; 
ecreta voz del Parafso 
o de m[ grit6me : Dios lo quiso; 
iSea tuya alii y aqufl 

najenado, ciego, delirante, 
indo cuerpo, que el amor formo, 

contra rat pecho palpitante 

;u hz una Idgrima queraante 
i De mis ojos cay6l 

rl despertaste Sobre ml pusiste 

irada, feliz al despertar; 

tu duke sonrisa en ceflo triste 

idse al punto que mis ojos viste 

Aguados relumbrar ! 

; entoncs aci! joh aniante idolatrada, 

obrado celosa I huyes de ml ; 
lersuadirte voy, no escuchas nada, 
sollozos clamas sofccada : 
« i Soy suya I y Ilora asC ! » 

li I ; no, dulce mitad del alma mfa ! 
juries de tu amigo el corazi5n; 
jese corazdn en la alegrla 
labe llorar, cual llorarfa 
El de otro en la afliccidn ! 

mundo, para m[ de espinas Ueno, 
> me did do reclinar mi sien ; 
de la dicha en mi primer estreno, 
TO que vertl sobre tu seno 
;Encerraba un edfin! 

:Ohl ]La esposa que joven y lozana 

hijos A su esposo regald , 

: despugs vKuda, enferma, anciana, 



i, sus diez hijos en edad temprana 
Morir y enterrar vi6! 

[ Esa mujer, que penas ha sufrido 
iluantaa puede sufrir una mujer ; 
£sa madre infeliz, que ha padecido 
ja que tan sdlo la que madre ha sido 
Alcanza &. comprender ! 

Ella, pues, cuando i buenos y d malvad 
Llame A juicio la trompade Jehovi, 
Sus diez hijos al ver resucitados, 

\X volver i tenerlos abrazados 

i Oh ! jde amor llorari ! 

Y de esa madre el dulce y tierno llanto 
k. la diestra de Dios le hari subir ; 
i Y tal seri su suavidad y encanto, 
^ue en su alta gloria al serafln mis santo 
De envidia hari gemir I 

Mas ese llanto del amor matemo, 
l^ertido en la presencia del Seflor, 
^1 entrar de la vida al mundo eterno, 
Ko, no seri mis dulce ni mis tierno 
] Que el llanto de mi amor ! 



EL BAUTISMO. 

k Ml SEQUNDO HUO REGION NACIDO 



I Veu , y en las vivas fuentes del bauti 
Eecibe, oh niOo, de cristiano el nombre 
Nombre de amor , de ciencia , de heroEsi 
Que hace en la tierra un semidids del h< 



Los hombres que esas aguaa recibieron, 
Con su espfrltu y brazo subyugaron 
La inmensa mar que audaces recorrieron , 
Los mundos que tras ella adivinaron. 

Potentes mis que el genitor de Palas, 
Al rayo seflalaron su camino ; 

Y i lo!< vientos alzAndose sin alas, 
Siguieron sin tetnblar su torbelliuo. 

Ellos al Leviatin entre cadenas 
Sacan de los abismos con su mano, 

Y pisan con sua plantas las arenas 
Del fondo de coral del Oceano. 

Cristianos son los que i esas formas bsllas 
Con que el Creador engaland 1 Natura, 
Obligan & vaciar sus blandas huellas 
En instantinea , nitida pintura. 

De un hilo con la curva retorcida 

Los cabos juntan de un inerte leflo 

i Y el secreto perturban de la vida, 

Y agitan al cad&ver en su sueAo 1 

Y tii tambi^n, eras tambi^n cristiano, 
Tii que dijUte, contemplando el cielo: 

« i Ya mis ojos no alcanzan , pobre anctano ; 
Yo rasgar£ del firmamento el velo! » 

Y en el aire elevando dos cristales, 
Vuelta A Venus la faz , puesto de hinojos , 
Los ojos que te hiciste fueron tales, 
Que envidiaron las iguilas tus ojos. 

Y era cristiano aquel que meditando 
En el retire de modesta estanza, 

Sin afin, sin error, peso, jugando, 
Los planetas y el sol en su balanza. 



jOh prenda de mi amor, duke hiji 
Cuando en edad y para bien crecier« 
(Y en el gran Padre Universal confI( 
Viviris para el bien lo que vivieres), 

Serio entonces qiiizi, meditabundc 
De ardor de ciencia y juventud Ilevai 
Quieras curioso, visitando el mundo 
Juzgar lo que los hombres han funda 

Conoceris entonces por ti mismo, 
Verin tus ojos, palparin tus manos, 
Lo que puede el milagro del bautismi 
En los que el nombre llevan de cristi 



SI ; do naciones pr6speras hallares, 
Sujetas solo i moderadas leyes, 
Que formaron senados pbpulares, 

Y que obligan i siibditos y A reyes; 

Do al hombre vieres respetar al hoi 

Y 4 la mujer como i su igual tratada, 
Modesta y libre, sin que al pueblo asc 
Viva feliz sin ser esclavizada ; 

Do vieres generosos misioneros, 
Sin temor de peligros ni de ultrajei, 
Abandonar la patria placenteros 
Para Ilevar la luz A los salvajes ; 

Do vislumbrares pudicas doncellas, 
De obscuro hospicio entre las sombras 
Curando activas con sus manos bellas 
De los leprosos las hediondas Uagas; 



— 53 — 

> puedas admirar instituciones 
abrigan al invilido, al desnudo, 
amansan al demente sin prisiones , 
hacen al ciego ver, y hablar al mudo ; 

) vieres protegido al inocente , 
gado al perverso con carlAo, 
etado al anciano inteligente, 
urado el porvenir del niflo; 

II do hallares libertad y ciencia, 
ricordia, candad , justicia , 
inando del pueblo la conciencia, 
I industria calmando la codicia; 

If do respetindose i sf mismo 
:s at hombre aniar i sus hermanos , 
is clamar: «; Honor al cristiaoismo; 
6stos no pueden ser sino cristianos 1 » 



SOS serin cristianos ! Herederos 
. virtud y del antiguo nombre 
luellos doce pobres, compafleros 
ue se hizo Ilamar /Itjo del hombre; 

Aquel que en un establo fu6 nacido, 
1 artesano en el taller criado, 
s grandes del mundo perseguldo, 
5n cual en ladr6n crucificado; 

e nada de su mano que se lea 
!ej<J, ni viaj6 por las naciones; 
ilescente al pueblo de Judea 
res aflos no m^s sus instrucciones; 



— !4 - 

lyo Verbo empero i 
le cl cetro y la espa 
OS siglos creci6, rer 
5 costumbres, relig 



lUO ARBOLEDA. 



.\r 



D. JULIO ARBOLEDA. 



ME AUSENTO. 

Aus^ntome, buen Dios, me ausento solo, 

Y todo es soledad por donde paso; 

Y todo esti dormido. En el ocaso 
Lento su disco va sumiendo el sol; 

Y expira como expira mi esperanza 
En tristisimo Unguido desmayo, 
Sin despedir ni un moribundo rayo , 
Eclipsado entre nubes su arrebol. 

Avdnzase la noche tenebrosa , 

Y sepulta d la tierra en su hondo seno; 

Ni zumba el viento , ni retumba el trueno , 

Ni se oye el arroyuelo murmurar. 

Una pilida estrella solitaria 

Hiende el cresp6n del cielo nebuloso, 

Y en triste melancolico reposo 
Puede ap>enas las nubes penetrar. 

\ Imagen de mi vida sin ventura ! 
\ Estrella solitaria ! [ Aquellas nubes 
Que velan la mansion de los querubes 

Impiden que tu luz Uegue hasta aquf ! 

Yo tambi^n en la tierra un alma tengo; 
Pero su luz d penetrar no alcanza, 

Y es luz de amor, de amor sin esperanza, 
•Mas lay! j la luz!.... [la luz no brilla en mi/ 



Entre ei terrible estr^pito del mundo, 

en esta soledad dulce , sombrla , 
Mi coraz6n palpita de agonfa 

Y vive del dolor mi coraz6n: 
Mi coraz6n, cuyo latir convulso, 
Perdida la quietud, la paz perdida, 
Le da existencia , como al mar da vida 
El sordo rebramar del aquilon. 

; Cu&n horrible es vivir de la tristeza, 
Agobiada la sien de pesadumbre, 

Y no sentir jamis la dulcedumbre 
Que la fe s61o y la esperanza dan ! 

j Cuitn horrible es amar sin ser ofdo; 
Que el suspiro entre Ugrimas enviado 
No halle jamis el eco deseado 
Que respondiendo , alivie nuestro aKnl 

; Cu^n horrible es pensar que yo sucumba 
Al peso irresistible del destino, 

Y divertir con mi clamor contino 
El capricho 6 virtud de una mujer ! 

1 Cuin horrible es contar mis tristes horas 
Per las horas acerbas de mis penas, 

Y sentir la ponzofia entre mis venas 
Sin probar nunca el ciViz del placer! 

O pensar que un rival afortunado, 
A quien propicio se mostro su estrella, 
Pueda en su boca deliciosa, bella, 
Vida beber, felicidad y amor, 

Y entre su seno cSndido, suave, 
Verle gozar sus tiraidas caricias ; 

Y de amor embriagado y de delicias , 
Cuando yo gimo presa del dolor. 

Si, del dolor: si alguna vez sus labios 
A mis ardientes labios se juntaron, 

Y unos en otros el placer buscaron , 



— 59 — 

Llenos de fuego, y vida, y juventud, 
Entonces, cual volcdn, cuyo estallido 
Ahoga el cantar del ruisefior contento, 
De la pasi6n el seductor acento 
Ronca acall6 la voz de la virtud. 



Y con la mano tr^mula apartome, 
Sustrajo d mi cabeza su regazo, 
Huyendo de mi amor y de mi abrazo 

Y de su propia timida pasi6n. 

Y yo la vi de lejos reclinada , 
Puesta la mano tr^mula en la frente, 
De un caduco deber llena la mente, 

Y del amor presente el coraz6n. 

Pero sus ojos timidos me vfan 
Sin osarme mirar : humeda estaba 
Su faz, donde la Ilgrima brillaba 
Como el rocfo en nacarada flor. 
Ahora arrepentida se mostraba 
De haberme rechazado : ora tendfa 
La palma, y ordenarme parecfa 
Que respetase, amando, su pudor. 

Mas prendime i, sus labios deliciosos , 
Como de abejas el dorado enjambre 
De virgen flor al oscilante estambre , 
Que blando mueve el cefiro al pasar. 
i Ay I donde yo la vida hallar creia , 
Cual colibri la miel en la azucena , 
S61o hall6 copa de ponzoAa llena. 
Que vino mi existencia i, envenenar. 

Y la prob6, cual pajarillo incauto 
£1 solo grano que la red encierra, 

Y deja de vagar por aire y tierra , 
Prisionero quedando entre la red. 

; Oh ! { quien pudiera nunca haber probado 
El ndctar en sus labios de ambrosia , 



— 6o — 

Donde mi alma en ^xtasis bebfa, 
Sin apagar jamis la ivida sed I 

I Pero quise probarle ! Asf el viajero 

Incauto, en los desiertos de Sahara, 
El resoplar del viento deseara , 
Del viento del desierto abrasador ; 

Y as[ senti cual siente el peregrine 

Al ver llegar la muerte sobre el viento 
Que emponzofla las auras y el aliento 
Con su brazo de fuego y de dolor. 

Asf sentf , mujer ; ese el alivio, 
Ese fu^ de placer el que ofreciste 
Amargo cdliz; eso lo que diste 
Por sola recompensa de mi fe. 
Ahora mintiendo afectos , d engafiarme 
Yo no s^ qu6 te impele seductora: 
Conozco que me engaflas aun ahora; 
O tal vez me amaris — yo no lo s6. 

Pero yo si te amo. Nc^ profanes 
De mi amor el purisimo santuario ; 
No olvides al viajero solitario 
Que vive , que delira para ti ; 
Para ti sola, para ti, que diste 
Tormentos i mi alma venturosa, 
Por quien la vida arrastro pesarosa 
Entre el dolor, la angustia, el frenesi. 

Robdsteme la dicha que tenia, 
RobcLsteme mi paz y mi sosiego , 

Y en mi tirana te erigiste luego, 

Y yo te amo y siempre te amar^. 

Mas no cual tu , que tienes quien te admire, 
Quien te prodigue incienso prosternado ; 
Yo sdlo tengo un coraz6n llagado, 
S61o amar s6, y amando morire. 



— 6i — 

Con sus dulces armdnicos acentos 
Otro feliz encantard tu ofdo , 
O de cdlicas formas bendecido 
Su talle altivo ostentard y su faz ; 
Pero i. mi el cielo, de su polvo avaro , 
Me ha negado la atHtica belleza ; 
Yo no levanto al cielo mi cabeza, 
Ni alzo i las nubes mi mirar audaz. 

Pero i ay ! que si el cielo no ha querido 
De perfeccion hacer conmigo alarde , 
No por eso, mujer, soy yo cobarde, 

Yo tengo honor ^ aunque pujanza no 

Si , tengo honor , el sentimiento excelso 
Que asegura del alma el poderfo, 
Y un alma bulle aquf en el pecho mio, 
Que digna de adorarte Dios cre6. 



' A 



NUNCA TE HABLE. 

Nunca te habl^ Si acaso los reflejos 

De tus ojos llegaron desde lejos 

Mis fascinados ojos & ofuscar, 

De tu mirada ardiente, aunque tranquila. 

No se atrevi6 mi tlmida pupila 

Los quemadores rayos i encontrar. 

Nunca en mi oldo resono tu acento : 
Si de tu labio el vivo movimiento 
Y tu expresi6n angelica admir^, 
Al con templar tu gracia y tu belleza, 
Ociilta entre mis manos mi cabeza , 
Tus atractivos mdgicos burl6. 

Eres un suefio para mf. A la lumbre 
Del teatrOy entre densa muchedumbre, 
Tus seductoras formas descubri ; 



1 



Mas si evit£ tu acento y tu mirada , 
Qued<Sse en mi alma la impresi6a grabada 
£>e la mujer fantdstica que vi. 



Y desde entonce, aunque de ti me alejo , 
Mi memoria de fuego es el espejo 

Do tu imagen se viene A reflejar: 
y goza mi rebelde pensamiento 
En darle vida, en inspirarle acento, 
i Ay 1 y en idolatrarla 4 mi pesar. 

iQuizi seri mejor! En el misterio 
La mujer, como Dios, tiene su imperio 

Y la duda alimenta al coraztSn 

No rasgue el veto mi profana diestra 
Que oculta i la mujer y al Angel muestnt 

Y me deja en poder de mi ilusidn ! 

Tiemblo al quererte oir, Deja que tema; 
Porque acaso tu acento tambi6n quema 

Y i consumir mi corazfin vendri ; 
Mi coiazdn por el dolor gastado , 
Que, & un obscuro rincdn ya relegado, 
Entre ceniza y Ugrimas esti. 

Porque, & la luz y 4 la belleza esquivo, 
Yo, como el buho, en los escombros vivo 
De las pasiones que por fin vend. 

Y en mi I6brego albergue cstremecido 
Si51o aspiro i la paz que da el olvido, 

Ya que el amor y el mundo huyen de mf. 

Y jamis te hablard. Pero consiente 

Que aqui estas lineas deje reverenle 
En seAal, no de amor, de admiraci6a. 
Las escribo sin fe, sin esperanza, 
Aunque, donde el cariAo no se alcanza, 
Alcinzase el desprecio 6 el perddn. 



RESO DE NUEVA GRANADA. 

linen mis nobles compaEriotai, 

I genio ardiente de Granada, 

ina, la libertad amada, 

jates fieros supimos conquistar, 

e piensan que una reunion de ilot&s, 

a patria, se encuentre en su Congreso: 

res i oh padres ! , i y por eso 

Idbrega os quiero saludar 1 

M, fuertes al par que poderosos, 

dique al rdpido torrente , 

ondas el impetu vehemente 
inime, la ahogada libertad. 
stros brazos fornidos, valerosos, 
jan del pueblo granadino, 
in golpe, su rfgido destino, 
tras leyes 9U andgua majestad. 

ado do estin nuestros derechos , 
se guarda el ingel en la cuna ; 
oponga tribuna i la tribuna, 
tribuna se oponga la prisi6n. 
labra, i la raz6n los hechos , 
lOs al crimen avezados : 
rina que en tiempos olvidados 
iversiones la negra Inquisici6n. 

i€ sincere el d6spota arbitrario, 
anchasen los lindes de la prensa, 
ilites por i^nica defensa 
Lrcel con mano liberal P 
T109 libres aquf do el mandatarlo 
llos al pensamiento mismo, 
»ta severo silogismo 
iSbrega y el file del puflal ? 



a la noble Roma ! s 
ue el pueblo timido 
que le icnpiden qut 
con estr^pito la VO2 
labia ante los puebl 
iCritor an6niino, del 
palabras m^gicas, q 
;rta 4 la Repiiblica 1 

z de los DemAstene; 

le los O'CfinnelJes s 
;blo, entusiasmado 
ta A pasos ripidos si 
tirano en tanto, foi 
: con acentos hipoa 
libres los ojos , escl 
la calumnia, persig 

:n sus sectarios : < j 
as de cadenas escrit 
1, sin embargo, los 
ra de las c^rceles cl 
tires cTistianos sus 
n defeadiendo en la 
exhalaron su queja 
era con su espfritu 

lando nosotros obra 
rte desafiando, que 
9 que la tumba nos 
)luto imperio del bd 
cipando el alma lib* 
3 Ids esfuerzos del p 
! : — / Somas libres I 
ntretenga el litigo, 

: I seremos libres ai 
en el delito, conder 
in que el tirano les 



J 




k 



-65- 

Que mdquinas estiipidas repiten al copiar ? 
I Aqui , donde arrastrado por bdrbaros soeces 
A obscuros calabozos , el pobre ciudadano 
Emite el voto tfmido, y prueba del tirano 
La voluntad desp6tica, cual siervo, A adivinar?. 



Ved la horda de bandidos que cruza nuestra tierra^ 
Sorprende nuestras vfrgenes, arrdncales del lecho, 

Y de sus labios tr^mulos, con el puflal al pecho, 
jExige exige un crimen, gritando libertadl 

Y d^bele al Gobierno las armas con que aterra: 
El grito i viva L6pez ! indica el atentado, 

Y de ese nuestro d^spota el nombre pronunciado, 
I Es prueba de delito, sefial de impunidad ! 

\ Oh j6venes magninimos , que el lucido camino , 
Trillado por los mirtires, seguis ehtusiasmados— < 
I Venid ! llenad las circeles, que purgan los pecados 
De amor A nuestra patria , d Dios y i la virtud ! 

^enid ! j ser6is las victimas , y el pueblo granadino 

3r4 con reverencia el 6pimo tributo, 

ue, por guardar el orden , al d^spota absoluto— 

. L6pez el tirano — pag6 la juventud I 

Dejad que los Are6pagos condenen i, los justos ; 

^jad que los Nerones ordenen su suplicio : 

e S6crates y Seneca al duro sacrificio, 

asta los siglos ultimos dar^n su admiraci6n. 

e la virtud vosotros ap<3stoles augustos, 
iu»er6is como los faros que marquen i lo lejos 
Del tiempo en el Oc6ano, con lucidos reflejos, 
Los triunfos incruentos de Dios y la raz6n. 

Contemplen entretanto con ivida mirada 
De estt^pidos placeres la saturada esponja , 

Y chupenla , y en medio de pr6diga lison ja ^ 
Celebren nuestros d^spotas su cfnico festin. 
jSigamosI la materia dejemos olvidada: 
iSigamos ! y el esplritu al cielo encaminemos: ,1 : 



TOKO III* 



ue gocen los tiranos: nosotros gozaremos, 
iiando ellos en el tilmulo padezcan de Cafn. 

Confiemos, entretaDto, que el caerpo poderoso 
ocupan sus curules los dignos elegidos, 
inistros de las leyes, del pueblo los ungidos , 

ibri salvar en^rgico la ahogada libertad 

>h , si ! [ Que del Congreso el brazo valeroso 
la defensa venga del pueblo granadino, 
cambie, cod un golpe, su rfgido destino, 
omando i. la Repi^blica su antigua majestadi 

Circel de Popajln , 7 de Mano de iSsi. 



Voy recorriendo pensativo y mndo 
Coa paso lento, la esmaltada falda 
Por do el Cauca, entre ribas de esmeralda, 
Predpita su Tipido caudal. 
De lo pasado en el abierto libro 
Mis ojos por las piginas errantes 
Leyendo van de los que fueron antes 
La virtud, el delito, el bien, el mal; 

Y los siglos, que ruedan envolviendo 
Hechos y nombres en comun ruina, 
Cuya planta pesada peregrina 
Dejando en pos olvido y destruccii^D ; 
Los siglos se presentan apiftados, 
LevG punto en el tiempo do se hundierou, 
Y donde , en su naufragio , confundieron 
Nombres, historia, y gloria y tradici6a. 

i D6nde estin | ay ! los f nclitos varones 
Que cansaron la fama, i. cuyos hechos 



-67 - 

Los Hmites de un siglo eran estrechos, 
Que, abrumado, k su peso se rindi6? 
El mis feliz al tiempo lanzo un nombre. 
y Uh nombre! jUna palabra sin sentido, 
Esparce leve al huracdn cedido ! 
J Ligero corcho que i la mar cay6 ! 

Mas i tu voz { oh patria ! cuyos ecos 
Repite el coraz6n, la d^bil mano 
Extiendo (y por ventura extiendo en vano) ; 

Y tras un nombre me verin correr. 
] Esfuerzo iniitil, desigual combate 
De endeble enano con 'gigante atleta ! 
Mas I ay I jsucumba el mfsero poeta, 

Y pueda el nombre vida merecer ! 

; Ven, pues, memoria, ven 1 Tii eres tormento 
Del desgraciado i quien tu peso oprime ; 
A tu lugubre aspecto el hombre gime 
Viendo surgir el olvidado mal. 
] Eres , memoria , e^pejo donde arde 
El sol de la desdicha concentrado ; 
En un foco, en un rayo, lo pasado 
Reflejas sobre el tfmido mortal I 

i Ven, oh memoria, ven I La patria mia 
Es semejante i su infeliz poeta : 
La desgracia tambi^n , con mano inquieta , 
Meci6 su cuna, marchit6 su sien; 

Y hoy la insigne ciudad que yaoe sola , 
Camello abandonado en el desierto , 
Sigue abatida su destino incierto , 
Cual, en su ultima edad, Jerusal6n. 

Desterrados sus hijos , sus laureles 
Secos, y uno por uno deshojados ; 
Crujen sus torreones encumbrados, 
Tristes sus lindas vfrgenes estdn ; 

Y combatido de las recias olas 



Que la barbarie por doquier subleva, 
Su glorioso estandarte en vano prueba 
£1 soplo i resistir del buracin ! 

Y alll mis hijos, de la tnadre en torni 
Lloran sin quien i consolarlos vaya, 
Vuelta la vista i la remota playa 
A do el comi^n tirano me arroj6 ; 

Y alll mi madre su viudez arrastra, 

Y el flujo mira, sin apoyo, sola, 
La niufraga infeliz, que & cada ola 
Siente irse el bajo donde el pie afirm6. 

i Payin ! j Payin ! en tus anales veo 
Siempre la flor guardada por espinas; 
Al roce de sus hojas purpurinas 
Punzante abrojo con mi mano da. 
Si las dispersas, mutiladas hojas 
Tfmido exhibo sin color ni vida, 
Es que mi mano j oh patrial dolorida, 
j Es que mi mano sin vigor esti ! 

I Mas ven , memoria 1 y aCrevida arrai 
De las hojas del libro del olvido 
Una desgracia m&s. Prestad of do 

A mi canci^n, vosotros que Itorlis 

Pero no; no me es dado las desgracias 
De Gonzalo cantar, porque la lira 
Mejor no pulsa quien mejor suspira ; 
Mas llorar^ si al llanto acompaAiis. 



CUADSO PRIUERO. 



El h^roe ibero con prudente tino 
Lo que al valor debi6, guardar sabfa ; 



9 — 

}bedec 
r tena: 
3S erra 
cruz i 
. abam 
enpai 

sost^i 
gener. 
I espai 
iador 
ira est 
:oey 3 
Jicall 
i'or Pi 

I cervi 
atre el 
ace ea 
> temc 
paloir 
ida al 
ante a 
lorado 

que tc 
prima 
nal, p 
>, sin : 

le su I: 
)litari( 
icurab 

1, cua: 
la mo 
iibe en 
esplei 
jue se 



Y ostenta en la vastisima Uanura 
Su corona imperial y su hermosura, 
Desafiando el rayo del Sefior. 

Pero en su frente pilida vagaban 
El dolor y la negra pesadumbre, 

Y de sus ojos la apacible lumbre 
Empaflaba una Ugrima fugaz; 

Y la vida arrastraba silendosa, 
Devorando su mfsero tormento 

Porque al alma gentil [ay! ni un momento 
Otorg<5 Dios de pUcido solaz. 

He aqui 4 Pubenza; en ella el alma, todo 
Respira amor, pureza y hermosura; 
El hechizo en sus ojos, la dulzura 
Vaga sobre sus labios de clavel; 
Juega el blando placer modestamente 
Con las esbeltas formas de la Indiana ; 
India en amar, en resistir crtstiana, 
Era su pecho i la virtud dosel. 

I Malhadada belleza ! [ Malhadada 
AuD la heroica virtud de la priacesal 
Nada ban valido; que sobre ella pesa 
El yugo del despdtico seflor. 
Padre tuvo Pubenza, y no le tiene; 
Hermano tuvo, mas tambi^n ha muerto; 

Y el mundo para ella es un desierto, 
Sin amigos, sin deudos, sin amor. 

Pubenza es infeliz. Tiempos mejores 
Paz y felicidad le prometieron ; 
Pero esos tiempos r>ipidos huyeron ; 
jHuyeron, sf, no volverin jamisi 
Huyeron, como nube del desierto 
AI fgneo soplo de huracin airado; 

Y quediSle el recuerdo del pasado, 

j Ay I j tan sdlo el recuerdo y nada mis I 



las huestes que la madre EspaOa 
6 sobre un mundo de repente, 
)i]zalo, el jovea, el valiente, 
r y gloria espWndido adalid. 
sa raza en b^licas hazaflas, 
Bsos tiempos la virtud guerrera 
na herencia de los hijos era: 
nlos sus padres & la lid, 

el ave mariaa, que el poUuelo, 
) aun de la flotante pluma, 
a de lo alto hasta la espuma 
rve abajo en el braraante mar ; 
e6ii que por la selva ruge 
achorro al lado, y se embelesa 
t abalanzar sobre la presa 
::ar con sangre el paladar. 

a esta raza enferma , d^radada, 
ira, entre perfumes y mujeres, 
inervador de los placeres, 
in ley , sin Dios , sin coraz6n : 

dra la almohada del guerrero, 
1 era su lecho suntuoso; 
. en la gloria hallaba su reposo , 
izo en las armas , diversidn. 

n Caspar, el padre de Gonzalo, 
^uier los rastros de su gloria, 
un recuerdo diese 4 su memoria 
atoria veraz la gratitud ; 
ido tambi6n lidi6 valiente 
i OyiSn , del buen Gonzalo hermano 
despu6s y se 11am6 el Tirana, 
al crimen pidi6 reino y salud. 

lo it sa padre entre cadeoas preso, 
:1 mundo injusto separdse, 
pecho de venganza hinch6se 



Contra Espafla, sus leyes y su rey. 
Ji^zganle mueito y solitario estise, 
Vlctim^s seflalando i. su alto enojo, 
Caal de&guila real certero et ojo 
Su presa elige entre la iacauta grey. 

Y el boen Gonzalo, hu£rfano, tDocenti 
No halla en el mundo nuevo americano, 
Sino el vago rumor de que el hermano 
Yace en la tumba al par del genitor. 
Alvaro en tanto, cual taimada fiera 
Que eicapti de reciente cautiverio, 
Desde el triste cubil mira el imperio 
Como premio futuro & su valor. 

Sigue Gonzalo la paterna huella; 
Lidia de honor sediento, y por do quiera 
El entusiasmo de la hueste ibera 
Le captan su piudencia y su virtud. 
De Pasto por las b^licas legiones 
Es debelado el escuadri5n hispano ; 
Gonzalo acorre, anima al cutellano, 
Vuelve, y vence 4 la ufana muldtud. 



La capital del payan^s imperio 
Mfrase i. fuego y sangre acometida ; 
Cede la turba bdrbara vencida, 
Cede el Cacique & la imperiosa ley : 
Del vencedor sacrllego la espada 
Va i mancharse en la sangre del 
Pero Gonzalo la alevosa mano 
Castiga, y salva de Payin al Rey. 



En la cruda campafta, cuando el fuerti 
Valor desmaya y la constancia falta ; 
Cuando el sueQo los pirpados asalta, 
Y sucumbe la hambrienta desnudez ; 
Cuando el corto escuadrdn tiembla, sitiai 
De est^l roca en la tostada cima, 



ela, calla: y si habia, aaima, 
:sto, iatr^pido i su vez. 

ave le esmaltaba apenas, 
sonibra, el labio delicado, 
>stro infaatil ya era el soldado, 
;ro, d hgroe, el capitin; 
as huestes vencedoras, 
I infeliz americano, 
da d^bele A su mano, 
I armas la victoria dan. 

edio de esos heroes con que mancha 
as la historia de la tierra, 
de cxteTtninio, que la guerra 

mundo adora en la abyecddn, 
tma gentil, aquel Gonzalo, 
alzaba Candida y sereoa, 
y de honor el alma llena, 

y de amor el coraz6a 

iliUria en espantoso yermo, 

puso entre cspinas y entre abrojos, 

livia i. l03 cansados ojos 

el calor del arenal I 

:nte en irido desierto 

ica al sediento peregrino! 

:fia de bien en el caroino 

: siembra la conquista el mal ! 



LA NUEVA PATRIA 

CUADRO SBGUNDO 

)r el campo que agostd el olvido, 
Lo con mano reverente 
secas del laurel perdido. 



- 74 — 

Dir6 tus hechoSy infeliz, valiente 
Gonzalo, amante, amado, persegaido ; 
Pero los busco entre el voraz torrente 
De los siglos , que ruedan , se confunden ^ 
Y en la infinita eternidad se hunden. 



Asf , cuando por prados de esmeralda 
El ardiente volcin su lava arroja, 
Mirase al ciervo por la ardida falda , 
Lentamente paseando su congoja , 
Escarbar y buscar la seca y jalda 
Hierba, y la rota solitaria hoja, 
Tristes reliquias del nativo prado 
En negra lava y en ceniza ahogado. 

Como vasta pirimide, arrojada 
De Norte d Sur en medio al Oceano, 
La cuspide, en el choque, despuntada, 
Derrufdos los lados por la mano 
Del tiempo, en la obra perennal cansada, 
Mfrase al continente colombiano; 
Y, cual del cuerpo astillas desprendidas, 
Se ven sus islas, por el mar , tendidas. 

Andes, en forma de melena densa, 
Sus altas sierras sobre el Norte extiende; 
Luego reduce su expansion inmensa, 
Y en larga If nea para el Sur desciende ; 
Deja al Oriente la llanura extensa 
Que hasta el remoto Atlintico se tiende y 
Y, la frente imperial en fuego ardiendo, 
Ve los dos mares i, sus pies rugiendo. 

Esa es la cordillera i, cuya cumbre 
No alcanza del cond6r el raudo vuelo; 
La fiibrica de enorme pesadumbre 
Donde, entre algas y t6mpanos de hielo, 
Nace la pura y limpia muchedumbre 
De aguas que riegan nuestro f6rtil suelo, 



r 



Brotando, entre el misterio, tras U niebla 
Vertiginosa que el abismo puebia, 

AI Norte, al Siir, y en curvas, al Oriente 
De las g^lidas fiientes desprendidos, 
Arroyos mil, con pr6diga corrieote, 
Enriquecen la tieira: entretejidos, 
Cual vasta red , por todo el contineate 
Discurren; luego, en masas recogidos, 
Van A pedir al pi^lago profundo 
Para su tierra paz, comercio al mundo. 

Y arrastran al Atlintico sonoro 
Sus ondas, y al Paclfico sllave, 
Comendo por las selvas sobre el oro 
Que brilla terso entre la arena grave. 

Y son prendas de unii5n, mis su tesoro 
No esti en el oro vii : eati en la nave 
Que aurcando sus utiles raudales 

D6 indiistria y libertad i los mortales. 

De Granada , la Nueva , el Virreinato 
Departe el Marafldn de sus vecinos; 
Intemo y noble raar, donde el aflato 
No alcanza de los recios torbellinos, 

Y de future union vinculo grato 
Entre los industriosos grenadines, 
Aorta de este mundo colombiano, 

Y rfo de los rfos sobereno. 

Y de Granada en la regi6n do gira. 
Sin jamis apartarse , el sol amante , 
y con suave hilito respira, 
Arrullada entre patmas, la aura errante, 

Y el taguij<5 mondtono suspira, 
Del marjal melanc61ico habitante; 
Entre el Ande y el mar , que la mejilla 
Recuesta en paz i la escarpada oritla; 



-76 - 

Hay un valle feliz ; su tierra < 
En continuas y pUcidas coUnas 
Que La brisa al pasar besa y adu 
For ese valle en ondas cristalini 
El agua precipfCase y circula 
Serpeando entre flores purpurin 

Y al fin de aquel ed^n verde y r 
La ilustre Popayin alza la frent 

De sus coUnas altas amparada 
Como la tigre que asechanza ter 

Y espera el can al irbol recosUt 
Detris del corvo cerro de la Em 
Se la mira de lejos engastada : 
Desde el Cauca, i la luz del sol 
Sobre la alba ciudad, ea grupos 
Se ven surgir sus pardos campai 

Al Oriente Bel^n , donde el d< 
Pueblo va A celebrar el nacimiei 
De Jesils, su Seflor, y cumple el 
Aflo por aflo, en santo arrobaot 
En la blanca capilla mudo, inm 
Contempla aquel buen pueblo el 

Y en silendo solemne recogido, 
Adora al Salvador reci^n naddo 

Alumbra la capilla el sol nacii 
Dando en el monte verde y esca 
Do un caniino en figura de serpi 
Ijrira, y le va subiendo por un U' 
IT i. este camino agdlpase la gent 

Y de vivos colores inatizado, 
[^omo una sierpe enorme se estr 

Y en gayas ondas sus anillos me 

Y m^ all4, como inmortal gi| 
^Iza la frente el Purac6 sublime 
k veces terso, c^ndido, brillante 



las basas en silendo oprime ; 
[ivuelto en nubes, retumbante, 
I fuego que en sus antros gime, 
esfuerzos, 6 estremece el suelo, 
lia en llamas la extension del cielo. 

r se encrespa en rocas y montafias, 
encumbra el desigual terreno, 
lecen las silvestres caflas 
apuestos riscos en el seno; 
del calor plantas extraflas , 
rdan de la vibora el veneno, 
orrente bramador y estrecho 
:avado por siglos su hondo lecho. 

montes , que ya sflavemente 
sar la linfa , enamorados 
len, 6 ya suben de repente 
} pintorescos, escarpados, 
IS cada zona dife rente 
js de otra zona eiitrelazados ; 
uales, todos juntos crecen 
iempo se maduran y florecen. 

la tierra. El cielo encapotado 

ir tiempos el azul sereno: 

I, de relimpagos preSado, 

si horizonte el ronco trueno; 

ipetu elSctrico turbado, 

aire huracanes de su seno; 

ivia, crujen las montaAas, 

1 el sol, se inundan las campaiias; 

negra tormenta que obscurece 
en torno al mundo y le conturba , 

lo la b6veda estremece 

3 rayos por su inmensa curva, 

Ita del sol desaparece, 

iube« la aplAada turba, 



-78- 

Y ante la luz pacifica y tranquila, 
Ni se mece la flor, ni el aire oscila. 



Aquf la vasta cordillera empina 
En fantdsticos riscos su cadena ; 
AUi en vaiv^n, eldstica se inclina 
Sobre el tallo gentil de la azucena 
La flor, ante la brisa matutina; 
Acd el arroyo por la selva suena ; 

Y vese el llano y su pintada alfombra 
Que interceptan los montes con su sombra; 

Y la fruta silvestre, donde toma 
Su grato olor la brisa pasajera 
Para mezclar al de la flor su aroma ; 

Y el canto de la t6rtola agorera, 
Cuando la noche en el Oriente asoma ; 

Y el variado matiz de la pradera, 
Que gusto, ol£ito, oido, vista halagan, 

Yy deleitando el cuerpo, el alma embriagan ; 

Y el Cauca, que entre enormes pedrejones 
Sus ondas bramadoras alborota , 

(3 preso por altfsimos pefiones, 
En vano el dique de granito azota ; 

Y del ronco volcdn las convulsiones, 

Y el muelle junco que*en el lago brota, 
La calva roca, la aromosa planta, 
Todo,-en contraste seductor, encanta. 

No es este el clima delicioso, blando, 
Que al ocio s61o y al placer conyida; 
Ni su habitante gozari, pasando 
En pereza mon6tona la vida. 
Para quien nace en su redor mirando 
La gigante natura estremecida 
En contraste magnlfico y eterno , 
La quietud, la inacci6n, es el infierno. 




— 79 — 

Ea la vasta extensi6n que el Cauca bafia, 
Desde que asoma la modesta frente 
Entre el musgo glacial de su montafia , 
Hasta que, unido con su hermanOy siente 
Del bramador Atlintico la safla 
Oponerse al poder de su corriente, 
Si, cuanto riega su raudal bendito 
Es alto y gigantesco : ; hasta el delito ! 

Asi como ^1 y extraflo en su carrera, 
Crece y retumba amenazando estrago, 
(3 besa manso la feraz pradera 
Mecido en Hondo y cristalino lago, 
O desciende en magnifica chorrera , 
Tendiendo el iris por el aire vago; 

sus olas espl^ndidas de plata , 
Ruedan de catarata en catarata ; 

Asf su hijo entusiasta, en las regiones 
Que 61 con sus ondas ^cidas satura, 
Creciendo entre las recias convulsiones 
De la inquieta y terrifica natura; 
En medio de contrastes y emociones, 
Pasa la vida borrascosa, dura ; 
Y es h^roe, santo, mdrtir, delicuente; 
jTodo, menos cobarde, indiferentel 

[ Yo te saludo, Popaydn insigne ! 

1 Salve ! { cuna de mirtires y sabios ! 

1 Haz que el genio d mi canto se resigne; 
Inspira un son arm6nico i, mis labiosl 

J Y que tu historia algun lugar asigne 
Al infeliz cantor de tus agraviosi 

2 Que Dios tu nombre, en su piedad, enalbe I 
I Salve ! j Paydn, tres veces, salve ! j salve ! 

|Y salve! [tu mi patria granadina, 
Querida al coraz6n , grata i la mente ! 
J Si en exilio tu bardo peregrina, 






.__^' 



— 8o — 

No se ha secado del amor la fuente 
En au pecho filial ; y aunque ^1 inclin; 
Al extranjero la humillada frente, 
Aun no ha amellado tu injusticia inm 
El fierro que blandiera en tu defensa I 

j Yo te amo, aunque tu mano me ai 
Madre, como & reptil, de tu regazo I 
Si m^ me persiguieras, mis te amara 

Y bien por mal volvifirate mi brazo. 

I Ah ! jquisiera tener voz alta y clara 
S61o para ensalzarte ; y que ese laze 
Cuando yo pase, cuaJ pas6 tu gloria, 
Nos uniese en la rauerte y en la histoi 

j Y viera el mundo al hijo maldecid' 
Honorando i la madre con su Uanto, 
Arrancarle su feretro al olvido 
Con el vtril esfuerzo de su canto; 

Y al mirar sobre el tiempo remecido, 
Redentor de tu gloria , mi himno sant 
A mi ferviente stiplica propicia 
Perdooara la bistoria tu injusticia! 

No s6 per qui, de mi existencia due 
Si velo, siempre aaaltas mi memoria; 
Si duermo, siempre con tu imagen sm 
Si pienso, siempre afligeme la historic 
De eaos tus ambiciosos, cuyo empeflo 
Es devorarte sin honor, sin gloria, 
Gusanos de un cadaver, que se gozan, 
Aunque mueran despu£s , mientras de: 

EL ERMITANO. 

CUADRO S^PTtMO. 

Entre la sombra solitaria y frfa 
De la apartada y secular montaAa, 



y su cabaDa, ' 
soledad. 
marchita 

!ara fretite, 
ardiente, 
3. edad 

;nir encterra; 
dn divina 
destina, 
rumentoen 6l. 
lor? ^1 eslabona 
iestra lanza 
ndo, en la balanza 
. el fiel. 

e Moists naufiaga 

ilotiende, 

r suspende 

/id: 

astro 

-rera, 

1 la pradera, 
, en la lid. 

rigen , DO en el ttempo , 
ndesctrcunscrito; 

y lo infinite 
da son; 

no en lo futuro, 
El no alcanza; 
emoria ni esperanza, 

1 para Dios. 

mar al hombre, 
1 es perfectoj 
iosecto, 
ano vit ; 
Da todo: 



Ya de mundos itinumeros tachona 
El cielo, ya lo9 reinos eslabooa 
A la suerte de un hombre 6 de un 

Muerda i Colon un ispid, y eL« 
Cambiadel Universo: los millone: 
Que ban venido 4 poblar nuestras 
No serian siquiera los que son. 
Rdmpase el d^bil ciflamo en que c 
La madre i Fulton en su pobre cu 
y la industria del mundo y su fort 
Quedan porque ^1 no piensa, en la 

Como al contacto el^ctrico se cii 
Una cadena de extensi6n inmensa, 
Del genio al soplo se despierta, y | 

Y obra y corre al poder la humani 
Para toda inedita Galileo, 

7 el ciego Homero para toda cant 

Y Saulo y Pedro , en su doctrina s 
Enseflan para toda la verdad. 

Una es la humanidad. Ibero y c! 

Y colombiano y tirtaro remoto 
Navegan juntos: mas del mar igac 
Dios sdlo el rumbo y los escoUos v 

Y porque ^1 solo es sabio, y t.lco 
Sdlo del puerto el Ultimo reparo, 
Alza en la mar por nuestro bien y 
El faro inextinguible de su fe. 

Entretanto el filosofo presume 
Que la dicha con niimeros calcula 

Y en balanza sin fiel pesa y regula 
Los iLtomos de bien y de salud. 

I Necio 1 56I0 una regla hay para el 
El crimen siempre 4 la desgracia ii 
Siempre A la dicha la virtud condi 
Siempre la fe conduce i. la virtud. 



ispartaao, 
lafe. 

ingrato 
3 venas, 
tenas, 
Ltoiba ve. 

que anuncian 
la doctrina, 

>e incltna 

huracdu ; 

aitarras , 

laralso , 

de improvise , 

a al Corfin 

'i^ , que pudiste 

igana, 

' cristiana 

uz7 

nocer ensedas, 



o el chino 
le riqueza ; 



ados, 
sublim 



sto es sdlo grande; 

lamieuto 

mamento: 



Si puede al roar y al huracin vi 
Si el Universo entero se soroetc 
Al vigor de su espiritu fecundo 
En tu doctrina santa ; oh luz dt 
El secreto ha de estar de su poc 

i Ven, por piedad ! i No dejes 
El verde valle , la tendida lotna 
Guirdale au pureza de paloma 
A la naci6n cristiana en que na 
Giiirdala, y en las andas bienh 
De tu corriente pura y cristalin 
Purifica i la raza granadtna, 
Para que medre deleitada en U. 

] Sf, vea I De Dios en el desij 
Nada Bay desordenado ni violei 
El progreso del hombre es un p 
De ta tranquila y natural acci6i 
J Ven I inspira i este mfsero ernr 
Que su dolor y Ugrimas oculta 
En esta selva solitaria, inculra, 
Para que salve al mundo de Co 

j Pobre eremita ! La afliccidn 
Su frente melang61ica y sombrii 

Y hasta su risa, cuando asoma, 
Corao la luz de hogtiera funeral 

Y vive como el iguila, alcanzad 
De fiecha aguda, que orgullosa 
Su vuelo al monte, y solitaria t 
Al punzante dolor su ala imper 

Su mirar, ora vago, y ora fijc 

Y el amargo sarcasmo de sus la 
Revelan su pesar por los agravi 
Que de su hermano, el hombre 
Pero siSlo es pesar : noble en su 
Huy6 el placer de la venganza : 



mundo, en su agonla, 
I protector bused. 

:e: el odio le atormenta; 

, por virtud perdona; 

;o infiel que le abandona, 

asivo en su desdSn: 

Itnir^dor, en ella 

iducta el alto ejemplo, 

e corazdn un templo 

naocha y que perfuma el bieo. 

es ligrimas sus ojos, 
rostro buscan paso 
crep^sculo al ocaio, 
> su postrer canci<5n : 
irfano.al insecto 
1 su piadosa mano, 
: de 9u fuerza ubno, 
lorros al leiSn. 

bergue rtistico y angosto, 
ice, un santo crudfijo, 
■olitario fijo 
aci6n postra la faz. 
;io, 6 sin pedirle 
icera y esperanza, 
OS i hermanar no alcanza : 
, y con el delo paz. 

viado por la ciencia vana 
steriosa y muda 
reado, y de la duda 
abismo aterrador. 
lay vinculo bendlto 
una : sin piloto vamos, 
los escollos damos 
aar funesto del error. 



— 86 — 

Pendeo i un tronco, de diversa 
QuizA objetos de culto i su memoi 
Quizi recuerdos de pasada gloria. 
El terso casco y el brufiido arn^s: 
El arcabuz y la templada espada, 
Con sollcito esmero aparejados 
Est&n en cruz, & la pared colgados 
Bajo un negro y espl£ndido pav^s. 

Pace un potro robusto en la exp 
Frente & su choza , y sobre el troni 
La da su sombra protectora un to\ 
Del huracia y el ttempo vencedor 

Y libros tiene, y el papel amigo 
En que la hlel del inima derrama 
Pensando acaso que i la eterua bu 
L-egiTii con su nombre su dolor. 

Las aves libres, que del bombre 
El sang ulnar io destructor instinto 
De su choza al paclfico recinto 
Suelen albergue y proteccidn pedii 

Y el ertnita acaricia deleitado 
Aquellos seres que en su torno vu< 
O, en sus hombros sentados, no r< 
Que 61 los pretenda esclavizar ui 1 

Sin mils consuelo, en soliloquio 
El solitario sc habia y se responde 
Huye del mundo, y en la selva esc 
De la enemiga humanldad su hiel. 

Y les babla & los ilrboles, y goza 
En hacer que repliquen i. su acent 
Los ecos, que en fant^tico concen 
Cambian sus notas rusticas con H, 

A veces suele aroiarse, y cabaljf 
El noble potro i su querer sumiso 
Por la selva se interna de improvi 



- «7- 

lezquino hogar ; 
IS trillando , 
torrentes, 
idos £ hirvientes 
r y atravesar. 

, su adetnAn resuelto, 
leve su cintura ; 
istica figura 

del le6a j 

rizos de azabache , 
uenga cabellera ; 
ojos la certera 
del halc6D. 

rmas su embeleso ; 
sisterioso hilo, 
ciudad astlo, 
le ni inquirir. 
rbaro le admira 
ilo rcspeto , 
Qfsero secreto 
lor i tr^lucir. 

1 1 La hora se aproxitna 
no hay paz ui calma 
el amor del alma 
'fctima jam is. 
opresor , y al malo 
neficio liga: 
el mal , el bien castiga 
[ue le pesa mis. 



CUADRO OCTAV 

Era la tarde. Pilido teflta 
La selva el sol con su postrer: 

Y con sentida y bUnda pesadi 
Gorjeaba el ruiseQor su liltimi 
La leve brisa apenas susurrab; 
Murmuraba tranquito el arroj 

Y el puro azul del infinito cie! 
Presentaba \m dosel digno de 

Ya la tftrtola amante y soa< 
El postrimer arrullo despedfa 

Y al arrullo, arrnllando respo 
El conipaflero oy^ndols queja 
Cant6 ya el toche el himno di 
Blanda baj6 la miria al grato 

Y despidi6se el cdndor afligidi 
Del sol que se hunde en el lej 

J Escuchad I | Una planta m 
Resuena de la selva en la esp< 
iQaUn huella osado la mont: 
Al despedirse el ultimo arreb* 
Cuando en el horizonte adorti 
Luenga dibuja la expirante sc 
Sobre la verde y esmaltada al 
LJDguido y tibio el desteflido 

i Qaiin turba el melancdlic 
De la desgracia ? — De sorpre 
Deja escapar un t^trico bufidt 
SoDoro y ronco el £gil alaz&n 
Lu£go, trotando en torno, la 
Perfila hada adelante, y enar 



plum a la poblada cola, 
)ii atdnito ademdn. 

I en tanto el solitario absorto 
5 del rayo vespertine , 
K>lillado pergamino, 
al de su raezquino hogar. 
umor ins6lito, ve un hombre 

; — jGonzaloI te lo ruego, 

Y por que he de huir ? — jTomal e 
nto horrible i revelar. 

eplica el ermita ; el pliego toma, 
ii oscilante y mortecina 
Umpara, se inclina, 
y se estremece de terror. 
rdo fatal le sobrecoge ! 
[ay! se agotpan repentiaos, 
sadores y continos , 
ie volc&n abrasador ! 

tiembla. El hombre generoso 
IT vino la infeliz morada, 

atdnita mirada 
luedo lo que ve. 

-exclama — es ^te, por ventura, 
alo de invencible lanza, 

armas lustre y esperanza 
aates cuya gloria fu£? 

soy el que salvaste en Pasto 
Rumipamba sus campeones, 
le inndmeras legiones, 
on en sangrienta lid. 
il Hernin, Hernin, tu amigo. 
lalo, tu infeliz historia, 
az6n, tengo mem or i a, 
ids te lo del>o i. ti. 



— 90 — 

^No te acuerdas de ml? Df, £no recuerdas 
Que solo al enemigo te lanzaste, 
Y que mi cuerpo al birbaro arrancaste, 
Dindome i, ml la vida, el triunfo al Rey? 
j Mlrame aqul! Mi deuda pagar quiero, 
Vengo 1 seguir 6 i mejorar tu suerte. 
Vida por vida doy, muerte por muerte: 
Gratitud y venganza ^sta es mi ley. 

— SI — repone Gonzalo ; — ^ya recuerdo 
El dia triste, la bat alia fiera; 
Pero el que cumple su deber, no espera 
Ni se le debe gratitud. ^Por qu^? 
Era yo el jefe y responsable solo : 

Tu perdiste el caballo ; Oh I no te asombre 

Que por primera vez sepa tu nombre : 
Antes por 61 jamas te preguntd. 

— Pues soy Herndn : te debo la existenda. 
Hora £puedes dudar que soy tu amigo? 
jEa! ya me conoces. Ven conmigo; 
Voy i. ser tu guardian y tu sost6n. 
Alii estd tu opresor, aci tu hermano ; 
i Ven al campo de Alvir ! 

— [Fuera delito! 
— No lo es que busque el infeliz proscrito 

Vida y venganza jVen! 

— No puedo. — I Oh! jvenl 

— jHerndn! jHerndn! |y juzgas por ventura 
Que cuando es perseguida la inocencia, 
La venganza, la infamia y la violencia 
Se pueden oponer i la opresi6nI 
I Soy espaftol ! Mi honor , mi rey, mi patria 
Antes que todo. De escuchar me indigno 
Tu idioma, Hernin. A todo me resigno 
Antes que descender i, la traici6n. 



I 



jame! iAdii5sI — 

Hern^n avergonzado 
a choza, y el ermita exclama: 
1 Espaflal [Espana! i D6nde esti tu fama 
: esti, cuando un hijo de tu suelo 
ivttarme al crimen, porque piensa 
ara mi venganza y mi defensa 
a traici6n es justa y natural? — 

» ojos en ligrimas baAados 
;n la carta, y trgmulo la vfa ; 
J sello i romper no se atrevfa, 
i i la realidad tuviese horror. 
ele al fin, y lee, y ardiendo en ira 
tse cien vecea la lectura, 
ra ciento el ciliz de amargura; 
i un placer jugar con el dolor. 

' un lujo en sufrir: es grato hartarse 
angustia que punza y atormenta, 
da nueva faz que nos presenta 
IT mis para mejor sentir : 
azdn convulso en su despecho, 
'ando sus penas se embelesa, 
la tigre, que al soltar la presa, 
I suelta por volverla i herir. 

«A GONZALO. 

uye I Mi mano tr^mula la pluma 

erta & gobernar, y estremecida 
la sobre el papel , cual ave herida 
I flecba aguda que le abruma. 
quise escribirte: hoy te escribiera 
niverso entero se opusiera. 

igurate cu&l es mi pesadumbrel 
ir una sentencia te proclama ; 
ir todo el ejtfrcito te llama, 



Y antes que el sol el horizonte 
Al sepulcro que te abre tu ene 
Bajari el nombre de trudor co 

»| Ay! Aquel bando infame 
Hace saltar mi caw6u de enoj 

Y al lado de la vfctima me arr 
Sin peoaar en qui^n es el victii 

Y nada temo ya de cualquie 

j Vive ! con esta voz lo digo 

» Mientras pens£ que muert( 
Nuestro opresor cruel, yo resp 
Y, sin amarte, & solas envidial 
La montaAa kliz que te esconi 
jOjali desde entonce hubieras 

Y hoy no te viera de baldiin ci 

»No a6 qu6 me sucede M 

Esta carta un delito, aunque r 
Sino salvarte, y nada mis espt 
Tal vez estar^ loca. Se estreme 
Todo mi cuerpo. Yo no s6 qu6 
Amor no puede ser, pero es 

»Tu existencia es el mar dot 
De todos mis recuerdos la corr 
Yo soy el triste sauce, til la fui 
Que me refleja en su onda oris 
Yyo te busco como busca el a 
i Ayt de su arroyo el solttario : 

»lGonzalo! al contemplarte 
Yo me olvido de todo y de ml 
En ti mi ser, i mi pesar, se al 

Y en tu desdicha inmensa com 
A tl sdio te busca, si, i ti s61o 
Yo soy como el imin; tu eres i 



— 93 — 

quizi las mujeres espaflolas 
utismo recibea en la cuna, 
[nis fortaleza y mda fortuna; 
tras, birbaras y solas, 
o en la infancia, no logramos 
unca al que una vez amainos. 

o herido en suefios, y me inclino 
r la sangre de mi dueAo, 
lis de tu voz late en el sueflo 
ilsii5n mi seno femenino, 
Tmo por verte, sin pecado, 
srniida sueAo en lo pasado. 

lor de mi Carlos, nunca olvido 
icaste & mi hijo de la hoguera. 
ra yo sin ti ? i D6nde estuviera 

redentor, mi hijo querido? 
5mo ha de ser crimen escribirte, 

bien que hlciste bendecirte? 

ne calumnie el mundo : no me importa. 
t tu opresor dc mi inocencia: 
voz secreta en ml conciencia 
radecer y i. redimir me exhorta. 
' invisible en tu camino 
I, y obedezco A mi destino. 

s me estremeda el pensamiento 
lirte, Gonzalo; y hoy en suma 
> mds consuelo que mi pluma; 
; mil yeces arrojaria intento, 
ible. {Mi existencia entera 
Tamar sobre el papel quisiera ! 

no pienses por esc que te quiero: 
x;ida soy, no soy liviana; 
lo que.exige el ser cristiana. 
ii dulce Redentor espero 



Dejar el alma, de su mano hechura 
Sensible si, pero inocente y pura. 

» Heroin Ueva esta carta, y yo mi 
Lejoi de ti, temblando por tu suertt 
J Me cambiara por €l, que puede vei 
I Ay I pero apenas envidiarle puedo. 
Silvate, aunque Feroando me convi 
De haberte escrito |OhI jSilvatt 



EL CABALLO. 

CUADRO NOVENO. 

Mientras Gonzalo la aflictiva cart 
Con voz cortada y tr^mula lefa, 
Hern in abandonarle pared a 
En el deliria de su acerbo afin. 
Lee, y dejando atdnito su albergue, 
jHerndn! jHerndn! gritando, el m 
Mas sdio el eco, que le burla, sueaa 
De lejos repitlendo : /Hemdnf /He 

jPuhenxa! Jba i decir; mas la pal 
Muere ea su labio, cual la pura got 
Que, entre la escarcha, del peAasco 

Y se hiela al salir del manantial. 
Se arma maquinalmente, y dando f 
A su cabaAa misera y pajiza, 
Goza en ver reducidas k ceniza 
Trovas , historia y gloria terrenaL 

Entonces por su mente trastornat 
Cruza un desesperado pensamiento, 

Y concibe fren^tico el intento 
De morir y dar fin i. su dolor. 

/ Pb traidorl dice; el eco le remeda 



9r/ el desdichado repetia; 
or! el monte 4 repetir volvia 
!UB rocas Ssperas. — / Traidor! 

6 dolor, sin obtener alivio ; 
'.a rencor, sin pretender venganu; 
le amor, sin fe, sin esperanza ; 
i su Dies, su Dios le desoy6. 
-ia cortej6, le huy6 la gloria; 
ibre condoli6 y 6\ le maldijo ; 
an asilo entre la selva fijo , 
a de la »elva le inboi6. 

gastada en la perpetua lucha, 
^a al 6n la humanidad vencida, 
ando en su ripida cafda 
a que sucumbe i su pesar ; 
a, por el polvo gobernada, 
deja Uevar Unguida y floja 
3r el buracin la seca hoja, 
:1 alga liviana por el roar. 

/en, mi alaz&n I — prormmpe el desdichjdd ;- 

>r ta tiltima vez, sirveme ahora, 

cancro iomortal que tne devora 

conmigo en los infiemos ya. 

1 mi ilnico bien; yo nada tengo, 

|ue me detenga aqui en el mundo, 

ntigo en los infiemos me hundo, 

1 pesar el alma Uevari. 

i indtil luchar: es imposible 
la ingrata, abrutnadora carga 
t existencia degradada, amarga, 
) puede i la infamia resistir. 
1 soplo del viento del deli to 
:ud como Umpara ae apaga. 
: sdlo at delito el mundo halaga, 
los de ^1; dejemos de vivir. 



-96- 

La calumnia me asalta como 
En vano con mis hechos la con f 
Al caer, nuevas ftierzas la da el 

Y vuelve mis pujante i aparece 
i Adids , oh patria ! j For habert< 
He pcrdido mi honor, estoy pro 
SI ; amarte demasiado es el delit 
Que me hace hasta la infamia c 

i Todo cede i la astucia ! El v 
Ciego como esa roca que me infi 
Me oye Uamar traidor, traidor i 

Y calumnia porque oye calumni 
Mi nombre esti manchado sin r 

Va i maldecirme EspaAa Esc 

Eso vale tu infamia, eso tu glor 
i Esos tus fallos son , Humanidat 

1 Ven , mi alazSn ! — Y ripido 
Sobre el corcel ; le aguija con fie 

Y alraviesa veloz por la maleza, 
Desesperado y de la muerte en i 
Por sobre arbustos, zarzas, rama 
El caballo fren^tico se lanza. 
En alas del temor y la esperanz: 
Van corcel y jinete. i Adids I i ad 

Salva el caballo i saltos los an 
Llevando entre los dientes el bot 
Y, del rudo acicate atormentado 
Va su escape aumentando sin ce: 
La rienda tesa con entrambas m: 
Lleva el jinete; la entreabierta b 
Del fogoso animal los pechos toe 

Y su hirviente nariz se oye troni 

Hay en el corazdn de la monti 
Baudo torrente, que de brefla en 
De una sima <t otra sima se despi 



— 97 — 

en un sepulcro va a correr. 
rodando, y turbulento siempre, 
a sus hirvientes borbotones 
enormes y negros pedrejones, 
/iSrcese eo niebbs alcaer. 

e la masa de sus turbias ondas 
abismo frenfeiicas descienden , 
ias nieblas m6viles extlenden 

10 deiisa de flotante tul ; 

'av^a de sus pliegues misteriosos 
elampaguear la catarata 
o, en r&pidas rifagas. desata 
e el viento el cortinaje azul. 

hondo lecho al uno y otro lado 
do3 rocas sus excelsas crestas, 
indo sus frentes contrapuestas 
bes tempestuosas al vapor : 
lila imperial la cima akanza, 
us cavernas lobregas anida ; 
bajo pe/lasco balla acogida 
u prole, impSvido, el coodor. 

la inferior regi6n, el triste buho, 
■ision vaga que la noche exhala, 
lespliega de fantasma el ala, 
a eu las sombras lobrego solaz. 
z el borde empinado de esa roca 

1 profunda cavidad domina, 
aflol fren^tico encamina 
ible potro la carrera audaz. 

Lse entre la selva est^ril risco 
)visto de arbustos y de grama, 
ir senda torcida, se derrama 
:na, y forma vasto caracol. 

11 va Gonzalo, y con esfuerzo 

) al potro en la pendiente p^ra, 



Y cual si un eneroigo divisara 
Lleva U diestra al sable el espaflol. 

Al rayo de la luna que dibuja 
Su luenga sombra en la pardusca roca , 
Vese mover su convulsiva boca, 
y su faz cadav^rici vibrar. 
Mas luego con desd^n suelia el acero, 
Al estrellado firmamento niira, 

Y con la mano tr^mula de Jra 
A los cielos parece amenazar, 

j Mas vedle alli ! ; que ya otra vez asoma 
Dominando el altlsimo peiiasco ! 
;0h ! {cu&l relumbra el argentado casco 
Sobre el manto de negro vellori ! 
[Adids! ;adt63! jque rjpido galopa, 
Et corcel empujando hacia el abismo ! 
; Adi6s! jadids! [que en un instante mismo 
Muerte y alivio va & buscar alli ! 

Ya llega al precipicio, ya en la orilla 
Contempla ufano el vortice profundo 
De la sima espantosa, do iracundo 
Hierve el torrente en turbio borbotfin. 
— [A morir! — grita en extasis demente; 
Pero ante el borde, que 4 su peso cede, 
El caballo espantado retrocede 
Sordo i la bnda, sordo al aguij6n: 

Saltado el ojo, eriza la melena, 
La espesa cola encoge zozobrado ; 
Tiembla de pies y manos azogado; 
Bufa poniendo en arc3 la cerviz: 
La inquieta oreja hacia el peligro vuelta, 

Y el ancho pecho cdndida de espumi, 
Brota de fuego una radiante pluma 
De la convulsa, anchisima nariz. 




1 



5 

(M 



— 99 — 

Las ijadas rasgdndole A e^polazos, 

— i Oh ! mil veces cobarde y raaldecido— 
Exclaraa el castellano enfurecido : u 

— I Quieras 6 no, conmigo moriris !— 

Y al acero llevando la impia diestra 
Va i, desnudarle, el alasdn lo siente, ^ 

Y partiendo al sonido, de repente 
Salta i, derecha, d izquierda, al frente, atris. 

i 

Ya en el pie sostenido, ya en la mano , % 

En corcovos listisimos se mueve ; | 

No hay posici6n que rdpido no pruebe ; 
Siempre en el aire estremecido va : 
Contra la roca, el pedrej6n, el tronco, 
Se azota, y se alza, y clivase, y palpita, | 

Y bufa ronco , y la cerviz agita ; ^| 
Mas siempre d plomo el castellano estd. 

En la izquierda la rienda, en el estribo 
Firme la planta, amargo sonrefa, 

Y con la diestra la cerviz le heria 

Despreciando su vano frenesf 

Mas [ay I la planta en una grieta obscura 
Hunde el caballo, y se desploma, y rued a, 

Y herido, opreso, ensangrentado queda, 
Bajo su peso, el caballero alii. 

Rueda por largo trecho enmaraAado 
Entre el arz6n y estribo maldiciendo; 
Sordo retumba el monte al bronco estruendo 

Y hundese el mundo en sepulcral pavor. 
Las alas leves el silencio extiende, 
Sobre 61 desciende d guisa de fantasma, "I 

Y acento, aliento y pensamiento pasma, | 
Ahogando entre la sincope el dolor. | 

j Hele all! bajo el manto de la noche ! t\ 

i Entre el ser y la nada suspendido! || 

{Sin el corcel, que en libertad ha hufdo! j 

"1 

I 

1! 

•«i 

J 



jCon vida! i no ha podido ni morir! 
i Sin orgullo ! ; que e! alma esti march 
i Sin descanso! en desmayo solamente 
Que no descansa quien dolor no sieate 
Sin morir, sin pensar y sin vivir. 



ESPADA A ESPADA. 

CUADRO DUODECIMO. 

Aplazado et comba.te, Alvaro piensa 
En don Pedro tan solo: el buen anciar 
Estd tendido en la mitad del llano 
Bajo su tosco manto militar ; 
Su espada al lado, sobre el seno el bra: 
Las recias piernas juntas y tendidas ; 
A no verse en su pecho las heridas, 
Pareciera don Pedro descansar. 

Flotan del caaco en profusion espcsa 
Los rizos de su ciadido cabelio, 
Y al uno y otro lado de su cuello 
Se agrupan como lirios & su sien : 
Velados por los pirpados sus ojos 
En su entreceja pAlida y extinta 
Su postrer lucha con la muerte pinta 
Cierco gestu de orguilo y de desd^n. 

Llora i. su lado un niflo, cuyos ojos 
Azules contar&n ctforce abriles; 
En sus tiernas facciones intantiles 
Parecen las del viejo revivir; 
;Tan semejantes son! Alvar se Hega, 
Ante el cadaver p6strase de hinojos, 
Y, al pasarle la diestra, de sus ojos 
Vese una enorme Ugrima salir. 



lOI — 

Luego se aparta A recorrer el catnpo 
Cuando llega la noche, y sepultura 
Da i. don Pedro; en silencio i, la amargura 
De la venganza entrega el coraz<5a. 

Y en su corcel de guerra cabalgando 
Sale i, dar nuevo jscibulo i. su duelo, 
Buscando ^1 mismo en el sangriento suelo 
Qui^nes los muertos enemigos son. 

Por cinco caballeros escoltado 
De la alta luna i, la dudosa lumbre, 
Busca alivio i su inmensa pesadumbre 
Entre los muertos, con deleite atroz. 
En puntos varios sus oidos hieren 
La queja ronca, el grito gemebundo, 

Y del^itale el jayl del moribundo 

Y del herido la doliente voz. 

En medio de ese funebre concierto, 
A mirar los caddveres se inclina , 

Y sus rostros 6 insignias examina 
Con bdrbara y feroz curiosidad. 
Al terminac la falda se detiene 

Y dice: — iAdi6s don Pedro! jTe he perdido, 
Pero al sepulcro que te encierra ban ido • 
Mucbos a consolar tu soledad ! — 

Lu^go avanza, dejando de su escolta 
El importuno, innecesario apoyo, 
Y, solitario al borde del arroyo 
Si^ntase, en una piedra, d meditar. 
Asido por la rienda su caballo, 
Sobre el izquierdo muslo afirma el codo , 
En la mano la frente. De ese modo 
Venganzas suefia y burla su pesar. 

Estaba asi^ cuando del lado opuesto 
Mover las ramas siente. Un personaje 
De la sombria selva entre el follaje 



^ 



Emboscadodescubre; — jAltoI ^Qui^n va? — 

Exclama ya A caballo, y al oirle 

Fulmina. el arcabuz entre Us ramas, 

Y — Va la muerte, pues la muerte ilaflaa^— 

Una voz hueca le contesta alii. 

Mas huyen sin herirle.— |Haz alto, espera!- 
Dice Alvir, persigui^ndole— jcobardc! 
Vuelve A mirar siquiera, que ya es tarde, 

Y i ti el valor te falta, & mf la luzl— 
Sigue la escolta A Alvar, y ^1 grita siempre: 
— No huyas asf de una caricia pia; 

i Ven A probar tu lanza con la m{a , 
O toma tiempo y carga el arcabuz I — 

Siibito et fugitive se detietie, 

Y dice: — j Ven A ver si soy cobarde; 

Y aunque tienes escolta que te guarde, 

Y no hay ninguna que me guarde A mi, 
Aquf OS espero, i ti y a tus amigos ! 
Venid uiio en pos de otro, 6 todos juntos ; 
Que si en la liza no quediis difuotos 

No seri, no, porque te tema A ti. 

— Si solo estia i.fede caballero, 
No he menester, para vencerte, ayuda; 
Retirare la guardia que me escuda, 

Y quedaremos en el carapo dos. 

— 1 Venid , todos venid , me basto i todos I 

— jldos! — dijo don Alvaro. Se fueron, 

Y ya 61 y el inc6gnito tuvieron 
S61o testigo de su duelo A Dios. 

Viajeras nubes con su tardo paso 
Los rayos de la luna interrumpfan, 

Y i la dudosa lumbre se veian 
Las bruQidas corazas centellear. 
Un igil alaz4n gobierna el uno ; 
Leve es su cuerpo, negra su armadura, 



Y columpia su eldstica figura 

Como junco ante el viento, al cabalgar. 

Su cuerpo de castillo ostenta et otro, 

Y sus brazos atWdcos y diestros, 
En ejercicios bdlicos experlos 

Y en manejar indomito briddn, 
Hste revuelve el animal macizo, 
MientraS la luna con su luz platea 
La Toja plama que en $u casco ondea 
Da leve brisa al soplo juguetdn. 

Piranse frente i frente, y el de negro 
Dicele antes cort6s: — iOh! no te asombre 
Que yo me atreva A preguntar tu nombre.... 

Y Alvaro: — De vencido lo sabris. 

— Siento haber siJo tan cort^s contigo: 
Si me protege D os, en breve espero 
Saber tu nombre, job Fuerte caballero! 
y no vencido vencedor quizes. 

— Un temor excusable [Basta, basta! 

Cuando yo quiero platica y placeres, 
Graciosos busco, y neclos, y mujeres 
Que me diviertanj jenemigos no! 
— Silencio, pues, y gu&rdate — replica 
Con lanza en ristre el caballero airado, 

Y alzd la rienda, y el caballo hincado 
Fu^ COD furor, y con furor partio. 

Alvaro, en tanto, que su lanza habfa 
Abandon ado con segundo intento, 
Haciendo an repentino movimiento 
Evito el choque y le dejd pasar. 
Rozase el asta de la luenga lanza 
Apenaa con su cuerpo, A coHo trecho 
Par6 aquel su caballo con despecho 
Cuando del otro se sinti6 burlar. 



— Io^ — 

— No tengo lanza — dijole el tirano — 
Vuelye i enristrar, y venCe, que te eape 

— Pienso — repuso el otro caballero — 
Que i probar lanzas me retaste i mi. 
iCuil es tu arma? — La espada. No aco! 
Hacer de mi caballo una armerfa j 

— i Tu lengua ofende mis que tu osadia 
Puesto que espada quieres, hela aquf ! 

Y, asf dictendo, con desd^n arroja I 
Lejos la luenga y poderosa lanza, 
Con tal destreza y varonil puja:iza. 
Que el apra surca de fuigente luz. i 

— jHola! — objerva don Alvaro; — pare! 
Que si eres digno de lidiar conmigo ; 
Algo mejor maneja mi enemigo 
La lanza y el bridiin que el arcabuz. - 

Y a la par desnudando los aceros 
Con mano firme lentos se acercaron , 

Y con gracia y donaire saludaron, 
Como lo exige del honor la ley. 
Cada cual al principio con sosiego 
La defensa, el ataque, al arte ajusta, 
Cual dos mancebos que & amigable just^ 
Llama y obscrva su seflor y rey. 

Ambos se buscan y se evitan ambos 
Con la aguzada punta y dura hoja ; 
Ora se apirta diestro, ora se arroja 
Este, y el otro prevenido esti. ^^ ^ 

Ya los golpes menddos son, ya ciertos ; ^ 
Ya por los pomos quSdanse trabadas 
En ingulos sallentes las eipadas, 

Y el puflo duro con el pufto da. 

ToJo es arte y destreia — que el despfl: 
No ha venido & animarlos todavia ; 
Ni con rencor el corazdu laria, 



— I05 — 

irigaba ven^anza el corazdn. — 
ien los hidalgos combatientes, 
aman, casi, porque ya se admiran; 
a victoria y fl la vida aspiran , 
) odio, no es temor, es diversion. 

ipu^B de targo batallar se quedan 
ilemne reposo , deseado 
Jencio por ambos. Apoyado 
cual del brid6n en la cerviz, 
OS descansan pomo sobre porno, 
I noble descuido se reclinan , 
los estribos sin temor se empinan, 
ndo al aura aspiraci6n fdiz. 

ma seAal simpflttca, tornaror. 
DS & prepararse : no ae oia 
si rudo frotar con que corria 
bo d punta el fierro matador. 
f otro pretenden que su espada 
iga )a ventaja en la salida, 
el aliento, y atisbando cuida 
> perder la palma del honor. 

s Mente Alvir au acero aprisionado 

arriaz de la contraria espada, 

e la punta aguda estil trabada 

Tte en la enredada guarnicion. 

ecio! iTii desirmarmel — airado exclama, 

irazo fuerie con desd^n retira. 

inta al o.tro, al descubrirle, tira, 

% al rostro, y hiere al campe6n. 

ta rota en pedazos la visera , 
igre tibia de la herlda frente 
nfintale el pirpado doliente, 
. ciego lidia el infeliz. 
o se guarda ya, que la verguenza 
le sangre, y el sediento acero, 



Y marcar logra al jgil cabaDero 
Con repctida y honda cicatriz. 

Heridos ambos con furor se atacan , 
Sus aceros se chocan y golpean, 

Y ea loca acCividad rdampaguean , 
Bajan, subcn, rechinan sin cocnp^. 
Ya estocadas violenCas, ya fendientes, 
Se dan ; van , vienen , vuelven y rebotan , 
(!) en remolinos anulares rotan, 
Relampagueando en convulsidn tenaz. 

Es la lid espantosa : ya la sangre 
Del esbelto adalid el peto empafia ; 

Y se acercan , se juntan, y en su safla 
Golpes sin arte y sin piedad se dan. 
Con lo8 brazjs tendidos, lo^corceles 
Se olvidan de regir, y en su dcspecho 
Se abrazan, y luctiando pecho a pechu 
A la merced de los brldones van. 

Los aniniales lasos se aproximan, 
Del natural instinto gobernados, 

Y dindose los humedos costados 
Tienden los cuellos afirmando el pie ; 

Y hacen del lomo generoso un campo 
Donde el rencor por el rencor se encienda , 
Mienlras la iniitil, la flotante rienda 
Entre sus crines ondular se ve. 

Cuatro veces AlvSr a su enemigo 
Crey6 tener seguro entre su abrazo, 

Y cuatro veces del esirecho lazo 
SolCose con destreza y rapidez. 

Y siempre que fil con ansia le aferraba , 
Del nudo fuerte estotro se escurrla, 
Cual de la mano que apretarle ansia 
Se escapa en agua resbalanJo el pez. 



— 107 — 

Saltan los petos de ambos, y se erizan 
De agudos y punzantes gavilanes, 
Que de la recia lucha en los afanes 
Hieren al uno y otro campedn. 
Fero ellos no lo sienten; estin sordos 
Sus cuerpos al dolor, y su existencia 
Cobra nuevo vigor en la violencia 
De una insana y febril exaltacidn. 

De Alvaro en tanto la melena espesa^ 
De negra sangre y de sudor cuajada, 
A la rota visera esti enredada 

Y adherida A las llagas de su sien; 

Y los pedazos de metal pendientes 
Sobre sus ojos hiamedos golpean, 

Y les impiden que al contrario vean, 

Mientras colgando por su frenteesten. 

» • - 

Por el m6vil estorbo fatigado, 
Lanza una nialdici6n: entrambas manos 
Lleva iracundo A sus cabellos canos 

Y va cl arrancarlos con rabioso aMn ; 
Mas pierde el equilibrio y se despefia 
Del cabal lo don Alvaro rendido , 
Oue en el arz6n con furia sacudido 
Cede como la encina al huracin. 



Vencido yace: el cuerpo estd vencido, 
. Pero el orgullo no. Si el barro inerte 
Sucumbe, el alma, respirando muerte, 
Muerte le pide en gracia al vencedor. 
— lQ\ii6n eres?— le pregunta. — Soy cadaver, 
Porque vencido estoy. — jPor Dios, responde! 
Algun misterio tu existencia esconde ; 
Yo te miro con lastima y dolor. 

— Corona tu victoria; da la muerte; 

jNo me importunes mis! — jPor Dios, contesta! 

— No, no contestard; que esa respuesta 



Me degradara; en mi derecho estoy. 
— jTe lo ruego! Tu sangre derramada 

Me inspira horror. — Para eso la he vertido 

Pero ^;qui^n eres tu, que me has vencido? 
— ^Yo, Gonzalo de Oy6n. — jTu hermano soy! 

— iHermano jhermanol [Y yo tu seno amigo 

He heridoj jYo! \Y tambien esti mi mano 

Tenida con la sangre de mi hermano! 

iPiedad, oh Dios! jDon Alvaro, perd6n! 

Sf, perdona d tu hermano; da la diestra 

£n prenda de amistad al delincuente 

jNo, delincuente, no! Soy inocente: 
Limpio de crimen tengo el coraz6n 

Pero di, £me perdonas? — Nada tengo 
Que perdonar. Has hecho^justo alarde 
De tu valor. Si fueras un cobarde, 
Me avergonzara de tu raza en ti. 
Contra ti no hay venganza: eres el hijo 

De mi padre y seflor Dame la mano 

Al fin vencido estoy; pero es mi hermano 
El unico rival que hay para mi. 

Siempre es Oyon el vencedor [No importa! 

jHieres bien, mi Gonzalo! No crela 
Tan robusto ese brazo todavia ; 
jEres muy joven, pero hieres bien! 
Si; con mis aflos, tu victoria hubieras 

Con mi muerte infalible seAalado 

Aun no es firme tu pulso — ;Me has dejado 

Con vida y sangre y con vigor tambien! 

Mis labios arden L16gate al arroyo 

Y dame agua, Gonzalo Montaremos 

Despu^s nuestros caballos, y estaremos 
Juntos y del dia hasta el primer albor. 

Dale agua d mi brid6n ; Fuerzas me sobran ! 

Vuelve quiero saber tu desventura 



i^ 



odo hermanos: en bravura, 
1, en destierro y en dolor ! 

iS gruesas ISgrimas los ojos 
, y le baflan la mejilla; 
npio arroyo hacia la orilla 
ena el casco , y se lo trae. 
I interis, gota por gota, 
engfica derrama 
OS que la sed tnflama 
la deleita cuando cae. 

go las hierbas generosas 
, cicatrizan las heridas, 

nalivo conocidas , 

sabe distinguir tambi^n. 

.olfcito, y le arrima 

de un roble. Fueron lecho 

las hojas, y en el pecho 
1 recltn6 la sien. 

I el sueflo plAcido y qufeto 

inte bilsamo del aura 

laca y su vigor reslaura, 

> en sus pies diciendo: — [Adids! 

izalo ! Cuando el sol tres veces 

< en Eu carrera diaria, 

ma vega solitaria 

mos & encontrar los dos. — 



:ri 



UTitRREZ GONZAlEZ. 



A JULIA. 



viniiDos i la vida, 
losura y yo de amor ; 

tu & rof veDcida, 
r fin juntos los dos. 

1 Riansas, adormidas, 
en tranquiU mar, 
itencias siempre unidas 
; la vida van. 

1 brazo, indiferente 
ni resuelto pie ; 
la Aspera pendiente 
temes cuer. 

mi mano, paso i paso, 
lescuido al porvenir, 
ar al triste ocaso 
estra ventura fin. 

ro sonreir sonrlo, 
leno angelical; 
orazdn, que es mfo, 
quilo palpitar. 



n 

^ 



If* 



— 114 — 

Y la ternura y el amor constantes 
En tu limpia mirada vense arder, 
Al trav^s de dos ligrimas brillantes 
Que temblando en tus pirpados se ven. 

Son nuestras almas mfstico ruido 
De dos flautas lejanas , cuyo son 
En dulcfsimo acorde llega unido 
De la noche callada entre el rumor ; 

Cual dos suspiros que al nacer se unieron 
En un beso castisimo de amor ; 
Como el grato perfume que esparcieron 
Flores distintas y la brisa uni6. 

[ Cudnta ternura en tu semblante miro I 
i Que te rairen mis ojos siempre asf ! 
Nunca tu pecho exhale ni un suspiro, 
Y eso me basta para ser feliz. 

[Que en el sepulcro nuestros cuerpos moren 
Bajo una misma Idpida los dos ! 
; Mas mi muerte jamls tus ojos Uoren ! 
1 Ni en la muerte tus ojos cierre yo ! 



X850. 



^ 



iFOR OUE NO CANTO? 

A DOMINGO DfAZ GRANADOS. 

^Por qu6 no canto? ^Has visto i. la paloma 
Oue cuando asoma en el Oriente el sol 
Con tierno arruUo su canci6n levanta, 

Y alegre canta 
La dulce aurora de su dulce amor ? 

Y ^no la has visto cuando el sol se avanza 
Y ardiente lanza rayos del cenit, 



.» 



edad prtmera, 
anos la edad , 
idiscretos, 

!t09 

epultar. 

lei placer salimos, 
ler amor, 
cantamos 

IS 

de una cancidn. 

ro placer guardamos, 
sr pesar; 
lad el lUnto, 



ido asilo 
;6n gozar ; 
'es presta 
lesta 
feUcidad. 

batatilla, 
3ta flor? 
ibio no m bra ; 
mbra, 
luz del sol. 

su pecho sicnte 
rimer amor ; 
]ue, herido, 



Tf-- 



— ii6 — 

Porque la lira, en cuyo pie grabado 
Un nombre amado por nosotros fu6, 
Debe i los cielos levantar sus notas, 

6 hacer que rotas 
Todas sus cuerdas para siempre est^n. 

i Pero cantar cuando insegura y muerta 

La voz incierta triste sonardl 

jPero cantar cuando jam^s se eleva 

Y el aire lleva 
Perdida la canci6n, triste es cantar ! 

i Triste es cantar cuando se escucha al lado 
De enamorado trovador la voz ! 
I Triste es cantar cuaudo impotentes vemos 

Que no podemos 
Nuestras voces unir i. su canci6n ! 

Mas tu debes cantar. Tu con tu acento 
Al sentimiento mas nobleza das ; 
Tus versos pueden ficiles y tiernos 

Hacer eternos 
Tu nombre y tu laijd { Debes cantar ! 

iCanta, y arruUe tu cancion sabrosa 
Mi silenciosa, humilde obscuridad! 
i Canta^ que es s6lo k los aplausos dado 

Con eco prolongado 
Tu voz interrumpir! Debes cantar. 

Pero no puedes, como yo he podido. 
En el olvido sepultarte tii ; 
Que sin cesar y por doquier resuena 

Y el aire llena 

La dulce vibracion de tu laud. 



No hay sombras para ti. Como el cocuyo, 
£1 genio tuyo ostenta su fanal; 
Y huyendo de la luz, la luz llevando, 



eo p 
Am 
■anil 

bas] 



imp] 
ago: 

indc 
el VI 
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edac 



ode 

loll 
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bror 
ne e 



irda 
onit 



Correr los aHos de mi infanda vf ; 
Los pobl6 de ilusiones cuando jovei 

Y cerca de ellos aspire k morir. 

Sofi£ que aUt mis hijos y mi iulii 
jBasta! las penas tienen su pudor, 

Y nombres hay que nunca se prone 
Sin que tiembte con Ugrimas la vo: 

Hoy tambidn de ese techo se leva 
Blanco-azulado el humo del hogar; 
Ya ese fuego lo eaciende mano extT 
Ya es ajena la casa paternal. 

La miro cual proscrito que se ale 
Ve de U tarde 4 la rosada luz 
La amarilla vereda que serpea 
De sn montafia en el lejano azul. 

Son UQ prisma las ligrimas que [ 
Al pasado su migico color; 
Al trav^s de la Uuvia son mis bella 
Esas colinas que ilumina el sol. 

Infancia, juventud, tiempos tram 
Visiones de placer, sueflos de amor 
Heredad de mis padres, hondo rfo, 
Casita blanca y esperanza, iadi6i 



•Juntos tii y yo vinimos i la vidi 
Llena t6 de hermosura y yo de am< 
A ti vencido yo, tii i. ml vendda, 
Nos hallamos por fin juntos los dos. 



Fu6 desigual la uni6n de nuestro 
Yo con mis faltas, lii con tu virtud 
Tii dindome tu amor, yo mis pesai 
iOh! idebiste salvarte, sola, tiil 

Mas de ta vida en la penosa luch 
Va en el fin , como yo debes hallar 
Un consuelo supremo: Julia, escucli 
Si no como antes, nos amamos mas 



MEMORtA 

SOBRE EL CITLTEVO DEL MAfZ BH AN 



CAPfTULO PRIMBRO 

De los tsrienos propios paia el cultivo jr tnai 
lo8 barbechos, que decimoa ros 

Buscando en donde comenzar 1 
De un bosque primitive la espesu 
Treinta peones y un patrdn por j 
Van recorriendo en silenciosa tut 

Vestidos todos de calz6n de ma 
Y de camiaa de coleta cruda (l), 
Aqu6l i la rodilla, 6sta A los code 
Dejan sus formas de titin desnud 

El sombrero de cafla (2) con el 
Prendida de la copa con la aguja, 
Dcja mirar el bronceado roslro, 
Que la bondad y la franqueza am 



Coleta cruda.— Tela fuerte de eifiamo ain torcer. 
Sombrero de caRa.— Mecho con laa fibras de la hoji 



do por detfiks con la correa 
1 pantaldn sujeta & !a cintura, 
1 recado de sacar candela (i), 
1 repleto su carriel (2) de nutria. 

'ainado y pendiente del coEtado 
cuchillo de afilada punta; 
in, al hombro, con marcial despejo, 
abozo que en el sol relumbra. 

in eligen un tend6n de tierra (3) 
OS quebradas (4) serpeando cruzan, 
declive de una cuesta amena 
:argada de nraderas duras. 

an principio & socolar (5) el monte 
tones formados en colurana; 
varas distante uno de otro 
an de frente con presteza suma. 

fando (6) el calabozo A un lado y otro, 
^l^mpagos forma en la espesura, 
ibiles arbustos, loa hetechos 
bejucos por do quiera truncan. 



indela.— En rigor ests fraM es perfectamente castiia; pei 
:1 mio del pals, >e advierie que en Antioqufa quiere deci 
a para encender lumbre. 3egAa U Academia, lumbrw. 
de sacc hecho con ta piel de un animal y que muchos antii 
I hombro, suapendidj de una faja, 6 amanado al cinturt 
lirve para conducir varios objetos de U30 diario. — Guamit 
-Llamaa asl los trabajadores una Taja de terreno de algui 
mente se prefiere, par circunstancias cspeciales, paia haci 

na, no b6Jo en Colombia , liao «n casi todos los pals«9 su 

en Antioqula, quierededr corlar todai las malezaa, arbu 
sque para dejar claro el espacio y aislados los irboles m; 
;aura, iiwo/ar), que no lehallaen el Diccionario de la Ai" 
irios Estados de Colombia. 



Las matambas (i), lo 
^ue formaban un toldo 
Fodo deshecho y arroll; 
Del calabozo i la encor' 

Con el Tostro encendi 
Los unos i los otros se 
[r sdelante at^res quie 
Romper la fila cada cua 

Cantando A todo peel 
I^ndiin sabrosa, dejatt' 
Ruda cual las montaAa 
Donde tiene su imperk 

No miran en su ardo 
^ue CDtre las hojas se i 
Y presurosa en «u sesg: 
Ziaii de azogue, abrilla 

Ni de tnonos observa 
Qae por las ramas jugu 
Ni se paran i ver de av 
Las mil baodadas de pi 

Ni ven los saltos de 1 
Ni las nubes de insecto 
Ni los verdes lagartos c 
Ni el enjambre de abej: 

Concluye la socola (; 

— Cafia nudosi, solidi y tw 

-Cbusques 

enetrablc— 

ho. — A vol en cuello. 

Canci6n provincial fe»iva ; 

tmit k noU 5 de la pigina ! 



xm 
lod 

Ilaji 
ind 

cdo 

n >i 



ass 
iliai 
nnar 
aril 



lus I 
xnt 



Cual lui 
Cual gr 

EIaz 
Yelyai 
Como p 
El man 

Ysoh 
Mecieni 
RecUy 
Que air 

Ved< 
Que el ! 
Divididi 
Y un ca 

Sual< 
No se o 
De una 
Se halla 

Enli 
La hact 
Mirac a 
Su com 

YSd 
Con gol 



I) fagua. — Arenilta fer 

i) Azuceno.— Especie d 
)> Flora azut — Bello ii 
Caunce.— Arbol de ci 
;) Yarumo.— Arbol ficoi 
tino por debafo, pera t; 



blando golpes sobre golpes, 
los ecos de la selva augusta. 

lias astillas y cortezas Isvts 
mente por el aire cruzan; 
golpe el irbol se estremece, 
Ian sus hojas, y vacila y duda..... 

bloroso un momento cabecea, 
n su corte, y en graciosa curva 
ca ii de&cender, y rechinando 
nas enlazadas se apailuscan; 

bando al caer, cortando el viento, 

azado por los aires zumba 

:1 troRco el pe6n apoya el hacha 
leno, al lejos, repedr escucha. 

res partidas observad. A un tiempo 
har una galga (i) se apresuran; 
: bldas distintas, el redoble 
del hacha en varledad confusa. 

fila de irboles picando (2) 
lerlos caer, est4 la turba, 
a de ellos, para echarlo encima, 
copudo por madrino (3) buscan. 

:ostando andamios en su tronco 
irtarlo i. regular altura, 
» bambas {4) y al andatnio trepan 
peones con destreza suma. 

lot c&mp«siiioa en un sentido Qgurado. En loa desmonMi 

esentada por una gran piedra, to es par numerosas Irbo- 

por cl poela. 

:1 hacha en el irbol ud corle en forma semicirculu' para 

gn at redbir el empuje por el I ado opueito. 

. mayor que se escoge para geiga. 

ilientes 6 protuberancias , re^larmente en forma de espi- 

irboles en la parte iafeiiok 'tronco. 



— 126 — 

Y en rededor del corpulento ; 
s hachas bsten y i compds at 
repiten hachazos sobre haclw 
1 descansar, aunque en sudo) 

Y veticido por fin, cruje el m 
el otro mis alii : todos i ana 
s ramaa extendidas enlazand< 
n otras ramas enredadas pug 

Y abrazando al caer los de ad 
atropellan , se enredan y se « 
as! arrollados en revuelta tro 
I trueno sordo, aterrador reti 

El viento azota el destrczado 
ves cortezas por el aire cruza 
embla la tietra, y el estruend 
va it perder en las lejanas gr 

Todo queda en silencto. Acat 
ido en red or desolaci6n anun 
lal hostia santa que se eleva : 
alza calbda la modesta luna 

Troncos tendidos, destrozada 
un campo extenso desolado a 
)nde se ven como fantasmas i 
IS viejos troncos, centinelas n 

CAPfTULQ saauNDO 



Un mes se pasa. El sol desde 
anda d la roza, vertical su ra 
I los troncos, las ramas y las 
in tostado los vientos del ver 



O lento sube ei 
Como bianco al 

La llama crei 

Y se retuerce ei 

Y silba, y desig 
Lenguas de fue 

Y el fuego er 
Por los vientos 
Se alza i los ci< 
Nuevas hogera! 

Ensordecen 1 
De las guaduas 
Del huracin el 
De las llamas e 

Y nubes sobr 

Y se elevan, el 
De un humo ni 
Pardas c 



Aves y fieras 
Pero encuentra 
El fuego, que si 
Estrechando su 

Al ave que si 
La encierra el 1 

Y con sus alas ( 
Junto del nido 

Aquf y alli & 
Buscando una s 

Se exaspera, se 

Y el fuego cien 

Del aire al so 



— 139 — 

llena el ancburoso espacib; 
perciben los oli^etos; 
rojo el sol se ve sin rayos. 

tnonte, la Roza y el contorno 
loche su calhido manto 
in las chispas del iacendio 
in cocuyos revolando. 

incieru lue de mil fogones, 
vivos del ardiente estrago, 
jos la quemada Roza 
de un ej6rcito acampado. 

de maAana los peones 
Roza, i tmprovisar un rancho (i); 
aigas arrieras (s) se dispersan, 
alts cada cual buscando. 

ando cargados con horqiietas, 
(3), soleras, encaflados, 
ia y ruedas de bejuco, 
un plancito amontonando. 

. recta clavan tres borquetas, 
bre ellas la cumbrera en alto 
ir el rancho vara en tierra (4), 
]uefio altar al otro lado. 

encaflados con bejuco 

i la libera por lo) agricultores pu« vivir en 1 
, Chacra. 

irmigai que, eo forma de recai. (vulgirmente a 
periectameale trazido haitael punto fijido pai 
, y por el cual, en grande orden, van lu unu < 
Lu otraa sin ca.rga en buaca de ella, Neuroptei 
gadoi d« madera reaistente. 
'Se llama asl una eipecie de choza cuyaa vans 
ir el un extremo en el luelo y por el otro en la | 
lo un alero, quedando el resto al descubierto. 



■r"'- 



En la larga cumbrera recostad 

Y formando sobre ellos una n 
Acaban de enUtar (i) con i^ 

Empezando de abajo para a 
El rancho en derredor van en; 
Pajas diversas con fund Idas mi 
Palmicho (2), saatain^s (3} y i 

Y despu^ de formar el cab: 
Lo dividen en dos con un ceri 
De un lado colocan la cocina, 
De habitacidn les serviri el co 

Haceh la barbacoa (5), en qi 
Las ollas, las cucharas y los pi 
Ponen la vara de colgar la cai 

Y las tres piedras de fog6n de! 

La piedra de moler en cuati 
Aseguran muy bien, y en otra 
Sientan una cu3'abra (6) apara 

Y d su lado, coo agua, un caL 

Es hora de sembrar. Ya los 

(i) EnUury empKJar. — Cubrir la aniuz6n del (echo 

(3) Palmicho.— Pal ma cuyas hojas ion muy ptopiu 
zoi, lUmula en alg^nai partes /nAniVJ/y en otrai fiab 

Ijl Satitaintfi. — PequcRa palma que tienc el mum 
Or«odoia. 

(4) Ribiborcado. — Planta de hojaa anchas, de form! 
aunque mis pequeRaa, cod una escoUdura en forma < 
muy propias para cubrir los lechos de lis babitadoues. 

(5) Barbacoa. — Aparador de cahas 6 de guadua en 
de cocina. Voi procedente de las Antillas. 

{6} Cuyabra. — Utenailio becbo por loa campesinos c 
para loi luoi domtfaticos. En otrxu partes Be le da el m 
vox qu'cbua. BaHgaaa en Centro America y en la cotU 

(7) Aparadora. — Recipiente. 

(S) Calabizo.— Uoa calabaza seca y hueca en que » 
domisticoi. 



ibndor 
lie del n 
iacuatr 

it6n de ] 
la di^tr 
dalasei 
), dema 

recatdn 
cubrtr d 
lo, en re 
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OS en gi 
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ERCEKI 
B.y prov 



n el vec 
lilo repi( 
12a ya h< 
IT de ml! 



:mbrarse. 1 



- 132 — 

Hoy han resuclto los vednos todos 
Hacer i la patrona rogativa. 
Para pcdirie que el verano cese, 
Pues Uuvia ya las rozas necesitaa. 

De golpe (i) el gran rumor calla en la plaza. 

El sombrero, 1 !a vez, todos se quitan 

Es que i la puerta de la iglesia asoma 
La procesi6n en prplongada fila. 

Va detrfls de la cruz y los ciriales 
Una imagen Itevada en andas limpias, 
De la que sJempre, aun en imagen tosca, 
Llena de gracia y de pureza brilla. 

Todo el pueblo la sigue y en voz baja 
Sus oradODcs cada cual recita, 
Suplicando i los cielos que derramen 
Fecunda lluvia que la tierra ansla. 

I Hay algo de sublime, algo de tiemo 
En aquella oracidn pura y sencilla, 
Inocente par&frasis del pueblo 
Del cdanos hoy el pan de cada dfa!» 

Nuestro patrdn y el grupo de peones 
Mezclados en la turba se divisan 
Murmurando sus rezos, porque saben 
Que Dios su oreja S. nuestro ruego inclina. 

Pero no, Yo no quiero con vosotros 
Asistir i esa humilde rogativa ; 
Porque todos nosotros somos sabios, 
Y no queremos asistir A niisa. 

y ya la moda va quiundo al pueblo 
El linico tesoro que tenia. 



De golpe.— De repente. 



uda me queda solamente : 
[u^ le pagari lo que le quita?) 

:aron del malz en cada hoyo 
cuatro maticas amarillaa, 
m dos hojas anchas y redondaa 
rna mata de frisot abriga. 

dcada de estrellas de esmeralda 
Ic^os la roza se divisa; 
real de terdopelo aegro 
s espaldas de un titin cobija, 

rlonados (i) sus airoios pli^ues, 
dos de cafladas y collnas ; 
. bumo argentado de su rancho, 
. quebradaa con la bUnca data. 

nafz con las Uuvias va creciendo 
ido de verdor y lozanfa , 
orno d^l, eatapizando el suelo, 
:aendo la hierba eatretqida. 

doquiera se prendeo los bejucos 
1 silvestre enredadera estira ; 
lorida espiral trepando, eavuelve 
Aas del malz la batatilla (3). 

re esa alfombra de amarillo y verde 
imeros retoaos se divisan, 
n grupos brotan del cortado troDCO, 
;n su savia exuberante quitan. 

11^ la deshierba (3); la aocha roza 
3nes invade la cuadrilla, 



Y armsdolde azaddh y call 
La hierba toda y la maleza! 

Quetja el iiia'fz en toda si 
Mostrando 9u verdor en lar 
En lai cuales se ve la frisol 
Con lujo tropical entretejid 

I Qa6 belto es el malz ! M 
No aos deja adihirar su brzi 
Ni agradecer al cielo ese pr 
Sdlo porqae to da todos los 

El doQ primiero que «con 
Al Nuevo Mundo el Haced 
El m^ vistoso' pabelldn qu 
De la virgcn America en la 

Coiitemplad una mata. A 
De su cafia robusta y amari 
Penden sus tiemas hqjas ar 
Por el atqbiente juguet6n i 

Su pie desnudo los anillo 
Que i trecho igual sobre si 

Y racimos dededos elegant 
En losi^uales parece que se 

Mis distantes las hnjas h 
M^ rectas y agrupadas hac 
Donde etnpieza A mostrar t 
Sus blancos tilos (a) la prin 

Sunf^nte i. una joveh d 
De esbeltas formu y de fre 



(t) Frisolera.— Mttm de frlaoL 
(1) Tilo.— Yem> flonl. 



— 135 — 

Rodeada de alegres compafieras 
Rebosando salud y ansiando dicha. 

Forma el viento, al mover sas largas hojas, 
El rumor de dulzura indefinida 
De los trajes de seda que se rozan 
En el baile de bodas de una nifia. 

Se despliegan al sol y se levantan 
Ya doradas, temblando, las espigas, 
Que sobresalen cual penachos jaldes 
De un escuadr6n en las revueltas filas. 

Brota el blondo cabello del filote (i), 
Que muellemente al despertar se inclina; 
El manso viento con sus hebras juega 

Y carifioso el sol las tuesta y riza. 

La mata el seno suavemente abnlta 
Donde la tusa (2) aprisionada cria, 

Y alii los granoSy como blancas perlas, 
Cuajan envueltos en sus hojas fina^. 

Los ch6colos (3) se ven d cada lado, 
Como rubios gemelos que reclinan 
En los costados de su joven madre 
Sus doradas y tiernas cabecitas. 

£1 pajarero (4), nino de diez afios, 
Desde su andamio sin cesar vigila 



(1) Filote. —El fnito del mafz en la primera ^poca de su desarrollo y cuando ape- 
nas comienza i preseotar en su v^rtice las blancas fibras que luego han de constituir 
su cabellera. Parece voz mejicana. 

(2) Tusa. — El eje esponjoso y ligeramente lefioso de la mazorca, en donde se for- 
man los granos de mafz. 

CS) Ch^colos. — La mazorca en su estado tierno, pero con los granos ya formados. 
CAoclo^ voz quichua, en varios paises. 

(4) Pajarero. — Es el nombre que se da 1 cualquiera persona encargada de espan- 
tar bandadas de pijaros para que no devoren el fruto de las sementeras. Por lo re> 
galar son muchachos de poca edad los encargados de esta tarea. 



Las bandadaa de pijaros 
Que bambrientos vienen 

En el extremo de una 
Col oca su sombrero y su 

Y silbando, y cantando, ] 
Dias enteros el sembrado 

Con su churreta (i) de 
Que fuertemente al agita 
Desbandadas Us aves se < 

Y fugitivas corren las an 

Los pericos en cfrculo ' 
En caprichosas espi rales { 
Dando al sol su plumaje i 

Y al aire su salvaje algar: 

Y !obre el verde manto 
El aniarillo de los toches 
Cual onzas de oro en la c 
De una mesa de juego re] 

Medtodose galin y eni 
Gentil turpial (4} en la fl 



(i) Chuireu. — S« llama >■[ una cu«rda medial 
terminada en una «tpecie de fleco it pincel Gbn»i 
6 Mate venir la bandada de avw que ameniiaD < 
Tipido y circuUr de derecha i izquierda, de repe 
pan hacerlo en lentido inveno, obteoiendD de es 
extiende i gran diitancla y que espanta y hace 1 
nerM ea la gementen. El lanido obtenido ei lem 
pero mucho mii intenw. 

(1) Guaica, — Corteia GlamCDtoaa de algnnos i 

(3) Toche. — Bellliimi ave ds color amarillo y 
cultivadoi de Colombia, principalmente en loi 
por lo meno) media. Gtnero Ictenui, familia con 

(*) Turpial. — Pijaro de color amarillo claro y I 
sionado. Ctatio Ictenu*, familia coniiroitroi. 



CAPlTULO C) 

De la recoleedda de loi fm 
■UmMitarM Io« tn 

Ee un alegre amanec 
El sol no asoma, pero ] 
Per el Oriente el aploa 
Cod la sonriea de su lu; 

Ya di6 el gurrf (i) si 
Largo y agudo, en la v 
Ya la Roza se va cubrit 
Con los jirones de su cl 

Lanza la choza cual ] 
La vara de humo que s 
Es que antes que el sol 
Se levant6, al fog<3n, la 

Ya tiene preparado e 
Cuando el pe6a mis th 
Chocolate de harina (s 
Recibe c^da cual, con i 

Van i coger frisoles ; 
Los peones sin orden si 
Cogiendo i manotadas 
Que de las matas enrec 



rt. — Espccie de pavo rilreitre, llami 
aburri, orden de lai gmllinlceii. 
icoUte de barJDk. — El chocolate ord 
maft para hacerlo ait econbmico. 

o negro. — Vt«ij> hecha cnn U cim 
ra. Se uw entre oiapeiiDOt pu> to 
tpa^Pin de milz. 
not«d>i. — Puflados. 



— 140 — 

Su seno promiaente i medias cnbre 
La camisa de tela de arandela, 
Ea donde se sepulta sa rosario 
Con sua cuentas de oro y su pajuda (i). 

Ud tanto cortas, negras y brillantes, 
De su negro cabello las dos trenzas, 
Rematando aus puntas en cachumbos (3) 
Graciosamente por la espalda cuelgaa. 

Pero vedla cascando mazamorra, 
6 inotiendo en su troao, que es la piedra; 
A su vaiv^n cachumbos y mejillas, 
Arandelas y seno, todo tiembla. 

Aireglado el fog6n, alza dos ollas, 
Y los irisoles echa en la pequefla; 
Va en la grande i poner la mazamorra, 
De su quebacer la operacidn mis seria. 

Se moja en agua-masa (3) las dos manos, 
Las pone encima de ceoiza fresca, 
Las sacude muy bien, y en la agua-masa 
Las lava luego y la ceniza deja. 

De agua-masa y arroz (4) llena la olla, 
Le echa la bendicidn, y la menea 
Con el abumado mecedor (5) de pilo; 
Sopla el fog6n y aviva la candela. 

Acaba de moler, y con la masa 



) Pmjuela. — Lamioiu de oro 6 de pUu. C 

■CO de 1> dentsului*, j )s otia p*T> el de loi oido*. 

1) Cachuinboi.— Tinbuionei. 

1) A|:tia-iiiB»,~Agiui can Uharioque remilu ■! I>v>r el m 

;) AttOi. — El malz caicida y Ikvado, 

.) Blec«dor,i~TP>leu de ouden. 



r 



Va extendiendo en' las manos las ar^as, 
Col6caias despuSs en la cayana ( i) 

Y tostadas de un lado las voltea. 

Y luego las entierra en el rescoldo, 

Y brasas amontona endma de ellas,. 

Y chdcolos encima de las brasas 
Pone & asar recostados i. las piedras; 

Estos se van dorando poco i poco; 
Los granos al calor se caponean (s) 

[Y exhalan ua olorl qae aun los peon 

Cuando vienen, un chtJcolo se Uevan. 

A las dbs de la tarde suena el cacho (3 
Para que todos hacia el rancbo vengan, 
Pues ya esti la comida. Van llegando 

Y en el suelo sentados forman rueda. 

EI muchacho que ayuda en la cocina 
Reparte i los peones las arepas; 
De frisoles con carne de mairano 
Un plato lleno & cada par entrega. 



En seguida les da la n 
Que algunos de ellos con la leche mezcla 
Otros se bogan (4) el caliente claro, 
Y se toman la leche con la arepa. 



(i) C>7iai.r-Vasijs redonds da bam>, mi* gnnde y mic pand: 
que sim pan U preparacidn d«l pan de milz. Eat> vox, quichtu 
tunbitfn CQ el Cauca. 

(a") Caponeane. — Abrirse lo» gnnos en forma de flor par la foil 
(3} Cacho.— Gnerno de re< en cujra eitremidad ddgada 7 abie 
'rigor para producir un lonido que se Inntmite i grao diitancia pi 






I. Bodna. 



(4^ Bogan. — Tiempodel verbo provincial antioqueAo Jojiar,por 
con iapid«z y lio deteaene. 



— 143 — 

Medio tnarto (l)'de dulo 
Les sirve p&ra hacer U sobr 

Y una tQtuma reboSaado de 
Su comida magalfica coropl 

[Sflve, aeguoda trinidad 1 
Salve, frisoles, mazamorra, ; 
Con Dombraros no mis se s 
«jNo muera yo sin que otra 

Pero hay [gran Diosl atgi 
Que 36I0 porque ban ido i 1 

Y ban comido jamdn y can 
De su comida y su niaez rei 

Y escritores parcilles y v 
De las papas pregonan la e: 
Pretendiendo amenguar la 
Con la calumnia vil, sin coi 

Yo qnisiera miiarlos en J 

Y presentarles la totuma III 
De mazamorra de esponjad 
Mis blancos que la leche ei 

Que metieran en ella la 1 

Y que de granos la sacaran 
Cual isia de marfil que en 1 
Co mo mazorca de nevadas ; 

Y que dejando chorrear < 
La comieran despugs, y qui 



f i) Medio ciurto. — La ocuv* parte d« una libia 

(3) DulM.— SutUucii. concrete que te wca del 

padiira ea Q,\Ai\, papttim en VeneiueU, chancaca ci 

(3) Melcochudo. — Blando, elistico y de coniiiU 

(4) J. E. Caro. 

(5) MarroquiD y CarraiquiUa. 



Que da el malz en variedad iamensal 

Empero coa la papa, la vil papa, 
iQat cosa puede hacerse? No comerla. 

A veces el patrdn Ueva i. la Roza 
A los niflos pequeflos de la hacienda. 
I>espu6i de conseguir con mil trabsjos 
Que coQceda la madre la liceoda. 

Sale la gritadora, alegre turba, 
A aststir juguetona i la cogieuda (i), 
Con carrieles y jiqueras (2) terciados 
Cual los peones sus costales Uevan, 

;Qui6n puede calcular las mil delicias 

Que proporciona tan labrosa fiesta? 

[ Amalaya ( 3) volver i aquellos tiempost 
{Amalaya esa edad pura y risueAal 

Avaro guarda el coraz6n del hombre 
Esos recuerdos que del nitio quedan; 
Ese rayo de sol en una c4rcel 
Esel tesoro de la edad provecta. 

Tambign la juventud recuerdos guarda 

De placeres sin fin pero con mezcla. 

Las memorias campestTCs de la in&ncta 
Tienen siempre el sabor de la inocencia. 

Esos recuerdos con olor de helecho 
Son el idilio de la edad primera, 



— L> recoIecci<)D de fnitos. 

-SicoB de cibnya para la condncci6a de vuios objetot ; Mpecie de 

daa an el Cauca y ea otr» pirtei/i^p-m. 

— Interjeccidn de deseo Tehemente, de la cnal le ha fonnado et 

1 amalayar. Origin ariimente le usd /akmalAayal p*ni ezprcuu- 

, J \>KgQ pail) i ligniiietT deseo de an bJea, y *impla deceo v«fae- 



Sirviendo de vivero u 
Las moras y guayaba: 
El oolumpio del guan 

La golondrina i la 
Alrededor de las tosta 
La queja del pich6ii a 
La siempre dulce repi 

La cometa enredada 
Los primeros perritos 

En fin vuestra vejt 

Pues no hab^is asistid 



(i) Railrojo.— Boaque de srbuttos. 

(,1) Gu»[no. — Arbol del ginero Ingi, Lo! 
gaalo en varios puDtos de Colombiii, to el E 

(i) P»ptyo.—kTiMl fniul de U familia 

^Dcro Aiimim. Recientemente se ha de> 

Be cztne del fruto, ei un magnlGco digesCiv< 

(Cum aotu Bilin >m|l(dH poi Uu Sm. D. Mi 



JlN ORTIZ. 



)AQUtN ORTIZ. 



ElA COLOMBIANA. 

a. voz de gran torrente 

ios acrecentado, 

es despeOado, 

sordador, rugiente. 

1 ? Se une i Ios ecos 

jaerrera 

ientos desatado, 

lenso de la esfera. 

imo seavanza, 

Bceros refutgente, 

OS reverbcra , 

>la, 

snhiesta y sola, 

in mortal bandera, 

Y Ios clarines 

e; retumba el trueno 

Imos confines. 

ignifica y sublime, 

e de Ios bravos 

;mada por el fuego 

»tes; 

le la patria idea ! 

I patria es saata, 



— ISO — 

Flote en las maaos que fiotare ; o 

Vo!viendo vencedora, 

Entre lluvia de flores 

Al son del himno que su gloria c 

de la adversa lid acaso vuelva.. 

1 Oh ! i De la patria la bandera es 

Y si hay un ciudadano que, penss 
En el secreto de su alma, diga: 
«[Esti en indignas manosI» esc p 
A su madre negar en su ira insan 
No tiene corazfin, y entre sus ven 
Empobrecid la sangre colombiana 

Cuando lanzar un pueblo Dios 
En la espl^ndida senda de la histi 
Da la seAal de marcha, y en la m; 
De sus caudillos pone 
El penddn que ha de guiarlo, cua 
Mand6 sobre Jacob la parda nube 
Que, flotando en el aire, 
Fu6 en el desierto misteriosa gufa 

Y en el velo que al sol en onda st 
Desarrollan los c^firos, escribe 
Con invisible dedo y caracteres 
Arcanos, que leer tan sdlo 6\ sabe, 
Cu^ su rumbo seri, si habri bon: 
Qa6 tempestad vendri, la hora d( 
La hora del cautiverio, 

La del rescate y de la gran victor! 

Puso en una las jguilas caudale 
Del claro, inmenso cielo emperatr 
Un hacedllo en otra de los rayos 
Que procelosa nube al mundo Ian: 

Y en otra derramfi de oro las Uses 
Como emblem a de fuerza 6 de esp 
O de dominacidn 6 de rutna. 

Asl i la verde Erina 
Did el arpa gemidora, 



Y cuando, Ueno de clemenci 
Dar una muestra de au amoi 
Mostrando al viejo mundo 
Este, hast a allf, velado paraf 
Llami5 i Coldn, y le mostrd 
De America al confia del Ot 
Al trav^ de las nieblas y hu 

Y tempested tremenda ; 

Y Col6n obediente, 
Venciendo el ciego caos, 
Cruz6 el fervido AtUntico a 
En tres frigiles naos, 

Y el penddn de Castllla g\of 
Plantd al fin en la tierra de 

Dios sacd de la inmensa m 
De nuestra tierra un hombrt 
Que distinguid entre todos: i 
De nobles pensamientos su c 
Su espfritu, tesoro inagotabl 
De fuerza y voluntad : &\ coi 
Del corazi^n de los demis la; 

Y elocuente sabia 

C6mo hacer poderosa su pal< 

Y asf, cuando de golpe apan 
En medio del combate, del i 
El pecho palpitaba, cual si v 
O la faz de su madre placent 
6 el bello rostro del objeto a 

El se llam6 Bolivar, y doq 
Fui simbolo del pueblo, en I 

Y bajo del dosel, y hasta qui 
Del mar ferviente hall6 la p; 
£n el silencio de la tumba st 
De su caballo al escucharse < 
Temblaba el corazdn, y i los 
De su fulmlneo acero se cubi 
De palidez las frentes, y doq 



ona 
indera, 
: Us fosas 
ndo; 

J repente 

radiosas, 
>do el roundo. 
icos hechos, 
uma colina 
x> incUna 
3 y llama ; 
s la fama , 
en la historia 

no ha pod id o 
'alor, ni en gloria. 



or tejida , 



egla 
ba frfa 

su alto ejemplo 
ue nadie 
oblea huetlas 
to templo. 

s la patria 
tnosa tierra 



irmes reposan 
icidas aras: 
I soberana , 



— '54 — 

Se en vol V id en la bandera colomi 
Y con amor profunda 
Pronunci6 Ileno de esperanza el i 
Del que inuri6 por libertar al hoi 



COLOMBIA y ESPj 

30 DE JULIO DE iSi 

Este es, madre Colombia, el be 
Que vuelve al mundo de tu glori 
y hoy, como ayer y siempre, sob 
De tu templo in mortal derraman 
Regocijados tus amantes hijos; 
Y hoy, como ayer y siempre, 
Resuena la armonfa 
De los himnos de triunfo y de al 

^Mas qu6 cantor, entre el egre 
De tanto amado de los cielos, bu 
Para ensalzar tu nombre? ^6 supl 
La llama de mi amor jamis extin 
A la armoniosa lira del Parnaso? 
jOhl que para cantarte dignamei 
Poderosa no fuera 
Del viejo Homero la robusta troi 
Ni de Mardn la lira Hsonjera. 
i y yo he de alzar loindote mi ac 
De tu gran dfa en la solemne poi 
iQai es la humilde retama 
Junto al baobab, patriarca de las 
Que su gigante mole saca al cielo 
^Qu^ el menguado arroyueto 
Que corre sin ruido, 
En la callada soledad perdido, 
En medio de los Andes, 
Con nuestro poderoso Tequendai 



abismo, brama 
i^oces grandes? 

irmenta horrible 

un mundo, 
6se un dta 
iribundo. 
If a, 

la muerte, 
mpo de batalla ; 
na, no podia 

metralla 
I ad rones, 
los trigos 
quedan , 

serfa 

camiceria : 

, y miedo, el llanto 
raaba; 

enciaatguna, 
lloraba. 

I glorioso , 
volviendo 
itoso, 
neo carro 
rceles, 
ibierto 
;les. 

le la patria, 
: sus brazos, 



IS pedazos. 
a venda, 

ilada y pura, 



-IS6- 

que el corazdn del hom 
■do del bien i la escabrc 
inU tnano del SeAor lo 
tonces comprendE c6mo 
ue viva y palpite su me 
I remota edad , graban s 
1 eterno mirmol de la I 

vi despu^s al h^roe enti 

un morir del sol, part 
uevo hogar en extranjei 
tonces comprendl lo qu' 
igratitud del coraz6n ei 

lien hechos tan espUnd: 
lal vlajero que i sus Ian 
ai$ de haber cumpHdo i 

1 gran sepulcro visitar d 
escucha con Animo dev 
ue puede decir : « Yo vi 
1 Calvario subf ; yo el n 
encerrd i mi Seflor em] 
que at6nito le oye, se Ji 
Lielto contemplarlo en u 
exhala los aromas 

1 remota tierra palestin; 

) ahora de los i^ltimos ti 
I virtud de aquella hero 
er de su obra el fin, cua 
ado en las ruinas 
n pueblo ya perdldo 
aturdid at mundo con e 
u gloria y poder, me co: 
veces alzo el canto, 
es de dolor, no tanto 
celebrar su gloria, 
o por dar al inimo aflig 
iuelo celestial con au mi 



- 157 — 

1 de tanto horror y duelo I 
IS y granizo 
1 tronando pasa, 
evasULcidn y ruina, 

que en ti hizo, 

guerra el fuego. 
ioplo airado 
)inbia & nuestros padres 

o; otros caj-eron 
ras, y la vida 
rindieron ; 
s 1o5 hogares; 

r y espanto, 
ticai y mudas, 
-fanos el llanto. 

rosotros 

tria, ii. qu6 tormentos 
estro amor? Congojas, 
as, desconfianzas, 
o, desdenes 
esperanzas 
onto como nacen 

somnio dolorosc^ 

jos; 

3 entre las sombras 

pago, y mil veces 

s 

izoAoso adbar...^ 

9to Bolivar. 

eldfa 

par el sol la bruma, 

de la espnma, 

I fragante loto, 



- 158 - 

La americaaa tierra 

Del fondo del Oc^ano prof undo, 

Y poder exclamar, ebrio de gozo: 

/ Gloria al Sefior! /He descubierto un mundo! 

iY qu^ cuando Bolivar, 

Al trav^s de los campos de la muerte, 

Llega por fin de donde el mar recibe 

Al Orinoco en amoroso abrazo, 

A la cima en que saca al firmamento 

Su frente de granito el Chimborazo; 

Y derrama la vista abajo, y mira , 
Cual salidas del bdratro profundo , 
Cinco grandes naciones, 

Y clamar pueda al fin, ebrio de gozo: 

/ Gloria al Senorf /He libertado un mundo! 

jOh jubilol joh placer! ;oh de la patria 

Antiguas fiestas, cuando 

De la borrasca la postrera ola 

Huy6 d perderse en el confin, Uevando 

La bandera espafiola! 

[Y no nos dividla fiero bando, 

Y era uno el pensamiento, uno el destine, 

Y unos nuestros altares, 

Y nos daba vigor una alma solal 

Entonces los comicios populares 
No eran sangrienta lucha 6 fraude artero; 
La majestad augusta del Senado 
Culto de amor mandaba verdadero, 

Y el labrador pacifico veia 

De su fatiga el fruto respetado; 
La ley amada con amor intense; 
De la Justicia en el altar ardia 
En perpetuo holocausto puro incienso; 
Formaba una cadena nuestro brazo 
Unido 1 los demds, y en paz profunda 
Repos^bamos todos complacidos 
De la madre comun en el regazo. 



— 159 — 

lora tan dichosos dias 
a y amistad son idos? 
iroaes distinguidos 
lid 6 en el consejo? 
nera del Apure, 
re todos los valientes? 
' iY ddDde el que la carga 
i intr^pido? Serfs 
n, oh patria mfa, 
inmortales n ombres, 

de dlversos modos, 
nmensa de Colombia, 
3 {a€ , los heroes todos ! 

ivictos! Su memoria 

1 no necesita 

riara 6 duro bronce : 
Ds gloriosos campos 
valor; sueoa en los ecos 
lot rios y montaAas, 
It de los volcanes ; 
p&ginas la historia; 
, en las canciones, 
llevan en sus alas 
ultimas regiones. 
el altar culto recibe 
ires redimidos alzan 
ud los corazones ! 

en vuestras quielas tumbas, 
de la patria mfa, 
-ec^ia! La grande obra 
fin esti cumplida ; 
rbar vuestro reposo 
icba fratricida. 

s sepulcros hace sombra 
ris, enlazada 
los y leones ; 



— l6o - 

Que el odio no es eteroo 
En los pobres humanos cora: 

Y lleg6 el dfa en que la mad; 
Estrechase i Colombia entre 
Depuesta ya la safia ; 

No sierva, no sefiora ; 
Libres las dos corao las hizo 
] Ah ! I ni c6mo podria 
Hallarse la hija siempre sepa 
Del dulce hogar paterno, 
Ni consentir la cariAosa mad 
Que tal apartamiento fuera c 

En esos afios de la ausenci 
El recuerdo de Espafla 
Segufanos doquiera. 
Todo nos ea comun : su Dios 
La sangre que circula por su 

Y el hermoso lenguaje ; 
Susartes, nuestras artes; la. 
De sus cantos, la nuestra; su 
Nuestros tambi^n, y nuestra: 
Las glorias de Batl6n y de P 

Si & veces distraldos 
Fijibamos los ojos 
A contemplar las hijas de C< 
En el porte elegante, 
En el puro perfil de su semb 
En su mirada ardiente y en < 
Meloso de la voz, eran retrat 
De sus nobles abuelas; 
Copia feliz de gracia soberan: 
En que agradabi entente se vi 
El decoro y nobleza castellan 

Y el donaire y la sal de Andi 

Y entonces exclam&baraos: U 
Terrible, Espafia, tienes; [pt 
Qu£ dulcemente al coraz6a d 



- i6i — 

1 santa alianza eteraa sea, 

Castilla y de Colombia 

el universe vea ! 

Colombia I que repitea 

r Ebro y Manzanares, 

. que rodando vaya 

OS mares 

jra 

i! con que d Ande atrueua 

inoco, el Magdalenal 



LOS COLONOS. 

ido Otero 6 verde rits 

de rloclamoroso, 

gitiva 

bosque y fresca grama, 

do diilogo quejoso, 

pumosa se derrama; 

en el denso torbellino 

) que alza galopando 

eroso, 

istante me e 



& estil Sus blancas, altas torrea 

:s de humo se levautan 

s techos, 

IS de irboles i trechos 

la su greftuda copa. 

lurar del pueblo llega 

mis, cual voz de un rfo 
lo de la uerra baja, 
s con su espuma arropa 
nbos fiero se desgaja. 

trote, 

ie los carros en las guijas , 
e gentes afanadas 



_i«4- 

Recogeri, saltaado ea leves oada 
El bianco rfo de menada harina, 

Ya que musa servil loores cant 
Al guerrero que at mundo en sai 

Y la corona & la virtud debida 
Doblando la rodilla hamilde cifii 
|Musa mla! levanta 

De £stos los nombres sin culpabi 

Y mi patria no ignore 
Que el inmenso bien debe 

A BriceAo y A Aguayo y i Acev 

Y de prez no menor dignos se hi 
Para ilustrar su nombre, 
Aquellos espaRoles que trajeron 
Los animales utiles al hombre. 
Junto al hogar medio apagado y: 
Adonnido el lebrel de noble raza 
Mas oiga el eco gemebundo aper 
De la armoniosa trompa de la ca 

Y veriislo paitir. La tierra toca 
El delicado muso, alarga el cuell 
Y, cual la fiecha que silbando ra: 
Con vivfsimos saltos atraviesa 
Tras la tfmida corza 6 suelta lieb 
Et llano, el bosque, el rfo, la alt 
Hasta que al fin la presa 
Vencida rinde y blrbaro apedaza 

iCon qu£ esti^pido pasmo no ^ 
El indio inculto por la vez primi 
El altivo corcel! No de la tromp; 
El ronco son espera; 
La leve oreja tiende 

Y el ficil cuello enarca 

Al rumor de los cdfiros de Mayo 

Y fbgoso, impaciente se enarmoi 
SAbito fuego su pupila endende 
Dejaudo ver de su ojo todo el bli 



-i6s- 

Atr^ echa la crin en ondas sueltaa 
Sobre el tr^tnulo flanco, 

Y libre del ronzal que lo aprisiona 
Vuda en el campo abierto ; 
Traspasa el seco erial, solo y desiertOt 
Con duro casco el pedregal trillando ; 
6 para en alta loma 

Y suelta su relincho sonoroso 
Si ote6 la yeguada desde lejos ; 
6 i la orilla d^l rio espadoso 
Tranquilo al ruido va del agua mansa, 
Con las brisas del monte jugoeteando, 
Por la alta grama de la fertil vega 
Que nuestro patrio Sogamoso riega. 

Mas icuH fu6 la espafiola 
(Pues mujer debi6 ser sensible y bella) 
Que« cual triste recuerdo 
De patria ausente 6 funebres amores, 
Pasando i, la comarca 
De la extensa y feliz Cundinamarca 
Trajo consigo el germen de las flores? 
D^benla nuestros prados y pensiles 
Verse alfombrados de las nuevas rosas 
Cuando en el cielo rfen los abriles; 

Y el clavel salpicado 
Con el murice tirio 

La altiva copa alzar en fr^il ramo, 

Y su manto ostentar, mds esplendente 
Que los del mismo Salomdn, el lirio; 

Y la albahaca, del hogar amiga, 
Que crece sin &tiga , 

Con su aroma empapar todo el amUente. 

Rasgando el aire mudo, 
Cuando apunta la luz del nuevo dfa, 
No bajari quqoso el s6n agudo 
De la campana desde excelsa torre 
A celebrar las glorias de Maria ; 



Mas del pajt: 
Saldri el clai 
Del gallo vi| 
Que salude e 
Que 9ube po: 
Tifi£ndose di 
y ver^ des 
Que su serra 
Con voz ama 
A recoger el 
Del rubio tri 
Como despui 
En la espadi 
Los frutos qi 
De las chlsg: 
En alas de 1< 
Cual en un { 
Por el Dlos 1 
Sobre un irb 
Debajo de ta 
De repente e 
Como una gi 
y de tanta a 
No cesa un [ 
Asf de la Mi 
Ctiando oyei 
Corren en to 
Enhiesta al i 
Que entre ta 
Descuella all 
|Oh! ni Plat 
En los anale 
Tras largos 3 
Lo que estos 
De los tr^mi 
Al pie del le 

No es bast 
De los santo: 



-167- 

;idn y an solo clima. 
e amor la pura llama 
n el pecho del salvaje, 
tea de la paz mostrando, 
ade Arauca se derrama 
f Casanare y raudo Up(a, 
soledad fertilizando. 
, cumbre siempre yerta, 
borrasca asordadora , 
fin el cintico sonando 
a Cruz reparadora , 
son las lenguas, 
son las tribus que mi patria 
Occidente basta la Aurora. 

Dayar<l su ardiente celo, 

>u^ de alzar templos suntaosos 

'adre Dios que esti en el delo, 

abHrln quietos asilos, 

e i los hu^rfanos 

> lecho i. los ancianos, 

1 puedan expirar tranquilos. 

3 aun! En su incansable anhelo 

IT la vida k las naciones, 
ituplicar la voz divina, 

ugaz 6 instable vuelo; 
e la cieccia, 

4 un tiempo y mal, y vida y muerte, 
r6 Guttenberg, eltos plantaron, 

tro, en la tierra granadina. 

Ime frescas palinas 

;r coronas 

a sien del vencedorl {Ohl idadme 

Tandflocuos concentos 

sus ignorados nombres; 

: los c^firos Uevados 

i los climas apartados, 



Sean amor y orgullo de los hombrest 
|A todo bien tribute de alabaazal 
jA toda noble laspiracida un caatol' 
Lo mismo al que coofiaado su foitutu 
A &igil tabla y i delgado liao 
Al Oceano C^rvido se lanza 
Hallaodo de la America el camtao, 
Que al que rasgando el florecido manto 
De la tierra el arado usd primero: 
lA todo biea tribute de alabanzal 
jA toda Doble iaspiradda un caatol 



VASCX) n6REZ de BALBOA. 



Hay UQ fnttmo gozo y un contents 
En vagar por las selvas primitivas, 
O con la luz de perla de la aurora, 
(^ por la tarde cuando el sol declina. 
Gime el desierto con su voz augusta; 
Entre el cafiaveral suena la briaa, 
Y se oye lejos el mugido ronco 
Del toro, padre de la grey tardia. 
Que al redil se recoge lentamente 
A la bora vespertina. 

Desde nifio gust6nie ver la luna 
XjCntamente cruzar el firmamento, 
Como una nave cdndida, impelida 
Sobre Ornas de nicar por el derzo. 
jCuintas veces pasada la tormenta, 
Desde elevada torre, vi los delos 
Recobrar su esplendor, mientras alzaban 
Los irboles doblados por el viento 
Sus ramos empapados con la Uuvia 
Y de firagauda llenosi 



— 169 — 

Record las sabanas solitarias 
Sobre corcel ind6mito y fogoso, 
Veloz como el reUmpago, revudto 
En densa nube de menudo polvo. 
Dasalado salvaba los torrentes, 
Que rebramaban con acento ronco, 

Y trepaba A la cumbre de los montes , 

Y miraba ocultarse poco A poco 

El bello sol del tr6pico en su tumba 
De purpura y dg oro. 

Y tambi^n me he sentado pensativo 
A par de melanc6lico sepulcro , 

Y he visto i la ababilla solitaria 
Volar sobre las cruces de los t^mulos. 
He seatido rodar la secas hojas 

Con sordo y melanc61ico murmuUOy 

Y vi la espina alzar sus corvos ramos 
Abrazando las tumbas, y del buho 
Escuch^, que se queja entre la sombra, 

El eco gemebundo. 

Me he sentado A la margen de un gran lago 
Siguiendo el curso vario de las ondas, 
Que acompasadas baten en la orilla 
La suelta arena y las silvestres ovas. 

Y he mirado en silencio y distraldo, 
En la opuesta ribera, alzar la corza 
Su enramada cabeza, y 1 las garzas 
Atravesar el lago majestuosas, 
Olvidando las penas de mi vida, 

En tu margen, oh Tota. 

Y al horde de tu horrible precipicio 
Me he sentado tambi^n, oh Tequendama, 

Y escuch^ con delicia el gran estruendo 
Que hacen en la vordgine las aguas: 
Imagen de la vida de los hombres 
Que i, hundirse van en tumba solitaria 



— I70 

Para volar despu6s i otnu 

Cual Us fugaces nubes que 

Y brillar , como brillan poi 

Iris de corvas alas ! 

Mas si naturaleza en tan 
Su original belleza nos ofr< 
Ya entre los bosques al cae 
Va en las quejas del ripido 
Ya en la luz de la luna soli 
Que en los antiguos Irbole: 
I Caio terrtlica y grande m 
' Dentro del corazdn del hoc 
] Qui cuadros en sus pigin 
Nos hace ver presen 

iQui abismo el coraz6n 
Sus mentirosas glorias y sc 
Jamds se oy6 rugir con ma 
EI ala de los recios huracai 
Cuando en medrosa noche 
La extensa soledad airados 
I Ay del pobre mortal que 
Como Jacob, batalla con el 
jFeliz al tnenos al cerrar Ic 
Si victorioso cae I 

Mas la historia no pinta 
Ni su interior atin, ni su n 
No recuerda su llaoto solit 
No rasga el velo A su inter 
jEl hombre es una rutna, i 
Que las de Babilonia y las 
Campo inmeaso, cubierto 
Pot tempest uosos ibregos 
En que el viajero no halla 
Ni UQ nombre en el 

Ved i NilAez Balboa abi 



Dura como el acero 6 como el miirmol, 
Crliadolo en la escuela de las penas 

Y los duros trabajos. 

jVedloI impivido trepa el agrio moote 
Que sirve de barrera i ectrambos mares, 
Abri^ndose camino victortoso 
For medio de la selva inextricable. 
Ya no se oye el murmullo de las olas, 
Ya no se siente el c6&ro sQave, 
Ya no se ven las purpurinas flores 
Su5 perfumadas copas dar al aire, 
Ya no se ve i los pijaros cantores 
Dar sus vuelos fugaces. 

Una naturaleza m<Ls augusta 
Grandes cuadros presenta ante los qjos. 
Barre fuerte buracdn aquellas sierras, 
Ziunbando airado en los desnudos troncos; 
Saltan en blanca espuma de laa rocas 
Puros y cristalinos los arroyos : 
Allf crecen el musgo y los helechos 

Y la espelecia de aroarillos copos ; 

Y el gavilan que habita eatre las pefias 

Pasa volando solo. 

Pero el color del delo es exquisito, 
Puro y azul, sereno y transparente, 
Como brlllantes son los sueflos gratos 
En que su alma magninima se mece. 
Delante va del escuadrdn pequeAo 
Con paao firme, con serena frente, 
Cual el briddn lozano en k yeguada 
Primero i los obsticulos se ofrece, 
Yalzando airoso la cabeza, corre 

Y 4 on lado y i otro voelve. 

Snbi6 al fin i la cumbre de los Andes, 

Y i bajar empez6 la alegre tropa ; 



73 - 

1 en los inc 
esa sombra 
irolvieron 
! las palom: 
la las liana: 
de las ondi 
que iba bui 
iboa. 

i cujra plai 
>nda marin: 
ro y gozo 
primera m 
>3 sus braz< 
la rodilla , 
iada 
legrla, 
<r la gloria, 
pita. 

fe sincera, 
itroces; 
su rey cum 
los espanol 
smpaflaban 
]uelIos hoc 
referlan 

fiez , i su t 



', amigos n 
/uestra hjn 
r apacible 
cuil dilat: 
do postrim 
vtsta encac 
[ue tenia 
leparadal 



|Yo tomo posest^D del Oceano 

For mi augusto monarca!* 

Esto dijo, y descieade espada en mano, 

Y i poco ya mojaban sus rodUlas 

Las aguas de la mar. La mar entonces 
Como un espq'o inmenao reluda; 

Y un hiaiQO de contento de sus ondas 
Sonando k la regi6n lejana iba, 

Que ve las altas torres elevarse 
Bajo el cielo purisimo de Lima, 

Y i las regiones ultimas, desiertas 

Que Magallaaes via. 

Muchas islas , cual bucaros de fiores, 
Flotando en esas aguas ve Balboa, 

Y las visits sobre frdgil balsa 

Que de silvestre junco y ramas forma. 
Sacan las Hijas de la mar cenilea 
La blanca frente coronada de ovas, 

Y le ofrendan las perlas exquisitas, 
Espuma de la mar cuajada en gotas: 
De amor y admiraci6n d6bil tribute 

A empresa tan heroica. 

Y vol6 el tiempo, y en su cursotrajo 
Un honibre audaz, esplritu sublime, 
Que asdende i esa atalaya de la tierra, 
Toma la clava ponderosa, y dice: 
«Yo romper6 la roca formidable 
Que el comercio del mundo basta ahora impide; 
y jnntando de un mar y otro las olas, 
A las naves dar£ trinsito libre, 
Haciendo verdaderas las hazaflas 
Del &buloso Alcides. 

»lY qu^! ino puedo yo romper el muro 
Que cerraba las puertas del Oriente, 
Obia en que desmayaron del Egipto, 




— 176 — 

Es la regi6n goajira, 
Donde naturaleza abri6 la mano, 

Y pr6diga verti6 de su tesoro 
Flores y frutos, y esmeraldas , y oro, 

Y hermosura y placer; i la que abraza 
Enamorado el f6rvido OoSano 

De blandas ondas al rumor sonoro ; 
Donde es divino el cielo que se mira 
Encima sonreir claro y sereno, 

Y regalada el aura que respira, 
Pura y vital^ regocijado el seno. 

Para el hijo de aquellas soledades 
Del alta sierra en albos grumos baja 
El afanoso rio que, entoldado 
Por drboles que vencen las edades, 
Roto entre el peftascal gime y borbota. 
Para ^1 amante cuaja 
En la cerdlea caja, 

Que guarda el mar en su profiindo seno , 
Cambiada en perla transparente gota. 

Y cuando el cielo inundan los raudales 
De santa luz con que el Oriente brilla, 
Despierta para ^l el almo coro, 
En el que oir se deja, 
Como reclamo de amorosa queja, 
La vencedora voz de sus turpiales, 
Entre las mil de inn&mera avecilla; 

Y hace para ^1 volar en el ambiente 
La fragancia que guarda 

En sus nectarios de oro 

La trepante, aromltica vainilla. 

I Y hoy esa tierra estd muda y ocultal 
jY hoy nadie traspasar sus lindes osa! 
I Y hoy esa raza que la puebla, vive 
Como las fieras; y ni luz, ni ciencia, 
Ni saludy ni verdad, nada recibel 



,nat 



yacen 

•ente 

ella, 



pan dioi 



rada, 
irgameo 



cielo 

suelo 
llanto? 
;rto 
brosa 

1 desiert 
iesan 




Otras, de pie, sobre el excelso escollo. 

En el arco apoyadoa, largas boras 

Pasan meditabundos 

Contemplando la mar que arrastra airada 

De sus oadas gravlsimas el rollo 

A rompcrse con ccos gemebuados. 

»iAy! y yo misma atravesar be visto 
Los senos de este pi^lago profundos 

A velas desplegadas una nave 

En una de esaa fu^ do aqui aportaron 

En los antiguos dfas 

Los humtldes discfpuloi de Cristo ; 

Los que con sus palabras de amor suave 

De la salud la seada nos mosCraron. 

Hoy, como siempre , miro 

Naves y naves desiilar veloces : 

Y hoy, como siempre, en vano yo suspiro 

Y en vano lanzo mis dolientes voces. 

I Vosotros , i ay I los que os llamiis cristianos , 
Los qae os Uamiis del desgraciado hermanos. 
Dad un altar al infeliz goajiro ! 

>La nave que ahora pasa y desparece 
Bh el llmite combo de los mares, 
Lteva tal vez los santos misioneros 
Que van A alzar en la i^ltima Oceania 
Al verdadero Dios tempio y altares. 

Y el que llega i esias playas, 
Mercader sin eatraAas, en retorno 
Del saludable bdlsamo y las perlas, 

Y del oro nativo y plumas gayas, 

Nos brinda armas mortEferas, y en copas 
En que el licor chispea, alegre vierte 
El suefio del espfritu y la muerte. 
|Y veis vosotros esto, y los atroces 
Dolores en que expire, 

Y no atend^is & mis dolientes voces ! 
^ Y todavfa OS llamards cristianos 7 




— i8o — 

iSr<«na.lignnia sola, si un suspiro 
Os merecen sus hados inhumano^^ 
Darin vuestros esposos, 
Que se precian de hidalgos j cristianos, 
Patria y altar al infeliz goajiroI» 



BOYACA. 



To conteinpl6 ooa pasmo religiose 
Alzarse el sol ardiendo en vivo lampo, 
Una vez y otra vez resplandeciente, 
jFamoso Boyaci! sobre tu campo. 
Ya los ecos salvages 
De tu colina bella 

No repiten del bronce el estarapido: 
Ya de tu antigua gloria en ti no hay hneUa; 

Y aquf se dieron cita 
Dos pueblos valerosos 

A definir una mortal querella; 

Y ^ste es el mismo do que, engrosado 
De las tormentas con las turbias aguas, 
Sobre la roca solitaria espuma, 
Donde enlazados en abrazo odioso 

En la liltima agonia 

Los cuerpos de los fuertes campeones 

Arrastr6 confundidos aquel dia. 

No hay tumulps aquf, no hay inscripdooet 

Que conmemoren tan heroicos hechos. 

Las cruoes de madera 

Con que la religion honr6 las tumbas 

Cayeron; ahora extienden los hdechf s 

Tan solo aquf su movediza copa, 

Y pasta mi coroel la verde grama 
Que de los bravos el sepulcro arropa: 

Y aqui, de noche, los labriegos oyen 
Suspiros en el viento, 

Tropelei de caballos desbocados 



— l8i . 



el retictin de aceros que w d 
lando se pone la. menguada Inna 
itK Ju D^ras nubes de Occidente, 
e1 can iadra i las sombras ti 



Lios Alpes gigantescofi, la barrera 
le eatre los pu^os asentd el ~ 

> atajaron el paso al £ero Anibal, 

I Trasimeno vencedor y en Canas, 

al gran Napoledn para cefliru 
: Marengo los Uuros 
I las campiOas f&tiles romanas: 
Uense estas empresos generosaa; 
le aqui bay mayor viitud y hechos ndsg 
mo i la ctma de los Alpes vense 

excelsitud enorme de los Andes. 

Desde dobde el Apttre al Orinoeb 
n Tonco eitTuendo su raudal tribata,- 
ista donde los A ades su cabea ' 
an OTbda de perpetoa nieve; 
mos inmensoB, caudalososTfos, 
ledad espantosa atravesando, 
Uvar salva, al espaflol buscando. 

Noel cielo, tristecoh el largo inTierno, 
le torna en mar inmenso las sabanasj 

> la inclemente tierra , en que del tigie ; 
lo ae v«n las huellas, 

Bolfvar detienen: marcha, abajo 
ledan los llanos; marcha, y i la CBinbre- 
epa de los gigantes de la tierra, ' 

pisa al fin la uberrima comarca 
! la bella y feliz Cundinamarca. 

Cual tempestad borrenda que camrna 
ibriendo con sua alas pavorosas 
3nte y valle, poblados y colina; 
1 obscuridad y el miedo la precedeo, . 



— I82 — 

El extermioio y muerte van cod ella ; 
Sopla abrasando el huracin; se raja 
La obscura nube donde duerme el rayo 

Y en ingulos de fuego corre y baja; 
Retnmbi rimbonibaado el rooco truenc 

Y de la tieira se estremece el seno: 
Asi BoUvar llega , y se presenta 

A la coDtraria hueste de improviso, 
Que,asombrada, lafuga en vanoiDtenl 
El hgroe, como el iguila, sedienta 
De sangre y de furor llena y de rabia, 
Que por doquier su presa enhambrecidi 
Sigue sin darle punlo de respiro, 
Cierra las sendas i cobarde hulda. 

Y se traba la Hd: la muerte cruda 
En ambos campos pasa la hoz aguda 
Inmolando cien vfctimas y ciento ; 

Y cuando en el hervor de la pelea, 

El tronar del cafldn cesa ua momento, 

De los heridos se oye la alarida 

Con triste guaya ensordeciendo el vient 

(^ la voz de Bolfvar conocida 

Que al combatiente infande naevo aliei 



El sol que en la micad de su c 
Vi<S empezar el combate, 
De purpura riqufsima en el velo 
Que en el p6rtico ti^ndese del cielo 
Ya con menos fulgor la frente abate ; 

Y la mortal contienda acaba sdlo 
Cuando llega la noche, y las estrellas 
Con su luz celestial baflan el polo. 

jOhl |qu^ espl^ndido triunfol jCuint 
Cuando el h€roe magninimo, 
En las noches sin sueflo, 
Solitario en su tienda se sentaba' 

Y el pensamiento inquieto revotvfa 
Al tiempo irrevocable, 



- 183 - 

hijas de su gloria. 
Junin y Carabobc 
r ante 61 vefa : 
iguna 
toria ; 

su brillo las estri 
I la fulgente luna. 

ntonce estar oyen 

1 entrc el redoble 

errero y las desca 

:rueDdo, 

ctoria, los quejid< 

riendo, 

tiar de los caballo 

en el campo vagc 

r de las banderas , 

, armas refulgent* 

humo 

ntonces renacta 
penas expirante, 
splendor por un i 
>unda 

na r&faga de vien 
[dad el aura santa 
lundos i nosotros 
•bre corazdn inun 
el martirio nos s 
: gloria nos levani 

Mas cierto 
, valor y patriolU 
pretnio mereciai 
idas el deber seve 
I canto de la fami 
sepulcro postrim 
Los claros nomb 
par pueden oirse 
on prez de otras i 



- 184 - 

Mis semidioses que bombreSj 
Camilos, y X^eonldas, y Alilcudei. 

Mas si tales la suerte y los destinot 
De nnestra raza son; y si el torrente 
Del tiempo en sus revueltos torbelliaos 
Consigo arntstra i. una 
De los mortales glorias y fortuna, 
Quedan con todo nombres 
Que eternos vlvirin entre las gentes ; 

Y el tuyo ;Boyacil iai consagrado 
A la iamoTtalidad en el gran dia 
Ed que Bolivar desnudd su espada 
En tu glorioso campo, 

Y dtsipd con victorioso Umpo 
De esdavitud la ceatenaria niebla 
En que Colombia mlsera yacla. 

[Oh Boyacd! iTu tesdmonio vtvo 
Erea de esta verdad asombradoral 
Vives; mas solo reioa en lu colina 
El sUencio sublime 

De augusta msjestadj si el viento gime,, 
S6lo la voz del rio aduladora 
Lleva , 6 la del cansado peregrino 
Que canta — y no i tu gloria, que ^ ignora— 
Por consolar la pena del camino. 



AL TEQUENDAMA. 

Oir ansi^ tu trueno majestuoso, 
jTremendo Tequendama! ansifi sentarme 
A orillas de tu abismo pavoroso, 
Teniendo por dosel de parda nube 
El penacho que se alza por tu frente, 
Que, cual el polvo de la lid ardiente, 
En conrundidos torbellinos sube. 



- i8s - 

Quise tambi^n mezclar mi aceoto d^bil 
Al grande acento de tus muchas aguas, 
Y, respirando el aire de tu gloria, 
Ensalzarte tambi^Q con voz ferviente, 
Mi lira haciendo digna de memoria , 

Y arrojarla despu6s i tu corriente. 

Heme aquf contempUndote anhelantQ, 
Suspenso de tu abismo : 
Mi alma at6nita, absorta, coofuadida 
Con tan grande impresidn te sigue ansiosa 
En tu glorioso vuelo, 

Y al querer comprenderte desfallece 
De tanta fuerza y majestad vencida. 

Tu voz es cual la voz de un Dios que pasma 
De asombro y de terror A las naciones ; 
Cual rlmbomba el cafl6n de la pelea , 

Y anuncia asf de lejos al viajero 
La horrida majestad que te rodea. 
Los ecos ensordecen y se cansan 
De repetir la horrisona armonia 
Que de ti suena en torno 

Cual si fueran los himnos de un tr'lunfo 
Lleno de pompa y b^lica armonfa. 
El iguila asustada alza sus vuelos 
Por el 6ter brillante ^ las montaflas 
Donde chillaa hambrientos sus hijuelos. 

Manso y tranquilo y sosegado corre 
Lleno de majestad , y de repente 
Cual drag6n infernal alza la frente, 
Sacude enfurecido 
Las vedijudas greflas, 
Se asoma al borde del abtsmo, y brama, 

Y se lanza iracundo 

De un abismo i otro abismo mis profundo 
Kn sab mas lumbrosas de alba espuma, 
A ser despedazado entre las pefias. 



— ,1-86 — 

La roca al golpe gime ; 
Hierve la onda atormentada y gira, 
Se rompe, se reviielve, se comprime 
Coa clamorosQ y desigaal estruetido, 
O como quien se queja y quien suspira, 

Y como el humo de una gran hoguera 
A torbellinos al olimpo sube 

De clara niebia en argentada nube; 

Y el poderaso acero 

De soledad en soledad, de un monte 
A un monte mis tejano, lleva el viento. 

El Jngel guardador de tus raudales 
Aqui, de tarde, i contemptarte viene, 

Y en ese altar de piedra que se avanza 
Lleno de algas, de espuma zarpeado, 

Se sienta, el ruido dc tu choque ojrendo. 
Su cabeza de juncos ven ceAtda 

Y de silvestres ovas, 

Y su capa de pdrpnra tefiida, 

Los moDtafleses, y oyen el concierto 
De su laiid divino , al brillo incierto 
De la pilida luna 
Cuando en silencio esti todo el desierto. 

jProdigio del Creadorl lohl jnada &lta 
A tu gloria! Pict6rico tiorizopte 
Delante se abre; antiguos como el mundo 
Los irboles se elevan en tu monte ; 
Solemnes armonfaa 

Resuenan en tu seno ancho y profundo : 
Flores, aromas, luz y movimiento; 
Aire esencial de vida en cada aliento; 
Un cielo claro encima, 
Como el alma de un nifio, ven los ojos; 

Y per diadema para ornar tu (rente 
Iris de oro, de purpura y diamantes 
Se cruzan sobre ti reverberantes. 



aqi 
ado 



>1< 



irdl 
Ico 
dia 
ti? 



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ido 



I hi. 
Tfai 



— i88 — 

Otra se pierde en el extrafio abrazo 

Con sangre de verdugos confundida 

I Naci6n ayer, no extstiri maflanal 

iY este rio caudal sigue corriendo 
Como corri6 desde la edad antigua I 
i Y el trueno aterrador que estoy oyendo^ 
Sonaba entonces como suena ahora, 
Duro, rabioso, asordador, tremendo, 
Como una eternidad devoradora, 

Y sonard cuando al sepulcro caiga 
Este hombre obscuro, d6bil, ignorado 
Que oy^ndolo i su borde estA sentadol 

i Oh ! |qu6 objetos I jel hombre y Teqpendama ! 
; £1 hombre sin poder , pincel ni aoento 
Cpin que pintar lo que su menteinflama, 
Que ayer nacido, vivlri un momeoto, 

Y mafiana en el polvo del sepulcro 
De su vivir se apagari la llama ! 

I Y esta tremenda catarata, etema, 

Con esa voz cual la de mil tamboxies, 

Cual ruido estrepitoso ~ 

De cien y.cien caballos triun£adores 

En el afin de una total derrota; 

Y ese hervir fragoroso , inextinguible, 

Y esa su roca, fir me, estable, inmota, , . 
Que alcanzari d los aflos de los aAos 

Y del mundo 1 la edad la mis remota! . 

t 

I m 

jCalma on momento el torbelllno raudo 
En que ruedas, oh rio, al ciego abismo« 

Y ese fr^gor y la explosi6n del trueno! 
jDisipa el pabell6n de negra nube 
Que cada instante di^ tu lecho sube . . 

.Para velar tu majestadl Mi alma, 
Mis deslumbrados ojos, mis oidos 
Sordos ya con el ruido de tus aguaa, 
Anhelan contemplarte un solo instaotie 



ii agradecidos ! 
belU 

i, horror sublime inspirs, 
era lecddn grande 
e con profunda huella. 
de virtud respira 
, capaz de mis se siente: 
glos sa memoria, 
, un santo 6 an po€ta ; 
-a 

onioso y tan sublime 
! brilla por tu (rente, 
triunfo que en ti gime. 



arre alzado, en noche umlirix, 
ido de su active leute, 
Venus U serena frentc, 
bsorto se vefa. 
in tanto en su 6rbita conia 
I luz entre un torrente, 
en su balanza omnipotente , 
I y fuerza audaz medfa. 
les del cielo que lo vleron 
B^uir las Claras huellas, 
pte mortal no lo tuvieron; 
6 su rodilla i las estrellas , 
qjos de iguila leyeron 
del Seflor escrito en ellas. 



L GOLONDRINA. 



e vienes ti^ con se^:o voelt), 
ndriaa, 



— iga — 

Ahora que el sol el espacioso cielo 

De fuego con raudates ilumina ? 

jDe di5nde vienes ahora 

Que el monte y la cotina 

Se ornan de nueva flor y nueva grama ; 

Ahora que el torrente fragoroso 

Por el campo oloroso 

Sus claras ondas ripido derrama? 

Ya pas(5 la estaci6n de las tormentas, 

Ya las alegres Horas van danzando, 

Y de array A o y flores mil coronas 
Sobre el paterno campo derramaado. 

Ese que ves tan verde y tan florido, 
Tu Otero conocido; 

Y ese en que tu ala fugitiva rasa, 
Es tu claro torrente; 

Y ese, tu dulce nido 
Que en el alar saliente 

Vuelves i hallar de nuestra pobre caw. 

jOh! [Sigue revolando vagarosa, 

Y sobre el campanario de la aldea 
Un memento reposal 

Desde allf todo el campo se domina, 

Y las tnieses que suave el viento orea, 

Y el lejano molino y la musgosa 
AUa cruz del blanqueado cementerio 
Que en medio de los drboles se empinal... 
[Tiende la vista desde allf gozosa, 

Y contempla tu patria deliciosa I 



Al primer trueno del obscuro ii 

Y las Iluvias primeras, 

Volaste abandonando las praderas 

Y tu apacible hogar y nido tierno. 
jAd(3nde eutonces fuiste 

Con ala infatigable, 

Deiando atris el horizonte triste 



one 

ISK 

pida 
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del 

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ria 



ciiK 



— 192 — 

jTambi^n brillan al sol de sus sabanas 
LdgHmas de dolor y de amargural 

En mi primera edad, con la luz pura 
Del sol , en el umbral de humilde techo 
La banda de ruidosas golondrinas 
Miraba, henchido de placer el pecho, 
Ir y volver, y revolar contentas 
De la pajiza choza 
A la extensa llanura, 
Cual pasa pronta y viva 
La luz de las tormentas, 
Rozando con el ala fugitiva 
Ya sobre la arboleda majestuosa , 
Ya sobre el ancho azul, tranquilo lago, 
Ya sobre la era antigua que llenaba 
I^ flor del amarillo jaramago. 

Cuando era nifto, en casa de mis padres , 
Dejaba yo que se muriera el dia , 

Y de las saLas 16bregas, desiertas, 
Empujaba las puertas, 

(3 los duros cerrojos con trabajos 
De la antigua capilla descorrfa, 

Y A descansar entraba 

De golondrinas banda innumerable: 
Yo de un varal largulsimo auxiliado 

Y de otros nifios de mi edad seguido , 
Por techos y cornisas implacable, 
Sin respetar el inocente nido, 

A la avecilla timida acosaba, 

Que prisionera luego 

A una cArcel tristisima pasaba. 

Mi sueflo , sin sosiego , 
Al clarear el alba interrumpfa, 

Y A cortarle las alas temblorosas , 
Maligno nifto subito corrfa. 

jHoy es, aun lo recuerdol los chirridos 



mis ofdos, 

la veo , 
i mano 
aleteo. 

era 



1 campo!» y al momento 

ada el vientol 

)z el claro dfa 
y de contento 
la mlaP 

venturosa, 
109 paternales, 
sonoFosa, 
vendavales 
nbiente se difunde 
IS la fragancia; 
z6n DO vuelve 
cbosa in&ncia! 



Adin en tanto, con la ment 
De sombra y luz, con giro md 
Dej<5 vagar sob re su faz serena 
Sonrisa de los cielos apacible. 

Y era que vislumbraba los i 
CoQtornos de esos mundos iga 
Que se incuban tras ojos entre 

Y siSlo pUeden ver ojos cerraji 

Y Dios volvifi ; y al hombre 
M4s beldad, m4a vigor dej6le 

Y came de su came desligandi 

Y distrayendo hueso de sus hi 
Savia de ingeles y astros agrC] 

Y la propia , de amor en los ei 
Coropendio de lo bello en forn 
Lanzd & brillar sobre los mum 

Y Dios partid ; y Adin torn 

Y abri(S los ojos; y encontr6 i 
Del ingel por la esencia, sorpr 
De mujer por el fuego, ruboro 

SinU6 el bombre de siibico < 
Desconocido ardor ; y alii en : 
Algo que bulle y se colora ape 
Pero que es fuerza ya , grande 

Sintid su ser girar en dos n: 
En dos cerebros fulgurar su id 
En dos senos nacer las tempes 
De cuanto asombra, encanta, 

Palp6 sus miembros : t£rgi(i 
Aun conociendo en Eva sus p 

Y palpitaron en sus labios bes 
Como vibraron en su pecho al 



laridades que, un 
idQS que, mezclac 
timientos acordes 
:onsor.;io eternal 

del Edgn los im 
daroQ Si los seres 

mar ceruleo se p 
I bosque inmenso 

Dios sonri6 desd 
nfinito amor; su 1 

lanzar del Eden 
;ced, multiplicad 

Adin, viendo lo 
:ndo al bello ser t 
i la vaguedad del 
anta pleniCud ya 

de sauta temura 
dijo A Dios en hii 

lira universal ha 
> nunca lanz6 not 



— 204 — 

La prueba mfrala en mi, 
A quien todo el tiempo sobra. 
Dime: si alguno me cobra, 
£Le he de decir: caballero, 
El tiempo vale dinero^ 
Eche acd ese pagar6 
Cancelado, y tome ust6 
Seis raeses 6 un afto entero? 

J Time is money! jtonterfa! 

jOh! ique britinica flema ! 
^Ir no puedo yo i Ambalema, 

Y la eternidad es mia? 

I Time is money! | Yo darla, 

Y eso de muy buena gana, 
A cuartillo la semana, 

Sin pacto de retro venta ! 

Ve si el negocio te tienta 

Y empezaremos mafiana. 

Tu me dirds que trabaje, 
Que mi situaci6n te aflige, 
Que mi vida arregle y fije, 
Que abandone mi actual traje , 
Que ya que no subo, baje; 
Que calle, que no me qu£;je, 
Que de d6cimas me deje , 
Que, pues Bogotd me arroja, 
Mi mula y mi mala coja 

Y de Bogoti me aleje. 

Yo te dir6 que me gusta 
Tu opinion^ que es muy sensata ; 

Pero que no tengo plata, 

Sin la cual nada se ajusta; 
Que dentro de una hora justa, 
Si tuviera para el gasto , 
Aplicirame el emplasto 
Que aconseja tu receta ; 



r 
1 

k^^-. 



A la cinCura colgada, 

A fe no la empuilarfa 

jPero sf la empefiaria , 
Porque algo es mejor que nadal 

Apuesto i que te sonries: 
Y mis, i que con placer 
Me con vi das & comer 
Alii en el hotel DanUs. 
Pero, amigo, no confles 
En que acepCe tat honor; 
Mas si es que quieres favor 
Hacer.hoy k tu Joaqufn, 
Te liegd tu San Martin: 
Puedes mandarme un condor (i). 



A PABLO. 

Desde el lecho, caro Pablo, 
Te dirijo estos renglones 
Que, apostara cien doblones, 
Van A hacerte dar al diablo. 
Mas, francamente te hablo, 
Prefiero ser importuno 
A pasar en el ayuno 
Toda la mortal semana 
Que ha de comenzar mafiana, 
Mafiana viernes, por Juno. 

Aunque el medico ilustrado 
Diariamente me receta, 
La m^ rigurosa dieta, 
Siempre habri que hacer mercado; 
Y como tu me has rogado. 
Con tu habitual elocuencia, 



— 2IO — 

Ser, como soy, tan sincero; 
Debiendo, al pedir dinero, 
Ocultar tanta pobreza. 
Mas contigo con franqueza 
Hablo de la suerte mia. 
Ingrato y falso serfa 
Si no hablara como hablo, 
Porque fuera olvidar, Pablo, 
Tu nobleza y tu hidalgufa. 

Quiero acabar: necesito 
Diez y seis pesos cabales; 
Para conseguir los cuales 
Estas ddcimas he escrito. 
Pr6stamelos , que infinito 
Seri mi agradecimiento , 
Como lo es el firmamento 

Y como el ppder de Dios , 
Quien, acd para los dos, 
Me tiene muy descontento. 

Ninguna promesa har^, 
Porque d ti no se te esconde 
Que c6m^, cudndo , ni en d6nde 
He de pagarte, no s6. 
Pero que te pagar6, 

Y que i, pagarte me oblige , 
Poniendo d Dios por testigo , 
Es tan seguro y tan cierto 
Como lo es que s61o muerto 
Dejar^ de ser tu amigo. 



A JOSfi MANUEL MARROQUfN 

REMITI^NDOLE UN LIBRO DE VERSOS. 



Manuel de mi coraz6n : 
Hace un aflo m^ de un afio , 



jienso yo 
aodestia, 

ina bestia 
compr6^ 

ist6, 



iPerli: 
ompra tv 
afia. 

me eacut 
n sabio : 
n resabio 
itnbre: 
imbre 
s urbana , 
liviana , 
:oDsentir 
regir, 
a gana. 

de mi ing 
que \o VI 
rcuende 
leoio. 
i genio, 
I undo aso 
ciar mi □ 
itero, 
ombrero : 
a ua hon 



^menaje 



— 3l8 — 

Monta fogoso alazJn , 
De tanto correr rendido, 

Y sobre el roto vestido 
Lleva iin gas t ado dormin. 

Gorra con ancha visera 
Cubre su frente tostada 
Pot el sol, y su mirada 
En torno fiilgida impera, 

Cual arroyo rumoroso, 
Que va rSpido corriendo, 
Sus aguas 4 otros uniendo, 
Forma un rio caudaloso ; 

As! van diez, veinte, ciento, 
Uni6ndose i Don Simdn, 

Y forman un escuadrdn, 

Y despuis un regimiento. 

Y la turbia polvareda , 
Que mis y m4s crece y sube, 
Forma gigantesca nube, 
Que sobre los Andes rueda. 

Es Bolivar el que viene ; 
Ha vencido en Boyaci, 

Y loca la gente estS, 

Y nadie su ardor contiene. 

iHa Uegadol El pueblo entero 
Ag61pase en rededor 
Del ilustre triunlador, 
Del portentoso guerrcro. 

Casi en peso va el corcel, 
Caminando A paso lento, 

Y crece i cada momento 
La griteria , el tropel. 



V al volvei 
En busca de : 
De su gastadi 
Rueda un boi 

Cae la anci 
Guard a el boi 
Y con sembla 
Exclama, alz; 

< Jesus mfo 
Me entrego ei 
Que muera tt 
jHe visto al J 



Estaba CtI 
Con otros sal 
Se habl6 de s 
y no despleg 

Acerca de 
Con entusiasi 

Y don Crispf 
Su sapientfsii 

Tratose coi 
De Dumas y 
Pero el seAor 
No dijo esta 1 

Hab]£se al 
Don Crispfn 
Callaron todt 

Y 61 dijo mu 



)z el ciegD Homero 
la venganza, 
3Cho y majadero, 
no de alabanza: 
yo prefiero 
Lierra, ni mataaza, 
, ai un combate : 
e chocolate. 

Ed^n habrfa 

hora fuente, 

ma, correria 

luce blandamente ; 

, arrastraria 

orriente, 

lo bizcochuelo, 

;os del canelo. 

amoroso viento 
n cntre las flores; 
lioso acento; 
los pastores; 
ire lamento; 
>s ruiseflores, 
cido y sencillo 
> molinillo. 

vidaba de una cosa 
Bs y eseociales : 
Celeste diosa, 
SOS cacaotales! 
:ne poderosa 
OS mortal es, 
im^rica trompeta , 
; birviente olletal 



Cuando en la noche el huracin rabioso 
Brama, y rimbomba con fragor el truano, 
Brilla el rayo, y el hombre temerosa 
Tiembla en su lecho de pavura lleno ; 
Si por calmar su miedo congojoso 
Sorbe caliente chocolate y bueno, 
Tocando el suefio su abatida frente, 
Tranquilo ronca y duerme grand emente. 

Cuando es fuerza pasar la noche en vela 
Al lado del amigo moribundo ; 
Cuando la llama de chispeante vela 
Interrsmpe el silencio asaz profundo, 
Nuestro amargo dolor nada consuela 
Sobre la faz del anchuroso mundo, 
Como escuchar el ruido con que bate 
La cocinera el dulce chocolate, 

iQai&n, aunque tenga larga parentela, 
Podr^ contar tan nobles apellidos? 
De aziicar, de vainilla, de canela, 
■ Con otros mil no menos conocidos, 
Tales como tie harina y de panela, 
Por el de que precede distinguidos; 
Mas no es el e/e que usurpan los villanos 
Por parecer ilustres ciudadanos. 

Cuaado 4 la voz de Juno prepotente, 
Abandonando las et^reas salas, 
Del Tequendama en la terrible frente 
Iris exiiende sus brillantes alas; 
Cuando el Pavdn sagrado de repente 
Despliega altivo bus preciosas galas, 
No ostentan tan magnificos colores 
Como en su espuma el rey de los licoree. 

A esos cobardes que con f^rreas manos 
Quieren esclavizar el mundo todo, 
El mundo vil los llama soberanos, 



— 224 — 

Miro mi triste elegfa 
En inmunda chicheria, 
Envolviendo ajonjolf. 

Muchas veces los rat' 
Han rofdo por monton 
Mis cinticos, jay de m: 
Los desprecio, los perd 
Para concentrar mi en< 
En los que envuelven i 

Si escribo un himno 

Y sale en tipo dorado, 
A poco tiempo, jay de 
Lo miro en una tabem 
De forro de una lintern 
O envolviendo ajonjolf. 

Mil angustias y sudo 
Mis largos cantos de ar 
Me costaron, jay de m: 

Y por toda recompensa 
Los miro en una despei 
De cartuchos de manf. 

Nunca habr4 literatu 
Ni progreso, ni culturs 
En Duestra patria, jay 
Pues todas mis product 
Son para cebar ratones 

Y envolver ajonjolf. 

jRespetad esta letrill 
No sufra yo la mancill; 
De contemplarla, jay d 
Entre sucios cordobane 
Sirviendo A rudos pata 
Para envolver el mant 



raciadas hijas mlas, 
[as elegf as , 

ra OS miro, [ay de ml! 
polvados rincoaes, 
IS por los ratones 
Iviendo ajonjoll. 

y loco, despechado, 
Hi terrible atentadol 
ler de Blanchard vi 
letos de Ayacucho 
ido enorme cartucho 
endras y de manf. 

ilos los especieros , 
ios y pulperos, 
ofanan, jay de ml! 
itos de mi talento 
lendo sucio ungQento, 
ciable ajonjolf. 



, MANUEL MARiA MADIEDO. 



AL MAGDALENA. 

{Salud, salnd, Tni^*estQoso rfol 

il contemplar tu freate coroaada 
)e los hijos m^ viejos de la tierra, 
Aeno s61o de ti , siento mi alma 
Lrrastrada en la espuma de tus olas, 
}ut entre profuados remolinos braman, 
Absorber se en las obras gigantescas 
)e aquel gran s&t que el infinito abraza. 

iQu6 fuera aquf la fdbula difunta 
>e las ninfas de Grecia afeminada, 
Li lado del tremendo cocodrilo 
)ue sonda los misterios de tus aguas? 

^o en tus conientes oada el albo cisne, 
>dlo armonioso en pob^es alabanzas ; 
'ero atraviesan tu raudoso curso 
^normes tigres y robuslas dantas; 
ladiveres de cedros ceDteoarios 
'us varoniles olas arrebatan, 
bmo del tecbo del pastor humilde 
.as tempestades la ligera paja. 

No nadan rosas en tus aguas turbias, 



— 33° — 

Sino los brazos de la ceiba ant 
Que desgarrd con hdrrjdo est: 
El rayo horrendo de feroz boi 
Veo serpientes que tus aguas 
Cuyos tnatices & U vista encai 
V oigo el ronquido del hambr 
Rodar sobre tu margen solitai 
Mientras salvaje el grito de lo 
Que entre blasfemias sus trab: 
Vuela A perderse en tus sagra( 
Que aun no coaoceu la preser 



jOh, qu^ serian Sitiros y F 
Bailando al son de femeniles f 
Sobre la arena que al caimia 
En tus ardientes y desiertas pi 
jAh, que serfan cerca de los b 
Que rebatiendo las calludas pa 
En el silencio de solemne nod 
En derredor de las hogueras d 
Acompasados al rumor confus 
De tus mugientes y espumosai 
Que acaso llega & interrumpir 
Del ronco tigre seca la gargan 

Yo los he visto en una obsc 
Dando & los aires la robusta ci 
Sobre la arena que marcado h: 
De las tortugas la penosa man 

Y del caimin la formidable co 

Y de los tigres la temible garr 
Yo los he visto en derredor de 
Danzar al eco de sonora gaita, 
Mientras silbaba el huracin d( 
Sobre tus olas con safiuda rabi 
Yo los he visto juntos A la hog 
Cavar ansiosos tus arenas blan 

Y en sus entrafias despreciar e 
Del mis pomposo femenil mor 



1 



mdiosa y bella, cual saliera ua dfa 
I geoio augusto que tus olas manda. 

Corre i perdeite en los igootos mares 
mo entre Dios se perderi mi alma! 

)edros y floras oroan tu libera, 
es siQ Gn que con tus ondas hablan, 
yos variados armoniosos cantos 
tus desiertos la grandeza ensalzan. 
> te saludo, hijo de los Andes! 
edas un dla fecundar mi patria, 
ire, sin par por su saber y gloria, 
labr^ colmado toda mi esperaiizal 



:lq 



e to 

:go; 



nbn 

I de 



~ 836 — 

Tras de los velos que la niebta extiende 
Cuanda la noche viene 6 la itiaRana, 
Te dan perfume las silvestres flores, 
Que nadie aspira en la feraz montafla. 

Es el silencio el himno misterioso 

§ue en tus altares en tu honor se canta, 
el TumoT leve de arroyuelo humilde, 
O el Tonco trueno de la gran cascada. 

Tambi^n te arrulla suspirante brisa 
Cuando 4 las flores con su amor eogafla, 
Cuando retoza con las hojas secaa , 
Cuando sus quejas le refiere al agua. 

Todo es solemne donde tu te encueotras, 
Sea en^la choza 6 tnfeliz barraca, 
O en el palacio que ruinoso oculta 
Entre la hiedra su perdida fama. 

Y eres mis grande, soledad, si vienes 
Cuando la luna con quietud derrama 
Sabre la tumba y la ciudad dormidas 
TrJstes reflejos de color de plata. 

Cuando el Vesubio conmovido arroja 
De entre su seno la tremenda lava, 
Y cuando herida por su luz de infierno, 
Su &z la luna tras las nubes guarda. 

jTii das k pompa y majestad severas 
A esos desiertos que oceanos Hainan, 
Donde lo grande, lo profundo, inmeoso, 
Deja extasiada con horror el alma! 

Del Chimborazo en la nevada cima 
S6I0 la huella de tu pie se estampa; 
La sombra A veces del condor andino, 
La majestad de Dtos, despuis la nadal 



— 337 — 

imbre por hallar un Ifmi 
:io en la regidn callada, 
uo, lo infinite, a^reo, 
la cuanto mis avanza. 

do el astro que en la noi 
I por doquier derrama , 
que la sombra eres 
]o que animd la nada. 

nte que en ausencia lion 
> donde todo calla , 
I el adorado nombre 
cho con sigilo guarda; 

, soledad divina, 
ia de su amor ensaya 

I sus dolientes gritos, 
S3 quemadoras ligrimas. 

itos poseeris tii sola 
Itos i la tumba pasaa , 
para todos mueru 

de dolor el alma! 

:es lastimado en lo (ntin: 
que asestd i. mansalva, 
que al sentirse herida 
ues ii lamer su llaga, 

irme en el querido atberj 
1 con mi hi jo aguardan, 
gos en silencio arranco 
que clav6 la inramial 

icuchas los supremos ay< 
el corazdn desgarra, 
cretosde mi vida, 
:e y en silencio pasa ; 



- 238 - 

No me abandones en la tumba 
No quicro gloria. ^Para qu6 dese 
El recuerdo sincero de los mlos 
Y tu sombra en mi huesa eso 



lESE 



INUTIL DESEAR, 



«Cuando esta lluvia tan tenaz 
Cuando un vapor en los espacios 

Y entre mi seno se aposente el si 
Hari que aspire de mi esencia pi 
Cuanto encierra en mi ciliz la hi 

Una rosa exclamd. 
Pero, con todo, cuando ya del 
De pardas nubes apartdse el velc 

Y la luz por doquiera se esparci'5 
Al desplegar la brisa rumorosa 
Sus leves alas, de la pobre rosa 

Ni restos encontr6. 

La golondrina dijo ; «Que est* 
Dej'e su frio y su nevar ecerno, 
Que de las flores vuelva el esple) 

Y yo en la tarde subir^ al espaci 

Y alii eutre luz de rosa y de top 

ilaji cantar mi voz.» 
Mas vino e! sol y derritid las ) 
La prima vera con sus soplos lev 
De la amapola el c&liz entreabri< 

Y antes que el sol hubiese desp« 
Su luz postrera, entre el plumos 

Ya muerta la alumbr<). 

Cuando ful nifio con placer di 
«Ha de llegar el anhelado dia 
En que decir ya pueda : « | libre 




— 244 — 

El mundo es vasto campo de batalla, 
Nuestra eflmera vida es un vivac: 
No OS dq£is arrastrar como rebafko, 
Antes, cual heroes, con valor luchad. 

No OS burle el porvenir con falso brillo; 
EI pasado sepulte lo que fu£ ; 
Trabajad, trabajad en el presente; 
Que Dios da al corazdn aliento y fe. 

Grandes hombres ha habido, y en su historia 
A ser grandes podemos aprender, 

Y vestigios dejar de nuestro paso 

Que nunca pueda el tiempo obscurecer; 

Huellas que acaso servirin de gula 

Y el perdido valor barln tomar 

A algijn hermano niufrago y eirante 
De la existencia en el revuetto mar. 

jAnimo, pues, y varonil esfuerzo, 
Ya sea la suerte pnSspera 6 fatal! 
Siempre avanzando, trabajando siempre, 
Sepamos ser activos y esperar. 



— 248 — 

Jamis eocuentro la mirada ardiente 
De la sola mujer que pude amar. 

El s^r m^ infeliz halla coosuelo 
En brazos del amor 6 la amistad ; 
Pero yo, solo en extranjero suelo, 
Remedio no hallar£ para mi duelo 
Lejos de la mujer que pude amar. 

Mujeres xaii hermosas he enconti 
Uas no han hecho mi seno palpitar 
Que el coraz6n ya estaba consagradc 
A la fe de otro objeto idolatrado, 
A la sola mujer que pude amar. 

jAdids, en fin! oculto en mi retire 
En el ausente nadie pensarS, 

Y ni un solo recuerdo , ni un suspin 
Me dard la mujer por quien deliro, 
jAy! la sola mujer que pude amar. 

Comparando el pasado y el presen 
El coraz6n se rompe de pesar ; 
Pero yo sufro con serena frente, 

Y mi pecho palpita eternamente 
Por la sola mujer que pude amar. 

Su nombre es un secreto de mi vi 
Que el mundo para siempre ignorar 

Y la causa fatal de mi partida 
La sabri s6lo la mujer querida, 
[Ay! la sola mujer que pude amar. 

iAdi6s! quisiera veria mas me i 

Que todo para siempre va i acabar.. 
La patria y el amor, todo lo pierdo. 
Pero llevo el dulclsimo recuerdo 
De la sola mujer que puedo amar. 



Aureolas boreales de los siglos 
AUi se encuentran recogida el ala ; 
Co mo una antelia vese el pensamii 
Que gigantesco se alza. 

Alii los Prometeos sin cadenas, 

Y de Jacob la luminosa escala; 
Alli la fruta del Ed6n perdida, 

La que el saber entraaa. 

Y el libro apocaUptico sin ellos 
Suelta A la luz sus misteriosas pig: 

Y el Tdbor del espiritu su cima 

De entre la niebla saca. 

Y alll el Horeb de donde brota [ 
El casto amor que con lo eterno a* 
Alli esti el ideal, alli boguemos: 

Dad impulse i la barca. 

Despert^me azorado jy ese m 

Para volar A 61 len d6nde hay alas 

InterroguS 4 las sombras del pasad 

Y las sombras callaban. 

Pero el rayo de luna ya subfa 
Del viejo estante A las polvosas tat 

Y lamiendo los lomos de los libros 
En sus titulos de oro se miraba. 



:iNTO DE H 



) de este prado, 
OS de tus hojas, 

1 al sol , 

L la aurora ; 
e este valle 

mosa pompa, 
11 betdad, 
o te rondan. 
in nevado 

los nombran, 
te esmalta 
arda tu boca. 
s lisonjero 
) te toca , 
:r el imbar 
IS hojas. 
>, en tus alas 
le le otorgas, 

2 su vuelo 



- »S8- 

Una azucena, que al lado 
Te acompaflaba gustoya. 
No s£ si & su dulce acento 
Fuistes insensible 6 sorda 
O 6. sus impetuosos silbos 
Como i los vientos la roca. 
Mas no , ingrata ; bien lo oiste: 
iOh cudntos celos me ahogan! 
Pues espinas que se guardan 
No se esquivaron honrosas. 
jOh qu£ escarmientos me ensen 
Esa tu inconstancia local 
No pienso prcnder el alma 
De otra flor ni de otra rosa. 
]Qufi mal se guarda belleza 
Que en campo se ostenta hermc 
Que como muchos la miran 
Su bcldad alguno logral 
Ya la cftara que en tiempo 
Te celebraba gustosa , 
Como estS triste su dueflo, 
Gime tambi^n ella ronca. 
Mas ya la pienso quebrar 
De mi firmeza en la roca , 
Y pues ya no pienso amar, 
Tampoco cantar me importa. 



\QufN ol: 

ARIA ANTON 

A nE ASTIIBIAS. 



;inie y llora. 
Cir: la d^bil cafla 

i el manso vienti 
a, desparece 
TacAn violento: 
ajo las for mas 
y hanibre y guei 
ifeliz Espafla. 
toda la tierra 
;na$ de memoria 
}ro3 ya ni puede 
de su gloria; 
rein a se decfa 
sferio, 

:a y pedir leyes 
Ides y A los reye! 
va en cautiverio 
males 

)s pater n ales, 
f hasta nos roba: 



En la amable Princesa, 

Dechado de rirtud y de belleza? (i) 

jOh memorable dfa 
^quel en que la grande Barcelona, 
Saltando el noble pecho de alegria , 

Y ufena y orgullosa 

Al verse de bus Reyes visitada , 
^^i(3 la mar espumosa 
Besar su alta muralla, 

Y deponer despu6s sobre su playa, 
Ante el inmenso pueblo que esperaba, 
El precioso tesoro 

Que la bella Part^nope mandabal 

Y entre las salvas y festivos vivas 
La augusta joven pisa ya la lierra , 
Que devota, algun dia, 

Reina, Senora y Madre le dirfa. 
Ni se sactan los ojos de mirarla, 

Y nadie puede verla sin amarla. 
Llena de noble agrado, y apaciblt;, 

Y fScil y accesible, 

5iembra amor por doquier. Llega y co 

Podos las corazones son ya suyos 

[Matograda Princesa! 

No has rauerto sin reinar. Un pueblo i 

Libre te ha obedecido: 

Que quien ama obedece, 

Y s6lo amor merece 

Lo q/ie no puede el oro ni el acero. 

(Do estin las esperanzas, madre Esp 
Las altas esperanzas que formaste, 
Cuando las bellas ramas 
De un mismo excelso tronco entrelaza: 
;D6 los tiernos pimpoUos 
Que el tilamo real brotar debiera, 

falsi por detecto de pronuaciacibn imericanai 



-263 - 

gloriosa sangre 

ipoles corriera; 

nombres berederos, 

rono 

^ la amable Luisa , 



res pladosos, 

y guerreros , 

ia verdaderos? 

n tus ardientes voto 

astrada, 



irigiste? 

te 

t llorar cegaste, 

i6n: temblo la tierra 

■on; 

i cruda guerra 

rayos encendido; 
il trueno estrepitosc 



nar, y las escuadras 
tir, van y se chocan 
se destrozan luego, 
r de sangre y fuego 
an, desparecen. 

>na y sin venganza; 

1. Despu^s llamas 

te, y le seAalas 

ita de Iberia. 

nte, 

faz gloriosa 



- 264 - 

Con las brillantes alas, 

Te oye y cirte la espada reluciente, 

Del Egipto i los hijos ominosa , 

De su sangre aun teflida, 

Y vuela & obedecerte 

Hiere, y cae la victima irocente; 
Vfctima de cxpiaci6n de tus pecados, 
Espafla delincuente; 

Y herida cae de aquella misma espada 
Con que una infie] nacidn fu^ castigada; 
Que al Todopoderoso 

Es altamente odioso, 

Qaiz& mis que el infiel, un pueblo ingrato. 

En tanto ya los males y dolores, 
Soldados indolentes que militan 
Bajo el pendiSn sombrfo de la muerte, 
Volteando en torno de la real cabeza 
Una tan cara vida amenazaron. 
Sus ojos se anublaron ; 
Sobre sus labios la sonrisa muere: 

Y se sienta la pilida trisleza 
En los ojos, que fueron 

El trono del amor y de las gracias; 

Y su pecho, en que ardia 

La viva y casta llama de Fernando, 

Se fatiga, se oprime Un mismo dla 

Ha yisto nuestra dicha 

Nacer, crecer, morir; y fufi la nocfae 

De tan alegre dfa, 

La nocbe de la tumba obscura y frla. 

En vano ;ay! cudn en vano 
Agoto el arte humano 
Su saber, su poder...,. El alto cielo 
Su decreto de muerte di6..... y el ingel 
Libertador de Isaac retardfi el vuelo. 



Fetisa , 

Dnda y misteriosa cueva, 

jtime enajenada, 

les revelaste, 
antaste 

yaces tantos siglos , 

igua desatando, 
sen taste 

ipidos 

'O triste y pavoroso? 
:urbaste 

lipoles (cantando 
ino que arrastraba 
Iricas su bija), 
) olas 

gentes espaiiolas? 
patria, 6 nunca fuera, 

1 mal, menos le hiriera. 

cor t ados 

: unfan 

I vida y 4 Fernando, 

los cielos contenfan, 

ira, 

nosa y pura, 

^tre desprendida; 

tspafla 

>r abandonada, 

ugado, 

era deslazada , 

ite 

pr^S cntrelazado, 

losa. Y los gemidos 

a oyendo, tambUn gime; 

ida 

z apesarada: 



— 266 — 

«jOh qu£ improviso golpe 

Mi herido coraz6n de nuevo hiere! 

Vi el monstruo de la guerra, 

7a en el antiguo mundo no cabiendo, 

Nadar, romper los mares tormentosos , 

Y 4 su terrible aspecto, i su bramido 
Espavorida retemblar mi tlerra ; 

Y vi la planta impura 

Del infido Bret6n y codicioso. 

En presencia del cielo 

Manchar mi casto y religioso suelo ; 

Vi mis campos talados ; 

Vi profanar mis templos, mis altares ; 

Vi i mis hijos morir [hijos amados! 

For su patria, su rey, su Dios armados, 

Cuyas manos valientes 

Stilo a1 morir soltaron el acero 

BaAado en sangre y gloria; unico alivio 

De esta viuda infeliz | Carlos ! mis hijos 

Murieron, jay! no mueran sin venganza; 

Que si veneer los fuertes no pudieron , 
Udiar al menos y morir supieron.» 

Suspende, amada patria, tus querellas; 
SIgueme, que en las alas 
Del rayo impetuosas, 
Cual la reina del aire, 
Me lanzo d las mansiones venturosas. 
Las puertas eternales de improviso 

3e abrieron iOyes tu el armonioso, 

Arrebatado canto 

Sue en torno suena del Cordero santo? 

iY entre el sublime y resonante core, 

^uil se alza fervorosa 

De Antonia la oracion , y cudl ofrece 

3u juventud, su vida, su martirio, 

Por los males del pueblo que ama tanto? 

Ve ya del trono santo 

Bajar entre inefables resplandores 



■'^P* 



Ve en sus ojos arder ; y la ternura, 
El candoT y piedad otro divisa 
En su graciosa y plidda sonrJsa. 

^Pero serA feliz, 6 serin tantas 
Hermosas esperanzas ilusiones ? 
Ilusiones, Risel. Ese agraciado 
Nino, tu amor y tu embeleso ahora, ' 

Hombre nace i miseria condenado. 
Vanos titulos son para librarle 
Su fortuna , su nombre. 
^Mas qu6 habio yo de nombre y de fortuna, 
Si la misma virtud y sus talentos 
Serin en estos malhadados dias 

Un crimen sin perdon? La moral pura. 

La simple, la veraz filosoHa, 

Y tus leyes seguir, madre natura, 

Impiedad se diri: rasgar el velo 

Que lasuperscicion, la hipocresfa 

Tienden i la maldad: decir que el cielo 

Limites ciertos al poder prescribe 

Como i la mar: y que la mar insana 

Menos desobedienle 

Es al alto decreto omnipotente, 

Impiedad sedicidn Por toda parte 

La frente erguida el vicio se pasea 

Llevando per divisa «audacia y arte*. 

Tienta, seduce, inflama; 

Ni oro ni afin perdona. 

Da i la maldad por galardSn la fama, 

Se atreve & todo, y triunfa y se corona. 

;Qu6 escenas, Dios, qu^ ejemplos! iqu6 peligros! 
^ Y es tanto bien vivir ? jSiquiera el cielo 
A mis serenos dias retardara, 
jOh niflo, tu nacer! que ahora s61o 
El indigno especticulo te espera 
De una paCrJa en mil partts lacerada, 
Sangre filial brotando por doquiera; 



— 369 — 

erpes silbadoras 
dignada 

al furia horrible y fea, 
ominosa tea. 

ra dado al seno obscuro, 
jguro, 

lar y de este hermoso 

lima del mundo, 
luz, sino alii cuando, 
J de victoria, ostente 

su radiosa frente, 
ro del saber termine 
■o al Occidente ; 
rado y de las artes, 
[ue el oro, 
, en lustre eterno, 
L y nacional decoro; 
id y amor dictando, 

las gentes tod as 

paz, y se amen todas 

derrocados 

abismo 

1 y fanatismo! 

, en ala presurosa 
ci6n hermoso dia. 
■el, cauto refrena 
eraitza y de alegria. 

sees una flor graciosa 
'ayo matinal se abria, 
■jel la proclamaba 
tiijos de la Aurora, 
amador la destinaba 
lando el casto seno 
y mis feliz pastora; 
;es mustia y desmayada 
;I sol ! j que de improviso 
;lo, el viento la deshoja, 



^ Jk 




— 270 — 

6 quizd hollada por la planta impura 
De una bestia feroz ve su hermosura! 

Empero tu deber, Risel amado, 
Ya que te ves alzado 
A la sublime dignidad de padre, 
Te manda no temer; antes el fuerte 
Pecho contraponer d la violenta 
Avenida del mal y de la suerte. 
Virtud, ingenio tienes. Sirva todo, 
No s61o i. dirigir la indole tierna 
De tu hijo al bien, que en desuni6n eterna 
£st& con la ambici6n y la mentira, 
Sino i purificar en algun modo 
El aire infecto que doquier respira. 
Aprenda de tu ejemplo 
Prudencia, no doblez; valor, no audacia; 
Moderaci6n en prospera fortuna , 
Constante dignidad en la desgracia. 
Porque cuando en el monte se embravece 
H6rrida tempestad, el flaco arbusto 
Trabajado del ibrego perece, 
Mas al humilde suelo nunca inclina 
Su excelsa frente la robusta encina; 
Antes alld en las nubes senorea 
Los elementos en su guerra impfa 

Y al falgurante rayo desafia. 

Y tii, mi dulce amiga, cuyo hermoso 
Coraz6n es el ara 
Del amor conyugal y la ternura ; 
Que por seguir y consular tu esposo, 
En tabla mal segura 
Osaste hollar con varonil denuedo 
Mares por sus naufragios tan famosas , 

Y cortes mis que mares procelosas; 
Tii, que aun en medio del dolor serena, 
Viste abrirse d tus pies la tumba obscura, 
Ni asomada d tu abismo te espantaste ; 



•i 







— 271 — 

Y ansiedad y amargura, 
En los pesares s61o, 

Mai merecidos, de Risel mostraste, 
O cuando el tierno pecho te asaltaba 
Dulce memoria de la patria ausente; 
jOh! entonces no sabfas 
Que al volver i, tu patria y tus amigos 
En premio el cielo i, tu virtud guardaba 
Lo que negd i, diez atlos de deseos, 

Y que madre ^ tu madre abrazarfas. 



G6zate para siempre, amiga mia ; 
Huy6 la nube en tempestad prefiada, 
Y te amanece bonancible dfa. 
Gozate, tierna amiga, para siempre : 
Este, 6ste de la patria el caro suelo, 
Este su dulce y apacible cielo, 
P^stos tus lares son. <iPor qu6 suspiras? 
No es ya mentido suefio lo que miras... 
Esa que tierna abrazas es tu madre; 
Tu, mds ieliz que yo, tu madre abrazas. 
Mientras yo, jdesdichado ! , 
Que una ventura igual me prometia, 
S6I0 en la tumba abrazare la mia. 



Tu , s6 feliz , y goza ya , segura 
De sobresalto fiero, 
Inefable delicia en el cariiio 
De este precioso niilo, 
Primera prenda de tu amor primero. 

Pardceme mirarte embebecida 
En sus ingenuas y festivas gracias ; 
Y, cuando mds absorta, de improviso 
Una ligrima ardiente 

De tus ojos brotar el inocente, 

Cual si entendiera lo que entonces piensas , 
Las mane.citas carinosas tiende , 
Abre en sonrisa la encarnada boca 



Y el duke beso maternal provoca. 
B^sale veces mil, y esta dulzura 
Divide con Rise!. Sabia natura 

No te formo, al nacer, amable, hermosa, 
Sino para ser madre y ser esposa. 

Y tii, querido infante, que ignorando 
Cu41 seri tu destino, en la dorada 
Blanda cuna te meces, 

Y agraciado sonries, 
O ledo te adormeces; 

Ya que mirar la luz te ha dado el cielo, 
Vive, florece ; y tus aniigos veari 
Que en lionor y consuelo 
De tu familia y de tu patria creces. 

Sigue como tu3 padres alentado 
De la virtud la senda, 

Y nada temas; que en cualquier estado 
Vive el hombre de bien serenamente 
A una y otra fortuna preparado, 

Y libre, 6 en cadena, y aun ya alzada 
Sobre su cuello la funesta espada, 
En noble impavidez antes la frente 
A la cefluda adversidad humilla, 
Que & un risueilo tirano la rodilla. 



LA VICTORIA DE JUNIN. 



El tnieno horrendo que en fragor revientk 
Y sordo ittrimbando se dilata 
Por la inflaniada esfera, 
AI Dios anuncia que en el cielo impera. 



— 2/3 — 

Y el rayo que en Junin rompe y ahuyenta 
La hispana muchedumbre. 
Que mis feroz que nunca amenazaba 
A sangre y Euego eterna servidumbre ; 
■ Y el canto de victoria 
Que en ecos mil discurre, ensordeciendo 
El hondo valle y ^"t^fetfa cumbre, 
Proclaman i Bol/var en la tierra 
Arbitro de la paz y de la guerra. 

Las soberbias pirimides que al cielo 
El arte humano osado levantaba 
Para hablar i. los siglos y naciones; 
Templos, do escUvas manos 
Deificaban en pompa 4 sus tiranos, 
LifdlbJ^o son del tiempo, que con su ala 
D^bil las toca, y las derriba al suelo, 
Despuds que en Kcil juego el fugaz viento 
Borr6 sus mentirosas inscripciones; 
Y bajo los esebmBr'os confundido 
£ntre las sombras del eterno olvido 
[ Oh de ambicidn y de miseria ejempio I 
El sacerdote yace, el dios y el templo. 

Mas los sublimes montes, cuya frente 
A la region et^rea se levanta, 
Que ven las tempestades i su ptanta 
Brillar, rugir, romperse, disiparse; 

Los Andes las enormes, estupendas 

Moles sentadas sobre bases de oro. 
La tierra con su peso equilibrando, 
/ Jamis se moverin. ElloSj burlaodo 
;■ De'ajena'ertviclia"'^del prbtervo tiempo 
j La furia y el poder, serin eternos 
I De libertad y de victoria heraldos, 
Que con eco profundo 
A la postrera eJad diran del mundo : 
«Nosotros vimos de Junin el campo ; 
Vimos que al desplegarse 




— 274 — 

Del Peril y de Colombia las banderas , 
Se turban las legiones altaneras, 
Huye el fiero espaflol despavorido, 
O pide paz rendido. 
Venci6 Boii var : el Peru fu^ libre; 

Y en triunfal pom pa Libertad sagrada 
En el tempk) del Sol fu6 colocada. 

^Qai^n me dard templar el voraz fuego 
En que ardo todo yo? Trdraula, incierta, 
Torpe la mano va sobre la lira 
, Dando discorde s6n. ;Ouidn me liberta 

Del dios que me fatiga? 

Siento unas yieces la rebelde musa, 
Cual oacante eh furor ^ vagar inipierta 
Por medio de las plazas biiltictosas^ 
O sola por la>selvas silenciosas 

O las nsueflfis playas c-*^y^ 

Que raanso lame* el caud«^loso Guayas; 
Otras el vuelo arrelJatado tiende 
Sobre los montes, y de allf desciende 
Al campo de Junfn, y, ardiendo en ira, 
Los numerosos escuadrones mira, 

Y en ctlstado mornon y peto armaaa, 
Cual amazona fiera, 

Se mezcla entre las filas la primera 
De todos los guerreros , 

Y 1 combatir con ellos se adelanta , 
Triunfa con ellos y sus triunfos canta: 

Tal en los siglos de virtud y gloria, 
Cuando el guerrero s6lo y el poeta 
Eran dignos de honor y de memoria> 
La musa audaz de Pfndaro divino, 
Cual intr^pido atleta. 
En inmortal porfia - • • . 4. ^ 
Al griego estadio concurrir solfa; 

Y en estro hirviendo y en amor de fama, 



- 2/5 — 

y del metro y del numero impactente, 
Pulsa su lira de oro sonorosa, 

Y alto asiento concede entre los dioses 
Al que fuera en la \id mis valeroso, 
O al mis afortunado. 

Pero luego, envidiosa 
De la inmortalidad aue les ha dado, 
Ciega se lanza afcireopSlvoroso, 
Las ilas rapidfsimas agita, 

Y al rarhyveocedor se precipita; 

Y desatll'nao armdnicos raudales, -- """^ 
Fide, disputa, gana, 

6 arrebata la palma a sus rivales. 

^Qui£n es aquel que el paso lento mueve 
' Sobre el collado que A Junin domina? 

iQue el campo desde alii mide, y el sitio 
■ Del combatir y dtl vtncer desina? 
; iQue la hueste contraria observa, cuenta, 

Y en su mente la rompe y desordena, 

Y d los mis bravos k morir condena, 
Cual iguila caudal que se complace 
Del alto cielo en divisar su presa, 
Que entre el rebaAo mal segura pace? 
iQmin el que ya desciende 

Pronto y apercibido & la pelea? 

Prefiada en tempestades le rodea 

Nube tremenda: el brillo de su espada 

Es el vivo reflejo de su gloria; 

Su voz un trueno; su mirada un rayo. 

^Qui6n aquel que, a! trabarse la batatla, 
V UEano como nuncio de victoria , 
VUn corcel impetuoso fatigando, 

^iscurre sin cesar por toda parte?... 



Send su voz: «Peruanos, 
Mirad alll los duros opresores 
De vuestra patria. Bravos colombianos, 



.^L 



276 

En cien crudas batallas vencedores, 

Mirad allf los enemigos fieros 

Que buscando venis desde Orinoco: 

Suya es la fuerza, y el valor es vuestro, 

Vuestra seri la gloria; 

Pues lidiar con valor y por la patria 
,£s el mejor presagio de victoria. 

Acometed: que siempre 

De quien se atreve mis el triunfo ha sido: 
I^Quien no espera veneer, ya est! vencido.» 

Dice ; y al punto, cual fugaces carros 
Que, dada la seftal, parten , y en densos 
De arena y polvo tor belli nos ruedan, 
Arden los ejes, se estremece el suelo, 
Estr^pito confuso asorda el cielo , 

Y en medio del afin cada cual teme 
Que los demis adelantarse puedan ; 
Asi los ordenados escuadrones, 
Que del iris reflejan los colores 

O la imagen del sol en sus pendones, ' 
Se avanzan A la lid. iOh! iqui^n temiera 
Que su f mpetu mismo los perdiera ! 

I Perderse ! no, jamis ; que en la pelea 
Los arrastra y anima 6 importuna 
De BoLfvAR el genio y la fort una. 
Llama improviso al bravo Necochea, 

Y mostrdndole el campo , 
Partir, acometer, veneer le manda. 

Y el guerrer<^esforzado, 

Otra vez vencedor, y otra cantado , 
Dentro en el coraz6n por patria jura 
Cumplir la orden fatal , y i la victoria 
(3 i. noble y cierta muerte se apresura. 

Ya el formidable estruendo 
Del atambor en uno y otro bando; 

Y el son de las trompetas clamoroso, 








— 277 — 

Y el relinchar del alazin fogoso 

Que, erguida la cerviz y el ojo ardiendo, 
En b^lico furor salta impaciente 
Do mis se encrnelece la pelea ; 

Y el silbo de las balas que, rasgando 
El aire, Uevan por doquier la muerte; 

Y el choque asaz horrendo 

De selvas densas de ferradas picas ; 

Y el brillo y estridor de los aceros 
Que al sol reflectan sanguinosos visos; 

Y espadas, lanzas, miembros esparcidos 
(!) en torrentes de sangre arrebatados ; 

Y el violento tropel de los guerreros 
Que , mis feroces mientras mis heridos , 
Dando y volviendo el golpe redoblado , 

Mueren, mas no se rinden ; todo anuncia 

Que el momento ha llegado , 
En el gran libro del destino escrito, 
De la venganza al pueblo Americano , 
De mengua y de bald6n al castellano. 

Si el ianatismo con sus furias todas y 
Hijas del negro averno, me inflamara, 

Y mi pecho y mi musa enardeciera 
En tartdreo furor, del leon de E&pafla, 
Al ver dudoso el triunfo, me atreviera 
A pintar el rencor y horrible sajia. 
.Ruge atroz, y cobrando 

Mds fuerza en su despecho, se abalanza, 
Abriendose ancha calle entre las haces - - 
Por medio el fuego y contraj)uestas lanzas; 
Rayos respira, mortandad y estrago, 

Y sin pararse i devorar la presa, 
Prosigue en su furor, y en cada huella 
Deja de negra sangre un hondo lago. 

En tanto el argentino valeroso 
Recuerda que veneer se le ha mandado; f 

Y no ya cual caudillo, cual soldado 




— 278 — 

Los formidables impetus contiene 

Y uno en contra de ciento se sostiene ; 
Como tigre furiosa 

De rabiosos mastine§ acQ§ada , 

Que guardan el redil, mata, destroza, 

Ahuyenta sus cx)ntrarios, y aunque herida, 

Sale con la victoria y con la vida. 

I Oh capitin valiente, 

Blas<3n ilustre de tu ilustre patria, 

No moriris! Tu nombre eternamente 

En nuestros fastos sonard glorioso, 

Y bellas ninfas de tu Plata undoso 
A tu gloria daran sonoro canto 

Y i tu ingrato destioo acerbo llanto. 

Ya el intr^pido Miller aparece 

Y el desigual combate restablece. 
Bajo su mando, ufana, 

Marchar se ve la juventud peruana, 
Ardiente, firme, i perecer resuelta, 
Si acaso el hado infiel veneer le niega. 
En el arduo conflicto opone ciega 
A los ad versos dardos firmes pechos, 

Y otro nombre conquista con sus hechos. 

I Son esos los garzqnes delicados 
Entre seda y aromas arruUados? 
([Los hijos del placer son esos fieros? 
Si: que los que antes desatar no osaban 
Los sluices lazos de jazmin y rosa 
0>n que amor y placer los enredaban, 
Hoy ya con mano fuerte 
La cadena quebrantan ponderosa 
Que at6 sus pies, y vuelan denodados 
A los campos de muerte y gloria cierta, 
Apenas la alta fama los despierta 
De los guerreros que su cara patria 
En tres lustros de sangre libertaron , 

Y apenas el querido 



Nombre de libertad su pecho inflama 

Y de amor patrio la celeste llama 
Prende en su coraz6n adormecido, 

Tal el joven Aquiles 
Que en infame di^fraz y en ocio blando 
Da Unguidos suspiros, 
Los desttnos de Grecia dilatando, 
Vive cautivo en la beldad de Sdros, 
Los ojos pace en el vistoso alar^e 
De arreos y de galas femeniles 
Que de India, y Tiro y Menfis opulenta 
Curiosos mercadantes le encarecen; 
Mas A su vista apenas resplandecen 
PavSs, espada y yelmo, que entre gasas ' 
El Itacense astuto le presenta, 

Pismase se recobra, y con violenta 

Maoo ei templado acero arrebatando , 
Rasga y arroja las indignas tocas; 
Parte, traspasa el mar y en la troyana 
Arena, muerCe, asolacidn, espanto 

Difunde por doquier: todo le cede 

Aun Hector retrocede 

Y cae al fin; y en derredor tres veces 
Su sangriento cadiver profanado, 
Al veloz carro atado 

Del vencedor inexorable y duro, 
El polvo barre del sagrado oiuro. 

Ora mi lira resonar debla 
Del nombre y las hazaAas portentosas 
De tantos capitanes que-este d(a 
La palma del valor se disputaron, 
Digna de todos Carvajal y Silva 

Y Sudrez y otros mil Mas de improviio 

La espada de BoLfvAR aparece, 

Y A todos los guerreros, 

Como el sol i los astros, obscurece. 



n 



Vo acaso m5s osado le cantara, 
Si la meonia musa me prestara 
La resonante trompa que otro tiempo 
Cantaba al crudo Marte entre los Traces, 
Bien animatido las terribles haces, 
Bien los fieros caballos, que la lumbre 
De la ei^ida de Patas espantaba. 

Tal el h^roe brillaba 
Por las primeras lilas discurriendo. 
Se oye su voz, su acero resplandece 
Do mis la pugna y el peligro crece; 

Nada le puede resistir Y es fama, 

; Oh portento inaudito ! 
Que el bello nombre de Colombia escrito 
Sobre su frente, en tprno despedia 
Rayos de luz tan viva y refulgente , 
Que deslumbrado el espaflol desmaya, 
Tiembia, pierde la voz, el movimiento : 
Solo para la fuga tiene aliento. 

As! , cuando en la noche algiin malvado 
Va A descargar el brazo levantado, 
Si de improvise lanza un rayo el cielo, 
"ie pasnia, y el puAal tr^mulo suelta; 
Hielo mortal &. su furor sucede ; 
Tiembia y horrorizado retrocede. 
Ya no hay mis combatir. El cnemigo 
El campo todo y la victoria cede. 
Huye cual ciervo herido; y i donde huye 
Allf encuentra la muerte. Los caballos, 
Que fueron su espewnza en la pelea, 
Heridos, espantados por el campo 
O entre las filas vagan, salpicando 
El suelo en sangre que su crin gotea; 
Derriban al jinete, lo atropellan, 
Y las catervas van despavoridas, 
O Unas en otras con terror se estrellan. 



— t$l — 

Crece la confusi6n, crece el espanto, 

Y al impuUo del aire, que vibrando 
Sube en clamores y alaridos lleno, 
Tremen las cumbres que respeta el trueno. 

Y discurriendo el vencedor en tanto 
Por cimas de cadSveres y heridos, 

Postra al que huye, perdona i los rendidos. 

Padre del jiniverso, sol radioso, 
Dios del Peru ,'niodera omnipotente 
El ardor de tu carro impelQoso, 

Y no escondas tu luz indeficiente 

Una hora m5s de Iqz Pero esta hora 

No i\i6 la del destino. El dios ola 

El voto de su pueblo, y de la frente 
El cerco de diamantes desceftta. 
En fugaz rayo el horizonte dora, 
En mayor disco menos luz ofrece, 

Y veioz Iras los Andes se obscurece. 

Tendio su manlo lobrego la noche, 

Y las reliquias del perdido bando, 
Con sus tristes y at6nitos caudillos, 
Corren sin saber donde espavoridos, 

Y de su sombra misma se estremecen ; 

Y al fin en las tinieblas ocultando 
Su afrenta y su pavor, desaparecen. 

Ci Victoria por la patria I joh Dies! jvictorlal 
;Triunfo i CoLOMsrA y i BoLfvAR gloria! 



Ya el ronco parche y el clarfn sonoro 
No i presaglar batalla y muerte suenan, 
Ni & enfurecer las almqs; mas se estrenan 
En alentar el builicioso core 
De vivas y patri6ticas canciones. 
Arden cien pinos, y ^ su luz las sombras 
Huyeron , cual poco antes desbandadas 



"1 



— 282 — 

Huyeron de la espada de Colombia 
Las vand^icas huestes debeladas. 

En tor no de la lumbre. 
El nombre de BoiivAR repitiendo 

Y las hazafias de tan claro dia, 
Los jefes y la alegre muchedumbre 
Consumen en acordes libaciones 
De Baco y Ceres los celestes dones. 

« i Victoria ! ; paz ! clamaban, 
jPaz para siempre! Furia de la guerra, 
Hundete al Hondo averno derrocada. 
Ya cesa el mal y el llanto de la tierra: 
jPaz para siemprel La sangufnea espada, 
O cubierta de qrin ignoniinioso, 
O en el util arado transformada, 
Nuevas leyes dara. Las varias gentes 
Del mundo , que i despecho de los cielos 

Y del ignoto ponto proceloso, 
Abri6TCol6n su audacia 6 su cqdicia, 
Todas ya para siempre recobraron 

En JuNfN libertad, gloria y reposo.* 
Gloria, mas no reposo\ de repente 
Clamo una voz de lo alto de los cielos; 

Y d los ecos los ecos por tres veces 
Gloria, mas no reposo, respondieron. 
El suelo tiembla, y cual fulgentes faros 
De lbs Andes las cuspides ardieron; 

Y de la noche el pavoroso manto 
Se transparenta, y rdsgase, y el ^ter 
Allcl lejos purfsimo aparece 

Y en r5sea luz bafiado resplandece. 

Cuando improviso, veneianda sombra 
En faz serena y ademin augusta 
Entre Candidas nubes se levanta. 
Del hombro izquierdo nebuloso manto 
Pende, y su diestra a^reo cetro rige: 



i 






— 283 — 

Su mirar noble, pero no sagudQ; 

Y nieblas figuraban A su planta 
Penacho, arco, carcaj, flechas y escudo. 
Una zona de estrellas 
Glorificaba en derredor su frente 

Y la borla imperial de el la pendiente. 

Miro a Junfn , y pUcida sonrisa ^ 

Vag6 sobre su faz. 4:Hijos, decla, 
Generaci6n del sol afortunada 
Que con placer yo puedo llamar mia , 
Yo soy Huaina Capac; soy el postrero 
Del vlstago sagrado: 
Dichoso rey, mas padre desgraciado. 
De esta mansi6n de paz y luz he visto 
Correr las tres centurias 
De maldici6n, de sangre y servidumbre, 
i ' Y el imperio regido por las Furias. 

I 

»No hay punto en cstos valles y estos cerros 

Que no mande tristfsimas memorias. 

Torrentes mil de sangre se cruzaron 

Aqui y alii; las tribus numerosas 

Al ruido del cadon se disiparon; 

Y los restos mortales de mi gente 
Aun i. las mismas rocas fecundaron. 
Mis alld un hijo expira entre los hierros 

De su sagrada majestad indignos 

Un insolente y vil aventurero 

Y un iracundo sacerdote fueron 

De un poderoso rey los asesinos 

jTantos horrores y maldades tantas 

Por el oro que hollaban nuestras plant as! 

»Y mi Hudscar tambi^n jYo no vivia! 

Que de vivir, lo juro, bastaria, 
Sobrara d debelar la hidra espaAola 
Esta mi diestra triunfadora , sola. 

Y nuestro suelo, que ama sobre todos 



-284 - 

El Sol mi padre, en el esuago fiero 

No fu6 ioh dolor! ni el solo, ni el primero: 

Que mis caros hermanos 

El gran Guatimoztn y Moctezuma 

Conmigo el caso acerbo lamentaron 

De su nefiaria muerte y cautiverio, 

Y la devastaci6n del gran imperio, 

En riqueza y poder igual at mio 

Hoy con noble desd^n ambos recuerdan 
El ultraje inaudito, y entre fiestas 
Alevosas el dardo prevenido, 

Y eftecbo en vivas ascuas encendido. 

>jGuerra al usurpador!— ;Qu^ le debetnos! 

^Luces, costumbres, religion 6 leyes? 

jSi ellos fueron estiipidos, viciosos, 
Feroces, y por fin supersticiososl 

i'Que religi6n? ;la de JesOs? jBlasfemos! 

Sangre, plomo veloz, cadenas fueron 
Los sacrainentos santos que trajeron. 
iOh religi6nl ;oh fuente pura y santa 
De amor y de consuelo para el hombre! 
[CuAntos males se hicieron en tu nombre, 

Y qu6 Jazos de amor! Por los oficios 

De la liospitalidad m^s generosa 
Hierros nos dan , por gratitud, suplicios. 
Todos, sf , todos: menos uno solo, 

El mirtir del amor americano, 
De paz, de caridad apdstol santo, 
Divino Casas, de otra patria digno. 
Nos am6 hasta raorir.— Por tanto ahora 
En el empireo entre los Incas mora. 

»En tanto la hora inevitable vino 
Que con diamante seclalo el destine, 
A la venganza y gloria de mi pueblo. 

Y se alza el vengador. — Desde otros mares 
Como sonante tempestad se acerca: 

Y fulmino. Y del Inca en la peana , 



tie el tiempo y un poder furial profana, 
lal de un dios irriCado en los altares 
IS victimas cayeron A millares. 

'h campos de JuNfx! jOh predilecto 

ijo y amigo y vengador de! Inca ! 
)h pueblos que fortniis un pueblo solo 
una familia, y todos sois mis hijos ! 
vid, triunfitd » 

El Inca es clarecid o 
a it seguir; mas de repente queda 
1 extasis profundo embebecido: 
:6aito en el cielo 
tnbos ojos inmdviles ponia, 
en la improvisa inspiracidn absorto 
L sombra de una estdtua parecta. 

Cobr6 la voz al fin. «Pueblo5, decia, 

pigina fatal ante mis ojos 
isenvolvid el destino. salpicada 
ida en purpurea sangre, mas en torno 
.mbi^n en bello resplandor baAada. 
FE de mi nad6n, nobles guerreros, 
d cuanto mi oriculo os previene, 
requerid los iQcJitos aceros, 
en vez de cantos, nueva alarma suene: 
le en otros campos de inmortal n)emor 

patria os pide, y el destino os manda 
ro aHn, nueva lid, mayor victoria.* 
s legiones at6nitas olan ; 
LS luego que se anuncia otro combate, 
alzan, arman, y al orden de batalla 
anas y prestisimas corrieran , 
^a de acometer la voz esperan. 
ina el silencio. Mas de su alta nube 
Inca exclama : « De ese ardor es digna 

ardua lid que os espera; 

dua, terrible, pero al fin postrera. 

s adalid vencido 



— 286 — 

Vuela en su fuga i mi sagrada Cuzco ; 

Y en su furia tnsensata 
Gentes, armas, tesoros arrebata, 

Y i nuevo azar entrega su fortuna. 
Venganza, indignacidti, furor le inflaman, 

Y alii en su pecho hierven como fuegos 
Que de un volcin en las entraAas braman. 

»Marcba : y el mismo campo donde ciej 
En sangrienta porfia 
Los primeros tlranos disputaron 
Cual de ellos s6lo dominar debia, 
Pues el poder y el oro dividido 
Templar su ardiente fiebre no podia; 
En ese campo que i discordia ajena 
Debi6 su infausto nombre, y la cadena 
Que despues arrastro todo el imperio ; 
AUf, no sin misCerio, 
Venganza y gloria nos darin los cielos. 
J Oh valle de Ayacucho bienhadado! 

Campo serAs de gloria y de venganza 

Mas no sin sangre ; Yo me estremecier 

Si mi ser inmortal no lo impidlera 1 

»Alli BolEvar, en su heroica mente 
Mayores pensamlentos revolvicndo, 
El nuevo triunfo trazari, y haciendo 
De su genio y poder un nuevo ensayo, 
Al joven Sucre prestari su rayo : 
AI joven animoso, 
A quien del Ecuador montes y r(os 
Dos veces aclamaron victorioso. 
Ya se veri en la frente del guerrero 
Toda el alma del H^roe reflejada, 
Que 61 le quiso infundir de una mirada. 

»Coroo torrente desde la alta cumbre 
Al valle en mil raudales despeflados, 
Vendr&D loa hijos de la infanda Iberia, 



•.TW?/?^ 



> '." 



— 287 — 

Soberbios en su fiera muchedumbre, 
Cuando i su encuentro volar! impaciente 
Tu juventud, Colombia belicosa, 

Y la tuya joh Peru! de fama ansiosa, 

Y el caudillo impert^rrito d su frente. 

»iAtroz, horrendo choque, de azar lleno! 
Cual a^urde y espanta en su estallUo 
De h6rrida tempestad el postrer trueno, 
Arder en fuego el aire , 
En humo y polvo obscurecerse el cielo, 

Y con la sangre que rebosa el suelo 
Se verA el Apurimac de repente 
Embravecer su rapida corriente. 

»Mientras por sierras y hondos precipicios 
A la hueste enemiga 
El impaciente Cordova fatiga: 
C6rdova , A quien inflama 
Fuego de edad, y amor de patria y fama; 
C6rdova, en cuyas sienes con bello arte 
Crecen y se entrelazan 
Tu mirto, Venus, tus laureles, Marte. 
Con su Miller los Usares recuerdan 
El nombre de JuNfx: Vargas su nombre , 

Y Vencedor el suyo con su Lara 

En cien hazaflas cada cual mis clara. 



»Alli, por otra parte , 
SerenOy pero siempre infatigable, 
Terrible cual su nombre, batallando 
Se presenta La- Mar, y se apresura 
La t^rda rota del protervo bando. 
Era sii antiguo voto por la patria 
Combatir y morir. Dios, complacido, 
Combatir y veneer le ha concedido. 
Mirtir del pundonor, he aquf tu dia: 
Ya la calumnia impla 
Bajo tu pie bramando confundida, 



1 



— 2ft8 — 

Te sonrfe la patria agradecida; 

Y tu nombre glorioso, 

Al armdnico canto que resuena 
Kn las Hondas mirgenes del Guayas, 
Que por oirlo su corriente enfrena, 
Se mezclar^, y el pecho de tu amigo, 
Tus hazai\as cantando y tu ventura, 
Palpitard de gozo y de tercura. 

*Lo grand e y peligroso 
Hiela al cobarde, irrita al animoso, 
jQu^ intrepidez! iqu6 subito coraje 
El brazo agita y en el pecho prende 
Del que su patria y libertad defiende! 
El menor resistir es nuevo ultraje. 
El jtnete impetuoso 
El fulmEneo aicabuz de s! arrqjando , 
Linzase 4 tierra con el tiierro en mano , 
Pues le parece, en trance tan dudoso, 
Lento el caballo, perezoso el plomo. 
Crece el ardor. — Ya cede en toda parte 
EI niimero al valor, la fuerza al arte. 

Y el ibero arrogante en las memorJas 
De sus pasadas glorias, 

Firme, feroz resiste; y ya en idea, 
Bajo triunfales arcos, que alzar debe 
La sojuzgada Lima , se pasea. 

Mas su afin, su ilusi6n, sus artes nada, 

Ni la resuelta y numerosa tropa 
Le sirve. Cede al impetu tremendo; 

Y el arnia de Bail^n rindi6, cayendo 
El vencedor de! vencedor de Europa. 
Perdi6 el valor, mas no la ira pierde , 

Y en furibunda rabia el polvo muerde; 
Alza el pirpado grave, y sanguinosos 
Ruedan sus ojos y sus dientes crujen; 
Mira la luz ; se indigna de mirarla; 
Acusa, insulla al cielo, y de sus labios 
Cirdenos, espumosos, 



J 



Votos y negra sangra y hiel brotando, 
En vano un vengador muere invocando. 

»iAh! ya diyiso mlseras retiquias 
Con todos sus caudillos humillados 
Venir, pidiendo paz; y generoso 
En nombre de BoLfvAR y la patria 
No se la niega el vencedor glorioso, 

Y su triunfo sangriento 

Con el ramo feliz de paz corona: 

Que si patria y honor le arraan la mano, 

Arde en venganza el pecho atnericano, 

Y cuando vence, todo lo perdona. 

»Las voces y el clamor de los que vencen, 

Y de Quin6 las Operas montaAas, 

Y los ciSncavcs senos de la tierra, 

Y los ecos sin fin de la ardua sierra, 
Todo repite sin cesar: j Victoria! 

»Y las bullentes liofas de Apurimac 
A las fugaces linfas de Ucayale 
Se unen, y untdas llevan presurosas, 
En sonante murmullo y alba espuma, 
Con palmas en las manos y coronas 
Esta nueva feliz al Amazonas ; 

Y el espl^ndido rey al punto ordena 
A sus dellines, ninfas y sirenas 
Que en clamorosos, pldcidos can tares 
Tan gran victoria anuncien i los mares. 



»Sa]ud, oh vencedor, [Oh Sucre! vence, 
Y de nuevo laurel Qrla tu frente. 
Alta esperanza de tu insigne patria, 
Como la pal ma al margen de un torrente 

Crece tu nombre Y sola, en este dfa 

Tu gloria, sin BoLfVAR, brillarfa. 
Tal se ve Hgspero arder en su carrera; 



Y del tiocturno cielo 

Suyo el imperio sin la luna fuera. 

»Ppr las jnano^^deSocup la Victoria 
CiAe i BoiivAR lauro in marces ible. ^ 
jOh triunfador! la palma dc^ AAacucho . 
Fatiga eterna al bronce de H Fama, 
Segunda vez Libertador te aclama. 

ȣsta es la bora feliz; desde aqui empieza 
La nueva edad al Inca prometida 
De libertad, de paz y de grandeza. 
Rompiste la cadena aborrecida; y-. j^ y 
La rebelde cerviz hispana hoUaste; 
Grande gloria alcanzaste; 
Pero maypr ie espera, si & mi pueblo, 
s Asi cual i U guerra lo conformas 

Y & conquistar su libertad le empeflas , 
La rara y ardua ciencia 

De merecer la paz y vivir libre 

Con voz y ejemplo y con poder le enseAas. 

»Yo con riendas de seda regl el pueblo, 

Y cual padre le am^; mas no quisiera 
Que el cetro de los Incas renaciera: 
Que ya se vio alg&n Inca que, teniendo 
El terrible poder todo en su mano, 
Conienzd padre y acabd tirano. 

Yo fui conquistador, ya me averguenzo 
Del gloridso y sangriento ministerio; 
Paes uu conquistador, el rois humano, 
Formar, mas no regir, debe un imperio. 

»Por no trillada senda, de la gloria 
Al templo vuelas, Inclito BolIvas. 
Que ese poder tremendo que te fla 
De los padres el fntegro senado, 
Si otro tiempo perder & Roma pudo, 



En tu potente maoo 

Es i la libertad del pueblo escudo. 

»;0h libertadl el H£roe que podfa I 
Ser el bmzo de Marte sanguinario,, 
Ese es tu sacerdote mis celoso, \ 

Y el primero que toma el incensario, 
y & tus aras se incllna silencioso.' 
jOh libertad! 51 al pueblo americano 
La solemne misi6n ha dado el cielo 
De domefiar el monstruo de la guerra, 

Y dilatar tu imperio soberano 
Per las regiones todas de la tierra 

Y por las ondas todas de los mares, 

No temas, con este H^rob, que algdn dii 

Eclipse el ciego error tus resplandores, 

Superstici6n profane tus altares, 

Ni que insulte tu ley la tiranfa: 

Ya tu imperio y tu culto son eternos. 

Y cual restauras en su antigua gloria 
Del santo y poderoso 
Pacha-Cdmac el templo portentoso, 
Tiempo vendri, mi ordculo no miente, 
En que daris i pueblos destronados 
Su majestad ingenita y su solio, 
Antmaris las ruinas de Cartago, 
Selevaris en Grecia el Areopago, 

Y en la humillada Roma el Capitollo. 

»Tuya seri, BoLfvAR , esta gloria, 
Tuyo el romper el yugo de los reyes, 

Y i su despecho entronizar las leyes ; 

Y la discordia en ispides crinada, 

Por tu brazo en cien tiudos aherrojada, 
Ante los Haces santos confundidas 
Haris temblar las armas parricidas. 

»Ya las hondas entraflas de la tierra 
En larga vena ofrecen el tesoro 



Que en ellas guarda el Sol , y nuest 
Los valles regarin con lava de oro, 

Y el pueblo primog^nito dichoso 
De libertad , que sobre todos tanto 
For su poder y gloria se enaltece, 
Como entre sus estrellas 

La esCrella de Virginia resplandece 
No! da el (iscuTo santo 
De amistad fraternal. Y las nacione 
Del remote hemisferio celebrado, 
Al contemplar el vuelo arrebatado 
De nuestras musas y artes, 
Como iguales amigos nos saludan, 
Con el tridente abriendo la carrera 
La Reina de los mares la priraera. 

»Seri perpetua, oh pueblos, esta 

Y vuestra libertad ittcontrastaye ' 
Contra el poder y liga detestable 

De todos los tiranos confurados, 
Si en lazo federal de polo i polo 
En la guerra y la paz vivis unidos. 
Vuestra fuerza es la unitin, TJnifin, ( 
Para ser libres y jamis vencidos. 
Esta uni6n, este lazo poderoso 
La gran cadena de los Andes sea, 
Que en forttsimo enlace se dilatan 
Del uno al otro mar : las tempestadi 
Del cielo ardiendo en fuego se arreb 
Erupciones volcinicas arrasan 
Campos, pueblos, vastisimas regione 

Y amenazan horrendas convulsione: 
El globo destrozar desde el profundc 
EUos, empero, firmes y serenos 
Ven el estrago funeral del mundo. 

»Esta es, BoiivAR, aun mayor h: 
Que destrozar el fSrreo cetro i Espa 

Y es digna de ti solo. En tanto triur 



— 293 — 

Ya se alzan los magnificos trofeos, 

Y tu nombre aclamado 

For las vecinas y remotas gentes 
En lenguas, voces, metros diferentes, 
Recorreri la serie de los siglos 
En las alas del canto arrehatado 

Y en medio del concento numeroso, 
La voz del Guayas crece 

Y 3 las mis resonantes enmudece. 

Tii la salud y honor de nuestro pueblo 
Seris viviendo, y ingel poderoso 
Que lo proleja, cuando 
Tarde al empireo el vuelo arrebatares, 

Y entre los claros Incas 

A la diestra de Manco te sen tares. 

»Asi place al destine. iOh! ved al c6ndo 
Al peruviano rey del pueblo aerio, 
A quien ya cede el ^giiila el imperio: 
Vedle cuSl desplegando en nuevas galas 
Las espl6ndidas alas ; 
Sublime A, la region del sol se eleva 

Y el alto augurio que os revelo aprueba. 

»Marchad, marchad, guerreros, 

Y apresurad el dia de la gloria, 

Que en la fragosa margen de Apurimac 
Con palmaa os espera la victoria.* 
Dijo el Inca, y las bdvedas et^reas 
De par en par se abrieron, 
En viva luz y en resplandor brillaron 

Y en celestiales cantos resonaron. 

Era el coro de Candidas Vestales, 
Las virgenes del Sol, que rodeando 
Al Inca como i. sumo sacerdote, 
En gozo santo y ecos virginales 
En torno van cantando 
Del Sol las alabanzas inmortales. 



— =94 — 

»AlTna eterna del mundo, 
Dios santo del Peru, padre del Inca, 
En tu giro fecundo 
G6zate sin ceiar, luz bienhechora, 
Viendo ya libr<e al pueblo que te adora. 

»La tiniebla de sangre y servidumbre 
Que ofujcaba la lumbre 
De tu radiante faz, pura y serena, 
Se disipt^, y en cantos se convierte 
La querella de muerte 

Y el ruido antiguo de servil cadena. 

»AquI la libertad bused un asilo, 
Amable peregrina, 

Y ya lo encuentra plicido y tranquilo; 

Y aqui poner la diosa 

Quiere su tempio y ara milagrosa; 
Aquf, olvidada de su cara Helvecia, 
Se viene i consolar de la ru'ina 
De los altares que la aizo la Grecia, 

Y en todos sus orlculos proclama 
Que al Madal6n y al KEmac bulUcioso 
Va sobre el Tiber y el Eurotas ama. 

»;0h Padre, oh claro Sol! no desampares 
Este suelo jamds, ni estos altares. 
Tu vivifico ardor todcs los seres 
Anima y reproduce; por ti viven 

Y accifSn, salud, placer, beldad rcciben ; 
Ti^ at labrador despiertas, 

Y las aves canoras 

En tus primeras horas, 

Y son tuyos sus cantos matinales; 
Por ti siente el guerrero 

En amor patrio enardecida el alma, 

Y al pie de tu ara rinde placentero 
Su laurel y su palma; 

Y tuyos son sus cinticos marciales. 



ol ! tu tierra , 
lara de la guerra. 

'OS campos frutos : 
:s el brillo & los mi 
puertos, 
esiertos, 
:toria, 
i las musas glorti 

rii, sosWn, salva, i 

I venga : 

i tides sanguinosas 

horror madres y t 
T A olas civiles 
, y que en paz flor 

los dones soberani 
iciosos y i tiranos. 

ueva luz, rey de 1 
a luz en aquel dfa 
: magnlfica pre pan 
OR la patria mta. 
del Inca y del imp 
ruina & nuevo ser 

lertas, opulenta Li 

illas y recibe 

ador que rodeado 

nerosos, y aclamat 

peranza, 

3az y de la gloria, 

jestad se avanza.» 

las Artes revoland 
el carro esplendori 
pa trios ve need ore 
dean , ostentando 
;en, de iris los cole 



— 296 — 

Y en dgil planta y en gentiles formas 
Dando al viento el cabello desparcidc 
De Sores matizado, 

Cual las Horas del Sol raudas y bella 
Saltan en derredor lindas doncellas 
En giro no estudlado, 
Las glorias de su patria 
En sus patrfos cantares celebrando, 
y en 911S nulidas manos levantando 
Albos y tersos como el seno de ellas, 
Cien primorosos vasos de alabastro 
Que espiran fragantisimos aromas. 

Y de su centro se derrama y sube 
Por los ceriileos imbitos del cielo 
De ondosa incienso transparente nub 
Cierran la pompa esplendidos trofeos, 

Y por delante en larga serie marchan 
Humildes, confundidos, 

Los pueblos y los jefes ya vencidos. 
AI14 precede el 4stur belicoso; 
Alii va el catalin infatigable, 

Y el agreste celtfbero indomable, 

Y el cdntabro feroz que i la romana 
Cadena el cuello sujetd e! postrero ; 

Y el andaluz livlano, 

Y el adusto y severo castellano. 

Ya el iureo Tajo cetro y nombre cede 

Y las que antes graciosas 
Fueron honor del febuloso suelo, 
Ninfas del Tormes y el Genii, en due 
Se esconden silenciosas ; 

Y el grande Betis, viendo ya marchit 
Su sacra oliva, menos orgulloso 
Paga su antiguo feudo al mar undosc 

El Sol, suspenso en )a mitad del ci 
Aplaudiri esta pompa.— «|0h Sol, ol 
Tu luz rompa y disipe 
Las sombras del antiguo cautiverio; 



■■ ?^ 



- 297 — 

mperio; 
nos rescituya; 
y la victoria es tuya.» 
i cielosaplaudieron, 
3r resplaadecieron. 
mitos. Y en tanto 
abe el Inca santo, 
les se escondieron. 

icia te elevo d los cielos, 

la? jOhl jno reveles 

les 

canos celestiales! 

ipolfnea rama, 

Qesa de los dioses, 

irJera Fama, 

' tor men to de la vida. 

lauta conocida, 

<T el bosque umbdo 

asi^ tamarindos, 

linudo y oloroso 

irgen de ml rio , 

campos do en pomposo 

y alta corona, 

;I cetro de Pomona. 

.i mereciere , 

a en que he cantado 

ino 

itino 

lEBLO AMERICANO, 



osadf a , 

la de las Gracias, 

Qor de mis hermanos, 

I patria mfa , 

or de los tiranos. 



— 2()S — 

CANTO AL GENERAL FLI 

VBNCEDOR EN MIAaRICA. 

Cual iguila inexperta que, impe 
Del regio iastinto de su estirpe cl<i 
Eniprende el precoz vuelo 
En atrevido ensayo, 

Y elevindose ufana, envanecJda, 
Sobre las nubes que atormenta el i 
No en el peligro de su ardor repar 

Y d su ambicioso anhelo 
Estrecha viene la mitad del cielo; 

Mas de improviso deslumbrada, 
Sin saber d6nde va, pierde el atiec 

Y 4 la merced del viento 

Ya su destino y su salud entrega; 
O por su solo peso descendiendo, 
Se encuentra por acaso 
En medio de su selva conocida, 

Y allf, la luz huyendo, se guarece, 

Y de &tiga y de pavor vencida, 
Renunciando al imperio, desfallece 

As! mi musa un dia 
Sintio la tierra huir bajo su planta. 

Y os6 escalar los cielos, no teniend 
Mis genio que amor patrio y osadi 
En la region et^rea se declara 
Grande sacerdotisa de los Incas ; 
Abre el templo del Sol; flores y ofr 
Esparce sobre el ara ; 

Cifle la estola espl^ndida y la tiara; 

Inquieta, atormentada 

De un dioE que dentro el pecho no 



n 



Conque el ambiente pUcido perfuma, 
Surgi6 sobre la hirviente y alba espuma 
Del mar, nacida A serenar los mares ; 



Y en vano sobre el margen populoso 
Del rico Tames y bullente Rfmac, 
En verso numeroso 

Canoras voces se alzan despertando 

La musa de Junin que el iacro fuego 

De inspiracitin ces6: linguido expira, 

Y el canto silencioso 

Duerme sobre las cuerdas de su lira. 

Mas nunca el genio muere, y con su aliento 
La tierra, el firmamento, 
El m&rino! y cadiveres anima. 
Ya est* dentro de ml. — Veloces vientos, 
Anunciad & las gentes 
Un nuevo canto de victoria. Dadme 
Laurel y palmas y alas esplendentes ; 
Volvedme el estro santo, 
Que ya en el seno siento hervir el canto. 

;A ddnde huyendo del paterno techo 
Corre la juventud precipitada? 
En sus ojos furor, rabia en su pecho, 

Y en su mano blandiendo ensangrentada 
Un tizi3n infernal, cual civil Parca, 
Ciega discurre, tala y sus horrendas 
Huellas en sangre y en cenizas marca. 



Leyes y patria y libertad proclaman 

Y oro, sangre, poder...,. esas sus leyes, 
Esa es la libertad de que se llaman 
Inclitos vengadores 

Y en los enormes monies interpuestos 

Y en el soberbio inexpugnable alegar, 
Que de lejos ostenta 



— 3°2 — 

Que mis lo apartan del redil que 

Y entre tantos horrores 

Vagan , tiemblan y caen confund 
Ganados y mastincs y pastores. 

Oy6 la voz doliente de la patrt 
Su siempre fiel guerrero, 

Y desnudando el invencible acen 
Se avanza; y los valientes capita 
En cien lides gforiosos le rodean 

Y dar paz A la patria 6 morir fin 
Sobre la cruz de sus espadas jura 
£1 habia, y & su acento 

Todo en torno es accion y movit 

Armas, tormentos b^licos y ci 

Elemento de guerra y de victorii 
Da el auelo, forma el arte, el ger 
Se a pre St a 6 aparece por encanto 
Gime el yunque, la fragua cente 
Brota naves el mar, tropas la tie 
Aquf y alii la juv-entud se adiesti 
A ta terrible y desigual palestra. 

Y el caballo impaciente 
De freno y de reposo, 

Se indigna, escarba el suelo polv 
Impivido, insolente 
Demanda la scAal; bufa, amenai 
Tiemblan sus miembros, su ojo i 
Enarca la cerviz, la alza arrogan 
De prominente oreja coronada ; 

Y al viento derramada 

La crin luctente de su cuello enl 
Ufano da en £intistica cairera 
Mil y mil pasos sin salir del pue 

Mayor atin, agitacidn, tumuli 
Reina en el bando opuesto. 
Armas les da el furor, la ambicit 
Constancia obstinaci6n. iCuii 



~ 304 — 

Con firme paso y exultantes frentes 

Se acometen, se mezclan De una 

El niimero y el fmpetu de la otra 

Arte, valor, serenidad; doquiera 

Furor y sangre y i las armas saii{ 

Aun mSs infame que el orin, empafi 

Y los pendones patrios en con trades 
Rotos y eii sangre flotan empapados 
Cristados yelmos, mJembros palpita 
Erizan la campafla 

Y los troncos humanos 
Se revuelcan, amagan, 

E impotentes de herir, siquiera inst 
Afientras los restos de vital aliento 
Entre sus labios tnacilentos vagan. 

Los antiguos amigos, los herman( 

Se encuentran, se conocen y se a 

Con el abrazo de furente saAa 1 

Ni tregua, ni piedad iQui&a n 

De esta escena de horror? Rompf 

Doliente musa mla, y antes deja 
For siempre sepultada en noche obsi 
Tanta guerra civil. ;Ohl tii no seas 
Qaitn A la edad futura 
Quiera en durable verso revelarla: 
Que si mengua 6 escindalo resulta, 
Honra mds la verdad quien tnds la c 

Co mo rayo entre nube tormentosa 
Serpea fulminando y veloz huye, 
Vuelve & brillar, la tcmpestad disipa 

Y su esplendor al cielo restituye; 
Asl la espada del invicto Flores 
Per entre los espesos escuadrones 

Va sin ley cierta, brilla y despare 

A los unos aterra su presencia ; 
Otros, piedad clamando, se rindieroi 



pan 

Lgal 



iitai 



into 

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,1a 

T.A 

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£nd 



m 



— 310 — 

No ea mfo ya su amor , que i 
Sus caricias son frias como el b 
Es mentira su fe, finge desvelo 
Mas no me engaflari con su fie 
; Y amarle pude, delirante , loc 
j No , mi altivez no sufre su ma 
Y si i olvidar no alcanzas al in| 
Te arraneari del pecho, cofazd: 



— 314 — 

Libertinaje impudico, furores 

De birbara opresi6n su vida impura 

Encerrada en artfculos se encuentra 

Eq el severo c6digo que inspira 

Saludable terror i. los perversosi 

I Y este de corrupci6n conjunto horrible 

Monstruo que hasta el patfbulo iafisixnara; 

Este triunfa, domina, tiraniza, 

Y respira tranquild! Al pueblo imb^cil 

Coa fementido labio artero invoca, 

• Y le ultraja feroz, \y el pueblo sufre, 
Llora abatido y resignado calla ! 

jOh verguenza! [oh balddn! Proscrita en tanto 
La probidad se oculta, perseguida 
Por el delito SitToz. de su inocencia, 
Sin cesar acosada, expuesta siempre 
En inseguro asilo i, la perfidia 

* Del delator vendido que la acecha. 
As! tu patria esti. No tardes, huye. 
iQ\i€ esperas? ^quieres de tu vida infausta 
La suerte mejorar con tu paciencia ? 

Te engafias, infeliz. A la fortuna 

La ispera senda del honor no gu(a. 

Ouien A las altas cumbres la audaz planta 

Mueve y subir procura, no consigue 

Sino elevarse d la regi6n del rayo; 

Mas si los Andes deja, prefiriendo » 

Valles ardientes de fecundo suelo , 

Se ofrecen luego i su encantada vista 

Flores y frutos en frondosas selvas: 

Asf el hombre que intr^pido se avanza 

De la virtud i. la fragosa altura, 

Camina A la desgracia, mientras goza, 

En el campo feraz de la ignominiav 

De iniquidad el premia el delincuente. 

Mira en torno de ti y aprende cauto^ 

Si i la opulencia aspiras, el secreto - ' 

Que conduce al poder. Miente, calumnia, 

Oprime, roba^profanando siempre 




i 



— 3IS -^ 

y libertad el nombre vano: 
digna, adulaci(5n traidora; 
disimuto, alevosla 
) interns por ley suprema, 
elevarin; y tu infortunio' 
er& CO mo el terror de un sueflo. 
I Elpino , el cf nico , que entona 
aa triunfal para el que vence,* 
1 pasa al G61gota , le insulta , 
[izando de exterminio y tnoerte? 
ma su vida se desliza 
Ita en revuelta, como corre, 
mte Sangay en el decltvio, 
liza y desgarradas peflas, 
leate de insalubres aguas. 
or, y Viperino , y tantos 
y rebeldes, que i. tumultos 
imbates sus galonee debeti; 
gado y falso Turpio Vilio, 
odes los partidos sienta plaza 
», vendi^ndose, deserta, 
> se encumbraron , impclidos 
soplo de inmoTtal infamia. 
ierra maldecida , en esta 
msi6D de la perfidia, ^sirven 
) la lealtad , la valentfa , 
inte honradez, los nobles hechos 
I la gloria inmola su existencia? 
gratitud la hiel amarga, 
ridia el veneno y muchas veces 

puflal tal es el premio 

cuador i la virtud presenta. 
6 infeliz: no hay medio, escoge, 
ronto, y antes que te opriina 

gal de muerte la desgrada 

desprecia impSvido, animoso, 
ilos del miedo: i la cuchilla 

1 cerviz y no i la afrenta; 

2 furiosa la borrasca brame, 



-3I6- 

Y ronco el trueno sobre ti re 
Iiim6vil, firme tente ; que al 
Arrastrarte podrin, no envil 
CoDozco, sf , la suerte que m 
Prfsago, triste el pecho me i 
En sangrientas imigenea qu< 
Siento girar en agitado ensu 
Conozco, si, mi porvenir, y 
Duras espinas heririn mi (re 

Y el ciliz del dolor hasta ag< 
Al labio llevari sio abatirme 
Plomo alevoso romperi, silh 
Mi corazdn tal vez ; mas si n 
Respira libre de opresidn, er 
Descansar^ feliz en el sepulo 



SATIRE 



FRAGMENI 

No mis callar: quien ca 

, De tanta corrupci^Q y ale 

En el trinnfo del vicio se 



jD^bil hnmanidad, qvii 
Cuando el honor y la virt 

Y llama impura en tus en 

Grandes pasiones en el 
Sofocadas, tu esplritu es i 

Y de infamia te cubren, c 

iQai eres t& sin honor 
i Q\x6 eres tii sin virtud ? 
Que sangre en torno de s: 



1 los virtuosos gimen 
teen sn retire; 
p^rfidos te oprimeo. 

I nifigaterespiro, 
ismote sepulta, 
mcio yo deliro. 

I verdad insulta: 
al poderoso, 
ifriris, y multa. 

ihw ; al insidioso 
lO sus traiciones, 
ulo amistoso, 

:e airastre sus prisiones 
tanto que el delito 
s y galoues. 



ados del desprecio 
lico indignado, 
los castiga recio. 

sa 1 i Acaso <l ti se ha dado 
tomar del mundo 
seres i tu agrado? 

:cer al cuervo inmundo 
do alitnento; 
ac iracundo? 

que en la regidn del viento 

il elefante, 

do el ardimiento? 

que Riibula ignorante 



^xi- 



Licurgo sea, 6 Payo el trapacei 
En Catdn se convierta ea adela 

Collate, pues; que tu sernidii 
Sin corregir el vicio, te prepara 
Turbi6n de males, que evitaite 

Y si el diablo te mueve i alz: 
Huye, maldita, al Pindo d al P 

Y alU sin riesgo la verdad decl: 

Nn te puedo ofrecer el buen 1 
Para que el viaje sin tardanza e 
Por ser muy viejo, y flaco y de 

Pero mulos tendris, con tal i 
La brida 4 manejar y el acicate 

Y abaodones polfticas contiend; 

V^te & la Convenci6n, en doi 
Soberbio el vicio k la virtud ve 
Donde el error i. la raz<5n comb 

Do la ignorancia triunfa envi 
Sobre el peque&o ndmero que ( 
Cubre d la patria con su rota e; 

Mira i. la diestra, i. la siniest 
Mulos de toda edad, de toda ra: 
Cuil magro, cuAl roltizo y coil 



No sigue al ciervo tan ligero 
Como ^stos siguen al que diestr 
Por medio de una renta hacerl< 

Diles que Apolo mulos apete 
Del Pegaso cansado y de carrus 
Y que prodigo i todos enriquec 



X;.; 



PltDRAHIT 



— -"4 — 

Tu, que inspires al flaco fortaleza. 

Al soberbio humildad, 
Al avaro desprecio i la riqueza, 

Al impfo piedad; 

TiJ , que hiciste atractiva la icocei 
Celestial el candor, 

Inflexible y severa la coociencia. 
El deber bienhechor; 

Qae enseOas & morir por la justici 

Y la eterna verdad , 

Y al mundo dictas en tu ley propi 
Sublime caridad. 

Bendito Tu, que impones la espet 

Y nos mandas amar; 
Tu, que nos dices que la gloria all 

Quien sabe perdonar ; 

Bendito Tij, que has dado at sent 
Inefable fruicidn ; 

Al ooble y elevado pensamiento 
Fuego € inspiracidn ; 



A los puroa y ardientes €■ 
Alleza y beatitud; 

Al alma, de tu Ser revelaciones, 
Y gloria & la virtud. 



— 328 — 

Se rompe fugitiva y desvanece, 

d) en ondeantes penachos sube al cielo. 

Bulle el viento en los drboles sonoro, 

Brilla en las verdes hojas el rocfo, 

Murmura el arroyuelo 

Enire las flores dulce, y mis osado 

Rumor levanta el impetuoso rfo; 

Alii resuena la floresta umbrla 

Con el alegre y bullicioso core 

De pajaros cantores , 

Y todo el aire se hinche de rumores. 

Despiertan la cabafia y la alquerfa; 
Del humo del hogar al cielo sube 
La dom^stica nube, 

Y la vista recrea 

El afanar del laborioso dfa: 

Ya el labrador empufla el corvo arado, 

Y alegre con la idea 

De la futura henchida troje, rompe 
La faz inculta del fecundo suelo, 
Poniendo la esperanza y el cuidado 
En el labrado surco y en el cielo ; 
Se abre el redil, y saltan las ovejas, 

Y se van por el campo derramadas , 
La tierna grama que moj6 el rocio 
Paciendo regaladas: 

Alii se agita la afanosa siega, 

Y la dorada espiga 

Al corvo diente de la hoz entrega 

El precioso tesoro , 

(Talard6n del sudor y la fatiga. 



([En d6nde estis ahora, 
Oh noche, ciega noche engendradora 
De bntasmas medrosas? 
<7D6nde llevaste ya tu triste luna, 
Y tu corte de estrellas silenciosas? 
Este es el sol, que el alto cielo dora; 



— ."29 — 

que viste 

espl6ndidos colores; 
n i su luz las flores , 
indece 

:ra1da de los inontes, 
I 5u luz Naturaleza 
ida el podcroso aliento, 
inmonal belleza. 

1 , &. cuya luz el mundo 
o que durmi6 profundo 
oh noche; y resonante 
en su eje de diamante, 
lil, de vida iJeno, 

primero dfa. cuando 
ecund6 tu seno, 
ifuera 
tera, 

s espacios nitilando. 
!splendoroso 
)5 orbes, sol fecundo! 
del laando 
ce, genitor glorioso 

todo s6r que encierra 
tTcas en tu luz , la tierra.» 

a suerte, oh sol, te saludaba 
los h ombres 
ropel iba mezclado, 
abitador hastiadol 
raz6n, el alma fHa, 
jente 

}, y el est^ril tedio 
la flor de mi existencia, 
nada. 

quel tiempo, y tal vivia ; 

Idecia 

luz, tu luz sagrada, 



— 330 — 

Forque ella no trala 

Placer al alma, ni al dolor remedio. 

j Ya ese tiempo pasd ! Ahora que el cielo, 

Propicio al fin , mis votos ha cumplido , 
Dindome horas de paz, serenos dfas, 
Hundase en las tinieblas del olvido 
Esta de cruel dolor ^poca fiera. 

No vengan sus recuerdos 
A acibarar mis dulces alegrias : 
Regenerado estoy, y no quisiera 
Memoria conservar de lo que he side, 
A ti, Naturaleza, esta que siento 
Inmensa vida rebosar en mi alma, 
A ti la debo sola ; tu eres fuente 
De vida inagotable: el pecho triste 
Que se marchita al abrasado aliento 
De mundanas pasiones, 
Baflado en ti, renaceri al momento 
Al perdido vigor, y nuevamente 
A dulces volveri palpitaciones ; 
El infetice que bebid del mundo 
El cSMz de amargura emponzoi^ado , 
Su labio ponga en tu raudal fecundo, 

Y beber^ el placer! Naturaleza, 

Asl en mi pecho tu nuevo infundiste 
Gozo, del todo extrafto i mi tristeza; 
Per ti mi herido pecho desmayado 
Vuelve i latir, y ea nuevo ardor se inflama, 

Y por ti, en fin , mi esptritu cansado, 
Que aborreci6 la vida, ya la ama! 



LA TARDE. 

Con majestad sublime el sol se aleja, 
Y el extendido cielo 
A las arrebozadas sombras deja, 
Que ya le eubren con umbroso velo. 




— 332 — 

El ruido apaga de mis pasos lentos. 
Como las sombras cunden de la umbria 
Noche en el cielo , asi en el alma mia 
Cunden ya dolorosos pensamientos; 

Y una hoja que desciende, 
Algun eco fugaz, una avecilla 

Que errante y solitaria el aire hiende, 

La leve nubecilla 

Oue viaja ^ reclinarse alld en el monte 

O i, perderse lejana 

En el vago horizonte: 

Todo me causa una emoci6n profunda, 

Me aprieta el alma una indecible pena, 

Y de improviso mi mejilla inunda 
De inesperado llanto amarga vena. 

« 

jMelancolica tarde, tarde umbrfa! 
Desde que pude amar me uni6 contigo 
Irresistible y dulce simpatla. 
Tu fuiste siempre con6dente mia; 
Tu fuiste, tti, testigo 
De mis secretos 6 fntimos deseos 

Y locos devaneos ; 

Tii de mi coraz6n , tu de mi alma 
El seno m^ rec6ndito conoces: 
^Que Idgrima verti que tu no vieras? 
^Exhal^ alguna vez triste suspiro 
Que vagando en tus auras no le oyeras? 
iQut secreto agit6 nunca mi seno 
Que yo d tus mudas sombras ocultara?.... 
jQu6 de sueflos de amor y de ventura, 
Qu^ de ilusiones halagueftas viste 
En mi pecho formarse, 
Con esperanzas halagarme el alma, 

Y para siempre en humo disiparse! 

Todo esto jay infelicel me recuerda 
Esa tu sombra triste, 

Y sin poder valerme huye la calma 



— 333 — 

3 de mi eaplritu agitado, 
5 Tompe en fenido torrente 
de improviso desatado 

ciso olvidarl C6rrase el velo 
y sobre ese de amargura 
:mpo. A mi dolor consuelo 
ledes dar, alma Natura : 
el mundo abandon^ engafioao, 
ar en ti dulce reposo 

del estas heridas mal cerradas 

ren y remueven mi lormento, 

tiempo, y las ver^ curadas. 

hoy mas halagari mi oido 

I ilusidn el dulce acento, 

i la flor do est^ la espina. 

vir contento 

ilce estancia campesina ; 

xi tumba A mis dolores; 

s ambid6n, de envidia ajeno, 

anto di6rame la suerte) 

iombra espero cada dia, 

iereno 

exist encia tarde umbrfa, 

ora de la obscura c 



otro liempo huias 

Uorosos ojos, suefto blando, 

us alas sombrias 

osde mf batias, 

3 en ottos lechos reposando. 

iquel lecho volabas 

guardan la paz las mudas hora 



\\ 



'for- 



— 334 — 

Y el mio abandonabas , 
Porque en €\ encontrabas 

En vigilia i las penas veladoras. 

Donde quiera que miras 
Lecho revuelto en ansias de belefio , 

En torno d^l no giras; 

Antes bien te retiras, 
Pues de las penas te amedrenta el cefio: 

Y asf huyes la morada 
Soberbia de los reyes opresores , 

Y envuelto en la callada 
Sombra, con planta alada 

A la chozuela vas de los pastores. 

Del infeliz te alejas; 
Con su dolor en lucha tormentosa 
Solitario le dejas: 
No atiendes i. las quejas, 

Y s61o atiendes i la voz dichosa* 

Enemigo implacable 
De cruel dolor y criminal conciencia, 
De voz inexorable, 

Y compaflero amable, 

Y amigo de la paz y la inocencia 

Si en otro tiempo huias 
De mis cansados ojos, sueAo blando, 

Y las alas sombrfas 
Lei OS de mf batias, 

El vuelo en otros lecbos reposando, 

Ahora al mlo te llegas 
Solfcito, sin fuerza y sin ru'ido; 

Ya d mis ojos no niegas 

Tu belefio, y entregas 
Mis sentidos d un breve y dulce olvido. 



- 33'- 

Cuando yo te conteraplo. 
Mientras abrasa el aire el mediodfa. 

El misterioso tempio 
Te finge del placer mi &ntasia. 

Los festivos amores 
Estin en torno tuyo revolando , 

Y en tu lecho de Sores 

Se recuesta el deleite suspirando. 

Y al que en tu seno amparas 
£1 numen del secreto dice aerio: 

«Sacrifica en mis aras; 
Mis sombras te promcten el mistcrio.^ 

Y acuden presurosas, 
Dejando las lejaaas arboledas. 

Las aves codiciosas 
De la prumesa de lus sombras ledas... 

Mas yo soy solitario, 
No tengo como el ave compaiitra; 

Me llama a tu santuario 
Mis grata voz, si menos hechictra: 

jLa voz del ocio btando! 

Aqui me tiendo en la mullida alfomb 

De tu cdsped , gozando 
La frescura del rio y de tu sombra. 

Y miro el curso lento 

Que en la pradera tuerce el sesgo rfo, 

Y i su miisica atento 

Me pierdo en un sabroso desvario. 

Ya ver se me Rgura 
AI dios de los pastores y ganados 

Buscando la hermosura 
De Eco por los valles y collados : • 



— 337 — 

ninfa se le esconde 

O sus impiidicos amores, 

an s6lo responde 

itivo acento i sus ctamores ; 

que ella aun deplora 
jrecios de Adonis afiigida, 
n las cavernas Ilora 
• y vago acento convertidb. 

itro las Claras linfas 

de crista! miro un palacio: 

liendo estdn sus ninfas 

s de esmeralda, oro y topacio; 

[itre ellas el sagrado 
5sti del rfo, tnuellemente 
la urna reclinado, 
le limosa alga la frente 

se anima, todo 

iz, cobra vida y movimiento , 

>r extrano modo 

puebla el vago pensamiento. 

campiAa agradable! 
cisimo encanto mio ertsi 
e favorable 
sol, propicia el alma Ceres! 

a te d6 fragancia; 

lya tus galas el invJeriio; 

ona la abundancia 

en ti de su colmado cuerno, 

:i , bosque frondoso, 
oriilas del sonante rio 
go delicioso 

1 los ardorcs del estio, 



-338 - 

Propicio A Lus verdores 
Te sonria apacible el claro delo; 

Frutos te den y flores 
Las estaciones eo su raudo vuelc 



r 



POETISA ANONII 

(SIGLO XVII.) 



^uel 



plai 



lie d 



isiei 
que 



— 344 — 

Que ya que el vulgo rustico, perverso 
Procura aniquilarla , tu hicieras 
Su nombre eterno en todo el universe. 

Aquf, Ninfas del Sur, venid ligeras ; 
Pues que soy la primera que os imploro, 
Dadme vuestro socorro las primeras. 

Y vosotras, Pimpleides, cuyo coro 
Habita en Helicon, dad largo el paso, 

Y abrid en mi favor vuestro tesoro ; 

De la agua Medusea dadme un vaso, 

Y pues toca i. vosotras, venid presto, 
Olvidando 4 Libetros v i Parnaso. 

Y tu, divino Apolo , cuyo gesto 

Al umbra al orbe, ven en un momento, 

Y pon en mi de tu saber el resto. 

Infiama el verso mfo con tu aliento, 

Y en la agua de tu Trfpode lo infunde, 
Pues fuiste de ^1 principio y fundkmenco. 

(I'Mas en qu6 mar mi d^bil voz se hunde? 
^ A qui^Q invoco? iq\i6 deidades llamo? 
i Qu6 vanidad , qu^ niebla me confunde ? 

Si, oh gran Mexia, en tu esplendor me inflame, 
Si tu eres mi Parnaso, tu mi Apolo, 
,; Para qu6 a Apolo y al Parnaso aclamo ? 

Tu en el Per6, tu en el Austrino polo, 
Eres el Delio, el Sol, el Febo santo; 
S^, pues, mi Febo, Sol y Delio s6lo. 

Tus huellas sigo , al cielo me levanto 
Con tus alas : defiendo i, la Poesia: 
F^bada tuya soy, oye mi canto. 



r 



Tii me diste preceptos, tii la eula 
Me seris, tu que honor eres de Espafla, 

Y h. gloria del nombre de Mexfa. . 

Bien s^ que en intentar esta hazaAa 
Pongo un monte, mayor que Etna el nombrado 
Bn hombros de mujer, que son de arafia; 

Mas el grave dolor que me ha causado 
Ver i Helicona en tan hiimilde suerte, 
Me obliga i que me muestre tu soldado. 

Que en guerra que amenaza afrenta, 6 muertc 
Seri mi triunfo tanCo mis glorioso 
Cuanto la vencedora es menos fuerte. 

Despu^s que Dios con brazo poderoso 
Dispuso el caos y confusidn primera, 
Formando aqueste mapa mtlagroso; 

E)espu£s que en la celeste vidrlera 
Fiji los signos, y los movimientos 
Del Sol compuso en su admirable esfera; 

Despu^s que concordd los elementos 

Y cuanto en ellos hay, dando preceto 
Al mar que no rompiese sus asientos; 

Recopilar queriendo en un sujeto 
Lo que criado habia, al hombre hizo 
A su similitud, que es bien perfeto. 

De frigil tierra y barro quebradizo 
Fu6 hecha aquesta imagen milagrosa, 
Que tanCo al antor suyo satisfizo; 

Y en ella con su mano poderosa 
Epilog6 de todo lo criado 
La suma, y lo mejor de cada cosa. 




Quedd del hombre Dios enamorado, 

Y diole itnperio y muchas preeminencias, 
Por Vicedios dejandole nombrado. 

Dot61e de virtudes y excelencias , 
Adorndlo con artes liberates, 

Y diiSle infusas por su amor las ciencias. 

Y todos estos dones naturales 

Lus encerr6 en un don tan etninente, 
Que habita alld en los cores celestiales. 

Qutso que aqueste don fuese una fuente 
De todas cuantas artes alcanzase, 

Y mis que todas ellas excelente; 

De tal suerte, que en t\ se epilogase 
La humana ctencia, y ordend que el darlo 
A solo el mismo Dios se reservase; 

Que lo demcls pudiese i\ enseflarlo 
A sus hijos , mas que esle don precioso 
S6Io el que se lo di6 pueda otorgarlu. 

lQa6 don es ^te? jqui^n el mis grandioso 
Que por objeto i toda ciencia encierra, 
Sino el metrificar dulce y sabroso? 

El don de la poesta abraza y cierra, 
Por privilegio dado de la attura. 
Las ciencias y artes que hay aca en la tierra. 

Esta las comprehende en su clausura, 
Las p>erfeGCiona, ilustra y ennquece 
Con su melosa y grave compostura. 

Y aquel que en todas ciencias no ilorece, 

Y en todas artes no es ejercitado, 
Et n ombre de poeta no merece. 



Y por no poder ser 
Todo el saber en uno 
Jo puede haber poets 

Pero serdlo aquel ir 
}ue tuviere mis alto 
r Fuere en mis estudi 

Pues y^ de la Poesf 
{ su primer origen ^1 
O tieae aquf en la ti 

Oh Musa mfa, para 
)iine ddnde nacid, qu 
Naci6 entre los espiri 

Estos i su Criador i 
'ompusieron aquel T 
}ue al trino y uno sit 

Y como la poesia al 
)e espfritus ang^licos 
}ue por concept OS ha 

Los espirituales, los 
jabrin mis de poesfa 
ifejor mientras tuviei 

De esta regi6n emp 
!e deriv<5 en Adin pr 
:onio la lumbre Delfi 

^Quien duda, que a 
^ mercedes que Die 
'orque le fuese grato 

No entonase la voz 
f cantase & su Dios n 
f que Eva alguna ve. 




- 348 — 

Y vi^ndose despu^s entre terrones, 
Comiendo con sudor por el pecado, 

Y sujeto d la muerte y sus pasiones ; 

Estando con la reja y el arado, 
Que elegfas compondrla de tristeza, 
Por verse de la gloria desterrado? 

Entr6 luego en el mundo la rudeza 
Con la culpa; hincheron las maldades 
Al hombre de ignorancia y de bruteza : 

Dividi^ronse en dos parcialidades 
Las gentes; sigui6 A Dios la mis pequefia 

Y la mayor i sus iniquidades. 

La que siguio de Dios el bando y seAa, 
Toda ciencia hered6, porque la ciencia 
Fundada en Dios al mismo Dios ensef^a. 

Tuvo tambi^n y en suma reverencia 
Al don de la Poesia, conociendo 
Su grande dignidad y su excelencia. 

Y asf el dichoso pueblo, en recibiendo 
De Dios algunos bienes y favores, 

Le daba gracias, cantos componiendo. 

Mois6s, queriendo dar sumos loores, 

Y la gente hebrea, d Dios eterno, 
Por ser de los egipcios vencedores , 

El dlntico hicieron dulce y tierno 
(Que el Exodo celebra) relatando 
C6mo el rey Fara6n baj6 al Infierno. 

Pues ya cuando Jahel priv6 del mando 

Y de la vida i. Slsara animoso, 

A Dios rcgando y con el mazo dando, 



Qu£ poema tan grave y sonoroso 
ic el fuerte y D^bora cantaron, 
■ ver su pueblo libre y victorioso! 

,a muerte de Goliat celebraron 
matronas coo versos de alegria , 
indo i Saiil con ellos indignaron, 

'A ley David sus salcnos cotnponfa, 
n ellos del gran Dios profstizaba; 
i tanta majestad es la poesfal 

il misDio los hada y los cantaba ; 
lis que con retdricos extremes 
ORiponer i todos incitaba. 

Nuevo cantar i nuestro Dios cantt 
cia), y con templados instrumento 
nombre bendjgamos y alabemos. 

Cantadle con dulcfsimos acentos, 
maravillas publicando al mundo, 
n &l depositad los pensamientos. » 

ambten Judit, despu^s que al trem 
ofernes corto la vil garganta, 
lorador lo hizo del profundo, 

.1 cielo emplreo aquella voz levant: 
aodo i Dios loor por la victoria, 
oicos y sagrados versos canta. 

aquellos que gozaron de la gloria 
Babilonia estando en medio el fue; 
Lospreciando vida transitoria, 

IS voces entonaron con sosiego, 
>n metros al Dios de las alturas 
ieron fiesta, regocijo y juego. 



— 350 — 

Job sus calamidades y amarguras 
Escribi6 en verso heroico y elegante; 
Que i veces un dolor brota dulzuras. 

A Jeremias dejo, aunque mis cante 
Sus Trenos numerosos, que ha Uegado 
AI Nuevo Testamento mi discante. 

La madre del Seflor de lo criado 
iNo cotnpuso aquel canto que enternece 
Al coraz6n m^ duro y obstinado ? 

4:A su seftor mi inima engrandesce, 
Y el espfritu mfo de alegria 
Se regocija en Dios y le obedesce> 

jOh dulce Virgen, fnclita Maria! 
No es pequeAo argumento y gloria poca 
Esto para estimar d la Poesla: 

• 

Que basta haber andado en vuestra boca 
Para darle valor, y A todo cuanto 
Con su pincel dibuja, i lustra y toca. 

I Y qu6 dir6 del soberano canto 
De aquel i quien, dudando alll en el temple, 
Quit6 la habla el Paraninfo santo? 

A ti tambi^n, oh Sime6n, contemplo, 
Que abrazado al J^esus con brazos pios, 
De justo y de poeta fuiste ejemplo. 

El Hosanna cantaron los judfos 
A aquel i cuyos miembros con la lanza 
Despu6s dejaron de calor vacios. 

Mas £para que mi musa se abalanza 
Queriendo comprobar cuanto d Dios cuadre 
Que en metro se le dd siempre alabanza? 



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— 352 — 

Di6 al mundo (indigno de esto) los poetas 
A los cuales filosofos llamaron , 
Sus vidas estimando por perfetas. 

Estos fueron aquellos que en se Aaron 
Lab cosas celestiales, y la alteza 
De Dk)s por las criaturas rastrearon : 

Estos m'ostraron de naturaleza 
Los secretos; juntaroa d las gentes 
En pueblos, yfundaron la nobleza. 

Las virtudes morales excelentes 
Pusieron en.precepto; y el lenguaje 
Limaron con sus metros eminentes. 

La brutal vida, aquel vivir salvaje 
Domesticaron , siendo el fundamento 
De policfa en el contra to y traje. 

De esto tuvo principio y argumento 
Decir que Orfeo con su voz mudaba 
Los irboles y petlas de su asiento: 

Mostrando que los versos que cantaba, 
Fuerza tenian de mover los pechos 
M^ fieros que las fieras que amansaba. 

Conocio el mundo en breve los provechos 
De este arte celestial de la Poesfa, 
Viendo los vicios con su luz desbechos. 



Crecid su honor, y la virtud crecfa 
En ellos, asi el nombre de poeta 
Casi con el de Jove competia. 

Porque este ilustre nombre se interprela 
Hacedor, por hacer con artificio 
Nuestra imperfecta vida mis perfeta; 



— 354 — 

Dice que el hombre de poeta es sombra, 

Y tipo de deidad santa y secreta; 

Y que Ennio d los poetas santos nombra. 

Arist6teles diga qu6 es poeta : 
Plinio, Estrab6n, y digaaoslo Roma, 
Pues da al poeta nombre de profeta. 

Corona de laurel, como al que doma 
Barbaras gentes, Roma concQdfa 
A los que en verso honraban su id'ioma. 

Dabala al vencedor porque vencla, 

Y ddbala al poeta artificioso 
Porque i, veneer, cantando, persuadia. 

4 Oh tiempo veces mil y mil dichoso 
(Digo dichoso en esto), pues que fuiste 
En el arte de Apolo tan famosol 

jCuin bien sus excelencias conociste. 
Con cuinto acatamiento la estimaste. 
En qu^ punto y quilate la pusistel 

A los doctos poetas sublimaste, 

Y i los que fueron mis inferioires 
En el olvido eterno sepultaste. 

De monarcas, de reyes, de seflores, 
Sujetaste los cetros y coronas 
Al arte, la mayor de las mayores. 

Y siendo aquesto asi, i por qu^ abandonas 
Ahora i la que entonces diste el lauro, 

Y levantaste alU sobre las zonas? 

De el Nilo al Betis, del Polaco al Mauro 
Hiciste le pagasen el tributo, 

Y la encumbraste sobre Ariete y Tauro. 



ulio C^sar vimos (por quien luto 
lo Venus, siendo muerto i manos 
Bruto en nombre, y en los hechos bruto) 

cu^nta estima tuvo al soberano 
icar, pues de la negra llama 
i Mar6n, el docto Mantuano. 

1 honor de Callope su dama 

16 ^1 mlsmo la senteocia en verso, 

lien vive la Eneida y tiene fama. 

Macedonio que de el uni verso 
tan graode parte, sin que aguero 
se eo algo i su opinion adverse; 

contento con verse en sumo impero, 
tiijo de Peleo la inemoria 
i6, suspirando por Homero. 

tuvo envidia del valor y gloria 
iego Aquiles, mas de que alcanzase 
poeta y una tal historia ; 

siderando que aunque sujetase 
indo y mundos, era todo nada, 
I Homero que lo celebrase. 

rUada, su dulce enamorada, 

z, en guerra, entre el calor 6 el firfo 

via de espejo y de almohada. 

ent^onle un cofre en que Darfo 
aba sus unguentos, tan precioso 
a explicar no puede el verso mfo, 

ido Alejandro un cofre tan costoso, 
ipt6, y dijo: «Aqueste sdio es bueno 
;uardar i. Homero el sentencioso.» 



n 



Poniendo i Tebas cod sus annas freno, 
A la casa de PIndaro y parientes 
Reservd del rigor de que iba lleno. 

Stete ciudades aobles, florecientes, 
Tuvieron por el ciego competencia; 
Que un bueu poeta es gloria de mil getites. 

Apolo en Delfos pronunci6 sentencia 
De muerte contra aquelios que la dieron 
A Arqulloco, un poeta de excelencia. 

A S<5focle3 sepulcro honroso abrieron 
Los de Lacedemonia, por mandado 
Expreso que de el Bromio dios tuvieron. 

hS^ ipm qa6 en ejemplos me he cansado, 
For mostrar el honor que i los poetas 
Los dioses y las gentes les ban dado, 

Si en las grutas del Biratro secretas 
Los demonios hicieron cortesfa 
A Orfeo por su arpa y chanzonetas? 

No quiero explique aquf la Musa mfa 
Los LatiQOS, que alcanzan nombre eterno 
For este excelso don de la Foesfa ; 

Los cuales con su canto dulce y tierno 
A sf y i loa que en metro celebraron 
Libraron de las aguas del Averno. 

Sus nombres con su pluma eternizaron, 

Y de la noche del eterno olvido 
Mediante sus vigilias se escaparon. 

Conoddo es Virgtlio, que i su Dido 
Rindi6 al amor con falso disimulo, 

Y el tilamo afed de su marido. 



- 3S8 - 

Aquesta, de la Oneida mantuana 
Trastrocando los versos, hizo en verso 
De Cristo vida y muerte soberana. 

De las Sibilas sabe el universo 
Las muchas prcfecias que escribieron 
En metro numeroso , grave y terso. 

' Estas del celestial consejo fueron 
Partidpes , y en sacro y dulce canto 
Las F^badas or^culos dijeron. 

Sus vaticinios la Tiresia Manto, 
De divino furor arrebatada, 
En versos los cant6, poniendo espanto. 

Pues (iqu6 dir^ de Italia , que adornada 
Hoy dfa se nos muestra con matronas 
Que en esto exceden d la edad pasada? 

Til, oh Fama, en muchos libros las pregonas, 
Sus rimas cantas, su esplendor demuestras, 

Y asi de lauro etemo las coronas. 

Tambi^n Apolo se infundi6 en las nuestras, 

Y aun yo conozco en el Peru tres damas 
Que ban dado en la Poesf a heroicas muestras. 

Las cuales mas callemos, que sus famas 

No las fundan en verso: i tus varones, 
Oh Espana, vuelvo, pues alU me llamas. 

Tambi^n se sirve Apolo de leones , 
Pues han mil espafloles florecido 
En 6picas, en c6mico y canciones, 

Y muchos han Uegado, y excedido 
A los griegos, latinos y toscanos, 

Y & los que entre ellos han resplandecido. 



e como did el dio 
paAoI su espada , 
I espanto y horro: 

tambi^n el sobei 
6 su plum a, para 
eje antiguo i nu< 

li^ fuera tan die 
tlegantes versos, i 
oetas de Espafla 

Dque loarlos yo f 
I por darles lustre 
e i mi y I 



Fama con su etei 
el cuidado de lie 
el rigor del liemj 

llos tambi^n con 
ar del olvido, ca<i 
izan su9 obras y i 

1 Espafla venerab 
isa puedes con ra; 
por ti esti. en sa 

ti vemos de Feb< 
69 el sacro templi 
rono y silla del h 

rfate de hoy mis 
lia se te rinde y ( 
je los borre la foi 

osotras, antfirtica 
i^n podgis tenero 
ilcanziis tan c61e 



— 3^0 — 

Cuyas plumas heroicas, milagrosas, 
Darin, y ban dado muestras, como en esto 
Alcanz^ voto, como en otias cosas. 

^D6nde vas, Musa? jNo hemos prosupaesto 
De rematar aqui nuestro discurso. 
Que de prolijo y tosoo es ya molesto? 

^Por qu6 dilatas el diffcil curso? 
^Por qu^ arrojas al mar mi navedlla , 
Mar que ni tiene puerto ni recurso? 

^A una mujer que teme en vet la orilla 
De un arroyuelo de cristales bellos, 
Quieres que rompa al mar con su barquilla? 

^C6mo es posible yo celebre d aquellos 
Que asido tienen con la diestra mano 
Al rubio intonso dios de los cabellos? 

Pues nombrarlos A todos es en vano, 
Por ser los del Perii tantos, que exceden 
A las flores que Tempe d^ en verano. 

Mas, Musa, df de algunos, ya que pueden 
Contigo tanto, y alza mds la prima, 
Que ellos su plectro y mano te conceden. 

Testigo me seris, sagrada Lima, 
Que el doctor Figueroa es laureado 
Por su grandiosa y elevada rima. 

Tu, de ovas y espadafias coronado, 
Sobre la urna transparente oiste 
Su grave canto, y fu^ de ti aprobado. 

Y un tiempo fu6 que en tu Academia viste 
Al gran Duarte, al gran Fernandez digo, 
Por cuya ausencia te has mostrado triste. 





— 3^2 — 

La entrada de los Mojos milagrosa, 
La comedia del Cuzco y Vasquirana, 
Tan to verso elegante y tanta prosa, 

Nombre te dan y gloria soberana, 
Miguel Cabello, y ^sta redundando 
Por Hesperia, Archidona queda ufana. 

A ti, Juan de Salcedo Villandrando, 
El mismo Apolo Ddfico se rinda, 
A tu nombre su lira dedicando: 

Pues nunca sale por la cumbre Pinda 
Con tanto resplandor cuanto demuestras 
Cantando en alabanza de Clarinda. 

Ojeda y Gdlvez, si las plumas vuestras 
No estuvieran i, Cristo dedicadas, 
Ya de Castalia hubieran dado muestras. 

Tal vez os las pondis, y d las sagradas 
Regiones os Uegiis tanto, que entienda 
Que de algun dngel las tenuis prestadas. 

£1 uno esti i Trujillo enriqueciendo, 
A Lima el otro, y ambos i Sevilla 
La estdis con vuestra musa ennobleciendo. 

D6me su ingenio Juan de la Portilla, 
Para que ensalce su fecunda vena. 
Que temo con mi voz disminuilla. 

La Antdrtica regi6n que al orbd atruena , 
Con Potosf celebrari su nombre , 
Nombre que el cielo eternizarlo ordena. 

Gaspar Villarroel , digo aquel hombre 
Que d pesar de las aguas del Leteo, 
Con verso altivo ilustra su renombre: 



1 que en la dulznra es un Orfeo, 
iego Melesfgenes en ciencia, 
ajestad y alteza un dios Timbreo, 

por ser quien es, me da licencia 
revie aquf las alabanzas suyas; 
sfmbolo el callar de reverencia. 

lUnque tu la vana gloria huyas 
}r la dar mujer seri bien vana), 
10 quiero, oh Avalos, las tuyas: 

,ndo catle yo, sabe la Indiana 
I muy bien c6nio es don Diego 
le la poesla castellana. 

^n recelo i tu esplendor me llej 
rez Angel, norma de discretos, 
soy mariposa y temo el f uego. 

can tus romances y sonetos 

OS de AnfiSn un tiempo i. Tebas] 

L Arica & fuerza de concetos. 

Antonio Fa!c6n, bien es te atrei 
rtica Academia, como Atlante, 
en ti, pues sobre ti la llevas. 

culto Tasso, ya el obscuro Dantt 
imitador en ti, y tan diestro, 
ido tras su luz, le vas delante. 

liego de Aguilar, eres maestro 

cuela Cirrea graddado, 

tu metro honor del siglo nuestro 

lombre de Cordova, ilustrado 

L por tu lira; justa paga 

Qor que i las Musas has mostrad< 



— 364 — 

No porque al fin, Crist6bal de Afriaga, 
Te ponga de este elogio, eres postrero; 
Ni es.justo que tu gloria se deshaga: 

Que en Pimpla se te da el lugar primero, 
Como al primero que con fuerza de arte 
Corres al parang6n do lleg6 Homero. 

De industria quise el liltimo dejarte, 
Don Pedro ilustre, como i. quien Apolo 
(For ser tu Carvajal) did su estandarte. 

Ni da el Peru, ni nunca di5 Pactolo 
Con sus minas y arenas tal riqueza, 
Como tu con tu pluma i huestro polo; 

. Eipis Herofda, prdstame la alteza ' 
De tu espiritu insigne, porique cante- 
De otros muchos poetas la grande^Kf: 

Mas, pues, hamano ingenio no es'basfantCy 
Saquemos de lo dicho este argumentb, ' 
Si es buena la Poesfa: es importante ' 

Ser buena , por su santo nacimiento, 

Y porque es don de Dios, y Dios la estimaf 
Queda arriba probado nuestro intento. 

Ser importante, pru^bolo: la prima 
Siento que se destempla, y voy cansada, 
Mas la.raz6n d proseguir me anima. 

Serd una cosa tanto mis preciada' ' 

Y de mis importancia , cuanto fuere ^ 
M^ provechosa y mds aprovechada. * 

Es de importancia el Sol porque aunqiie hiere, 
Con sus rayos alumbra y nos da vidl, 
Criando lo que vive y lo que muere. - ' 




— 366 - 

De ver un prado, un bosque, un arroyuelO| 
De oir un pajarito , da motivo 
Para que el alma se levante al cielo. 

Anda siempre el poeta eutretenido 
Con su Dios, con la Virgen, con los Santos, 
(3 ya se baja al centro denegrido. 

De aqui proceden los heroicos cantos, 
Las sentencias y ejemplos virtuosos, 
Que ban corregido y convertido d tantos. 

Y si hay poetas torpes y viciosos, 
El don de la Poesla es casto y bueno, 

Y ellos los malos, sucios y asquerosos. 

El lilio, el alhelf de el prado ameno 
Son saludables ; Uega la serpiente, 

Y hace de ellos t6sigo y veneno. 

For esto el ignorante y maldiciente, 
Tanta seguida viendo, y zarabanda, 
Infame introduccidn de infame gente, 

^ La lengua desenfrena y se desmanda 
A condenar i, fuego A la Poesia , 
Como si fuese her^tica 6 nefanda. 

Necio: £tambi^n ser^ la teologia 
Mala, porque Lutero el miserable 
Quiso fundar en ella su herejia? 

Acusa i. la Escritura venerable, 
Porque la tuerce el mfsero Calvino, 
Para probar su intento abominable. 

Quita los templos donde al Rey divino 
Le ofrecen sacrificios , porque en ellos 
Comete un desalmado un desatino. 



« 

4 



OS metales bellos, 
excelso y sabio, 
Lusa el pretendellos. 

osas mueve el labio, 
las hay mal uso, 
, al hombre agravio, 

nde y trae confuso 
los los poetas 
til en aras puso, 

y varias y secretas, 

^r cat6licas, 

r no te entremetas. 

7ras metafdricas, 
octa me contetnpio, 
otras aleg6ricas. 

por un ejempio 
as visto en cualquiei 
un santo tempio: 

lor nivel dispuesta, 

de oro 

trechos interpuesta: 

es, y UD tesoro 
ros mil ornatos, 



r muchos retratos, 
nds vistoso 
as y aparatos: 

ies el famoso , 
a Cipria diosa, 
) riguroso: 



La prosapia de C^sares famosa 

Y el turco Solim&n allt estaria, 

Y la bizarra turca, dtcha Rosa. 

Plies icdmo en templo santo, en sa 

Y entre gente cristiana de almas pura 

Y donde eati la sacra EucarUtla, 

Se permiten retratos y figuras 
De los dioses pro&nos y de aqueltos 
Que estin ardiendo en circeles obscui 

Permltense poner, y es bien poncUi 
Como trofeos de la Iglesia: y ella 
Con esto muestra que se sirve de ello! 

Asf esta dama ilustre cuanto bella 
De la Poesfa, cuando se compooe 
En honra de su Dios que pudo hacell 

Con su divine espfritu dispone 
. De los dioses antiguos, de tal suerte, 
Que i Cristo sirven y d sus pies los pi 

M^ razones pudtera aquf traerce, 
Oh ignorante; mas si^ntote turbado, 
Que es fuerte la verdad como la muei 

Oh portico esplritu enviado 
Del cielo emplreo & nuestra indigna t 
Gratuitamente & nuestro ingenio dadc 

Tu eres, ti, el que hace dura guerr 
Al vicio y al regalo, dibujando 
El horror y el peligro que en s( ende 

Tu estis i las virtudes encumbrand 

Y enseAas con dulcEsimas razones 
Lo que se gana la yirtud ganando. 



T)i alivdas nuestras penas y pasiones, 

Y das consuelo al dnimo afligido 
Con tus sabrosos metros y canciones. 

Tii eres el pucrto al mar embravecido 
De penas, donde olvida sus tristezas 
Cualquiera que i tu abrigo se ha acogido. 

Tii celebraa los hechos, las proezas 
De aquellos que por armas y ventura 
Alcanzaron honores y riquezas. 

Tii dibujas la rara herirosura 
De las damas, en rimas y sonetos, 

Y el bien del casto amor y su dulzura. 

Tii explicas los intrfnsecos concetos 
De la alma y los ingenios engrandeces, 

Y los acendras y haces m&s perfetos, 

^QuiSn te podrd loar como mereces? 
;Y cotno 4 proseguir serti bastante. 
Si con tu luz me asombras y enmudeces? 

Y dime, oh Musa, ("qui^n de aqui adelante, 
De la Poesia viendo la excel encia, 
No la amari con un amor constante? 

cQu6 lengua habrd que tenga ya licencia 
Para la blasfemar, sin que repare, 
Teni6ndole respeto y reverencia ? 

^Y cudl seri el ingrato que alcanzare 
Merced tan alta, rara y exquisita, 
Que en libelos y en vicios la emplsare? 

jQui^n la olorosa flor hard marcliita, 

Y i las bestias inntundas del pecado 
Arrojari la rica margarita? 



Repara un poco, espfritu caos: 
Que sin aliento vas, yo bien lo v 
y esti muy lejos de este mar el 

Y tii, Mexla, que eres de el Fe 
Bando el principe, acepta nuesti 
De ingenio pobre y rica de de5e< 

Y pues eres mi Delio, ten la ri 
Al curso con que vuelas por la c 
De tu esfera, y mi voz y metro e 
Para que digno's queden de tu In 



D. PABLO DE OLAVIDE. 



ECOS DE OLAVIDE (i). 

Seflor, misericordia ; <l tus pies llega 
I mayor pecador, mas ya contrito, 
ae & tu infiaita paternal clemencia 
ide humilde perdi5n de sus delitos. 

Perd6nalos, SeBor; oye piadoso 
I doliente clamor de mis gemidos; 
^UQ la multitud de tus piedades, 
ava las manchas de mis muchos vicios. 

LtLvalas mds, Seilor; haz que tu sangre 
orre, y no deje mis de misdelirios, 
ue tu gloria de haberlos perdonado, 

mi dolor de haberlos cometido. 

Conozco mi maldad ; veo que es grande ; 
ue no puedo ocultirmela 4 mi mismo, 

s6 que si tu sangre no la borra, 
[a de ser para siempre mi suplicio. 



-o ; destierrode Saiiag&n. 



f-'i^, 



— 374 — 

Pequ^, pequ^, Seflor, en tu presencia; 
jOsado te insults ! ful tu enemigo; 
Mas perd6n; justifica tus promesas, 

Y venza la piedad en tus juicios. 

S^ que soy delincuente ; mas iqu6 mucho, 
Si vengo de un origen tan indigno. 
Si nad de mi madre en el pecado 

Y en un mundo tan torpe y corrompido? 

Mas Tu que la verdad amas piadoso, 
Te has dignado mostrarme, compasivo, 
De tu sabidurfa los secret os , 

Y de la confesi6n el beneficio. 

Alll me rociar^ con el hisopo; 
Con la sangre preciosa de tu Hijo 
Me lavar^s, y quedar^ con ella 
Mds bianco que la nieve y el armiflo. 

A mis oidos les daris entonces 
Con tu perd6n consuelo y regocijo, 

Y mis huesos exinimes y yertos 
Serin ya de tu cuerpo miembros vivos. 

Aparta, pues, tu vista de mis culpas; 
Vuelvan mis ojos i. mirar d Cristo, 

Y livame, Seflor, con esa sangre 
Que pr6digo derramas hilo i hilo. 

Un puro coraz6n cria en mi pecho , 
Un coraz6n que sea de ti digno; 
Mi esplritu renueva, y haz que sea 
Tan recto como injusto fu6 el antiguo. 

No me arrojes, Seflor, de tu presencia, 
Que eres nuestra salud, gufa y camino; 
Alumbreme tu luz, y no me quites 
De tu Espfritu Santo el dulce auxilio. 




— 375 — 

Vu^lveme i la alegria de tu gracia; 
Vuelve i reconocerme por tu hijo; 
Confirmame en to amor , y que ya siempre 
Te sirva fervoroso y sometido. 

Tu santo nombre alabarin las gentes; 
Yo mostrar^ tu senda i los inicuos, 

Y admirando tu gran misericordia, 
A ti convertirdnse los impios. 

jOh Dios de mi salud, Dios de clemencia! 
Librame del mortlfero atractivo 
De la carne y la sangre , y tu alabanza 
Mi lengua entonar^ todos los siglos. 

Tu, Seflor, abrirds mi torpe labio, 
Este labio que tanto te ha ofendido, 

Y ya ferviente ensalzari tu gloria 
Con iieles cantos, con amantes himnos. 

Porque si til quisieras otra ofrenda, 
Ninguna te negara el amor mfo; 
Pero no quieres tu mds holocausto 
Que un puro amor y un dnimo sumiso. 

Un espfritu fiel y atribulado 
Para ti es el mis digno sacrificio , 

Y nunca has despreciado los clamores 
De un coraz6n humilde y compungido. 

Sefior, pues amas y deseas tanto 
A tu siervo salvar , disp6n benigno 
Que en la mortal Jerusal^n de mi alma 
Se labre de tu amor el edificio. 

Aceptaris entonces las ofrendas , 
Los holocaustos que te son debidos, 

Y de tu altar mi coraz6n pendiente , 
Arderd en incesante sacrificio. 



— 376 — 

Gloria se cante al Padre soberano , 
Esta gloria tambi^n cdntese al Hijo , 
Y al Espiritu Santo , que es Dios nuestro 
Uno en esencia y en persona trino. 



SALMO CIX. 
Dixit Dominus Domino meo. 

Dijo el Seflor al que es el Seftor mlo: 
«Si^ntate ^ mi derecha, hasta que haga 
Que, puestos k tus pies tus enemigos, 
Servir de apoyo puedan i, tus plantas. 

»Hari el Seflor que de Si6n augusta 
De tu fnclita virtud saiga la vara, 
Que en medio de tus mismos enemigos, 
Los venza, los domine y los abata. 

»Esta vara es el cetro de tu imperio, 

Y la empufi6 tu mano soberana, 
Cuando todo el poder, toda la gloria, 
De mi eterna virtud mi amor te pasa. 

»En medio de las luces y esplendores 
Que en el cielo d mis santos acompaiian , 
Pues te engendre en mi seno antes que hiciera 
Al lucero magnifico del alba> 

El Seftor lo afirm6 con juramento, 

Y nunca se desmiente su palabra: 
4;Tu eres (le dice) sacerdote eterno: 
Melchisedech el orden te prepara. 

»E1 Senor que te tiene d su derecha, 
En el dia fatal de su venganza, 
Redujo i polvo y convirti6 en cenizas 
A los mis grandes reyes y monarcas. 



— 377 — 

igard las naciones. De ruin 
iverso llenari su saAa, 
e destrozari muchas cabez 
1 ley violan y su culto ata 



el torrente que el c: 
endri para beber de su ag 
eso de gloria revestido, 
a frente y su cabeza exalta 



D. MARIANO MELGAR. 



Por mSs que quiero 
De U memoria 
Boirar la gloria 
Que posel, 
Por todas partes 
Cruel me persigue; 
Siempre me sigue, 
Siempre, -ay de mi! 

Procuro en vano 
No dar oldo 
A aquel sonido, 
Que un dfa oi, 
Cuando mi prenda 
Jur6 ser mfa, 
Y me decia : 
*Sei6 de ti.» 

Su voz entonces 
Fa6 mi contento ; 
Su juramento 



-383- 

Me hizo fdiz. 
Mas sus recuerdos 
Me son mortales, 

Y en t re mil males 
Llego i gemir. 

i Por qui ha perdidc 
Su fiel firmeza, 

Y su pro mesa 
Olviddruin? 
Cuando yo fino 
Mis la queria, 
Me borr6 impfa 
Del pecho vil. 

Esta inconstancia 
Cruel y severa 
Calmar debit ra 
Mi frenesi, 
Pero s61o hace 
Que se acreciente 
Mi llama ardieute, 
Llama iafeliz. 

Amor infame, 
Dime, ^hasta cuindo 
Quieres vil mando 
Tener en ml ? 
Borra esa ingrata 
Del pecho nilo: 
No mis, impfo, 
Me hagas morir. 



La prenda m(a, 
En quien tenfa 



Puesto mi gusto, 
Hoy me persigue 
Con odio injusto. 

Ya yo en sus ojos 
Sdlo hallo eoojos; 
Cuando antes era 
Su vista sola 
Mi dicha entera. 

Ya su voz suave 
Lleoar no sabe 
Mi triste oido ; 
Sus dulces ecos 
Ya se ban perdido. 

MurI6 el acento 
En que el contento 
Tuve cifrado; 
Ya DO me dice: 
«Tii eres mi amado 

Si me escucbara, 
Yo le clamara: 
a;Siempre eres mta!» 
Y quizi entonces 
Se apiadarla. 

Pero eoojada 
Mi prenda amada, 
Ni oirme quiere : 
Ya mi esperanza 
Del todo muere. 

Prenda querida, 
Por quien la vida 
Me quitael llanto, 
jPor qu^ me tratas 
Con rigor tanto? 



- 384 — 

Dard contento 
Mi ijltitno aliento, 
Si esto lias querido; 
Pero no pienses 
Que tnfiel he sido. 

D^me la muerte 
Tu mano fuerte 
Con dardo irapfo, 
Como al matarme 
Digas : « i Es tnio ! » 

Y por divisa 
De mi ceniza 
Pongasdelante: 
«Bajo esta losa 
Yace mi amante.» 



VI. 

I'uelve, queya no ptudo 
Vivir sin tus carinas : 
Vuelve, mi palomita, 
Vuelve d tu dulce nido. 

Mira que hay cazadores 
Que con afin maljgno 
Te pondrin en bus redes 
Mortales atractivos; 
Y cuando te hayan preso 
Te darin cruel marttrio: 
No sea que te cacen: 
Huye tanto peUgro. 
Vuelve, mi palomita, 
Vuelve d tu dulce nido. 

Ninguno ha de quererte 
Como yo te he querido, 



iO? 

uert 



Vuelve, mipahmita, 
VueJve d tu dulce nido. 



Yo s61o r 
Tu bello colorido, 

Y s6Io sabrd darle 
Su predo merecido, 
Yo s61o asl merezco 
Gozar de tu carifio ; 

Y tii S(51o en mi puedes 
Gozar dias tranquilos. 
Vuelve, nti palomita, 
Vuelve d tu dulce nido. 

No seas, pues, tirana; 
Haz las paces conmigo; 
Ya de Ilorar cansado 
Me tiene tu capricho. 
No vueles mis, no si gas 
Tus desviados giros; 
Tus alitas doradas 
Vuelve i ml, que jra expii 

Vuelve, que ya no puedt 
Vn/ir sin tus cariRos; 
Vuelve, mi pahmita, 
Vuelve d tu dulce nido. 



Sin ver tus ojos 
Mandas que viva 
Mi pecho triste; 
Pero el no verte 
y tener vida 
Es imposible. 



-387- 

Las largas horas 
Que sia ti paso 
Son insufribles; 
Vivo violento, 
Nada me gusta , 
Todo me aflige. 

El sol me envla 
Para alegrarme 
Luz apacible; 
Mas si no trae 
Tu imagen bella, 
jDe qu^ me sirve? 

En mi retire 
Aguardo solo 
Hasta que viste 
De negro luto 
El orbe entero, 
La noche horrible. 

Mientras los astros 
Van silenciosos 
Al mar 4 hundirse, 
Yo revolviendo 
Estoy las peaas 
Que el pecho oprimen 

Eo mi desvelo, 
Mi amor y pena 
Suelo dedrte ; 
Pero estSs lejos, 
Mo oyes mf llanto, 
Ni por mi gimes. 

Por largas horas 
Mi amarga queja 
Mi alma repite, 
Hasta que el cielo 



OSlS MANUEL VALD^S. 

SALMO LXXXIV. 

BBNED13USTI DOMINE. 

ia la libertad del pueblo hebreo, cautivo en Babilonia. 
. profetiza y pide laredenci6n del g^nero hnmano, pore 
mpo ae juDtarlao la miMricordiay la verdad, y deberba 

n, Seflor, tu bendicidn echaste 
sta tierra que tu herencia llamas ; 
leblo de Jacob has libertado 
ro cautiverio en que se hallaba. 

as perdonado todas las maldades, 

eron ocasi6ii i. su desgracia ; 
indo sus culpas en el seno 
niserlcordia soberana. 

iplacado tu terrible enojo ; 
1 castigo riguroso apartas, 
> por nuBstras culpas indignado, 
icla pedia la venganza. 

nipotente Dios ! consuma tu obra : 
3r nuestro, tu piedad nos valga: 
rtanos tu amor, y haz que i ti vuelvan 
e distantes de tu gremio se hallan. 




— 3?2 — 

^Tu, Seflor, por ventura, nos condenas 
A ser el bianco de tu eterna safla? 
^ Y seri tu furor tan implacable, 
Que se cebe tambi^n en nuestra raza? 

No seri asf , mi Dios: cual tierno padre, 
Visitar^ de nuevo nuestras almas ; 

Y con jubilo santo entonaremos 

Los cdnticos piadosos que te agradan. 

Tu gran misericordia , Seflor mlo, 
Sobre nosotros mfseros derrama ; 

Y en via al Salvador, de quien tu pueblo 
Espera su salud con vivas ansias. 

Atento oir6 lo que i. mi mente inspire 
Mi se&or y mi Dios, pues sus palabras 
La dulce paz anunciar^n al pueblo 
Que nunca en sus trabajos desampara. 

La dicha de los justos me revela 
Que la divina ley fielmente gu^rdan ; 

Y tambi^n de los pobres pecadores, 
Que ya por el perd6n contritos claman. 

Venturosos sin duda son los fieles, 
Si el temor santo en su interior se arraiga: 
Su Salvador se acerca, y con el brillo 
De su gloria, esta tierra seri santa. 

Satisfechas entonces la justicia 

Y la misericordia, y dindose ambas 
Un 6sculo amigable, en todo el mundo 
Harin que la justicia y paz renazcan. 

Nacerd la verdad de limpia tierra, 
Pues la eterna justicia al contemplarla, 
Bajard presurosa desde el cielo 
Para fijar en ella su morada. 



o con nosotros, 
>s rescata, 
■i que brote 
estando iatacta, 

iere, i la justida 
tiene & raya, 
r la senda 
lesle patria. 



sU de la gnndeu, sabjdurte y poder que 
inplicando este Miroo un expoaitor, dice 
' amltrnflaniiii d la unlura/ita, tlna In 



magnifica; 

lor, es tu grandezal 

lica, 



y hermosura, 
p-erso criaste, 



ndiste et cielo, 
OS com place , 
velo, 
isuelo, 
uvias hace. 



— 394 — 

Sobre alas de los vientos en vistoso 
Cairo de espesas nubes te paseas 

Por el cielo lumbroso: 

y el rayo pavoroso 
Para que el hombre te respete empleas. 

Y asf como te sirven obsecuentes 
El aire y f uego , estin i tu servido 
Espiritus ardientes 
Que cumplen diligentes 
De ^geles y ministros el oficio. 

Colocaste i la tierra suspendida, 
Con su gran peso, sin sost^n ninguno; 

Y ^ tu orden sometida, 
Ni se vi6 retnovida, 

Ni la veri tampoco siglo alguno. 

Sobre ella el mar estuvo derramado; 
Sus aguas como manto la cubrian; 

Y en tan confuso estado, 
Sin lugar destinado, 

Sobre los montea su remanso hacfan. 

Las reprendes airado ; y abatidas 
Al formidable ruido de tu trueno, 

Temiendo ser destruldas, 

Huyen despavoridas 
A sepultarse en su profundo seno. 

Se elevan i sus utiles alturas 
Los orguUosos montes; aparecen 
Las humildes Uanuras; 

Y aquestas criaturas 
Conforme i. tu mandato se establecen. 

T^rmino seAalaste al mar: hiciste 
De ligeras arenas sus murallas; 

Y & tu orden no resiste, 



Pues cuando las embiste, 
Atris se vuelve sin salvar Us playas. 

La tierra fertilizas con las fuentes 
Que humedecen los valles y campaAas; 

Y conductos patentes 
Abres i. sus vertientes 

Entre las duras y isperas montadas. 

Asf & las aguas haces asequibles : 
Beben las bestias que en el campo pacen 
D6ciles y apacibles; 

Y las fieras terribles, 

Su deseo igualmente satisfacen. 

Con frecuencia en sus plicidas orillas 
Se notan numerosas poblaciones 
De mansas avecillas, 
Que en huuiildes casillas 
Entonan entre piedras sua canciones. 

Sobre los altos monies de la sierra 
Agua viertes en tiempos seflalados ; 

Y asf en toda la tierra, 

A las plantas que encierra, 
Enriqueces con frutos sazonados. 

Tambien brota heno con que se mantienen 
Muchos brutes; y yerbas especiales. 
Que 4 los hombres convienen , 
Porque eficacia tienen 
Para alivio y remedio de sus males. 

Otras plantas les sirven de sustento, 
O para hacerles cdmoda la vida : 

Les da el trigo alimento; 

Alegrfa y alien to 
El delicioso vino en la comida. 



— 396 — 

El Tostro con aceite se embelli 

Y el pan es la comida cotidiana 

Con que se robustecen, 

Y que mis apeteceo, 
Por ser tan nutritiva como sana 

A los irboles riegas de los pra 

Y i los cedros del Libano que a) 

Se miran levantados, 
Por ti solo plantados, 
Donde albergan las aves sin rect 

Las gufa la cigCefla, y con pr< 
Hace su nido: el ciervo va liger< 
Al monte, en cuya altun 
Halla cueva segura; 

Y el erizo entre piedras su agujf 

Tit hiciste que la luna en su c 

For tiempos seflalados alumbras 

y que el sol en la esfera 

A su ocaso corriera, 

Despu^s que nuestro cielo ilumi 

Cuando el sol de nosotros se c 
Con negras sombras & la tieira t 
Sigue la nocbe al dfa, 

Y salen & porfla 

Los animales fieros de sus gruta 

Los leoncillos hambrientos co 
For los amenos prados se derrai 

Rugiendo con fiereza ; 

y deseando una presa, 
A ti por ella ocurren , y i ti clai 

Mas luego que el los renaciCDi 
Al claro sol, sus rayos luminoso 
Tal miedo lea iospiran, 



{ue al punto se retiran 

,n en sus antros tenebrosos. 

itrario, sacude el bombre el sueflo 

raya la luz y al sol descubre, 

' aiabando i su dueOo, 

'rabaja con empeflo 

je por la tarde se le encubre. 

grandes son tus obras ! reaplandece 

r, oh Sefior, en cuanto hiciste: 

' porque en ti creyeso 

;i hombre, y te si'rviese, 

.6 dones la lierra enrlqueciste ! 

n viendo al mar tan grande y anchuroso, 

Z09 de agua y peces sin guarismo, 

Lmante y respetuoso, 

^mo i Dio3 poderoso, 

lora humillindose it si mismo? 

viven y tienen sus moradas 
;s pequeflos y mayores ; 
r las naves osadas, 
lobre ondas encrespadas, 
n despreciando sus furores. 

inorme drag6n d la ligera (i), 
3, burla al piSlago violenfo; 
(as de ti s61o espera 
:ada animal doquiera 
layas colocado su alimepto. 

mida les das, y la recibenj 

o ven abierta en su indigencia; 

r el sQcorro perciben 

itiende U billena y demJa ceUceos 6 p«es de enorme m«g- 



_ 398- 

Todo el tiempo que viven 
Coofiados en tu grande providencia 

Si el rostro les ocullas, se estremt 

Y el aliento les falta ; sua sentidos 

y miembros desfallecen ; 

Y exinimes perecen , 
Para quedar en polvo reducidos. 

Mas no mueren i un tiempo, put 

De cada especie, para que produzca 

Cuyo3 bijos preservas, 

Y asf siempre conaervas 

Eo la tierra antes que se reproduzc 

Sea dada al SeAor eterna gloria, 
Pues le agradan las obras de sus ma 

Y la sagrada historia 
Dilate su memoria, 

Excitando su amor en los humanos 

I Terrible es nuestro Dios I si se e 

Y ve 4 la tierra, con espanto sumo 

Se turba y estremece, 
Come si feneciese ; 

Y si & los monies toca, exhalan hun 

A mi Sefior, por tanto beneficio, 
Le hard, mientras viviere, de alabai 
Perpetuo sacrificio ; 

Y seri mi ejercicto 
Cantarle salmoi^, Ueno de confianza. 

Ojali que despuds de yerros tantc 

Merezca en todo tiempo complacerli 

Con mis devotos cantos ; 

Y que unido & los santos, 
Inundado de gozo logre verle. 



— 399 — 

Luzca, Sefior, el venturoso dfa 
a que i. los pecadores justifiques, 

Y auti i la gente impla ; 

Y alibale, alma mfa, 

ira que mis y mis te purifiques. 



. FELIPE PA 



D. FELIPE PARDO Y ALIAGA. 



AL SR. D. J. J. DE OLMEDO. 



Cortaate espada que en feroz coatienda 
Abati6 vencedora 
Cabezas enemigas , 

Y {a& COD sus reflejos tan tremenda 
Cual la lumbre del rayo destructora, 
Yazga en quietud eterna sumergida ; 
En negro orin el tiempo 
Envolver^ su brillo deslumbrante 

Y su filo tajante ; 
Hasta que, carcomida, 
Al impulso mis leve 

Verise en sucio polvo convertida. 

Al alazin brioso 
Que no temii5 erizadas bayonetas 
De fuertes batallones; 
Que por entre los fuegos discuirfa, 
Con vistosos arqueos 
Las manos levantando, 
Como pudiera en fiestas y torneos ; 
Que dgil, veloz, impivido y fogoso, 



— 404 — 

Densas filas rompfa, 

Y hollaba con sus plantas 

Mil cuerpos de guerreros expirando . 
Mfralo en aquel prado, 
Desgrefiada la crin , caido el cuello, 
Por su ingrato jinete ya olvidado. 
Su casco ayer el encrespado risco 

Y la ^pera montafta herla fiierte, 

Y hoy pisa trabajoso blanda tierra. 
Flaco, d6bil y mustio, 

Pr6ximo A ser despojo de la muerte, 
Perdi6 su ardor natfo 
Para la cruda guerra, 

Y en la carrera el arrogante brio. 



Atleta corpulento 
En medio el ancho drco 
Sus colosales miembros ostentaba 

Y su esbelta apostura ; 

Y no bien entregaba 
Con soberbio ardimiento 

Y arrogante y gentil desenvoltura 
El brazo i la pelea, 

Cuando miraba, al fmpetu violento , 
A sus pies abatido 
Al m^s fiero contrario, 
En polvo, en sangre y en sudor tetlido. 
Pero [ah! ya el eco grato de la gloria 
Su esplritu apocado no enardece ; 
No busca ya el laurel de la victoria ; 
El ceflo de un contrario lo estremece; 
A la sangrienta lid el cuerpo niega, 

Y al ocio muelle y femenil se entrega. 

Descuidado de ti , raudo caminas 
A igual destino, Olmedo ; 
El fuego inspirador del sacro Apolo, 
Que arrebata la mente A las divinas' 
Mansiones del Olimpo, aide en tu alma; 



r 



— 405 — 

Td conseguiste solo 

Entre los vates del Perd la palma; 

Ya la suerte llorando 

De aquel precioso niflo 

Que abri6 sus ojos i la luz del dia, 

AuD atada la patria 

Al yugo de la negra tiranfa; 

Ya celebrando en inflamado tono 

El venturoso instante 

En que, vencido el pabell6n del trono, 

La patria enseQa flamed triunfante. 

Pero jayl que sumergido 

En ocio y en silencio, 

No los labios desplegas, 

Ni de tu acorde lira 

El eco resonante al aire entregas, 

loddcil tu albedrfo 

Al elevado numen que te inspira. 

Tiempo xr&, si au favor desdefias, 
Que, irritado ese numen, niegue frfo 
Su inspiracidn al canto, 
Y en heladas cenizas convertida 
El ascua engendradora de esa llama 
Que el coraz6n te inflama, 
No elevarse atrevida 
Tu voz sonora vuelva 
En sublimes canciones ; 
Que verde musgo euvuelva 
Las cuerdas de tu dtara, y no alcances 
De tu indtil pulsar otra armonfa 
Que mal ligados sones. 

Y iveiis impasible que se acerca 
Ese funesto dIa , 
Asl A tus coropatriotas doloroso 
Como i ti vergonzoso, 
En que, perdido eL sacro privilegio 
Que & regiones m^ altas te sublima, 



— 4o6 — 

Entre el pro&ao vnlgo te confundas 7 

^Tal vez tu blando corazdn herido 

Por el punzante arp6n de los pesares, 

No pu»le complacido 

Darse i dulces cantares ? 

^Tal vez ausente de tu cara esposa 

Y del linico fruto 

Que el cielo i tus amores reservara, 

Ligada noche y dfa 

A tan tiernos objetos , 

Huye al poder del Dios tu bntasfa? 

jAh! no: bien sabes, inspirado vate, 

Que, cual suele apacible ventolina 

Disipar densa Qiebla, 

Tal la influencia divina 

De las mmas al alma pesarosa 

Consuela, tierna amtga, 

Con habla cariAosa , 

Y la amargura del dolor mitiga. 

jFalta acaso & tu lira asunto digno? 
fNo puedes dar lecciones 
De paz y de grandeza i este hemisferio, 
Elevados ejemplos presentando 
De otras libres nadones? 
^Ko ves hondo venero de belleza 
Entre Io9 fastos del antiguo imperioP 
jMaldecir en tremendas armonias 
No te es dado, los crimenes atroces 
De los aciagos d(as 
En que nionstruos feroces, 
Desfaonrando de Espafia el poder regio, 
Con vil codicia y negro fonatismo 
Cometieron el torpe sacrilegio 
De hacer correr la sangre de los Incas 
Mezclada con el agua del bautismo? 

U bien, ^por qui, las mieles destilando 
De angelical dulzura 



— 407 — 

Que el Dios de la bondad puso en tu pecho, 
For qu€ no ensalzas con acento blando 
IDe nuestros ricos campos la hermosura, 

Y en recompensa digna 

Del afecto que de ellas merecieras , 
For qu6 el gentil donaire y la teraura 
No celebras, cantor, de las hermosas 
Que habitan estas playas, 

Y de las que se aduermen voluptuosas 
En las vastas praderas 

Con que da ufano tu pompoSo Guayas 

Oria siempre florida 4 sus riberas? 

Tan culpable inaccidn destierra, oh vate: 

AI m^co poder de tu armonta, 

Haz que mi pecho ufano se dilate : 

Canta, y e! padre del Ferii, bondoso, 

Al canto sonoroso, 

Desde su solio diamantino rfa; 

Canta, y mi numen inexperto gufa. 



LA ENTRADA DEL AflO. 

CANTATA A LAS HERMOSAS DE LIMA. 

Mirad, alii de Europa en las r^ones, 
Cuin safludo se ostenta el viejo Enero, 
De escarcha y seca rama coronado, 
For fieros aquilones 
En 5u carro de nubes arrastrado. 

Gufanlo en su sendero 
Las Horas de la noche tenebrosas; 
Y al rechinar horrendo de sus ruedas, 
Responden tempestades horrorosas. 



— 4o8 — 

Mientra en la dulce LiiAa, 
Galdn hermoso, lo conducen ledas 
Las jaguetonas Ndyades del Rima: 
Las acompafia el c^firo suave ; 

Y ya de la mis bella 

En el nevado seno se adormeoe ; 

Ya en sus purpdreos labios, 

Osado el beso sella; 

Ya travieso le agita 

El cabello coposo, 

Que contraste vistoso 

A los ojos ofrece 

Con los blancos jazmines que lo adoman. 

Cine el afio naciente 
De floridas guirnaldas su ancha frente ; 

Y la tersa frescura 

Y el ro^do color de su mejilla, 

De los frutos retratan la hermosura 

Con que Pomona en nuestros huertos brilla. 

jHijas de Lima hermosas! 
A gozar OS convida 
La aurora de la vida 
Que entre celajes fulgidos 
Empieza d amanecer. 
La estacion suspirada 
Ved llegar placenteras, 
Que pinta lisonjeras 
A vuestra mente im&genes 
De amor y de placer. 

Amad , gozad los ripidos instantes 

En que os sonrle juventud dichosa 

Mas {ay! tras este Enero que os halaga, 
Otro Enero vendri y otros Eneros : 
De la tarda vejez la nube aciaga 
Cubrird las mejillas rozagantes; 
Y, cual suelen relimpagos veloces 



Que atraviesan la atmdsfera A deshora 
Y^ eatre U negra obscuridad se pierdea, 
Hechizos pasarin, amor y goces. 

;Ybabriel olvido 
De sepultar 
Los dulces rasgos 
Delabeldad, 
Que dar al hombre 
Grato soiaz 
Sabe, y las almas 
Avasallar? 

I Ay! si vos lo quer^is, vuestra belleza 
Eternamente guardari la fema. 
No de un amor vulgar la d^bil llama 
Os arda el coraz6n. No la riqueza 
Os cautive de avaro roercadante 
Que eacueatra mis deleite en que su nao 
Venturosa retorne 
Al seguro Callao, 
Que en la tierna sonrisa de su amante. 

Tampoco os enamoren 
Brillantes armaduras y penachos; 
Que solamente A la beldad se abate 
El alma del guerrero, 
Hasta que suene la hora del combate; 

Y en tanto que 61 entre las armas fiero 
Busca muerte gloriosa, 

En ligrimas acerbas 

Se inunda el rostro de su triste esposa. 

El muere: erguida asoma, 
Entre la densa niebla de los tiempos, 
Su frente laureada; 
Admira i los futuros; mientras ella 
Cede al rigor de su infeliz estrella, 

Y perece afligida 6 ignorada. 



— 4^0 — 

Amad i. los poetas; 

Y la posteridad vuestros encantos 
Que encendieron amor correspondido, 
Mirari, vencedores del olvido, 
Etemizados en sonoros cantos 

Por el vate feliz que os mereciera. 

Y las hermosas que del Po lejano 
Habitan la ribera , 

Y las que ostenta el golfo gaditano, 
Eavidiosas verdn los bellos ojos 
De las hijas de Lima , 

Que con vivacidad y con ternura 

Resplandecen; la angelica dulzura 

Del apacible rostro 

Que la modestia anima; 

El pie pulido y el airoso talle. 

jOh! jSi el dios de Helicona 
Mi disonante cltara templara, 

Y con la llama pura 
Que su frente corona 
Mi esplritu inflamara ! 
Mi voz osada entonces, 

Cinticos entonando i la hermosura 
Que el cielo dio i las ninfas de mi patria, 
Del ocaso i, la aurora cruzarfa 

Y desde el Septentri6n al Mediodia. 

Lima, 1829. 



EL PERU. 



iQu6 es esto? lOh DiosI (jQu6 vertigo satinico 
A numerosos pueblos rapidisimo, 
Cual movidos por impetu medlnico, 
Lleva d hundirse en abismo profundisimo? 
£Es hechizo funesto? (jEs vicio orginico? 



J 



id el desordea por mira del Altfsimo 
Atrinchera sus reales, estrat^gico, 
Desde loa Patagnnes hasu M^ico? 

No, DO es mira de Dios ; nunca lo fuera; 
Eo sus miras es Dios todo arm on fa. 
Cuaado presenta subito en la esfera 
Un mundo su eternal sabidurfa 
A la fe ardiente de Isabel primera, 
(Seri para que el mal su saAa jmpla 
Cebe en nadones que arrancd el bautismo 
A la garra infernal del paganismo? 

i Seri para tener desposef da 
Del goce angelical de la concordia 
La ignorada region que con su egida 
Cubri6 su paternal misericordia P 
^Seri para que America afligida 
Sufra, 4 merced de bSrbara discordia, 
Bajo la Iglesia plagas mia crueles 
Que bajo la impiedad de los infieles? 

No, no es mira de Dios: que un continente 
De riquezas sin fin no hizo venero 
Para que objeto fuese eternamente 
De compaai6n al universo entero. 

Y si en predilecci6n tan evidente 

Ve el mundo de Col6n dichoso aguero, 
lQ\i& la naci6n veri que fund6 Manco, 
Con quien fu6 el cielo en didivas mis franco? 

De Dios la mira es otra. Dios piadoso 
Muchedumbre nos did mansa y sencilta, 
Que asf al imperio justo y generoso 
Como al rGin y bdrbaro se humilla. 
Teaoro ineaperado y portentoso 
De nuestro mar improvis6 en la orilla; 

Y rios nos cre6 que de canales 
Crucen nuestros ardientes arenales. 




Dios puertos nos abrid donde violenta 
Nunca su furia el huradiQ ensaya; 
Donde triste naufragio no amedrenta 
Al morador de la tranquila playa; 
Donde, al abrigo de feroz tormenta, 
Ser rehusa el bar6metro atalaya, 
Como exigiendo, al verse en mar tan manso, 
Su vigilante actividad descanso (i). 

iQn6 quer^is? ^Perdurables monumentos 
Que arranque i, los cinceles la escultura, 
O eleve sobre s61idos cimientos 
A las nubes la osada arquitectura? 
Ebanos, robles, cedros corpulentos, j 

De las selvas pedid i. la espesura ; 

Y bronces i las minas, y granito 

Y mdrmol del albor m^ exquisito. | 

(fQuizi industria pedis? Igual riqueza 
Tambi^n al artesano laborioso 
£1 patrio suelo brinda con largueza, 
De cuanto vario, y util y copioso 
Puede ofrecer conforte i. la pobreza, 
Pasto i la vanidad del poderoso, 
Severa majestad A los altares, 
Esplendor i las pom pas militares. 

I No veis, no veis ese uniforme grana, 
En que lucen, rivales de la seda, 
La suavidad y el lustre de su lana , 
Con que apuesto bret6n guarda la rueda 
Del coche de su augusta soberana? 
Pues quizis todo del Peru proceda, 

Y i.61 deban su finura y su decoro 
El pafio, el tinte y los galones de oro. 



(i) Sabido es que el barbmetro deja de marcar las vaiiaciones del tiempo en las 
latitudes bajas de la costa meridional del Pacifico. 



J 



— 413 — 

Dio9 eo climas nos did vario elemento 
Con que i las producciones mis extrafias 
El Perd ofrece hospitaUrio asiento. 
Dios del Perd crear en las entraAas 
Quiso el carbdn con que humilUr el viento 
Logra el vapor y el mar y las montaAas; 
Y, eo fin, para encerrar nuestros caudales, 
Dios los Andes alz6 monumentales. 

Mas de sas altos dones la riqueza 
En nada mis espldndida resalta 
Que en la varia y gentil naturaleza 
Que en el Oriente nuestro linde esmalta; 
Rapto de admiraci(5n y de grandeza* 
Los mis dbios espfritus exalta, 
Al contemplar el cuadro portentoso 
Que desenvuelve aquel edfin suntuoso. 

Arboles de titinica estatura, 
Dosel cada uno de una tribu entera, 
Que no eucuentran rival en la hermosura 
Del variado matiz de su madera , 
Plantas y flores mil en que natura 
Su caprichosa ostentacido esmera, 

Y que ciAen riqufstmas coronas 
A la sien imperial del Amazonas; 

Morera que da vida al laborioso 
Gusano en sus talteres naturales, 
Para vestir al prdcer ostentoso 

Y adornar los alcizares reales ; 
Algoddn, que el ingles acopia ansioso, 
En su sed de victorias industriales; 

Y cautchd que es impenetrable ^da 
De la salud y de la humana vida; 

Dulce cafla jugosa y gigantea 
Que veioz se propaga y veloz crece, 
Dejando por raquftica y pigmea 



#•' 



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— 414 — 

La que en Asia y en Cuba el aire mece; 
Tintes con que la Europa se recrea, 

Y su industria matiza y enriquece, 
Satisfaciendo con su activo influjo, 
Los caprichos fantdsticos del lujo ; 

Vasta copia en raices y ani males 
Al sustento y al gusto provechosa; 
Cocoteros, almendras, cafetales; 
En tamafio A la almendra sustanciosa. 
El fruto nutridor de los maizales 
Haciendo competencia, victoriosa ; 

Y tu, rey de los nectares, cacao, 
Delicia del aknuerzo y del sarao; 

La vid que dos montaflas entapiza 
Hallando en ellas protector arrimo, 

Y en variado, feston que el sol matiza, 
Luce con esplendor su iureo racimo; 
Mientras entre ambos cerros se desliza 
El manso rey de aquel estado opimo, 
Que, sumiso, i m^ alto soberano, 

Va fiel i acompaflarlo al Oceano ; 

Y apacibles las auras tropicales 
Refirescan la carrera ya adornada 
Por las valiosas galas vegetales; 

Y la alegra con plicida alborada , 
De forma y de colores ideales, 
Muchedumbre de pijaros variada; 
Rindiendo asi en sus pompas la comarca 
Respetuoso homenaje d su monarca ; 

La tuna, d quien tranquilas posesiones 
No bastan en los campos dilatados, 
E invade las ruidosas poblaciones, 
Para arraigarse en torres y tejados (i); 



(I) No hay nada en esto de exageraci6n. Cualquiera que haya viajado por el in- 




— 415 — 

Sandias y aromiticos melones, 
Para fidl transporte tan pesados, 
Que ya los reconocen las florestas 
Como los anfitriones de sus fiestas ; 

La palta que da al pan, su compaAero, 
Gusto mejor que la batida nata; 
La lucuma que de hibil repostero 
La mis feliz inspiraci6n retrata; 
La frutilla esparcida en el otero 
Cual perfumada alfombra de escarlata; 
El pUtano i que dan retrete umbroso, 
Fajas de raso en pabell6n vistoso; 

Odorifera piila que arrogante 
En follajes sim6tricos se asienta; 
Naranja que su humor refrigerante 

Y su dorada redondez ostenta; 
Del clima tropical blas6n fragante 
Chirimoya exquisita, que presenta 
Ufana en nuestros huertos d Pomona 
El mds rico flor6n de su corona; 

La guayaba que lejos, altanera, 
Se anuncia en los aromas que derrama; 
La fresca grananill.a que ligera 
Por 4rboles y riscos se encarama, 

Y miles mis de frutas ; que arduo fuera 
Recomendarlas todas A la fama, 

Y celebrar en tonos dignos de ellas 
Su fragancia, sabor y tintas bellas; 

De especies en corteza y en resina 
Inmenso acopio. Saludable aceite; 
Perfumes en que fdcil se combina 



tenor, habr& visto en muchas poblaciones nacer los tunales en los techos, en los 
campanarios y hasta en las cornisas de los tdificios,—Nota del Autor, 



— 4^6 — 

De olfato y paladar amplio el deldte; 
Cuanto para triunfar la medicina ; 
El femenil orguUo para afeite; 
Cuaato para reinar ea todas partes 
El comerdo, Us ciendas y las artes; 

Cuanto para sustento y etnbeleso 
La humanidad; cuanto en su sed nolenta 
Puede el siglo pedir para el progreso; 
Cuanto el afin emprendedor fomenta; 
Cuanto con noble y maternal exceso 
En au vegetaci6n la tierra ostenta, 
Sin que el arado sus entraflas rooipa: 
Todo alll resplandece en regia pompa. 

La dvilizad6n esti en la infanda..... 
Cierto, [oh dolor! mas genios hay incultos 
Que roban, A pesar de su ignoranda, 
Al arte sus misterios mis ocultos; 

Y por los que, humillada su jactancia, 
Algdn dfa verdn pueblos mis cultos, 
Si del cultivo al refulgente larapo, 
Solfdto el poder les abre el campo. 

Tal profusifin de dones, tal riqueza, 
^La voluntad de Dios no hacen patente 

Que siglos de ventura y de grandeza 
Guarda al Perfi y al vasto continente? 
Mas para combatir nuestra tibieza 
El fin de su obra reserv6 prudente ; 

Y del mortal encomendd al anhelo 
El fruto cosechar que form6 el cielo, 

|Encomend(5 al mortal! iDiffdl cargo 
Para el mortal que entre tinieblas gime, 
Si de la obscuridad y del letargo 
Inteligente acci<3n no lo redime! 
]AhI iCese ya destino tan amargo, 

Y la infeliz nad6n, & quien oprime 




— 41? — 

De la ignorancia el h6rrido vestiglo , 
Marche en la senda que ilumina el siglol 

Industria, activo cambio, agricultura, 
S6lo de, sabia direcci6n carecen ; 

Y es celo ardiente, buena fe y cordura 
Cuanto en sus escogidos apetecen. 
No pide mis la nacional cultura, 

Y pu^blanse los yermos y florecen 
A impulse del vapor y de la fragua 

Y al refrigerio creador del agua. 

Cultura el pueblo, si: la tarba ociosa 
Que en la inacci6n y crdpula vegeta , 
£s tiempo ya que en servidumbre honrosa 
De la raz6n al yugo se someta: 
Es tiempo ya que activa y ardorosa 
Se afane por su bien , cual bulle inquieta 
Cuando al influjo de anarquista aleve 
A trastornar la sociedad se mueve. 

Y <;as{ de la ambici6n i la arterfa, 
Tambi^n no prostituyese , insensata, 
Del sufragio en la torpe granjeria ? 

Y £asl tambi^n la autoridad no acata 
Cuando la autoridad dura € impfa 

A esposa, hijos y hogares la arrebata, 
Para comprar, i precio de su vida, 
El laurel de contienda fratricida? 

Pues si obedece , que en su pro obedezca , 

Y que d labrar su dicha se le enseAe, 

Y con la suya, la comun acrezca; 

Y en el progreso nacional se empefte; 

Y en la honrada labor no desfallezca; 

Y s61o en ella su ventura suefle; 

Y rompa de la tierra las entrafias, 

Y allane las altfsimas montafias. 



TOMO III. 27 



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D. FELIPE PARDO Y ALIAGA. 



TOMO HI. sd 



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420 

A MI HIJO EN SUS Df AS. 

EPIGRAMA. 

Dichoso, hijo mio, tu, 
• Que veintitin aflos cumpliste: 
Dichoso, que ya te hiciste 
Ciudadano del Peri^. 

Este dfa suspirado 
Celebra de buena gana, 

Y vuelve orondo mafiana 
A la hacienda, y esponjado, 

Viendo que ya eres igual, 
Segun lo mandan las leyes , 
Al negro que unce tus bueyes 

Y al que te riega el maizal. 

A MI LEVITA. 

(IMITACI6N DE BERANGER.) 

A nuestra amistad s6 fiel , 
;Oh levita idolatradal 
En ambos deja estampada 
Su huella el tiempo cruel. 
Diez afios yo con mis manos 
Te he cepillado iSal , 
Sin dejar que otros pro£a.nos 
Pongan el cepillo en ti. 
Y ^me pagaris tan mal 
Que te separes de mf? 

En mi santo te estren^; 
Mis amigos te cantaron , 



. ■!• 



« — 421 — 

Y tu hechura celebraron 

Y tu color de caf6. 

En sus cartas siempre has sido 

Objeto de su memoria ; 

Que aunque hayas envejeddOy 

No se olvidaron de ti. 

Mi tinico amor y mi gloria, 

No te separes de ml! 

A un sastre francos le di 
Por ti dos onzas y media, 
Producto de una comedia 
Sentimental que escribf. 
En la edad de tus venturas 
Fuiste ioh tiempos! muy bonita; 
Mas hoy ya de tus costuras , 
El pelo fugaz vol6. 
^Y aunque est^s calva, oh levita, 
Podr6 abandonarte yo? 

Un afio tras otro aflo 
Siempre conmigo te viera. 
Si acaso la suerte fiera 
Contra tu rafdo paflo 
Preparase su furor, 
Op6n la filosofia, 
Cual la opone tu sefior 
A su ciego frenesf, 

Y (dulce levita mfa, 
No te separes de mf ! 

iEse zurcido! jOh recuerdol 

Con Delia una vez jugaba: 
Me seguia, la burlaba: 
Me asi6 del &ld6n izquierdo , 
Y, sin querer, lo rasgd. 
Mas la pobre en todo un dfa, 
Cosi^ndote, no apart6 
Sus bellas manos de ti. 



— 422 — 

|Levita del alma mfa, 
No te separes de mi ! 

^Te bafl^ nunca en olores 
Que un necio gal&n exhala? 
iTe expuse en una antesala 
Al gesto de altos sefiores? 
Otro, cruces, impaciente, 
Ansia , 6 bustos de Sim6n , 

Y yo flores solamente 
En tus ojales prendf. 
{Joya de mi coraz6n, 
No te separes mi! 

VerSs, veris cuin ligeros 
Vuelan mezclados los dias 
De llantos y de alegrfas, 
De soles y de aguaceros. 
Yo voy de capa caf da 

Y muy pronto morir6: 
Entonces tu triste vida 
Podrds tambi6n acabar. 
Pero mientras vivo est6, 
^Qui^n nos podri separar? 




LOS PARAISOS DE SEMPRONIO- 



45Si yo fuera Presidente, 
I Bello el pais estarfa ! 
jAhl jC6mo se elevarfa 
Prontamente, 

Hasta un grado incomprensible 
De prosperidad y gloria! 
No afearan nnestra historia 
De la horrible 
Anarqufa los tizones 



— 423 — 

Que trastorna las naciones 

Y desgarra» . • 

— Oira cosa es con guitarra, 

« Cuanto en los libros se ensarta 
Sobre romanas escenas; 
Cuanto se admira de Atenas 

Y de Esparta; 

Cuanto hablan autores ciento 

De pdblicas libertades, 

No fuera en estas edades 

Puro cuento, 

Si los destinos quisieran 

Que los Peruanos cayeran 

En mi garra.» 

— Otra cosa es con guitarra. 

« Dicta el Congreso una ley; 
En cumplirla ser6 activo, 
Pues yo soy ejecutivo, 
No soy rey; 

Arruina al pafs quien la invoque; 
No importa: tieso que tieso, 
Hasta que en otro Congreso 
Se revoque. 

Huiri el desorden maldito 
Como se borra lo escrito 
En pizarra.» 
— Oira cosa es con guitarra. 

«Se encerrardn los poderes 
Dentro de un If mite eterno, 

Y no hablarin de gobierno 
Las mujeres: 

Con mi politica unidos 
Todos al bien marcharin, 

Y ya no se agitarin 
Los partidos. 

^Qui^n, mandando yo, alborota? 



^^^ 



— 424 — 

^Qui^n no es sincero patriota? 

i Qui^n desbarra ? » 

— Oira cosa es con guitar r a, 

«^Qu6 obstdculo habrA que impida 
Hacer mejoras i miles ; 
Formar c6digos civiles; 
Dar la vida 

A la agonizante hacienda; 
Honra i la liceratura; 

Y lograr que la cultura 
Tal se extienda 

(No son estas paradojas) 
Cual suelen las verdes hojas 
De la parra?» 
— Oira cosa es con guitarra. 

« Irin siempre en sus trabajos 
Las oficinas corrientes, 
Aunque lluevan i torrentes 
Los legajos. 
Har^ salir de sus ocios 
A la turba de empleados 
Que i jefes poco versados 
En negocios 

Confunde, ahoga, impadenta, 
Sofoca, aburre, atormenta 

Y achicharra.» 

— Oira cosa es con guiiarra. 

«Quien de su deber se aparta, 
Quien la opini6n atropella, 
Quien con pie atrevido huella 
Nuestra carta, 
Creari mil Marcos Brutos. 
Los peri6dicos, las leyes, 
£1 pueblo serdn mis reyes 
Absolutos. 

Y con tan sanos intentos, 




— 425 — 

^Qui^a me hace pronunciamientos? 
I Qm6n me amarra? » 

— Olra cosa es con guitarra. 

«Si de esta administracitfn 
Cuatro aflos el Perti alcanza, 
Serd de la bienandanza 
La mansi6n. 

Y cuando baya terminado 
De mi gobierno el periodOi 
En regla dejar^ todo : 

Al Estado, 

Sin disensiones crQentas; 

A las C^maras contentas 

Y ^ la barra.» 

— Otra cosa es con guitar r a* 

Sempronio, tus intenciones 
Son patri6ticas, honrosas; 
Pero no pasan de hermosas 
Ilusiones: 

Manda, y lucha con la inopia ; 
De intrigantes, ambiciosos, 
Egoistas, perezosos, 
Con la copia ; 

Y dirds (hago una apuesta): 
«Otra vez para esta fiesta, 

I Quito me agarra ? » 

— « / Vaya al diablo la guitarral'k^ 



MI VECINITA. 



{ Ayl el que vea 
A mi vecina, 
Ve la presea 
Mis peregrina. 
Toda esperanza 



— 4*6 — 

De bienandznza, 
La tiene fija 
En uaa hija , 
Que es la muchacha 
MAa vivaracha. 
Mis decidora 

Y encantadora 

Y mis cumplida 
Que vi en mi vida. 
NuDca se cura 

De la costura 
(|Y qu6 bien hace!), 
Pues no le place, 
Porque la aguja, 
Cuando la empuja. 
La mano hermosa 
No le taladre. 
/Qu^m'iia tan graciosa/ 
jRetrata de su madreJ 

Dale paseos, 
Dalejarana, 
Dale bureos; 

Y en su lozana 
Fresca mejilla 
Verts cuadrilla 
De cupidillos 
Juguetoncillos, 
Que travesean 

Y se recrean: 
Veris qui hermosa 
Risa graciosa 
Bafla sus labios. 
Empero agravios 
Kecibeeternos, 

Y haata echa ternos 
(Tal por la injuria 
Se enciende en fnria) 
Cuando se intenta 



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— 427 — 

Que haga contenta 

Alguna cosa 

Que no le cuadre. 

/ Qu/ nina fan gract'osa/ 

iRetrato de su madre! 

Un mozalbete 
Almibarado 
. Alll se mete. 
Tan grande agrado 
Se le acredita, 
Que su visita 
Nunca fenece. 
lQu6, si parece 
Que se entornilla 
Sobre la silla! 
Con 6l retoza 

Y se alboroza 
La damisela 
Que se las pela; 

Y hasta hay de guifios 

Y de cariflos 
Canje secreto. 
Al tal sujeto , 
Segiln es fama, 
Siempre lo llama 
La candorosa 
Mamd, compadre* 

/ Qui nina tan graciosal 
/Retrato de su madre! 

Saber le gusta 
Qui6n entra en casa 
( Cosa m uy j usta ) , 

Y hasta qui^n pasa. 
Por eso tiene, 
Cuida y mantiene 
La seAorita 

Una perrita 



— 423 — 

Que es un armifio, 
De su cariflo 
Felice dueOo. 
Todo su empeflo 
Es, que si aiguno 
Llega importuQO 
Cuando se aplica 
La bella chica 
A SU9 constantes 
E iuteresantes 
Distrtbuciones 

Y devociones, 
La maliciosa 
Perrita ladre. 

/ Qu/ nifla tan gradosa/ 
/Retrato de su madrel 

A su hibil lengua 
Mil sefloritas 
Deben su mengua. 
[Qu£l ai amiguitaa 
F^l perdona 
La picarona; 
Mas & los hombres 
iQu£ dulces uombres 
Que les prodiga 
Cual tierna amigal 
Del peti metre 
tAAs sin caletre 

Y mis erguido, 
Del presumido 
De literato 
Mis mentecato , 
Hace uaa alhaja : 
Quiere, agasaja 
Con suaves modos, 
Afable i todos 

Y carifiosa, 
Menos al padre. 




— 429 — 

/ Qu^ niaa tan gradosa! 
iRetrato de su madre/ 



BUENAS NOCHES. 

— ^Por hoy, amigo, es bastante: 
Ya marea y acribilla 
Escuchar tan incesante 
Tara villa. 
{Vamos! ya me rinde el suefio; 

Y temo que aquf trasnoches, 
Si no interrumpo tu empefio. 
/Buenos noches/ 

— jBuenas noches I pero advierte 
Que aun hay que hablar infinito, 

Y vuelvo maflana d verte 
Tempranito. 

— lS,sXi. corriente: haz maflana, 
Como hoy ya no me agarroches, 
Lo que mds te d^ la gana. 
iBuenas noches! 

— ^Te hablar6 de mi querella 
Con la inconstante Marica; 
De mi amor con una bella 
Viuda y ric?i, 

De sus prendas estimables, 
De su hacienda y de sus coches. 
— Me hablsu-ds, pero no me hables. 
i Buenos noches! 

— Abur cuando estoy contigo 

Me embeleso, me deleito 

|Ahl y no te olvides, amigo, 

De mi pleito. 

Temprano ves & los jueces: 



jNo ea I2 cama te abizcocheal 
— Ya me lo has dicho cien veces. 
j Buenas noches! > 

— Ek usurero maldito 
Que tenazmente me enjuicia, 
Pretende un acto inaudito 
De iojusUcia. 

jSomos cuerdos cuando viejos! 
jHijo mfo! no derroches, 

Porque — ;A estas horas coosqo 

jBuenas noches.' 

— Me ^taba lo mejor. 
Te traigo aquE mis poemas; 
Has de ser tu mi censor, 

Y no temas 

Me irrite que al criticarme 
Severo te desabroches. 
— £Si acabarAs de dqarme? 
i Buenas noches! 

— No aguardo fallos adversos: 
Hay estilo, poesfa: 
Veras fluidez en los versos 

Y armonia, 

Aunque de algunos vocablos 
La antigQedad me reproches. 
— {Pelmazo! jcon dos mil diablosi 
J Buenas noches f 

— No temo serte importuno..^ 
— jNo lo temes? ^Que tal digas? 
Me importunas cual ninguno, 
Me atosigas, 

Y no calmarA mi enojo 
Mientras tus labios no abroches. 
O te vas, 6 me recojo. 
/Buenas noches/ 







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D. JOSE PARDO Y ALIAGA. 



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D. JOS6 PARDO Y ALIAGA. 






A LA INDEPENDENCIA DE AMERICA. 



Prddiga derram5 naturaleza 
Sas mis preciados dones ; 
Engalaad de espl^ndida belleza 
Las fndicas regiones. 

Sus dilatados campos entapizan 
Las flores de ambas zonas; 
Sus extensas Uanuras fecundizan 
Mamor^ y Amazonas. 

Entre montes torrente se desata 
Apurimac umbrfo; 
Y saperficie de bruflida plata 
Prcsenta el Bfo-bfo. 

Eterna nieve en la empinada cumbre 
De los Andes altivos; 
En sus espejos la celeste lumbre 
Hiela sus rayos vivos. 

Y con los mismos rayos en la falda 
Acaricia y abriga 

Entre valles cuajados de esmeralda, 
Inagotable espiga. 



TOXO III. 



PV 



— 434 — 

Aqui la catarata despeflada 
Abre profundos cauces; 

Y no lejos la brisa embalsamada 
Susurra entre los sauces. 

Brota de entre las peflas manso arroyo 

Y en sus cristales bafla 
PUtano, oocotero, chirimoyo 

Y dulcfsima cafla. 

Su indomable altivez el potro aplaca 
Cuando sus aguas bebe ; 
Mientras que a la vicujia y i la alpaca 
Solaz presta la nieve. 

En tropel espesisimo agrupados 
Circundan las colinas 
Los nogales, los robles, los granados, 
Los cedros, las encinas. 



De tupidas montafias el ramaje 
Sacuden de contino 
Pijaros mil de esplendido plumaje 
Y de armonioso trino. 

Los irbolesy las flores y los frutos 
Que mis el hombre estima; 
Las pintorescas aves, y los brutos 
Del mis contrario clima , 

De America al inmenso continente 

En sus espados cierra 

La mano del SeAor omnipotente 
Pos6 sobre la tierra; 

Red caprichosa de enredadas vetas 
Re vela su tesoro; 

Entre los rudos cortes de sus grietas 
Brillan la plata y oro. 




— 435 — 

Soberbio el mar la temeraria quilla 
Despedaza y se traga ; 
M^ al llegar 4 la feraz orilla 
Se sosiega y la halaga. 

Un cielo azul, di^faQO, esplendente, 
Aureo disco abrillanta, 
Y cual &nal inmenso, transparente , 
Guarda riqueza tanta. 

Pr6diga derram6 naturaleza 
Sus mis preciados dones; 
EDgalan6 de espl^ndida belleza 
Las indicas regiones. 



j Arcanos de la eteroa Provideocia 
Qu6 lengua audaz interpretarlos osa I 
Si pueblos de robusta inteligencia 
Poblaban la regi6n maravillosa, 
En ocio vil , en torpe indiferencia 
Arrastraban su vida vergonzosa; 
Y cada raza y cada jerarqufa 
Ostentaba diversa idolatrfa. 

De ambici6n noble y de la fe guiados, 
En toscas naos, frigiles bajeles, 
A la mar se lanzaron arrojados 
Navegantes intr^pidos y fieles, 
Mis que de lona y jarcia, pertrechados 
De arcabuces, espadas, y broqueles. 
Dios i Col6n de conductor elige, 
^ instrumento de Dios, 61 los dirige. 

De furor de encontrados elementos 
Las pobres carabelas combatidas, 
A merced de los impetus violentos 



_ 436 — 

De las soberbias olas lacadtdas; 
Las caerdas y las velas por los vieoto 
En trozos y jirones desprendidas, 
Azares y peligros incesantes 
Corrieroa los osados navegantes. 

Sin br^jula, sin oorte, sin m<Ls gul 
Que la sagrada inapiiaddn que escud 
Tanta temeridad, tanta osadfa, 
Coldn ahoga la naciente duda, 
Sofoca la traici6n que ya surgia 
Entrc la gente acobardada y ruda, 

Y con su fortaleza y su confianza 
Vuelve i los corazones la esperanza. 

Mezclados de las ondas en la esput 
Indicios son de tiem no remota 
Fruto desconoddo, blanca pluma, 
Hierba que a61o en ks orillas brota; 
Hasta la densa impenetrable bruma 
La apetecida realidad denota; 
Un nuevo sol con ansia se apetece, 

Y el Duevo sol el desengafio ofrece. 

Mancha tenaz que el horizonte em 
Una maDana al cabo se divisa; 
Esplendoroso sol las naves bafla, 

Y mcis densa la sombra se predsa. 

„ No bay ya dudar : magnlfica montafi 
Quiebra del mar la superfide lisa ; 
DiUtase eo terreno ancho y fecundo 
Era la sombra aquella jel nuevo i 

Sublime, inmarcesible fu£ la glorii 
De la conquista. Si la ruin codicia 
Enlod6 muchas veces la victoria; 
Si ambid6n torpe y s6rdida avaricta 
Piginas dieron A la triste historia 
De luto, sangre y birbara injusticia, 



r' 



— 437 — 

Tanto borr6n y repugnante hazafia 
Crimen fui de los tiempos, no de Espafka. 

De Isabela los timbres no amandUa 
Ningtln recuerdo crud. — Noble matrona 
Dechado de humildad, pura, sencilla. 
En su santa piedad lo que ambidona 
La cat61ica reina de Castilla 
No es cefiir i su sien otra corona, 
Sino amparar id61atras nadones 
Con la fe y con la luz de sus pendones. 

Demos i etemo olvido las escenas 
De oprobio, de venganzas y de horrores 
Que aquella lucha envenen6; las hienas 
No se encarnizan mis en sus furores. 
Desequidas, America , tus venas 
Dejaron, y tus campos y tus flores; 
Y i aquel perfodo de recuerdo amargo 
Siglos siguieron de mortal letargo. 



- 1. 



Letargo, sf, no dura servidumbre 
Ni infame esclavitud ; antes mi lengua 
Se anude en mi garganta 
Que una sola expresi6n pronunde en mengua 
De la tierra lejana 
Que fertiliza el Tajo y el Guadiana. 
]Que no merezcan popular aplauso 
Mis humildes candones, 
Si para merecer tan alto premio 
Es preciso halagar mines pasiones! 
Quien del vulgo pretenda 
Vltores y coronas, 
Cubra de vilipendios y de ultraje, 
Maldiga en fiases huecas 
El duro coloniaje, 
Y arroje impuro lodo 
Sobre su propio nombre: d nombre godo. 



-«5- 

De santa libertad 6 independencia 
La aurora refulgente 
No por contraste de la sombra obscura 
Irradiari m^ pura; 
Ella abrasd con ftilgidos destellos 
I^ America espaAola; 
Ella sin tintes A su luz opuestos 
Pado sola brillar y brilld sola. 

Su soberbia cabeza el Chimborazo 
Eleva entre tas grandes 
Moles inaccesibles de los Andes, 
Sin que nada revele en sus contomos, 
Tutrices y severos, 
Qne guarda ea sus entratlas 
De fuego eterno candescentes homos ; 
Si A su aspecto tal vez electrizada 
Ardiente fantasia 
A la regi6n del ideal se lanza 

Y i. sus perfiles presta 

Coo formas conoddas semqanza; 
t,as descarnadas peAas que amontona 
Ea su em pi nada cumbre 
Asemejan titinica corona; 

Y el mismo cerro colosal figura 
Inmenso mausoleo 

De regia, inmensurable sepultura; 

O gigante dormido 

De planeta m^ grande desprendido; 

Pero sin signo alguno que revele 

Pudiera despertarse 

De su sueflo profundo 

Y al despertarse desquiciar el mundo. 

\Y despertfil y el fuego comprimido 
En su pecho abrasado, 
En estertor horrisono buUiendo, 
Rompe la eterna costra que lo encierra. 
Con estampido horrendo 



r 



— 439 — 

Que conmueve los ctelos y la tierra. 

Por sat&nicas fuerzas impelidas 

De 9u criter se Unzan 

Columnas encendidas 

Que i los astros furiosos se abalanzan. 

A su fulgor siniestro 

EI universe todo 

Parece con sum i era 

Grande, voraz, inextinguible hoguera. 

America tainpoco revelaba, 

De apacible indolencia 

En letirgico sueflo, 

Que i la mdgica voz de independencia , 

Hostigada leona, 

Pudiera un d(a levantarse erguida 

Llena de robustez, Ilena de vida; 

Y que al alzar con el potente brazo 
El estandarte noble de los Itbres, 

Mis soberbia que el mismo Chimborazo, 

Sus hijos convirtiera 

En heroes denodados 

Por tan beroica madre entusiasmados, 

]Guay, que el grito son6! rjpido parte; 
Abraza el continente americano 
Como el&trica chispa; el estandarte 
De independencia 6 muerte se levanta; 
Eaforzados guerreros 
Con sus pechos le amparan; 
Desnudan los aceros; 
y en alas de la gloria, 
De victoria en victoria, 
La patria reconquistan 

Y eternizan sus nombres en la historta. 

j Nobles campeones que en la beroica lucha 
Cual bravos sucumbisteis ! 
iVosotros que escribisteis 
Con vuestra propia sangre las hazaAas 



— 44© — 

De aquella empresa; los que dur 
Llev6 & tierras extraflu , 
Y los que i lenta muerte 
CondenaroQ atroces deaeugaflos 

|0h sombras veaerandasl jSi 
Permitiera que alzarais la cabezs 
Desde la helada tumba; 
Si vierals la belleza 
De America marchita, 
Sobre su frente pura 
Hondo sello de birbara amargui 
jAy! Cdmo verterfais 
De vuestros ojos huecos 
De profundo dolor ligrimas tri: 
jAy! C6mo rogarfais 
Al supremo Hacedor que se apii 
De 5u fortuna impfa, 
Ahogara las pasiones 
Con que sus hijos cruelea 
Atizau la anarqufa 
En constantes, civiles diseasioa< 
y diera en su clemencia 
A la America toda 
Paz, unidn, libertad, independ< 



De padecer y sufrir 
Mi tnente cansada y barta, 
Me he decidido i escribir 

EsU carta. 
Trabajillo me ha costado: 
Hablando i usted con ^nt; 

He sudado: 

La cabeza 
La tengo como un tambor. 



Ya me acosaba el temor 
De uu prudent« «Dios le guarde», 
6 de un «Be30 i usted la maDO>, 
O -tHa Uegado usted moy tarde», 
O «Viene usted muy temprano*, 

Y aun peaaA: Tal vez me espete 

Mi billete 

Sin abrirlo; 
A mis de eso, yo no osaba 

Dirigirio; 
La vergCenza me abrumaba. 
AI fin y al cabo vend: 
Lo que ahora ialta es un si. 

He escrito, sin ponderar, 
La carta dfidmosezta, 
Sin poderme contentar 

Ni con &ta; 
Pero ya me duele el brazo 

Y el n^ro fastidio asoma; 

Ya no tra2o 

Ni una coma; 
Bien 6 mal, tal como esti, 
Sefiora mfa, alii va. 

Y no tome usted i afrenta 
Si la epistola dirijo 

Por la via de U imprenta. 
I^ hago asl porque colijo 
Que es un medio sin apuro, 

Y seguro, 
De que vea 

Usted mi pasi6n escrita, 

Y la lea 

En el diario i que suscrita 
Esti usted, segtin s6 yo: 
No me diga usted que no. 

Empiezo, pues. Ser^ breve, 
Que ya mi cachaaa irrita. 



— 44* - 

Hoy sibado, veiatinueve; 

Seftorita: 
Apenas la divis£ 
SentI en mi interior (no embromo) 

No s6 qu£, 

Ni s^ cdmo; 
Mas lo cierto es que estoy sordo, 
Que ya ni duermo ni engordo, 
Por ni>Ls que procure yo 
Un consuelo i mi destino 
Con fricassi y fricand6. 
Con cerveza y con buen vino. 
[AyT Sin que nadie me atrape, 

Al escape. 

Mi seAora, 
Al otro mundo me largo. 

Me devora 

Un pesar negro y amargo 

No s£ qu£ serd de mi 

Si usted no contesta un si. 

Mis dfas huyen, corriendo 
En continua agitaci6n, 

Y los paso repitieodo 

jMaldiciAn! 

Y otras palabras groseras, 

Y otros votos indiscretos. 

Calaveras, 
Esqueletos, 
Duendes, y brujaa precitaa, 

Y visiones infinitas 
Agitan mi triste mente, 
La conmueven sin cesar, 
Como el agua de un torninte 
Al precipitarse al mar, 
Velada el alma de luto, 

Ni un minuto, 
Ni un segundo, 
Paso tranquilo y contento 



r 



^ 443 — 

En el mundo. 
{No tengo ya sufrimientol 
^En qu^ yendr6 i parar yo 
Si usted sale coq un nof 

Si usted i, tanto suspiro 
No encuentra de alivio un medio, 
Mafiana me pego un tiro 

Sin remedio; 
Que ya el pesar me derrumba 

Y ya aborrezco la luz 

[Una tumba 

Y una cru2! 
)Una tumba, vida mfa, 
Es lo que mi mente ansfal 
Una cruz triste y sendlla, 

Y (en obsequio del afeite) 
Una limpara amarilla 

Con su mecha y con su aceite. 

Y 86I0 de este hombre pulcro 

|Un sepulcro 

Quedardl 
jY qui^n sobre el mdrmol yerto 

Verteri 
Sus ligrimas por el muerto? 
Paloma, ^y tii iris allf ? 
Por la Virgen, di que si. 

Mas no, t6rtola; mejor 
Es que oigas mis tiernas quejas, 

Y que tiendas i mi amor 

Tus orejas; 
Que escuchando mi recUuno 

Y apiaddndote mi lloro, 

Un «Yo te amo», 

6 4;Yo te adoro», 
Contestes i, mi delirio. 
Daris fin i, mi martirio; 
Nos colmari de placer 



— 444 ~ 

El lazo mia bendeddo; 
Yo te ]hm»i6 muj'a; 
Td me Uanujis marido. 
Si Dios no nos es adasto, 

Biea robusto, 

Rozagante, 
Nuestra dicba colmari 

Un io&nte; 
Uno y otro, otro veadri 
Que, si el cielo nos oy6, 
No ha de decirnos que mo. 

Reooja gozo 6 dolor 
For fruto mi loco amor: 
Soy ahora y soy despufis 
Ta seguro servidor, 
Que atento besa tus pies. 



D. CARLOS AUGUSTO SALAVERI 



-•■» 



D. CARLOS AUGUSTO SALAVERRY, 



VERSO Y PROSA. 



I La musa, ayer, avasallaba el vuelo 
Del iguila soberbia y majestuosa, 
Mientras inculta la villana prosa 
Surcos trazaba en el est6ril suelo ; 

Pero la prosa, con el dureo vuelo 
Que audaz le usurpa i, su rival hermosa, 
Po^tica, inspirada, esplendorosa, 
Libre de la cadencia, invade el cielo! 

iLlorad en vuestras arpas, trovadores, 

El pasado feliz! jel mundo avanza! 

jDerribar es la ley del uni verso! 

Ya para vuestras rimas no hay lectores: 
jLa bella prosa al porvenir se lanza, 
Y obsGuro yace destronado el verso! 



EL AMOR Y LA BOTELLA. 

Rompe el espejo, ya que te alecciona 
En el disfraz de nuestro amor ardiente : 
Todo, el silencio mismo, nos desmiente, 
El coraz6n se escapa y nos traiciona. 



— 448 - 

El amor que las almas ilusioaa 
Siempre desborda su escondida fuente, 
Como el Ucor de la champafla hirviente 
El estrecho cristal que la aprisiona. 

En vano lo comprime un d^bil corcho 

Y en b6veda de vidrio lo encarcela, 
Porque no se evapore y se consuma; 

Apeaas sus alambres desentorcho, 
Cuando el tapiSn estrepitoso vuela, 

Y el vino salta en borbolWn de espuma. 



Tengo, como Coldn, un auevo mundo 
De seres que mi esplritu ha soOado; 
Un bosque virgen que ninguno ha holladt 
En el seno de America fecundo : 

Es la gruta escoadida en lo profundo 
De un pi^lago de flores ignorado; 
Con toda mi existencia la he creado, 
jY para darla i luz basta un segundol 

jAhl [Si creyera en ti, p6stuma gloria, 
DUrate el mundo que mi frente quema 
For un solo suspiro i mi memoria! 

jTii eres un sueilo! y cuando yo suci 

Bajo el peso mortal de mi poema 
Escrito en mi alma bajarfl i la tumbal 



A LA ESPERANZA. 

Yo s^ que eres una ave fugitiva, 
Ua pez dorado que en las ondas juega, 
Una nube del alba que desplega 
Su miraje de rosa y me cautiva. 




— 449 — 

S^ que eres flor que la nifiez cultiva 
Y el hombre con sus Ugrimas la riega ; 
Sombra del porvenir que nunca llega, 
I'Bella d los ojos, y d la mano esquiva ! 

Yo s6 que eres la estrella de la tarde 
Que ve el anciano entre oelajes de oro , 
Cual postrera ilusi6n de su alma, bella; 

Y aunque tu luz para mis ojos no arde, 
Engifiame loh mentiral yo te adoro, 
Ave 6 pez , sombra 6 flor , nube 6 estrella. 

AL CELEBRE OCULISTA MAGNL 

Tu ciencia, como el alba, es precursora 
De la luz que del cielo se destaca: 
Del triste ser el infortunio aplaca 
Que en honda cdrcel de tinieblas mora: 

Cual la mano del Cristo, redentora, 
Que el alma obscura de los limbos saca, 
Kasgando el velo i, la pupila opaca , 
Le da la luz que el universo adora. 

A tal prodigio del ingenio humano 
Mi frente respetuosa se doblega. 
Para ensalzar su gloria merecida ; 

Y de hinojos besara aquella mano. 
Si volyiese tambi^n i, mi alma ciega 
El sol de la nifiez: jla fe perdida I 



BELLEZA Y DESVENTURA. 



G)n torpe mano, la fortuna ciega 
Destruye tus mis bellos galardones: 
Te colm6 de ideales perfecciones, 
Y en mar de sombras y dolor te anega. 

Con el cincel de la escultura griega 
Deline6 de tu rostro las facciones ] 



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TOKO UX. 



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— 450 — 

Pero, eclipsando tus preciosos done* , 
Hasta la lui i tus pupilas niega. 

Inerte, lobre el lecho reclinada, 
Qnien ve tus qos aun los mira bcJlos, 
Con todo el esplendor de la mirada. 

S6lo para tu in&usta desventura 
No tieaeo jay! ni vida ni destellos 
Eso« dos astros de tu Doche obicura. 



aciMrdate de Mf. 



iOh, cuinto tiempo silenciosa el alma 
Mira en redor su soledad que aumeota I 
Como un p6ndulo inmdvil, ya no cnenta 
Las horas que se van , 
Ni siente los minutes cadenciosos 
Al golpe igual del corazdn que adora, 
Aspirando la n^agia embriagadoia 
De tu amoroso afiln. 

Ya no late, ni siente, ni auo respira 
Petrificada el alma alU en lo intemo: 
Tu cifra en mirmol con buril etemo 
Queda grabada en mf. 
No hay queja al labio ni i los ojos Ilaoto; 
Muerto para el amor y la ventura, 
Esti en tu corazdn mi sepultura 

Y el cadiver aqu(. 

En este conz6a ya enmudeddo 
Cual la ruina de uu templo silencioso, 
Vacfo, abandooado, pavoroso, 
Sin luz y dn rumor; 
Embalsamadas ondas de armonfa 
Elevibanse un tiempo en sus altares, 

Y vibraban meI6dicos cantares 
Los ecos de tu amor. 




— 431 — 

iParece ayer! De nueatros labio8 mndot 

El suspiro de ladidtl volado al delo^ 
T escondlas la faz en tu paAuelo 
Para mepr Uorarl 

|HoyI.... {DOS apartan los prolandos senos 
De dos inmenddades que has querido, 

Y es miB triste y mis hondo el de tu olvido 
Que el abismo del marl 

Pero ^qu6 es este mar? iqu6 es el espocio? 
iQu6 la distancia, ni los altos montes? 
^Ni qu6 son esos turbios horizontes 
Que miro desde aqui, 
Si al trav6s del espacio y de las cumbres, 
De ese ancho mar y de ese firmamento, 
Vuela por el azul ml pensamiento 

Y vive junto A ti? 

jSi yo tus alas invisibles veo, 
Te llevo dentro el alma, estis conmigo, 
Tu sombra soy y donde vas te sigo 
De tus huellas en pos! 

Y en vano intentan que mi nombre olvides ; 
Nacieron nuestras almas enlazadas, 

Y en el mismo crisol purificadas 
Por la mano de Dios! 

Td eres la misma adn: cual otros dfas 
Susp^ndense tus brazos de mi cuello ; 
Veo tu rostro apasionado y bello 
Mirarme y sonreir; 
Aspiro de tus labios el aliento 
Como el perfume de claveles rojos, 

Y brilla siempre en tus azules ojos 
Mi sol, mi porvenirl 

Mi recnerdo es mds fuerte que tu olvido; 
Mi nombre estl en la atm6sfera, en la brisa, 

Y ocultas al trav6s de tu sonrisa 



— 452 — 

Ligrimas de dolor; 

Pues mi recuerdo tu memoria asalta, 

Y & pesar tuyo por mi amor suspiras, 

Y hasta el ambiente miamo que respiraa 
Te repite mi amorl 

jOb! cuaudo vea en la desierta pla3ra, 
Con mi tristeza y mi dolor i solas, 
El vaiv^n incesante de las olas, 
Me acordaii de ti ; 
Cuando veas que una ave solitaria 
Cruza el espado en moribuado vuelo, 
Buscaodo un nido entre la mar y el cielo, 
[Acu£rdate de mil 



LA LOCOMOTORA, 



Ni el c6ndor de los Andes, que alza el vuel 
Desde su nido basta la azul regi6n, 

Y rasgando la tiinica del cielo 
Hiende las nubes que ilumina el sol; 

Ni el fiero musulmin de tez morena, 
Cabalgando en el irabe corcel , 
Que corre y graba en la movible arena 
La media luna de su berrado pie; 

Ni el barco humeante cuyo peso abruma 

Y fatiga las olas de la mar, 

Que buyen gimiendo ea desgamtda espuma 
Como lucieate polvo de crisul; 

Ni el aeronauta audaz, ni la ligera 
G6ndoIa del AtUntico veloz, 
Aventajan al monstruo en la carrera 
Con sus alas de fuego y de vapor. 



— 453 — 

jNo vria? Ya rueda. De su entrafia hirviente 
Que bulle cual la lava del volc&a, 
Arroja larga flecba de humo ardiente 
Como la blanca espxima de la mar. 

Lanza & las nubes estridente grtto 
En su hiUito de fuego abrasador, 

Y corre, arrebatando i lo infinito 
EI ala del reUinpago y la voz. 

Comprime sus eotraAas buUidoras, 
Ea su seuo palpita el freaesf, 

Y el monstruo vuela & devorar las boras, 

Y el tiempo y el espacio y el coaRD. 

M^ que el torrente que i la mar ligero 
Se arrastra en pavorosa rapidez, 
Agitando sus mfisculos de acero 
Corre el monatmo del siglo sobre el riel. 

Parece apenas que la tierra toca 
Pasando co^o el Tipido aquiliSn, 

Y olas vomita de su hirviente boca, 
Jadeante con hdrrido estertor. 

Y el muro, el irbol, la montana, el rfo, 
Todo se ve en un vfirtigo girar, 
Como sombras de un loco desvarfo, 
En un baile &nUstico, infernal. 

Vuela y esparce, retemblando el suelo, 
Sus huellas de rocfo y de carbdn , 
Mientras fluct6a en d azul del delo, 
Cual larga nube, su penacho en pos. 

Como antorcha del siglo brilladora, 
Alumbra al pueblo de la luz sediento. 
Para que escriba en su pend6n de guerra: 
«E1 pueblo es rey y su sitial la tierra.* 



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BOLIVIA. 



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D. VENTURA BLANCO ENCALADA. 

A DON JOSE JOAQUiN DE MORA, 

EPfSTOLA. 

jPoT qu£ en el pecho agitacidn confusa 
Y sed de mando y gloria y los bvores 
De Pluto enciende el humanal deseo? 
jPor qui, cuai vagadora mariposa, 
Desacordado el hombre incierto gira 
En torno la ilusi6n p^rfida, leve, 
De impalpable ventura, que riendo 
Huye, y le deja el desengaAo en prenda? 

Y no le cura, ni escarmienta; y ciego 
En pos, de nuevo, con furor se lanza, 
De briUantes fantasinas que su mente 
Herida halagan. Al inmenso Oc&no 
Audaz se entrega, y de los patrios lares 
Se alei'a, desoyendo la voz tierna 
De sus deudos y amigos. Clama en vano 
Del respetable padre la amargura, 
O de la madre el lastimero acento. 
Ni de filial amor el dulce encanto, 
Ni el in£antil y candoroso Iloro, 
Ni de amistad divina el blando ruego, 
Fuerzan su corazdn. jBirbaroI Sea 



— 4^ — 

Esa misma esperanza que te anima 
Digno castigo i. tu anhelar ansioso. 
Por siempre ausente de tu pecho mires 
El reposo y placer^ hondo gemido 
Exhale tu dolor; el desengaAo 
En tl sus puntas aceradas clave, 

Y en desconsuelo y soledad inmeDsa, 
Ingratitud y desamor recojas. 

Oia le agita del voluble pueblo 
El aura aun mis voluble; y necio estlma 
Mirito insigne lo que intrigas fueron , 

vil sufragio al interns vendido. 
Alzase turbulento; el cetro empuAa 
Del poder ominoso; y cual altiva 
Aguila que sigutendo en raudo vuelo 
Por la etfirea regi6n, al cenit Hega, 
y ea ufania y esplendor se bafia ; 
Asf la vista en derredor pasea, 

Su alteza contemplando embebecido. 
La infame adulaci6n h^roe le aclama, 

Y en su &vor al despotismo invoca. 

Y el despotismo acude; y su semblante 
De bien comiin hip6crita velando, 
Ora la voz al pensamiento veda, 

Ora el crimen ensalza, y perseguida 
Mirase la virtud, la ley hollada; 

Y en degradante esclavitud se abisma 
La felice region do un tiempo ondeaba 
De libertad el pabellon divino. 

Ora dirige de Helena el carro 
Contra la humanidad. |Ah! jcuil convieite 
En espantosas ruinas las dudades 
Do la opulenda y lujo se albergabanl 

1 Cuil en desiertos los opimos camposi 
Ya vasta soledad, silencio mudo, 
Reinan do el genio i pesadumbre etema 
La tierra conden6, sus portentosas 



-46l- 

Obras alzando, 6 con la dura reja 
(Inmortal don del almo Triptolemo) 
Su seao desgairando, le arrancara 
Las fiientes de abundancia y de ventura; 
Al viajero fil6sofo ofreciendo 
Reliquias de dolor enteraeddo, 
Cuales contempla, ea pasmo enajenado, 
Do Atenas, M^n69 d'Palmira fueron. 

Tal el hombre es, Mirilo: tal la historia 
Nos le presenta^ cuando, devorado 
De la ambici6a ften^tica, abandona 
De la raz6n la divinal antorcha. 
jMfseroI iQu6 le vale, ni del ore 
El seductor encanto, ni el soberbto 
Poder con que i los otros encadena, 
Ni de la turba vil el torpe incienso? 
Pesar profundo, cruel remordimiento , 
En vez de la fortuna que anhelaba, 
A combatir su pecho congojoso 
Vendrin per aiempre. Veladoras sombras 
VerJl doquier la dolorida mente 
Procure revolver. Naturaleza 
No le embelesa ya, ui sus encantos; 
Y en su penar y su despccho horrendo 
Busca en la muerte el postrimer alivio. 

^Ni qui de pura, inmarcesible gloria 
EI brillante sendero aprovechara 
A Us almas virtuosas? iQv6 sirvieron 
Al gran Col6u sus inmortales bechos? 
Descubre un mundo, y muere en el olvido. 
Al defensor de sus hollados fueros 
Llora CastiUa; y en viudez amarga 
En vano exhala el gemidor lamento. 
jOh de Cervantes venerable sombral 
Envidia, menosprecio y la miseria 
Fueron tu galard6n. En suelo extrafto 
Mueren proscritos Moratfn, Mel^ndez; 



Y peneguido, y de amargura opreso, 
Hunde en la tutnba su valioia frente, 
La frente del laber, el gran Joviao. 

iY qoi encontramos al fijar los ojoa 
Del pueblo rey ea los anales fieros? 
Los de la sabia Greda iqut recuerdan? 
Bajo infame cuchilta Ia<gargaiita 
Tiende el claro var6a que k Catilina 
Con osada elocuencia le aterrara, 

Y d la patria salvd. Nerdn in&ine 
Al estoico brind6 con el suplido. 
Del tdsigo Cutal Sdcrates Ueva 

A los libios, impivido, la copa. 
Persigue el ostracismo las virtudes 
Con cruel eitraaamiento, y no perdooa 
De Salamina al triun&dor ilustie. 

|0b, mil veces feliz, Mirilo amigo, 
Aquel mortal que en el tranqnilo estado 
De mediana fortuna se recreal 
Y, ni puestos, ni gloria, ni riquezas, 
Exento de ambicidn, su pecho agitan. 

Tii, que huyendo del bSrbaro tiraoo 
Que el suelo ibero oprime, las liberas 
Del Manzanares y divino Betis 
Trocaste por el TiUnesis nubloso; 

Y ora junto al Mapocho, tu destino 
Para publico bien fijarte quiere, 
Veloz tambidn seris si los raudales 
Extiendes de las luces, que anhelante 
Busca la juventudiella tu nombre 
Ensalzari por premio, y de los tiros 

Que negra envidia y la ignorancia lancen , 

Te escudari su voz agradecida. 

En efusidn tiernlsima anegada, 

«£1 el primero fu^ que en los misterios 

De Minerva (dird) nos iaidara. 



-.463 - 

Huy6 el falso saber, y derrocadas 
Yacen por sienipre birbaras doctrinas, 
Fanesto don que al colombiano suelo 
Hizo la Espafla bdrbara. La aurora 
Brill6 de la raziiii; rompi6 la venda 
Al error engafioso, en que fnndara 
Su gloria y ciencia el infeltz colono.» 
Diri; y en estro agitador ardiendo 
Entonari de bendicidn el canto, 
Y de la patria la futura gloria. 

17 de Noviembre de 1S18, 



D. RICARDO JOSfi BUSTAMANTE. 



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D. RICARDO J0S6 BUSTAMANTE. 



PRELUDIO AL MAMOR6. 






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Tu aquf en regiones ignoradas girat, 
Serpiente nacarada, bajo un cielo 
Palio de lumbre por do tiende el vuelo 
La garza colosal ; 
Rio argentado que onduloso cifies 
Virgenes bosques, 6 en variadas tintas 
Sobre tu espejo con sus nubes pintas 
El ^ter tropical. 

Al fin respiro tus fragantes auras ; 
Tus palmas miro que columpia el viento; 
Oigo en tus selvas armonioso acento, 
Y admiro tu quietud: 
Oh tty i, quien siempre en ilusi6n lejana 
Vi cual portento que d la patria mfa 
Las puertas abras i su gloria un dla, 
[Gran Mamor^ 1 — ; Salud I 

De regi6n frfa y apartada vengo, 
Donde el monarca de los Andes brilla 
Con su manto de armifto, maravilla 
De ing6nito poder. 
De alii al empuje de infortunio in&ndo 



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Vo veago, sf, cansado peregrino, 
Y at verte aparecer ea mi camino 
Ya aliento de placer. 

Placer que inspira al corazdn patriota 
Alegre canto y de solaz lo llena; 
As[ el proscrito ya olvidd su pena 
Al verte, Mamord. 

Si no es mi canto como el dulce canto 
De los bardos que pueblan tus regiones, 
Freludia sobre ti las bendiciones 
Del poryenir, con fe. 

En el leno feraz de los desiertos 
Genio escondido en soledad murmuras 
Al blando aoplo de las auras puras 
Con plicido reir; 

Mientras la patria tu ezistencia ignora, 
Cual ignoras que en ella los humanos 
Se agitan por correr tras los arcanos 
De un grande porvenir. 

Sobre tu manto Ifquido, ondulante, 
Refleja el cielo diamantino estrella 
Que suerte anuncia venturosa y bella 
Al patrio pabell6n; 

Cumplir se debe tan brillante ensuefio, 
Undoso rio que hacia el mar te lanzas 
Mecido por futuras esperanzas 
De gloria y de ambicidn. 

Corres hoy arrastraodo aflosos troncos 
Que aun ostentan ropaje de esmeralda, 
O ya & los juncos de la verde falda 
Arrancas tterna fior ; 
Tu majestuosa soledad recrean 
Parleras aves de pintadas plumas 
Que en ti retratan su elegancia suma, 
Girando en derredor. 









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— 469 — 

Caiman que invade la arenosa orilla, 
Blanco bufeo que rasgando el agua 
£1 rumbo sigue de veloz piragua, 
O la hoja que cay6, 

O ya algtlin tigre que i la opuesta margen 
Se lanza i. nado con tranquila frente, 
Perturban la quietud de tu corriente 

Que el hombre aun no turb6. 

-■ ■■/■''" 

Tendido al pie de la floresta virgen, 
Cual amante i los pies de la que adora, ^ 

Cuando el tiltimo rayo del sol dora 
Tus ondas de cristal, 
Te deleitas feliz con los perfumes 
Que en alas de la brisa pasajera 
Te arroja de su ondeante cabellera 
Tu amada virginal. 

'*■ •{ ^ 

Es solemne el concierto de tus bosques 
En el.silencio de la noche, cuando -k 

Con grito me1anc61ico turbando • ;,; 

La augusta soledad, 
El pijaro gemifero y el viento 
En bonanza te aduermen deliciosa, 
Mientras el rayo de la luna hermosa 
Te da su claridad. 

Tal es tu vida en el presente, oh rio ; 
Gigante puerta del soberbio templo 
Que de pr6speros pueblos al ejemplo 
La patria labrari. 

Hay de vida otro mundo que en ti duerme, 
Mundo y vida de acci6n en la natura, 
Con que k los hombres dispens6 ventura 
La mente de Jehov^ 

Dormiste el suefio de pesados siglos; 
Siempre ignorado resbalaste en calma; 
Siendo tus ondas de la acci6n el alma 



• t:: 



— 470 — 

Tu ooche larga fu£. 

Rompa tu sueAo secular el hombre; 

Tu margen pueble de dudades bellas; 

Marque en tus bosques el vapor sus huellas, 

iDeapierta, Mamortl 



GRTTO DE DESESPERACI6N. 



Si doude quiera que mis pasos llevo 
Encueotro soledad y mil dolores ; 
Si Ilanto y hieles en mis aniias bebo; 
Si marchitas por siempre ya las fiores 
Estin de mi esperanza, 
jA tu bondad yo pido, 
Sefior, la sorobra del eterno olvido ! 

Al pie de tu cruz tanta prosternado, 
Buscando altvio en la plegaria mfa, 
Con Ugrimas humildes he lavado 
La piedra que el madero sostenfa; 
Pero siempre ea la senda 
jAy! del dolor tan larga, 
Sdlo apago mi sed en onda amarga. 

iCuintas dichas, empero, cuando niflo 
Yo sofl6 por mi mal I — y al soplo vaoo 
Del tiempo disipadas, ni el cariAo 
Me quedd del amigo 6 de un hermano. 
No hay una alma en la tirara 
A la mfa ligada, 
Y nada espero que me balague ] nada I 

Lob qjot fijo sobre el mundo , y veo 
La maldad, el dnisino y la impureza, 
Colmados cada cual en su deseo, 
Levantar mis feroces la cabeta. 



— 471 — 

La humanidad en lucha 

Contemplo en un abismo 

Entre el negro dolor y el egoismo. 

Cadenas y cadalsos allf miro, 
Ac4 la mano de Cain alzada, 
AUi ciudades semejando d Tyro, 
Aqui el dominio de sangrienta espada; 

Y A par de,la discordia, 
Doquier el vicio inmundo, 
D^spota osado, sefloreando al mundo. 

Por las regiones de esplendente lumbre 
Ora vague mi alada fantasia, 
Ora mi pensamiento i Dios encumbre 
Anhelando la luz de un nuevo dia, 
Hallo tinieblas s61o, 
(3 en negra lontananza 
Ningun bien se revela i, mi esperanza« 

Esa virgen del mundo que tan bella 
Como una flor surgi6 del Oceano, 

Y en cuya frente se admir5 la estrella 
Nuncio halagueflo del destino humano, 
£Por qu6 perdi6 su dicha 

Tan breve, y tanta gloria 

Hoy yace oculta bajo inmunda escoria? 

[Oh America! tu suelo en que Natura 
Derram6 portentosa ricos dones, 
Donde la Libertad con la bravura 
De tus hijos gan6 tantos blasones, 
En lago ya de sangre 
Se mira convertido, 

Y sus laureles marchit6 el olvido.. 



!•••• 



Y esta hija hermosa del mayor guerrero. 
Que por la augusta Libertad lidiando, 
De America en las cumbres con su acero 



— 473 — 

Dejd esculpido ua nombre venerando, 

X^ Boliviana estrella 

jTambi^n ya maldeddal 

MeDguar la miro sin fulgor, sin vida 

Ya cunde en ella la abyeccidn profunda, 
O es la anarquEa su monj esudo ; 
Su imperio el despotismo en ella funda, 

6 acecha el homidda al magiitrado 

Con aterrante encono 
EmponzoAan su seno 
Las pasiones del mal en desenfreno. 

;0h patrial que en mis sueQos infantiles 
Vi cual la tierra por Adin perdida, 
Arroyos de cristal, iureos pensiles, 
Ed^n tus campos de apacible vida 

Y bora tantos ensueAos 
Viento infernal derrumba 

Y eres joh patria! pavorosa tumba. 

[Qu6 mis queda en la vida, sino llanto! 
\Qa6 resta al coraz6n, sioo amargural 
Cayd la venda de tamaflo encanto, 

Y en vaoo el hombre hasta la paz procuia.... 
La paz de los sepulcros 

Pido, Sefior bendito, 

Si al cielo alcanza mi doliente grito! 



bendiciOn paternal a mi hija angelica 



Dormido yo suefio contigo, hija mfa; 
Despierto me gozo pensando en tu bien: 
Angelica, mi alma por tl se extasfa, 
Y al cielo le pide que un ingel por gufa 
Te di, reSejando su luz en tu sien. 



— 473 — 

Amarga es la vida, y el solo consuelo 
Que en ella se alcanza lo da la virtud; 
El roce del mundo marchita cual hielo 
Las flores del alma, delidas del cielo, 
Que en 61 nos conquistan la eterna salud. 

La vida es un caos, y d Dios en mis preces 
Por eso le clamo que vele por ti: 
Hoy, hija, cual planta balsdmica creces, 

Y plicida al soplo del aura te meces 
En huerto encantado, cual rubio alelf. 

Las dulces promesas que en tiernos dictados 
Prodiga d la infancia la voz maternal, 
Hoy dia te infunden mil sueftos dorados; 
Mas jay! vendrd el tiempo de ver alterados 
Los goces presentes i. infiujos del mal* 

De alegre inocencia se agosta esa palma 
Que di6 con sus sombras abrigo i, la flor: 
Si empero se Uora perdida la calma, 
Las Idgrimas, hija, son sangre del alma, 

Y dan ellas siempre virtud y vigor. 

No quiero en tu pecho verter de tristeza 
Las hieles que el mfo temprano bebi6; 
Tu mente, santuario de paz y pureza, 
{Que ignore i. lo menos de cudnta aspereza 
Mi senda en la vida la suerte cubri6! 

De rosas vestida, mi Angelica amada, 
iQue encuentres la tuya cual rico verjel, 
Que Dios te prodigue su dulce mirada, 

Y alegre tus dfas sobre esta morada 

Do hay flores que al alma tributan su miel! 

|0h! nunca el destino te brinde amargura. 
Virtud te de el cielo, talento y candor, 
Un dngel preserve con mano segura 



De pliegue sombrto tu frente tan pura, 
jOh Angelica amada, mi angilico amorl 

Dormido yo suefio contigo, hija mfa; 
Despierto me gozo pensando en tu bien: 
Angdica, mi alma por tl se extasfa 
Y pide al destino que un ingel por gufa 
Te 66, ireflejando lu.Iuz en tu sieni 

PLEGARIA ENVIADA AL ALBUM DE UN AM] 

[Ay amigol preguntas 
Por qu£ calla mi lira 
Y no produce f^rvidos 
Ecos de amor para la gloria mfa. 

jFuera acaso preciso 
Confesarte que tibia 
La inspiraci^n sus flgbiles 
AccDtoi i6lo al coraz6n hoy brinda? 

^Olvidar pretendieras 
Que el vivir ya declina 
Para mf , que tan t^trico 
Vi siempre en nieb^s caminar mis dfas? 

Amo el bien; y las flores 
Que contempio marcbitas 
Sobre el valle de Ugrimas 
Siempre consiguen arrancar las mfas. 

Desgradas he 1 lor ado, 
Blanco fuf de la envidia 
Que me mostrd sus h6rridas 
Dientes, y hiel me hizo libar un dfa. 

X mi patria tan bella, 
«De mil glorias vestida* 



r 



^475 — 

He modalado cdnticos 
lAyl que ni an eco al porvenir envfan. 

La amiatad es mi culto, 

Y el honor que la inspira 
Nunca en afectos frigiles 

Uni6 las almas que por ^1 se ligan. 

Pero todo en el curso 
De los afios vacila» 

Y como soplo f6tido 
El egoismo los afectos mina. 

iEs verdad que es un yenno 

Para ml ya la vida? 

iQue adentro de mis pdrpados 
Mustios mis ojos y sin luz ya giran?. 



•••• 



^Es verdad que en mi seno 
El dolor s61o anida, 
Como el nocturno c^rabo, 
En el silencio de ignoradas ruinas? 

Es asf, caro amigo; 
Ya mi edad se desliza 
Llevando en vuelo ripido 
{Mis esperanzas, mi ilusidn queridal 

En laud se trocara 
jAy! aquella mi lira 
Que festivas y armdnicas 
Alguna vez sus notas producia. 

Tambito rotas las cuerdas 
Del laud, no mis vibran 
Esos acordes mfsticos 
Que de consuelo el coraz6n henchfan. 

]Y qu6 mucho, si todo 



_ 476 — : 

Ilile abandona, y abisma 

En sue&08 melancdlicos 

Mi alma infelU para el pesar nacida!...- 

[Si los dulces ensueflos, 
Miel que la edad destila, 
Eatre vapores g^lidoi 
HuyeD, y dejan roi ansiedad vacfal 

iOh, mis j6venes alios! 
Con vosotros perdidas, 
Lloro ilusiones pldcidas, 
Voces que al alma preludiaron dichas. 

Densas brumas de otoAo 
Ponen velo i mi vista, 
Y en lontananza 16brega 
SiSlo descubro una morada umbrla. 

La campana del tiempo 
Suena cerca, y me avisa 
Que esa morada Mnebre 
Ofrece paz al que sufrib en la vida. 

Es la tarde. Mis pasos 

A la noche caminan 

Tantos lantasmas pilidos 
]Ayt jPor qu^ vagan en las auras frfas? 

Hay abierto alll un antro; 
Todo en €\ precipita 
El vendabal mortffero 
Que troncba flores y que abate encinas. 

Pa2, silencio, repoao, 
D^ esa noche i mis cuitas 
Si en sus floridos cirmenes 
Ya el mundo guarda para ml cenizas. 



— 477 — 

^Ves, amigo, cudn tristes 
Pensamientos transitan 
Por mi angustiado espiritu, 
Como enlre tumbas las nocturnas brisas? 

• 

Pas6 el sueflo dorado 

Ha callado mi lira: 
Roto el laud gemifero, 
Su ultima endecha para tf destina. 



.1 ,^ 






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a MANUEL JOSfi CORTfiS. 



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D. MANUEL JOSE; CORTJfiS. 



A LA NATURALEZA DEL ORIENTE DE BOLIVIA. 

Al rasgar con furor la mar su seno, 
He visto aparecer un negro abismo 
Debajo de mi planta, 
Y amenazando al cielo, turbulenta 
La he visto levantar en la alba espuma 
El robusto bajel cual leve pluma. 

El Illimani y el Illampo he visto 
En noctuma tormenta, 
Al ripido brillar del rayo horrendo, 
Como inmensos fanales que colgara 
De Dios la mano en el celeste dombo. 

Mas nada iguala al cuadro que contemplo, 
En ^xtasis divino embellecido. 
Coronado de selvas tan antiguas, 
Que de la creaci6n los siglos cuentan: 
Inmensurable el llano 
A lo lejos remeda el Oceano. 

En su torcido curso , 
Como serpiente que los polos toca, 
£1 caudaloso do se presenta, 
Raudo, arrastrando su onda turbulenta. 

TOMO HI 3 I 



-482- 

jHermosa pocslal 

No es la del hombre sin colores, frfa, 

Sucesiva, sin laz, sin movimiento; 

Sino viva, brillante, encantadora. 

Divina poesfa, 

CreaciiSn do admirable »e nos muestra 

Del poeta inmortal Ja fantasia. 

Aquf, colinas, llanos y florestas, 
En donde reina eterna primavera ; 
Allf, bondos valles, do en menuda lluvia 
El agua cristalina se desliza 
De la escarpada altura, 
Por la verde y florida colgadura 
Que la rosa entapiza, 

Aqui la muda soledad impera; 
El aura no susurra 
En la selva callada y solitaria; 
La canora avecilla 
En las franjadas flores no se posa 
De fresca pasionarla; 
Del volador insecto no se escucha 
El ronco y melancolico zumbido, 
Ni el arruUar de la torcaz sentida. 
Aqu( es todo silencio y todo sombra; 
Del astro riicilante 
No ae siente la lui pura y brillante. 
Triste el cuadro retrata 
Esos dias sombrios en que gime 
El corazon en soledad ingrata. 

AIH se muestra al ojo destumbrado 

Un cuadro diferente, 

Magnifico, encantado panorama. 

En que su lumbre ardiente el sol derrama. 

EnCre juncos, adelfas y jazmines 

Murmurando, desata 

El limpio arroyo su raudal de plata. 



- 483 - 

El ruiseflor, el tordo y el jilguero, 

En notas melodiosas, 

Al aura dan su no aprendido canto. 

Las pintadas y bellas mariposas, 

Cual flores voladoras, 

En giro irregular el aire hienden, 

Sus primorosas galas 

En el matiz mostrando de sus alas. 

El naranjo, la ceiba, el cocotero 
Su copa a6rea hasta las nubes yerguen; 
Enlazados de plantas trepadoras, 

Y ostentando su fresca lozania, 
A las aves ofrecen 

Grato retiro en la enramada umbrfa. 

Aquf la selva secular, ornada 
De festones de varia enredadera 
De bellos y vivfsimos colores, 

Y la extensa pradera 

De fraganciosas flores alfombrada , 
Forman el templo augusto que levanta 
La creaci6n i Dios, d quien ofrece 
Deliciosos perfumes por incienso, 

Y por ofrenda el fruto delicado 
Que el estiva! calor ha sazonado. 

Como ardiente pasi5n, arrebatado 
El tronador torrente de la roca 
Se lanza en el abismo, do fenece 
Su impetuoso furor, como perece 
La ilusi6n que ha Uegado 
Del desengafio al terminar funesto. 

Mis lejos, corre manso el claro rfo, 
Entre flores cruzando la espesura , 
Como corre la vida sosegada 
Cuando con mano pr6diga el destino 
La copa del placer nos da colmada. 



n 



- 484 - 

Es bello contemplar bajo este cielo 
A la Naturaleza, en la maflana 
Teflida de oro y grana. 

En el Oriente ved, engrandecido, 
Del sol el disco ardiente, 
Caal si en estas regiones no bastara 
La luz con que colora 
Otros mezquinos climas, do aparece 
Pilido , obscurecido. 
Aquf, centro de luz hermosa y clara , 
Domina en el espacio, 
De rubi engalanado y de topacio. 

Cuando brillante en el zenit se muestra^ 
Contra su rayo intenso el pajarillo 
Busca la sombra grata. 
S6I0 el condor y el iguila resisten 
Al esplendor del inflamado cielo. 

En la serena y deliciosa tarde , 
Lento Ueva su carro 
Al lejano conffn del Occidente, 
Donde oculta su frente. 

El rutilante V^spero su rayo 
Sustituye i la llama 

De la antorcha del dla, en cuya ausencia 
El orbe desfallece en el desmayo. 



Dulce melancolia 
Se apodera del alma; el universo 
De una dicha falaz que ya no existe 
Con muda voz nos habla: 
Con lo pasado enUza lo presente, 

Y aun al obscuro porvenir se lanza, 

Y nos promete migica esperanza : 
Su palabra postrera y elocuente, 



I . 



— 485 ~ 

Encaminada al hombre, 

£s del Eterno Ser el santo nombre. 

Teflida de carmfn muestra la luna 
Su refulgente esfera : 
Su luz baf\a la sierra y la pradera. 
Las estrellas del Austro resplandecen ; 
El mar azul del cielo 
Cruza de Argoz la nube luminosa. 
Mas de i in proviso electrizadas nubes 
El ^ter obscurecen. 

Descu^lgase la Uuvia estrepitosa; 
Del trueno el estampido, 
El rugir del jaguar , el estallido 
Del ^rbol que desgaja 
El huracin en su furioso embate, 
La voz de la tormenta , en un concierto 
Infernal y sublime se combinan. 

S6I0 el brillar fosf6rico del trueno 

Y la luz del reldmpago interrumpen 
Del cielo y de la tierra la tiniebla. 
En medio de esta escena aterradora 
El coraz6n mis fuerte 

Tiembla al ver el aspecto de la muerte. 

El hombre dQu^ es el hombre aquf, delante 

De este grandioso cuadro? 

En el espacio, un punto imperceptible, 

En el tiempo^ un instante ; 

Mas su raz6n , de Jehova presente, 

Engrandece al mortal. Naturaleza , 

Ella admira tu pompa, tu belleza; 

Admira , mas no adora ; porque s61o 

Delante de su autor se postra muda, 

Y en santo acatamiento le saluda. 



k 
I 



I » 



V. 



fNDICE. 



INTRODUCCI6N. 

PAginaa. 

VIII.— Colombia i 

IX. — Ecuador lxxxiii 

X. — Peru cxLix 

XI.-— Bolivia ccLxxx 

COLOMBIA. 

Venerable Madre Francisca Josefa de Castillo y Guevara, 

Deliquios del divino amor en el coraz6n de las criaturas y en las 
agonias del Huerto 5 

D, yosi Ferndndez Madrid, 

A los pueblos de Europa en tiempos de la Santa Alianza 11 

Canci6n. — La hamaca • 14 

D, Luis Vargas Tejada, 

Al anochecer 21 

D, Jose Eusebio Caro, 

El Cipr^s 25 

Dolor y virtud 27 



- 488 - 



En boca del illtimo Inca. . . . 

Hfctor. , 

La libertad 7 el locialisrao.. 

Despedida de la patria 

La hamaca del destierro- . . . 

El hacha del proscrito 

Una lagrima de felicidad. . . . 
El bautismo , 



Me ausento 57 

Nunca te bable 60 

Al Congresode Granada 63 

, Gonzalo de Oj6a. (Preludia-) 66 

Pubenza. (Cuadro primero.) 68 

La nueva patria. (Cuadro segiindo.) 73 

El ennitaflo. (Cuadro septirao.) 80 

U carta. (Cuadro octavo.) 88 

El caballo. (Cuadro noveno.) 94 

Espada a espada. (Cuadro duodecimo.) 100 

Gregorio Guliirrtz Gcmdlez. 

.t Julia 113 

jPorqui nocantoP 114 

A Julia 118. 

I Hemoria sobre el cultivo del maiz en Aniioqula 120 



yesi yeaqu'm Ortiz. 

La Bandera Cotombiana 149 

Colombia y Espaila 154 

"^Los Colonos I6l 

Vasco Ndflex de Balboa 168 

La goajira 175 

Boyaca .' 180 

Al Tequendama 184 

Galileo 189 

La Golondrina 189 



-4*9- 

Piginas. 

D. Josk Maria Pirazdn Rico. 

£1 despertar de Addn 197 

D, Joaquin Pablo Posada, 

Fantasia 203 

A Martin Guerra. £n su santo 205 

A Pablo 208 

A Jose Manuel Marroquin, remitidndole un libro de versos. ... 210 

D. Ricardo CarrasqtUUa, 

£1 abrazo 217 

Un sabio 220 

£1 chocolate .' • 221 

Suerte de mis versos 223 

D, Manuel Maria MadUdo, 

Al Magdalena 229 

D, Josd David Guarin, 

La soledad 235 

Inutil desear 238 

£n el polo 239 

D. Cesar Conto. 

Salmo de la vida 243 

D. Arcesio Escobar. 

La partida ' 247 

D. Joaquin Gonzdlez Camargo, 

Viaje de la luz 251 



ECUADOR. 

tstro Jacinto dt Hfvia. 
Romance. — A la rosa JS7 

yosi yoaquin Olmeth. 

Ed U muerte de Maria Antonia de Borbdn, Princesa de Astu- 

rias 26[ 

A un anigo en el nacimieato de su primog^nito. 167 

La victoria de Junln. (Canto i Bollrar.) 171 

Canto al general Flores, rencedor en Millarica 198 

Dolores VetHUmiila de GaUnda. 

Quejas 309 

joiriel Garcia Moreno. 

A Pabio 313 

Satira. (Fragmentos.) 316 

Vicente Piedrakila. 

OraciAn 333 

Julio Zaidumbide. 

La mailaaa 337 

La tarde 330 

Al Euedo 333 

El botquecillo. 33; 

PERlJ. 

isa aninima. (Siglo xvii.) 

Discurso en loordela Poesia 343 

Pahlo de Olavide. 

Ecosde Olavide 373 



I 

ill 



261 



— 491 — 

Pa^nas. 

Salmo CIX 376 

D, Mariano Melgar, 

Taravies 381 

/?. Jos^ Manuel Valdis, 

Salmo LXXXIV 391 

Salmo CIII 393 



'' D, Felipe Pardo y Aliaga, 

Oda. — Al Sr. D. J. J. de Olmedo 403 

La entrada del afio 407 

El Peru 410 

Soneto. — El Rey nuestro seflor 419 

Epigrama. — A mi hijo^ en sus dias 420 

Amilevita • 420 

Los paraisos de Sempronio , .... 422 

Mi vecinita 425 

Buenas noches 429 

D. Jose Pardo y Aliaga. 

V\ A la independencia de America 433 

La carta 440 

V D. Carlos Augusto Salat>erry, 

. 330 Verso y prosa 447 

.333 f El amor y la botella 447 

. 335 Mi poema 448 

A la esperanza 448 

Al celebre oculista Magni 449 

Belleza y desventura 4J9 

Acuerdate de mi 450 

La locomotora 452 



n 



BOLIVIA. 

'a Blanco Enealada. 

Joi6 Joaquin de Mora 459 

lb yssi Bustamanii. 

idio tlMamori , 467 

I de desetperaciiin. 469 

ici6o paternal a mi bijaAngtiica 471 

iria enviada al lUbuiii de ua amigo 474 

lyosi Curtis. 

Naturaleia del orientede Botiria 481 




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